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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Walter Romero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/walter-romero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Walter Romero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Annie Ernaux, la que ganó el Nobel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/annie-ernaux-gano-nobel_129_9609447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e348fb5c-c6b2-4cf3-b3e8-3fe365dff06c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Annie Ernaux, la que ganó el Nobel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A lo largo de medio siglo, Annie Ernaux construyó su carrera literaria como un proyecto intelectual de cuño sociológico. Según lo expone aquí el profesor de Literatura Francesa de la Universidad de Buenos Aires, a partir de sus orígenes proletarios la autora avanza en su cuestionamiento clasista del presente y en cada nueva exploración autobiográfica realista formula una nueva denuncia politica</p></div><p class="article-text">
        Ya desde sus primeras dos novelas de mediados de los setenta <em>Los armarios vac&iacute;os</em> (1974) y <em>Eso mismo que dicen, o nada</em> (1977), <strong>a trav&eacute;s de textos semi autobiogr&aacute;ficos</strong>, poco a poco, <strong>Annie Ernaux</strong> (1940) coloca su mirada cada vez m&aacute;s <strong>interesada en el registro de la decepci&oacute;n social a trav&eacute;s de un rechazo flagrante a la ficci&oacute;n</strong>. Habilit&oacute; as&iacute; una textualidad en la que el yo que se hiperanaliza, sin los rimbombantes exhibicionismos y falologocentrismos de hoy, extiende sus dominios a un examen de la alienaci&oacute;n, la propia y la ajena. 
    </p><p class="article-text">
        Ernaux ha construido su<strong> carrera de escritora</strong> a modo de <strong>proyecto intelectual en gran parte sociol&oacute;gico</strong>. Da cuentas de <strong>un origen proletario que en su ascenso social se cuestiona su lugar en el mundo</strong>. En cada nuevo libro busca m&aacute;s bien escribir, sin volver ni panfletaria ni militante, una denuncia que es del todo pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Ernaux escribe contra la literatura burguesa-paternalista que construye un ideal (en muchos casos estetizante) que no deja margen a la iron&iacute;a. Como respuesta, <strong>la constataci&oacute;n siempre presente de sus ra&iacute;ces trabajadoras supo crear las distancias objetivantes necesarias para una literatura social</strong> que le nace pasmosa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Annie Ernaux reinventa la añeja tradición del realismo. Sus ejercicios de notación incorporan escenas a la literatura: el viaje en un sucio tren interurbano, el cruce de miradas con un alcohólico perdido, la soledad que habita las góndolas de supermercado
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Le&iacute;dos en conjunto, los dos textos breves dedicados a interpelar la relaci&oacute;n con su padre y con su madre, los ahora cl&aacute;sicos <em>El lugar</em> (1984) y <em>Una mujer</em> (1988), convierten el examen personal en un juzgamiento reflexivo sobre los mandatos y la educaci&oacute;n de las mujeres. En <em>Pura pasi&oacute;n</em> (1992), casi una confesi&oacute;n, el sexo se ver&aacute; interpelado con un despojamiento inaudito, justo en &eacute;pocas en que la autoficci&oacute;n se animaba de a poco a decir de la sexualidad aquello mucho tiempo acallado. En <em>La mujer helada</em> (1981), un relato del todo autobiogr&aacute;fico se vuelve llamamiento mayor; desde el yo como base potente y hacia la comunidad que somos y que todos conformamos con los otros, el mundo circundante nunca es visto como ex&oacute;tico: <strong>Ernaux es un signo que enuncia las cosas que ve en tanto que signos.</strong> El gesto asesino de un padre, un mendigo deambulante o la decisi&oacute;n de un aborto, como en la notable <em>El</em> <em>acontecimiento (2000)</em>, son signos sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Sus ejercicios de notaci&oacute;n, como reservorios de aprehensi&oacute;n de la fugacidad, vuelven <strong>su escritura blanca (o sin ribetes ornamentales) de una clasicidad extra&ntilde;ada</strong>, en escenas que la literatura deb&iacute;a volver a incorporar: el viaje en un sucio tren interurbano, el cruce de miradas con un alcoh&oacute;lico perdido o la soledad que habita en las g&oacute;ndolas de un supermercado, entre arvejas congeladas y pizzas precocidas, como crudo teatro de lo cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Ernaux reinventa as&iacute; la milenaria y a&ntilde;eja tradici&oacute;n del realismo, recuperando 'procedimientos de observancia' como proyecto y trabajo severo. Dirigidos a la muerte de los padres o a la masturbaci&oacute;n, con un lenguaje que no escatima argot ni lengua popular, <strong>asume una eficacia alejada de una literatura francesa que suele pensarse como suntuosa</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La Ernaux -que vive en el conglomerado de Cergy-Pontoise y que transcribe escenas de gente con la que nos cruzamos una vez en la vida- vuelve los fragmentos (o co&aacute;gulos textuales) de su deslumbrante <em>Diario de afuera</em> (2015) un <em>etnotexto. </em>Un registro en el que la literatura se hace cargo de una tarea v&iacute;vida. <strong>Como quien emprende un trabajo de campo,  captura con recursos de las ciencias humanas lo humano fatalmente perecedero, al borde de las grandes metr&oacute;polis</strong>, en m&oacute;nadas de una humanidad siempre en tr&aacute;nsito: &ldquo;Un grupo de adolescentes en la estaci&oacute;n de la Ciudad Nueva&nbsp;cerca de la escalera mec&aacute;nica Una chica sola rodeada de varones. Cuando paso, est&aacute; diciendo con voz alegre: '&iquest;No les dijiste a tus amigos que estoy embarazada de dos meses y medio?' Despu&eacute;s, hay risas. Como si esta chica estuviera en un desierto, barrido por el viento&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La <strong>autenticidad de una voz</strong>, que parece solapada y que describe escenas en migajas o 'registros de vidas' de una realidad siempre mayor, ha vuelto de a poco su <strong>literatura de un realismo lacerante</strong> un <strong>verdadero deber social</strong>. Su cuidado impresionismo de notaci&oacute;n personal y urbana nunca se desentiende de una descripci&oacute;n, casi siempre neutra pero a la vez sentida, donde el yo nunca interviene para poetizar sino para se&ntilde;alar contradicciones. 
    </p><p class="article-text">
        En Ernaux, el yo tiene un valor colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Annie<span class="highlight" style="--color:white;"><em> Th&eacute;r&egrave;se</em></span> Blanche Ernaux gan&oacute; el jueves el <strong>Premio Nobel de Literatura</strong> 2022. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AGB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Walter Romero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/annie-ernaux-gano-nobel_129_9609447.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Oct 2022 15:20:13 +0000]]></pubDate>
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