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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Juan Nieto]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/juan-nieto/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Juan Nieto]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No será con mi ley]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-sera-ley_129_10450706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/824e35bc-d062-4189-902c-5010aa9aa29d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No será con mi ley"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las herramientas oxidadas del pluralismo aburguesado son contraproducentes para convencer a quienes, con su voto, denuncian desesperadamente su rotundo fracaso. </p></div><p class="article-text">
        Al menos desde 2018, el fantasma de la Rep&uacute;blica de Weimar recorre algunas conversaciones en Buenos Aires. El triunfo de Jair Bolsonaro devel&oacute; que en el mundo actual existe espacio para los neofascismos y que ese espacio se explica, al menos en parte, por el fracaso de los proyectos pluralistas al momento de transformar las condiciones materiales de vida de las personas a las que dicen representar. No importa que la Argentina est&eacute;, contra toda intuici&oacute;n, dentro del mundo, o que tienda a imitar con exageraciones groseras lo que pasa en Brasil: <strong>hasta el domingo, nuestra </strong><em><strong>intelligentsia</strong></em><strong> pretendi&oacute; olvidar que la amenaza neofascista est&aacute; viva en la Argentina.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No vamos a intentar explicar en estas l&iacute;neas por qu&eacute; el proyecto pol&iacute;tico de Javier Milei se emparenta con experimentos neofascistas. Tal vez su hipot&eacute;tico gobierno se descubra como liberal, pero, hasta ahora, la ret&oacute;rica de La Libertad Avanza ha coqueteado con rasgos propios de los fascismos hist&oacute;ricos: un anticomunismo grotesco (pese a la inexistencia actual de una amenaza comunista); una heteronom&iacute;a radical (los imperativos de su proyecto deben rastrearse en nociones trascendentes, como el derecho natural a la propiedad o las leyes inflexibles del mercado); y una naturalizaci&oacute;n de las jerarqu&iacute;as, en la que los lazos de competencia priman por sobre los de cooperaci&oacute;n y se glorifica la violencia hasta el punto de proponer la aniquilaci&oacute;n del adversario (&ldquo;gusano, te voy a aplastar en una silla de ruedas&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        La pregunta sobre c&oacute;mo enfrentar exitosamente a los fascismos no encuentra respuesta sencilla. Los proyectos fascistas del siglo XX triunfaron en lo pol&iacute;tico y fueron derrotados reci&eacute;n en lo militar. El triunfo cultural, si vino, lleg&oacute; despu&eacute;s de los tanques T-34. Seguramente reflexionaremos mucho sobre esto en las pr&oacute;ximas semanas, pero es l&iacute;cito temer que la historia no nos haya legado un aprendizaje genuino sobre c&oacute;mo derrotar al fascismo.
    </p><p class="article-text">
        En estas l&iacute;neas no est&aacute; la f&oacute;rmula para la victoria de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica; lo &uacute;nico que hay es una advertencia que deber&iacute;a ser obvia: <strong>las herramientas oxidadas del pluralismo aburguesado son contraproducentes para convencer a quienes, con su voto, denuncian desesperadamente su rotundo fracaso.</strong> Jam&aacute;s convenceremos a quienes quieren barajar y dar de nuevo de que no pueden hacerlo porque el mismo sistema al que quieren reemplazar se los impide, de que el statu quo que vienen a desafiar se ha autocoronado como inamovible. En vano invocaremos para ello una ley o una constituci&oacute;n (&ldquo;&iexcl;entonces cambien la constituci&oacute;n!&rdquo;) o, peor, mandaremos a los votantes a leer fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos como si fueran alumnos confundidos.
    </p><p class="article-text">
        Hubo varios ejemplos de esta ret&oacute;rica, pero concentr&eacute;monos en uno. Recientemente, Milei insisti&oacute; en que, frente a la hipot&eacute;tica inacci&oacute;n de un Congreso en el que no tendr&iacute;a mayor&iacute;a, desempolvar&iacute;a el mecanismo de la consulta popular. Espec&iacute;ficamente, <strong>anunci&oacute; que la cuesti&oacute;n del aborto ser&iacute;a sometida a una consulta popular no vinculante.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La respuesta progresista y bienpensante se envolvi&oacute; de ret&oacute;rica jur&iacute;dica, articulando la idea de que los derechos no se plebiscitan. Se trata de una p&eacute;sima idea. Falsa en lo jur&iacute;dico y, m&aacute;s importante, errada en lo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La Constituci&oacute;n Nacional prev&eacute; la consulta popular y su texto no impide la convocatoria para conocer la posici&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en asuntos penales. Si la proposici&oacute;n seg&uacute;n la cual &ldquo;los derechos no se plebiscitan&rdquo; pretende significar que la Constituci&oacute;n proh&iacute;be la consulta popular en estos casos, entonces, estamos ante una proposici&oacute;n falsa.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, si &ldquo;los derechos no se plebiscitan&rdquo; busca expresar que los derechos est&aacute;n y deben estar sustra&iacute;dos del debate democr&aacute;tico, entonces la proposici&oacute;n -adem&aacute;s de falsa- es inaceptable. Los derechos son regulados por el Congreso a trav&eacute;s de las leyes. As&iacute; lo prev&eacute; la Constituci&oacute;n y as&iacute; se hizo, por ejemplo, con la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos y sus alcances, lejos de estar sustra&iacute;dos del debate democr&aacute;tico, son y deben ser establecidos a partir de dicho debate. Desde una posici&oacute;n genuinamente democr&aacute;tica no puede aceptarse que los derechos sean definidos por &eacute;lites cuya autoridad est&aacute; divorciada de la autoridad del pueblo. Como dicen Robert Post y Reva Siegel, los asuntos morales complejos, que dividen sociedades enteras en el mundo, no desaparecen con un truquito metodol&oacute;gico perge&ntilde;ado en un tribunal o en un seminario.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Separar el derecho de la plebe es un gesto t&iacute;picamente patricio. No sorprende que quienes lo intentan sean impugnados con el estigma de &ldquo;la casta&rdquo;. </strong>Lo que sorprende es que no vean la naturaleza antidemocr&aacute;tica de su estrategia ret&oacute;rica. Frente a la amenaza de que una amplia franja de la poblaci&oacute;n pretenda decidir sobre un asunto que les importa, se les dice, por las dudas y anticipadamente, que ya no pueden, que ese asunto ya lo decidimos antes de que ellos llegaran. Hay cosas que quedan as&iacute;, aunque formen un partido y ganen las elecciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La provocaci&oacute;n plebiscitaria deber&iacute;a ser respondida con bastante menos discurso jur&iacute;dico y bastante m&aacute;s discurso pol&iacute;tico</strong>. Si nos invitan a las elecciones, si nos invitan a una consulta, lejos de pedir por favor que guarden las urnas, deber&iacute;amos pedir que las saquen de paseo. Deber&iacute;amos entusiasmarnos con que, tras un debate democr&aacute;tico profundo, podremos ratificar voto a voto lo que llamamos derecho. Llegado el caso, tal vez, podamos impugnar al plebiscito por estar dise&ntilde;ado de un modo sesgado o ser llevado a cabo de un modo violento. Pero este boicot ser&aacute;, de nuevo, una estrategia pol&iacute;tica, y de ning&uacute;n modo implicar&aacute; que quienes pretenden decidir asuntos importantes lo hacen por mera ignorancia de la jurisprudencia internacional.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez deber&iacute;amos confiar m&aacute;s en nuestro pueblo, especialmente cuando est&aacute; movilizado por un &iacute;mpetu anti olig&aacute;rquico. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos pedirle al futuro gobierno, ya que estamos, que sondee la opini&oacute;n de la ciudadan&iacute;a sobre la educaci&oacute;n p&uacute;blica, el rol del estado o el sistema tributario. Claro, es tentador ampararse detr&aacute;s de lo ya conseguido en momentos en los que &eacute;ramos nosotros quienes ten&iacute;amos acceso a la maquinaria del estado. Pero, entonces, no deber&iacute;amos re&iacute;rnos cuando nos llamen &ldquo;casta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>SG/JN/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Guidi, Juan Nieto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-sera-ley_129_10450706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Aug 2023 09:00:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[La batalla cultural]]></media:keywords>
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