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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Silvina Giaganti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/silvina-giaganti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Silvina Giaganti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Donde brilla el tibio sol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/brilla-tibio-sol_1_9438535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1c442ce-db3e-44a2-8247-e4b20db3bd3b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donde brilla el tibio sol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Barrio, fútbol, padre: el cóctel de Silvina Giaganti para escribir su primera nouvelle, Donde brilla el tibio sol. "Si estoy taciturna me voy a la escritura y si necesito llorar me voy a Independiente", escribe la autora. Editó Mansalva y aquí compartimos el primer capítulo.</p></div><p class="article-text">
        <strong>El lugar donde nac&iacute; no existe m&aacute;s</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nac&iacute; en la Cl&iacute;nica 25 de mayo, que se llamaba as&iacute; por estar en la calle 25 de mayo, en pleno centro de Avellaneda, una duplicaci&oacute;n bastante pr&aacute;ctica en una &eacute;poca sin Waze y sin Google Maps. La &uacute;ltima vez que estuve sentada en los escalones de ese centro m&eacute;dico fue a los diecis&eacute;is o diecisiete, fumando porro con mis amigas y sus novios de ese momento. Uno de ellos se hab&iacute;a lastimado el brazo en una pelea callejera y est&aacute;bamos esperando que su pap&aacute;, m&eacute;dico de la cl&iacute;nica, le pusiera un cabestrillo a su oveja descarriada. Cuando empec&eacute; a escribir este relato me pregunt&eacute; si segu&iacute;a existiendo, hace a&ntilde;os que no camino por ninguna de las calles transversales a Avenida Mitre. Busqu&eacute; en el Street View de Google y en esa cuadra ya no hay nada parecido a una cl&iacute;nica. El lugar donde nac&iacute; no existe m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nac&iacute; el s&aacute;bado 29 de mayo de 1976 a las siete de la tarde; la hora la necesit&eacute; saber con precisi&oacute;n a los veintiocho a&ntilde;os &ndash; la encontr&eacute; en la partida de nacimiento guardada en una caja, revolviendo los cajones del placard de mis padres -. Una astr&oacute;loga, Ariadna se llamaba, me hizo&nbsp; la carta natal y me dijo ten&eacute;s el sol en G&eacute;minis, la luna en G&eacute;minis y el ascendente en Sagitario. Hace un tiempo, Cristina, mi analista con alt&iacute;simos conocimientos de astrolog&iacute;a, repas&oacute; la carta y me coment&oacute; que en el ascendente tengo metido tambi&eacute;n un poco a Capricornio, lo que explicar&iacute;a cierta rigidez, poca flexibilidad y empacamiento. En realidad, tambi&eacute;n estas caracter&iacute;sticas, sumadas a otras que tengo, podr&iacute;an acercarme un poco al asperger o a alg&uacute;n otro trastorno de la personalidad. Cristina -a pesar de varias charlas que tuvimos sobre esto - insiste en no hacerme etiquetado frontal y me parece bien, su mirada es la &uacute;nica que me funciona. Yo, simplemente, creo que soy de pocas ganas o, mejor dicho, tengo muchas ganas pero de pocas cosas. Una vitalidad limitante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con tantas mudanzas, perd&iacute; el cassette de la grabaci&oacute;n de lo que me dijo Ariadna sobre mi carta, un TDK 120; de todos modos, tampoco tendr&iacute;a d&oacute;nde escucharlo. Se me fijaron dos comentarios nom&aacute;s, uno fue que la <em>casa</em> de la vocaci&oacute;n y el trabajo estaba llena de informaci&oacute;n - y recuerdo que me se&ntilde;al&oacute; un mont&oacute;n de s&iacute;mbolos apretados entre dos rayas, que los entend&iacute; tan poco como si me hubiera hecho mirar algas de agua a trav&eacute;s de un microscopio-. Me sugiri&oacute; que me tuviera paciencia, que en alg&uacute;n momento yo iba a conocerme m&aacute;s, a saber qui&eacute;n era; y lo otro que no me olvid&eacute; fue su recomendaci&oacute;n de hacer deporte para que la energ&iacute;a no se me fuera tan a la cabeza. Eso me dijo, <em>ten&eacute;s que tomarte el deporte como una medicaci&oacute;n de por vida</em>. En eso le vengo haciendo caso; mientras que en lo primero me di tanto la cabeza contra la pared para entender qui&eacute;n era, qu&eacute; era lo que quer&iacute;a y me angusti&eacute; tanto para saber c&oacute;mo me las iba a arreglar para encarrilar mi econom&iacute;a, que no repar&eacute; en que parte de la fuerza para llegar a ser lo que se es hay que dejar que la haga el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que nac&iacute; en pleno centro de Avellaneda, a tres cuadras y media de Mitre, a seis de la sede de Independiente y a trece &ndash;no me acostumbro a llamarlo ni LDA ni Libertadores de Am&eacute;rica (ni siquiera ahora que le adosaron el nombre de Ricardo Enrique Bochini) - de la Doble Visera. A siete cuadras del ENCA, el colegio donde termin&eacute; la secundaria &ndash; despu&eacute;s de pasar por tres colegios y abandonar dos veces, en primero y en tercer a&ntilde;o-; y que par&eacute;, entre los quince y los dieciocho, con mis amigas y sus novios barras de Racing a tres cuadras, en un pool de la calle Marconi, un antro en un primer piso donde se jugaba, se socializaba, se compraba y se tomaba lo que se quisiera. Fue ah&iacute; donde vi por primera vez a un tipo grande inyectarse merca en la vena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo estuvimos en la cl&iacute;nica 25 de mayo hasta que nos fuimos a casa con mi mam&aacute; y con mi pap&aacute;. Un d&iacute;a, Cristina, despu&eacute;s de una sesi&oacute;n imagino que medio dram&aacute;tica, me pidi&oacute; que intentara hablar con mi mam&aacute; sobre el parto, sobre si hab&iacute;a habido alg&uacute;n incidente en el momento de parirme, algo disruptivo, especial, una an&eacute;cdota que volviera espec&iacute;fico el momento, porque hac&iacute;a dos a&ntilde;os ven&iacute;a teniendo sistem&aacute;ticamente el mismo sue&ntilde;o: que estaba muerta. Me despertaba de madrugada con toda la espalda y la nuca mojadas, abr&iacute;a con desesperaci&oacute;n la ventana y las celos&iacute;as y sacaba la cabeza afuera tratando de aspirar todo el aire posible de un saque mientras el coraz&oacute;n me lat&iacute;a con m&aacute;s tensi&oacute;n que las cuerdas del bajo de Simon Gallup en The Hanging Garden.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo otro que no me olvidé fue su recomendación de hacer deporte para que la energía no se me fuera tan a la cabeza. Eso me dijo, &#039;tenés que tomarte el deporte como una medicación de por vida&#039;.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En c&oacute;mo nac&iacute;, agreg&oacute; Cristina, podr&iacute;a estar la clave de ese sue&ntilde;o insistente. Entonces un d&iacute;a me sent&eacute; en la cocina de mi mam&aacute;, le pregunt&eacute; por el d&iacute;a en que nac&iacute; y me dijo que cuando me sac&oacute;, el m&eacute;dico pens&oacute; que estaba muerta porque el color de la piel era gris ceniza y encima no llor&eacute; ni gem&iacute; ni nada. Nac&iacute; muteada. De modo que me agarr&oacute; de las dos piernas, me puso boca abajo y me mantuve silenciosa hasta que pegu&eacute; el primer alarido despu&eacute;s de la segunda o tercera cachetada en la cola. Tambi&eacute;n me cont&oacute; que su &uacute;tero no dilataba bien y que tard&eacute; un mont&oacute;n en salir. Me qued&eacute; pensando en la cantidad de informaci&oacute;n que nuestros padres se guardan, esa caja negra que, de poder tener acceso, nos allanar&iacute;a el camino para entendernos o, tal vez, volvernos m&aacute;s locos.
    </p><p class="article-text">
        En general me cuesta llorar, no s&eacute; si es que reprimo la tristeza y la permuto por bronca y enojo, o si es algo qu&iacute;mico o parte de la estructura familiar. Pero la verdad es que lo que me estuvo pasando en paralelo a esa pesadilla &ndash; y que intent&eacute; encontrarle la vuelta con cartas natales, yoga, revoluciones solares, terapia dos veces por semana, osteopat&iacute;a, nataci&oacute;n &ndash; fue que con mi pareja de ese momento est&aacute;bamos atravesando una crisis debilitante de la que yo sab&iacute;a que no &iacute;bamos a salir, pero ella cre&iacute;a y quer&iacute;a y manifestaba que s&iacute;. Me dec&iacute;a <em>no me importa c&oacute;mo estemos, yo quiero con vos toda la vida</em>. Y yo me preguntaba, me torturaba, &iquest;c&oacute;mo rechazo esta incondicionalidad yo, un perro medio abandonado? Tampoco pod&iacute;a llorar en ese momento, ten&iacute;a el pecho duro como un f&oacute;sil. Durante toda esta ca&iacute;da libre del amor que nos ten&iacute;amos, adem&aacute;s de la pesadilla sistem&aacute;tica que cont&eacute; arriba, se me empezaron a caer mechones enteros de pelo, empec&eacute; a tener ataques de p&aacute;nico en la calle y a o&iacute;r voces que dec&iacute;an mi nombre. Yo tampoco soportaba la idea de no verla morir o de morir sin ella al lado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a not&eacute; que hab&iacute;a algo con lo que pod&iacute;a llorar y aliviar la tensi&oacute;n ps&iacute;quica. Nunca se lo cont&eacute; a nadie porque la estrategia me daba y me sigue dando una mezcla de autocompasi&oacute;n berreta y risa pero al mismo tiempo me recuerda que la pasi&oacute;n es un incendio que desfigura todo. Con distancia, la pasi&oacute;n es un insumo de la s&aacute;tira, caricatura, estereotipo. Sin distancia, mueve la corteza volc&aacute;nica de la psiquis.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Silvina Giaganti, en la cancha de Independiente.                            </span>
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        En fin, para descargarme empec&eacute; a subir de madrugada al altillo donde estaba mi computadora de escritorio y pon&iacute;a en YouTube <em>Sangre Roja</em>, el documental que Adri&aacute;n Caetano hizo para festejar los cien a&ntilde;os de Independiente; por ah&iacute; pasan las motivaciones que llevaron a sus fundadores a crear el club, los campeonatos ganados en color y en blanco y negro, Erico, Sastre y De la Mata, las copas levantadas, los &iacute;dolos m&aacute;s contempor&aacute;neos y los&nbsp; testimonios de directores t&eacute;cnicos, jugadores y dirigentes. Por ejemplo Garnero diciendo que cuando ve&iacute;a a Bochini de afuera no le parec&iacute;a gran cosa ni algo espectacular, que siempre terminaba haciendo un pase o metiendo un gol con <em>la puntita del bot&iacute;n</em>; pero que cuando jug&oacute; con &eacute;l entendi&oacute; que simplificar es un arte complejo y que dejar a un compa&ntilde;ero en situaci&oacute;n clara de gol seis o siete veces por partido es de <em>rara avis</em>. No una, seis o siete veces.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos cinco minutos, musicalizado con Am&eacute;rica de Nino bravo, Caetano compagin&oacute; un tren de im&aacute;genes de la hinchada, las salidas del equipo a la cancha, el gol de Percudani al Liverpool, el de Bochini que se la pica al arquero de Racing, la emboquillada de Rambert a Boca, algunas jugadas del Palomo, un video de la platea de mujeres de la d&eacute;cada del 50, la copa del 84 levantada por Trossero y Marangoni, Pastoriza jugador y t&eacute;cnico, la remontada contra Talleres en el 77; toda esa &eacute;pica que se empieza a acumular desde la frase <em>donde brilla el tibio sol/con un nuevo fulgor/ dorando las arenas</em>, me hac&iacute;an llorar como un beb&eacute; abandonado en una caja. No tengo idea de por qu&eacute; entrar en contacto con Independiente me genera, me sigue generando el mismo efecto, y tampoco este es un relato para saberlo. S&iacute; s&eacute; que, si estoy taciturna me voy a la escritura y si necesito llorar me voy a Independiente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvina Giaganti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/brilla-tibio-sol_1_9438535.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Sep 2022 03:02:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donde brilla el tibio sol]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Deportes,Lectura,Fútbol femenino]]></media:keywords>
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