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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Facundo Arroyo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/facundo-arroyo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Facundo Arroyo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Symns: el periodista del pasado que nos mostró el futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/symns-periodista-pasado-mostro-futuro_129_10041428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff9f6a6c-2c82-49e8-8d97-bcf637a789b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Symns: el periodista del pasado que nos mostró el futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor destaca la importancia de Enrique Symns para los periodistas que lo sucedieron, que aprendieron de su incorrección, su franqueza, su deseo estético y su gran creación periodística, la revista 'Cerdos & Peces'.</p><p class="subtitle">Murió a los 77 años el periodista y escritor Enrique Symns</p></div><p class="article-text">
        Los muertos de hoy no fueron nuestros contempor&aacute;neos. Para la generaci&oacute;n de periodistas +35 la cosa siempre fue igual: a veces el futuro est&aacute; en el pasado. Y ah&iacute; fuimos. Aprendimos que lo nuevo siempre est&aacute; en los m&aacute;rgenes. Aqu&iacute;, all&aacute; y en todas partes dijo <strong>Miguel Grinberg</strong> cuando explotaba la contracultura en los sesentas en nuestro pa&iacute;s. <strong>Astor Piazzolla</strong> est&aacute; dialogando con <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> nos dijo la <em>Expreso Imaginario</em> en los setenta. Nada ten&iacute;a fronteras si encontrabas lo indicado en ese pasado. Y entonces siempre hacia atr&aacute;s: pensaba eso cuando lo miraba a <strong>Enrique Symns</strong> entre las mesas de resaca de la banda platense <strong>Don Lunfardo y el Se&ntilde;or Otario</strong>, una banda que siempre emul&oacute; el esp&iacute;ritu de <strong>Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Por aquellas noches, se agitaba el funcionamiento de Mercado Libre y se comenzaba a cruzar con los servicios de correos y entonces volv&iacute;an a aparecer aquellas revistas contraculturales de los a&ntilde;os ochentas. Mientras mir&aacute;bamos por la tele la tragedia de Croma&ntilde;&oacute;n le&iacute;amos una nota de Enrique Symns sobre el escritor <strong>Rodolfo Fogwill</strong>. <em>Cerdos &amp; Peces</em> era la revista m&aacute;s importante para ese foco extraviado. La fund&oacute; en 1983 y luego la refund&oacute; un par de veces m&aacute;s. Una vez abr&iacute; una, el papel ten&iacute;a olor a humedad, y dec&iacute;a: &ldquo;Este es el fin. De una vez por todas, mi vida y la tuya comienzan a escribir las maravillosas an&eacute;cdotas del final de nuestra vida. No temas. Estaremos, como siempre, corriendo a la deriva con los ojos ciegos bien abiertos&rdquo;. Recuerdo que era de un editorial titulado &ldquo;Este es el fin&rdquo;. Y ahora parece que ese texto de mi viejo maestro imaginario me est&aacute; hablando a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y hay que insistir con <em>Cerdos &amp; Peces</em>, la gran creaci&oacute;n period&iacute;stica de Symns que tambi&eacute;n fue escritor (edit&oacute;, entre otros textos, las novelas <em>La banda de los chacales</em> -1987- y <em>El se&ntilde;or de los venenos</em> -2004-, que tambi&eacute;n funciona como una autobiograf&iacute;a), actor y prologuista. Porque las tapas, esas tapas, fueron el mascar&oacute;n de proa de la propuesta extrema de su direcci&oacute;n. De su intuici&oacute;n, de su deseo est&eacute;tico. Desde <strong>Iv&aacute;n Noble</strong> con joroba a <strong>Diego Armando Maradona</strong> gordo y con una bajada que apunt&oacute;: &ldquo;La nueva trola cubana&rdquo;. Desde los protagonistas del <strong>Parakultural</strong> a la nena desnuda y menor por la cual tuvieron problemas legales. <em>Cerdos &amp; Peces</em> fue revulsiva y expulsada, censurada y ninguneada. Algo que a la juventud de cualquier &eacute;poca la seduce. Y la nuestra no fue una excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, en el pasado, miraba a ese ser m&aacute;gico y crujiente entre las mesas de una banda de rock. Ese es, me dec&iacute;a a m&iacute; mismo, el que se sub&iacute;a con Los Redondos a leer textos que despu&eacute;s se filtraron en los editoriales de su revista. O al menos esa fue la idea que deduje con los a&ntilde;os. Despu&eacute;s la historia se desorden&oacute; y hubo algunos h&eacute;roes: durante algunos meses <strong>Fito P&aacute;ez</strong>, despu&eacute;s <strong>Andr&eacute;s Calamaro</strong>, <strong>Rodolfo Fito Palacios</strong>, <strong>Sebasti&aacute;n el Pollo Duarte</strong> y tantos otros amantes del gran periodista maldito. Pescadores del gran surub&iacute;, como alert&oacute; el poeta <strong>Pedro Mairal</strong> pensando en otro horizonte, tratando de que el pez siga nadando.
    </p><p class="article-text">
        Lo de P&aacute;ez, por ejemplo, fue un esc&aacute;ndalo. Primero entre ellos y luego empastado en el circuito musical. El autor de <em>El amor despu&eacute;s del amor</em> dej&oacute; que Symns ensaye una biograf&iacute;a con un repaso en vida. La idea de P&aacute;ez era ayudarlo por otro mal momento econ&oacute;mico pero lo que no tuvo en cuenta era que frente a &eacute;l estaba el se&ntilde;or de los venenos. Symns no se call&oacute; nada y la biograf&iacute;a pas&oacute; a ser una gran cr&iacute;tica de todo el mundo P&aacute;ez. Dijo cosas que no se pod&iacute;an decir. Mir&aacute; que se iba a quedar en el molde. Pese a eso, <em>P&aacute;ez</em> (Espasa Calpe, 1995) es un buen libro. Sirve de consulta y revive los a&ntilde;os ochentas bajo la perspectiva del gran compositor del pop argentino. Adem&aacute;s, sigue: llega hasta la gira de <em>Circo beat</em>, el disco editado en 1994 que lo termina por convertir en una estrella de rock. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De Symns, estando en ese pasado que era el futuro, hab&iacute;a que aprender como con <strong>Donvi Vitale</strong>. Entrar a una clase de m&uacute;sica y que te revoleen la partitura por los aires, entrar a una charla en cualquier bar inmundo y que Enrique te diga &ldquo;no seas tan careta, and&aacute; directo a la jeta&rdquo;. Como &eacute;l lo hizo con P&aacute;ez. 
    </p><p class="article-text">
        De Symns, estando en la grieta, aprend&iacute; de todo: de sus cr&oacute;nicas en el barrio del Once, bajo la oscuridad de Mar del Plata o las historias &ldquo;heavies&rdquo; en Villa Soldati. Un ojo atento, p&iacute;caro y sagaz para registrar. De sus preguntas incorrectas a distintas celebridades: <strong>Charly Garc&iacute;a, N&eacute;stor Perlongher, Diego Capusotto </strong>y<strong> Julieta Ortega</strong>. De sus&nbsp;entrevistas donde la formalidad no contaba (&ldquo;and&aacute; directo a la jeta&rdquo;) y el riesgo de enfrentarse a una cruda realidad permanente desde el minuto cero. 
    </p><p class="article-text">
        La contracultura para Symns siempre nos llev&oacute; a la incomodidad, y qui&eacute;n quiere acaso aprender sentado en una parrilla llena de carb&oacute;n prendido. En s&iacute;ntesis, los muertos de hoy no fueron nuestros contempor&aacute;neos pero cu&aacute;nto nos ense&ntilde;aron. Un don lunfardo con forma de pez, salvado una y mil veces, que al final encontr&oacute; el brazo del r&iacute;o que le termin&oacute; dando la libertad definitiva.
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Facundo Arroyo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/symns-periodista-pasado-mostro-futuro_129_10041428.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Mar 2023 23:55:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Enrique Symns,Periodismo,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un saxo que generó el Zonda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/saxo-genero-zonda_129_9612083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10d30012-7402-4c0d-a2d3-75aeb97cbab9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un saxo que generó el Zonda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mendoza fue protagonista durante este fin de semana largo del festival de saxos más importante de Latinoamérica.</p></div><p class="article-text">
        El Mendoza Sax Fest no es un festival de jazz. Aunque su figura principal de esta tercera edici&oacute;n haya sido <strong>Brandford Marsalis</strong>. Es decir, Marsalis tambi&eacute;n toc&oacute; con <strong>Sting</strong> (&ldquo;siempre escuch&eacute; pop&rdquo;, dijo en distintas entrevistas) y puede pensar en el contexto de la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Dentro del cartel destacado tambi&eacute;n qued&oacute; claro esta afirmaci&oacute;n: <strong>Jorge Retamoza</strong> y su di&aacute;logo con el bandone&oacute;n y, en efecto, el tango y <strong>Mauro Ciavattini </strong>y su estrecho v&iacute;nculo con el folklore argentino. Claro est&aacute;: el saxo y el jazz est&aacute;n &iacute;ntimamente vinculados y en ese sentido tambi&eacute;n hubo jazz en las figuras destacadas de <strong>Jonathan Helton</strong>, <strong>Griffin Campbell</strong> y el talentos&iacute;simo franc&eacute;s <strong>Carl-Emmanuel Fisbach</strong>. El Mendoza Sax Fest es un festival de m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular que parte desde el jazz. 
    </p><p class="article-text">
        En esta tercera edici&oacute;n hubo saxofonistas inscriptos de todo el pa&iacute;s y Latinoam&eacute;rica. En el espacio Cultural Le Park (el gran baterista Oscar Giunta, mendocino de origen, dijo: es como un mini CCK) hubo embotellamiento de estuches. Negros, grises, blancos. Llenos de calcos o de cierres, con las manijas remendadas y algunas tuneadas. Duros y blandos. Colgados como mochilas, elevados como valijas. Choc&aacute;ndose, felices, entre s&iacute;. La convocatoria, dijo <strong>Emilio Spitz</strong> (uno de los organizadores del evento), fue la mayor de todas las ediciones. El estuche del saxo como clave del hilo narrativo del encuentro estuvo presente hasta en los pormenores de los eventos oficiales: Antes de salir del hotel, Fisbach mir&oacute; de reojo el estuche negro e importado de Retamoza. Jorge se dio cuenta y le sac&oacute; el tema. Fisbach sospech&oacute; que era m&aacute;s liviano que la media. Retamoza se sac&oacute; las gafas negras y se lo pas&oacute;. Fisbach afirm&oacute; con la cabeza mientras meci&oacute; al estuche como si fuera el beb&eacute; m&aacute;s esperado de una familia. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Mendoza Sax Fest es intenso. Comienza bien temprano a la ma&ntilde;ana y termina despu&eacute;s de la trasnoche.</strong> No hay tiempo para todas las comidas que aconsejan los nutricionistas. Hubo master-class de las figuras destacadas, seminarios y exposiciones en torno al saxo (fabricaci&oacute;n, distribuci&oacute;n, auspicios de ca&ntilde;as y boquillas), conciertos formales, jam session en cualquier rinc&oacute;n, cata de vinos, feria de stands con expositores especializados y un show m&aacute;s que los organizadores describen como &ldquo;el after de cada d&iacute;a&rdquo;. Una de las &uacute;ltimas l&iacute;neas que apuntaba el programa de los cuatro d&iacute;as dec&iacute;a: &ldquo;&iquest;Agotados?, quedan unas horas m&aacute;s para disfrutar&rdquo;. &nbsp;
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                Saxofonistas, a clase.                            </span>
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        Luego del primer gran concierto que el Festival Sax Fest organiz&oacute; en el Teatro Mendoza, <strong>Mauricio Ag&uuml;ero</strong> larga casi susurrando una frase de alegr&iacute;a elocuente: &ldquo;Que la Sinf&oacute;nica de Uncuyo haya tocado tantas piezas de saxof&oacute;n fue como una venganza&rdquo;. Pareci&oacute; ser, en efecto, una hermosa venganza. Sonaron, entre otras, &ldquo;Fantas&iacute;a para saxof&oacute;n&rdquo;, de <strong>Heitor Villalobos</strong>, &ldquo;Concierto en Bi Bemol para saxo alto y orquesta de cuerdas en un solo movimiento&rdquo;, de <strong>Alexandre Glazunov</strong> y &ldquo;Escapades&rdquo;, de <strong>John Williams</strong>. <strong>Mendoza estuvo sitiada por neur&oacute;ticos del instrumento que, si fuera por ellos y ellas, tomar&iacute;an por asalto los g&eacute;neros populares y los reescribir&iacute;an para su amado instrumento.</strong> O al menos esa es la sensaci&oacute;n que se desplaz&oacute; alrededor del Teatro Mendoza, donde casi el 90% de la audiencia andaba con estuches de saxo encima. Durante esa primera noche fue que se dio la primera aparici&oacute;n en p&uacute;blico de Branford Marsalis. La imagen, luego de escuchar a las otras figuras del festival (Retamoza, Helton, Campbell y Fisbach) modific&oacute; el espacio. Marsalis no es s&oacute;lo una leyenda, es tambi&eacute;n una realidad de carne y hueso encarando su sexta d&eacute;cada de vida que eligi&oacute; a la provincia de Mendoza para tocar en Argentina. &ldquo;&iquest;Pero no viene a Buenos Aires?&rdquo;, consultaron algunos colegas. La respuesta fue cerrada: no. 
    </p><p class="article-text">
        Y el que se meti&oacute; con la pieza de John Williams fue justamente Marsalis. De impecable traje para la ocasi&oacute;n, el que fue invitado como su traductor (el gran m&uacute;sico <strong>Ricardo Cavalli</strong>) despleg&oacute; entre susurros una devoluci&oacute;n de la performance justa y cultural: &ldquo;Cuando hace m&uacute;sica cl&aacute;sica no se para en el centro de ella. La construye desde su mundo&rdquo;. Como era la primera vez de Marsalis enfrentando a miles de saxofonistas ador&aacute;ndolo tuvo que volver al escenario y repetir su pieza. Cuando desapareci&oacute; del lugar, no hubo una sola butaca del Teatro Mendoza aplastada. Todos estuvieron de pie festejando una visita hist&oacute;rica y de lujo. 
    </p><p class="article-text">
        Durante el domingo a la noche casi que no se puede creer el tr&iacute;o que espera a Marsalis en el escenario del mismo Teatro Mendoza. Est&aacute; agotado hace varias semanas. <strong>Ernesto Jodos</strong> al piano, <strong>Jer&oacute;nimo Carmona</strong> al contrabajo y <strong>Oscar Giunta</strong> a la bater&iacute;a. Un equipo de las estrellas del jazz argentino. Entre el p&uacute;blico, hay un muchacho de Salta que dice: &ldquo;Pensar que Giunta toc&oacute; hasta con <strong>Herbie Hancock</strong>&rdquo;.&nbsp;De <strong>Thelonius Monk</strong> a <strong>Benny Goodman</strong>, de <strong>Sonny Rollins</strong> a gemas de su autor&iacute;a como el &ldquo;Royal garden blues&rdquo;, Branford Marsalis fue un lujo para los espectadores del show que, de alguna manera, le dio el cierre al festival en relaci&oacute;n a la m&uacute;sica en vivo. 
    </p><p class="article-text">
        Ernesto Jodos de espalda, con su gran cabellera larga, maciza y blanca es como un espectro con dones mel&oacute;dicos. Durante esa hora y algo m&aacute;s de m&uacute;sica el cuarteto lo mir&oacute; a &eacute;l. Branford lo desafi&oacute; todo el tiempo, tanto retom&aacute;ndole frases como viendo qu&eacute; tipo de profundidad puede tener un m&uacute;sico argentino para tocar jazz. El saxofonista hizo lo mismo con Giunta, que debe haber tenido una de sus noches m&aacute;s l&uacute;cidas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os desde la bater&iacute;a. &ldquo;Son as&iacute; esta clase de m&uacute;sicos de otro mundo&rdquo;, dijo m&aacute;s tarde Jodos respecto al nivel de conexi&oacute;n que mostr&oacute; con el cuarteto. &ldquo;Te incluyen a su mundo y uno debe estar dispuesto a eso. Y muy preparado. Te demuestran un tipo de conexi&oacute;n y atenci&oacute;n que no se pueden creer. Mientras toc&aacute;s, &eacute;l realmente te est&aacute; escuchando mucho&rdquo;. Branford en el cielo con tres diamantes.
    </p><p class="article-text">
        Durante las ma&ntilde;anas del s&aacute;bado y del domingo, Marsalis se dispuso a dar sus clases. <strong>Como docente y formador se destacan, desde el minuto cero, dos caracter&iacute;sticas fuertes: Estricto pero amoroso.</strong> M&aacute;s all&aacute; de las formalidades y de la estructura de la clase, el saxofonista m&aacute;s importante del mundo estuvo decidido a volcar durante m&aacute;s de dos horas reflexi&oacute;n en ambas jornadas, ense&ntilde;anza, links culturales (cit&oacute; libros e incit&oacute; a la escucha desaforada de m&uacute;sica, de mucha m&uacute;sica), filosof&iacute;a musical y un hilo narrativo claro, que lo atraviesa desde hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. Lo hizo en forma de consejo: &ldquo;No busquen ser innovadores, sean aut&eacute;nticos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y hubo m&aacute;s. De zapatillas, jean y buzo tipo canguro, Branford reflexion&oacute; porqu&eacute; a la gente no le gusta el jazz. Hizo una autocr&iacute;tica, &ldquo;los m&uacute;sicos piensan m&aacute;s en la t&eacute;cnica y los solos que en la melod&iacute;a&rdquo;, sentenci&oacute;. Uno de los ejemplos que le dio a otro de los participantes que pas&oacute; a tocar en el escenario del Cine Teatro Plaza donde se desarrollaron sus dos master class fue simple: &ldquo;No trates de editar a Coltrane y Miles Davis, intent&aacute; escuchar la canci&oacute;n. Conocela&rdquo;. Para eso, insisti&oacute; varias veces, con otros participantes, &nbsp;hay que escuchar muchas versiones. Y otra vez: mucha m&uacute;sica. <strong>Vayan a las ra&iacute;ces, asegur&oacute;, no van a envejecer. No teman. </strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivir el Sax Fest, como todo festival, genera piezas de un rompecabezas minuto tras minuto. Ese puzle no da respiro. Algo as&iacute;: Cuando Mauro Ciavattini habla de m&uacute;sica argentina va desde <strong>Chango Far&iacute;as G&oacute;mez</strong> y <strong>Ra&uacute;l Carnota</strong> a <strong>Atahualpa Yupanqui</strong> y el d&uacute;o <strong>Coplanacu</strong>. En su clase reflexiona, toca y baila. En la master class de Fisbach, una alumna cordobesa le dice que su arreglo es como el chimichurri y &eacute;l dice que le gusta. A un franc&eacute;s le gusta el condimento estrella del f&uacute;tbol argentino. A los pocos minutos ya lo est&aacute; usando como concepto sonoro. Ponele m&aacute;s chumichurri a ese staccato. Retamoza est&aacute; rodeado de jazzeros y dice algo medio a prop&oacute;sito: &ldquo;A Piazzolla hay que tocarlo enojado, esas notas tienen que estar enojadas&rdquo;. El chileno <strong>Agust&iacute;n Moya</strong> dice que se encuentra actualmente m&aacute;s c&oacute;modo tocando standards de jazz que m&uacute;sica de autor, la suya, por ejemplo. En el after del Espacio Arizu, una construcci&oacute;n que estaba abandonada y ahora se llen&oacute; de vida, Moya no parece emular la tradici&oacute;n, m&aacute;s bien est&aacute; desprendido del suelo por m&aacute;s que esas composiciones tengan siglos de vida. <strong>Walter Casciani</strong>, con un gran don para contar historias, decidi&oacute; empezar su clase citando una entrevista donde <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> habla de la m&uacute;sica. Y un rato despu&eacute;s asegur&oacute;: &ldquo;Gato Barbieri fue mi imagen de la libertad&rdquo;. Jorge Retamoza insisti&oacute; con <strong>Astor Piazzolla</strong> durante el s&aacute;bado a la noche en su brillante show en el coqueto Teatro Independencia. El inicio de su nueva aventura, que lo tiene dentro de un cuarteto, buscando el abrazo del tango, y en pleno di&aacute;logo con el bandone&oacute;n (el cuarteto se completa con piano y contrabajo) tuvo con ver con dos piezas del disco que Piazzolla hizo con <strong>Gerry Mulligan</strong>. Y Retamoza vuelve a hacerlo a prop&oacute;sito. Cuenta el cimbronazo que provoc&oacute; Astor cuando volvi&oacute; de Francia e insert&oacute; la guitarra el&eacute;ctrica en su m&uacute;sica. Ir&oacute;nico, toca con el saxo una m&uacute;sica capitaneada por aquel bandone&oacute;n trascendental. Cada pieza de este rompecabezas pasa, en efecto, a trav&eacute;s de un saxo.
    </p><p class="article-text">
        Ten&eacute; cuidado y no respires mucho, se viene un Zonda, dijo <strong>Hugo Ber&oacute;n</strong> (guitarrista, parte del staff del festival). Ese viento caliente que, por la cordillera y algunos otros milagros de la naturaleza, llega fuerte desde Chile. A los pocos minutos, Branford Marsalis pas&oacute; por atr&aacute;s de Hugo. Las casualidades no existen. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Facundo Arroyo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/saxo-genero-zonda_129_9612083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Oct 2022 15:39:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un saxo que generó el Zonda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jazz,saxofón,Mendoza,Brandford Marsalis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un show con diseño de redes sociales para una legión de motomamis que consolidaron a Rosalía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/show-diseno-redes-sociales-legion-motomamis-consolidaron-rosalia_1_9271437.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a2906c9-c281-4f8e-8df3-628da435bd18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un show con diseño de redes sociales para una legión de motomamis que consolidaron a Rosalía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su segunda visita a Buenos Aires, la cantante catalana agotó dos funciones. El concepto "motomami" y un espectáculo minimalista hecho a base de selfie y sampleo.</p></div><p class="article-text">
        Una <em>motomami</em> con rasgos orientales le pregunta a Rodrigo de la barra de Atlanta si dejar su camioneta importada debajo del puente lindero al <em>Movistar Arena</em> es seguro. Por arriba pasa el tren. El pibe no la escucha porque le est&aacute; haciendo se&ntilde;as a otro auto en el que van cinco motomamis<em> </em>ba&ntilde;adas en<em> glitter</em> y gritando <em>Despech&aacute;</em>, el &uacute;ltimo simple de Rosal&iacute;a. <strong>La motomami oriental que hab&iacute;a llegado en camioneta, toma de la mano a su hija de no m&aacute;s de diez a&ntilde;os y se pierde en la fila de la popular</strong>. Un muchacho le da un beso a su entrada y antes de entrar al microestadio dice: <strong>&ldquo;Soy el trolo m&aacute;s feliz de esta ciudad&rdquo;</strong>. Atr&aacute;s lo siguen cinco amigos. Todos van s&uacute;per ajustados: pantalones, remeras, camisas. Uno se pint&oacute; la cara de diablo, dice la canci&oacute;n de motomami con el mismo t&iacute;tulo: <em>&ldquo;Brillas como la luna, brillas como ninguna, quiero que t&uacute; me entiendas&rdquo;</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Son las 20.30 y ac&aacute; hay 16.522 personas: est&aacute; lleno. Rosal&iacute;a agot&oacute; las dos funciones -la del jueves y el viernes- hace cuatro meses, a los cuarenta minutos de habilitar las entradas. Un asiento en la platea alta, bien alta y en alguno de los laterales, cost&oacute; $6.500, <em>service charge</em> incluido. La fila digital se mov&iacute;a r&aacute;pido y te dejaba afuera si justo sal&iacute;as a hacer un mandado. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, a minutos de que arranque el show, por la primera bandeja del microestadio pasa una motomami con globos rojos, por la segunda pasa otra motomami <em>dark,</em> papas fritas en mano. Abajo, en el campo, est&aacute;n las de rosa y tambi&eacute;n las que se peinan como la cantante espa&ntilde;ola, raya al medio, dos colitas. Todo su p&uacute;blico pensar&aacute; en lo mismo: &ldquo;<em>Motomami, Motomami, Motomami // Motomami, Motomami, Motomami</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si en un club de jazz una voz en off pide que apaguen los celulares &ldquo;porque distraen a los m&uacute;sicos&rdquo;, que los videos se escuchar&aacute;n mal y las fotos estar&aacute;n fuera de foco, durante el primer minuto de show de Rosal&iacute;a hay tantos tel&eacute;fonos encendidos como personas con entrada. El consumo de la m&uacute;sica de este siglo en comparaci&oacute;n con el consumo de la m&uacute;sica del siglo anterior. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Rosalía.                            </span>
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        Cuando arranc&oacute; el <em><strong>Motomami World Tour </strong></em>las primeras quejas estuvieron puestas en el sentido del &ldquo;vivo&rdquo;. Vieron que Rosal&iacute;a sal&iacute;a a escena sin m&uacute;sicos. Apenas ocho bailarines, un fondo blanco y un hombr-c&aacute;mara que la segu&iacute;a paso a paso. Pero el sentido &ldquo;aparece&rdquo; si se piensa que <em><strong>Motomami,</strong></em> tercer disco de la artista, fue concebido en plena pandemia. Rosal&iacute;a hab&iacute;a quedado varada en Nueva York, la ciudad elegida para grabar el sucesor de <em>El mal querer</em>, lanzado en 2018, un &eacute;xito<em>. </em>
    </p><p class="article-text">
        La chica de Barcelona, 29 a&ntilde;os, buscaba romper los paradigmas del pop. <strong>Motomami es un collage de mil recursos digitales</strong>. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=JSGlJ00w8Zw" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Vean c&oacute;mo desmenuza la producci&oacute;n</a>. Ah&iacute; est&aacute; el <em>sample</em> del audio de su abuela recrimin&aacute;ndole que lo primero es la familia. Ah&iacute; est&aacute;n los cr&iacute;ticos reclam&aacute;ndoles sus vicios del Siglo XX para ver m&uacute;sica en 2022. Ah&iacute; est&aacute; Rosal&iacute;a para chequear que es una artista de vanguardia, colocando su obra en este presente que habla del futuro. O como lo canta en <em><strong>Sakura</strong></em>: el hecho de entender nuestra relaci&oacute;n con lo ef&iacute;mero y con lo eterno.
    </p><p class="article-text">
        Como Lady Gaga en la campa&ntilde;a de Biden, como Anitta en la campa&ntilde;a de Lula, Rosal&iacute;a en tanto &iacute;cono pop se pliega a ese nuevo fen&oacute;meno. <strong>Una artista con millones de seguidores inclin&aacute;ndose por un candidato</strong>. Lo hizo en Brasil y su link con el abecedario y la F de &ldquo;Fora Bolsonaro&rdquo;. <strong>Por ac&aacute;, apretada, hay una chica que en la misma bandera tiene la cara de Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner y la de Rosal&iacute;a</strong>. Antes del show, en algunos sectores se escuch&oacute; el canto de la semana:<em> &ldquo;Si la tocan a Cristina, qu&eacute; quilombo se va armar&hellip;&rdquo;</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es posible observar la divisi&oacute;n de clase en un microestadio. Y tambi&eacute;n arriba y abajo del escenario.<strong> Los bailarines de Rosal&iacute;a son como ese freelance que paga justo el monotributo sobre el cierre del mes</strong>. Adem&aacute;s de bailar, la hidratan, la llevan, la traen, arrastran un piano, unas tarimas redondas, le acomodan el micr&oacute;fono. Llegan a ser una moto humana para que, en efecto, la motomami se suba a la m&aacute;quina y cante la canci&oacute;n que desglosa este concepto. Desde la segunda bandeja hay una vista de dron que divisa de manera perfecta la divisi&oacute;n que hay entre el campo y el campo vip. Los de adelante no necesitan cuidar su vaso de cerveza fr&iacute;a, no se les cae una sola gota. Los de atr&aacute;s no pueden moverse para ir a comprarla. 
    </p><p class="article-text">
        Y el perfil del p&uacute;blico queda claro cuando el chico de la <em><strong>Bresh</strong></em> (otro fen&oacute;meno surgido en pandemia) pone un tema de <strong>Bad Bunny.</strong> Es la &uacute;nica canci&oacute;n que canta todo el microestadio. Pero el p&uacute;blico <strong>va a quedar mudo cuando suene algo de </strong><em><strong>Tito el Bambino.</strong></em><strong> </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/rosalia-alfonsina-silencio-multitud_129_9271225.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>O cuando cante dos l&iacute;neas de Alfonsina y el mar, el tema compuesto por Ariel Ram&iacute;rez y F&eacute;lix Luna, que eterniz&oacute; Mercedes Sosa en 1967</strong></a><strong>.</strong>&nbsp;&ldquo;Sent&iacute; que ten&iacute;a que cantarla, a m&iacute; me gusta mucho Mercedes Sosa y otras m&uacute;sicas de Argentina&rdquo;, dijo la artista.
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                Rosalía.                            </span>
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        El dise&ntilde;o digital del espect&aacute;culo te abduce en un mundo de red social -sobre todo en <em>TikTok-</em> pero sin posibilidad de <em>likear</em>. <strong>Un proyecto </strong><em><strong>blair witch</strong></em><strong> pero en un bosque de perreo y cante</strong>. Rosal&iacute;a te hace creer que tiene todo el tiempo un celular y que se est&aacute; filmando ella misma pero en realidad, adem&aacute;s de ese hombre-c&aacute;mara que la sigue por todo el escenario, tambi&eacute;n hay <em>gopro</em> por todos lados. Habr&aacute; dos en el monopat&iacute;n de Rosal&iacute;a, por ejemplo. Cuando cierre el show con el hit <em><strong>Chicken Teriyaki</strong></em>, soltar&aacute; el manubrio para cantar mientras lo rola. Rosal&iacute;a sabr&aacute; cu&aacute;ndo mirar a las c&aacute;maras fijas que est&aacute;n ubicadas frente al escenario, y cu&aacute;ndo a la <em>gopro </em>del manubrio y cu&aacute;ndo agacharse para que la tome la que colocaron sobre la rueda. <strong>El show de Rosal&iacute;a es inmersivo.</strong> Ella nombra esa palabra varias veces para referirse a detalles de las canciones. Y los arquitectos digitales que dise&ntilde;aron uno de los mejores shows pop del mundo -&eacute;ste- lo saben.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA/VDM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Facundo Arroyo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/show-diseno-redes-sociales-legion-motomamis-consolidaron-rosalia_1_9271437.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Aug 2022 03:03:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un show con diseño de redes sociales para una legión de motomamis que consolidaron a Rosalía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rosalía,Movistar Arena,Reggaetón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mapa del nuevo tango argentino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mapa-nuevo-tango-argentino_1_9241944.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6fbd37e2-806f-4d73-81c1-d584f333e928_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mapa del nuevo tango argentino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre 2018 y 2021 se editaron unos sesenta discos de tango, y en lo que va de este año, más de veinte. Buenos Aires desarrolló un circuito sólido que reestrena el género.</p></div><p class="article-text">
        Para hablar del nuevo tango argentino hay que partir de 2001. M&aacute;s de veinte a&ntilde;os de historia de un nuevo circuito musical independiente en la Ciudad de Buenos Aires. En el contexto del &uacute;ltimo gran crack econ&oacute;mico del pa&iacute;s, la m&uacute;sica se volvi&oacute; autogestiva para no morir. Apareci&oacute; el Club Atl&eacute;tico Fern&aacute;ndez Fierro (CAFF), un lugar con orquesta propia y que servir&iacute;a de refugio para las nuevas generaciones que pensaban en un nuevo tango. La Orquesta, con filas de violines y bandoneones, se constituy&oacute; como cooperativa y fund&oacute; un lugar de resistencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el CAFF luego hubo una radio, asambleas para definir la metodolog&iacute;a de la independencia, rastas y tachas. El cambio est&eacute;tico de un g&eacute;nero cl&aacute;sico estar&iacute;a relacionado &iacute;ntimamente con los subg&eacute;neros m&aacute;s contestatarios de la cultura rock (del punk al heavy, del post-punk al dark). Para la oleada musical, tambi&eacute;n asomaban por los bordes agrupaciones como La Chicana, Tape Rub&iacute;n, Orquesta El Arranque, Tangata Rea, Barone Gonz&aacute;lez y sus trabajos junto con Alejandro Szwarcman.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A modo de resumen &aacute;gil, las muertes de Piazzolla, Goyeneche y Pugliese, ocurridas en 1992, 1994 y 1995 respectivamente, fueron la vuelta de p&aacute;gina de un libro que en la d&eacute;cada del ochenta daba sus &uacute;ltimas producciones relevantes. En t&eacute;rminos generales, el tiempo que se sit&uacute;a en lo que se conoce como las post-dictadura, encontraba al tango totalmente agazapado (otra vez), casi sin artistas j&oacute;venes que exploten la faz creativa, y con interpretaciones que estaban ancladas en otros tiempos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gustavo Varela, doctor en Ciencias Sociales y especialista en tango, autor de <em>Tango y pol&iacute;tica</em> (Ed. Paid&oacute;s, 2018), dice que la palabra &ldquo;decadencia&rdquo; o la sencilla idea de la desintegraci&oacute;n de un movimiento art&iacute;stico que dio tanto, estaba asociada al g&eacute;nero, inclusive con cierto grado de injusticia, mientras en Buenos Aires coexist&iacute;an a&uacute;n artistas de la talla de Rub&eacute;n Ju&aacute;rez, Leopoldo Federico, Rodolfo Mederos, Nelly Omar, Luis Cardei, Horacio Salg&aacute;n, Ubaldo De L&iacute;o u Horacio Ferrer, por nombrar solo algunas de las figuras. A&uacute;n as&iacute; las nuevas generaciones llegar&iacute;an al tango.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Virasoro Bar, en el circuito del tango porteño                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Tangueros Siglo XXI: autogesti&oacute;n, estudio y un circuito s&oacute;lido</h3><p class="article-text">
        Dice el historiador Sergio Pujol: &ldquo;La gran diferencia de otras generaciones musicales que se dedican a otros g&eacute;neros es que en el nuevo tango hay mucho estudio. Hay artistas formados para poder escribir, componer y adem&aacute;s brillar con su instrumento&rdquo;. Es que la primera d&eacute;cada de este siglo implic&oacute; autogesti&oacute;n, estudio formal y real de la historia del g&eacute;nero y los instrumentos. Incluso volver a los referentes musicales anteriores a Piazzolla y probar la mixtura con otros g&eacute;neros musicales como los folklores regionales de Argentina, el rock, la m&uacute;sica cl&aacute;sica y hasta el jazz. Tres m&uacute;sicos forjados en el CAFF fortalecieron orquestas con estas b&uacute;squedas est&eacute;ticas mencionadas: Agust&iacute;n Guerrero (de la OTAG), Yuri Ventur&iacute;n (de La Fierro) y Juli&aacute;n Peralta (de Astillero).
    </p><p class="article-text">
        A un circuito musical no lo forman s&oacute;lo los artistas. Tambi&eacute;n debe haber lugares para tocar, sellos que apuesten por esa m&uacute;sica, festivales, premiaciones e instituciones que fortalezcan al g&eacute;nero. Adem&aacute;s del CAFF, un lugar como Virasoro es, hoy, vital. All&iacute;, el pianista Diego Schissi desarrolla su obra junto a un quinteto integrado por Guillermo Rubino en viol&iacute;n, Santiago Segret en bandone&oacute;n, Ismael Grossman en guitarra y Juan Pablo Navarro en contrabajo. Virasoro tiene capacidad para 40 personas y si te sent&aacute;s en las primeras mesas pod&eacute;s sentir el calor que expande el piano que toca Schissi. Es como si fuera un lugar underground del circuito jazzero de Nueva Orleans pero en el barrio de Villa Crespo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las milongas sirvieron para curtir a los int&eacute;rpretes. Julieta Laso, ex cantante de La Fern&aacute;ndez Fierro y actual solista con cuatro discos en su haber, dice que para ella fue fundamental esperar hasta la madrugada en la milonga Orsai para poder cantar sus primeras canciones. El Cuarteto La P&uacute;a, primera agrupaci&oacute;n que le dio refugio con sus guitarras, y Alejandro Guyot (cantante de Bombay Buenos Aires, antes llamada 34 pu&ntilde;aladas) la vieron crecer desde ese espacio de trinchera hasta lo que es actualmente. En palabras de Guyot: &ldquo;Una artista definitiva, disruptiva para el g&eacute;nero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hubo instituciones claves para la formaci&oacute;n de esta generaci&oacute;n del tango actual. La Escuela de M&uacute;sica Popular de Avellaneda (EMPA), el Conservatorio Manuel de Falla y Astor Piazzolla de Buenos Aires, Escuela Orlando Go&ntilde;i y la nueva carrera de M&uacute;sica Popular en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, por ejemplo. Estos espacios se poblaron de nuevos m&uacute;sicos que pensaban en tango. De este contexto m&uacute;ltiple surgi&oacute; la base que fue llenando las milongas, clubes de m&uacute;sica y bares de una Buenos Aires que nutri&oacute; su escena under con el g&eacute;nero local. De la mano de ese crecimiento, sellos de m&uacute;sica como Club del Disco, Melopea y Los a&ntilde;os luz, entre otros, comenzaron a incorporar en sus cat&aacute;logos a artistas de esta generaci&oacute;n.&nbsp;
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        A su vez, lugares m&aacute;s de gesti&oacute;n estatal como La Usina del Arte (dirigida art&iacute;sticamente por el m&uacute;sico Adri&aacute;n Iaies). En ese escenario, por ejemplo, se present&oacute; el fundamental <em>Tanguera</em>, una visi&oacute;n moderna sobre la m&uacute;sica de Mariano Mores dirigida por Diego Schissi y tocada por su quinteto. El Centro Cultural Kirchner donde se grab&oacute; el cap&iacute;tulo del programa &ldquo;Encuentro en la c&uacute;pula&rdquo; de la Fern&aacute;ndez Fierro cuando todav&iacute;a ten&iacute;a como cantante a Julieta Laso y el Festival Nacional del Tango donde supo dar sus primeros pasos la OTAG, la primera orquesta del menor de edad, en ese momento (2005), Agust&iacute;n Guerrero. Tres lugares del estado que integraron a esta generaci&oacute;n en su r&uacute;brica de presentaciones y ciclos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Daniel Melingo                            </span>
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        La letr&iacute;stica del tango actual se desprendi&oacute; de los par&aacute;metros normales de la composici&oacute;n del g&eacute;nero m&aacute;s tradicional de Buenos Aires. Sus autores aseguran que las historias que est&aacute;n contando poseen una mixtura que mezcla a toda la m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular; del rock al jazz y de la canci&oacute;n urbana al criollismo. &ldquo;El tango es una m&uacute;sica de Europa pasada por las cloacas de Buenos Aires&rdquo;, dice Daniel Melingo, ex Abuelo de la nada y actual referente de una nueva corriente de tango maldito, en el documental titulado <em>Charco</em>.
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            </figure><p class="article-text">
        Gustavo Varela, especialista en tango, dice que la rima de los versos en muchos casos es asonante. &ldquo;Eso es llamativo, en el tango es raro que ocurra. Uno espera que termine con la <em>o</em> y termina con la <em>a</em>. Eso en el tango cl&aacute;sico no pasaba, ahora hay como una perspectiva m&aacute;s libre. Si va esa palabra, la mandan y se termin&oacute; el asunto&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El poeta, ensayista y profesor universitario, Oscar Conde, apunta que &ldquo;naturalmente, en los letristas de tango contempor&aacute;neo, se presenta un dilema clave: c&oacute;mo lograr que sus obras &ndash;sin desentenderse del todo de la herencia de los grandes letristas del siglo pasado&ndash; se constituyan en un discurso renovador pero que, al mismo tiempo, dicho discurso sea reconocible (m&aacute;s all&aacute; de la m&uacute;sica que lo acompa&ntilde;a) como una letra de tango&rdquo;. Adem&aacute;s, agrega que el modo de resolver la pulseada herencia-renovaci&oacute;n &ndash;y a la vez de insertarse en la tradici&oacute;n po&eacute;tica del tango cantado&ndash; est&aacute; dado especialmente por la intertextualidad con letras del tango tradicional.
    </p><p class="article-text">
        Hay en este siglo -y antes tambi&eacute;n- un influjo conceptual que se puede resumir en la idea de tomar al tango como punto de partida para concebir una m&uacute;sica urbana libre, que toma elementos del jazz, de la m&uacute;sica cl&aacute;sica, de la contempor&aacute;nea. En esa amplia idea caben desde Luis Alberto Spinetta hasta Pablo Lescano, de Damas Gratis. Es por eso que en los nuevos discos de tango tambi&eacute;n hay hibridaci&oacute;n de las formas, la metodolog&iacute;a y, por supuesto, en la poes&iacute;a. Hay, en efecto, hasta colaboraciones de Indio Solari y Andr&eacute;s Calamaro. Una fija, y muy marcada en el &uacute;ltimo tiempo, es la diversidad sexual como una posible conducci&oacute;n militante y est&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero d&oacute;nde estamos entrando, al Parakultural&rdquo;, dijo el periodista cultural Mariano Del Mazo (autor de una biograf&iacute;a sobre Los Redondos, entre otros libros de m&uacute;sica popular). No es ocurrencia, es sentido com&uacute;n: cuando entr&aacute;s desde el barrio del Abasto, y por ese largo pasillo, al CAFF sent&iacute;s la descendencia del &aacute;rbol del Parakultural. De hecho, durante aquel abril de 2018, entraron a trav&eacute;s de unas cortinas de almac&eacute;n desde los poetas Noy y Pipo Lernoud hasta el m&uacute;sico y periodista Claudio Kleiman para escuchar la presentaci&oacute;n oficial de <em>Cambiando cordaje</em>, un disco que marc&oacute; la vuelta del compositor clave del nuevo tango argentino: Tape Rub&iacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre 2018 y 2021 se editaron m&aacute;s de sesenta discos de tango. En 2018: <em>Cambiando cordaje</em>, de Rub&iacute;n - Lacruz - Heler &ndash; Nikitoff; <em>Nueva m&uacute;sica argentina</em>, de Guerrero-Scalerandi; <em>Folkenstein</em>, de Acho Estol; <em>Ahora y siempre</em>, de La Fern&aacute;ndez Fierro y <em>Sie7e</em>, de Altertango. En 2019: <em>New York sessions</em>, de Noelia Sinkunas (la pianista que toca con todos: de Lidia Borda a Julieta Laso); <em>Primero</em>, de Chino Laborde (primer cantante de La Orquesta Fern&aacute;ndez Fierro) y Solo tango Orquesta; <em>Menesunda: tangolencia rockera</em>, de Cucuza Castiello; <em>La rebeli&oacute;n de las polillas</em>, de Orquesta T&iacute;pica Ciudad Baig&oacute;n y <em>Utop&iacute;a</em>, el disco que Ramiro Gallo (ex Orquesta El Arranque, otra fundacional del movimiento) hizo con Pedro Aznar. En 2020: <em>Labia</em>, de Alto Bondi; <em>Arcadia</em>, de Astillero; el homenaje a la obra de Villoldo de la Orquesta de Denise Sciammarella; el debut de la Orquesta Los crayones y <em>Los andamios</em>, de Juli&aacute;n Rossini Tr&iacute;o. En 2021: <em>Hikikomori</em> de La Chicana; <em>Juntos y separados</em> de Tango Ca&ntilde;&oacute;n; <em>Estupidez</em>, del Quinteto de Agust&iacute;n Guerrero (con textos de Pablo Marchetti); <em>100</em> de Escalandrum y <em>Canciones con niebla</em> del Cuarteto La P&uacute;a junto a Victoria Di Raimondo. Por mencionar cinco de cada a&ntilde;o.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Julieta Laso                            </span>
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        Durante estos siete meses de 2022, los discos editados son m&aacute;s de 20. <em>Cabeza negra</em>, de Julieta Laso (que se fue a vivir a Salta junto a su pareja Lucrecia Martel), <em>Buenos Aires</em> de Delfina Cheb (que acaba de abandonar su Maestr&iacute;a en Improvisaci&oacute;n Contempor&aacute;nea del Conservatorio de Nueva Inglaterra en Boston para desarrollar su carrera como solista desde Buenos Aires) y <em>Milongas descarriadas</em> de Pablo Sensottera (primer trabajo solista por fuera de sus agrupaciones El Port&oacute;n y del Cuarteto La P&uacute;a). Son artistas decididos a desarrollar su carrera y, por ende, a seguir vitalizando el nuevo tango argentino.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">De Argentina&nbsp; al mundo (y al rev&eacute;s)</h3><p class="article-text">
        El nuevo tango argentino tambi&eacute;n se compone fuera de la Argentina. Delfina Cheb desde Bost&oacute;n (Estados Unidos) edit&oacute; <em>Doce milongas de amor y un tango desesperado</em>, La Orquesta TaXXI comandada por Pablo Gignoli en Par&iacute;s (Francia), Pablo Lacolla desde Zurich (Suiza) y el Quinteto S&oacute;nico en Bruselas (B&eacute;lgica). Proyectos importantes que anexan un sonido moderno como el de Cheb (cobijado por Casa Lim&oacute;n &ndash;que edita desde Calamaro a El Cigala-), una cancion&iacute;stica mezclada y equilibrada por Acho Estol como productor en el caso de Lacolla, una orquesta como la TaXXI Tango XXI dedicada a la tem&aacute;tica de la alimentaci&oacute;n y el estudio profundo de Eduardo Rovira que contin&uacute;a S&oacute;nico. Se gestan, a paso lento, circuitos de tango contempor&aacute;neo con las mismas caracter&iacute;sticas en ciudades universitarias como La Plata y Rosario.
    </p><p class="article-text">
        Sin ir m&aacute;s lejos, el Quinteto S&oacute;nico viaj&oacute; hasta La Plata para presentar su trabajo dedicado a Eduardo Rovira. Fue en la casa Pesci, declarada de inter&eacute;s cultural por la Municipalidad, por su modelo arquitect&oacute;nico. El artista Eduardo Rovira, fallecido en 1980, fue platense por adopci&oacute;n, habiendo vivido toda su vida en la ciudad. Fue bandoneonista y vanguardista del tango en la d&eacute;cada del 60 y por eso el quinteto S&oacute;nico le rindi&oacute; un homenaje m&aacute;s que significativo desde la calle 53 entre 5 y 6.
    </p><p class="article-text">
        El Caff est&aacute; a nueve cuadras del Centro Cultural Konex. Virasoro est&aacute; a trece de la antigua sede de Caf&eacute; Vinilo. La EMPA tambi&eacute;n a trece cuadras del Shopping Alto de Avellaneda. Centros de operaciones del nuevo tango argentino cerca y a la vista de todos pero lejos de las luces. Lejos de la cultura pop de m&aacute;ximo consumo. Dos mundos posibles pero sin convivencia. El NTA es como el musguito en la piedra de Violeta Parra pero en clave Gonz&aacute;lez Tu&ntilde;&oacute;n: un agujero en la media. Y la fisura, como toda fisura, crece con el tiempo. 2022 mira de frente esa extensi&oacute;n que ya no s&oacute;lo involucra a la ciudad m&aacute;s iluminada de la Rep&uacute;blica Argentina. Que sea tango.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Facundo Arroyo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mapa-nuevo-tango-argentino_1_9241944.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Aug 2022 04:32:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mapa del nuevo tango argentino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tango,Música,Argentina]]></media:keywords>
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