<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Andrea Goldín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/andrea-goldin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Andrea Goldín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1041297/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser docente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/docente_1_9150522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6de71d34-7e83-456f-9ad9-c3372abd0401_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser docente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este texto forma parte de "Neurociencia en la escuela. Guía amigable (y sin bla bla) para entender cómo funciona el cerebro durante el aprendizaje", el último libro de la investigadora Andrea Goldín publicado por Siglo veintiuno editores.</p></div><p class="article-text">
        Para que los estudiantes incorporen lo que queremos ense&ntilde;arles (o que, al menos, lo intenten) tienen que tener la necesidad intelectual de hacerlo. Lograr que aprendan ser&aacute; mucho m&aacute;s f&aacute;cil si les generamos el deseo, si encendemos su curiosidad. En el camino, hay que perturbar un poco al sistema; hacer tambalear los esquemas mentales, de a poquito y al ritmo de cada uno. Si el cambio es muy brusco, puede confundir o abrumar; si es muy suave, no lograr&aacute; las modificaciones buscadas. El buen docente es un experto que, ade&shy;m&aacute;s de tener el conocimiento relevante, sabe ponerse en el lugar del otro y entiende qu&eacute; actividades cognitivas es necesario generar para que ese otro, novato, aprenda.
    </p><h3 class="article-text"><strong>De expertos y novatos</strong></h3><p class="article-text">
        Una computadora que juega al ajedrez puede evaluar cientos de millones de movidas en un segundo. El humano no est&aacute; ni cerca de hacer eso y, sin embargo, a veces le gana. No se trata de magia, sino de habilidades (a&uacute;n) humanas en el procesamiento de la in&shy; formaci&oacute;n. Un buen jugador de ajedrez no eval&uacute;a cualquier jugada, no mira una por una todas las piezas ni analiza todas las movidas posibles. Su superioridad est&aacute; dada por la manera en que percibe el tablero y la partida. Cuando los ajedrecistas expertos (llamados <em>maestros</em>, &iexcl;vaya coincidencia!) miran un tablero, extraen, en segun&shy;dos y con muy poco esfuerzo, patrones de configuraci&oacute;n de las pie&shy; zas y toman decisiones informadas sobre la base de la experiencia y los conocimientos previos. Esto que sucede en el ajedrez se ha visto tambi&eacute;n en la resoluci&oacute;n de problemas de much&iacute;simos otros domi&shy;nios: ciencias, matem&aacute;tica, electr&oacute;nica, sintaxis, medicina. &iexcl;Incluso en el Scrabble!
    </p><p class="article-text">
        Para alcanzar niveles tan altos de rendimiento, los expertos tie&shy;nen bien organizados sus conocimientos: en esquemas mentales que incluyen, tambi&eacute;n, conocimiento procedural y situaciones expl&iacute;citas de aplicabilidad. Esto les permite hacer uso de ciertos procesos cognitivos de un modo autom&aacute;tico, con rapidez y efica&shy;cia, manejar gran cantidad&nbsp; de&nbsp; informaci&oacute;n,&nbsp; encontrar&nbsp; patrones en esa informaci&oacute;n y utilizarla incluso cuando es de baja calidad o ambigua. Los esquemas mentales de los novatos, en cambio, pue&shy; den tener bastante conocimiento declarativo como para elaborar un problema espec&iacute;fico, pero carecen de abordajes, soluciones y m&eacute;todos m&aacute;s abstractos. As&iacute;, un novato puede resolver con &eacute;xito e incluso con eficacia un problema concreto si aprendi&oacute; la t&eacute;cni&shy;ca y entiende superficialmente de qu&eacute; se trata. Sin embargo, en cuanto se enfrente con&nbsp; un&nbsp; problema&nbsp; similar,&nbsp; pero&nbsp; no id&eacute;ntico, su resoluci&oacute;n le resultar&aacute; extremadamente compleja. Esto suele verse con los alumnos que, durante un examen, no logran re&shy;solver ejercicios &iexcl;pr&aacute;cticamente iguales a los de la tarea que ya hab&iacute;an aprobado!
    </p><p class="article-text">
        Situaciones de este estilo nos ocurren a todos. No s&eacute; ustedes, pero yo, por ejemplo, de plomer&iacute;a no entiendo nada. Ahora bien, s&eacute; cambiar un cuerito y puedo hacerlo siempre y cuando las canillas sean m&aacute;s o menos parecidas. En cuanto el sistema presenta alguna diferencia, el conocimiento ya no me alcanza y llamo al experto: al plomero (si tengo suerte, sin haber inundado antes una parte de mi casa). El experto entiende primero el problema &ldquo;de fondo&rdquo; (lo opuesto a lo que har&iacute;a un novato) y, como tiene conocimiento concreto y experiencia de casos previos, puede elegir c&oacute;mo abordarlo de manera eficaz e incluso eficiente. Por suerte, todos somos expertos en alguna &aacute;rea (en realidad, somos expertos en varias).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/652b5290-5b77-48a2-a5fe-82ee8f5fc452_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/652b5290-5b77-48a2-a5fe-82ee8f5fc452_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/652b5290-5b77-48a2-a5fe-82ee8f5fc452_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/652b5290-5b77-48a2-a5fe-82ee8f5fc452_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/652b5290-5b77-48a2-a5fe-82ee8f5fc452_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/652b5290-5b77-48a2-a5fe-82ee8f5fc452_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/652b5290-5b77-48a2-a5fe-82ee8f5fc452_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Editado por Siglo XXI"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Editado por Siglo XXI                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text"><strong>La maldici&oacute;n del conocimiento</strong></h3><p class="article-text">
        Seguramente ustedes han transcurrido m&aacute;s tiempo de vida leyendo que sin saber leer. Aprender a leer les llev&oacute; a&ntilde;os (incluso es posible que recuerden alguna experiencia personal relacionada con la dificultad de decodificar una palabra, o con el orgullo de lograrlo). Tanta pr&aacute;ctica les permiti&oacute; leer de manera autom&aacute;tica desde hace rato: si ven letras, no pueden evitar leerlas. Son lectores expertos. En consecuencia, les resulta imposible imaginar c&oacute;mo ve el mundo alguien que a&uacute;n no sistematiz&oacute; la lectura. (Por incre&iacute;ble que parezca, todav&iacute;a existen debates pedag&oacute;gicos sobre c&oacute;mo acompa&ntilde;ar a los ni&ntilde;os durante el proceso de descifrar el c&oacute;digo alfab&eacute;tico.)
    </p><p class="article-text">
        Todos recurrimos al conocimiento previo y utilizamos ciertas estrategias cognitivas para resolver problemas. Pero un experto no solo tiene m&aacute;s conocimiento y recursos (sabe qu&eacute; estrategias funcionan y cu&aacute;les no, en cada situaci&oacute;n), sino que adem&aacute;s la manera en que tiene organizada la informaci&oacute;n en su cabeza le permite dedicar menos esfuerzo cognitivo a las partes sencillas y, as&iacute;, concentrar los recursos mentales en resolver las partes m&aacute;s complejas del problema. Leer autom&aacute;ticamente, por ejemplo, permite disponer de m&aacute;s recursos cognitivos para comprender la complejidad del texto. Este beneficio de la experticia tiene una contracara muy relevante a la hora de ense&ntilde;ar. Una vez que adquirimos determinado conocimiento, este tiende a sesgar, a contaminar la capacidad de entender el tema desde una perspectiva menos informada. Cuando sabemos algo, es extremadamente dif&iacute;cil imaginar el punto de vista de alguien que no lo sabe. &iquest;Conclusi&oacute;n? A un experto le cuesta mucho ponerse en el lugar de un novato.
    </p><p class="article-text">
        Para plasmar una ense&ntilde;anza es imprescindible entender d&oacute;nde radican las dificultades de quien aprende, qu&eacute; le resulta m&aacute;s f&aacute;cil y qu&eacute; no. Pero cuando sabemos mucho sobre un tema, ya perdimos esa perspectiva y encontrarla de nuevo requiere un gran esfuerzo. Este fen&oacute;meno es tan universal y frecuente que hasta tiene un nom&shy; bre (por cierto, muy pertinente): <em>maldici&oacute;n del conocimiento</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Goldín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/docente_1_9150522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jul 2022 12:45:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6de71d34-7e83-456f-9ad9-c3372abd0401_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="148094" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6de71d34-7e83-456f-9ad9-c3372abd0401_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="148094" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ser docente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6de71d34-7e83-456f-9ad9-c3372abd0401_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Educación]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
