<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Pecoraro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/gustavo-pecoraro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Pecoraro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1048552/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Los años que nos deben]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/anos-deben_129_10672438.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52f4db7d-bcc4-475e-8f12-b5e89402ded2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los años que nos deben"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Argentina es una sociedad más justa por los derechos peleados y conquistados por la agenda del colectivo LGTBI+ y eso es reconocido a nivel mundial. Sin embargo, mientras en 1983 el resto de la sociedad disfrutaba de la fiesta democrática, las diversidades tuvieron que esperar años y transitar muchas más luchas para dejar de ser perseguidas.</p><p class="subtitle">Un país siempre en llamas</p></div><p class="article-text">
        Las lesbianas, las travestis, los putos, las personas trans y bisexuales, no nacimos un 10 de diciembre de 1983. Por el contrario, miles de miles de nosotros, ven&iacute;amos resistiendo con nuestro Eros deseante la represi&oacute;n social que los militares impusieron. Antes, otros tambi&eacute;n lo hicieron contra iguales represiones, aunque algunas de estas no llevaran gorra sino banda presidencial.
    </p><p class="article-text">
        Mediando la dictadura del `76 mi cuerpo fue anim&aacute;ndose a un estallido adolescente que enfrentaba la normatividad de aquella sociedad. Mis primeras experiencias sexuales fueron en las <em>teteras</em>, que no eran otra cosa que ba&ntilde;os de estaciones de trenes, de alg&uacute;n bar o de las casas de comida r&aacute;pida, acompa&ntilde;ado por el <em>yire</em> por la avenida Santa Fe, la plaza San Pedro Telmo, la avenida Corrientes o los alrededores de la Plaza de los Dos Congresos.
    </p><p class="article-text">
        Comenc&eacute; a caminar sobre los pasos de otros como yo, que antes del horror genocida de Videla y sus c&oacute;mplices, tambi&eacute;n caminaron clandestinamente. No los conoc&iacute;, pero dejaron una huella de audacia, provocadora, que no se borr&oacute; a&uacute;n expuesta a miles de peligros, para que otros en el futuro la continuemos, y otros -que nosotros ya no veremos- la ensanchen. Mariposas y colibr&iacute;s buscando libertad en un vuelo de muchos a&ntilde;os, cuando las palabras no se dec&iacute;an, camufladas en la necesaria oscuridad protectora de la identidad, la orientaci&oacute;n sexual y el deseo prohibido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef4dd79-755b-43e0-b2ee-5741b5c67a2e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef4dd79-755b-43e0-b2ee-5741b5c67a2e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef4dd79-755b-43e0-b2ee-5741b5c67a2e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef4dd79-755b-43e0-b2ee-5741b5c67a2e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef4dd79-755b-43e0-b2ee-5741b5c67a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef4dd79-755b-43e0-b2ee-5741b5c67a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bef4dd79-755b-43e0-b2ee-5741b5c67a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ilse Fuskova, Lohana Berkins, Pedro Paradiso Sottile y Carlos Jáuregui, en una foto de 1996, en Rosario."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ilse Fuskova, Lohana Berkins, Pedro Paradiso Sottile y Carlos Jáuregui, en una foto de 1996, en Rosario.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Aun en contra de todo y de todos, lo que reconocemos hoy como personas LGTBI+ encontraron su lugar en el mundo en esa patria expulsante que los pari&oacute;, pero desconoci&eacute;ndolos, los conden&oacute; a la verg&uuml;enza, al dolor y en muchos casos al exilio y la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Ese 10 de diciembre cuando asumi&oacute; la presidencia de la Argentina el doctor <strong>Ra&uacute;l Alfons&iacute;n</strong>, la esperanza renaci&oacute;. Se abri&oacute; de par en par una ventana de derechos para much&iacute;simos sectores sociales del pa&iacute;s. Pero<strong> las lesbianas, las travestis, los putos, las personas trans y bisexuales no estuvimos invitados a la fiesta</strong>. Las mariposas y los colibr&iacute;s otra vez quedamos en la jaula, como tantas veces, en tantos momentos hist&oacute;ricos y pol&iacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        Escribi&oacute;<strong> Carlos J&aacute;uregui</strong> &ldquo;<em>los estados contempor&aacute;neos han&nbsp;intentado&nbsp;imponer&nbsp;-con distintos grados de &eacute;xito- un modelo &uacute;nico de relaci&oacute;n, para lo que han necesitado legislar el comportamiento sexual&rdquo;</em> . <strong>Los edictos policiales y la ley de averiguaci&oacute;n de antecedentes hab&iacute;an sido pensados como herramientas higienistas de la naci&oacute;n heterosexual que proclama la existencia de&nbsp;dos&nbsp;sexos </strong>y&nbsp;dos&nbsp;g&eacute;neros a los que hay que proteger a trav&eacute;s del control de la justicia, la medicina y la psiquiatr&iacute;a. Todo lo que anduviera por fuera de esta <em>normalidad</em> deb&iacute;a ser castigado con estos mecanismos que se mantuvieron intocables bajo la gozosa mirada de <strong>Antonio Troccoli,</strong> ministro del Interior en el gabinete de Alfons&iacute;n, que consideraba a la homosexualidad una enfermedad y afirmaba que iba a tratarnos como tal: enfermos&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-psdcFDRM78E-7602', 'youtube', 'psdcFDRM78E', document.getElementById('yt-psdcFDRM78E-7602'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-psdcFDRM78E-7602 src="https://www.youtube.com/embed/psdcFDRM78E?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Pero, &iquest;cu&aacute;l era la justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica de sus palabras? Seg&uacute;n Jorge Salessi, <em>&ldquo;Las definiciones de contravenciones de los C&oacute;digos y Edictos policiales eran le&iacute;das y construidas arbitrariamente y serv&iacute;an para instalar, regular y reforzar por medio de la polic&iacute;a normas de respetabilidad y comportamiento burgu&eacute;s entre las clases medias en formaci&oacute;n. Los C&oacute;digos y Edictos que defin&iacute;an contravenciones policiales rigieron en Buenos Aires desde 1870 aproximadamente. Pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo diecinueve y los primeros del siglo veinte se hicieron evidentes un aumento considerable y una mayor especificaci&oacute;n de regulaciones utilizadas para vigilar y controlar los espacios del ocio, las reuniones y formas de entretenimiento de las clases bajas y del movimiento obrero.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en la democracia con la <em>&ldquo;que se come, se educa, se cura&rdquo;</em>, la libertad de las lesbianas, las travestis, los putos, las personas trans y bisexuales no era parte del discurso. <strong>Los edictos policiales quedaron intactos y activos,</strong> el Art&iacute;culo 2&deg; F que se&ntilde;alaba como objeto de detenci&oacute;n a <em>&ldquo;los que se exhibieren en la v&iacute;a p&uacute;blica con ropas del sexo contrario&rdquo;</em> era el m&aacute;s utilizado para detener a las personas trans y travestis, y el Art&iacute;culo 2&ordm; H <em>&ldquo;a las personas de uno u otro sexo que p&uacute;blicamente incitaren o se ofrecieren al acto carnal&rdquo;</em> daba marco legal para las detenciones en la v&iacute;a p&uacute;blica o en locales de ocio, mayoritariamente a putos, pero tambi&eacute;n a lesbianas. El brazo ejecutor fueron sobre todo las <em>eficientes</em> comisar&iacute;as 17 y 19 de Barrio Norte, y la corrupta y lumpen divisi&oacute;n Moralidad de la Polic&iacute;a Federal m&aacute;s interesada en las coimas que en el <em>orden democr&aacute;tico</em>. Dos de los cabecillas de la esforzada represi&oacute;n a las identidades no heterosexuales eran el comisario Benito Mola (al que apodaban &ldquo;Benito el terrible&rdquo;) y el oficial principal D&iacute;az (al que apodaban &ldquo;Chupete&rdquo;), justos &eacute;mulos del tristemente recordado comisario Margaride, de larga trayectoria represiva ejercida bajo la presidencia de Guido, la dictadura de Ongan&iacute;a y el &uacute;ltimo gobierno de Per&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esa democracia, la que no nos consideraban ni siquiera algo, tuvo que ser zarandeada por las primeras organizaciones activistas, que denunciamos la represi&oacute;n, creamos comunidad, e intentamos lograr un v&iacute;nculo con aquellos que nos deb&iacute;an la protecci&oacute;n constitucional y legal; principalmente partidos pol&iacute;ticos, el Poder Legislativo y el Ejecutivo, pero tambi&eacute;n los organismos de Derechos Humanos a quienes consider&aacute;bamos nuestros aliados naturales. La tarea no fue nada f&aacute;cil. Es m&aacute;s, por momentos fue frustrante, algunos directamente nos discriminaban, otros ni siquiera entend&iacute;an qu&eacute; quer&iacute;amos, otros nos subvaloraban, otros sencillamente nos cerraron la puerta en la cara, desconoci&eacute;ndonos una vez m&aacute;s. Los primeros y escasos apoyos del mundo de la pol&iacute;tica fueron m&aacute;s personales que program&aacute;ticos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9058f095-9b2d-4e23-8f24-31a32f2ec553_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9058f095-9b2d-4e23-8f24-31a32f2ec553_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9058f095-9b2d-4e23-8f24-31a32f2ec553_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9058f095-9b2d-4e23-8f24-31a32f2ec553_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9058f095-9b2d-4e23-8f24-31a32f2ec553_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9058f095-9b2d-4e23-8f24-31a32f2ec553_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9058f095-9b2d-4e23-8f24-31a32f2ec553_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Carlos Jaúregui en la segunda marcha del orgullo que se realizó en Buenos Aires, en 1993."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Carlos Jaúregui en la segunda marcha del orgullo que se realizó en Buenos Aires, en 1993.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A pesar de la escasa receptividad nos organizamos de m&uacute;ltiples formas, construimos y nos separamos, discutimos, debatimos y ajustamos estrategias. Empezamos a salir a las calles. Mientras tanto llor&aacute;bamos a las primeras v&iacute;ctimas del sida, amigos, novios, amantes, compa&ntilde;eros, conocidos, extra&ntilde;os. Nos dimos a conocer exigiendo derechos, reclamando contra la represi&oacute;n. No fuimos populares entre muchas personas LGTBI+ de aquellos a&ntilde;os. El machismo y la misoginia salpicaba a toda la sociedad. Ni que hablar del rechazo que sufrieron much&iacute;simas compa&ntilde;eras travestis y trans sin las cuales las primeras marchas del Orgullo no hubieran sido lo mismo. Vuelvo a citar a Carlos J&aacute;uregui, quien sol&iacute;a decir que &ldquo;<em>el movimiento debe tener cuatro patas: gays, lesbianas, travestis y transexuales. Si una pata faltaba, el movimiento se ven&iacute;a abajo&rdquo;. </em>Hoy, cuando todo lo que se logr&oacute; puede estar en peligro ante el avance reaccionario mundial y nacional, es claro que un colectivo LGTBI+ fuerte y diverso es la mejor barrera de contenci&oacute;n a los anti derechos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les fueron nuestros logros y cu&aacute;ndo dejamos de ser ciudadan&iacute;a de segunda? El primer hito de nuestro colectivo es cuando se empiezan a multiplicar las organizaciones y se crean diferentes grupos de putos, lesbianas, travestis, personas trans y bisexuales. Luego<strong> la organizaci&oacute;n de la Primera Marcha del Orgullo en 1992 convocada por siete organizaciones</strong> (entre ellas Gays DC que integr&aacute;bamos varios activistas que hab&iacute;amos roto con la CHA como Carlos J&aacute;uregui, C&eacute;sar Cigliutti, Marcelo Ferreyra, Luis Bigli&eacute;, Ricardo Gonz&aacute;lez, Juan Pablo Fern&aacute;ndez, Alejandro Modarelli y quien escribe). En medio, como si faltara valor, <strong>querellamos por discriminaci&oacute;n al Cardenal Primado de la Argentina, Monse&ntilde;or Quarraccino.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76621e30-a9ba-4257-926c-4f57386b22e7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76621e30-a9ba-4257-926c-4f57386b22e7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76621e30-a9ba-4257-926c-4f57386b22e7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76621e30-a9ba-4257-926c-4f57386b22e7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76621e30-a9ba-4257-926c-4f57386b22e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76621e30-a9ba-4257-926c-4f57386b22e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/76621e30-a9ba-4257-926c-4f57386b22e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="José Luis Navarro  y Miguel Calefato, la primera pareja que estrenó el matrimonio igualitario en 2010."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                José Luis Navarro  y Miguel Calefato, la primera pareja que estrenó el matrimonio igualitario en 2010.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En 1994 con la reforma de la Constituci&oacute;n Nacional se dota de autonom&iacute;a a la ciudad de Buenos Aires, la cual necesita crear sus leyes. La primera, una Constituci&oacute;n propia. Para ello se abre un sistema de participaci&oacute;n ciudadana que acerc&oacute; propuestas. Sobre una idea de J&aacute;uregui, el equipo de abogados de Gays DC elabor&oacute; un documento que se presentar&iacute;a ante la&nbsp;Asamblea Estatuyente&nbsp;de la ciudad, que comenzaba a sesionar el 19 de julio de 1996. Lo deb&iacute;an discutir los integrantes de esa Asamblea, aprobar e incorporar a la Constituci&oacute;n. Fue uno de los procesos activistas que m&aacute;s apoyo recibi&oacute; de la ciudadan&iacute;a, referentes culturales y diversas personalidades de la pol&iacute;tica y la sociedad. Ya no est&aacute;bamos tan solos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pretend&iacute;amos era que la ciudad protegiera constitucionalmente el derecho a ser diferente y que por ser diferente ning&uacute;n ciudadano fuera discriminado. En un principio el ala conservadora que encabezaba<strong> Carlos Ruckauf</strong> estaba completamente en contra. Fue un trabajo arduo de convencimiento, donde el colectivo LGTBI+ no ces&oacute; en sus intenciones.
    </p><p class="article-text">
        El 20 de agosto de 1996 muere Carlos J&aacute;uregui, diez d&iacute;as despu&eacute;s la Asamblea Estatuyente aprueba por unanimidad lo que se conoce como <strong>cl&aacute;usula antidiscriminatoria</strong>, que en realidad es el Art&iacute;culo 11 de la Constituci&oacute;n de la Ciudad de Buenos Aires que dice que, <em>&ldquo;Todas las personas tienen id&eacute;ntica dignidad y son iguales ante la ley. Se reconoce y garantiza el derecho a ser diferente, no admiti&eacute;ndose discriminaciones que tiendan a la segregaci&oacute;n por razones o con pretexto de raza, etnia, g&eacute;nero, orientaci&oacute;n sexual, edad, religi&oacute;n, ideolog&iacute;a, opini&oacute;n, nacionalidad, caracteres f&iacute;sicos, condici&oacute;n psicof&iacute;sica, social, econ&oacute;mica o cualquier circunstancia que implique distinci&oacute;n, exclusi&oacute;n, restricci&oacute;n o menoscabo. La Ciudad promueve la remoci&oacute;n de los obst&aacute;culos de cualquier orden que, limitando de hecho la igualdad y la libertad, impidan el pleno desarrollo de la persona y la efectiva participaci&oacute;n en la vida pol&iacute;tica, econ&oacute;mica o social de la comunidad&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Un sue&ntilde;o en vida de Carlos que no pudo ver realizado, pero que signific&oacute; el primer gran logro de jurisprudencia en la Argentina para pensar todas las leyes del &aacute;mbito provincial o nacional que se conquistaron en las d&eacute;cadas posteriores como la Ley de Matrimonio para personas del mismo sexo, la Ley de Identidad de G&eacute;nero, el Ley de Cupo Laboral Trans, o la Ley de Fertilizaci&oacute;n Asistida, entre otras.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8090b8f4-fd69-4660-821d-00de667db08f_16-9-aspect-ratio_50p_1084468.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8090b8f4-fd69-4660-821d-00de667db08f_16-9-aspect-ratio_50p_1084468.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8090b8f4-fd69-4660-821d-00de667db08f_16-9-aspect-ratio_75p_1084468.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8090b8f4-fd69-4660-821d-00de667db08f_16-9-aspect-ratio_75p_1084468.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8090b8f4-fd69-4660-821d-00de667db08f_16-9-aspect-ratio_default_1084468.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8090b8f4-fd69-4660-821d-00de667db08f_16-9-aspect-ratio_default_1084468.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8090b8f4-fd69-4660-821d-00de667db08f_16-9-aspect-ratio_default_1084468.jpg"
                    alt="El Congreso de la Nación con los colores de la diversidad para celebrar un nuevo aniversario de la sanción de la ley de matrimonio igualitario."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El Congreso de la Nación con los colores de la diversidad para celebrar un nuevo aniversario de la sanción de la ley de matrimonio igualitario.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En 40 a&ntilde;os de democracia las lesbianas, las travestis, los putos, las personas trans y bisexuales hemos aportado much&iacute;simo para su consolidaci&oacute;n, mejora y profundizaci&oacute;n. <strong>La Argentina tambi&eacute;n es una sociedad m&aacute;s justa por los derechos peleados y conquistados por la agenda del colectivo LGTBI+ y eso es reconocido a nivel mundial.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero la democracia nos debe los a&ntilde;os en donde fuimos ciudadan&iacute;a de segunda. Que los vivimos sin derechos, bajo leyes anticonstitucionales represivas, donde el Estado no reconoc&iacute;an nuestra identidad ni proteg&iacute;a nuestra orientaci&oacute;n sexual, ni nuestra forma de amar, ni el derecho a garantizar legalmente nuestras familias.<strong> Tiempos donde quienes vivimos con VIH tuvimos que exigir por nuestras vidas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o de este momento es proteger la democracia, los derechos conquistados, avanzar en lo que falta, exigir las leyes que nos deben, garantizar la protecci&oacute;n de las infancias LGTBI+, hacer cumplir la aplicaci&oacute;n real de la Ley de Educaci&oacute;n Sexual Integral en todas las escuelas y colegios del territorio, y sobre todo no dar ni un solo paso atr&aacute;s. Para ello debemos estar muy alertas y saber que nuestro mayor poder reside en las calles, con nuestros reclamos, pero tambi&eacute;n con nuestra alegr&iacute;a, y celebr&aacute;ndonos orgullosos de ser lo que queremos ser. Celebrarnos, s&iacute;, que mucho nos ha costado llegar hasta ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>GP/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gustavo Pecoraro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/anos-deben_129_10672438.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Nov 2023 03:01:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/52f4db7d-bcc4-475e-8f12-b5e89402ded2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9118872" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/52f4db7d-bcc4-475e-8f12-b5e89402ded2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9118872" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los años que nos deben]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/52f4db7d-bcc4-475e-8f12-b5e89402ded2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Orgullo LGTBI,Comunidad Homosexual Argentina (CHA),Homosexualidad,LGBTIQ+,Discriminación,40 años de democracia]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
