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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Victoria Gesualdi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/victoria-gesualdi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Victoria Gesualdi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De Chaco al Garrahan: el cuidado resiste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/chaco-garrahan-cuidado-resiste_3_12417890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fceff319-4ff4-415c-82f4-03784e342cdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Chaco al Garrahan: el cuidado resiste"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde Chaco hasta Buenos Aires, Marisol sostuvo a su hijo Santino durante un tratamiento extenso en el Hospital Garrahan. La historia de una madre que tuvo que dejar todo para cuidar y de un sistema de salud que hoy está en riesgo.</p></div><p class="article-text">
        Marisol y Santino se suben al micro en la estaci&oacute;n Retiro para regresar a S&aacute;enz Pe&ntilde;a, la segunda ciudad m&aacute;s importante de la provincia de Chaco, a 1100 kil&oacute;metros de distancia. Es el cuarto viaje que hacen juntos despu&eacute;s de la cirug&iacute;a que atraves&oacute; Santino en octubre de 2024 en el Hospital de Pediatr&iacute;a Garrahan que lo dej&oacute; durante cinco meses y medio en silla de ruedas. <strong>Viajaron en ambulancia, en avi&oacute;n, en remis,</strong> pero esta es la primera vez que Santino sonr&iacute;e y camina con muletas a una velocidad que solo un ni&ntilde;o de once a&ntilde;os puede tener. Dice que ya aprendi&oacute; c&oacute;mo caerse para no golpearse. A su lado, Marisol acompa&ntilde;a firme para amortiguar lo que suceda. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Yo quiero que &eacute;l cuando sea grande diga:</em> &lsquo;mi mam&aacute; hizo todo para que yo est&eacute; bien&rsquo;&rdquo;. La expresi&oacute;n de deseo podr&iacute;a repetirse en la voz de muchas madres, pero la densidad de la palabra &ldquo;todo&rdquo; cobra cuerpo cuando la dice Marisol. Hace dos a&ntilde;os <strong>decidi&oacute; viajar por su cuenta cansada de golpear puertas </strong>en su provincia para conseguir una derivaci&oacute;n que le permitiera tratar la afecci&oacute;n cong&eacute;nita con la que naci&oacute; Santino, hemimelia peronea, que le incide en la longitud de la pierna y la forma del tobillo y el pi&eacute;. &ldquo;Un d&iacute;a dije: si yo no me muevo, &iquest;qui&eacute;n?&rdquo;, recuerda. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tuvo que llegar al Garrahan para tener por primera vez, y en un solo d&iacute;a, un diagn&oacute;stico preciso y un posible tratamiento que le mejore a Santino su calidad de vida a futuro. </strong>&ldquo;Yo quiero que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana Santi est&eacute; bien, que se maneje solo, que sea un chico normal del todo&rdquo;, cuenta despu&eacute;s de atravesar lo m&aacute;s doloroso de esta primera etapa de recuperaci&oacute;n y con la certeza que a&uacute;n queda mucho por recorrer. 
    </p><h2 class="article-text">La vida en suspenso</h2><p class="article-text">
        Los huesos del cuerpo humano tienen la capacidad de regenerarse creando tejido nuevo cuando hay un quiebre, y en la infancia el mismo crecimiento empuja el proceso.  La osteotom&iacute;a de elongaci&oacute;n que recibi&oacute; Santino implic&oacute; cortar el hueso en varias partes y separarlo para que alcance la longitud necesaria. El proceso lento, paciente y doloroso lo oblig&oacute; a tener un tutor de 2,5 kg. en su pierna izquierda y durante los dos primeros meses no pudieron volver a Chaco. <strong>Alrededor del 40 por ciento de las internaciones del Garrahan son de pacientes que no residen en la ciudad de Buenos Aires ni el conurbano y se trasladan desde las distintas provincias del pa&iacute;s.</strong> Desplazarse implica una decisi&oacute;n compleja desde lo econ&oacute;mico y lo emocional, especialmente si las tareas de cuidado recaen exclusivamente sobre la madre. &ldquo;Ten&iacute;amos un miedo&hellip; no conozco nada ac&aacute;. La mayor&iacute;a de los que estamos ac&aacute; no conocemos nada&rdquo;, recuerda. 
    </p><p class="article-text">
        La vida queda en suspenso para atender lo prioritario y todo lo dem&aacute;s se desequilibra. &ldquo;<strong>Dej&eacute; de trabajar para venir para ac&aacute;. No me iban a esperar.</strong> Vendimos pollo, empanada, cosa dulce, hicimos rifas para poder juntar plata para poder venir y tener para los gastos&rdquo;. Marisol, sobre todo, tuvo que dejar a su hija menor al cuidado de un familiar y en el tiempo que se extendi&oacute; el tratamiento se separ&oacute; del padre de sus hijos.  &ldquo;Fue bastante fuerte estar lejos de toda la familia sin tener el apoyo de nadie. Nosotros dos la pasamos re mal (...) Yo ya no sab&iacute;a ni c&oacute;mo hablarle, ni c&oacute;mo consolarlo, fue horrible. Mucho tiempo lejos de mi hija, que es chiquita, y no sab&iacute;a si estaba bien o mal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La soledad, el desarraigo, la incertidumbre de afrontar un tratamiento lejos de casa se entrelaza con una red de profesionales de la salud que tejen compa&ntilde;&iacute;a cuando todo parece ser angustia. La mirada interdisciplinaria e integral es uno de los distintivos del Hospital que <strong>adem&aacute;s de atender la patolog&iacute;a apuntala los aspectos sanos de los pacientes y acompa&ntilde;a a las familias para que sostengan una etapa que puede ser larga y compleja.</strong> Santino y Marisol se hospedaron desde el primer viaje en la Casa Garrahan, un espacio de la Fundaci&oacute;n Garrahan que ofrece alojamiento, contenci&oacute;n y alimentaci&oacute;n a m&aacute;s de 1200 pacientes por a&ntilde;o. La vida cotidiana se recrea en un ecosistema transitorio marcado por los tiempos de las consultas m&eacute;dicas que imponen el tono a los &aacute;nimos. Compartir el espacio con familias que atraviesan procesos similares es vital para sostenerse y acompa&ntilde;arse. &ldquo;Si ac&aacute; no me daban una mano no s&eacute; qu&eacute; iba a pasar&rdquo;, reflexiona Marisol. Nutricionistas, asistentes sociales, docentes hospitalarios, talleristas, entre otros, visitan regularmente la Casa para brindar herramientas, estimular y proponer espacios que abran otras ventanas para atravesar el trance. Cuidar, no es una tarea que pueda hacerse en soledad. 
    </p><h2 class="article-text">Un hospital que es red</h2><p class="article-text">
        La fortaleza de esa red que tiene al Hospital como centro y fue construida durante casi cuatro d&eacute;cadas de historia puede resquebrajarse cuando el valor de lo p&uacute;blico y las tareas de cuidado se ponen en cuesti&oacute;n desde discursos oficiales. Las noticias de las &uacute;ltimas semanas ubicaron al Hospital Pedi&aacute;trico p&uacute;blico, gratuito y de alta complejidad m&aacute;s importante del pa&iacute;s y de la regi&oacute;n en el centro de la escena. Los y las trabajadores de la salud repiten movilizaciones y paros para alzar la voz ante una pol&iacute;tica de desfinanciamiento, precarizaci&oacute;n y maltrato del gobierno nacional que deja a la instituci&oacute;n en una crisis &ldquo;grave, persistente y cada vez m&aacute;s profunda&rdquo;, como se&ntilde;alan en uno de sus comunicados. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cada a&ntilde;o el Hospital realiza 630 mil consultas, 10 mil cirug&iacute;as y egresan m&aacute;s de 25 mil pacientes.</strong> La relevancia federal y la centralidad estructural del Garrahan en el sistema de salud puso el tema en la agenda y las familias de los pacientes acompa&ntilde;an e incluso se organizan para realizar acciones desde el agradecimiento hacia los m&aacute;s de 4700 profesionales que defienden y nutren esa red cada d&iacute;a. &ldquo;<strong>A nadie dejaron de atender por el paro, no nos cancelaron ning&uacute;n turno.</strong> Ni palabras tengo&hellip;Ac&aacute; te re entienden todo, se ponen en tu lugar&rdquo;, afirma Marisol que su &uacute;ltima visita coincidi&oacute; con una semana de protestas y negociaciones. En el control m&eacute;dico, el traumat&oacute;logo les cont&oacute; que el hueso ya se hab&iacute;a fortalecido y autoriz&oacute; a Santino a volver a apoyar la pierna y a ejercitarla para recuperar su funcionalidad. El tratamiento les demandar&aacute; una nueva intervenci&oacute;n en un horizonte cercano. &ldquo;<em>Lo vamos a lograr, vamos a tener que seguir poni&eacute;ndole ganas, vamos a tener que sufrir los dos</em>&rdquo;. Pocas horas antes de tomar el micro para volver a Saenz Pe&ntilde;a eligieron ir a dar esos primeros pasos junto a otras familias y rodear el Hospital en un abrazo simb&oacute;lico. Un abrazo a esa red que permite imaginar ese futuro que desean. 
    </p><p class="article-text">
        <em>VG / MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gesualdi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/chaco-garrahan-cuidado-resiste_3_12417890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jun 2025 03:01:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Chaco al Garrahan: el cuidado resiste]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cocineras comunitarias: las que ponen el cuerpo a la crisis con triple jornada laboral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/cocineras-comunitarias-ponen-cuerpo-crisis-triple-jornada-laboral_3_11295493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/023094a4-1783-4fad-8a63-3ef4e74b5a1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cocineras comunitarias: las que ponen el cuerpo a la crisis con triple jornada laboral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los barrios populares hay mujeres al frente de los comedores que sostienen a las familias más afectadas por la crisis. Es una tarea sin sueldo a la que suman la búsqueda de sustento y el cuidado de sus propias familias. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Tacitas no es un merendero&rdquo;, dice Otilia Ledesma, de 48 a&ntilde;os. No es un error: definir el espacio como&nbsp;un merendero es poco. Junto a otras cinco mujeres, todas migrantes, Otilia le da de comer a cientos de personas desde el 2018 como parte de su organizaci&oacute;n La Poderosa.&nbsp; &ldquo;Tacitas es un refugio&rdquo;, afirma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su jornada se reparte entre sus roles de madre, cocinera comunitaria y trabajadora. La trama de su d&iacute;a se enreda con tareas que expanden las horas para que alcancen: servir la leche o cocinar parece un fragmento peque&ntilde;o en el relato completo. Para que la comida est&eacute; disponible en la olla, antes hubo que buscarla ida y vuelta con el carro desde el merendero en el barrio San Blas hasta el otro lado de la Villa 21-24 en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, conseguir donaciones para sostener el espacio, mantener su limpieza, arreglar la humedad de la &uacute;ltima inundaci&oacute;n, y adem&aacute;s, garantizar la propia subsistencia y el cuidado de la familia. <strong>Algunas organizaciones describen ese d&iacute;a eterno como una triple jornada laboral.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La fot&oacute;grafa Victoria Gesualdi se enfoca en estas mujeres que sostienen el entramado social de sus propios barrios con su trabajo y su tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Estamos hablando de hambre&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tacitas brinda merienda de lunes a viernes y almuerzo dos veces por semana, pero las puertas est&aacute;n siempre abiertas: son la posibilidad de una escucha en un contexto en el que la violencia, el abuso y el consumo desbordan las calles del barrio. &ldquo;<em>La organizaci&oacute;n salva vidas</em>&rdquo;, asegura Otilia. Ella misma es un ejemplo: durante m&aacute;s de 23 a&ntilde;os fue violentada por su ex pareja y <strong>esa misma contenci&oacute;n que hoy da, fue la que le permiti&oacute; a ella denunciar </strong>y comenzar el camino para ser una referente popular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El merendero no est&aacute; reconocido oficialmente, ni recibe recursos directos del Estado Nacional. <strong>Los primeros meses de 2024 la necesidad hizo que aumentaran alrededor de 100 raciones de almuerzo y llegaron a repartir 265 viandas. &ldquo;</strong><em><strong>Las familias tienen que pensar si van a comer o comprar pa&ntilde;ales o &uacute;tiles para los hijos. Hay gente que nunca vino y ahora trae su taper</strong></em><strong>&rdquo;, cuenta Otilia. </strong>En el pa&iacute;s hay alrededor de 44.000 comedores comunitarios que mantienen sus cocinas abiertas con el trabajo de m&aacute;s de 140.000 cocineras que no cobran un salario por sus tareas. &ldquo;<em>Siempre nos sentimos abandonadas en este barrio. Los gobiernos no responden con las cloacas, el riesgo el&eacute;ctrico, el agua&hellip; Pero ahora estamos hablando de hambre. Es muy grave. Sin luz podemos estar, pero sin comida&hellip;</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el campo de Concepci&oacute;n, Paraguay, de donde migr&oacute; expulsada por el hambre en 2006, lo &uacute;nico que ten&iacute;a era una planta de guayaba llena de frutas. &ldquo;<em>Siempre inventaba comida de eso, disimuladamente, para no decir que no hab&iacute;a para comer&rdquo;</em>, recuerda. Casi 20 a&ntilde;os despu&eacute;s, la historia se repite en otra coordenada y Otilia, junto con sus compa&ntilde;eras del merendero, <em>inventan comida</em> para mantener la hornalla encendida.
    </p><p class="article-text">
        <em>VG/MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gesualdi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Apr 2024 02:59:23 +0000]]></pubDate>
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