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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Verónica Torras]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/veronica-torras/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Verónica Torras]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Milei: la verdad del poder homicida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/elecciones-2023/milei-homicida_129_10566480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85267a43-e2a7-41c9-b0ef-06140cf337db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Milei: la verdad del poder homicida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El discurso del candidato de La Libertad Avanza durante el debate presidencial de este domingo mostró una posición pre-democrática, "retrotrae la discusión social a los términos en que fue planteada por las propias fuerzas armadas durante la última dictadura", sostiene la autora, quien advierte sobre "un viraje más extremo" de Javier Milei cuando plantea "la aniquilación, la persecución, la desaparición y el exterminio del adversario o de su ideología".</p><p class="subtitle">De negacionista a reivindicador: Milei blanqueó su postura sobre la dictadura y busca abrir una discusión saldada hace 40 años</p></div><p class="article-text">
        La posici&oacute;n en relaci&oacute;n con el pasado reciente asumida en el debate presidencial por el candidato de La Libertad Avanza, <strong>Javier Milei</strong>, es pre-democr&aacute;tica: retrotrae la discusi&oacute;n social a los t&eacute;rminos en que fue planteada por las propias fuerzas armadas durante la &uacute;ltima dictadura. Lo que expres&oacute; Milei en el debate es la doctrina de la justificaci&oacute;n construida por el poder militar de modo contempor&aacute;neo al ejercicio de la represi&oacute;n de Estado: la de la guerra contra la subversi&oacute;n y el terrorismo llevada adelante como acto de servicio, en defensa de la comunidad nacional, en el marco de la cual se habr&iacute;an cometido algunos &ldquo;errores y excesos&rdquo;, atribuibles a la propia excepcionalidad del escenario b&eacute;lico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os de construcci&oacute;n de memoria, verdad y justicia han sido un esfuerzo por desmontar este paradigma y colocar en su lugar una reconstrucci&oacute;n documentada de lo sucedido, basada en el testimonio de los sobrevivientes y los familiares de las v&iacute;ctimas, la labor de investigaci&oacute;n de la CONADEP, los procesos judiciales que se iniciaron con el Juicio a las Juntas y contin&uacute;an hasta hoy, los aportes de los archivos estatales nacionales y de terceros pa&iacute;ses, entre otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta verdad social es uno de los pilares sobre los que se sostiene nuestro pacto de convivencia democr&aacute;tica. Pero Milei intenta conducirnos como sociedad al momento previo: el de la justificaci&oacute;n de la violencia de Estado, como si todo este fatigoso trabajo colectivo no hubiera sucedido. Si triunfa su intento de derribamiento, podemos estar seguros de que nuestras reglas de convivencia pasar&aacute;n a ser otras.
    </p><p class="article-text">
        Es importante ubicar su intervenci&oacute;n como parte de un proceso m&aacute;s largo de debilitamiento de estos consensos democr&aacute;ticos, que ha sido nutrido por muchas vertientes. Quienes se opusieron a la reapertura del juzgamiento a los responsables de delitos de lesa humanidad, con argumentos que oscilaron entre la reivindicaci&oacute;n abierta de su actuaci&oacute;n represiva y el reclamo en favor de las v&iacute;ctimas de las organizaciones armadas. Quienes alimentaron la grieta que debilit&oacute; la posibilidad de una lectura acumulativa de los hitos del proceso de memoria, verdad y justicia de los a&ntilde;os ochenta y los que vinieron con el nuevo siglo. Quienes habilitaron discusiones vinculadas al relativismo de la experiencia del terrorismo de Estado, el n&uacute;mero de desaparecidos y la sistematicidad y magnitud de la acci&oacute;n represiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La intervenci&oacute;n de Milei re&uacute;ne y consolida este c&uacute;mulo previo de procesos, pero tambi&eacute;n los lleva m&aacute;s lejos, en un doble intento: 1) por diluir el impacto que este proceso de memoria, verdad y justicia pueda tener sobre el cuestionamiento a la represi&oacute;n de Estado en el presente 2) por avivar el autoritarismo social forjado durante la &uacute;ltima dictadura para capitalizarlo en favor de una nueva fase de transformaci&oacute;n regresiva de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Para llevar adelante esta nueva fase, se requiere tambi&eacute;n de una reconfiguraci&oacute;n pol&iacute;tica del lenguaje y de los acuerdos. No alcanza s&oacute;lo con la relativizaci&oacute;n, ese camino asfaltado por el macrismo. Es necesario que se produzca un viraje m&aacute;s extremo. <strong>Eso explica tambi&eacute;n la imposici&oacute;n creciente en la campa&ntilde;a electoral de figuras asociadas a la destrucci&oacute;n, la aniquilaci&oacute;n, la persecuci&oacute;n, la desaparici&oacute;n y el exterminio del adversario o de su ideolog&iacute;a.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Conviene saber que lo que buscan Milei y Villarruel no es la construcci&oacute;n de una verdad completa, sino la reintroducci&oacute;n de la verdad del poder homicida. La misma que reivindicaba la guerra, reconoc&iacute;a el alto precio que se hab&iacute;a tenido que pagar por la victoria, y desment&iacute;a enf&aacute;ticamente la existencia de campos de concentraci&oacute;n, prisioneros pol&iacute;ticos y personas desaparecidas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a estos embates, defender lo que construimos como sociedad con tanto esfuerzo es una responsabilidad colectiva. Una de las m&aacute;s urgentes y necesarias en este tiempo, si no queremos que se consolide un nuevo pacto democr&aacute;tico en torno de consensos autoritarios.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Verónica Torras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/elecciones-2023/milei-homicida_129_10566480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Oct 2023 13:59:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Negacionismo,Dictadura Cívico Militar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Banderas en tu corazón: Argentina, 1985 y el atentado a CFK]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/banderas-corazon-argentina-1985-atentado-cfk_129_9625511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b2337e7b-f521-4cee-9445-e2cae5997d4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Banderas en tu corazón: Argentina, 1985 y el atentado a CFK"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los jóvenes que el atentado a Cristina Fernández de Kirchner puso en escena no se han politizado en movilizaciones masivas, partidos tradicionales y gestas democráticas, como las de 1985; sino en redes sociales, alaridos de Milei y Revolución Federal, escribe Verónica Torras en esta columna.</p></div><p class="article-text">
        <em>Argentina, 1985</em>, la pel&iacute;cula de Santiago Mitre, ha generado una conversaci&oacute;n sobre memoria impensada. Debemos agradecerle haber tra&iacute;do al presente ese pasado, justo en un momento en que parece que nos estamos quedando sin futuro. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, despu&eacute;s del atentado a la vicepresidenta de la Naci&oacute;n, circul&oacute; con insistencia en el debate p&uacute;blico otra escena de la historia reciente, cercana y vinculada a la del Juicio a las Juntas: la firma del &ldquo;Acta de Compromiso Democr&aacute;tico&rdquo; que, en medio del levantamiento militar carapintada de Semana Santa de 1987, suscribieron la UCR, el PJ, la UceD&eacute;, el PDC, el PI, el PS y el PC, adem&aacute;s de la CGT y c&aacute;maras empresarias. Como sabemos, ese acuerdo tuvo como objetivo proteger a la incipiente democracia frente al desborde amenazante de las Fuerzas Armadas.&nbsp;En la memoria colectiva, parece haber funcionado como el &uacute;nico registro <em>&ldquo;a mano&rdquo;</em> de un acto consensual en defensa de la democracia, que reuni&oacute; al pueblo con sus representantes. Se esperaba que las fuerzas pol&iacute;ticas actuaran de modo similar frente al atentado. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la agitaci&oacute;n de esa bandera blanca de 1987 no surti&oacute; efecto en 2022. No ten&iacute;amos enfrente el riesgo de un golpe de estado sino los derrames autoritarios del presente, cuyos contornos resultan bastante menos n&iacute;tidos. Adem&aacute;s, el mismo d&iacute;a del atentado, el gobierno adelant&oacute; una explicaci&oacute;n de los hechos basada en la confrontaci&oacute;n; y d&iacute;as m&aacute;s tarde, la principal fuerza de la oposici&oacute;n redobl&oacute; la apuesta, al legitimar el uso de la violencia para la resoluci&oacute;n de una serie diversa de conflictos con estudiantes secundarios, trabajadores sindicalizados, y comunidades mapuches. Mientras tanto, los libertarios insistieron en r&iacute;o revuelto con su tema predilecto: la repulsa de la &ldquo;casta&rdquo; pol&iacute;tica. El resultado fue una mayor beligerancia y m&aacute;s derechizaci&oacute;n: <strong>bajo ese panorama qued&oacute; sepultada la posibilidad de un acuerdo b&aacute;sico que mantuviera la condena de la violencia como el l&iacute;mite formal establecido para dirimir los conflictos en democracia.</strong> A&uacute;n si esta era la vara m&iacute;nima posible, era mejor que nada. El Congreso trat&oacute; de gestionar esa escena pero dej&oacute; a&uacute;n m&aacute;s expuesta la fractura, que se sigui&oacute; profundizando. 
    </p><p class="article-text">
        Y entonces lleg&oacute; <em>Argentina, 1985</em>, la pel&iacute;cula, que repuso una serie de argumentos perdidos,&nbsp;<strong>hasta pueriles</strong>, sobre la democracia: como tarea emprendida por hombres y mujeres comunes que asumen su responsabilidad y est&aacute;n a la altura de las circunstancias, como esfuerzo colectivo siempre en riesgo, como empresa de reconstrucci&oacute;n y reparaci&oacute;n. La invitaci&oacute;n fue abierta y la sociedad parece haberse sentido convocada por esta narrativa que la hac&iacute;a parte de la historia; acept&oacute; repasar los horrores de la dictadura, pero tambi&eacute;n experiment&oacute; una especie de orgullo democr&aacute;tico retrospectivo. 
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o 1985 establecido como el santo y se&ntilde;a civil de una etapa, la de la primavera democr&aacute;tica, de grandes movilizaciones sociales, con partidos pol&iacute;ticos todav&iacute;a fuertes, juventudes pol&iacute;ticas organizadas, sindicatos movilizados, con un movimiento de derechos humanos muy activo, y deseos colectivos de construcci&oacute;n de una sociedad menos autoritaria, que pudiera dirimir sus sue&ntilde;os de transformaci&oacute;n sin violencia. <strong>De ese proceso, con todos sus l&iacute;mites y fragmentaciones, brot&oacute; la escena social del Juicio a las Juntas. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese proceso hizo posible tambi&eacute;n que un conjunto de pibes y pibas de veinte a&ntilde;os estuviera dispuesto a trabajar para la Fiscal&iacute;a. Junto con Strassera y Moreno Ocampo, ese grupo compone el tri&aacute;ngulo sobre el que se apoya el film y funciona como su conexi&oacute;n con las nuevas generaciones. &nbsp;Aqu&iacute; la pel&iacute;cula se confronta, como la sociedad, con cambios paradojales. <strong>En gran medida los j&oacute;venes que el atentado a la vicepresidenta puso en escena no se han politizado en movilizaciones masivas, partidos tradicionales y gestas democr&aacute;ticas, como las de 1985; sino en redes sociales, alaridos de Milei y Revoluci&oacute;n Federal. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Por suerte hay disponibles formas m&aacute;s amables de politizaci&oacute;n (en los feminismos, los movimientos sociales, los centros de estudiantes o los partidos donde no te gritan), y no todos los j&oacute;venes se entusiasman con lo mismo. Pero mi pregunta es c&oacute;mo dialogan las escenas del atentado y de la pel&iacute;cula &iquest;qu&eacute; tiene este Juicio, as&iacute; contado, para decir a los j&oacute;venes nacidos y criados en democracia que se afilian a las derechas extremas y reivindican el atentado fallido contra CFK como haza&ntilde;a, o al menos no lo repudian? &iquest;Qu&eacute; aguas han corrido bajo el puente entre aquel grupo de pibes trabajando para probar los cr&iacute;menes de Videla y el youtuber Presto luciendo su foto autografiada con el dictador? &iquest;Qu&eacute; sendero nos fue conduciendo del funcionario com&uacute;n que afronta el N&uuml;remberg de nuestra democracia mientras se resiste a creer que pueda pasar a la historia, al hombre gris que Sabag Montiel se sinti&oacute; llamado a encarnar para convertirse, igual que Brenda, en h&eacute;roe nacional de una epopeya malograda?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo y con qu&eacute; materia, con cu&aacute;ntas frustraciones a los sue&ntilde;os de transformaci&oacute;n social que la escena de los ochenta a&uacute;n albergaba y que el kirchnerismo en parte recogi&oacute;, comenzaron a fraguarse estos deseos berretas de matar, estos hero&iacute;smos destrazados, este anhelo de autoritarismo que cuesta tanto reconocer? Sobre lo que ha pavimentado esta deriva debemos reflexionar como sociedad, mientras una parte importante de la clase pol&iacute;tica no parece urgida ni capaz de hacerlo o se vuelve c&oacute;mplice de la derechizaci&oacute;n sin red que podr&iacute;a conducirnos a otra tragedia.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Argentina, 1985 </strong></em><strong>aparece, de cierto modo, como una tabla que se ofrece cuando cre&iacute;amos que nos devoraba el monstruo y no ten&iacute;amos de donde sacar fuerzas.</strong> No es s&oacute;lo confianza en la pel&iacute;cula, no se malentienda, sino en las luchas sociales y en el poder de la memoria para reactivarlas. El pasado que nos empujan a dejar cada vez con m&aacute;s urgencia es el lugar del lazo social, donde podemos recurrir a ampliar nuestros repertorios y perge&ntilde;ar horizontes, sobre todo cuando nos sentimos en peligro. Aturdidos como estamos por las Bersa, los derechos amenazados y los polic&iacute;as empoderados; podemos igual investirnos de este pasado que la pel&iacute;cula evoca (y que est&aacute; en riesgo ahora mismo), para traer hacia nosotros una potencia que pareciera que no tenemos disponible en el presente. Tambi&eacute;n somos ese espejo que aplaudimos en el cine, y no s&oacute;lo el declive que experimentamos a la salida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>VT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Verónica Torras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/banderas-corazon-argentina-1985-atentado-cfk_129_9625511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Oct 2022 03:55:12 +0000]]></pubDate>
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