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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Liliana Rossi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/liliana-rossi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Liliana Rossi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un analista detrás de su deseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/analista-detras-deseo_129_11215211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d6c02e1-1d55-417c-a996-352c7d10203a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un analista detrás de su deseo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana, despide a Juan Carlos Indart, maestro (y aprendiz) del psicoanálisis en Argentina. 
</p></div><p class="article-text">
        Quisiera abstenerme de esa tendencia al elogio al que suele deslizarnos la partida de una persona que deja tantas marcas &ndash;doctrinarias e institucionales&ndash; para la historia del psicoan&aacute;lisis en Argentina y m&aacute;s all&aacute;, como es el caso de <strong>Juan Carlos Indart.</strong> S&oacute;lo puedo decir acerca de las que Juanqui dej&oacute; en m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hacia fines de la cursada de la carrera de psicolog&iacute;a sab&iacute;a que la condici&oacute;n impl&iacute;cita para ejercer mi pr&aacute;ctica era continuar una formaci&oacute;n permanente. Una amiga me acerc&oacute; a los cursos que por entonces impart&iacute;a sobre la obra de <strong>Jaques Lacan</strong>. Una obra que hasta entonces &ndash;comparada con la lectura &aacute;gil de los textos de Freud&ndash; no me hab&iacute;a resultado f&aacute;cil ni simp&aacute;tica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El encuentro con su estilo inigualable, pronto hizo caer mis prejuicios. Su interpretaci&oacute;n sobre aquel Estadio del Espejo, poblado de moscas indiscretas pos&aacute;ndose sobre &eacute;l para romper las certezas de la imagen, de canchas de f&uacute;tbol, o de los dichos de jergas de barrios suburbanos, desafiando el estilo almidonado del t&iacute;pico intelectual porte&ntilde;o, fue la m&uacute;sica que mis o&iacute;dos provincianos necesitaban para poder entrar en esa obra monumental, escrita con extra&ntilde;as puntuaciones gramaticales que dificultaban la inmediatez del sentido.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hac&iacute;a tanto que &eacute;l mismo hab&iacute;a comenzado su pr&aacute;ctica como analista, y aceptaba conversar sobre alg&uacute;n caso, con un inter&eacute;s despojado de infatuaci&oacute;n. As&iacute; me encontr&eacute; dici&eacute;ndole sobre uno: &ldquo;Quiero saber los por qu&eacute;. Por qu&eacute; algo se traba y, tambi&eacute;n, por qu&eacute; va bien cuando va bien&rdquo;. Lejos de impacientarse por un modo que podr&iacute;a sonar a demandas un tanto infantiles, me invit&oacute; a sumarme a un grupo de discusi&oacute;n cl&iacute;nica. Desde entonces, y hasta su reciente partida, tres viernes de cada mes me nutr&iacute; de sus argumentos, cada vez m&aacute;s inventivos, siempre atento a los cambios que cada &eacute;poca iba imprimiendo a los s&iacute;ntomas. Y soport&oacute; los m&iacute;os, cosa que siempre me fue indispensable para poder pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un maestro, un ense&ntilde;ante, puede ser uno de los rostros del Gran Otro garante del saber, posici&oacute;n casi inevitable en ciertas formas de transferencia. Hasta donde pudo &ndash;no depend&iacute;a s&oacute;lo de &eacute;l&ndash;, Juanqui trataba de descolocarnos para evitar la repetici&oacute;n dogm&aacute;tica y posibilitar otro modo de elaboraci&oacute;n de saber.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el grupo que por entonces conform&aacute;bamos, alent&oacute; una transferencia de trabajo orientada, de la que result&oacute; la publicaci&oacute;n de varios libros. Prolog&oacute; el primero diciendo que era fruto del &ldquo;milagro de haber podido resolver una redacci&oacute;n conjunta&rdquo;. Es que fueron elaborados en un clima de camarader&iacute;a, de la que Juanqui no quer&iacute;a excluirse. Clima que imped&iacute;a cualquier ego&iacute;smo o rivalidad en la que alguien pudiera sentirse propietario de tal &aacute;rea de saber. Por eso el resultado no fue una compilaci&oacute;n de trabajos de autores, sino el saldo de esas extensas reuniones hasta entrada la noche, tratando de encontrar con el aporte de cada uno, un bien decir.
    </p><p class="article-text">
        Si pienso en su insistencia de los &uacute;ltimos tiempos sobre el tema del amor real, un goce que toca los cuerpos en su vitalidad, viene a mi recuerdo ese talante que reinaba en cada uno de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a decir tambi&eacute;n sobre la presencia amistosa que tuvo con mi familia, el nexo vascuence, el salte&ntilde;o, las memorables veladas musicales en las que ofrec&iacute;a su voz y su guitarra &ndash;con el tiempo menos virtuosas, pero siempre disfrutables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as he le&iacute;do algunas notas de reconocimiento sobre la participaci&oacute;n indispensable que tuvo en la fundaci&oacute;n de la <strong>Escuela de la Orientaci&oacute;n Lacaniana</strong>, y tambi&eacute;n elogiosas sobre su posici&oacute;n de ense&ntilde;ante de la obra de Lacan. Y es cierto que muchos analistas que emigraron esparcieron las marcas de su formaci&oacute;n en muchos lugares de Latinoam&eacute;rica y Europa. Se alude menos a su deseo como analista, un deseo que condujo al surgimiento de un deseo as&iacute; en otros, pero que evit&oacute; restringir exclusivamente a los practicantes del psicoan&aacute;lisis. Aceptaba nuestras invitaciones a charlas y jornadas en el hospital, en los espacios de interdisciplina, en las redes de asistencia, asumiendo la posici&oacute;n de un atento escucha que lograba extraer &ndash;sorprendido y sorprendedor&ndash; la pieza novedosa de saber que el presentador no sab&iacute;a que sab&iacute;a, y agradec&iacute;a aprender algo nuevo cada vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con ese tenor vital, iba llegando a su momento de concluir, sin retroceder en abrir nuevos interrogantes. El segundo viernes de marzo, luego de las vacaciones, iba a ser el turno de plantear los m&iacute;os una vez m&aacute;s. La respuesta faltante ser&aacute; su invitaci&oacute;n a inventar sobre el vac&iacute;o que deja en la trama de tantas existencias.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/analista-detras-deseo_129_11215211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Mar 2024 19:45:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un analista detrás de su deseo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Olvidos y desmemorias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/olvidos-desmemorias_129_10960357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c9d1b50-0d4e-4cb4-87ae-c25a41806d9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Olvidos y desmemorias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy la frecuencia de los olvidos son más renuentes a interrogarse como fallidos o expresiones del inconsciente. Es que los detalles que antes se guardaban en nuestra memoria se delegan al celular o la web, al modo de una memoria externa en cuya certeza se confía casi ciegamente. 

</p></div><p class="article-text">
        Percibimos c&oacute;mo los avances de la tecnociencia vienen modificando nuestro modo cotidiano de vivir y, por ende, el uso que hacemos de nuestras &ldquo;facultades mentales&rdquo;, entre ellos la memoria.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un libro publicado con otros colegas (hace ya casi un cuarto de siglo!!!), mencion&aacute;bamos la reflexi&oacute;n premonitoria que Lacan hac&iacute;a en su escrito de 1948 acerca del lugar al que ser&iacute;a confinado el sujeto por la aparici&oacute;n de &ldquo;estas m&aacute;quinas modernas de pensar&rdquo;. Notaba que en nuestra modernidad estaba oper&aacute;ndose un cambio cualitativo en el lazo social que define el trabajo productivo. La obsolescencia del discurso del amo por la expansi&oacute;n a escala mundial del capitalismo, iba siendo reemplazada por lo que llam&oacute; Discurso Universitario, que coloca al estudiante y al trabajador como objeto sometido al imperio del saber. Esa exigencia de saber m&aacute;s y m&aacute;s, que rechaza la incompletud, tiene como efecto que ciertos &ldquo;errores&rdquo; ya no se dejan pensar f&aacute;cilmente como fallidos producto de la represi&oacute;n, es decir, como formaciones del inconsciente.
    </p><p class="article-text">
        Lo ilustraba bien el testimonio de un piloto civil que, en ocasi&oacute;n de la evaluaci&oacute;n anual para regularizar su habilitaci&oacute;n, olvid&oacute; bajar el tren de aterrizaje. Sometido a los mensajes que el controlador (que sab&iacute;a poco experimentado) dictaba desde las pantallas, este piloto pretendi&oacute; garantizar la rutina leyendo los pasos de la cartilla que llevaba siempre consigo. &ldquo;Por las dudas, vio?&rdquo; Pero esta vez no pudo hacerlo por la escasez de luz de ese atardecer. Preso de ansiedad, omiti&oacute; algo que supo en el momento en que la h&eacute;lice comenz&oacute; a chocar con la pista. Curiosamente, en lugar de inhabilitarlo, el instituto lo envi&oacute; a una entrevista psicol&oacute;gica, donde el error se transform&oacute; en un interrogante sobre la posici&oacute;n del sujeto: ofrecerse como garante de ese Otro maquinal, a costa de &ldquo;su propio pellejo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Transcurrido medio siglo, la frecuencia de los olvidos que atraviesa casi todas las edades, son m&aacute;s renuentes a interrogarse como fallidos o expresiones del inconsciente. Es que los detalles que antes se guardaban en nuestra memoria hoy se delegan al celular o la web, al modo de una memoria externa en cuya certeza se conf&iacute;a casi ciegamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, la figura del docente en el aula viene perdiendo prestigio, y se encuentran muchas veces impotentes frente a adolescentes que resisten desprenderse de sus celulares y realizan con ellos actividades simult&aacute;neas en l&iacute;nea. Los contenidos impartidos no son escuchados o son registrados parcialmente por la conciencia. Adem&aacute;s, llegada la hora de rendir cuentas en las evaluaciones, los docentes detectan que las respuestas responden a ciertos cliches vertidos por la inteligencia artificial. Son formas de un proceso que parece irreversible o al menos imposible de corregir apelando a la autoridad que era propia del discurso del amo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Signo de este cambio de &eacute;poca, la consulta proviene de los docentes m&aacute;s j&oacute;venes, divididos por la impotencia para situarse como autoridad o de padres que advierten en sus hijos una multiplicidad dispersa de saberes recogidos en la web, que no alcanzan a orientar un deseo particular que los habilite en el mundo laboral.
    </p><p class="article-text">
        Estas tecnolog&iacute;as nos van acostumbrando a depender cada vez m&aacute;s de una &ldquo;memoria externa&rdquo;, y es probable que afecte el registro en la propia. Por ende, los &ldquo;olvidos&rdquo; ser&iacute;an cada vez menos referidos al inconsciente y m&aacute;s del orden de las desmemorias propias de un no registro.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto del psicoan&aacute;lisis es el que se produce en el propio campo de la ciencia, que fracasa en su intento de reabsorber la verdad singular mediante una racionalidad basada en la exactitud, y v&aacute;lida para todos. Esta operaci&oacute;n deja restos, y el psicoan&aacute;lisis opera a partir de esa exclusi&oacute;n de lo subjetivo, alojando los s&iacute;ntomas que la misma va produciendo, para encontrar la dignidad de su singular saber hacer en el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LR/MT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/olvidos-desmemorias_129_10960357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Feb 2024 09:34:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Olvidos y desmemorias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué recordamos, por qué olvidamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recordamos-olvidamos_129_10897749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99d91fa2-f362-4954-9958-4168c9b1c117_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué recordamos, por qué olvidamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
Olvidar es necesario para poder pensar. Sin la función del olvido, lo vital se resiente. Pero ¿es nuestro cerebro esa máquina perfecta que sabe por sí mismo cómo hacer su tarea sin fallar? 

</p></div><p class="article-text">
        Muchos experimentan en estas &eacute;pocas fen&oacute;menos relacionados con la memoria cuya frecuencia les genera preocupaci&oacute;n. Si bien puede ser m&aacute;s intensa en aquellos que van superando la mediana edad, hace tiempo comenzamos a notar tambi&eacute;n en los j&oacute;venes, trastornos de la memoria a corto plazo. Y aun en ni&ntilde;os, cuando desde el colegio se prenden alertas que muchas veces terminan en consultas y diagn&oacute;sticos circunscriptos como trastornos de la atenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La memoria es una funci&oacute;n de nuestro psiquismo que se relaciona con el tiempo. En t&eacute;rminos generales, distinguimos la memoria de corto plazo como la que nos permite mantener enfocada la atenci&oacute;n sobre ciertas acciones pr&aacute;cticas, cotidianas, mientras que la de largo plazo proviene de un procedimiento de fijaci&oacute;n que depende de la importancia significativa que algunos sucesos hayan tenido. El recordar, entonces, se vincula con la importancia (instrumental en un caso, y significativa, en otro). Al respecto, explican los psiquiatras, no recordar puede deberse al escaso monto emocional de una experiencia y tambi&eacute;n, caso contrario, al bloqueo producto de un trauma. Es el caso del estr&eacute;s postraum&aacute;tico, que involucra una disociaci&oacute;n de la memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;por qu&eacute; olvidamos cuestiones que a veces otros nos se&ntilde;alan como trascendentes y recordamos con gran precisi&oacute;n aquellos en apariencia nimios o insignificantes?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para las neurociencias, la capacidad de almacenar y evocar sucesos o aprendizajes se deben a procesos &ldquo;naturales&rdquo; que involucran determinadas estructuras cerebrales; procesos que pueden sufrir &ldquo;interferencias&rdquo;, que se deber&iacute;an a una necesidad que posee el cerebro de olvidar contenidos y as&iacute; liberar espacio para la incorporaci&oacute;n de nuevas experiencias. Mediante t&eacute;cnicas por im&aacute;genes, habr&iacute;an detectado que la misma neurona encargada de fijar un recuerdo es la que borra u olvida otro cuando eval&uacute;a que &eacute;ste es innecesario o evocado con escasa frecuencia. Desde una aproximaci&oacute;n meramente cuantitativa, la memoria quedar&iacute;a equiparada a las maquinarias cibern&eacute;ticas que lo emulan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, olvidar es necesario para poder pensar, como expresa Borges a prop&oacute;sito del personaje de su cuento <em>Funes, el memorioso.&nbsp; </em>Funes carec&iacute;a de la facultad de olvidar, le era imposible borrar cada detalle de lo percibido. &ldquo;Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no hab&iacute;a sino detalles, casi inmediatos&rdquo;, escribe.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin la funci&oacute;n del olvido, lo vital se resiente. Pero &iquest;es nuestro cerebro esa m&aacute;quina perfecta que sabe por s&iacute; mismo c&oacute;mo hacer su tarea sin fallar?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el psicoan&aacute;lisis, tanto lo que recordamos como lo que olvidamos est&aacute; mediado por el inconsciente. Los olvidos sintom&aacute;ticos est&aacute;n relacionados con algo que queremos sofocar o que, por alguna cualidad, se ha relacionado asociativamente con algo reprimido. Cuando olvidamos -por ejemplo, un nombre o una palabra que conocemos-, suele ocurrir que -en nuestro esfuerzo por recordar-, acudan otros; hecho que nos fastidia porque hacen de obst&aacute;culo al que dar&iacute;a en la tecla. Esos sustitutos obedecen a la necesidad de seguir apartando aquella palabra ligada a una representaci&oacute;n inaceptable para la conciencia, que ha sido reprimida. En sentido estricto, s&oacute;lo olvidamos aquello de lo que fuimos conscientes y s&oacute;lo recordamos lo que hemos olvidado.
    </p><p class="article-text">
        Freud desconfiaba de aquellos recuerdos sobre la temprana infancia que suelen aparecer con una cualidad h&iacute;per clara. Considera que son formaciones en cierto modo falaces, construidas con retazos de eventos posteriores. La funci&oacute;n de estos recuerdos encubridores, es precisamente la de deformar los sucesos iniciales que &ndash;por un entendimiento posterior sobre lo prohibido-, se rechazaron fuera de la conciencia por considerarlos inaceptables o vergonzosos.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces afirmamos que lo que no se recuerda se repite, y es parte de un an&aacute;lisis impulsar el recuerdo para llenar las &ldquo;lagunas mn&eacute;micas&rdquo; efecto de la represi&oacute;n. Pero toda posibilidad de rememoraci&oacute;n se funda en una desmemoria, un inmemorial, resto de experiencias que nunca se hicieron conscientes. Freud llam&oacute; a eso, represi&oacute;n primaria.&nbsp; Ese vac&iacute;o de representaci&oacute;n, es el motor y l&iacute;mite de todo intento de recordar. Y es vital. Si existiera un personaje como Funes, estar&iacute;a imposibilitado de recordar porque nada olvidar&iacute;a, ser&iacute;a solo una memoria maquinal, una subjetividad fallada, no abonada al inconsciente.
    </p><p class="article-text">
        <em>LR/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recordamos-olvidamos_129_10897749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Feb 2024 10:27:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la amistad en nuestros tiempos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amistad-tiempos_129_10859817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a028eea7-7869-4185-9daa-237a3309725d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la amistad en nuestros tiempos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los análisis solemos escuchar la nostalgia por la pérdida aquellos vínculos de amistad que surgieron en la infancia o la adolescencia y la dificultad de nombrar como verdadera amistad a otros vínculos que surgen a propósito de roles que se asumen en la vida adulta.</p></div><p class="article-text">
        El sujeto posmoderno padece cada vez m&aacute;s las enfermedades del lazo amoroso, amenazado por el temor a la desaparici&oacute;n del Otro.
    </p><p class="article-text">
        En los an&aacute;lisis solemos escuchar la nostalgia por la p&eacute;rdida aquellos v&iacute;nculos de amistad que surgieron en la infancia o la adolescencia y la dificultad de nombrar como verdadera amistad a otros v&iacute;nculos que surgen a prop&oacute;sito de roles que se asumen en la vida adulta. &ldquo;Compa&ntilde;eros, pero no amigos&rdquo;, suele decirse. Dichos que pueden acompa&ntilde;arse por una sensaci&oacute;n existencial de soledad producto de la creencia en que ya nunca se podr&aacute; establecer un verdadero lazo de amistad. Est&aacute;n tambi&eacute;n quienes traen los recuerdos de las dificultades que tuvieron en tiempos de escolaridad para ser incluido en el grupo deseado, o las p&eacute;rdidas y traiciones de aquellos que consideraban &ldquo;mi mejor amigx&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La verdadera amistad es extra&ntilde;a, menos frecuente de lo creemos y m&aacute;s azarosa de lo que pensamos&rdquo;, afirma Miquel Bassols, psicoanalista catal&aacute;n. &ldquo;Cuando se produce, llevar&aacute; para siempre la marca de un encuentro imprevisto. Pero una amistad tambi&eacute;n puede terminar por un desencuentro que nos parecer&aacute; despu&eacute;s tan previsible como inevitable. (&hellip;) Es el encuentro de dos fantasmas que no se saben uno al otro&hellip; inconscientes para cada uno. El amor, como la amistad, es suponer en el otro un saber sobre mi propio ser, sobre mi propia manera de gozar la vida&hellip; dos saberes inconscientes que se encuentran por azar y sin saberlo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bassols considera que, aunque a ese flechazo frecuentemente se lo considere obra del destino, &ldquo;no hay amistad que sea necesaria, solo contingente, y es solo manteni&eacute;ndose atenta a las contingencias de cada momento como podr&aacute; sostenerse y atravesar el tiempo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parto de estas consideraciones para abordar este modo de lazo que no siempre y no todos cultivan en estos tiempos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Encuentro contingente, pero &iquest;no necesario?</h3><p class="article-text">
        Dos t&eacute;rminos de la l&oacute;gica nodal aristot&eacute;lica que Lacan extrae y redise&ntilde;a junto a lo imposible y lo posible. Dicho sea de paso, Arist&oacute;teles consideraba tres tipos de amistad: por gusto, relativa a los placeres propios de una edad, por inter&eacute;s &ndash;banalizaci&oacute;n de la amistad&ndash;, y por virtud, esa que busca el bien del otro, m&aacute;s all&aacute; del narcisismo, de la reciprocidad y del imperativo &ldquo;de amar al otro como a m&iacute; mismo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin ahondar demasiado en temas espesos, digamos que: necesario es aquello que no puede ser de otro modo, mientras que lo contingente es un puede ser, aunque todav&iacute;a no sea, o tal vez no sea nunca, pero como potencia abierta se entrelaza con lo posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el psicoan&aacute;lisis, estas modalidades se asientan sobre el fondo de un imposible, de un No hay relaci&oacute;n o proporci&oacute;n entre dos que no sea mediada o suplida por el fantasma de cada uno. Sobre esta base se establecen las condiciones inconscientes de amor, bien ilustradas por el t&eacute;rmino &ldquo;flechazo&rdquo;, que suele dar a ese encuentro contingente, un tinte cuasi divino.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que muchos sujetos con dificultades en los lazos, por no contar con el auxilio fantasm&aacute;tico, vivan esa verdad -la imposibilidad estructural de relaci&oacute;n o proporci&oacute;n- como una impotencia dolorosa que cargan sobre s&iacute;, compar&aacute;ndose con la facilidad que tienen otros para establecer lazos perdurables de amistad, hecho que toman como una verdad universal, una normalidad de la que se sienten excluidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; del recurso fantasm&aacute;tico con el que se pretenda establecer la relaci&oacute;n, est&aacute; el s&iacute;ntoma de cada uno. Y el s&iacute;ntoma, en tanto anudamiento que sostiene la realidad ps&iacute;quica, es del orden de lo necesario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Permit&aacute;monos entonces poner en cuesti&oacute;n esta afirmaci&oacute;n de lo necesario-no necesario en el lazo de amistad siguiendo la orientaci&oacute;n desde el s&iacute;ntoma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Arist&oacute;teles planteaba que lo necesario es aquello cuyo valor de verdad no cambia con el tiempo. Y es verdad que no hay sujeto sin s&iacute;ntoma. Pero esta vertiente universal y necesaria del s&iacute;ntoma, s&oacute;lo se vive como destino de padecimiento si se piensa lo necesario solamente como atemporal o desde una idea del tiempo como presente continuo con la que se mide lo posible y lo imposible. Eso condena al sujeto a la impotencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuantas veces nos consultan personas que se auto-diagnostican como fobia social porque no logran hacer amigos y viven su aislamiento solitario con una angustia que temen sea irreparable, porque si viene siendo as&iacute;, ser&aacute; as&iacute; para siempre.
    </p><p class="article-text">
        El recorrido de un an&aacute;lisis implica un tiempo, que cambia la relaci&oacute;n del sujeto a lo necesario y permite una apertura a la contingencia. Entonces, es posible que algo cese de ser imposible. Ese algo bien puede ser la amistad como partener sintom&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo m&aacute;s necesario en mi vida son mis amigos&rdquo;, expresa joven a quien cierto entorno cuestiona por el tiempo que dedica en su vida a cultivar esos v&iacute;nculos, en desmedro de su rendimiento laboral. Luego de ciertas vueltas en an&aacute;lisis, se puede ubicar ah&iacute; el nudo que sostiene al sujeto en su relaci&oacute;n con la realidad. Fuera de todo prejuicio, corresponder&aacute; no desestabilizar el arreglo logrado y emprender un rodeo que quiz&aacute;s permita ubicar alg&uacute;n fiel en la balanza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;tica anal&iacute;tica sabr&aacute; ponderar lo que debe respetarse y lo que puede cambiar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por la v&iacute;a de la contingencia, la amistad puede devenir necesaria, cobrando la dignidad del s&iacute;ntoma singular.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">En nuestro tiempo</h3><p class="article-text">
        Tomando otra perspectiva, estamos bajo el imperativo de discursos provenientes del campo pol&iacute;tico, que favorecen deslizar la figura del adversario hacia una l&oacute;gica de amigo/enemigo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el seno de algunas familia y grupo de amigos, aparecen momentos donde esa tensi&oacute;n irrumpe, llegando a amenazar la continuidad de los lazos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque sea evidente se&ntilde;alarlo, nunca se debe confundir un &rdquo;conflicto interno&ldquo; con la l&oacute;gica Amigo-Enemigo&rdquo; &ndash;propone Jorge Alem&aacute;n refiri&eacute;ndose a las tensiones que aparec&iacute;an hace un tiempo en el interior de una fuerza pol&iacute;tica. Reconoce que &ldquo;la figura del adversario nunca absorbe del todo al enemigo. La sublimaci&oacute;n siempre es fallida y en el n&uacute;cleo del adversario late el coraz&oacute;n del enemigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aprovecho su menci&oacute;n al &ldquo;conflicto interno&rdquo; para proponer la diferencia entre lo que deviene de las pulsiones intraps&iacute;quicas y lo que se juega en lo interpersonal. Si la sublimaci&oacute;n es en parte siempre fallida, la soluci&oacute;n del silencio, el &ldquo;de eso no se habla&rdquo; no resulta un mejor remedio. Es que, en estas ocasiones, se pone en juego la amenaza de ruptura de aquella suposici&oacute;n de saber que cada uno ha otorgado al otro acerca del propio modo de gozar la vida.
    </p><p class="article-text">
        La amistad se sostiene en el tiempo, si logra trascender la ilusi&oacute;n de comuni&oacute;n. No hay com&uacute;n-uni&oacute;n posible con el Otro, hay siempre una hiancia y una distancia necesaria. Tambi&eacute;n all&iacute;, la posibilidad de tramitar esas tensiones, depender&aacute;n de cuan advertido est&eacute; cada uno del imposible de fondo que funda todo lazo.
    </p><p class="article-text">
        <em>LR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amistad-tiempos_129_10859817.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jan 2024 14:11:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la amistad en nuestros tiempos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la necesidad de castigo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/necesidad-castigo_129_10792231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b3b05b8-bd4d-4669-94e0-80f59282001c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre la necesidad de castigo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Emergen hoy crecientes porciones de la sociedad donde los sujetos consienten en tomar a su cargo la necesidad de castigo. Fluctuaciones pulsionales que, más allá de las ideologías, se desplazan en forma inesperada prendiéndose a figuras que prometen la salvación en un Más allá que requiere del sacrificio previo.</p></div><p class="article-text">
        Lo que se repite. Es una de las principales formas que toma el malestar subjetivo, individual o como sociedad. Se percibe como un insoportable que no cesa de retornar al mismo lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; aporta el psicoan&aacute;lisis sobre la repetici&oacute;n de la necesidad de castigo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Avanzando su pr&aacute;ctica, Freud se top&oacute; con ciertos casos que presentaban un obst&aacute;culo insistente para el levantamiento de los s&iacute;ntomas, a pesar de haberse develado su sentido. El sujeto encuentra una particular satisfacci&oacute;n en la enfermedad, que se resiste a abandonar pues necesita el padecimiento como castigo. Esta &ldquo;reacci&oacute;n terap&eacute;utica negativa&rdquo; lo pone en la pista de las ra&iacute;ces pulsionales del supery&oacute;, frente al cual el yo se muestra impotente y servil. Ra&iacute;ces que no provienen s&oacute;lo de lo o&iacute;do durante las ense&ntilde;anzas familiares. La trasmisi&oacute;n de la ley incluye entrel&iacute;neas, otras voces silenciosas que filtran restos no regulados por la misma. Los sonidos del silencio pulsional se filtran por los huecos de la ley, como de contrabando.
    </p><p class="article-text">
        Encontr&oacute; esos huecos de sentido en la formulaci&oacute;n de un fantasma bastante t&iacute;pico de la infancia, expresado en la frase: <em>pegan a un ni&ntilde;o</em>, cuya reproducci&oacute;n viene acompa&ntilde;ada, a la vez, de horror y fascinaci&oacute;n. Coalescencia que regresivamente encuentra su fuente en el masoquismo, er&oacute;geno y tambi&eacute;n moral. Esta compulsi&oacute;n a repetir perpet&uacute;a el sufrimiento del s&iacute;ntoma a la vez que sostiene la ilusi&oacute;n de un Otro que -castigo mediante-, un d&iacute;a remediar&aacute; su falla.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Culpa o responsabilidad</strong></h3><p class="article-text">
        El estado de derecho es indispensable para la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis, pues se dirige a un estatuto &eacute;tico-jur&iacute;dico del sujeto, que no se gu&iacute;a por ninguna ley moral universal, sino que tiene en cuenta la particularidad de la defensa que cada uno ha armado.&nbsp; Pero es necesario que el sujeto sea responsable, es decir, capaz de responder por los actos y los dichos, responsabilidad que es, al mismo tiempo, el fundamento de todo lazo social y, por ende, del v&iacute;nculo anal&iacute;tico. Este requiere la posibilidad de tomar distancia frente a lo que se ha dicho, para escuchar ah&iacute;, otro decir. En esas vueltas del decir, afloran los deseos m&aacute;s &iacute;ntimos y -ligado a ellos-, <strong>el sentimiento de culpa</strong>, al cual desde el comienzo Freud dio suma importancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lacan afirmaba: <em>de nuestra posici&oacute;n de sujetos somos siempre responsables</em>. A&uacute;n en las diversas formas que pueden tomar esas posiciones.
    </p><p class="article-text">
        En la pr&aacute;ctica, anotamos distintos vectores y grados de la culpa como pathos de la responsabilidad &eacute;tica. Algunos pacientes buscan usar el espacio del an&aacute;lisis para testimoniar del arrepentimiento constante por los &ldquo;malos actos&rdquo;. Esta b&uacute;squeda de absoluci&oacute;n, referida a una &eacute;tica de las intenciones, desconoce que los actos se vinculan a un querer inconsciente, cuya ignorancia condena al sujeto a una <em>neurosis de destino</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguien llega culpando a los otros por su malestar, el analista intenta operar una rectificaci&oacute;n subjetiva, es decir, comprobar si el sujeto es capaz de implicarse y responsabilizarse por aquello de lo cual se queja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lacan aconsejaba rehusar el an&aacute;lisis a los canallas, pues son sujetos que se inventan permanentemente disculpas por lo que hacen. En la otra punta, los sujetos obsesivos pueden llevar el goce de la culpa a l&iacute;mites cuasi delirantes. Otros sujetos se perciben como inocentes v&iacute;ctimas de aquellos que se&ntilde;alan como sus perseguidores, los que imputan como culpables. Los verdaderos perversos pocas veces llegan a consultar, si lo hacen es s&oacute;lo ante la inminencia de realizaci&oacute;n del castigo a cuya ley ya no pueden escapar. En ese caso, suelen testimoniar de una imposibilidad para defenderse frente a un vector pulsional irresistible, que los condena como sujetos &eacute;tico-jur&iacute;dicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>El delincuente por sentimiento de culpabilidad</em>, Freud encuentra que, en ciertos casos, hay una culpa preexistente al acto delictivo y que &eacute;ste responde a la necesidad inconsciente de obtener un castigo. Empareja esto con el mal comportamiento de los ni&ntilde;os que reiteradamente buscan el castigo del adulto, funci&oacute;n que para el delincuente cumplen las leyes penales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta semana tuve oportunidad de volver a ver la pel&iacute;cula El vuelo, en la que Denzel Washington encarna a un comandante de aviaci&oacute;n que emprende un vuelo en malas condiciones luego de una noche de sexo, alcohol y drogas. Delega el comando en su copiloto, para retomarlo en medio de un aterrizaje de emergencia, realizando una eficaz maniobra que evita caer en picada. Esta maniobra salva muchas vidas, y en principio es tomado como un h&eacute;roe. Pero se abre una investigaci&oacute;n sobre la causa del siniestro que descubre a un sujeto preso de un historial de adicci&oacute;n al alcohol que ya le hab&iacute;a cobrado la p&eacute;rdida del v&iacute;nculo con su esposa e hijo. No obstante, segu&iacute;a operando vuelos, avalado por un mercado abusivo y explotador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la sustanciaci&oacute;n del juicio, sus abogados ponen en marcha distintas estratagemas para exculparlo, una de las cuales consist&iacute;a en que los restos de botellas de alcohol encontrados en la cabina pudieran imputarse a una co-piloto fallecida en el accidente. Este plan, que lo salvar&iacute;a de la condena, deb&iacute;a complementarse ajust&aacute;ndose al programa de desintoxicaci&oacute;n estricto para llegar &ldquo;limpio&rdquo; al d&iacute;a del juicio. En medio de ese dilema &eacute;tico, -exculparse inculpando a otro-, la ingesta se incrementa.&nbsp; Cuando sentado en el banquillo deb&iacute;a confirmar la culpa sobre la compa&ntilde;era muerta, se confronta a un l&iacute;mite &eacute;tico, y se declara &uacute;nico responsable y merecedor del castigo. Ley en acto que &ndash;c&aacute;rcel mediante-, opera la extracci&oacute;n del objeto de un goce oral desenfrenado, pudiendo restablecer el v&iacute;nculo con su hijo. Este drama, concordante con el imperativo actual que empuja a gozar sin l&iacute;mites, tiene un t&iacute;pico final feliz hollywoodense.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Tiempos de infelicidad</strong></h3><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis no ha rehusado opinar sobre el Malestar en la Cultura, Freud lo hizo en el texto hom&oacute;nimo y en &ldquo;El Porvenir de una Ilusi&oacute;n&rdquo;, vali&eacute;ndose de conceptos aplicables tanto a la cl&iacute;nica individual como a la lectura de los cambios culturales, ubicando la elevaci&oacute;n del sentimiento de culpa como precio a pagar por su progreso.
    </p><p class="article-text">
        En el quiasma entre discurso capitalista y cient&iacute;fico, emergen hoy crecientes porciones de la sociedad donde los sujetos consienten en tomar a su cargo la necesidad de castigo.&nbsp;Fluctuaciones pulsionales que, m&aacute;s all&aacute; de las ideolog&iacute;as, se desplazan en forma inesperada, prendi&eacute;ndose a multiplicidad de objetos ofertados por el mercado, as&iacute; como a figuras que prometen la salvaci&oacute;n en un M&aacute;s all&aacute; que requiere del sacrificio previo, incluso de las necesidades m&aacute;s b&aacute;sicas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pero este sacrificio ya no proviene de la moral religiosa ni la represi&oacute;n de las satisfacciones prohibidas. Se trata de otras formas de renuncia que requieren de una subjetividad infantilizada, capaz de someterse con escasa cr&iacute;tica al imperio del supery&oacute; para &ndash;como qued&oacute; dicho en el caso de la reacci&oacute;n terap&eacute;utica negativa-, hacer existir a un Otro que, castigo mediante, sabr&iacute;a remediar la falta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis es una experiencia &eacute;tica. Lejos de prometer un porvenir ilusorio, apela a la responsabilidad del sujeto en el desorden de un mundo del que es parte. Lo conduce a interrogarse y develar a ese socio interno, a la vez &iacute;ntimo y extranjero que lo mortifica, apostando por una ganancia de saber que permita la rectificaci&oacute;n de la posici&oacute;n del sujeto respecto de lo real.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/necesidad-castigo_129_10792231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Dec 2023 09:21:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre la necesidad de castigo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós Edipo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/adios-edipo_129_10758651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/222301d9-a9dc-429e-9ea4-55b550a97e6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós Edipo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy asistimos a la convivencia de diversas formas de familias, lo que hace difícil ubicar la función del padre en el entramado. Aun así, su referencia sigue siendo casi inevitable; la cuestión es qué valor darle cuando ya no se trata de rendirle culto. 
</p></div><p class="article-text">
        No es indispensable haber pasado por la experiencia de un psicoan&aacute;lisis para asociar su nombre con Complejo de Edipo. Qued&oacute; inscripto en letras de oro desde que Freud encontr&oacute; su relaci&oacute;n con la novela familiar de los neur&oacute;ticos, para quienes el padre aparec&iacute;a como un intruso que llegaba para imponer la ley e interrumpir el goce del supuesto para&iacute;so con la madre. Mito que Freud complement&oacute; con otro que relata el acto de parricidio por el cual los hijos incorporan la ley al mismo tiempo que conquistan el acceso al objeto de deseo y goce.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No solo la doctrina del psicoan&aacute;lisis tuvo a estos mitos como piedra angular de la estructuraci&oacute;n ps&iacute;quica, sino que los pacientes mismos se interesaban en develar sus v&iacute;nculos ed&iacute;picos, las dificultades de su apego a la madre y la identificaci&oacute;n o rivalidad con el padre.
    </p><p class="article-text">
        Avanzando el siglo XX, la combinaci&oacute;n del discurso de la ciencia y del capitalismo, fue resquebrajando la trasmisi&oacute;n de las tradiciones y paralelamente la mitolog&iacute;a ed&iacute;pica fue perdiendo no s&oacute;lo brillo, sino que comenz&oacute; a ser fuertemente cuestionada. Se inscriben en esa cr&iacute;tica distintas perspectivas, desde el esquizoan&aacute;lisis de Deleuze y Guattari, hasta los feminismos y sus denuncias del patriarcado, por mencionar s&oacute;lo dos momentos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante ese trayecto, Lacan iba impartiendo su ense&ntilde;anza, siguiendo el movimiento de la cl&iacute;nica de su tiempo. Se&ntilde;al&oacute; la importancia que tiene, en la estructuraci&oacute;n ps&iacute;quica, la inscripci&oacute;n de un significante fundamental. Lo llam&oacute; Nombre del padre, pero hay que destacar que esa operaci&oacute;n no necesita de la presencia concreta del padre, ya que es en el discurso de la madre que el ni&ntilde;o encuentra o no esa referencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un segundo tiempo opera la funci&oacute;n efectiva del padre, ya encarnada en alguien que haya inspirado en una mujer el deseo de tener hijos. Ese alguien se autoriza a cumplir una funci&oacute;n que no es otra que articular el deseo con una ley que lo precede. Si es un estrago que el infante quede sujeto al deseo de la madre, tambi&eacute;n lo es que aquel que ocupa la funci&oacute;n-padre, se tome a s&iacute; mismo por la ley. Hasta aqu&iacute;, la mitolog&iacute;a acompa&ntilde;aba bien las novelas familiares m&aacute;s corrientes.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Adi&oacute;s Edipo?</h3><p class="article-text">
        Como todo mito, el complejo de Edipo es una ficci&oacute;n que responde por un enigma real, que s&oacute;lo se puede nombrar por alg&uacute;n semblante. Ha sido -es- una construcci&oacute;n de saber, que permite una donaci&oacute;n de sentido al enigma libidinal de todo s&iacute;ntoma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ocurre que el semblante de la ley que tradicionalmente reca&iacute;a sobre el padre, hoy se encuentra diseminado entre las nuevas configuraciones familiares, que han modificado los roles que se repart&iacute;an en la familia. Vislumbrando el progresivo declive de la figura paterna, Lacan hab&iacute;a advertido sobre la pendiente religiosa que implicaba sostener el culto al Dios padre, adem&aacute;s de asociarlo al discurso amo y al lugar del poder. Llega a afirmar que el mito ed&iacute;pico no tiene otro valor pr&aacute;ctico que el de recordar de forma grosera el obst&aacute;culo que puede representar el apego a la madre en cuanto a la posibilidad de dirigir el deseo hacia la exogamia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy asistimos a la convivencia de diversas formas de familias; tradicionales, ensambladas, monoparentales, parejas del mismo sexo y mujeres u hombres solos que deciden procrear a partir de donaci&oacute;n de material gen&eacute;tico o alquiler de vientres, separando el acto sexual de la reproducci&oacute;n. Muchas veces es dif&iacute;cil localizar a ese &ldquo;alguien&rdquo; que inspira en una mujer el deseo de tener un hijo. Los nuevos hijos con una nueva pareja, conviven con medio-hermanos que provienen de la primera familia del padre y otros de una posterior de la madre, hermanos que por edad podr&iacute;an ser sus padres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los casos pueden abarcar un arco que va del rechazo a ejercer la parentalidad, hasta un empuje reiterado a conseguir la procreaci&oacute;n bajo la asistencia de la ciencia que desaf&iacute;a el l&iacute;mite de lo imposible. Comienzan a presentarse tem&aacute;ticas que hasta hace poco eran material de la ciencia ficci&oacute;n. Superando las fantas&iacute;as de adopci&oacute;n bastante comunes en la infancia, la procreaci&oacute;n asistida con material gen&eacute;tico an&oacute;nimo, &ldquo;realiza&rdquo; estas ideaciones, generando inquietud respecto a la posibilidad de armar pareja con alguien que podr&iacute;a ser un familiar sangu&iacute;neo, lo cual refiere a la ley de interdicci&oacute;n del incesto que opera en el inconsciente. Por otro lado, recibimos a j&oacute;venes adultos que solos o en acuerdo con la pareja, han decidido no tener hijos.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto de acelerado cambio, cuando un paciente comienza a hablar de su familia, resulta cada vez m&aacute;s dificultoso armar una genealog&iacute;a. La funci&oacute;n del padre, si opera, hay que ubicarla entremedio de todos esos ensambles. Su efecto es cada vez menos el de la represi&oacute;n de la sexualidad que conformaba los s&iacute;ntomas de las neurosis de anta&ntilde;o. Tomemos, por ejemplo, las patolog&iacute;as del acto, a la orden del d&iacute;a, que refieren la b&uacute;squeda de un l&iacute;mite que no opera. La intervenci&oacute;n del profesional suele requerirse luego de actos de violencia &ndash;intra o extra familiares-, impulsiones desenfrenadas que generan restricciones perimetrales, llegando incluso al encierro real, carcelario, como &uacute;ltimo dique de la ley.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n en estos casos, cuando comienza un an&aacute;lisis, cuando lo amorfo quiere tomar forma, fluyen los relatos sobre las demandas y deseos, ideales e imperativos de sus mayores. Ya sea que en ellos el padre figure como presente o ausente, como prohibidor o abusador, idealizado o degradado-, su referencia sigue siendo casi inevitable, aunque m&aacute;s no sea para ubicar lo que no ha operado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son datos de la cl&iacute;nica que no pueden soslayarse. La cuesti&oacute;n es qu&eacute; valor darles cuando ya no se trata de rendir culto al padre. Se impone ir m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l, sustituyendo el saber m&iacute;tico que hac&iacute;a de semblante de la ley. Sustituci&oacute;n que s&oacute;lo puede conseguirse reconociendo el valor instrumental en una funci&oacute;n semejante, a partir de lo cual podr&aacute; ubicarse algo que opere en su lugar, como l&iacute;mite al <em>des-padre</em> pulsional que muestran muchos s&iacute;ntomas actuales.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/adios-edipo_129_10758651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Dec 2023 09:28:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adiós Edipo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que explote todo o ¿que el síntoma reviente?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/explote-sintoma-reviente_129_10723182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d7f634e-fdd9-42c8-ada1-500e7271b454_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que explote todo o ¿que el síntoma reviente?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así como el psicoanálisis intenta hacer con el malestar singular de cada uno, mi anhelo algo utópico es que distintas lecturas puedan ir formalizando el malestar social actual como un síntoma tratable. </p></div><p class="article-text">
        &iexcl;Que explote todo! Esta frase tan repetida por estos d&iacute;as me lleva a reflexionar sobre el s&iacute;ntoma desde la perspectiva del psicoan&aacute;lisis. Es un concepto que nos permite poner en relaci&oacute;n el s&iacute;ntoma singular de cada uno y las formas del s&iacute;ntoma social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El s&iacute;ntoma es un concepto que permite anudar estas dos dimensiones, sin necesidad de establecer entre ellas una relaci&oacute;n causa-efecto. S&oacute;lo plantear que la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica debe consonar con el malestar de su &eacute;poca.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue Marx quien situ&oacute; que el modo de producci&oacute;n capitalista conduce al trabajador a la proletarizaci&oacute;n, empuj&aacute;ndolo a la desposesi&oacute;n no s&oacute;lo de la plusval&iacute;a sino del lazo discursivo con otros. Estos procesos suelen tener oleadas que llevan los s&iacute;ntomas sociales a niveles insoportables. La historia viene demostrando la imposibilidad de que las tensiones lleguen a dirimirse en una s&iacute;ntesis.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paralelo a ello, los analistas recibimos cada vez m&aacute;s personas con dificultades de un tenor tal que muchas veces les impide situarse en un discurso y establecer lazos de amistad, de pareja, familiares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tomando en cuenta estos dos planos del malestar contempor&aacute;neo, la frase: &iexcl;Que explote todo!, puede resonar en el hartazgo de muchos sujetos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego de cierto estupor, reson&oacute; para m&iacute; en cierta proposici&oacute;n de Lacan acerca del tratamiento anal&iacute;tico del s&iacute;ntoma: &ldquo;Lo mejor ser&iacute;a que lo real del s&iacute;ntoma explote!&rdquo; &nbsp; No s&eacute; de antemano d&oacute;nde me conducir&aacute; esta resonancia, pero me dejo orientar por ella.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando llevaba a uno de mis hijos al home&oacute;pata, y le mostraba que hab&iacute;a colocado un cicatrizante sobre un imp&eacute;tigo, &eacute;l me explicaba que en la concepci&oacute;n homeop&aacute;tica al s&iacute;ntoma no hay que taparlo sino dejarlo supurar hacia afuera, mientras la cura procede desde el interior del organismo activando nuevas defensas.
    </p><p class="article-text">
        Quien consulta a un analista lo hace para hablar de lo que no funciona. Un acontecimiento que viene de lo real, traumatiza, choca con los ideales del sujeto, desacomoda, se desboca, causa angustia. Produce un padecimiento que deja al sujeto expuesto a esa X que ha aparecido en la ecuaci&oacute;n de su vida. Lo deja solo, fuera de discurso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como vengo diciendo en notas anteriores, los seres hablantes no podemos permanecer demasiado tiempo al borde del agujero, del sin-sentido, pues genera un estado cercano a la perplejidad. Entonces, el agujero supura, esa X pulsa desde el interior con sed de sentido. El s&iacute;ntoma se pone charlat&aacute;n, pide hablar &ldquo;de eso&rdquo; -con el amigo, con el cura o el terapeuta-. Talking Cure, lo llam&oacute; una de las primeras pacientes de Josef Breuer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El v&iacute;nculo con un analista ya es un intento de reestablecer un lazo social, de hacer entrar al s&iacute;ntoma en un discurso. El sujeto supone un mensaje a descifrar para despejar la X de la ecuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero en un an&aacute;lisis, el desciframiento no se agota en dar curso indefinido a la maquinaria del sentido; sin por ello desconocer que en algunos casos logra que el s&iacute;ntoma se desplace y se apacig&uuml;e. Siguiendo una met&aacute;fora propia del mercado, digamos que a veces esto basta para producir una &ldquo;econom&iacute;a&rdquo; aceptable entre exceso y escasez de goce.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero en otros, el sentido es como el tap&oacute;n del imp&eacute;tigo, termina aliment&aacute;ndolo, multiplic&aacute;ndolo. Es que cuando lo real insiste, -como en esta coyuntura ocurre con el s&iacute;ntoma social-, se rompe toda ilusi&oacute;n de comprender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es ah&iacute; que Lacan propone que lo mejor ser&iacute;a que el s&iacute;ntoma reviente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aclaremos: un analista dista de ser un salvaje que gozar&iacute;a viendo volar por los aires los fragmentos de cuerpo o pensamiento, que compon&iacute;an el s&iacute;ntoma de su paciente, y menos para reconstruirlo seg&uacute;n un orden de funcionamiento acorde al discurso de turno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los ecos de la resonancia reci&eacute;n comienzan. Aporto lo que me arma &ndash;primero-, un poco de sentido. Es el detalle diferencial entre el enunciado Que explote TODO, ofrecida al s&iacute;ntoma social y el sugerido por Lacan para el tratamiento del s&iacute;ntoma singular, cuando el sentido en lugar de curar, tapona: Lo que ser&iacute;a mejor, lo que deber&iacute;amos tratar de lograr, es que lo real del s&iacute;ntoma reviente, y esa es la cuesti&oacute;n: &iquest;c&oacute;mo hacerlo?
    </p><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis implica un desmontaje de las defensas que han llevado a padecer porque implican un mal arreglo con el goce. La interpretaci&oacute;n anal&iacute;tica quita a las palabras el sentido com&uacute;n, y utiliza la equivocidad para producir un vac&iacute;o de sentido. S&iacute;, pero para hacer resonar Otra cosa desde el interior mismo, no una identificaci&oacute;n masificante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para que algo as&iacute; acontezca es condici&oacute;n un cambio de l&oacute;gica. El enunciado apelativo al TODO se emite precisamente, desde la l&oacute;gica de lo universal, donde la excepci&oacute;n funda la regla. Esto habilita el llamado a un ser excepcional, Amo de una verdad que &ndash;como ordenadora de la experiencia del mundo&ndash;, regir&iacute;a para todos. Movimiento pendular de la historia y, por qu&eacute; no decirlo, tambi&eacute;n el de algunas corrientes terap&eacute;uticas.
    </p><p class="article-text">
        El analista se orienta, en cambio, desde una l&oacute;gica de No-todo, donde un sujeto sea advertido de la incompletud del Otro. No-todo ES&hellip; ni en el Otro ni en el sujeto. Tocar esa zona, permite pasar del Ser &ndash;y su trampa yoica&ndash; a la existencia, lugar de emergencia de un goce de la vida que se ejercite en el lazo con los otros. El psicoan&aacute;lisis, como discurso y como praxis, no plantea un idilio con el goce, s&iacute; poder arregl&aacute;rselas mejor con lo que hay, lo cual no es poca cosa.
    </p><p class="article-text">
        Resonancias. En cuanto al malestar social, mi anhelo algo ut&oacute;pico, es que distintas lecturas puedan ir formaliz&aacute;ndolo como un s&iacute;ntoma tratable. Hasta aqu&iacute; llega la m&iacute;a, al menos por ahora. 		
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/explote-sintoma-reviente_129_10723182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Nov 2023 09:27:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Que explote todo o ¿que el síntoma reviente?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos delirantes, cada uno a su manera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/delirantes-manera_129_10682593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a8ba7c7-67c9-4c15-a8a5-acb806c06674_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos delirantes, cada uno a su manera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vivimos en una época donde los instrumentos que permiten leer el mundo ya no siguen las reglas de las tradiciones y los sujetos tienen que inventarse modos particulares de significarlo. Asistimos al delirio de sentido que cada uno se inventa; campo propicio para instalar nuevos Dioses, retorno cada vez más feroz del discurso del amo.</p></div><p class="article-text">
        <em>Todo el mundo es loco, es decir, delirante.</em> Esta afirmaci&oacute;n universal, proferida por Lacan hacia el final de su ense&ntilde;anza, result&oacute; por entonces sorprendente. M&aacute;s porque hab&iacute;a comenzado aquella reservando el t&eacute;rmino de Locura para esos sujetos que eran llevados a inventarse significaciones fuera del &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;, por no contar -como los neur&oacute;ticos-, con la marca simb&oacute;lica de la funci&oacute;n paterna, que les permit&iacute;a incluirse en un discurso compartido.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Freud ya nos hab&iacute;a legado su propio universal: <em>todos neur&oacute;ticos</em>. Expresaba as&iacute; que la salud mental no existe como absoluto, que el pasaje por el Complejo de Edipo siempre deja marcas, s&iacute;ntomas de distinto tenor. Este universal no implicaba desconocer que la locura era generalmente patrimonio de aquellos cuya estructuraci&oacute;n ps&iacute;quica se hab&iacute;a conformado por fuera de la l&oacute;gica ed&iacute;pica. Hasta ah&iacute; las cosas, tanto para Freud como para Lacan vale el aforismo: n<em>o se vuelve loco quien quiere, sino quien puede</em>.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Nuestra &eacute;poca</h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; viene a plantear, entonces, esta afirmaci&oacute;n universal:<em> todo el mundo es loco, es decir, delirante</em>?
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, el estado natal de todos los humanos es una radical ausencia de sentido, frente al que cada uno construye una defensa. Dar sentido a lo que no lo tiene (enigmas de la muerte, el sexo) ya es delirar. Sea del tenor que fuere, - mitol&oacute;gico, ed&iacute;pico, religioso, y por qu&eacute; no cient&iacute;fico o pol&iacute;tico-, desde esta perspectiva, el delirio es generalizado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, asistimos a una &eacute;poca donde la consistencia de la funci&oacute;n paterna y el orden simb&oacute;lico ya no son lo que eran. Los instrumentos que permiten leer este mundo mutante ya no siguen las reglas de las tradiciones y los sujetos, liberados de ellas, tienen que inventarse modos particulares de significarlo. Al borrarse la frontera que antes trazaba aquella funci&oacute;n, asistimos al delirio de sentido que cada uno se inventa. En t&eacute;rminos estrictos, no es menos delirante el fantasma de un neur&oacute;tico, que el de aquel que expone su locura fuera del &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;. Las locuras se presentan hoy como estilos de vida, modalidades de goce que se conforman como nuevas clases.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una &eacute;poca donde el Otro se presenta bajo dos figuras: inexistente (no hay quien responda) o absoluto. Las subjetividades son atrapadas por la in-creencia o la certeza.&nbsp;En cualquier caso, el Amor &ndash;que har&iacute;a al Goce condescender al deseo- est&aacute; en d&eacute;ficit.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo no percibir el eco de estas cuestiones en nuestras sociedades?
    </p><p class="article-text">
        Las religiones tradicionales vienen fracasando a la hora de influir para que sus fieles lleven sus principios a la pr&aacute;ctica. O &eacute;sta se reduce a los rituales, sin trascender a las instituciones familiares y sociales. Los l&iacute;deres religiosos caen bajo sospecha de servir a intereses pol&iacute;ticos. Su palabra, como mensajeros del Dios que no habla, es degradada. Y cuando los dioses se tornan absolutos y quedan en silencio, aparecen otros afectos.&nbsp;Formas de amor -muerto, mezquino, ego&iacute;sta, narcisista, etc-. Al mismo tiempo, es posible despertar el odio, la certeza en la malignidad del otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El odio es un afecto primario que proviene del rechazo primitivo que el yo segrega hacia el exterior, lo ajeno. El desconocimiento caracter&iacute;stico de la formaci&oacute;n del yo, hace ignorar que eso ajeno est&aacute; en el interior del ser y que el odio a lo otro es, a la vez, odio a s&iacute; mismo.&nbsp;Es la base sobre la cual se montan ciertas formas actuales de discurso pol&iacute;tico con sus efectos de locura segregativa. Campo propicio para instalar nuevos Dioses cada vez m&aacute;s an&oacute;nimos, retorno cada vez m&aacute;s feroz del discurso del amo.
    </p><p class="article-text">
        El exceso es el rasgo caracter&iacute;stico de la locura. Cada &eacute;poca propone identificaciones y semblantes que produce &ldquo;sus locos&rdquo;. Lejos de los ideales de anta&ntilde;o, &ldquo;la cosa&rdquo; se dice sin velo, derramando la baba de su lengua, de arriba hacia abajo. La tonter&iacute;a o la canallada resultan especialmente promovidas. Los desorientados son orientados por los algoritmos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Hay delirios y delirios</h3><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis &ndash;a&uacute;n-, es un discurso que concibe al s&iacute;ntoma como un palo en la rueda que impide que funcionen como impone el discurso del amo. Al poner en cuesti&oacute;n los semblantes y las totalidades homogeneizantes, como tambi&eacute;n la ra&iacute;z ps&iacute;quica de los impulsos segregativos que anidan en cada uno, cobra una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica. Por eso cualquier forma de totalitarismo es antin&oacute;mica a la posibilidad de su pr&aacute;ctica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una pr&aacute;ctica que apunta al n&uacute;cleo del ser, explora los v&iacute;nculos er&oacute;ticos del sujeto, haci&eacute;ndolo responsable de sus elecciones. Desmonta el delirio originario para encontrar la causa del deseo, o bien orienta la construcci&oacute;n de una suplencia que permita un delirio compatible con el lazo social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien la debilidad por el sentido, generaliza el delirio, la locura de cada uno es singular, cada uno delira a su manera. Quiz&aacute; les haya trasferido algo del m&iacute;o.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/delirantes-manera_129_10682593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Nov 2023 09:21:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todos delirantes, cada uno a su manera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La virtualidad en la sesión analítica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/virtualidad-sesion-analitica_129_10662092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea8e1231-d12a-4d58-a18c-5c85e46f6740_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La virtualidad en la sesión analítica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante el aislamiento de la pandemia, la tecnología se convirtió en un instrumento para alojar angustias y malestares que no podían esperar. Apelar a las sesiones telefónicas o virtuales fue un valioso recurso. La pregunta que subyace es: Si funcionó, ¿cuáles serían las razones para contraindicarlo? </p></div><p class="article-text">
        Los tel&eacute;fonos celulares han adquirido suma importancia en nuestro vivir cotidiano, y la sesi&oacute;n anal&iacute;tica no es ajena a eso. Muchas veces me preguntan por las interferencias que los smartphones podr&iacute;an producir durante las sesiones y, en particular, sobre <em>la persona</em> del analista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos generales, el tel&eacute;fono port&aacute;til y las pantallas implican formas de presentificar algo de lo que, sin embargo, permanece ausente: el cuerpo del otro, real, encarnado. Por empezar, advertimos un efecto de mayor sujeci&oacute;n a las demandas. Sab&iacute;amos, por ejemplo, que nuestros hijos no estaban en casa sino en la escuela hasta tal horario. Recib&iacute;amos novedades y las anunci&aacute;bamos solamente a trav&eacute;s del cuaderno de comunicaciones, no desde o hacia otro celular en cualquier momento y circunstancia. Las demandas laborales se extienden fuera de los horarios contratados y -cuando se trata de una relaci&oacute;n asim&eacute;trica-, resulta cada vez m&aacute;s dificultoso fijar ciertos l&iacute;mites. Y a la inversa, la leyenda <em>Este es un celular de empresa</em>, no siempre excluye la presi&oacute;n por responder fuera de los horarios de apertura y cierre. &ldquo;<em>Si no contesto, se puede arrepentir de la compra o acude a la competencia</em>&rdquo;, dice alguien dedicado al comercio virtual, que casi no puede separarse del m&oacute;vil y ve cada vez m&aacute;s reducidas sus horas de sue&ntilde;o. En la sesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una sesi&oacute;n es un espacio &iacute;ntimo, que transcurre entre dos, encuentro de dos cuerpos, hablantes ellos. El lazo transferencial se sostiene en las palabras del paciente y el analista, pero tambi&eacute;n implica un lugar <em>tercero</em>, orden simb&oacute;lico, que hace posible una lectura de las manifestaciones del inconsciente.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de ese &ldquo;di&aacute;logo entre tres&rdquo; hay una funci&oacute;n f&aacute;ctica de la palabra, pues el paciente trae las figuras de sus otros significativos, madre, pareja, etc&eacute;tera. Esta presentaci&oacute;n de los ausentes mediante la palabra los constituye ya, de alg&uacute;n modo, en versiones virtuales, pues no se trata de ning&uacute;n otro concreto sino de figuras investidas por los fantasmas de cada uno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, si s&oacute;lo consider&aacute;ramos la dimensi&oacute;n de la palabra, pareciera no haber obst&aacute;culo a que un an&aacute;lisis transcurra en la virtualidad. Sumemos a esto que Freud &ndash;all&aacute; en los comienzos&ndash;, no se priv&oacute; de hacer ocasionalmente sesiones transitando por jardines, o que realiz&oacute; lo que llam&oacute; su autoan&aacute;lisis a trav&eacute;s de cartas. Sin embargo, tanto &eacute;l como Lacan han marcado la importancia de la presencia de los cuerpos en el espacio de la sesi&oacute;n. Tema de otra nota.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para tomar dimensi&oacute;n del cambio que se ha ido produciendo, precisemos lo que se considera el dispositivo &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo;.&nbsp; El cuerpo del analista est&aacute; presente, para ser retirado al lugar de un semblante. El uso del div&aacute;n, cuando su indicaci&oacute;n lo amerita, excluye la mirada de confirmaci&oacute;n de eso que se dice, dejando opaco el deseo del analista, para que sea el sujeto quien responda con las versiones de sus fantasmas. Desde el momento que avalamos la relaci&oacute;n de un sujeto a su inconsciente, explicitamos ciertas reglas. Abstinencia, neutralidad, atenci&oacute;n flotante, son t&eacute;rminos que indican las posiciones de cada uno en la partida. Hasta aqu&iacute; lo tercero, en el dispositivo cl&aacute;sico, se reduce a esos tres lugares: Analista, sujeto, Otro simb&oacute;lico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo ingresan hoy, estos aparatos, en ese tiempo y espacio determinado que es la sesi&oacute;n anal&iacute;tica?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde hace tiempo, a las condiciones reci&eacute;n comentadas ten&iacute;amos que a&ntilde;adir: &ldquo;<em>Apagar el celular durante las sesiones</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, los cambios en h&aacute;bitos se introducen una y otra vez por la ventana. En el caso del an&aacute;lisis de ni&ntilde;os, las pantallas se ven&iacute;an incorporando en forma combinada con la &ldquo;caja de juegos&rdquo;. En cuanto a los adultos, el privilegio de la palabra sigue siendo la regla. Algunos pacientes se anuncian a trav&eacute;s del celular y esperan sin respuesta hasta que recuerdan que deben tocar el portero el&eacute;ctrico. El h&aacute;bito excusa el olvido. Otros resisten apagarlo por razones varias, y a veces v&aacute;lidas. Es frecuente que un paciente mencione que anot&oacute; un sue&ntilde;o en su celular, o que quiera leernos los mensajes que intercambi&oacute; con su pareja. Desde cierta ortodoxia, podr&iacute;a considerarse como una transgresi&oacute;n al &ldquo;encuadre est&aacute;ndar&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La orientaci&oacute;n de Lacan, siguiendo una &eacute;tica acorde a la singularidad, removi&oacute; esos est&aacute;ndares introduciendo, por ejemplo, la sesi&oacute;n de tiempo variable para hacerla m&aacute;s af&iacute;n a la sorpresa, al hallazgo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante el aislamiento de la pandemia, la tecnolog&iacute;a se convirti&oacute; en un instrumento para alojar angustias y malestares que no pod&iacute;an esperar. Apelar a las sesiones telef&oacute;nicas o virtuales fue un valioso recurso. He podido comprobar como un corte en la se&ntilde;al transform&oacute; un lapsus cibern&eacute;tico en una verdadera formaci&oacute;n del inconsciente para un sujeto, o como en otra gener&oacute; un equ&iacute;voco que nombr&oacute; lo m&aacute;s singular de su s&iacute;ntoma, que le permiti&oacute; un uso virtuoso de aquello que antes produc&iacute;a padecimiento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Atravesada la emergencia, notamos la tendencia a proponer la alternancia ocasional de sesiones presenciales y virtuales; sea por razones de salud f&iacute;sica, distancias geogr&aacute;ficas, e incluso por imprevistos que impiden llegar a horario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que subyace es: <em>Si funcion&oacute;, &iquest;cu&aacute;les ser&iacute;an las razones para contraindicarlo?</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n interroga a los analistas acerca de qu&eacute; imposible se juega tras las posibilidades que la tecnolog&iacute;a aporta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones, el poder f&aacute;ctico que se les asigna, quiere a&ntilde;adirse al tercero simb&oacute;lico de la palabra. Es el caso cuando alguien pretende justificar su ira esgrimiendo como prueba un mensaje que alguien dej&oacute; en su celular.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la pregunta sobre las interferencias que los smartphones podr&iacute;an producir durante las sesiones anal&iacute;ticas me permite hablar sobre la posici&oacute;n del analista en los an&aacute;lisis que dirige. &iquest;Qu&eacute; dirige? La orientaci&oacute;n de la experiencia, no al paciente. En su acto, no parte de ning&uacute;n ideal, sigue el curso de lo real, hace valer su versatilidad, no estandarizable.
    </p><p class="article-text">
        El punto respecto a la introducci&oacute;n de este elemento tecnol&oacute;gico, es c&oacute;mo alojarlo o excluirlo en cada caso, sin habituarnos a que lo excepcional se transforme en norma al punto de dificultar la lectura de esas &ldquo;interferencias&rdquo;. En un caso puede ser un recurso valioso, en otro una resistencia, un <em>acting</em> dirigido al analista, o una forma m&aacute;s de sujeci&oacute;n a los imperativos superyoicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta del comienzo, inclu&iacute;a tambi&eacute;n cierta curiosidad sobre esas interferencias &ldquo;en la persona del analista&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fuera de sesi&oacute;n, dir&iacute;a que, como cualquiera, el analista puede quedar m&aacute;s o menos bajo los efectos de estos artefactos. Vaya como testimonio el fallido que comet&iacute; al momento de agendar la fecha en la que saldr&iacute;a esta nota.&nbsp; Me encontraba en viaje, enviando desde mi celular algunas contribuciones para un trabajo colectivo. El intercambio se dificultaba seg&uacute;n el parpadeo en la se&ntilde;al que suele producirse en ciertos puntos geogr&aacute;ficos. El resultado fue que, al agendar los compromisos siguientes, trastoqu&eacute; la fecha de entrega del trabajo colectivo con la de esta nota. Efectos de esta nueva &ldquo;psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero en su pr&aacute;ctica, un analista ocupa su posici&oacute;n en la transferencia a condici&oacute;n de restarse como sujeto. Excluye su yo (por ende, su mundo) para activar la atenci&oacute;n flotante necesaria que permite captar el chispazo de verdad que surge en lo que escuchamos, y regresarla al sujeto como interpretaci&oacute;n. Dentro del dispositivo, las interferencias quedan tomadas por el discurso anal&iacute;tico y se juegan desde el lugar que el analista ocupe en relaci&oacute;n a cada sujeto.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/virtualidad-sesion-analitica_129_10662092.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Nov 2023 09:09:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La virtualidad en la sesión analítica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El acto de elegir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/acto-elegir_129_10600090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81bdccf2-885d-401f-90a6-58194c582a90_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El acto de elegir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tomamos del discurso familiar ciertas piezas, las significamos, y con ellas coloreamos la visión de nuestro mundo y la relación que establecemos con el deseo y el amor. Hay determinismo y hay elección.
</p></div><p class="article-text">
        El acto de elegir se me impuso como tema, aun sabiendo que, en tiempo de elecciones, bastar&iacute;a el t&iacute;tulo para despertar ecos diversos en distintas sensibilidades. No suelo rehuir tomar ciertos riesgos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando me sent&eacute; a escribir esta nota, imagin&eacute; la diversidad de receptores an&oacute;nimos, cuyo inter&eacute;s y sensibilidades no conozco. Llamamos a eso, confrontarse con el enigma del deseo del Otro. Eran las condiciones propicias para que se jugara lo que quiero comentarles sobre el acto de elegir desde una perspectiva psicoanal&iacute;tica. &iquest;Opto por escribir una nota &ldquo;sesuda&rdquo; o una &ldquo;accesible&rdquo;?&nbsp; Por ahora, tomemos estos dos t&eacute;rminos con independencia de su sentido.
    </p><p class="article-text">
        Este &ldquo;entre dos&rdquo;, constituye lo que se impone al viviente en los momentos constitutivos de su subjetividad. Elecci&oacute;n coercitiva, <em>forzada</em>: debes elegir. Y alienante, porque llegamos como meros vivientes y entramos al ruedo simb&oacute;lico en total dependencia de los significantes que dispone el Otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, en carrera desde hace rato, uno de los dos significantes de la opci&oacute;n &ndash;<em>sesuda&ndash;</em> se parece bastante al de cierta marca que me representa en la vida. Eleg&iacute; <em>&ldquo;sesuda&rdquo; </em>y escrib&iacute; un paper, de esos que se acostumbran en los debates de la &ldquo;parroquia&rdquo;, nada que a ustedes pudiera interesarles. De modo que, desmarc&aacute;ndome un poco, me encuentro aqu&iacute;, reescribiendo la nota durante un fin de semana XL, tratando de ir descifrando el enigma de vuestro deseo m&uacute;ltiple, tarea que &ndash;no siendo forzada&mdash;, s&oacute;lo puedo justificar en el deseo de trasmisi&oacute;n que me habita.
    </p><p class="article-text">
        Pero volviendo al car&aacute;cter forzado de la elecci&oacute;n inicial, digamos que los t&eacute;rminos se excluyen mutuamente. El ejemplo m&aacute;s ilustrativo es &iexcl;La bolsa o la vida! Si elijo la bolsa pierdo ambas, si elijo la vida, me quedo sin la bolsa y una vida algo cercenada. Son las reglas del juego: para entrar en la partida y tener chances de ganar algo, la condici&oacute;n es aceptar la posibilidad de la p&eacute;rdida. La pretensi&oacute;n del Todo, hace de la vida una tragedia. El lazo social s&oacute;lo se instaura a condici&oacute;n de aceptar una elecci&oacute;n fundante que ancla en lo simb&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Esta condici&oacute;n alienante, primera, se pondr&aacute; en juego a lo largo de nuestra existencia de sujetos. T&eacute;rmino de moda, dice Lacan en 1954: &ldquo;<em>H&aacute;gase lo que se haga, siempre se est&aacute; un poco m&aacute;s alienado, ya sea en lo econ&oacute;mico, lo pol&iacute;tico, lo psicopatol&oacute;gico, lo est&eacute;tico y todo lo que venga&rdquo;</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si todo se redujera a este efecto alienante, no hubieran corrido r&iacute;os de tinta en tantos tratados filos&oacute;ficos sobre el <em>libre albedr&iacute;o</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde radica, para el psicoan&aacute;lisis, el espacio de libertad <em>del que gozamos</em>?
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos aproximarnos sustituyendo ese ladr&oacute;n que nos conmina, por una escena familiar. Muchos sabr&aacute;n lo duro que puede ser, a veces, ense&ntilde;arle a un ni&ntilde;o las reglas simb&oacute;licas de los juegos. Sus preguntas ponen a prueba al adulto. En el mejor de los casos, la respuesta falta a veces, o muestra un punto d&eacute;bil, una inconsistencia, ocasiones en que la falta recae sobre el adulto. Como el deseo se sostiene de algo que falta, anoticiarse de la del Otro conduce al sujeto a interrogar qu&eacute; deseo habita en &eacute;l, qu&eacute; objeto lo colmar&iacute;a. Esta segunda elecci&oacute;n constitutiva, implica una <em>separaci&oacute;n</em> que ilustra bien el juego de escondidas, tan com&uacute;n en la infancia: <em>&iquest;soy eso que te falta</em>?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los seres humanos somos adictos a dar sentido a los enigmas. Antes que nada, al deseo de los otros. Por muy clara que se pretenda la respuesta, las palabras no guardan una relaci&oacute;n un&iacute;voca con los significados, por lo que en nuestros intercambios siempre caben los malentendidos, las equivocidades. Hemos tomado del discurso familiar ciertas piezas, las seleccionamos y significamos -sin saberlo-, y con ellas armamos nuestro fantasma-defensa. Interpretaci&oacute;n que, en adelante, colorea la visi&oacute;n de <em><strong>nuestro</strong></em> mundo y la relaci&oacute;n que establecemos con el deseo y el amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, hay determinismo y hay elecci&oacute;n. Est&aacute; lo coercitivo primero y tambi&eacute;n lo activo, la forma en que cada uno selecciona y subjetiva ciertas marcas. Es por esto que tanto Freud como Lacan pueden plantear que hay &ldquo;elecci&oacute;n de neurosis&rdquo;. Decir neurosis es una generalizaci&oacute;n, pues en alguna de estas dos elecciones constitutivas pueden intervenir azares &ndash;incluso rechazo a elegir&ndash; que conducen a problem&aacute;ticas diferentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta libertad sem&aacute;ntica es tambi&eacute;n la raz&oacute;n por la que el Otro &ndash;que encarna en cada &eacute;poca alguna forma de poder&ndash; machaca nuestros sentidos con sus significantes, tratando de limitar el espacio creativo conquistado durante la puesta en cuesti&oacute;n del Otro que, si se sostiene lo suficiente, da lugar a respuestas m&aacute;s creativas, atempera la alienaci&oacute;n. &ldquo;Batalla cultural&rdquo; puede ser uno de sus nombres en lo social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llegando aqu&iacute;, no extra&ntilde;ar&aacute; que uno de los significantes hist&oacute;ricamente privilegiado sea <em>la libertad</em>. S&oacute;lo que, cuando no es el sujeto sino el Otro quien se apropia y vocifera: &iexcl;libertad! (para nombrar un estado de cosas donde imperar&iacute;a la abolici&oacute;n de toda norma reguladora) la sustrae al sujeto, lo anonada. Parad&oacute;jicamente, los sujetos pueden verse llevados a consentir &ldquo;libremente&rdquo; con formas regresivas de mayor alienaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se han hecho much&iacute;simos elogios de la libertad desde distintas disciplinas. No cabe aqu&iacute; comentarlas, s&oacute;lo se&ntilde;alar que, desde la perspectiva del psicoan&aacute;lisis, la libertad absoluta est&aacute; m&aacute;s bien asociada a la locura y a ciertas formas de errancia subjetiva; seres sin lastre, que no pueden asirse a casi nada. O, quiz&aacute;, a una forma de Otro de puro c&aacute;lculo.
    </p><p class="article-text">
        Recorto de Lacan: &ldquo;<em>Creo que con el desplazamiento de la causalidad de la locura hacia esa insondable decisi&oacute;n del ser en la que &eacute;ste comprende o desconoce su liberaci&oacute;n, hacia esa trampa del destino que lo enga&ntilde;a respecto de una libertad que no ha conquistado, no formulo nada m&aacute;s que la ley de nuestro devenir&hellip;</em>&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>LR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/acto-elegir_129_10600090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Oct 2023 09:20:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El acto de elegir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El psicoanálisis en la subjetividad de la época]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/psicoanalisis-subjetividad-epoca_129_10567779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fac15c4d-e9f0-4a5b-814a-da7a88be4126_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El psicoanálisis en la subjetividad de la época"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las presentaciones sintomáticas "clásicas" son menos frecuentes, casi excepcionales. Leer en los síntomas implica una orientación que tenga en cuenta los cambios que cada momento histórico les imprimen.  </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de la &eacute;poca&rdquo;. Es la advertencia que Jaques Lacan hace en 1953 a los psicoanalistas.&nbsp;Sin duda podr&iacute;a extenderse a tres profesiones que Freud consideraba imposibles &ndash;psicoanalizar, gobernar, educar&ndash;, dado que es imposible abarcar lo subjetivo en el todo de lo universal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Leer en los s&iacute;ntomas &ndash;tanto singulares como sociales&ndash; implica una orientaci&oacute;n que tenga en cuenta los cambios que las coordenadas de cada &eacute;poca imprimen a las tipolog&iacute;as con que esos s&iacute;ntomas se manifiestan. Cambios a veces muy veloces, como los que vienen produciendo los avances cient&iacute;fico-t&eacute;cnicos, en la relaci&oacute;n al saber, en los modos de hacer lazo social, en las configuraciones familiares, en la relaci&oacute;n al propio cuerpo, en la asunci&oacute;n de la sexualidad, por nombrar algunos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde que Freud descubriera el inconsciente e inventara el m&eacute;todo psicoanal&iacute;tico, se fueron estableciendo principios doctrinales que nos orientaban para abordar el s&iacute;ntoma y habilitar la palabra de un sujeto en relaci&oacute;n a su inconsciente. El inconsciente como suposici&oacute;n de un saber en estado de &ldquo;no sabido&rdquo;, pero que puede extraerse a partir de los equ&iacute;vocos que emergen en los dichos, lapsus, actos fallidos, olvidos, sue&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hacia fines del siglo pasado, muchas de nuestras certezas se vieron conmovidas ante los cambios en ciertas modalidades de las demandas, veh&iacute;culo de formas del malestar ps&iacute;quico cada vez m&aacute;s heterog&eacute;neas, que empezar&iacute;a a nombrarse como &ldquo;nuevos s&iacute;ntomas&rdquo;. &iquest;Nuevos respecto a qu&eacute;? A ciertas presentaciones t&iacute;picas que orientaban el diagn&oacute;stico a partir del cual se habilitaba la palabra en relaci&oacute;n al inconsciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta ah&iacute; la utilidad de los &ldquo;tipos cl&iacute;nicos&rdquo;, pues tanto el sentido como el enigma que habita en el n&uacute;cleo de su s&iacute;ntoma, son absolutamente singulares para cada sujeto. No hay &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante ese per&iacute;odo fecundo, que nos llamaba a repensar la cl&iacute;nica, contaba con la pr&aacute;ctica en el hospital. Esa pr&aacute;ctica tan diversa, veloz, que me brindaba una especie de term&oacute;metro para advertir las variaciones en lo que los pacientes presentaban, fue llevando mi inter&eacute;s a investigar una cl&iacute;nica de desborde de las categor&iacute;as cl&aacute;sicas, de l&iacute;mites imprecisos. Momento que relanz&oacute; mi lectura de algunos textos en los que Freud trabajaba casos que presentaban dificultades en la aplicaci&oacute;n del m&eacute;todo anal&iacute;tico, nombrados por &eacute;l como Neurosis actuales. Su alegor&iacute;a de la ostra que construye la perla a partir de la envoltura que va formando alrededor del grano de arena incrustado en su cuerpo me pareci&oacute; una preciosa herramienta para investigar las variaciones que cada &eacute;poca imprime a esa envoltura, muchas veces insuficiente o inexistente; entonces, el grano de arena erupciona, desborda.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Desbordes</h3><p class="article-text">
        Cada vez con mayor frecuencia, se nos consulta por relaciones &ldquo;locas&rdquo; con el propio cuerpo, fen&oacute;menos hipocondr&iacute;acos, conductas compulsivas vinculados a la alimentaci&oacute;n,&nbsp;inhibiciones profundas que imposibilitan el lazo social nombradas por algunos como problemas de auto-estima, consumo de sustancias en dosis que superan los l&iacute;mites fisiol&oacute;gicos tolerables, impulsiones y pasajes al acto violento en el &aacute;mbito familiar o laboral, melancolizaciones duraderas que deja al sujeto sin horizonte un vital&hellip; En fin, una lista en la que esas manifestaciones, adem&aacute;s, se mixionan, atravesando las edades biol&oacute;gicas, las clases sociales, las identidades de g&eacute;nero. Las presentaciones cl&aacute;sicas son menos frecuentes, casi excepcionales.
    </p><p class="article-text">
        Muchas personas llegan a la consulta diciendo que han buscado en internet el significado de su padecer. Incluso creen haber encontrado un nombre: fobia social, TOC, bipolaridad, sue&ntilde;os hiperl&uacute;cidos, etc&eacute;tera. Buscar v&iacute;a internet una respuesta r&aacute;pida al enigma inquietante del s&iacute;ntoma, el sue&ntilde;o o la pesadilla, implica un querer saber, pero mal orientado. Pues el desciframiento no responde a la identificaci&oacute;n con el padecer de otros, mucho menos filtrada por un algoritmo que puede ir desplazando la b&uacute;squeda a sitios donde circulan sentidos francamente delirantes, fantasmas que agregan montos de angustia dif&iacute;ciles de revertir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, pandemia mediante, han pululado en las redes ofertas de terapias varias, sin respaldo claro en cuanto a la formaci&oacute;n de la que provienen. La Argentina, &ldquo;el pa&iacute;s del psicoan&aacute;lisis&rdquo;, tiene una tradici&oacute;n de formaci&oacute;n no s&oacute;lo por la obtenci&oacute;n de un t&iacute;tulo habilitante y los suplementos de posgrados y maestr&iacute;as ofertadas desde las universidades; no s&oacute;lo por los dispositivos de residencias y concurrencias que imparten formaci&oacute;n en servicios de Salud Mental desde el sector p&uacute;blico. Tiene una tradici&oacute;n de formaci&oacute;n continua en relaci&oacute;n a Escuelas de psicoan&aacute;lisis que controlan y garantizan la pr&aacute;ctica de sus miembros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, el tema de la garant&iacute;a es problem&aacute;tico, ya que la garant&iacute;a de la garant&iacute;a no existe. En palabras de Lacan, no hay Otro del Otro. No obstante, esa formaci&oacute;n continua permite a un analista proponer un abordaje a medida, que implicar&aacute;, con cada sujeto, un modo particular de situarse en la transferencia y la t&aacute;ctica de la interpretaci&oacute;n. Delicadas cuestiones que s&oacute;lo pueden sostenerse en la pol&iacute;tica del deseo de cada analista, un deseo que lejos de renunciar, nos lleva unir nuestro horizonte, a la subjetividad de la &eacute;poca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Liliana Rossi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/psicoanalisis-subjetividad-epoca_129_10567779.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Oct 2023 09:12:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El psicoanálisis en la subjetividad de la época]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
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