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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Alabarces]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/pablo-alabarces/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Alabarces]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Historia Mínima del rock en América Latina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-minima-rock-america-latina_1_12272883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97faae55-6d11-4045-87ee-e45560ac403d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia Mínima del rock en América Latina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abel Gilbert y Pablo Alabarces presentan esta obra el 8 de mayo a las 16 en la Sala Alejandra Pizarnik de la Feria del Libro. En la charla, estarán los autores y Pablo Yankelevich. Presentan Valeria Manzano y Martín Rodríguez. Este es un adelanto.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Introducci&oacute;n: </strong><em><strong>romper mucho, poquito, nada</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Despu&eacute;s crecimos y nos fuimos del barrio</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pato trabaja en una carnicer&iacute;a&rdquo;, Moris (Mauricio Birabent), 1970
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una introducci&oacute;n a la introducci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Construir una historia del rock en Am&eacute;rica Latina implica un problema que se reitera en cada intento de <em>latinoamericanizar</em> la narrativa o el an&aacute;lisis de un fen&oacute;meno: la pregunta sobre su mera existencia. Sabemos que existi&oacute; algo a lo que podemos llamar <em>m&uacute;sica rock</em> en toda Am&eacute;rica Latina &ndash;con dificultades para definirla, como veremos; pero son dificultades mucho m&aacute;s ligadas a su amplitud y abundancia, a su extensi&oacute;n temporal y geogr&aacute;fica, que a su escasez&ndash;. Sabemos, tambi&eacute;n, que esa producci&oacute;n musical, y a la vez po&eacute;tica, est&aacute; asociada a movimientos ampliamente culturales y generacionales &ndash;que, tambi&eacute;n, se definieron como francamente contraculturales y se construyeron, simult&aacute;neamente, como contra-generacionales: movimientos juveniles, enfrentados al mundo adulto; el tenor de ese enfrentamiento es un punto clave para analizar&ndash;. Sin embargo, nunca ha sido estudiado el modo en que, si as&iacute; ocurri&oacute;, esos lenguajes se pusieron en movimiento a trav&eacute;s del continente: de qu&eacute; maneras, en qu&eacute; direcciones, con qu&eacute; acentos y con qu&eacute; lenguas. El brasile&ntilde;o Caetano Veloso cant&oacute; su &ldquo;Alegr&iacute;a, alegr&iacute;a&rdquo; en el Tercer Festival de la M&uacute;sica Popular Brasile&ntilde;a de 1967, lo que signific&oacute; una suerte de nacimiento del movimiento tropicalista: los m&uacute;sicos que lo acompa&ntilde;aban eran cinco argentinos, el grupo Beat Boys. Se trataba de un &ldquo;conjunto i&eacute;-i&eacute;-i&eacute;&rdquo;, como dice la prensa del momento, que un a&ntilde;o m&aacute;s tarde grababan su primer disco, inaugurado por una versi&oacute;n en portugu&eacute;s, &ldquo;A felicidade&rdquo;, del hit del tambi&eacute;n argentino Palito Ortega, &ldquo;La felicidad&rdquo;, cantado en un &ldquo;portu&ntilde;ol&rdquo; desopilante.
    </p><p class="article-text">
        Esa mescolanza parece contradecir la posibilidad de construir historias estrictamente locales: sin el di&aacute;logo que las m&uacute;sicas entablaron, una historia meramente local es fatalmente incompleta &ndash;incluso la argentina, que se autopercibe y se autopresenta como autosuficiente, como discutiremos&ndash;. Y ese recorrido ocurre casi desde el mismo momento en que se grab&oacute; &ldquo;Rock around the clock&rdquo; y se difundi&oacute; por todo el continente entre 1954 (la grabaci&oacute;n de Bill Haley), 1955 (la grabaci&oacute;n de Nora Ney en Brasil), 1957 (la grabaci&oacute;n del argentino Eddie Pequenino y sus Rockers) y 1958 (la grabaci&oacute;n de la mexicana Gloria R&iacute;os) &ndash;si aceptamos esa canci&oacute;n y su puesta en escena en los t&iacute;tulos del filme <em>Blackboard Jungle</em>,<em> </em>de 1955, como un punto de partida consensuado&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        (Ese consenso, sin embargo, no ha reparado en que dos de las tres primeras grabaciones de rock en Am&eacute;rica Latina fueron interpretadas por mujeres. Como veremos, la ignorancia frente al rol de las mujeres en el rock no es para nada distinta a la que impera en otras &aacute;reas de la vida latinoamericana).
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Complementando la hip&oacute;tesis de N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini de una hibridaci&oacute;n finisecular y posmoderna, las culturas &ndash;y las m&uacute;sicas&ndash; nacionales fueron muy tempranamente transnacionales, moldeadas por relaciones pan-latinoamericanas y por la industria cultural de Estados Unidos &ndash;lo que se advierte con claridad en el caso de<strong> </strong><em>nuestro</em> rock, pero tambi&eacute;n en la llamada &ldquo;canci&oacute;n de protesta&rdquo;, con la inestimable mediaci&oacute;n cubana&ndash;. El &ldquo;Rock de la c&aacute;rcel&rdquo; es grabado por el mexicano Enrique Guzm&aacute;n y sus Teen Tops en 1960. En el mismo a&ntilde;o, se edita en Madrid, M&eacute;xico y Buenos Aires. El twist &ldquo;Despeinada&rdquo;, del argentino Palito Ortega, se lanza casi simult&aacute;neamente en 1963 en el original porte&ntilde;o y en la versi&oacute;n mexicana de Los Hooligans. El &ldquo;descubrimiento&rdquo; de la cantante folcl&oacute;rica &ldquo;de protesta&rdquo; argentina Mercedes Sosa, en el Festival de la Canci&oacute;n de Cosqu&iacute;n en 1965, se produce cuando canta <em>a capella </em>la &ldquo;Canci&oacute;n del derrumbe indio&rdquo;, del ecuatoriano Fernando Figueredo Iramain &ndash;y luego la edita, para complicar un poco m&aacute;s las cosas, un sello discogr&aacute;fico subsidiario de la holandesa Phillips, que pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde grabar&aacute; su disco dedicado a la obra de la chilena Violeta Parra&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos llegar hasta Carlos Gardel, nacido en el sur franc&eacute;s, reclamado por Uruguay como hijo de su sangre y por Argentina como nacionalizado, un &ldquo;zorzal&rdquo; al menos rioplatense, de una u otra manera, muerto en Medell&iacute;n, Colombia, en medio de una gira latinoamericana por Puerto Rico, Venezuela, Aruba, Curazao, Colombia, Panam&aacute;, Cuba y M&eacute;xico, que hab&iacute;a comenzado en New York, luego de filmar nueve filmes para la compa&ntilde;&iacute;a estadounidense Paramount Pictures. Pero ya nos ir&iacute;amos del campo y estar&iacute;amos proponiendo otro libro. Ejemplos como estos, sobran.
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        <strong>Una trama (pero no un cat&aacute;logo)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una historia del rock en Am&eacute;rica Latina, entonces, puede ser escrita, pero s&oacute;lo si se organiza en la explicaci&oacute;n de una trama, antes que en &ldquo;historizar&rdquo; una largu&iacute;sima lista de discos, autores, int&eacute;rpretes. Largu&iacute;sima y fatalmente incompleta: s&oacute;lo un mapa de China del tama&ntilde;o de China podr&iacute;a dar cuenta de todo lo que se present&oacute;, escuch&oacute;, escribi&oacute; o simplemente percibi&oacute; como &ldquo;rock&rdquo; en toda Am&eacute;rica Latina desde finales de los a&ntilde;os 50.
    </p><p class="article-text">
        Eso mismo constituye un problema que no puede ser resuelto: a qu&eacute; llamaremos rock y, en consecuencia, a qu&eacute; dedicaremos esta historia. No hay una definici&oacute;n de diccionario ni de enciclopedia; no hay una definici&oacute;n r&iacute;tmica ni t&iacute;mbrica, ni tampoco estil&iacute;stica. Las etiquetas de las bateas en las disquer&iacute;as &ndash;mientras fueron el punto de encuentro natural con esos objetos&ndash;<strong> </strong>han cambiado sucesivamente de denominaci&oacute;n, y no siempre han coincidido en distintas ciudades del continente: m&uacute;sica joven, beat, moderna, progresiva, rock, rock nacional. La &uacute;nica posibilidad de recortar el campo y proponer un objeto &ndash;inevitablemente sujeto a pol&eacute;mica, nacional o regionalmente&ndash; es sujetarse a su propia auto postulaci&oacute;n y a la percepci&oacute;n de sus consumidores. Por ejemplo: fue rock, sin dudas, toda la m&uacute;sica exhibida o <em>performada</em> entre 1970 y 1971 en los sucesivos festivales de Santiago de Chile, Buenos Aires, Bogot&aacute;, Medell&iacute;n y Av&aacute;ndaro. Ninguno de los asistentes a esos festivales dud&oacute;, en ning&uacute;n momento, de que estaban recreando Woodstock, y que eso significaba su inscripci&oacute;n personal y colectiva en una contracultura que era, adem&aacute;s, contra-generacional, como propusimos. Como dice el cr&iacute;tico literario uruguayo Gustavo Verdesio, el rock es hoy (y posiblemente siempre fue), tanto un tipo de m&uacute;sica como una actitud, y un concepto adem&aacute;s de una forma de recibirlo &ndash;lo que lo transforma en un fen&oacute;meno tan complejo de explicar como de interpretar&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los p&uacute;blicos de esos festivales pensaban (&iquest;sab&iacute;an?) que eso significaba ser <em>modernos</em>: incorporarse a una modernidad acelerada que en el mundo juvenil se defin&iacute;a centralmente por un consumo musical &ndash;que acarreaba otros consumos<strong> </strong>laterales, contestatarios, y por eso se pretend&iacute;a una contracultura&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        La hip&oacute;tesis que organiza esta historia, entonces, es que el rock latinoamericano se despliega en procesos de modernizaci&oacute;n truncos<strong> y</strong> en relaci&oacute;n con estados de excepci&oacute;n pol&iacute;ticos. En todos los casos <em>nacionales</em> &ndash;aunque lo m&aacute;s frecuente es que se propongan como <em>nacionales</em> lo que suelen ser escenas metropolitanas: en Buenos Aires, Santiago de Chile, Montevideo o Ciudad de M&eacute;xico&ndash; es notorio un momento epigonal inicial, una invenci&oacute;n ligada a la reproducci&oacute;n de la escena <em>rocker</em> iniciada en torno a Elvis Presley en los EE.UU.: lo que el historiador estadounidense Eric Zolov llam&oacute; el <em>Refried Elvis</em>, los refritos de Elvis. Pero, luego, el desarrollo de cada escena del rock est&aacute; en profunda conexi&oacute;n con los modos de modernizaci&oacute;n de esas sociedades a lo largo y ancho del desarrollismo de los a&ntilde;os sesenta, modernizaciones contradictorias, variadas, <em>electr&oacute;nicas </em>(seg&uacute;n afirmara Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Brunner) o h&iacute;bridas (siguiendo la categor&iacute;a popularizada por N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini). (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Los que los finales de los a&ntilde;os cincuenta y comienzos de los sesenta pusieron en juego a trav&eacute;s del rock &amp; roll fue, como es bien sabido, una serie de imaginarios y otra serie de datos econ&oacute;micos. Entre los primeros, la invenci&oacute;n de la juventud como actor social, pol&iacute;tico y cultural; entre los segundos, la invenci&oacute;n de la juventud como sujeto de consumo, al que se pod&iacute;a dedicar una parte, incluso importante, del mercado de bienes materiales y simb&oacute;licos. Autos, ropas, filmes o discos, todo formaba parte de los nuevos productos especialmente pensados para su consumo masivo por los y las j&oacute;venes, incluso cuando no estuvieran incorporados al mercado productivo &ndash;pero s&iacute; sus padres&ndash;. La veloc&iacute;sima adquisici&oacute;n e incorporaci&oacute;n de estas novedades en los pa&iacute;ses latinoamericanos se explica por varias razones: la primera es la difusi&oacute;n de la industria cultural a trav&eacute;s del cine y la radio &ndash;los discos extranjeros estar&iacute;an reservados, durante mucho tiempo, a los grupos de alto poder adquisitivo o con acceso a los viajes internacionales&ndash;, pero junto a ella es decisivo el impacto de la fantas&iacute;a modernizadora. Am&eacute;rica Latina se percib&iacute;a como un continente atrasado, rural, tradicional &ndash;una percepci&oacute;n compartida por sus elites y por sus clases populares&ndash;. Modernizarse, entonces, fue el imperativo del momento.
    </p><p class="article-text">
        Provisoriamente, modernizaci&oacute;n fue, a lo largo del siglo XX, la confluencia de procesos de urbanizaci&oacute;n, alfabetizaci&oacute;n, secularizaci&oacute;n y desarrollo de instituciones modernas, que en Am&eacute;rica Latina tuvo ritmos distintos. Incluso, puede hablarse de varias modernizaciones &ndash;la mayor&iacute;a, autoritarias, de arriba hacia abajo, vinculadas con la integraci&oacute;n en el mercado mundial capitalista&ndash;; pero, en particular, los a&ntilde;os 1960 describen esa modernizaci&oacute;n como <em>desarrollismo</em>, vinculado a procesos de urbanizaci&oacute;n acelerada e industrializaci&oacute;n dependiente de las inversiones estadounidenses. En ese paquete, estaba incluido la aparici&oacute;n de la televisi&oacute;n como el gran nuevo medio de comunicaci&oacute;n que ven&iacute;a a reemplazar a los grandes modernizadores de los a&ntilde;os 1930 y 1940 &ndash;la radiofon&iacute;a y el cinemat&oacute;grafo&ndash;. El reemplazo, como sabemos, jam&aacute;s se produjo, sino que deriv&oacute; en complementaci&oacute;n y sinergia, junto a la prensa popular y la industria discogr&aacute;fica: ese mecanismo explota desde comienzos de la d&eacute;cada de 1960, y est&aacute; presente en todas las historias locales de desarrollo del rock en las distintas ciudades latinoamericanas &ndash;aunque con un peso especial en M&eacute;xico, Argentina y Brasil, porque es all&iacute; donde se instalan las subsidiarias de las grandes discogr&aacute;ficas estadounidenses&ndash;. Un cantante graba discos que se reproducen por la radio, para que luego act&uacute;e en televisi&oacute;n, mientras le hacen entrevistas en la prensa del espect&aacute;culo antes de filmar su primera pel&iacute;cula. El proceso se repiti&oacute; hasta el aburrimiento y la saturaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero, dijimos, son modernizaciones <em>truncas</em>, fallidas: el proceso desarrollista culmina, a mediados de los a&ntilde;os 70, en dictaduras militares en buena parte del continente, que compiten entre s&iacute;, no por sus grados de modernidad, sino por su salvajismo represivo.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, la modernizaci&oacute;n se teje en relaci&oacute;n con historias pol&iacute;ticas <em>regularmente excepcionales</em>: que van desde el desarrollismo autoritario argentino hasta la crisis de la democracia uruguaya, desde la <em>dictadura blanda</em> brasile&ntilde;a hasta la violencia colombiana, para se&ntilde;alar s&oacute;lo algunos ejemplos. Si la aparici&oacute;n del rock en el continente est&aacute; ligada a la emergencia de nuevas culturas juveniles, la hip&oacute;tesis de la modernizaci&oacute;n trunca permite leer los pliegues particulares, as&iacute; como los puntos de contacto: se trata de una m&uacute;sica que, en varios pa&iacute;ses, se despliega en medio de fuertes tensiones pol&iacute;ticas que van desde el golpe militar (Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Per&uacute;) a la fuerte agitaci&oacute;n o el conflicto armado (Colombia), pasando por una situaci&oacute;n, nuevamente, excepcional: una democracia regulada y represiva que censura al rock como ninguna dictadura (M&eacute;xico).
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La fricci&oacute;n rockera con la fracci&oacute;n de izquierda</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por eso, esta historia postula una<strong> </strong>suerte de segunda hip&oacute;tesis: la de una reiterada fricci&oacute;n del rock con las izquierdas continentales, tanto las educadas en los mandatos del realismo cultural sovi&eacute;tico como las seducidas por la experiencia de la Revoluci&oacute;n Cubana. El castrismo provoca ondas tect&oacute;nicas en la regi&oacute;n. Se pod&iacute;a llegar al socialismo saltando etapas. Esa hoja de ruta intent&oacute; ser ejemplar. No es este libro el lugar de revisarla. Digamos s&iacute; que, &ldquo;entre la pluma y el fusil&rdquo;, como se titula el libro de Claudia Gilman sobre los &ldquo;dilemas y debates&rdquo; del escritor que hab&iacute;a adoptado a La Habana como nuevo centro de gravedad, se col&oacute; tambi&eacute;n una guitarra. Es en la isla donde se configura un modo de recepci&oacute;n del rock que, con mayor o menor reconocimiento de sus argumentaciones condenatorias, se replic&oacute; hacia el sur. La Cordillera de los Andes no fue una Sierra Maestra, como anhelaba Fidel Castro, pero s&iacute; un conducto metaf&oacute;rico de esas aprensiones. Ese es el motivo por el cual este ensayo comienza en aquella isla deseada. El recelo de las izquierdas hacia el rock se extiende en Am&eacute;rica Latina hasta el final de las transiciones democr&aacute;ticas en los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado, donde pueden aparecer ciertas aproximaciones &ndash;o, incluso, el desplazamiento de esas izquierdas a manos de movimientos juveniles despolitizados&ndash;. Como veremos, el rock latinoamericano se cuida, en general, de ser capturado por los protocolos de la Guerra Fr&iacute;a: le concede ese privilegio a la canci&oacute;n de protesta, aunque a veces coquetee, ocasionalmente, con ella &ndash;con m&aacute;s franqueza, hacia el final de las dictaduras y el inicio de los procesos de transici&oacute;n, ya cuando ninguno de los dos (ni el rock ni la protesta) son los mismos&ndash;. Lo suyo es, fundamentalmente, una paradoja que no se organiza pol&iacute;ticamente: ser una cr&iacute;tica a la cultura de masas creada en el centro de la cultura de masas y sin tener otra aspiraci&oacute;n que ser cultura de masas. Este aparente galimat&iacute;as no es nuestro, sino del cr&iacute;tico estadounidense Greil Marcus, aunque podemos suscribirlo. En ese lugar y esa aspiraci&oacute;n, el rock afirma que &ldquo;rompe estructuras&rdquo;, pero no se asume como insurreccional, sino s&oacute;lo como contravencional: el corte de cabello y<strong> </strong>una noche o dos en una c&aacute;rcel es suficiente. El martirio en 1973 de V&iacute;ctor Jara, figura central de la Nueva Canci&oacute;n chilena, pero con sus simpat&iacute;as y entreveros con el rock de su pa&iacute;s, funciona como alerta, antes que como modelo; como l&iacute;mite, no como posibilidad. Lo mismo ocurre con el encarcelamiento, en 1967, de los brasile&ntilde;os Caetano Veloso y Gilberto Gil: se trata de situaciones excepcionales que definen una posibilidad que ser&aacute; minuciosamente evitada &ndash;y por eso mismo, no repetida&ndash;. Quince a&ntilde;os m&aacute;s tarde, los distintos rocks nacionales podr&aacute;n construir, sin ninguna verg&uuml;enza o pudor revisionista, hagiograf&iacute;as autobiogr&aacute;ficas y geogr&aacute;ficas que insistan sobre una resistencia que no se verifica en demas&iacute;a; cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, ese relato puede consagrarse como leyenda y como documental de Netflix. Pero los propios narradores, esas voces &ldquo;nativas&rdquo; de los rockeros &ndash;&iexcl;todos hombres, para colmo!&ndash;, ya se han transformado en <em>rockstars, </em>en estrellas del espect&aacute;culo; han sido actores de dramas pol&iacute;ticos que no reclamaron su martirio, o que supieron apartarse a tiempo de su posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los puntos en com&uacute;n, el rock y la pol&iacute;tica fueron &ndash;&iquest;son? &ndash; sensibilidades en colisi&oacute;n. Entendemos aqu&iacute; <em>sensibilidades </em>en un sentido que evoca el de <em>estructura de sentimiento </em>propuesto por Raymond Williams; porque trabaja con los mundos simb&oacute;licos y con los mundos afectivos, y porque habla de lo que est&aacute; emergiendo como nuevo, en respuesta a lo <em>arcaico </em>y a lo <em>residual</em>, pero con distinciones que las ponen en conflicto. Comparten, entre otros, el juvenilismo, pero difieren en el tratamiento de sus adultos correlativos &ndash;la guerrilla peronista argentina, por ejemplo, conf&iacute;a en los dictados de un militar setent&oacute;n&ndash;; comparten la rebeld&iacute;a, pero no la revuelta; comparten la confianza en la novedad, pero no en todas las novedades (la pol&iacute;tica duda de la guitarra el&eacute;ctrica y de las sustancias alteradoras de conciencia, lo que la acerca, parad&oacute;jicamente, al campo del conservadurismo art&iacute;stico m&aacute;s tradicionalista, confluencia que veremos en la &ldquo;Marcha contra la guitarra el&eacute;ctrica&rdquo; que encabeza la cantante Elis Regina en Rio de Janeiro, en 1967; el rock, por su parte, duda del socialismo hasta el punto de no nombrarlo). Comparten, parad&oacute;jicamente, una sensibilidad: la homofobia. Pero el mundo de las izquierdas continentales lo ejercita, como veremos, como advertencia anti-rockera: &ldquo;Los jipis son todos maricones y drogones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una contracultura</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que, como una frontera m&aacute;s que como una definici&oacute;n, el rock se propone, asume o nombra como una contracultura. Para ser m&aacute;s precisos: esa definici&oacute;n es tan potente que organiza nuestra periodizaci&oacute;n y, por ende, toda nuestra historia. Como dijimos, el consenso historiogr&aacute;fico afirma que hay un primer momento &ldquo;importador&rdquo;, al influjo de la invenci&oacute;n estadounidense de 1954, que produce una &ldquo;m&uacute;sica joven&rdquo;. A eso lo sigue un segundo momento en que el influjo de la &ldquo;ola Beatle&rdquo; &ndash;en todo el mundo occidental&ndash;, en confluencia con otros elementos que analizaremos, construye al rock como una contracultura y lo pone en relaci&oacute;n con otra contracultura juvenil que insiste en llamarse a s&iacute; misma &ldquo;revolucionaria&rdquo;. Nuestra historia est&aacute; centrada especialmente en ese segundo momento, especialmente cuando los Beatles <em>maduran</em>, a partir de 1966, y abandonan los conciertos para convertirse en m&uacute;sicos de estudio y, por ende, artistas cabales. El an&aacute;lisis de los modos de esa relaci&oacute;n (mucho m&aacute;s conflictiva que amistosa, mucho m&aacute;s mutuamente excluyente que colaborativa) incluye un tercer per&iacute;odo: aquel en que las dictaduras latinoamericanas se dedican a exterminar a los movimientos juveniles de la izquierda revolucionaria &ndash;donde &ldquo;exterminar&rdquo;, lo sabemos, no es una exageraci&oacute;n ni una met&aacute;fora&ndash; y el rock sufre censuras y persecuciones, aunque no exterminio. Un cuarto per&iacute;odo es aquel en que se producen las condiciones de internacionalizaci&oacute;n latinoamericana del rock que emerge de esa tercera etapa; el momento en que puede hablarse ampliamente de un rock latino o de un rock latinoamericano &ndash;no necesariamente denominan lo mismo&ndash;, la etapa en la que la banda argentina Soda St&eacute;reo convoca multitudes y vende millones de placas en Buenos Aires, Santiago de Chile o Ciudad de M&eacute;xico. Ese momento ser&aacute; narrado m&aacute;s sucintamente, aunque ocupar&aacute; nuestras conclusiones.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que, como dice el soci&oacute;logo jamaiquino Stuart Hall en 1969, una contracultura es una <em>weltanschauung</em>, una concepci&oacute;n del mundo, pero no una ideolog&iacute;a: se pronuncia &ldquo;en contra de&rdquo;, lo que la vuelve potencialmente revolucionaria, pero nunca define el sentido posible de esa posible revoluci&oacute;n. Puede llevar a sus sujetos hacia la protesta y la rebeli&oacute;n personal, pero no olvidemos que toda sociedad tiene &ldquo;sus &aacute;reas de disidencia tolerada&rdquo;: es decir, su locura permitida. La contracultura <em>hippie</em> &ndash;Hall habla de ella, y nosotros lo usamos por homolog&iacute;a&ndash; parece ser m&aacute;s esa disidencia tolerada que una contra-definici&oacute;n revolucionaria de una sociedad. Se trata de un &ldquo;momento expresivo&rdquo; m&aacute;s que &ldquo;activista&rdquo;, dice Hall; aunque, en el caso estadounidense, contamina a los grupos militantes en el estilo, la dramaturgia, la definici&oacute;n de contra-valores y en el establecimiento de una nueva subjetividad. Los hippies estadounidenses compart&iacute;an visiones del mundo con la militancia radical blanca y tambi&eacute;n, aunque con diferencias importantes, con la militancia negra. Hall no cree que el hipismo haya sido una mera reacci&oacute;n antipol&iacute;tica: hay retirada y disociaci&oacute;n, se&ntilde;ala, pero no una oposici&oacute;n abierta y absolutamente disonante (para usar un adjetivo musical).
    </p><p class="article-text">
        El rock latinoamericano tambi&eacute;n permite leer su construcci&oacute;n como contracultura de un modo enf&aacute;tico; pero su relaci&oacute;n con la militancia pol&iacute;tica revolucionaria parece perseverar m&aacute;s en la reacci&oacute;n y el rechazo que en el di&aacute;logo, salvo excepciones que deber&aacute;n ser objeto privilegiado de nuestro an&aacute;lisis y nuestro relato. Simult&aacute;neamente, implica ciertas definiciones de clase: el momento contracultural del rock latinoamericano es blanco y de clases medias &ndash;quiz&aacute;s, con las &uacute;nicas excepciones de los brasile&ntilde;os Gilberto Gil y Milton Nascimento, a quienes incluimos como parte de esta diversa familia por razones que ser&aacute;n debidamente explicadas&ndash;, porque esa misma construcci&oacute;n como tal exige determinados capitales culturales que no pueden adquirirse f&aacute;cilmente en sociedades tan estructuradas y estratificadas socialmente como las nuestras. (Por eso mismo, su relaci&oacute;n con las militancias, mayormente universitarias, se vuelve tan necesaria de ser repensada). No se trata de &ldquo;resistencias populares&rdquo;, como dir&iacute;a el soci&oacute;logo franc&eacute;s Pierre Bourdieu: &ldquo;La resistencia puede ser alienante y la sumisi&oacute;n puede ser liberadora. Tal es la paradoja de los dominados, y no se sale de ella&rdquo;. Pero, adem&aacute;s, la contracultura supone siempre &ldquo;un cierto capital cultural&rdquo;. Como veremos, ese capital abreva en formas a veces muy sofisticadas de las filosof&iacute;as orientales o en sabidur&iacute;as originarias ocultas por las concepciones burguesas tradicionales del mundo letrado; pero no necesariamente en el mundo de las clases populares &ndash;hasta, posiblemente, la aparici&oacute;n del <em>punk</em>&ndash;.
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        <strong>Una historia descentrada</strong>
    </p><p class="article-text">
        El orden de esta narraci&oacute;n no es completamente cronol&oacute;gico, como hemos dicho, ni reviste tampoco la condici&oacute;n de un cat&aacute;logo. Ni siquiera hay un orden geogr&aacute;fico: de sur a norte o viceversa. Cre&iacute;mos necesario mantener ciertas autonom&iacute;as &ndash;el rock mexicano, el rock brasile&ntilde;o, el chileno&ndash; porque constitu&iacute;an experiencias incomparables en torno de los problemas que estamos planteando y las preguntas que quer&iacute;amos hacer. En cambio, preferimos unir al rock argentino y al uruguayo, convencidos de que el primero se fund&oacute; en Montevideo. Por su parte, el mundo andino nos exig&iacute;a una entrada cruzada y combinada &ndash;a sabiendas minuciosas de que ni Colombia ni Per&uacute; son exclusivamente andinos&ndash;, que a su vez se intersectara con los devaneos incaicos de los argentinos de Arco Iris &ndash;como veremos, decisivos en una &uacute;ltima etapa de esta historia&ndash;. Pero, asimismo, postulamos que la relaci&oacute;n entre modernizaci&oacute;n y revoluci&oacute;n, definitiva para la invenci&oacute;n del rock latinoamericano, no comenzaba sino en Cuba, donde el debate adquiri&oacute; un peso decisivo para un c&uacute;mulo de prescripciones y prohibiciones, la mayor&iacute;a de ellas bastante parad&oacute;jicas, pero performativas. A los fines de nuestra interpretaci&oacute;n, la relaci&oacute;n entre rock y pol&iacute;tica es mucho m&aacute;s interesante en M&eacute;xico, Brasil y Chile que en el resto del continente; del mismo modo, los modos en que el mundo intelectual participa animadamente del debate sobre esa relaci&oacute;n, tomando partido con intervenciones period&iacute;sticas o incluso militantes, es desproporcionado en los dos primeros casos respecto de todo el resto: para decirlo con alguna simpleza, los significados del rock se debaten en 1968 en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico o en la Universidade de S&acirc;o Paulo, pero no en la de Buenos Aires. Por eso, podemos &ndash;propusimos&ndash; comenzar con el alzamiento zapatista de 1994, continuar con la <em>passeata </em>organizada por Elis Regina en Rio de Janeiro en 1967, saltar al triunfo de Allende en la Chile de 1970, acompa&ntilde;ar a una banda de montevideanos que va de Punta del Este a Buenos Aires en 1965 y culminar con la declaraci&oacute;n como Patrimonio Musical de la Naci&oacute;n peruana de &ldquo;El c&oacute;ndor pasa&rdquo; en 2004. Todos esos hilos van construyendo el tapiz que queremos describir e interpretar.
    </p><p class="article-text">
        Esta es, entonces, una historia descentrada, que no s&oacute;lo no comienza en Buenos Aires, y que ni siquiera comienza en el continente, sino en las islas. Despu&eacute;s de todo, hay cierto consenso en las historias pol&iacute;ticas latinoamericanas en que, para hablar de la cultura en la d&eacute;cada de 1960, hay que comenzar por La Habana en 1959. No tenemos por qu&eacute; transgredir ese acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Historia M&iacute;nima del rock en Am&eacute;rica Latina </strong></em>(Buenos Aires, El Colegio de M&eacute;xico/Prometeo Libros, 2025; M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2025)
    </p><p class="article-text">
        <em>Se presenta en la Feria del Libro el jueves 8 de mayo a las 16 en la Sala Alejandra Pizarnik</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert, Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-minima-rock-america-latina_1_12272883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 May 2025 17:52:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia Mínima del rock en América Latina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rock,América Latina,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las fuerzas de la tierra y la maldad divina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuerzas-tierra-maldad-divina_129_12208287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7340dc7b-4546-4a72-932a-b220951c9e30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las fuerzas de la tierra y la maldad divina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un colectivo de trabajadores culturales denuncia el rumbo autocrático del Gobierno, llama a construir una alternativa democrática desde abajo y convoca a articular un programa político con base en derechos.</p></div><p class="article-text">
        Ser&iacute;a presuntuoso que, por meramente redactar y firmar un documento, los y las firmantes del texto que titulamos <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/tribuna/llamado-fuerzas-tierra_129_12207413.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Un llamado a las fuerzas de la tierra&rdquo;</a> nos crey&eacute;ramos algo m&aacute;s que un mont&oacute;n de gente preocupada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Somos un mont&oacute;n de gente preocupada.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos une una especie de comunidad laboral: todos y todas, en alguna medida, vivimos del trabajo intelectual y art&iacute;stico, en sus m&uacute;ltiples dimensiones. Escribir, actuar, pintar, dise&ntilde;ar, filmar, ense&ntilde;ar (los y las docentes somos una abundante mayor&iacute;a). Es decir, todo aquello que el libertarianismo en vigencia llama &ldquo;in&uacute;tiles&rdquo; y rechaza al grito de &ldquo;agarren la pala&rdquo;, como si ser vocero, ministro o diputada exigiera alg&uacute;n tipo de trabajo manual. Por supuesto, los medios que est&aacute;n reproduciendo nuestro comunicado y los irritados comentaristas de La Naci&oacute;n nos identifican como &ldquo;intelectuales&rdquo;, lo que no est&aacute; del todo mal pero tampoco del todo bien. Somos m&aacute;s que meramente intelectuales. Trabajamos de mil cosas distintas &ndash;trabajamos mucho, todos y todas: <strong>nos encanta reconocernos como trabajadores y trabajadoras</strong>. No somos herederos, no somos rentistas, y no creemos que nuestros trabajos, m&aacute;s o menos creativos, m&aacute;s o menos &ldquo;intelectuales&rdquo;, nos confieran alg&uacute;n privilegio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero s&iacute; obligaciones.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No somos herederos, no somos rentistas, y no creemos que nuestros trabajos, más o menos creativos, más o menos &#039;intelectuales&#039;, nos confieran algún privilegio</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estamos obligados, por deformaciones o compromisos profesionales de todo tipo, a vivir atentos a lo que pasa, a tratar de prestar atenci&oacute;n al conjunto y a los detalles, al mapa y al territorio, a lo micro y a lo macro; estamos obligados a producir informaci&oacute;n y a consumirla, y tambi&eacute;n a intercambiarla con los que saben cosas que nosotros y nosotras no sabemos; y por todo eso, hemos elegido ser solidarios con los que sufren, con los que son oprimidos y con los que son reprimidos, y mucho m&aacute;s con las que son oprimidas y son reprimidas, porque lo son dos veces. Estamos obligados, por todo eso, <strong>a darnos cuenta del abismo en el que estamos cayendo como sociedad</strong>, en el desastre al que nuestros gobernantes &ndash;y por complicidad o deliberaci&oacute;n, nuestras clases dirigentes&ndash; nos quieren conducir. No hay accidente ni torpeza, sino prop&oacute;sito: <strong>est&aacute;n tratando de construir un pa&iacute;s arruinado econ&oacute;micamente, arrasado socialmente, invivible ecol&oacute;gicamente, disciplinado culturalmente.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como lo dijimos en el texto: vamos hacia una autocracia in&eacute;dita.</strong> Vamos hacia la supresi&oacute;n de las libertades democr&aacute;ticas que hemos gozado por cuarenta a&ntilde;os. No fue un para&iacute;so, lo sabemos bien, pero los que atravesamos la experiencia de la dictadura sabemos con largueza lo que significa &ldquo;vivir en democracia&rdquo;: es la densidad de las libertades y los derechos.
    </p><p class="article-text">
        Eso somos. Pero tambi&eacute;n eso fuimos. Inevitablemente, nuestro documento dispar&oacute; los consabidos argumentos reaccionarios: &ldquo;son kukas&rdquo; y &ldquo;no protestaron contra Alberto&rdquo;, junto al inevitable &ldquo;v&aacute;yanse a Cuba&rdquo;. No podemos pedir a las derechas nativas que rastreen nuestros antecedentes, porque les implicar&iacute;a mucho trabajo. Los firmantes venimos de tradiciones, experiencias y militancias muy variadas, que incluyen al peronismo y tambi&eacute;n lo desbordan. Los &ldquo;abajo firmantes&rdquo; hemos abajofirmado m&aacute;s declaraciones que libros u obras de arte: siempre, coherentemente, <strong>a favor de la paz, la igualdad, la democracia, la justicia</strong> &ndash;a&uacute;n cuando eso nos implicara disensos entre nosotros y nosotras&ndash;. La ventaja de trabajar de las cosas que trabajamos es que, como dijo maravillosamente Beatriz Sarlo, comenzamos por no entender, continuamos tratando de saber para entender y terminamos tratando de dudar de nuestras propias afirmaciones para as&iacute; poder seguir entendiendo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La ventaja de trabajar de las cosas que trabajamos es que, como dijo maravillosamente Beatriz Sarlo, comenzamos por no entender, continuamos tratando de saber para entender y terminamos tratando de dudar de nuestras propias afirmaciones para así poder seguir entendiendo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por eso entendimos que hab&iacute;a que salir de la deliberaci&oacute;n y pasar a la convocatoria, junto a les jubilades y a las disidencias, les estudiantes y les docentes, junto a todos aquellos que en este a&ntilde;o y medio han venido denunciando que <strong>las &ldquo;fuerzas del cielo&rdquo; son en realidad las fuerzas malignas de los poderosos</strong>, los plut&oacute;cratas, los exterminadores del clima y las especies, los especuladores y sus financistas, los machistas y los negacionistas de la dictadura &ndash;estamos, entonces, junto a todos aquellos que, por denunciarlos, han sido golpeados, gaseados, encarcelados&ndash;. <strong>Sabemos que es un momento horrible</strong>, porque casi todas las fuerzas pol&iacute;ticas de oposici&oacute;n han alternado entre la complicidad y la cobard&iacute;a, sin darse cuenta de una de las causas m&aacute;s notorias del desastre que estamos experimentando: justamente, el fracaso de todas las elites pol&iacute;ticas en cumplir el viejo mandato democr&aacute;tico de &ldquo;comer, curar, educar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, a la vez, <strong>sabemos de nuestro propio fracaso como trabajadores de la cultura, el arte y la educaci&oacute;n</strong>: tampoco supimos advertir de ese fracaso, o no supimos hacerlo de un modo eficaz y potente.
    </p><p class="article-text">
        Por todo eso escribimos este texto: convocando a las fuerzas de la tierra &ndash;a &ldquo;los potentes y creativos movimientos en el campo de los derechos humanos, sociales, territoriales, sindicales, de g&eacute;nero, ambientales&rdquo; &ndash; para que discutamos un programa m&iacute;nimo de gobierno, con consignas y acuerdos m&iacute;nimos e indiscutibles. <strong>&ldquo;Por la libertad, por el pluralismo, por los derechos b&aacute;sicos, por el reparto de la riqueza, por la igualdad, por la democracia&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Me acabo de dar cuenta de que ese programa m&iacute;nimo es un programa m&aacute;ximo.</strong> Y est&aacute; bien que as&iacute; sea. Para males menores, complacencias y condescendencias est&aacute; el pasado; para males peores, las fuerzas malignas y celestiales. <strong>Las fuerzas de la tierra s&oacute;lo tienen futuro, y todo por hacer.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PA/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuerzas-tierra-maldad-divina_129_12208287.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Apr 2025 09:42:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las fuerzas de la tierra y la maldad divina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Señorita, ese nene es barrabrava]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/senorita-nene-barrabrava_129_12131213.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7def3c41-e0e3-41de-af4e-e11adc3560d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Señorita, ese nene es barrabrava"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los días previos a la represión del miércoles, y en las burradas posteriores, el abuso del término barrabrava pretendió descalificar una acción mucho más noble y de honda raigambre en la cultura popular: la defensa del indefenso. Y justificar la cacería, venderla como batalla. 
</p></div><p class="article-text">
        Tomo al azar uno de los tantos t&iacute;tulos de los diarios de ayer: &ldquo;Una batalla de barrabravas y militantes contra polic&iacute;as&rdquo;. Tengo muchos de este tenor para elegir. Nos demuestran la crisis casi terminal de parte importante del periodismo: b&aacute;sicamente, porque pone en escena su ignorancia supina y su desprecio minucioso por las categor&iacute;as que explican el mundo social. No hubo batalla, sino cacer&iacute;a, por un lado: &ldquo;batalla&rdquo; supone dos bandos equivalentes y no la represi&oacute;n brutal que ejerce una banda legalmente armada contra ciudadanos y ciudadanas que, aun si acept&aacute;ramos alguna pr&aacute;ctica &ldquo;violenta&rdquo;, no est&aacute;n armados, ni legal ni ilegalmente. El Estado ejerce o deber&iacute;a ejercer &ndash;sobre esto se funda la sociedad moderna&ndash; el monopolio leg&iacute;timo de la violencia: las fuerzas de seguridad federales y porte&ntilde;as ejercen, en cambio, una violencia ileg&iacute;tima abusando de ese monopolio legal.
    </p><p class="article-text">
        Pero por otro lado, el recurso al <em>barrabravismo</em> ofrece tres problemas a&ntilde;adidos. El primero es que ayer no hab&iacute;a ning&uacute;n barra en la zona de la salvajada estatal; y no preciso estar all&iacute; para saberlo. Simplemente, cualquiera que sabe algo de f&uacute;tbol, violencia y barras sabe con holgura que las barras no est&aacute;n para tonter&iacute;as tales como defender jubilados; que sus relaciones con el mundo pol&iacute;tico son b&aacute;sicamente clientelares, clandestinas y de prestaci&oacute;n-contraprestaci&oacute;n. Cualquiera sabe que, si se produjera el milagro &ndash;imposible como todo milagro&ndash; de que todas las barras coincidieran en convertirse en manifestantes pol&iacute;ticos, la polic&iacute;a hubiera &ldquo;corrido&rdquo; &ndash;para usar el lenguaje adecuado: el &ldquo;aguantador&rdquo; &ndash;. Cualquiera que haya le&iacute;do los trabajos socio-antropol&oacute;gicos publicados desde hace veinticinco a&ntilde;os sabe que la polic&iacute;a tiene un problema fundamental con la barra: simplemente, que ella misma es otra barra que presume de su aguante y que entra en relaciones clandestinas tambi&eacute;n con la pol&iacute;tica y el f&uacute;tbol.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El segundo problema es que todos los que entendemos de esto sabemos que la convocatoria de ayer fue hecha por otra categor&iacute;a o agrupamiento del mundo futbol&iacute;stico que son los que hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os llamamos los &ldquo;hinchas militantes&rdquo;, grupos de partidarios de militancia activa en sus clubes y que mantienen relaciones complejas y tironeadas con sus barras y con los dirigentes, b&aacute;sicamente porque defienden su autonom&iacute;a respecto de los negocios clandestinos que organizan la relaci&oacute;n barras-dirigencias-pol&iacute;ticos-polic&iacute;as. Esos grupos, que tuvieron una visibilidad mayor cuando formaron la Coordinadora de Hinchas en 2016 para oponerse al primer proyecto de sociedades an&oacute;nimas (el fallido de Macri), se replegaron para luego reaparecer nuevamente contra el proyecto SAD, para formar grupos llamados Anti-Fa (obviamente, anti-fascistas), y vieron aqu&iacute; una oportunidad magn&iacute;fica para su puesta en escena pol&iacute;tica: &ldquo;no se metan con los viejos&rdquo; (reconozcamos que esa consigna es mucho m&aacute;s atractiva que &ldquo;el que las hace las paga&rdquo; o que &ldquo;corran, putos&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Y el tercer problema, que demuele definitivamente el uso est&uacute;pido de la categor&iacute;a <em>barrabrava</em>, es sencillamente que no es una categor&iacute;a jur&iacute;dica: no designa una acci&oacute;n tipificada ni una organizaci&oacute;n determinada. Es decir: a&uacute;n si las barras hubieran estado, no hubiera sido delito. Pero, insisto, no estaban. <em>Barrabrava</em> es una categor&iacute;a socio-antropol&oacute;gica a la que, para colmo, hemos discutido porque no es una palabra que usen los propios actores (que prefieren llamarse a s&iacute; mismos &ldquo;barra&rdquo;, a secas, o mejor a&uacute;n, &ldquo;la hinchada&rdquo;). Es entonces una categor&iacute;a in&uacute;til, porque no nombra nada. Sin embargo, en los d&iacute;as previos y en las burradas posteriores proferidas por funcionarios/as, pol&iacute;ticos/as y periodistas/os, el abuso del t&eacute;rmino pretend&iacute;a, por su mero uso, descalificar una acci&oacute;n mucho m&aacute;s noble y de honda raigambre en la cultura popular: la defensa del indefenso. Es decir, nuevamente, &ldquo;no se metan con los viejos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        F&iacute;jense otra frase aleatoria de la cobertura de los diarios: &ldquo;De los 94 detenidos que hubo ayer por la protesta en el Congreso&nbsp;solo cinco ser&iacute;an barrabravas, seg&uacute;n precis&oacute; hoy la Polic&iacute;a de la Ciudad de Buenos Aires&rdquo;. La repregunta elemental es: &iquest;c&oacute;mo se dieron cuenta? &iquest;Es que acaso son portadores de alg&uacute;n rasgo fison&oacute;mico? &iquest;Les hicieron un gen&eacute;tico?
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n es obvia: no hay tal cosa, no hubo barras y ni siquiera eso explica y mucho menos justifica lo ocurrido. Escuchemos entonces la palabra sabia y sanadora de la ministra Bullrich, hablando del fot&oacute;grafo Pablo Grillo: &ldquo;Este periodista, que dice ser periodista, trabaja con Juli&aacute;n &Aacute;lvarez en la Municipalidad de Lan&uacute;s y antes estuvo en el Ministerio de Justicia cuando estaba Alberto Fern&aacute;ndez&rdquo;. Es decir: &ldquo;es militante, por lo tanto, merece el castigo, que si es necesario debe llegar hasta su muerte, porque el que las hace las paga&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; todo dicho. La ministra ha decidido aplicar la pena de muerte sin juicio previo. Pero su accionar suma cuatro datos m&aacute;s, incontrastables, indudables: el primero, la anciana empujada por un polic&iacute;a que la ve caer, gira y se hace el boludo. El segundo, que la ministra sostuvo que ten&iacute;an los papeles que &ldquo;planificaban los des&oacute;rdenes&rdquo;. El papel es &eacute;ste:&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                volante apócrifo de la izquierda                            </span>
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        Es decir, un volante trucho que ni siquiera conoce el nombre real del Frente de Izquierda. La inferencia es nuevamente obvia: el papel es falso, pero su mera existencia demuestra la planificaci&oacute;n represiva. Alguien lo hizo para usarlo como argumento (luego de que ocurriera lo que se sab&iacute;a que iba a ocurrir).
    </p><p class="article-text">
        El tercer dato tambi&eacute;n lo hemos visto en im&aacute;genes: el arma arrojada al piso por un polic&iacute;a, para luego alejarse del lugar. Al igual que el papel: como se sabe que se va a reprimir, se preparan las &ldquo;pruebas&rdquo; de los argumentos que justifiquen el uso de la palabra &ldquo;batalla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El cuarto dato es mucho m&aacute;s duro: la imagen muestra claramente que Grillo se agacha para tomar una fotograf&iacute;a y que el arma que esgrime es una c&aacute;mara. No hay ninguna represi&oacute;n, sino lisa y llanamente un crimen.
    </p><p class="article-text">
        Y como ya me fui por las ramas, es hora de concluir: el Estado argentino ha vuelto a ser un estado criminal. (Nunca dej&oacute; de serlo, pero hoy es mucho m&aacute;s grosero). La salvajada de ayer muestra que la ministra est&aacute; dispuesta a matar gente para sostener su presunto prestigio mano-durista, as&iacute; como que estamos frente a una escalada represiva literalmente pre-fascista. Quisiera suponer que el coraje jur&iacute;dico-pol&iacute;tico de la jueza Karina Andrade podr&aacute; tener alg&uacute;n eco entre pol&iacute;ticos, especialmente los y las representantes del pueblo, antes de que no me alcancen los caracteres para denunciar las v&iacute;ctimas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/senorita-nene-barrabrava_129_12131213.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Mar 2025 18:37:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Señorita, ese nene es barrabrava]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué pensaría Beatriz de esto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/pensaria-beatriz_129_11910173.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b7c20f1-b3c1-4efd-a50a-88a21c7abd50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué pensaría Beatriz de esto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Le enseñó a leer a tres generaciones de la crítica literaria argentina. Nos reorganizó los modos de pensar la cultura, el arte, la literatura y hasta lo cotidiano. Fue un faro cultural, una especie de Victoria Ocampo después de Victoria Ocampo, que tomaba el bondi, jugaba al tenis y defendía a Maradona.</p></div><p class="article-text">
        No podr&iacute;a decir el d&iacute;a exacto, pero fue en marzo de 1984 cuando Beatriz Sarlo entr&oacute; a un aula infame del viej&iacute;simo edificio de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras en la calle Marcelo T&eacute; &ndash;antes Maternidad Pardo, luego Facultad de Ciencias Sociales&ndash; para dar su primera clase te&oacute;rica de Literatura Argentina II. Se sent&oacute; en el escritorio &ndash;el &uacute;nico lugar desde donde pod&iacute;a vernos a todos&ndash;, prendi&oacute; un cigarrillo y comenz&oacute; la experiencia intelectual m&aacute;s incre&iacute;ble de nuestra generaci&oacute;n de estudiantes que sal&iacute;amos de la dictadura, agrandados como militantes pero enanos como estudiantes. No sab&iacute;amos nada de nada. A las pocas semanas, un compa&ntilde;ero le pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;De qu&eacute; ideolog&iacute;a era Mart&iacute;nez Estrada?&rdquo;. &ldquo;Gorila, era apenas un gorila&rdquo;, contest&oacute; Beatriz, entre las risas de la multitud.
    </p><p class="article-text">
        (Debo decir: con ella conocimos a Josefina Ludmer, a Enrique Pezzoni, a Ana Mar&iacute;a Barrenechea, a Beatriz Lavandera, a Nicol&aacute;s Bratosevich, a David Lagmanovich, a Nicol&aacute;s Rosa, a Eduardo Romano, a Mar&iacute;a Teresa Gramuglio. Es decir: descubrimos la literatura, a la que la dictadura hab&iacute;a escondido detr&aacute;s de un mont&oacute;n de in&uacute;tiles.)
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Para m&iacute; fue verla en persona por primera vez: pero ya era su lector, tanto de los libros que hab&iacute;a publicado con Carlos Altamirano como de la revista <em>Punto de Vista</em>, que devor&aacute;bamos con la avidez del aspirante a intelectual hambriento. Tambi&eacute;n era su &ldquo;opositor&rdquo;: Beatriz era una entusiasta alfonsinista, yo era un tan pujante como derrotado peronista. Casi cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, Beatriz contaba p&uacute;blicamente c&oacute;mo romp&iacute;a la paciencia (la suya y la de mis compa&ntilde;eros) preguntando por Marechal, Jauretche o Hern&aacute;ndez Arregui. Y sin embargo, me puso un diez en el parcial y me lo devolvi&oacute; dici&eacute;ndome &ldquo;un capolavoro, Pablo&rdquo;. Ese d&iacute;a compr&oacute; mi coraz&oacute;n como ya se hab&iacute;a comprado mi inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando cumpli&oacute; ochenta a&ntilde;os, hace apenas dos, parafrase&eacute;, muy de memoria, una afirmaci&oacute;n de Mart&iacute;n Kohan: uno pod&iacute;a estar en desacuerdo con las opiniones pol&iacute;ticas de Beatriz Sarlo &ndash;y a veces, muy en desacuerdo&ndash;, pero cada vez que hac&iacute;amos alguna intervenci&oacute;n p&uacute;blica (sea un panel, una columna o un libro) nos encontr&aacute;bamos pensando: &iquest;qu&eacute; dir&aacute; Beatriz sobre esto, si lo lee &ndash;con la sospecha de que Beatriz lo lee todo&ndash;? Jam&aacute;s votamos lo mismo: ella fue una consecuente socialdem&oacute;crata, yo he sido un peregrino de las izquierdas argentinas. Y sin embargo, tambi&eacute;n me preguntaba, cada vez que apoyaba p&uacute;blicamente una lista o un partido, qu&eacute; pensar&iacute;a Beatriz de eso.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que significa una maestra en nuestra vida. Pas&eacute; cuarenta a&ntilde;os bajo ese influjo, desde ese primer curso de Literatura Argentina II en 1984. Fue tambi&eacute;n mi profesora de posgrado, en un seminario sobre Culturas Populares en 1996 que me dio vuelta la cabeza y por el que termin&eacute; distanciado con otros de mis grandes maestros, como An&iacute;bal Ford o Eduardo Romano. Me ense&ntilde;&oacute; a leer a contrapelo, me reorganiz&oacute; la biblioteca, me cambi&oacute; el estilo de escritura. Viv&iacute; y escrib&iacute; obsesionado por otra de sus frases: &ldquo;Como dice Barthes, entre la vulgaridad y la jerga, prefiero la jerga&rdquo; &ndash;y ella no era jergosa, y hasta escribi&oacute; en la revista dominical de <em>Clar&iacute;n </em>durante a&ntilde;os&ndash;. En 1985, tuve la fortuna de hacer la correcci&oacute;n tipogr&aacute;fica &ndash;una changa de joven estudiante&ndash; de su <em>Imperio de los sentimientos</em>. Desde entonces, no le falt&eacute; a un libro ni a un art&iacute;culo; y supe que estaba en una buena senda cuando me pidi&oacute; un texto para <em>Punto de Vista</em>: visitar la Meca, tocar el cielo con las manos, hacerle los coros a Charly Garc&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le ense&ntilde;&oacute; a leer a tres generaciones de la cr&iacute;tica literaria argentina &ndash;junto a Josefina Ludmer: fueron dos mujeres las que lo cambiaron todo&ndash;. Nos reorganiz&oacute; los modos de pensar la cultura, el arte, la literatura y hasta lo cotidiano. Olv&iacute;dense de internet o de sus declaraciones period&iacute;sticas, olv&iacute;dense del inolvidable &ldquo;Conmigo no, Barone&rdquo;. Beatriz escribi&oacute; algunos de los libros de cr&iacute;tica literaria y cultural m&aacute;s importantes de los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os. Fue un faro cultural, una especie de Victoria Ocampo despu&eacute;s de Victoria Ocampo, que tomaba el bondi, jugaba al tenis y defend&iacute;a a Maradona, aunque sab&iacute;a mucho m&aacute;s sobre Federer que sobre Messi. Hoy lo dijo Mart&iacute;n Becerra en X: era una m&aacute;quina cultural, la met&aacute;fora que ella invent&oacute; para hablar de Ocampo y de su t&iacute;a maestra, Rosita del R&iacute;o, y que yo le rob&eacute; para hablar de Maradona.
    </p><p class="article-text">
        Se llamaba Beatriz, igual que mam&aacute;; mi vieja fue Betty sin escr&uacute;pulos, pero nadie se animaba a decirle Betty a Sarlo, si no era en chiste. Mi mam&aacute;, gorila impenitente, la admiraba, aunque no la le&iacute;a &ndash;era su admiradora televisiva&ndash; y se resist&iacute;a a creer que Beatriz era, en el fondo, una populista culposa (&ldquo;tengo un yo populista, un ello marxista y un supery&oacute; socialdem&oacute;crata, Pablo&rdquo;, me dijo hace algunos a&ntilde;os). Fue la gran intelectual argentina de la democracia, de estos cuarenta a&ntilde;os; la que marc&oacute; una &eacute;poca, como dijo Mart&iacute;n Caparr&oacute;s; fue la maestra que organiz&oacute; buena parte de mi trabajo; fue quien me gan&oacute; el respeto de mi mam&aacute;. No puedo encontrar m&aacute;s razones para mi tristeza.
    </p><p class="article-text">
        <em>DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/pensaria-beatriz_129_11910173.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Dec 2024 19:55:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué pensaría Beatriz de esto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Beatriz Sarlo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un mundo de frases (mal) hechas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/milei-por-la-boca/mundo-frases-mal-hechas_1_11876672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6531d37d-8384-4edc-b7ed-e68adcb2bc48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un mundo de frases (mal) hechas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Imaginen una sociedad ordenada por refranes o por citas mal traídas y peor llevadas. Una sociedad guiada por un repertorio limitado de consignas, muchas de ellas contradictorias entre sí, a las que se llama “sentido común”. ¿Les suena?
</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestra doctrina de seguridad es simple: el que las hace, las paga; el orden público es sagrado, no se puede secuestrar la calle, y los buenos son los de azul, los malos son los que delinquen, los que roban, los que matan</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>Ojo por ojo, diente por diente (mano por mano, pie por pie).</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No robar&aacute;s.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El que se r&iacute;e, se lleva.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Detr&aacute;s de cada gran fortuna hay un delito.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>M&aacute;s vale p&aacute;jaro en mano que ciento volando.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El C&oacute;digo Penal es lo que impide que los pobres roben a los ricos; el C&oacute;digo Civil es lo que permite a los ricos robar a los pobres.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El hombre es esclavo de lo que dice y due&ntilde;o de lo que calla.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El secreto de las grandes fortunas es un crimen olvidado efectuado con limpieza. La ley no castiga a los ladrones sino cuando roban mal.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Las deudas se pagan y los favores se agradecen.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Qu&eacute; es el robo de un banco en comparaci&oacute;n con fundar uno?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No matar&aacute;s.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El que mata tiene que morir.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>M&aacute;s vale perro vivo que le&oacute;n muerto.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La justicia tarda, pero llega.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El crimen no paga.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Quien mal anda, mal acaba.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La vida es como un restaurante: nadie se va sin pagar.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Delito de adulto, pena de adulto.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El que corta no cobra.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Todo vuelve y te pega donde m&aacute;s te duele.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El que las hace, las paga/ Eso lo digo por ti/ A m&iacute; t&uacute; me hiciste tantas/ Que vas a pagarme con verte sufrir.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Algo habr&aacute;n hecho.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Traje a rayas y tras las rejas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Quien roba a un ladr&oacute;n tiene cien a&ntilde;os de perd&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al ladr&oacute;n y a la ladrona cortadles las manos como retribuci&oacute;n de lo que han merecido, como castigo ejemplar de Al&aacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La culpa de todo la tiene el garantismo de Zaffaroni.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Los derechos humanos son de la gente, no de los delincuentes.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Quale scelus, talis poena.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>M&aacute;s vale prevenir que curar.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No fueron 30.000. Y en algo andar&iacute;an.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Los buenos son los de azul, los malos son los que delinquen, los que roban, los que matan.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Buenas y malas son/ cosas que vivo hoy.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A la fornicadora y al fornicador dadle a cada uno de ellos cien latigazos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El perd&oacute;n crea impunidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Las comisar&iacute;as tienen puertas giratorias.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hacete amigo del juez/ no le des de qu&eacute; quejarse.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Los nenes con los nenes/ las nenas con las nenas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Las ad&uacute;lteras y los sodomitas ser&aacute;n lapidados hasta morir.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Justicia por mano propia. Defensa propia. Derecho divino a la propiedad privada.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedar&aacute;n saciados.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Quien est&eacute; libre de pecado, que tire la primera piedra.</em>
    </p><p class="article-text">
        Imaginen una sociedad ordenada por refranes y frases hechas, o por citas mal tra&iacute;das y peor llevadas. Una sociedad guiada por un repertorio limitado de consignas, muchas de ellas contradictorias entre s&iacute;, a las que llama &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; &ndash;acompa&ntilde;ado por la frase &ldquo;el menos com&uacute;n de los sentidos&rdquo; &ndash;; o &ldquo;derecho natural&rdquo; o &ldquo;el orden normal de las cosas&rdquo;. O, mejor a&uacute;n, las llama &ldquo;sabidur&iacute;a popular&rdquo; (suele ocurrir que ninguna de esas sabidur&iacute;as es tan &ldquo;popular&rdquo;, sino que suelen ser engendros creados por sujetos de los grupos dominantes, que llaman &ldquo;popular&rdquo; a lo que les viene en gana).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad, adem&aacute;s, en la que la literatura sea censurada, el conocimiento sea clausurado y toda disidencia sea castigada con la hoguera o con el insulto, lo que est&eacute; m&aacute;s a mano (la hoguera tiene muy mala prensa, pero no habr&iacute;a que confiarse mucho: hay m&aacute;s de un Torquemada suelto).
    </p><p class="article-text">
        Imaginen una sociedad que, en pleno siglo XXI, decida cancelar dos siglos de debates jur&iacute;dicos, de filosof&iacute;a pol&iacute;tica, de argumentos constitucionales, de tratados y m&aacute;s tratados sobre la ley y sus vericuetos: sobre qui&eacute;n hace las leyes, sobre el monopolio leg&iacute;timo de la fuerza, sobre la administraci&oacute;n justa de una justicia justa, sobre el principio radical de la igualdad entre todos los seres humanos, sobre el acceso democr&aacute;tico a esa justicia. Un pa&iacute;s que cierre esa biblioteca, de una buena vez por todas, y sea simple y justamente gobernado por la voz de mando de un &ldquo;profeta de la libertad&rdquo; cuya sabidur&iacute;a se reduce, exactamente, a cuatro consignas y media.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien: en eso estamos.
    </p><p class="article-text">
        <em>FN</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/milei-por-la-boca/mundo-frases-mal-hechas_1_11876672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Dec 2024 03:01:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un mundo de frases (mal) hechas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Por la boca,frases]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mil maravillas de convertir en SAD a nuestros clubes: la propaganda que viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mil-maravillas-convertir-sad-clubes-propaganda-viene_129_11765566.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ae88124-c2da-42f9-abde-fb854b1a0e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mil maravillas de convertir en SAD a nuestros clubes: la propaganda que viene"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como ocurrió en Brasil, seremos bombardeados con “opiniones técnicas” de firmas de consultoría, bufetes de abogados y corredores de inversión que nos darán un ultimpatum: o los clubes se convierten en una Sociedad Anónima Deportiva o desaparecerán.</p></div><p class="article-text">
        Acabamos de participar de un simposio organizado por dos universidades p&uacute;blicas y una privada, en la bella R&iacute;o de Janeiro: la Universidad Federal Fluminense, la Universidad Estadual de R&iacute;o de Janeiro y la Fundaci&oacute;n Getulio Vargas. El simposio se llama &ldquo;Est&aacute;dios, Cidades, Mem&oacute;rias&rdquo;, y re&uacute;ne a colegas de disciplinas distintas (de la historia a la antropolog&iacute;a, pasando por la sociolog&iacute;a, la educaci&oacute;n, la geograf&iacute;a) de cuatro pa&iacute;ses: Brasil, el anfitri&oacute;n, y los invitados argentinos, espa&ntilde;oles y costarricenses. Discutimos casos y categor&iacute;as relacionadas con lo que nombra el t&iacute;tulo del evento: el f&uacute;tbol, los estadios que lo albergan, las ciudades que se representan, las memorias que protegen, las hinchadas que las fabrican y reproducen.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en las noches, continuamos las conversaciones en los bares viendo f&uacute;tbol; en particular, los dos partidos de Copa Libertadores de martes y mi&eacute;rcoles, donde jugaron el Atl&eacute;tico Mineiro y el Botafogo, los locales, contra el River argentino y el Pe&ntilde;arol uruguayo. Como es bien sabido, River recibi&oacute; tres goles; Pe&ntilde;arol, cinco. <strong>Dos grandes clubes sudamericanos fueron avasallados por dos sociedades an&oacute;nimas brasile&ntilde;as:</strong> Brasil, el pa&iacute;s del &ldquo;progreso&rdquo; de las &ldquo;SAF&rdquo; (Sociedades An&oacute;nimas del F&uacute;tbol, la versi&oacute;n brasile&ntilde;a de las presuntas SAD argentinas &ndash;Sociedades An&oacute;nimas Deportivas&ndash;, que fueron creadas en 2021, en el gobierno de Bolsonaro). Un resultado que no es muy diferente del reciente historial del f&uacute;tbol en este continente, cada vez m&aacute;s desigual por razones macroecon&oacute;micas, con el f&uacute;tbol brasile&ntilde;o potenciado por una capacidad tan incre&iacute;ble como hist&oacute;rica de producci&oacute;n y exportaci&oacute;n de jugadores. El mayor vendedor de jugadores del mundo sigue siendo Brasil. Los ingresos por el rubro alcanzaron los 400 millones de d&oacute;lares en 2023; los derechos televisivos, 653 millones de d&oacute;lares. Semejante recaudaci&oacute;n, administrada por mayor&iacute;a de SAF, no permiti&oacute;, sin embargo, uno de los resultados prometidos por los defensores de las SAD argentinas: los jugadores brasile&ntilde;os se van a Europa inevitablemente j&oacute;venes (y regresan inevitablemente viejos, como en la Argentina). Aunque no sea una consecuencia necesaria de esa recaudaci&oacute;n &ndash;y tampoco de esa organizaci&oacute;n&ndash;, los clubes brasile&ntilde;os acumulan las &uacute;ltimas copas Libertadores y Sudamericana, y esta podr&iacute;a ser la octava final de la Libertadores que juegue un equipo brasile&ntilde;o desde 2017; de todas ellas, los brasile&ntilde;os ganaron seis.
    </p><p class="article-text">
        Ese historial, de todas maneras, ser&aacute; explicado en el debate p&uacute;blico de una &uacute;nica manera. <strong>Para los argentinos, el bombardeo medi&aacute;tico y pol&iacute;tico ser&aacute; implacable: o aceptamos el ingreso de las SAD o seremos derrotados por los brasile&ntilde;os, por siempre jam&aacute;s.</strong> En este asunto, importan poco los argumentos, los datos, los contextos. Poco importa si el Atl&eacute;tico Mineiro se convirti&oacute; en propiedad de sus exdirigentes (como si Macri se convirtiera en due&ntilde;o de Boca Juniors de la noche a la ma&ntilde;ana). Tampoco importa si el Botafogo gast&oacute; m&aacute;s en fichajes en 2024 de lo que recaud&oacute; en 2023, porque su due&ntilde;o es un t&iacute;pico especulador estadounidense, due&ntilde;o tambi&eacute;n del franc&eacute;s Lyon, e inyect&oacute; un dinero que no tiene para luego lanzar su grupo en la bolsa de valores. Tampoco importar&aacute; lo que ocurri&oacute; con otras SAF recientes. El Cruzeiro fue &ldquo;comprado&rdquo; por Ronaldo <em>Fen&oacute;meno</em> y vendido dos a&ntilde;os despu&eacute;s, generando ganancias de cientos de millones para el due&ntilde;o, despu&eacute;s de muy poca inversi&oacute;n y ning&uacute;n t&iacute;tulo de relevancia (apenas una Copa mineira). El Coritiba fue comprado por un fondo nacional que tiene como rostro medi&aacute;tico a Roberto Justus, una especie de Donald Trump civilizado y refinado que viaja en helic&oacute;ptero por el cielo de S&atilde;o Paulo. El club descendi&oacute; en el primer a&ntilde;o y, por los resultados, hasta ahora, no parece que vaya a regresar a la &eacute;lite nacional. En el peor de los casos, del que casi no se habla, el Vasco da Gama casi tuvo que declararse en bancarrota junto con los estadounidenses de 777 Partners, una empresa acusada de fraude financiero en la corte de Nueva York y que pose&iacute;a el 30% del club. Es la empresa cuyo &ldquo;due&ntilde;o&rdquo; se tom&oacute; una foto abrazado con Javier Milei, y que tuvo el control de Genoa (Italia), Hertha Berlin (Alemania), Red Star (Francia), Melbourne Victory (Australia) y Standard Li&egrave;ge (B&eacute;lgica), junto a una participaci&oacute;n en el Sevilla espa&ntilde;ol. Hoy, todos esos clubes est&aacute;n en venta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Comenzar&aacute; ahora en la Argentina la misma l&oacute;gica de propaganda que Brasil vivi&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, aunque, afortunadamente, algunos clubes adoptaron la v&iacute;a de la cautela: o los clubes se convierten en una SAF (una SAD), o desaparecer&aacute;n. </strong>Casi ninguna voz se opuso p&uacute;blicamente en el Brasil. Podr&iacute;amos enumerar una centena de art&iacute;culos de propaganda a favor de las SAF, pero basta con recordar a quien pronostic&oacute; que los clubes brasile&ntilde;os jam&aacute;s volver&iacute;an a ser campeones mundiales si no se convert&iacute;an en SAF. Eso ocurri&oacute; cuando Palmeiras, una de las potencias locales, perdi&oacute; contra los Tigres mexicanos en la semifinal del viejo Mundial de Clubes de la FIFA, en 2021. El Palmeiras no es una SAF, pero gan&oacute; el campeonato nacional de 2023 por encima del mismo Botafogo (y hoy marcha segundo, a un punto). Casi todos los defensores de las SAF cumplen el mismo rol social: se trata de grupos interesados en el lucrativo mercado de constituci&oacute;n y venta de esas sociedades. No importan tanto los representantes de jugadores que hoy ganan notoriedad defendiendo las SAD, en la ilusi&oacute;n (falsa) de que las &ldquo;inversiones&rdquo; elevar&iacute;an el precio de venta. Es parad&oacute;jico: los defensores del &ldquo;mercado&rdquo; no ven (ocultan) que los precios de los jugadores dependen del mercado, pero del europeo. Del mismo modo, el capitalismo financiero puede inventar dinero donde no lo hay, pero esa capacidad no es infinita. <strong>Inevitablemente, la generaci&oacute;n de recursos en el f&uacute;tbol argentino es muy inferior a la brasile&ntilde;a por una simple raz&oacute;n de tama&ntilde;o del mercado </strong>y, aunque los campeonatos multipliquen sus equipos, las recaudaciones seguir&aacute;n dependiendo de fuentes finitas: entradas, esponsoreo, merchandising, derechos televisivos y venta de jugadores cada vez m&aacute;s j&oacute;venes. El City Group no vendr&aacute; a invertir sumas imposibles en negocios m&aacute;s imposibles a&uacute;n: vendr&aacute;, si viene, a garantizar la provisi&oacute;n de mano de obra cada vez m&aacute;s econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        La ola m&aacute;s violenta de impacto en la opini&oacute;n p&uacute;blica vendr&aacute; de aquellos que operar&aacute;n durante todo el proceso, recibir&aacute;n comisiones cuantiosas por sus intervenciones y luego no se responsabilizar&aacute;n por los casos fracasados. <strong>Como en Brasil, seremos bombardeados con &ldquo;opiniones t&eacute;cnicas&rdquo; de firmas de consultor&iacute;a, bufetes de abogados y corredores de inversi&oacute;n &aacute;vidos por recibir algunos millones para vender nuestros clubes, </strong>que posar&aacute;n para las fotos como minuciosos especialistas en el tema. En ese escenario, no ser&aacute;n mucho m&aacute;s que fervientes propagandistas de un modelo en el que est&aacute;n profundamente interesados, pol&iacute;tica y financieramente. Estos agentes pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos recurren al inmediatismo y a la manipulaci&oacute;n de la realidad para imponer sus agendas. Por ejemplo, a argumentar que los clubes m&aacute;s ricos de Argentina y Uruguay ser&aacute;n derrotados por la potencia de los capitales &ldquo;desinteresados&rdquo; que han invertido en Brasil. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la amplia mayor&iacute;a de los clubes brasile&ntilde;os,<strong> los clubes en Argentina tienen una vida asociativa profunda, poderosa y de masas (por lo tanto, pol&iacute;tica)</strong>. Esta ser&aacute; la &uacute;ltima frontera para la defensa de esas instituciones.&nbsp;
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        <em>Pablo Alabarces y Ver&oacute;nica Moreira son Investigadores del CONICET y profesores de la UBA. Nicol&aacute;s Cabrera es doctor en antropolog&iacute;a por la Universidad Nacional de C&oacute;rdoba y becario posdoctoral en la UERJ brasile&ntilde;a. Irlan Sim&otilde;es es periodista y doctor en comunicaci&oacute;n por la UERJ, donde es miembro del Observat&oacute;rio Social do Futebol y public&oacute; el libro Clube Empresa: abordagens cr&iacute;ticas globais &agrave;s sociedades an&ocirc;nimas no futebol (2020).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Cabrera, Verónica Moreira e Irlan Simões, Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mil-maravillas-convertir-sad-clubes-propaganda-viene_129_11765566.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2024 03:06:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las mil maravillas de convertir en SAD a nuestros clubes: la propaganda que viene]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[M’hijo, el dotor, gana 120 lucas por mes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/m-hijo-dotor-gana-120-lucas-mes_129_11704035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/774806d5-974f-4f65-8f3f-8279b8f88ef0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="M’hijo, el dotor, gana 120 lucas por mes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Universidad argentina está mal planificada, mal organizada, muchas veces mal gobernada; es poco federal, concentra en Buenos Aires, Rosario y Córdoba la mayor cantidad de alumnos y profesores; aprovecha que el CONICET paga dedicaciones exclusivas a sus investigadores para así pagarles dedicaciones simples a sus profesores (y si se jubila un profe con exclusiva, dividen su salario para pagar cinco profesores simples). Y sin embargo, a pesar de todo lo malo que se hace y lo bueno que se podría hacer, la Universidad pública sigue siendo un milagro. </p></div><p class="article-text">
        1. Mi t&iacute;tulo tiene trampa, por supuesto. Y doble: por un lado, no todos los docentes universitarios son doctores (doctores de veras, lo que significa cursar un doctorado y escribir una tesis, defenderla y aprobarla; no hablo aqu&iacute; de contadores, dentistas o doctores <em>honoris causa</em> de universidades que no son universidades). Adem&aacute;s, el doctorado no te transforma en un gran docente; hay docentes maravillosos y maravillosas, en todos los niveles, desde la educaci&oacute;n inicial hasta la universitaria, que jam&aacute;s hicieron ni har&aacute;n ning&uacute;n posgrado. 
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, por el otro: la expresi&oacute;n &ldquo;m&rsquo;hijo el dotor&rdquo; es tan falsa como afectiva. La obra de Florencio S&aacute;nchez no habla de un deseo popular, sino de un conflicto popular: el que se desata entre los valores morales del padre campesino y el hijo devenido universitario. Sin embargo, el t&iacute;tulo se autonomiz&oacute; de la obra (con una mano en el coraz&oacute;n, confiese qui&eacute;n la ley&oacute;) y pas&oacute; a denominar una de las cl&aacute;usulas m&aacute;s potentes y democr&aacute;ticas de nuestra cultura: la idea del hijo (de la hija) que va a estar mejor que sus padres/madres, donde &ldquo;mejor&rdquo; significa econ&oacute;mica, social, culturalmente. Ascenso de clase, movilidad social, ruptura de jerarqu&iacute;as pre-establecidas: el hijo del obrero que se vuelve ingeniero, pura prepotencia de trabajo plebeya. Mi pap&aacute;, por ejemplo: un hijo de la clase obrera con escuela primaria que lleg&oacute; a empleado de seguros, y que sab&iacute;a que sus hijos iban a ser universitarios, y uno de ellos ser&iacute;a, adem&aacute;s, ingeniero &ndash;esto no lo logr&oacute;: estamos poni&eacute;ndole garra a uno de sus nietos, que est&aacute; a punto de lograr el sue&ntilde;o de Juan Alabarces, aunque sea una generaci&oacute;n m&aacute;s tarde&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Y adem&aacute;s, para terminar de develar toda la trampa, no todos los docentes universitarios ganan 120 lucas. La gran mayor&iacute;a gana m&aacute;s: pero no tanto m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2. La crisis universitaria se mueve justamente entre esas dos aristas: una que es profundamente afectiva, y que mueve todas las historias personales o grupales, especialmente de aquellos y aquellas que no fuimos herederos/as &ndash;ni econ&oacute;micos ni sociales ni laborales: es decir, los que descendemos de tradiciones no profesionales, aunque debo reconocer que la cantidad de maestras normales de mi familia materna (t&iacute;as y primas) funcionaba como un hermoso colch&oacute;n&ndash;. Esas historias no son poca cosa, claro que no; est&aacute;n en cada cartel que los millones de manifestantes llevaron hoy a las plazas y calles de todo el pa&iacute;s, contando una historia. 
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                    alt="Millones de manifestantes llevaron el 2 de octubre a las plazas y calles de todo el país, contando una historia."
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                Millones de manifestantes llevaron el 2 de octubre a las plazas y calles de todo el país, contando una historia.                            </span>
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        La otra arista son los datos: el gobierno ha mentido de un modo descarado, y los defensores de la universidad p&uacute;blica no han sabido explicar adecuadamente lo complejo de la trama. El gobierno miente sobre todo: sobre los porcentajes de aumento salarial reales u ofrecidos (como sabemos, a todo lo que se mueve lo reprimen, y a lo que est&aacute; quieto lo llaman &ldquo;el mayor de la historia&rdquo;); sobre las cifras de graduaci&oacute;n; sobre presuntos &ldquo;promedios salariales&rdquo;; sobre la cantidad de docentes y estudiantes. No hay terreno sobre el que el tr&iacute;o Pettovello-Torrendell-&Aacute;lvarez, madre, hijo y esp&iacute;ritu santo de las fuerzas del cielo, no haya mentido o malversado la informaci&oacute;n. Pongamos, entonces, un poco de cordura.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        3. Los salarios son un espanto. Pero no hay un salario &ldquo;promedio&rdquo;. Hay seis categor&iacute;as (ayudante de segunda, ayudante de primera, jefe de trabajos pr&aacute;cticos, adjunto, asociado, titular), de la que s&oacute;lo la primera corresponde a un estudiante avanzado (ya no debe quedar ning&uacute;n ayudante de segunda rentado en todo el pa&iacute;s); y hay tres dedicaciones, medidas en cantidad de horas semanales. Simple, 10 horas; semiexclusiva, 20 horas; exclusiva, 40 horas (y retenci&oacute;n de t&iacute;tulo: el profe con exclusiva no puede desempe&ntilde;ar su oficio en otra cosa que no sea ense&ntilde;ar e investigar). Es decir, seis categor&iacute;as por tres dedicaciones, lo que significa dieciocho salarios. Pero, a su vez, hay que calcular antig&uuml;edad, que comienza a sumar a los dos a&ntilde;os y culmina con el m&aacute;ximo a los 24 a&ntilde;os de trabajo, con cortes a los 5, 7, 10, 12, 15, 17, 20 y 22. Por lo tanto, 18 por 10 da 180 salarios posibles distintos, aunque uniformes para todas las Universidades Nacionales (m&aacute;s alg&uacute;n plus por zona desfavorable, en casos especial&iacute;simos). &iquest;Cu&aacute;nto gana un docente promedio? No hay tal promedio: hay 180 posibilidades. Lo que s&iacute; se sabe es que los cargos de dedicaci&oacute;n exclusiva &ndash;es decir, los mejores pagos seg&uacute;n la categor&iacute;a&ndash; son apenas el 10% del total de los docentes: son menos de 22.000 personas, y oscilan entre los $ 614.000 de un ayudante y los $ 1.088.000 de un profesor titular. Como salario inicial: el m&aacute;ximo salario al que aspira un profesor universitario, luego de 24 a&ntilde;os de trabajo, es de dos millones de pesos, en mano. Ninguna fortuna: mucho menos que un juez o un subsecretario o un concejal.
    </p><p class="article-text">
        Pero la gran mayor&iacute;a de los docentes tienen dedicaciones simples. Los nombran por diez horas semanales para dictar una o dos asignaturas, a cambio de 120 mil pesos iniciales. A los dos a&ntilde;os, ganan una fortuna: 150 mil pesos. Si no ascienden o cambian de dedicaci&oacute;n, se jubilan con un salario de 280 mil pesos. Por supuesto, casi nadie tiene solamente un cargo, salvo que d&eacute; clases por mero gusto y viva de otra cosa: el resto acumula dedicaciones simples, a veces en distintas facultades y universidades, hasta alcanzar el m&aacute;ximo de cinco que permite el sistema (que controla los salarios pagados en distintas universidades y los contrasta con las declaraciones juradas de cargos). Hay 148.000 dedicaciones simples en todo el pa&iacute;s (no son 148.000 personas, sino cargos: cada persona puede tener hasta 5 de ellas). Moraleja: a los 24 a&ntilde;os de carrera, un auxiliar docente, dictando entre cinco y diez materias semanales, con alrededor de 250 estudiantes o m&aacute;s (preparando clases, actualiz&aacute;ndose, concursando, corriendo entre sedes, evaluando, corrigiendo), gana menos de un mill&oacute;n y medio de pesos. Si alquila, est&aacute; frito.
    </p><p class="article-text">
        El salario m&aacute;ximo al que se puede aspirar en el sistema cient&iacute;fico y universitario es el que combina el rango de Investigador Superior en el CONICET m&aacute;s el cargo de Profesor Titular en una Universidad. Esos sujetos no llegan a ganar tres millones de pesos: dos mil d&oacute;lares, al paralelo. En M&eacute;xico, Brasil, Chile o Colombia estar&iacute;an arriba de los cinco mil d&oacute;lares. 
    </p><p class="article-text">
        Son s&oacute;lo 163 personas en todo el pa&iacute;s: 127 hombres, apenas 36 mujeres. 163. Tambi&eacute;n ganan menos que un diputado o un senador.
    </p><p class="article-text">
        (Y no habl&eacute; de los <em>ad honorem</em>, una multitud en la UBA: los docentes que dan clase <em>por el honor</em>, para acumular experiencia y curr&iacute;culum que les permitan luego dar alg&uacute;n salto. La mayor&iacute;a pasa a&ntilde;os dando clase sin cobrar un peso).
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        4. Podr&iacute;a seguir con m&aacute;s datos. La Universidad argentina est&aacute; mal planificada, mal organizada, muchas veces mal gobernada; es poco federal, concentra en Buenos Aires, Rosario y C&oacute;rdoba la mayor cantidad de alumnos y profesores; aprovecha que el CONICET paga dedicaciones exclusivas a sus investigadores para as&iacute; pagarles dedicaciones simples a sus profesores (y si se jubila un profe con exclusiva, dividen su salario para pagar cinco profesores simples). Y sin embargo, a pesar de todo lo malo que se hace y lo bueno que se podr&iacute;a hacer, la Universidad p&uacute;blica sigue siendo un milagro. Las argentinas siguen siendo las mejores universidades de Am&eacute;rica Latina, formando profesionales que siempre consiguen trabajo, hasta en las crisis; produciendo investigaci&oacute;n y conocimiento (no es un verso: se mide a trav&eacute;s de sus publicaciones cient&iacute;ficas y de sus patentes, no se puede fingir ni versear). 
    </p><p class="article-text">
        Y para colmo, lo afectivo: decenas de miles de pibes y pibas que son universitarios por primera vez en la historia de sus familias. Aunque nunca se grad&uacute;en, el s&oacute;lo hecho de pasar por las aulas los vuelve mejores. Las sociedades modernas miden su desarrollo humano por sus matr&iacute;culas, no por sus tasas de graduaci&oacute;n: cuantos m&aacute;s estudiantes est&eacute;n dentro de la universidad, m&aacute;s desarrollada es esa sociedad. La gratuidad permite ese flujo necesariamente m&aacute;s democr&aacute;tico: todos la pagamos, ricos y pobres, con nuestros impuestos (la l&oacute;gica ser&iacute;a que los ricos paguen m&aacute;s impuestos que los pobres; si eso no sucede, no es culpa de las universidades). Una sociedad debe elegir en qu&eacute; gastar sus ingresos: la nuestra decidi&oacute; que la educaci&oacute;n era uno de esos lugares, y lo hizo hace 140 a&ntilde;os, en 1884. 
    </p><p class="article-text">
        No muy parad&oacute;jicamente, la ignorancia hist&oacute;rica de nuestros gobernantes se llena la boca hablando de Alberdi pero se olvida de la Ley 1420, sancionada ese a&ntilde;o. Esa Ley produjo la sociedad m&aacute;s educada y democr&aacute;tica del continente: la gratuidad universitaria es su corolario, no su exceso. Los y las manifestantes de ayer la tienen grabada en la cabeza, en la memoria y en la historia de vida. El veto presidencial a la ley de financiamiento demuestra, simult&aacute;neamente, su ignorancia, su prepotencia, su esp&iacute;ritu antidemocr&aacute;tico y la ausencia de esa memoria.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/m-hijo-dotor-gana-120-lucas-mes_129_11704035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Oct 2024 12:10:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[M’hijo, el dotor, gana 120 lucas por mes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Universidades,Universidad pública]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cicerón: “Quousque tandem abutere, Jamoncito, patientia nostra?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/ciceron-quousque-tandem-abutere-jamoncito-patientia-nostra_129_11656042.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/320412fe-fba2-4600-92dd-1708f24290ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cicerón: “Quousque tandem abutere, Jamoncito, patientia nostra?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La retórica de Milei consiste en tres movimientos: el narcisismo –“uno de los dos políticos más importantes del mundo”–, la hipérbole –“el mayor ajuste de la historia”– y la ignorancia –“el mayor PBI del mundo en 1904”–. El narcisismo es tan brutal que, para ser hiperbólicos a la vez, es el más grande que haya pisado jamás las instituciones políticas argentinas. ¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia? ¿De dónde sacamos tanta paciencia? ¿Esperaremos hasta que el daño sea irreparable? ¿O vamos a comenzar a hacer política de una buena vez por todas? </p></div><p class="article-text">
        <strong>1. &Eacute;l cita a Cicer&oacute;n, yo cito a Cicer&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero mi cita es mucho m&aacute;s famosa que la suya, aunque no sea vox populi (otro latinajo, como urbi et orbi, mens sana in corpore sano, ubi sunt, carpe d&iacute;em, dura lex sed lex, alea jacta est, requiescat in pace, errare humanum est o el mism&iacute;simo et cetera). Hay que explicarla un poco. <strong>Marco Tulio Cicer&oacute;n</strong> era C&oacute;nsul hacia el final de la Rep&uacute;blica romana &ndash;una rep&uacute;blica muy poco republicana y bastante olig&aacute;rquica, en el siglo I AC&ndash; y <strong>enfrent&oacute; dos conspiraciones de lo que hoy la prensa llamar&iacute;a un &ldquo;l&iacute;der populista&rdquo;: Catilina</strong>. En sus famosos discursos contra Catilina, pronunciados en el Senado romano y conocidos como <em>Catilinarias</em>, Cicer&oacute;n pronunci&oacute; esa frase c&eacute;lebre: &ldquo;<strong>Hasta cu&aacute;ndo, Catilina, abusar&aacute;s de nuestra paciencia</strong>&rdquo;. La frase se volvi&oacute; obligatoria para cualquiera que haya pasado por alguna clase de lat&iacute;n en alg&uacute;n momento de su vida; uno de ellos fue <strong>Rodolfo Walsh</strong>, de quien su compa&ntilde;era cuenta que caminaba por los cuartos de su casa clandestina en San Vicente repitiendo &ldquo;<strong>Quousque tandem abutere, Videla, patientia nostra</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hasta cu&aacute;ndo, Jamoncito</strong>. Quosque tandem.
    </p><p class="article-text">
        La historia cuenta que <strong>Cicer&oacute;n le tir&oacute; los ej&eacute;rcitos encima a Catilina</strong>, que muri&oacute; decapitado en el 63 AC. Tambi&eacute;n cuenta que <strong>el populismo retorn&oacute; con Julio C&eacute;sar y luego con Octavio y Antonio, que decapitaron a su vez a Cicer&oacute;n veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, por charlat&aacute;n de feria y cobarde</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Pero no queremos hablar de decapitaciones, sino de paciencia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Este tipo la colma. En exceso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Citar a Cicer&oacute;n es otro gesto del narcisismo monumental que lo organiza. <strong>La ret&oacute;rica de Milei consiste en tres movimientos</strong>: el <strong>narcisismo</strong> &ndash;&ldquo;uno de los dos pol&iacute;ticos m&aacute;s importantes del mundo&rdquo;&ndash;, la <strong>hip&eacute;rbole</strong> &ndash;&ldquo;el mayor ajuste de la historia&rdquo;&ndash; y la <strong>ignorancia</strong> &ndash;&ldquo;el mayor PBI del mundo en 1904&rdquo;&ndash;. El narcisismo es tan brutal que, para ser hiperb&oacute;licos a la vez, es el m&aacute;s grande que haya pisado jam&aacute;s las instituciones pol&iacute;ticas argentinas &ndash;no olvidemos que eso incluye al Per&oacute;n que alguna vez dijo &ldquo;peronistas son todos&rdquo; &ndash;. Por eso, <strong>Milei se piensa a s&iacute; mismo como un acad&eacute;mico de fuste, un economista sin parang&oacute;n, un orador ciceroniano</strong>. Por eso, esa cita. 
    </p><p class="article-text">
        Cicer&oacute;n, dejate de joder. Cicer&oacute;n. Habiendo tanta cita a mano, citar a un C&oacute;nsul que no manejaba la econom&iacute;a romana. La manejaban los cuestores, no los c&oacute;nsules. <strong>Cicer&oacute;n pas&oacute; a la historia como orador, no como economista ni como administrador</strong>. Y para colmo, ignorante al fin y al cabo, <strong>el presidente no se molest&oacute; en chequear la frase: Cicer&oacute;n jam&aacute;s la dijo</strong>. Mi cita, en cambio, la tengo a la vista en la edici&oacute;n de las <em>Catilinarias</em> de editorial Colihue. Cuesta pocos pesos, pero hay m&aacute;s baratas y cualquiera la piratea sin que Cicer&oacute;n proteste.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. La hip&eacute;rbole es tan grosera como mecanismo que ni vale la pena detenerse en ella</strong> (&ldquo;el pa&iacute;s con mayor cantidad de impuestos del mundo&rdquo;, &ldquo;el mayor defaulteador serial del mundo&rdquo;, &ldquo;encabezaremos los rankings de libertad econ&oacute;mica del mundo&rdquo;): somos, siempre, los campeones del mundo, para bien o para mal. Esa hip&eacute;rbole, combinada con el narcisismo, es claramente una herencia de su paso por el f&uacute;tbol, el lugar por excelencia de las hip&eacute;rboles: el mejor equipo del mundo, la mejor hinchada de la galaxia.
    </p><p class="article-text">
        Pero <strong>la ignorancia del presidente es supina</strong> (otro latinajo). No hace falta ser economista para reponer un dato de una obviedad fatal: <strong>casi todas las econom&iacute;as del mundo tienen d&eacute;ficit fiscal</strong>. Tanto Estados Unidos como la Uni&oacute;n Europea superan el 3%, a&uacute;n cuando la UE pone un l&iacute;mite del 3% anual a los pa&iacute;ses de la zona euro. <strong>Zafan pocos: Noruega, por ejemplo, donde desayunan, almuerzan y cenan petr&oacute;leo con bacalao</strong>. O Mongolia, un para&iacute;so vital, meca de inversores, turistas y <em>bon vivants</em>. A Qatar le va bastante bien (otra sociedad mod&eacute;lica). Alemania tiene el 2,50% de d&eacute;ficit, pero all&iacute; est&aacute; bien, seg&uacute;n nuestro conductor. (Por supuesto, eso no significa suscribir esa idea banal de que el d&eacute;ficit puede ser infinito: administrar democr&aacute;ticamente exige una responsabilidad que se perdi&oacute; hacia 2011, seg&uacute;n los n&uacute;meros y algunos consensos).
    </p><p class="article-text">
        Por cierto, no lo cit&oacute;, pero <strong>la &uacute;ltima persona que dijo &ldquo;hay que achicar el estado para agrandar la Naci&oacute;n&rdquo; fue Mart&iacute;nez de Hoz, el ministro de econom&iacute;a de Videla</strong>. Debe ser ese modelo inconsciente el que lo lleva a achicar el gasto en todo menos en armas, aviones de guerra y cartuchos de gas lacrim&oacute;geno. Milei lo parafrasea, apenas: &ldquo;gestionar es achicar el estado para engrandecer la sociedad&rdquo;. <strong>La derecha argentina cada vez tiene menos remilgos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Ah, y el c&aacute;ncer del d&eacute;ficit. </strong>Hace cuarenta a&ntilde;os, el gran soci&oacute;logo <strong>Emilio De Ipola</strong> nos ense&ntilde;&oacute; que las met&aacute;foras biologicistas son cl&aacute;sicas del discurso de derecha. Por eso, nos aplicaron cirug&iacute;a mayor sin anestesia. Y ni as&iacute; aprendimos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Ya todos sabemos lo obvio, lo que qued&oacute; en claro</strong>: que <strong>el rating televisivo se derrumb&oacute;</strong>, que &ldquo;los leones se han despertado&rdquo; pero son incapaces de llenar la placita V&eacute;lez Sarsfield (Avellaneda y Bah&iacute;a Blanca, una modesta manzana con &aacute;rboles), que el mundo se divide entre justos y ratas, que se present&oacute; el presupuesto pero no se present&oacute; el presupuesto porque no hubo ning&uacute;n n&uacute;mero &ndash;salvo lo que tir&oacute; Espert al salir, sobre una presunta inflaci&oacute;n anual del 20% para 2025, el mejor chiste pol&iacute;tico desde el &ldquo;pasaron cosas&rdquo; de Macri&ndash;. <strong>Hubo una sutileza que puede ser peligros&iacute;sima: si el estado nacional s&oacute;lo debe garantizar la estabilidad macroecon&oacute;mica y el imperio de la ley, todo lo dem&aacute;s &ndash;desde la educaci&oacute;n hasta la ciencia, pasando por la salud y las jubilaciones&ndash; debe quedar en manos del mercado</strong> o de las &ldquo;unidades subnacionales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me temo, se&ntilde;ores gobernadores, que les acaban de tirar algunas cosas por la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. En definitiva: hasta cu&aacute;ndo abusar&aacute;s de nuestra paciencia</strong>. Me vuelvo a preguntar: <strong>&iquest;de d&oacute;nde sacamos tanta paciencia?</strong> Insisto: <strong>&iquest;tendremos m&aacute;s paciencia, y esperaremos hasta que el da&ntilde;o sea irreparable? &iquest;O vamos a comenzar a hacer pol&iacute;tica de una buena vez por todas?</strong>&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/ciceron-quousque-tandem-abutere-jamoncito-patientia-nostra_129_11656042.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Sep 2024 10:09:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escuchen, corran la bola: tengo un amigo negro, gay y judío]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escuchen-corran-bola-amigo-negro-gay-judio_129_11563646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2ba2c67-eec6-42f1-a57a-6789fe1adebd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escuchen, corran la bola: tengo un amigo negro, gay y judío"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En apenas 200 años de nación independiente, la cultura argentina ha sabido construir varios mitos generalizadores. Uno es que somos una sociedad europea inexplicablemente transportada a Latinoamérica. Por eso, a Dios gracias, no somos racistas: no podemos ser racistas.</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.&nbsp;</strong> Un rasgo bastante notorio de la cultura argentina es su narcisismo. (Una de las primeras cosas que se aprende en cualquier curso sobre sociolog&iacute;a es a tener mucho cuidado con las generalizaciones. &ldquo;Los argentinos son&rdquo; es una frase dificultosa e improbable: &ldquo;los hombres argentinos son&rdquo; tiene cincuenta por ciento m&aacute;s posibilidades de ser adecuada, y sin embargo est&aacute; condenada al fracaso, porque siempre le faltar&aacute; precisi&oacute;n de clase, &eacute;tnica, etaria, territorial. La Argentina es un pa&iacute;s inmenso y, aunque no densamente poblado, tiene diferencias y desigualdades enormes, como cualquier sociedad moderna.)
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en apenas 200 a&ntilde;os de naci&oacute;n independiente, la cultura argentina ha sabido construir varios mitos generalizadores &ndash;ninguna naci&oacute;n puede prescindir de ellos&ndash;. Uno es que somos una sociedad europea inexplicablemente transportada a Latinoam&eacute;rica; una suerte de isla en el continente, a duras penas compartiendo el espacio con Uruguay (o mejor a&uacute;n, con Montevideo, caracterizada como una Buenos Aires levemente anacr&oacute;nica).
    </p><p class="article-text">
        Otro de los mitos es que todo el mundo habla de nosotros. Todo el tiempo. El universo no tiene otro tema de conversaci&oacute;n que las aventuras de la Argentina. Si, para colmo, se trata de f&uacute;tbol &ndash;a veces, tambi&eacute;n con otros deportes: el boxeo, el automovilismo, el tenis, el rugby, el b&aacute;squet&ndash;, el mundo est&aacute; obligado a no hacer otra cosa que hablar de la calidad infinita de nuestros deportistas (hombres) y de su inclaudicable superioridad gal&aacute;ctica. Esto incluye, tambi&eacute;n, a los hinchas: los mejores hinchas (hombres) del mundo entero.
    </p><p class="article-text">
        Y hay otro mito indestructible: somos una sociedad &eacute;tnicamente unificada. &ldquo;Los argentinos venimos de los barcos&rdquo;, dice una canci&oacute;n popular de 1982. La cita completa es &eacute;sta: &ldquo;Los brasileros salen de la selva, los mexicanos vienen de los indios, pero nosotros, los argentinos llegamos de los barcos&rdquo;. Como canci&oacute;n es pobre, pero fue citada por el ex  presidente argentino Alberto Fern&aacute;ndez en 2021 &ndash;le adjudic&oacute; la idea al mexicano Octavio Paz, que en realidad hab&iacute;a escrito, ir&oacute;nicamente, que &ldquo;los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos...de los barcos&rdquo;&ndash;. Los barcos significan aqu&iacute; la repetici&oacute;n de esta idea de la Europa trasplantada, a trav&eacute;s de la migraci&oacute;n italiana y espa&ntilde;ola; lo que no explica, de ninguna manera, qu&eacute; pas&oacute; entonces con las poblaciones originarias ni con los descendientes de esclavos africanos que llegaron en gran n&uacute;mero a toda Am&eacute;rica: tambi&eacute;n, a lo que luego fue la Argentina. Los estudios serios afirman que, en el momento de la independencia de Espa&ntilde;a, a comienzos del siglo XIX, la poblaci&oacute;n de esclavos africanos alcanzaba a no menos que un 15% del total. Como no hubo ning&uacute;n exterminio reconocido u oculto, esa transformaci&oacute;n en un pa&iacute;s estrictamente &ndash;ilusoriamente&ndash; blanco precisa alguna explicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n es triple: mestizaje, ocultamiento, negaci&oacute;n. En la Argentina no hay gente negra. Por eso, a Dios gracias, no somos racistas &ndash;no podemos ser racistas&ndash;. &ldquo;Negro&rdquo; se usa solamente como un insulto clasista: los negros son los pobres. Cuanto m&aacute;s pobres, m&aacute;s negros. Pero eso no es racismo, seg&uacute;n esa buena conciencia de las clases medias blancas y urbanas.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo, claro, es pura iron&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>	Y bien: todo el mundo habl&oacute; de la Argentina. Pero de su racismo.
    </p><p class="article-text">
        El esc&aacute;ndalo surgi&oacute; por un muy breve video en Instagram, filmado por el jugador Enzo Fern&aacute;ndez &ndash;actualmente, jugador del Chelsea de Londres&ndash; luego del triunfo de la Argentina en la Copa Am&eacute;rica. Los detalles son conocidos, porque todo el mundo habl&oacute; de ellos. La canci&oacute;n no se escucha completa, porque alguien indica &ldquo;cort&aacute; el vivo&rdquo;. Hay en ese gesto una confesi&oacute;n de parte: alguien supo que esa canci&oacute;n era de una incorrecci&oacute;n radical y que no pod&iacute;a ser difundida en las redes. La canci&oacute;n es, realmente, una exhibici&oacute;n completa de transfobia y racismo, en proporciones desiguales. El texto completo afirma:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Escuchen, corran la bola, juegan en Francia pero son todos de Angola. Qu&eacute; lindo es, van a correr, son come travas como el puto de Mbapp&eacute;. Su vieja es nigeriana; su viejo, camerun&eacute;s; pero en el documento, nacionalidad: franc&eacute;s&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La canci&oacute;n muestra la profunda ignorancia geopol&iacute;tica e hist&oacute;rica de los autores: como es bien sabido, Angola fue colonia portuguesa, Nigeria brit&aacute;nica, y s&oacute;lo Camer&uacute;n fue francesa. La canci&oacute;n fue estrenada durante la Copa del Mundo de 2022 en Qatar por un grupo de hinchas que quisieron desplazar a la que era la canci&oacute;n masivamente cantada en los estadios: &ldquo;Muchachos&rdquo;. La cantaron frente a las c&aacute;maras de un canal de deportes; el periodista, horrorizado por lo que estaba escuchando, les pidi&oacute; que no la repitieran. Ya era tarde, porque el canal mismo la repiti&oacute; varias veces como una nota de color. Pero, en el momento, y ante la masividad de &ldquo;Muchachos&rdquo;, no circul&oacute; demasiado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3</strong>. Un poco de historia de la canci&oacute;n (amo las historias de las canciones usadas por los hinchas de f&uacute;tbol, sus or&iacute;genes, sus transformaciones, sus viajes en el tiempo y en el espacio): originalmente, fue un jingle de propaganda usado por la dictadura militar argentina, en 1981, para explicar a las familias que no deb&iacute;an llevar animales en los autom&oacute;viles cuando viajaran por las rutas en las vacaciones. La canci&oacute;n dec&iacute;a: 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Boby, mi buen amigo, este verano no podr&aacute;s venir conmigo. Hoy escuch&eacute;, cuando pap&aacute; dec&iacute;a que esta vez no te podr&aacute; llevar. Boby no me extra&ntilde;es mucho pronto voy a regresar. cuida todos mis juguetes. Boby, no te portes mal&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Como todas las canciones luego usadas por los hinchas, era una melod&iacute;a f&aacute;cil, r&iacute;tmicamente sencilla, que permit&iacute;a memorizar una buena cantidad de informaci&oacute;n con la rima apropiada. Lo novedoso es que, antes de llegar a los estadios, se volvi&oacute; c&aacute;ntico pol&iacute;tico y anti-dictatorial:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Milicos, muy mal paridos / que es lo que han hecho con los desaparecidos / la deuda externa / la corrupci&oacute;n / son la peor mierda que ha tenido la naci&oacute;n / qu&eacute; pas&oacute; con las Malvinas? / esos chicos ya no est&aacute;n / no podemos olvidarnos / y por eso hay que luchar...&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Al poco tiempo, lleg&oacute; a los estadios de f&uacute;tbol como, sorprendentemente, un canto que se limitaba a expresar el amor por un equipo, sin insultar ni amenazar a ning&uacute;n otro:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;(Nombre del equipo), mi buen amigo / esta campa&ntilde;a volveremos a estar contigo, / te alentaremos de coraz&oacute;n, / esta es tu hinchada que te quiere ver campe&oacute;n, / no me importa lo que digan, / lo que digan los dem&aacute;s, / yo te sigo a todas partes / cada vez te quiero mas&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        El paso de los a&ntilde;os, de estos &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os, fueron transformando el estilo de las canciones de f&uacute;tbol en una direcci&oacute;n mucho m&aacute;s agresiva, amenazante, violenta. Los c&aacute;nticos futboleros tienen ahora tres rasgos predominantes: burlarse de los rivales por el devenir deportivo propio y ajeno, degradar al rival presentando negativamente distintas identidades sociales, y propagar violencias pasadas o futuras. Por eso es que la canci&oacute;n que se limitaba a declarar un amor incondicional fue, hace pocos a&ntilde;os, transformada en una declaraci&oacute;n homof&oacute;bica y, como dije, clasistamente racista:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Escuchen, corran la bola: se hicieron putos los negros de Casanova. Qu&eacute; lindo es, vamo&acute; a coger, all&aacute; en los ranchos cerca de la Ruta 3. Los negros llegan en coche, y se visten de mujer, para hacer un par de pesos, porque tienen que comer&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre hinchadas est&aacute; masculinizada de un modo incontrolable, lo que implica que todas las met&aacute;foras asociadas a esa relaci&oacute;n se vuelven homoer&oacute;ticas. Ser un hincha es ser un macho y tener <em>aguante</em>, la palabra clave que explica toda la cultura futbol&iacute;stica argentina &ndash;y no s&oacute;lo la futbol&iacute;stica&ndash;. Los hinchas rivales son sometidos sexualmente, a trav&eacute;s de relaciones anales u orales. Por supuesto, se trata de met&aacute;foras, pero que organizan un modo (violento) de entender las relaciones entre equipos e hinchas rivales. Sobre esto hemos escrito mucho, acad&eacute;micamente y period&iacute;sticamente, durante casi 25 a&ntilde;os, sin que nadie se haya alarmado demasiado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong> Hace diez a&ntilde;os, luego de la Copa del Mundo de 2014 en Brasil, escrib&iacute; sobre la canci&oacute;n que hicieron muy popular los hinchas argentinos: &ldquo;Brasil, decime qu&eacute; se siente&rdquo; (la melod&iacute;a era &ldquo;Bad Moon Rising&rdquo;, de Creedence Clearwater Revival). La canci&oacute;n era un largo listado de agresiones y desaf&iacute;os contra los brasile&ntilde;os, que conclu&iacute;a afirmando que Maradona era mejor que el gran jugador brasile&ntilde;o Pel&eacute;. Al mismo tiempo, esos hinchas dejaron una pintada en las paredes de Copacaban que dec&iacute;a &ldquo;Pel&eacute; puto&rdquo;. El graffiti duplicaba el significado del mensaje: &ldquo;nosotros estamos aqu&iacute;&rdquo; (&ldquo;pintando tus paredes&rdquo;) y &ldquo;somos machos: los brasile&ntilde;os no&rdquo;. Meton&iacute;micamente, Pel&eacute; ten&iacute;a que ser nombrado como homosexual.
    </p><p class="article-text">
        Un viejo c&aacute;ntico, reiterado hasta el abuso en la &eacute;poca del Mundial 1978, extend&iacute;a esa atribuci&oacute;n a todos los brasile&ntilde;os, pero en un tono desdoblado en el racismo: <em>&ldquo;Ya todos saben que Brasil est&aacute; de luto/son todos negros/son todos putos&rdquo;</em>. En tiempos de correcci&oacute;n pol&iacute;tica, ni las hinchadas pueden ser homof&oacute;bicas y racistas a la vez; s&oacute;lo una cosa. As&iacute;, ni siquiera la homofobia argentina pod&iacute;a reivindicar una muestra tan arcaica de racismo, por lo que ese c&aacute;ntico deb&iacute;a ser archivado. Hasta hoy. 
    </p><p class="article-text">
        Los versos de &ldquo;Brasil, decime qu&eacute; se siente son casi shakesperianos en comparaci&oacute;n con &rdquo;Escuchen, corran la bola&ldquo;. Un art&iacute;culo de Nahuel Karg hace pocos d&iacute;as en <a href="https://panamarevista.com/corran-la-bola-lost-in-translation/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Panam&aacute; </a>afirmaba que, a&uacute;n en una cultura futbol&iacute;stica tan degradada, machista y violenta como la argentina, la cl&aacute;usula &rdquo;Escuchen, corran la bola&ldquo; significa que todo lo que sea dicho luego de ella s&oacute;lo puede ser horrible, incorrecto, indefendible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.	</strong>En toda Am&eacute;rica Latina, la relaci&oacute;n de las comunidades afrodescendientes con el f&uacute;tbol fue todo menos sencilla. Posiblemente, el &uacute;nico ejemplo relativamente distinto fue el uruguayo; tampoco fue f&aacute;cil, pero Uruguay hab&iacute;a abolido la esclavitud 50 a&ntilde;os antes que Brasil. El primer jugador afrodescendiente fue Federico Arrieta, arquero del equipo Intr&eacute;pido, en 1908. Nacional incorpor&oacute; en 1911 a Antonio Ascunzi y en 1912 a Jos&eacute; Mar&iacute;a Viamont, provocando algunas disidencias entre socios que prefer&iacute;an la segregaci&oacute;n. Pe&ntilde;arol, creado en 1913, incorpor&oacute; a las dos primeras estrellas negras del futbol uruguayo: en 1916, Isabelino Grad&iacute;n, y en 1917, Juan Delgado. Ambos jugaron el primer Campeonato Sudamericano de 1916, motivando la protesta de la Liga chilena, que exigi&oacute; la p&eacute;rdida de los puntos para el equipo uruguayo por alistar &ldquo;jugadores africanos&rdquo;. A partir de 1921 aparece la figura de Jos&eacute; Leandro Andrade, &ldquo;La Maravilla Negra&rdquo; (como lo apod&oacute; la prensa francesa en los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1924), que fue decisiva en los &eacute;xitos internacionales entre 1924 y 1930, y la primera gran figura afrodescendiente latinoamericana. En Brasil, en cambio, la prohibici&oacute;n expl&iacute;cita de los jugadores negros dur&oacute; hasta finales de la d&eacute;cada de 1920. Con dificultades mayores o menores, seg&uacute;n el caso, lo mismo ocurri&oacute; en Per&uacute;, Ecuador, Colombia, Honduras. No en M&eacute;xico o Chile. Mucho menos en la Argentina, que, como dijimos, no ve&iacute;a a sus afrodescendientes; y sigui&oacute; sin verlos hasta hoy, a pesar de que nada menos que Diego Maradona era un mestizo que descend&iacute;a, a la vez, de ind&iacute;genas y africanos. El racismo argentino lo solucion&oacute; de un modo sencillo: por la v&iacute;a de la clase. Era un negro, &ldquo;pero de alma&rdquo;: es decir, por su clase.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong>	Por eso es que el video de Enzo Fern&aacute;ndez despert&oacute; tantas reacciones pol&iacute;ticas. Como, supuestamente, no hay negros ni racismo en la Argentina, nadie juzg&oacute; necesario ning&uacute;n tipo de explicaci&oacute;n o disculpa. Peor a&uacute;n: los comentarios mayoritarios en las redes no vieron siquiera rastros de racismo en la canci&oacute;n, sino apenas una &ldquo;descripci&oacute;n&rdquo; del car&aacute;cter africano de los jugadores franceses &ndash;la homofobia no fue siquiera mencionada&ndash;. Cuando el subsecretario de Deportes sugiri&oacute;, en una entrevista, que los jugadores podr&iacute;an disculparse, fue inmediatamente echado del gobierno por orden del presidente Javier Milei, afirmado que nadie pod&iacute;a indicarles &ldquo;qu&eacute; hacer o decir a los jugadores campeones del Mundo y bicampeones de Am&eacute;rica&rdquo;. La vicepresidenta, Victoria Villarruel, fue un poco m&aacute;s all&aacute; y transform&oacute; el suceso en una vigorosa apelaci&oacute;n nacionalista y anticolonialista, un poco fuera de moda, en un posteo en X (a&uacute;n est&aacute; all&iacute;, fijado por su autora, en la cuenta @VickyVillarruel):&nbsp;&ldquo;Argentina es un pa&iacute;s soberano y libre. Nunca tuvimos colonias ni ciudadanos de segunda. Nunca le impusimos a nadie nuestra forma de vida. Pero tampoco vamos a tolerar que lo hagan con nosotros. Argentina se hizo con el sudor y el coraje de los indios, los europeos, los criollos y los negros como Remedios del Valle, el Sargento Cabral y Bernardo de Monteagudo. Ning&uacute;n pa&iacute;s colonialista nos va a amedrentar por una canci&oacute;n de cancha ni por decir las verdades que no se quieren admitir. Basta de simular indignaci&oacute;n, hip&oacute;critas. Enzo yo te banco, Messi gracias por todo! &iexcl;Argentinos siempre con la frente alta! &iexcl;Viva la Argentinidad!!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma noche, la hermana del presidente corri&oacute; a pedir disculpas a la embajada francesa por la declaraci&oacute;n de su vicepresidenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo esto puede parecer un juego, pero a veces puede tener consecuencias geopol&iacute;ticas. Puede parecer farsesco, pero ocurre con un gobierno que se jacta de su seriedad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7.	</strong>Una frase com&uacute;n en la Argentina para desmentir todo tipo de racismo, homofobia o antisemitismo es la afirmaci&oacute;n &ldquo;yo no soy racista/hom&oacute;fobo/antisemita, <em>y te digo m&aacute;s</em>: tengo un amigo negro/maric&oacute;n/jud&iacute;o&rdquo;. La clave es la cl&aacute;usula &ldquo;te digo m&aacute;s&rdquo;: en ese momento, comenzamos a temblar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso mismo, r&aacute;pidamente circul&oacute; una foto de Fern&aacute;ndez abrazando un chiquito negro, foto cuyo significado es indudable: &ldquo;Tengo un amigo negro, no puedo ser racista&rdquo;. Como todo buen argentino, podr&iacute;amos agregar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este art&iacute;culo fue publicado originalmente en el medio estadounidense </em><a href="https://newlinesmag.com/spotlight/argentinas-racism-problem/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>New Lines Magazine</em></a><em>. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>PA/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escuchen-corran-bola-amigo-negro-gay-judio_129_11563646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Aug 2024 09:31:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escuchen, corran la bola: tengo un amigo negro, gay y judío]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La orfandad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/orfandad_129_11411686.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6dc7a5d7-b912-4fc9-9693-2824a4ef3975_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La orfandad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi mamá, Betty, era de 1929. Norita era de 1930. Betty usó el Alabarces toda su vida hasta la viudez, el momento en el que lo sacó de su firma. Norita no podía desprenderse del Cortiñas porque ya era el apellido de un prócer. Mamá murió en 2018; Norita se nos acaba de morir hace unas horas, dejándonos irremediablemente huérfanos.</p></div><p class="article-text">
        Se nos fue la madre de todos y todas.
    </p><p class="article-text">
        Toda mam&aacute; es irremplazable &ndash;incluso aquellas a las que no hubi&eacute;ramos preferido como madres, pero que est&aacute;n en ese lugar porque la vida o las circunstancias las obligaron a cumplir esa funci&oacute;n&ndash;; la m&iacute;a, por ejemplo, que fue una mam&aacute; inolvidable, tan amorosa como bienhumorada y enamorada de sus hijos. La pol&iacute;tica le pas&oacute; por el costado, entre otras cosas porque estaba ocupada siendo madre de tres y porque con ser una gorila moderada le alcanzaba y le sobraba (&ldquo;moderada&rdquo; significa aqu&iacute; que se negaba a toda forma de radicalizaci&oacute;n y odio). Nadie le reclam&oacute; otra cosa; la historia, por suerte, le permiti&oacute; que sus hijos entraran a la dictadura como apenas adolescentes, por lo que nunca tuvo que plantearse salir a reclamar por la aparici&oacute;n con vida de un hijo secuestrado por el Estado. Cuando sus hijos comenzaron a militar, hacia 1981, supe de sus miedos y sus preocupaciones, como tambi&eacute;n supe de su solidaridad materna con las Madres.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se dice con may&uacute;sculas, las Madres s&oacute;lo pueden significar una cosa: las de la Plaza, esas a las que pueblo las abraza.
    </p><p class="article-text">
        Mi mam&aacute;, Betty, era de 1929. Norita era de 1930 (Beatriz y Nora, dos nombres fechados). Betty us&oacute; el Alabarces toda su vida hasta la viudez, el momento en el que lo sac&oacute; de su firma. Norita no pod&iacute;a desprenderse del Corti&ntilde;as porque ya era el apellido de un pr&oacute;cer. Mam&aacute; muri&oacute; en 2018; Norita se nos acaba de morir hace unas horas, dej&aacute;ndonos irremediablemente hu&eacute;rfanos. Las dos eran petisas y sonrientes; pero Norita aparece en todas las fotos levantando su pu&ntilde;o izquierdo &ndash;revisen, como acabo de hacerlo, todas las fotos que puedan: Norita sonr&iacute;e y levanta su pu&ntilde;o. Siempre&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Mi generaci&oacute;n &ndash;los sesentones m&aacute;s o menos recientes&ndash; fue la primera en incorporarse a la lucha pol&iacute;tica de la mano de las Madres. Hace un a&ntilde;o cont&eacute; c&oacute;mo, en mi primera movilizaci&oacute;n durante la dictadura, el d&iacute;a de San Cayetano de 1981, los quince mil asistentes abrimos un cord&oacute;n para que pasaran las Madres con sus pa&ntilde;uelos; ya entonces estaban en todos lados. Nuestra militancia se mov&iacute;a al ritmo de las Rondas o de las Marchas de la Resistencia. Por eso, no supimos qu&eacute; hacer en las rupturas: la disputa que origin&oacute; L&iacute;nea Fundadora era una trampa para los que no quer&iacute;amos elegir entre dos Madres &ndash;dos mam&aacute;s&ndash;. La soluci&oacute;n fue, finalmente, sencilla: hab&iacute;a que quedarse con las dos, acompa&ntilde;ando y volviendo a acompa&ntilde;ar. Esto no significa seguidismo u obsecuencia; significa, simplemente, admiraci&oacute;n incondicional. A esas mujeres les deb&iacute;amos, les deberemos, el <strong>agradecimiento eterno</strong> por la democracia que no supimos recuperar pero por la que ellas hab&iacute;an sabido luchar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la relaci&oacute;n con el kirchnerismo volvi&oacute; a despertar alg&uacute;n encontronazo, la soluci&oacute;n sigui&oacute;, para m&iacute; al menos, igual de sencilla: las Madres nunca se equivocaban, hasta cuando parec&iacute;a que se equivocaban. <strong>Lo que les deb&iacute;amos a esas mujeres era y es demasiado grande</strong> como para que les cupiera alg&uacute;n reproche. Y Norita era un ejemplo de esa doctrina: jam&aacute;s se le escuch&oacute;, p&uacute;blicamente, una sola voz de cr&iacute;tica a sus ex-pero-no-tanto compa&ntilde;eras (acabo de releer su homenaje a Hebe cuando muri&oacute;: &ldquo;La gente que tiene ganas de la controversia tiene que pensar qu&eacute; estaba haciendo en los peores a&ntilde;os del terrorismo de Estado&rdquo;. En esos a&ntilde;os en que Hebe y ella, como bien sabemos, como nunca olvidaremos, estaban solas en el lado correcto de la vida).
    </p><p class="article-text">
        <strong>El lado correcto de la vida es el lado Norita de la vida</strong>. Estaba en todos los lugares donde se cometiera una injusticia, donde se cometiera una ilegalidad estatal, donde hiciera falta una voz o una mano. Para entender con plenitud qu&eacute; significa la categor&iacute;a &ldquo;derechos humanos&rdquo;, simplemente hay que seguir la agenda de visitas y actos de Norita. (En ese sentido, su permanente y prudente distancia con el Estado, sea quien fuera su ocupante circunstancial, era una se&ntilde;al de eso: al Estado hab&iacute;a que obligarlo, todos los santos d&iacute;as, a cumplir con su obligaci&oacute;n de memoria, verdad, justicia y respeto por la vida, por la igualdad y por la libertad. Y no hab&iacute;a que perdonarle un solo desliz, se llamara Santiago Maldonado, Nahuel Demonty o Luciano Arruga. Todos eran v&iacute;ctimas del Estado). 
    </p><p class="article-text">
        No tengo fotos con Norita. Como cholulo soy un t&iacute;mido fracasado. Pero un d&iacute;a la pude saludar, al final de un panel con la inolvidable Alcira Argumedo, y me dijo: &ldquo;estuviste muy bien&rdquo;. Esa dicha es irrepetible.
    </p><p class="article-text">
        A ver si nos entendemos: me lo dijo mi Madre.
    </p><p class="article-text">
        Para aquellos que la experimentan o la han experimentado, la orfandad es un sentimiento pesado. Es doloroso y es imborrable: no hay d&iacute;a en que no recuerdes a tu mam&aacute; (o a tu pap&aacute;, pero hoy nos movilizan las mujeres, como desde 1977). Hay d&iacute;as peores: son aquellos en los que hac&eacute;s exactamente eso que a tu mam&aacute; la pon&iacute;a orgullosa. Les propongo ese desaf&iacute;o: sentir todos los d&iacute;as que Norita estar&iacute;a orgullosa de nosotros y nosotras. Es un desaf&iacute;o terrible: no hay que parar de pelear, d&iacute;a tras d&iacute;a, por la memoria, la verdad, la justicia, la democracia, la igualdad, la libertad. No s&eacute; si seremos capaces &ndash;en momentos aciagos como &eacute;ste, cu&aacute;ndo m&aacute;s necesario es ese compromiso, m&aacute;s dudo de que lo podamos cumplir&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el otro problema de la orfandad es que sent&iacute;s que te quedaste solo, que no hay nadie m&aacute;s arriba tuyo que te cuide, que te mime, que te ampare, que luche por vos cuando tu miedo o tus limitaciones no te lo permiten. Eso, querida Norita, no tiene soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>PA/IG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/orfandad_129_11411686.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 May 2024 10:12:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La orfandad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nora Cortiñas,Madres de Plaza de Mayo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Flaco, in memoriam]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/flaco-in-memoriam_129_11342528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0ce2cd1-8bf0-40e2-908d-75ce53eec2c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Flaco, in memoriam"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como lo que le sobraba a César Luis Menotti era inteligencia, sus grandes inventos fueron dos. El primero, convertir a la Selección en prioridad para la AFA, dándole una perspectiva estable y continua de trabajo riguroso. El segundo, hacer de cuenta que todo eso no importaba y que lo imprescindible era recuperar pretendidas esencias inmemoriales, basadas en el toque y la gambeta.</p></div><p class="article-text">
        No deja de ser al menos risue&ntilde;o que los dos directores t&eacute;cnicos que ganaron los primeros t&iacute;tulos mundiales para Argentina &ndash;y que a la vez se supusieron creadores de escuelas futbol&iacute;sticas, de corrientes de pensamiento, encarnaciones dilectas de izquierdas y derechas ideol&oacute;gicas, representantes de dicotom&iacute;as intocables y enemigos irreconciliables con bandas extensas de hinchas fan&aacute;ticos&ndash; hayan sido escuetos triunfadores en su oficio: el palmar&eacute;s de <strong>C&eacute;sar Luis Menotti</strong> incluy&oacute; apenas un t&iacute;tulo nacional (Hurac&aacute;n), dos Mundiales (mayor y juveniles con Argentina) y tres copas locales (pero no la Liga) con el Barcelona. El de <strong>Carlos Salvador Bilardo</strong> fue a&uacute;n m&aacute;s parco: un campeonato local con Estudiantes y el t&iacute;tulo de M&eacute;xico. Nada m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Esto bastar&iacute;a para refutar cualquier tesis del f&uacute;tbol argentino como exitista, si no fuera porque el encumbramiento de ambos tuvo que ver, justamente, con ambos &eacute;xitos, porque fueron demasiado cruciales: el primero, &ldquo;contra&rdquo; la dictadura, y el segundo, con Maradona y &ldquo;contra&rdquo; Inglaterra. En 1978, Menotti comand&oacute; un equipo inolvidable, pero no por el pretendido &ldquo;lujo&rdquo; de su juego, sino por su potencia y su prepotencia, aunque <em>arltiana</em>: pura prepotencia de trabajo. El Hurac&aacute;n de 1973 era fant&aacute;stico y fantasista, irrepetible, pero no pod&iacute;a jugar un Mundial (a duras penas, jug&oacute; una Copa Libertadores digna en la primera rueda, y lo trituraron en la segunda, a medias entre Independiente y Pe&ntilde;arol, en 1974). 
    </p><p class="article-text">
        Como lo que le sobraba a Menotti era inteligencia, sus grandes inventos fueron dos: el primero, convertir a la Selecci&oacute;n en prioridad para la AFA, d&aacute;ndole una perspectiva estable y continua de trabajo riguroso, que inclu&iacute;a cambiar la preparaci&oacute;n f&iacute;sica para equiparar a los equipos europeos en velocidad y potencia; el segundo, hacer de cuenta que todo eso no importaba y que lo imprescindible &ndash;su &ldquo;logro&rdquo;&ndash; era recuperar pretendidas esencias inmemoriales, apodadas <em>la nuestra</em>, basadas en el toque y la gambeta. Cuando <strong>Mario Alberto Kempes</strong> convierte los goles de la final contra la entonces Holanda, demuestra la importancia decisiva del primer invento (se lleva a la rastra a todos los holandeses). Cuando Menotti comienza a hablar, demuestra que, adem&aacute;s, toda pr&aacute;ctica precisa de un relato que la interprete y le asigne un sentido, aunque la propia pr&aacute;ctica lo contradiga. Por eso, no par&oacute; de hablar hasta su muerte.
    </p><p class="article-text">
        <em>(Lo de Bilardo, en cambio, fue igual: sus dos equipos triunfadores estaban llenos de grandes jugadores, desequilibrantes y decisivos, muchas veces lujosos &ndash;Ponce, Sabella, Trobbiani; Maradona, Burruchaga, Borghi, Valdano&ndash;, pero los explicaba como tacticistas y defensivos: ambos equipos, el de 1978 y el de 1986, tuvieron casi la misma diferencia de goles; el equipo defensivo, uno m&aacute;s en contra. Y lo de Bilardo tambi&eacute;n fue distinto; s&oacute;lo habl&oacute; hasta por los codos durante casi cuarenta a&ntilde;os).</em>
    </p><p class="article-text">
        Ambos compartieron esa excepcionalidad: ganaron esas dos Copas. Pobre Menotti, lo suyo fue cuesta arriba, porque la dictadura fue un monstruo grande que pisaba fuerte, y nunca pudo saldar ese estigma &ndash;como si la sociedad argentina hubiera sido un modelo de resistencia y rebeld&iacute;a anti-fascista y tuviera el derecho de reprocharle haberle dado la mano a Videla y a Galtieri (se supone que no pod&iacute;a escup&iacute;rsela, ni siquiera negarle el saludo, as&iacute; como yo no pod&iacute;a matar a Videla el d&iacute;a que desfil&eacute; delante de &eacute;l con un FAL cargado, mientras hac&iacute;a la colimba)&ndash;. Al menos, cuando pudo trat&oacute; de marcar alguna diferencia: alguna firma en solicitadas por los desaparecidos, por ejemplo, que no demasiados se animaban a firmar. Supongo que fue esa experiencia la que lo decidi&oacute; a asumir con m&aacute;s franqueza &ndash;o al menos, con ret&oacute;ricas m&aacute;s convincentes&ndash; posiciones progresistas despu&eacute;s de 1983. Pero convenci&oacute; a unos cuantos de que hab&iacute;a protagonizado una revoluci&oacute;n t&aacute;ctica basada en volver a jugar como la M&aacute;quina de River Plate en 1942, lo que, por supuesto, era falso. 
    </p><p class="article-text">
        Bilardo, en cambio, tambi&eacute;n la tuvo dif&iacute;cil: ese gran equipo de 1986 siempre ser&aacute; el de <strong>Diego Armando Maradona</strong> y diez japoneses, como dicen que dec&iacute;a el t&eacute;cnico noruego <strong>Egil Olsen </strong>(&ldquo;Bilardo encontr&oacute; a los diez japoneses&rdquo;), y el de 1990 era una caricatura de s&iacute; mismo, a pesar de lo lejos que lleg&oacute; y lo bien que jug&oacute; s&oacute;lo un partido (la semifinal contra Italia). Pero convenci&oacute; a unos cuantos de que hab&iacute;a protagonizado una revoluci&oacute;n t&aacute;ctica &ndash;para m&iacute;, basada en sacar a Clausen, a Garr&eacute; y a Pasculli: la revoluci&oacute;n la encuentra reci&eacute;n con B&eacute;lgica, su mejor partido&ndash; y no par&oacute; de hablar de ella como si hubiera transformado el f&uacute;tbol gal&aacute;ctico.
    </p><p class="article-text">
        Ambos eran muy distintos: eg&oacute;latras, narcisistas hasta la exasperaci&oacute;n, aunque Bilardo le a&ntilde;ad&iacute;a su paranoia desarrollad&iacute;sima, como dijo el amigo <strong>Mat&iacute;as Bauso </strong>ayer en su nota. La pretensi&oacute;n de ambos de construir una suerte de <em>weltanschauung</em> sobre sus preferencias futbol&iacute;sticas no resiste ning&uacute;n an&aacute;lisis serio, y sin embargo convencieron a la comunidad futbolera durante cuarenta a&ntilde;os de que era cierto. Posiblemente, el m&eacute;rito sea aqu&iacute; m&aacute;s del Flaco que del Narig&oacute;n: el primero acept&oacute; alg&uacute;n romance con su comunismo, era amigo de Serrat y la Negra Sosa le dedic&oacute; una canci&oacute;n desde el escenario. Bilardo, en cambio &ndash;ahora s&iacute;: &iquest;en cambio, por el contrario? &ndash;, era peronista, aunque jam&aacute;s se proclam&oacute; &ldquo;de derecha&rdquo;: con algo m&aacute;s de certeza, descart&oacute; esa dicotom&iacute;a, que para &eacute;l era meramente futbolera, pero esencial (y acus&oacute; a su colega de &ldquo;rabanito&rdquo;: rojo por fuera, blanco por dentro).
    </p><p class="article-text">
        Entiendo que he hablado de Bilardo como si se hubiera muerto, y el que se muri&oacute; fue el Flaco. Pero Jekyll y Hyde, yin y yan, mundo de oposiciones y relaciones, ambos se construyeron en contra del otro en un juego de espejos invertidos. Lo que es indiscutible logro de Menotti no es su modo de tirar el offside, sino el haber conseguido que un director t&eacute;cnico de la selecci&oacute;n durara ocho a&ntilde;os &ndash;St&aacute;bile dur&oacute; casi veinte, pero antes de la Copa de Suecia 1958 nada cuenta&ndash;, se tomara las cosas en serio y trabajara para hacer entrenar como energ&uacute;menos a sus jugadores &ndash;y volverlos profesionales hiper competitivos, capaces de pisotear a la Holanda de 1978. No hab&iacute;a nada de izquierda en eso, sino pura inteligencia futbolera, que para eso le pagaban. 
    </p><p class="article-text">
        El f&uacute;tbol, como buena mercanc&iacute;a, es de derecha, porque s&oacute;lo busca aumentar la plusval&iacute;a. Siempre ser&aacute; un juego bello, antes y despu&eacute;s de las declaraciones de los jugadores y los t&eacute;cnicos, y los triunfos mundiales, como ha quedado palmariamente demostrado hace tan poco, son grandes proveedores de felicidad en tiempos aciagos. Posiblemente, entonces, el otro gran m&eacute;rito de Menotti no fue futbolero, sino po&eacute;tico: haber convencido a tanta gente, con el &uacute;nico arsenal de la palabra, de que las paredes entre Ardiles y Kempes ten&iacute;an algo de izquierda.
    </p><p class="article-text">
        <em>PA/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/flaco-in-memoriam_129_11342528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 May 2024 02:21:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Flaco, in memoriam]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[César Luis Menotti,Carlos Salvador Bilardo,Diego Armando Maradona,Selección Argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hombre que atrasa: un Roca con celular y Twitter]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-atrasa-roca-celular-twitter_129_10975993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9017143c-6f3f-4ee7-b762-8e61a07c550b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hombre que atrasa: un Roca con celular y Twitter"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Milei atrasa en sus repertorios históricos y bibliográficos, a la vez que los desconoce con cierta minucia. 
</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Milei atrasa. Atrasa de un modo descomunal. Hasta su discurso del 1&deg; de marzo, pensaba que era un hombre del siglo XIX: hoy, creo que est&aacute; m&aacute;s cerca del despotismo ilustrado mon&aacute;rquico del siglo XVIII &ndash;pero sin ilustraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A veces, su anacronismo acarrea cierto patetismo: <strong>la expresi&oacute;n &ldquo;en el a&ntilde;o de Nuestro Se&ntilde;or 2024&rdquo; proviene de un latinismo, </strong><em><strong>Anno Domini</strong></em><strong>, acu&ntilde;ado aproximadamente en el siglo V </strong>y que cay&oacute; en desuso desde que casi todo el mundo adopt&oacute; el calendario gregoriano, hace much&iacute;simo tiempo &ndash;no deja de ser parad&oacute;jico que la expresi&oacute;n contradice uno de los pocos calendarios no cristianos, que es justamente el jud&iacute;o, uno de los desvelos mile&iacute;stas. El problema es que esa expresi&oacute;n, para colmo acompa&ntilde;ada de una f&oacute;rmula tan preconciliar como &ldquo;ante la mirada del Eterno&rdquo;, nos coloca frente a una interpretaci&oacute;n teocr&aacute;tica de la sociedad que no se ve&iacute;a desde, por lo menos, la dictadura. Pero la de 1943, la que repuso la educaci&oacute;n religiosa en las escuelas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Reconozcamos, sin embargo, que el texto del &ldquo;Pacto de Mayo&rdquo; pudo haber estado impreso en letras g&oacute;ticas. Y en alem&aacute;n. Pero no: eligieron una cursiva que @maxifirtman (Maximiliano Firtman) identific&oacute; como <em>American Scribe</em> y que se limita a <strong>imitar la graf&iacute;a de la declaraci&oacute;n de la independencia estadounidense.</strong> Un gesto moderno: pudiendo remontarse al siglo XV, esta gente ha avanzado hasta el XVIII.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Milei atrasa en sus repertorios hist&oacute;ricos y bibliogr&aacute;ficos, a la vez que los desconoce con cierta minucia. </strong>El tipo invoca y cita, pero no lee. La oscilaci&oacute;n temporal lo est&aacute; volviendo loco: a veces habla de cien a&ntilde;os atr&aacute;s, los que nos coloca en el inicio de la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear como comienzo de la presunta decadencia argentina (pobre Marcelo T., un hombre culto, fino y de galera, sindicado como populista). Luego invoca ciento veinte a&ntilde;os atr&aacute;s como el supuesto momento cumbre de la riqueza argentina, ya largamente desmentido (jam&aacute;s fuimos el pa&iacute;s m&aacute;s rico del mundo, pero el tipo persevera en la ridiculez de afirmarlo). Esto nos deja en las manos f&eacute;rreas de Julio Argentino Roca y de la reci&eacute;n sancionada Ley de Residencia, de 1902 &ndash;como sabemos, est&aacute; de moda acusar a los inmigrantes de todos los males; por ejemplo, supuestas infiltraciones izquierdistas que nos conducir&iacute;an, represi&oacute;n de Bullrich mediante, a una nueva Semana Tr&aacute;gica. Para acentuar el anacronismo, hemos pasado de la cita de Alberdi y sus <em>Bases</em> a toda la Generaci&oacute;n del &rsquo;37: estamos esperando que nombre de una vez por todas a Echeverr&iacute;a, pero ni debe saber que fue el autor de un Dogma Socialista que lo volver&iacute;a horroroso a sus ojos &ndash;qu&eacute;dense tranquilos, liberales: nada hay de socialista en el Dogma Socialista. Citar &ldquo;El Matadero&rdquo; les resultar&iacute;a algo m&aacute;s costoso y escabroso, aunque la constante recurrencia a la genitalidad y el sexo anal que tiene esta gente podr&iacute;a transformar la violaci&oacute;n del unitario en algo interesante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Milei atrasa en cuestiones que hasta los tradicionalistas hab&iacute;an superado. <strong>Esa cuesti&oacute;n de &ldquo;las amas de casas que tienen la enorme tarea de educar a nuestras generaciones futuras&rdquo; horrorizar&iacute;a a una sufragista brit&aacute;nica de comienzos del siglo XX.</strong> En cambio, su macartismo es pura coherencia con el sambenito del marxismo cultural, Gramsci contado a los ni&ntilde;os y todas esas tonter&iacute;as: &ldquo;en los profesorados e institutos de formaci&oacute;n docente proliferan curr&iacute;culas educativas de izquierda, abiertamente anticapitalistas y antiliberales&rdquo;. Otro anacronismo, ahora doble: por un lado, la Guerra Fr&iacute;a termin&oacute; hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, por lo que todo macartismo es in&uacute;til, aunque siga siendo antidemocr&aacute;tico &ndash;lo del marxismo cultural, aplicado para colmo al kirchnerismo, que no tiene de marxismo ni siquiera la cita de la lucha de clases, es ya insostenible, o como le gusta decir al presidente, no es opinable. Por otro, a&uacute;n en la lejan&iacute;sima posibilidad de que esa afirmaci&oacute;n fuera demostrable (&iquest;qu&eacute; significa una &ldquo;curr&iacute;cula educativa de izquierda&rdquo;?), sus efectos distan de ser muy eficaces: la izquierda saca menos del 5% de los votos, y la alianza de derechas y centro-derechas obtuvo el 56%. Si el adoctrinamiento existiera, no toquen nada, que as&iacute; les va b&aacute;rbaro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Milei atrasa hasta en llamar &ldquo;la Docta&rdquo; a una provincia que ha instituido el cuarteto como m&uacute;sica obligatoria y folcl&oacute;rica &ndash;una mezcla de pasodoble y tarantela, folclore cordob&eacute;s. Espero que esto no desate la fiebre del ep&iacute;teto: la Perla del Atl&aacute;ntico, la Tacita de Plata, la Linda, la Portuaria, la de las Diagonales, el Jard&iacute;n de la Rep&uacute;blica, la Par&iacute;s del Plata.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Milei atrasa hasta en presentar como novedoso y fundacional su &ldquo;Pacto de Mayo&rdquo;. La t&aacute;ctica es muy vieja, y consiste en convocar a la unidad nacional en torno de las propias convicciones: todas las otras son falsas o &ldquo;prejuicios ideol&oacute;gicos&rdquo;, por lo que s&oacute;lo queda someterse a la voluntad y el deseo del soberano. Nuevamente, despotismo ilustrado.<strong> La novedad, el rasgo de modernidad, es asumir y presentar p&uacute;blica y desfachatadamente como acuerdo lo que no es m&aacute;s que un chantaje</strong>: si los gobernadores aceptan la Ley Cami&oacute;n con Acoplado, hay plata; si no, no hay plata. En mi barrio, a eso le dec&iacute;an apriete. Tampoco es novedoso que todos los gobernadores del PRO ya hayan dicho que los Diez Puntos son su programa: nadie lo dudaba. Lo que faltaba saber era el precio.
    </p><p class="article-text">
        6.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, y esto ya ha sido dicho hasta el hartazgo, el anacronismo de Milei no consiste en meramente citar a Alberdi, sino en proponer un modelo social del siglo XIX para la tercera d&eacute;cada del XXI. <strong>Milei es m&aacute;s bien un Roca con celular y Twitter</strong>. Pero un poco m&aacute;s perverso: la lista program&aacute;tica que nos dej&oacute; de regalo la noche del 1&deg; de marzo incluye, entre otras linduras, la devastaci&oacute;n ecol&oacute;gica de la Argentina. El punto 6, el &ldquo;compromiso de las provincias de avanzar en la explotaci&oacute;n de los recursos naturales del pa&iacute;s&rdquo;, no significa otra cosa que liberar la miner&iacute;a y el <em>fracking</em> debajo de cada baldosa de la patria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algo hay que hacer: no s&eacute; qu&eacute;, no s&eacute; c&oacute;mo, pero tenemos s&oacute;lo hasta mayo para discutirlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>PA/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-atrasa-roca-celular-twitter_129_10975993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Mar 2024 03:11:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El hombre que atrasa: un Roca con celular y Twitter]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política es show]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politica-show_129_10932956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0869e7c5-71e6-4e87-b8d6-2ab5e25ba738_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política es show"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace por lo menos sesenta años sabemos que el mundo es mundo porque podemos hablar de él, y que esas cosas que decimos se organizan como relatos. Milei es tan show-man como Cristina fue show-woman: es decir, amantes de las puestas en escena, de los golpes de efecto, de las actuaciones.
</p></div><p class="article-text">
        	<strong>1.</strong>	Hay momentos en la Argentina en que todo parece atrasar; una suerte de anacronismo permanente. Las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas de Milei &ndash;o esta serie desarticulada de golpes en el escritorio que pretenden ser una pol&iacute;tica econ&oacute;mica&ndash; recuerdan las de, a saber, Celestino Rodrigo, Jos&eacute; Alfredo Mart&iacute;nez de Hoz, Lorenzo Sigaut, Roberto Alemann, Domingo Cavallo, Roque Fern&aacute;ndez, Ricardo L&oacute;pez Murphy y Nicol&aacute;s Dujovne, s&oacute;lo por ser sint&eacute;tico (Pinedo, Alsogaray, Krieger Vasena, Dagnino Pastore: la lista de los demonios de la ortodoxia libremercadista es mucho m&aacute;s extensa de lo que los libertarios est&aacute;n dispuestos a aceptar, y me quedo corto). Sus invocaciones pol&iacute;tico-filos&oacute;ficas, por llamarlas de alg&uacute;n modo, se remontan a Alberdi, m&aacute;s que a Sarmiento, aunque su reivindicaci&oacute;n del mundo occidental civilizado es sarmientinamente ortodoxa. Su modelo societal es el de Julio Argentino Roca: liberalismo econ&oacute;mico, concentraci&oacute;n de la riqueza y represi&oacute;n estatal antipopular. En suma: Milei atrasa m&aacute;s de un siglo.
    </p><p class="article-text">
        	Incluso, en su nuevo descubrimiento: &ldquo;Tal vez los nuevos tiempos requieran algo de show&rdquo;, afirm&oacute; en la tenebrosa entrevista con La Naci&oacute;n+ en la que cuestion&oacute; y agredi&oacute; a Lali Esp&oacute;sito, ante la mirada aprobatoria de tres tipos a los que nadie, en su sano juicio, puede volver a llamar periodistas. Lo dijo en respuesta a la acusaci&oacute;n de Cristina Fern&aacute;ndez, que en su sesudo, extenso y muy discutible documento de &ldquo;an&aacute;lisis&rdquo; hist&oacute;rico, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, filos&oacute;fico, existencial y moral lo llam&oacute; &ldquo;un showman-economista en la Rosada&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Pues bien: ambos atrasan.
    </p><p class="article-text">
        	<strong>2.</strong>	Hace cuarenta a&ntilde;os que sabemos que la pol&iacute;tica es show. Hace m&aacute;s de sesenta, sabemos que los discursos sociales fundan mitolog&iacute;as, sistemas de creencias imposibles de creer y en las que, sin embargo, creemos. Desde comienzos de los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado sabemos que la manipulaci&oacute;n de los p&uacute;blicos por los medios de comunicaci&oacute;n es una falacia, y que la tele ni los diarios (&iquest;qui&eacute;n lee ya <em>Clar&iacute;n</em>?) convencen a nadie de nada de lo que ya no est&eacute; convencido por muchas razones &ndash;una de ellas, las agendas impuestas por los medios, claro, que no permiten discutirlo todo. Hace veinte a&ntilde;os sabemos que las redes no son democr&aacute;ticas y que Internet no es el para&iacute;so anarquista e igualitario que promet&iacute;a ser, aunque todav&iacute;a algunos crean que la posibilidad de putear por la red es una forma de libertad. Hace por lo menos sesenta a&ntilde;os sabemos que el mundo es mundo porque podemos hablar de &eacute;l, y que esas cosas que decimos se organizan como relatos: &ldquo;la d&eacute;cada ganada&rdquo;, &ldquo;no fue magia&rdquo;, &ldquo;modelo de acumulaci&oacute;n con valor agregado y movilidad social ascendente&rdquo; o &ldquo;no se inunda m&aacute;s, carajo&rdquo;. Por supuesto, hay relatos m&aacute;s consistentes, los hay m&aacute;s atrapantes y los hay m&aacute;s pobres &ndash;la calidad y las limitaciones de los enunciadores son muy variadas&ndash;, pero los hechos no se presentan ante nosotros como indudables y auto-evidentes: se presentan como relatos de esa realidad y de esos hechos. (Una versi&oacute;n extrema de esto es que la realidad no existe y que todo es discurso, pero la inflaci&oacute;n cotidiana y el hambre popular lo desmienten: la realidad existe, s&iacute;, aunque haya muchos modos de narrarla).
    </p><p class="article-text">
        	Desde que comenzamos a hablar de videopol&iacute;tica, esto es archisabido; y por eso, en el mundo pol&iacute;tico hay m&aacute;s coaching que an&aacute;lisis, m&aacute;s video-entrenamiento que lectura, m&aacute;s rating que pensamiento. Milei es tan <em>show-man</em> como Cristina fue <em>show-woman</em>: es decir, amantes de las puestas en escena, de los golpes de efecto, de las actuaciones. Por edad y por tradiciones pol&iacute;ticas, los estilos divergen: el de Cristina oscila entre el populismo cl&aacute;sico (el tono de voz en el discurso de masas es evitista hasta la m&iacute;mesis) y un tono de intelectual <em>fin de si&egrave;cle</em> que ella cree que le queda espl&eacute;ndido y con el que tributa a sus p&uacute;blicos de plebeyismo sin plebeyos. El uso de frases sueltas en ingl&eacute;s en el documento de hace unos d&iacute;as es otra prueba en esa direcci&oacute;n: Sarmiento usaba el franc&eacute;s, Cristina el ingl&eacute;s, la nueva lengua del <em>paper</em> y el <em>journal</em>. Ambos, Sarmiento y Cristina, lo sabemos, los usan mal.
    </p><p class="article-text">
        	Milei, en cambio, generaci&oacute;n X por edad, pero <em>millennial</em> por vocaci&oacute;n, hace una puesta en escena propia de un populismo siglo XXI: entre el <em>cosplayer</em> y el <em>rocker</em>, m&aacute;s el <em>standup</em>-ero. Se jacta de escribir <em>papers</em>, pero sabemos que los copia por lo que es, entonces, muy malo citando &ndash;aunque usa la cita como parte de la puesta en escena: por supuesto, para el mundo progresista rinde mucho m&aacute;s Laclau, mientras que para el mundo b&aacute;rbaro de los reaccionarios locales lo que garpa es Benegas Lynch, un tipo al que nadie ha le&iacute;do ni leer&aacute; en la historia universal de las ideas.
    </p><p class="article-text">
        	<strong>3.</strong>	No hay nuevo show, entonces, sino el viejo verm&uacute; con papas fritas invocado por el nunca olvidado Tato Bores. Me rectifico: lo m&iacute;o es otro anacronismo, de esos que me clasifican como sesent&oacute;n. Tato muri&oacute; en 1996, cuando la mitad de la poblaci&oacute;n argentina actual a&uacute;n no hab&iacute;a nacido o era muy peque&ntilde;a para verlo por la tele.
    </p><p class="article-text">
        	<strong>4.</strong>	Esta idea del anacronismo permanente hace un poco de eco, claro, del Marx del <em>18 Brumario</em>, que afirmaba que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa &ndash;la cita es m&aacute;s compleja, pero as&iacute; se ha difundido <em>in extenso</em>. El problema es que ya no sabemos qu&eacute; parte es la farsa y cu&aacute;l es la tragedia. Hay momentos, y &eacute;ste es uno de ellos, en los que los l&iacute;mites entre ambos se difuminan. No podemos saber si el ataque vergonzoso de Milei a Lali Esp&oacute;sito es apenas una farsa, o es el anuncio de una nueva tragedia. La &uacute;ltima vez que el estado argentino acus&oacute; a los artistas e intelectuales de marxistas desaparecieron 30.000 personas &ndash;s&iacute;, treinta mil.
    </p><p class="article-text">
        	Ayer, este diario public&oacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/medio-contrapunto-lali-esposito-milei-hablo-decadencia-moral-cinismo-problema-no-actriz_1_10931447.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la &uacute;ltima intervenci&oacute;n de Milei al respecto</a>. Es nuevamente tenebrosa: de la pol&iacute;tica saltamos a su asociaci&oacute;n con la moral, lo que coloca las posiciones ideol&oacute;gicas &ndash;o, incluso, las est&eacute;ticas: la m&uacute;sica de Lali no le gusta a Milei, del mismo modo que no le gusta nada que sea femenino&ndash; en un terreno &eacute;tico, resbaladizo, que abandona el debate de ideas para reemplazarlo por la dimensi&oacute;n de lo bueno o lo malo &ndash;los argentinos de bien contra las fuerzas del mal. Eso reenv&iacute;a, inevitablemente, a una batalla religiosa. Estamos mal, pero vamos peor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Para colmo, y aqu&iacute; s&iacute; abonando mi teor&iacute;a del anacronismo, Milei decide mal-citar a Gramsci: la derecha suele usar una cita berreta del gran pensador italiano, que revela que jam&aacute;s lo han le&iacute;do y que la teor&iacute;a de la hegemon&iacute;a es para ellos tan lejana como cualquier saber cient&iacute;fico sobre lo social. Dice el presidente: &ldquo;Gramsci se&ntilde;alaba que para implantar el socialismo era necesario introducirlo desde la educaci&oacute;n, la cultura y los medios de comunicaci&oacute;n&rdquo;. Y bien: la primera vez que se afirm&oacute; esto fue en un art&iacute;culo publicado en la <em>Revista del C&iacute;rculo Militar Argentino</em> en 1977 &ndash;que, lamentablemente, le&iacute; hace treinta a&ntilde;os, pero no conserv&eacute; la copia. La cita permit&iacute;a al autor &ndash;un milico&ndash; justificar por qu&eacute; la &ldquo;lucha contra la subversi&oacute;n&rdquo; deb&iacute;a prolongarse en las aulas, en los medios de comunicaci&oacute;n, en el mundo cultural. Esa cita, en Milei, no puede ser sino agorera. Argentinos, temblad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politica-show_129_10932956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Feb 2024 03:01:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política es show]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Shows,Javier Milei,Cristina Fernández de Kirchner]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres Mundiales, diez proposiciones y un momento feliz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tres-mundiales-diez-proposiciones-momento-feliz_129_10774672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/87606f3b-e41a-4e01-b845-3d491c3585e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres Mundiales, diez proposiciones y un momento feliz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los Mundiales se ven como se pueden, no como se debe: la gente trabaja, viaja, tiene hijos pequeños, vive, en suma. Las cábalas se violan a cada paso: están hechas para decir que se cumplen y violarlas con algún sistema. Un album de fotos personales, y también sociales, desde el lejano México 1970 hasta el inolvidadable Qatar 2022.</p></div><p class="article-text">
        1. Comenzamos a salir con Caro en v&iacute;speras de la Copa del Mundo de Corea-Jap&oacute;n de 2002. Como ella es futbolera, fue sencillo acordar que la unidad que mensura nuestra pareja son los Mundiales: llevamos vistos seis mundiales juntos (en ese 2002 no viv&iacute;amos en el mismo lugar: solo asistimos juntos al triunfo sobre Nigeria, en casa de unos amigos, lo que permite inferir que la violaci&oacute;n de la c&aacute;bala del espacio fue la causa de la debacle. No volvi&oacute; a repetirse).
    </p><p class="article-text">
        Una parte de lo dicho en el p&aacute;rrafo anterior es mentira. Seis Mundiales se ven como se pueden, no como se debe: la gente trabaja, viaja, tiene hijos peque&ntilde;os, vive, en suma. Las c&aacute;balas se violan a cada paso: est&aacute;n hechas para decir que se cumplen y para violarlas con alg&uacute;n sistema. A juzgar por el modo ca&oacute;tico en el que vi Qatar 2022, debimos haber sido eliminados en la primera ronda. Por suerte, los cabuleros sistem&aacute;ticos, creyentes y perseverantes son tantos que los herejes y los descre&iacute;dos no causamos grandes da&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        2. Mundiales y matrimonios: viv&iacute; con mi primera esposa cuatro Mundiales. Le importaban un comino. Supe que luego del divorcio, en 2006, asisti&oacute; a la final entre Francia e Italia hinchando por Francia &ndash;era bastante francof&iacute;lica, o quiz&aacute;s estaba resentida por haber convivido con un italiano <em>come io</em>&ndash; y convencida de que los franceses eran los de azul. Muy al final le explicaron que hab&iacute;an cambiado las camisetas, y que los de azul, los campeones, eran los tanos. Pero, antes, vimos juntos tres partidos de M&eacute;xico &rsquo;86, dos de ellos de Argentina: los cuartos contra Inglaterra y la final contra Alemania. Ten&iacute;amos un televisor blanco y negro, cuya antena hab&iacute;a que sostener con la mano y tratar de orientarla para ver algo con alguna dignidad. El tercer partido fue Brasil-Francia, que la dej&oacute; admirada por la belleza del juego, pero fue apenas un impacto moment&aacute;neo del que se recuper&oacute; r&aacute;pidamente. En Italia 1990 segu&iacute;a viviendo con ella, pero acababa de nacer nuestro segundo hijo, as&iacute; que vi ese Mundial refugiado con mi hijo mayor, escapando de llantos y pa&ntilde;ales. Me vio llorar &ndash;e intent&oacute; consolarme&ndash; cuando echaron a Maradona del Mundial de 1994. Vimos juntos Argentina-Inglaterra en Francia 1998, clandestinos en un pub en el centro de Londres. Nunca m&aacute;s vimos un partido juntos, ni siquiera cuando V&eacute;lez fue campe&oacute;n de Am&eacute;rica y del mundo.
    </p><p class="article-text">
        3. Acabo de comprobar que en cada matrimonio vi dos finales de Copa del Mundo: una ganada y una perdida. Caray, esto se pone interesante.&nbsp;Pero el modo en el que sufrimos y gozamos Qatar 2022 es intransferible e irrepetible.
    </p><p class="article-text">
        4. Me quedan Mundiales sin adjudicar. El primero que recuerdo con nitidez es M&eacute;xico 1970: la nitidez de otro televisor blanco y negro que dejaba ver el cuarto gol de Brasil contra Italia, con Carlos Alberto apareciendo de fuera de campo para concretar a la carrera el pase de Pel&eacute;. El segundo, Alemania 1974, y el gol de Houseman contra Italia, y el baile descomunal que nos peg&oacute; Holanda. El de Espa&ntilde;a 1982 lo vi bastante en colores, la &ntilde;ata contra el vidrio de las casas de electrodom&eacute;sticos escap&aacute;ndome de clases en la Facultad; pero est&aacute;bamos preocupados con otras cosas bastante m&aacute;s importantes, tales como una guerra, una dictadura, la clandestinidad, la resistencia, el horror.
    </p><p class="article-text">
        5. Vi, entonces, siete finales del mundo argentinas: seis emparejado, una asolterado. La s&eacute;ptima es, claro, Argentina 1978. El Mundial se jug&oacute; a la vuelta de mi casa paterna, que estaba al lado &ndash;estricta y minuciosamente hablando&ndash; del estadio Jos&eacute; Amalfitani. Ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os, los suficientes como para estar tan enojado con la dictadura que no quise ver, ni siquiera, Austria-Espa&ntilde;a, que era indoloro. Pero el enojo no pod&iacute;a suprimir al futbolero: vi todos los partidos con mis amigos del secundario &ndash;son, a&uacute;n hoy, mis hermanos&ndash;. Cuando termin&oacute; Argentina-Per&uacute;, salimos a festejar: salimos de Liniers, llegamos al Obelisco. Para la final, en cambio, nos quedamos comiendo pizzas en Liniers. Al d&iacute;a siguiente, por la ma&ntilde;ana, en la Escuela Normal Mariano Acosta, presionamos a las autoridades para que declararan asueto: nos dejaron salir muy r&aacute;pidamente. Mientras baj&aacute;bamos las escaleras, recuerdo la voz de un compa&ntilde;ero al que no voy a identificar &ndash;s&eacute; perfectamente su nombre&ndash; diciendo: &ldquo;Vayamos a la Plaza de Mayo a celebrar a Videla&rdquo;. La respuesta fue un&aacute;nime: &ldquo;Boludo, vamos al Normal 8 a ver a las pibas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este gesto de resistencia adolescente y hormonal contra la dictadura no consta en ning&uacute;n libro. Pero existi&oacute;. Otros pibes, en cambio, fueron a la Plaza. Fueron pocos, todos varones, y todos de colegios privados.
    </p><p class="article-text">
        6. No es cierto: no lo s&eacute;. Nosotros no fuimos. S&eacute; que ellos fueron un grupo peque&ntilde;o, que no mereci&oacute; ninguna foto que inmortalizara el momento en que Videla sali&oacute; al balc&oacute;n por &uacute;nica vez en su vida. Aunque comparto con Beatriz Sarlo que el Mundial y Malvinas son dos momentos por los que nuestra sociedad deber&iacute;a formular alguna autocr&iacute;tica colectiva, hay algunos pocos datos a mano para defenderse &ndash;es imposible, hoy, tratar de construir una memoria oral de ese momento, porque est&aacute; organizada por la culpa: &ldquo;Nos enga&ntilde;aron&rdquo; &ndash;. Los datos son pocos y poco refutables: que la dictadura hizo todo lo que pudo para usar el Mundial como m&aacute;quina de consenso pol&iacute;tico; que no se puede probar el &eacute;xito de esa operaci&oacute;n de consenso &ndash;no hay ninguna empiria para respaldarlo&ndash;; que las celebraciones fueron espont&aacute;neas, sin convocatoria estatal; que, al a&ntilde;o siguiente, hubo convocatoria expl&iacute;cita para festejar el Mundial Juvenil de Tokio de 1979, en simult&aacute;neo con la visita de la CIDH al pa&iacute;s, lo que demuestra por inversi&oacute;n el car&aacute;cter espont&aacute;neo de las celebraciones de 1978; que esas celebraciones no pisaron la Plaza de Mayo ni invocaron a Videla &ndash;aunque s&iacute; se regodearon con el &ldquo;Ya todos saben que Brasil est&aacute; de luto/son todos negros, son todos putos&rdquo; &ndash;; que el peso popular de una historia futbol&iacute;stica, construida por d&eacute;cadas de memorias orales y periodismo deportivo de masas, le daba al f&uacute;tbol cierta autonom&iacute;a para que el festejo fuera, apenas, festejo futbolero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Osvaldo Bayer, los festejos fueron incluso un gesto de resistencia: ganar la calle bajo el estado de sitio. Me parece mucho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y el 6 a 0 contra Per&uacute;. Demasiado, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        7. El de 1986, entonces, vale por dos: por s&iacute; mismo y por el anterior. Maradona gan&oacute; dos mundiales con uno solo: el que gan&oacute;, y el anterior, desprestigiado. Estuve en la calle, estuve en la Plaza el d&iacute;a siguiente, fui inmensamente feliz, tambi&eacute;n sent&iacute; la revancha de Malvinas. Soy clase 1961, no me pidan muchas explicaciones racionales. El que no salta es un ingl&eacute;s. Despu&eacute;s estudi&eacute; en Inglaterra, y supe que la Thatcher logr&oacute; hacer perdurar su gobierno, bastante tambaleante, por la Guerra. Que el &eacute;xito conservador en Gran Breta&ntilde;a fue obra de Galtieri. Y tambi&eacute;n trat&eacute; de hacer un gol con la mano.
    </p><p class="article-text">
        8. Hasta 2022, hasta hace un a&ntilde;o. Como lo escrib&iacute; hasta la saciedad, puedo repetirme hasta el infinito: fuimos felices. Somos felices en cada momento de cada recuerdo. Uno de los primeros soci&oacute;logos en pensar el f&uacute;tbol en Am&eacute;rica Latina, Arno Vogel, escribi&oacute; en 1982 sobre los festejos brasile&ntilde;os de 1970, bajo la dictadura de Em&iacute;lio Garrastazu M&eacute;dici: lo titul&oacute; &ldquo;Un momento feliz&rdquo;. Ese t&iacute;tulo me viene a la cabeza a cada rato: un momento feliz. Me parece una condensaci&oacute;n perfecta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Agrego: la autonom&iacute;a del f&uacute;tbol logr&oacute;, ese d&iacute;a &ndash;y en los festejos dos d&iacute;as despu&eacute;s&ndash; su autonom&iacute;a m&aacute;s perfecta y acabada: la pol&iacute;tica no puede meterse, sino para hacer macanas. Rodr&iacute;guez Larreta perdi&oacute; las PASO despu&eacute;s de usar la camiseta de la selecci&oacute;n hasta para ba&ntilde;arse; Scaloni amenaz&oacute; con renunciar despu&eacute;s de que Tapia le pidiera una foto con Massa; Macri propuso una met&aacute;fora desopilante seg&uacute;n la cual Milei es Messi porque el kirchnerismo es Maradona; el kirchnerismo propuso que Messi enfrentaba al poder porque le dec&iacute;a &ldquo;bobo&rdquo; al bobo de Weghorst; y as&iacute;, ad nauseam.
    </p><p class="article-text">
        9. La inflaci&oacute;n en 1978 fue del 171,4% anual. En 1986, el Plan Austral todav&iacute;a funcionaba, pero ya en 1987 hac&iacute;a agua y conduc&iacute;a al pico hiperinflacionario de 1989, que lleg&oacute; al 3079,5%. En diciembre de 2022, la variaci&oacute;n anual ya era del 94%, pero por suerte, luego de ganar la Copa, subi&oacute; hasta reventar en un 160,9% en noviembre de 2023 (datos del INDEC). Como se ve, ganar un Mundial produce tantos &eacute;xitos econ&oacute;micos (y consecuentemente, sociales, pol&iacute;ticos y culturales) que podr&iacute;amos prohibir el f&uacute;tbol profesional en toda la Argentina y desafiliarnos de la FIFA. O bancarnos las consecuencias: ganar una Copa produce efectos deplorables.
    </p><p class="article-text">
        10. Siempre nos quedar&aacute; ese momento feliz.
    </p><p class="article-text">
        <em>PA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tres-mundiales-diez-proposiciones-momento-feliz_129_10774672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Dec 2023 09:26:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres Mundiales, diez proposiciones y un momento feliz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mundiales,Selección Argentina,campeones del mundo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El horror, el horror: parte dos, recargada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/horror-horror-parte-recargada_129_10699802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b47e844d-61c3-4d1f-93cf-b1691dcb1162_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El horror, el horror: parte dos, recargada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La elección de Javier Milei significa que 40 años de democracia aceptan su fracaso: no hemos sabido construir una democracia que restañara las heridas de la dictadura, para así construir una sociedad más justa e igualitaria.</p></div><p class="article-text">
        Vuelvo a leer mi nota post-PASO, del 14 de agosto. Sigo pensando lo mismo que entonces. Nuevamente, me escriben los amigos y amigas brasile&ntilde;os: &ldquo;Nadie imaginaba que algo semejante pudiera pasar en Argentina&rdquo;. Uno de ellos me recuerda que estuvo a punto de mudarse a Buenos Aires cuando gan&oacute; Bolsonaro. Obviamente, se alegra de no haberlo hecho: ellos soportaron lo peor y pudieron sobrevivir, no sin da&ntilde;os. El negacionismo del COVID, entre tantos horrores, caus&oacute; all&iacute; 685.000 muertos.
    </p><p class="article-text">
        Hace tres meses, escrib&iacute;: &ldquo;no hemos sabido leer nada de lo que ha estado pasando fuera del caf&eacute;, del &lsquo;periodismo militante&rsquo; o del &lsquo;anticapitalismo de c&aacute;tedra&rsquo; del que habla mi amigo <strong>Pablo Sem&aacute;n</strong>. Refugiados en la infalibilidad de la Jefa o en la fantas&iacute;a del &lsquo;no fue magia&rsquo; &ndash;e inmunes frente al fracaso monumental del gobierno Fern&aacute;ndez, elegido por la Jefa mediante un tuit&ndash;, nos est&aacute; pasando un tif&oacute;n por encima. Bolsonaro comenz&oacute; as&iacute;: como un chiste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la reconstrucci&oacute;n de un movimiento popular, democr&aacute;tico y progresista, que deber&aacute; comenzar dentro de quince minutos, todo esto tendr&iacute;a que ser minuciosamente recordado. <strong>No vamos a avanzar un paso en esa direcci&oacute;n si no hacemos antes un balance detallado y exasperadamente cr&iacute;tico de lo que pas&oacute; en los cuarenta a&ntilde;os de democracia que van a culminar en las manos del fascismo de mercado y el negacionismo de la dictadura. </strong>La elecci&oacute;n de Milei significa que esos cuarenta a&ntilde;os aceptan su fracaso: no hemos sabido construir una democracia que resta&ntilde;ara las heridas de la dictadura, para as&iacute; construir una sociedad m&aacute;s justa e igualitaria. 
    </p><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os kirchneristas se revelan, hoy, como una fantas&iacute;a: la ampliaci&oacute;n del consumo entendida como igualdad. No era as&iacute;, me temo: era s&oacute;lo ampliaci&oacute;n del consumo, no distribuci&oacute;n equitativa del ingreso; era disminuci&oacute;n de la desocupaci&oacute;n, pero sin alterar las cifras de la precarizaci&oacute;n &ndash;para no hablar de agendas m&aacute;s audaces&ndash;. Incluso, si el consenso democr&aacute;tico inclu&iacute;a el juicio y castigo a los culpables de la represi&oacute;n m&aacute;s salvaje del hemisferio, m&aacute;s de la mitad de los votantes ha hecho caso omiso de las amenazas de la candidata a vicepresidenta; esto no es, precisamente, signo de que ese consenso permanezca inc&oacute;lume.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo...
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La sociedad que puso preso a Videla sabrá dónde y cómo encontrar los caminos para resistir ese programa de la ultraderecha, si pudiera llevarse a cabo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No soy polit&oacute;logo &ndash;a duras penas, un cultur&oacute;logo&ndash;, pero algunos datos muestran que lo que se viene puede atemperarse. El programa de Milei es incumplible si no es con un respaldo legislativo que no tiene, ni siquiera con el salto en el aire que el macrismo va a producir en los pr&oacute;ximos minutos. La mayor parte de su agenda es tan indudablemente antidemocr&aacute;tica que no va a conseguir m&aacute;s votos parlamentarios que los del derechismo m&aacute;s duro &ndash;y escaso&ndash;. La otra opci&oacute;n, ominosa, la que nos llev&oacute; a reclamar el voto en su contra con varios colegas y amigos/as, es su reconversi&oacute;n autoritaria. El programa de Pinochet &ndash;que es el programa de Milei&ndash; solo fue posible con la mediaci&oacute;n de la dictadura pinochetista. En esa direcci&oacute;n, Milei s&oacute;lo podr&iacute;a aplicar sus propuestas con la versi&oacute;n Fujimori: la disoluci&oacute;n del Congreso bancada por las Fuerzas Armadas, una opci&oacute;n que es, hoy, imposible, porque cualquier barra brava tiene mayor poder de fuego. Incluso, frente a la inevitable protesta social que un cuarto de sus propuestas econ&oacute;micas provocar&iacute;a, Milei enfrenta la paradoja de no contar siquiera con una polic&iacute;a propia &ndash;apenas, la gendarmer&iacute;a, que no le alcanza.
    </p><p class="article-text">
        Esto no es optimismo banal; un porcentaje demasiado alto de la poblaci&oacute;n ha aceptado poner en la agenda p&uacute;blica temas y argumentos que d&aacute;bamos por tan extinguidos como los dinosaurios que iban a desaparecer &ndash;pero que no desaparecieron&ndash;. Hay afirmaciones del nuevo presidente y su vice que eran, pocos a&ntilde;os atr&aacute;s, impronunciables, y hoy son programa electoral, para colmo ganador. Nadie puede, entonces, alentar un optimismo basado, meramente, en frases hechas, en el repertorio progre del lugar com&uacute;n y la canci&oacute;n de protesta &ndash;como hace cuarenta a&ntilde;os&ndash;: &ldquo;Siempre nos separaron los que dominan, pero sabemos hoy que eso se termina&rdquo;. No: esto es confianza democr&aacute;tica, confianza en que la sociedad que puso preso a Videla sabr&aacute; d&oacute;nde y c&oacute;mo encontrar los caminos para resistir ese programa de la ultraderecha, si pudiera llevarse a cabo. Programa que tendr&iacute;a efectos, a cort&iacute;simo plazo, devastadores: econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica y culturalmente &ndash;y a largo plazo, hasta lindantes con el desastre social. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si no podemos ni sabemos resistir &ndash;pero con inteligencia, con potencia, con generosidad pol&iacute;tica, sin sectarismo y con &eacute;xito&ndash;, nos habremos merecido todo lo que venga.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/horror-horror-parte-recargada_129_10699802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Nov 2023 01:24:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El horror, el horror: parte dos, recargada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una democracia organizada por el fulbo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/democracia-organizada-fulbo_1_10657935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49cb4eed-5184-4e2d-afce-dbe4bed525e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una democracia organizada por el fulbo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La democracia nace casi junto al triunfo maradoniano de 1986, y celebra sus cuatro décadas casi junto al triunfo messiano de 2022. Y aunque nada ocurre en la sociedad por culpa de o gracias al fútbol; resulta imposible no pensar en Maradona, Messi o los mundiales al recordar los últimos cuarenta años.</p></div><h3 class="article-text"><strong>1.</strong></h3><p class="article-text">
        El 24 de septiembre de 1983 se enfrentaron en el Camp Nou el Barcelona y el Athletic de Bilbao; un mes antes del cumplea&ntilde;os n&uacute;mero veintitr&eacute;s de <strong>Diego</strong> <strong>Maradona</strong>, cumple que pas&oacute; en cama gracias a la patada criminal del asesino serial Andoni Goikoetxea, que le rompi&oacute; el tobillo izquierdo en ese partido. La operaci&oacute;n fue exitosa y el postoperatorio acelerado &ndash;en abril ya estaba jugando nuevamente&ndash;, pero no pudo venir a votar en las elecciones. Tampoco hab&iacute;a definido sus preferencias, a pesar de una serie de reuniones en un d&iacute;a que le hab&iacute;an organizado poco antes, en una visita en el mes de julio: fue a saludar a Alfons&iacute;n, a Luder, a Cafiero, a Rogelio Frigerio, al teniente general Cristino Nicolaides y al cardenal primado de la Argentina, Juan Carlos Aramburu &ndash;a &eacute;ste, un d&iacute;a antes. Las visitas &ndash;un &ldquo;curso intensivo de instrucci&oacute;n c&iacute;vica&rdquo;, seg&uacute;n <em>Clar&iacute;n</em>&ndash; las organiz&oacute; su entonces representante, Jorge Cyterszpiler, que tampoco ten&iacute;a gran idea sobre pol&iacute;tica, pero s&iacute; sab&iacute;a lo que era noticia. La noticia, seg&uacute;n la prensa, era Maradona, y no la pol&iacute;tica.
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                    alt="Mundial juvenil de Japón de 1979, final en la que Argentina gana 3 a 1 a la Unión Soviética."
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                Mundial juvenil de Japón de 1979, final en la que Argentina gana 3 a 1 a la Unión Soviética.                            </span>
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        Lo cierto es que Maradona cumpli&oacute; 23 a&ntilde;os el d&iacute;a en que la ciudadan&iacute;a dej&oacute; atr&aacute;s el oprobio de la dictadura eligiendo presidente a Alfons&iacute;n. La mera coincidencia nos permitir&iacute;a un juego seguramente excesivo; por ejemplo, afirmar que la dictadura no cay&oacute; en 1979 gracias a los &eacute;xitos en los Mundiales de 1978 y el Juvenil de 1979, pero s&iacute; cay&oacute; en 1983 debido al pobre desempe&ntilde;o argentino en el Mundial de Espa&ntilde;a de 1982. Ese argumento conlleva un problema obvio: que no permite explicar la derrota del radicalismo en las elecciones parciales de 1987, disputadas un a&ntilde;o despu&eacute;s del &eacute;xito fenomenal de M&eacute;xico &lsquo;86. No: definitivamente, ese juego es un exceso que solo se sostiene en esa p&eacute;sima met&aacute;fora repetida hasta el hartazgo &ndash;<em>el f&uacute;tbol refleja a la sociedad</em>, que tambi&eacute;n se puede escuchar en una versi&oacute;n abreviada: <em>se juega como se vive</em>, ambas pobres y err&oacute;neas explicaciones de las relaciones entre deporte y sociedad&ndash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, recurro a Maradona al comienzo del relato porque no es necesario forzar ni la historia ni los argumentos para comprobar la centralidad pol&iacute;tica y cultural de la figura del Diego a lo largo y lo ancho de estos cuarenta a&ntilde;os de democracia; y, del mismo modo, se&ntilde;alar la presencia de dos sucesos futbol&iacute;sticos en el comienzo y el final &ndash;s&oacute;lo cronol&oacute;gicamente hablando&ndash; de ese ciclo: <strong>la democracia nace </strong><em><strong>casi</strong></em><strong> junto al triunfo maradoniano de 1986, y celebra sus cuatro d&eacute;cadas </strong><em><strong>casi</strong></em><strong> junto al triunfo messiano de 2022.</strong> En el medio, pas&oacute; de todo, y el f&uacute;tbol tuvo muy poco que ver con ese de todo &ndash;salvo en lo que tiene que ver con la inversi&oacute;n, con el desv&iacute;o, con la ficci&oacute;n, con la compensaci&oacute;n, con el deseo&nbsp;y con la felicidad; es decir, con lo que es el f&uacute;tbol.
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            </figure><h3 class="article-text"><strong>2.</strong></h3><p class="article-text">
        Estos argumentos ya los he usado y sigo creyendo en ellos. <strong>Maradona era el peronismo por otros medios, Maradona fue el exceso de peronismo en ausencia del peronismo. Exageremos</strong>: el peronismo a&uacute;n existe gracias a Diego. El ciclo de Maradona arranca en su debut en Argentinos Juniors en 1976 y se extiende hasta su despedida, en 2001. Todos esos a&ntilde;os son los del peronismo en el destierro: en la dictadura, en el alfonsinismo, en el ciclo neoliberal (una interpretaci&oacute;n peculiar, claro, de los a&ntilde;os menemistas). El debut en Primera llega con el golpe, la masacre, la persecuci&oacute;n; la carrera se expande durante Malvinas y la derrota electoral de 1983; llega a su cl&iacute;max en el final de la d&eacute;cada, y se vuelve conflictiva, zigzagueante y escandida por suspensiones durante el menemismo, el per&iacute;odo en el que &ldquo;el peronismo&rdquo; se hab&iacute;a quedado en el 45, reemplazado con eficacia por el populismo neoliberal. Entonces, fueron veinticinco a&ntilde;os en los que casi todo lo que era s&oacute;lido se desvanec&iacute;a en el aire mientras una &uacute;nica cosa permanec&iacute;a inalterable: <strong>el Diego como m&aacute;quina de cumplir sue&ntilde;os y regalar felicidad popular. </strong>Es decir, una m&aacute;quina peronista, seg&uacute;n sus mejores ex&eacute;getas.
    </p><p class="article-text">
        Contrargumento kirchnerista: Maradona permanece en los casi veinte a&ntilde;os siguientes, contempor&aacute;neos del peronismo devenido kirchnerismo. Es que, justamente, en esos a&ntilde;os Diego deja de cumplir sue&ntilde;os y no le regala felicidad a nadie. Se vuelve, apenas, un recuerdo eterno del momento en que cre&iacute;amos que pod&iacute;amos volver a ser felices (&ldquo;volver a ser felices&rdquo;, una descripci&oacute;n obviamente peronista). Pero pol&iacute;ticamente era pura redundancia: no hace falta otro s&iacute;mbolo peronista cuando el peronismo se pone en movimiento y vuelve a ser una m&aacute;quina cultural. En esos veinte a&ntilde;os, Diego es s&oacute;lo s&iacute;mbolo del pasado y s&oacute;lo puede hablar del pasado. En presente, era pura m&aacute;quina verbal &ndash;incomparable e incontenible, uno de los mayores productores de frases populares de la cultura de masas local; pero puro discurso&ndash;. En el &uacute;nico momento en que esas palabras se deb&iacute;an volver pr&aacute;ctica &ndash;su desafortunada etapa como t&eacute;cnico&ndash;, el fracaso fue innegable. El mayor &eacute;xito como director t&eacute;cnico del Diego es su c&eacute;lebre c&iacute;rculo epist&eacute;mico maradoniano: de &ldquo;la ten&eacute;s adentro&rdquo; a &ldquo;que la sigan chupando&rdquo;. Es decir, otras dos grandes frases populares.
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                México 1986,  el Diego como máquina de cumplir sueños y regalar felicidad popular                            </span>
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        El resto del tiempo son sus vaivenes sentimentales y laborales, su vida organizada por la l&oacute;gica de la celebridad criolla o el jet set global. Aunque, como dice Beatriz Sarlo &ndash;que siempre lo quiso y lo respet&oacute;&ndash;: a diferencia de las celebridades contempor&aacute;neas, que basan su &ldquo;popularidad&rdquo; en ser, simplemente, s&oacute;lo eso, celebridades, Diego ostentaba su historia. Diego era c&eacute;lebre y est&aacute;bamos obligados a saberlo todo de &eacute;l, simplemente porque fue el mejor jugador de f&uacute;tbol de esa parte de la historia, y el tipo que hizo m&aacute;s felices a argentinos y napolitanos &ndash;y a todes les que quisieran sumarse a esa felicidad, y compartirla, y gozarla&ndash;. Pavada de curr&iacute;culum. Como el peronismo: los a&ntilde;os m&aacute;s felices de los trabajadores fueron peronistas. Parafraseo:<strong> los momentos m&aacute;s felices de esos cincuenta a&ntilde;os, de la enorme primera parte de estos cuarenta a&ntilde;os democr&aacute;ticos, fueron maradonianos.</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>3.&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        Y como el peronismo: aunque siempre hab&iacute;a un margen de ilusi&oacute;n, de imaginaci&oacute;n y ensue&ntilde;o, con el peronismo tambi&eacute;n hab&iacute;a un dato material &ndash;tan insuficiente como querramos, tan excesivo como deseemos&ndash; que se llamaba distribuci&oacute;n del ingreso. Experiencia material de la felicidad, adem&aacute;s de cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        El dato material, en Maradona, es su cuerpo en movimiento. La capacidad infinita de sus frases, la posibilidad de producir significados con sus palabras, sus afiliaciones pol&iacute;ticas a veces zigzagueantes, no pueden opacar lo innegable, lo real, lo material; el 22 de junio de 1986, poco despu&eacute;s de las 13.00 horas mexicanas, con un calor insobornable y ante 114.850 testigos, m&aacute;s algunos cientos de millones a&ntilde;adidos que lo ve&iacute;an por la tele, ese cuerpo se puso en movimiento y nos hizo felices a algunas decenas de millones de personas. No hab&iacute;a all&iacute; ficci&oacute;n ni ilusi&oacute;n ni gui&oacute;n televisivo ni extras de riesgo ni trucaje digital o anal&oacute;gico ni propaganda estatal ni locutores en cadena nacional ni ensayos ni preparaci&oacute;n actoral ni entrenamiento espacial.
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                Diego y Leo en el Mundial de Sudáfrica 2010.                            </span>
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        Y eso porque soy amarrete: antes de ese 22 de junio hay m&aacute;s horas de felicidad desparramadas por su cuerpo en movimiento. Felicidad dependiente, claro, de saber gozar con el f&uacute;tbol como una de las bellas artes. Y luego de ese 22 de junio, otras tantas. La diferencia es que, despu&eacute;s, ese cuerpo ya era un mito en movimiento<strong>. (Pavada de jactancia generacional: vimos a un mito en movimiento. No nos lo contaron. Se lo contaremos a nuestres hijes y a nuestres nietes, con orgullo incansable: fui contempor&aacute;neo de Maradona</strong>, nacimos con un a&ntilde;o de diferencia, ten&iacute;amos la misma estatura, lo v&iacute; recibir un homenaje de la FUBA en un anfiteatro del edificio de Uriburu 950, detr&aacute;s de Medicina, a la vuelta de Ciencias Sociales, haciendo jueguito con una pelotita de papel).
    </p><p class="article-text">
        Lo dem&aacute;s fue tambi&eacute;n peronismo: exceso, dicha, felicidad, amarguras, vaivenes, contradicciones, fiesta, resaca, org&iacute;as, machismo, burla, risa, sue&ntilde;o, fracasos, coca&iacute;na, alcoholes, promesas incumplidas, antiimperialismo popular vestido por Versace (las galas de Evita vestida por Jamandreu). Lo que se puede debatir: su machismo, algunos maltratos injustificables, su p&eacute;sima relaci&oacute;n con la paternidad no deseada, lo cercano que estuvo del tr&aacute;fico de mujeres cubanas. Al menos, los piquitos que desparram&oacute; con Caniggia lo salvaron de la homofobia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Lionel Messi, en una foto de 2006.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>4.</strong></h3><p class="article-text">
        Y un d&iacute;a, fue y se muri&oacute;, y tuvimos otro funeral de masas: Yrigoyen, Gardel &ndash;un funeral demorado hasta la repatriaci&oacute;n del cuerpo, ocho meses m&aacute;s tarde&ndash;, Evita, Per&oacute;n, Maradona. Cuatro en el siglo XX y antes de la dictadura; el del Diego fue el primer funeral de masas del siglo XXI y el &uacute;nico en estos a&ntilde;os democr&aacute;ticos &ndash;y para colmo, como para agregarle morbo, en plena pandemia&ndash;. La muerte de Diego y la coincidencia con el COVID fueron lo m&aacute;s parecido al Apocalipsis que pod&iacute;amos imaginar. <em>La fin del mundo</em>: el dolor, la enfermedad, la muerte; y, para colmo, la presidencia de Alberto y la aparici&oacute;n de Milei.
    </p><h3 class="article-text"><strong>5.</strong></h3><p class="article-text">
        Pero en la quinta final resucit&oacute; el Mess&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Los &eacute;xitos futbol&iacute;sticos de la selecci&oacute;n masculina de f&uacute;tbol entre 2021 y 2022 no permiten contradecir nada de lo ya dicho; por el contrario, prueban la idea de la autonom&iacute;a del f&uacute;tbol que propuse en el segundo p&aacute;rrafo. Nada ocurre en la sociedad por culpa de o gracias al f&uacute;tbol; m&aacute;s bien, ocurren a pesar del f&uacute;tbol. Nada sirve all&iacute; como met&aacute;fora o como argumento: en el f&uacute;tbol pasan cosas, muy excepcionalmente cosas buenas, y en nuestra sociedad pasan otras cosas &ndash;tambi&eacute;n muy excepcionalmente buenas, en su gran mayor&iacute;a agobiantes&ndash;. Si la tesis del reflejo fuera acertada, un f&uacute;tbol triunfante &ldquo;reflejar&iacute;a&rdquo; una sociedad democr&aacute;tica, plural, feliz y con una distribuci&oacute;n justa del ingreso. Como todos sabemos, el panorama de una sociedad injusta, desigual, racista, discriminadora, partida en varios pedazos irreconciliables entre s&iacute; no hizo sino agravarse despu&eacute;s de ambos t&iacute;tulos, la Copa Am&eacute;rica y la Copa del Mundo: a todo lo anterior, le sumamos la sequ&iacute;a, la presidencia de Alberto y el &eacute;xito de Milei en las PASO. El &eacute;xito deportivo desencaden&oacute; una suerte de diez plagas egipcias, sin intervenci&oacute;n divina: nos arreglamos solitos. La sucesi&oacute;n de un h&eacute;roe deportivo excepcional por otro h&eacute;roe deportivo excepcional no puede adjudicarse sino a la casualidad &ndash;o a la abundancia de futbolistas; pero los brasile&ntilde;os tienen muchos m&aacute;s futbolistas excelentes y no producen un Maradona y un Messi en el brev&iacute;simo lapso de veintisiete a&ntilde;os. Quiz&aacute;s, esta es la &uacute;nica prueba tangible de la argentinidad divina; poca prueba para tama&ntilde;a pretensi&oacute;n.
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                    alt="Leo Messi el lunes 30 de octubre, al recibir su octavo Balón de Oro, recordó a Diego en el día de su cumpleaños."
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                Leo Messi el lunes 30 de octubre, al recibir su octavo Balón de Oro, recordó a Diego en el día de su cumpleaños.                            </span>
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        Esa autonom&iacute;a del f&uacute;tbol fue ratificada por los mismos futbolistas, que se negaron tajantemente, en el regreso del 20 de diciembre de 2022, a la captura pol&iacute;tica del &eacute;xito deportivo. Pero no evit&oacute; que los l&iacute;deres o algunos intelectuales partidarios la intentaran, generalmente a trav&eacute;s del uso de met&aacute;foras simplistas. Vinieron de todos lados: del kirchnerismo (&ldquo;el gesto de Messi es un gesto contra el poder&rdquo;) y de la derecha conservadora (&ldquo;debemos seguir el ejemplo de trabajo de la Selecci&oacute;n&rdquo;). El m&aacute;s notorio fue Horacio Rodr&iacute;guez Larreta, el &uacute;nico que visti&oacute; la camiseta argentina en cada acto p&uacute;blico. En esos d&iacute;as, Rodr&iacute;guez Larreta, afirm&oacute;: &ldquo;Estamos todos juntos detr&aacute;s de una misma pasi&oacute;n. Ojal&aacute; podamos tener una uni&oacute;n similar a la que se logra en el Mundial para nuestro pa&iacute;s, para sacar a la Argentina adelante. Ese es mi sue&ntilde;o y ojal&aacute; podamos mantener este esp&iacute;ritu para trabajar todos juntos&rdquo;. Su inversi&oacute;n en el &eacute;xito deportivo no le report&oacute;, claramente, una gran ganancia pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto confirm&oacute; las tesis que propuse en 2002: el fracaso deportivo de la Copa de Corea-Jap&oacute;n no supuso ninguna alteraci&oacute;n en la crisis econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y social de finales de 2001. A lo que ahora podemos a&ntilde;adir: ni el &eacute;xito deportivo de la Copa de Qatar en 2022 solucion&oacute; absolutamente nada de la nueva crisis. Por el contrario, luego del triunfo, todo empeor&oacute;. Y mucho.
    </p><p class="article-text">
        Pero, por suerte, puede empeorar a&uacute;n m&aacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text"><strong>6.</strong></h3><p class="article-text">
        Lo que queda, entonces, son los momentos de mayor felicidad que hayamos disfrutado como comunidad en estos cuarenta a&ntilde;os. Quiz&aacute;s exagero, pero los sendos festejos callejeros y populares jugar&iacute;an a mi favor. Hemos tenido buenos momentos colectivos: el 10 de diciembre de 1983, el Juicio a las Juntas, Videla preso, la celebraci&oacute;n del Bicentenario. Los dos festejos futboleros, sin embargo, siguen brillando con un fulgor distinto: el de lo gratuito, el de la felicidad que est&aacute; atada solamente al juego, que prescinde de la causalidad econ&oacute;mica, geopol&iacute;tica o clim&aacute;tica. &ldquo;De esas que llegan sin mediaciones, como una canci&oacute;n&rdquo;, como me dijo Ernesto Sem&aacute;n en esos d&iacute;as inolvidables de diciembre: de esas que llegan del arte y de la emoci&oacute;n, esos n&uacute;cleos pesados e inexplicables de nuestras vidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es posible que, por un tiempo, s&oacute;lo nos quede ese recuerdo. No es mi apuesta pero, quiz&aacute;s, luego de que festejemos el 10 de diciembre pr&oacute;ximo los 40 a&ntilde;os ininterrumpidos de democracia, lo m&aacute;s s&oacute;lido que tengamos &ndash;lo &uacute;nico que no se desvanezca en el aire, aunque tambi&eacute;n&ndash; ocurra el 18: &ldquo;&iquest;te acord&aacute;s de que hace un a&ntilde;o ganamos la Tercera?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>PA/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/democracia-organizada-fulbo_1_10657935.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2023 03:01:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una democracia organizada por el fulbo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[40 años de democracia,Fútbol,Maradona,Lionel Messi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gato Félix]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gato-felix_129_10620510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c14b615d-56cb-4beb-a7d9-05c4ec330168_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gato Félix"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El peronismo renace de sus cenizas. Lo hace y lo hará como siempre: a la que te criaste, proponiendo un programa político que se llama “vamos viendo”.</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.</strong> El 17 de octubre de 1983, hace ya poquito m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, el peronismo &ndash;que se autopercib&iacute;a apenas como Partido Justicialista y con eso pretend&iacute;a bancar los trapos&ndash; organiz&oacute; un gran acto en el estadio de V&eacute;lez Sarsfield, a la vez celebratorio de la efem&eacute;ride y de la campa&ntilde;a electoral. Nunca hubo tanta gente y tanta calidez en esa cancha: los asistentes desbordaron las instalaciones y se derramaron por la Avenida Juan B. Justo, en la que algunos parlantes reproduc&iacute;an los discursos de los candidatos. Habl&oacute; Lorenzo Miguel, que era entonces apenas secretario general de la Uni&oacute;n Obrera Metal&uacute;rgica y de las 62 Organizaciones Peronistas: no era candidato a nada, pero era el gran titiritero de la candidatura presidencial de &Iacute;talo Luder. Lo chifl&oacute; casi todo el estadio &ndash;menos los muchachos de la UOM, claro&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        El pen&uacute;ltimo orador, antes de la aburrid&iacute;sima intervenci&oacute;n de Luder, fue el candidato a vicepresidente, Deolindo Felipe Bittel, ex gobernador del Chaco. Su discurso fue antol&oacute;gico por dos frases inolvidables. La primera fue: &ldquo;Hoy como ayer, la opci&oacute;n es Liberaci&oacute;n o Dependencia, &iexcl;Y nosotros estamos con la Dependencia!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta hoy, el peronismo y los peron&oacute;logos discuten si fue o no fue un furcio. La derrota de 1983 impidi&oacute; comprobar qu&eacute; liberaci&oacute;n nos esperaba con un gobierno de Luder. Pero seis a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con el peronismo menemista, pudimos verificarlo: la liberaci&oacute;n prometida por el peronismo se llamaba &ldquo;relaciones carnales&rdquo; con los Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong> &ldquo;Al Carajo con el ALCA&rdquo;, gritaban las masas peronistas devenidas kirchneristas haci&eacute;ndole eco a Hugo Ch&aacute;vez apenas en 2005, s&oacute;lo dos a&ntilde;os despu&eacute;s de que Menem ganara la primera vuelta electoral autopercibi&eacute;ndose, con insistencia, como peronista y amigo de George Bush, mientras el segundo y ganador por abandono era el gobernador santacruce&ntilde;o N&eacute;stor Kirchner, un esforzado autopercibido peronista que invit&oacute; a su asunci&oacute;n a Fidel Castro, a Ch&aacute;vez y a Lula Da Silva. Comenzaba el ciclo de la izquierda populista latinoamericana, para espanto de las derechas continentales y de la Casa Blanca. El Director de la ANSES, en ese momento, era Sergio Tom&aacute;s Massa, que hab&iacute;a iniciado su carrera pol&iacute;tica en la vieja Uni&oacute;n de Centro Democr&aacute;tico de &Aacute;lvaro Alsogaray, aquel que se burlaba de las juventudes pol&iacute;ticas en 1983 pregunt&aacute;ndoles, en un programa televisivo: &ldquo;&iquest;Y? &iquest;ya se liberaron?&rdquo;. Massa luego se hizo menemista palitorteguiano, devino kirchnerista, se autopercibi&oacute; massista, coquete&oacute; con el macrismo, se reconcili&oacute; con el kirchnerismo y, en alg&uacute;n momento de su vida, aprendi&oacute; la letra de la Marcha Peronista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong> Pero la segunda frase de Deolindo Bittel aquel lejano octubre de 1983 fue a&uacute;n m&aacute;s decisiva. Bittel afirm&oacute; que &ldquo;hoy el peronismo renace de sus cenizas, como el Gato F&eacute;lix&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. </strong>En un chat de colegas latinoamericanos, hace unas horas, se suced&iacute;an las felicitaciones por la derrota de la ultraderecha mile&iacute;sta &ndash;los hermanos brasile&ntilde;os eran los m&aacute;s efusivos. Uno de ellos, un amigo chileno, mientras se resignaba a afirmar la incomprensibilidad e inconmensurabilidad de la Argentina y del peronismo, comparti&oacute; un corto video con declaraciones del Pepe Mujica. Parafraseo: &ldquo;esto s&oacute;lo puede pasar en la Argentina, que un ministro de Econom&iacute;a de un pa&iacute;s con la inflaci&oacute;n argentina pueda disputar la presidencia. Esto pasa porque tiene el respaldo de una cosa que no est&aacute; conforme con &eacute;l pero que lo va a votar, que se llama peronismo&rdquo;. Y ahora cito textualmente: &ldquo;porque ese animal existe; es una mitolog&iacute;a que tiene el pueblo argentino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Justamente: ese animal existe, es mitol&oacute;gico, y se llama el Gato F&eacute;lix.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ave F&eacute;nix?
    </p><p class="article-text">
        No: el animal peronista se llama Gato F&eacute;lix. Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, comprobamos que el pobre Bittel no hab&iacute;a cometido un furcio, sino producido una profec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El peronismo renace de sus cenizas como el Gato F&eacute;lix.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>5</strong>. Porque lo hace y lo har&aacute; como siempre: a la que te criaste, proponiendo un programa pol&iacute;tico que se llama &ldquo;vamos viendo&rdquo;, con la coherencia ideol&oacute;gica que le proporciona la veleta massista, coqueteando con la embajada norteamericana y con la china al mismo tiempo, escondiendo lo que puede y tambi&eacute;n lo que no puede, con listas repletas de tantos impresentables como de cuadros pol&iacute;ticos potentes, democr&aacute;ticos y comprometidos con su pueblo, con corruptos como Insaurralde &ndash;s&oacute;lo una p&aacute;lida muestra de un sistema de corruptelas que, como dije hace pocas semanas, excede con mucho al peronismo&ndash; y con probos como Kicillof y el kicillofismo de la primera hora (en este preciso momento, las puertas del kicillofismo est&aacute;n atiborradas de reci&eacute;n venidos que claman por su ingreso al club; espero que tengan buenos porteros).
    </p><p class="article-text">
        Y lo hizo como lo hizo siempre: haciendo peronismo cl&aacute;sico, que consiste en escuchar las demandas populares y tratar de satisfacerlas, entendi&eacute;ndolas como necesidades, como reclamos y como derechos. Despu&eacute;s, iremos viendo, dios proveer&aacute;, una buena cosecha, dios es argentino y sacaremos plata de debajo de las piedras, de la impresora o de donde sea. Pero las demandas populares siempre suenan un poco m&aacute;s fuerte que las del &ldquo;mercado&rdquo;, el &ldquo;c&iacute;rculo rojo&rdquo; o &ldquo;la banca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Gato F&eacute;lix ha vuelto a hacer de las suyas, y con eso desplaz&oacute; a la bestia mile&iacute;sta y al espasmo represivo bullrichista. Larga vida al Gato F&eacute;lix. Como comprometimos con un grupo de colegas hace dos meses, ya tiene mi voto en noviembre.
    </p><p class="article-text">
        <em>PA/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gato-felix_129_10620510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Oct 2023 04:41:14 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Corruptos: nueve proposiciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corruptos-nueve-proposiciones_129_10561320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c74e383c-c01b-4691-b63d-7a9b77faf042_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Corruptos: nueve proposiciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La corrupción no es connatural al peronismo, sino a la política", afirma el autor y propone, para resistirse a ella, dos principios: honestidad e ideología.</p></div><p class="article-text">
        1. A comienzos de los a&ntilde;os ochenta, le&iacute;a como un pose&iacute;do los grandes textos de la tradici&oacute;n nacional-popular, de <strong>Arturo Jauretche</strong> a <strong>Juan Jos&eacute; Hern&aacute;ndez Arregui</strong> pasando, incluso, por el Colorado Ramos, qui&eacute;n te ha visto y qui&eacute;n te ve. No puedo recordar en qui&eacute;n de todos ellos &ndash;tambi&eacute;n pueden haber sido<strong> Ferm&iacute;n Ch&aacute;vez</strong> o <strong>Rodolfo Puiggr&oacute;s</strong>&ndash; le&iacute; una an&eacute;cdota que hoy me resulta inhallable: la de un militante anarquista que, a comienzos de siglo XX, se desmaya de hambre en la calle. La polic&iacute;a lo atiende y lo lleva a la Asistencia P&uacute;blica. All&iacute; descubren que el tipo tiene un mont&oacute;n de dinero en los bolsillos. Cuando se despierta, le preguntan por esa contradicci&oacute;n, por qu&eacute; no hab&iacute;a comido si ten&iacute;a con qu&eacute;. La respuesta es obvia: &ldquo;Es dinero del sindicato, es sagrado, no es m&iacute;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recordemos que la diferencia central entre aquellos libertarios y estos anarquistas de mercado es, justamente, la abolici&oacute;n o la defensa de la propiedad privada. Aquel anarquista cre&iacute;a en la abolici&oacute;n, pero el dinero colectivo era de su comunidad obrera: &eacute;l no pod&iacute;a usarlo para s&iacute;. Los de ahora se hubieran dado un banquete, jact&aacute;ndose de su emprendedorismo. Para un buen anarquista, mal que le pese a Javier Milei, toda propiedad privada es un robo.
    </p><p class="article-text">
        2. Tambi&eacute;n en esos a&ntilde;os le&iacute;a a <strong>Rodolfo Walsh</strong>, que en su <em>Qui&eacute;n mat&oacute; a Rosendo</em> explicaba, con pelos y se&ntilde;ales, la corrupci&oacute;n estructural, estructurada y estructurante del sindicalismo vandorista. Vandor ten&iacute;a caballos de carrera; a&ntilde;os despu&eacute;s, uno de sus seguidores, <strong>Jorge Triaca</strong>, pulir&iacute;a el modelo ingresando al Jockey Club &ndash;ya fue en tiempos menemistas, los a&ntilde;os m&aacute;s corruptos de la historia argentina: esos en los que se formaron como pol&iacute;ticos <strong>Patricia Bullrich</strong>, <strong>Sergio Massa</strong> u <strong>Horacio Rodr&iacute;guez Larreta</strong>, y que <strong>Javier Milei </strong>admira como modelo pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social. Triaca fue ministro de Trabajo de Menem, su hijo, mientras disfrutaba la herencia del padre y sin haber trabajado un solo d&iacute;a en su vida, fue ministro de Trabajo de Macri &ndash;que tampoco trabaj&oacute; un solo d&iacute;a en su vida, aunque nadie puede acusarlo de las trapisondas y corruptelas de su padre, como las cloacas de Mor&oacute;n o la &ldquo;importaci&oacute;n&rdquo; de autos del Uruguay.
    </p><p class="article-text">
        3. Mi viejo, que se reclamaba socialista, aunque b&aacute;sicamente era un gorila impenitente, lo resum&iacute;a de modo simple y sabio: &ldquo;Son todos chorros&rdquo;. Pero tambi&eacute;n extend&iacute;a su calificaci&oacute;n a los milicos, que entre otros chanchullos hab&iacute;an hecho el Mundial de F&uacute;tbol proporcionalmente m&aacute;s caro de la historia gal&aacute;ctica: hab&iacute;a costado el doble que el siguiente, Espa&ntilde;a 1982, en el que jugaron 24 equipos en lugar de 16. La honestidad no abundaba entre las Fuerzas Armadas, y mucho menos entre sus jefes de compras o entre sus ministros de Econom&iacute;a. &iquest;Compa&ntilde;&iacute;a &Iacute;talo de Electricidad? &iquest;Qui&eacute;n dijo eso? Luego, estatizaron la deuda externa privada: lo hizo un tal <strong>Domingo Cavallo</strong>. &iquest;Qui&eacute;n? &iquest;&Eacute;se mismo?
    </p><p class="article-text">
        4. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es el robo de un banco en comparaci&oacute;n con fundar uno?&rdquo;, afirmaba <strong>Bertolt Brecht</strong> &ndash;podemos no haber visto ninguna de sus obras, pero todos hemos escuchado esa frase alguna vez. Por ejemplo, y a raudales, entre el corralito, el corral&oacute;n y la crisis, ese tiempo vergonzoso en el que la Argentina se empobrec&iacute;a en el exacto momento en que los bancos se enriquec&iacute;an.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La corrupción no es connatural al peronismo, sino a la política. Para resistirse a ella, hay que tener dos principios, únicamente, de los que carece la inmensa mayoría de nuestros y nuestras dirigentes.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Brecht no buscaba explicaciones muy complicadas: eso se llama capitalismo. Por definici&oacute;n, consiste en el saqueo del trabajo de los otros para beneficio de los bolsillos del uno &ndash;que, adem&aacute;s, siempre tiene lugar para m&aacute;s, y por eso busca m&aacute;s, y m&aacute;s, y m&aacute;s. Hagan el ejercicio de leer <em>Fortuna</em>, la reciente novela de <strong>Hern&aacute;n D&iacute;az</strong>, que lo cuenta con certeza.
    </p><p class="article-text">
        5. Todo esto no pretende diluir la chabacana exhibici&oacute;n de torpeza y angurria por el dinero que m&aacute;s de un dirigente peronista ha hecho desde los tiempos inmemoriales de Juancito Duarte. La corrupci&oacute;n no es connatural al peronismo, sino a la pol&iacute;tica. Para resistirse a ella, hay que tener dos principios, &uacute;nicamente, de los que carece la inmensa mayor&iacute;a de nuestros y nuestras dirigentes: el primero es un inmenso orgullo por la honestidad, ese que nuestro anarquista hambriento ostentaba hace un siglo y que hoy m&aacute;s parece una tonter&iacute;a que una virtud &ndash;pero sigue siendo una virtud de la que enorgullecerse, aunque parezca una antigualla. (Yo, al menos, a&uacute;n me enorgullezco de ella).
    </p><p class="article-text">
        El segundo principio, aunque parezca m&aacute;s tonto a&uacute;n, se llama ideolog&iacute;a: sencillamente, uno debiera &ldquo;meterse en pol&iacute;tica&rdquo; porque cree en una concepci&oacute;n del mundo y de la vida que tender&aacute; a mejorar la situaci&oacute;n de la humanidad entera. Por menos que eso, no vale la pena; sin eso, uno se mete en pol&iacute;tica, solamente, para satisfacer narcisismos, afanar a manos llenas y seducir mujeres &ndash;o tipos, o ambos, qu&eacute; m&aacute;s da.
    </p><p class="article-text">
        6. (Hay torpezas y vocaciones que son estructuralmente masculinas, debemos decirlo. El esc&aacute;ndalo Insaurralde es impensable en una mujer: jam&aacute;s aparecer&iacute;a un chongo filmando los regalos que le puso una diputada corrupta. En cambio, hay dos l&iacute;neas cl&aacute;sicamente de machito piola: casarse con la mujer correcta y engancharse con la incorrecta. Insaurralde comienza su carrera pol&iacute;tica cas&aacute;ndose con la hija del intendente de Lomas de Zamora, <strong>Hugo Toledo</strong>, el heredero de <strong>Eduardo Duhalde</strong>, patr&oacute;n del distrito. Luego, se dedica a lo que se dedica y le pasa lo que le pasa. &ldquo;Casarse para toda la vida&rdquo; puede ser molesto y fuera de moda, pero tambi&eacute;n ten&iacute;a sus ventajas.)
    </p><p class="article-text">
        7. El tipo es un muerto pol&iacute;tico y nadie derramar&aacute; una l&aacute;grima por &eacute;l. Va a la larga fila de hallazgos kirchneristas, encabezada por <strong>Ricardo Jaime</strong>; y que apenas termina por ahora en &eacute;l, porque el kirchnerismo tambi&eacute;n est&aacute; al borde de la autoextinci&oacute;n, dada su incre&iacute;ble habilidad para apostar por se&ntilde;ores carentes de cualquier principio, de cualquier ideolog&iacute;a y de cualquier autolimitaci&oacute;n er&oacute;tica. Cuando se discutan las calidades de estadista de la vice, esto no formar&aacute; parte de sus haberes: todos los tipos que elige son un problema. De su hijo, en cambio, no hay discusi&oacute;n posible: nunca tuvo ninguna habilidad pol&iacute;tica. Ninguna, aunque se crea una mezcla de Ch&aacute;vez con Arist&oacute;teles salpimentado con Per&oacute;n y Mao.
    </p><p class="article-text">
        El problema m&aacute;s grande es el s&iacute;ndrome de la quema del caj&oacute;n de Herminio, cuarenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde.
    </p><p class="article-text">
        8. Los troskos siempre le hacen el juego a la derecha. En alg&uacute;n momento van a descubrir una lejana militancia de Insaurralde en el MAS.
    </p><p class="article-text">
        9. Jam&aacute;s, pero jam&aacute;s, voto a un millonario o millonaria. Jam&aacute;s. A alguien le rob&oacute; su fortuna. No tengan dudas. La plata no se hace trabajando. Tambi&eacute;n me lo dec&iacute;a mi viejo, que trabaj&oacute; toda su vida y se muri&oacute; pobre.
    </p><p class="article-text">
        <em>PA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corruptos-nueve-proposiciones_129_10561320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Oct 2023 13:36:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Corruptos: nueve proposiciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Corrupción,Martín Insaurralde,Javier Milei,Sergio Massa,Patricia Bullrich,Elecciones 2023]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mario Wainfeld: un tipazo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mario-wainfeld-tipazo_1_10538396.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a5edebe-c8cd-468c-8f66-119bfdd14446_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mario Wainfeld: un tipazo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Siempre crítico, siempre incisivo, siempre comprometido", lo recuerda Pablo Alabarces.</p></div><p class="article-text">
        Se muri&oacute; <strong>Mario Wainfeld</strong>, y duele. Lo conoc&iacute; ley&eacute;ndolo, en su etapa de la revista <em><strong>Unidos </strong></em>&ndash;solo la gente de mi edad recuerda esa revista pol&iacute;tica&ndash;, que era excelente, la &uacute;nica forma digna de procesar el peronismo de la derrota de 1983. Acompa&ntilde;&eacute; a ese grupo por varios a&ntilde;os, en la senda del <strong>Chacho &Aacute;lvarez</strong> y el <strong>Frente Grande</strong>, hasta que fue <strong>Frepaso </strong>y fue <strong>Alianza </strong>y decid&iacute; abrirme &ndash;s&oacute;lo me faltaba votar a <strong>De la R&uacute;a</strong>&ndash;, a esa altura del partido. En el inter&iacute;n, segu&iacute;a leyendo el trabajo de Mario, siempre cr&iacute;tico, siempre incisivo, siempre comprometido: su peronismo era el que hab&iacute;a sido el m&iacute;o, aunque yo hab&iacute;a dejado de creer en &eacute;l. Despu&eacute;s del 2001, me entrevist&oacute; un par de veces para hablar de f&uacute;tbol y violencia &ndash;yo, admirado&ndash;, como siempre me pas&oacute; con cada periodista al que respetaba, que nunca fueron demasiados. Una vez me invit&oacute; a su programa de cable, <em><strong>El Destape</strong></em>, que compart&iacute;a con <strong>Roberto Navarro</strong>. Esa noche me dijo: quiero hablar con vos. En un caf&eacute;, me propuso ser su columnista semanal de deportes en &ldquo;<strong>Mario de Palermo</strong>&rdquo;, su programa de <em><strong>Radio de la Ciudad</strong></em>. Tard&eacute; dos segundos en decir que s&iacute;. Estuve desde 2004 a 2007, cuando el macrismo barri&oacute; con todos nosotros. Mi vida period&iacute;stica tiene dos hitos: esas columnas semanales y las quincenales que, luego, escrib&iacute; para <em><strong>Cr&iacute;tica </strong></em>entre 2008 y 2010. Con Mario, todo era f&aacute;cil, porque su humor y su alegr&iacute;a hac&iacute;an felices hasta los lunes por la ma&ntilde;ana, lunes otra vez. Y porque era un feroz futbolero, de esos a los que la conversaci&oacute;n del lunes les resultaba esencial.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, nos cruz&aacute;bamos de casualidad; intercambiamos alg&uacute;n mensaje ocasional. Sospecho que mis peleas con la gente de <em><strong>6-7-8</strong></em>, especialmente con <strong>Sandra Russo</strong>, no ayudaron. &Eacute;l sigui&oacute; fiel al kirchnerismo, yo me distanci&eacute; cada vez m&aacute;s. Como soy t&iacute;mido, no quise escribirle para continuar la conversaci&oacute;n. Fue un error. Hoy me doy cuenta de que hubiera querido saber c&oacute;mo ve&iacute;a todo lo que se vino y todo lo que se vendr&aacute;, pero fuera del micr&oacute;fono y el diario, mano a mano. Su honestidad intelectual era perfecta para eso.
    </p><p class="article-text">
        Mi mejor an&eacute;cdota fue cuando, en tiempos de la columna semanal, <strong>An&iacute;bal Fern&aacute;ndez</strong>, que era ministro del Interior, amenaz&oacute; en un nota con demandarme por calumnias &ndash;yo hab&iacute;a dicho que &eacute;l no pod&iacute;a solucionar la violencia en el f&uacute;tbol porque era parte del problema. Mario me dijo: &ldquo;<strong>si te llega la carta documento, me avis&aacute;s, porque desempolvo el diploma de abogado y te defiendo yo</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mario era eso: <strong>un tipazo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>LC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mario-wainfeld-tipazo_1_10538396.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2023 22:50:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mario Wainfeld: un tipazo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mario Wainfeld]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Posiblemente, la cólera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/posiblemente-colera_129_10500001.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2ac6637-3bf9-45ae-8c12-638f98e1b7e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Posiblemente, la cólera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Presuntamente nosotros, “los zurdos”, “los marxistas”, habíamos ganado una “batalla cultural” que incluía el consenso sobre las violaciones a los derechos humanos –un consenso de condena del terror del Estado contra su propia comunidad. Estas semanas parecen demostrar que nada fue tan “ganada”: ni la batalla ni la década.</p></div><p class="article-text">
        	1. Posiblemente, Javier Milei gane la primera vuelta de las elecciones presidenciales. La se&ntilde;orita Victoria Villarruel ser&iacute;a, entonces, la persona m&aacute;s votada para ser vicepresidenta y, por lo tanto, presidenta del Senado de la Naci&oacute;n. Lo de la segunda vuelta, en cambio, merece otro adverbio. No s&eacute; cu&aacute;l es. &iquest;Seguramente? &iquest;Probablemente? &iquest;Lamentablemente? &iquest;Esperoquenomente?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	2. Posiblemente, ese triunfo sea la consecuencia &ndash;a&uacute;n evitable&ndash; de una cadena de errores, adrede o accidentales, forzados o involuntarios, que todas las fuerzas pol&iacute;ticas democr&aacute;ticas, de derecha a izquierda, han cometido durante cuarenta a&ntilde;os. <strong>El pacto democr&aacute;tico b&aacute;sico no era s&oacute;lo &ldquo;no matar&aacute;s&rdquo;, sino tambi&eacute;n, y muy especialmente, &ldquo;con la democracia se come, se educa y se cura&rdquo;. </strong>El fracaso de estos cuarenta a&ntilde;os no se manifiesta s&oacute;lo en los dichos y en los actos de la se&ntilde;orita Villarruel, sino en las cifras de pobres, de sub-educados, de desnutridos. Y, a la vez, en las de los muertos por la represi&oacute;n policial.
    </p><p class="article-text">
        	3. Posiblemente, al menos seg&uacute;n las cifras de la CORREPI, esos muertos hayan superado los 5.000 en cuarenta a&ntilde;os. Las modalidades son de lo m&aacute;s variadas y siguen incluyendo el secuestro, la tortura, la desaparici&oacute;n. As&iacute; como ocurr&iacute;a con la dictadura, la descentralizaci&oacute;n es la norma: cada comisar&iacute;a de cada polic&iacute;a provincial puede hacer lo que precise o desee. Lo que no hay, afortunadamente, es un plan sistem&aacute;tico de represi&oacute;n ilegal, unificado por la orden del Estado nacional y reproducido por los estados provinciales. Esa diferencia sigue siendo crucial, seg&uacute;n indican los fallos judiciales por los distintos juicios a los represores del per&iacute;odo 1976-1983, que en eso es inigualado y, s&oacute;lo posiblemente, inigualable.
    </p><p class="article-text">
        	4. Posiblemente, a pesar de todo, <strong>la existencia de ese plan sistem&aacute;tico que la C&aacute;mara de Apelaciones declar&oacute; probado en 1985 y la Corte Suprema en 1986 sea el nudo de cualquier discusi&oacute;n, lo &uacute;nico inevitable, lo &uacute;nico indiscutible.</strong> La acci&oacute;n de los grupos guerrilleros entre 1959 &ndash;los Uturuncos&ndash; y 1979 &ndash;la Contraofensiva montonera&ndash; seguir&aacute; y deber&aacute; seguir siendo objeto de revisi&oacute;n, discusi&oacute;n, autocr&iacute;tica (as&iacute; como debieran serlo las torturas desde 1930, los bombardeos de 1955, los fusilamientos de 1921 y 1956, los secuestros desde 1962, la masacre de Trelew: la historia de la violencia en la Argentina, estatal o revolucionaria, burguesa o popular, es algo mucho, pero mucho m&aacute;s grave y complejo que una mera revisi&oacute;n de las &ldquo;v&iacute;ctimas del terrorismo&rdquo; y la necesidad de una &ldquo;memoria completa&rdquo;). Pero eso es ya objeto de historiadores, porque su conocimiento no puede modificar el presente y la vida cotidiana sino s&oacute;lo como, exactamente, eso: conocimiento. <strong>Los juicios a los represores, en cambio, significan a&uacute;n el castigo en presente de delitos con vigencia jur&iacute;dica: delitos de lesa humanidad. No se trata de una reivindicaci&oacute;n izquierdista ni de una falsa venganza: es el m&aacute;s estricto derecho liberal, consagrado judicialmente por jueces argentinos de distintas layas y pelajes.</strong> Los hechos cometidos por las guerrillas no constituyen violaciones a los derechos humanos, porque no los cometi&oacute; el Estado (tampoco el Estado libio o el cubano, no sean rid&iacute;culos), sino particulares. Desde Weber que esto est&aacute; en la base del derecho liberal. Como mucho, si hubieran sido acusados y probados ante un juez, ser&iacute;an cr&iacute;menes penales: hoy, son delitos prescriptos seg&uacute;n nuestras leyes. A Ceferino Reato, por ejemplo, que sostiene que la bomba en el comedor policial de 1976 fue un crimen de lesa humanidad, debemos recordarle que en los siguientes cuatro d&iacute;as del atentado aparecieron cuarenta y seis cuerpos ejecutados por balas, y que treinta personas m&aacute;s, todas ellas detenidas-desaparecidas en y por la Polic&iacute;a Federal, fueron ejecutadas y sus cuerpos dinamitados unos d&iacute;as despu&eacute;s en F&aacute;tima, en la Provincia de Buenos Aires, como represalia. Eso fue y es un crimen del Estado: la &ldquo;represalia&rdquo;, el &ldquo;castigo&rdquo;. Los jueces &ndash;no yo&ndash; han dicho que la bomba, en cambio, no lo fue, ni lo es, ni lo ser&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        	5. <strong>Posiblemente, aqu&iacute; radique uno de los errores mayores de estos cuarenta a&ntilde;os: una confusi&oacute;n conceptual. </strong>El impulso a los juicios contra los asesinos y torturadores que llev&oacute; adelante el kirchnerismo, con errores y demoras, pero con justicia, no fue una pol&iacute;tica de derechos humanos, sino de memoria, verdad y justicia &ndash;ejercidas como acto de reparaci&oacute;n de violaciones reales de los derechos humanos ocurridas en el pasado, pero no en el presente. Contempor&aacute;neamente continuaban, como dije, violaciones reales y policiales a los derechos humanos &ndash;para no hablar del derecho a la vivienda, la alimentaci&oacute;n, el trabajo, la salud, la educaci&oacute;n. Esa confusi&oacute;n conceptual sobre una pol&iacute;tica noble permiti&oacute; la reaparici&oacute;n reciente de estos dos latiguillos: la &ldquo;memoria completa&rdquo; de la se&ntilde;orita Villarruel y &ldquo;el curro de los derechos humanos&rdquo; del ni&ntilde;o Macri. No pienso evaluar otros pliegues de ese periplo &ndash;&iexcl;Jorge Julio L&oacute;pez! &ndash; pero esa confusi&oacute;n dej&oacute; un flanco abierto. No debi&oacute; ocurrir.
    </p><p class="article-text">
        	6. Posiblemente, porque tampoco hab&iacute;a un consenso tan un&aacute;nime sobre el &ldquo;Nunca m&aacute;s&rdquo;. El &eacute;xito reciente de <em>Argentina 1985</em> opac&oacute; las resistencias de cuarenta a&ntilde;os: la se&ntilde;orita Villarruel abre una cloaca que siempre estuvo alimentada por miserias de todo tipo. Los Yofre, los Reato, los Pando, los L&oacute;pez Murphy, los hablantes de &ldquo;hubo una guerra&rdquo;, no son un invento poskirchnerista: siempre estuvieron all&iacute;. Milei cita a Gramsci: &ldquo;hay que hacer lo mismo que hicieron ellos. Seguir los lineamientos de Antonio Gramsci, que es meterse en la cultura, en la educaci&oacute;n, en la comunicaci&oacute;n, que es lo que ellos hicieron&rdquo;. Bien: por eso han vuelto a salir de la cloaca. <strong>Presuntamente nosotros, &ldquo;los zurdos&rdquo;, &ldquo;los marxistas&rdquo;, hab&iacute;amos ganado una &ldquo;batalla cultural&rdquo; que inclu&iacute;a el consenso sobre las violaciones a los derechos humanos &ndash;un consenso de condena del terror del Estado contra su propia comunidad. Estas semanas parecen demostrar que nada fue tan &ldquo;ganada&rdquo;: ni la batalla ni la d&eacute;cada.</strong> (Esa cita de Gramsci viene de un art&iacute;culo publicado en esos a&ntilde;os en la Revista del C&iacute;rculo Militar Argentino, y era un argumento clave de la represi&oacute;n: hab&iacute;a que ejecutar a los &ldquo;c&oacute;mplices intelectuales&rdquo;, a los que &ldquo;pervert&iacute;an las mentes juveniles&rdquo;. La par&aacute;frasis de Milei anuncia la continuidad de un anti-intelectualismo criminal.)
    </p><p class="article-text">
        	7. Y sin embargo, posiblemente, si todas estas amenazas se concretan, &ldquo;frescas altas olas de c&oacute;lera, miedo y frustrado amor se alzar&aacute;n, poderosas vengativas olas&rdquo;. <strong>Un consenso no significa unanimidad: quiz&aacute;s precisamos comprobar si es mayoritario, si resiste nuevas y potentes provocaciones, o si, posiblemente, debe ser defendido en la calle.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/posiblemente-colera_129_10500001.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Sep 2023 03:02:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Posiblemente, la cólera]]></media:title>
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