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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Darío Adanti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/dario-adanti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Darío Adanti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Y el populismo cambió de bando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/populismo-cambio-bando_1_11509454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bec8de0f-5c33-4c45-911e-ef0c5c5721cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Y el populismo cambió de bando"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el populismo servía ayer para ilusionar a las mayorías sociales en defensa del Estado como defensor de sus intereses, hoy los mismos recursos son utilizados para desmontar un Estado de bienestar que se considera que ya no es necesario porque no existe el riesgo de una revolución social</p></div><p class="article-text">
        Hasta hace nada, se tachaba de populista a lo que se llam&oacute; &lsquo;la nueva izquierda latinoamericana&rsquo; que, por su lado, defend&iacute;a su &lsquo;populismo&rsquo; sin que el t&eacute;rmino fuera peyorativo. Hasta ayer, una nueva izquierda espa&ntilde;ola intentaba importar la tesis de aquel populismo de centro izquierda del austro de Am&eacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        El populismo de izquierdas logr&oacute; llegar al poder en varios pa&iacute;ses de aquel continente aunque hoy, parece, est&aacute; de capa ca&iacute;da. Y aqu&iacute;, al otro lado del charco, esa nueva izquierda es parte del Gobierno de coalici&oacute;n y ya no es nueva y, seg&uacute;n indican las &uacute;ltimas elecciones, va perdiendo terreno. Mientras tanto, las formas del populismo que la caracterizaron aparecen hoy como parte de la irrupci&oacute;n en nuestras democracias de la ultraderecha m&aacute;s reaccionaria. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? &iquest;Cu&aacute;ndo y c&oacute;mo el populismo cambi&oacute; de bando? Si es que lo tuvo alguna vez, claro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo popular y el populismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay un chiste famoso de Tono, uno de los grandes humoristas de la Codorniz, que dice as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        Va un hombre caminando por la calle y, al cruzarse con otro viandante, le suelta:
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Pero, Don Guti&eacute;rrez, qu&eacute; cambiado que lo veo!
    </p><p class="article-text">
        -Es que yo no soy Don Guti&eacute;rrez, le responde el viandante.
    </p><p class="article-text">
        A lo que el primero le contesta: 
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Pues m&aacute;s a mi favor!
    </p><p class="article-text">
        Lo popular, ya sea un chiste o un &lsquo;influencer&rsquo; se basa en la palabra &lsquo;pueblo&rsquo; y aqu&iacute; viene el quilombo: no hay consenso sobre qu&eacute; o quienes son &lsquo;el pueblo&rsquo;, si todos los habitantes de una determinada regi&oacute;n, la mayor&iacute;a de ellos o s&oacute;lo los m&aacute;s desfavorecidos. Con la palabra &lsquo;populismo&rsquo; pasa algo similar, se la utiliza para denominar a l&iacute;deres pol&iacute;ticos tan distintos como Per&oacute;n, Ch&aacute;vez, L&oacute;pez Obrador, Donald Trump o Javier Milei. Personajes cuyas ideas y pol&iacute;ticas son contrarias y que lo &uacute;nico que tienen en com&uacute;n es haber sido tachados de populistas. 
    </p><p class="article-text">
        Para sumergirnos en este apasionante tema tenemos, primero, que ponernos de acuerdo en a qu&eacute; le llamamos &lsquo;populismo&rsquo;. Vamos al l&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una breve definici&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tomamos aqu&iacute; la definici&oacute;n de &lsquo;populismo&rsquo; que el fil&oacute;sofo postmarxista argentino Ernesto Laclau traz&oacute; en su influyente libro <a href="https://www.casadellibro.com/libro-la-razon-populista/9788437507583/4138474" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">&lsquo;La raz&oacute;n populista</a>&rsquo; publicado en el 2005. No hace falta firmar la totalidad de su tesis para reconocer la validez de su definici&oacute;n. Sintetizando a lo loco, digamos que el populismo se basa en la capacidad de un l&iacute;der carism&aacute;tico de convertirse en el s&iacute;mbolo de un buen n&uacute;mero de demandas insatisfechas por el poder institucionalizado y que lo &uacute;nico que tienen en com&uacute;n es eso, que no han sido satisfechas. El l&iacute;der encarna una ret&oacute;rica que opera casi en un plano m&iacute;stico, por lo que &eacute;l mismo se convierte en s&iacute;mbolo de todas esas demandas. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Laclau, el populismo no es una ideolog&iacute;a concreta sino una din&aacute;mica que permite alinear sectores diferentes para crear una fuerza capaz de disputar el poder al institucionalismo. Es, por tanto, representativa pero no es ideol&oacute;gica sino identitaria, y no es una idea pol&iacute;tica espec&iacute;fica sino una forma de construir lo pol&iacute;tico. Y esto hace que no est&eacute; basado en la raz&oacute;n sino en el deseo que no est&aacute; mediado por ideas sino por palabras que el propio l&iacute;der resignifica y que su producto es nada menos que la ilusi&oacute;n. Tranquilos, nos quedaremos con esta breve definici&oacute;n para ir explicando el asunto en tierras gauchas y trazar, luego, algunos puntos de conexi&oacute;n con nuestro entorno. Empecemos por describir los contextos en los que surge a trav&eacute;s de un cl&aacute;sico: Juan Domingo Per&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El contexto populista</strong>
    </p><p class="article-text">
        Per&oacute;n no fue el &uacute;nico ni el primer populista latinoamericano, antes que &eacute;l estuvo Carranza en M&eacute;xico y Getulio Vargas en Brasil y, casi al mismo tiempo, Gualberto Villarroel en Bolivia o Luis Battle en Uruguay. En la primera mitad del siglo XX se dio en Am&eacute;rica del Sur un hecho curioso: la aparici&oacute;n de personajes, militares o caudillos, que se volcaron a la pol&iacute;tica con un gran apoyo popular y que lideraron movimientos de masas que no encajaban con la l&oacute;gica de lucha de clases de aquella Europa que se industrializaba a velocidad de v&eacute;rtigo y que, incluso, fueron tachados de filofascistas por la izquierda y de filocomunistas por la derecha. Eran populistas y pod&iacute;an ser una cosa, la otra o ambas al mismo tiempo. Pero veamos en qu&eacute; coincid&iacute;an sus respectivos contextos.
    </p><p class="article-text">
        Laclau afirma que las condiciones para el surgimiento del populismo se dan en la base productiva de una sociedad en momentos de transici&oacute;n entre un modelo y otro. Y menciona ciertas condiciones derivadas que son el caldo de cultivo para su emergencia: la desconexi&oacute;n de grandes sectores de la sociedad con la representaci&oacute;n pol&iacute;tica institucionalizada, la fragmentaci&oacute;n social debido a grandes diferencias socio-econ&oacute;micas y un momento de caos.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo con Laclau, todos surgieron en un momento de transici&oacute;n entre el modelo agr&iacute;cola y el industrial. Todos surgieron en un momento de crisis econ&oacute;mica aguda. Entre otros factores, de la repercusi&oacute;n en las econom&iacute;as locales de la Gran Crisis de 1929, cuando a&uacute;n ni siquiera se hab&iacute;an repuesto de la crisis econ&oacute;mica de la Primera Guerra Mundial y de la pandemia de la &lsquo;gripe espa&ntilde;ola&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La representatividad </strong>
    </p><p class="article-text">
        Estos gobiernos populistas con l&iacute;deres carism&aacute;ticos lograron reformas fundamentales y fueron los primeros en regular las relaciones entre capital y trabajo en una regi&oacute;n -Sudam&eacute;rica- cuyas mayor&iacute;as sociales viv&iacute;an en r&eacute;gimen de semiesclavitud desde la formaci&oacute;n misma de aquellos pa&iacute;ses. Hab&iacute;a, adem&aacute;s, una crisis de representatividad: hasta la irrupci&oacute;n del peronismo, el poder era ostentado por un concordato entre conservadores y liberales, representantes de la oligarqu&iacute;a y la burgues&iacute;a criollas, que se turnaban en el poder. Y la corrupci&oacute;n era tal que a la d&eacute;cada anterior se la conoce como &lsquo;la d&eacute;cada infame&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las masas argentinas estaban fragmentadas: hab&iacute;a una nueva migraci&oacute;n desde el campo a la ciudad, desde el agro a la nueva industria, a la que se le sum&oacute; la llegada de la migraci&oacute;n europea de distintas culturas. El mestizaje abundaba en las clases populares mientras que en la burgues&iacute;a y las &eacute;lites eran blancos y europe&iacute;stas. Los sectores estrat&eacute;gicos estaban en manos de empresas extranjeras, mayoritariamente brit&aacute;nicas, lo que pon&iacute;a contra las cuerdas a las izquierdas locales: en el contexto de la Segunda Guerra Mundial que antecedi&oacute; al peronismo, el pa&iacute;s produc&iacute;a materias primas para Gran Breta&ntilde;a, por lo que, a pesar de que el nuevo proletariado exig&iacute;a derechos b&aacute;sicos, la orden desde Mosc&uacute; era no parar la industria para no perjudicar el esfuerzo de guerra de los aliados. Sin representaci&oacute;n en los partidos institucionales ni en las izquierdas clasistas, el proletariado se identific&oacute; con aquel general que mont&oacute; un amplio Estado de bienestar y le otorg&oacute; a las mayor&iacute;as sociales derechos que nadie hasta entonces les hab&iacute;a concedido. Y la sociedad se polariz&oacute;. Y la polarizaci&oacute;n, dice Laclau, es otra caracter&iacute;stica del populismo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Perón no fue el único ni el primer populista latinoamericano, antes que él estuvo Carranza en México y Getulio Vargas en Brasil y, casi al mismo tiempo, Gualberto Villarroel en Bolivia o Luis Battle en Uruguay.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La polarizaci&oacute;n </strong>
    </p><p class="article-text">
        Per&oacute;n buscaba un pacto entre clases, dijo ante los representantes de la patronal que &ldquo;o repartimos mejor el pastel o las masas hambrientas reclamar&aacute;n con violencia el pastel entero&rdquo;. Pero el pacto fracas&oacute;, las &eacute;lites criollas se negaron incluso a lo m&aacute;s b&aacute;sico: la regulaci&oacute;n del sueldo m&iacute;nimo y la jornada laboral. Y Per&oacute;n se qued&oacute; sin pacto pero con el apoyo de las masas desfavorecidas, los sindicatos, el nacionalismo -el conservador y el antiimperialista-, as&iacute; como de algunos socialistas, comunistas y trotskistas disidentes. La patronal, los conservadores y los liberales se unieron a las izquierdas y, financiados por el embajador de Estados Unidos, conformaron el bloque autodefinido como &lsquo;antiperonista&rsquo; que dio, por contraposici&oacute;n, nombre al peronismo. 
    </p><p class="article-text">
        Dos bloques heterog&eacute;neos enfrentados donde la clave ideol&oacute;gica se difumina para pasar a un enfrentamiento de campos identitarios. Per&oacute;n pas&oacute; a representar a las masas desfavorecidas y al proletariado a los que identific&oacute; como &lsquo;el pueblo peronista&rsquo; nombrando a los antiperonistas como &lsquo;gorila&rsquo;, &lsquo;cipayo&rsquo; o &lsquo;antipatria&rsquo;. La palabra &lsquo;pueblo&rsquo; pasa aqu&iacute; a ser un concepto resignificado para identificar a una parte de la sociedad como si fuera el todo. Per&oacute;n fue derrocado por un golpe militar que caracteriz&oacute; al peronismo como &lsquo;aluvi&oacute;n zool&oacute;gico&rsquo;, deshumanizando a sus seguidores que sufrieron la persecuci&oacute;n, la tortura y la c&aacute;rcel. 
    </p><p class="article-text">
        El estatismo caracteriz&oacute; a Per&oacute;n y a los dem&aacute;s populistas de Am&eacute;rica latina de su tiempo. Faltar&iacute;an muchos a&ntilde;os para que otro peronista utilizara el populismo para desmontar el Estado: Carlos Menem.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El neoliberalismo populista </strong>
    </p><p class="article-text">
        Con las banderas de la justicia social y el antiimperialismo del peronismo se present&oacute; Menem a las elecciones generales de 1989 en medio de una gran crisis econ&oacute;mica hiperinflacionaria que le dio el triunfo en las urnas y aceler&oacute; la ca&iacute;da del presidente saliente, Ra&uacute;l Alfons&iacute;n. Y, una vez en el poder, hizo todo lo contrario: implementar las pol&iacute;ticas neoliberales del conocido como &lsquo;Pacto de Washington&rsquo;. Privatizaciones de empresas p&uacute;blicas a tutipl&eacute;n y la convertibilidad por decreto de un peso en un d&oacute;lar como medidas estrella. Menem logr&oacute; lo impensable: que en el Jockey Club de Buenos Aires, epicentro de las &eacute;lites criollas furiosamente antiperonistas, cantaran el himno peronista. Pero, a su vez, dividi&oacute; al movimiento popular: la izquierda peronista se pas&oacute; a la oposici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas del menemismo acrecentaron las diferencias sociales y sus gobiernos acabaron con un aumento de la pobreza, el desempleo y la inseguridad y con varios esc&aacute;ndalos por corrupci&oacute;n que inclu&iacute;an al mismo presidente Menem. El gobierno del candidato radical que lo sucedi&oacute;, Fernando de la R&uacute;a, mantuvo al ministro de Econom&iacute;a de Menem y su pol&iacute;tica monetaria hasta que, al finalizar la convertibilidad, explot&oacute; la gran crisis econ&oacute;mica del 2001, el corralito, la renuncia del presidente y una sucesi&oacute;n de nombramientos y dimisiones de cinco presidentes en medio de un gran movilizaci&oacute;n popular de indignaci&oacute;n bajo el lema &lsquo;que se vayan todos&rsquo;. Estaban las condiciones dadas para el surgimiento de un nuevo populismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El populismo progresista</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Kirchnerismo vino, una vez m&aacute;s, a imponer el estatismo. Ahora, de la mano de N&eacute;stor Kirchner, el peronismo recuper&oacute; sus banderas de justicia social e independencia econ&oacute;mica. Para diferenciarse de los gobiernos de Menem y De la R&uacute;a, prioriz&oacute; la producci&oacute;n, la educaci&oacute;n, la salud y el reparto de la riquezas. Nacionaliz&oacute; empresas que hab&iacute;an sido privatizadas. La econom&iacute;a se recuper&oacute; y Argentina sald&oacute; su deuda con el FMI contra&iacute;da por los gobiernos anteriores. En materia de derechos humanos, impuls&oacute; la reapertura de las causas por cr&iacute;menes de lesa humanidad de la &uacute;ltima dictadura as&iacute; como leyes de g&eacute;nero y de despenalizaci&oacute;n del aborto. Si bien no lleg&oacute; al poder con un liderazgo consolidado, su popularidad se dispar&oacute; gracias a su perfil socialdem&oacute;crata convirti&eacute;ndose en un aut&eacute;ntico l&iacute;der de masas.
    </p><p class="article-text">
        Lo sucedi&oacute; en el cargo su esposa, Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, que continu&oacute; con las pol&iacute;ticas estatistas, las nacionalizaciones y la ampliaci&oacute;n de derechos para las mujeres y los colectivos desfavorecidos como el LGTBI.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los progresos econ&oacute;micos y sociales, una oposici&oacute;n bronca con apoyo de los grandes medios de comunicaci&oacute;n, el fuerte personalismo y la ret&oacute;rica de &lsquo;amigo o enemigo&rsquo; impulsada desde el poder pol&iacute;tico, agudizaron a&uacute;n m&aacute;s la polarizaci&oacute;n social t&iacute;pica de los procesos populistas, al extremo de que el pa&iacute;s se dividi&oacute; en dos: &lsquo;K&rsquo; y &lsquo;Anti K&rsquo;. Es lo que se llam&oacute; &lsquo;La grieta&rsquo;. Una grieta que se col&oacute; hasta el &aacute;mbito privado de las familias.
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            <span class="title">
                Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de Argentina.                            </span>
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        <strong>La desilusi&oacute;n de la derecha 'mainstream'</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner finaliz&oacute; su mandato presidencial en medio de esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n. Corrupci&oacute;n que era vista por el bloque opositor como la confirmaci&oacute;n de la utilizaci&oacute;n espuria del Estado por parte del Kirchnerismo, y, por el bloque oficialista, como 'lawfare' impulsado por una oposici&oacute;n torticera con llegada a sectores del poder judicial.
    </p><p class="article-text">
        Macri, l&iacute;der de la oposici&oacute;n, tambi&eacute;n jug&oacute; la carta populista acentuando la polarizaci&oacute;n pero no logr&oacute; una identificaci&oacute;n popular con su figura y fue de una gran pobreza perform&aacute;tica. Sin embargo, logr&oacute; concentrar la oposici&oacute;n al kirchnerismo con el apoyo de las &eacute;lites econ&oacute;micas anti-K a las que &eacute;l mismo pertenec&iacute;a. El triunfo de la alianza de centro derecha liderada por Macri recuper&oacute; la agenda neoliberal impulsando la gesti&oacute;n privada en detrimento del estatismo kirchnerista y firm&oacute; el mayor pr&eacute;stamo en la historia del Fondo Monetario Internacional. Pero el pr&eacute;stamo fue a parar a manos privadas asumiendo la deuda el propio Estado. La crisis econ&oacute;mica le explot&oacute; en mitad de su mandato, que no estuvo exento de esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n, incluyendo la aparici&oacute;n del propio presidente en los &lsquo;Papeles de Panam&aacute;&rsquo;. La vuelta al modelo neoliberal empez&oacute; a hacer aguas a mitad de su mandato que, si bien acab&oacute;, dej&oacute; a parte de su electorado hu&eacute;rfano de representaci&oacute;n. Se avecinaba la vuelta del peronismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La desilusi&oacute;n del estatismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las elecciones las gan&oacute; el peronista Alberto Fern&aacute;ndez con Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner como vicepresidenta. Fern&aacute;ndez era visto por la oposici&oacute;n como un mero t&iacute;tere de Cristina por lo que no tard&oacute; en imponerse para dejar claro qui&eacute;n mandaba, lo que cre&oacute; tensiones internas en el propio gobierno. Hered&oacute; la crisis econ&oacute;mica y la monumental deuda con el FMI del macrismo a lo que se le sum&oacute; la ca&iacute;da en los mercados internacionales de la soja, cultivo que hab&iacute;a logrado impulsar la econom&iacute;a en el per&iacute;odo K. 
    </p><p class="article-text">
        Y pas&oacute; lo que pas&oacute;: una pandemia global que cambi&oacute; nuestro mundo para siempre. 
    </p><p class="article-text">
        En Argentina, el confinamiento dur&oacute; casi ocho meses y estuvo rodeado de esc&aacute;ndalos, como la violaci&oacute;n del confinamiento por parte del mismo presidente Fern&aacute;ndez, presuntas irregularidades en las contrataciones de seguros y acusaciones de enchufismo en el plan de vacunaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Una inflaci&oacute;n galopante, un d&eacute;ficit p&uacute;blico y una deuda con el FMI inasumible, una gesti&oacute;n de la pandemia cuestionada a diestra y siniestra y los niveles de pobreza y hambre en niveles estratosf&eacute;ricos, hac&iacute;an que el pa&iacute;s entrara, una vez m&aacute;s, en un contexto ca&oacute;tico y de descr&eacute;dito tanto de las instituciones como de los dos bloques consolidados por la polarizaci&oacute;n. El terreno quedaba abonado para la aparici&oacute;n de un nuevo l&iacute;der carism&aacute;tico que fuera capaz de capitalizarlo: Javier Milei.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Conclusiones: el 'influencer' como nuevo l&iacute;der carism&aacute;tico</strong>
    </p><p class="article-text">
        El sorpresivo triunfo de Milei en la segunda vuelta de las &uacute;ltimas elecciones presidenciales en Argentina tiene puntos en com&uacute;n con el resurgir del populismo en las derechas y ultraderechas de las democracias liberales de nuestro entorno. 
    </p><p class="article-text">
        Laclau afirma que los populismos se dan en momentos de transici&oacute;n entre un modelo y otro. Conviene aqu&iacute; ver en qu&eacute; transici&oacute;n estamos en la pospandemia tras la irrupci&oacute;n de las nuevas tecnolog&iacute;as y la IA. La desconexi&oacute;n de grandes sectores de la sociedad con la representaci&oacute;n pol&iacute;tica institucionalizada y la fragmentaci&oacute;n social promovida por la sociedad de consumo, los algoritmos y las redes sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Tras la atomizaci&oacute;n del electorado y el derrumbe del bipartidismo, las opciones de gobernabilidad han derivado en alianzas que tienden a conformar dos bloques heterog&eacute;neos pero altamente polarizados, lo que promueve los liderazgos a trav&eacute;s de un v&iacute;nculo emocional con sus seguidores y la b&uacute;squeda de la identificaci&oacute;n a trav&eacute;s de la resignificaci&oacute;n de palabras como &lsquo;casta&rsquo;, &lsquo;libertad&rsquo;, &lsquo;dictadura&rsquo;, &lsquo;facha&rsquo;, &lsquo;zurdo&rsquo;, etc. 
    </p><p class="article-text">
        La deriva ca&oacute;tica del capitalismo global y el fracaso de la democracia liberal a la hora de solucionar la creciente desigualdad tras d&eacute;cadas de modelo neoliberal, sumado a la falta de un proyecto ambicioso por parte de las izquierdas en su encaje en el liberalismo tras la ca&iacute;da de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, y la sensaci&oacute;n de hartazgo ante la corrupci&oacute;n y el 'lawfare', alientan la desconfianza en los partidos y las instituciones. Ya no se trata de una lucha por las ideas sino de una lucha de relatos. Y la pluralidad de la democracia muta en polarizaci&oacute;n, el debate en enfrentamiento y la expresi&oacute;n en movilizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La constataci&oacute;n de que en nuestras sociedades hay identidades distintas a la de la clase social -g&eacute;nero, raza, etc- y la institucionalizaci&oacute;n de los derechos de estos sectores vulnerables o postergados agrupados en estas identidades, ha derivado en que un sector de los j&oacute;venes -sobre todo hombres y blancos- perciban como rebeld&iacute;a al conservadurismo m&aacute;s reaccionario. Y, a su vez, las redes sociales han propiciado un nuevo tipo de liderazgos, los &lsquo;influencers&rsquo;, capaces de aglutinar una variedad de demandas no satisfechas por fuera de los canales pol&iacute;ticos tradicionales. 
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                Fotografía de archivo del presidente de Argentina, Javier Milei.                             </span>
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        Claro que a Milei, como la mayor&iacute;a de estos nuevos l&iacute;deres populistas de ultraderecha, tienen el apoyo de empresarios que ven en ellos una gran oportunidad para desactivar, con la legitimidad del voto democr&aacute;tico, las limitaciones al paradigma neoliberal que impone la crisis clim&aacute;tica, el mayor reto de nuestra especie, y que requiere de una revisi&oacute;n urgente de nuestras relaciones socioecon&oacute;micas, un reparto de las riquezas y una gesti&oacute;n racional de los recursos del planeta, lo que atenta directamente contra sus ganancias. 
    </p><p class="article-text">
        El populismo, como hemos visto, nunca tuvo bando porque es un mecanismo y no una ideolog&iacute;a. Si el populismo serv&iacute;a ayer para ilusionar a las mayor&iacute;as sociales en defensa del Estado como defensor de sus intereses, hoy los mismos recursos son utilizados para desmontar un Estado de bienestar que ya no es necesario porque ya no existe el riesgo de una revoluci&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que se presenta hoy como rebeld&iacute;a ante el caos beneficia a los mismos que nos han llevado hasta aqu&iacute;. Como en el chiste de Tono, pensar&aacute;n:
    </p><p class="article-text">
        -Pues m&aacute;s a mi favor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La primera versi&oacute;n de este texto fue publicada en: </em><a href="https://www.eldiario.es/el-rincon-de-pensar/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>https://www.eldiario.es/el-rincon-de-pensar/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío Adanti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/populismo-cambio-bando_1_11509454.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jul 2024 20:54:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Y el populismo cambió de bando]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Cristina Fernández de Kirchner,Populismo]]></media:keywords>
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