<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alejandro Raúl Carrizo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/alejandro-raul-carrizo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alejandro Raúl Carrizo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1049540/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La Gloria de Pirulo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/gloria-pirulo_1_10950232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/971e7f31-acbc-4847-8b61-0258d889f3ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Gloria de Pirulo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Edulio Barría, soldado clase 1963, escribió un diario en hojas sueltas durante la guerra de Malvinas. Para soportar lo indecible, pensaba en su familia y en el fútbol. La vida le daría revancha para abrazarse a lo que amaba. Este texto obtuvo el segundo premio de la V edición del Concurso de Crónica Patagónica organizado por la Fundación de Periodismo Patagónico.

</p></div><p class="article-text">
        	El living es una ordenada combinaci&oacute;n de objetos celestes y blancos matizados con otros de tonos verde militar. Fotos amuradas que entremezclan pelotas con un fusil, zapatillas de futsal con borcegu&iacute;es de regimiento y formaciones de casacas albicelestes con alineaciones castrenses. Se ven medallas deportivas de campeonatos ganados, junto a plaquetas de bronce que resaltan el nombre del combatiente de Malvinas. Todo est&aacute; conjugado en la antesala de una casa con aroma a f&uacute;tbol y hero&iacute;smo.
    </p><p class="article-text">
        	Es domingo 5 de marzo de 2023 en Comodoro Rivadavia, una ciudad que disfruta de los &uacute;ltimos suspiros del verano. Son muy contadas las ocasiones en las que el term&oacute;metro supera los 30 grados. La Patagonia argentina se resiste y pretende abrazar los coletazos del suave calorcito sure&ntilde;o. A&uacute;n m&aacute;s en Comodoro, un balc&oacute;n chubutense que recibe a las olas del oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        Gloria Edith Mansilla extiende sobre la mesa carpetas con recortes de diarios, &aacute;lbumes de fotos, diplomas y un cuaderno naranja -de la marca &ldquo;Gloria&rdquo;- que repasa hoja por hoja. Siente que esa letra cursiva toma vida, tiene voz. Y lee.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Sarmiento. Jueves 1 de abril de 1982: </strong>A la ma&ntilde;ana, apenas nos levantamos, nos dicen que vamos a salir, pero nadie sabe ad&oacute;nde. Parece Instrucci&oacute;n, pero a eso de las 10 llegan los soldados Clase &lsquo;62. Despu&eacute;s se supo que vamos a salir en colectivos de Don Otto y Trevis&aacute;n para que la gente no se alarme al ver los camiones y colectivos militares. Comimos a las 5 de la tarde y salimos a las 7 del Regimiento sin saber el destino. Cortamos por un camino diferente para no alarmar a la gente. Todo por tierra, hasta que nos dimos cuenta de que nos llevaban al aeropuerto de Comodoro. Antes, pasamos por el Regimiento 8 de Infanter&iacute;a. Llegamos a las 11 de la noche. Nos dan mate cocido y dos panes. En la radio, alcanzamos a escuchar noticias sobre las Islas Malvinas. En el Regimiento no dormimos nada porque nos dicen que estamos en alerta. Tenemos que salir en el H&eacute;rcules a las 3 de la ma&ntilde;ana pero todo se demora porque hay neblina&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Gloria tiembla. Le pasa cada vez que lee aquel cuaderno donde Edulio &ldquo;Pirulo&rdquo; Barr&iacute;a, soldado clase 1963, transcribi&oacute; las hojas sueltas que hab&iacute;a redactado desprolijamente en el d&iacute;a a d&iacute;a de la Gesta de Malvinas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Mientras repasa las hojas finitas, Gloria rememora los gestos corporales de Pirulo y en sus o&iacute;dos retumba el tono de voz del Veterano de Guerra. Sabe que bajar&aacute; alguna l&aacute;grima desde la mirada nublada con la que distingue entre innumerables recortes y diplomas, el nombre del ser que m&aacute;s am&oacute; y ama en esta tierra. La acompa&ntilde;a un termo y un mate de colores albicelestes con las Islas Malvinas como epicentro.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya pasaron casi dos horas desde que navega en el &ldquo;Mundo de Pirulo&rdquo;, como le gusta calificarlo. No le parece tanto. De fondo se escucha el tema gapulero Helplers de The Flirts que busc&oacute; en Youtube en el Smart TV. Cierra los ojos y recuerda esa noche en Sortilege, el boliche comodorense de los '80. Ese s&aacute;bado de 1984 en que Pirulo le propuso bailar. Ella y sus 17 a&ntilde;os dijeron que no, pero s&oacute;lo para que &eacute;l insistiera. Pero el pibe de 20 siempre fue extremadamente t&iacute;mido, dio la vuelta y se fue.
    </p><p class="article-text">
        Gloria abre los ojos. Le encantar&iacute;a que Pirulo apareciera por el pasillo y asomara con la gorrita de Malvinas. Que surgiera de golpe, como en esa segunda chance de invitaci&oacute;n a bailar en el mismo &ldquo;Sorty&rdquo;. Entonces vest&iacute;a pantal&oacute;n blanco y&nbsp; zapatillas Topper azules. Le respondi&oacute; que s&iacute; enseguida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Sigue avanzando el compilado ochentoso de Youtube. &ldquo;Es Boys, de Sabrina&rdquo;, susurra para s&iacute; misma. Tambi&eacute;n lo bailaron esa noche que se hizo tan fant&aacute;stica como inolvidable, porque despu&eacute;s, el muchachito quiso acompa&ntilde;arla hasta su casa del Barrio Pietrobelli. Caminaron las diecis&eacute;is cuadras desde el centro de la ciudad, subiendo la empinada Avenida Rivadavia. Gloria sonr&iacute;e -a&uacute;n con los ojos cerrados- y recuerda que esa &uacute;nica vez no le cost&oacute; nada treparla. Se levanta para renovar la yerba del mate y, con el control, aumenta el volumen del Smart TV.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Viernes 2 de abril de 1982. </strong>Son las 4 de la ma&ntilde;ana, nos volvieron a dar mate cocido. Dicen que nos llevan a las Islas Malvinas. A las 6 vamos en los camiones verdes al aeropuerto. A las 7 salimos en el H&eacute;rcules para las Malvinas. Durante el viaje hablamos con los otros soldados sobre qu&eacute; podr&iacute;a pasar cuando lleguemos. Yo pensaba que si volv&iacute;amos antes del 13 de mayo, pod&iacute;a festejar mis 19 a&ntilde;os con los viejos. Aterrizamos en las Malvinas a las 9.45, vemos muchos helic&oacute;pteros y mirando al mar, tres buques de guerra. La bandera argentina ya est&aacute; izada en el aeropuerto. Est&aacute; todo muy sereno y calmo. Hace much&iacute;simo fr&iacute;o. Los superiores se fotograf&iacute;an con la bandera inglesa que sacaron del m&aacute;stil principal. Todos los carteles est&aacute;n en ingl&eacute;s. Nos dicen que la poblaci&oacute;n queda a 2 kil&oacute;metros del aeropuerto. Almorzamos y descansamos un poco. A las 2 de la tarde salimos caminando para el pueblo, buscamos galpones para dormir. Algunos ingleses se asustan y se van de las casas hacia otro lado. Nosotros no les hacemos ni decimos nada malo. Somos 18 soldados y 3 oficiales en un galp&oacute;n, nos acomodamos y comemos pat&eacute; de foie con pan. Ya son las 9 de la noche. Hace fr&iacute;o. Me toc&oacute; la&nbsp; guardia de 00.20 a 3.20 de la madrugada&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Gloria levanta la vista despu&eacute;s de leer &ldquo;madrugada&rdquo;. La palabra repiquetea en la sien izquierda. Viaja hasta el amanecer c&aacute;lido del 1 de enero de 1984. Salida del baile de A&ntilde;o Nuevo. Pirulo la llevaba de la cintura por las calles del barrio La Floresta y de pronto se escuch&oacute; muy fuerte el estampido de un petardo. Ella not&oacute; que se sobresalt&oacute; m&aacute;s de lo normal. <em>&ldquo;Yo estuve en la Guerra de Malvinas&rdquo;.</em><em><strong> </strong></em>Gloria primero crey&oacute; que se trataba de una broma. De las t&iacute;picas y ocurrentes que Pirulo soltaba de vez en cuando. Ya atesoraban 5 meses de noviazgo, iba interpretando cada vez mejor sus matices. Por eso, enseguida se di&oacute; cuenta de que le temblaba la voz y tambi&eacute;n el cuerpo. <em>&ldquo;No hablo con nadie de esto, perdoname&rdquo;,</em><em><strong> </strong></em>dijo, y enseguida le pregunt&oacute; si el s&aacute;bado a la noche pod&iacute;a ir a ver el partido de f&uacute;tbol de sal&oacute;n. <em>&ldquo;Jugamos en el Domingo Savio&rdquo;</em>, complet&oacute; para invitarla y -especialmente- para tapar las frases anteriores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El f&uacute;tbol, piensa Gloria. Y se le viene otra frase que &eacute;l le dijo entonces: <em>&ldquo;mir&aacute;, vamos lindo, me gusta estar con vos. Lo &uacute;nico que te pido es que nunca me jodas con el f&uacute;tbol. Es lo que m&aacute;s me gusta jugar. Y si te da para acompa&ntilde;arme, ser&iacute;a buen&iacute;simo&rdquo;.</em><em><strong> </strong></em>Gloria se da cuenta -en este preciso momento- de que por Pirulo conoci&oacute; casi todos los gimnasios de f&uacute;tbol de sal&oacute;n de Comodoro Rivadavia. Tambi&eacute;n canchas de la Liga de Barrios cuando el novio se convirti&oacute; en esposo y jug&oacute; en Oro Negro, y m&aacute;s ac&aacute; en el tiempo con los veteranos de Puerto Argentino. Sonr&iacute;e cuando se ve cambiando pa&ntilde;ales de sus hijos en las canchas, arriba del capot de alg&uacute;n auto. Juntos, vivieron enormes alegr&iacute;as con la pelota. Goles, vueltas ol&iacute;mpicas, cenas de campeones&hellip; El ringtone del tel&eacute;fono celular la regresa. Pero la pantalla dice &ldquo;n&uacute;mero desconocido&rdquo;. El mate se volvi&oacute; a enfriar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Domingo 25 de abril de 1982. </strong>Nos levantamos a las&nbsp; 7.30 de la ma&ntilde;ana. Desayunamos una taza de leche fr&iacute;a. Hacemos formaci&oacute;n y cantamos la canci&oacute;n &rdquo;Aurora&ldquo;. El Mayor habla fuerte, retando a un grupo de soldados, diciendo que hab&iacute;an robado en la casa de un habitante de Malvinas. Que los iban a expulsar de las Islas si volv&iacute;an a desobedecer las &oacute;rdenes del Teniente Coronel. Despu&eacute;s nos hacen lavar las camperas con el agua del mar. Terminamos y nos ordenaron seguir cavando los &rdquo;pozos de zorro&ldquo; para hacer las guardias cerca de la costa. Almorzamos un guiso de porotos con un pedazo de pan. Descansamos hasta las tres y seguimos trabajando para acomodar &rdquo;las posiciones de guardia&ldquo;. A las 8 era la cena, pero no&nbsp; com&iacute; porque me dijeron que vaya a buscar un bolso a la casa de un teniente primero. Cuando volv&iacute; no hab&iacute;a comida. Nos ordenaron dormir en las posiciones. Rec&eacute; y me dorm&iacute; a las 10, arriba de una caja de madera que ten&iacute;a municiones. Hac&iacute;a mucho fr&iacute;o. Me puse a pensar hasta cu&aacute;ndo vamos a estar en las Islas, porque se viene mi cumplea&ntilde;os&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Asoma desde un &aacute;lbum la foto de un cordero plantado a la llama, con Pirulo y dos amigos alrededor del fuego. Gloria rememora lo que dec&iacute;a su compa&ntilde;ero de vida cuando dejaba las costillas totalmente blancas, sin restos de carne: <em>&ldquo;Si pas&aacute;s hambre, aprend&eacute;s a no desperdiciar la comida&rdquo;.</em><em><strong> </strong></em>De esa manera les hablaba de vez en cuando a sus hijos Jorge y Javier. Siempre acompa&ntilde;aron al &ldquo;Pap&aacute;-H&eacute;roe&rdquo; en las marchas de las antorchas y en la vigilia del 2 de Abril. Gloria y Pirulo les inculcaron el sentimiento albiceleste desde la cuna. Son la extensi&oacute;n de una &ldquo;malvinizaci&oacute;n&rdquo; de muchos hijos de combatientes que tomaron la causa -en algunos casos- con mayor fortaleza que sus propios padres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Jueves 6 de mayo de 1982. </strong>Amanec&iacute; haciendo guardia. Bailaron a un soldado porque lo encontraron durmiendo en el pozo de zorro. Otro se hab&iacute;a pegado un tiro en la mano limpiando un fusil. Le amputaron tres dedos de la mano. Nos dieron para almorzar una sopa con fideos y cinco galletitas. El soldado que se hab&iacute;a dormido en la guardia fue castigado con el calabozo de campa&ntilde;a.&nbsp; Queda acostado en el piso y arriba le ponen el pa&ntilde;o de la carpa con estacas. No debe salir de ah&iacute; hasta que cumpla con el castigo. Llegan soldados desde el pueblo y dicen que todo se arregl&oacute; con los ingleses. Me puse contento porque seguro nos volvemos. Limpi&eacute; con ganas mi pozo. A la tarde hicimos fuego porque hac&iacute;a mucho fr&iacute;o. Fuimos para la playa despu&eacute;s de que baj&oacute; la marea y juntamos sombreritos para&nbsp; hervir en una lata. M&aacute;s tarde llega a la posici&oacute;n otro soldado y dice que escuch&oacute; que no se arregl&oacute; nada y que los ingleses vienen a Malvinas. Se hizo de noche a las seis. El soldado que estaba abajo del pa&ntilde;o gritaba y lloraba. Lo soltaron a las ocho. Rec&eacute; y me acomod&eacute; para dormir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	El sol entra con fuerza por el ventanal. Casi siempre hace calor cuando se est&aacute; yendo el verano. El reflejo de los rayos en las fotos y recortes provoca un estado de paz que se potencia porque el Smart TV qued&oacute; en silencio, preguntando en pantalla si se desea continuar. Gloria prefiere ese espacio de tranquilidad y no toca el control remoto. Toma ese momento como aquellas tardes de domingo, con Pirulo en la cancha y ella preparando algo dulce para los mates de las seis. Le gustar&iacute;a pedirle a Dios que le permitiese estar diez minutitos con &eacute;l, le prometer&iacute;a que nadie se&nbsp; enterar&iacute;a si lo deja compartir ese ratito de mates. Est&aacute; sola, podr&iacute;a cerrar bien las cortinas y asegurar las puertas con llave. Si &Eacute;l quiere, podr&iacute;an ser menos de diez minutos, s&oacute;lo cinco, dos&hellip; treinta segundos. S&oacute;lo desea darle un abrazo. La l&aacute;grima cae en el cuaderno y agranda la tinta de un par de palabras.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Domingo 9 de mayo de 1982. </strong>Me despert&eacute; por el grito de un soldado que preguntaba si alguien ten&iacute;a cigarrillos. Son las 6 de la ma&ntilde;ana. Desayunamos una taza de leche con dos pedazos de pan. Apareci&oacute; un soldado con cartas que llegaron de Comodoro. Eran de alumnos de la primaria que nos escrib&iacute;an a los soldados. Me dieron cuatro, las le&iacute; y las guard&eacute;. Me gust&oacute; mucho leerlas. Le escrib&iacute; una carta a mi mam&aacute; y otra a mi t&iacute;a. Un teniente nos dijo al mediod&iacute;a que&nbsp; hay que estar alertas porque podr&iacute;an desembarcar ingleses. Al mediod&iacute;a comimos polenta. Dorm&iacute; una hora en la tarde y luego fuimos a ba&ntilde;arnos al pueblo. No alcanz&oacute; el agua caliente y me ba&ntilde;&eacute; con agua fr&iacute;a. Volvimos a la posici&oacute;n. Otra vez el pozo ten&iacute;a agua. Saqu&eacute; todo con una lata&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	La carta de Mercedes, piensa Gloria. Va hasta el caj&oacute;n de una c&oacute;moda y regresa a la mesa con una pila de sobres de cartas, apretada con un cord&oacute;n de zapatillas. Busca la que escribi&oacute; Mercedes Soto y que Pirulo recibi&oacute; en el pozo de zorro, durante la guerra. Revisa en la carpeta de los recortes de diarios y encuentra la nota de Cr&oacute;nica, cuando en abril de 2006 el diario reuni&oacute; a Mercedes y Pirulo, 24 a&ntilde;os despu&eacute;s de que aquella nena de s&eacute;ptimo grado le escribiera a un soldado de Malvinas. Ese d&iacute;a -recuerda Gloria- fue muy especial para su Piru, estuvo nervioso toda la ma&ntilde;ana. En el momento del encuentro entre la ni&ntilde;a y el soldado de 1982, ambos lloraron. Mercedes ya era docente. Esa nota Pirulo la rele&iacute;a cuando empezaba cada abril.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Jueves 13 de mayo de 1982. </strong>Me despert&eacute; sabiendo que era mi cumplea&ntilde;os (19). Nos dieron mate cocido y pan. Toda la ma&ntilde;ana estuve en la posici&oacute;n. El soldado con el que compart&iacute;a el pozo de zorro fue a buscar la comida, mientras yo sacaba el agua surgente del pozo. Nos toc&oacute; guiso de fideos. Cay&oacute; una lluvia muy fr&iacute;a con mucho viento. A la tarde tomamos mate con mi compa&ntilde;ero. No le dije que era mi cumplea&ntilde;os, pensaba en mi mam&aacute; que siempre me hac&iacute;a una torta y algo dulce. Para este cumplea&ntilde;os yo quer&iacute;a la camiseta de Boca. Llueve finito pero no para. Sent&iacute; mucho fr&iacute;o en los pies porque el agua se congela. Me duele mucho el pie izquierdo. Me saqu&eacute; el borcegu&iacute;, la media est&aacute; h&uacute;meda y helada. Masaje&eacute; un poco el pie pero no se me pas&oacute; el dolor. Me dorm&iacute; pensando en mi mam&aacute;, que capaz me quer&iacute;a dar un beso por mi cumplea&ntilde;os&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Gloria siempre tom&oacute; ese 13 de mayo como un desaf&iacute;o. Festejar el cumple de Pirulo fue rodearlo de sus amigos. De los del f&uacute;tbol de sal&oacute;n como el&nbsp; &ldquo;Negro&rdquo;, Eliberto Urra, de los veteranos de Puerto Argentino como el&nbsp; &ldquo;Borrachito&rdquo;, Jos&eacute; Argel, de su t&eacute;cnico m&aacute;s apreciado, Miguel Schlebusch. Ver la felicidad de &ldquo;su h&eacute;roe&rdquo; compartiendo de ese modo se convert&iacute;a en la contracara del 13 de mayo del &rsquo;82, cuando sopl&oacute; la punta del fusil, aparentando una vela gigante, metido en el pozo de zorro, con lluvia y viento fr&iacute;o. Y el dolor en el pie izquierdo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Viernes 21 de mayo de 1982. </strong>Me toc&oacute; guardia hasta las 5 de la madrugada. La noche est&aacute; fr&iacute;a y con luna. Se ve como si fuera de d&iacute;a. Desde el mar se escuchan bombazos y pasan aviones argentinos. Se notan r&aacute;fagas de proyectiles. Cay&oacute; una bomba cerca de la posici&oacute;n pero no hiri&oacute; a nadie. Un soldado lleg&oacute; corriendo y dijo que del otro lado de la loma dos bombas hirieron a varios soldados. A los gritos, los oficiales nos dicen que hay que defender la Patria, que&nbsp; hay que ser valientes y bien argentinos. Putea a los ingleses. Hace mucho fr&iacute;o pero yo tengo calor. Mi pozo est&aacute; con mucha agua que se congela. Trato de pensar en otra cosa. Elijo el f&uacute;tbol. Ac&aacute; una sola vez jugamos y fue en el pueblo, pero con los borcegu&iacute;es es muy feo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Gloria tiene en sus manos la foto de la Selecci&oacute;n Argentina de f&uacute;tbol de sal&oacute;n que termin&oacute; como campeona mundial en 1994. Con la yema del dedo &iacute;ndice de la mano derecha acaricia el rostro de Pirulo. Dice que cuando lo convocaron, &eacute;l no quer&iacute;a ir a la concentraci&oacute;n de entrenamientos de la Selecci&oacute;n en Buenos Aires, porque si faltaba al trabajo en la empresa textil Guilford, no s&oacute;lo iba a perder el salario, sino que hasta podr&iacute;an despedirlo. Ella lo convenci&oacute; porque desde que el entrenador Luis Del R&eacute; se fij&oacute; en la manera de jugar del pivot comodorense, llamaba seguido al Sur. Lo quer&iacute;a en la Selecci&oacute;n. Gloria tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Domingo 23 de mayo de 1982. </strong>Casi no dormimos el d&iacute;a anterior y en la noche ten&iacute;amos que seguir despiertos. A las 8 de la ma&ntilde;ana se dejaron de escuchar ruidos de bombas. Primero durmi&oacute; una hora mi compa&ntilde;ero del pozo de zorro y despu&eacute;s me toc&oacute; a m&iacute;. Me despert&oacute; el ruido de un bombazo, pero cay&oacute; lejos de la posici&oacute;n. Comimos una polenta tibia con pan. Despu&eacute;s estuvimos el resto del d&iacute;a parados en el pozo de zorro. Estaba helando porque se congelaba el agua y el barro. Se me hinch&oacute; el pie izquierdo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Gloria siente un cosquilleo en la pierna izquierda que no hace otra cosa que acercarle golazos de zurda y asistencias de &ldquo;rabonas&rdquo; que Pirulo ya ten&iacute;a patentadas. &Eacute;l se mor&iacute;a por estar en la Selecci&oacute;n Argentina, pero era m&aacute;s importante que a su familia no le faltara nada. Afortunadamente, el presidente de la Asociaci&oacute;n de F&uacute;tbol de Sal&oacute;n de Comodoro, Dr. Ferreyra de las Casas, habl&oacute; con directivos de Guilford por el permiso. Tambi&eacute;n se encarg&oacute; del salario en ese mes de estad&iacute;a en Buenos Aires con la Selecci&oacute;n. Y all&aacute; fue, a cumplir el sue&ntilde;o del pibe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Lunes 24 de mayo de 1982. </strong>Llovi&oacute; un poquito a la&nbsp; madrugada, pero despu&eacute;s sali&oacute; el sol. Con mi compa&ntilde;ero tomamos leche fr&iacute;a y dos galletitas Express que quedaron de un desayuno anterior. Como me dol&iacute;a mucho el pie, mi compa&ntilde;ero llam&oacute; a un sargento. Entre los dos me ayudaron a salir del pozo de zorro, pero no pudieron sacarme el borcegu&iacute;. Me subieron a un cami&oacute;n que me llev&oacute; al hospital del pueblo. Me pusieron en una camilla y apareci&oacute; un capit&aacute;n para hablar con el m&eacute;dico que le dijo que si no viajaba a Comodoro ese d&iacute;a, me iban a amputar. Me llevaron a una sala en la que estaban otros soldados heridos. Pens&eacute; en mi mam&aacute; y en mi pap&aacute; que quer&iacute;a que juegue en Hurac&aacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	A Gloria se le presenta la imagen del Club Huergo repleto durante ese Mundial, con Pirulo y Rigoberto C&aacute;rcamo -otro comodorense- en el equipo. Despu&eacute;s de la preparaci&oacute;n en Buenos Aires, los partidos se jugaron en Comodoro. Argentina le gan&oacute; a Uruguay (2-0), Rep&uacute;blica Checa (2-0) con un gol de Pirulo, y Portugal (1-0). Luego, la final frente a Colombia, que ganaron 2-1, se jug&oacute; en Posadas. Al muchachito al que doce a&ntilde;os atr&aacute;s estuvieron a punto de cortarle un pie, ahora le entregaban la medalla de campe&oacute;n mundial de f&uacute;tbol de sal&oacute;n. En la premiaci&oacute;n, Pirulo cant&oacute; el himno tan fuerte como en aquel 2 de abril, en Malvinas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>&ldquo;Islas Malvinas. Martes 25 de mayo de 1982. </strong>El H&eacute;rcules sali&oacute; a las 2 de la ma&ntilde;ana. Llegamos con otros cuatro soldados a las 5, y a las 6 ya est&aacute;bamos en el Regimiento de Comodoro. Nos recibieron bien. Tres mujeres nos dieron caf&eacute; con leche y pan con salame y queso. Tambi&eacute;n nos dieron tres pandulces. Nos pidieron los datos y despu&eacute;s nos llevaron al Hospital Regional. Di la direcci&oacute;n de mi casa para que avisen a mis padres. A eso de las 8 de la noche llegaron los dos. Mi mam&aacute; pas&oacute; y me dio un abrazo llorando. Despu&eacute;s, me destap&oacute; y empez&oacute; a acariciarme el pie izquierdo. &iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a!&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Gloria cierra el cuaderno naranja y mira el reloj. Es hora de visitar a Pirulo. Levanta de la mesa un ramito de flores lilas que cort&oacute; del cantero. Aborrece la palabra &ldquo;s&uacute;bita&rdquo;, porque no le dio revancha cuando su h&eacute;roe estaba en la cancha aquel 5 de diciembre de 2020. Se cumplen dos a&ntilde;os y tres meses. Igual sabe y siente que no est&aacute; sola. Se da cuenta cuando en la calle la saludan como si Pirulo caminara a su derecha. Se inunda de orgullo por eso. Respira profundo y antes de salir acomoda la gorrita azul de Malvinas que est&aacute; sobre el modular.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El picaporte no funciona bien. En el tercer intento, Gloria cierra la puerta con mucha fuerza. Avanza tres pasos y se da cuenta que no lleva el Rosario para rezar. Vuelve. Al ingresar nota que la pelota de futsal que estaba en una repisa hab&iacute;a ca&iacute;do sobre un sill&oacute;n individual en el que dej&oacute; el &aacute;lbum de fotos abierto. En la imagen est&aacute; Pirulo gritando el gol que marc&oacute; con la Selecci&oacute;n Argentina.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Raúl Carrizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/gloria-pirulo_1_10950232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2024 09:36:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/971e7f31-acbc-4847-8b61-0258d889f3ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="447205" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/971e7f31-acbc-4847-8b61-0258d889f3ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="447205" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Gloria de Pirulo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/971e7f31-acbc-4847-8b61-0258d889f3ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
