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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Camila Parodi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/camila-parodi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Camila Parodi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las mujeres de Nación Diaguita: la ancestralidad como elección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/mujeres-nacion-diaguita-ancestralidad-eleccion_132_11837762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c778f8c9-c891-4c17-9d95-9c2984de9889_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres de Nación Diaguita: la ancestralidad como elección"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No están ancladas en el pasado: eligen una forma de vida que es puro presente. Mujeres de comunidades originarias del norte defienden la vida en comunidad, la compañía en los cuidados, la defensa del agua y el ambiente. Tensión y amalgama con el modelo occidental en derechos sexuales. </p></div><p class="article-text">
        De un lado y del otro de la cordillera, Naci&oacute;n Diaguita se denomina al conjunto de pueblos ind&iacute;genas del Noroeste Argentino y el Norte Chico Chileno. Las mujeres de esta comunidad han tejido una red para acompa&ntilde;arse y expandir su sabidur&iacute;a ancestral. Lo hacen de muchas maneras: a trav&eacute;s de mensajes, encuentros virtuales de apoyo, espacios de sanaci&oacute;n y formaci&oacute;n, y c&iacute;rculos de aprendizaje colectivo. En el centro de sus pr&aacute;cticas, ponen la vida y el cuidado de los cuerpos y las aguas. Esta red trasciende fronteras y refuerza su identidad y autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Entre ellas se llaman hermanas, y este v&iacute;nculo es mucho m&aacute;s que una expresi&oacute;n de afecto; <strong>es una decisi&oacute;n profunda de compartir la vida y resistir juntas.</strong> Su conexi&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de lo personal, el cuidado, la crianza y la salud se piensan desde una perspectiva comunitaria: si una de ellas est&aacute; embarazada, las que est&aacute;n m&aacute;s cerca la acompa&ntilde;an; si una empresa llega a alguno de sus territorios con un proyecto extractivo, todas se organizan para denunciarlo sin comprometer a quienes all&iacute; resisten; las infancias, o <em>guaguitas</em>, se cr&iacute;an de manera colectiva, con el compromiso de todas, como lo hac&iacute;an sus abuelas.
    </p><p class="article-text">
        Para ellas, <strong>la ancestralidad es una elecci&oacute;n cotidiana, no s&oacute;lo una herencia. </strong>No preservan sus tradiciones por inercia, sino que deciden c&oacute;mo quieren vivir y defender su modo de vida frente a las amenazas del presente, que tantas veces se parecen a las del pasado. As&iacute;, estas mujeres construyen y reconstruyen sus pr&aacute;cticas en torno a la tierra, los ciclos de la naturaleza y la crianza compartida, manteniendo vivos los saberes y las aguas que les permiten sostener sus comunidades. Es una forma de resistencia y, al mismo tiempo, una manera de afirmar su autonom&iacute;a y visi&oacute;n del mundo.
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                    alt="La Red Trasandina de Ancestrías del Futuro se unió inicialmente para proteger las aguas. La crisis climática y el extractivismo están en el centro del debate. Se organizan para defender los territorios sin exponer a quienes viven en la zona"
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                La Red Trasandina de Ancestrías del Futuro se unió inicialmente para proteger las aguas. La crisis climática y el extractivismo están en el centro del debate. Se organizan para defender los territorios sin exponer a quienes viven en la zona                            </span>
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        En esta nota polif&oacute;nica se entrelazan las voces de seis mujeres diaguitas de Argentina y Chile, integrantes de la Red Trasandina de Ancestr&iacute;as del Futuro, quienes <strong>han elegido no ser nombradas para proteger su proceso colectivo. </strong>Desde las zonas de alta monta&ntilde;a pasando por el mar hasta las grandes ciudades, la red convierte al acompa&ntilde;amiento en una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica. Son madres, docentes, agricultoras, tejedoras, investigadoras y curanderas que, entre rituales, siembras, rezos y cantos, enfrentan a su modo los impactos del extractivismo y la crisis clim&aacute;tica.
    </p><h2 class="article-text">Cuerpo-territorio: salud y resistencia</h2><p class="article-text">
        Para las mujeres de la Naci&oacute;n Diaguita la salud de sus cuerpos y la de la tierra est&aacute;n profundamente interconectadas, algo que la crisis clim&aacute;tica ha hecho a&uacute;n m&aacute;s evidente. Su conexi&oacute;n con la tierra es directa y concreta; no es una idea rom&aacute;ntica como tantas veces se ha intentado minimizar desde la ciencia occidental; sino una forma de vivir y resistir frente a los impactos del extractivismo en sus territorios. &ldquo;El agua contaminada enferma, el aire contaminado enferma, y la tierra envenenada tambi&eacute;n enferma a quienes consumimos sus frutos. Defender el territorio no es solo una cuesti&oacute;n ambiental, sino un acto de protecci&oacute;n de nuestra salud integral&rdquo;, subrayan.
    </p><p class="article-text">
        La Red Trasandina de Ancestr&iacute;as del Futuro se uni&oacute; inicialmente para proteger las aguas y, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ha expandido su compromiso hacia los cuatro elementos que consideran esenciales para la salud de sus pueblos. Est&aacute;n convencidas de que la salud espiritual y f&iacute;sica de sus comunidades depende de la conservaci&oacute;n de estos elementos y rechazan pr&aacute;cticas de explotaci&oacute;n que los destruyen.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo colectivo y la resistencia en red se han convertido en una necesidad urgente para asegurar la salud y el bienestar de las generaciones futuras. Frente a las consecuencias de los transg&eacute;nicos, la miner&iacute;a y la deforestaci&oacute;n, estas mujeres persisten en la preservaci&oacute;n de pr&aacute;cticas agr&iacute;colas y de salud que aseguran el equilibrio y mantienen vivo el conocimiento ancestral sobre el uso sostenible del agua y el riego. &ldquo;Lo que hacemos es un acto de resistencia que no se limita a la defensa de nuestras tierras, sino que busca preservar la salud integral de todas las generaciones que vienen&rdquo;, aseguran.
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                Mujeres de la Nación Diaguita han tejido una red para acompañarse y expandir su sabiduría ancestral. No es una reivindicación del pasado sino una práctica en presente que se aplica a cada aspecto de la vida.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Parir&aacute;s con placer: el cuerpo como territorio sagrado</h2><p class="article-text">
        Para las mujeres diaguitas, el cuerpo es un territorio que se cuida de forma integral y colectiva, en sincron&iacute;a con los ciclos de la luna, las estaciones y la fertilidad de la tierra. Este bienestar f&iacute;sico y espiritual no est&aacute; separado del entorno. Pr&aacute;cticas como la agricultura sin agrot&oacute;xicos, el cuidado de acequias y r&iacute;os, los rituales de ofrenda y una alimentaci&oacute;n basada en &ldquo;energ&iacute;a viva&rdquo; &ndash;quinoa, brotes, caldos de hueso&ndash; no son solo tradiciones, sino necesidades concretas y formas de resistencia para la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El cuidado de la salud sexual y reproductiva en la Red Trasandina se nutre de saberes transmitidos por las abuelas, todos sus v&iacute;nculos tienen una conexi&oacute;n que es inter y transgeneracional.</strong> Las hierbas medicinales -<em>yuyitos</em> o <em>montes</em> seg&uacute;n de qu&eacute; lado de la cordillera se encuentren- ayudan a mantener el equilibrio de la matriz y se emplean en ba&ntilde;os de vapor para tratar dolencias, permitiendo a las mujeres acompa&ntilde;ar sus ciclos naturales de fertilidad y elegir cu&aacute;ndo y c&oacute;mo concebir en sincron&iacute;a con la luna.
    </p><p class="article-text">
        Esta conexi&oacute;n con sus cuerpos y ciclos naturales se da sin imposiciones ni dogmas, como explica una sanadora ancestral desde el centro de Chile, &ldquo;en t&eacute;rminos de reproducci&oacute;n y pr&aacute;cticas sexuales no hay imposiciones ni dogmas religiosos, sino una transmisi&oacute;n de saberes de las abuelas&rdquo;. Para ellas, <strong>la maternidad es una elecci&oacute;n que se vive en red:</strong> &ldquo;Una mujer no par&iacute;a sola; hermanas, madres y t&iacute;as cuidaban de ella. Hoy, esa red sigue viva&rdquo;, asegura con esperanza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En nuestra cultura, la maternidad es sagrada, y no se la considera una limitaci&oacute;n&rdquo;, afirman, en contraste con los tiempos productivos y acelerados de la cultura occidental. As&iacute;, la maternidad en red se convierte en una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica y espiritual: &ldquo;Una mujer atravesando ese ciclo de 9 meses siempre ser&aacute; cuidada por su comunidad, ser&aacute; tratada con alegr&iacute;a puesto que la infancia en camino nos trae mensajes espirituales a toda la poblaci&oacute;n&rdquo;, explican las ancestras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde su cosmovisi&oacute;n, el linaje es sagrado y se proyecta hacia el futuro en una relaci&oacute;n profunda con la tierra y sus <em>guaguitas</em>: &ldquo;Nosotras vemos que los grandes ricos y pol&iacute;ticos del mundo no tienen hijos o no se vinculan con ellos, por eso se mueven as&iacute;; no les importa el mundo que van a dejar porque no tienen continuidad. Nosotras queremos que la tierra que nos dieron nuestras abuelas sea disfrutada por nuestros hijos e hijas&rdquo;, reflexiona una de las hermanas desde Antofagasta de la Sierra, Catamarca.
    </p><p class="article-text">
        En esta cosmovisi&oacute;n, el placer ocupa un lugar central en la salud sexual, un aspecto que muchas veces se ha ignorado en las interpretaciones coloniales sobre los pueblos ind&iacute;genas. &ldquo;Nosotras vemos la salud sexual tambi&eacute;n como gozo, como armon&iacute;a y equilibrio entre vida y esp&iacute;ritu. La sexualidad es parte de la salud integral, del bienestar y del equilibrio de nuestra espiritualidad&rdquo;, concluyen.
    </p><h2 class="article-text">Honrar los ciclos de vida</h2><p class="article-text">
        Para las mujeres de la red, la salud reproductiva y los ciclos de la vida tambi&eacute;n tienen un significado sagrado. &ldquo;En nuestra cultura, el camino de cada persona se honra y respeta&rdquo;. En ese sentido, el proceso de menopausia que en la medicina occidental se suele ver como una p&eacute;rdida, es entendida aqu&iacute; como un paso sagrado hacia una nueva etapa de sabidur&iacute;a y plenitud,<strong> por eso la llaman desde una definici&oacute;n positiva: </strong>&ldquo;Una mujer en plenipausia no pierde valor, sino que entra en una etapa m&aacute;s profunda, donde la experiencia acumulada se convierte en una gu&iacute;a para la comunidad&rdquo;, se&ntilde;ala una de las sanadoras ancestrales de la red.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La autonom&iacute;a del cuerpo tambi&eacute;n significa para ellas alejarse de pr&aacute;cticas m&eacute;dicas que se perciben como invasivas o artificiales.</strong> &ldquo;Nos alejamos de los anticonceptivos hormonales porque creemos que interrumpen los ciclos sagrados de nuestro cuerpo. Honramos nuestros aromas y nuestra sangre menstrual porque son expresi&oacute;n de la vida y el agua que tanto valoramos. En nuestras tradiciones, el cuidado y respeto de estos fluidos es un acto de conexi&oacute;n con el agua y con la vida misma&rdquo;, explican.
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                    alt="Se niegan a ser consideradas “medicina alternativa” y muchas veces entran en tensión con el sistema de salud. Pero han construído un vínculo esencial con la escuela para trabajar educación en salud sexual la prevención de violencia de género"
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                Se niegan a ser consideradas “medicina alternativa” y muchas veces entran en tensión con el sistema de salud. Pero han construído un vínculo esencial con la escuela para trabajar educación en salud sexual la prevención de violencia de género                            </span>
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        Desde el territorio de La Plata, Buenos Aires, una integrante de la red reflexiona sobre su identidad diaguita y la importancia de fortalecer la espiritualidad como parte de la salud integral. &ldquo;Para nosotres, la salud no se limita al cuerpo f&iacute;sico, sino que incluye el esp&iacute;ritu y el v&iacute;nculo con la comunidad. Mantener viva esa energ&iacute;a espiritual es fundamental y se logra en ceremonias como el Inti Raymi o los encuentros de Pachamama en agosto&rdquo;. En estos encuentros, la comunidad se re&uacute;ne en c&iacute;rculos de palabra y rituales para conectarse con la naturaleza y con los ciclos de la tierra. Desde esta visi&oacute;n, la salud espiritual es la base para la salud f&iacute;sica y se nutre a trav&eacute;s de la colectividad y de la conexi&oacute;n con Pachamama.
    </p><p class="article-text">
        Para las ancestras la respuesta es simple, as&iacute; lo resume una de ellas: <strong>&ldquo;Hay que colocar la vida al centro, donde el cuidado y la protecci&oacute;n de las personas ni&ntilde;as y ancianas sean asumidos colectivamente</strong>; donde el alimento, el valor territorial, los saberes y la transmisi&oacute;n cultural son la base de la vida en comunidad&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Autonom&iacute;a y derechos en disputa</h2><p class="article-text">
        Aunque las comunidades diaguitas ejercen procesos de autodeterminaci&oacute;n sobre sus cuerpos y territorios, estos a menudo chocan con las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y los servicios estatales, especialmente en &aacute;reas como la salud y la educaci&oacute;n. Las mujeres diaguitas, que ocupan un papel central en la organizaci&oacute;n y el cuidado comunitario, enfrentan limitaciones cuando los servicios de salud ignoran sus realidades: horarios que no se adaptan a quienes maternan solas o trabajan en el campo, y programas de salud que no reconocen sus pr&aacute;cticas tradicionales ni su cosmovisi&oacute;n. &ldquo;<strong>Nosotras no somos una medicina alternativa</strong>; nuestra medicina viene de la ra&iacute;z, y tenemos derecho a integrarla&rdquo;, afirma una de ellas.
    </p><p class="article-text">
        En las escuelas rurales, las docentes diaguitas se ven obligadas a cumplir con curr&iacute;culos dise&ntilde;ados desde las ciudades, lejanos a las necesidades y conocimientos de las comunidades. Sin embargo, estas docentes se convierten en <strong>un v&iacute;nculo esencial entre el Estado y la comunidad, especialmente en la educaci&oacute;n en salud sexual y la prevenci&oacute;n de violencia de g&eacute;nero.</strong> &ldquo;Los ni&ntilde;os y adolescentes se animan a preguntarnos sobre estos temas y, en ocasiones, incluso nos piden ayuda para conseguir m&eacute;todos anticonceptivos o asesoramiento sobre sus derechos, incluyendo c&oacute;mo hacer denuncias por violencia de g&eacute;nero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, desde la Red Trasandina de Ancestr&iacute;as del Futuro, las mujeres diaguitas defienden su derecho a una salud integral que contemple tanto la medicina alop&aacute;tica como sus pr&aacute;cticas ancestrales. Aunque su enfoque suele chocar con un sistema de salud que marginaliza sus saberes, buscan construir di&aacute;logos de respeto y colaboraci&oacute;n. &ldquo;Queremos que nos respeten y<strong> permitan nuestros rituales en los partos,</strong> como parir en casa o enterrar la placenta, que para nosotras no es basura, sino un elemento sagrado que vuelve a la tierra&rdquo;, expresan.
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                “Nuestros territorios están siendo vendidos sin consulta previa ni información&quot;, denuncian desde el norte argentino. La resistencia es diaria                            </span>
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        Este proceso de integraci&oacute;n es lento y est&aacute; lleno de tensiones, pero para estas mujeres, la posibilidad de que sus conocimientos ancestrales sean reconocidos en el sistema de salud es fundamental para sostener la autonom&iacute;a de sus cuerpos y comunidades. &ldquo;Dialogamos con la medicina alop&aacute;tica no para rivalizar, sino para encontrar caminos de respeto y colaboraci&oacute;n&rdquo;, concluyen, resumiendo su visi&oacute;n y compromiso.
    </p><h2 class="article-text">Crisis clim&aacute;tica y defensa del territorio en la cosmovisi&oacute;n diaguita</h2><p class="article-text">
        Uno de los impactos m&aacute;s severos de la crisis clim&aacute;tica es la escasez de agua, una realidad que afecta especialmente a las mujeres, quienes deben organizarse para asegurar alimento y agua para sus familias y comunidades. &ldquo;La escasez de agua genera conflictos sobre su uso, pero tambi&eacute;n ha llevado a muchas mujeres a exigir al Estado que garantice el agua potable para todas&rdquo;, se&ntilde;ala una integrante desde Santa Mar&iacute;a, Catamarca, donde la sequ&iacute;a y la expansi&oacute;n minera dificultan cada vez m&aacute;s el acceso al agua. Para ellas, el agua no solo es un &ldquo;recurso&rdquo;, sino el eje de su vida y de su conexi&oacute;n con la Pachamama.
    </p><p class="article-text">
        Frente a las amenazas de la miner&iacute;a, las comunidades han asumido un rol activo en la defensa del agua, con las mujeres liderando la resistencia. <strong>&ldquo;Nuestros territorios est&aacute;n siendo vendidos sin consulta previa ni informaci&oacute;n&rdquo;, </strong>denuncian<strong> </strong>desde el norte argentino. Su resistencia cotidiana se traduce en pr&aacute;cticas sostenibles como la agricultura sin agrot&oacute;xicos, el cuidado de r&iacute;os y acequias y la transmisi&oacute;n de sus tradiciones. Desde su mirada, el desaf&iacute;o m&aacute;s importante es visibilizar estas amenazas y continuar defendiendo el territorio con los valores heredados ancestralmente. &ldquo;Estamos dispuestas a defender cada ser y esp&iacute;ritu de la gran Naci&oacute;n Diaguita y del Abya Yala, incluso con nuestras vidas, si es necesario&rdquo;, aseguran.
    </p><h2 class="article-text">El legado de las ancestras contra la pol&iacute;tica de la crueldad</h2><p class="article-text">
        Para las ancestras del futuro, <strong>la violencia estatal y la crueldad institucional no son fen&oacute;menos nuevos. </strong>Durante siglos, el patriarcado colonial impuso una cultura de sometimiento, relegando a las mujeres ind&iacute;genas al servicio del hogar y los varones. Esta &ldquo;transculturaci&oacute;n machista&rdquo; -como ellas la llaman- impulsada a trav&eacute;s de la evangelizaci&oacute;n, las despoj&oacute; de sus derechos y autonom&iacute;a. &ldquo;El patriarcado colonial, que lleva siglos someti&eacute;ndonos, releg&oacute; a las mujeres al servicio de la casa, la maternidad y el hombre&rdquo;, se&ntilde;alan desde la red. Estas violencias dejaron heridas profundas que afectan a&uacute;n la identidad y la memoria de las mujeres ind&iacute;genas, quienes hoy buscan sanar esa carga hist&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Este contexto de opresi&oacute;n resuena especialmente hoy frente a la llegada al poder de un gobierno autoritario encabezado por Javier Milei, cuyas pol&iacute;ticas ponen en riesgo los derechos y la dignidad tanto de las comunidades ind&iacute;genas como de las mujeres. La intenci&oacute;n de Milei de reducir derechos colectivos y su falta de respeto hacia las diversas culturas que pre-existen al territorio nacional, refuerzan las pr&aacute;cticas de dominaci&oacute;n que estas comunidades han combatido durante siglos. Ante este panorama, las mujeres de la red se ven llamadas a reafirmar su resistencia y a proteger el legado de sus ancestras.
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                    alt="Prefieren mantenerse anónimas durante la entrevista para Punto de Encuentro. Señalan que las nuevas políticas que niegan activamente la existencia de pueblos pre-nacionales se inscribe en una violencia histórica contra sus existencias"
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                Prefieren mantenerse anónimas durante la entrevista para Punto de Encuentro. Señalan que las nuevas políticas que niegan activamente la existencia de pueblos pre-nacionales se inscribe en una violencia histórica contra sus existencias                            </span>
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        La resistencia actual de las mujeres diaguitas no es solo un acto pol&iacute;tico, sino una recuperaci&oacute;n de la dignidad y derechos arrebatados a sus antepasadas. &ldquo;Lo que estamos haciendo ahora es una recuperaci&oacute;n, no solo de nuestras autonom&iacute;as, sino tambi&eacute;n de la dignidad y derechos que les fueron arrebatados a nuestras ancestras&rdquo;, declaran. Para ellas, sostener este legado es fundamental en un contexto donde sus derechos y sus vidas est&aacute;n constantemente amenazados.
    </p><h2 class="article-text">La vida cotidiana como resistencia</h2><p class="article-text">
        La visi&oacute;n de futuro que impulsan se sostiene en el equilibrio que han heredado de sus ancestras. Para ellas, la vida y la resistencia son inseparables, un ciclo natural donde la energ&iacute;a femenina y masculina se entrelazan en el cuidado de la tierra y de sus cuerpos. &ldquo;Nuestro pueblo siempre ha trabajado en equilibrio, reconociendo que la tierra es un ser viviente que nos da lo que necesitamos&rdquo;, afirman. Este conocimiento sobre c&oacute;mo alimentarse, c&oacute;mo cuidar a las <em>guag&uuml;itas</em>, c&oacute;mo fortalecer el cuerpo y la mente, es el legado que transmiten a sus futuras generaciones, imaginando un futuro donde sus pr&aacute;cticas sigan vivas y se conviertan en modelos de vida saludable, de autodeterminaci&oacute;n y defensa del territorio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La salud mental y espiritual ocupa un lugar central en su resistencia. </strong>Para ellas, las emociones son como &ldquo;r&iacute;os subterr&aacute;neos&rdquo; que reflejan las alegr&iacute;as y los dolores de Pachamama y de todos los seres. &ldquo;Sentimos el sufrimiento de los bosques incendiados, de las monta&ntilde;as explotadas, de la biodiversidad destruida por los monocultivos y de los r&iacute;os secos que dejan los proyectos mineros&rdquo;, explican. En respuesta, celebran ceremonias y cantos rituales para permitir que el dolor fluya y sane. En los momentos de conflicto, recurren a las rondas de palabra, en las que cada miembro de la comunidad escucha y comprende, dejando que los &ldquo;r&iacute;os internos vuelvan a su cauce&rdquo;. De este modo, el cuidado de la salud emocional se convierte en una responsabilidad compartida, al igual que el cuidado de una planta o un animal enfermo.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de estos actos cotidianos de cuidado y resistencia, las ancestras del futuro mantienen viva una pr&aacute;ctica que asegura no solo su bienestar, sino que tambi&eacute;n protege la memoria y la sabidur&iacute;a de sus pueblos de una forma que trasciende las generaciones: &ldquo;En nuestra cultura, el camino de cada persona se honra, acompa&ntilde;a y respeta. En la cultura occidental se subestima tanto a la ni&ntilde;ez como a la vejez, y ese es uno de sus principales problemas, <strong>nosotras valoramos los procesos, la experiencia y el camino recorrido&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>CP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Camila Parodi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/mujeres-nacion-diaguita-ancestralidad-eleccion_132_11837762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Nov 2024 02:59:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las mujeres de Nación Diaguita: la ancestralidad como elección]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mujeres,Comunidades indígenas,Derechos sexuales]]></media:keywords>
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