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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lautaro Barceló]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/lautaro-barcelo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Lautaro Barceló]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La obra humana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/obra-humana_129_10418406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc1f3df9-d1bb-4e17-b1bb-653f1667aea0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La obra humana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Apuntes sobre la Inteligencia Artificial, tras los pasos del físico Richard Feynman, el cosmólogo Max Tegmark, el pionero Norbert Wiener y el cineasta Eric Rohmer.</p></div><p class="article-text">
        <strong>EL RAYO VIOLETA </strong>Se cree que el f&iacute;sico Richard Feynman fue el &uacute;nico testigo ocular que no protegi&oacute; su vista durante el lanzamiento de la bomba Trinity, la primera prueba nuclear de Estados Unidos que fue retratada -sin CGI, como insiste en recordar la prensa- por Christopher Nolan en su film &ldquo;Oppenheimer&rdquo;. Situado tras el parabrisas de un cami&oacute;n, Feynman dedujo que la &uacute;nica luz da&ntilde;ina para la visi&oacute;n que pod&iacute;a provenir de la explosi&oacute;n era la luz ultravioleta.&ldquo;&iexcl;Gafas oscuras!&rdquo; refunfu&ntilde;aba Feynman, que se negaba a usarlas. &ldquo;A treinta kil&oacute;metros de distancia, y a trav&eacute;s de gafas oscuras... maldita la cosa que &iacute;bamos a poder ver&rdquo; evocar&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s. El cristal del parabrisas ser&iacute;a suficiente.. o quiz&aacute;s no. El primer fogonazo fue tan intenso que Feynman se vio forzado a bajar la vista, refugi&aacute;ndose bajo el volante. Con los ojos a&uacute;n abiertos, entre el embriague y el freno de la camioneta, vio una figura de intensa luz violeta que no deb&iacute;a estar all&iacute;. &iquest;Una post-imagen? &iquest;Una alucinaci&oacute;n? El estruendo posterior trajo la confirmaci&oacute;n: aquello que hab&iacute;an visto era la concreci&oacute;n, era la bomba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras finalizar el proyecto Manhattan, a Feynman le cost&oacute; much&iacute;simo su vuelta a la civilizaci&oacute;n. Sentado en un restaurante de Nueva York, elaboraba mapas mentales para medir el impacto que una bomba como la de Hiroshima pudiera causar sobre la calle 34. Contaba los edificios que caer&iacute;an, los muertos y las calamidades que sobrevendr&iacute;an. Cuando ve&iacute;a a los alba&ntilde;iles construyendo sin cesar nuevas edificaciones para la Gran Manzana, Feynman repet&iacute;a para sus adentros: &ldquo;Est&aacute;n locos, est&aacute;n locos, est&aacute;n locos&rdquo;. &iquest;Para qu&eacute; poner tanto esfuerzo en construir cosas nuevas si todo puede ser barrido en un m&iacute;sero instante?
    </p><p class="article-text">
        Algunas d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, con las armas nucleares en el freezer, Feynman reflexionar&iacute;a: &ldquo;me equivoqu&eacute; sobre la inutilidad de construir puentes, y me alegro de que todas esas personas tuvieran el buen sentido de seguir adelante&rdquo;. Seguir adelante, a pesar de todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>LA VIDA CORRE COMO UN PROGRAMA DE COMPUTADORA</strong> El cosm&oacute;logo Max Tegmark fue uno de los responsables de que las ecuaciones en el pizarr&oacute;n de Feynman fueran reeditadas como algoritmos para IA en un paper publicado en 2020. A&ntilde;os antes de orientar su carrera a la IA, Tegmark ide&oacute; la hip&oacute;tesis del universo matem&aacute;tico: una teor&iacute;a del todo que postula que la materia es reducible a la matem&aacute;tica. Sus elucubraciones sobre este tipo de universo computable hicieron inevitable su deriva al campo de la IA: si todo es computable, las ideas y los sentimientos tambi&eacute;n lo son. Tegmark es considerado por su trabajo cient&iacute;fico y libros de divulgaci&oacute;n como uno de los referentes en lo que &eacute;l decidi&oacute; llamar &ldquo;la conversaci&oacute;n m&aacute;s interesante de todos los tiempos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as, Tegmark estim&oacute; que las chances de que una s&uacute;perinteligencia o IAG (Inteligencia Artificial General) nos lleve a la extinci&oacute;n como especie son de aproximadamente un 50%. No solamente podemos ser v&iacute;ctimas de una s&uacute;perinteligencia: tambi&eacute;n puede ser que, como en una pel&iacute;cula de los hermanos Coen, una sucesi&oacute;n de eventos improbables lleven a una IA muy est&uacute;pida a cometer la m&aacute;s grande de todas las estupideces posibles. Desde su instituto Future Of Life, convoca a la comunidad cient&iacute;fica con el solo prop&oacute;sito de bajar ese porcentaje que depende fundamentalmente de una cosa si es que queremos seguir adelante con la IA: <em>el problema de alineaci&oacute;n</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>EL G&Oacute;LEM Y EL PROBLEMA DE ALINEACI&Oacute;N</strong> En 1960, Norbert Wiener, uno de los pioneros de la IA, ya se hab&iacute;a referido a los problemas de alineaci&oacute;n: &ldquo;Si ya no podemos interferir en los procesos de la m&aacute;quina una vez que esta est&aacute; funcionando, m&aacute;s vale estar bastante seguros de que el prop&oacute;sito puesto en la m&aacute;quina sea el prop&oacute;sito que realmente deseamos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia del G&oacute;lem, una criatura de barro que cobra vida por la magia del rabino Loew en el antiguo gueto de Praga, funciona como una analog&iacute;a apropiada a esta reflexi&oacute;n de Wiener. El G&oacute;lem fue creado con un prop&oacute;sito espec&iacute;fico: proteger a la comunidad jud&iacute;a de los ataques antisemitas. El rabino lo model&oacute;, pronunci&oacute; los encantamientos respectivos, y el objeto inanimado de barro cobr&oacute; vida. As&iacute; lo contaba Borges en su poema titulado como la criatura:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El rab&iacute; le explicaba el universo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y logr&oacute;, al cabo de a&ntilde;os, que el perverso</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>barriera bien o mal la sinagoga.</em>
    </p><p class="article-text">
        Se dice que la esposa del rabino lo mand&oacute; a sacar agua del r&iacute;o y que el G&oacute;lem, ejecutando al pie de la letra las &oacute;rdenes de la mujer, termin&oacute; vaciando por vaciar el r&iacute;o e inundando la ciudad. Si bien el ejemplo es simple y hasta el m&aacute;s novel programador sabr&iacute;a arreglar el algoritmo que conduce al G&oacute;lem con una condici&oacute;n de corte &iquest;qu&eacute; podemos hacer si el problema de alineaci&oacute;n se vuelve tan complejo como complejas se vuelvan las mentes artificiales? &iquest;y si las m&aacute;quinas se desarrollan hasta el punto de tener objetivos mucho m&aacute;s trascendentes que nuestra peque&ntilde;&iacute;sima existencia? &iquest;O acaso nuestra existencia no es tan peque&ntilde;a?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>LOS M&Aacute;XIMOS REPRESENTANTES DEL COSMOS</strong> Elon Musk propuso una hipot&eacute;tica -y claro que pol&eacute;mica- soluci&oacute;n para el problema de alineaci&oacute;n. Al menos, para evitarnos el disgusto de crear a HAL 9000. Musk dice que si la IA es capaz de entender las grandes verdades del universo, entonces tambi&eacute;n entender&aacute; que nosotros somos una parte muy importante del mismo tal como nosotros reconocemos que los chimpanc&eacute;s lo son. Probablemente, Carl Sagan le dar&iacute;a la raz&oacute;n en ese punto. Seg&uacute;n &eacute;l, somos los m&aacute;ximos representantes del cosmos y de catorce mil millones de a&ntilde;os de evoluci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        <strong>DEMASIADO PRONTO PARA EL FUTURO</strong> La compa&ntilde;&iacute;a OpenAI, responsable de ChatGPT, ofrece nuevas posiciones a investigadores que puedan trabajar en lo que ellos llaman &ldquo;S&uacute;per-alineamiento&rdquo;, es decir, alineaci&oacute;n pensando en s&uacute;perinteligencias que nos superen ampliamente y para las que nuestras razones sean insuficientes. Algunos investigadores como Gary Marcus, especializado en ciencias cognitivas, se toma estas cosas no tan en serio. Para &eacute;l, ChatGPT y sus sucesores son como castillos de naipes sensibles al m&aacute;s diminuto soplido, es decir, no tienen lo suficiente para sentar las bases de aquella supuesta s&uacute;perinteligencia que desde OpenAI nos quieren vender. Sin embargo, Marcus tampoco se anima a descartarlo; a veces es mejor no cerrar del todo la puerta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>EL SUE&Ntilde;O DEL CREADOR</strong> Volviendo a Carl Sagan, &eacute;l cre&iacute;a que vivimos en un mundo que depende mucho de la ciencia y de la tecnolog&iacute;a pero en el que casi nadie sabe de ciencia y tecnolog&iacute;a. No ser&iacute;a raro que la cadena de mando falle y las IAs se parezcan m&aacute;s a sus ingenieros que a los directivos de Silicon Valley o a los funcionarios del partido comunista chino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; para&iacute;so imaginan los creadores de aquellos que sue&ntilde;an con ovejas el&eacute;ctricas? &iquest;So&ntilde;ar&aacute;n algo parecido a lo que so&ntilde;amos nosotros?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>EL PARAISO, UN LINDO LUGAR PARA VISITAR </strong>&ldquo;Debo estar en el Cielo. S&iacute;, es eso... &iquest;verdad?&rdquo; se pregunta el vil ladr&oacute;n de guante blanco, Rocky Valentine tras morir y despertar en otro mundo. En esta nueva realidad, un hombre de barba canosa y traje blanco se encarga de guiarlo y proveerlo de un acceso irrestricto a lujos, manjares y mujeres que prometen amarlo; en el casino, no pierde ni una sola mano de blackjack y las m&aacute;quinas tragamonedas siempre le dan el premio gordo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este episodio de la Dimensi&oacute;n Desconocida, el personaje de Valentine satisface todos sus deseos de forma instant&aacute;nea. Sin esfuerzo, sin trayectoria, sin condiciones. Luego, llega el hast&iacute;o. El mundo r&aacute;pidamente se torna predecible y aburrido para Valentine. Cuando empieza a perder la cordura, se le anuncia que su existencia ser&aacute; as&iacute; siempre, para toda la eternidad. Valentine ahora lo entiende. Ese lugar no es el para&iacute;so.
    </p><p class="article-text">
        <strong>LA INUTILIDAD DE CONSTRUIR PUENTES </strong>En &ldquo;El rayo verde&rdquo; de Eric Rohmer, Delphine es una secretaria parisina que se acaba de separar y no tiene planes para el verano. Ya no se f&iacute;a de los hombres, los rechaza a todos antes del primer intercambio &iquest;Para qu&eacute; intentar si ya conocemos c&oacute;mo va a terminar?. Mientras recorre ociosa una playa a la que decide viajar en soledad, escucha a unas se&ntilde;oras conversando acerca del fen&oacute;meno &oacute;ptico conocido como rayo verde: durante apenas un instante, la puesta del Sol por el horizonte nos regala un c&oacute;smico fulgor verde, usualmente imperceptible. Seg&uacute;n cuentan las se&ntilde;oras, para aquellos que logran verlo, el rayo verde tiene el divino poder de revelar nuestros pensamientos, a&uacute;n los m&aacute;s rec&oacute;nditos. Y si lo ve con otro, juntos se enamorar&aacute;n para siempre. La eventualidad de una epifan&iacute;a exalta a Delphine. Ahora tiene un motivo para volver creer en la posibilidad del amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>EL RAYO VERDE </strong>Dicen que durante la filmaci&oacute;n, el rayo verde fue el Moby Dick de Rohmer. Obsesionado, intent&oacute; por todos los medios filmarlo, tarde tras tarde en las paradis&iacute;acas playas de Biarritz y Saint-Jean-de-Luz. El rodaje se alargaba y alargaba para que Rohmer cumpliera su objetivo. Un plano so&ntilde;ado, un plano para que Delphine se enamorase. Pero el rodaje no pod&iacute;a durar para siempre y Rohmer tuvo que desistir. Con un artilugio t&eacute;cnico pudo generar sin apoyo de la naturaleza un instante de m&aacute;gica belleza. Un artificial instante de m&aacute;gica belleza en que el amor emerge perfecto, idealista, como una constante matem&aacute;tica. Una posible idea del para&iacute;so, desplegada por la obra humana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lautaro Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/obra-humana_129_10418406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Jul 2023 03:02:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Lautaro Barceló,AI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amo al cuerpo eléctrico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amo-cuerpo-electrico_1_10381541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/664ab957-3fd3-47ac-884a-7ade464561e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amo al cuerpo eléctrico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Robots con y sin carita. Los que hablan y los que interactúan. El debate que cruza al mundo de la IA: riesgos, beneficios y potenciales peligros. Padrinos en conflicto. ¿Quién puede enamorarse de un bot? La nueva era de los juegos: la conversación natural.</p></div><p class="article-text">
        <strong>BARBIEHEIMER.</strong> Esta semana en Ginebra, Suiza, la ONU organiz&oacute; una rueda de prensa con robots humanoides. La robot enfermera, la robot cantante con pelo de fantas&iacute;a y la robot embajadora respondieron a las inquietudes de periodistas y curiosos. Acompa&ntilde;adas por sus creadores, coincidieron en algo fundamental: <strong>no son una amenaza para la humanidad. Su &uacute;nico prop&oacute;sito es ayudarnos a construir un futuro mejor.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes que nos llegan desde Ginebra, por momentos absurdas, recuerdan a la pel&iacute;cula &ldquo;Lars y la chica real&rdquo; en la que <strong>Ryan Gosling</strong> se enamora de una sofisticada mu&ntilde;eca sexual y la comunidad de su pueblo decide seguirle la corriente. La mu&ntilde;eca Bianca, asistida en su silla de ruedas y sin necesidad de realizar acci&oacute;n alguna, genera por voluntad conjunta de un pueblo, una &ldquo;ilusi&oacute;n de persona&rdquo; que atraviesa tanto el mundo dieg&eacute;tico como el mundo real. En el caso de las robots humanoides que asisten a la ONU, cubiertas por la misma piel artificial que Bianca, la situaci&oacute;n no es tan dis&iacute;mil.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">LeCun lo tiene claro. No hay necesidad de que se lo digan robots humanoides: la IA no representa una amenaza existencial para los seres humanos. “La IA la hacemos nosotros, ¡la hago yo! ¿por qué haría una IA que me elimine?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sus palabras son procesadas por lo que llamamos un gran modelo de lenguaje o LLM (sus siglas en ingl&eacute;s). Estos modelos se entrenan para generar texto autom&aacute;ticamente, pero sus dietas (datos qu&eacute; procesan) y entrenamientos (c&oacute;mo los procesan) fueron previamente dise&ntilde;ados por seres humanos. Al igual que en el pueblo de Lars, los deseos, pasiones y sesgos de seres biol&oacute;gicos determinan el fluir de lo que -al menos al d&iacute;a de hoy- llamamos vida artificial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El franc&eacute;s <strong>Yann LeCun</strong>, uno de los padrinos de la inteligencia artificial y actualmente investigador en el gigante Meta, se expres&oacute; en redes respecto de la conferencia de robots: &ldquo;Complete bullshit. Pardon my french&rdquo;. LeCun lo tiene claro. No hay necesidad de que se lo digan robots humanoides: la IA no representa una amenaza existencial para los seres humanos. &ldquo;La IA la hacemos nosotros, &iexcl;la hago yo! &iquest;por qu&eacute; har&iacute;a una IA que me elimine?&rdquo;. En esta direcci&oacute;n argument&oacute; LeCun en el Munk Debate, organizado por la Aurea Foundation (fundaci&oacute;n del fallecido magnate <strong>Peter Munk</strong>, fundador de la Barrick Gold) del que particip&oacute; junto a otros referentes de su campo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Podremos conversar y compartir junto a nuestros camaradas digitales grandes epopeyas de 80, 100, 200 horas sin sentir ningún tipo de apego? ¿Podremos estar expuestos a su compañía y luego dejar de pagar la suscripción que los mantenga vivos en la nube? </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Su t&iacute;tulo de &ldquo;padrino de la IA&rdquo;, lo comparte junto a sus dos colegas ganadores del premio Turing en 2018: <strong>Yoshua Bengio</strong> y <strong>Geoffrey Hinton</strong>. Hinton se jubil&oacute; de Google este a&ntilde;o y fue noticia por sus declaraciones, opuestas a las que habitualmente nos ten&iacute;a acostumbrados: &ldquo;La IA presenta peligros inimaginables para nuestra especie&rdquo;, &ldquo;estas entidades van a ser capaces de tener sentimientos y sentir amor&rdquo;. El tercer padrino, Bengio, est&aacute; m&aacute;s cerca de las ideas de Hinton; tal es as&iacute; que decidi&oacute; orientar su carrera al estudio del problema del alineamiento: c&oacute;mo hacer que los objetivos de estos sistemas de IA coincidan con los nuestros. Bengio tambi&eacute;n participa del Munk Debate enfrentado a su ex-compa&ntilde;ero de armas, LeCun. La grieta es palpable a trav&eacute;s de la pantalla, el debate por momentos es feroz. Pero los padrinos se respetan y si bien no comparten preocupaciones del mismo calibre, s&iacute; comparten algunas risas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>ROBOTS SIN CARITA. </strong>La rob&oacute;tica orientada a la construcci&oacute;n de robots humanoides tiene algo del ejercicio del animismo: producir objetos con carita, con alma. Confundirnos a nosotros mismos entre ellos. La mayor parte de los robots no tienen cuerpo ni carita: los llamamos simplemente bots y hoy en d&iacute;a presumen de generar la mitad del tr&aacute;fico de internet. &iquest;Qui&eacute;nes son estos conductores y peatones que deambulan como bits en delicada danza de cortes&iacute;a, permiti&eacute;ndose los unos a los otros proceder sincronizados por las metr&oacute;polis cibern&eacute;ticas? Cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil diferenciar el origen e identidad detr&aacute;s de estos datos. Junto a la recordada bot experimental Lavonne Smythorsmith (la de las &ldquo;caricias significativas&rdquo; al ex presidente <strong>Mauricio Macri</strong>) conviven los chatbots de la empresa de gas, los que nos ense&ntilde;an a seducir por Tinder, los que arman nuestras playlists, los que juegan al ajedrez, los que registran las fluctuaciones del d&oacute;lar blue, los que arman nuestro timeline de Twitter, los maliciosos y otros tantos que ser&iacute;a imposible enumerarlos a todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>ROBOTS CON CARITA.</strong> La empresa Nvidia anunci&oacute; hace pocas semanas que va a empezar a ofrecer un servicio en la nube para que los personajes de los videojuegos, inclusive los de relleno, est&eacute;n motorizados por modelos de lenguaje generativo. Es decir, sus l&iacute;neas de di&aacute;logo no van a estar previamente pactadas sino que vamos a poder interactuar con ellos en tiempo real.&nbsp;Unos desarrolladores ansiosos por probar c&oacute;mo funcionar&iacute;a esta tecnolog&iacute;a, prototiparon un videojuego de c&oacute;digo abierto en el que nuestra misi&oacute;n es evitar que una novia psic&oacute;pata nos asesine con su cuchillo: para ello, debemos negociar o enga&ntilde;arla para que nos deje ir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o que viene, quiz&aacute;s, tendremos a disposici&oacute;n juegos con personajes que solamente respeten arcos y no tengan cargada ninguna l&iacute;nea de di&aacute;logo. &iquest;Podremos conversar y compartir junto a nuestros camaradas digitales grandes epopeyas de 80, 100, 200 horas sin sentir ning&uacute;n tipo de apego? &iquest;Podremos estar expuestos a su compa&ntilde;&iacute;a y luego dejar de pagar la suscripci&oacute;n que los mantenga vivos en la nube? En &ldquo;El ciclo de vida de los objetos de software&rdquo;, el escritor ganador de un premio N&eacute;bula y tambi&eacute;n inform&aacute;tico, <strong>Ted Chiang</strong>, problematiza sobre lo que ocurrir&iacute;a no solamente cuando el juego termine, sino tambi&eacute;n cuando la compa&ntilde;&iacute;a deba cerrar y las entidades digitales migrar para redefinirse una y otra vez, teniendo como sost&eacute;n a tan solo un pu&ntilde;ado de seres humanos que aman a sus cada vez m&aacute;s cercanos amiguitos digitales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>TODO ES POR AMOR.</strong> En &ldquo;Canto el cuerpo el&eacute;ctrico&rdquo;, de <strong>Ray Bradbury</strong>, unos ni&ntilde;os desconsolados por la muerte de su madre adquieren una abuela robot. La abuela robot registra cada palabra que se dice, cada momento que se vive, incorruptibles en su memoria digital. &ldquo;Todo lo que digan, todo lo que hagan, lo guardar&eacute;, apartar&eacute;, atesorar&eacute;. Ser&eacute; todas esas cosas que una familia es y olvida, pero que siente, y recuerda a medias. Mejor que los viejos &aacute;lbumes de familia que hojeaban diciendo: esto fue en invierno, eso aquella primavera, recordar&eacute; lo que olvidan. Y aunque en los pr&oacute;ximos cien mil a&ntilde;os sigamos pregunt&aacute;ndonos qu&eacute; es el amor, quiz&aacute; descubramos al fin que el amor es alguien capaz de devolvernos a nosotros mismos&rdquo;. Como el cantautor platense <strong>S&acirc;r Rulli</strong> sol&iacute;a entonar en su canci&oacute;n &ldquo;Cuando un robot llora se vuelve humano&rdquo;: el &uacute;nico profundo secreto -ya saben todos- es amar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LB/PI</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lautaro Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amo-cuerpo-electrico_1_10381541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Jul 2023 15:11:36 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La copia del padre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/tecnologia/copia-padre_130_10360216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38de23dd-cac6-435c-8d0b-96aacb91351c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La copia del padre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Detrás de ChatGPT, para muchos casi un juego, se despliega la industria y el desarrollo de la Inteligencia Artificial, amada y temida, encantadora e impredecible. El autor, estudioso de la IA, se detiene en la relación entre dos pensadores, ocasionales antagonistas, sobre esa ¿tecnología? La velocidad de los cambios, el gran portal y el pronóstico sobre a cuántos días está el hombre de alcanzar la inmortalidad.
</p></div><p class="article-text">
        De pie frente a un auditorio completo, vestido con uno de sus caracter&iacute;sticos sacos anchos de corderoy, <strong>Douglas Hofstadter</strong> recita un fragmento del e-mail que recibi&oacute; de un ofendido <strong>Ray Kurzweil</strong>: &ldquo;En tu art&iacute;culo suger&iacute;s que todos son unos irracionales. Excepto vos&rdquo;. La gente aplaude mientras Hofstadter se disculpa reiteradas veces por el malentendido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la silla contigua, Kurzweil evita el contacto visual oyendo de costado, se muerde el labio inferior y espera agazapado. El p&uacute;blico contesta con risas a cada remate del entra&ntilde;able Hofstadter: matem&aacute;tico, l&oacute;gico, fil&oacute;sofo, profesor de ciencia cognitiva, pol&iacute;glota, ganador de un Pulitzer en 1980, doctor en F&iacute;sica e hijo de un premio Nobel en esta misma ciencia. Un pol&iacute;mata de linaje. La forma en que desenvuelve su pensamiento en p&uacute;blico cautiva tanto o m&aacute;s que con aquel m&iacute;tico libro &ldquo;<a href="https://es.scribd.com/document/351188516/Douglas-Hofstadter-Godel-Escher-Bach-Un-Eterno-y-Gracil-Bucle" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">G&ouml;del, Escher, Bach: un Eterno y Gr&aacute;cil Bucle&rdquo;</a> por el que fue premiado. En su obra aborda temas como el emerger de la conciencia, los l&iacute;mites de la l&oacute;gica, el surgimiento de la vida a partir de la materia inanimada y por supuesto, la inteligencia artificial, campo al que le dedic&oacute; intensos a&ntilde;os de investigaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Este tipo está diciendo que mis hijos, mis nietos dejarán de ser humanos en la forma tal y como concebimos a los humanos? ¿Serán cyborg potenciados por nanobots, con neo-cortezas expandidas, con docenas de conciencias simultáneas?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;A veces parece como si cada nuevo paso hacia la IA, en lugar de producir algo en lo que todo el mundo estar&iacute;a de acuerdo en que es inteligencia real, tan solo revela lo que la inteligencia real no es.&rdquo;. Ahora est&aacute; aqu&iacute;, en Stanford, frente a una muchedumbre de estudiantes y curiosos, presentando una conferencia con especialistas seleccionados por &eacute;l entre los que se encuentra el inventor y futur&oacute;logo Ray Kurzweil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seguramente a Kurzweil se le cruce por la cabeza que este panel organizado en la Cumbre de la Singularidad en Stanford sea una sofisticada trampa mortal para su reputaci&oacute;n como hombre de la ciencia. Tendida por el agn&oacute;stico y brillante Hofstadter, las chances de salir ileso son pocas. En el aire ya distingue algunas adjetivaciones entre el murmullo silencioso del p&uacute;blico: vendedor de libros, medi&aacute;tico, pesetero, hombre de fe. Consciente de que se enfrenta a un auditorio de esc&eacute;pticos, sabe que le toca responder por todas las predicciones que ha venido haciendo desde finales del siglo XX en relaci&oacute;n a nuestro futuro como especie y en particular sobre el concepto de &ldquo;singularidad tecnol&oacute;gica&rdquo; que se encarg&oacute; de popularizar. <strong>Dicho de otro modo, lo que ocurrir&iacute;a en caso de que la inteligencia artificial nos supere y empiece a mejorarse a s&iacute; misma exponencialmente produciendo lo que com&uacute;nmente se llama &ldquo;explosi&oacute;n de inteligencia&rdquo;.</strong> Una conquista que seg&uacute;n algunos especialistas nos solucionar&iacute;a la vida; seg&uacute;n otros, nos pasar&iacute;a por encima como especie. Kurzweil predijo en sus libros, como si se tratara de un anuario astrol&oacute;gico, qu&eacute; ocurrir&iacute;a con el avance tecnol&oacute;gico d&eacute;cada a d&eacute;cada, a&ntilde;o por a&ntilde;o, campo por campo. La cantidad de aciertos que lo respaldan es inquietante: sin ser excesivamente rigurosos ni excesivamente laxos, podr&iacute;amos decir que m&aacute;s del 85% de sus afirmaciones se cumplen en tiempo y forma. Ning&uacute;n gur&uacute; de California puede disputarle el trono.&nbsp;
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hofstadter expone, din&aacute;mico y estelar, intermitentemente muy agresivo con las teor&iacute;as de Kurzweil aunque sepa que a&uacute;n sus propios argumentos pueden estar contaminados de sesgo personal.</strong> Confiesa que se siente condicionado por las sensaciones que le produjo leer la &uacute;ltima obra de Kurzweil, y para hacerlas a&uacute;n m&aacute;s evidentes prosigue a enumerarlas: perplejidad, desorientaci&oacute;n, miedo&hellip; miedo feroz. &iquest;Este tipo est&aacute; diciendo que mis hijos, mis nietos dejar&aacute;n de ser humanos en la forma tal y como concebimos a los humanos? &iquest;Ser&aacute;n cyborg potenciados por nanobots, con neo-cortezas expandidas, con docenas de conciencias simult&aacute;neas? &iquest;Individuos capaces de controlar varios cuerpos, vivir en m&uacute;ltiples mundos, de fusionarse con las m&aacute;quinas y vivir en constante &eacute;xtasis con sus infinitas amantes? &iquest;Ser&aacute;n miles de millones de veces m&aacute;s inteligentes que nosotros, adem&aacute;s de inmortales? Quiz&aacute;s en mil a&ntilde;os, pero no ahora Ray, no ahora.
    </p><h3 class="article-text">Raymond&nbsp;</h3><p class="article-text">
        En 1965, con apenas 17 a&ntilde;os, Raymond Kurzweil fue llevado al popular programa de TV de la CBS, &ldquo;I've got a secret&rdquo; a tocar en piano una canci&oacute;n compuesta por una computadora que &eacute;l mismo hab&iacute;a creado. A&ntilde;os despu&eacute;s crear&iacute;a la famosa empresa de tecnolog&iacute;a musical que lleva su apellido. Fue amigo de Stevie Wonder, enemigo de Theodore Kaczynski (Unabomber) desde la c&aacute;rcel, doctor honorario de una veintena de universidades, distinguido por tres presidentes americanos y recientemente director de ingenier&iacute;a de Google.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Repite y repite, como un mantra, lo mismo que en cada simposio del que participa. Singularidad, transhumanismo, nanobots; la historia de la ciencia es clara, se vienen tiempos fantásticos; estamos por cruzar el más grande de los portales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Criado en Queens, de padres jud&iacute;os refugiados, artistas ambos, Kurzweil cultiv&oacute; dos intereses por encima de todos los dem&aacute;s: los inventos y la m&uacute;sica. Fred Kurzweil era un reconocido director de orquesta, adem&aacute;s de un hombre extremadamente disciplinado y ordenado. Tras su temprana muerte, a su hijo Ray no le cost&oacute; conservar y archivar multitud de diarios, bit&aacute;coras, grabaciones de video, de audio, correspondencia, libros que hab&iacute;a le&iacute;do, discos que hab&iacute;a escuchado. Ray amaba profundamente a su padre y no pod&iacute;a concebir que esas interminables e interesant&iacute;simas charlas en la cocina de su casa en Queens queden atrapadas en un irrecuperable pasado. Ray se sentaba a escuchar esas cintas, esas antiguas conversaciones pensando en c&oacute;mo hacerlas volver. Para cada problema Ray ten&iacute;a una soluci&oacute;n, un invento, pero la muerte&hellip; la muerte&hellip; o quiz&aacute;s&hellip; quiz&aacute;s&hellip;
    </p><h3 class="article-text">Stanford</h3><p class="article-text">
        Volvamos al a&ntilde;o 2012, Stanford. Hofstadter contin&uacute;a con la exposici&oacute;n proyectando caricaturas absurdas garabateadas por &eacute;l mismo y cortando las ra&iacute;ces de los supuestos de Kurzweil con su navaja de Ockham. Entre otras cosas, acusa a Kurzweil de no tener en cuenta los l&iacute;mites de la computaci&oacute;n y de basarse en la Ley de Moore para pronosticar que la capacidad de transistores en un microprocesador se duplican cada 2 a&ntilde;os cuando la Ley de Moore ni siquiera es una ley natural sino una consecuencia del mercado que hallar&aacute; su l&iacute;mite en la f&iacute;sica newtoniana. Antes de cederle la palabra a Kurzweil, invita al resto del panel a reflexionar y tomarse en serio el futuro. Si proponemos que cambios tan abruptos van a ocurrir en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, tenemos que esforzarnos m&aacute;s en fortalecer fundamentos y argumentaciones. El individuo objetivo de sus palabras est&aacute; m&aacute;s que claro.
    </p><p class="article-text">
        Kurzweil sube a la tarima. Ha tomado nota de cada palabra dicha por su desafiante. Pareciera que est&aacute; por responder disparo por disparo, pero no. Repite y repite, como un mantra. Lo mismo que en cada simposio del que participa. Singularidad, transhumanismo, nanobots; la historia de la ciencia es clara, se vienen tiempos fant&aacute;sticos&hellip; estamos por cruzar el m&aacute;s grande de los portales. No duda, no tiembla, no se muerde m&aacute;s el labio. Sabe que todo eso va a pasar. Seguramente va a pasar. Tiene que pasar. Le alcanza con estirar su vida unos a&ntilde;os m&aacute;s para alcanzar la meta de vivir por toda la eternidad. Vislumbra su otra meta, quiz&aacute;s la que m&aacute;s anhela desde el d&iacute;a en que su padre, Fred Kurzweil, dej&oacute; este mundo. Lo imagina de regreso en la cocina de su antigua casa en Queens, hablando de m&uacute;sica con sus nietos, bisnietos, choznos e inagotable descendencia, disfrut&aacute;ndolo tanto como &eacute;l lo pudo disfrutar mientras dur&oacute;. Hasta se encarg&oacute; de guardar sus genes con la esperanza o convicci&oacute;n de replicarlo biol&oacute;gicamente en el futuro. Hofstadter conoc&iacute;a bien esta historia y probablemente hallaba en ella la respuesta al convencimiento prof&eacute;tico de Kurzweil. &iquest;C&oacute;mo juzgar a la locura por amor? No importa cu&aacute;n brillante sea una mente, su razonamiento siempre va a estar ensombrecido por el amor: por su abundancia, por su falta.
    </p><h3 class="article-text">Ahora</h3><p class="article-text">
        Volvamos al presente. &ldquo;Todo lo que sol&iacute;a creer, se ha puesto de cabeza&rdquo;. Hace menos de una semana, Hofstadter reapareci&oacute; para brindar una nota para Game Thinking TV. &ldquo;Nunca imagin&eacute; que las computadoras rivalizar&iacute;an o superar&iacute;an la inteligencia humana [&hellip;] o por lo menos ser&iacute;a una meta que estaba tan lejos que no me preocupaba. [...] estas entidades producen respuestas inteligibles a preguntas dif&iacute;ciles en lenguaje natural e incluso escriben poes&iacute;a. [...] no solo sent&iacute; como mis sistemas de creencias estuvieran colapsando, sino como que toda la raza humana fuera a ser eclipsada y dejada en el polvo. [...] hace que la humanidad sea un fen&oacute;meno muy peque&ntilde;o en comparaci&oacute;n con otra cosa mucho m&aacute;s inteligente y que pronto se volver&aacute; incomprensible para nosotros, tanto como somos nosotros para las cucarachas. [...] me abruma y deprime de una forma en la que no lo estuve en un largu&iacute;simo tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Kurzweil, la inmortalidad no va a tardar m&aacute;s de ocho a&ntilde;os en llegar. Hace ejercicio todos los d&iacute;as y realiza una dieta estricta. Consume cien p&iacute;ldoras diarias que le cuestan un mill&oacute;n de d&oacute;lares al a&ntilde;o. Dice que va a llegar. Cree que va a llegar. &ldquo;Pod&eacute;s argumentar que filos&oacute;ficamente eso no es tu padre&rdquo; dice Kurzweil. &ldquo;Que eso es una r&eacute;plica. Pero puedo presentar un caso s&oacute;lido de que ser&iacute;a m&aacute;s parecido a mi padre que mi propio padre. Si estuviera vivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LB/PI</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lautaro Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/tecnologia/copia-padre_130_10360216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Jul 2023 03:01:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La copia del padre]]></media:title>
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