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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Julia López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/julia-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Julia López]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Estuvo desaparecida en un centro clandestino, fue violada por cinco hombres y todavía debe explicar que no lo merecía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/estuvo-desaparecida-centro-clandestino-violada-cinco-hombres-todavia-debe-explicar-no-merecia_132_12149204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9102673a-3a6f-4c23-a440-298f0cffa116_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estuvo desaparecida en un centro clandestino, fue violada por cinco hombres y todavía debe explicar que no lo merecía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rosa Gómez estuvo nueve meses detenida en el centro clandestino más salvaje de Mendoza, el D2. Ante la justicia logró identificar a sus abusadores. Uno declaró tener un vínculo amoroso con una de sus hermanas. La naturaleza de esa relación abrió una grieta familiar que perdura casi cincuenta años después.  </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; me violaron cinco tipos&rdquo;, empieza su relato, como para decir lo importante de entrada y ordenar todo el resto de la historia. Entre 1976 y 1977 Rosa del Carmen G&oacute;mez estuvo secuestrada en el centro clandestino D2, de la Polic&iacute;a de Mendoza. Otros cautiverios all&iacute; duraron d&iacute;as, semanas o un par de meses, ninguno nueve como el suyo. Rosa a&uacute;n no encuentra explicaci&oacute;n para entender el ensa&ntilde;amiento con ella.
    </p><p class="article-text">
        La violencia sexual a las mujeres perseguidas por razones pol&iacute;ticas ha sido contada por much&iacute;simas de ellas y eso hizo que, en los juicios por cr&iacute;menes de lesa humanidad, las violaciones fueran castigadas penalmente como un delito particular, distinto a las torturas. <strong>Rosa G&oacute;mez fue la primera en Mendoza en conseguir que su caso </strong><a href="https://lesahumanidadmendoza.com/los-juicios-uno-por-uno/cuarto-juicio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>se investigara y condenara</strong></a><strong> como violaci&oacute;n en el marco de estos juicios</strong>. Pero su historia excede lo que cabe en el testimonio que un tribunal necesita. Su secuestro y su detenci&oacute;n dejaron marcada su vida, sus relaciones familiares, sus trabajos, sus amores&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Nueve meses y una vida</h2><p class="article-text">
        La entrevista es el ex-D2, hoy <a href="http://www.espaciomemoriamendoza.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos</a>. Rosa se para frente a la entrada principal, pero la encargada de la Polic&iacute;a &mdash;que a&uacute;n comparte edificio con el sitio de memoria&mdash; dice que no le han pedido abrir la puerta. Se refiere a una petici&oacute;n formal &mdash;por parte de su superior&mdash;, porque &mdash;de hecho&mdash; se lo est&aacute;bamos pidiendo. <strong>Tenemos que entrar por atr&aacute;s, por el estacionamiento. Por all&iacute; metieron en la dictadura a ella y a tantas personas m&aacute;s.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entr&oacute; el 1 de junio de 1976 y sali&oacute; en febrero de 1977, cuando legalizaron su detenci&oacute;n y la trasladaron a la Penitenciar&iacute;a de Mendoza. Nadie estuvo tanto tiempo en ese lugar de cautiverio, torturas y exterminio como ella. Durante todo ese tiempo fue violada por cinco hombres, de los cuales pudo identificar a cuatro: <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/2021/03/julio-hector-lapaz/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Julio La Paz</a>, <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/2021/03/ruben-dario-gonzalez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rub&eacute;n Gonz&aacute;lez</a>, Manuel Bustos y <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/2021/03/marcelo-moroy/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marcelo Moroy</a>. Los primeros meses la hab&iacute;an tenido con los ojos vendados, pero a partir de octubre abusaron de ella a cara descubierta hasta que la trasladaron a la c&aacute;rcel.&nbsp;
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                Rosa Gómez rodea el edificio del palacio policial para entrar al Espacio para la Memoria ex-D2 por el estacionamiento                            </span>
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        Rosa declar&oacute; tres veces en juicios por delitos de lesa humanidad: la primera fue en 2010, como testigo general, y las otras, como v&iacute;ctima. En 2017, hubo una sentencia que conden&oacute; a La Paz y Gonz&aacute;lez a 20 a&ntilde;os de prisi&oacute;n por las violaciones. Quiz&aacute;s justamente por haber muerto antes de haber podido ser juzgado, hay otro que le cuesta m&aacute;s nombrar: Manuel Bustos. Su nombre todav&iacute;a le da escalofr&iacute;os. Dice que es cristiana y que entonces no le desea el mal a nadie, pero que le hubiera gustado que &eacute;l viviera para estar en la c&aacute;rcel como el resto. &ldquo;A los cinco los odio desde el alma, cada uno dej&oacute; una cosa horrible en m&iacute;, pero ese tipo me marc&oacute; mucho m&aacute;s&rdquo;, asegura. Sin embargo con la Paz la une una historia siniestra con consecuencias en el presente: mientras violaba a Rosa tuvo un v&iacute;nculo con una de sus hermanas. La naturaleza de esa relaci&oacute;n ha sido fuente de discordia y desencuentro con toda su familia desde que recuper&oacute; su libertad.
    </p><p class="article-text">
        Hay quienes dicen que su hermana se acost&oacute; con &eacute;l para salvarla a ella. La acusan de ser desagradecida con esa hermana. Dicen tambi&eacute;n que ella era una guerrillera, que pon&iacute;a bombas, que participaba de la lucha armada. Rosa no sabe si esas ideas se las transmiti&oacute; La Paz a su hermana, si las invent&oacute; ella, si supo lo que le estaba pasando en el D2. <strong>Tampoco sabe, en realidad, si su hermana se enamor&oacute; del tipo que la violaba.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Reci&eacute;n con los juicios por delitos de lesa humanidad &mdash;que en Mendoza iniciaron reci&eacute;n en 2010&mdash; empezaron a hablarse algunas cosas. Hasta entonces, a Rosa no la invitaban a los eventos familiares, cumplea&ntilde;os, casamientos y no sab&iacute;a exactamente por qu&eacute;. De todas maneras, ella ten&iacute;a otros temas en la cabeza. Quer&iacute;a darles todo a sus dos hijos, Mart&iacute;n y Emmanuel.
    </p><h2 class="article-text">Amor y militancia</h2><p class="article-text">
        La historia tiene muchos cap&iacute;tulos, pero empieza el d&iacute;a que conoci&oacute; a Ricardo, su compa&ntilde;ero, desaparecido desde el 76. Fue en el invierno de 1972, cuando &eacute;l se acerc&oacute; con una amiga a tomar un chocolate en el caf&eacute; donde trabajaba de moza. Tras algunos encuentros &mdash;y desencuentros&mdash;, empezaron una relaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rosa ten&iacute;a 19 o 20 a&ntilde;os y Ricardo, 24. Sal&iacute;an a bailar, a comer, a pasear. &Eacute;l era &ldquo;muy s&uacute;per rom&aacute;ntico&rdquo;, repite ella. La miraba, le dedicaba canciones, le gustaba que se pusiera minifaldas. Escuchaban desde Demis Roussos hasta Charly Garc&iacute;a. Estaba separado &mdash;de palabra, no exist&iacute;a el divorcio&mdash; y ten&iacute;a tres hijos con quienes compart&iacute;a los domingos. Ricardo S&aacute;nchez Coronel era militante peronista y delegado gremial en el Banco Mendoza. Hac&iacute;a trabajo social en el barrio San Mart&iacute;n, ese basural que convirtieron en un lugar habitable junto al cura Macuca Llorens. Rosa no lo acompa&ntilde;aba a las reuniones del partido ni del sindicato, pero s&iacute; al barrio. All&iacute; concientizaban sobre la higiene para evitar infecciones, hablaban de derechos y de respeto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el 76 naci&oacute; Mart&iacute;n, el primer hijo de Rosa y el &uacute;nico que tuvo con Ricardo. Sab&iacute;an por las noticias y por su entorno que la persecuci&oacute;n y la violencia de las fuerzas iba en aumento, pero creyeron que ella estar&iacute;a al margen. &ldquo;Nunca nos imaginamos &mdash;ni &eacute;l ni sus compa&ntilde;eros ni yo&mdash; que me pudiera pasar algo a m&iacute;&rdquo;, asegura.&nbsp;
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                Rosa sostiene la pancarta de Ricardo en un acto en 2020                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">El primer d&iacute;a del resto de su vida</h2><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del golpe los militantes ya no ten&iacute;an reuniones, sino &ldquo;citas&rdquo;, que eran encuentros fugaces para saber si la compa&ntilde;era o el compa&ntilde;ero segu&iacute;a con vida. A Rosa G&oacute;mez y a un amigo bancario con quien compart&iacute;an vivienda les llam&oacute; la atenci&oacute;n un auto sin patente que frecuentaba la cuadra y, siguiendo el consejo de los programas de radio, lo denunciaron a la Polic&iacute;a. Pero el veh&iacute;culo sigui&oacute; yendo. El 1 de junio de 1976, ella sali&oacute; a la ma&ntilde;ana temprano, dej&oacute; a Mart&iacute;n &mdash;de tres meses entonces&mdash; en la casa de su madre y se fue rumbo al trabajo, una marroquiner&iacute;a en la Galer&iacute;a Bamac.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a, Ricardo la llam&oacute; cuatro veces al tel&eacute;fono p&uacute;blico de la galer&iacute;a. Primero le dijo que alrededor de las 9 hab&iacute;a ido la polic&iacute;a a buscarla a la casa de su mam&aacute;. Segundo, que hab&iacute;an ido a su casa. La ret&oacute;, pensando que, como picard&iacute;a, hab&iacute;a robado algo del local donde trabajaba. En la tercera llamada estaba muy preocupado: le cont&oacute; que hab&iacute;an vuelto y entrado al departamento del compa&ntilde;ero. La &uacute;ltima llamada fue a las 18:00, desde el banco porque cumpl&iacute;a horario de tarde. Quedaron en encontrarse a las 21:00 para ir a hablar con un abogado conocido, pero Ricardo nunca lleg&oacute;.
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                    alt="Rosa conoció a Keno (Eugenio Paris) en los calabozos del D2 y la última vez que declararon lo hicieron el mismo día"
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                Rosa conoció a Keno (Eugenio Paris) en los calabozos del D2 y la última vez que declararon lo hicieron el mismo día                            </span>
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        Rosa pens&oacute; que hab&iacute;a ido a recoger al ni&ntilde;o y se tom&oacute; el micro a la casa de su madre, pero al llegar se encontr&oacute; con varias personas de la familia y del barrio y ninguno era Ricardo. Su hermano la alert&oacute; de que hab&iacute;an ido a buscarla. Ella alcanz&oacute; a alzar a Mart&iacute;n para darle un remedio para la garganta y escuch&oacute; dos patadones que tiraron la puerta abajo: &ldquo;&iexcl;&iquest;Lleg&oacute; Rosa G&oacute;mez?!&rdquo;. Estaban todos de civil y armados. Despu&eacute;s supo que eran Bustos, La Paz, Rub&eacute;n Gonz&aacute;lez y uno m&aacute;s que nunca pudo reconocer.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El secuestro y el cautiverio</h2><p class="article-text">
        Le dijeron que los ten&iacute;a que acompa&ntilde;ar al comando. Rosa subi&oacute; al auto tranquila, pero en camino la vendaron con una tira de caucho y empezaron a golpearla. Percibi&oacute; que el auto pasaba por unas v&iacute;as y pens&oacute; que la llevaban a alg&uacute;n lugar del piedemonte, donde arrojaban cuerpos. Entre cachetones, trompadas y la pregunta &ldquo;&iexcl;&iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las armas?!&rdquo; volvieron a pasar por las v&iacute;as. Cuando la bajaron y pis&oacute; ripio, supo d&oacute;nde estaba por un compa&ntilde;ero que hab&iacute;a pasado por ah&iacute; y hab&iacute;an sido soltado: &ldquo;Estoy en el palacio donde sacamos la c&eacute;dula, en el palacio policial&rdquo;,&nbsp; pens&eacute;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sacaron del veh&iacute;culo a los manotazos, baj&oacute; unas escaleras a los tumbos y la metieron directo a la sala de torturas. &ldquo;Desnudate, sacate la ropa, sentate&rdquo;, le ordenaron, y la acostaron en un camastro met&aacute;lico mientras le preguntaban por &ldquo;las armas&rdquo;, por &ldquo;la plata&rdquo;, por personas.<strong> No pod&iacute;a darles informaci&oacute;n porque no ten&iacute;a informaci&oacute;n.&nbsp;</strong>
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                Rosa Gómez vuelve a contar su historia, cada vez más convencida de la necesidad de que se sepa.                            </span>
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        <strong>El primer d&iacute;a de tortura fue el primer d&iacute;a de violaci&oacute;n, ah&iacute; en la misma sala. </strong>Eran varios y ella estaba muy aturdida entre la picana el&eacute;ctrica, los golpes, los manoseos. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que le golpeaban el est&oacute;mago con una bolsa de arena. A medio vestir y con much&iacute;simo fr&iacute;o, la hicieron subir una escalera a los tropezones y la encerraron en un calabozo. Ella estaba quieta, paralizada, desorientada. Escuch&oacute;: &ldquo;Negra&hellip; quedate tranquila que vas a salir&rdquo;. Reconoci&oacute; la voz de Ricardo. &ldquo;Me quer&iacute;a morir&rdquo;, recuerda ahora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rosa ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que abajo hab&iacute;a un s&oacute;tano, porque estaban en el suelo y retumbaba. En realidad era un entrepiso, pero eso se supo reci&eacute;n en democracia; en ese momento ni siquiera ten&iacute;an noci&oacute;n del tiempo. Solo recuerda que la dejaban descansar un rato y la volv&iacute;an a llevar a la tortura. <strong>El manoseo era permanente y el tipo de castigo depend&iacute;a del torturador de turno. </strong>Siempre amordazada, sent&iacute;a que le tiraban alg&uacute;n l&iacute;quido &mdash;quiz&aacute;s pis&mdash; y despu&eacute;s le pon&iacute;an la picana en donde menos la soportaba: en la boca, en los genitales, en los dedos. Tambi&eacute;n la quemaban con cigarrillos y su cuerpo lleva a&uacute;n esas cicatrices. En sus pies perdi&oacute; dos u&ntilde;as y toda la vida le dio verg&uuml;enza mostrarlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ricardo estuvo m&aacute;s o menos una semana. Rosa calcula los d&iacute;as en funci&oacute;n de las veces que la llevaban a la sala de torturas. Un d&iacute;a, cuando la tra&iacute;an de vuelta al calabozo, el guardia que le hablaba mientras la llevaba fren&oacute; y le baj&oacute; la venda: &ldquo;Este es el hijo de puta por el que vos est&aacute;s ac&aacute;&rdquo;. Ricardo estaba desfigurado y arrastraba una pierna. Ten&iacute;a una venda roja que le tapaba los ojos y el mismo pul&oacute;ver azul con el que hab&iacute;a salido de la casa el d&iacute;a del secuestro. Nunca m&aacute;s volvi&oacute;, todav&iacute;a est&aacute; desaparecido, y Rosa G&oacute;mez desea profundamente encontrar sus restos.
    </p><h2 class="article-text">Los peores nueve meses</h2><p class="article-text">
        Met&iacute;an y sacaban gente y Rosa no sab&iacute;a qui&eacute;n sal&iacute;a con vida. Ella segu&iacute;a ah&iacute;. <strong>Dej&oacute; de llorar y quejarse durante las violaciones en el calabozo cuando not&oacute; que, despu&eacute;s, les daban una paliza a los compa&ntilde;eros que gritaban pidiendo por ella.</strong> Recuerda especialmente a dos: Jorge Vargas y Rosario An&iacute;bal torres, a&uacute;n desaparecidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las violaciones fueron permanentes. En octubre (cuatro meses despu&eacute;s de su secuestro) qued&oacute; sola en los calabozos, que con los d&iacute;as volver&iacute;an a llenarse de personas secuestradas. A partir de ah&iacute;, comenzaron a violarla a cara descubierta y ella pudo verlos y relacionar con rostros y cuerpos lo que antes eran olores y voces. Lleg&oacute; a sospechar que estaba embarazada, pero &mdash;afortunadamente&mdash; solo era su cuerpo que, en ese estado, hab&iacute;a suspendido la menstruaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El sector de calabozos del D2                            </span>
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        Como toda violaci&oacute;n, no era una cuesti&oacute;n de placer sexual sino de poder: &ldquo;Est&aacute;bamos mugrientas. Durante los nueve meses nunca me ba&ntilde;&eacute;, nunca me cambi&eacute; la ropa interior. &Eacute;ramos un asco total&rdquo;.<strong> Uno de los violadores, mientras abusaba de ella, le dec&iacute;a &ldquo;ahora voy y me cojo a tu hermana&rdquo;</strong>. Rosa estaba realmente preocupada por su familia.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La c&aacute;rcel</h2><p class="article-text">
        En febrero, tras nueve meses secuestrada en el D2, incomunicada &mdash;y desaparecida para el resto&mdash;, la trasladaron a la Penitenciar&iacute;a de Mendoza y eso signific&oacute; la legalizaci&oacute;n de su detenci&oacute;n. Apenas lleg&oacute; a la c&aacute;rcel cont&oacute; que hab&iacute;a sido violada. Recuerda, y lamenta, que hubo otras presas pol&iacute;ticas que la desestimaron y le dijeron que eso no era tortura. No tuvo buena relaci&oacute;n con todas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algunas la trataron de &ldquo;botona&rdquo;, primero en Mendoza, despu&eacute;s en Devoto. Rosa cree que sospechaban de ella por la cantidad de tiempo que hab&iacute;a estado detenida. &ldquo;Yo no sab&iacute;a nada como para botonear. Pero, adem&aacute;s, durante los nueve meses com&iacute; el mismo caldo de fideos. No me ba&ntilde;&eacute;, dorm&iacute; en el piso, no tuve ning&uacute;n privilegio. Pas&eacute; mucho fr&iacute;o, estuve desnuda, fui manoseada, torturada y violada. No estaba ah&iacute; para dar ninguna informaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de sus hermanas la visit&oacute; al mes de estar en la c&aacute;rcel. Rosa le cont&oacute; que sufr&iacute;a terriblemente por la amenaza de uno de los violadores. &ldquo;Cuidate, es un tipo grandote, ojos de huevo frito, narig&oacute;n, jet&oacute;n&rdquo;, le dijo. Pero la hermana le respondi&oacute; que se quedara tranquila porque estaba saliendo&nbsp; con un visitador m&eacute;dico. No hablaron m&aacute;s del tema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1979 la trasladaron de Mendoza a la c&aacute;rcel de Devoto, donde concentraron a las presas pol&iacute;ticas. Volvi&oacute; a tener algunos altercados con compa&ntilde;eras que la manten&iacute;an al margen. Rosa no militaba y, quiz&aacute;s por eso, le ten&iacute;an desconfianza. Nadie la conoc&iacute;a de antes. Reci&eacute;n la liberaron en 1980.&nbsp;
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                En 2023, Rosa declaró por última vez en un juicio por delitos de lesa humanidad                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">La liberaci&oacute;n y la tensa relaci&oacute;n familiar</h2><p class="article-text">
        Una hermana no fue a buscarla a la estaci&oacute;n de trenes ni comparti&oacute; la cena con la que la recibi&oacute; el resto de la familia. Rosa no se extra&ntilde;&oacute;, pero pasaban los d&iacute;as y no se acercaba ni le hablaba. Su mam&aacute; tambi&eacute;n empez&oacute; a tratarla mal. &ldquo;Yo no entend&iacute;a qu&eacute; pasaba. Mi mam&aacute; me dec&iacute;a que si yo no tra&iacute;a plata a casa no me pod&iacute;a dar de comer. Reci&eacute;n sal&iacute;a de estar en cana, imaginate. Y mi hermana nunca m&aacute;s me salud&oacute;&rdquo;, cuenta Rosa.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo se fue enterando &mdash;hasta hoy, cada tanto, se entera de algo nuevo al respecto&mdash; de que esa hermana ten&iacute;a una relaci&oacute;n con La Paz, el polic&iacute;a que la amenazaba mientras la violaba. Es una grieta que a&uacute;n divide a la familia. Su hermana asegur&oacute; que lo hab&iacute;a hecho para salvarle la vida a Rosa. &ldquo;&iquest;Salvarme la vida a m&iacute;? &mdash;cuestiona Rosa&mdash;. &iquest;Yo le debo la vida a ella, cuando el hijo de puta que ten&iacute;a de amante me viol&oacute; durante nueve meses? Hay otros presos que sobrevivieron y se fueron antes y nadie se acost&oacute; con nadie para cuidarles el cuero. &iquest;C&oacute;mo le voy a agradecer por tener relaciones con el tipo que me violaba?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n declar&oacute; Julio H&eacute;ctor La Paz en indagatoria, el v&iacute;nculo con la hermana de Rosa continu&oacute; hasta la d&eacute;cada del 90 y lo retomaron en los 2000. Se volvi&oacute; a cortar cuando empezaron las investigaciones judiciales y &eacute;l fue detenido. Dijo que Rosa ment&iacute;a, que le ten&iacute;a bronca a toda &ldquo;la parte uniformada&rdquo; y a &eacute;l en especial por esa &ldquo;relaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rosa asegura que su familia nunca la vio a ella como v&iacute;ctima. &ldquo;Yo declar&eacute; en el juicio y sab&iacute;a que todos los compa&ntilde;eros que ven&iacute;an atr&aacute;s sab&iacute;an lo que yo hab&iacute;a vivido. En mi familia, en mi propia familia, en cambio, ten&iacute;a que demostrar lo que me hab&iacute;a pasado&rdquo;, explica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La grieta sobre la naturaleza del v&iacute;nculo entre la hermana de Rosa y su abusador sigue presente en la familia, que no recuper&oacute; la unidad. Hace unos meses un hermano volvi&oacute; a decir que le deb&iacute;a la vida a esa hermana que se hab&iacute;a acostado con el polic&iacute;a. Rosa tom&oacute; distancia de otra hermana porque supo que le hab&iacute;a dicho a las nietas que hab&iacute;a estado presa por andar en manifestaciones, prendiendo fuego autos y poniendo bombas molotov. Asegura que no es cierto.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Desde 2020, el nombre de Ricardo Sánchez Coronel forma parte de Baldosas por la Memoria, en la explanada del ex-D2, de Mendoza"
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            <span class="title">
                Desde 2020, el nombre de Ricardo Sánchez Coronel forma parte de Baldosas por la Memoria, en la explanada del ex-D2, de Mendoza                            </span>
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        El a&ntilde;o pasado pudo visitar con otro de sus hermanos, Francisco, el ex-D2, hoy sitio de memoria. Hab&iacute;an ido a hacer tr&aacute;mites e insisti&oacute; en mostrarle el lugar donde hab&iacute;a estado. <strong>El hombre, ya mayor, se qued&oacute; impactado. &ldquo;Perdoname por no haber preguntado&rdquo;</strong>, era todo lo que le sal&iacute;a decirle. Cuando lo dej&oacute; en su casa, la hija del hermano, preocupada, le preguntaba a su t&iacute;a qu&eacute; hab&iacute;a pasado. Lo supo d&iacute;as m&aacute;s tarde, por un video que grab&oacute; un sobrino de C&oacute;rdoba que fue al lugar donde hab&iacute;a estado secuestrada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una nieta de Francisco ya hab&iacute;a hecho un recorrido guiado con la escuela por el espacio de memoria: escuch&oacute; lo que contaron de Rosa G&oacute;mez y a la vuelta le pregunt&oacute; a su abuelo c&oacute;mo se llamaba la t&iacute;a Chiqui. Era Rosa.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Eco en el presente</h2><p class="article-text">
        Rearmar su vida no fue f&aacute;cil. <strong>Recuerda que la polic&iacute;a se acercaba a los trabajos que consegu&iacute;a a acusarla de guerrillera y la echaban. </strong>Por eso eligi&oacute; volcarse al servicio dom&eacute;stico y trabajar en casas particulares. Antes de la dictadura no hab&iacute;a tenido militancia, pero en democracia asumi&oacute; a cada desaparecido y desaparecida como compa&ntilde;ero y compa&ntilde;era. Buscarlos la mantuvo activa. Se cas&oacute; nuevamente, con Eduardo, y tuvo a Emmanuel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque ella siempre dijo que iba a contar lo que le hab&iacute;a pasado, no siempre es f&aacute;cil. Y no fue f&aacute;cil incluso en 2024, ante un curso de secundaria al que la hab&iacute;an invitado a relatar su experiencia. Recuerda que se quebr&oacute; al hablar sobre las violaciones. Pero su testimonio le dio la valent&iacute;a a una estudiante para acercarse en el recreo y contarle que su abuelo abusaba de ella. Al recreo siguiente, otra adolescente le dijo que sufr&iacute;a abusos sexuales de parte del novio de su madre, que no le cre&iacute;a. En los dos casos, Rosa habl&oacute; con la docente y activaron los mecanismos institucionales para ayudarlas. Acompa&ntilde;aron a la primera hasta hacer la denuncia e intervinieron con la madre de la segunda para que la apoyara y denunciaran.
    </p><p class="article-text">
        El pasado tambi&eacute;n vuelve para Rosa. Horas despu&eacute;s de esta entrevista, env&iacute;a un audio de WhatsApp para reforzar lo m&aacute;s importante: &ldquo;No te olvides de poner que Ricardo era muy rom&aacute;ntico, hermoso y cari&ntilde;oso. Superlindo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JL / MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julia López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/estuvo-desaparecida-centro-clandestino-violada-cinco-hombres-todavia-debe-explicar-no-merecia_132_12149204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Mar 2025 02:59:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estuvo desaparecida en un centro clandestino, fue violada por cinco hombres y todavía debe explicar que no lo merecía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura Cívico Militar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la Mendoza de los 70 los grupos paraestatales ensayaron la represión en los cuerpos de las prostitutas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/mendoza-70-grupos-paraestatales-ensayaron-represion-cuerpos-prostitutas_132_11226104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eece1fc7-42c4-450b-bf60-beb9b77087a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la Mendoza de los 70 los grupos paraestatales ensayaron la represión en los cuerpos de las prostitutas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La violencia sexual contra desaparecidas y persecución contra prostitutas fueron parte de una misma lógica en la provincia. Un dispositivo compartido de patotas y clandestinidad que atacó a unas y a otras. Una sobreviviente y una historiadora analizan la represión local en clave de género.
</p></div><p class="article-text">
        En la sala de audiencias de Tribunales Federales de Mendoza, cientos de sobrevivientes, familiares y amistades han dado su testimonio de lo que vivieron antes y durante la &uacute;ltima dictadura. Si los escuchamos en clave de g&eacute;nero, <strong>la violencia sexual marc&oacute; de manera generalizada los relatos de las militantes alojadas en centros clandestinos de detenci&oacute;n (CCD)</strong>. Pero si afinamos el o&iacute;do un poco m&aacute;s, en las declaraciones de personas secuestradas &mdash;varones y mujeres&mdash; se filtra que el CCD m&aacute;s grande la provincia, el Departamento de Informaciones D2 de la Polic&iacute;a de Mendoza, tambi&eacute;n <strong>fue lugar de cautiverio de prostitutas que nada ten&iacute;an de militantes pol&iacute;ticas: las persegu&iacute;an por &ldquo;inmorales&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En much&iacute;simos casos, seg&uacute;n declararon sobrevivientes del D2, de las prostitutas provino el &uacute;nico gesto de humanidad que tuvieron en ese centro clandestino del terror y la deshumanizaci&oacute;n: un poco de agua, algo de comida, una palabra de aliento. En otros casos incluso fueron el nexo con las familias de presas y presos pol&iacute;ticos que no ten&iacute;an comunicaci&oacute;n con el exterior. As&iacute; lo recuerdan <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/cuarto_juicio/audiencia-18-historias-en-primera-persona-carlos-cangemi-el-primer-testimonio-de-la-megacausa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eduardo Cangemi</a>, <a href="http://www.espaciomemoriamendoza.com/wp-content/uploads/2021/06/Rodr%C3%ADguez-A.-Las-hijas-del-trueno.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alicia Morales</a>, Luis Oca&ntilde;a o Chacho Godoy, quien public&oacute; la historieta &ldquo;<a href="http://incihusa.mendoza-conicet.gob.ar/jspui/handle/9999/539" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La solidaridad y las sombras</a>&rdquo;, en <strong>memoria a las mujeres en prostituci&oacute;n que le salvaron la vida a principios del 75.&nbsp;</strong>
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                    alt="Recorte de “La solidaridad y las sombras”, historieta de Chacho Godoy en homenaje a Claridad González, Ramona Suárez y las otras tres prostitutas que lo acompañaron."
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            <span class="title">
                Recorte de “La solidaridad y las sombras”, historieta de Chacho Godoy en homenaje a Claridad González, Ramona Suárez y las otras tres prostitutas que lo acompañaron.                            </span>
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        Es que la dictadura no solo busc&oacute; la instauraci&oacute;n de un orden pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, tambi&eacute;n tuvo como objetivo la <strong>restauraci&oacute;n de un orden moral patriarcal que devolviera los roles de g&eacute;nero</strong> que, para la sociedad conservadora y las c&uacute;pulas militares y policiales, se hab&iacute;an perdido y deb&iacute;an recuperarse. Esta es la tesis de la historiadora Laura Rodr&iacute;guez Ag&uuml;ero, quien investiga la violencia hacia las mujeres en la dictadura y c&oacute;mo <strong>en Mendoza la represi&oacute;n homolog&oacute; a militantes y prostitutas.</strong> Su planteo es el hilo conductor de esta nota.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n es la palabra de Silvia Ontivero, una sobreviviente que, <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/decimo-tercer-juicio/audiencia-8-secuestros-en-el-d2-previos-al-golpe/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ante el Tribunal Oral Federal 1 de Mendoza en 2023</a>, cont&oacute; que <strong>en el D2 no solo las violaban, torturaban y humillaban, sino que en el medio tambi&eacute;n les daban lecciones de moral: </strong>&ldquo;Quer&iacute;an convertirte en una mujer modelo y que una no piense m&aacute;s en la estupidez de querer cambiar el pa&iacute;s&rdquo;. &ldquo;Puta&rdquo; era el insulto recurrente para las militantes en cautiverio. Silvia declar&oacute; ante la Conadep en los 80, particip&oacute; de las escrituras colectivas de &ldquo;Nosotras, presas pol&iacute;ticas&rdquo; (2006)&nbsp; y &ldquo;<a href="https://nosotrasenlibertad.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nosotras en libertad</a>&rdquo; (2021) y conform&oacute; desde su inicio la organizaci&oacute;n mendocina Mujeres sobrevivientes de las dictaduras por la memoria.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, tanto Silvia como Laura integran el Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos ex-D2 de Mendoza, <a href="https://www.instagram.com/p/C4RMzx4RQlF/?igsh=MXFtaWswMHVldGN3dA%3D%3D" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sitio que tambi&eacute;n trabaja en visibilizar la represi&oacute;n en clave de g&eacute;nero</a>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Laura Rodríguez Agüero en el actual Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos ex-D2 de Mendoza.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Comando &ldquo;moralizador&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Laura Rodr&iacute;guez Ag&uuml;ero es una historiadora especializada en el pasado reciente, los grupos paraestatales y las experiencias organizativas de los 70. Leyendo los diarios de la &eacute;poca &mdash;&ldquo;con los lentes verdes/violetas&rdquo;, r&iacute;e haciendo referencia a la perspectiva feminista&mdash;, not&oacute; que se multiplicaban las notas de <strong>un comando que asesinaba prostitutas</strong>. Entonces se dio a la tarea de rastrear a mujeres que ejercieron la prostituci&oacute;n por aquellos a&ntilde;os. Fue dif&iacute;cil, pero lo logr&oacute; gracias a que estaban sindicalizadas en la Asociaci&oacute;n de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La investigadora rescat&oacute; as&iacute; la memoria de aquellas que &mdash;<strong>perseguidas por los mismos comandos que las y los militantes, v&iacute;ctimas de los mismos dispositivos y alojadas en los mismos centros clandestinos&mdash; no formaron parte de los organismos de Derechos Humanos, nunca fueron llamadas a declarar en ning&uacute;n juicio, no figuran en el Nunca M&aacute;s ni recibieron justicia.</strong> Se trata de mujeres en prostituci&oacute;n que el Comando Moralizador P&iacute;o XII puso en el blanco de su ataque. Abolicionismo o regulacionismo no era una discusi&oacute;n de entonces, y la forma de nombrarlas es la que ellas usan.
    </p><p class="article-text">
        En la Mendoza de los 70, cuenta la historiadora, la persecuci&oacute;n previa a la dictadura estaba en manos principalmente de grupos paraestatales, como sucedi&oacute; con la Triple A a nivel nacional. El jefe de la Polic&iacute;a provincial, Julio C&eacute;sar Santuccione, encabezaba los dos m&aacute;s grandes: <strong>el Comando Anticomunista Mendoza (CAM) y el Comando Moralizador P&iacute;o XII.</strong> Como sus nombres dejan ver, la persecuci&oacute;n no era solamente pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n social, cultural y fuertemente moral.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Silvia Ontivero en una actividad en 2023, en el marco del Día de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres."
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                Silvia Ontivero en una actividad en 2023, en el marco del Día de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Emigren, prostitutas&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Mim&iacute; Sif&oacute;n fue una de las que vivi&oacute; los ataques y accedi&oacute; en 2006 a ser entrevistada por Rodr&iacute;guez Ag&uuml;ero: &ldquo;La primera vez que tengo yo noci&oacute;n de este comando, era como la una de la ma&ntilde;ana y estaba parada en la esquina de Urquiza y Salta, sola, no hab&iacute;a nadie. Entonces a lo lejos ven&iacute;a un Ami 8 amarillo y yo ve&iacute;a que ven&iacute;a tocando bocina por las esquinas y me llama la atenci&oacute;n. Cuando pasa por mi esquina, toca bocina y tira papelitos (...) El papelito dec&iacute;a &lsquo;emigren prostitutas, Comando P&iacute;o XII&rsquo;. (...) Le muestro a una compa&ntilde;era m&iacute;a que me dijo &lsquo;debe ser un loco&rsquo;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Comando P&iacute;o XII conflu&iacute;an integrantes de las Fuerzas y de la derecha cat&oacute;lica. <strong>Polic&iacute;as, militares y un robusto movimiento integrista del catolicismo provincial conformaron esta brigada </strong>que encontr&oacute; en Santuccione un verdadero &ldquo;restaurador moral&rdquo;. En &eacute;l confiaron para organizar la ofensiva contra todas aquellas que hubiesen transgredido los l&iacute;mites del estereotipo de buena mujer. <strong>Los cadenazos a prostitutas eran la marca registrada del P&iacute;o XII.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Seremos inmisericordiosos en el castigo a las prostitutas, que con su desenfadada presencia en la v&iacute;a p&uacute;blica atormentan y ofenden de ra&iacute;z las pr&aacute;cticas de buena costumbre y p&uacute;blica moral m&iacute;nima de toda sociedad decente&rdquo;, dice un comunicado que el Comando P&iacute;o XII envi&oacute; al Diario Mendoza a fines de julio del 75.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Diario Mendoza. 26 de julio de 1975                            </span>
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        Las golpizas con cadenas a mujeres en prostituci&oacute;n inundaban las calles de las noches mendocinas. &ldquo;Una noche viene un grupo de compa&ntilde;eras avisando que una hab&iacute;a sido golpeada &mdash;record&oacute; Mim&iacute; en la entrevista de 2006&mdash;. Cuando vamos a verla, <strong>la hab&iacute;an golpeado con cadenas</strong>. Ella cont&oacute; que se bajaron cuatro tipos de un auto encapuchados y la golpearon con cadenas dici&eacute;ndole: &lsquo;&iquest;No les dijimos que emigraran?&rsquo;&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Muertas sin justicia ni memoria</strong></h3><p class="article-text">
        Entre diciembre del 74 y mayo del 75 el Comando P&iacute;o XII irrumpi&oacute; p&uacute;blicamente: hubo quince asesinatos no resueltos de personas vinculadas a la prostituci&oacute;n, incluidos tratantes y proxenetas, seg&uacute;n la recopilaci&oacute;n de Laura. Seg&uacute;n public&oacute; el diario Los Andes, el 1 de mayo encontraron asesinadas a <strong>dos prostitutas que hab&iacute;an sido secuestradas la noche anterior por un grupo sin identificar. Estaban desnudas y ten&iacute;an un disparo en la cabeza.</strong> En septiembre de ese a&ntilde;o los diarios locales publicaron que una mujer en prostituci&oacute;n fue secuestrada, desnudada y golpeada por un comando. Le pintaron &ldquo;P&iacute;o XII&rdquo; en su cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todos los casos, los cad&aacute;veres de personas relacionadas con la prostituci&oacute;n aparecieron en zonas monta&ntilde;osas (Papagayos, Canota, San Isidro). En los mismos lugares, estos comandos depositaban los cuerpos de militantes pol&iacute;ticos.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Mimí Sifón en una entrevista a Laura Rodríguez Agüero en 2019.                            </span>
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        Otra mujer en prostituci&oacute;n por aquella &eacute;poca (identificada solo como &ldquo;R.&rdquo;), relat&oacute; a Rodr&iacute;guez Ag&uuml;ero una escena similar: &ldquo;Me acuerdo que trabaj&aacute;bamos y la mayor&iacute;a de las chicas se tuvo que ir. Se tuvieron que ir porque les pegaban. Palos, cadenazos (...) Hay algunas a las que les quebraban los brazos, las costillas de las palizas que les daban. Cuando la agarraban a una en la esquina ah&iacute; mismo le pegaban, en la misma esquina. <strong>Y andaban encapuchados, en autos Falcon verde.</strong> (...) Hab&iacute;a una que le dec&iacute;an &lsquo;la Monito&rsquo;, le dieron tanta paliza... Le quebraron las costillas, el tobillo. Con cadenas le pegaron, yo no la vi m&aacute;s&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Solidaridad sin nombre</strong></h3><p class="article-text">
        En dictadura o democracia, las prostitutas siempre fueron perseguidas. Ten&iacute;an claro que el enemigo no eran &ldquo;los extremistas&rdquo;, como dec&iacute;an los polic&iacute;as, sino la polic&iacute;a misma. Por eso ellas intentaban ayudar, como pod&iacute;an, a cualquier persona detenida. La solidaridad era el c&oacute;digo principal entre quienes compart&iacute;an el encierro. As&iacute; dej&oacute; grabado Mim&iacute; en una entrevista audiovisual que le dio a la historiadora Rodr&iacute;guez Ag&uuml;ero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; tambi&eacute;n dej&oacute; registrado en la historieta &ldquo;La solidaridad y las sombras&rdquo; Chacho Godoy, militante detenido en marzo del 75, alojado primero en dependencias de la Polic&iacute;a Federal y luego en el D2. Despu&eacute;s de d&iacute;as de golpes y tortura, fue una prostituta la que abri&oacute; la mirilla del calabozo de Chacho y le pregunt&oacute; qui&eacute;n era. &ldquo;&iexcl;Chicas, un guerrilla!&rdquo;, les dijo a las dem&aacute;s. <strong>Tres de ellas se dejaron manosear por los guardias para distraerlos y otras dos lo acompa&ntilde;aron al ba&ntilde;o. Le dieron algo de tomar, un s&aacute;nguche, un cigarrillo y un f&oacute;sforo. </strong>D&iacute;as despu&eacute;s se encontraron en el cami&oacute;n celular cuando a &eacute;l lo dejaron en la penitenciar&iacute;a y a ellas las iban a liberar.&nbsp;
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                La solidaridad y las sombras, de Chacho Godoy.                            </span>
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        En la c&aacute;rcel los militantes detenidos estudiaban, pensaban poes&iacute;as, se ense&ntilde;aban cosas y le&iacute;an diarios, cuenta Chacho en su historieta. As&iacute; fue como a principios de mayo leyeron que <strong>hab&iacute;an encontrado a dos mujeres asesinadas en Canota y &eacute;l las reconoci&oacute; de inmediato: eran las que lo hab&iacute;an ayudado en el D2. Por la noticia supo que se llamaban Ramona Su&aacute;rez y Claridad Gonz&aacute;lez. </strong>&ldquo;Estos no fueron cr&iacute;menes aislados. Fue el comienzo, los primeros ensayos&rdquo;, escribe, de lo que la dictadura volver&iacute;a sistem&aacute;tico.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Calabozo Cero</strong></h3><p class="article-text">
        Cuando una &ldquo;razzia moralista&rdquo; se propon&iacute;a barrer las prostitutas de la ciudad, eran alojadas en comisar&iacute;as o en la parte de delitos contravencionales del Palacio Policial, donde est&aacute; el D2, en las calles Peltier y Virgen del Carmen. Por la disposici&oacute;n del edificio, desde all&iacute; vieron pasar, subir y bajar personas presas por razones pol&iacute;ticas. Sol&iacute;an volver en un estado deplorable de la sala de torturas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si los polic&iacute;as descubr&iacute;an que hab&iacute;an ayudado a &ldquo;los extremistas&rdquo;, si ellas se negaban a darles informaci&oacute;n de los militantes o si se resist&iacute;an a ser abusadas, las castigaban. Y el castigo era encerrarlas en lo que prostitutas y presas pol&iacute;ticas llamaron &ldquo;calabozo cero&rdquo;. No se le deber&iacute;a llamar calabozo. Era una especie de escobero o sarc&oacute;fago de dimensiones m&iacute;nimas, donde solo cabe una persona parada. Alicia Morales dijo que med&iacute;a aproximadamente cuarenta cent&iacute;metros de cada lado. Otra exdetenida, <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/decimo-tercer-juicio/audiencia-15-irene-reyes-guio-una-inspeccion-en-el-d2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Irene Reyes, cont&oacute; que la mantuvieron ah&iacute; 24 horas</a>, sin comer ni tomar nada.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Nos torturaban y nos daban lecciones de moral&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        La represi&oacute;n moral que ejecutaban comandos estatales y paraestatales se orientaba &mdash;entre otras personas&mdash; contra cualquier mujer que desafiara el estereotipo y por eso las militantes tambi&eacute;n eran inaceptables. &ldquo;Desde los primeros insultos, golpes, manoseos y posteriores&nbsp; violaciones,&nbsp; <strong>mi &lsquo;pecado&rsquo; era la militancia en el sindicato y alejamiento de los preceptos religiosos y el rol de esposa, madre y ama de casa, lo cual lo caracterizaban como prostituci&oacute;n</strong>, al no cumplir el rol estipulado en la sociedad para la mujer&rdquo;, reflexion&oacute; Silvia Ontivero, sobreviviente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a 29 a&ntilde;os el 9 de febrero de 1976, cuando la secuestraron de su casa en el marco de un operativo contra sindicalistas peronistas. Ella trabajaba en la Direcci&oacute;n de Comercio del Ministerio de Econom&iacute;a de Mendoza y era delegada gremial en ATE. Estaba por almorzar cuando unos ocho hombres armados y disfrazados con pelucas y barbas postizas entraron con violencia y gritando. Preguntaban por &ldquo;las armas&rdquo; y destrozaron toda la vivienda. <strong>Se la llevaron en un Fiat color claro con su hijo de cuatro a&ntilde;os </strong>y con su pareja de entonces, tambi&eacute;n militante.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Diario Mendoza. 14 de septiembre del 75.                            </span>
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        Todo el grupo de gremialistas fue llegando de a poco al centro clandestino D2 de la Polic&iacute;a de Mendoza. La insultaron y golpearon frente a su ni&ntilde;o, a quien tambi&eacute;n interrogaron para que dijera algo sobre &ldquo;los t&iacute;os&rdquo;, es decir, compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de su mam&aacute;. Como al ingresar ella hab&iacute;a gritado desesperada el n&uacute;mero de tel&eacute;fono del padre de su hijo, luego se lo entregaron al hombre.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Abuso sexual como forma de tortura</strong></h3><p class="article-text">
        Fue el comienzo de una pesadilla. Silvia fue abusada sexualmente los dieciocho d&iacute;as que estuvo en el D2. <strong>&ldquo;Tuve que soportar la violaci&oacute;n de cuanto se&ntilde;or estaba de turno, varias veces al d&iacute;a. No solo yo, todas las mujeres&rdquo;</strong>, dijo en 2016 en una <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/sexto_juicio/audiencia-3-tiempo-de-descuento-para-carlos-rico-por-su-participacion-en-crimenes-de-lesa-humanidad-2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">declaraci&oacute;n frente al Tribunal Oral Federal 1 de la Ciudad de Mendoza</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Producto de las torturas con picana perdi&oacute; un embarazo que cursaba:</strong> las descargas el&eacute;ctricas en la vagina le produjeron un aborto, el deterioro absoluto de su &uacute;tero y la <strong>imposibilidad de volver a quedarse embarazada</strong>. &ldquo;Junto con otra compa&ntilde;era abortamos en el momento de la tortura. Yo estaba de aproximadamente dos meses y medio y la otra detenida, de cuatro meses. Luego del aborto se present&oacute; una persona que dijo ser m&eacute;dico y que realiz&oacute; en carne viva el raspaje final&rdquo;, declar&oacute; aquella vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para insultarla, eleg&iacute;an siempre &ldquo;&lsquo;puta&rdquo;, &ldquo;putita&rdquo; o &ldquo;pecadora&rdquo;</strong>. &ldquo;Recalcaban que Dios iba a castigarme por el abandono del ni&ntilde;o y que ellos iban a limpiar la sociedad de mujeres como yo&rdquo;. La amenazaban con matar a su hijo, le preguntaban por &ldquo;los jefes&rdquo; que ten&iacute;a y por unas armas que buscaban: &ldquo;Nunca me preguntaron sobre mi rol en el sindicato ni en mi trabajo ni d&oacute;nde militaba. El reclamo siempre fue el hecho de hacer pol&iacute;tica en lugar de estar en mi casa atendiendo el hogar y especialmente al ni&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras casi veinte d&iacute;as de horror, violaciones, torturas, golpes, hambre, sed, humillaciones y encierro en un calabozo de dimensiones m&iacute;nimas, llevaron a todo el grupo a declarar ante el juez federal Rolando Evaristo Carrizo en una dependencia policial.<strong> &ldquo;Mire c&oacute;mo estoy, me han violado&rdquo;, le dijo Silvia en p&eacute;simas condiciones. &ldquo;&iquest;No te habr&aacute;s ca&iacute;do?&rdquo;, le respondi&oacute; &eacute;l socarronamente.</strong> Ese y otros tres magistrados ser&iacute;an condenados a prisi&oacute;n perpetua en el <a href="https://lesahumanidadmendoza.com/los-juicios-uno-por-uno/cuarto-juicio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuarto juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza</a>, en el entendimiento de que los jueces estaban al tanto de lo que pasaba y su complicidad fue necesaria para que las fuerzas ejecutaran esos cr&iacute;menes aberrantes.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El precio de ser mujer&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Pagamos el precio de ser mujeres&rdquo;, sostiene Silvia Ontivero. Es de las sobrevivientes que entienden a la perfecci&oacute;n el car&aacute;cter sexuado de la represi&oacute;n y el <strong>&ldquo;doble castigo&rdquo;: por ser mujeres y por ser subversivas.</strong> Relata siempre &mdash;en investigaciones judiciales, acad&eacute;micas o period&iacute;sticas&mdash; la violencia sexual que vivi&oacute;, convencida en la importancia de echar luz sobre el pasado para que no se repita algo as&iacute;. &ldquo;Hay un esfuerzo concreto en ese sentido y ha sido fundamental nuestro compromiso como mujeres declarantes de ponerlo en relieve. Muchos varones declarantes tambi&eacute;n lo han denunciado, refrendando nuestra declaraciones, cuando compartimos espacios de tortura&rdquo;.&nbsp;
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                Frente del actual Espacio para la Memoria ex-D2 de Mendoza.                            </span>
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        Si la violencia sexual fue una de las caras de la represi&oacute;n sobre las mujeres, la otra cara fue la desmaternalizaci&oacute;n, explic&oacute; Laura Rodr&iacute;guez Ag&uuml;ero. Quitarles a sus hijos e hijas era parte del castigo, como sucedi&oacute; en los casos de apropiaciones que hasta hoy mantienen a cientos de personas con una identidad robada y fraguada. La historia de Silvia fue particular. <strong>Habilitado por el contexto y la connivencia del Poder Judicial, el padre de su hijo consigui&oacute; que en 1977 dictaminaran el abandono de hogar de Ontivero &mdash;todav&iacute;a presa&mdash; y le quitaran la tutela.</strong> Pudo recuperarla once a&ntilde;os despu&eacute;s, poco tiempo antes de que el ni&ntilde;o cumpliera 15 a&ntilde;os, aunque ya desde los 13 se ve&iacute;an a escondidas de su padre, dijo en di&aacute;logo para esta nota.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Justicia: necesaria e insuficiente</strong></h3><p class="article-text">
        En Mendoza, los juicios por delitos de lesa humanidad empezaron en 2010, tiempo despu&eacute;s que a nivel nacional. Hasta el momento doce ya recibieron sentencia. En los sucesivos procesos judiciales se ha analizado el rol de las fuerzas armadas y de seguridad, la estructura de la inteligencia, operativos contra distintas organizaciones &mdash;sindicales, barriales, estudiantiles, etc.&mdash;, apropiaciones de menores, centros clandestinos de detenci&oacute;n, atentados, persecuciones, desapariciones y ejecuciones a quienes consideraban &ldquo;delincuentes subversivos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incluso dentro de las investigaciones penales hay una suerte de perspectiva de g&eacute;nero que entiende las particularidades de la represi&oacute;n a las militantes, a las mujeres detenidas por sus actividades pol&iacute;ticas, a las &ldquo;subversivas&rdquo; secuestradas en centros clandestinos. Progresivamente ha habido cierta consideraci&oacute;n de la violencia sexual desatada contra mujeres de manera rutinaria, extendida y generalizada: violaciones carnales, manoseos, desnudos forzados, picanas en zona genital, insultos de contenido sexual, acoso, exhibicionismo. <strong>En distintas sentencias se reconoce que las mujeres v&iacute;ctimas de cr&iacute;menes de lesa humanidad fueron tambi&eacute;n v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Casi toda la din&aacute;mica represiva a nivel local ha sido objeto de investigaci&oacute;n en la Justicia. Casi. Lo que solo se conoce someramente, por investigaciones externas y testimonios de sobrevivientes en juicios, es la persecuci&oacute;n que comandos paraestatales de Mendoza desataron sobre prostitutas desde antes de la dictadura. <strong>Sobre sus cuerpos ensayaron la represi&oacute;n que se volver&iacute;a sistem&aacute;tica y org&aacute;nica el 24 de marzo de 1976.</strong> Las l&oacute;gicas, los dispositivos y los mecanismos fueron los mismos que con militantes. Pero hasta ahora ning&uacute;n juicio ha reconocido a las prostitutas como v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julia López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/mendoza-70-grupos-paraestatales-ensayaron-represion-cuerpos-prostitutas_132_11226104.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Mar 2024 02:59:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En la Mendoza de los 70 los grupos paraestatales ensayaron la represión en los cuerpos de las prostitutas]]></media:title>
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