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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Agustín Campero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/agustin-campero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Agustín Campero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Argentina, 1985: un falso disfraz para la leyenda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-1985-falso-disfraz-leyenda_129_9608663.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6509ea2e-d241-4797-9af4-74f6811bf794_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Argentina, 1985: un falso disfraz para la leyenda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aún en su emoción y eficacia, la película que protagoniza Ricardo Darín es una película castrada y antipolítica que incluso minimiza la importancia del gobierno de Raúl Alfonsín en el juicio a las juntas, sostiene Agustín Campero.</p></div><p class="article-text">
        <em>Argentina, 1985</em> es una pel&iacute;cula emocionante y potente. El efecto de la empat&iacute;a con los personajes y las sensaciones de justicia e injusticia entran por los ojos y los o&iacute;do y recorren todo el cuerpo: conmocionan. La pel&iacute;cula es intensa de principio a fin, pero tambi&eacute;n respira y compensa el drama con humor. Elige una mirada &iacute;ntima con el protagonista y su entorno (Strassera) para acompa&ntilde;ar su evoluci&oacute;n, sus pasos, sus excesos de fumador. Lo filma con cercan&iacute;a y con la sensaci&oacute;n de movimiento propia de una mirada humana. Lo acompa&ntilde;a hasta a hacer caca. Somos testigos y hasta coprotagonistas del acontecimiento heroico: a la vez colaboradores y part&iacute;cipes. Recitamos con &eacute;l su alegato, aplaudimos al final, nos encari&ntilde;amos con su familia. <strong>Le hacemos fuck you a los abogados de los milicos asesinos.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso sucede un poco menos con Moreno Ocampo. Aunque parece ser m&aacute;s vivo, m&aacute;s inteligente y hasta tiene el plus de romper con la tradici&oacute;n familiar. Aporta su energ&iacute;a y su mirada de juventud, la clave del &eacute;xito de la composici&oacute;n del equipo. La pel&iacute;cula modeliza el pase del testigo entre el bur&oacute;crata judicial del pasado y el del futuro. <strong>Con ambos la pel&iacute;cula construye h&eacute;roes. Pero los aleja del trazo grueso del h&eacute;roe: m&aacute;s bien los borda. Son &eacute;picos hasta ah&iacute;.</strong> No los santifica, no justifican ni ceden al perd&oacute;n o al aplauso &ndash;ni por buenos ni por malos- los pasos posteriores de ambos fiscales en tanto personajes reales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula es, adem&aacute;s, original en reivindicar la burocracia judicial. En la justicia de la pel&iacute;cula todo, o casi todo, parece funcionar bien. Sus exponentes tienen atributos positivos. Los sellos y los expedientes son parte de una rutina eficaz. Las opacas oficinas son, efectivamente, el coraz&oacute;n de la justicia. Sus mujeres y hombres grises son h&eacute;roes an&oacute;nimos. El personal de planta permanente (un buen chiste pero tambi&eacute;n un innecesario gui&ntilde;o al presente) finalmente ayuda y no molesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Argentina, 1985</em> recurre parcialmente a la realidad de un hecho hist&oacute;rico heroico llevado adelante por personas comunes para hacer justicia frente a hombres que supieron ser unos poderosos y macabros asesinos. Que tuvieron, literalmente, al pa&iacute;s a sus pies. Consumaron el sue&ntilde;o de una pel&iacute;cula hist&oacute;rica basada en un acontecimiento reciente y produjeron con calidad una obra que les permite recostarse en el c&aacute;lido arrullo del reconocimiento y el aporte de una obra que puede cumplir una funci&oacute;n social edificante. El sue&ntilde;o es todav&iacute;a mayor si, tanto en la pel&iacute;cula como en la realidad, esos h&eacute;roes simplemente se comprometieron con llevar adelante su trabajo habitual con valent&iacute;a, inteligencia y m&eacute;todo. Sin genialidades, sin atributos extraordinarios, sin concederle nada a la comodidad ni a la conveniencia personal o profesional. Ni al mal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula emociona porque los vectores de su narraci&oacute;n conducen a la emoci&oacute;n. Porque son sutiles, sin subrayados. En un ambiente de agobio y la dureza del tema que trata se permite manejar muy bien el humor y este humor es tanto verbalizado como de situaciones e im&aacute;genes. Tiene el acierto de ser, a la vez, sint&eacute;tica y contundente con los testimonios. Y recurre, en lo que hace a los testimonios, a im&aacute;genes de documental, lo que potencia todav&iacute;a m&aacute;s el poder de la ficci&oacute;n. Delinea muy bien las personas de los asesinos: ordinarios, inflamados de soberbia, vestidos como personajes de corso. Lo mismo con sus abogados, el resentimiento del ej&eacute;rcito en general y la alta jerarqu&iacute;a de la iglesia. La altivez de un poder ido pero reciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero tambi&eacute;n es una pel&iacute;cula castrada. O: es una pel&iacute;cula invertida.</strong> No lo es tanto por el deliberado error cronol&oacute;gico de las canciones que se escuchan (Ser&uacute; Gir&aacute;n en lugar de Clics Modernos o Piano Bar, los grandes discos de Charly de aquellos a&ntilde;os, o el recurso de &ldquo;Inconsciente colectivo&rdquo; de 1982 en lugar de cualquiera de las decenas de espectaculares canciones de aquel maravilloso e inolvidable a&ntilde;o 1985) o por cierto orgullo en el regodeo de la ambientaci&oacute;n de &eacute;poca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es una pel&iacute;cula invertida porque transforma de modo intencionado el contexto y los atributos de los protagonistas del contexto. Invierte de manera sutil pero grosera el rol de los principales actores pol&iacute;ticos de aquellos a&ntilde;os. Peor a&uacute;n. Fiel al estilo de esta era (la Argentina de 2022) </strong><em><strong>Argentina, 1985</strong></em><strong> es una pel&iacute;cula antipol&iacute;tica.</strong> Tal y como le hubiese gustado al Bernardo Neustadt de ese Tiempo nuevo. Revierte la realidad de aquel contexto. Niega los colores pol&iacute;ticos y sociales del per&iacute;odo, los cuales no aparecen ni siquiera como un fondo asordinado. Los convierte en otros colores y en otros sonidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para <em>Argentina, 1985</em> el juicio a las juntas es casi un accidente. Una posibilidad que surge de una abertura que la naturaleza o algo parecido a la naturaleza le hizo a la historia, y que hombres virtuosos en el poder judicial aprovecharon para hacer justicia. <strong>Para </strong><em><strong>Argentina, 1985</strong></em><strong> el juicio a las juntas no es el resultado de una victoria electoral, de una promesa de campa&ntilde;a, de una presidencia, de un equipo gubernamental, de una gesti&oacute;n de gobierno, de una concepci&oacute;n de la divisi&oacute;n de poderes, de un atributo pol&iacute;tico, de una lucha pac&iacute;fica e insistente en un marco pol&iacute;tico lleno de incertidumbre respecto a los primeros pasos de la democracia, de una argumentaci&oacute;n destinada a convencer a millones. </strong>Para la pel&iacute;cula el juicio a las juntas no es el resultado, entre otras cosas, de que las elecciones de un a&ntilde;o antes la haya ganado un se&ntilde;or que recitaba el pre&aacute;mbulo de la Constituci&oacute;n Nacional, que prometi&oacute; hacer cumplir las leyes y que hablaba hasta la exasperaci&oacute;n del &ldquo;Estado de derecho&rdquo;. Por eso es despolitizante. Y por eso sus verdades est&aacute;n invertidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eligieron injertar el acontecimiento (el juicio) y los personajes en una maqueta aparentemente as&eacute;ptica que tiene como fondo una realidad distinta de aquella. Que resulta fiel al discurso y a la actual interpretaci&oacute;n hegem&oacute;nica del Estado argentino de hoy respecto de lo sucedido en aquellos a&ntilde;os con los juicios, con los responsables pol&iacute;ticos, con la interpretaci&oacute;n del per&iacute;odo previo al golpe del 76 y en general con la pol&iacute;tica de derechos humanos de la d&eacute;cada del 80.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (A la pel&iacute;cula no le hizo falta pasar por el INCAA ni recorrer sus pasillos y sus rutinas burocr&aacute;ticas. Con esta historia y con la interpretaci&oacute;n de los acontecimientos hubiesen recibido el afecto de las comisiones que otorgan los financiamientos, agradecidos por atrever alinear el juicio a las juntas con aquello que recitan los gu&iacute;as en los museos oficiales).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula selecciona algunas im&aacute;genes y sonidos reales de aquella &eacute;poca. Algunos son: el pr&oacute;logo de Antonio Tr&oacute;ccoli al documental televisivo, el inicio del testimonio de Estela de Carlotto en ese documental, algunas puntas de los testimonios en el juicio, las fotos del final. Teniendo a los malvados en el banquillo de los acusados, a Tr&oacute;ccoli lo construyen como una persona pero tambi&eacute;n como una idea: la de la teor&iacute;a de los dos demonios, el &ldquo;s&iacute;, pero&hellip;&rdquo; y la encarnaci&oacute;n en un apellido de la presi&oacute;n para anestesiar el procedimiento y las consecuencias del juicio a las juntas. Por supuesto, el Strassera de la ficci&oacute;n &ndash;con raz&oacute;n, desde el recorte que eligen los autores&ndash; insulta a Tr&oacute;ccoli, se enoja con &eacute;l. Tr&oacute;ccoli va a evolucionar, para la pel&iacute;cula, como una idea de obst&aacute;culo para que se haga justicia. Pero r&aacute;pidamente, en la pel&iacute;cula, a las palabras reales de Tr&oacute;ccoli le suceden las im&aacute;genes y las palabras reales de Estela de Carlotto y su testimonio conmocionante. Los protagonistas y los vecinos de los protagonistas se emocionan. Nosotros nos emocionamos. &iquest;Qu&eacute; sale de esa secuencia? Que Tr&oacute;ccoli era otra de las dificultades a vencer. En ning&uacute;n momento se enlaza al entonces Ministro del interior, ni al gabinete de gobierno, con un atributo el juicio, ni dice algo que sucedi&oacute;: aquel ministro financi&oacute; el viaje de testigos del juicio. Lo pone a contrastar con las v&iacute;ctimas. Como si ese gabinete no tuviese que ver ni con el juicio, ni con la CONADEP, ni con que no haya habido amnist&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la ficci&oacute;n uno de los primeros testimonios que aparece es el de &Iacute;talo L&uacute;der. &iquest;Para qu&eacute; se utiliza el testimonio de L&uacute;der en la pel&iacute;cula? Para re acomodar la interpretaci&oacute;n de los decretos 2770, 2771 y 2772 de 1975 de &ldquo;neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos&rdquo;. La pel&iacute;cula aten&uacute;a la implicancia de aquellos decretos. El L&uacute;der de la ficci&oacute;n tiene el derecho de aclarar su rol en la historia. En la pel&iacute;cula al peronismo se le otorga esa voz y se le ayuda con ocultar otras. Hubieron gremialistas que sostuvieron que ellos no pod&iacute;an decir que hab&iacute;an sucedido procedimientos ilegales. No aparecen en la pel&iacute;cula.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Italo L&uacute;der s&iacute; aparece. Fue, adem&aacute;s del firmante de los decretos, el candidato a presidente del peronismo en la elecci&oacute;n del 83. En su campa&ntilde;a presidencial propusieron convalidar la Ley de auto amnist&iacute;a Nro. 22924 dictada por el gobierno militar. Entre otros contenidos esa ley resolv&iacute;a: que se extingan los juicios por los delitos cometidos &ldquo;por el desarrollo de acciones&rdquo; contra el terrorismo, y su beneficio alcanzaba a &ldquo;autores, part&iacute;cipes, instigadores, c&oacute;mplices o encubridores&rdquo;. Tambi&eacute;n resolv&iacute;a que &ldquo;nadie podr&aacute; ser interrogado, investigado, citado a comparecer&rdquo; por esos delitos y que los jueces pod&iacute;an rechazar las denuncias &ldquo;sin sustanciaci&oacute;n alguna&rdquo;. Luder y la auto amnist&iacute;a perdieron en las urnas. Cuando asumi&oacute;, Alfons&iacute;n elev&oacute; al Congreso un proyecto para derogar la ley de auto amnist&iacute;a. La derogaci&oacute;n fue la primera ley aprobada por el Congreso Argentino tras la vuelta de la democracia. El juicio a las juntas se pudo hacer por la derogaci&oacute;n de la ley, que fue posible gracias a la victoria de Alfons&iacute;n y del radicalismo. Pero, en la pel&iacute;cula, no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un momento el Moreno Ocampo de ficci&oacute;n le dice al Strassera de ficci&oacute;n: &ldquo;Estamos solos&rdquo;. &iquest;Me est&aacute;s jodiendo? &iquest;De verdad? Un gobierno, un pa&iacute;s, un momento pol&iacute;tico estaban acompa&ntilde;ando el juicio. Lo se&ntilde;ala la misma pel&iacute;cula, con los documentales, con las expectativas. No era algo natural. Algo que <em>Argentina, 1985</em> muestra un poquito es que no estaba del todo claro cu&aacute;l era la correlaci&oacute;n de fuerzas para llevar adelante el juicio. Los que van alterando la correlaci&oacute;n de fuerzas son Alfons&iacute;n y su gobierno, y lo hacen haciendo pol&iacute;tica. Argumentan, convencen, ganan las elecciones, predican con el ejemplo, vuelven a argumentar &ndash;&ldquo;Estado de derecho&rdquo; hasta la exasperaci&oacute;n&ndash;, utilizan los recursos del Estado para que avance la justicia y, tambi&eacute;n, para que se consoliden la democracia y la libertad sin censuras, como no hab&iacute;a sucedido desde la d&eacute;cada del 30. Y que sean posibles sostenidas en el tiempo. Lo hacen de un modo tal que la oposici&oacute;n y gran parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica acusaron al gobierno de utilizar la excusa de los juicios y los derechos humanos para tapar la crisis econ&oacute;mica. Aquella era la mayor apuesta de la &eacute;poca, en medio de la fragilidad y la precariedad de aquellos tiempos, y teniendo en contra la historia reciente de la Argentina con los recurrentes golpes de Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la condici&oacute;n de libertad sin censuras ni restricciones, Alfons&iacute;n y el gobierno radical, a los tres d&iacute;as de asumir, emiten el Decreto 158/83 &ldquo;Orden presidencial de procesar a las juntas militares&rdquo; y dos d&iacute;as despu&eacute;s crean la CONADEP. La CONADEP ten&iacute;a como objetivo investigar las desapariciones durante la dictadura. El 20 de septiembre de 1984 los integrantes de la CONADEP (presidida por Ernesto S&aacute;bato) entregaron al presidente Alfons&iacute;n el informe con pruebas, testimonios e inventarios de los 340 centros clandestinos de detenci&oacute;n de la dictadura. A fines de 1984 la editorial Eudeba public&oacute; el informe en el libro &ldquo;Nunca M&aacute;s&rdquo;, que fue y es un r&eacute;cord de ventas. Ese informe fue la base del hist&oacute;rico juicio a las juntas sobre el que trata la pel&iacute;cula <em>Argentina, 1985</em>. En esa pel&iacute;cula, la CONADEP es un rinc&oacute;n perdido en el laberinto judicial, sin otros atributos que los contenidos de sus expedientes. El libro ni existe. Y la frase que remata el alegato de Strassera (&ldquo;Se&ntilde;ores jueces, nunca m&aacute;s&rdquo;), aplaudida entonces y aplaudida ahora, es una ocurrencia circunstancial y despojada de contexto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula <em>La historia oficial</em> se estren&oacute; en mayo del 85. En el 86 gan&oacute; el Oscar. Es contempor&aacute;nea a los hechos. Pertenece a un grupo de pel&iacute;culas casi cat&aacute;rticas, que entre otras caracter&iacute;sticas compart&iacute;an la vociferaci&oacute;n de discursos pol&iacute;ticos, sentencias morales, peque&ntilde;os ensayos discursivos por parte de sus protagonistas. Recog&iacute;an tradiciones teatrales de las obras escondidas bajo el manto de la censura dictatorial. Esta pel&iacute;cula, <em>Argentina, 1985</em>, tiene la bondad de no ponerse pesada con la vociferaci&oacute;n pol&iacute;tica. Salvo en dos ocasiones. En una, le conceden al Presidente de la C&aacute;mara Nacional de Apelaciones la posibilidad de decir algo as&iacute; como &ldquo;les vamos a dar a los militares el derecho a ser juzgados como ellos no le dieron a sus v&iacute;ctimas&rdquo;, y sobre &eacute;l recaen decisiones cr&iacute;ticas virtuosas. (&iquest;No es una frase de Alfons&iacute;n esa? &iquest;No lo dijo mil veces?) El personaje, seguro, justiciero y comprador, sin dobleces a la vista, es Le&oacute;n Arslani&aacute;n, quien luego fuera ministro de los gobiernos justicialistas de la Provincia de Buenos Aires y de la Naci&oacute;n. El segundo discurso puesto en un personaje se lo hace en la ficci&oacute;n Moreno Ocampo a Strassera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A las pel&iacute;culas no hay que pedirles una funci&oacute;n social pero &eacute;sta la tiene. Son dos. Una, tener conocimiento del juicio. Podemos decir que es su funci&oacute;n edificante. Es pol&iacute;ticamente justo que se pueda revivir aquel juicio. Que se vuelva a escribir de aquel per&iacute;odo. Que se expresen argumentos para volver a reflexionar sobre lo atroz, lo abyecto, la valent&iacute;a, el poder de la democracia y de la justicia, las virtudes de la concepci&oacute;n republicana de la independencia de poderes. La otra funci&oacute;n social que cumple la pel&iacute;cula es aquella sentencia que se argument&oacute; cuando se escribi&oacute; un nuevo pr&oacute;logo al libro &ldquo;Nunca m&aacute;s&rdquo;: La historia va a ser rehecha y reescrita. Ac&aacute; se cambia el contexto pol&iacute;tico. Ac&aacute; se alteran las responsabilidades del acontecimiento hist&oacute;rico. Intenta rehacer e intenta re escribir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula es sutil. Una de las tensiones que maneja, al menos para los contempor&aacute;neos del juicio, es la aparici&oacute;n del gran protagonista de aquella &eacute;poca. &iquest;Cu&aacute;ndo aparece el responsable de todo &eacute;sto? Es una pregunta que seguramente se hacen varios. La forma en que aparece es extraordinaria: como de fondo, en off, con palabras &uacute;nicamente suyas y dichas de un modo inconfundible. A m&iacute; me atraves&oacute; el pecho. Es &eacute;l. Es &eacute;l. Strassera se conmociona. Yo tambi&eacute;n. Son tres segundos de virtud: cinematogr&aacute;fica (por c&oacute;mo se lo muestra) y c&iacute;vica, porque encarna la independencia de poderes y la l&oacute;gica, llevada al extremo, del Estado de derecho. Y nada m&aacute;s. Punto. Un fondo. Un sonido. Una puerta que se abre y que se cierra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no s&oacute;lo ah&iacute; aparece Alfons&iacute;n, porque a la Historia muchas veces no hay con qu&eacute; darle. En el alegato del fiscal Strassera est&aacute; reflejada una &eacute;poca y una interpretaci&oacute;n de la historia. Ah&iacute; est&aacute; presente el momento pol&iacute;tico, con total contundencia. A prop&oacute;sito: el drama que surge de la lectura del Strassera real no puede ser alcanzado en la pel&iacute;cula. No por los actores (todas las actuaciones son extraordinarias, justas, medidas) sino por los elementos que acompa&ntilde;an la edici&oacute;n. Quiz&aacute;s es imposible alcanzar semejante dramatismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final, con los t&iacute;tulos, la pel&iacute;cula realiza la contribuci&oacute;n m&aacute;s grosera para alimentar el actual discurso oficial: habla de las leyes de olvido, sin m&aacute;s datos. No se mencionan los intentos de golpe de Estado. Se omite, groseramente, el indulto de Menem que liber&oacute; a los enjuiciados del juicio de la pel&iacute;cula. Cabe recordar que al final del gobierno de Alfons&iacute;n, en palabras de Portantiero: &ldquo;hab&iacute;a siete altos jefes militares condenados a prisi&oacute;n -algunos de ellos, a perpetua-, 27 procesados, tres condenados por su actitud en la guerra de Malvinas, y 92 procesos y 342 sanciones disciplinarias como resultado de los tres levantamientos militares encabezados por Rico y Seineld&iacute;n. No eran pocos -pese al punto final y la obediencia debida-los que estaban sometidos a la Justicia: al punto que el indulto menemista benefici&oacute;, nada menos, que a 220 militares y a 70 civiles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero la verdad no entra s&oacute;lo por las rendijas. Hay un elefante dando vueltas que la pel&iacute;cula no puede disimular. Finalmente, <em>Argentina, 1985</em> es, en su trazo grueso, un poderoso testimonio de un hecho hist&oacute;rico producto de un per&iacute;odo pol&iacute;tico. El Estado democr&aacute;tico argentino, el Estado democr&aacute;tico de cualquier democracia de cualquier pa&iacute;s, en sus horas m&aacute;s gloriosas. Otro elemento que contradice aquella descarada afirmaci&oacute;n de N&eacute;stor Kirchner, cuando como Presidente, el 24 de marzo de 2004, dijo: &ldquo;vengo a pedir perd&oacute;n de parte del Estado nacional por la verg&uuml;enza de haber callado durante 20 a&ntilde;os de democracia por tantas atrocidades.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        <em>AC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustín Campero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-1985-falso-disfraz-leyenda_129_9608663.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Oct 2022 03:03:30 +0000]]></pubDate>
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