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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Francesco Callegaro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/francesco-callegaro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Francesco Callegaro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los 100 de Milei, 100 días de veneno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/100-milei-100-dias-veneno_129_11223765.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f994b8f-d996-496c-82a1-d6d876ad0c43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los 100 de Milei, 100 días de veneno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ninguna revolución es absoluta y puede hacer “como sí” no hubiera un pasado, sostienen los autores frente a la "revolución contractualista" planteada por Javier  Milei, a la que califican como "autoritaria e irrealista". Por eso, insisten en la necesidad de  “hacer” política, o sea concretamente “fabricarla”, construir un juego dialógico.</p></div><p class="article-text">
        Este gobierno simula un proyecto coherente en lo abstracto, mientras derrama un &aacute;cido destructivo en lo concreto. Pretende refundar la totalidad de la sociedad entorno a contratos entre privados, o sea prescindir del Estado y hacer de la renta financiera, la l&oacute;gica dominante, y si es posible prescindir tambi&eacute;n de los productores y de los trabajadores. Una sociedad para el 10%, d&oacute;nde supuestamente el 90% restante se someter&aacute;. Esta fantas&iacute;a de economista te&oacute;rico es socialmente, econ&oacute;micamente y pol&iacute;ticamente inviable. Porque mal que le pese al narcisismo gobernante, el mundo no puede ser moldeado como quieren, menos con palos y camiones hidrantes. Hay una sociedad preexistente y organizada: reglas, instituciones, valores, c&oacute;digos sociales, actores, intereses contrapuestos o sea fuerzas reales. Ninguna revoluci&oacute;n es absoluta y puede hacer &ldquo;como s&iacute;&rdquo; no hubiera un pasado. Claramente estamos de acuerdo en que un gobierno electo puede proponerse refundar, pero no lo puede hacer &ldquo;sin las fuerzas sociales&rdquo;, ser&iacute;a una deriva autoritaria, ni &ldquo;en contra de todos&rdquo;, ser&iacute;a un deriva irrealista, ni abstray&eacute;ndose de la realidad argentina, ser&iacute;a una deriva negacionista.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los votos que supo ganar Milei habilitan a gobernar, no a reconstituir a su voluntad la sociedad y menos desde un planteo te&oacute;rico deductivo destructivo&nbsp;(lo propuesto no existe en ning&uacute;n pa&iacute;s del mundo). Para refundar existen procesos constituyentes, que surgen de acuerdos y largas negociaciones entre fuerzas reales que, inductivamente constructivas, plantean modificaciones de ra&iacute;z. La revoluci&oacute;n contractualista de Milei es autoritaria e irrealista porque confunde gobernar con proponer una nueva constituci&oacute;n todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien frente a este estado de cosas podemos tener dos posiciones. La primera es despreciar c&iacute;nicamente al Presidente con este mismo desprecio que aliment&oacute; su victoria y sentarse &ldquo;c&oacute;modamente&rdquo; en el sinf&iacute;n de la &ldquo;resistencia&rdquo; sin propuestas con perspectiva, que alimentar&aacute; su continuidad en el poder. La segunda es tratar de entender qu&eacute; modo de gobierno se est&aacute; implementando y desde ah&iacute; proponer un inc&oacute;modo contraataque,&nbsp;otro modo de hacer, sentir y&nbsp;pensar pol&iacute;ticamente. Un cambio de postura y de propuestas, para conectar con&nbsp;mayor&iacute;as electorales y crear otro camino. Asumiendo que el deseo de refundaci&oacute;n que hay en la sociedad es profundo e intenso pero que solo encontr&oacute; su cauce en el cuerpo enojado del ahora Presidente. Y que debemos lograr darle otra expresi&oacute;n: org&aacute;nica, vital, constructiva, repensando hasta la idea misma de revoluci&oacute;n, pues es esto lo que est&aacute; finalmente en juego, el sentido de la transformaci&oacute;n. &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Gobernar envenenando</h3><p class="article-text">
        La sobreexcitaci&oacute;n del esc&aacute;ndalo cotidiano no nos permite ver la trama de una forma de gobierno al cual hay que confrontar como tal. Cada escupitajo en la cara de un actor social produce una niebla mental planificada. Una indignaci&oacute;n m&aacute;s entre derrotados abrazados a la queja como a un salvavidas de esponja. Una pelea por d&iacute;a como imanes lanzados al aire para desorientar br&uacute;julas, un enemigo nuevo para esconder sospechosos. Sofisticaci&oacute;n de una estrategia distractora d&oacute;nde nos preguntamos m&aacute;s por la cordura del Presidente que por el cordaje que nos amarra.
    </p><p class="article-text">
        Cada tentativa de avance de este gobierno es para limitar la libertad de los actores sociales: de los sindicatos, de los partidos, de las organizaciones sociales, de los empresarios productores, de los trabajadores, de los gobernadores, de los intendentes. Que nos gusten o no, son los que hasta ahora conforman la trama social de la Argentina. Que hay que modificar pr&aacute;cticas, cambiar l&oacute;gicas de muchos de estos actores, sin dudas. Pero seamos presente continuo de un cambio activo. No confundamos refundaci&oacute;n con destrucci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Refundar no significa ningunear o liquidar. Este gobierno oprime suprimiendo. Desvitaliza en vez de revitalizar. Reprime sin vía de escape. Es una forma particular de encerrona</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Refundar no significa ningunear o liquidar. Este gobierno oprime suprimiendo. Desvitaliza en vez de revitalizar. Reprime sin v&iacute;a de escape. Es una forma particular de encerrona. El que gobierna niega la existencia de otro para legitimar una forma &uacute;nica de existencia posible: la que se parece a ellos. Lo otro es despreciado, insultado, deshumanizado. S&iacute;, hay algo de la estructura fascista&hellip;pero en el nombre de la libertad. A esto estamos asistiendo, a un in&eacute;dito fascismo de la libertad. &iquest;C&oacute;mo liberarnos de este yugo que tan velozmente nos atrap&oacute;? Y digo bien liberarnos y no resistirnos. Y liberarse es encontrar un camino, no solamente estar sin ataduras.
    </p><p class="article-text">
        No es una tarea sencilla porque la sensaci&oacute;n es la de un envenenamiento. Pero no el veneno de la serpiente o de la ara&ntilde;a. M&aacute;s bien el de la p&oacute;cima del brujo sorbido cada d&iacute;a sin saberlo. Su esencia consiste en encerrarnos en un pensamiento paradojal. Este que militariza el pa&iacute;s mientras grita libertad. El que lucha contra la casta mientras la fortalece y la concentra m&aacute;s. El que quiere regresar el pa&iacute;s a una potencia que nunca tuvimos. El que quiere hacernos m&aacute;s grandes con las naciones que nos empeque&ntilde;ecen. El que destruye la producci&oacute;n en nombre del empresario. El que lucha contra la intermediaci&oacute;n para intermediar de otra forma. El que promete que har&aacute; cesar el dolor que el mismo inflige. El que augura vida en el futuro desde la muerte en el presente. El que marchita las flores de su propio jard&iacute;n antes de cosecharlas. El que defiende al trabajador atacando a los defensores de los trabajadores. El que dice &ldquo;saber lo que hay que hacer&rdquo; cuando nunca hizo nada. La paradoja como grillete desquiciante.
    </p><p class="article-text">
        Cada palabra funciona como una toxina que corroe mundos posibles, una oxidaci&oacute;n acelerada de los sue&ntilde;os, una destrucci&oacute;n de universos, un &ldquo;genocidio de modos de existencia&rdquo; dir&iacute;a el brasilero Peter P&aacute;l Pelbart, la producci&oacute;n de lo &ldquo;inmundo&rdquo; recordar&iacute;a Stiegler. Y ese es el punto. &iquest;c&oacute;mo no caer en la trampa paradojal? &iquest;C&oacute;mo existir y luchar en tiempos inmundos?
    </p><p class="article-text">
        Para muchos queda el refugio individualizado de una sensibilidad est&eacute;tica que dej&oacute; de ser art&iacute;stica porque no crea nada nuevo. La reproducci&oacute;n incansable de una canci&oacute;n de Silvio, frente a un afiche del Che, mientras tomamos mate, tal vez, con perfiles pop de Per&oacute;n y Evita, leyendo un pen&uacute;ltimo posteo. El recuerdo enso&ntilde;ado de un tiempo zurdo en una comunidad imaginada de progresistas impotentes, o mejor dicho sin propuestas y pronto sin prop&oacute;sito. La nostalgia no parece poder derrocar el veneno paradojal. La est&eacute;tica revolucionaria es necesaria y bella pero no alcanza, menos frente a una revoluci&oacute;n de extrema derecha que entorpece la raz&oacute;n con su veneno pero que propone transformar materialidades profundamente. Una nueva moneda, un nuevo estado, un nuevo pacto federal, una nueva guerra contra el narcotr&aacute;fico, una nueva carnalidad con Estados-Unidos. Claro, todas son ideas viejas pero que proponen materialidades del hoy.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Es necesario que nuestra nueva poética esté a la altura de enfrentar esta potencia destructiva, hace falta que nuestra capacidad creativa esté cargada de realismo para poder disparar algún futuro constructivo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es necesario que nuestra nueva po&eacute;tica est&eacute; a la altura de enfrentar esta potencia destructiva, hace falta que nuestra capacidad creativa est&eacute; cargada de realismo para poder disparar alg&uacute;n futuro constructivo. La est&eacute;tica s&oacute;lo opera si se conecta con la experiencia del presente. No se escribe una&nbsp;&ldquo;nueva canci&oacute;n&rdquo; sin materialidad: ponerle m&iacute;stica al vac&iacute;o no logra llenarlo de contenido. Este gobierno que entiende la articulaci&oacute;n entre lo sagrado y lo material, que apela a las &ldquo;fuerzas del cielo&rdquo; para dolarizarnos, no se enfrenta con tecno-discursos pronunciado por bur&oacute;cratas. Hay que proponer una materialidad poetizable que pueda confrontar este proyecto de destrucci&oacute;n de la sociedad. Est&aacute; claro que nunca podr&aacute; surgir si no logramos captar las fuerzas vivas que a&uacute;n trabajan en el sentido de lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco alcanza en esperar el acontecimiento. El colapso pol&iacute;tico o ps&iacute;quico, no tiene m&aacute;s fuerza pol&iacute;tica que esperar la respuesta a la pregunta &ldquo;hasta d&oacute;nde aguanta la gente&rdquo;. Pueden ocurrir, claro. Pero la esperanza en el sublevamiento de las multitudes es la comodidad de los cr&iacute;ticos que teorizan sobre la potencia de la desgracia ajena. Obviamente que los acontecimientos ocurren y hacen bifurcar la historia. Pero la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica, si bien se nutre del desgaste, no puede hacer del agotamiento el pilar de su acci&oacute;n. Es decir que debemos deshacernos del imaginario de 2001: la cat&aacute;strofe neoliberal ya ocurri&oacute;, sus efectos se despliegan ante nuestros ojos. Ha llegado el momento de organizar las fuerzas, para dar forma a un proyecto realmente capaz de hacernos bifurcar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto implica asumir que hay que &ldquo;hacer&rdquo; pol&iacute;tica, o sea concretamente &ldquo;fabricarla&rdquo;, construir un juego dial&oacute;gico, que no se limita ni a respuestas est&eacute;ticas de un progresismo nost&aacute;lgico ni a la esperanza del acontecimiento rebelde. Hoy el gobierno juega con las blancas, y conserva la iniciativa pol&iacute;tica que le diera la victoria en las urnas. Por ende la construcci&oacute;n implica contraponerse o desplazar cada propuesta. No es solamente resistencia, no es reacci&oacute;n reaccionaria (en el sentido del regreso al pasado). Es un contraataque creativo. Y como el juego pol&iacute;tico nunca es en solitario, contraatacar implica confrontar la violencia de este gobierno. Y el primer sesgo que hay que evitar es de confrontar el modelo de los castos, con otro modelo abstracto, tan desmaterializado como sus propuestas irrealistas e insensibles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Debemos reconectarnos con la realidad, captar los procesos en marcha, las luchas en curso, el futuro que ya se est&aacute; construyendo en el presente. Pues no hay proyecto de transformaci&oacute;n que no sea expresi&oacute;n de lo que la sociedad puede y quiere ser. Tenemos que proponer transformaciones profundas en por lo menos cinco grandes instituciones, que no surgen de una discusi&oacute;n abstracta, sino que son parte de nuestras pr&aacute;cticas sociales. Porque los programas pol&iacute;ticos, las propuestas de gobierno o de modificaci&oacute;n radical de la sociedad no pueden salir de una reflexi&oacute;n de equipos t&eacute;cnicos o de alg&uacute;n dirigente iluminado. Tienen que surgir de la propia sociedad, que no esper&oacute; a la clase pol&iacute;tica para encontrar caminos. Tenemos que construir una dial&oacute;gica nueva para un contraataque.
    </p><h3 class="article-text"> Dial&oacute;gica para un contraataque</h3><p class="article-text">
        Lo que lleva adelante este gobierno no sali&oacute; de las proyecciones fantasiosas de los hermanos Milei. Es el fruto de un proceso largo de instalaci&oacute;n de una forma de gobierno que no hemos sabido revertir desde la dictadura a esta parte. Es como si al mismo tiempo llegaran a la orilla de nuestro presente 7 grandes olas: la reforma financiera de la dictadura, las instituciones neo-liberales de los 90, la crisis de legitimidad de las autoridades pol&iacute;ticas, acad&eacute;micas, medi&aacute;ticas y judiciales de los 2000, los efectos duraderos de la crisis financiera mundial del 2008, el sobreendeudamiento&nbsp;del gobierno de Macri, la ausencia de duelo colectivo de la pandemia y la aceleraci&oacute;n de la destrucci&oacute;n del poder adquisitivo propiciado por el reci&eacute;n pero intenso gobierno de Milei. Es una crisis total (econ&oacute;mica, pol&iacute;tica, simb&oacute;lica y afectiva) que tiene sus ra&iacute;ces en las instituciones neo-liberales que nos moldean. La gran cr&iacute;tica que podemos hacernos a los 16 a&ntilde;os de gobierno progresistas de este siglo, es no haber tocado esas instituciones (salvo las AFJP y la creaci&oacute;n de la AUH). O sea, de no haber sido portadores de una pr&aacute;ctica revolucionaria.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que lleva adelante este gobierno no salió de las proyecciones fantasiosas de los hermanos Milei. Es el fruto de un proceso largo de instalación de una forma de gobierno que no hemos sabido revertir desde la dictadura a esta parte</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El gobierno de Milei es claramente un gobierno revolucionario. Propone transformar las instituciones, radicalizando su esp&iacute;ritu liberal en cinco grandes instituciones que hacen al modo de organizaci&oacute;n de un capitalismo: la organizaci&oacute;n del Estado, de la moneda, de las formas laborales, del financiamiento de la producci&oacute;n y del modo de inserci&oacute;n internacional. Abordaremos estas instituciones una por una en pr&oacute;ximos textos mostrando construcciones concretas que plantean una institucionalidad&nbsp;alternativa a la que propone este gobierno. Y es en la postura misma donde debemos mostrar que nuestro camino es otro. Las propuestas que vamos a discutir no son el fruto de especulaciones sacadas de los libros de econom&iacute;a. Se trata de un programa de acci&oacute;n que surge de nuestras pr&aacute;cticas sociales y que puede plantear un proceso de reconstituci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Frente a un Estado achicado e introvertido que profundiza la incapacidad actual de la acci&oacute;n p&uacute;blica y la tensi&oacute;n entre Provincias y Naci&oacute;n, un nuevo Estado que articule con la sociedad, redefina productivamente el pacto federal y no declame su presencia para esconder su impotencia. Una moneda anclada en la materialidad de nuestra riqueza nacional y no dependiente de los vaivenes del d&oacute;lar que no corresponden a nuestra realidad. Frente a la precarizaci&oacute;n laboral y la destrucci&oacute;n del valor del trabajo, una organizaci&oacute;n del trabajo que valore a las formas ampliadas del trabajo m&aacute;s all&aacute; del empleo, que permita ampliar las bases de acuerdos sociales entre trabajadores y productores. Un sistema de cr&eacute;dito que se rija en la capacidad productiva y no en la propiedad acumulada de los actores. Una inserci&oacute;n internacional consciente de nuestro lugar en el mundo, que articule con nuestros principales socios (China y Brasil) sin pelearnos in&uacute;tilmente con los Estados-Unidos en lugar de una relaci&oacute;n de sometimiento que solo logra un mayor desprecio por parte de los pa&iacute;ses centrales.
    </p><p class="article-text">
        Estos contrapuntos, simplemente listados y que ser&aacute;n ampliados para el debate en pr&oacute;ximos textos, no son un camino &uacute;nico que se opone a otro camino &uacute;nico. Son la necesidad de abrir el imaginario que asuman la crisis de todas nuestras instituciones, el deseo de refundaci&oacute;n que hay en la argentina pero desde un cauce constructivo, lejos del veneno paralizante de este gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Si hay una paradoja de Milei, ra&iacute;z de todas las otras, es que rechaza visceralmente el socialismo, pero adopta la misma postura jacobina que ha caracterizado su peor versi&oacute;n sovi&eacute;tica: destruye la sociedad desde el Estado, pensando que se pueda hacer tabla rasa del pasado. En realidad, se mueve con el mismo presupuesto que los gobiernos que pretende reemplazar. Marcel Mauss lo llamaba &ldquo;fetichismo pol&iacute;tico&rdquo;, (des)hacer la sociedad a golpes de decretos y leyes. A esto, opon&iacute;a una revoluci&oacute;n social en el sentido de la expresi&oacute;n consciente de las fuerzas activas de la sociedad, de la consolidaci&oacute;n en instituciones de las pr&aacute;cticas orientadas por otro imaginario respecto al imaginario liberal. Si es cierto que la sociedad quiere un cambio radical y que Milei est&aacute; intentando realizar una revoluci&oacute;n completa, la respuesta no consiste solo en proponer otros contenidos, sino en adoptar por fin otra postura, es decir, en cambiar la idea misma de revoluci&oacute;n. Desde abajo, desde las periferias, con acuerdos, valorizando todo lo que hay en la sociedad que ya va en un sentido contrario al neo-liberalismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alex Roig, Francesco Callegaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/100-milei-100-dias-veneno_129_11223765.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Mar 2024 21:57:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los 100 de Milei, 100 días de veneno]]></media:title>
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