<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Martín Méndez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/martin-mendez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Martín Méndez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1042062/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Autopsia de un almuerzo: el día que Carrascosa casi muere y cómo la realidad se vuelve ficción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/autopsia-almuerzo-dia-carrascosa-muere-realidad-vuelve-ficcion_1_9242188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/757e068b-8979-4f5b-a478-0e36737500ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x568y300.jpg" width="1200" height="675" alt="Autopsia de un almuerzo: el día que Carrascosa casi muere y cómo la realidad se vuelve ficción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los hechos reales son materia prima de la ficción. Martín Méndez, guionista de la serie María Marta, se anima a contar la cocina de cómo es el paso de la realidad a la ficción. A partir de su encuentro con Carlos Carrascosa cuando lo entrevistó para la serie sobre el asesinato de su esposa. Lo hace en formato de guion.</p><p class="subtitle">Cómo ver - María Marta García Belsunce: quién es quién en la serie que reconstruye el caso</p></div><p class="article-text">
        <strong>Viernes 18 de Enero de 2019.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>INT/EXT. AMBULANCIA / CALLES &ndash; D&Iacute;A</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una ambulancia se abre paso por las calles de Pilar. Las sirenas aturden y exasperan. El v&eacute;rtigo acelera las pulsaciones. Siempre que vi pasar una ambulancia a las chapas me preguntaba c&oacute;mo ser&iacute;a estar adentro de una. Bueno, ese momento lleg&oacute;. Estoy en un zamba encerrado. Podr&iacute;a vomitar, pero me aguanto, no soy la persona a la que trasladan. Yo apenas lo acompa&ntilde;o. El que va recostado en la camilla inconsciente, a los tumbos y con la camisa abierta es Carlos Carrascosa. S&iacute;, el mismo hombre acusado de asesinar a su esposa en el a&ntilde;o 2002. Condenado por eso. Absuelto muchos a&ntilde;os despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ruido de la sirena desde adentro, perturba.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5 HORAS ANTES.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>INT. RESTAURANTE &ndash; D&Iacute;A</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Vamos un tiempo m&aacute;s atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>INT. MI CASA &ndash; D&Iacute;A</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>1 A&Ntilde;O Y 3 MESES ANTES.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Noviembre de 2017.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mensaje de Whatsapp: <em>Hola Mart&iacute;n, soy Marcelo Tamburri de Turner. Me comunico con vos de parte de Tom&aacute;s Yankelevich, con quien s&eacute; que ven&iacute;s conversando. Indirectamente ya estuvimos ligados a trav&eacute;s de un episodio de &ldquo;Nafta S&uacute;per&rdquo;. Me gustar&iacute;a reunirme con vos para contarte una idea que queremos desarrollar</em>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; empezamos con Turner (hoy Warner Bros. Discovery) las charlas para llevar el caso de <strong>Mar&iacute;a Marta Garc&iacute;a Belsunce</strong> a una serie.&nbsp;Los hechos reales como materia prima para la ficci&oacute;n, no son algo nuevo para m&iacute;. Tuve la fortuna y alg&uacute;n m&eacute;rito de formar parte de varios equipos autorales que abordaron adaptaciones basadas en la realidad, pero sin dudas fue mi trabajo en &ldquo;Historia de un Clan&rdquo; (Telefe- Underground, 2015) el antecedente por el que me convocaron. Aquella era una serie basada en los secuestros y cr&iacute;menes que el Clan familiar Puccio perpetr&oacute; en los a&ntilde;os 80 y tuvo una recepci&oacute;n notable en el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/abcee819-d4e5-42d9-b355-aa784f9f097a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/abcee819-d4e5-42d9-b355-aa784f9f097a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/abcee819-d4e5-42d9-b355-aa784f9f097a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/abcee819-d4e5-42d9-b355-aa784f9f097a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/abcee819-d4e5-42d9-b355-aa784f9f097a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/abcee819-d4e5-42d9-b355-aa784f9f097a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/abcee819-d4e5-42d9-b355-aa784f9f097a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Llega &quot;María Marta, el crimen del country&quot;, la serie de ocho capítulos que reconstruye uno de los casos policiales más emblemáticos de la Argentina"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Llega &quot;María Marta, el crimen del country&quot;, la serie de ocho capítulos que reconstruye uno de los casos policiales más emblemáticos de la Argentina                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Un evento hist&oacute;rico como punto de partida para construir un relato de ficci&oacute;n puede ser una ventaja, en este caso &ldquo;la hoja en blanco&rdquo; pesa menos, no abruma porque las im&aacute;genes ya existen, las hered&aacute;s de los hechos; pero eso tambi&eacute;n se puede volver una dificultad: algo que ya pas&oacute; te acota, te genera l&iacute;mites y te levanta muros a la hora de hilvanar un relato. Y en ese sentido, nadie a mi entender expres&oacute; mejor que &ndash;de pie por favor- Alan Moore lo que significa adaptar un hecho real. En &ldquo;From Hell&rdquo; (Ed. Planeta &ndash; DeAgostini), posiblemente una de las mejores novelas gr&aacute;ficas jam&aacute;s escritas, publicada originalmente en forma de serial de 1989 a 1998 Moore relata la historia del infame Jack el Destripador. El relato est&aacute; ambientado en una ciudad de Londres s&oacute;rdida y terror&iacute;fica, durante los asesinatos de Whitechapel a finales de la era victoriana especulando sobre la identidad y los motivos del ic&oacute;nico asesino serial. Moore nos presenta su propia obra escribiendo un pr&oacute;logo donde se&ntilde;ala que esa historia que vamos a leer es la autopsia de un hecho hist&oacute;rico, en la que us&oacute; la ficci&oacute;n como escalpelo. Luego indaga m&aacute;s en su propia met&aacute;fora y afirma que &ldquo;si se puede diseccionar algo con la suficiente profundidad &ndash;con incisiones precisas, persistentes y met&oacute;dicas- entonces se podr&aacute; revelar no solo el funcionamiento interno de ese algo sino, tambi&eacute;n, el significado que se oculta tras dicho funcionamiento&rdquo;. Y finalmente concluye: &ldquo;Pero esto no es historia. Es ficci&oacute;n. Aunque el asunto entra&ntilde;a en s&iacute; mismo un notable enigma de car&aacute;cter hist&oacute;rico, mi prop&oacute;sito es quitarle el &eacute;nfasis al &rdquo;Qui&eacute;n lo hizo?&ldquo; para trasladarlo al &rdquo;&iquest;Qu&eacute; ocurri&oacute;?&ldquo;&rdquo;. Que Moore hable de un hecho hist&oacute;rico como algo terminado, sin vida, es brillante. Literalmente diseccionar los eventos, acotando las l&iacute;neas temporales, los recorridos de los personajes que hacen a esa historia para despu&eacute;s organizar todo en una estructura narrativa o un esquema actancial es una ilustraci&oacute;n precisa de este trabajo en donde uno termina sinti&eacute;ndose mitad autor y mitad forense. Y por supuesto, siempre hay lugar para imprimir la impronta personal, es cuesti&oacute;n de ingeni&aacute;rselas. Y vuelvo a citar a Moore, porque &ldquo;naturalmente conviene recordar que toda historia es, hasta cierto punto, ficci&oacute;n; que la verdad no puede ser enunciada con propiedad una vez que los cuerpos se han enfriado&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                                        <!--[if IE 9]>
                    <video style="display: none;"><![endif]-->
                    <source
                            type="image/"
                            srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd4d2f6-f9c8-438a-bc7f-8435ca6c674e_16-9-aspect-ratio_default_0."
                    >
                    <!--[if IE 9]></video><![endif]-->
                                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ecd4d2f6-f9c8-438a-bc7f-8435ca6c674e_16-9-aspect-ratio_default_0."
                    alt="&quot;María Marta: el crimen del country&quot;: HBO estrenará un capítulo por semana cada domingo."
                >
            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &quot;María Marta: el crimen del country&quot;: HBO estrenará un capítulo por semana cada domingo.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y agarro la posta del concepto; porque &ldquo;el cad&aacute;ver habla&rdquo;, reza un dogma de la Criminal&iacute;stica, y en este caso, el cuerpo de Mar&iacute;a Marta Garc&iacute;a Belsunce dej&oacute; de &ldquo;hablar&rdquo; hace casi veinte a&ntilde;os, aunque en su momento, los que &ldquo;hablaron&rdquo; lo suficiente fueron los medios de comunicaci&oacute;n. En el a&ntilde;o 2002 yo ten&iacute;a 25 a&ntilde;os y hac&iacute;a rato que intentaba ganarme la vida en este oficio. Recuerdo la cobertura medi&aacute;tica descomunal que tuvo el crimen, los giros en la causa, el morbo de la opini&oacute;n p&uacute;blica, &ldquo;el pituto&rdquo;, la poca empat&iacute;a que generaban Carrascosa y la familia en general. Recuerdo haber comprado &ldquo;el relato&rdquo; que vend&iacute;a la tinta impresa en las tapas de los diarios m&aacute;s importantes del pa&iacute;s. Dicen que el caso tuvo m&aacute;s portadas que el juicio de 1985 a las juntas de la dictadura militar. En una Argentina azotada por una de sus tantas crisis, &ldquo;Corralito&rdquo; mediante, los medios operaban para que se hablara de otra cosa, y por supuesto, la gente necesitaba leer o ver que hab&iacute;a otros que la pasaban peor que uno, y mejor si eran gente adinerada, concheta y antip&aacute;tica; que se jodan.
    </p><p class="article-text">
        Esa era m&aacute;s o menos la coyuntura y lo que recordaba cuando esta historia lleg&oacute; a m&iacute;. Los pormenores del caso aspiran a estar plasmados en la serie &ldquo;Mar&iacute;a Marta, el crimen del country&rdquo;, que ya se puede ver en la plataforma HBO Max, dirigida por Daniela Goggi, con un elenco de lujo y un Carrascosa encarnado magistralmente por Jorge Marrale.
    </p><p class="article-text">
        Quiero hacer un viaje creativo que me permita liberar la intuici&oacute;n, y hacerme cargo de cada decisi&oacute;n. Germ&aacute;n Loza me va a acompa&ntilde;ar como guionista en colaboraci&oacute;n, un tipo talentoso, riguroso y con la confianza necesaria para decirme si alg&uacute;n camino que estoy tomando est&aacute; errado, o si es una reverenda bosta. A la empresa le pido que me asigne a una persona para investigar, para resumir los expedientes que yo no llegue a leer, que me produzca entrevistas y que encuentre lo que no hay. Daniel Amoreo, periodista y hermano de la vida. A este muchacho le puedo pedir cualquier cosa, lo necesito a bordo. Vanina Spadoni, del equipo de Tamburri, asignada a supervisar el contenido de la serie, va a terminar siendo una aliada incondicional, otro ojo cr&iacute;tico, criterioso y obsesivo de cada paso que doy. Pido que me faciliten el acceso directo a los protagonistas del caso. Todo me lo dan, entonces no tengo excusas, no me puede salir mal, me tengo que poner a trabajar. Mientras me documento, devoro libros y expedientes, navego en <em>Youtube</em> y miro material de archivo, en paralelo, organizo la agenda para charlar con las personas a las que me dan acceso: los hermanos y hermanas de Mar&iacute;a Marta, sus grandes amigas, abogados y fiscales que han pasado y a&uacute;n transitan la causa, periodistas allegados al caso y por supuesto al hombre que ha tenido todos los reflectores apuntados desde que todo comenz&oacute;: Carlos Carrascosa. Para hablar con &eacute;l, hay que pasar por Jorgelina, su confidente y apoderada. Jorgelina y Mal&uacute; son dos mujeres que llegaron al c&iacute;rculo del viudo cuando &eacute;ste estaba preso en el penal de Campana. Sin ning&uacute;n inter&eacute;s de por medio y con una fuerte vocaci&oacute;n por la investigaci&oacute;n, idearon e hicieron un blog sobre el caso (<a href="https://casobelsunce.blogspot.com/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">casobelsunce.blogspot.com</a>) volcando los expedientes y organizando mucho material audiovisual y de prensa. Estas dos mujeres posiblemente le hayan salvado la vida a Carrascosa, le dieron esperanzas de libertad a&uacute;n cuando su sentencia a pasar el resto de su vida en la c&aacute;rcel, parec&iacute;a irrevocable.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2a1c2536-12f2-4cec-9467-be69e001bed2_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2a1c2536-12f2-4cec-9467-be69e001bed2_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2a1c2536-12f2-4cec-9467-be69e001bed2_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2a1c2536-12f2-4cec-9467-be69e001bed2_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2a1c2536-12f2-4cec-9467-be69e001bed2_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2a1c2536-12f2-4cec-9467-be69e001bed2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2a1c2536-12f2-4cec-9467-be69e001bed2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Carlos Carrascosa y María Marta García Belsunce"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Carlos Carrascosa y María Marta García Belsunce                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Mis primeros encuentros con Carrascosa fueron cordiales y concurridos. Jorgelina, Mal&uacute;, autoridades y productores de la empresa. De mi parte, muchas preguntas sobre el caso y su raid judicial. Un d&iacute;a con un equipo de realizaci&oacute;n hicimos un recorrido por la tristemente c&eacute;lebre casa del country Carmel, donde ocurrieron los hechos. Carrascosa contaba su historia una vez m&aacute;s, como lo hizo tantas veces en declaraciones testimoniales e indagatorias, con lujo de detalles, como lo hizo frente a periodistas, jueces, fiscales, polic&iacute;as; con toda su paciencia estoica, pero esta vez su interlocutor soy yo, su relato me apunta con su mirada. Recorro cada recoveco de la casa, planta baja, alta, cocina, jard&iacute;n, el pozo s&eacute;ptico donde se encontr&oacute; el famoso &ldquo;pituto&rdquo;; escucho a Carrascosa mientras estoy adentro del claustrof&oacute;bico ba&ntilde;o donde a Mar&iacute;a Marta le arrebataron la vida. Recorro en auto el country, los caminos desde la entrada hasta la casa, mido algunos tiempos del recorrido con cron&oacute;metro porque por un momento me creo que soy un detective, y quiero visualizar todo antes de plasmarlo en el guion. Advierto el revoleo de ojos de un vecino cuando lo ve a Carrascosa conmigo y un camar&oacute;grafo que nos sigue. Leo esa mirada inc&oacute;moda y hastiada de ese socio del Carmel: &ldquo;otra vez... &iquest;hasta cu&aacute;ndo esta gente, hasta cu&aacute;ndo este caso?&rdquo; - debe pensar. Y yo mientras tanto, genero un v&iacute;nculo con &eacute;l. Tengo claro que no lo quiero juzgar, no me interesa, no estoy para eso. Quiero desentra&ntilde;ar la historia y contarla de forma honesta. Me quiero creer un rato que puedo vestirme de Capote, de Mailer, Walsh, Soriano, Chandler, Pizzolatto o de Briante, pero no me tengo que olvidar que soy Mart&iacute;n M&eacute;ndez de Almagro, no me sobra absolutamente nada. En esta jornada de visita al country me pasa algo curioso. Ese mismo d&iacute;a se estrena la obra de teatro de fin de a&ntilde;o de mi hijo menor, que por ese entonces termina el jard&iacute;n en un colegio de Boedo. Casi como una sentencia me condenaron a ser director de la obra, la cual se ensay&oacute; m&aacute;s que una &oacute;pera que se estrena en el teatro Real de Versalles. El elenco multitudinario de papis y mamis fue demandante, pero nos divertimos. Me sale caro porque me pierdo el estreno y sobre todo la cara de felicidad de mi hijo, pero no hay otra opci&oacute;n para visitar el country Carmel otro d&iacute;a, Carrascosa est&aacute; vendiendo su casa y posiblemente no vamos a tener la chance de invadirla de esa manera otra vez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e2b12-9fd4-4fe6-9524-f31930b99dc8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e2b12-9fd4-4fe6-9524-f31930b99dc8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e2b12-9fd4-4fe6-9524-f31930b99dc8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e2b12-9fd4-4fe6-9524-f31930b99dc8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e2b12-9fd4-4fe6-9524-f31930b99dc8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e2b12-9fd4-4fe6-9524-f31930b99dc8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/384e2b12-9fd4-4fe6-9524-f31930b99dc8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Laura Novoa durante el rodaje de María Marta, el crimen del country"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Laura Novoa durante el rodaje de María Marta, el crimen del country                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &Eacute;l ya es un hombre mayor, 75 a&ntilde;os. Ese d&iacute;a tenemos la chance de tener momentos a solas, parates, descansos, alg&uacute;n caf&eacute;. Intercambiamos tel&eacute;fonos. Me cuenta que est&aacute; escribiendo un libro de sus memorias. Es un tipo que revisa su pasado, su presente, y entiende que el tiempo es un bien cada vez m&aacute;s preciado, que no le sobra. Al tiempo, empezamos a cruzarnos audios de WhatsApp. Cuando tengo una duda sobre fechas, detalles, resoluciones judiciales o simplemente sobre asuntos que desconozco, como el funcionamiento de la comisi&oacute;n directiva de un country, un bot&oacute;n de p&aacute;nico en la celda instalado cuando &eacute;l comenz&oacute; con problemas de salud, alg&uacute;n detalle sobre el mundo burs&aacute;til, cualquier cosa, as&iacute; sea trivial, le pregunto y al rato tengo un audio con respuestas precisas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta que siento que ya es un buen momento para el mano a mano. Para escribir a un personaje tan complejo como Carrascosa, necesito escarbarlo, radiografiarlo emocionalmente. Tengo la posibilidad, no lo puedo desaprovechar. Quiero entender c&oacute;mo piensa, c&oacute;mo habla, quiero saber de su vida antes del crimen de su esposa, quiero saber cu&aacute;les eran los sue&ntilde;os que ten&iacute;a y no pudo cumplir a causa de esto. No quiero hablar del caso, quiero que me hable de &eacute;l. La producci&oacute;n ya est&aacute; al tanto y tengo luz verde. Y &eacute;l me da v&iacute;a libre, entiendo que su entorno tambi&eacute;n aprueba el encuentro. All&aacute; vamos.
    </p><p class="article-text">
        Pautamos un almuerzo en el Paseo Champagnat, en Pilar, un regio y peque&ntilde;o shopping donde la gente de la zona, plagada de countries y barrios privados, puede ir al supermercado, comprar ropa, helado, palos de golf y disfrutar de la gastronom&iacute;a de restaurantes y algunas franquicias conocidas. Carrascosa ese d&iacute;a iba a pasar por el Carmel a visitar al amigo que le alquila su casa, pr&oacute;xima a venderse. Yo vengo en mi auto desde Caballito.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f6f184e4-8ef5-4315-8240-0ffec20b9aa4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f6f184e4-8ef5-4315-8240-0ffec20b9aa4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f6f184e4-8ef5-4315-8240-0ffec20b9aa4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f6f184e4-8ef5-4315-8240-0ffec20b9aa4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f6f184e4-8ef5-4315-8240-0ffec20b9aa4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f6f184e4-8ef5-4315-8240-0ffec20b9aa4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f6f184e4-8ef5-4315-8240-0ffec20b9aa4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ficción y no-ficción: Carlos Carrascosa y el actor Jorge Marrale que lo interpreta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ficción y no-ficción: Carlos Carrascosa y el actor Jorge Marrale que lo interpreta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>5 HORAS ANTES.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>INT. RESTAURANTE &ndash; D&Iacute;A</strong>
    </p><p class="article-text">
        Carrascosa me cita al mediod&iacute;a. Soy puntual. Cuando llego al rest&oacute; no hay casi nadie. Alguien ya est&aacute; sentado en una mesa al fondo y me levanta la mano. Es &eacute;l. Por un instante juego a que estoy en un episodio de &ldquo;Mindhunter&rdquo;, la genial serie creada por Joe Penhall, producida y dirigida por &ndash;de pie por favor- David Fincher. En esa serie, a finales de los a&ntilde;os 70, dos agentes del FBI, pioneros totales, se re&uacute;nen con asesinos encarcelados para trazar sus perfiles psicol&oacute;gicos y estudiar el modus operandi de un &ldquo;serial killer&rdquo;, concepto virgen hasta ese momento. Y tambi&eacute;n resuelven casos. Cada encuentro de esos es un partido de ajedrez, un estudio minucioso de las palabras, de intenciones y conductas gestuales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carrascosa tiene un sobrepeso importante, los dedos y el bigote amarillento, todos los resabios de un fumador longevo, la piel con ros&aacute;cea, propia de un hipertenso. Un f&iacute;sico castigado por la vida y el encierro.&nbsp;Sus canas albinas me encandilan cuando le pega un rayo de sol y sus ojos claros se esconden en las arrugas de los p&oacute;mulos y el entrecejo. Hoy la arquitectura de esa mirada es la de alguien que no mide cada gesto o palabra porque no se cuida de la lupa de un fiscal, de un tribunal, o de un periodista. El apodo que el fiscal Diego Molina Pico le puso a Carrascosa&nbsp;en su momento fue &ldquo;Amianto&rdquo;, por su carcaza dura e inexpresiva. Hoy pareciera no caberle ese alias, al menos no a la persona que tengo enfrente.
    </p><p class="article-text">
        Dos empanadas fritas de roquefort y una copa de vino, pide Carrascosa. No ten&iacute;a pensado tomar alcohol al mediod&iacute;a, pero la combinaci&oacute;n me tienta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Lo mismo para m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El mozo tiene un par de a&ntilde;os m&aacute;s que yo, y parece haber estado chusmeando con la mujer de la caja. Sin dudas reconoce a Carrascosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me habilita a grabar la charla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -A m&iacute; me salv&oacute;, fundamentalmente, que siempre tuve buen humor. Y el humor te saca. Adem&aacute;s tuve una vida muy linda y cargu&eacute; pilas cuando me toc&oacute; lo peor. Ahora estoy descargando lo que cargu&eacute; durante muchos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa es la respuesta a mi simple &ldquo;&iquest;c&oacute;mo est&aacute;s?&rdquo;.&nbsp;Carrascosa me cuenta que est&aacute; cansado, literal y espiritualmente, vivi&oacute; dos vidas y est&aacute; claro cu&aacute;l fue el evento que lo cambi&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        -Los duelos tienen varios estados, primero dolor, la culpa&hellip; hay uno que es la negaci&oacute;n. A m&iacute; me dur&oacute; un mont&oacute;n la negaci&oacute;n, no quer&iacute;a saber nada, no pod&iacute;a creer lo que me hab&iacute;a pasado, que Mar&iacute;a hab&iacute;a muerto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiero saber de su vida, la que no fue p&uacute;blica, la que no estuvo contada en diarios, ni cegada por flashes de c&aacute;maras, ni privada de su libertad. Esa que vivi&oacute; para &eacute;l, y para ella.
    </p><p class="article-text">
        -A Mar&iacute;a Marta la conoc&iacute; cuando ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, ella ten&iacute;a diez u once. Hab&iacute;a una familia de cuatro hermanos, de los cuales yo era amigo del mayor; y Mar&iacute;a Marta era amiga de la menor. Y eran de esas casas a las que &iacute;bamos todos a estudiar. Ah&iacute; la conoc&iacute;, yo ten&iacute;a diecisiete, dieciocho, estaba en otra. Pas&oacute; el tiempo, y me voy a navegar. Porque me tocaron dos a&ntilde;os de Marina, en la colimba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carrascosa, h&aacute;bil y r&aacute;pido para los negocios, ya lo era de joven porque tambi&eacute;n supo sacarle provecho a aquella experiencia. Sin dudas ten&iacute;a pasta de b<em>on vivant.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/229bd84d-a9f9-436b-88ae-caf73dc25e59_source-aspect-ratio_50p_0_x396y345.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/229bd84d-a9f9-436b-88ae-caf73dc25e59_source-aspect-ratio_50p_0_x396y345.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/229bd84d-a9f9-436b-88ae-caf73dc25e59_source-aspect-ratio_75p_0_x396y345.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/229bd84d-a9f9-436b-88ae-caf73dc25e59_source-aspect-ratio_75p_0_x396y345.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/229bd84d-a9f9-436b-88ae-caf73dc25e59_source-aspect-ratio_default_0_x396y345.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/229bd84d-a9f9-436b-88ae-caf73dc25e59_source-aspect-ratio_default_0_x396y345.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/229bd84d-a9f9-436b-88ae-caf73dc25e59_source-aspect-ratio_default_0_x396y345.jpg"
                    alt="Marrale como Carlos Carrascosa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Marrale como Carlos Carrascosa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        -En vez de dos a&ntilde;os, hago tres y tengo un t&iacute;tulo de Marino Mercante y un a&ntilde;o y medio viajo por el mundo. Siempre hice la ruta del Mediterr&aacute;neo y Mar del Norte. Eran viajes de ciento veinte d&iacute;as, lo que hoy son treinta y cinco. Arriba del barco son 8 horas de trabajo, es muy parecido a lo que es la c&aacute;rcel y la camarader&iacute;a. Adem&aacute;s pensabas en el bagayo que ibas a comprar para revender, hac&iacute;amos contrabando&hellip; todo. En el Puerto, viv&iacute;s en el barco. Est&aacute;s tres d&iacute;as y ten&eacute;s un d&iacute;a de guardia por dos libres&hellip; esos dos libres te tom&aacute;s un tren y est&aacute;s enseguida en Rotterdam o te vas tres d&iacute;as a Par&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l s&oacute;lo, sin que yo le pregunte, me lleva a la pr&oacute;xima parada: ella.
    </p><p class="article-text">
        -En uno de los per&iacute;odos en tierra, ac&aacute; en Buenos Aires, me la encuentro a Mar&iacute;a Marta y estaba de novia con un chico de la barra nuestra. Ah&iacute; qued&oacute;. Ella ten&iacute;a carita de beba, 16 a&ntilde;os, ten&iacute;a. Me voy de viaje y vuelvo en abril del &rsquo;70. Y un amigo m&iacute;o me program&oacute;&hellip;sale con su novia, me dice que vaya, que le iba a decir a Mar&iacute;a Marta. Y ah&iacute; la reencontr&eacute;. Salimos, todo bien. Algo me hab&iacute;a gustado porque la invit&eacute; a salir al d&iacute;a siguiente. Hasta que llegamos al 30 de abril, que yo me hab&iacute;a ido a Misiones con un amigo, y volvimos a los pedos porque otro amigo hab&iacute;a organizado un asado el 1&deg; de mayo, en un campito que queda por ac&aacute; nom&aacute;s. Y yo le hab&iacute;a dicho a Mar&iacute;a Marta de ir juntos, as&iacute; que volvimos a los pedos. Pasamos el d&iacute;a ah&iacute;, y a la noche, cuando vuelvo, la acompa&ntilde;o a la casa y le digo: &iquest;no ten&eacute;s ganas de ir a bailar? Cambiate y te espero. Baj&oacute;, se cambi&oacute; y nos fuimos a <em>Happening</em> &ndash; calle Pacheco de Melo, entre Callao y Ayacucho-. Ah&iacute; fue, el 2 de mayo, el primer beso, lo que en ese momento se consideraba el inicio de una relaci&oacute;n. Al mes, le ped&iacute; casamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carrascosa sonr&iacute;e y su gesto se ilumina por primera vez desde que estamos sentados. Me cuenta que Mar&iacute;a Marta se asust&oacute; bastante por lo s&uacute;bito de la propuesta, y se tom&oacute; tres meses hasta que le dio el s&iacute;. As&iacute; arrancaron a compartir sus vidas y adem&aacute;s de comer perdices, porque las pod&iacute;an pagar, trabajaron juntos, y viajaron por todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Trabajamos juntos veintis&eacute;is a&ntilde;os, viajamos solos siempre, no nos aburr&iacute;amos, ten&iacute;amos de qu&eacute; charlar, habl&aacute;bamos todo. Nunca nos levantamos la voz. Pero si se enojaba, Mar&iacute;a Marta no te levantaba la voz, te met&iacute;a la palabra justa que te hund&iacute;a. Se pod&iacute;a calentar, pero no a los gritos. Yo sab&iacute;a mis tareas, a la ma&ntilde;ana le llevaba el caf&eacute; a la cama. Ella ni me lo ped&iacute;a, era de las personas que necesitaba media hora para despertarse. Antes, mejor que no le hablaras porque estaba de mal humor. Hay que saber manejar a una taurina, no es f&aacute;cil. Si ella te dice algo, nunca le digas &ldquo;no&rdquo; de entrada&hellip; ten&eacute;s que darle toda la vuelta y en alg&uacute;n momento puede ser que cambie algo, si vos ten&eacute;s raz&oacute;n. Te va a entender, pero hay que buscarle la vuelta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Por qu&eacute; no tuvieron hijos?
    </p><p class="article-text">
        -No fue un acuerdo. Yo soy est&eacute;ril.
    </p><p class="article-text">
        Silencio. Pero ya me met&iacute; en el barro, y sigo:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Pero pod&iacute;an adoptar y no lo hicieron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Hubo varios momentos. Un momento fue cuando se enferm&oacute; el chiquito de Mar&iacute;a Laura &ndash;hermana de Mar&iacute;a Marta-. La muerte de Santiaguito fue muy dura y lo sufrimos mucho. No nos alent&oacute; para adoptar. Despu&eacute;s quise yo y ella no quiso. Despu&eacute;s quiso ella y yo no quise, porque ya &eacute;ramos grandes. Despu&eacute;s hubo otro caso que nos pas&oacute;, cuando &eacute;ramos m&aacute;s grandes. Tenemos unos amigos, que fueron los que nos trajeron a Pilar, que era un matrimonio como nosotros, no ten&iacute;an hijos y se llevaban b&aacute;rbaro&hellip;de golpe, adoptaron dos chicos. Y se les arm&oacute; un quilombo matrimonial, y pasaron a ser un desastre. Y nosotros lo vimos de afuera. Era una vidriera que no nos gust&oacute; tampoco. No ten&iacute;a que ser.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Voy elipsando un poco la charla, y hay un tema que no quiero eludir y tiene que ver con un accidente que sufri&oacute; la madre de Carrascosa. Lo coment&oacute; al pasar en alguna de las charlas previas que compartimos, pero sin demasiados detalles. Para m&iacute; es revelador, figura en la causa judicial y en su momento ning&uacute;n medio lo levant&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        -Yo con mi madre ten&iacute;a una relaci&oacute;n excelente. Era el mimado, el m&aacute;s chiquito. &Eacute;ramos tres hermanos. Mi hermano muri&oacute; antes de los setenta. Pap&aacute; muri&oacute; a los 69 o 70. De todos los varones Carrascosa, el &uacute;nico que pas&oacute; los 70 soy yo. Todos murieron de un bobazo. La vieja tomaba una pastilla para dormir. Quiz&aacute;s le dejaba de hacer efecto y a las 5 de la ma&ntilde;ana se despertaba. Iba a un roperito que ten&iacute;a al lado, donde ten&iacute;a una botella de moscato. Y en ayunas, 4 o 5 de la ma&ntilde;ana, se tomaba dos copitas de moscato, con lo cual quedaba con un pedo padre, con ochenta a&ntilde;os. La llamabas por tel&eacute;fono y no pod&iacute;a ni hablar. Despu&eacute;s de ese moscato, quiso entrar al ba&ntilde;o, se tropez&oacute;, se fue hacia delante y peg&oacute; la frente contra el lavatorio. La operaron, un co&aacute;gulo, pero nunca qued&oacute; normal. Al tiempo falleci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        No le quiero entrar al caso, pero no lo puedo evitar. Para Carrascosa un accidente en un ba&ntilde;o era algo posible, probable y lamentablemente normal. Si nada m&aacute;s y nada menos que su madre muri&oacute; as&iacute;. A &eacute;l lo acusaron de instalar la hip&oacute;tesis del accidente de su esposa, cuando ning&uacute;n m&eacute;dico que se hizo presente aquel d&iacute;a fatal detect&oacute; la presencia de disparos en el cuerpo, y ni siquiera los forenses pudieron confirmarlos en una autopsia hasta que licuaron la masa encef&aacute;lica y cayeron los proyectiles en una bandeja de plata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya me com&iacute; las dos empanadas de roque. Carrascosa ninguna. No tiene tiempo. &Eacute;l habla, yo escucho. Me comer&iacute;a una docena m&aacute;s. Decido cambiar un poco de tema.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo es hoy tu situaci&oacute;n econ&oacute;mica?
    </p><p class="article-text">
        -No me sobra nada, estoy con lo justo, nada m&aacute;s que cobrando alquileres. Yo vend&iacute; mi acci&oacute;n cuando val&iacute;a dos palos verdes. Y despu&eacute;s fui moviendo, compr&eacute; propiedades. Era la acci&oacute;n de la Bolsa. Para ser agente de Bolsa necesitas una acci&oacute;n del Mercado de Valores (Merval); esa acci&oacute;n en ese momento en el Merval sal&iacute;a dos millones de d&oacute;lares. Y la vend&iacute; y los cobr&eacute;, cash, una transferencia, en dos minutos. Era la &eacute;poca del corralito, todo el mundo guardaba la plata en la casa, pero la m&iacute;a estaba en la cuenta, y sobre todo en propiedades&hellip;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d4d96ce-64b4-4d9f-bcfc-bd976b8ba26a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d4d96ce-64b4-4d9f-bcfc-bd976b8ba26a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d4d96ce-64b4-4d9f-bcfc-bd976b8ba26a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d4d96ce-64b4-4d9f-bcfc-bd976b8ba26a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d4d96ce-64b4-4d9f-bcfc-bd976b8ba26a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d4d96ce-64b4-4d9f-bcfc-bd976b8ba26a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2d4d96ce-64b4-4d9f-bcfc-bd976b8ba26a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Carlos Belloso encarna a Horacio García Belsunce, el hermano de María Marta."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Carlos Belloso encarna a Horacio García Belsunce, el hermano de María Marta.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Aclaremos; en aquel momento, 2002, a casi un a&ntilde;o de las medidas del ministro de econom&iacute;a Domingo Cavallo, solamente el que ten&iacute;a dinero se pod&iacute;a plantear c&oacute;mo y d&oacute;nde guardarlo. Pero entiendo que el <em>statu quo </em>de los socios del Carmel hiciera que para Carrascosa &ldquo;todo el mundo&rdquo; se remitiera a sus conocidos y a la frontera delimitada por las hect&aacute;reas del country. Aunque ese no es el dato relevante: la hip&oacute;tesis del crimen que hoy se ve como la m&aacute;s s&oacute;lida es que se corr&iacute;a el rumor de que la pareja guardaba mucho dinero en efectivo en su casa, y por eso entraron a robarla; entonces Mar&iacute;a Marta volvi&oacute; de forma inesperada a su hogar -por un partido de tenis suspendido por lluvia- y encontr&oacute; a los ladrones con las manos en la masa. Supuestamente los conoc&iacute;a y lo pag&oacute; con su vida.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Hay un d&iacute;a que no pienses en lo que pas&oacute;?
    </p><p class="article-text">
        -Es dif&iacute;cil. No en el hecho en s&iacute;, sino en algo referente a... Por alg&uacute;n motivo, porque te llama uno, el otro, porque hablaste con &eacute;ste, o le&iacute;ste una noticia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Y en el futuro cercano&hellip; &iquest;qu&eacute; objetivo ten&eacute;s?
    </p><p class="article-text">
        -Saber qui&eacute;n la mat&oacute;, principalmente. Y el juicio al Estado una vez que est&eacute; firme mi absoluci&oacute;n, que ahora est&aacute; en primera instancia y no tiene firmeza, porque el fiscal apel&oacute;, entonces me evita el juicio al Estado y al fiscal que me acus&oacute;. As&iacute; como estoy ahora, no le puedo hacer juicio a nadie. De todas formas ahora s&eacute; d&oacute;nde estoy, s&eacute; para d&oacute;nde ir&hellip; como dice la canci&oacute;n de Serrat: &lsquo;<em>Bienaventurados los que est&aacute;n en el fondo del pozo, porque de ah&iacute; en adelante s&oacute;lo cabe ir mejorando</em>&rsquo;, ir subiendo...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablamos del tiempo que estuvo en la sombra. Carrascosa estuvo cinco a&ntilde;os y medio en la c&aacute;rcel y 2 a&ntilde;os en prisi&oacute;n domiciliaria. Me deja contrariado cuando me dice que la c&aacute;rcel le dio un poco de seguridad y lo sac&oacute; de la incertidumbre que era vivir devorado por los embates del sistema judicial y por el escarnio p&uacute;blico al que lo somet&iacute;an los medios.
    </p><p class="article-text">
        La Unidad 41 del complejo penitenciario de Campana fue inaugurada en 2006. Carrascosa lleg&oacute; en el 2009 a esta prisi&oacute;n reci&eacute;n estrenada y pudo arreglar para estar en un pabell&oacute;n tranquilo, aunque no se olvida que a m&aacute;s de uno le brillaron los ojos cuando lo vieron entrar. El preso vale lo que le pueden sacar, es as&iacute;. Ni lerdo ni perezoso, Carrascosa se gan&oacute; la simpat&iacute;a del pabell&oacute;n cuando compr&oacute; un freezer y un buen televisor para el uso com&uacute;n. Comparti&oacute; al comienzo una celda con cinco compa&ntilde;eros, hasta que pudo ubicarse en una individual. Aprendi&oacute; a moverse, a relacionarse, y tambi&eacute;n a decir que no. Me cuenta que un pucho no se le niega a nadie, pero cuando le ped&iacute;an dos &eacute;l se rehusaba a convidarlo. Es para San La Muerte a quien le ofrendan ese segundo cigarrillo que no se fuman. Carrascosa asegura que lo ayud&oacute; mucho haber sido marino mercante, porque todos los presos tienen un mismo horizonte, la libertad, de igual manera que una tripulaci&oacute;n a&ntilde;ora llegar a tierra firme.
    </p><p class="article-text">
        Le toc&oacute; ver cosas duras ah&iacute; adentro, y de eso prefiere no hablar. El mes antes de salir en libertad vio morir a cuatro compa&ntilde;eros en trifulcas y vendettas. Supo encontrar un pasatiempo haciendo un programa radial interno por la ma&ntilde;ana, y por la tarde hac&iacute;a escritos para los presos que no ten&iacute;an abogado privado ni p&uacute;blico. Los guardias le remarcaban lo curioso que les resultaba que lo fueran a visitar los hermanos, los primos, los amigos y los sobrinos de la mujer cuya muerte lo hab&iacute;a depositado ah&iacute;. Era algo singular.
    </p><p class="article-text">
        Le pregunto por las visitas &iacute;ntimas o higi&eacute;nicas, si las tuvo. Me cuenta que hay un tipo de mujer que tiene fascinaci&oacute;n por los presos. Eso tiene un nombre: hibristofilia, que es b&aacute;sicamente la atracci&oacute;n sexual por gente peligrosa, un concepto acu&ntilde;ado por el psic&oacute;logo John Money. Carrascosa me da su particular visi&oacute;n sobre el tema.
    </p><p class="article-text">
        -Hoy en d&iacute;a los hombres no las escuchan a las mujeres y el preso est&aacute; al pedo y la llama cada quince minutos, le pregunta&hellip; tiene tiempo de escucharla. El interno est&aacute; tranquilo en cana y la mujer afuera con sus problemas, s&oacute;lo pasa por saber escuchar.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo fue relacionarse con una mujer despu&eacute;s de Mar&iacute;a Marta?
    </p><p class="article-text">
        -Tuve un noviazgo cortito, bastantes a&ntilde;os despu&eacute;s de lo que pas&oacute;, y te digo una casualidad, esa persona naci&oacute; el mismo d&iacute;a que Mar&iacute;a, el 24 de abril, son taurinas. Y tuve algunos encuentros m&aacute;s, pero todas se terminaron yendo porque yo quer&iacute;a ser amigo y ellas quer&iacute;an ser mi Mar&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conversamos mucho, abarcamos la ni&ntilde;ez, sus amistades, sac&oacute; algunos trapitos familiares al sol, y tambi&eacute;n se puso indiscreto compartiendo chismes y an&eacute;cdotas de alg&uacute;n preso famoso con el que comparti&oacute; estad&iacute;a. No se olvida de la gente que estuvo cuando lo necesit&oacute;, y tampoco de los que se borraron en su peor momento. Recuerda con much&iacute;sima pena la muerte de su concu&ntilde;ado Guillermo B&aacute;rtoli, el esposo de Irene Hurtig, hermana de Mar&iacute;a Marta, a quien consideraba adem&aacute;s un gran amigo, condenado por el encubrimiento del crimen, a quien seg&uacute;n sus propias palabras, la causa se lo llev&oacute; puesto. Hablamos tambi&eacute;n de la &ldquo;familia&rdquo; judicial que no le dio tregua, de vericuetos legales y de las diferentes hip&oacute;tesis del crimen, pero para entrarle a eso mejor leer la causa o ver la serie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Terminamos. Carrascosa est&aacute; inquieto. Durante toda la charla varias veces se toc&oacute; el pecho, como palp&aacute;ndose el coraz&oacute;n, pero no, era el reflejo de tantear el bolsillo de su camisa donde pod&iacute;a sentir el latido del atado de cigarrillos que suplicaba el vicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Acompa&ntilde;ame afuera as&iacute; me fumo un pucho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Acepto, y mientras estoy terminando de pagar, escucho un ruido fuerte, un estruendo, que me exalta. Es una ca&iacute;da. Me doy vuelta y Carrascosa est&aacute; tirado en el largo asiento boca arriba, convulsionando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El lugar sigue casi vac&iacute;o. Hay una mesa ocupada por gente en la otra punta del sal&oacute;n, pero no los registro. Inmediatamente le pego un grito a la cajera para que llame a emergencias. Le pido al mozo que me ayude. Estoy cagado en las patas, pero no me bloqueo. Mi viejo y mi hermano son los m&eacute;dicos de la familia, yo no estoy para bancarme esta situaci&oacute;n. Pero no me puedo nublar y muchos menos paralizar. Estuvimos sentados en esas mesas tipo box. O sea, no hay sillas y la mesa est&aacute; amurada al piso. Carrascosa queda en una posici&oacute;n inc&oacute;moda con medio cuerpo debajo de la mesa. Con el mozo hacemos mucha fuerza para sacarlo y ubicarlo bien en el suelo. Se trata de un hombre muy grande y con peso muerto. No estoy preparado ni l&uacute;cido como para darme cuenta si se trata de un infarto, un pico de presi&oacute;n o una posesi&oacute;n demon&iacute;aca, y un ataque de epilepsia no parece tampoco. Le sale espuma por la boca. Entonces pienso que s&iacute;, que es el coraz&oacute;n. Pienso que me dijo que su padre y su hermano murieron as&iacute;. Pienso que me dijo que hab&iacute;a logrado pasar la marca de los 70 en los hombres de su familia. Pienso que todo el caso erosion&oacute; y castig&oacute; su salud en ca&iacute;da libre. Pienso que resisti&oacute; lo irresistible. Pienso que estuvo en peligro como cualquiera que est&aacute; preso tantos a&ntilde;os. Pienso que pas&oacute; por un infierno. Pienso que hoy lo indagu&eacute; demasiado, que lo hice revolver su pasado m&aacute;s sentido y que Mar&iacute;a Marta estaba ah&iacute;, en cada memoria, en cada palabra, nadando en un oc&eacute;ano de dolor. En s&iacute;ntesis, pienso que Carrascosa ahora mismo se est&aacute; muriendo por mi culpa.
    </p><p class="article-text">
        Practico algunas maniobras de resucitaci&oacute;n, las vamos consensuando con el mozo inspirados por el saber popular y el sentido com&uacute;n. Carrascosa deja de convulsionar y yo no s&eacute; si est&aacute; muerto o si mejor&oacute;. Le tomo el pulso. No se cu&aacute;nto tiempo pasa, pero aparece la ambulancia r&aacute;pido y una m&eacute;dica joven entra con el camillero a las corridas. Se ve que el restaurante tiene aceitado el protocolo de S.O.S. y estamos en un lugar de f&aacute;cil acceso. Me vuelve un poco el alma al cuerpo. Me corro para dejar que los que saben trabajen. Advierto que la billetera de Carrascosa est&aacute; tirada en el piso y la agarro. La abro y enseguida veo el carnet de su medicina prepaga. Me preguntan si soy su hijo. La situaci&oacute;n es ca&oacute;tica realmente, porque nadie en estado de tranquilidad y contemplaci&oacute;n podr&iacute;a preguntarme eso, a menos que fuera adoptado. Contesto que soy su sobrino, no me sale decir otra cosa en este momento. No me puedo poner a contarle que soy el guionista de la serie del caso en el que la persona que est&aacute; con este ataque fue acusada de asesinar a su esposa, condenada y luego absuelta y me estaba dando su testimonio para que yo pueda tener material suficiente a la hora de escribir. Es muy largo de explicar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras lo suben a Carrascosa a la camilla mando dos audios de <em>Whatsapp</em>. Uno a Vanina Spadoni, breve y conciso. La empresa que me contrat&oacute; tiene que saber lo que est&aacute; pasando. El otro mensaje es para Jorgelina. Le digo que me estoy subiendo a la ambulancia con Carrascosa y que estamos yendo al hospital p&uacute;blico de Pilar: el Sanguinetti, me sopla el camillero. Ni bien tenga novedades m&aacute;s precisas les aviso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>INT/EXT. AMBULANCIA / CALLES &ndash; D&Iacute;A</strong>
    </p><p class="article-text">
        El ruido de la sirena desde adentro, perturba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carrascosa parece estar m&aacute;s estable. La m&eacute;dica me dice que me tranquilice, que va a estar bien. Le pregunto si tuvo un infarto. Niega con un gesto, escueta. Carrascosa balbucea, delirando. Es buena se&ntilde;al, me dice la doc. En ese voceo suave trato de descifrar alg&uacute;n significado. Carrascosa habla de alg&uacute;n procedimiento judicial, burocr&aacute;tico, como si su subconsciente siguiera atrapado en los recovecos de ese laberinto que lo atrap&oacute; tantos a&ntilde;os. En mil&eacute;simas de segundos se me dispara la fantas&iacute;a de escucharlo confesar en su delirio, como si fuera Robert Durst en el final del genial True Crime &ldquo;The Jinx&rdquo; &ndash;perd&oacute;n el spoiler-.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No veo al conductor de la ambulancia, con lo cual tambi&eacute;n imagino que puede ser Nicholas Cage en &ldquo;Bringing out the dead&rdquo; (Al l&iacute;mite), una especie de revival de la dupla Schrader &ndash; Scorsese -de pie- pero al ritmo de una ambulancia y no de un taxi. Veo que a mi tel&eacute;fono empiezan a caer muchos mensajes, pero todav&iacute;a no estoy tranquilo como para responder nada. Hace un rato estaba tomando una copa de vino. Hace un rato Carrascosa quer&iacute;a fumar un cigarrillo, y ahora podr&iacute;a estar muerto. La vida es eso, un punto de giro inesperado a un cl&iacute;max y enseguida te tiran los t&iacute;tulos rodantes finales, y se termina, la pantalla se va a negro.
    </p><p class="article-text">
        Por fin el veh&iacute;culo frena. Las sirenas se apagan. Llegamos. Es una especie de ala trasera del hospital, donde estacionan las ambulancias. Hago el ingreso en la guardia mientras a Carrascosa lo llevan adentro. El tipo de la ventanilla mira el documento, me mira a m&iacute;, le doy el carnet de la prepaga. Me vuelve a mirar y no hace muchas m&aacute;s preguntas, aunque intuyo que tiene ganas. Me despido de la param&eacute;dica que lo asisti&oacute; a Carrascosa. Le agradezco y ella me felicita por haber intentando esas maniobras, dice que todo ayud&oacute;. Entra un llamado de Jorgelina y la atiendo. Est&aacute; trabajando y desde Luj&aacute;n, donde vive, le va a llevar un par de horas largas llegar, pero me dice que est&aacute; viniendo Mal&uacute;, la otra pata de este d&uacute;o din&aacute;mico. Ya estoy en un pasillo esperando a que me digan qu&eacute; le pas&oacute;. Se asoma una m&eacute;dica, me pregunta qui&eacute;n soy, sigo respondiendo con mi coartada para ahorrarme explicaciones.
    </p><p class="article-text">
        -Pero este se&ntilde;or es Carrascosa, el de...?
    </p><p class="article-text">
        -(la interrumpo, enf&aacute;tico) S&iacute;, es &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le pido que por favor mantenga discreci&oacute;n, y que evite que cualquiera le saque una foto. Ella me da su palabra, su mirada es confiable, le creo. De repente se acerca a paso raudo por el fondo del pasillo una mujer coqueta, de contextura peque&ntilde;a y preguntando por Carrascosa. Le hago se&ntilde;as. Evidentemente ella sabe qui&eacute;n soy, pero yo no la conozco. Se presenta como Viviana Binello. Me sorprendo. Ahora s&iacute;, yo tambi&eacute;n s&eacute; qui&eacute;n es ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En mis primeros borradores del episodio piloto, ella es un personaje que gravita en la historia. Es vecina y amiga &iacute;ntima de Mar&iacute;a Marta. Su esposo, Sergio Binello, fue uno de los condenados en el juicio por el encubrimiento del crimen. Para que se den una idea. La familia Binello tambi&eacute;n vivi&oacute; un infierno. El esposo de esta se&ntilde;ora tambi&eacute;n fue demonizado, estuvo preso, gast&oacute; todo lo que ten&iacute;a en abogados, dej&oacute; de trabajar, fue absuelto al igual que todos, y su salud tambi&eacute;n lo castig&oacute; mucho. Los Binello, sin ser familiares directos de Mar&iacute;a Marta, tuvieron la mala fortuna de estar en el momento menos indicado y en el lugar equivocado. Esta se&ntilde;ora que tengo en frente, tranquilamente podr&iacute;a odiarlo a Carrascosa, detestarlo desde sus entra&ntilde;as, culparlos a &eacute;l y a Mar&iacute;a Marta de sus peores desgracias. A&uacute;n as&iacute;, Viviana est&aacute; all&iacute;, al pie del ca&ntilde;&oacute;n por su amigo y lament&aacute;ndose.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siempre fui poco memorioso para traducir los diagn&oacute;sticos m&eacute;dicos que escucho. Lo que me explic&oacute; la doctora es que fue un s&iacute;ncope o un colapso que tiene que ver con el estado f&iacute;sico de Carlos, su presi&oacute;n y otros tantos achaques. Llega Mal&uacute; a las corridas y preocupada. Habla con los m&eacute;dicos, es anestesi&oacute;loga. Conversa a otro nivel. Me doy cuenta de que mi participaci&oacute;n en este evento va llegando a su fin. Le entrego a Mal&uacute; la billetera de Carlos. Llego a reparar en que hab&iacute;a poco efectivo. Mi auto qued&oacute; en el paseo Champagnat y el recorrido con la ambulancia no fue breve, o eso creo, y calculo que estoy lejos, a varios kil&oacute;metros. Pero Viviana Binello est&aacute; atenta a todo y me ofrece llevarme. Si hubiera sido otra persona le evitaba la molestia, pero con lo que me queda de cabeza no me puedo perder unos minutos a solas con ella porque todo lo que me pueda decir y contar me interesa. Y no me equivoco, en el trayecto me habla del padecimiento familiar, y sobre todo de la relaci&oacute;n de amistad que ten&iacute;a con Mar&iacute;a Marta. El d&iacute;a del crimen ellas jugaron un partido de tenis que se suspendi&oacute; por lluvia y compartieron ese &uacute;ltimo momento l&uacute;dico de intimidad, antes de la tragedia. Me dice que la extra&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Le arruinaron la vida a mucha gente.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos a destino. Anochece. Me despido. Agradezco. Ella me da su tel&eacute;fono. Queda a disposici&oacute;n. Para ese momento la empresa ya est&aacute; avisada del <em>happy ending</em> de toda esta peripecia y de que no vamos a salir en todos los diarios acusados de empujar a Carrascosa al abismo de su deceso. Su vida y el proyecto siguen firmes. Mi auto est&aacute; estacionado frente al restaurante y cuando me estoy por subir, alguien me frena. Es un mozo. No es el mismo que me ayud&oacute; a asistirlo a Carlos. Pero entiendo que estaba all&iacute; en ese momento.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Vos estabas con el se&ntilde;or mayor que se descompuso?.
    </p><p class="article-text">
        Asiento. A esta altura de la jornada y con mi cansancio me pongo paranoico. Falta que me digan que me busca la polic&iacute;a para prestar alg&uacute;n tipo de testimonio. El mozo hace una pausa, con cierto pudor.
    </p><p class="article-text">
        -Quer&iacute;a avisarte que el se&ntilde;or perdi&oacute; algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y enseguida me dice qu&eacute; es lo que perdi&oacute;. Por suerte el sector de Informes est&aacute; cerrado, sino ten&iacute;a que pedir que este objeto perdido me fuera devuelto y llevarlo nuevamente al hospital. Y la verdad, no ten&iacute;a energ&iacute;a ni ganas. La llamo a Jorgelina. Le cuento que Carlos extravi&oacute; algo, que reci&eacute;n ma&ntilde;ana lo pueden recuperar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Qu&eacute; perdi&oacute;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -La dentadura.
    </p><p class="article-text">
        Silencio.
    </p><p class="article-text">
        La carcajada de ella desinhibi&oacute; a la m&iacute;a. Dejamos fluir las risas, eran pura descarga. Nunca me di cuenta que &eacute;l ten&iacute;a dientes postizos. Y tampoco eso es algo que uno va por la vida cont&aacute;ndole a cualquiera. Me imagin&eacute; los dientes de Carrascosa en una bolsa pasando la noche ah&iacute;. Si alguien hubiera querido hacerle otro an&aacute;lisis de ADN, otro de tantos, ah&iacute; estaba la muestra a disposici&oacute;n. Y yo hoy me llevo otro tipo de muestra, y mucho m&aacute;s que un trabajo de campo al que un autor puede acceder como precalentamiento para contar una historia. Pienso si esto podr&iacute;a entrar en la serie, pero no, se me ir&iacute;a de tono.
    </p><p class="article-text">
        Alan Moore me dir&iacute;a tranquilamente que ya suelte el escalpelo y me saque los guantes quir&uacute;rgicos. Es suficiente, el procedimiento, al menos el de hoy, termin&oacute;. FIN
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-fyuyP5uFaPo-3217', 'youtube', 'fyuyP5uFaPo', document.getElementById('yt-fyuyP5uFaPo-3217'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-fyuyP5uFaPo-3217 src="https://www.youtube.com/embed/fyuyP5uFaPo?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <a href="https://www.instagram.com/artindez_guion/?hl=es" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">@artindez_guion</a>
    </p><p class="article-text">
        <em>MM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Méndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/autopsia-almuerzo-dia-carrascosa-muere-realidad-vuelve-ficcion_1_9242188.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Aug 2022 03:01:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/757e068b-8979-4f5b-a478-0e36737500ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x568y300.jpg" length="139280" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/757e068b-8979-4f5b-a478-0e36737500ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x568y300.jpg" type="image/jpeg" fileSize="139280" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Autopsia de un almuerzo: el día que Carrascosa casi muere y cómo la realidad se vuelve ficción]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/757e068b-8979-4f5b-a478-0e36737500ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x568y300.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[María Marta García Belsunce,Carlos Carrascosa]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
