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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Claudio Bertonatti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/claudio-bertonatti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Claudio Bertonatti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los sentipensantes de la naturaleza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sentipensantes-naturaleza_129_9759342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70de8ece-ef72-4394-ac85-19bd74782bb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los sentipensantes de la naturaleza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Vivimos en un tiempo donde muchas personas tienen conciencia sobre la pérdida de biodiversidad, la extinción de especies y, en particular, el sufrimiento de los animales. Pero la mayoría no imagina ni lamenta con igual intensidad la compleja trama de pérdidas ecológicas, materiales y espirituales que implica la destrucción de la naturaleza”, escribe Claudio Bertonatti en esta columna. </p></div><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo colombiano<strong> Orlando Fals Borda</strong> (1925-2008) recogi&oacute; un concepto simple y profundo mientras investigaba una comunidad de pescadores en los r&iacute;os del norte de su pa&iacute;s. Seg&uacute;n lo narr&oacute; poco antes de morir, all&iacute;, en la ribera del r&iacute;o San Jorge, un pescador le dijo que -en su comunidad- &ldquo;actuamos con el coraz&oacute;n, pero tambi&eacute;n empleamos la cabeza. Y cuando combinamos las dos cosas as&iacute;, somos sentipensantes&rdquo;. De ah&iacute; en m&aacute;s, Fals Borda lo difundi&oacute; como el lenguaje que dice la verdad, porque es capaz de pensar sintiendo y sentir pensando. Vale decir que combina la raz&oacute;n con la emoci&oacute;n en una armon&iacute;a que la falsedad desconoce.
    </p><p class="article-text">
        Esta forma de expresar y tomar decisiones es com&uacute;n a muchos pueblos rurales y, en particular, abor&iacute;genes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin caer en idealismos tontos, la realidad es que hay miradas, emociones y valoraciones racionales muy diferentes entre las personas que viven en la urbanidad y las que viven en la ruralidad. Entre estas &uacute;ltimas, la diferencia es mayor si hablamos de las comunidades ind&iacute;genas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras los primeros (los urbanitas) viven en un ecosistema artificial (la ciudad), las comunidades originarias viven en ecosistemas naturales. Pero no solo el ecosistema que nos aloja es diferente. Tambi&eacute;n, lo que sentipiensan sobre la naturaleza. La mayor&iacute;a de los habitantes urbanos consideran que los ecosistemas silvestres son &ldquo;tierras improductivas&rdquo; y que la creaci&oacute;n de parques nacionales no hace m&aacute;s que proteger tierras ociosas. Por eso, fuera de las &aacute;reas protegidas las destruyen, modifican o reemplazan por campos agr&iacute;colas o ganaderos cuando no, por urbanizaciones. Para los pueblos originarios, esos mismos ecosistemas contienen todo lo que necesitan para vivir. En ellos ven su mercado de alimentos, su farmacia, su escuela, su templo, su recreaci&oacute;n&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de la enorme mayor&iacute;a de las personas que vivimos en ciudades, se sienten parten de la naturaleza. Y algo m&aacute;s trascendente: saben que dependen de ella (y no, al rev&eacute;s). Por eso, en la enorme mayor&iacute;a de los casos, la usan con cuidado y la conservan. Practican lo que llamamos uso sostenible. Es decir, aprovechan los recursos naturales respetando su capacidad de recuperaci&oacute;n. Adem&aacute;s, tienen seres sobrenaturales protectores de los animales y de las plantas que condenan a quienes les hacen da&ntilde;o. No necesitan, entonces, un poder de polic&iacute;a ni jueces. Necesitan convivir, tomando lo necesario y no, m&aacute;s. Eso acarrea un sentimiento de gratitud y cari&ntilde;o. A tal punto que cuando ven su paisaje en llamas lloran, como si a nosotros se nos prendiera fuego nuestra casa. Es que, precisamente, la naturaleza es su casa, nuestra casa, aunque no lo veamos todos as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros, en las ciudades creemos que podemos prescindir de los bosques y de las selvas, de las monta&ntilde;as y de los r&iacute;os, de los pastizales y de los mares, porque nos hemos acostumbrado a proveernos de los recursos compr&aacute;ndolos en negocios o mercados, lejos de esos escenarios que los producen. Es una fantas&iacute;a patol&oacute;gica y peligrosa, porque nos aleja de una conciencia de interdependencia anclada en la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se contamina un r&iacute;o, se incendia una selva o se arrasa con un bosque no solo se destruyen unidades ambientales productivas, tambi&eacute;n la &ldquo;casa&rdquo; de todas las formas de vida, incluyendo la de las personas. Pero hay algo m&aacute;s: se desvanece el escenario donde viven los seres espirituales de esa gente, sus deidades y protectores de la fauna y de la flora.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando se contamina un río, se incendia una selva o se arrasa con un bosque no solo se destruyen unidades ambientales productivas, también la “casa” de todas las formas de vida y se desvanece el escenario donde viven los seres espirituales de esa gente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        S&oacute;lo en la Argentina hay m&aacute;s de medio millar de seres sobrenaturales de la cultura popular. Cerca de un 10% son protectores de la naturaleza. En los cerros, valles y planicies precordilleranas, encontramos a Coquena o Llastay (calchaqu&iacute;) protegiendo los reba&ntilde;os de vicu&ntilde;as de las planicies precordilleranas. En las monta&ntilde;as de los Andes a los Apu Wamani (quechua) y al dios huarpe Hunuc Huar. En los bosques chaque&ntilde;os, el p&iacute;caro Tokjuaj de los wichi y el heroico Nowet de los qom, mientras que est&aacute; el due&ntilde;o pilag&aacute; de los r&iacute;os, W&eacute;dayk, y su par de los esteros, Lek. En las selvas litorale&ntilde;as, el popular Pombero y el temido Ca&aacute; Por&aacute; de los mby&aacute; guaran&iacute;. En los bosques patag&oacute;nicos, el poderoso Ngenemapun (mapuche) y el peque&ntilde;o Kohlah de los selk&rsquo;nam en Tierra del Fuego. Esto por mencionar solo unos pocos de los muchos ejemplos que existen.
    </p><p class="article-text">
        En buena medida, estos seres espirituales son m&aacute;s vulnerables que otros que cuentan con templos que resguardan su memoria y espacios para reunir a sus creyentes o devotos. La existencia de la enorme mayor&iacute;a de los primeros depende exclusivamente de la conservaci&oacute;n de los paisajes salvajes que los contienen. Y es ah&iacute; donde la voladura de los cerros con dinamita, el incendio de las selvas, la deforestaci&oacute;n de los bosques, el drenaje de un estero o la contaminaci&oacute;n de las aguas desangra y esfuma ese pante&oacute;n de divinidades que no s&oacute;lo habitan en esos ecosistemas: tambi&eacute;n los protegen.
    </p><p class="article-text">
        Por consiguiente, la destrucci&oacute;n de la naturaleza tiene un impacto doble en los pueblos originarios o rurales. Por un lado, los desampara en su universo espiritual y, desde el punto de vista material, los despoja de su fuente de alimentos, medicinas, maderas, frutos, semillas, cueros, plumas, fibras vegetales y otros numerosos recursos.
    </p><p class="article-text">
        Desde un punto de vista cultural, el reemplazo de las &aacute;reas silvestres por urbanizaciones, cultivos o campos de pastoreo intensivo, constituye un epistemicidio. Es decir, el asesinato de las posibilidades de aprender, generar conocimientos y transmitir saberes comunitarios y ancestrales sobre su entorno hist&oacute;rico. Hace mucho tiempo, el antrop&oacute;logo Claude L&eacute;vi-Strauss (1908-2009) lo explic&oacute; claramente: &ldquo;cuanto menores eran las posibilidades de las culturas humanas para comunicarse entre s&iacute; (&hellip;) menos capaces eran sus respectivos emisarios de percibir la riqueza y la significaci&oacute;n de esa diversidad&rdquo;. Desde luego, el epistemicidio tiene su correlato natural: el ecocidio. Cuando ambos se integran el resultado podr&iacute;a llamarse cosmocidio, es decir, la destrucci&oacute;n de un paisaje que conjuga la naturaleza con su cultura asociada.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Desde luego, el epistemicidio tiene su correlato natural: el ecocidio. Cuando ambos se integran el resultado podría llamarse cosmocidio, es decir, la destrucción de un paisaje que conjuga la naturaleza con su cultura asociada.

</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Vivimos en un tiempo donde muchas personas tienen conciencia sobre la p&eacute;rdida de biodiversidad, la extinci&oacute;n de especies y, en particular, el sufrimiento de los animales. Pero la mayor&iacute;a no imagina ni lamenta con igual intensidad la compleja trama de p&eacute;rdidas ecol&oacute;gicas, materiales y espirituales que implica la destrucci&oacute;n de la naturaleza. No se trata de una competencia de empat&iacute;as, sino de ver la magnitud de cada escala para que los casos de mayor gravedad sean enfrentados de un modo sentipensante.
    </p><p class="article-text">
        <em>El autor es naturalista, muse&oacute;logo y docente. Es profesor de la C&aacute;tedra UNESCO de Patrimonio y Turismo Sostenible, doctor honoris causa de la Universidad Maim&oacute;nides y asesor cient&iacute;fico de la Fundaci&oacute;n Azara.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Claudio Bertonatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sentipensantes-naturaleza_129_9759342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Dec 2022 09:03:21 +0000]]></pubDate>
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