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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Marcos Aramburu]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/marcos-aramburu/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Marcos Aramburu]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Todos estamos acá]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/todos-estamos-aca_1_10041201.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a45f2d42-c9a0-4e54-b115-36937dc1f227_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos estamos acá"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto del libro de No Ficción "Las Ceremonias. Crónicas de personas que usan drogas", de Marcos Aramburu, editado por El gato y la caja. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Che, no te asustes. Pero tom&eacute; muchos hongos, m&aacute;s de los que estoy acostumbrado a tomar, y bueno&hellip; tuve una experiencia hermosa pero no s&eacute; muy bien en d&oacute;nde estoy y me siento un poco desarmado&hellip; &iquest;Podr&aacute;s pasar un rato?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Un par de horas antes de mandarle ese audio de Whatsapp a su amigo, Alejandro Pasquale se levant&oacute; temprano, limpi&oacute; todo su departamento con un trapo con agua, se ba&ntilde;&oacute; sin usar jab&oacute;n ni ning&uacute;n producto, y medit&oacute; durante dos horas para ponerse a tono. Toda esa rutina era parte de la preparaci&oacute;n del viaje de hongos que estaba por empezar. Se iba a comer nueve gramos de la cepa <em>Psilocybe cubensis</em>, lo que en Argentina se conoce popularmente como <em>cucumelo</em>. Nueve gramos es el triple de lo que se considera una dosis alta de ese tipo de hongos. Pero Alejandro, que a sus 27 a&ntilde;os ya hab&iacute;a consumido varias veces la cantidad est&aacute;ndar sin sentirse del todo atravesado por la experiencia, estaba decidido a cruzar el umbral de la psicodelia. Era domingo y el ruido de la lluvia se mezclaba con una <em>playlist</em> de siete horas de cuencos tibetanos que reproduc&iacute;a desde <em>YouTube</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El momento que viene justo despu&eacute;s de comer los hongos suele estar algo contaminado por la impaciencia. Uno trata de olvidarlo y distraerse, pero lo cierto es que cualquier ruido, una hoja que se cae de un &aacute;rbol, la textura de una frazada, cualquier detalle puede ser el primer indicio de la sustancia en el cuerpo. Y para los que estamos acostumbrados a consumir psicod&eacute;licos, un primer indicio, por m&aacute;s chiquito que sea, puede darnos la pauta de lo fuerte que ser&aacute; el viaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Alejando, esa primera se&ntilde;al psicod&eacute;lica lleg&oacute; con su perra, Frida. En ella vio el primer indicio de que se ven&iacute;a una aventura de una profundidad que hasta ese momento de su vida no conoc&iacute;a. Porque aquella perrita marr&oacute;n y rubia, con fisonom&iacute;a de ovejero alem&aacute;n pero mucho m&aacute;s chiquita, ahora ten&iacute;a todo un halo verde alrededor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se viene fuerte esto&rdquo;, pens&oacute; y se levant&oacute; a bajar la persiana. Apag&oacute; el celular, desconect&oacute; el timbre y se acost&oacute; en su cuarto en total oscuridad. La lluvia y los cuencos segu&iacute;an sonando, y de a poco ese departamento en el barrio de Saavedra dej&oacute; de tener ubicaci&oacute;n, dej&oacute; de ser un lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Fue un viaje bisagra. Desde ese momento se volvi&oacute; una medicina para m&iacute;. Te dir&iacute;a que no hay un d&iacute;a de mi vida en el que no piense en eso &mdash;me dice Alejandro mir&aacute;ndome a los ojos&mdash;. Algo en m&iacute; muri&oacute; para siempre, fue como renacer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Contar una experiencia con drogas psicod&eacute;licas se parece bastante a tratar de contar un sue&ntilde;o. Muchas veces, ni la persona que lo vivi&oacute; lo recuerda con claridad. Son decenas, o cientos o miles o cientos de miles de reflexiones, de visiones, de pensamientos, y uno solo puede quedarse con tres o cuatro para relatar, no muchas m&aacute;s. Es como darse una ducha y pretender agarrar con las manos toda el agua que cae.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero Alejandro recuerda bastante. Recuerda c&oacute;mo sinti&oacute; que se le desfiguraba la cara y que se le expand&iacute;a formando muecas imposibles de recrear. Recuerda c&oacute;mo apareci&oacute; la imagen de su expareja, de quien se hab&iacute;a separado hac&iacute;a un a&ntilde;o, y lo abrazaba muy fuerte para despedirse justo antes de desaparecer. Tambi&eacute;n recuerda que al mirar hacia abajo y ver un charco muy grande, se encontr&oacute; con la imagen de Gerardo, a quien estaba conociendo desde hac&iacute;a poco tiempo, espejada en el agua. &ldquo;Ten&iacute;a los mismos movimientos que yo pero era &eacute;l&rdquo;, relata Alejandro, que en ese momento not&oacute; que una planta pasionaria crec&iacute;a y trepaba por su cuerpo, y se entrelazaba con el reflejo de Gerardo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ese fue uno de los cap&iacute;tulos que recuerdo, con visiones muy claras.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de esa escena en el charco, todo se apag&oacute;. El mundo se convirti&oacute; en un vac&iacute;o negro y &eacute;l, que ya no ten&iacute;a cuerpo, ni ojos, observaba todo desde lo que hoy define como <em>un punto de energ&iacute;a</em>, un grano de energ&iacute;a flotando en el vac&iacute;o oscuro. En eso, un rayo de luz de un blanco tan blanco que lo aturd&iacute;a sali&oacute; de ese punto, o sea de &eacute;l, y empez&oacute; a recorrer el vac&iacute;o y a bifurcarse en muchas direcciones y perder fuerza. Despu&eacute;s amain&oacute; y en unos segundos, todo volvi&oacute; a negro. Oscuridad absoluta. Y con el sonido de la lluvia cada vez m&aacute;s presente, Alejandro empez&oacute; a despertar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ah&iacute; es donde te digo que siento que me mor&iacute; y renac&iacute; al mismo tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las experiencias psicod&eacute;licas fuertes puede suceder lo que algunos llaman <em>rompimiento o disoluci&oacute;n del ego</em>, que es b&aacute;sicamente la sensaci&oacute;n de dejar de ser un individuo para sentirse parte de un todo. Durante ese rato, la barrera entre el cuerpo y el mundo exterior resulta arbitraria. El <em>yo </em>deja de existir, o al menos, pierde importancia. Es una experiencia que puede ser extremadamente placentera y trascendental en la vida de una persona, porque sentirse parte de todo es mucho m&aacute;s agradable que sentir que ese todo est&aacute; en contra de uno. 
    </p><p class="article-text">
        En un estudio hecho por la Universidad John Hopkins, en donde le dieron psilocibina a pacientes con depresi&oacute;n, dos tercios de los participantes ubicaron la experiencia como una de las cinco m&aacute;s importantes de su vida, poni&eacute;ndola a la altura, por ejemplo, del nacimiento de un hijo. De hecho, un tercio de esas personas directamente la clasific&oacute; como lo m&aacute;s importante y significativo de su vida. Y para muchas y muchos especialistas, el &eacute;xito de estas terapias reside, justamente, en la sensaci&oacute;n de unidad con el mundo exterior.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En ning&uacute;n momento tuve miedo, todo fue hermoso. Hab&iacute;a le&iacute;do sobre eso, pero la verdad es que nunca antes hab&iacute;a estado en una situaci&oacute;n as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando volvi&oacute; a tener noci&oacute;n del espacio, sinti&oacute; que su cama era tan grande como una cancha de f&uacute;tbol. Se empez&oacute; a rearmar de a poco, a recuperar lentamente la corporalidad y, cuando consider&oacute; que pod&iacute;a pararse, se levant&oacute; a hacer pis. Ah&iacute; decidi&oacute; mandarle el mensaje de Whatsapp a su amigo que viv&iacute;a muy cerca, cruzando el parque Saavedra. Prender y manipular el celular le llev&oacute; varios minutos de concentraci&oacute;n plena. Una vez que pudo abrir la conversaci&oacute;n, puso toda su energ&iacute;a en transmitirle a su amigo que la situaci&oacute;n no era de emergencia. No quer&iacute;a que se asustara, porque &eacute;l no estaba asustado. Solo necesitaba un poco de compa&ntilde;&iacute;a, un soporte, alguien que le confirmara que no se estaba desintegrando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alejandro sab&iacute;a que no iba a poder bajar hasta la puerta de entrada, as&iacute; que tir&oacute; la llave por el balc&oacute;n. No sabe cu&aacute;nto tiempo estuvo la llave tirada en la vereda bajo la lluvia. Su amigo lleg&oacute; un rato despu&eacute;s, empapado y acompa&ntilde;ado de su novia. &ldquo;Te trajimos algo, Alito&rdquo;, le dijeron. &Eacute;l sac&oacute; una flor hermosa y extra&ntilde;a, con p&eacute;talos blancos y una corona violeta y blanca. Ella le dio un fruto peque&ntilde;o y naranja. Eran la flor y el fruto de la pasionaria, la planta trepadora que Alejandro hab&iacute;a visto crecer hac&iacute;a un rato entre su cuerpo y el de Gerardo. Los hab&iacute;an levantado del parque Saavedra. En el medio del diluvio hab&iacute;an hecho un <em>parate</em> para llevarle ese regalo a Alejandro, que ahora los miraba totalmente perplejo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;M&aacute;s all&aacute; de la belleza visual, la experiencia dej&oacute; un coletazo en m&iacute;. Y ah&iacute;, despu&eacute;s de mucho tiempo, volv&iacute; a pintar con regularidad. Y a pintar cosas relacionadas a eso &mdash;me dice Alejandro.
    </p><p class="article-text">
        Pasaron diez a&ntilde;os desde aquel viaje psicod&eacute;lico. Estamos conversando en su atelier. Gerardo, que acaba de llegar, prepara caf&eacute; para todos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Marcos Aramburu es periodista y </em><a href="https://elgatoylacaja.com/tienda/las-ceremonias" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Las Ceremonias es su primer libro</em></a><em>. Conduce &ldquo;Ayudame loco&rdquo;, por Nacional Rock y participa en el programa &ldquo;La Negra Pop&rdquo;, de Elizabeth Vernaci. Tambi&eacute;n stremea en &ldquo;Somos Gelatina&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Aramburu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/todos-estamos-aca_1_10041201.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Mar 2023 03:06:25 +0000]]></pubDate>
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