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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Karina Niebla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/karina-niebla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Karina Niebla]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fenómeno barrial: Union Berlin, el club de fútbol que cruzó las fronteras y se convirtió en símbolo de lucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fenomeno-barrial-union-berlin-club-futbol-cruzo-fronteras-convirtio-simbolo-lucha_129_12630549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d59158fb-908c-478a-bd49-c1e2a21544de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fenómeno barrial: Union Berlin, el club de fútbol que cruzó las fronteras y se convirtió en símbolo de lucha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cuadro del barrio de Köpenick mezcla vida comunitaria, disidencia histórica y hasta participación en la Champions League. A tono con el espíritu diverso de la capital alemana, hoy también nuclea a inmigrantes huérfanos de fútbol y pertenencia.
</p></div><p class="article-text">
        En K&ouml;penick, al sudeste de Berl&iacute;n, las bufandas rojas se izan en los balcones como si fueran banderas de un pa&iacute;s paralelo. El tranv&iacute;a amarillo hacia el estadio contiene una marea carm&iacute;n hecha de camisetas, gorros y pines. Hoy es domingo y el Union Berlin juega en casa. Pero no tiene que ser un d&iacute;a importante para ver estas escarapelas: ac&aacute; el club es una pertenencia cotidiana, un comentario en la panader&iacute;a, una bandera detr&aacute;s de la caja en la farmacia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Union Berlin se cuenta a s&iacute; mismo como un milagro de barrio. Es propiedad de sus socios, que literalmente dejan todo por &eacute;l: donaron sangre y entregaron lo recaudado al club para salvarlo de la bancarrota. </strong>Pudo ascender porque, para cumplir con las exigencias de la liga, sus hinchas reconstruyeron el estadio con m&aacute;s de <strong>140.000 horas de trabajo voluntario</strong>. Es historia, pero sobre todo es un tono, un nosotros, una forma de hacer barrio y tambi&eacute;n ciudad, incluso m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la capital alemana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Porque ese nosotros adopt&oacute; a muchos que vinieron de lejos, argentinos incluidos</strong>. Como a Gonzalo G&oacute;mez Sullain, hijo biol&oacute;gico de Villa Lugano y adoptivo de K&ouml;penick. &ldquo;<strong>Reci&eacute;n llegado, entend&iacute; que barrio y club van de la mano</strong>. Union Berlin me dio identidad y me abri&oacute; puertas&rdquo;, recuerda. O a Alejandro Ca&ntilde;abate, que aterriz&oacute; en la ciudad casi sin alem&aacute;n y a fuerza de trabajo termin&oacute; siendo su canchero oficial y enlace de los jardineros con el cuerpo t&eacute;cnico del cuadro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Aprend&iacute; el oficio y el berlin&eacute;s. Mis compa&ntilde;eros del Union me hicieron un lugar.</strong> Trabajo para el club y para la gente&rdquo;, cuenta Alejandro parado frente al verde que cuida como si fuera un altar. Corre la mirada hacia los hinchas que le sacan fotos al pasto. &ldquo;Me siento orgulloso&rdquo;, dice de su obra y su casa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Alejandro Cañabate, aterrizó en la ciudad casi sin alemán y terminó siendo el canchero oficial del Unión Berlín."
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                Alejandro Cañabate, aterrizó en la ciudad casi sin alemán y terminó siendo el canchero oficial del Unión Berlín.                            </span>
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        La historia del Union Berlin es tan vasta que tambi&eacute;n desborda fronteras. Por ejemplo, las de esta columna. Con mi mayor poder de s&iacute;ntesis, dir&eacute; que siempre se identific&oacute; con la clase obrera del este berlin&eacute;s, en particular los metal&uacute;rgicos. Que por eso a sus hinchas y jugadores se los llama los &ldquo;Eisernen&rdquo;, es decir, &ldquo;los de hierro&rdquo;. Y que <strong>en la Alemania dividida, fue el disidente del Este y contrapunto del Dynamo, el club berlin&eacute;s &ldquo;oficial&rdquo;, respaldado por la Stasi, la polic&iacute;a secreta de la Alemania socialista.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tras la ca&iacute;da del Muro, el Union Berlin sostuvo su lugar a fuerza de amor de socios, campa&ntilde;as comunitarias y un minimalismo orgulloso: <strong>sin concursos, presentaciones ni m&uacute;sica en los goles</strong> (como s&iacute; ocurre con otros clubes europeos), y con el viejo marcador manual a&uacute;n en funciones. El mismo esp&iacute;ritu desafiante que<strong> lleva a su hinchada a hacer 15 minutos de silencio cada vez que juega contra el RB Leipzig, para denunciar el modelo corporativo del rival</strong> (fundado por Red Bull) y representar as&iacute; &ldquo;la muerte del f&uacute;tbol&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Gente en domingo</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>El d&iacute;a de partido es una liturgia larga, de cinco horas si hace falta: dos horas antes ya hay salchichas, jardines cerveceros alrededor del estadio, charlas que no necesitan pelota para empezar</strong>. Para quienes no somos del barrio, la peregrinaci&oacute;n suele arrancar en el S-Bahn (tren metropolitano) y rematar en el tranv&iacute;a 60 o 67. En los andenes se cruzan turistas curiosos y vecinos que llevan bufandas rojas aunque haga calor, prolijamente dobladas en una bolsa.
    </p><p class="article-text">
        Dentro del estadio, hay un manifiesto de pie: <strong>gran parte del aforo mira el partido parado, &ldquo;hombro con hombro&rdquo;,</strong> uno de los lemas del club. Tras su ampliaci&oacute;n, que estar&iacute;a lista en dos a&ntilde;os, habr&aacute; 32.000 lugares de pie y 8.000 asientos, en l&iacute;nea con las reglas de la Bundesliga. No abundan los estadios as&iacute;, y esa postura vertical explica algo del &aacute;nimo resistente del &ldquo;unioner&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; los mandamientos son claros: &ldquo;No silb&aacute;s al equipo y siempre te qued&aacute;s hasta el final, para aplaudir&rdquo;, resume Alejandro. Gonzalo confirma: &ldquo;<strong>Nunca escuch&eacute; insultar al equipo, ni en los peores momentos. A lo sumo un &lsquo;&iexcl;Despierten!</strong>&rdquo;.
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                    alt="Tras dos años de refacciones, el estadio seguirá teniendo 32.000 lugares de pie y 8.000 asientos porque en el  Unión Berlín los partidos se miran &quot;hombro con hombro&quot;."
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                Tras dos años de refacciones, el estadio seguirá teniendo 32.000 lugares de pie y 8.000 asientos porque en el  Unión Berlín los partidos se miran &quot;hombro con hombro&quot;.                            </span>
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        El canto de los hinchas empieza incluso mucho antes del partido, cuando los jugadores salen a la cancha y son recibidos uno a uno al grito de &ldquo;&iexcl;Fu&szlig;ball G&ouml;ttin!&rdquo; o &ldquo;&iexcl;Fu&szlig;ball Gott!&rdquo;, diosa o dios del f&uacute;tbol seg&uacute;n se trate del equipo femenino o el masculino.
    </p><p class="article-text">
        Pero ah&iacute; no se acaban las diferencias con el f&uacute;tbol argentino o de otras ciudades alemanas. &ldquo;<strong>En Berl&iacute;n es muy com&uacute;n ver hinchas de los dos equipos yendo en el tren y, en general, es todo muy pac&iacute;fico</strong>&rdquo;, resalta Gustavo Prepelitchi, argentino que sigui&oacute; al club por Europa. Otro factor distintivo es el <strong>alcohol en el estadio</strong>, que se puede comprar incluso ah&iacute; adentro, en vasos cuyos textos y fotos cambian de un partido a otro. &ldquo;Si metemos un gol, habr&aacute; lluvia de cerveza. Cuanto m&aacute;s picante es el partido, m&aacute;s cerveza llover&aacute;&rdquo;, advierte Gonzalo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>M&aacute;s all&aacute; del f&uacute;tbol</strong></h2><p class="article-text">
        La vida del club excede los 90 minutos. Uni&oacute;n tambi&eacute;n es sede de convenciones barriales, jornadas inclusivas para personas con discapacidad y hasta convocatorias incre&iacute;bles a ojos argentinos. <strong>Para el Mundial de Brasil, por ejemplo, invitaron a los vecinos a llevar sus sof&aacute;s para ver los partidos sobre el c&eacute;sped. Y cada 23 de diciembre llenan el estadio con hinchas que entonan villancicos y canciones del Uni&oacute;n</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Ac&aacute; la gente no viene a ver f&uacute;tbol: viene al Uni&oacute;n. Y les da lo mismo si juega var&oacute;n o mujer</strong>&rdquo;, resume el espa&ntilde;ol Julio S&aacute;nchez, vicepresidente de la asociaci&oacute;n de fans Eiserne Internationals. Lo dice en las gradas entre canto y canto al equipo femenino, que se profesionaliz&oacute; y trep&oacute; de la tercera a la primera en dos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay una nutrida agenda social, trabajada entre la fundaci&oacute;n del club y las asociaciones de fans. <strong>&ldquo;Organizamos torneos de dardos, bowling, lecturas de libros y colectas de ropa de invierno para gente que vive en la calle&rdquo;</strong>, enumera Silvio Titzmann, miembro fundador del fans club Grenzenlos Eisern (Herreros Sin Fronteras) y uno de los que m&aacute;s sabe de la historia de Union.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero no todo es idilio. Muchos hinchas desconf&iacute;an de cualquiera que haya conseguido entrada sin ser local. Los m&aacute;s viejos, incluso, miran de reojo a todo llegado del Oeste. </strong>Y, con el crecimiento del club, aparecieron problemas, como las <strong>calles y el S-Bahn saturados los d&iacute;as de partido</strong>. Resolver lo primero es lo m&aacute;s dif&iacute;cil: hace falta paciencia, respeto y mucho tiempo. Pero ya se tomaron cartas en el asunto para solucionar lo segundo: se est&aacute; <strong>ampliando la estaci&oacute;n K&ouml;penick del S-Bahn </strong>y se planifica abrir una calle al lado del estadio que alivie la circulaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Gonzalo Gómez Sullain, hijo biológico de Villa Lugano y adoptivo de Köpenick.                            </span>
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        Incluso esa faceta m&aacute;s ejecutiva no est&aacute; exenta de desaf&iacute;os. <strong>Es complejo dotar de equipamiento urbano a un barrio caracterizado por su paisaje natural.</strong> Casi la mitad del distrito Treptow-K&ouml;penick est&aacute; cubierta por naturaleza: un 40% de bosques y otro 12% de r&iacute;os y lagos, de acuerdo con datos del Senado de Berl&iacute;n. De hecho, el estadio del Uni&oacute;n se llama An der Alten F&ouml;rsterei, que en alem&aacute;n significa &ldquo;En la vieja casa forestal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso,<strong> la pregunta inevitable es si Uni&oacute;n sobrevivir&aacute; al crecimiento</strong>. Berl&iacute;n sabe de modas, y el club camina hace a&ntilde;os por el borde entre el barrio y la vidriera internacional, habiendo competido incluso en torneos como la Champions.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Cuando el estadio crezca de 22.000 a 40.000 espectadores, ser&aacute; un desaf&iacute;o mantener el esp&iacute;ritu</strong>&rdquo;, admite Silvio. Pero tambi&eacute;n sabe que es una nueva oportunidad de incluir: &ldquo;Quisiera que pudieran venir m&aacute;s j&oacute;venes, que viven el club de otras formas. Ahora es s&uacute;per dif&iacute;cil porque el recinto es peque&ntilde;o y desde hace muchos a&ntilde;os no hay nuevos abonos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es domingo y cae el sol, como un rato antes cay&oacute; el gol de un rival futbol&iacute;sticamente m&aacute;s grande. El &ldquo;Tafelmann&rdquo; (hombre del tablero) gir&oacute; las hojas del marcador manual. Algunos lamentaron, pero todos aplaudieron y se quedaron hasta el final. Me voy a tomar el S-Bahn junto a miles de esos hinchas con la escena en la cabeza: un equipo que juega y una comunidad que siempre alienta. <strong>La victoria o la derrota son apenas estaciones en torno a un club que invita a quedarse</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Nota al pie:</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Esta columna tiene una dimensi&oacute;n testimonial inesperada: la entrevista con Silvio Titzmann, figura clave de la memoria de Union Berlin, fue la &uacute;ltima que concedi&oacute;. Muri&oacute; a los 50 a&ntilde;os, el 4 de septiembre de 2025. Queda, adem&aacute;s del relato, su voz como testigo del club que am&oacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fenomeno-barrial-union-berlin-club-futbol-cruzo-fronteras-convirtio-simbolo-lucha_129_12630549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Sep 2025 09:44:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fenómeno barrial: Union Berlin, el club de fútbol que cruzó las fronteras y se convirtió en símbolo de lucha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escala humana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Delhi: entre la vaca en la ruta y el subte que vuela ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/delhi-vaca-ruta-subte-vuela_129_12594036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90daef74-87e7-43ea-ae78-a4f9b6db0634_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Delhi: entre la vaca en la ruta y el subte que vuela "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la capital india, el tránsito es un laboratorio de transiciones y contradicciones. El metro se expande a toda velocidad mientras millones dependen de tuctucs y mototaxis, que a su vez se electrifican más rápido que los autos. Mientras tanto, las mujeres siguen teniendo que usar aplicaciones y coches de metro exclusivos para poder viajar seguras.
</p></div><p class="article-text">
        Una vaca, dos vacas, tres vacas. Ac&aacute; en la India son sagradas pero tambi&eacute;n son flacas. Hacen piquete en esta ruta camino a Gurgaon, el distrito tecnol&oacute;gico al sur de Nueva Delhi, la capital del pa&iacute;s. Los motoqueros est&aacute;n habituados a esquivarlas, a ellas y a la basura alrededor de los simb&oacute;licos tachos. Unos 15 metros m&aacute;s arriba corre el metro de una red que en cuatro a&ntilde;os sumar&aacute; a sus 350 kil&oacute;metros otros 140. Que este pa&iacute;s tiene tantas contradicciones como millones de habitantes es un clich&eacute;. Pero eso no lo hace menos verdadero.
    </p><p class="article-text">
        El tr&aacute;nsito en Delhi es an&aacute;rquico m&aacute;s all&aacute; de lo imaginable. <strong>El sobrepaso es regla y la calle, una pista. Los bocinazos </strong>no son queja ni anuncio extraordinario: <strong>son una se&ntilde;al de tr&aacute;nsito para exigir que abran paso</strong>. El hilo perpetuo de bocinas seguidas jam&aacute;s se interrumpe, a lo sumo se achica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Adentro de un tuctuc o autorickshaw por las calles de Nueva Dehli.                            </span>
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        Caminar es de guapo: <strong>&ldquo;S&oacute;lo el 30% de las calles de Delhi tienen vereda&rdquo;, </strong>me dice el acad&eacute;mico Pravesh Biyani, docente del Instituto de Tecnolog&iacute;a de la Informaci&oacute;n Indraprastha (IIIT-Delhi). En la c&eacute;ntrica Vieja Delhi, el reto se redobla: sus pasajes no son peatonales pero s&iacute; estrechos, y a veces hay que meter el pie en un pozo antes que perderlo tras el paso de una moto.
    </p><p class="article-text">
        Ser chofer tambi&eacute;n exige coraje, si lo que se maneja es un veh&iacute;culo de dos o tres ruedas, esos taxis en forma de motos y triciclos, a tracci&oacute;n a sangre o motor. &ldquo;Mi esposo tiene un mototaxi y termin&oacute; con el brazo quebrado despu&eacute;s de que un colectivo le pasara por al lado a toda velocidad y lo terminara tirando&rdquo;, me cuenta Rashmi Chowdhury, que tambi&eacute;n conduce uno. <strong>Un tercio de los viajes que hace ella son para buscar o dejar a alguien en el subte</strong>. La red del metro crece pero a&uacute;n no resuelve la &uacute;ltima milla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasa cuando la gente tiene acceso limitado o nulo a transporte p&uacute;blico, pero no tiene auto y necesita moverse igual?&rdquo;, se pregunta Andrea San Gil Le&oacute;n, ingeniera ambiental y directora ejecutiva de la Global Network of Popular Transportation (GNPT)</strong>, red integrada por investigadores, activistas, empresas e instituciones. <strong>La respuesta es el transporte popular</strong>, un t&eacute;rmino que prefiere en lugar de &ldquo;informal&rdquo;, para reconocer su rol p&uacute;blico y frenar su mala fama.
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                La autora a bordo de un tuctuc.                            </span>
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        Y no hay mejor lugar para experimentar el transporte popular que Delhi, la capital de un pa&iacute;s cuya <strong>flota vehicular tiene dos o tres ruedas en el &iexcl;83%! de los casos</strong>. Tras una exploraci&oacute;n de dos a&ntilde;os, la GNPT invit&oacute; a periodistas como esta servidora a coronar la labor con su Delhi Deep Dive Study Tour: un viaje con la lupa puesta en esos veh&iacute;culos m&aacute;s chicos, fundamentales para navegar un tr&aacute;nsito siempre en colapso.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo que el transporte dice de Delhi</strong></h2><p class="article-text">
        La movilidad revela de qu&eacute; est&aacute; hecha una sociedad, quiz&aacute;s m&aacute;s que ning&uacute;n otro aspecto. Y Delhi no es la excepci&oacute;n. <strong>Hay regateo tanto en los tuctucs como en los mercados, los bazares, los pasillos del Parlamento</strong> y las salas de reuniones de las multinacionales. <strong>Hay contradicci&oacute;n en todas partes, como en la convivencia entre buses desfinanciados y metro de primer nivel</strong>, aunque antes del molinete haya que pasar por un detector de metales, meter la mochila en una m&aacute;quina de rayos X y comprometerse a no tomar ninguna foto.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, hay una pobreza estructural que impide a millones acceder al subte. La misma que obliga a tantos a sustentarse como choferes de veh&iacute;culos de dos y tres ruedas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y hay una <strong>desigualdad de g&eacute;nero tal, que el Estado habilit&oacute; espacios exclusivamente femeninos en colectivos y subte para intentar frenar acosos y abusos</strong>, en una ciudad donde el espacio p&uacute;blico es inseguro para las mujeres en general.
    </p><p class="article-text">
        Algunas cosas cambiaron con el tiempo. Hoy apps como Uber, Ola y Rapido dan opciones que <strong>las mujeres indias consideran m&aacute;s seguras, como el mototaxi</strong>. A diferencia de un auto o un tuctuc, en dos ruedas todo est&aacute; a la vista y no hay puntos ciegos que oculten el acoso o hagan dif&iacute;cil la huida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Mototaxistas. Al frente, la entrevistada Rashmi Chowdhury. Atrás Ajit Kumar Shukla, Vimal Kumar y Parvesh Kumar."
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                Mototaxistas. Al frente, la entrevistada Rashmi Chowdhury. Atrás Ajit Kumar Shukla, Vimal Kumar y Parvesh Kumar.                            </span>
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        Tambi&eacute;n los pagos cuentan otra historia. Aunque el efectivo sigue siendo rey para tuctucs, colectivos y taxis, un sistema digital llamado UPI volvi&oacute; ubicua la transferencia instant&aacute;nea por celular. La etiqueta tambi&eacute;n mut&oacute;: <strong>antes hab&iacute;a que discutir cada rupia, ahora la app resuelve la tarifa</strong>. Esas plataformas sirven no s&oacute;lo para contratar y pagar. Tambi&eacute;n permiten mapear, generar datos y, as&iacute;, avanzar de a poco en la integraci&oacute;n y la regulaci&oacute;n de estas formas de transporte popular. Un camino opuesto a la desregulaci&oacute;n que se impone en la Argentina.
    </p><p class="article-text">
        Hoy incluso hay mujeres que conducen tanto taxis como tuctucs y mototaxis. Una postal impensada hace apenas veinte a&ntilde;os, cuando la calle era un espacio casi exclusivamente masculino. Pero tampoco se borra el pasado de la noche a la ma&ntilde;ana.<strong> Las conductoras representan apenas el 1% del total de choferes</strong>. Y aplicaciones como Safetipin siguen siendo clave para moverse m&aacute;s seguras por la ciudad. La plataforma colaborativa permite puntuar cu&aacute;n seguro es un lugar en base a par&aacute;metros como iluminaci&oacute;n, densidad de peatones y presencia policial. <strong>Para las mujeres de Delhi, sin recaudos no hay ciudad.</strong>
    </p><h2 class="article-text"><strong>Descarbonizaci&oacute;n en la capital m&aacute;s contaminada</strong></h2><p class="article-text">
        Las calles de Delhi huelen a agua estancada, especias e incienso. Pero, tambi&eacute;n, a cientos de motores a combusti&oacute;n que vomitan humo negro. <strong>La ciudad suele ocupar el primer puesto entre las capitales m&aacute;s contaminadas. Y, aunque al principio llame la atenci&oacute;n, son los veh&iacute;culos de dos y tres ruedas los que se est&aacute;n electrificando m&aacute;s r&aacute;pido</strong>, m&eacute;rito de subsidios estatales, menores costos y la presi&oacute;n de una atm&oacute;sfera insufrible.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno impulsa estas transiciones con incentivos fiscales y l&iacute;neas de cr&eacute;dito. &ldquo;<strong>El 60% de los veh&iacute;culos de tres ruedas ya son el&eacute;ctricos</strong>&rdquo;, celebra Biyani. Una diferencia detectable a simple vista: carrocer&iacute;a verde y amarilla si anda a GNC; azul y blanca si es el&eacute;ctrico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Coche de metro para mujeres.                            </span>
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        Mientras tanto, el Estado complementa con medidas agresivas, como la prohibici&oacute;n de cargar combustible en autos di&eacute;sel de m&aacute;s de 10 a&ntilde;os y de nafta de m&aacute;s de 15, que se aplica desde julio con m&aacute;s quejas que &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta sigue abierta y atraviesa cada capa: <strong>&iquest;c&oacute;mo se avanza en acceso, descarbonizaci&oacute;n y seguridad en una metr&oacute;polis de m&aacute;s de 34 millones basada en la tradici&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo se hace para no desanimarse en el camino cuando el tr&aacute;nsito abruma y la realidad es un drama? </strong>Hay demasiado por hacer y el cambio avanza a los saltos. Quiz&aacute;s la respuesta est&eacute; en esas vacas flacas, sentadas en medio de la ruta: una convivencia improbable pero real, que hace creer que lo imposible es posible. Y que, pese a todo, igual hay que avanzar. En la calle y en la agenda.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/delhi-vaca-ruta-subte-vuela_129_12594036.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Sep 2025 09:40:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Delhi: entre la vaca en la ruta y el subte que vuela ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escala humana,Nueva Delhi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El boleto invisible: lo que Alemania puede enseñar sobre tarifas de transporte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/boleto-invisible-alemania-ensenar-tarifas-transporte_1_12546396.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1143d55d-0428-4655-81c1-9e1fe3f56be4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El boleto invisible: lo que Alemania puede enseñar sobre tarifas de transporte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin molinetes y con un sistema basado en la confianza, el país europeo logró integrar casi todo su transporte público bajo un mismo modelo tarifario. Mientras el Deutschlandticket permite recorrer el país por 58 euros al mes, en la Argentina la fragmentación de precios y subsidios vuelve cada viaje un rompecabezas cada vez más caro.
</p></div><p class="article-text">
        No hay molinetes. Pod&eacute;s subirte a cualquier subte o tren sin trabas. Tampoco ten&eacute;s que pasar tarjeta en tranv&iacute;as ni bondis: entr&aacute;s por cualquier puerta. Esa es una de las primeras cosas que llaman la atenci&oacute;n de quien llega a Alemania. Un sistema de transporte que no s&oacute;lo permite viajar m&aacute;s fluido, sino que adem&aacute;s ayuda a una de las mejores cosas que tiene este pa&iacute;s europeo (y que hoy est&aacute; en parte en riesgo): su modelo de tarifas.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de buena parte del mundo, <strong>el transporte p&uacute;blico alem&aacute;n tiene un modelo tarifario que integra el pa&iacute;s entero y casi todos los modos de transporte.</strong> Sus primeros pasos fueron las tarifas planas seg&uacute;n zonas, horarios o duraci&oacute;n del viaje. Su mayor logro: el <strong>Deutschlandticket, que por &euro;58 al mes permite viajar sin l&iacute;mites en subtes, colectivos, tranv&iacute;as, ferris y trenes metropolitanos y de larga distancia</strong>, a excepci&oacute;n de la inmensa mayor&iacute;a de los de alta velocidad. Hasta el monorra&iacute;l suspendido de Wuppertal y los ferris que navegan por el Elba est&aacute;n incluidos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Máquina automática de venta de boletos en terminal de ferry Elbphilharmonie en Hamburgo.                            </span>
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        Por un pu&ntilde;ado de euros, se puede ir m&aacute;s all&aacute;. <strong>Pagando un extra de &euro;2,50 ida</strong> (y otro tanto a la vuelta), <strong>pude llegar con mi Deutschlandticket a la ciudad polaca de Szczecin</strong>. Lo mismo corre para otras ciudades fronterizas alrededor de toda Alemania, aunque estos beneficios no se promocionen lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Todo esto se asienta en el llamado &ldquo;sistema de honor&rdquo; </strong>(<em>Ehrensystem</em> en alem&aacute;n), por el que nada te impide subirte a un transporte p&uacute;blico pero s&iacute; o s&iacute; ten&eacute;s que llevar un boleto, ya sea en papel validado en m&aacute;quinas en los andenes, en un ticket electr&oacute;nico en una aplicaci&oacute;n, o en un abono en una app o tarjeta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De vez en cuando aparecen controladores</strong>, la mayor&iacute;a en subtes y trenes. Si est&aacute;s en Alemania por pocos d&iacute;as, quiz&aacute;s jam&aacute;s te cruz&aacute;s uno. <strong>Si no ten&eacute;s boleto y te agarran, pag&aacute;s &euro;60 de multa.</strong> Y si se te apag&oacute; el celular para mostrarlo en la app, tambi&eacute;n sonaste. Pero, si ten&eacute;s suerte, mientras te bajan del coche pod&eacute;s pedirles un cargador, encender el tel&eacute;fono y mostrarles el ticket. Le pas&oacute; (literalmente) a una amiga.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Boletos, pases y abonos</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>El transporte p&uacute;blico alem&aacute;n est&aacute; organizado de lo particular a lo general, con principios de orden que le hacen honor al clich&eacute; prusiano</strong>. En cada ciudad y sus alrededores hay zonas con forma de anillos conc&eacute;ntricos, o bien dispuestas en cuadr&iacute;cula o distritos. El precio de los boletos locales dependen de cu&aacute;ntas zonas atraves&aacute;s, no de la distancia exacta. En Berl&iacute;n, AB es la ciudad central y C es periferia. As&iacute;, un pasaje AB cuesta menos que uno ABC. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ferry por el río Elba en Hamburgo incluido en el Deutschlandticket."
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            <span class="title">
                Ferry por el río Elba en Hamburgo incluido en el Deutschlandticket.                            </span>
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        <strong>Abramos el plano: el transporte a su vez se divide en asociaciones regionales, que pueden cubrir &aacute;reas metropolitanas </strong>(por ejemplo, la VBB en Berl&iacute;n-Brandeburgo o la HVV en Hamburgo y alrededores) o bien otro tipo de zonas urbanas. Aunque var&iacute;en en los detalles, todas comparten la misma l&oacute;gica de integraci&oacute;n: <strong>un solo boleto sirve para subte, colectivo, tranv&iacute;a, ferri y tren metropolitano.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En esa l&oacute;gica, no s&oacute;lo quienes tienen Deutschlandticket pueden gozar de los dones de la integraci&oacute;n tarifaria. <strong>Hay pases locales para viajar en todos los medios de transporte por dos horas al mismo precio</strong>, otros m&aacute;s baratos para trayectos cortos, e incluso diarios, semanales y mensuales. Tambi&eacute;n, grupales. <strong>Hasta los turistas acceden a tarifas planas en Berl&iacute;n y otras grandes ciudades alemanas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es cierto: el transporte p&uacute;blico alem&aacute;n est&aacute; en su peor momento</strong>. Su envejecida infraestructura, hoy en rehabilitaci&oacute;n, sigue causando buena parte de las demoras, cancelaciones e insatisfactorias reacciones de los empleados que, en el mejor de los casos, se encogen de hombros y, en el peor, sueltan gritos ante el reclamo del exigente alem&aacute;n promedio. Pero esta columna no se trata de servicios sino de tarifas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Consciente colectivo</strong></h2><p class="article-text">
        S&eacute; que un sistema de transporte sin barreras f&iacute;sicas es imposible en la Argentina (aunque al menos quisiera que los molinetes del subte no estuvieran separados por medio de pago). Pero tambi&eacute;n s&eacute; que<strong> la falta de plata no deber&iacute;a impedir que haya unidad tarifaria en nuestro pa&iacute;s, porque esta es m&aacute;s materia de esfuerzo que de econom&iacute;a</strong>. Nunca fuimos ricos, pero s&iacute; supimos alcanzar cierto nivel de integraci&oacute;n con la Red SUBE, mientras segu&iacute;amos con la ilusi&oacute;n de una Agencia de Transporte Metropolitano que jam&aacute;s puso primera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy llegamos al punto de que ni siquiera los especialistas en movilidad que consult&eacute; para esta nota saben bien cu&aacute;nto pagan por usar el transporte p&uacute;blico en el AMBA</strong>, entre diferencias de precio seg&uacute;n modo, descuentos de apps (que igual no ser&aacute;n eternos), aumentos tarifarios constantes y variaciones seg&uacute;n la tarjeta SUBE est&eacute; registrada o no.
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                Validador de boleto en la estación de S-Bahn Westkreuz en Berlín                            </span>
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        La atomizaci&oacute;n cada vez mayor de la red de colectivos hace que, <strong>para una misma distancia, un viaje en una l&iacute;nea de jurisdicci&oacute;n porte&ntilde;a o bonaerense hoy cueste casi 13% m&aacute;s que en una nacional</strong>. Y la brecha seguir&aacute; aumentando mientras se mantenga el esquema de subas mensuales basado en la inflaci&oacute;n m&aacute;s un 2% extra. Esa grieta es a&uacute;n mayor entre modos de transporte &ndash;con el subte en la cima de la pir&aacute;mide&ndash;, y todav&iacute;a m&aacute;s profunda entre el AMBA y el resto de las ciudades argentinas, sobre todo Rosario y C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, pronto se cumple un a&ntilde;o del<strong> desfinanciamiento de los descuentos de Red SUBE por parte del Estado nacional a las l&iacute;neas de colectivos que no sean de su jurisdicci&oacute;n</strong>. As&iacute;, las que operan exclusivamente dentro de la provincia de Buenos Aires ya no los tienen. Y las porte&ntilde;as los mantienen con fondos del Gobierno de la Ciudad, que asumi&oacute; el costo y lo anunci&oacute; con publicidad oficial en las propias paradas de colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Esta fractura de la propia Red SUBE agrega otra capa de complejidad: <strong>para saber cu&aacute;ntos pesos nos ahorramos si combinamos modos de transporte, hay que armar un diagrama de flujo mental</strong>. &iquest;Viajo s&oacute;lo dentro de la Ciudad de Buenos Aires? &iquest;Hago transbordo con un bondi nacional? &iquest;Conecto colectivo con tren y subte? &iquest;Cruzo de Provincia a Capital? &iquest;O voy s&oacute;lo en l&iacute;neas provinciales? &iquest;Me conviene pagar con la app del banco? &iquest;O uso la SUBE as&iacute; tengo el descuento en la siguiente combinaci&oacute;n? De las respuestas a esas preguntas depender&aacute; qu&eacute; modo elijamos. E igual quedar&aacute; por saber el monto a pagar, que variar&aacute; seg&uacute;n qu&eacute; medio se tome primero, o a qu&eacute; jurisdicci&oacute;n pertenezca cada uno.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Pasajeros en trance</strong></h2><p class="article-text">
        Consensuar una tarifa no es tarea f&aacute;cil. En Alemania implic&oacute; a&ntilde;os de trabajo y meses de debate oficial hasta definir un precio y acordar que la mitad de la plata para subsidiar el Deutschlandticket la pusiera el Gobierno federal, y la otra, cada estado federado. 
    </p><p class="article-text">
        Cada tanto sale alg&uacute;n alcalde, gobernador o diputado alem&aacute;n a quejarse de que los fondos federales no alcanzan a cubrir costos. Y el Gobierno federal se hace el sota mientras la inflaci&oacute;n sigue.<strong> En los &uacute;ltimos meses, Berl&iacute;n, Brandeburgo y Baviera amenazaron con abandonar el programa. As&iacute; las cosas, el Deutschlandticket resiste, pero a&uacute;n no est&aacute; fuera de peligro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Buenos Aires, en las ant&iacute;podas, es una advertencia de c&oacute;mo fragmentar la unidad tarifaria hasta hacerla un caleidoscopio atenta contra el uso del transporte p&uacute;blico y nos hace mover m&aacute;s lento, con m&aacute;s peligro y menor sostenibilidad. </strong>No s&oacute;lo eso: tambi&eacute;n empuja a que ciertos modos de transporte colapsen por la necesidad de pagar menos, aun cuando el trayecto resulte menos eficiente.
    </p><p class="article-text">
        Si la velocidad, la eficiencia o la reducci&oacute;n de emisiones no son motivos suficientes para apoyar una integraci&oacute;n tarifaria que nos haga la vida m&aacute;s f&aacute;cil, que sea entonces por algo que los adalides del libre mercado puedan entender: el vil metal. <strong>Ninguna econom&iacute;a que quiera ganar en competitividad y eficiencia puede prescindir de un transporte que movilice de manera r&aacute;pida y sencilla a sus trabajadores</strong>. Hasta los abogados del diablo saben que <strong>todo Gobierno, cualquiera sea su ideolog&iacute;a, deber&iacute;a apoyar una movilidad accesible y de calidad</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/boleto-invisible-alemania-ensenar-tarifas-transporte_1_12546396.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Aug 2025 09:58:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El boleto invisible: lo que Alemania puede enseñar sobre tarifas de transporte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escala humana,Alemania,Transporte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós a la Berlín que bailaba: los boliches bajo amenaza por presión inmobiliaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/adios-berlin-bailaba-boliches-amenaza-presion-inmobiliaria_129_12520858.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8101d5a4-3787-47f4-b2f0-e91106c14da7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós a la Berlín que bailaba: los boliches bajo amenaza por presión inmobiliaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudad es un faro nocturno gracias a su escena tecno, que fue declarada patrimonio cultural de la Unesco. Pero hoy lucha por no quedarse en silencio, entre el aumento del precio del suelo, la duplicación del alquiler, tarifas cada vez más altas y quejas de los vecinos.
</p></div><p class="article-text">
        Uno de los boliches m&aacute;s queridos de la escena berlinesa hoy es un bloque de oficinas grises, a tono con el a&uacute;n m&aacute;s plomizo verano alem&aacute;n. La fachada de ventanas del complejo Shed, entre las v&iacute;as del tren y el canal Neuk&ouml;llner, refleja la ciudad sin invitar a entrar. <strong>Del club Griessmuehle, que estuvo ah&iacute; de 2011 a 2020, no quedan huellas. Donde antes hab&iacute;a m&uacute;sica, textura y comunidad, ahora hay silencio climatizado y estacionamientos bajo tierra</strong>. Berl&iacute;n y lo que la hizo c&eacute;lebre est&aacute;n cambiando. Y no siempre para bien.
    </p><p class="article-text">
        Junto con los festivales tecno y las <em>parades</em>, los boliches berlineses son patrimonio cultural inmaterial de la Unesco. Y, tambi&eacute;n, uno de los motivos por los que tanta gente visita esta ciudad. <strong>Uno de cada cinco encuestados el a&ntilde;o pasado por el Quality Monitor Germany Tourism eligi&oacute; las fiestas y la vida nocturna como motivo para venir</strong>. Es la <em>Clubkultur</em> (&ldquo;cultura de clubes&rdquo;), algo m&aacute;s que baile, luces y drogas de dise&ntilde;o: tambi&eacute;n es generar comunidad, mostrarse como se es o como se quiera. &ldquo;Sin disfraz&rdquo;, cantar&iacute;a Federico. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Entrada del célebre boliche Berghain.                            </span>
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        &ldquo;Mucha gente viene de otras partes del mundo porque la cultura de clubes de ac&aacute; es muy distinta a las de otras ciudades, y eso la hace muy &uacute;nica. La gente, los trajes, el espacio en s&iacute; mismo: todo te atrapa&rdquo;, explica Anahita Safarnejad, que dirige un documental sobre el club Renate (<em>Un sue&ntilde;o que bailaba</em>) y, de paso, improvisa un <em>Clubkultur for dummies</em> a pedido de esta servidora.
    </p><p class="article-text">
        Dimitri, productor del documental, desarrolla: &ldquo;La gente que no encaja en la sociedad o en un trabajo, o que tiene el coraz&oacute;n roto encuentra ac&aacute; un hogar. Incluso quienes no tenemos traumas y s&iacute; un trabajo &lsquo;normal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero a <strong>la presi&oacute;n inmobiliaria</strong> le dan igual las declaratorias, las encuestas o la comunidad: <strong>cae sobre los pocos espacios que quedan en esta ciudad, esos que supieron abundar tras la ca&iacute;da del Muro</strong>. Su arma favorita: alquileres en aumento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El propio club Renate cerrar&aacute; sus puertas en diciembre cuando venza su contrato, cuyo monto se duplic&oacute; a&ntilde;o a a&ntilde;o</strong>. Sus socios no lograron renovar el alquiler con el propietario, el inversionista inmobiliario Gijora Padovicz, que desde los noventa adquiri&oacute; y vaci&oacute; edificios ocupados en Friedrichshain, y para 2007 ya hab&iacute;a acumulado m&aacute;s de 200 propiedades s&oacute;lo en ese barrio. As&iacute; terminan los 25 a&ntilde;os de historia de Renate, que Anahita y Dimitri buscan registrar antes de que se esfumen como ocurri&oacute; con el boliche que da inicio a la nota.
    </p><p class="article-text">
        No todas son malas noticias: los responsables de Griessmuehle pudieron abrir otro club, RSO, aunque en una zona con bastante menos noche. Es el mismo recinto que se ve, entre otros, en la reci&eacute;n estrenada <em>Rave On</em>, un canto cinematogr&aacute;fico a la <em>Clubkultur </em>a trav&eacute;s de los ojos de un DJ al que se le pas&oacute; el cuarto de hora. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Rave On, un canto cinematográfico a la Clubkultur a través de los ojos de un DJ al que se le pasó el cuarto de hora.                            </span>
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        Sin embargo, Ostkreuz, tradicional zona de la noche berlinesa, sigue asediada. Ahora, por la posible expansi&oacute;n de la autopista 100, que ya suscit&oacute; <em>raves </em>de protesta como la &ldquo;A100 Wegbassen&rdquo;. Adem&aacute;s de Renate, en esa zona hay muchos otros boliches, como ://about blank, que enfrenta otras amenazas. Por un lado, un proyecto de hotel justo al lado. Por el otro, su propia situaci&oacute;n econ&oacute;mica, tan delicada que hace unos meses sus socios salieron a pedir donaciones.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, <strong>no sorprende que el 46% de los responsables de boliches en Berl&iacute;n</strong> (hay entre 150 y 200, seg&uacute;n estimaciones no oficiales) <strong>est&eacute;n pensando en cerrar sus puertas antes de que termine el a&ntilde;o</strong>. As&iacute; lo indica una encuesta de Clubcommission, asociaci&oacute;n fundada en 2001 para representar y defender esta escena. Tanto es as&iacute; que <strong>los alemanes, fieles a su estilo, ya crearon otra palabra: </strong><em><strong>Clubsterben</strong></em><strong>, o la muerte de los clubes</strong>.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los cuatro jinetes</strong></h2><p class="article-text">
        Pero no es todo gentrificaci&oacute;n, aumento del precio del suelo y fin de contratos de alquiler. Los conflictos con los vecinos por el ruido tambi&eacute;n pesan. A&uacute;n recuerdo mi sorpresa al ver c&oacute;mo la versi&oacute;n berlinesa de la F&ecirc;te de la Musique terminaba a las diez de la noche. O cuando la polic&iacute;a nos sac&oacute; del puente Admiral (pr&aacute;cticamente peatonal y lleno de amigos reunidos) porque ya era hora de dormir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Las quejas por el ruido son una de las principales razones por las que muchos clubes tuvieron que cerrar, sobre todo en los barrios&rdquo;, admite Emiko Gejic, vocera de Clubcommission</strong>, que entre sus tantas tareas otorga fondos para que los clubes con menos plata puedan insonorizar sus instalaciones.
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            <span class="title">
                Boliches junto al río Spree, en el barrio Friedrichshain.                            </span>
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        La falta de protecci&oacute;n oficial tampoco ayuda: pese a los proyectos, los clubes nunca fueron declarados espacios culturales, no est&aacute;n protegidos ni pueden solicitar fondos.
    </p><p class="article-text">
        La frutilla del postre es el <strong>aumento de los costos operativos en una ciudad cada vez m&aacute;s cara</strong>. Cuesta pagar la factura de tantas horas de luces y sonido, m&aacute;s a&uacute;n con una crisis energ&eacute;tica con tantas vertientes: la invasi&oacute;n rusa a Ucrania, el abandono de la energ&iacute;a nuclear, la lentitud de la transici&oacute;n a renovables y la suba de los precios globales. Pero, adem&aacute;s, hay que desembolsar a&uacute;n m&aacute;s si el club est&aacute;, como suele pasar, en un edificio industrial construido cuando no hab&iacute;a buen aislamiento ni sistemas de calefacci&oacute;n modernos. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cambia, todo cambia</strong></h2><p class="article-text">
        Hasta el cambio clim&aacute;tico conspira en contra. En Berl&iacute;n llueve cada vez m&aacute;s y eso complica la vida de los clubs berlineses al aire libre, que con mal tiempo no pueden abrir o sufren da&ntilde;os en sus instalaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s est&aacute; el Covid. Ah, el Covid. <strong>Entre el impacto econ&oacute;mico sobre este tipo de espacios y los cambios en los h&aacute;bitos de salida, muchos boliches quedaron en el camino</strong>, como Watergate, que se despidi&oacute; a fin de a&ntilde;o con una fiesta de 35 horas y 40 DJs. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la pandemia, muchos clubes recibieron ayuda del Estado, pero ahora les toca devolver muchos de los fondos y paquetes de ayuda. Eso tambi&eacute;n genera una gran incertidumbre, sobre todo porque <strong>la cantidad de gente que va no volvi&oacute; al nivel pre pandemia</strong>&rdquo;, resalta Gejic. Tampoco se recuper&oacute; el caudal de turistas, otra gran fuente de ingresos.
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            <span class="title">
                Complejo de oficinas y universidad privada donde estaba el club Griessmuehle.                            </span>
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        <strong>&iquest;Les pesa esta situaci&oacute;n a los m&aacute;s j&oacute;venes? Las estad&iacute;sticas muestran que cada vez salen menos</strong>, tienen menor inter&eacute;s por la <em>Clubkultur </em>y consumen menos alcohol que otras generaciones. En otras palabras: les dejan menos plata a los boliches. &ldquo;<strong>La generaci&oacute;n m&aacute;s joven tiene menos necesidad de ir a un club para sentirse libre, porque ya puede ser quien es en la calle</strong>&rdquo;, se&ntilde;ala Safarnejad.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si podr&aacute; salvarse este pasado que alguna vez fue tan futuro. Si esta cultura intangible, que vive s&oacute;lo en quien la hace, puede resistir a este presente tan oscuro. Si subsistir&aacute; algo que no sea hacer dinero. O si esta escena cultural quedar&aacute; como un par&eacute;ntesis, una suerte de a&ntilde;os locos antes de que la ciudad gane cercos, indiferencia o silencio.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/adios-berlin-bailaba-boliches-amenaza-presion-inmobiliaria_129_12520858.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Aug 2025 13:43:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adiós a la Berlín que bailaba: los boliches bajo amenaza por presión inmobiliaria]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El secreto mejor guardado de la noche berlinesa no es el tecno, es el Späti]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/secreto-mejor-guardado-noche-berlinesa-no-tecno-spati_1_12488033.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd5251b3-b238-490a-ae90-3ef39c376f90_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122567.jpg" width="1906" height="1072" alt="El secreto mejor guardado de la noche berlinesa no es el tecno, es el Späti"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras Buenos Aires pierde su noche, Berlín resiste con sus kioscos 24/7. Con cerveza barata y mesas sobre veredas anchas, enseñan cómo mantener viva la ciudad cuando todo lo demás se apaga.
</p></div><p class="article-text">
        Hace diez meses escrib&iacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/noche-portena-apaga-pasa-ciudad-no-dormia_129_11664578.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una columna sobre el fin de la noche porte&ntilde;a</a> que me vali&oacute; insultos y elogios, pero que en cualquier caso se qued&oacute; corta en el Buenos Aires 2025: menos plata, m&aacute;s restaurantes y bares cerrados, horarios acotados y un transporte p&uacute;blico m&aacute;s deficiente, aunque el subte haya cerrado m&aacute;s tarde algunas veces. Hasta en Europa puede conseguirse una vida nocturna m&aacute;s intensa, al menos en Berl&iacute;n, aunque no por la raz&oacute;n que podr&iacute;a esperarse, que es su escena musical tecno. <strong>El rey de la noche ac&aacute; es el Sp&auml;ti</strong>, esa suerte de maxikiosco recargado, abierto hasta tarde, si no el d&iacute;a entero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Späti en el barrio berlinés de Kreuzberg.                            </span>
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        Seg&uacute;n datos oficiales, <strong>hay mil Sp&auml;tis en Berl&iacute;n, uno cada 3.600 habitantes</strong>. Todos se parecen, pero cada uno es &uacute;nico. La mayor&iacute;a est&aacute; en planta baja, pero tambi&eacute;n hay en subsuelos. Muchos sacan barras a la vereda cuando hay fiestas o eventos. Algunos tienen lo b&aacute;sico (bebidas, golosinas, revistas, puchos) y otros venden incluso chips de celular, billetes de loter&iacute;a, tests de embarazo, papel higi&eacute;nico, latas de comida para gatos y perros, ramen hecho a m&aacute;quina en el momento. Algunos tienen lockers para retirar env&iacute;os. Otros dejan imprimir papeler&iacute;o urgente. Un pu&ntilde;ado deja usar el ba&ntilde;o moneda mediante. Eso s&iacute;: siempre piden efectivo, o aceptan tarjeta reci&eacute;n a partir de los 5 o 10 euros. Para eso, algunos tienen hasta cajero.
    </p><p class="article-text">
        Pero <strong>hay algo que (casi) todos los Sp&auml;tis comparten y que casi no requiere plata: socializaci&oacute;n espont&aacute;nea</strong>. Dan un espacio donde sentarse y charlar al aire libre, ya sea en mesas de pl&aacute;stico y sillas de ca&ntilde;o como los kioscos del conurbano, o en tablones de madera, regados con destapadores y ceniceros. Tambi&eacute;n dan pie a seguir la fiesta en otra parte. 
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        Por eso, si los bares est&aacute;n llenos, el p&aacute;nico no cunde: compramos unas birras en un Sp&auml;ti y las tomamos sentados en un banco enfrente del bar del que perdimos acceso. Una experiencia parecida pero por un tercio del precio, m&eacute;rito de la <strong>calidad de los espacios p&uacute;blicos berlineses, con asientos en buen estado, frondoso arbolado p&uacute;blico y veredas a veces m&aacute;s limpias</strong> (tampoco tanto) que las que encontrar&iacute;a en Buenos Aires, para sentarse en el piso en caso de que lo dem&aacute;s falle.
    </p><p class="article-text">
        Desde ya, la mayor seguridad en materia de delitos favorece mucho a los Sp&auml;tis, aunque en todos lados se cuezan habas y ac&aacute; haya algunos ajustes de cuentas a los tiros y ataques con cuchillos. Pero la probabilidad de robos es sensiblemente menor. Y la baja intensidad lum&iacute;nica de Berl&iacute;n, que en otras capitales dar&iacute;a miedo, aqu&iacute; ayuda a realzar por contraste el brillo interno de estos negocios. 
    </p><p class="article-text">
        Para atraer a&uacute;n m&aacute;s miradas, los Sp&auml;tis apelan a <strong>marquesinas con luces coloridas, a veces a falsos neones, incluso a nombres con juegos de palabras</strong>, como Sp&auml;tify o Checkpoint Ali, en referencia al famoso paso fronterizo Checkpoint Charlie.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Späti en el barrio berlinés de Moabit                            </span>
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        El origen de estos negocios es algo m&aacute;s serio y menos llamativo: nacieron en los a&ntilde;os cincuenta en la antigua Alemania Oriental (RDA) para abastecer a quienes sal&iacute;an tarde de trabajar y no llegaban a hacer las compras en las tiendas &ldquo;normales&rdquo;, es decir, las que cerraban a las 18. Tras la reunificaci&oacute;n alemana, se le empez&oacute; a llamar <strong>Sp&auml;tkauf (&ldquo;Compra tard&iacute;a&rdquo;) o su cari&ntilde;oso ap&oacute;cope Sp&auml;ti</strong> a cualquier tienda con horarios extendidos. Y, de a poco, estos comercios empezaron a tener un rol y look definidos, con la cerveza como producto estrella, en un pa&iacute;s donde tomar alcohol en la calle es legal.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Isla nocturna</strong></h2><p class="article-text">
        Berl&iacute;n tiene una noche mucho m&aacute;s larga que el resto de Alemania, aunque las cocinas de sus restaurantes suelen cerrar temprano, a tono con el continente. Del mismo modo, su escena de m&uacute;sica tecno fue declarada patrimonio cultural inmaterial de la Unesco, pero sus boliches hoy sufren regulaciones m&aacute;s estrictas, aumento en los alquileres y cambios en los h&aacute;bitos de salida. Mientras tanto, los Sp&auml;tis siguen firmes como espacios nocturnos, aunque <strong>su n&uacute;mero se haya reducido a la mitad en la &uacute;ltima d&eacute;cada</strong>, seg&uacute;n cuentan desde Berliner Sp&auml;ti e. V., la asociaci&oacute;n que los nuclea. Parte de la culpa, dicen desde la agrupaci&oacute;n, la tiene la prohibici&oacute;n de abrir los domingos que les impuso un fallo judicial hace casi diez a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los Sp&auml;tis no s&oacute;lo siguen resistiendo: tambi&eacute;n inyectan espontaneidad en una sociedad como la alemana, que planea cada aspecto de la vida. </strong>En ellos no hace falta programar encuentros. Y se sabe cu&aacute;ndo empieza la experiencia pero no cu&aacute;ndo termina: podemos estar all&iacute; los segundos que toma comprar un producto, los minutos que dura una charla improvisada, o las horas que se prolonga una reuni&oacute;n planificada, incluida una primera cita. 
    </p><p class="article-text">
        En Buenos Aires, no es la rigidez sino la post pandemia, la malaria y la privatizaci&oacute;n creciente del espacio p&uacute;blico lo que dinamita la socializaci&oacute;n espont&aacute;nea. En la crisis de 2001, los kioscos con mesas afuera estaban a la orden del d&iacute;a. Hoy son la excepci&oacute;n m&aacute;s que la regla: perdieron centralidad como espacio de permanencia. Y, al abrir de noche tras las rejas, se llevan mal con la nocturnidad extendida.
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                Späti serie de 2025 del canal público de televisión alemana.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>La calle nunca cierra</strong></h2><p class="article-text">
        Volviendo a los Sp&auml;tis berlineses, a su espontaneidad se le suma su <strong>accesibilidad en sentido amplio: ubicados en planta baja, derramados sobre anchas veredas para que cualquiera &ndash;movilidad plena o reducida&ndash; pueda sentarse, a un costo de un euro y medio la birra</strong> (unos 2.200 pesos) pero a veces ni siquiera hace falta consumir y s&oacute;lo con estar basta. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La vida nocturna de Berl&iacute;n, aunque famosa por su energ&iacute;a y diversidad, tambi&eacute;n puede ser muy segmentada: las subculturas musicales suelen quedarse en sus propios nichos. Es poco probable que un fan del reggae se aventure en un boliche tecno, o que un entusiasta del heavy metal vaya a una fiesta pop de los noventa&rdquo;, me se&ntilde;ala la antrop&oacute;loga cultural Leonie M&uuml;ller. 
    </p><p class="article-text">
        Para la especialista, esto contrasta con los Sp&auml;tis, &ldquo;puntos de encuentro informales pero inclusivos&rdquo;, que &ldquo;re&uacute;nen a gente de or&iacute;genes dispares a trav&eacute;s de algo tan simple como una bebida fr&iacute;a&rdquo;. &ldquo;Son anclas sociales en medio del ritmo acelerado del d&iacute;a a d&iacute;a, porque ofrecen continuidad y familiaridad&rdquo;, resalta. Por eso, <strong>son &ldquo;clave para la infraestructura de la vida nocturna urbana, no tanto por su espectacularidad, sino por el poder discreto de su presencia, disponibilidad y conexi&oacute;n informal</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los espacios de la cultura independiente berlinesa son reemplazados por cadenas y algunos boliches cultivan FOMO negando el ingreso a miles cada finde, los Sp&auml;tis abrazan a todos y permiten que se cruce gente de todo tipo. Las identidades de quienes atienden tambi&eacute;n son diversas, la mayor&iacute;a de origen turco, &aacute;rabe y vietnamita.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hola, jefe&rdquo;, saluda el cliente. &ldquo;Hola, maestro&rdquo;, redobla el que atiende. M&aacute;s all&aacute; de su rol comercial, los Sp&auml;tis son escala humana en una capital que es tres veces m&aacute;s extensa que la nuestra. Son lugares chicos, familiares, que conectan a la gente en un entorno relajado. <strong>Son una invitaci&oacute;n a prolongar la noche en un mundo con nocturnidad en retirada. Y son una apuesta por la convivencia espont&aacute;nea y horizontal en tiempos de individualismo y prejuicios</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/secreto-mejor-guardado-noche-berlinesa-no-tecno-spati_1_12488033.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Jul 2025 09:20:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El secreto mejor guardado de la noche berlinesa no es el tecno, es el Späti]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escala humana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿A qué huele realmente Berlín? El aroma secreto del subte que nadie quiere reconocer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/huele-realmente-berlin-aroma-secreto-subte-nadie-quiere-reconocer_129_12452600.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21da3603-c490-4d5a-8352-6cff87bb9e0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿A qué huele realmente Berlín? El aroma secreto del subte que nadie quiere reconocer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿A qué huele Berlín? ¿Qué se palpa y escucha? ¿Por qué su subte tiene un aroma tan distintivo? ¿Es menos seguro que se vea menos por la escasez de alumbrado público en algunas áreas? La ciudad a través de los cinco sentidos.
</p></div><p class="article-text">
        Hay un olor distintivo en el subte berlin&eacute;s que la gente local no percibe y que yo enseguida detect&eacute;. A medida que paso m&aacute;s tiempo en esta ciudad, lo noto cada vez menos. Temo perder esos ojos (y nariz) nuevos, dejar de ver para empezar a naturalizar. <strong>Esta columna es parte de ese intento de registrar con los cinco sentidos algo de lo extra&ntilde;o, crudo y fascinante de Berl&iacute;n</strong>, antes de que se me escurra de los dedos. Y, tambi&eacute;n, de <strong>cuestionar algunas idealizaciones sobre esta capital de primer mundo</strong>.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;A qu&eacute; huele Berl&iacute;n? </strong></h2><p class="article-text">
        <strong>A la acidez del sudor de quien come curry</strong>. A flores frescas de los tantos puestos callejeros. A facturas de masa hojaldrada rellenas de manzana. A orina en estaciones de tren, as&iacute; extra&ntilde;o menos Buenos Aires. A humo de parrilla en el parque Friedrichshain o el G&ouml;rli. <strong>A humedad desde los lentos brazos del r&iacute;o Spree o el medio centenar de lagos que rodean la ciudad. </strong>A los antitranspirantes sin aluminio, poco eficaces para suavizar olores. A ropa de segunda mano en las ferias de Mauerpark, Maybachufer y Boxhagener Platz, conservada en armarios de abuela o en bolsas de pl&aacute;stico de alg&uacute;n dep&oacute;sito.
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                    alt="BVG, la empresa pública que opera y administra el subte berlinés, asegura que no puede precisar exactamente a qué huele."
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            <span class="title">
                BVG, la empresa pública que opera y administra el subte berlinés, asegura que no puede precisar exactamente a qué huele.                            </span>
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        Pero vamos al <strong>olor que m&aacute;s me intriga y da inicio a esta columna: el del subte. No s&eacute; si es la fragancia de sus durmientes de madera, de la acaro&iacute;na para desinfectar o del alquitr&aacute;n que se usaba para impermeabilizar</strong> y que puede que haya sobrevivido en ciertos tramos. O quiz&aacute;s todo eso. Fui a las fuentes. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No se puede determinar con certeza si esto puede estar relacionado con los materiales utilizados o instalados y, en &uacute;ltima instancia, sigue siendo una especulaci&oacute;n&rdquo;, me respondi&oacute; despu&eacute;s de tres semanas la BVG, la empresa p&uacute;blica que opera y administra el subte berlin&eacute;s. &iquest;C&oacute;mo especulaci&oacute;n? Me siento el protagonista de <em>El perfume</em> en un mundo de nariz tapada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Hice entonces lo que cualquier persona que despert&oacute; a Internet al calor de los foros har&iacute;a: pregunt&eacute; en Reddit. <strong>&ldquo;Es grasa&rdquo;. &ldquo;Asbesto&rdquo;. &ldquo;Pretzels, pis y depresi&oacute;n&rdquo;.</strong> &ldquo;La creosota o aceite para durmientes de ferrocarril, un conservante de madera a base de alquitr&aacute;n&rdquo; (lo que sospech&eacute; en un principio). &ldquo;Polvo de freno&rdquo; (lo que me genera dudas, porque en general hoy el freno es regenerativo y recupera energ&iacute;a al frenar, en lugar de tirar calor y part&iacute;culas).
    </p><p class="article-text">
        Lamento no tener a&uacute;n una versi&oacute;n concluyente, pero me reconforta haber evocado una magdalena proustiana con aroma a decadencia y sint&eacute;tico: &ldquo;&iexcl;Es un gran recuerdo de la infancia para mi hermana y para m&iacute;! Me alegra saber que no somos las &uacute;nicas que lo notamos&rdquo;, me contesta la forista @lau796.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Qu&eacute; se palpa en Berl&iacute;n?</strong> </h2><p class="article-text">
        El acabado granulado de buena parte de sus fachadas. El empapelado rugoso de sus departamentos. El fr&iacute;o metal de las sillas de las estaciones de subte. El revestimiento texturizado de los pasamanos verticales de los colectivos, para evitar que las manos se resbalen. La trama del pan del kebab, l&iacute;neas cruzadas que frenan la humedad de las salsas. <strong>Las burbujas del agua con gas &ndash;comprada por error cuando reci&eacute;n se llega a Alemania&ndash; y su cosquilleo que estimula paladares. </strong>El suelo pegajoso por cerveza derramada &ndash;permitida en el transporte p&uacute;blico&ndash; como si fuera la pista de un boliche a las seis de la ma&ntilde;ana.
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                Berlín sabe a mezcla, a historia, a contradicción, a comida rápida y callejera con fondo político y migrante.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>&iquest;A qu&eacute; suena Berl&iacute;n? </strong></h2><p class="article-text">
        No caer&eacute; en la tentaci&oacute;n de centrar este apartado en el tecno berlin&eacute;s, patrimonio cultural inmaterial de la Unesco. Para m&iacute;, esta ciudad suena a las alarmas de las bicis de alquiler que muchos usan sin pagar y por eso emiten notas chirriantes. <strong>A las sirenas de las ambulancias, mucho m&aacute;s intensas que en Buenos Aires, o quiz&aacute;s sea que la capital alemana carece del colch&oacute;n sonoro de autos a combusti&oacute;n. </strong>A la respiraci&oacute;n de los pasajeros, perceptible gracias al silencio del transporte p&uacute;blico el&eacute;ctrico. Al &ldquo;grind grind&rdquo; de los timbres que usan los ciclistas para avisar que est&aacute;n cerca. A los fuegos artificiales cualquier noche de la semana, pero m&aacute;s si hay un cumplea&ntilde;os o una boda turca. A palabras en alem&aacute;n, &aacute;rabe, turco, ruso, hindi, espa&ntilde;ol, polaco, franc&eacute;s, italiano, vietnamita. A los gritos de la nada que hacen eco en calles calladas. A las charlas en cualquier idioma sin interlocutor a la vista: llamadas y videos para conectarse con los que est&aacute;n lejos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Qu&eacute; se ve en Berl&iacute;n? </strong></h2><p class="article-text">
        Prefiero hablar de lo que no se ve, que para lo visible ya tenemos Instagram.<strong> A la noche gran parte de Berl&iacute;n se sume en la oscuridad, gentileza de un alumbrado p&uacute;blico m&aacute;s tenue</strong>, con tramos donde directamente no funciona. A contramano de lo que nuestra intuici&oacute;n argentina indicar&iacute;a, esta penumbra no se traduce en inseguridad en t&eacute;rminos delictivos, aunque probablemente s&iacute; a nivel vial.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es acci&oacute;n u omisi&oacute;n? Quiz&aacute;s sea que desde fines de los noventa el alumbrado el&eacute;ctrico berlin&eacute;s funciona con una sola fuente lum&iacute;nica, para ahorrar energ&iacute;a. O que la ciudad todav&iacute;a tiene 17.500 farolas que andan a gas. O que, <strong>seg&uacute;n el &ldquo;Concepto de Iluminaci&oacute;n&rdquo; del gobierno, en muchas calles residenciales alcanza con s&oacute;lo 3 a 5 lux de luminancia, nivel bajo en comparaci&oacute;n con otras ciudades</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, el citado &ldquo;Concepto&rdquo; sugiere bajar la intensidad lum&iacute;nica entre las 22 y las 5 en zonas de casas bajas, calles con poco tr&aacute;nsito y &aacute;reas verdes. Un panorama muy distinto al del LED instalado en casi todo Buenos Aires, cuyo blanco cegador se ve incluso desde el aire.
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                    alt="Un poco de la fragancia de sus durmientes de madera, de la acaroína para desinfectar y del alquitrán que se usaba para impermeabilizar permanece dentro del subte de Berlín."
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                Un poco de la fragancia de sus durmientes de madera, de la acaroína para desinfectar y del alquitrán que se usaba para impermeabilizar permanece dentro del subte de Berlín.                            </span>
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        Quiz&aacute;s todo tenga que ver tambi&eacute;n con que Berl&iacute;n est&aacute; modernizando las luminarias y eso &ldquo;s&oacute;lo puede hacerse dentro de la capacidad disponible. No podemos reemplazar m&aacute;s de 10.000 farolas al a&ntilde;o&rdquo;, se atajan ante mi consulta desde el Ministerio de Movilidad, Transporte, Protecci&oacute;n del Clima y Ambiente de la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, quiz&aacute;s sea que <strong>el &ldquo;Concepto&rdquo; tiene en cuenta hasta los insectos. Por eso, recomienda un alumbrado c&aacute;lido y amigable con ellos. </strong>&ldquo;La luz artificial los desorienta, los aleja de su h&aacute;bitat y puede llevarlos a morir por agotamiento o calor, con graves consecuencias ecol&oacute;gicas: menos polinizaci&oacute;n y menos alimento para aves y murci&eacute;lagos&rdquo;, se&ntilde;ala el gobierno berlin&eacute;s con sensibilidad impensada.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;A qu&eacute; sabe Berl&iacute;n? </strong></h2><p class="article-text">
        A d&ouml;ner kebab a las 3 de la ma&ntilde;ana. A pho vietnamita. A falafel. <strong>Al currywurst, salsa de curry rojo sobre salchicha en rodajas. A cerveza en un &ldquo;sp&auml;ti&rdquo;, ese kiosco abierto todo el d&iacute;a. </strong>A Ayran, bebida turca de yogur, agua y sal, perfecta para atenuar el picante. A hummus y kombucha. A fermentado y cultivado en comunidad. Y, como ac&aacute; no hace falta venir de determinado pa&iacute;s para vender platos de esas tierras, a pastas y espressos de manos de italianos pero tambi&eacute;n de turcos, a panader&iacute;a francesa hecha por sirios, a parrilla coreana versi&oacute;n pakistan&iacute;, y a platos georgianos como jachapuri y khinkali elaborados por polacos o rusos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Berl&iacute;n sabe a mezcla, a historia, a contradicci&oacute;n,</strong> a comida r&aacute;pida y callejera con fondo pol&iacute;tico y migrante. Y, como me pasa con el resto de los sentidos, con este tampoco puedo ser concluyente: <strong>ac&aacute; hay un sabor propio, pero nunca definitivo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/huele-realmente-berlin-aroma-secreto-subte-nadie-quiere-reconocer_129_12452600.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jul 2025 09:27:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿A qué huele realmente Berlín? El aroma secreto del subte que nadie quiere reconocer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Uso de drogas y drama urbano: cómo Frankfurt salva vidas desde salas de consumo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/drogas-drama-urbano-frankfurt-salva-vidas-salas-consumo_129_12415349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5cf5c35-ebb6-4296-8d21-1c642cf2ebed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Uso de drogas y drama urbano: cómo Frankfurt salva vidas desde salas de consumo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el corazón financiero alemán, el uso de heroína y crack está mucho más a la vista que en Buenos Aires, pero la ciudad apuesta por dar un espacio seguro a quienes están al límite. No es permiso ni complacencia: es una forma de recuperar dignidad y repensar lo urbano desde los márgenes.
</p></div><p class="article-text">
        Papeles diminutos cubren la vereda. Hay cinturones para apretar venas. Tambi&eacute;n pipas o restos de crack que sus usuarios recuperan con la poca destreza que les queda. Muestran ojos ca&iacute;dos, piel ulcerada, muecas severas. Est&aacute;n en la estaci&oacute;n central de trenes de Frankfurt y sus alrededores. La ciudad alemana no enfrenta los mismos problemas que Buenos Aires, pero s&iacute; otros. Y aplica soluciones muy distintas. <strong>Darle a la gente un lugar seguro donde drogarse es una de ellas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En los noventa, si le preguntabas a cualquier habitante de Frankfurt cu&aacute;l era el <strong>principal problema de la ciudad</strong>, te respond&iacute;a:<strong> &lsquo;Las drogas&rsquo;. Se ve&iacute;a sobre todo en los parques. Se inyectaban hero&iacute;na al aire libre todo el d&iacute;a, y tuvimos 154 muertes</strong>. As&iacute; que el municipio crey&oacute; necesario crear espacios a los que estas personas pudieran ir. Y as&iacute; empezamos con esto&rdquo;, me cuenta Gabi Becker, directora de <strong>Integrative Drogenhilfe, un centro con salas de consumo</strong> que naci&oacute; hace 33 a&ntilde;os en esta ciudad alemana, coraz&oacute;n financiero de Europa. 
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                    alt="Sala de consumo en las afueras de Frankfurt"
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            <span class="title">
                Sala de consumo en las afueras de Frankfurt                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Becker est&aacute; sentada en la oficina de una de las cinco sedes que tiene el centro, en una zona con pasado fabril a las afueras de Frankfurt. All&iacute; funcionan <strong>un parador nocturno con duchas y 24 camas, un lavadero donde se puede trabajar a cambio de lavados, cafeter&iacute;a con precios tendientes a cero, gabinete con atenci&oacute;n m&eacute;dica</strong>, un complejo de 61 camas para residentes permanentes, y un gran departamento compartido con los 12 que se ganaron tama&ntilde;a confianza.
    </p><p class="article-text">
        Y, quiz&aacute;s lo m&aacute;s importante: ac&aacute; hay <strong>ocho espacios de consumo seguro de drogas</strong>. Una sala de azulejos blancos y asepsia digna de hospital. Agujas descartables, torniquetes de compresi&oacute;n para apretar el brazo e inyectarse, pastillas de vitamina C para disolver hero&iacute;na base o crack. Un espacio donde se cumple el clich&eacute; del orden alem&aacute;n: sillas en fila, cada una con su mesa delante, un cesto de basura debajo y un espejo al frente para que los coordinadores puedan ver en todo momento qu&eacute; hace el resto. <strong>Cada usuario lleva su propia sustancia y no puede compartirla con nadie</strong>. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ingreso de la sede de Integrative Drogenhilfe en Niddastraße, Frankfurt"
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                Ingreso de la sede de Integrative Drogenhilfe en Niddastraße, Frankfurt                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Soledad compartida</strong></h2><p class="article-text">
        &iquest;Una forma de ocultar el consumo, de devolver la intimidad rota, o de darles a estos protagonistas m&aacute;s dignidad? Becker lo ve ante todo como una forma de salvar vidas. <strong>En 2023 fueron 32 las muertes por consumo de drogas al a&ntilde;o, menos de un cuarto de lo registrado tres d&eacute;cadas atr&aacute;s</strong>. A su vez, baj&oacute; la tasa de infecci&oacute;n por hepatitis C del 70% al 10%. Y la de VIH cay&oacute; al 4 o 5%. &ldquo;Estos son resultados importantes de la reducci&oacute;n de da&ntilde;os&rdquo;, destaca con orgullo.
    </p><p class="article-text">
        Frankfurt compite con <strong>Hamburgo </strong>por cu&aacute;l instal&oacute; primero las salas de consumo. Pero la ciudad del norte alem&aacute;n parece estar un poco m&aacute;s atr&aacute;s en este tema. Lo muestran las <strong>102 muertes relacionadas con el uso de drogas en 2024, su nivel m&aacute;s alto en casi 25 a&ntilde;os</strong>. Lo muestran tambi&eacute;n las calles hamburguesas: la plaza Hansaplatz, la estaci&oacute;n de S-Bahn Holstenstra&szlig;e, o los 300 metros de <strong>Steindamm entre Steintorweg y Stralsunder Stra&szlig;e, donde cuando cae el sol soy la &uacute;nica mujer entre decenas de hombres</strong>, y una de las pocas personas que puede mantenerse erguida. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                En las salas de consumo de Frankfurt, cada usuario tiene a su disposición elementos limpios y seguros para evitar la transmisión de enfermedades.                            </span>
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        Adem&aacute;s de dar un espacio seguro para usar drogas, en este tipo de salas de consumo se facilita el acceso a programas de rehabilitaci&oacute;n y tambi&eacute;n de sustituci&oacute;n (por ejemplo, de hero&iacute;na por metadona). Con todo, el consumo sigue. <strong>En los noventa, el gran problema en Frankfurt era la hero&iacute;na. Hasta que a fines de esa d&eacute;cada lleg&oacute; el crack, el protagonista de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os</strong>. Quienes lo fuman suelen usar tambi&eacute;n otras drogas: <strong>benzodiazepinas, anfetaminas, fentanilo, hero&iacute;na, lo que haya</strong>.
    </p><h2 class="article-text"><strong>No todas las estaciones pero, somehow, siempre estaciones</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;La pandemia fue un problema porque hubo que reducir los espacios de consumo a la mitad por la distancia social, entonces no pod&iacute;amos recibir a todos. Hacer que vuelvan a entrar ahora no es tan f&aacute;cil. La relaci&oacute;n con ellos cambi&oacute; un poco&rdquo;, lamenta Andreas Geremia, responsable de otra sede de Integrative Drogenhilfe, en la calle Niddastra&szlig;e. Ac&aacute; hay una sala con 12 lugares para drogas inyectables y otra con cuatro para fumar, que en octubre ser&aacute;n 16, por la gran demanda.
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        <strong>Esta sede est&aacute; en el centro de la escena: a apenas 400 metros de la estaci&oacute;n de trenes</strong>. Cuesta imaginar que en pandemia hubiera m&aacute;s gente en la vereda que ahora, cuando se cuentan al menos 30 personas. Intento capturar parte de la escena, pero alguien detecta mis intenciones. <strong>&ldquo;&iexcl;No hagas videos!&rdquo;, exclama en alem&aacute;n. Guardo el celular</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es el &uacute;nico hombre lo suficientemente erguido y fuerte como para gritar. El resto est&aacute; en actitud de espera (de entrar al centro, del pr&oacute;ximo saque), o sentado o recostado en el piso. A lo lejos se ven las torres de cristal en las que se cocina parte de las finanzas de un continente, ajenas a la vulnerabilidad que tengo en primer plano: ah&iacute; el consumo de drogas es m&aacute;s discreto, caro, &ldquo;funcional&rdquo;.
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                Departamento compartido en centro de salas de consumo de Frankfurt                            </span>
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        <strong>&iquest;Por qu&eacute; la gente que usa hero&iacute;na y crack va a las estaciones? Porque en esos nodos confluye todo, y no s&oacute;lo el transporte: los que van a trabajar, los que venden, los que compran, los que piden monedas, los que ofrecen (o pagan por) sexo</strong>, los que juntan botellas para llevarlas a los supermercados y as&iacute; hacerse de unos centavos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En Berl&iacute;n tambi&eacute;n se observa una postal similar, pero m&aacute;s diluida por la vastedad de la ciudad, que equivale a cuatro Buenos Aires y media</strong>. El consumo de drogas en espacios p&uacute;blicos se concentra menos en la estaci&oacute;n central, y m&aacute;s en los pasillos de acceso a los edificios, en los alrededores de centros de rehabilitaci&oacute;n, y en nodos de transporte con historial, como Zoologischer Garten, aunque lejos del extremo que retrata la pel&iacute;cula <em>Christiane F. </em>sobre el consumo de hero&iacute;na de fines de los setenta en ese centro de trasbordo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Gracias a las políticas de reducción de daños, en Frankfurt, las muertes por consumo de drogas cayeron a menos de un cuarto de lo registrado tres décadas atrás."
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            <span class="title">
                Gracias a las políticas de reducción de daños, en Frankfurt, las muertes por consumo de drogas cayeron a menos de un cuarto de lo registrado tres décadas atrás.                            </span>
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        <strong>Al principio, la aceptaci&oacute;n social de las salas de consumo era mayor</strong>: el problema era tan visible que nadie dudaba de que hab&iacute;a que hacer algo. Pero <strong>ahora que se logr&oacute; cierto &ldquo;orden&rdquo;, algunos vecinos quieren que estos dispositivos desaparezcan</strong>. Que la calle vuelva a ser la de medio siglo atr&aacute;s, sin recordatorios de que la ciudad tambi&eacute;n tiene bordes. <strong>El Estado y el tercer sector, con todas sus limitaciones, est&aacute;n tan presentes en Alemania que muchos se olvidan de que existen</strong>, y de lo que pasar&iacute;a si dejaran de estarlo.
    </p><p class="article-text">
        Porque <strong>reducir da&ntilde;os no es sin&oacute;nimo de permitir. Es asumir que nada puede construirse sobre criminalizaci&oacute;n y muerte</strong>. Y que desplazar el problema de un lado a otro no sirve de nada. Lo que s&iacute; funciona, al menos en parte, es dar una mano. En Frankfurt, el control de da&ntilde;os naci&oacute; como respuesta al hartazgo ciudadano, pero creci&oacute; y se desarroll&oacute; gracias a la convicci&oacute;n de que <strong>con traslado y castigo no se construye una ciudad m&aacute;s vivible</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/drogas-drama-urbano-frankfurt-salva-vidas-salas-consumo_129_12415349.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Jun 2025 09:50:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Uso de drogas y drama urbano: cómo Frankfurt salva vidas desde salas de consumo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escala humana,Alemania,Reducción de daños,drogas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Berlín, una historia a cada paso: fugas por el Muro, una estación fantasma y la mayor sede de inteligencia del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/berlin-historia-paso-fugas-muro-estacion-fantasma-mayor-sede-inteligencia-mundo_129_12357815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89276bc1-dc45-450f-836e-c9e53a433ae8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Berlín, una historia a cada paso: fugas por el Muro, una estación fantasma y la mayor sede de inteligencia del mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A metros del medio alemán en el que trabajo, me topé con una estación que pasó cerrada casi 30 años, documentos de un escape al oeste frustrado a balazos, y un complejo de servicios secretos más grande que la CIA. La capital alemana no necesita exhibirse: la historia está donde menos se espera.
</p></div><p class="article-text">
        Berl&iacute;n no es Roma, Atenas ni Estambul. Pero igual sent&iacute;s que est&aacute;s pisando historia a cada lado al que vayas. Vengo a trabajar como becaria a una redacci&oacute;n que, casualmente, est&aacute; a <strong>28 metros de lo que fue el Muro</strong> y <strong>a una cuadra de un paso fronterizo donde hubo un intento de fuga frenado a los tiros</strong>. Las ventanas del fondo dan a un<strong> cementerio con los restos de figuras c&eacute;lebres como Fontane</strong>. Para llegar hasta ac&aacute;, me tomo el subte hasta lo que fue una <strong>estaci&oacute;n fantasma por casi tres d&eacute;cadas</strong>. No son casualidades: toda la ciudad es as&iacute;, s&oacute;lo es cuesti&oacute;n de mirar. A la gente curiosa, Berl&iacute;n no le da respiro. 
    </p><p class="article-text">
        Les cuento mis hallazgos a mis compa&ntilde;eros locales, y los toman con naturalidad. O bien el trauma no los deja procesar. O quiz&aacute;s lisa y llanamente ignoran que, a metros de donde tecleo esto, en pleno distrito de Mitte, <strong>dos j&oacute;venes sortearon capas de vigilancia f&iacute;sica y humana para saltar la barrera del puesto de control de Chausseestra&szlig;e</strong> esquina Liesenstra&szlig;e y pasar al lado franc&eacute;s &ndash;Berl&iacute;n Occidental&ndash; hace apenas 36 a&ntilde;os. Incre&iacute;blemente, <strong>hay fotos de los dos tipos escapando. Otra de un oficial dando el disparo de advertencia que los frenar&iacute;a. Y otra de cuando fueron detenidos</strong>. Del otro lado del Muro hab&iacute;a un fot&oacute;grafo de AP apostado, con el dedo para gatillar preparado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fugitivos detenidos en Chaussestrasse.                            </span>
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        Sin darme cuenta, cruc&eacute; esa frontera todas las veces que fui a sentarme al S&uuml;dpanke Park para almorzar. Debe su nombre al arroyo Panke, que fue rellenado para construir el Muro. Hoy tiene algunos tramos abiertos y restaurados, obra que har&iacute;a las delicias de @arroyoslibresok. Para llegar hasta ah&iacute;, pas&eacute; por una estaci&oacute;n de servicio cuya construcci&oacute;n es culpable de que se hayan sacado los restos de muro de distintas &eacute;pocas, que estaban ocultos bajo un matorral justo al lado de la vereda.
    </p><p class="article-text">
        Voy al ba&ntilde;o de la redacci&oacute;n y miro por la ventana lo que parece ser un parque a diez metros. Enfoco mejor: hay tumbas. Son las del <strong>cementerio franc&eacute;s divisi&oacute;n II</strong>, inaugurado en 1835, tiempos en los que la zona era considerada las afueras de la ciudad. Ah&iacute; yace, por ejemplo, el escritor Theodor Fontane, autor de Effi Briest, considerada la Madame Bovary alemana. O el f&iacute;sico Paul Erman, que ayud&oacute; a desarrollar la electricidad. O las v&iacute;ctimas de la guerra austro-prusiana, la franco-prusiana y la Primera Guerra Mundial. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Controlador en Chaussestrasse                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Con otros ojos</strong></h2><p class="article-text">
        Salgo de la redacci&oacute;n y vuelvo al S&uuml;dpanke Park, ahora con ojos distintos. Camino  media cuadra m&aacute;s por Liesenstra&szlig;e, casi hasta quedar de frente al cementerio que vi desde arriba. Me encuentro con un tramo de <strong>15 metros de largo del Muro</strong>, en su altura original y con el tubo de hormig&oacute;n superior: zaf&oacute; de la piqueta. Es un tipo muy espec&iacute;fico de muralla, el <strong>Grenzmauer 75, mucho m&aacute;s robusto que la primera versi&oacute;n de esta frontera</strong>, m&aacute;s de dos metros por encima de mi cabeza. <strong>S&oacute;lo hay tres tramos de esta clase en toda la ciudad</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo sobre mis pasos para tomar el subte pero, ya decidida a escribir sobre esto, contemplo antes la mole de acero y hormig&oacute;n que est&aacute; enfrente y que a veces relojeo cuando almuerzo con mis compa&ntilde;eros en la vereda opuesta. Es la <em><strong>Zentrale des Bundesnachrichtendienstes</strong></em><strong>, la mayor sede de inteligencia del mundo, incluso m&aacute;s grande que la de la CIA</strong>. El edificio anterior, demolido para construir este complejo, era un antiguo cuartel militar nazi. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Postdamer Platz en 1970 otra estación con oficiales de frontera.                            </span>
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        Bajo a la estaci&oacute;n de subte. Se llama Schwartzkopffstra&szlig;e por la calle cercana, bautizada en honor al fundador de BMAG, una f&aacute;brica de locomotoras y torpedos con un pasado m&aacute;s que oscuro: durante el nazismo, us&oacute; prisioneros de guerra y trabajadores forzados en su planta de Wildau, a una hora de ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no sab&iacute;a (hasta que @brezhneviano me alert&oacute; en Twitter) es que <strong>Schwartzkopffstra&szlig;e estuvo cerrada desde 1961 hasta 1990 porque qued&oacute; a metros del muro, pero el subte occidental sigui&oacute; us&aacute;ndola para pasar formaciones de una punta a la otra de la Berl&iacute;n capitalista</strong>: la l&iacute;nea en cuesti&oacute;n (la 6) ten&iacute;a ambas terminales en el oeste, pero no pod&iacute;a hacer paradas en el este.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        De hecho, en 1973 los sovi&eacute;ticos le cambiaron el nombre por el de Stadion der Weltjugend y reemplazaron sus carteles con la nueva denominaci&oacute;n, aunque terminaran vi&eacute;ndolos s&oacute;lo los pasajeros de estos trenes que pasaban de largo, rigurosamente vigilados por las tropas fronterizas. Es que las estaciones fantasma no aparec&iacute;an siquiera en los mapas de Berl&iacute;n hechos por la Alemania Oriental. Y, cuando esta parada reabri&oacute; en julio de 1990, volvi&oacute; enseguida a su designaci&oacute;n original. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Un tramo de 15 metros de largo del Muro, en su altura original y con el tubo de hormigón superior."
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            <span class="title">
                Un tramo de 15 metros de largo del Muro, en su altura original y con el tubo de hormigón superior.                            </span>
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        De a poco voy llegando al final de este viaje, cotidiano y a la vez hist&oacute;rico. Quiero ir hasta Hallesches Tor para combinar el U-Bahn 6 con el 12, as&iacute; que paso por otras cinco estaciones de la misma l&iacute;nea que hasta 1990 tambi&eacute;n fueron fantasmas. Es como viajar a otra &eacute;poca: quedaron casi intactas. <strong>En una l&iacute;nea de paradas multicolores, esta tanda es un par&eacute;ntesis de paredes blancas y detalles de un solo tono que cambia seg&uacute;n la estaci&oacute;n, para que la identifique incluso quien no sabe leer, como se hizo en la l&iacute;nea A porte&ntilde;a</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        No tuve que ponerme a buscar. No eleg&iacute; visitar un monumento o un lugar tur&iacute;stico. Simplemente fui a trabajar. En las paredes, en la calle, en los parques y hasta en las estaciones de subte por las que se transita todos los d&iacute;as: la historia sigue ah&iacute;, silenciosa, integr&aacute;ndose como puede al ritmo de Berl&iacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/berlin-historia-paso-fugas-muro-estacion-fantasma-mayor-sede-inteligencia-mundo_129_12357815.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jun 2025 09:49:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Berlín, una historia a cada paso: fugas por el Muro, una estación fantasma y la mayor sede de inteligencia del mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Berlín,Ciudades,Urbanismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rejas en parques: el costo de “proteger” lo público]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rejas-parques-costo-proteger-publico_129_12319429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d154efc-eead-43e6-b51d-3caef7ff6b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rejas en parques: el costo de “proteger” lo público"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El debate sobre cercar espacios verdes no es sólo porteño. Hoy en Berlín se discute enrejar uno de sus parques más famosos: el Görlitzer. Una muestra del divorcio entre espacios públicos y política. O de cómo el control y la restricción ganan terreno, mientras el continente se pone a la defensiva.</p></div><p class="article-text">
        A veces, viajar es moverse no s&oacute;lo en espacio sino tambi&eacute;n en tiempo. Vine a Berl&iacute;n por una beca y siento que no s&oacute;lo recorr&iacute; 11.000 kil&oacute;metros, sino que me retrotraje m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. Es que<strong> la capital de Alemania da un debate que en Buenos Aires empez&oacute; hace mucho: enrejar o no los parques. En el centro est&aacute; uno de sus espacios verdes m&aacute;s ic&oacute;nicos, el G&ouml;rlitzer,</strong> en el coraz&oacute;n del alternativo y a la vez gentrificado barrio de Kreuzberg.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Es el m&aacute;s argentino de los parques berlineses</strong>&rdquo;, me dice el urbanista Mauricio Corbal&aacute;n, que vivi&oacute; en esta ciudad. &ldquo;Hay mucha participaci&oacute;n y tiene muchos usos m&aacute;s all&aacute; del paisaj&iacute;stico, que es el predominante en Berl&iacute;n&rdquo;, alega.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El &ldquo;G&ouml;rli&rdquo; naci&oacute; a principios de los noventa como espacio ocupado por parte de los propios ciudadanos, que exig&iacute;an un espacio verde en el lugar dejado por una antigua estaci&oacute;n de trenes. En las seis manzanas a lo largo que lo forman conviven <strong>familias con ni&ntilde;os, turistas caf&eacute; en mano, burros y cabras de una granja para chicos, amantes del tecno, personas sin techo, asadores de parrilla port&aacute;til, adeptos al avistaje de estrellas y emprendedores del narcomenudeo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La diversidad del G&ouml;rli hace juego con las coloridas paredes de los edificios que lo rodean. Como dir&iacute;an los alemanes, es &ldquo;bunte&rdquo;, adjetivo que puede traducirse como &ldquo;diverso&rdquo; y tambi&eacute;n como &ldquo;colorido&rdquo;. <strong>&ldquo;</strong><em><strong>Berlin bleibt bunt</strong></em><strong>&rdquo; (&ldquo;Berl&iacute;n sigue siendo diverso/colorido&rdquo;), reza el primer cartel vecinal que vi en la ciudad</strong>, colgado del balc&oacute;n de un complejo de monoblocks cercano al aeropuerto. Una declaraci&oacute;n de principios mientras la ultraderecha acecha.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Contra la pared</strong></h2><p class="article-text">
        El G&ouml;rli est&aacute; rodeado por un muro de ladrillos que qued&oacute; de su pasado ferroviario, pero tiene distintos accesos, completamente libres. <strong>De concretarse el proyecto del Senado berlin&eacute;s, planeado para junio, esas entradas ser&aacute;n cubiertas por una reja. Se instalar&aacute;n adem&aacute;s 16 puertas de acero</strong>, dos sistemas de puertas corredizas, ocho torniquetes de acceso con &ldquo;un dise&ntilde;o a prueba de vandalismo&rdquo; y 46 sistemas de bloqueo el&eacute;ctrico.
    </p><p class="article-text">
        Visit&eacute; el parque varias veces antes de esta columna, cuando tuve la oportunidad de venir a Alemania por trabajo. <strong>Me gustaba la vida del &ldquo;G&ouml;rli&rdquo;, su verde, su estilo relajado</strong>. Hasta que un hombre le dio una patada voladora a un cesto de basura a dos metros de m&iacute;, ante la mirada habituada de los transe&uacute;ntes. O pas&eacute; al lado de un grupo masculino, que me mir&oacute; de arriba abajo, algo a lo que me hab&iacute;a desacostumbrado. O vi gente vendiendo o usando drogas duras sin carpa alguna.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Vecinos denunciaron robos, asaltos, ataques con cuchillo y hasta casos de violación en el Görlizter Park.                            </span>
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        Una experiencia de burguesa que es un grano de arena si se la compara con otros eventos del pasado reciente del parque: <strong>robos, asaltos, ataques con cuchillo y denuncias de violaci&oacute;n.</strong> Hasta algunos vecinos de larga data y posturas progresistas admiten haber cambiado de opini&oacute;n con respecto a su negativa de cercar el parque, agotados por la falta de respuestas estructurales, como contaron en un <a href="https://taz.de/Goerlitzer-Park-in-Berlin/!6083807/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">podcast del medio berlin&eacute;s TAZ</a>.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si con cerrar puertas se soluciona el problema. O si en realidad este parque es una muestra de algo m&aacute;s grave que se est&aacute; yendo de las manos. <strong>Un problema que se ve en cada vez m&aacute;s ciudades y que, de uno u otro lado del mundo, se aborda con recetas similares: criminalizando</strong>, enrejando parques, hablando de &ldquo;fisuras&rdquo; o metiendo compulsivamente en combis a gente que vive en la calle, como si fuera una limpieza.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;O quiz&aacute;s s&iacute; hay otras recetas? En busca de una, me encuentro en el parque con David Kiefer, vecino de Kreuzberg, trabajador social y referente de la agrupaci&oacute;n G&ouml;rli Zaunfrei, que en alem&aacute;n significa &ldquo;G&ouml;rli sin rejas&rdquo;. &ldquo;Ser&iacute;a importante seguir el <strong>modelo de Z&uacute;rich: crear lugares donde la gente pueda pasar el d&iacute;a, consumir, permanecer. Y otros centros que den alojamiento, asistencia m&eacute;dica, trabajo social, duchas y comida&rdquo;</strong>, propone.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s medidas a las que podr&iacute;a recurrirse antes que las rejas: <strong>mejorar la iluminaci&oacute;n, darles permiso de trabajo a personas migrantes</strong> o en situaci&oacute;n irregular (para que no se vean obligadas a vender drogas como &uacute;nico sustento), y reforzar el trabajo de los <em>Parkl&auml;ufer </em>(literalmente, &ldquo;caminantes del parque&rdquo;) o <em>Kiezhausmeister</em> (&ldquo;encargados barriales&rdquo;), una suerte de mediadores comunitarios que previenen conflictos sin que intervenga la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;&iexcl;Soluciones sociales para problemas sociales!&rdquo;</strong>, resume G&ouml;rli Zaunfrei en el cartel que cuelga frente al &ldquo;cr&aacute;ter&rdquo;, la depresi&oacute;n circular que ocupa el centro del predio. Nadie niega que haya que hacer algo: s&oacute;lo se duda seriamente de si los l&iacute;mites geogr&aacute;ficos y horarios sirven ante un problema que desborda los parques y late a cualquier hora.&nbsp;
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                    alt="El Görli está rodeado por un muro de ladrillos que quedó de su pasado ferroviario, pero tiene distintos accesos, completamente libres."
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            <span class="title">
                El Görli está rodeado por un muro de ladrillos que quedó de su pasado ferroviario, pero tiene distintos accesos, completamente libres.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Otro muro</strong></h2><p class="article-text">
        En este tipo de medidas, <strong>las rejas no s&oacute;lo excluyen a los m&aacute;s vulnerables, sino que adem&aacute;s afectan la vida cultural y social del lugar</strong>. Incluso perjudican la movilidad, ya que los peatones y ciclistas que usan el parque para cortar camino deben desviarse de noche. Con sus tantos defectos, el &ldquo;G&ouml;rli&rdquo; es un punto de circulaci&oacute;n y de encuentro, de expresi&oacute;n art&iacute;stica e intercambio cultural. Cada rave, cada show improvisado, cada reuni&oacute;n sin gastar un euro son formas de resistir a la homogeneizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n de las ciudades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los ejemplos de pol&iacute;ticas porte&ntilde;as no ayudan: m&aacute;s de 80 espacios verdes fueron enrejados y cerrados de noche en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas por mucho menos que lo que pasa en el &ldquo;G&ouml;rli&rdquo;</strong>. En la mayor&iacute;a de los casos, el motivo es el vandalismo, una justificaci&oacute;n de patas cortas, ya que los l&iacute;mites en el acceso a los espacios p&uacute;blicos debilitan su v&iacute;nculo con el barrio. Y, como ya dijimos en otra oportunidad, se cuida m&aacute;s lo que se quiere y se conoce.
    </p><p class="article-text">
        Las rejas reflejan una tendencia peligrosa que se repite en muchas partes del mundo: el <strong>avance de la privatizaci&oacute;n de los espacios p&uacute;blicos</strong>. Uno de los casos porte&ntilde;os m&aacute;s recientes es la <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/feria-parque-rivadavia-ciudad-arrasa-tradicion-portena_129_12068308.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">expulsi&oacute;n de la feria de coleccionismo del Parque Rivadavia</a>, cuyos vendedores y clientes no pueden franquear el enrejado desde el 2 de febrero. A veces,<strong> los ciudadanos son tratados como intrusos en su propia ciudad.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque entre Buenos Aires y Berl&iacute;n haya m&aacute;s que un oc&eacute;ano, la situaci&oacute;n en el &ldquo;G&ouml;rli&rdquo; pone sobre la mesa una pregunta universal: &iquest;hubo alguna vez voluntad real de enfrentar los problemas sociales de manera integral? &iquest;O se va a seguir optando por medidas de corto plazo que barren debajo de la alfombra?
    </p><p class="article-text">
        Porque <strong>en torno al enrejado no hay s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de seguridad: hay una muestra de la desconexi&oacute;n entre espacios p&uacute;blicos y pol&iacute;tica</strong>. En muchas ciudades del mundo, los parques dejaron de ser lugares donde la gente se re&uacute;ne y comparte, y empezaron a verse como territorio amenazante que necesita ser &ldquo;protegido&rdquo; de quienes lo habitan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una ciudad como Berl&iacute;n, que conmemora cada a&ntilde;o la ca&iacute;da de un muro que dividi&oacute; el mundo, no deja de ser ir&oacute;nico que hoy se sigan construyendo otros, al calor de la conflictividad social y de los desaf&iacute;os de la geopol&iacute;tica. <strong>La misma Berl&iacute;n que, despu&eacute;s de d&eacute;cadas de separaci&oacute;n, promueve la idea de superar las barreras f&iacute;sicas y simb&oacute;licas, discute un nuevo cerco</strong>, en lugar de derribar las fronteras invisibles que siguen fragment&aacute;ndola.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rejas-parques-costo-proteger-publico_129_12319429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 May 2025 10:02:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rejas en parques: el costo de “proteger” lo público]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como en Berlín, saber a qué hora llego no debería ser un lujo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/berlin-hora-llego-no-deberia-lujo_129_12280239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e15bf3c-f5f8-4cb0-b530-cf8d0e5296f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como en Berlín, saber a qué hora llego no debería ser un lujo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que muestra el transporte público berlinés no es solo una diferencia tecnológica: también es una forma distinta de tratar a los pasajeros.</p></div><p class="article-text">
        Hay ciertas diferencias que se vuelven evidentes apenas se pisa otra ciudad. <strong>Vine a Berl&iacute;n gracias al Internationale Journalisten-Programme (IJP)</strong>, una beca que me permite trabajar temporalmente en un medio alem&aacute;n y ver en acci&oacute;n, desde adentro, c&oacute;mo funcionan cosas que en Buenos Aires parecen cada vez m&aacute;s un lujo. El transporte p&uacute;blico confiable y eficiente, por ejemplo. Pero <strong>esta columna no pretende ser una oda al primer mundo. Lo prometo</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Digamos todo. Los trenes interurbanos alemanes tienen muchas m&aacute;s demoras que a&ntilde;os atr&aacute;s. Hay menos colectivos en Berl&iacute;n por falta de personal. Y tanto huelgas como obras est&aacute;n afectando el transporte p&uacute;blico en general. Pero, incluso en un contexto m&aacute;s complicado que antes, la informaci&oacute;n ac&aacute; est&aacute; disponible, es confiable y permite planificar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras en Buenos Aires la concesionaria del subte Emova lanza con bombos y platillos una aplicaci&oacute;n que apenas avisa si hay demora, <strong>en la capital alemana las apps oficiales permiten planificar viajes con m&aacute;xima precisi&oacute;n incluso en este contexto adverso, recibir alertas personalizadas si el servicio se retrasa, saber cu&aacute;n lleno viene cada coche del tren metropolitano y hasta en qu&eacute; plataforma tomar el segundo</strong> en viajes con trasbordos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En Berlín los recursos disponibles se ponen al servicio de la experiencia del usuario."
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                En Berlín los recursos disponibles se ponen al servicio de la experiencia del usuario.                            </span>
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        Es otro planeta, s&iacute;, pero tambi&eacute;n es otra idea de lo que significa cuidar el tiempo y la experiencia de quienes viajan cada d&iacute;a. Es verdad que <strong>la crisis argentina dificulta la retenci&oacute;n de programadores en el sector p&uacute;blico, que son los encargados de mantener esas aplicaciones. Pero los datos en tiempo real est&aacute;n, o deber&iacute;an</strong>. Emova los usa para operar el subte.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, hasta hace algunos a&ntilde;os la app del Gobierno porte&ntilde;o C&oacute;mo Llego indicaba cu&aacute;nto faltaba para el pr&oacute;ximo subte, si uno buceaba lo suficiente. Incluso supimos desarrollar un predictivo para colectivos, Cu&aacute;ndo SUBO, ahora con menos l&iacute;neas en tiempo real y menor actualizaci&oacute;n de recorridos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a Berl&iacute;n. Ac&aacute; la aplicaci&oacute;n oficial Fahrinfo permite no s&oacute;lo planificar el viaje sino tambi&eacute;n configurar alertas, tanto por &uacute;nica vez como todos los d&iacute;as. Fue lanzada por la BVG, la empresa p&uacute;blica que gestiona las redes de subte, tranv&iacute;a, colectivos y ferrys. En esta app <strong>se puede elegir cu&aacute;ntos minutos antes de salir de casa queremos ser notificados de cambios en el servicio</strong>. Y hasta <strong>definir a partir de cu&aacute;ntos minutos de demora deseamos recibir el alerta</strong>. Por ejemplo, que nos avise del retraso s&oacute;lo si supera los cinco minutos, y no si el delay es menor.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un paso m&aacute;s all&aacute;</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>Cada aplicaci&oacute;n oficial alemana de movilidad tiene herramientas que hacen las delicias de m&aacute;s de un nerd del transporte</strong>. La del S-Bahn, los ferrocarriles metropolitanos, muestra interrupciones en tiempo real e incluye <strong>gu&iacute;as de viajes cortos a destinos tur&iacute;sticos que pueden hacerse en ese modo</strong>. La de la VBB, el consorcio de transporte de los estados de Berl&iacute;n y Brandeburgo, permite no s&oacute;lo planificar el viaje y ver los eventuales cortes, sino acceder a un <strong>mapa en vivo en el que los colectivos, subtes, tranv&iacute;as y trenes se mueven hacia su destino como en un videojuego, pero con informaci&oacute;n real</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sin dudas, una de las apps oficiales m&aacute;s amigables para quienes viajan es la de la Deutsche Bahn (DB), la ferroviaria estatal que, por sus demoras y obras eternas, se gana buena parte de los insultos locales. La app sirve principalmente para viajes interurbanos, pero tambi&eacute;n permite planificar trayectos dentro de la ciudad, no s&oacute;lo con estaciones sino con direcciones concretas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo mejor son sus notificaciones en tiempo real dentro de la app. <strong>Si se marca un viaje como favorito, aparecen avisos en la parte inferior de la pantalla, con los minutos que faltan para subirse al tren</strong> (o bien para combinar con otro, en caso de que el trayecto tenga trasbordos). Hasta figuran los n&uacute;meros de plataforma de ascenso y de descenso desde el vamos, los servicios incluidos, la demanda esperada y, en caso de demoras, en qu&eacute; horario deber&iacute;a haber llegado la formaci&oacute;n a cada estaci&oacute;n y cu&aacute;ndo efectivamente arrib&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de estas aplicaciones oficiales, est&aacute;n las que ya conocemos y que operan tambi&eacute;n en otras ciudades, como Citymapper, Google Maps y Moovit. Estas dos &uacute;ltimas, disponibles en Buenos Aires, funcionan mucho mejor en Berl&iacute;n, porque tienen datos en tiempo real y no s&oacute;lo un cronograma de servicios programados.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Antes de las apps</strong></h2><p class="article-text">
        La amplia disponibilidad de datos en tiempo real es anterior a las aplicaciones. Entre lo que m&aacute;s me sorprendi&oacute; cuando conoc&iacute; esta ciudad en 2014 est&aacute;n los carteles con predictivos (hoy ya presentes, con altibajos, en parte del transporte p&uacute;blico del AMBA), que en el subte berlin&eacute;s indican no s&oacute;lo cu&aacute;ntos minutos faltan para la pr&oacute;xima formaci&oacute;n sino, adem&aacute;s, <strong>cu&aacute;ndo llegan las de las l&iacute;neas de combinaci&oacute;n, para saber si corremos o no a nuestro pr&oacute;ximo subte</strong>. Tambi&eacute;n hay carteles similares en estaciones de tranv&iacute;as y de colectivos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy esos tres modos de transporte tambi&eacute;n tienen dentro de sus coches <strong>pantallas TFT (un tipo de LCD), que muestran datos clave</strong> como la pr&oacute;xima estaci&oacute;n, combinaciones posibles, tiempos de espera y demoras.
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                    alt="Berlín afina cada vez más la información disponible para que moverse sin perder tiempo sea posible."
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                Berlín afina cada vez más la información disponible para que moverse sin perder tiempo sea posible.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Los S-Bahn m&aacute;s modernos ostentan pantallas con informaci&oacute;n similar, aunque mucho m&aacute;s anchas. Y, desde octubre, indican en seis estaciones <strong>cu&aacute;n llenos vienen los coches de la pr&oacute;xima formaci&oacute;n, para poder subirse al que est&eacute; m&aacute;s vac&iacute;o</strong>. Para determinarlo usan el sensor &ldquo;Lightgate&rdquo;, una barrera lum&iacute;nica en la zona de v&iacute;as que escanea el paso del tren con un haz apenas visible. Cuantos m&aacute;s pasajeros hay, menos luz ingresa. Eso se transmite a la pantalla de la pr&oacute;xima estaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Magia? &iquest;O ganas de que la poblaci&oacute;n no s&oacute;lo se traslade sino que lo haga m&aacute;s c&oacute;moda y viva mejor? La diferencia no es s&oacute;lo tecnol&oacute;gica y econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n de enfoque. <strong>Mientras en Buenos Aires se celebra una app que apenas cumple con lo m&iacute;nimo, en Berl&iacute;n los recursos disponibles se ponen al servicio de la experiencia del usuario con un nivel de precisi&oacute;n y detalle que revela una visi&oacute;n completamente distinta sobre lo que significa gestionar el transporte p&uacute;blico</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo que se perdi&oacute; no es s&oacute;lo una aplicaci&oacute;n. Es capacidad</strong>. Como me dec&iacute;a el especialista en visualizaci&oacute;n de datos Andr&eacute;s Snitcofsky: los gobiernos se quedaron sin gente que sepa hacer. Porque pagan mal. Porque muchos de los que s&iacute; saben, ahora est&aacute;n trabajando para el sector privado o directamente afuera. Porque <strong>las herramientas que funcionaban, como la interfaz de datos de transporte en tiempo real, dejaron de mantenerse</strong>. Y las que a&uacute;n existen tienen rese&ntilde;as de dos estrellas y quejas por fallas b&aacute;sicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, la tendencia actual es hacer menos aplicaciones e integrar datos en las que realmente funcionan. Por eso, si no hay fondos, hay que invertir lo poco que haya en generar y abrir datos en tiempo real, y que las apps o servicios sean desarrollados por la comunidad y/o los privados.
    </p><p class="article-text">
        Datos hay. Los tiene Emova, que deber&iacute;a compartir toda la informaci&oacute;n disponible en tiempo real. Y los tiene &ndash;o deber&iacute;a&ndash; el Estado en general. Ahora &ldquo;<strong>s&oacute;lo&rdquo; falta poner voluntad, capacidad y una pol&iacute;tica p&uacute;blica clara para dar informaci&oacute;n que, en pleno deterioro del transporte p&uacute;blico, les mejore la vida a quienes viajan todos los d&iacute;as</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/berlin-hora-llego-no-deberia-lujo_129_12280239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 May 2025 09:38:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Como en Berlín, saber a qué hora llego no debería ser un lujo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Activismo vecinal: cuando la ciudad se defiende sola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/activismo-vecinal-ciudad-defiende-sola_129_12242570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85ee86f0-29fc-42ac-901a-a78b66e0b9d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Activismo vecinal: cuando la ciudad se defiende sola"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La política los escucha poco, pero ellos actúan: el mapa del acción barrial muestra que la ciudad aún puede ser una causa común.</p></div><p class="article-text">
        Hasta de los peores momentos puede salir algo bueno. Hasta en la destrucci&oacute;n puede construirse algo. <strong>Esta es una columna con una luz de esperanza</strong>, protagonista inusual de Escala Humana, pero necesaria para surfear la ola de des&aacute;nimo de una ciudad deteriorada. Una luz que se ve en las reuniones de vecinos con funcionarios, se escucha en las asambleas barriales, se lee en los proyectos de iniciativa popular. <strong>Es el activismo ciudadano, cuya efervescencia crece a medida que se pierde el patrimonio</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Muchos dan por sentado este activismo. Tras cubrirlo caso a caso como cronista, yo <strong>valoro este nivel de movilizaci&oacute;n porque s&eacute; que no existi&oacute; siempre, ni nunca tan intensamente, ni en otras ciudades argentinas. Tanto es as&iacute;, que hoy hasta asumi&oacute; el rol de impulsar la creaci&oacute;n de plazas ante la inacci&oacute;n de los &uacute;ltimos gobiernos. </strong>Porque estas agrupaciones no s&oacute;lo reclaman su construcci&oacute;n: se toman el trabajo de buscar los terrenos y hasta de redactar los proyectos de ley que las hagan realidad.
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        El caso de &eacute;xito m&aacute;s notorio es el de <strong>&ldquo;Una Plaza Para Villa Santa Rita&rdquo;, asociaci&oacute;n que vio cumplido su sue&ntilde;o hace 12 d&iacute;as</strong>, tras cientos de pedidos al Gobierno porte&ntilde;o. A&ntilde;os de hablar con funcionarios y medios sobre su barrio sin plazas, de hacer el trabajo de relevar terrenos, de organizar bicicleteadas para despertar conciencia, de participar del dise&ntilde;o, de vigilar que la obra se haga en los plazos pautados, hasta de avisar de la fecha de estreno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay m&aacute;s proyectos vecinales de plazas a&uacute;n por concretarse: una en Ayacucho y Per&oacute;n (Balvanera), otra en Corrientes y Gallo (Almagro), y una m&aacute;s en el terreno lindero al Monasterio Santa Catalina de Siena, en C&oacute;rdoba y Reconquista (Retiro)</strong>, donde la ONG Basta de Demoler logr&oacute; frenar la construcci&oacute;n de una torre de 21 pisos. Incluso hay planes en otros lotes de Villa Santa Rita, con textos que ya tienen estado parlamentario.
    </p><p class="article-text">
        Pero plazas no es lo &uacute;nico que hacen. Lograron ampliar &aacute;reas de protecci&oacute;n hist&oacute;rica, hacer catalogar inmuebles patrimoniales, frenar demoliciones y revisar alturas m&aacute;ximas. En pocas palabras: problematizar el patrimonio urbano porte&ntilde;o. Ponerlo en agenda cuando los pol&iacute;ticos lo sacaron del debate.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una lucha de casi seis d&eacute;cadas</strong></h2><p class="article-text">
        Este activismo no naci&oacute; de un repollo. <strong>Ya en 1967 se cre&oacute; la Asociaci&oacute;n Civil Amigos de la Estaci&oacute;n Coghlan para preservar la estaci&oacute;n y su entorno. </strong>Me lo recuerda la soci&oacute;loga Mercedes Gonz&aacute;lez Bracco, de la agrupaci&oacute;n vecinal Patrimonio Almagro Boedo, que hoy pelea por la plaza de Corrientes y Gallo. En 1981, plena dictadura, se fundar&iacute;a la Sociedad de Fomento Belgrano R, la primera en lograr una zonificaci&oacute;n espec&iacute;fica para el barrio (Distrito U28) y asegurar que mantuviera su uso residencial exclusivo, baja densidad y paisaje arbolado.
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                    alt="Una acción vecinal a través de cartelería para la toma de consciencia sobre el avance de un emprendimiento inmobiliario en Villa Ortúzar."
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                Una acción vecinal a través de cartelería para la toma de consciencia sobre el avance de un emprendimiento inmobiliario en Villa Ortúzar.                            </span>
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        Al calor del menemismo tambi&eacute;n hubo lucha vecinal, en ese entonces m&aacute;s ambiental que vinculada al patrimonio. <strong>La Asamblea Permanente por los Espacios Verdes Urbanos nucleaba m&aacute;s de 70 organizaciones vinculadas a plazas y parques</strong>, para que se mejoraran los que hab&iacute;an o se crearan nuevos. La excepci&oacute;n a ese foco ambiental fue la defensa del Casco Hist&oacute;rico, caldo de cultivo del cual nacer&iacute;a Basta de Demoler.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras la crisis de 2001, la econom&iacute;a comenz&oacute; a reactivarse y, como hongos, brotaron edificios altos en barrios de clase media acomodada, que tuvieron como respuesta las primeras asociaciones barriales de este siglo</strong>, como S.O.S. Caballito, Preservemos Devoto, Proteger Barracas, Palermo Despierta. El foco patrimonial ganaba terreno.
    </p><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno alcanz&oacute; una dimensi&oacute;n in&eacute;dita al punto de generar cambios normativos, estrategias judiciales entonces novedosas como el uso de amparos, y hasta alianzas con organismos estatales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la breve tregua que concedi&oacute; el boom constructivo all&aacute; por 2012, surgieron asociaciones con otras demandas, como las de generar espacios verdes </strong>e incluso cuidar m&aacute;s del arbolado, como Basta de Mutilar &Aacute;rboles. El verde volv&iacute;a a ganar terreno, aunque en ese momento s&oacute;lo fuera simb&oacute;lico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El activismo ahora</strong></h2><p class="article-text">
        Hoy hay una compleja trama de organizaciones vecinales, asociaciones civiles, asambleas barriales y ciudadanos sueltos que, cada uno a su modo, sostienen estas causas y no le dejan el camino libre al gobierno. Pero, &ldquo;a diferencia de los noventa, <strong>no hay una coordinadora que nuclee todos estos elementos. Lo que s&iacute; hay, y es caracter&iacute;stico de esta &uacute;ltima d&eacute;cada, son coordinadoras transitorias de asambleas por conflictos concretos</strong>&rdquo;, explica Jonatan Baldiviezo, presidente del Observatorio del Derecho a la Ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; naci&oacute; la coordinadora por la venta de Costanera Norte y la del C&oacute;digo Urban&iacute;stico de 2018. Con la segunda actualizaci&oacute;n del C&oacute;digo en 2023, se cre&oacute; la Red Interbarrial Buenos Aires, que cubre buena parte de este complejo mapa participativo, aunque no todo. Incluso tambi&eacute;n hay organizaciones por temas, como el activismo ciclista de Bicivilizadxs, Masa Cr&iacute;tica y la extinta Asociaci&oacute;n de Ciclistas Urbanos, entre otras.
    </p><p class="article-text">
        Semejante recorrido trajo aprendizajes. <strong>El activismo al principio se limit&oacute; a impedir que se construyera algo al lado de la propia casa, un gesto t&iacute;pico de la actitud Nimby</strong> (acr&oacute;nimo de &ldquo;Not in my backyard&rdquo;, &ldquo;No en mi patio trasero&rdquo;), entendida como el rechazo local a cambios percibidos como amenaza, pero que se aceptan si ocurren en otro lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo esa actitud evolucion&oacute; a una concepci&oacute;n m&aacute;s global, que contempla las consecuencias m&aacute;s generales de la densificaci&oacute;n poco planificada: cambios abruptos en la fisonom&iacute;a barrial, efecto de isla de calor, problemas de acceso a los servicios, p&eacute;rdida de patrimonio y de luz natural.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>M&aacute;s participaci&oacute;n o m&aacute;s vac&iacute;o</strong></h2><p class="article-text">
        &iquest;Es mayor la participaci&oacute;n hoy que ayer? &iquest;O m&aacute;s bien todo lo contrario, y esta movilizaci&oacute;n habla de una crisis de representaci&oacute;n? &ldquo;Si hablamos de participaci&oacute;n en la cosa p&uacute;blica, es menor que hace diez a&ntilde;os. Si vamos a la ciudadan&iacute;a organizada en defensa de los espacios verdes y en ganar terreno en espacio p&uacute;blico, es mayor&rdquo;, me aclara Leonardo Far&iacute;as, presidente del Centro de Estudios Sociales para el Desarrollo Territorial (Cesdet).
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                Vecinos de Saavedra y Núñez, en contra de la construcción de torres en sus barrios.                            </span>
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        Para Gonz&aacute;lez Bracco, todo surge de &ldquo;la falta de democracia participativa real&rdquo;. Hay Ley de Comunas desde 2011, pero <strong>las instancias de participaci&oacute;n no son tenidas en cuenta en los proyectos</strong>. Tampoco hay vinculaci&oacute;n real entre lo que se discute en los consejos consultivos y lo que toman los comuneros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De qu&eacute; se nutre hoy el activismo ciudadano? De la idea privatizadora del espacio p&uacute;blico. </strong>Y eso atraviesa tanto la defensa del patrimonio como la necesidad &mdash;cada vez m&aacute;s urgente&mdash; de sumar espacios verdes. Parad&oacute;jicamente, el boom constructivo con fines especuladores es tan corto de miras, que no demuestra inter&eacute;s en la creaci&oacute;n de esos espacios, que justamente har&iacute;an crecer el valor de su metro cuadrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sociedades de fomento, ONGs, juntas de estudios hist&oacute;ricos, asambleas post 2001. Todo fue nutriendo <strong>un activismo que, m&aacute;s que ir siempre en ascenso, se mueve de forma oscilante</strong>, seg&uacute;n el mayor o menor grado de agresi&oacute;n que ejerza el gobierno, como me marca el licenciado en Dise&ntilde;o del Paisaje Fabio M&aacute;rquez (@paisajeante), que supo presidir la extinta Asociaci&oacute;n Voluntarios de Parque Centenario.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de este p&eacute;ndulo, hay algo que queda claro en esta historia de espacios buscados, defendidos y finalmente conquistados. <strong>El urbanismo no es s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de expertos: es, tambi&eacute;n, una construcci&oacute;n colectiva, terca y paciente. </strong>Esa que, con suerte, sigue abri&eacute;ndose paso entre escombros.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/activismo-vecinal-ciudad-defiende-sola_129_12242570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Apr 2025 10:00:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Activismo vecinal: cuando la ciudad se defiende sola]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tras los anuncios, el Gobierno porteño cuenta en qué están la línea F, las ciclovías y otros proyectos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/anuncios-gobierno-porteno-cuenta-linea-f-ciclovias-proyectos_1_12231270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/225db5a0-7516-4cc4-98ad-9e484a2cfa9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tras los anuncios, el Gobierno porteño cuenta en qué están la línea F, las ciclovías y otros proyectos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pablo Bereciartua, ministro de Infraestructura de la Ciudad, detalló en diálogo con elDiarioAR el cronograma, las tecnologías y los obstáculos de iniciativas clave como el Trambus, la expansión del subte, la mejora en estaciones y veredas, y la revisión de carriles para bici.</p></div><p class="article-text">
        Es ambiciosa la narrativa que impulsa el ministro de Infraestructura porte&ntilde;o Pablo Bereciartua: movilidad el&eacute;ctrica, avenidas renovadas, una nueva l&iacute;nea de subte y buses con interior de tranv&iacute;as. Pero todav&iacute;a hay puntos abiertos sobre los tiempos de ejecuci&oacute;n, el financiamiento concreto y la falta de integraci&oacute;n con la Naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En esta entrevista con <strong>elDiarioAR</strong>, el ingeniero cuenta el estado de proyectos como la l&iacute;nea F, la estaci&oacute;n S&aacute;enz de la H y el recambio de coches de la B, al tiempo que expone su l&oacute;gica detr&aacute;s de la remoci&oacute;n de ciclov&iacute;as o la demora para reponer ascensores y escaleras mec&aacute;nicas. Una conversaci&oacute;n para leer entre l&iacute;neas, en un momento en el que pensar la movilidad urbana es tambi&eacute;n preguntarse qui&eacute;n se mueve, c&oacute;mo y con qu&eacute; derechos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Qu&eacute; proyectos son prioridad para el Ministerio de Infraestructura porte&ntilde;o en 2025?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Los cuatro que priorizamos son de movilidad el&eacute;ctrica. Tienen la l&oacute;gica de unir el norte con el sur, pero no s&oacute;lo a trav&eacute;s del Bajo, sino integrando toda la ciudad. Si quer&eacute;s ir de Caballito a Belgrano o N&uacute;&ntilde;ez en subte, ten&eacute;s que ir al Obelisco y hacer una ve corta. Ahora vas a poder ir en un medio el&eacute;ctrico integrado con el subte. &iquest;Por qu&eacute; el&eacute;ctrico? Porque la movilidad est&aacute; yendo a eso. Baj&aacute;s notablemente el ruido y la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Entiendo que eran dos l&iacute;neas de trambus. &iquest;Cu&aacute;les son los otros dos proyectos?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Los cuatro proyectos son l&iacute;nea F de subte, colectivos el&eacute;ctricos [entre Parque Lezama y Plaza San Mart&iacute;n] y dos trambuses, Transversal 1 y 2, o T1 y T2. La T1 ir&aacute; de Pompeya a Aeroparque a trav&eacute;s de Acoyte y Rivadavia en Caballito, y la T2, de Pompeya a Ciudad Universitaria y Aeroparque a trav&eacute;s de Flores. Ya hicimos la licitaci&oacute;n de los trambuses. Hubo cinco que compitieron, hay dos finalistas, y en estos d&iacute;as se va a saber c&oacute;mo se resolvi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;En qu&eacute; consiste el Trambus? &iquest;Por qu&eacute; es Trambus y no bus solo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Son colectivos el&eacute;ctricos que tienen algunas propiedades de tranv&iacute;a, como la capacidad de distribuci&oacute;n de asientos y la superficie vidriada, que te da m&aacute;s confort.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Es decir que lo que ser&iacute;a como tranv&iacute;a es el interior?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Exactamente, la forma y la situaci&oacute;n del pasajero adentro son m&aacute;s parecidos a un tranv&iacute;a. Pero, adem&aacute;s, tienen algunas ventajas respecto a los tranv&iacute;as. No tienen catenarias, porque andan con bater&iacute;as, entonces no generan contaminaci&oacute;n visual. Y adem&aacute;s tienen ruedas de goma, que no hacen ruido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Van por una v&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, no habr&aacute; v&iacute;a, que es una irrupci&oacute;n m&aacute;s en el espacio p&uacute;blico. S&iacute; va a haber carriles segregados, que donde se pueda van a ser exclusivos y, donde no, al menos prioritarios. De hecho estamos pensando que van a ir por el centro de las avenidas en las que haya espacio, como Rivadavia, La Plata, Acoyte, Honorio Pueyrred&oacute;n. Van a estar conectados digitalmente con los sem&aacute;foros. Cuando se arrimen a uno, el siguiente ciclo se acortar&aacute; y le dar&aacute; prioridad. En algunas avenidas de una sola mano van a tener onda verde completa. As&iacute;, un viaje de Pompeya a Aeroparque en transporte p&uacute;blico, que lleva una hora y cuarenta minutos, tomar&aacute; una hora y diez minutos. La otra innovaci&oacute;n es que se va a poder viajar con el boleto del subte. Si te baj&aacute;s de la T1 para conectar con el subte, no vas a tener que volver a pagar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Hay planes para integrar esa tarifa a otros modos?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Estamos yendo a una revoluci&oacute;n en datos. Desde diciembre tenemos multipago. Eso nos pone en una lista muy corta a nivel mundial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; hay molinetes de subte s&oacute;lo para pago electr&oacute;nico y otros s&oacute;lo para SUBE, en lugar de combinar los dos modos en un solo molinete? &iquest;Hay alg&uacute;n plan para integrar eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es por Naci&oacute;n, que tiene un monopolio con la SUBE y no quiere abrirlo a la competencia. El Gobierno &ldquo;pro mercado nacional&rdquo; no estar&iacute;a demostrando ser pro mercado. Para que podamos poner todo en un mismo molinete, tenemos que lograr que la licitaci&oacute;n de quien administra el sistema financieramente incluya todos los medios tecnol&oacute;gicos, uno de los cuales es SUBE.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El subte</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;En qu&eacute; estado est&aacute; la l&iacute;nea F? Entiendo que los estudios t&eacute;cnicos todav&iacute;a no est&aacute;n terminados&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nosotros la queremos. Y tenemos mucho que ver con todo el plan que se anunci&oacute;. Nosotros en el sentido de equipo. Lo que se est&aacute; poniendo en marcha es una visi&oacute;n ambiciosa de c&oacute;mo mejorar el sistema. Si me explic&aacute;s que hay una soluci&oacute;n mejor para que la ciudad funcione mejor, la escucho. Ac&aacute; no hay caprichos. No es el proyecto delante de la visi&oacute;n. Es primero la visi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;ndo se har&aacute; la licitaci&oacute;n?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La l&iacute;nea F va a tener un llamado a manifestaci&oacute;n de inter&eacute;s internacional en las pr&oacute;ximas semanas. En paralelo a eso, un equipo que coordina este ministerio ya est&aacute; trabajando en la documentaci&oacute;n para licitar internacionalmente el primer tramo, hasta la avenida Santa Fe. Vamos a sumar equipos externos. Queremos publicar la licitaci&oacute;n antes de fin de a&ntilde;o, resolverla el a&ntilde;o que viene y que el contrato de obra tambi&eacute;n empiece formalmente el a&ntilde;o pr&oacute;ximo. Este primer tramo tiene un plazo estimado de 60 meses. Obvio que son obras subterr&aacute;neas, con interferencias. Por ejemplo, frente al Congreso ten&eacute;s la l&iacute;nea A y el t&uacute;nel del Sarmiento que no se usa. Algunos piensan que la F puede entrar entre ambos, y otros, que no y que por eso va a haber que hacerla mucho m&aacute;s profundo. Es como cuando ten&eacute;s que arreglar el ba&ntilde;o de tu casa y dec&iacute;s &ldquo;Para el s&aacute;bado, que tengo una reuni&oacute;n, tiene que estar listo&rdquo;. Y muchas veces no est&aacute;, o lo terminan el mi&eacute;rcoles. Esto es como hacer 20.000 ba&ntilde;os&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por cuestiones t&eacute;cnicas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro. Y tambi&eacute;n tiene que acompa&ntilde;ar la econom&iacute;a, como siempre. Es una inversi&oacute;n importante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;les son los planes de financiamiento?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La Ciudad va por el cuarto a&ntilde;o de super&aacute;vit, 3,9%, y tiene la deuda m&aacute;s baja en 12 a&ntilde;os. Eso hace que, en el peor de los casos, la Ciudad pueda financiar con fondos propios, es decir, que podr&iacute;a tomar deuda propia, incluso en el mercado emitiendo bonos. Supongamos que la inversi&oacute;n sea de US$ 1.200 millones, en un 70 o 75% la obra de infraestructura y en un 25% de material rodante. Se podr&iacute;a hacer una licitaci&oacute;n de material rodante como la que estamos resolviendo ahora de la B&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Ya se defini&oacute; la licitaci&oacute;n de la B?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya se abrieron los sobres. Se est&aacute; resolviendo ahora. El a&ntilde;o que viene deber&iacute;an empezar a entregar las formaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;nto tiempo pasa entre la entrega del material rodante de la l&iacute;nea B y su puesta en funcionamiento?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Con suerte, van a estar operativas en su totalidad a fines del 27. Hay varias obras anexas que hacer. Como la B era un ferrocarril que se enterr&oacute;, hay que cambiar la potencia a 1.500 voltios para uniformar el sistema. Tambi&eacute;n hay que hacer una obra de mejora de v&iacute;as, y adem&aacute;s hay temas hidr&aacute;ulicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Qued&oacute; pendiente la pregunta sobre los estudios t&eacute;cnicos para la l&iacute;nea F. &iquest;Se sabe cu&aacute;ndo estar&aacute;n listos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya est&aacute;n abiertos al equipo de trabajo. Hay reuniones todo el tiempo. Ya hemos sumado profesionales y vamos a sumar otros con llamados, no s&oacute;lo con concursos a trav&eacute;s de la Sociedad Central de Arquitectos sino tambi&eacute;n contratando ingenier&iacute;a. Es probable que los estudios contin&uacute;en incluso durante la obra porque, para hacerla bien, se necesita un equipo t&eacute;cnico de contraparte todo el tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Hay alg&uacute;n plan para reparar ascensores y escaleras mec&aacute;nicas en el subte?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, en estos meses se van a licitar algunas compras de escaleras mec&aacute;nicas y ascensores. Est&aacute;n presupuestados. Hab&iacute;a algunos que por distintas razones estuvieron retenidos en la Aduana durante el Gobierno anterior y hasta hace seis meses. Por eso algunas se van a instalar ahora, porque ya estaban compradas. Hay una necesidad importante de inversi&oacute;n real en accesibilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;En alg&uacute;n momento va a retomarse la construcci&oacute;n de la estaci&oacute;n S&aacute;enz de la l&iacute;nea H, que ya fue adjudicada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eso tiene que entrar en financiamiento con cupos de Naci&oacute;n. Es una obra con mucho impacto metropolitano y hemos priorizado las obras eminentemente porte&ntilde;as, porque es lo l&oacute;gico. S&aacute;enz es muy cara, cuesta m&aacute;s de 250 millones de d&oacute;lares m&iacute;nimo, porque la tierra es mala ah&iacute;. Pero se vincula a un ferrocarril metropolitano, donde adem&aacute;s tambi&eacute;n hay que invertir para que tenga impacto. Cuando ves el gran cambio de Madrid en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, o ves Londres o Par&iacute;s, te das cuenta de que los pa&iacute;ses destinan financiamiento a las grandes ciudades, porque son uno de los principales activos para ser competitivos. A esa mesa no se tiene que sentar la Ciudad sola, sino tambi&eacute;n la Naci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>En bici o a pie</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Hay planes de movilidad activa?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, absolutamente. Salimos con el plan Avenidas Porte&ntilde;as. &ldquo;Las ciudades son sus grandes avenidas&rdquo;, dec&iacute;a [el urbanista franc&eacute;s Georges-Eug&egrave;ne] Haussmann. Y Buenos Aires es una ciudad de grandes avenidas. Vamos a transformar 17. La primera es Independencia, hoy muy degradada. Son 22 cuadras donde vamos a ordenar los servicios p&uacute;blicos, ensanchar veredas, arbolar, cambiar los estacionamientos, mejorar los dos carriles, fijar los contenedores de residuos para que no est&eacute;n circulando. Donde entre, vamos a poner un boulevard. Donde haya espacio, vamos a separar la ciclov&iacute;a. La siguiente es P&eacute;rez Gald&oacute;s en La Boca, y Caseros, que se completar&aacute;. Siguen Fern&aacute;ndez de la Cruz, San Juan y Boedo. Respecto de las bicis, por ah&iacute; lo sab&eacute;s, pero terminamos la obra de ensanche de la segunda ciclov&iacute;a en cantidad de uso en la ciudad, que es Billinghurst, que tiene 3.500, 4.000 usuarios diarios. La ensanchamos, la nivelamos y la hicimos en un solo material.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Toda la calle del mismo material?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Toda la ciclov&iacute;a del mismo material. Esa ya est&aacute; terminada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Quer&iacute;a preguntarle sobre la ciclov&iacute;a de Tucum&aacute;n, esas dos cuadras entre Rodr&iacute;guez Pe&ntilde;a y Uruguay que fueron removidas&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eso lo tiene que resolver la Justicia. Nosotros presentamos todo para que nos permitan hacerlo. Estamos a la espera de la resoluci&oacute;n final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Pero la Justicia ya declar&oacute; abstracto el recurso del Gobierno de la Ciudad&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Capaz est&aacute; resuelto entonces. En ese caso, si tenemos que reconstruir, lo haremos. Nuestra lectura es que las calles de las ciclov&iacute;as de Tucum&aacute;n y Marcelo T. de Alvear tienen otros usos y eso es muy conflictivo, siendo que hay otra ciclov&iacute;a a 200 metros. Ah&iacute; funciona muy mal la calle. Tiene muchos consultorios, hospitales, gente mayor que va a esos lugares. El tr&aacute;nsito se traba permanentemente por una simple ciclov&iacute;a que se usa re poquito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;ndo fue el &uacute;ltimo relevamiento sobre su uso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En septiembre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Hay alg&uacute;n proyecto para ampliar la red de ciclov&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ahora se van a ensanchar y nivelar las de Estados Unidos y Valle. Las que se usan mucho, mejor&eacute;moslas. Y, en el otro extremo, &iquest;d&oacute;nde tenemos las mayores congestiones y quejas de otros usuarios que no andan en bicicleta, pero que son ciudadanos porte&ntilde;os? En los tramos donde tenemos tantos consultorios y hospitales, gente que para a comprar cosas&hellip; Con una ciclov&iacute;a ah&iacute; hac&eacute;s que el tipo que tiene que hacer 15 cuadras en auto tarde 30 minutos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;les son las ciclov&iacute;as que ustedes dicen que generan problemas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Marcelo T. de Alvear est&aacute; ah&iacute; arriba en el tope, por estos usos que te digo. Hay tramos que no los usa absolutamente nadie. Y muchos frentistas que dicen: &ldquo;Me pusieron una ac&aacute; y no puedo estacionar en la vereda de mi casa, tengo que dejar el auto en la esquina y caminar 100 metros, y nunca veo un ciclista&rdquo;. Desde hace 20 a&ntilde;os voy tres veces por semana en bicicleta al club, a nadar. Yo la uso, a m&iacute; me encanta. No hab&iacute;a ciclov&iacute;as hace 15 a&ntilde;os, yo iba en bici por la calle. Adem&aacute;s, no es que hay una reglamentaci&oacute;n que s&oacute;lo pod&eacute;s andar en ciclov&iacute;a, pod&eacute;s andar en bicicleta por la ciudad. La ciclov&iacute;a te da seguridad. Ahora, si te da seguridad a cambio de que la gente tenga que estacionar y caminar 100 metros con la bolsa del s&uacute;per o parar en doble fila para bajar la bolsa, empieza a ser... Si me dec&iacute;s que la usan 1.000, 3.000, 4.000 por d&iacute;a, lo que vos quieras. Pero la usan cinco, diez, veinte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Si es por n&uacute;meros, los vecinos que se quejan por esa ciclov&iacute;a no llegan a la triple cifra tampoco.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por eso lo estamos trabajando. Yo hice un posgrado en Holanda, que es la meca de la bicicleta. Cuando te gradu&aacute;s, vas al canal y tir&aacute;s la bici con la que estudiaste. Se tiran cientos, y despu&eacute;s pasa una chata enorme y las levanta todas. Las limpian y las ponen de vuelta a la venta. Lo que quiero decir es que ac&aacute; somos pro bicicleta desde hace muchos a&ntilde;os. Lo que s&iacute; tenemos que ser es pro ciudad. Si la bicicleta en alg&uacute;n lado es un conflicto m&aacute;s que una soluci&oacute;n, habr&aacute; que revisar eso. Marcelo T. de Alvear es eso.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/anuncios-gobierno-porteno-cuenta-linea-f-ciclovias-proyectos_1_12231270.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Apr 2025 03:03:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tras los anuncios, el Gobierno porteño cuenta en qué están la línea F, las ciclovías y otros proyectos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[infraestructura porteña,Movilidad eléctrica,Movilidad sustentable,Transporte público,Línea F de subte,Subte,Trambus,Ciclovías,Bicicletas,Avenidas renovadas,Pablo Bereciartua,Subtes,Línea B,Ciudad de Buenos Aires]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Legislativas porteñas: la capital del cotillón electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/legislativas-portenas-capital-cotillon-electoral_129_12208260.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aaeceeca-9606-4931-be1f-06519d6fdaa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Legislativas porteñas: la capital del cotillón electoral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pocas semanas de renovar legisladores, la Ciudad de Buenos Aires se alquila como escenario para campañas que no la tienen en cuenta.</p></div><p class="article-text">
        Llegaron las listas de las legislativas porte&ntilde;as y, con ellas, la pol&iacute;tica local se volvi&oacute; m&aacute;s que nunca una pasarela nacional. De ser tratada por d&eacute;cadas como la Cenicienta electoral, entre un macrismo que la daba por sentada y un kirchnerismo que se resignaba a perderla, <strong>la Ciudad de Buenos Aires hoy vuelve a ser valorada, aunque s&oacute;lo como trofeo a exhibir, y no como el distrito donde viven casi tres millones de personas con problemas concretos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El oficialismo local no esconde su p&aacute;nico ante la posibilidad de perder su basti&oacute;n hist&oacute;rico, y por eso desempolva todas las figuras que cree de confianza. Ah&iacute; est&aacute;n los Macri, Lombardi y hasta Lospennato, ese intento de ala progre dentro de la derecha que incomoda a algunos pero sirve para hacer m&aacute;s digerible el combo. Todos ocupando su puesto en la trinchera, volviendo a anunciar inversiones en cultura y <strong>hasta aguantando silbidos en pleno Bafici con tal de evitar el desembarco de un partido que jam&aacute;s gobern&oacute; Capital</strong>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Nuestra <strong>&uacute;nica </strong>preocupaci&oacute;n es que el kirchnerismo vuelva a avanzar en la Ciudad&rdquo;, dijo Vidal un d&iacute;a antes del cierre de las listas. La agenda real (educaci&oacute;n, vivienda, salud, transporte) puede esperar. Lo urgente, al parecer, es marcar territorio.
    </p><p class="article-text">
        En ese showroom de candidaturas, hay lugar para todo: desde <em><strong>new low</strong></em><strong> porte&ntilde;os como el olor a pis y la mugre en el subte, hasta el uso del atril presidencial como vidriera</strong>, y el abuso de la inteligencia artificial como f&aacute;brica de propaganda <em>low cost</em>. Todo vale en esta encuesta con fondos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Incluso vale la trampa, como dej&oacute; en claro Yamil Santoro (Uni&oacute;n Porte&ntilde;a Libertaria) tras presentar su lista con un logo mellizo del de Uni&oacute;n por la Patria y, no contento con eso, puso de cabeza a su hermano Leandro, hom&oacute;nimo del candidato de UxP. Como si para merecer un esca&ntilde;o en esta ciudad bastara con trucos b&aacute;sicos y no hiciera falta discutir qu&eacute; hacer con una metr&oacute;polis que se encarece, se endurece y se deteriora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mientras la Ciudad de Buenos Aires est&aacute; peor que nunca en a&ntilde;os, hay m&aacute;s nombres que propuestas: </strong>lo que era Juntos por el Cambio en 2023 ahora se reparte en cinco listas distintas; mientras el peronismo se divide en cuatro; los libertarios, en tres; y la izquierda, en dos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero <strong>en algo hay acuerdo, al menos entre oficialistas y libertarios</strong>: hay que elevar penas a los trapitos, bajar impuestos y devolver a los supuestos delincuentes a sus presuntos hogares del Conurbano. Una narrativa de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; desde el otro lado de la General Paz que alimenta una idea de pureza urbana no s&oacute;lo clasista y maniquea, sino tambi&eacute;n profundamente funcional al <em>statu quo</em>. Y, sobre todo, falsa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La grilla y el tablero</strong></h2><p class="article-text">
        En el medio, los porte&ntilde;os miramos c&oacute;mo nos usan como piezas de ajedrez. En el d&iacute;a a d&iacute;a, nuestra preocupaci&oacute;n no es qui&eacute;n se impone en la batalla simb&oacute;lica con &iacute;nfulas nacionales sino qui&eacute;n resuelve lo importante en la ciudad: el valor del alquiler, la inseguridad urbana, el patrimonio, el desarrollo inmobiliario, el verde, la movilidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El problema no es s&oacute;lo que se juega con la ciudad sin siquiera discutirla. Es que, adem&aacute;s, ya nadie cree en el juego. </strong>Y es que, &iquest;por qu&eacute; alguien creer&iacute;a?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La l&iacute;nea F de subte se publicita como si ya estuviera corriendo, con campa&ntilde;as con im&aacute;genes igual de ficticias: las de usuarios felices creados con inteligencia artificial. Se promociona como renovaci&oacute;n lo que en realidad son tareas de mantenimiento incluidas en la sigla ABL. Y se difunden im&aacute;genes del barrio Rodrigo Bueno para hablar de la 31 con tal de captar votos a fuerza de indignaci&oacute;n perform&aacute;tica, v&iacute;a Ramiro Marra.
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            <span class="title">
                La línea F se promociona como si ya funcionara, pero sólo corre en la imaginación oficial.                            </span>
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        <strong>En este panorama, vale m&aacute;s el ruido que el rumbo. Pero, si nadie habla de lo que importa, &iquest;qu&eacute; sentido tiene escuchar?</strong>
    </p><h2 class="article-text"><strong>Sobran torres, faltan techos</strong></h2><p class="article-text">
        Es curioso ver c&oacute;mo la ciudad m&aacute;s rica del pa&iacute;s enfrenta problemas que parecen de otro contexto: escuelas con techos que se caen, cientos de porte&ntilde;os por d&iacute;a debutando en la vida en la calle, bolsas de basura desgarradas por todas partes, o barrios populares que se inundan mientras el Estado asiste poco y nada.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Buenos Aires tiene presupuesto de capital europea, pero promesas de maqueta y realidades de emergencia. Campañas con fakes, trampas e inteligencia artificial: todo menos política real</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Todo con un presupuesto de $13,6 billones, mayor al de capitales como Madrid, que cuenta con &euro;7.557 millones</strong>. Convertida a moneda europea, la billetera porte&ntilde;a equivale a unos &euro;11.362 millones, casi 50% por encima de la madrile&ntilde;a en t&eacute;rminos absolutos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La diferencia se ampl&iacute;a si se ve el gasto per c&aacute;pita: <strong>mientras Buenos Aires destina cerca de &euro;3.640 por habitante, Madrid invierte unos &euro;2.290.</strong> La comparaci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de las diferencias en lo institucional y lo econ&oacute;mico, da una idea del volumen de dinero con el que se mueve esta ciudad. Una riqueza que, sin embargo, deja preguntas sin respuesta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Basura acumulada y sin recolectar en la esquina de la calle Vedia y la avenida Cabildo, en Núñez, que no es precisamente una zona pobre: es uno de los barrios más acomodados y residenciales de la Ciudad de Buenos Aires."
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                Basura acumulada y sin recolectar en la esquina de la calle Vedia y la avenida Cabildo, en Núñez, que no es precisamente una zona pobre: es uno de los barrios más acomodados y residenciales de la Ciudad de Buenos Aires.                            </span>
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        &iquest;Qu&eacute; se va a hacer con la escasez de espacios verdes? &iquest;Y con el subte, con m&aacute;s suciedad e interrupciones que ascensores que funcionen? &iquest;Y con las 32 l&iacute;neas de colectivos que empez&oacute; a administrar el Gobierno porte&ntilde;o, pero en lugar de mejorar s&oacute;lo aumentan su boleto? &iquest;Cu&aacute;ntas propiedades de alto valor patrimonial seguir&aacute;n derrib&aacute;ndose para construir torres vac&iacute;as? <strong>&iquest;Qu&eacute; plan de movilidad hay, m&aacute;s all&aacute; de anuncios inconexos? &iquest;Y qu&eacute; programa para enfrentar la crisis sin criminalizar a quienes duermen en la calle o trabajan en ella?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nos dicen que Buenos Aires es una &ldquo;ciudad de vanguardia&rdquo;, pero las veredas est&aacute;n cada vez m&aacute;s rotas. Nos dicen que Buenos Aires est&aacute; limpia mientras tiran desodorante con aroma a lim&oacute;n. Nos prometen una urbe moderna e innovadora, pero los colectivos y calles siguen colapsando en hora pico. Y el subte, pese a los anuncios, dej&oacute; de sumar kil&oacute;metros hace seis a&ntilde;os, mientras Santiago de Chile y San Pablo literalmente nos pasan por abajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El cinismo en la pol&iacute;tica no es nuevo, pero s&iacute; es cada vez m&aacute;s destructivo. </strong>Incluso aunque nos hayamos acostumbrado a vivir en una ciudad que, m&aacute;s que cumplir, promete. Cuando la campa&ntilde;a apunta m&aacute;s a lucirse en la vidriera que a gobernar en serio, el resultado es siempre el mismo: promesas sin ciudad. <strong>Quiz&aacute;s la clave de las pr&oacute;ximas elecciones no sea qui&eacute;nes ganan, sino cu&aacute;nto perdemos en ese proceso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/legislativas-portenas-capital-cotillon-electoral_129_12208260.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Apr 2025 09:43:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Legislativas porteñas: la capital del cotillón electoral]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del fileteado a las cookies: el kiosco de diarios muta o muere]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fileteado-cookies-kiosco-diarios-muta-muere_129_12167221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d72cf477-bb13-41d2-a5a7-a7b1fc2c9f46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del fileteado a las cookies: el kiosco de diarios muta o muere"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Buenos Aires queda menos de la mitad de los kioscos de diarios que había hace 25 años. Alguna vez fueron el corazón informativo de la ciudad. Hoy se venden por miles de dólares como “polirrubros sin expensas”.
</p></div><p class="article-text">
        Afuera no se consiguen. Hay versiones parecidas, pero no es igual. No hay forma de replicar su cantidad, ni su variedad, ni sus pinceladas en forma de filetes, retratos de Gardel o versos de Homero Manzi. <strong>En Buenos Aires, los puestos de diarios tienen algo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como hasta la llegada de Jorge Macri no hab&iacute;a dos bondis iguales, tampoco hay dos puestos de diarios id&eacute;nticos. Poco importa que su fabricaci&oacute;n est&eacute; en pocas manos, como las de Fredy en Isidro Casanova, o las de Manolo y Los Celtas en Lomas del Mirador.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; la parada del 39?&rdquo;. &ldquo;&iquest;Estoy lejos de la estaci&oacute;n Per&uacute;?&rdquo;. Quienes atienden estos puestos cumplen un rol no s&oacute;lo comercial, sino adem&aacute;s comunitario. Desde reservar un esperado ejemplar e indicar c&oacute;mo llegar a un lugar, hasta recibir correspondencia, guardar llaves o regar plantas ajenas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el medio, escuchan cientos de preguntas y respuestas, que despu&eacute;s reproducir&aacute;n en forma de relatos. Son el cruce entre literatura urbana y tradici&oacute;n oral, mediado por la fugaz permanencia de la noticia impresa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero hoy la letra en tinta cuesta cada vez m&aacute;s y, a juzgar por la magra venta, vale cada vez menos. </strong>Por eso, desde hace tiempo y sin que supi&eacute;ramos bien cu&aacute;ndo, muchos puestos de diarios mutaron en polirrubros de los productos m&aacute;s variados, e incluso en caf&eacute;s al paso.
    </p><p class="article-text">
        Muchos celebran. Yo me pregunto: <strong>&iquest;hasta d&oacute;nde un kiosco de diarios sigue siendo tal y en qu&eacute; punto se vuelve otra cosa? &iquest;Conserva su patrimonio si cambia tanto su rol? &iquest;Es un sobreviviente o un impostor?</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Cafés, librerías fugaces y pequeños polirrubros ocupan el lugar de los viejos canillitas."
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                Cafés, librerías fugaces y pequeños polirrubros ocupan el lugar de los viejos canillitas.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>La edad dorada</strong></h2><p class="article-text">
        Esperar la llegada de una revista o ir a buscar el diario del domingo era como recibir una carta, otro placer que perdimos. Era una forma de asomarse al mundo, de gozar del hallazgo, de jugar a la sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        Florida y Paraguay, Lavalle y San Mart&iacute;n, Per&uacute; y Avenida de Mayo. All&iacute; los puestos de diarios supieron ser una mina de oro a la que costaba entrar como vendedor. Y para eso no hace falta remontarse a la &eacute;poca dorada del periodismo impreso, entre los cuarenta y los setenta. <strong>Hace tres d&eacute;cadas</strong> el mundo tambi&eacute;n era muy distinto: <strong>Clar&iacute;n y La Naci&oacute;n ten&iacute;an una circulaci&oacute;n mensual de 19,7 millones de ejemplares, ocho veces la actual</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Hoy los bares abren cada vez m&aacute;s tarde y s&oacute;lo un pu&ntilde;ado sigue teniendo diarios. En los caf&eacute;s de especialidad directamente no existen &ndash;con la honrosa excepci&oacute;n de Crux en Caballito y, con mucha suerte, un par m&aacute;s&ndash;, mientras leemos las noticias en el celular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, <strong>los puestos de diarios</strong> hoy bajan sus persianas en m&aacute;s d&iacute;as y horarios. <strong>Devinieron postales de la Buenos Aires en extinci&oacute;n, esa en la que la vida se pon&iacute;a en pausa a las 3 o 4 de la ma&ntilde;ana para despertarse apenas un par de horas despu&eacute;s</strong>, con el reparto de ejemplares, su llegada a los kioscos y su lectura en el bar.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo propio y lo ajeno</strong></h2><p class="article-text">
        Los nuevos caf&eacute;s afincados en kioscos de diario ganaron fama tanto por <strong>estetizar chapas a la intemperie como por el milagro de ofrecer caf&eacute; de especialidad a las 7 de la ma&ntilde;ana</strong>. Se instalaron el a&ntilde;o pasado en puestos tan transitados como el de Facultad de Medicina, el de Facultad de Derecho y el de la estaci&oacute;n ferroviaria Belgrano C.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algunos de estos caf&eacute;s venden revistas reales, pero la mayor&iacute;a, s&oacute;lo bebidas, <em>cookies</em>, collages y publicaciones intervenidas, como una suerte de diario ap&oacute;crifo del local. Aqu&iacute; el arte no pasa por los cl&aacute;sicos retratos y versos tangueros pintados a mano sobre la chapa verde, sino por peque&ntilde;as exposiciones art&iacute;sticas, shows musicales ocasionales o reproducci&oacute;n de vinilos en la vereda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pronto a estos caf&eacute;s les lleg&oacute; el recelo tanto de canillitas</strong> (que argumentan que all&iacute; no se ofrecen diarios) <strong>como de gastron&oacute;micos</strong> (por supuesta competencia desleal). M&aacute;s all&aacute; de las opiniones, no hay duda de que se trata de una transformaci&oacute;n total del kiosco de diarios, un <strong>cambio de su rol comercial pero tambi&eacute;n del comunitario</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s concesionarios quieren subirse a esta ola. Como Cristian Nicol&aacute;s, que desde su kiosco de diarios de Independencia al 400 busca convencer de desembolsar US$43.000 para quedarse con su puesto. &ldquo;Ideal para implementar la nueva tendencia del caf&eacute;&rdquo;, reza su aviso online.
    </p><p class="article-text">
        Algunos kioscos, en cambio, fueron absorbidos para un uso distinto: convertirse en librer&iacute;as, aunque sea de forma fugaz. Por ejemplo, el de Callao al 600 a fines del a&ntilde;o pasado, que durante un mes alberg&oacute; una editorial de t&iacute;tulos ilustrados.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                “¿Estoy lejos de la estación Perú?”. Quienes atienden estos puestos cumplen un rol no sólo comercial, sino además comunitario.                            </span>
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        Esa intervenci&oacute;n recuerda que desde siempre <strong>los puestos de diarios llegan a rincones donde las librer&iacute;as no ingresan. </strong>As&iacute; democratizan la venta de libros en todos los barrios, con colecciones exclusivas de novelas, poes&iacute;as y ensayos, que a veces desatan verdadera histeria.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La resistencia</strong></h2><p class="article-text">
        Con todo, la mayor&iacute;a de los kioscos de diarios se transforman de forma gradual en lugar de radicalmente. <strong>Sin perder su rol de dar noticias, resisten mudando su piel gris&aacute;cea a una multicolor, m&eacute;rito de los nuevos productos que ofrecen</strong>. Pa&ntilde;uelos, banderines y juguetes. Baldes de playa y tijeras de jardiner&iacute;a. Vinilos, cubiertos y accesorios para el pelo. Algunos art&iacute;culos se ofrecen por s&iacute; solos. Otros son parte de revistas o suplementos.
    </p><p class="article-text">
        En pos de diversificar, algunos hasta cargan SUBE. Y m&aacute;s de uno guarda una casa de cambio: precarias y a demanda, estas cuevas est&aacute;n lejos del rol de lavar plata que alguna vez imagin&oacute; C&eacute;sar Aira en su novela <em>El sue&ntilde;o</em>. En esa ficci&oacute;n, un personaje asegura que los kioscos de diarios eran ideales para blanquear capitales y as&iacute; sacar al pa&iacute;s de una de sus crisis.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Aira public&oacute; esa novela, en 1998, hab&iacute;a 4.800 kioscos de diarios en la Ciudad de Buenos Aires. <strong>Hoy, seg&uacute;n el Sindicato de Vendedores de Diarios de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires (SIVENDIA), son entre 1.800 y 2.000. </strong>En sus mejores tiempos eran 8.000, recuerda Omar Plaini, secretario general del sindicato, a quien consulto para este texto.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, <strong>en Internet se ofrece un kiosco de diarios de cuatro metros cuadrados a 15.000 d&oacute;lares en Avenida de Mayo</strong>. &ldquo;A cuadras del congreso todo tipo de turismo ideal polirubro&rdquo;, escribe Roberto su aviso sin comas. Estas reinvenciones, parches sobre un hueco que se ensancha, no logran frenar el colapso de una estructura ya desgarrada.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Destino y propagaciones</strong></h2><p class="article-text">
        Las nuevas tecnolog&iacute;as, la crisis, la pandemia y hasta la grieta contribuyeron a <strong>este escenario de p&eacute;rdida, que va de la mano con la de las charlas con desconocidos, que hoy generan ansiedad</strong>. Si compramos en un kiosco de diarios, hay que hablar s&iacute; o s&iacute; con el canillita. Preguntar si lleg&oacute; un ejemplar implica exponer los consumos culturales propios a un otro real, en lugar de presumir en redes s&oacute;lo los conspicuos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablando de redes, <strong>me pregunto si el consumo de diarios en papel podr&iacute;a resurgir entre los m&aacute;s j&oacute;venes como una cuesti&oacute;n vintage</strong>, tal como pas&oacute; con los vinilos. Un bar de viejes, un caf&eacute; espumoso, un diario desplegado: la foto perfecta para Instagram.
    </p><p class="article-text">
        Pero me intriga, sobre todo, cu&aacute;l es el l&iacute;mite de la reconversi&oacute;n de sus kioscos. Este cambio de piel, &iquest;es adaptaci&oacute;n o mero sustituto? El hecho de compartir lugar, chapa y pintura, &iquest;resguarda su funci&oacute;n social? &iquest;Estamos reinventando, o s&oacute;lo reemplazando lo que ya no entendemos? Quiz&aacute;s la verdadera pregunta no sea si podemos transformarnos, sino <strong>si estamos dispuestos a perder en el proceso lo que nos hac&iacute;a m&aacute;s cercanos</strong>, sin que haya en el medio consumos sofisticados.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fileteado-cookies-kiosco-diarios-muta-muere_129_12167221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Mar 2025 09:58:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del fileteado a las cookies: el kiosco de diarios muta o muere]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciudad de Buenos Aires,Canillita,diarios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las cicatrices de la cuarentena: qué aprendimos y qué olvidamos en esta media década]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/cicatrices-cuarentena-aprendimos-olvidamos-media-decada_1_12148127.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38c78da9-ebcc-4d61-943c-2ab3e1d79eb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las cicatrices de la cuarentena: qué aprendimos y qué olvidamos en esta media década"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pandemia sacudió el país como un sismo lento que todavía deja réplicas. Cambiaron las calles, las maneras de movernos, los miedos, las certezas. Cinco años después, seguimos queriendo saber hasta dónde dejó huella.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A partir de la cero hora de ma&ntilde;ana deber&aacute;n someterse al aislamiento social preventivo y obligatorio. Esto quiere decir que a partir de ese momento nadie puede moverse de su residencia&rdquo;. Con esas palabras el entonces presidente Alberto Fern&aacute;ndez anunciaba el inicio de un aislamiento que iba a ser de diez d&iacute;as y termin&oacute; siendo de cientos. <strong>Aquel 19 de marzo de 2020 a las 21.17 se confirm&oacute; lo que todos tem&iacute;an. Menos de tres horas despu&eacute;s, se paraba la Argentina</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Millones dejaban de subirse a colectivos, trenes, subtes, autos. Hasta Buenos Aires pausaba su ritmo fren&eacute;tico y volv&iacute;a desierto sus espacios m&aacute;s colmados. La pandemia trajo un silencio inc&oacute;modo, raro.<strong> El ruido se redujo hasta un 36% en algunas esquinas</strong>, seg&uacute;n un informe del Gobierno porte&ntilde;o. Las bocinas y las charlas se fueron apagando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, aprend&iacute;amos a movernos de una forma diferente. Las bicis pasaban de opci&oacute;n a protagonistas, a raz&oacute;n de h<strong>asta 600 ciclistas por hora en determinadas avenidas</strong>. El transporte p&uacute;blico perd&iacute;a pasajeros en favor del auto (y jam&aacute;s terminar&iacute;a de recuperarlos). Quienes pod&iacute;an, se volcaban al teletrabajo. Los que no, se convert&iacute;an en trabajadores &ldquo;esenciales&rdquo;, pero no en todos los casos.
    </p><p class="article-text">
        Sumamos no s&oacute;lo h&aacute;bitos, sino tambi&eacute;n vocabulario. Llevamos al uso cotidiano t&eacute;rminos como <strong>&ldquo;distancia social&rdquo;, &ldquo;cuarentena&rdquo; y &ldquo;negocios de cercan&iacute;a&rdquo;</strong>. Aprendimos qu&eacute; era &ldquo;aplanar la curva&rdquo;, un test PCR o una &ldquo;burbuja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Puertas adentro ya no hab&iacute;a negocio, as&iacute; que bares y restaurantes sacaron su ritual a la calle. Mesas al aire libre pero tambi&eacute;n ventanas que se abr&iacute;an para ofrecer un caf&eacute;, una medialuna o alg&uacute;n otro retazo de normalidad perdida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Bares y restaurantes inicialmente cerraron pero tiempo después, para sobrevivir, sacaron esas al aire libre pero también ventanas que se abrían para ofrecer un café, una medialuna o algún otro retazo de normalidad perdida.                            </span>
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        Los barrios porte&ntilde;os tur&iacute;sticos, que vivieron su propia agon&iacute;a con la ausencia de extranjeros, salieron a buscar clientes locales. San Telmo, Palermo y otros se llenaron de propuestas para convencer a los porte&ntilde;os de redescubrir sus propias calles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los barrios fuera de circuito tambi&eacute;n sufrieron, sobre todo si ten&iacute;an mucha m&aacute;s gente que verde, como Flores, Almagro y Caballito. Los espacios al aire libre eran cuesti&oacute;n de vida o muerte, y no s&oacute;lo en cuanto al virus: con la cordura bajo amenaza, salir al parque era el para&iacute;so. <strong>Gracias a eso ganamos veredas ensanchadas, se&ntilde;al de que la ciudad ped&iacute;a m&aacute;s espacio peatonal a gritos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El mundo hab&iacute;a cambiado de la noche a la ma&ntilde;ana, y hubo quienes disfrutaron de esta pausa. La mayor&iacute;a, sin embargo, lo sufri&oacute; de formas varias. El desconcierto, la paranoia y la angustia ahogada, sin nadie para escucharla. <strong>Muchos volvieron a chocar de frente con los ataques de p&aacute;nico. Otros se estrenaron en el caos de la ansiedad. </strong>Todos sufrieron de alg&uacute;n modo la incertidumbre, mientras la atenci&oacute;n sanitaria estaba puesta en tratar el virus.
    </p><p class="article-text">
        En una cultura marcada por el contacto, el aislamiento obligado pega mucho m&aacute;s fuerte. La suspensi&oacute;n de las milongas y su abrazo apretado fue un golpe particular. Las pistas quedaron vac&iacute;as por meses y el reencuentro post-pandemia no fue autom&aacute;tico. Algunos, antes que el virus, debieron sacudirse el miedo.
    </p><p class="article-text">
        El teatro, en cambio, resisti&oacute; desde el vac&iacute;o. Salas reconvertidas en ferias o mercados, actores y directores que encontraron en las plataformas digitales un consuelo precario. Pero el aplauso virtual no llena, ni siquiera se parece. Volver al escenario fue redescubrir la magia de compartir un espacio.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo pas&oacute; en t&eacute;rminos solidarios. <strong>En barrios como Flores, donde el virus golpe&oacute; fuerte, la gente se organiz&oacute; para ayudar como pudo. </strong>Redes de comida, abrigo, apoyo. Mientras algunos hicieron de su casa una fortaleza, otros entendieron que m&aacute;s all&aacute; del temor hab&iacute;a que tender la mano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una Avenida de Mayo desierta.                            </span>
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        <strong>Pero la pandemia tambi&eacute;n dej&oacute; sus iron&iacute;as brutales.</strong> Hubo quienes se encerraron para escapar del Covid y terminaron contagi&aacute;ndose de dengue dentro de sus propias casas. Otros pasaron de la man&iacute;a de desinfectar objetos al desenga&ntilde;o cuando se supo que hab&iacute;a que abrir ventanas y puertas. Una medida que tard&oacute; en llegar a todas partes salvo a los barrios populares, donde desde el vamos se sugiri&oacute; salir a la calle porque quedarse adentro equival&iacute;a a hacinarse.
    </p><p class="article-text">
        De todas las &aacute;reas que la pandemia arras&oacute;, <strong>el Microcentro porte&ntilde;o fue la que se vaci&oacute; m&aacute;s brutalmente. </strong>Del mismo modo que retornamos a la normalidad como si nada hubiera pasado, en las calles c&eacute;ntricas hubo intentos de adaptarse pero a costa de sus rituales. Hoy sus oficinas y caf&eacute;s siguen parcialmente vac&iacute;os. Mientras tanto, <strong>las &aacute;reas peatonales ganadas por la pandemia volvieron a dar paso a los autos, y el teletrabajo mut&oacute; en presencialidad total en muchos casos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, seguimos buscando un balance entre un pasado enterrado y un futuro que a&uacute;n no cuaja. Hasta nuestras ciudades m&aacute;s pobladas, siempre hervideros de actividad, siguen mostrando c&oacute;mo lo que parece s&oacute;lido puede volverse ef&iacute;mero.
    </p><p class="article-text">
        Con la pandemia, hasta Buenos Aires dej&oacute; de escucharse. En su lugar apareci&oacute; el sonido de los aplausos a los m&eacute;dicos, de las aplicaciones de cadetes a la espera de un pedido, de los patos y gallaretas cruzando la avenida Sarmiento convertida en desierto. &ldquo;La naturaleza est&aacute; sanando&rdquo;, dec&iacute;an. &ldquo;Esto nos har&aacute; mejores&rdquo;, promet&iacute;an. <strong>Tom&oacute; a&ntilde;os darnos cuenta de que jam&aacute;s ser&iacute;amos los mismos, y no siempre en sentido positivo. La pandemia dej&oacute; una huella cuyo tama&ntilde;o total a&uacute;n no vimos</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/cicatrices-cuarentena-aprendimos-olvidamos-media-decada_1_12148127.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Mar 2025 03:29:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las cicatrices de la cuarentena: qué aprendimos y qué olvidamos en esta media década]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuarentena,ASPO,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De oficinas vacías y jefes inseguros: el show de la presencialidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/oficinas-vacias-jefes-inseguros-show-presencialidad_129_12128044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/866481d6-aad6-42ba-9f8d-fe4a1f952e33_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De oficinas vacías y jefes inseguros: el show de la presencialidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras algunos ganan tiempo y calidad de vida, otros enfrentan la desconexión y el aislamiento. ¿Tiene sentido viajar al trabajo cada día cuando el empleo cambió tanto? ¿Hay retorno a esa rutina compartida?</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Se celebra y se festeja fuerte el fin del home office en @BigboxAr. Vamos vamos vamos!!! (sic)&rdquo;, <a href="https://x.com/maghico22/status/1892706863029928308" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tuitea el fundador y CEO de una empresa que vende, parad&oacute;jicamente, virtualidad</a>: vouchers online que reemplazan regalos f&iacute;sicos y ofrecen &ldquo;experiencias&rdquo; deportivas, tur&iacute;sticas, gastron&oacute;micas. La frase es una oraci&oacute;n impersonal, sin sujeto: no se sabe qui&eacute;n &ldquo;festeja fuerte&rdquo;. Los trabajadores, seguro que no, a juzgar por los que se ven en el video que acompa&ntilde;a el tuit.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Est&aacute;n serios, api&ntilde;ados pero cada uno en su mundo. Algunos con auriculares escuchando m&uacute;sica, muchos en videollamada con gente a kil&oacute;metros de distancia, s&oacute;lo unos pocos interactuando en presencia. </strong>La arenga del final del tuit (&ldquo;Vamos!!!&rdquo; x 3) podr&iacute;a ser un festejo o una orden. A sabiendas de que lo public&oacute; el empresario y de lo que se ve en el video, me inclinar&iacute;a por lo segundo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        M&aacute;s all&aacute; de la frase del jefe, el video me hizo pensar en lo que significa trabajar presencialmente y sus pros y contras frente al <strong>home office, una modalidad que parec&iacute;a consolidada pero que retrocedi&oacute; &uacute;ltimamente, en empresas de ac&aacute; y de todo el mundo</strong>. &iquest;Qu&eacute; tipo de trabajo queremos? &iquest;C&oacute;mo impacta en la ciudad que construimos? &iquest;Qu&eacute; modelo es mejor para los que tenemos la suerte de poder elegirlo?
    </p><h2 class="article-text"><strong>Teletrabajo, el igualador menos esperado</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>El home office es la libertad de trabajar en jogging</strong>, sin jefes respirando en la nuca ni la necesidad de lidiar con lo que implica vivir en esta sociedad, como aguantar el tr&aacute;nsito, disputar un espacio para calentar la comida o convivir en servicios cada vez peores de trenes, subtes o colectivos. <strong>Pero tambi&eacute;n es la muerte lenta de la espontaneidad</strong>: nada reemplaza la conversaci&oacute;n en la cafetera o la idea que aparece en un intercambio casual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Que levanten la mano las personas que, antes de la pandemia, pasaban m&aacute;s horas del d&iacute;a con sus amigos que con sus compa&ntilde;eros de trabajo. </strong>No creo que sean tantas. Del mismo modo, mucha gente encuentra en su empleo el &uacute;nico &aacute;mbito para ver a otros, en parte porque hoy se trabajan tantas horas que queda nulo tiempo o energ&iacute;a para otro tipo de vida social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay otra cara: gracias al home office, las oficinas dejaron de ser el &uacute;nico eje de la vida adulta. <strong>Hay quienes recuperaron tiempo con sus hijos, un trabajo reproductivo poco considerado en la l&oacute;gica del productivo</strong>. Y, sobre todo, se democratiz&oacute; en parte el acceso a ciertos puestos que sol&iacute;an estar reservados a quienes vivieran cerca. El economista John F. Kain llam&oacute; &ldquo;desajuste espacial&rdquo; a esta desigualdad laboral, cuando investig&oacute; el impacto de la segregaci&oacute;n residencial en las oportunidades de empleo en los Estados Unidos de fines de los sesenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n este enfoque, quienes tienen menos recursos tambi&eacute;n suelen ser los que m&aacute;s lejos viven de puestos bien pagos, una distancia que aumenta por un transporte p&uacute;blico deficiente y la necesidad de combinar modos varios. M&aacute;s tiempo en traslados son menos horas disponibles para formarse, despejarse, descansar o tener un segundo empleo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El teletrabajo se present&oacute; como soluci&oacute;n parcial a este desajuste, aunque s&oacute;lo sea de la franja social con empleos realizables a distancia. Sin embargo, algo se pierde en todos los casos: </strong>la textura de la vida urbana, las interacciones que pasan cuando nadie las fuerza, los v&iacute;nculos que surgen m&aacute;s all&aacute; de las tareas. En presencia, la comunicaci&oacute;n es m&aacute;s fluida y completa, y eso genera confianza, un insumo clave no s&oacute;lo para reforzar lazos sino tambi&eacute;n para armar equipos de trabajo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La oficina como puesta en escena</strong></h2><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; pasa en un mundo que se digitaliz&oacute; tanto que muchas oficinas ya no se adaptan? <strong>&iquest;De qu&eacute; sirve la presencia si es un mero rejunte de empleados, que viajan horas a un mismo punto para tener pura reuni&oacute;n a distancia y menos comunicaci&oacute;n con el de al lado? </strong>&iquest;Qu&eacute; rol tienen los di&aacute;logos presenciales si son vistos como superfluos y, en t&eacute;rminos conductistas, como contraproducentes?
    </p><p class="article-text">
        Si el soundtrack entre escritorios es el ruido blanco de teclas y clics, y estar juntos importa cada vez menos porque la vista est&aacute; fija en la pantalla, <strong>la oficina se vuelve ante todo una puesta en escena, sin sus roles de intercambio, contacto y contenci&oacute;n</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para las empresas enfocadas en la productividad, deber&iacute;a importar m&aacute;s el hecho de que el trabajo remoto es igual o m&aacute;s eficiente que el presencial, o que debilita la actividad sindical que tanto temen. Porque no importa cu&aacute;ntas ganas les pongan los gremios a las asambleas virtuales: no reemplazan las que se dan cara a cara, ni el germen revolucionario del radiopasillo, ni el impulso colectivo que se genera en persona para salir a marchar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas oficinas donde la presencia no se traduce en interacci&oacute;n, la vuelta compulsiva se explica por razones poco pr&aacute;cticas: ya se alquilaron las instalaciones y ahora hay que usarlas; o bien son parte de la identidad de la empresa o marca; o <strong>los jefes inseguros necesitan ver a la tropa, vigilar que sea productiva o simplemente mirarla</strong>.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Y la ciudad?</strong></h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las prioridades personales, el debate sobre la presencialidad encierra la pregunta sobre qu&eacute; tipo de ciudad deseamos. Porque la oficina no es s&oacute;lo un lugar de trabajo: es una rutina compartida, un motivo para salir de casa, un organizador del tiempo y de todo el espacio urbano. Sin ella, la ciudad es otra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En una capital que siempre est&aacute; en movimiento, la pandemia se convirti&oacute; en un freno inesperado que aceler&oacute; un cambio esperado: la masificaci&oacute;n del home office. </strong>Este proceso reconstruye Buenos Aires. Desde el cambio m&aacute;s obvio, que es c&oacute;mo nos trasladamos, hasta el m&aacute;s doloroso, que son los rituales perdidos. M&aacute;s silencio en las calles y en los bares, kioscos que venden menos golosinas, restaurantes que suprimen su men&uacute; ejecutivo. Aunque el consumo hogare&ntilde;o aumente con el teletrabajo, no logra reemplazar la vitalidad del que se da en la calle, que nunca termin&oacute; de reponerse.
    </p><p class="article-text">
        El Microcentro sigue en buena parte vac&iacute;o: la vuelta a las oficinas no se ve tanto all&iacute; sino en los <strong>complejos corporativos que brotan como hongos en Belgrano, N&uacute;&ntilde;ez y Vicente L&oacute;pez</strong>. Mientras tanto, con el leitmotiv &ldquo;No hay plata&rdquo;, el plan del Gobierno porte&ntilde;o para revitalizar la zona c&eacute;ntrica fue aniquilado al poco tiempo de nacido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cuando lo peor de trabajar no es el trabajo</strong></h2><p class="article-text">
        A&uacute;n no puedo saldar el dilema home office versus presencialidad. <strong>Creo que es mejor estar presente, quiz&aacute;s porque estoy pensando en una oficina o una redacci&oacute;n que ya no existen</strong>. M&aacute;s que a un lugar, lo que quiero es viajar a un pasado que la pandemia mastic&oacute; y vomit&oacute; en otro formato. Odio tambi&eacute;n que <strong>nuestras casas se hayan convertido en otro espacio de trabajo</strong>. Dejaron de ser nuestro templo de descanso y hoy albergan laptops encendidas, o suspendidas pero titilando, record&aacute;ndonos que nos esperan a cualquier hora para seguir trabajando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al mismo tiempo, celebro con pu&ntilde;o apretado que puedo trabajar desde casa y, a veces, desde otro lado.</strong> Me cansa ir a un lugar de trabajo, porque implica poner en juego la gimnasia del encuentro social cotidiano. Un m&uacute;sculo que perdimos y que no s&eacute; hasta qu&eacute; punto puede renacer. Creo que, con el esfuerzo diario, esa carga se volver&iacute;a m&aacute;s ligera. Pero es dif&iacute;cil dar el primer paso.
    </p><p class="article-text">
        Lo que tengo claro es que <strong>mucha m&aacute;s gente ir&iacute;a con m&aacute;s ganas a la oficina por razones ajenas al trabajo: si no tuviera que perder horas en un transporte infernal, si pudiera vivir cerca y si, como en los viejos tiempos, pudiera comer bien sin que le vaciaran el bolsillo. </strong>Voto por el modelo h&iacute;brido, en parte presencial y en parte remoto: no podemos volver a la prepandemia, pero tampoco olvidar por completo la importancia del contacto humano.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/oficinas-vacias-jefes-inseguros-show-presencialidad_129_12128044.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Mar 2025 09:19:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De oficinas vacías y jefes inseguros: el show de la presencialidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El riesgo no es el enemigo: una psicóloga infantil explica por qué los chicos necesitan asumir desafíos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/riesgo-no-enemigo-psicologa-infantil-explica-chicos-necesitan-asumir-desafios_1_12089670.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ec11b49-9f23-45a6-815a-30b1918512b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El riesgo no es el enemigo: una psicóloga infantil explica por qué los chicos necesitan asumir desafíos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De visita en Buenos Aires, la especialista en juego infantil y profesora en la Universidad de Columbia Británica Mariana Brussoni explica cómo el miedo de los adultos está limitando la capacidad de los niños para aprender, explorar y crecer.
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Hay riesgos que son interesantes para los chicos. Pueden terminar en algo positivo o negativo. Pueden hacerles decir, &lsquo;&iexcl;Qu&eacute; lindo que es treparme al &aacute;rbol!&rsquo;, o bien, &lsquo;&iexcl;Ah! Me ca&iacute; y me romp&iacute; el brazo&rsquo;. Y as&iacute; es el mundo&rdquo;. La autora de la frase no es una adolescente intr&eacute;pida ni un nene en busca de emociones. Es la psic&oacute;loga canadiense del desarrollo Mariana Brussoni, que est&aacute; de visita esta semana en Buenos Aires.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La premiada investigadora trabaja sobre el juego infantil libre y al aire libre, con la lupa puesta tanto en la forma en que los adultos percibimos los riesgos, como en el dise&ntilde;o de entornos propicios para jugar. Es profesora en la Universidad de Columbia Brit&aacute;nica, directora del centro Human Early Learning Partnership (HELP) y fundadora del Outside Play Lab, un espacio de innovaci&oacute;n sobre estos temas.&nbsp;
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        El riesgo suele ser visto con malos ojos porque se lo confunde con el peligro, seg&uacute;n esta autora. El segundo es una amenaza seria que los chicos no pueden reconocer ni mucho menos gestionar, como juegos de plaza rotos. El primero, en cambio, es un desaf&iacute;o que ellos pueden evaluar, como trepar &aacute;rboles. Esta distinci&oacute;n ayuda a limitar los peligros sin erradicar los riesgos: propone en cambio gestionar estos &uacute;ltimos para que los chicos participen y se desaf&iacute;en.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en Uruguay, Brussoni se mud&oacute; con su familia a Canad&aacute; a los cinco a&ntilde;os, pero mantiene su espa&ntilde;ol intacto. Hoy vuelve a Sudam&eacute;rica despu&eacute;s de no pisar suelo porte&ntilde;o por 15 a&ntilde;os. El motivo es el Encuentro Internacional &ldquo;Ciudades y sociedades sostenibles&rdquo; este jueves y viernes en la Legislatura. Una oportunidad para escucharla hablar sobre el juego al aire libre y c&oacute;mo este fomenta la creatividad, la resiliencia y la capacidad para resolver problemas, habilidades dif&iacute;ciles de adquirir si se est&aacute; todo el d&iacute;a encerrado con el celular.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El lado positivo del riesgo</strong></h2><p class="article-text">
        En una entrevista, hay un/a periodista que pregunta, y un entrevistado o entrevistada que contesta. En esta charla con Brussoni, los roles empiezan dados vuelta. Es ella quien primero consulta: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es tu recuerdo favorito de cuando jugabas de chica?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Treparme a los &aacute;rboles en la plaza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Todos me responden cosas as&iacute;: jugar al aire libre, con otros ni&ntilde;os y sin padres alrededor. Sin que nadie les est&eacute; diciendo que se calmen o se callen. Asumiendo riesgos. Las cosas que hacen los chicos cuando juegan al aire libre son muy importantes para su desarrollo. Est&aacute;n m&aacute;s activos f&iacute;sicamente, no usan tel&eacute;fonos y se mueven m&aacute;s, de una forma imposible de lograr si estuvieran adentro. Incorporan lo que en ingl&eacute;s llamamos &ldquo;Physical literacy&rdquo;, la habilidad de entender c&oacute;mo mover el cuerpo en el espacio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Ser&iacute;a como un autoconocimiento f&iacute;sico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, entender el cuerpo en movimiento, por ejemplo c&oacute;mo tirar una pelota o patear. Cosas muy b&aacute;sicas pero que no pod&eacute;s aprender sentada leyendo un libro. Tambi&eacute;n te ayuda a entenderte. Cuando te trepabas al &aacute;rbol de chica, estabas descubriendo qu&eacute; te gustaba y cu&aacute;n lejos pod&iacute;as ir, si era muy alto o te parec&iacute;a inseguro. En otras palabras, aprend&iacute;as a gestionar el riesgo. Necesitas esas habilidades para situaciones que son m&aacute;s peligrosas, como cruzar una calle, manejar un auto o decidir si tomar drogas o no. Los chicos est&aacute;n sobreprotegidos y no saben tomar riesgos. Cuando empiezan la universidad o un trabajo, no tienen las habilidades para tomar decisiones sobre los riesgos que encuentran.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Entiendo entonces que usted no ve el riesgo como algo negativo&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Exacto. Empec&eacute; mi carrera trabajando en prevenci&oacute;n de heridas, donde la visi&oacute;n oficial era que los riesgos eran malos. Pero despu&eacute;s entend&iacute;, como psic&oacute;loga del desarrollo, que hay riesgos que son interesantes para los chicos. Pueden terminar en algo positivo o negativo. Pueden hacerles decir, &lsquo;&iexcl;Qu&eacute; lindo que es treparme al &aacute;rbol!&rsquo;, o bien, &lsquo;&iexcl;Ah! Me ca&iacute; y me romp&iacute; el brazo&rsquo;. Y as&iacute; es el mundo. Pasamos de una perspectiva de mantener a los ni&ntilde;os tan seguros como sea <em>posible </em>y prevenir todas las heridas, a mantenerlos tan seguros como sea <em>necesario</em>. S&oacute;lo las heridas m&aacute;s serias son permanentes y, en general, son muy raras. Tenemos miedo y nos protegemos de algo que estad&iacute;sticamente no pasa seguido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Brussoni llegó a la Argentina para participar del Encuentro Internacional “Ciudades y sociedades sostenibles”, que tiene lugar este jueves y viernes en la Legislatura.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Por estas pampas</strong></h2><p class="article-text">
        En la Argentina y otros pa&iacute;ses, existe la creencia de que los chicos van a ser asaltados o secuestrados si est&aacute;n solos o con sus pares. Para muchos padres y madres es dif&iacute;cil abrirse a la idea del juego sin adultos al lado. &ldquo;En parte se cree eso porque escuchamos noticias horribles que nos hacen pensar que hay que estar pendiente todo el tiempo de los chicos, cuando en realidad no es as&iacute;&rdquo;, destaca Brussoni. Y cuenta que, seg&uacute;n las estad&iacute;sticas, los secuestros por parte de extra&ntilde;os son muy raros: en general son perpetrados por gente que conoce a los ni&ntilde;os. &ldquo;Estamos limitando sus movimientos por algo muy poco probable, y sin darnos cuenta hacemos algo que los da&ntilde;a 100%&rdquo;, lamenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Como psic&oacute;loga, &iquest;de d&oacute;nde cree que surge esta necesidad de control y sobreprotecci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A fines de los ochenta la idea de buen padre o buena madre empez&oacute; a cambiar, en parte porque hab&iacute;a m&aacute;s diferencia entre pobres y ricos. Los padres que hab&iacute;an conseguido un buen trabajo ni bien se graduaron o se hab&iacute;an comprado una casa, se dieron cuenta de que sus hijos necesitaban m&aacute;s educaci&oacute;n para tener un estilo de vida equivalente o peor. Entonces naci&oacute; la idea de que un buen padre es aquel que prepara a su ni&ntilde;o para el &eacute;xito, en t&eacute;rminos competitivos: lo manda al mejor colegio y a la mejor universidad, hace que el chico consiga el mejor trabajo. En ese &ldquo;camino al &eacute;xito&rdquo;, el juego empez&oacute; a ser visto como una p&eacute;rdida de tiempo. Hay que mandar al chico a clases de ingl&eacute;s, piano, f&uacute;tbol, lo que sea. As&iacute; tambi&eacute;n se gest&oacute; la idea que un buen padre no deja que le pase nada malo a su hijo, entonces tiene que estar alrededor todo el tiempo, por las dudas. Se empieza a ver a los ni&ntilde;os como incapaces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Qu&eacute; diferencia hay entre la crianza de otros tiempos, a la que ya no se puede volver, y lo que usted propone con el juego libre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hoy todos tenemos celulares, incluidos los ni&ntilde;os. Si salen a la calle a jugar, no hay otros chicos para jugar con ellos, porque est&aacute;n todos adentro con sus tel&eacute;fonos. Pueden encontrar a sus amigos en el celular, pero no afuera. La idea no es volver a un pasado ideal, pero tampoco seguir as&iacute;. Necesitamos m&aacute;s tiempo en persona, social, independiente. Que los ni&ntilde;os puedan gastar su tiempo sin importar lo que hagan. Pueden inventar algo en el momento. Los que est&aacute;n terminando el jard&iacute;n de infantes ten&iacute;an dos o tres a&ntilde;os durante la pandemia. En ese momento no pod&iacute;an ver a otros ni&ntilde;os y, cuando sal&iacute;an, ten&iacute;an que usar tapabocas, as&iacute; que no pod&iacute;an ver la expresi&oacute;n de los dem&aacute;s. Entonces no est&aacute;n acostumbrados a estar en un aula, concentrarse y pasar tiempo con otros chicos. Por eso el juego al aire libre es tan importante: les permite entender c&oacute;mo es juntarse con otros y compartir con ellos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;C&oacute;mo influyen las diferencias culturales entre el hemisferio norte y el sur en la crianza y el juego libre de los ni&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Estoy un poco decepcionada de ver que ac&aacute; est&aacute; pasando lo mismo que all&aacute;. Esa idea en particular de lo que es ser un buen padre se origin&oacute; en los Estados Unidos y se esparci&oacute; por todo el mundo. Ustedes ten&iacute;an la siesta, una cosa tan divina. Que eso se est&eacute; perdiendo me pone muy triste, porque la siesta representa la idea de que necesitas tiempo para relajar, para s&oacute;lo estar y charlar, tomar mate con otros, hacer nada. Y este modelo de ser padres toma mucho tiempo y trabajo. Si miras los datos de uso de tiempo de las mujeres en los sesenta y setenta, ves que estaban muchas m&aacute;s horas en casa pero menos horas maternando que ahora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En estos d&iacute;as los adolescentes que se grad&uacute;an celebran su &ldquo;&uacute;ltimo primer d&iacute;a&rdquo; de la escuela secundaria (UPD). En ese marco, los padres llegan a contratar ambulancias por si los chicos toman mucho alcohol. &iquest;Qu&eacute; opina de esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vemos que los ni&ntilde;os han estado tan controlados que despu&eacute;s, cuando tienen chance de tomar sus propias decisiones, no tienen las habilidades para hacerlo. Van a la universidad y no hay padres alrededor, entonces beben en exceso, consumen drogas peligrosas. Y ahora las drogas son m&aacute;s letales. Todo esto tambi&eacute;n genera mucha depresi&oacute;n y ansiedad. Es como los americanos que vienen ac&aacute; y ven que pueden beber, entonces se vuelven locos. Si tienes oportunidades escalonadas para gestionar riesgos, tomas mejores decisiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Este panorama tambi&eacute;n afecta a los chicos en el mundo laboral o el acad&eacute;mico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, lo veo con mis alumnos. Paso mucho m&aacute;s tiempo que antes llev&aacute;ndolos de la mano para ense&ntilde;arles a tomar riesgos intelectuales. Como docente me siento m&aacute;s madre que nunca. No saben c&oacute;mo cometer errores o fracasar. Siempre quieren que les den la soluci&oacute;n, la respuesta.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>A futuro</strong></h2><p class="article-text">
        En el camino a la libertad del juego, hay un obst&aacute;culo que siempre emerge: los autos. &ldquo;Desde la Segunda Guerra Mundial, los pusimos por encima de la gente. Tenemos que recuperar todo ese espacio que les dimos&rdquo;, propone Brussoni. Y pone a Suecia, Noruega y Finlandia como ejemplos: &ldquo;Montaron ciclov&iacute;as, separan los peatones de los autos, tienen muchos lugares donde los ni&ntilde;os pueden jugar sin que necesariamente sea un patio de juegos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es que, aunque a veces nos olvidemos, los chicos son parte de la sociedad. No se trata entonces de que jueguen s&oacute;lo en lugares pensados para eso, sino tambi&eacute;n de ver hacia d&oacute;nde se dirigen e imaginar c&oacute;mo hacer ese camino m&aacute;s &ldquo;juguet&oacute;n&rdquo; e interesante. &ldquo;Se pueden poner peque&ntilde;as rampas, bancos o cosas sueltas, como arena, agua, hojas o palos &ndash;propone Brussoni&ndash;. Tener cosas para que los ni&ntilde;os se sientan bienvenidos en ese espacio y puedan hacerlo propio. Necesitas los lugares y luego las condiciones sociales para que la gente los use&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Qu&eacute; condiciones sociales le parecen m&aacute;s importantes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Para los ni&ntilde;os es clave tener tiempo, espacio, libertad y otros chicos. Los padres necesitan ba&ntilde;os. Los viejos, sombra y lugares donde sentarse. En Canad&aacute; tenemos la iniciativa School Streets: alrededor del colegio se cierran las calles al tr&aacute;nsito de autos cuando entran y salen los ni&ntilde;os. As&iacute; ellos se sienten m&aacute;s seguros para ir a pie hasta ah&iacute; y, cuando llegan, los padres se quedan charlando con otros. Eso crea comunidad. Tambi&eacute;n est&aacute; el concepto de Play Streets, que es lo mismo pero en barrios: cierras la calle una vez por semana por dos o tres horas y eso hace que la gente se sienta m&aacute;s segura para salir y charlar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;l es el mayor aprendizaje que tuvieron hasta ahora en Outside Play Lab?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Que gente que trabaja o investiga desde diferentes &aacute;ngulos termina en el mismo lugar: todos quieren que los chicos salgan. Los profesionales de la salud, para que los ni&ntilde;os puedan correr y ser m&aacute;s f&iacute;sicamente activos. Los de la educaci&oacute;n, para que tengan creatividad y flexibilidad. Los expertos en cambio clim&aacute;tico, para que se conecten con el terreno y entiendan por qu&eacute; es importante salvar el mundo. Los oftalm&oacute;logos, para que no tengan miop&iacute;a. Los psic&oacute;logos, para que gestionen mejor su depresi&oacute;n y ansiedad. Gente como yo, para que los chicos aprendan a manejar el riesgo y por razones de desarrollo infantil. No importa de qu&eacute; escriba cada uno: todos queremos que los chicos salgan a jugar.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Encuentro Internacional &ldquo;Ciudades y sociedades sostenibles&rdquo; tiene lugar este jueves y viernes en la Legislatura. Est&aacute; organizado por esta &uacute;ltima junto al Instituto de Desaf&iacute;os Urbanos Futuros (IDUF), ONU-H&aacute;bitat y el Banco de Desarrollo de Am&eacute;rica Latina y el Caribe (CAF). Brussoni participar&aacute; del panel &ldquo;Jugar y crecer en las ciudades: h&aacute;bitos, cuidados y espacios urbanos&rdquo; este jueves, as&iacute; como de uno de los laboratorios &ldquo;Iniciativas que transforman&rdquo; el viernes, con la presentaci&oacute;n de su caso &ldquo;La experiencia de Outside Play y pautas para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas urbanas que promuevan el juego libre&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/riesgo-no-enemigo-psicologa-infantil-explica-chicos-necesitan-asumir-desafios_1_12089670.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Feb 2025 12:33:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El riesgo no es el enemigo: una psicóloga infantil explica por qué los chicos necesitan asumir desafíos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feria en Parque Rivadavia: la Ciudad arrasa con otra tradición porteña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/feria-parque-rivadavia-ciudad-arrasa-tradicion-portena_129_12068308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4741470-a8d5-40ba-b2c4-9513c968b413_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feria en Parque Rivadavia: la Ciudad arrasa con otra tradición porteña"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La feria de coleccionismo de este espacio verde del barrio de Caballito es parte del ADN de la ciudad, pero el Gobierno porteño decidió cerrarla sin diálogo y con policía. La cancelación como única respuesta. </p></div><p class="article-text">
        Un chico que a&uacute;n pinta pecas le pide a su pap&aacute; un auto de Hot Wheels. Un grupo bien entrado en barbas compra cartas de Pok&eacute;mon y mu&ntilde;ecos de Star Wars. M&aacute;s all&aacute;, una adolescente pregunta cu&aacute;nto cuesta el artbook de un manga. No importa de d&oacute;nde vienen, todos se entienden: hablan el idioma de la negociaci&oacute;n. El ritual se repite cada domingo hace a&ntilde;os, pero hoy est&aacute; en riesgo. Gran parte de la feria de coleccionismo del Parque Rivadavia fue desalojada.
    </p><p class="article-text">
        El macrismo de Jorge lo hizo de nuevo: tom&oacute; una expresi&oacute;n de la identidad porte&ntilde;a y, en lugar de analizarla o gestionarla, la cancel&oacute;. Lo hizo con la diversidad crom&aacute;tica de los bondis, y ahora con una feria de coleccionismo, donde se ofrecen piezas &uacute;nicas, recuerdos de otros tiempos, v&iacute;nculos que van m&aacute;s all&aacute; de la compra y venta.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>La feria, enclavada en el rinc&oacute;n sudeste de este parque de Caballito, abre s&oacute;lo los domingos. La mayor&iacute;a de sus feriantes est&aacute;n de 8 a 15, es decir, apenas siete horas por semana. </strong>Conviven con otras ferias como la de libros y revistas en Beauchef, la de monedas y estampillas sobre Rivadavia, y las ocasionales gastron&oacute;micas, como Sabe la Tierra y Buenos Aires Market. Y lo hace sin mayores conflictos. Hasta hace tres domingos, cuando <strong>el parque amaneci&oacute; rodeado de polic&iacute;as que prohibieron la instalaci&oacute;n de los coleccionistas manteros, tras un reclamo de un grupo de vecinos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El domingo siguiente, 9 de febrero, los feriantes pudieron volver a desplegar sus mantas. Pero, una semana despu&eacute;s, se desayunaron con un requisito: <strong>hab&iacute;a que mostrar el contenido de carteras y mochilas a la Polic&iacute;a de la Ciudad</strong>. Si ten&iacute;an objetos que pudieran venderse, se quedaban afuera. En otras palabras, se les prohib&iacute;a el ingreso a un espacio p&uacute;blico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El Parque Rivadavia tiene la misma edad que Mirtha Legrand, 97. Originalmente era conocido como Plaza Lezica, por haber sido parte de la Quinta Lezica; tiene seis hectáreas y está ubicado entre la avenida Rivadavia y las calles Doblas, Chaco, Rosario y Beauchef del barrio porteño de Caballito."
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            <span class="title">
                El Parque Rivadavia tiene la misma edad que Mirtha Legrand, 97. Originalmente era conocido como Plaza Lezica, por haber sido parte de la Quinta Lezica; tiene seis hectáreas y está ubicado entre la avenida Rivadavia y las calles Doblas, Chaco, Rosario y Beauchef del barrio porteño de Caballito.                            </span>
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        <strong>Una pr&aacute;ctica contraria al C&oacute;digo Procesal</strong>, tanto nacional como porte&ntilde;o, seg&uacute;n el cual un polic&iacute;a s&oacute;lo puede requisar a una persona sin orden judicial en un escenario de flagrancia. Es decir, si la persona fuera sorprendida cometiendo un delito, o inmediatamente antes o despu&eacute;s de hacerlo. Tambi&eacute;n va en contra de los est&aacute;ndares fijados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como el fallo &ldquo;Fern&aacute;ndez Prieto y Tumbeiro&rdquo; de 2020, que ratifica que la revisi&oacute;n de pertenencias sin justificaci&oacute;n concreta viola la libertad ambulatoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los manteros coleccionistas terminaron amuchados en Acoyte y Rivadavia, la esquina m&aacute;s transitada de uno de los barrios porte&ntilde;os m&aacute;s densos. </strong>Una alternativa engorrosa y muy riesgosa en t&eacute;rminos de seguridad vial. Un d&iacute;a despu&eacute;s, ocurri&oacute; lo propio en Rivadavia y Campichuelo: all&iacute; se reuni&oacute; un grupo de vendedores que fueron expulsados del parque, aunque s&oacute;lo hab&iacute;an ido a exhibir legalmente plantas de viveros en puestos habilitados para tal fin.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conocer para querer</strong></h2><p class="article-text">
        Para cuidar algo, hay que quererlo. Y para quererlo, hay que conocerlo. Conozcamos un poco m&aacute;s esta feria de coleccionismo, m&aacute;s que lo que la conocen funcionarios llegados de otra localidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; se vende? Mu&ntilde;ecos articulados, esculturas artesanales, camisetas de f&uacute;tbol, latas antiguas, consolas de videojuegos, tarjetas de series de c&oacute;mics, cassettes y CDs</strong>. Peque&ntilde;os Ponis, llaveros de las Tortugas Ninjas, un &ldquo;Potro&rdquo; Rodrigo tama&ntilde;o bolsillo que canta &ldquo;La mano de Dios&rdquo;. Piezas inconseguibles en cualquier otro lugar. Memoria tangible de la cultura popular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde los a&ntilde;os cuarenta que el parque se usa, entre otras cosas, para canjear estampillas bajo su omb&uacute;, o para comprar revistas en la escuela de enfrente. Dos d&eacute;cadas despu&eacute;s llegar&iacute;a la venta de libros. M&aacute;s tarde, vinilos, rarezas en VHS y ediciones pirata de shows en vivo. Incluso enfrente est&aacute; el bar El Coleccionista, llamado as&iacute; por los filatelistas que copan sus mesas los domingos, actualizando cada semana esta antigua tradici&oacute;n barrial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre los frutos de esta tradici&oacute;n est&aacute; la <strong>feria de coleccionismo en Rosario y Doblas, con ocho puestos formales, a los que despu&eacute;s se les sumaron los manteros, que tambi&eacute;n ofrecen coleccionables</strong>, muchas veces a cambio de un objeto de otro feriante. Un refugio para compradores y vendedores pero tambi&eacute;n para quienes s&oacute;lo buscan un punto de encuentro.
    </p><p class="article-text">
        A Javier Russo, creador del c&oacute;mic S&uacute;per Piba, este espacio le permiti&oacute; reconectar con colegas y compartir pasiones. A Marcelo &ldquo;Carne&rdquo; Ya&ntilde;es (@carni_ceros), docente universitario y artesano de esculturas de terror, le hizo acceder a material musical y f&iacute;lmico que marcar&iacute;a sus gustos para siempre. Y con la crisis, adem&aacute;s, le da otra v&iacute;a de sustento. La feria de coleccionismo es una econom&iacute;a en s&iacute; misma, parte de un circuito que se retroalimenta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy el coleccionismo est&aacute; en auge y ac&aacute; viene gente de otras provincias y de Chile, Brasil y Uruguay. Pasea y gasta plata no s&oacute;lo en los juguetes o los coleccionables, sino tambi&eacute;n en la pancher&iacute;a del parque, los puestos de libros, los kioscos, los bares. Se hab&iacute;a armado un circuito econ&oacute;mico bastante interesante&rdquo;, me se&ntilde;ala Juan Manuel Gonzalez La Volpe, cofundador del medio cuatroveintiuno.com, coleccionista y feriante.
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            <span class="title">
                Niños intercambiando revistas frente al Parque Rivadavia, una foto de época.                            </span>
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        Pese a eso, el Gobierno porte&ntilde;o decidi&oacute; erradicar gran parte de la feria en lugar de intentar entenderla, sin buscar soluciones intermedias ni considerar el impacto social y econ&oacute;mico. &ldquo;Viendo lo que est&aacute; pasando en toda la Capital, queda claro que no quieren que el necesitado trabaje. Es la revancha de los crueles&rdquo;, me marca Ya&ntilde;es.
    </p><h2 class="article-text"><strong>M&aacute;s vale ma&ntilde;a que fuerza</strong></h2><p class="article-text">
        Como me pasa con tantas cosas que hace este [no tan] nuevo Gobierno, me pregunto: &iquest;para qu&eacute;? La medida, &iquest;forma parte del plan de sacar corriendo a los manteros en general, la punta m&aacute;s vulnerable de un comercio sin regulaci&oacute;n que poco tiene que ver con esta feria? &iquest;O disfraza de limpieza comercial la ruptura de la comunidad organizada? &iquest;Qu&eacute; opinar&aacute;n los funcionarios de ferias como El Rastro en Madrid o Mauerpark en Berl&iacute;n? &iquest;Que tambi&eacute;n hay que cerrarlas?
    </p><p class="article-text">
        En lugar de la prohibici&oacute;n total, &iquest;no ser&iacute;a mejor una soluci&oacute;n negociada, que contemple tanto el derecho al espacio p&uacute;blico como las necesidades de los que participan en la feria? <strong>Hay mucho por hacer antes de simplemente clausurarla: abrir espacios de di&aacute;logo entre feriantes, vecinos y Gobierno; acordar condiciones para su funcionamiento; elaborar un censo</strong> para entender mejor qui&eacute;nes son los vendedores y qu&eacute; impacto tienen en la econom&iacute;a del barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vengo a proponer un sue&ntilde;o: hacer una ciudad desde la construcci&oacute;n y no desde la destrucci&oacute;n. </strong>A sabiendas de la complejidad de una metr&oacute;polis en la que conviven ruido c&eacute;ntrico y calma de barrio, en la que hay anonimato urbano pero tambi&eacute;n lazos org&aacute;nicos. Una ciudad donde no haya que explicarle a un funcionario que el Parque Rivadavia no es un problema, sino un espacio de identidad, tradici&oacute;n e intercambio, en m&aacute;s de un sentido.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/feria-parque-rivadavia-ciudad-arrasa-tradicion-portena_129_12068308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Feb 2025 09:40:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Feria en Parque Rivadavia: la Ciudad arrasa con otra tradición porteña]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Buenos Aires: cuando la calle es un riesgo y el plan es quedarse quieto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/buenos-aires-calle-riesgo-plan-quedarse-quieto_129_12030362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/555fccce-bffd-448b-a065-1a7e284406ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Buenos Aires: cuando la calle es un riesgo y el plan es quedarse quieto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los choques con heridos graves casi se duplicaron en un año. Pero el nuevo plan de seguridad vial parece más un documento de mantenimiento que una estrategia para salvar vidas.</p></div><p class="article-text">
        Una psic&oacute;loga amiga ve cada vez m&aacute;s casos de gente que conduce bajo efectos de pastillas. Mis familiares de visita notan mucha m&aacute;s imprudencia al volante que la &uacute;ltima vez que vinieron. Yo misma la percibo, sobre todo en automovilistas, pero incluso en algunos peatones, que cruzan por cualquier parte sin mirar. Sin ver que son los actores m&aacute;s vulnerables de un tr&aacute;nsito cada vez m&aacute;s ansioso y temerario.
    </p><p class="article-text">
        Pero no creo en percepciones ni en algunos casos. Busco estad&iacute;stica, y tambi&eacute;n la hay: <strong>en diciembre hubo un siniestro vial cada 27 minutos en Capital, seis minutos menos que el mes con m&aacute;s choques de 2023</strong>. Es decir, mucho m&aacute;s seguido. Un llamado a repensar nuestras calles: que la seguridad tome el volante y no el auto privado, como viene siendo la norma &uacute;ltimamente.
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        En 2024, los siniestros viales en los que el SAME intervino aumentaron un 10,8% respecto a 2023: 16.026 llamados de emergencia frente a 14.457 un a&ntilde;o antes. Pero lo peor no es eso, sino c&oacute;mo aument&oacute; la gravedad de los hechos. <strong>M&aacute;s de la mitad de esos choques requirieron traslado de emergencia por la seriedad de las heridas. En 2023, en cambio, fue uno de cada tres</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, <strong>los choques con heridos graves en 2024 son casi el doble que los del a&ntilde;o previo</strong>. Los datos fueron obtenidos del Sistema Integral de Seguridad P&uacute;blica (SISeP) y enviados por el Equipo de Comunicaci&oacute;n Unificada en Emergencias Sanitarias (ECUES) a pedido de esta servidora. Muestran adem&aacute;s que la situaci&oacute;n es cada vez peor: tanto la cantidad de siniestros como la de lesionados graves fue aumentando mes a mes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho,<strong> diciembre fue el mes m&aacute;s cr&iacute;tico</strong>: 1.613 auxilios, 1.638 casos de atenci&oacute;n m&eacute;dica, y <strong>un d&iacute;a r&eacute;cord, el jueves 12, en el que 202 personas debieron recibir asistencia de urgencia por choques</strong>, 90 de ellas con heridas graves.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La imprudencia individual, hija de la falta de educaci&oacute;n vial, es gran parte del problema: <strong>alcoholemia, estr&eacute;s, desconcentraci&oacute;n, agresividad e impaciencia, uso del celular, toma de psicof&aacute;rmacos contraindicados si se maneja. Y, sobre todo, exceso de velocidad</strong>, derivado de alguna de las causas anteriores, o de varias de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay un componente estructural, de <strong>dise&ntilde;o urbano, distribuci&oacute;n del tr&aacute;nsito y priorizaci&oacute;n de ciertos modos de movilidad, que deber&iacute;a ser a favor del transporte p&uacute;blico y en contra del auto particular</strong>, por la simple raz&oacute;n de que m&aacute;s veh&iacute;culos es igual a m&aacute;s chances de choques. Ese componente requiere medidas urgentes, sostenidas y coherentes, y no un plan de mantenimiento m&aacute;s. &ldquo;A grandes males, grandes remedios&rdquo;, dice el refr&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, <strong>se sacan tramos de ciclov&iacute;as, no se suma un metro de subte, y tanto ese modo de transporte como los colectivos y trenes funcionan cada vez peor</strong>. Al mismo tiempo, se agregan carriles de autos al Puente de la Innovaci&oacute;n (un proyecto que iba a ser s&oacute;lo para peatones y bicis), se anuncian 2.400 nuevos espacios para estacionar, y se habilita el Paseo del Bajo para veh&iacute;culos particulares los fines de semana.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Mi auto, mi decisi&oacute;n&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        No hace tanto, Buenos Aires gan&oacute; premios de movilidad como los que otorgan la ONG New Cities, el Foro Internacional del Transporte (ITF, de la OCDE), y el Instituto de Pol&iacute;ticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP). Tambi&eacute;n, la Certificaci&oacute;n Oro del programa What Works Cities de Bloomberg Philanthropies para gobiernos locales basados en datos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, los discursos oficiales no permitir&iacute;an llenar ni un formulario de postulaci&oacute;n, porque en <strong>este tema no hay proyecto. O, mejor dicho, el proyecto es garantizar la &ldquo;fluidez del tr&aacute;nsito&rdquo;. Las &ldquo;ideas de la libertad&rdquo; permearon hasta en eso</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando se habla de fluidez del tr&aacute;nsito, no se est&aacute; hablando de los peatones: se est&aacute; aludiendo s&oacute;lo a los veh&iacute;culos motores. Si pienso en fluidez asociada a la falta de obst&aacute;culos y tr&aacute;nsito como exclusivamente veh&iacute;culo motor, estoy aceptando aumentos de velocidades, porque no habr&aacute; sem&aacute;foros, reductores ni nada que afecte esa fluidez&rdquo;, responde Ema Cibotti, presidenta de la Asociaci&oacute;n Civil Activvas contra la violencia vial, cuando le pregunto sobre el tema. En cambio, &ldquo;si la fluidez involucra a todos los usuarios, podemos pensar en mejores v&iacute;as compartidas para circular a diferentes velocidades: a pie, bicicleta, motorizados&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, <strong>el Plan de Seguridad Vial 2024-2027 suena bastante menos ambicioso que el 2020-2023. En lugar de plantear la extensi&oacute;n de las ciclov&iacute;as, s&oacute;lo se mencionan &ldquo;estudios&rdquo; y &ldquo;mejoras&rdquo;, sin especificar m&aacute;s. </strong>Y se incluye la meta de &ldquo;atraer nuevos usuarios&rdquo; a los carriles de bicis, algo imposible de lograr si la red no se expande (y, en lugar de eso, se reduce, como muestran los metros perdidos en la calle Tucum&aacute;n). Mientras tanto, en <strong>Ciudad de M&eacute;xico se anuncia la construcci&oacute;n de 300 kil&oacute;metros de ciclov&iacute;as, en una red que ya tiene 365</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Menos ciclov&iacute;as aumentan el riesgo vial, simplemente porque hay mayor tr&aacute;nsito de veh&iacute;culos motores</strong>, que pueden provocar lesiones severas o mortales a terceros si no se conducen respetando la normativa&rdquo;, me recuerda Cibotti.
    </p><p class="article-text">
        En el plan porte&ntilde;o actual <strong>se habla mucho menos de construir y mucho m&aacute;s de hacer informes</strong>. Y ya no se menciona la baja de las m&aacute;ximas, una medida exitosa en ciudades como Par&iacute;s o Barcelona, sino que se alude a &ldquo;velocidades seguras&rdquo;. <strong>No se propone, como antes, la &ldquo;disminuci&oacute;n de velocidades en avenidas con carriles exclusivos para colectivos&rdquo; sino &ldquo;revisar la normativa de los l&iacute;mites de velocidad&rdquo;</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso se mencionan como ejes de su plan una serie de tareas de mantenimiento b&aacute;sicas de toda gesti&oacute;n, como &ldquo;puesta en valor de la se&ntilde;alizaci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;mantener actualizados los principales an&aacute;lisis de seguridad vial&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Visi&oacute;n, cero</strong></h2><p class="article-text">
        El transporte p&uacute;blico jam&aacute;s recuper&oacute; su n&uacute;mero de pasajeros prepand&eacute;mico. En 2019, representaba el 50% de los viajes, mientras que los de veh&iacute;culos particulares llegaban al 22%. Tras la pandemia, el uso del transporte p&uacute;blico baj&oacute; al 46%, y el de autos subi&oacute; al 25% (y en todo el AMBA, al 31%). El &iacute;ndice de conducci&oacute;n de motos tambi&eacute;n aument&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M&aacute;s autos en la calle demandan m&aacute;s Zonas 30 (donde la m&aacute;xima es de 30 kil&oacute;metros por hora), m&aacute;s espacio para movilidad activa para una distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa y, desde ya, m&aacute;s kil&oacute;metros de subte como medida para desincentivar el uso del auto</strong>. El estado de la seguridad vial requiere no s&oacute;lo mantener la ambici&oacute;n del plan en lugar de bajarla, sino ir por m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la &uacute;ltima d&eacute;cada y media, Buenos Aires hizo gala de una pol&iacute;tica de Visi&oacute;n Cero, seg&uacute;n la cual ninguna muerte es aceptable. </strong>Con sus matices, la Ciudad se convirti&oacute; en un caso relativamente exitoso en materia de seguridad vial, con la menor tasa de mortalidad del pa&iacute;s y una de las m&aacute;s bajas de la regi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy ese avance se ve frenado. &iquest;C&oacute;mo convive el plan de seguridad vial con las amenazas repetidas a lo poco que tiene la ciudad de dise&ntilde;o indulgente, ese que previene choques al obligar a prestar atenci&oacute;n o circular m&aacute;s lento, como algunos tramos con carriles m&aacute;s estrechos en Libertador? &iquest;Qu&eacute; alcance tienen sus metas si hay cada vez m&aacute;s incentivos al uso del auto y el transporte p&uacute;blico empeora? &iquest;Cu&aacute;n lejos se puede avanzar si al mismo tiempo se ataca la movilidad activa, con la remoci&oacute;n de tramos de ciclov&iacute;as y un tope a la peatonalizaci&oacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las soluciones est&aacute;n a mano. La pregunta es si tendremos el coraje de ponerlas en marcha antes de que otra estad&iacute;stica nos choque</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>KN/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/buenos-aires-calle-riesgo-plan-quedarse-quieto_129_12030362.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Feb 2025 09:51:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Buenos Aires: cuando la calle es un riesgo y el plan es quedarse quieto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tránsito,Ciudad,Escala humana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué cambiar lo que funciona? El ploteado que nadie pidió llega a los bondis porteños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cambiar-funciona-ploteado-nadie-pidio-llega-bondis-portenos_129_11985485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd24f06c-fcf7-454f-a4c7-3c96eaea44f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué cambiar lo que funciona? El ploteado que nadie pidió llega a los bondis porteños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El nuevo diseño confunde más de lo que ordena. La pérdida no es sólo estética: afecta la identidad y la funcionalidad de un sistema que necesita soluciones reales, no maquillaje. ¿Qué podría hacerse con esa plata?
</p></div><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Nos despedimos para siempre de los verdaderos filetes? &iquest;Y del degrad&eacute; dulce de leche del 39? &iquest;Qu&eacute; va a pasar con la abeja de Dota?</strong> &iquest;Y con las alas azulgranas del 26 y el 132? La decisi&oacute;n del Gobierno de la Ciudad de te&ntilde;ir de azul los colectivos porte&ntilde;os supone el fin de ciertas tradiciones. Pero va m&aacute;s all&aacute; de lo est&eacute;tico. Se mete con la identificaci&oacute;n y con la identidad.
    </p><p class="article-text">
        Reconozco haber fingido demencia cuando me enter&eacute; de la medida, que debe cumplirse al 100% antes del 28 de febrero. Esperaba que se diera marcha atr&aacute;s, como pasa con las amenazas de paro o lock out. Pero ya est&aacute;n circulando los primeros colectivos ploteados de la Ciudad de Buenos Aires, fileteado impreso incluido, valga la contradicci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Como ex habitante de dos ciudades con buses monocromos (blancos en Olavarr&iacute;a, amarillos en Santa Fe), percibo este cambio como un retroceso &eacute;tico y est&eacute;tico. </strong>Los colores de cada l&iacute;nea funcionan desde hace d&eacute;cadas como c&oacute;digos a distancia. Hoy, est&aacute;n siendo reemplazados por dise&ntilde;os que no responden a la necesidad de los pasajeros ni a una demanda de las empresas, a las que se les pide que <strong>desembolsen cerca de un mill&oacute;n y medio de pesos para plotear de azul cada una de los 1.800 internos</strong> que circulan s&oacute;lo por esta ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Es que, al menos por ahora, el costo del ploteado no est&aacute; incluido en los subsidios. As&iacute;, la adaptaci&oacute;n no demandar&iacute;a por ahora dinero p&uacute;blico, pero por eso mismo no hay licitaci&oacute;n ni puede saberse qu&eacute; proveedores se repartir&aacute;n los <strong>al menos 2.700 millones de pesos que cuesta esto</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es llamativo que este gasto extra para las empresas se d&eacute; mientras, seg&uacute;n sus due&ntilde;os, la plata en muchos casos no les alcanza ni para circular. Las amenazas de paro o lock out ya son peri&oacute;dicas, mientras se recortan personal, mantenimiento y frecuencias. Por otro lado, no es lo mismo que este costo lo afronte un conglomerado como Dota que, por ejemplo, la l&iacute;nea 4.
    </p><h2 class="article-text"><strong>En qu&eacute; s&iacute; gastar</strong></h2><p class="article-text">
        Entre 2018 y 2019, se evalu&oacute; uniformar el parque de colectivos. Por un lado, unificar el color y dise&ntilde;o de los internos. Por el otro, <strong>un punto crucial y a&uacute;n pendiente: estandarizar la tipograf&iacute;a y su tama&ntilde;o en el cartel frontal, clave para identificar el n&uacute;mero de l&iacute;nea a distancia</strong>, hoy en muchos casos perdido entre efectos lum&iacute;nicos rimbombantes y problemas de contraste entre figura y fondo. Incluso despu&eacute;s del ploteado.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ser&iacute;a fundamental sistematizar la informaci&oacute;n disponible: indicar claramente el origen y destino final en el frente de cada coche (y que no sea cartel rojo o verde, por otro lado imposible para dalt&oacute;nicos), y unificar criterios tanto en la elecci&oacute;n de los nombres de las cabeceras, como en la definici&oacute;n de los servicios expreso, r&aacute;pido y semirr&aacute;pido. En otras palabras, <strong>hacer que la red de colectivos funcione como un sistema y no como un rejunte de l&iacute;neas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La funci&oacute;n primordial del dise&ntilde;o de un colectivo es dar data r&aacute;pida y precisa: qu&eacute; l&iacute;nea es, a d&oacute;nde va, cu&aacute;l es su recorrido. La ausencia de un dise&ntilde;o funcional transforma lo cotidiano en un laberinto. La plata deber&iacute;a destinarse a eso, y a sumar refugios y carteles predictivos. Y a mejorar la frecuencia y calidad de los servicios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si lo que se busca es uniformar la flota, a tono con la tendencia en otros pa&iacute;ses, eso tampoco ocurrir&aacute;</strong>: el cambio aplica s&oacute;lo a las 31 l&iacute;neas porte&ntilde;as, cuyo ploteado deber&aacute; convivir con el parque multicolor de los colectivos que circulan tanto por Capital como por Conurbano. Por eso, lejos de estandarizar, esta medida seguir&aacute; fragmentando el transporte del AMBA, un &aacute;rea sin tarifa integrada ni coordinaci&oacute;n interjurisdiccional real.
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, las unidades ploteadas no son &iacute;ntegramente azules:<strong> su frente y su parte trasera mantienen los colores de siempre, por lo cual tampoco hay homogeneidad y s&iacute; m&aacute;s caos</strong>. La necesidad de identificar el colectivo por sus laterales, lo cual sucede a menudo, es fundamental para usar un servicio que pasa cada vez menos seguido. Ahora vamos a tener que correr m&aacute;s para poder verlo de frente (o llevar binoculares para ver el n&uacute;mero del costado).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se est&aacute; ploteando de una manera dispar, sin un criterio unificado. Hay colectivos pintados por la mitad, otros donde se pint&oacute; la trompa. Los pasajeros se van a confundir m&aacute;s&rdquo;, comenta el inspector de una l&iacute;nea que atraviesa el norte y el centro de Capital. Y aporta otro dato: &ldquo;Hay internos con el fileteado ploteado que no tienen sistema multipago ni c&aacute;maras de seguridad, que son las otras medidas que se hab&iacute;an anunciado. <strong>La adecuaci&oacute;n se basa en calcoman&iacute;as y nada m&aacute;s</strong>&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Identificaci&oacute;n e identidad</strong></h2><p class="article-text">
        El manotazo de ahogado de incluir fileteado en los ploteados es la cereza del postre de la incomprensi&oacute;n de este estilo y la individualidad que le aporta a cada coche. Meses atr&aacute;s, un grupo de fileteadores fue convocado para trabajar en un proyecto para revitalizar los bondis, con dise&ntilde;os pintados a mano con su arte tradicional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa promesa qued&oacute; en el aire cuando se decidi&oacute; plotear los veh&iacute;culos con dise&ntilde;os que parecen salidos de una b&uacute;squeda r&aacute;pida en Google. No puedo creer que tenga que explicar esto, pero <strong>el fileteado se hace con pincel, no con impresora</strong>. Y cambia en cada unidad.
    </p><p class="article-text">
        El malestar entre los fileteadores no es menor. No s&oacute;lo se desestima el trabajo de un sector artesanal que hist&oacute;ricamente dio identidad a las l&iacute;neas, sino que adem&aacute;s los dise&ntilde;os carecen de la calidad y el cuidado que define al fileteado. Incluso es peor que lo que pas&oacute; con los buses tur&iacute;sticos, donde el ploteado al menos tuvo un proceso de curaci&oacute;n, con fileteadores seleccionados y un jurado. Ac&aacute;, en cambio, se ignor&oacute; a los artesanos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuesta ver que esta decisi&oacute;n responda a algo m&aacute;s que al inter&eacute;s por imprimir una huella visible en el transporte porte&ntilde;o</strong>, marcar la diferencia con el Conurbano y dejar en claro que la Ciudad se hizo cargo de sus l&iacute;neas, como si no se hubiera carteleado lo suficiente con anuncios publicitarios.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que una mejora, los colectivos ploteados parecen una distracci&oacute;n ante lo urgente. No son s&oacute;lo un problema de dise&ntilde;o. Son una muestra de que las prioridades las definen quienes no toman uno jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Niebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cambiar-funciona-ploteado-nadie-pidio-llega-bondis-portenos_129_11985485.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jan 2025 09:07:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Transporte público,Colectivos,Ciudad de Buenos Aires]]></media:keywords>
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