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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - María Pía López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/maria-pia-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - María Pía López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La historia es presente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-presente_1_9603825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a71c0fe1-435e-41bb-bb5e-37decf19af55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia es presente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito del conflicto en Villa Mascardi, la autora sostiene que el Gobierno "se ata las manos para intervenir en nombre del respeto a la propiedad privada" y al mismo tiempo "suelta las manos de las fuerzas de seguridad para perseguir mapuches". De "Argentina, 1985" a "La Patagonia rebelde".</p></div><p class="article-text">
        En 1982, David Vi&ntilde;as public&oacute; <em>Indios, ej&eacute;rcito y frontera</em>. Una compilaci&oacute;n excepcional y rigurosa de un conjunto de textos en los que se hab&iacute;a amasado la cuesti&oacute;n de la guerra de fronteras en Argentina, con su doble implicancia: ocupaci&oacute;n y valorizaci&oacute;n mercantil de las tierras, corrimiento y aniquilaci&oacute;n de las poblaciones originarias. Vi&ntilde;as constru&iacute;a series: por un lado, la auto nombrada conquista del desierto era la continuidad de la guerra colonial contra el indio -o sea, el Estado naci&oacute;n modernizante, que se quer&iacute;a heredero de la ruptura del orden colonial, en realidad ven&iacute;a a heredar el otro rostro<strong>: el de la acci&oacute;n criminal de despojo territorial-</strong>; y por otro lado, la secuencia que enlazaba la expedici&oacute;n roquista con la de la actualidad genocida argentina en el momento en que publica. En 1979 se festej&oacute; el centenario de aquella campa&ntilde;a hacia el R&iacute;o Negro y<strong> los fastos transcurren bajo el terrorismo de Estado.</strong> Continuidades y variaciones, sol&iacute;a decir el escritor. 
    </p><p class="article-text">
        En 1892, el artista Della Valle&nbsp;pinta y expone <em>La vuelta del mal&oacute;n, </em>en conmemoraci&oacute;n de los 400 a&ntilde;os de la llegada de Col&oacute;n a Am&eacute;rica. <strong>La persistente marca colonial en la vida argentina ha sido la del racismo</strong>. Soterrado, escondido bajo la alfombra, mutante. Que si hab&iacute;a justificado la empresa aniquiladora, convertido a los cuerpos ind&iacute;genas en objeto de museo o en vidas destinadas a la servidumbre, tambi&eacute;n se actualizar&iacute;a en la denostaci&oacute;n persistente de quienes las clases dominantes nombran cabecitas negras: mestizos, aindiadxs, oscuras. Pieles marrones, con una politicidad plebeya que no dejar&iacute;a de incomodar. Con todas las complejidades, porque si aqu&iacute; estamos insinuando un cierto arco que va desde la indiada perseguida a la multitud peronista; eso es solo un hilo que se contradice con otros. Con el Mal&oacute;n de la paz que en 1948 viaj&oacute; del norte hacia la ciudad capital para reclamar tierras y reforma agraria, y fue<strong> bruscamente desconocido por el presidente Per&oacute;n</strong> y quienes lo integraban alojados en el hotel de Inmigrantes y despachados raudamente hacia sus provincias de origen. O con el hilo que va de Vi&ntilde;as a Mart&iacute;nez Estrada, que para criticar al peronismo fue capaz de pensar, de los modos m&aacute;s profundos, la cuesti&oacute;n de la frontera y la vida popular. En <em>Muerte y transfiguraci&oacute;n del Mart&iacute;n Fierro</em>, publicado en el mismo a&ntilde;o en que caminaba el Mal&oacute;n de la paz, se&ntilde;ala que<strong> se nombra expedici&oacute;n militar a lo que es, solo, un mal&oacute;n blanco que mata, secuestra, reduce a la servidumbre, despoja y se apropia de bienes.</strong> Para Ezequiel Mart&iacute;nez Estrada, la guerra contra el indio era el crimen silenciado en la historia nacional, pero ese silencio operaba de modo traum&aacute;tico, impidiendo nombrar y sentir y denunciar las injusticias del presente.
    </p><p class="article-text">
        Es necesario volver a traer esos textos, en los que se configur&oacute; la cr&iacute;tica nacional, para comprender que<strong> no alcanza con el derecho liberal del reconocimiento de la propiedad privada, para considerar lo que sucede con las comunidades ind&iacute;genas que intentan la recuperaci&oacute;n territorial</strong> y que, al hacerlo, ponen en tensi&oacute;n toda la historia del propio Estado. Porque cuando aparecen all&iacute;, y reclaman derecho a construir sus vidas, sus l&oacute;gicas comunitarias, disponiendo de tierras y aguas, traen con ellas una historia entera que debe ser reparada. Muchas veces el Estado debe pedir perd&oacute;n: lo supo N&eacute;stor Kirchner cuando en las puertas de la ESMA&nbsp;lo hizo respecto de los actos criminales del poder militar. No significaba que se declarara heredero de ese gobierno, sino que deb&iacute;a poner en tensi&oacute;n al Estado que empezaba a gobernar para que tuviera otra legitimidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nadie se ha animado a pedir perd&oacute;n por los cr&iacute;menes de la guerra de fronteras.</strong> Por el contrario, aparece ratificado el esfuerzo de desconocer a esos sujetos que demandan por una larga expoliaci&oacute;n. El desconocimiento tiene muchos modos: a veces se presenta como reclamo de autenticidad -&iexcl;pero si esta gente antes viv&iacute;a en las ciudades, ya no eran indixs!-, otras como demanda de incoherencia -desconocen al Estado pero usan sus planes sociales-, otras como racismo expl&iacute;cito. En ese magma de discursos -basta asomarse unos minutos a los medios de comunicaci&oacute;n dominantes-<strong> flota la voluntad de aniquilamiento.</strong> Ya murieron Rafael Nahuel y Santiago Maldonado. Ya sabemos de qu&eacute; se trata. La pregunta que se abre es<strong> por qu&eacute; un gobierno democr&aacute;tico, que busc&oacute; su legitimidad en la apelaci&oacute;n a las luchas por los derechos humanos y las peleas feministas, act&uacute;a con l&oacute;gicas represivas, </strong>aceptando <strong>decisiones judiciales que est&aacute;n permeadas de una estricta parcialidad</strong>, la que llama a blanquear el mundo de las bellezas may&uacute;sculas del paisaje sure&ntilde;o. Hay conflictos, hay l&oacute;gicas de ocupaci&oacute;n, hay tensiones y confrontaci&oacute;n entre las ocupaciones y vecinxs de las ciudades. Todo eso se sabe, como se sabe que solo la negociaci&oacute;n, la conversaci&oacute;n y el reconocimiento, permiten la resoluci&oacute;n democr&aacute;tica de una situaci&oacute;n conflictiva. 
    </p><p class="article-text">
        Hay otra disputa m&aacute;s sorda, no habilitada en el campo de la visibilidad, que hace al acceso a recursos naturales -ya nombrar as&iacute; las potencias de las tierras y las aguas es un problema-, que es geopol&iacute;tica e internacional.<strong> &iquest;Qui&eacute;nes son los due&ntilde;os de la tierra? &iquest;Qu&eacute; implica esa propiedad? </strong>&iquest;Qu&eacute; pasa con la soberan&iacute;a nacional cuando quienes compran son millonarios de cualquier parte del mundo, que pueden cercar lagos, cerrar monta&ntilde;as, disponer circulaciones?<a href="https://revistacrisis.com.ar/notas/el-atentado-cfk-y-la-guerra-que-ya-llego" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> La revista Crisis public&oacute; un informe preocupante sobre el tema</a> mientras seguimos azoradxs ante el acompa&ntilde;amiento de ciertos sectores pol&iacute;ticos a la privatizaci&oacute;n encarada por Joe Lewis. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando se persigue y reprime a la Lof Lafken Wincul Mapu no se trata, entonces, de preservar la soberan&iacute;a. La situaci&oacute;n en la que se coloca el gobierno nacional es, por lo menos dram&aacute;tica: <strong>se ata las manos para intervenir en la preservaci&oacute;n de esa soberan&iacute;a en nombre del respeto a la propiedad privada; y suelta las manos de las fuerzas de seguridad para perseguir mapuches.</strong> Mucho hay que desandar en esa historia que nos constituye, en la que encarnamos cuando nos decimos argentinxs, pero no podemos retroceder ante esa incomodidad ratificando los pactos criminales del origen, actualiz&aacute;ndolos, una y otra vez, con las balas de la gendarmer&iacute;a, los traslados a las c&aacute;rceles, el elogio de las fuerzas vivas y el festejo de la prensa dominante. Porque mientras nuestro presente se conmueve con la actualizaci&oacute;n f&iacute;lmica del fundamental juicio a las juntas militares, los sucesos de estos d&iacute;as en Villa Mascardi nos traen inesperados flashbacks del film<em> La Patagonia rebelde</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Pía López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-presente_1_9603825.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Oct 2022 02:12:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia es presente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Villa Mascardi,Represión,Mapuches]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un milagro secreto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/milagro-secreto_129_9285442.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/891f6e9b-fc7b-4b8a-82be-3cdd1ffe718c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un milagro secreto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Miramos una y mil veces esa imagen, porque aunque la bala no haya salido, la voluntad asesina debe ser explicada", escribe María Pía López sobre el intento de magnicidio a Cristina Fernández de Kirchner.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Un arma frente al rostro de la vicepresidenta. No dejamos de preguntarnos, desde ayer, qu&eacute; hubiera pasado. </strong>Hubo una bifurcaci&oacute;n afortunada, un peque&ntilde;o azar t&eacute;cnico, lo que les creyentes llaman <em>milagro</em>, unas fuerzas an&iacute;micas protectoras, unas diosas, un dios, que impidi&oacute; lo peor. Pero el hecho est&aacute; en el aire. En &ldquo;El milagro secreto&rdquo;, Borges imagina una detenci&oacute;n del tiempo que permite que en los segundos en que las balas que fusilan lleguen al cuerpo del escritor encarcelado, &eacute;l pueda terminar, en un soliloquio fundamental, la novela. El milagro secreto ocurri&oacute; anoche, algo se suspendi&oacute; en el aire, se detuvo, temblamos en esa detenci&oacute;n. <strong>Miramos una y mil veces esa imagen, porque aunque la bala no haya salido, la voluntad asesina debe ser explicada.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De d&oacute;nde surge esa decisi&oacute;n, de qu&eacute; argamasa de motivos? Se dice: los discursos del odio. No son solo discursos; son acciones, puestas en escena, coreograf&iacute;as de los cuerpos. Un diputado nacional es golpeado por la polic&iacute;a de la ciudad de Buenos Aires cuando quiere entrar al edificio donde vive su madre. La polic&iacute;a desparrama gas pimienta, balas de goma y trompazos y recibe felicitaciones de las autoridades de la ciudad. En cadena nacional se agita la voluntad de suprimir, para siempre, la enfermedad populista. Un hombre se toma en serio ese mandato, que coincide con sus propias ansias de notoriedad televisiva. Va hacia el magnicidio, con sus tatuajes que lo filian en lejanas mitolog&iacute;as nazis, con un arma que quedar&aacute; tirada en el piso. Hoy se suceden los comentarios en las redes: personas que cuentan que en grupos de WhatsApp y en reuniones ocasionales est&aacute;n lxs que festejan la valent&iacute;a y lxs que lamentan que el hecho no fuera finalmente consumado. Est&aacute;n quienes aprovechan para sacarse la m&aacute;scara de la tolerancia y dejar al desnudo su aspiraci&oacute;n al aniquilamiento. 
    </p><p class="article-text">
        Cuenta Bioy Casares, en un libro tremendo en el que narra su larga amistad con Borges, que festejaron los fusilamientos de peronistas en 1956. All&iacute;, el milagro fue un fusilado que vive -ser&iacute;an varios- y dos j&oacute;venes que se animan a investigar qu&eacute; sucedi&oacute;. Uno de ellos escribir&iacute;a el libro <em>Operaci&oacute;n Masacre</em>. La otra, dejar&iacute;a diarios de la investigaci&oacute;n que reci&eacute;n conocemos, en los que va registrando la sorpresa ante esas familias de la clase obrera, laburantes que tienen sus casitas en barrios alejados, golpeados por una cruenta represi&oacute;n. <strong>Rodolfo Walsh</strong> y <strong>Enriqueta Mu&ntilde;iz</strong> eran antiperonistas, pero en ese caminar buscando testimonios, se encuentran con una comprensi&oacute;n nueva de qu&eacute; es el peronismo y cu&aacute;l es la voluntad destructiva de sus enemigos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cristina no es solo Cristina, pero es fundamentalmente Cristina. Su nombre condensa la posibilidad de preservar la historia abierta, también al interior de un difícil frente de gobierno.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No es abuso de la serialidad ver en el arma suspendida frente al rostro de Cristina la reiteraci&oacute;n de esa voluntad. Que, como tal, no est&aacute; dirigida solo a ella, aunque sea su objeto sacrificial. El discurso contempor&aacute;neo del odio es parte de una escena mundial, agitada por derechas autoritarias que vienen a reponer con dureza todas las jerarqu&iacute;as amenazadas: las de clase, las de g&eacute;nero, las raciales. Reposici&oacute;n disciplinadora, que se agita ante nuestros ojos desorbitados frente al arma, una y otra vez. De Trump a Bolsonaro, pero tambi&eacute;n por abajo, la expansi&oacute;n de una hostilidad, la habilitaci&oacute;n de una violencia que se puede ejercer contra las pibas, las travas, los planeros. Se nombra odio a la fuerza antiigualitarista, a la demolici&oacute;n de la igualdad como horizonte. Con el sanbenito discursivo del m&eacute;rito y la realidad del capitalismo de sacrificio de vidas desechables.
    </p><p class="article-text">
        Esa pol&iacute;tica pertenece a la geograf&iacute;a del mundo actual, pero a la vez hereda y actualiza las propias servidumbres argentinas, el modo en que se persigui&oacute;, con todas las sevicias imaginables, a las militancias populares. Anot&eacute;: Jos&eacute; Le&oacute;n Su&aacute;rez. Pero la calle que pasa por all&iacute; llega hasta Campo de Mayo -de un basural al lugar donde funciona el CEAMSE, pero tambi&eacute;n desde el fusilamiento con errores varios y un estado de sitio inminente a la disposici&oacute;n concentracionaria de las personas secuestradas. Cambio de escala, aprendizajes de c&oacute;mo tratar a quienes pelean por una sociedad m&aacute;s igualitaria. Ese brazo tatuado con s&iacute;mbolos extra&ntilde;os, renueva una escena por dem&aacute;s conocida. Aviones bombardearon una plaza, en 1955, cuando pasaban trolebuses con escolares y oficinistas iban y ven&iacute;an en su horario de trabajo. Lo hac&iacute;an para aleccionar, amedrentar y con el motivo expl&iacute;cito de matar al presidente. El arma frente al rostro de Cristina moviliza esa amenaza, que es hacia ella y hacia todxs nosotrxs. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cristina no es solo Cristina, pero es fundamentalmente Cristina. Su nombre condensa la posibilidad de preservar la historia abierta, tambi&eacute;n al interior de un dif&iacute;cil frente de gobierno. </strong>Su nombre moviliza una memoria, que es la de otro pa&iacute;s posible. Esa bala lleva su nombre, pero tambi&eacute;n el nuestro. No es solo ella: son las pol&iacute;ticas distributivas e igualitaristas de doce a&ntilde;os de gobierno, es la fuerza plebeya que la acompa&ntilde;a, es el amor desparramado en el pueblo, es la memoria de un pa&iacute;s soberano, es la alegr&iacute;a de sabernos comunidad. Encarna todo eso, lo sostiene, lo juega en su cuerpo. Quieren matarla para matar lo de insurrecci&oacute;n popular que nos habita, para impedir que eso que deseamos, a&ntilde;oramos y memoramos tenga un cauce pol&iacute;tico que requiere su nombre y su presencia viva.
    </p><p class="article-text">
        <em>MPL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Pía López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/milagro-secreto_129_9285442.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2022 16:21:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un milagro secreto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cristina Fernández de Kirchner,Atentado a CFK,Peronismo]]></media:keywords>
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