<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Franco Gerarduzzi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/franco-gerarduzzi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Franco Gerarduzzi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1041699/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué es un gol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/gol_1_9194489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a730be5-6c64-4fd5-b2d6-ee53622cba2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué es un gol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una pregunta esencial para el fútbol a partir del gol de la Selección Argentina en Maracaná, del que este mes se cumplió un año.</p></div><p class="article-text">
        Un partido de f&uacute;tbol es la historia de un desequilibrio posible. El desequilibrio se produce cuando se convierte un gol. Un gol es un instante dentro de esa historia. Es un momento que parece tener sentido pero que, en realidad, no lo tiene hasta que el &aacute;rbitro hace sonar el silbato por &uacute;ltima vez. Un gol, justamente por eso, es algo fr&aacute;gil, algo que hay que sostener, que hay que intentar replicar incluso, pero tambi&eacute;n es algo que puede olvidarse, que puede dejar de ser importante muy pronto porque nunca se sabe, hasta que termina el partido, si ese gol ser&aacute; el &uacute;nico, si ser&aacute; suficiente, si ser&aacute; decisivo como lo fue, por ejemplo, esa noche: porque esa noche, la del s&aacute;bado diez de julio de dos mil veintiuno, en el Estadio de Maracan&aacute;, en R&iacute;o de Janeiro, cuando no haya tiempo para m&aacute;s, Argentina &mdash;despu&eacute;s de veintiocho a&ntilde;os sin lograr un t&iacute;tulo&mdash; saldr&aacute; campe&oacute;n de la Copa Am&eacute;rica tras ganarle a Brasil por uno a cero en la final y se hablar&aacute; durante d&iacute;as del equipo y de Lionel Scaloni, quien los dirige, pero tambi&eacute;n se hablar&aacute;, en particular, de &eacute;l, del capit&aacute;n, de <strong>Lionel Messi</strong>, de ese hombre que jugando a la pelota parece un chico, que tiene picard&iacute;a, que inventa, que improvisa, que enga&ntilde;a todo el tiempo, con las piernas, con la cintura, con los gestos, que por estas cosas &mdash;y por tantas otras&mdash; fue premiado como mejor jugador y m&aacute;ximo goleador del torneo con cuatro goles y cinco asistencias.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-NRG6RNaKlWo-9041', 'youtube', 'NRG6RNaKlWo', document.getElementById('yt-NRG6RNaKlWo-9041'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-NRG6RNaKlWo-9041 src="https://www.youtube.com/embed/NRG6RNaKlWo?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, para que los argentinos se abracen y griten y canten y Messi quede arrodillado en la cancha y se lleve las manos a la cara y llore y ese llanto sea el mism&iacute;simo desahogo porque esta vez no se perdi&oacute; la final &mdash;como s&iacute; hab&iacute;a pasado en las Copas Am&eacute;rica 2007, 2015, 2016 y en el mundial de 2014, en Brasil&mdash;, todav&iacute;a falta mucho, much&iacute;simo, porque el encuentro reci&eacute;n comienza y lo que sucede durante los primeros minutos es lo que sucede, por lo general, durante cualquier principio: se empieza a construir el suspenso y eso, en un partido de f&uacute;tbol &mdash;que de por s&iacute; es un juego que est&aacute; te&ntilde;ido de incertidumbre&mdash; ocurre cuando los equipos intentan acercarse al territorio contrario y lo hacen creando jugadas que son una forma de intimidar, una forma de decir: &laquo;Cuidado, les podemos hacer da&ntilde;o&raquo;. Esas aproximaciones, adem&aacute;s, son &mdash;y tal vez principalmente&mdash; un modo de aferrarse a la idea de que se tiene el control, un modo de afianzarse, de sentirse seguros. Pero ahora, que ya pasaron casi veinte minutos, ni Argentina ni Brasil pueden decir que se sienten seguros porque los intentos por atacar se disuelven muy r&aacute;pido: los equipos se equivocan, los equipos defienden, los equipos cometen faltas para defenderse porque, defender, es una de las alternativas para detener el partido, para acomodarse, para pensar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be69de57-2f61-4b80-b6ba-46abcd014961_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be69de57-2f61-4b80-b6ba-46abcd014961_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be69de57-2f61-4b80-b6ba-46abcd014961_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be69de57-2f61-4b80-b6ba-46abcd014961_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be69de57-2f61-4b80-b6ba-46abcd014961_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be69de57-2f61-4b80-b6ba-46abcd014961_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/be69de57-2f61-4b80-b6ba-46abcd014961_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La conquista de la Copa América ante Brasil en el estadio Maracaná provocó un estallido de júbilo en los fanáticos argentinos que, apenas consumada la victoria de Argentina por 1-0 en la final, se dirigieron hacia el Obelisco para desatar los festejos."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La conquista de la Copa América ante Brasil en el estadio Maracaná provocó un estallido de júbilo en los fanáticos argentinos que, apenas consumada la victoria de Argentina por 1-0 en la final, se dirigieron hacia el Obelisco para desatar los festejos.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y, de repente, a los veinti&uacute;n minutos, alguien piensa: se anticipa, ve lo que nadie m&aacute;s ve. Se llama Rodrigo De Paul, viste camiseta celeste y blanca, lleva los brazos tatuados casi por completo y, aunque es mediocampista, est&aacute; posicionado como un defensor. La pelota la tiene un compa&ntilde;ero que est&aacute; a pocos metros y De Paul se muestra: se ofrece para recibirla y la recibe y, despu&eacute;s, todo es demasiado tarde para los brasile&ntilde;os porque De Paul, al que ni siquiera le har&aacute; falta atravesar la mitad de la cancha, entiende, antes que los dem&aacute;s, lo que tiene que hacer y lo hace. Con el pie derecho lanza un pelotazo. Mientras la pelota se eleva y cruza la cancha, otro argentino, un delantero muy flaco al que le dicen &laquo;Fideo&raquo; y que se llama &Aacute;ngel Di Mar&iacute;a, corre, se perfila, deja a sus espaldas a un defensor de camiseta amarilla que lo persigue. Justo cuando la pelota cae y pica, el defensor se estira para interceptarla pero falla, no puede. Entonces, ese flaco hace todo muy f&aacute;cil, toca la pelota s&oacute;lo dos veces. Primero, como la pelota se le viene encima, da un peque&ntilde;o salto y con la parte externa del bot&iacute;n izquierdo la toca hacia adelante para evitar que su carrera se interrumpa. Luego, cuando el arquero est&aacute; a mitad de camino entre el arco y &eacute;l, el flaco vuelve a tocar la pelota con el mismo pie: con el empeine la tira por encima de ese &uacute;ltimo hombre que parece resignado porque levanta los brazos apenas y, cuando se da vuelta, la pelota ya est&aacute; adentro del arco.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9340e39c-59f3-40e8-babf-8a216e162aab_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9340e39c-59f3-40e8-babf-8a216e162aab_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9340e39c-59f3-40e8-babf-8a216e162aab_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9340e39c-59f3-40e8-babf-8a216e162aab_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9340e39c-59f3-40e8-babf-8a216e162aab_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9340e39c-59f3-40e8-babf-8a216e162aab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9340e39c-59f3-40e8-babf-8a216e162aab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Lionel Messi festeja la Copa América con la Selección."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Lionel Messi festeja la Copa América con la Selección.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        De lo que sigue, de los setenta minutos restantes, se podr&iacute;an decir algunas cosas: que Argentina podr&iacute;a haber hecho m&aacute;s goles, que Brasil tambi&eacute;n. Pero es preferible no decir m&aacute;s nada porque lo que podr&iacute;a haber pasado no pas&oacute;, para suerte de los argentinos, para la desdicha de los brasile&ntilde;os. Lo que s&iacute; podr&iacute;a decirse es que, cuando suena el pitazo final, se comprende que un partido de f&uacute;tbol consta, en realidad, de un solo momento: el momento en el que todo deja de ser fr&aacute;gil, el momento en el que ya no hay que sostener nada porque un partido de f&uacute;tbol deja de ser la historia de un desequilibrio posible y se convierte, sencillamente, en una historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>FG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Gerarduzzi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/gol_1_9194489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Jul 2022 10:53:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9a730be5-6c64-4fd5-b2d6-ee53622cba2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="180955" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9a730be5-6c64-4fd5-b2d6-ee53622cba2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="180955" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Qué es un gol]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9a730be5-6c64-4fd5-b2d6-ee53622cba2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Copa América,Lionel Messi,Angel Di María,Lionel Scaloni,Selección Argentina,Mundial Qatar 2022]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
