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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariano Llinás]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/mariano-llinas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariano Llinás]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Godard: el cine y el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/godard-cine-mundo_129_9419476.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6a24dfe-7acc-46b8-88a7-2b71c3536bcd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Godard: el cine y el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Godard concibe al cine no sólo como la última de las artes y la mayor, sino como una suerte de construcción colectiva de la imaginación y la memoria de los pueblos, escribe Mariano Llinás en su evocación y despedida del director de Cine que falleció esta semana.</p></div><p class="article-text">
        Godard ha muerto. Decir que fue la personalidad mas importante de la Historia del Cine es casi una provocaci&oacute;n, una mera invitaci&oacute;n al desacuerdo. Acaso sea m&aacute;s acertado se&ntilde;alar, por fuera de cualquier escalaf&oacute;n o podio, los motivos que lo convierten en una figura &uacute;nica: <strong>un tipo de individuo completamente inconcebible antes de su aparici&oacute;n y a quien todas las se&ntilde;ales parecen intuir como irrepetible.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La primera singularidad de JLG consiste en volatilizar desde un primer momento la tradicional frontera que, desde siempre, separaba la pr&aacute;ctica cinematogr&aacute;fica de&nbsp;cualquier forma mas o menos ordenada del pensamiento. Surgido apenas como una&nbsp;extravagancia fotogr&aacute;fica, popularizado en barracas de feria y en tiendas de lona frente a un p&uacute;blico aglomerado de obreros y vendedoras de tienda,&nbsp; tonificado gimn&aacute;sticamente bajo el sol de California entre trabajadores de rodeo y analfabetos que abandonaban por el arte de la c&aacute;mara el cada vez menos rentable negocio de la cosecha de naranjas, convertido en un paroxismo capitalista bajo el guante m&aacute;gico de magnates que apenas unos a&ntilde;os antes se ganaban la vida como sastres o vendedores ambulantes y que no hab&iacute;an olvidado del todo el ruido met&aacute;lico de los cosacos ni el olor acre de los barcos oscuros en cuya bodega, amuchados como el carb&oacute;n,&nbsp; hab&iacute;an atravesado el Mar Negro, el Cine nunca olvid&oacute; del todo sus or&iacute;genes populares, y casi como un reflejo sospech&oacute; desde siempre -y hay algo aqu&iacute; que puede hacernos pensar en los gauchos siempre reticentes de Guti&eacute;rrez o de Yupanqui- de cualquier atisbo intelectual. La c&eacute;lebre entrevista a John Ford en la que ridiculiza a su interlocutor haciendo pasar sus preguntas elaboradas por rid&iacute;culas pedanter&iacute;as irrelevantes no es visto por nadie como el capricho de un director ex&oacute;tico: es mas bien una cifra del cine, un rasgo casi patri&oacute;tico de la identidad cinematogr&aacute;fica que se ha caracterizado desde siempre por el desd&eacute;n a una intelectualizaci&oacute;n excesiva. Eisenstein- a quien nadie vacilar&iacute;a en calificar como un artista, y menos a&uacute;n como un pensador, y que mereci&oacute; la admiraci&oacute;n de los m&aacute;s ilustrados entre sus contempor&aacute;neos- no era sin embargo considerado por esos mismos contempor&aacute;neos como un par. Era apenas-y lo mismo puede decirse de Chaplin o de Murnau- el mas grande dentro de un arte menor, y en el mejor de los casos podr&iacute;a decirse que elevaba su disciplina a una altura similar a la de las otras. El caso de Godard es radicalmente distinto: <strong>su desobediencia inicial es abandonar el lugar que la opaca escala cultural ha reservado a la gente de cine y pensarse a s&iacute; mismo como una figura central de su tiempo</strong>. Para usar una comparaci&oacute;n godardiana: como si Van Eyck fuese al mismo tiempo tambi&eacute;n autor de las obras Schubert y de los escritos de Nietzche (y adem&aacute;s, casado con la mujer m&aacute;s hermosa de todos los tiempos).&nbsp; Efectivamente, lejos de asumir para el cine un lugar levemente pajuerano, lejos de ser un meritorio y pulcro invitado cinematografico al parnaso de las artes, resulta dif&iacute;cil imaginar una figura de su peso intelectual a lo largo de la segunda mitad del siglo XX en cualquier campo, con la posible excepci&oacute;n (levemente empujada por cierto orgullo nacional, pero en ning&uacute;n caso menos desobediente) de Jorge Luis Borges. Efectivamente, si Godard conclu&iacute;a la que acaso sea su obra m&aacute;xima -Histoire(s) du cinema- con una referencia al escritor porte&ntilde;o, es dif&iacute;cil no ver all&iacute; el reconocimiento de una afinidad que no por ins&oacute;lita o impensada deja de resultar factible. El impulso altivo que lleva a ambos a desplazarse como si fueran los hermanos Marx por el gran bazar de la cultura de los siglos y los pa&iacute;ses, sin otra reverencia que el dolor o la exaltaci&oacute;n, sin condescender a supersticiones ni estridencias es acaso el mismo que les permite a ambos la ejecuci&oacute;n de una obra expansiva, casi c&oacute;smica, que se adue&ntilde;a de todo y que avanza sobre todo con la misma autoridad que la noche o el sue&ntilde;o. Una obra c&oacute;smica: en efecto, desde la mitad de los a&ntilde;os sesenta, la obra de JLG ha dejado de limitarse a sus pel&iacute;culas y se ha trasladado a una forma de pensar y de articular las palabras y las im&aacute;genes. Casi podr&iacute;amos decir: <strong>ha procedido como si no solo sus pel&iacute;culas fueran obra de &eacute;l, sino el cine mismo.</strong> Si Borges hace de la literatura su territorio de caza, su particular e ilimitado dominio,&nbsp; Godard se ocupa de avanzar a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; de esas fronteras. En uno de los pasajes m&aacute;s famosos de las Historia(s), el referido a Hitchcock, tras enumerar los objetos que aparecen en sus films y cuya imagen persiste m&aacute;s all&aacute; de su lugar en la trama, r&aacute;pidamente olvidado, se se&ntilde;ala que
    </p><p class="article-text">
        <em>Por ellos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y a trav&eacute;s de ellos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Alfred Hitchcock</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Conquist&oacute; lo que no pudieron</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ni Alejandro ni C&eacute;sar</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ni Napole&oacute;n&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ni Hitler:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tomar el control del Universo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hitchcock o Godard, no hay diferencia. El cine es de todos. Lo hecho por uno es lo hecho por todos. No hay autores, hay Cine, y esa pr&aacute;ctica casi m&aacute;gica ha encontrado la forma de Tomar el Control del Universo: <strong>&iquest;Pueden encontrarse f&aacute;cilmente ejemplos de tanta ambici&oacute;n y altaner&iacute;a?</strong> La segunda anomal&iacute;a de Godard consiste en el hecho de que desde un primer momento su personaje alcanza su desaforada estatura intelectual no a pesar del cine sino gracias a &eacute;l. Godard puede pensarse a s&iacute; mismo como el m&aacute;ximo intelectual y artista de su tiempo porque existe el cine: he ah&iacute; la m&aacute;xima de sus conquistas territoriales. Frente a la miop&iacute;a pertinaz que insiste en hacer del cine un rubro propio de las actividades de fin de semana, asign&aacute;ndole obligaciones an&aacute;logas a las de un presentador de televisi&oacute;n o un payaso de circo, acaso sea Godard el primer cineasta en comprender que tras el paso de la gran revoluci&oacute;n cinematogr&aacute;fica la vida de los hombres y su comprensi&oacute;n del mundo no habr&aacute; de ser la misma. Algo ha pasado y de ese algo hemos participado todos, y&nbsp; no hay vuelta atr&aacute;s.&nbsp; Film- Socialismo:&nbsp; una utop&iacute;a en la que todos hemos participado casi sin darnos cuenta, simplemente entreg&aacute;ndonos con mansedumbre o resistencia al resplandor de la pantalla. <strong>Godard concibe al cinemat&oacute;grafo no s&oacute;lo como la &uacute;ltima de las artes y la mayor, sino como una suerte de construcci&oacute;n colectiva de la imaginaci&oacute;n y la memoria de los pueblos.</strong> Hasta su aparici&oacute;n, nadie hab&iacute;a advertido que el cine era al mismo tiempo una &eacute;poca y un pa&iacute;s, y que ese pa&iacute;s y esa &eacute;poca eran acaso lo m&aacute;s parecido que los hombres hab&iacute;an conocido a una Edad de Oro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Si un hombre atravesara el Para&iacute;so en un sue&ntilde;o, y le dieran una flor como prueba de que hab&iacute;a estado all&iacute;, y si al despertar encontrara esa flor en su mano&hellip; &iquest;entonces, qu&eacute;?</em> Se pregunta Coleridge en el relato de Borges. Godard, desentendi&eacute;ndose de la pregunta, apenas anuncia: <em>Yo he sido ese hombre. </em>Y eso quiere decir: ese para&iacute;so es el Cine, y la rosa es cada una de sus im&aacute;genes: Los ej&eacute;rcitos de Alexander Nevsky y los de Scarface; los bailes de William Wyler y de Glauber Rocha; Marlene Dietrich arregl&aacute;ndose las medias frente al pelot&oacute;n de fusilamiento y el enamaorado que se hunde bajo las aguas en <em>Tab&uacute;. </em>No hay pel&iacute;culas: solo hay cine- una materia espesa como una jungla. No hay realidad: solo hay cine- la humanidad entera pensando al mismo tiempo detr&aacute;s de la lente y los engranajes secretos de una m&aacute;quina. Nadie ha cre&iacute;do con mayor euforia en el cine y en su poder. Los tontos creen que el cine debe transformar el mundo. <strong>Godard sab&iacute;a que el cine </strong><em><strong>era</strong></em><strong> el mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los ingleses despiden a su reina, y las personas del cine a Godard. No deja de resultar risue&ntilde;a la coincidencia. &iquest;Se sugiere aqu&iacute; que Godard era un rey? Mi fabulaci&oacute;n no llega a tanto: s&iacute; en todo caso, opino&nbsp; que se ha ido la &uacute;ltima persona capaz de confundir su persona con el cine mismo, pero tambi&eacute;n de darle, por su mera existencia, sentido al cine. Generaciones de espectadores y cineastas se han burlado de &eacute;l o han opinado de &eacute;l con desd&eacute;n y con desprecio: tengo para m&iacute; que esas bravatas no pod&iacute;an ser pronunciadas sin una &iacute;ntima verg&uuml;enza, sin una &iacute;ntima sensaci&oacute;n de falsedad y humillaci&oacute;n. Los films de Godard pod&iacute;an no disfrutarse&nbsp; : Menos f&aacute;cil era no intu&iacute;r -a&uacute;n frente al desagrado o la incomprensi&oacute;n- su dimensi&oacute;n ol&iacute;mpica y su abrumadora lucidez. Ambas cosas eran, para los tontos, una amenaza. El hombre que hab&iacute;a imaginado esos film estaba ah&iacute;, en alg&uacute;n lado, y frente a eso no hab&iacute;a nada que nadie pudiera hacer. Era, para los cineastas, una entidad protectora: contra el cinismo, contra el autoritarismo del dinero, contra el eterno menosprecio de los mediocres. No ha habido explorador mas audaz de las regiones del cine, y sus noticias, a menudo amargas, nunca han dejado sin embargo de ser alentadoras: Hay mucho m&aacute;s all&aacute;,&nbsp; hay cosas que no hemos visto, hay cosas que no hemos a&uacute;n revelado al mundo. La aventura a&uacute;n tiene sentido: vale la pena seguir.
    </p><p class="article-text">
        JLG, ruega por nosotros
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Llinás]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/godard-cine-mundo_129_9419476.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Sep 2022 03:03:22 +0000]]></pubDate>
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