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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Fernández Camacho]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/mariana-fernandez-camacho/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Fernández Camacho]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[No alcanza con tocarse: cáncer de mama, diagnósticos tardíos y tratamientos que acompañan pero no curan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/no-alcanza-tocarse-cancer-mama-diagnosticos-tardios-tratamientos-acompanan-no-curan_132_11925144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba2c7c14-af83-417b-a85d-66af3ecffa79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No alcanza con tocarse: cáncer de mama, diagnósticos tardíos y tratamientos que acompañan pero no curan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre 5% y 8% de las mujeres ya han hecho metástasis para el momento del diagnóstico. Qué pasa cuando no hay cura pero sí tratamiento. 
</p></div><p class="article-text">
        Tuve que googlear &ldquo;cuidados paliativos&rdquo; para confirmar lo que estaba leyendo. La respuesta de Sabrina Seltzer me lleg&oacute; a las pocas horas de preguntarle c&oacute;mo se sent&iacute;a. Tuve que chequear con mi hermano, trabajador de la sanidad, si el mensaje: &ldquo;Te paso el contacto de mi esposo porque estoy con cuidados paliativos&rdquo; significaba que efectivamente Sabrina se estaba muriendo. &ldquo;S&iacute;, ya est&aacute;&rdquo;, devolvi&oacute; mi hermano. Tuve que salir al balc&oacute;n a respirar profundo el aire que de pronto se volvi&oacute; pesado, denso, y comenc&eacute; a reconstruir la charla largu&iacute;sima con Sabrina hace menos de dos meses en una oficina prestada en el barrio de Palermo. Entrevista a la que accedi&oacute; &ldquo;con mucho gusto&rdquo;, entre responsabilidades laborales y de familia, con una &uacute;nica aclaraci&oacute;n: &ldquo;Mir&aacute; que yo tengo c&aacute;ncer de mama metast&aacute;sico, una enfermedad incurable, progresiva pero tratable&rdquo;. Tuve que googlear c&aacute;ncer de mama metast&aacute;sico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El c&aacute;ncer de mam&aacute; metast&aacute;sico es una enfermedad de la mama que tiene lesiones en otras partes del cuerpo, como pueden ser los huesos, el h&iacute;gado y los pulmones. Se aborda de una manera diferente a cuando se ubica solamente en la mama o en los ganglios. Igualmente, la enfermedad de la mama metast&aacute;sica no es una sola, hay subtipos. Seg&uacute;n el tipo de enfermedad que se tenga es el tratamiento que le corresponde&rdquo;, explica Mariana Savignano, m&eacute;dica de la unidad funcional de tumores femeninos del Instituto de Oncolog&iacute;a &Aacute;ngel Roffo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre un 5 y un 8 por ciento de las pacientes con c&aacute;ncer de mama debutan metast&aacute;sicas. Es decir, que al momento del diagn&oacute;stico alguna c&eacute;lula enferma ya sali&oacute; de las mamas y los ganglios y se desparram&oacute;. Otro 30% de las pacientes har&aacute; met&aacute;stasis a lo largo de su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los porcentajes cobran real dimensi&oacute;n cuando los cruzamos con m&aacute;s datos estad&iacute;sticos. Por ejemplo, que en Argentina se diagnostican 22 mil nuevos casos por a&ntilde;o. O sea, <strong>una de cada ocho mujeres desarrollar&aacute; c&aacute;ncer de mama</strong>: la enfermedad oncol&oacute;gica m&aacute;s frecuente y la primera causa de muerte por c&aacute;ncer entre mujeres en el pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>El camino de Sabrina</strong></h2><p class="article-text">
        Sabrina Seltzer es marplatense pero lleva muchos a&ntilde;os viviendo lejos. En 2010, recibida de economista, se instal&oacute; en Santiago de Chile por un ofrecimiento de trabajo a su pareja, y actual marido. Durante la d&eacute;cada que pasaron en Chile nacieron sus hijos, Ferm&iacute;n y Toribio. Al otro lado de la cordillera, Sabrina adem&aacute;s especializ&oacute; su carrera en la transferencia de tecnolog&iacute;a hacia &aacute;reas de Humanidades, Educaci&oacute;n y Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas. Una rareza que le fascina y de la que se convirti&oacute; en experta. A tal punto que poco antes de la pandemia del covid, la convocaron del Instituto Tecnol&oacute;gico de Monterrey, en M&eacute;xico, para que continuara innovando desde all&iacute;, una de las casas de altos estudios m&aacute;s importantes de Am&eacute;rica Latina. La familia completa, entonces, se mud&oacute; de nuevo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al a&ntilde;o de estar en M&eacute;xico <strong>me encontr&eacute; una bolita en la mama izquierda. </strong>Me fui a chequear de inmediato. Como todav&iacute;a no hab&iacute;a cumplido 40 a&ntilde;os y no te lo hacen por default, ped&iacute; espec&iacute;ficamente una mamograf&iacute;a y un ultrasonido de mama&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es 30 de octubre y a las once de la ma&ntilde;ana el calor sofoca en Buenos Aires. Sabrina me cit&oacute; en una oficina muy paqueta y con aire acondicionado que le prestaron para que narre su historia. Est&aacute; de paso por la ciudad, los suyos la esperan en Mar del Plata para descansar unos d&iacute;as antes de regresar a M&eacute;xico. <strong>Est&aacute; radiante. Usa el pelo cortito y canoso por gusto</strong> -el c&aacute;ncer no interfiri&oacute; en el look- y anteojos de marcos gruesos rojos que adornan una mirada intensa y perfilada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los resultados de la biopsia y la tomograf&iacute;a mostraron que hab&iacute;a c&eacute;lulas cancer&iacute;genas activas en huesos y en h&iacute;gado tambi&eacute;n. Yo no soy de las que tuvo c&aacute;ncer de mama, termin&oacute; su tratamiento y despu&eacute;s tuvo una recurrencia. Fue m&aacute;s r&aacute;pido, m&aacute;s agresivo y cuando lo encontramos hab&iacute;a hecho met&aacute;stasis. Me acuerdo que mi marido me estaba esperando en el estacionamiento del hospital y comet&iacute; el error de leer el informe. Dec&iacute;a 'met&aacute;stasis'.<strong> Lo primero que pens&eacute; fue 'listo, me muero ma&ntilde;ana'&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Sabrina junto a su marido Alejandro. Casarse era un anhelo que llegó a cumplir. Es mamá de dos hijos, nació en Mar del Plata y vivió en México.                            </span>
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        El c&aacute;ncer de mama metast&aacute;sico no se cura. La cirug&iacute;a, la quimio o la radioterapia localizada no son opci&oacute;n porque el tumor se disemin&oacute;. Pero existen varios tratamientos que pueden aplicarse solos, combinados o en secuencia para mantenerlo bajo control, en remisi&oacute;n. <strong>La meta es &ldquo;dormir al c&aacute;ncer&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una de las caracter&iacute;sticas del c&aacute;ncer metast&aacute;sico es que est&aacute;s en tratamiento permanente hasta que te mor&iacute;s. Cada tratamiento depende del tipo de c&aacute;ncer y lo sosten&eacute;s mientras sostenga estable la enfermedad, sin crecer. Cuando deja de funcionar, porque el c&aacute;ncer se volvi&oacute; resistente, cambi&aacute;s a otro. Hay mujeres a quienes una misma l&iacute;nea de tratamiento les dura seis meses y a otras cinco a&ntilde;os. Tambi&eacute;n puede que ni siquiera funcione y tener que cambiar enseguida. No hay factores claros. Al final, es el c&aacute;ncer y es el cuerpo de cada una&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En agosto de este a&ntilde;o Sabrina inici&oacute; su quinta l&iacute;nea de tratamiento, que la obliga a llevar debajo del bretel del corpi&ntilde;o un dispositivo &ldquo;port-a-cath&rdquo; por el que le administran quimioterapia intravenosa cada tres semanas. Desde la detecci&oacute;n de la enfermedad, en agosto de 2020, pas&oacute; por cuatro diferentes enfoques que incluyeron c&oacute;ctel de pastillas antihormonales, inhibidores de ciclinas, inyecciones, ensayos cl&iacute;nicos, sesiones de rayos sobre la met&aacute;stasis en la m&eacute;dula, y la extirpaci&oacute;n de ovarios y trompas a trav&eacute;s de una cirug&iacute;a laparosc&oacute;pica que le indujo una menopausia temprana. La primera intervenci&oacute;n dur&oacute; dos a&ntilde;os y medio. El &uacute;ltimo cambio de medicaci&oacute;n hizo falta a los cuatro meses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es una mierda cuando te dicen que una l&iacute;nea de tratamiento dej&oacute; de funcionar porque es una cosa menos. Hoy el c&aacute;ncer de mama metast&aacute;sico no se cura, solo se trata. <strong>Las pacientes sabemos que salvo que la ciencia descubra la cura, nos vamos a morir de esto.</strong> Sin embargo, de a ratos me olvido del c&aacute;ncer. Ahora por ejemplo, me siento bien, estamos charlando, no tengo presente la enfermedad. Puedo vivir mi vida, hacer mis cosas, viajar, disfrutar de la familia, de amigos. Pero cuando hay que cambiar de tratamiento sent&iacute;s que est&aacute;s un pasito m&aacute;s cerca de&hellip; no estar m&aacute;s. O de que queden menos opciones de tratamientos, porque no son infinitos. Son per&iacute;odos de miedo, de angustia y de volver a tomar decisiones. Yo, despu&eacute;s del &uacute;ltimo cambio, decid&iacute; que al regresar a M&eacute;xico me voy a licenciar en mi trabajo. Me encanta lo que hago, pero no quiero seguir repartiendo los tiempos en que me siento bien entre familia, amigos y trabajo. Cada vez que pasa esto te asust&aacute;s y reactivas decisiones que hab&iacute;as dejado en pausa&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
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                Alejandro, el amor eterno de Sabrina                            </span>
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        Es 25 de noviembre y al calor se le suma el pegoteo t&iacute;pico de la humedad porte&ntilde;a. Imagino a Sabrina de nuevo en casa mexicana, empachada de amor argento. La ma&ntilde;ana de nuestro encuentro me lleg&oacute; a contar que entre los planes en su ciudad natal estaba casarse en segundas nupcias con Alejandro, su amor eterno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces recibo el mensaje: &ldquo;Te paso el contacto de mi esposo porque estoy con cuidados paliativos&rdquo;. Llegaron a casarse. Pero a los tres d&iacute;as, el h&iacute;gado de Sabrina empez&oacute; a fallar. En palabras de Alejandro: &ldquo;Ya no hay tratamiento oncol&oacute;gico posible porque el h&iacute;gado no est&aacute; pudiendo digerir o manejar m&aacute;s esta situaci&oacute;n y est&aacute; afectando a un segundo &oacute;rgano. <strong>Estamos en casa pasando la etapa final</strong>. Quisiera escribir algo m&aacute;s bonito, pero as&iacute; est&aacute;n dadas las cosas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>No alcanza con tocarse</strong></h2><p class="article-text">
        Un mi&eacute;rcoles cualquiera espero a que parte del equipo profesional del Instituto Roffo me pueda recibir en el consultorio 3 de Mastolog&iacute;a. Estoy sentada en un pasillo interminable del pabell&oacute;n central, rodeada de mujeres de distintas edades. Muchas con sus cabezas cubiertas con viseras o pa&ntilde;uelos; las menos, rapadas o peladas. Hay mujeres muy j&oacute;venes, mayores. Hay mujeres solas; algunas acompa&ntilde;adas por otras mujeres, las menos por varones.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Con el diagn&oacute;stico oncol&oacute;gico se vive <strong>el primer gran duelo que es la p&eacute;rdida de la salud. </strong>En el caso del c&aacute;ncer de mama metast&aacute;sico las pacientes adem&aacute;s tienen que procesar que no se van a curar. Generalmente se asocia met&aacute;stasis a muerte pero eso no debe ser as&iacute; porque pueden cronificar, pueden estabilizar su situaci&oacute;n y tener una buena calidad de vida. A lo que se aspira es a lograr una buena calidad de vida aun con una enfermedad cr&oacute;nica&rdquo;, explica la doctora Diana Bequelman, especialista en Psicooncolog&iacute;a y, por ende, clave en el acompa&ntilde;amiento tambi&eacute;n ps&iacute;quico y espiritual de las personas que se atienden en el Roffo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras Bequelman habla, Dolores Mansilla asiente a su lado. Es mast&oacute;loga del Instituto Roffo y miembro de la Sociedad Argentina de Mastolog&iacute;a: &ldquo;Es muy dif&iacute;cil para una paciente entender que tiene una enfermedad que no tiene cura y m&aacute;s todav&iacute;a comunic&aacute;rselo a la familia o a su entorno significativo porque suele aparecer la pregunta: 'Pero si hiciste los controles, &iquest;c&oacute;mo puede ser que sea incurable?' Con la pregunta <strong>la paciente empieza a sentirse culpable y a dudar: '&iquest;Qu&eacute; habr&eacute; hecho?' o '&iquest;Qu&eacute; no habr&eacute; hecho?' '&iquest;Habr&eacute; ido al lugar correcto?' '&iquest;Hay algo que se les pas&oacute; a los m&eacute;dicos?' '&iquest;Hay algo que se me pas&oacute; a m&iacute;?'. </strong>Es urgente derribar ideas que no son v&aacute;lidas porque no hay culpables. A veces ni siquiera tiene que ver con la detecci&oacute;n precoz, sino con la propia biolog&iacute;a de la enfermedad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La jerga m&eacute;dica menciona el &ldquo;efecto Angelina Jolie&rdquo; para referirse a la poblaci&oacute;n con predisposici&oacute;n familiar a enfermar de c&aacute;ncer de mama debido a mutaciones gen&eacute;ticas. Pero lo cierto es que la espada de Damocles no persigue &uacute;nicamente a la mala herencia. Actualmente,<strong> la condici&oacute;n m&aacute;s peligrosa es ser mujer y cumplir a&ntilde;os.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El principal factor de riesgo para las mujeres es el mero paso del tiempo. Cuando es metastásico el cáncer de mama no tiene cura, pero puede ser crónico. "
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            <span class="title">
                El principal factor de riesgo para las mujeres es el mero paso del tiempo. Cuando es metastásico el cáncer de mama no tiene cura, pero puede ser crónico.                             </span>
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        As&iacute; lo describe Mansilla: &ldquo;El c&aacute;ncer de mama es dif&iacute;cilmente prevenible porque en el 70% de los casos los adquirimos a lo largo de la vida y tienen que ver con hormonas femeninas. Es decir, ser mujer y cumplir a&ntilde;os son los dos principales factores de riesgo. Por eso todas tenemos que controlarnos. En menor medida existen cuestiones familiares y h&aacute;bitos personales que nos ponen en riesgo, como por ejemplo el alto consumo de grasas, la ingesta de bebidas alcoh&oacute;licas, la obesidad, el tabaco y la inactividad f&iacute;sica. Lo importante es la detecci&oacute;n precoz, porque a la mayor&iacute;a de los c&aacute;nceres detectados tempranamente podemos curarlos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Argentina, el n&oacute;dulo palpable (ese bultito que tocamos si tomamos la precauci&oacute;n de autoexaminarnos) es el mayor motivo de consulta profesional. <strong>Pero frente al bultito hubo un tiempo de cura que transcurri&oacute; y que se perdi&oacute;.</strong> El escenario ideal para proponerse reducir en serio la enorme carga del c&aacute;ncer de mama en nuestra sociedad deber&iacute;a incluir campa&ntilde;as informativas y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que fomenten que entre los 25 y los 30 a&ntilde;os las mujeres puedan conversar y consensuar con sus ginec&oacute;logas o ginec&oacute;logos una hoja de ruta hacia los controles mamarios. En un segundo panorama, no tan ut&oacute;pico aunque superador del presente, todas las mujeres -aun aquellas sin antecedentes personales ni familiares por los que preocuparse- comenzar&iacute;an a realizarse mamograf&iacute;as y ecograf&iacute;as mamarias en forma anual y rutinaria a partir de los 40 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>M&aacute;s vida, menos rosa</strong></h2><p class="article-text">
        El c&aacute;ncer de mama metast&aacute;sico no se cura. Para la ciencia, el objetivo posible es volverlo cr&oacute;nico. &ldquo;Dormir al c&aacute;ncer&rdquo;, frenar su empe&ntilde;o furioso por seguir multiplic&aacute;ndose. Para la ciencia, lo deseable es lograr el rev&eacute;s que otras enfermedades que hoy son cr&oacute;nicas -como la diabetes o el VIH- le zarparon a un diagn&oacute;stico de muerte segura hace no tantos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las m&eacute;dicas Mansilla, Bequelman y Savignano comparten los buenos pron&oacute;sticos. Api&ntilde;adas en el consultorio 3 de Mastolog&iacute;a del Roffo, aclaran que basan sus augurios en la evidencia de la atenci&oacute;n diaria.&nbsp;
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            <span class="title">
                De izquierda a derecha, las doctoras Mariana Savignano, Dolores Mansilla y Diana Bequelman                            </span>
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        &ldquo;Existen tratamientos que permiten que la enfermedad se cronifique y que la paciente pueda tener una buena calidad de vida, que pueda desarrollarse normalmente -destaca Mariana Savignano, y las colegas ratifican con las cabezas-. Hay mucha investigaci&oacute;n. Todo el tiempo se est&aacute;n probando nuevas drogas o se analiza el funcionamiento de una nueva mol&eacute;cula en determinado escenario de la patolog&iacute;a. Se busca siempre algo mejor, que supere lo que est&aacute; probado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero por fuera de ese consultorio peque&ntilde;ito, los sentires no son tan un&aacute;nimes. Por el contrario, crece a nivel mundial <strong>un movimiento de fuerte rechazo al &ldquo;esp&iacute;ritu optimista rosa&rdquo; </strong>que parece estar asociado al c&aacute;ncer de mama, especialmente durante los octubres, mes que la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) estableci&oacute; de concientizaci&oacute;n sobre c&aacute;ncer de mama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://tetayteta.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teta &amp; teta</a> es una asociaci&oacute;n espa&ntilde;ola sin fines de lucro que, entre muchos otros temas, milita <strong>contra &ldquo;la romantizaci&oacute;n y la comercializaci&oacute;n del c&aacute;ncer de mama (</strong>&hellip;) la desinformaci&oacute;n, el <em>pinkwashing</em> y la presi&oacute;n para hacerse una reconstrucci&oacute;n tras una mastectom&iacute;a&rdquo;. Con esa premisa, el pasado 19 de octubre llamaron a salir a las calles de Barcelona, Valencia, Madrid, Bilbao, Donosti y Pontevedra para lanzar un contradiscurso: el manifiesto de lucha <a href="https://19deoctubremarron.org/manifiestacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Menos rosa, m&aacute;s protesta&rdquo;</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos ofende el lavado de imagen rosa que usan ciertas empresas para promocionar sus productos o servicios. Se publicitan promociones, eventos, y espect&aacute;culos que recaudan grandes sumas de dinero en tono festivo con im&aacute;genes que no representan la verdadera cara de esta enfermedad e historias de superaci&oacute;n que exaltan nuestro esfuerzo personal sin analizar la necesidad de que, desde la Sanidad P&uacute;blica, se apoye a los servicios especializados y se les dote de recursos suficientes para un abordaje integrativo de los diagn&oacute;sticos de c&aacute;ncer&rdquo;, plantean desde Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n: &ldquo;Solo una peque&ntilde;a parte de esas recaudaciones se destina a la investigaci&oacute;n (&hellip;) Ni las marcas hacen un estudio de c&oacute;mo sus productos pueden prevenir y evitar la toxicidad que est&aacute; detr&aacute;s de muchos tipos de tumores. Nuestra enfermedad se usa para fines comerciales que poco tienen que ver con la investigaci&oacute;n, prevenci&oacute;n, los tratamientos innovadores y el acompa&ntilde;amiento integral e integrativos durante y despu&eacute;s. El c&aacute;ncer de mama no es un a&ntilde;ito malo, es una enfermedad cuyas secuelas nos afectan de por vida porque los tratamientos que nos salvan tienen efectos secundarios que se ignoran; por ejemplo, inducen una menopausia precoz y, por tanto, atrofia vaginal, falta de libido, imposibilidad o muchas dificultades para ser madres&hellip; De todo esto no <strong>hablan las marcas</strong>&rdquo;.&nbsp;
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                    alt="19 de octubre marrón. La campaña española que busca “cambiar el color” del Día Internacional de lucha contra el Cáncer de Mama. Es un reclamo en contra del uso comercial de la fecha y por un mayor financiamiento en la investigación de la enfermedad."
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            <span class="title">
                19 de octubre marrón. La campaña española que busca “cambiar el color” del Día Internacional de lucha contra el Cáncer de Mama. Es un reclamo en contra del uso comercial de la fecha y por un mayor financiamiento en la investigación de la enfermedad.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Sabrina Seltzer me acerc&oacute; a Teta &amp; teta. Nunca se sinti&oacute; a gusto tampoco con el tono rosado que insisten en endosarle al c&aacute;ncer de mama: &ldquo;Lo que nos salva a las metast&aacute;sicas es que se descubran medicinas. Que busquen curar o cronificar realmente la enfermedad porque ahora lo que consiguen es que podamos vivir un poquitito m&aacute;s. Atravesar mi diagn&oacute;stico en medio de campa&ntilde;as que utilizan el rosa como el 'color femenino', edulcorando una de las causas de m&aacute;s muertes de mujeres en el mundo&hellip; me pone de mal humor. Y me cuesta entender c&oacute;mo no han logrado a&uacute;n cronificar una enfermedad tan global y masiva. Hasta que recuerdo que a la ciencia siempre le hemos importado bastante poco las mujeres. Por eso, reclamar la cura al c&aacute;ncer de mama es tambi&eacute;n una lucha feminista&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya en diciembre recibo por whatsapp un deseo de felices fiestas de parte de Alejandro, el marido de Sabrina, junto con el enlace de &ldquo;M&aacute;s vida, menos rosa&rdquo;, <a href="https://www.masvidamenosrosa.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un documental</a> que guionaron y produjeron juntos para &ldquo;arrojar luz sobre las m&uacute;ltiples dimensiones del c&aacute;ncer de mama metast&aacute;sico&rdquo;. Reci&eacute;n ahora pueden estrenarlo. Le agradezco la informaci&oacute;n y el saludo navide&ntilde;o, y pregunto por la salud de su compa&ntilde;era. Responde el jueves 26, pasado el mediod&iacute;a en Buenos Aires. Avisa que en M&eacute;xico, hace cinco horas, Sabri muri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Fernández Camacho]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/no-alcanza-tocarse-cancer-mama-diagnosticos-tardios-tratamientos-acompanan-no-curan_132_11925144.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Dec 2024 02:59:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No alcanza con tocarse: cáncer de mama, diagnósticos tardíos y tratamientos que acompañan pero no curan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Punto de encuentro,Cáncer de mama]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trata y violaciones de mujeres migrantes: el mayor temor de las que arriesgan su vida para llegar a Argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/trata-violaciones-mujeres-migrantes-mayor-temor-arriesgan-vida-llegar-argentina_132_11372974.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c963752b-201a-49ca-8140-9090fbbb6684_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trata y violaciones de mujeres migrantes: el mayor temor de las que arriesgan su vida para llegar a Argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Damaris Mierrez dejó Venezuela en plena pandemia. No la trajo un avión sino un periplo de diez meses por tierra cruzando fronteras de manera clandestina. Junto a sus hijos y su madre siempre tuvo más miedo a las violencias del camino que a ser deportada. </p></div><p class="article-text">
        Hace 48 horas que llueve en Buenos Aires. Sin interrupciones. Lluvia intensa, por momentos gar&uacute;a. El cielo es un continuado de nubes grises, espesas, y el aire se respira pringoso. Todo alrededor es un pegote, h&uacute;medo. Y sin embargo, Damaris Mierrez abraza. Abraza fuerte, arrima los cuerpos, y sonr&iacute;e. Y cuando sonr&iacute;e, sus ojos venezolanos se achinan.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Podr&iacute;amos haber ido nosotros para all&aacute;. No hac&iacute;a falta que te vinieras hasta ac&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;ac&aacute;&rdquo; de Damaris es la casita que alquila en Wilde, en el partido bonaerense de Avellaneda. Barrio asfaltado, de chalets con rejas y varios arbolitos por cuadra. El &ldquo;nosotros&rdquo; de Damaris incluye a sus hijes Alan, D&aacute;rkelis y Keisly, parte del contingente familiar que atraves&oacute; trochas, r&iacute;os, desiertos, pag&oacute; asientos en Broncos, colectivos y lanchas para llegar a la Argentina desde Maracaibo, la ciudad donde viv&iacute;an en Venezuela. 
    </p><p class="article-text">
        Damaris encontr&oacute; esta casa en alquiler por internet. Lo mismo hizo para dar con el aparador de la tele estilo n&oacute;rdico y con el sill&oacute;n cama donde duerme el cr&iacute;o var&oacute;n. <strong>El buscador de Google fue tambi&eacute;n la fuente de informaci&oacute;n para lanzarse al fin del mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Argentina est&aacute; muy lejos. Despu&eacute;s de lo que pasamos, lo &uacute;nico que le digo a mi marido es &iquest;por qu&eacute; se fue tan lejos? En verdad hubo un tiempo en que di por perdido el reencuentro familiar. Pero &eacute;l me ped&iacute;a que no perdiera la fe, que hici&eacute;ramos lo posible, y bueno, as&iacute; hice, cada vez desde cero para viajar 'p&aacute; c&aacute;'. Pon&iacute;a en YouTube 'viajes por fronteras dif&iacute;ciles' o investigaba p&aacute;ginas de Argentina-Venezuela. Igual fue dif&iacute;cil. Las mam&aacute;s tienen que venir bien preparadas. Con hijos es muy dif&iacute;cil salir&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">La vida de antes en Venezuela</h3><p class="article-text">
        Damaris conoci&oacute; a Kelvin en la secundaria. 15 a&ntilde;os, ella. 17 a&ntilde;os, &eacute;l. Se casaron nueve a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando su primer ni&ntilde;o ya hab&iacute;a cumplido dos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi esposo era operario en la Pepsicola y yo soy enfermera y trabajaba en el hospital universitario. En verdad est&aacute;bamos muy bien. Ten&iacute;amos nuestra casa, una camioneta, en Venezuela nacieron nuestros tres hijos. El var&oacute;n logr&oacute; ir a la escuela privada. Lo complicado comenz&oacute; en 2002 con la crisis petrolera. Aguantamos porque ten&iacute;amos c&oacute;mo aguantar. Nos ayud&aacute;bamos vendiendo cosas a veces. Pero me tuve que dar reposo por problemas de columna y ya me qued&eacute; en la casa. En 2019 un amigo convenci&oacute; a Kelvin que en Buenos Aires hab&iacute;a trabajo, que pod&iacute;a hacer Uber. Vendimos la camioneta y se fue, en micro con parada en Brasil y luego en avi&oacute;n&rdquo;. 
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                    alt="El pasado: en Venezuela era enfermera, en el camino atendió a otros migrantes que necesitaban ayuda. En Buenos Aires todavía no recuperó su profesión"
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            <span class="title">
                El pasado: en Venezuela era enfermera, en el camino atendió a otros migrantes que necesitaban ayuda. En Buenos Aires todavía no recuperó su profesión                            </span>
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        Seg&uacute;n <a href="https://data.unhcr.org/en/documents/details/103304" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estad&iacute;sticas</a> de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), las personas venezolanas son las mayores solicitantes de asilo en Argentina. Solo en 2023 se recibieron 5.508 solicitudes para determinar la condici&oacute;n de refugiados y refugiadas; que implica salir de su pa&iacute;s por <strong>un temor fundado de persecuci&oacute;n por motivos de raza, religi&oacute;n, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social o por sus opiniones pol&iacute;ticas; o porque su vida, seguridad o libertad est&aacute;n en riesgo por violencia generalizada</strong> y pedir protecci&oacute;n del Estado al que viaj&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La <a href="https://rmrp.r4v.info/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Plataforma de Coordinaci&oacute;n Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V)</a> se&ntilde;ala que las cifras aumentan a 217.742 si se suma a migrantes procedentes de Venezuela en Argentina. Y para fines de 2024 proyecta que habr&aacute; unos 6,82 millones de refugiados y migrantes venezolanos y venezolanas con destino en la regi&oacute;n de Am&eacute;rica Latina y el Caribe.
    </p><p class="article-text">
        El marido de Damaris llevaba poco por estos pagos cuando el desparrame del coronavirus cambi&oacute; los planes. Avanzaba una pandemia que en los inicios tuvo al encierro como &uacute;nica medida de inmunizaci&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se tranc&oacute; todo. Vino a la Argentina pero no pod&iacute;a trabajar. Yo en Venezuela sin trabajar tampoco. Vendi&eacute;ndome todo. <strong>Pon&iacute;a una mesa afuera con los juguetes de mis hijos y los cambiaba por harina, por az&uacute;car, por comida.</strong> Pero a cada rato me preguntaba 'Y cuando se termine, &iquest;qu&eacute; hago?'&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Emigrar (o migrar) es el acto de salir de un Estado con el prop&oacute;sito de asentarse en otro. Los motivos que deciden la salida pueden ser muchos: b&uacute;squeda de mejores condiciones de vida, una oferta de trabajo, estudiar, reencontrarse con la familia, o por las ganas de aventurarse a descubrir nuevos lugares. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi hermano viv&iacute;a en Ecuador y yo necesitaba marcharme de Venezuela. No sab&iacute;a c&oacute;mo en plena pandemia y sin dinero, pero ve&iacute;a que mis hijos estaban cada vez m&aacute;s flaquitos. Despu&eacute;s de nueve meses ac&aacute; Kelvin consigui&oacute; trabajo en un garaje, pero con <strong>lo que ganaba no alcanzaba para nuestros pasajes.</strong> Cinco pasajes, porque llevaba a mi mam&aacute;. No iba a dejarla sola en Venezuela. Entonces me puse en una esquina a liquidar todo. Recuerdo que apareci&oacute; un se&ntilde;or buscando un timbre. Le dije que el timbre estaba puesto en la casa, que si lo quitaba se lo vend&iacute;a porque necesitaba juntar dinero. Result&oacute; que era m&eacute;dico y que hac&iacute;a viajes a Maicao, el pase fronterizo a Colombia. Le ofrec&iacute; el televisor, el DirecTV, que se llevara lo que quisiera de mi casa a cambio de ocupar los puestos de atr&aacute;s del carro. No me quer&iacute;a arriesgar a salir sola para la frontera. En Colombia la mafia es muy fuerte. <strong>Y yo ten&iacute;a una ni&ntilde;a grande y sab&iacute;a lo que pasa con las ni&ntilde;as all&aacute;&hellip;&rdquo;</strong>. 
    </p><h3 class="article-text">Migrar: riesgos y miedos </h3><p class="article-text">
        Las mujeres constituyen cerca de la mitad de quienes dejaron Venezuela. Una hip&oacute;tesis, compartida por organismos que analizan la migraci&oacute;n venezolana, plantea que en los primeros a&ntilde;os salieron en mayor proporci&oacute;n hombres solos para establecerse en los pa&iacute;ses de destino, y en la actualidad <strong>hay un aumento de mujeres que viajan con la familia para reunificarse con esos hombres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi miedo era mis hijas. La mayor, de 12 a&ntilde;os. Que yo fuera a pasar y me las fueran a quitar. Porque all&aacute; son de los que <strong>si se enamoran, te la quitan. </strong>Y punto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El estudio &ldquo;<a href="https://www.r4v.info/sites/default/files/2021-06/estudio%20mujeres%20Migraciontes_final.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Reinventarse sobre la marcha: Mujeres refugiadas y migrantes de Venezuela</a>&rdquo;, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y R4V, describe que para las mujeres, adolescentes y ni&ntilde;as migrantes <strong>cualquiera de las expresiones de violencia y discriminaci&oacute;n vividas en el trayecto y en destino puede tener un componente sexual; la violaci&oacute;n se a&ntilde;ade con frecuencia a las extorsiones, los ataques f&iacute;sicos y la privaci&oacute;n de libertad.</strong> Las mujeres constituyen asimismo uno de los blancos preferidos por redes de trata y de explotaci&oacute;n sexual. 
    </p><p class="article-text">
        A veces Damaris baja la voz. Lo hace para contar algunas an&eacute;cdotas. Como si quisiera mantenerlas en secreto... a pesar de que el resto de la familia tambi&eacute;n las vivi&oacute;. <strong>Como si quisiera que no se recordaran.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El 27 de noviembre de 2020 nos recogi&oacute; el m&eacute;dico en un auto chiquito. Nosotros cinco &iacute;bamos atr&aacute;s. Salimos con un bolsito cada uno, con agua y pastelitos de carne que hab&iacute;a cocinado. A mis hijos los tra&iacute;a horribles. Les puse la peor ropa: pantalones grand&iacute;simos, zapatos feos, lentes, gorra a la hembra. Y a medida que avanz&aacute;bamos en las escalas los pon&iacute;a incluso m&aacute;s feos. Les di guantes por la pandemia y mascarillas que hab&iacute;a fabricado. D&iacute;as antes adem&aacute;s les di clases de c&oacute;mo ten&iacute;an que ir al ba&ntilde;o, de c&oacute;mo tocar las cosas, les expliqu&eacute; que no pod&iacute;an apartarse, que estuvi&eacute;ramos siempre juntos y que cualquier cosa rara, gritaran&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El trato original era llegar a Maicao, la ciudad fronteriza ubicada en el departamento de La Guajira al norte de Colombia. Pero &iquest;c&oacute;mo hacer cumplir un trato en situaci&oacute;n de vulnerabilidad? &iquest;C&oacute;mo reclamar por lo acordado cuando se acuerda bajo presi&oacute;n, en la desesperaci&oacute;n de un contexto clandestino?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos hicieron bajar en Carrasquero, que es otra frontera. Ah&iacute; aparecieron unas personas gritando 'corran, corran', que hab&iacute;an matado a un tipo, que no se pod&iacute;a pasar, que un tiroteo... Agarr&eacute; a las peque&ntilde;as y le dije a mami que agarre al var&oacute;n porque sab&iacute;a que lo que quieren es marearte para llevarse al var&oacute;n a defender en las trochas. Caminamos r&aacute;pido y de pronto nos topamos con una lanchita en medio de un r&iacute;o. 'M&oacute;ntense ah&iacute;', gritaban. Nosotros no sabemos nadar pero ten&iacute;amos que montar. A mi mam&aacute; ni la mir&eacute;. Le dije 'defendete sola porque no te puedo ayudar'. Gracias a Dios es muy activa. Ellos insist&iacute;an con que el var&oacute;n montara en otra lancha porque no cab&iacute;an. 'Entonces no cabemos nadie', contest&eacute;&rdquo;.
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                    alt="Volver a estar juntos. En el festejo de 15 de su hija mayor, ya en Buenos Aires. Damaris aprendió a coser para hacer los vestidos de toda la familia."
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                Volver a estar juntos. En el festejo de 15 de su hija mayor, ya en Buenos Aires. Damaris aprendió a coser para hacer los vestidos de toda la familia.                            </span>
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        La familia logr&oacute; cruzar en la misma embarcaci&oacute;n. Del otro lado del agua les esperaban treinta escapados y escapadas apelotonadas en una camioneta Bronco de dos puertas que retom&oacute; el camino a Maicao con custodios armados que acompa&ntilde;aban en motos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Custodian como aviso de que esa camioneta ya pag&oacute; para pasar. </strong>Son caminos ilegales, entre monta&ntilde;as y montes, que construyen los mismos grupos que cobran para trasladar gente. Es una red armada que vive de eso. Adem&aacute;s, hay horas espec&iacute;ficas para pasar cuando no vigilan las polic&iacute;as. De trocha a trocha fue un viaje que dur&oacute; como siete horas. Ese tiempo les prohib&iacute; a mis hijos que subieran las cabezas. <strong>Ten&iacute;a miedo de que mi hija alzara la cara y que la violen. Era ese mi trauma: que violen o me quiten la hija</strong>&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Colombia: viajar sangrando y con hambre</h3><p class="article-text">
        La frontera entre Venezuela y Colombia recorre una extensi&oacute;n de 2.219 kil&oacute;metros, y seg&uacute;n un mapeo realizado por el Ej&eacute;rcito colombiano hasta 2019 se hab&iacute;an identificado 216 trochas &ldquo;o pasos irregulares&rdquo;. El n&uacute;mero excede ampliamente la capacidad de control de la Fuerza P&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En Maicao no se llega a una terminal. Si se llega, las Bronco depositan a los y las clandestinas en un patio inmenso en medio de un monte igual de inmenso. 
    </p><p class="article-text">
        Antes de dejar Venezuela, Damaris contact&oacute; a una vecina que lleva a&ntilde;os viviendo en Buga, una ciudad al oeste de Colombia. All&iacute; har&iacute;an base unos d&iacute;as, para continuar hacia Ecuador. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Yo iba con la menstruaci&oacute;n</strong>. Supongo que los nervios me la bajaron. Por la adrenalina estaba goteando y ni cuenta me daba. Cuando mi mam&aacute; me avis&oacute; que estaba manchada, no entend&iacute; nada. Aparte, no ten&iacute;a ropa para cambiarme ni qu&eacute; ponerme. Normalmente, <strong>en Venezuela cuando ten&iacute;a el per&iacute;odo no me mov&iacute;a de la cama. Esperaba esos d&iacute;as porque no hab&iacute;a dinero para comprar. Pero estando en viaje me met&iacute; una franela de mi hijo</strong>. El viaje a Buga dur&oacute; un d&iacute;a y yo, sangrando. Para colmo solo pude pagar tres pasajes en colectivo y tuvimos que compartir los asientos. Mi mam&aacute; con la peque&ntilde;a en uno, y yo con los dos grandes. Hicimos maravillas con las posiciones mientras yo sangraba con la remera entre las piernas. Sin mencionar el hambre, claro, porque llev&aacute;bamos dos d&iacute;as viajando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El relato de Damaris estremece, de principio a fin. Sin embargo, reci&eacute;n cuando comparte el arribo a Buga se quiebra. Mirada baja, voz entrecortada y un suspiro largo para recuperar el aliento. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando mi vecina me vio manchada me mand&oacute; a ba&ntilde;ar. Fue muy bonito. Al fin, est&aacute;bamos en una casa, en un lugar donde pod&iacute;a confiar, donde me pod&iacute;a echar agua, donde mis hijos com&iacute;an tranquilamente. <strong>Con el tiempo mi mam&aacute; me confes&oacute; que sinti&oacute; que en el trayecto de Venezuela a Colombia yo actu&eacute; como si fuera un hombre, como si fuera una mafiosa. De verdad, me transform&eacute;.</strong> Es que hab&iacute;a visto cosas en Internet y me hab&iacute;an contado cosas, por eso sab&iacute;a que si actuaba o me mostraba d&eacute;bil nos iban a hacer de todo&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Ecuador, el territorio de las &ldquo;reinas&rdquo;</h3><p class="article-text">
        La estrat&eacute;gica parada en Buga se alarg&oacute; ocho d&iacute;as. Los ocho d&iacute;as que se alarg&oacute; el sangrado menstrual. Adem&aacute;s de recuperar fuerzas y recibir mimos, Damaris aprovech&oacute; para vender unas m&aacute;quinas electr&oacute;nicas que cargaba desde Venezuela y le permitieron pagar los siguientes pasajes. Un primer tramo hasta Ipiales, en la frontera con Ecuador. Un segundo tramo a Quito Norte donde la esperar&iacute;a su cu&ntilde;ada. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En ese camino los cinco &iacute;bamos con COVID. No nos aguantaban las cabezas, mis hijos ni siquiera lograban respirar bien. Les fui dando jengibre, ajo, alcohol, antial&eacute;rgico, loratadina, ibuprofeno y lo que guardaba en el botiqu&iacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Positivos de coronavirus estrenaron una nueva etapa. En Ecuador, donde estaba instalado con su familia el &uacute;nico hermano de Damaris.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En Ecuador tuvo el apoyo de una organización conocida como “las Reinas Pepiadas” que ayuda a mujeres migrantes. La atendieron y le dieron talleres para sostenerse económicamente, pero también apoyo emocional"
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            <span class="title">
                En Ecuador tuvo el apoyo de una organización conocida como “las Reinas Pepiadas” que ayuda a mujeres migrantes. La atendieron y le dieron talleres para sostenerse económicamente, pero también apoyo emocional                            </span>
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        &ldquo;Mi cu&ntilde;ada hab&iacute;a hecho el mismo viaje con los hijos. Sab&iacute;a bien lo que hab&iacute;amos vivido. Por eso me contact&oacute; enseguida con <a href="https://lasreinaspepiadas.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Las Reinas Pepiadas</strong></a><strong>, una organizaci&oacute;n que trabaja con mujeres refugiadas y migrantes. </strong>Me ayudaron un mont&oacute;n, me ense&ntilde;aron cosas, hice talleres para recuperarme. Me reun&iacute;a con mujeres y habl&aacute;bamos mucho. Mis hijos tambi&eacute;n. Al var&oacute;n lo vio un psic&oacute;logo por ejemplo. A la chiquita un m&eacute;dico porque qued&oacute; sufriendo del est&oacute;mago horriblemente, aunque para el doctor era un tema psicol&oacute;gico. Y la grande lloraba mucho. <strong>Todav&iacute;a llora</strong>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Damaris encontr&oacute; trabajo en una helader&iacute;a los fines de semana. Con ese sueldo empez&oacute; a pagar 80 d&oacute;lares de alquiler por un cuarto. Los alimentos los consegu&iacute;a a trav&eacute;s de una tarjeta de asistencia de una fundaci&oacute;n. Sin visa, no obstante, su situaci&oacute;n migratoria se mantuvo irregular. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estuvimos varios meses. La verdad es que yo prefer&iacute;a quedarme en Ecuador porque no quer&iacute;a pasar m&aacute;s nada. Eso le dec&iacute;a a mi marido cada vez que habl&aacute;bamos, que <strong>era mejor tener mis hijos que intentar llegar a la Argentina.</strong> Porque encima lo que &eacute;l ganaba no alcanzaba para enviarme nada. Quer&iacute;a quedarme quieta, no pasar m&aacute;s trauma&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la negativa cedi&oacute; cuando a su hijo le diagnosticaron un problema de audici&oacute;n que, de no tratarse, lo dejar&iacute;a sordo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En Ecuador no lo pod&iacute;a operar porque est&aacute;bamos ilegal totalmente. Entonces le avis&eacute; a mi esposo que me iba, y de nuevo empec&eacute; a buscar por Internet&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Migrar, otra vez</h3><p class="article-text">
        <strong>Un </strong><a href="https://data.unhcr.org/en/documents/details/107214" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>reporte de ACNUR</strong></a><strong> identifica el acceso universal a la salud como una de las razones por las que llegaron a la Argentina solicitantes de asilo, refugiados y refugiadas venezolanas. </strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Operamos a mi hijo en un hospital de Lomas de Zamora. Eso es lo que ten&iacute;a en mente cuando decid&iacute; venirnos, y lo logramos. Cuando lo operaron a Alan llor&eacute; much&iacute;simo. Sent&iacute; que vali&oacute; la pena&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; resumir&aacute; Damaris, sobre el final de la charla, la traves&iacute;a que vivi&oacute; con su familia para venir a la Argentina. &ldquo;Vali&oacute; la pena&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero eso lo dir&aacute; para cerrar, con una sonrisa relajada, sincera. Ahora se prepara para relatar el segundo movimiento migratorio. La salida desde Ecuador; otra vez con poco dinero, otra vez con su hijo e hijas a cargo, otra vez con la determinaci&oacute;n entre las cejas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mir&eacute; p&aacute;ginas de internet, grupos de Facebook, le&iacute; experiencias de gente que hab&iacute;a viajado de Ecuador a Argentina o a Chile. Volv&iacute; a vender lo que ten&iacute;amos, m&aacute;s algo que mand&oacute; mi marido, y me puse en contacto con una se&ntilde;ora que regenteaba venidas para ac&aacute; y ten&iacute;a buenos comentarios. Volv&iacute; a preparar los bolsos de cada uno con ropa y comida; y yo llevaba las medicinas y un botell&oacute;n de agua. Ya no ir&iacute;amos con mi mam&aacute;, me dijo que no quer&iacute;a rodar m&aacute;s. Primero agarramos un colectivo hasta Per&uacute;. Pero &iacute;bamos por tandas, subiendo y bajando como locos de los colectivos. De pronto nos bajaban y camin&aacute;bamos varias cuadras hasta encontrar a un se&ntilde;or con bast&oacute;n, lo segu&iacute;amos y ah&iacute; nos estaba esperando otro colectivo. As&iacute;, para evitar las guardias&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Damaris aprovech&oacute; el periplo por Per&uacute; para socializar con el resto de pasajeros y pasajeras y no sentirse tan sola: 15 migrantes de Venezuela y Bolivia, sin documentos, con destino a Chile o Argentina. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entre Lima y la frontera boliviana iban todos desmayados, porque la presi&oacute;n por la altura da&ntilde;a. <strong>Como soy enfermera me los llev&eacute; a la parte de abajo del colectivo, tirados en el piso y los fui atendiendo. </strong>Los hidrat&eacute;, les di chocolates, los puse en una posici&oacute;n para que no hicieran broncoaspiraci&oacute;n, les arm&eacute; camitas a los ni&ntilde;os con sus mam&aacute;s. Los m&iacute;os tambi&eacute;n estaban mal. Cuando llegamos a Bolivia nos metieron en un cuartito a pasar la noche y me tuve que echar encima al var&oacute;n y a la hembra grande porque ya no pod&iacute;an caminar. Vomitando y con dolor de cabeza. Deshidratados&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s por actualizar tanto sufrimiento, Damaris corta rotundamente el relato para ofrecer jugo y sacar de la alacena unos triangulitos de hojaldre azucarados. Son las cinco de la tarde de un domingo cualquiera de oto&ntilde;o. En otro contexto, la entrevista ser&iacute;a la excusa para un ir y venir largu&iacute;simo de mates y termos. Pero a Damaris el tiempo en suelos conurbanos no le contagi&oacute; la man&iacute;a por la yerba. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A las cuatro de la ma&ntilde;ana siguiente nos levant&oacute; una moto. A nosotros y a dos se&ntilde;ores nos acostaron en una carreta peque&ntilde;a atr&aacute;s y nos taparon con bolsos arriba. Cruzamos un r&iacute;o de esa forma. Pero la guardia de frontera nos encontr&oacute;. Me dijeron de todo. El guardia repet&iacute;a que lo que hac&iacute;a era una irresponsabilidad muy grande, que iba a matar a mis hijos, que los llevaba deshidratados y que <strong>solo me autorizaban a pasar porque si nos reten&iacute;an los muchachos no sobrevivir&iacute;an</strong>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El manual regional &ldquo;<a href="https://www.corteidh.or.cr/tablas/r33203.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Derechos humanos de personas migrantes</a>&rdquo; explica que cada pa&iacute;s cuenta con determinados puntos de ingreso: fronteras terrestres, fluviales (puertos) y a&eacute;reas (aeropuertos). El paso por estos puntos fronterizos permite ingresar de manera regular. Si alguien, en cambio, atraviesa una frontera sin presentarse ante una autoridad migratoria, sin pasar por un paso fronterizo habilitado o con documentos adulterados o falsos incurre en una <strong>falta grave </strong>administrativa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me la pas&eacute; llamando a la se&ntilde;ora que me hab&iacute;a hecho el negocio pero nunca contest&oacute;. Pens&eacute; que iba a quedar botada en Bolivia. Esperamos cinco horas hasta que apareci&oacute; el colectivo. Despu&eacute;s hicimos un tramo de hora y media caminando. Los chicos segu&iacute;an mal pero les hab&iacute;a podido dar agua y sopa (la sopa venezolana incluye carne, verduras, y yuca, ocumo o &ntilde;ame). Un r&iacute;o entero caminamos. Y del otro lado agarramos otro colectivo. Pero <strong>era tan trucho que se le escap&oacute; una rueda</strong>. Quedamos en un desierto, al norte de Argentina, seis horas esperando que nos auxilien&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El 27 de septiembre de 2021, Damaris Mierrez con su hijo Alan y sus hijas D&aacute;rkelis y Keisly pisaron por primera vez Buenos Aires. Diez meses despu&eacute;s de salir de Venezuela. </strong>El chofer mand&oacute; vaciar el micro fuera de la estaci&oacute;n. No hay d&aacute;rsena para migrantes ilegales. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue fuerte el reencuentro familiar. Dos a&ntilde;os sin vernos. Quedamos con la boca abierta. Nos mir&aacute;bamos y no sab&iacute;amos si lo que viv&iacute;amos era verdad&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Argentina: &ldquo;vivir lo que vamos a vivir&rdquo;.</h3><p class="article-text">
        &ndash;Mi esposo no deja que le hable del viaje. Le cuento por pedazos. &Eacute;l se pone... tiene como remordimiento porque se pudo venir en avi&oacute;n y nosotros no&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Vos sent&iacute;s alg&uacute;n reproche?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, yo le digo que fue lo que nos toc&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, Damaris se ocupa de la log&iacute;stica familiar y Kelvin trabaja en un garaje sobre la avenida Corrientes. Un tir&oacute;n desde la casita en Wilde. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trato de dedicarle tiempo a mis hijos para que sean alguien, porque por eso sal&iacute; de all&aacute;. Pero yo como persona no me desenvolv&iacute;. Estoy borrando mi carrera y me hace falta. Pero ahora no hay manera de coincidir, de poder estar presente con ellos y trabajar&rdquo;. 
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                    alt="La llegada a Argentina permitió operar a Alan. Está sano, empezó el CBC de la licenciatura en Administración de Empresas en la UBA y trabaja medio turno como cajero en un supermercado"
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                La llegada a Argentina permitió operar a Alan. Está sano, empezó el CBC de la licenciatura en Administración de Empresas en la UBA y trabaja medio turno como cajero en un supermercado                            </span>
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        Alan empez&oacute; el CBC de la licenciatura en Administraci&oacute;n de Empresas en una sede de la Universidad de Buenos Aires en Avellaneda. Participa del centro del estudiantes y trabaja medio turno como cajero en un supermercado Coto. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El var&oacute;n ama mucho Argentina. Pero con Venezuela est&aacute; bloqueado. No quiere saber nada de seres queridos que quedaron all&aacute; por ejemplo. &Eacute;l me dice 'no quiero saludar a nadie, <strong>quiero vivir lo que vamos a vivir y ya</strong>'&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        D&aacute;rkelis cursa cuarto a&ntilde;o del secundario, donde la eligieron mejor compa&ntilde;era. Practica v&oacute;ley en un club, y aprende costura y pintura en el Programa Envi&oacute;n de la provincia de Buenos Aires.
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                    alt="Dárkelis es la hija mayor. Practica voley en un club y hace el secundario. No le gusta hablar del viaje que la trajo de Venezuela a Argentina"
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                Dárkelis es la hija mayor. Practica voley en un club y hace el secundario. No le gusta hablar del viaje que la trajo de Venezuela a Argentina                            </span>
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        <strong>&ldquo;La hembra grande llora de vez en cuando. Y no le cont&oacute; a sus amigas c&oacute;mo nos vinimos. Un d&iacute;a me dijo que siente que est&aacute; esperando otro colectivo, que todav&iacute;a falta&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Keisly empez&oacute; primer a&ntilde;o y se destaca como patinadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me la escogieron para pat&iacute;n profesional, pero la tuve que sacar porque los patines son muy caros. Ahora hace v&oacute;ley con la hermana. A los tres les busqu&eacute; deportes para que conozcan amistades. Aqu&iacute; es una belleza. Yo no s&eacute; c&oacute;mo no todos hacen deporte. Y lo mismo con los talleres educativos&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Damaris junto a su hija Keisly, que está en primer año. Se destaca como patinadora pero pagar los patines se hizo imposible para la familia"
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                Damaris junto a su hija Keisly, que está en primer año. Se destaca como patinadora pero pagar los patines se hizo imposible para la familia                            </span>
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        El subid&oacute;n de emociones tras resumir cuatro a&ntilde;os de vida en dos horas de charla le enrojecieron los cachetes. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Alan no ten&iacute;a sabor ni olor ni nada. Despu&eacute;s de la operaci&oacute;n, s&iacute;. Por eso ahora cuando cocino le pregunto &ldquo;&iquest;Te sabe bien? Porque si no sabe bien, c&oacute;metelo igual'&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Damaris sonr&iacute;e. Y cuando sonr&iacute;e, sus ojos venezolanos se achinan.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Siento que lo que vine a hacer aqu&iacute;, lo hice. Yo quer&iacute;a operar al var&oacute;n y que estudiara. Y mis hijas tambi&eacute;n estudian. Por eso vali&oacute; la pena el sacrificio. Fue horrible, horrible, horrible... pero vali&oacute; la pena&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MFC/MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Fernández Camacho]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 May 2024 02:59:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trata y violaciones de mujeres migrantes: el mayor temor de las que arriesgan su vida para llegar a Argentina]]></media:title>
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