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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Paola Ale]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/paola-ale/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Paola Ale]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA["Las máquinas las manejo yo": mujeres mendocinas al frente de sus cooperativas rurales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/maquinas-manejo-mujeres-mendocinas-frente-cooperativas-rurales_132_12044786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b95bf03-f4c6-4379-80ab-dea6fdb72772_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Las máquinas las manejo yo&quot;: mujeres mendocinas al frente de sus cooperativas rurales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Negocian los precios, toman decisiones y organizan maquinarias, todos roles tradicionalmente masculinos. </p></div><p class="article-text">
        Celia, Rosita y Dhanna&nbsp;viven y trabajan en el campo. Est&aacute;n en diferentes organizaciones productivas pero tienen en com&uacute;n m&aacute;s all&aacute; de la geograf&iacute;a y es que las tres encarnan una manera revolucionaria de habitar la escasa tierra productiva de Mendoza: <strong>han decidido no trabajar para un patr&oacute;n</strong>, sino producir de igual a igual con ellos, presidir cooperativas y dirigir actividades que antes estaban reservadas solo a los varones en la ruralidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Mendoza esto no solo implica realizar tareas de siembra, poda y cosecha, sino <strong>sentarse y discutir los precios de lo que se produce, compartir la posesi&oacute;n del ganado con los varones, manejar las m&aacute;quinas y los tractores y dar &oacute;rdenes e indicaciones sin distinci&oacute;n de g&eacute;neros.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nada de todo esto ha sido f&aacute;cil, ellas mismas lo dicen. El presente es el resultado de peque&ntilde;as conquistas diarias, un trabajo de hormigas que estas mujeres campesinas han llevado adelante con infinita paciencia pero con infinita firmeza. Este logro trajo aparejado otros: por ejemplo, compartir los quehaceres del hogar y las tareas de cuidado con los varones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son conscientes de que no todas lo logran, pero ellas tambi&eacute;n trabajan para acompa&ntilde;ar a otras mujeres en este camino.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Rosita Ibaceta y Celia Mayorga. Son madres y destacan la sobrecarga que implica para las campesinas seguir a cargo de las tareas de cuidado a pesar de trabajar jornadas completas                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Due&ntilde;a de la tierra</h2><p class="article-text">
        Celia Mayorga tiene 47 a&ntilde;os, un hijo de 24 y dos nietas. <strong>Toda la vida trabaj&oacute; la tierra, pero la tierra no era suya. Fue cosechadora y vivi&oacute; en carne propia la precarizaci&oacute;n laboral y las dif&iacute;ciles condiciones de vida</strong>. Celia entendi&oacute; que para salir de esa opresi&oacute;n, el camino era reunirse en comunidad y poseer la tierra. Y esto fue lo que hizo, junto con un grupo de compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros y respaldados por el trabajo de la Uni&oacute;n de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST), dieron con una finca abandonada que deb&iacute;a a&ntilde;os de canon del uso del agua. Esto en Mendoza es fundamental, porque sin el permiso otorgado por el Departamento General de Irrigaci&oacute;n, no hay siembra ni cosecha posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero pagaron la deuda y hoy trabajan una finca de 10 hect&aacute;reas ubicada en el distrito de Jocol&iacute;, una peque&ntilde;a localidad del departamento de Lavalle, en las que tienen producci&oacute;n hort&iacute;cola sin agroqu&iacute;micos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, Celia no olvida de d&oacute;nde viene. A&uacute;n hay mucho trabajo por hacer para mejorar las condiciones de vida de las mujeres campesinas.
    </p><h2 class="article-text">Estudiar y ense&ntilde;ar sin dejar el territorio</h2><p class="article-text">
        Rosita Ibaceta es la m&aacute;s joven del grupo: con 31 est&aacute; casada y tiene dos ni&ntilde;os. Pertenece a una generaci&oacute;n que ya entendi&oacute; algunas cosas de entrada: nunca dud&oacute; de la importancia de compartir la crianza de sus hijos con su esposo, y si se qued&oacute; viviendo en Jocol&iacute; fue porque as&iacute; lo decidi&oacute; y se prepar&oacute; para esto. <strong>Estudi&oacute; la secundaria en la escuela campesina, un proyecto que dej&oacute; de existir en el 2023 y que les permit&iacute;a a los chicos y chicas de Lavalle permanecer en su pueblo y adquirir conocimientos para trabajar la tierra.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s Rosita se recibi&oacute; de T&eacute;cnica Superior en Agronom&iacute;a y actualmente da seguimiento t&eacute;cnico al sector productivo en el Centro de Educaci&oacute;n Formaci&oacute;n e Investigaci&oacute;n Campesina (Cefic) que es la unidad pedag&oacute;gica que permaneci&oacute; luego del cierre de la Escuela Campesina de Agroecolog&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; significa esto? Que Rosita supervisa todo lo que se produce en la huerta y adem&aacute;s, junto con Celia, son las que dirigen el servicio de corte de la alfalfa que brinda el Cefic a la comunidad de la localidad de Jocol&iacute;.<strong> Una tarea que hist&oacute;ricamente realizaban los varones.</strong> Eso era antes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rosita muchas veces va a trabajar con sus hijos. No lo hace estrictamente porque no tenga con quien dejarlos sino que es una posibilidad que tienen las mujeres que trabajan en esta comunidad: darle prioridad a la crianza de sus hijos. Esta realidad es una excepci&oacute;n para las trabajadoras del campo fuera de este tipo de organizaciones comunitarias.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Celia fue cosechadora. Hoy está al frente de una organización cooperativa de 10 hectáreas en el distrito de Jocolí, una pequeña localidad del departamento de Lavalle                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Trans y presidenta</h2><p class="article-text">
        Dhanna Pilar Moyano (37) es una mujer trans que se dedica a la crianza de chivos. Vive en Agua de las Avispas, un peque&ntilde;o distrito de Luj&aacute;n de Cuyo. All&iacute; no solo cr&iacute;a a sus chivos sino que es presidenta de una cooperativa llamada &ldquo;El Avispero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Integrante de una familia rural muy numerosa, Dhanna fue la &uacute;nica que quiso quedarse en el campo para llevar adelante la actividad familiar que no se limita a criar a los animales, sino a vender la carne, el cuero y otros productos derivados, como el guano, que sirve como combustible en invierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es f&aacute;cil ser una chica trans en el campo? La pregunta cae en medio de la mesa en la que las cuatro compartimos el mate, mientras se escucha el sonido de los animales que ya piden ser alimentados.&nbsp; La respuesta tambi&eacute;n llega certera y clara: &ldquo;definitivamente no lo es&rdquo;, se&ntilde;ala Dhanna. Pero inmediatamente se&ntilde;ala que ninguno de los derechos que han conquistado las mujeres campesinas de Mendoza han sido f&aacute;ciles de conseguir.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Siendo una mujer trans, mis opciones eran trabajar en la calle, o vivir en el campo y dedicarme a criar chivos, que es lo que siempre hizo mi familia. Y eleg&iacute; la segunda opci&oacute;n&rdquo;, asegura.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ella siempre tuvo apoyo familiar y esto la ayud&oacute; a afrontar todo lo dif&iacute;cil que pudo venir despu&eacute;s. En su pueblo, Dhanna es muy respetada y por esto la eligieron por segundo periodo consecutivo como <strong>presidenta de la cooperativa.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hasta hace poco estaba en pareja y su vida era m&aacute;s sencilla porque compart&iacute;a las tareas del cuidado de los animales y las de su casa. Desde hace un tiempo, lo hace sola y a pesar de que un poco le pesa tanto trabajo, sigue con todas sus actividades que tambi&eacute;n incluyen la militancia para lograr pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para su sector.
    </p><h2 class="article-text">Mujeres que dirigen&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Las tres mujeres han ido ganando terreno al machismo en el campo, un trabajo lento y constante que ha requerido de paciencia. De tanta paciencia como la que lleva respetar los ciclos de las plantas: sembrar, cuidar la producci&oacute;n, cosechar y guardar las semillas, para despu&eacute;s volver a sembrar.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Rosita estudió la secundaria en la escuela campesina que les permitía a los chicos y chicas de Lavalle permanecer en su pueblo y adquirir conocimientos para trabajar la tierra. Dejó de existir en 2023"
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                Rosita estudió la secundaria en la escuela campesina que les permitía a los chicos y chicas de Lavalle permanecer en su pueblo y adquirir conocimientos para trabajar la tierra. Dejó de existir en 2023                            </span>
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        En el caso de Dhanna, su gran conquista es sentarse a negociar el precio de la carne. <strong>Para que se entienda: jam&aacute;s una mujer hab&iacute;a tenido un lugar en estas mesas de negociaci&oacute;n, hist&oacute;ricamente integradas por varones </strong>y que una mujer trans ocupe este lugar es casi impensado. Pero quienes conocen a Dhanna, pueden entender que ella es una gran militante por los derechos de las mujeres y no solo los propios, sino los de sus compa&ntilde;eras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Avispero es uno de sus grandes logros y hasta tiene un festival propio, aunque Dhanna juega con que es &ldquo;un festival medio machirulo&rdquo;. Un chiste. Se trata del Festival del Matucho, y el matucho es el macho cabr&iacute;o, el semental de la manada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este festival tambi&eacute;n es una conquista pol&iacute;tica, porque en Mendoza, los crianceros de chivos que fijan los precios y son protagonistas del mercado de carne se encuentran mucho m&aacute;s al sur, en el departamento de Malarg&uuml;e, en torno al Festival del Chivo. &ldquo;Ah&iacute; si van los pol&iacute;ticos, y a ellos los tienen en cuenta&rdquo;, se queja Dhanna.
    </p><p class="article-text">
        Ser tenidos en cuenta es por ejemplo recuperar la campa&ntilde;a de vacunaci&oacute;n masiva de animales, una tarea que antes realizaba el gobierno y que hace a&ntilde;os ya no se hace. Esto les permitir&iacute;a tener mayor productividad, pero por el momento no lo han logrado.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Hablar de plata</h2><p class="article-text">
        Celia tambi&eacute;n es dirigente en su comunidad: es la presidenta de la cooperativa que integra y una de sus tareas es id&eacute;ntica a la de Dhanna: sentarse a discutir los precios de la producci&oacute;n de igual a igual con los varones, sobre todo del tomate agroecol&oacute;gico que producen en su finca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Cefic, Celia es la coordinadora del sector de maquinarias agr&iacute;colas. B&aacute;sicamente, tienen dos tipos de m&aacute;quinas para realizar servicios, que no son f&aacute;ciles de conseguir para los peque&ntilde;os productores: la segadora, que es la que hace el corte, rastrillaje y enfardado de alfalfa y el equipo de maquinaria agr&iacute;cola, integrado por el tractor y los implementos de preparaci&oacute;n de la tierra para horticultura y labores culturales, como el&nbsp; surqueado, la siembra y el desmalezado.
    </p><p class="article-text">
        Es con Celia que muchos campesinos se tienen que juntar a discutir cu&aacute;ndo y c&oacute;mo contratar estos servicios. Dif&iacute;cil tarea ha sido hacerles entender a los varones que esto lo tienen que coordinar con mujeres. &ldquo;Por ah&iacute; todav&iacute;a me piden hablar con alg&uacute;n hombre de ac&aacute; de la organizaci&oacute;n, <strong>les cuesta entender que las m&aacute;quinas las manejo yo&rdquo;, asegura.&nbsp;</strong>
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                Dhanna es presidenta de la cooperativa en Agua de las Avispas. Es productora caprina y discute el precio de sus animales                            </span>
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        Rosita tambi&eacute;n tiene que romper barreras de g&eacute;nero. Ella, junto con Celia, son las que dirigen el corte y enfardado de la alfalfa, una tarea que en el campo es important&iacute;sima porque el invierno es muy largo y crudo, y es fundamental la pastura para alimentar a los animales. Lo que le ocurre a Rosita puede ser hasta gracioso, pero indica derribar un mito muy complejo entre las mujeres del campo. Podr&iacute;a resumirse en una frase: &ldquo;nadie te quiere robar a tu marido&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El punto es que el corte y el enfardado se hacen de madrugada y tanto Rosita como Celia tienen que ir hasta las fincas, determinar si el pasto est&aacute; lo suficientemente crecido y en su punto justo para dar la orden de cortar o no. &ldquo;Por ah&iacute; cuando llegamos al campo vemos a<strong> los hombres vienen acompa&ntilde;ados por las mujeres, que antes jam&aacute;s las hab&iacute;amos visto.</strong> No s&eacute;, piensan que le vamos a robar a los maridos, par&aacute;, ni siquiera se los vamos a mirar&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rosita se r&iacute;e, pero es la punta para trabajar otro estereotipo de g&eacute;nero: la rivalidad entre mujeres. &ldquo;Ac&aacute; en el campo lo vemos todav&iacute;a mucho esto, cuesta un mont&oacute;n. Pero de a poco les vamos a haciendo entender que pueden venir cuando quieran, que podemos trabajar juntas,<strong> que somos compa&ntilde;eras antes que competencia&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><h2 class="article-text">Trabajar y cuidar</h2><p class="article-text">
        Claudia, Rosita y Dhanna han podido establecer condiciones propias, pero saben que son todav&iacute;a excepcionales. Advierten los problemas de otras mujeres rurales. Una de estas problem&aacute;ticas son las tareas de cuidado, que en much&iacute;simos casos se suma al trabajo de la cosecha. Celia, que lo vivi&oacute; en carne propia, ahora lo revive a trav&eacute;s de sus compa&ntilde;eras, de sus vecinas, de las mujeres con las que comparte una realidad diaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Durante la cosecha de la uva, -una de las principales actividades productivas de Mendoza- las mujeres cosechadoras comienzan la faena a las 6 de la ma&ntilde;ana y tienen solo una hora para regresar a su casa a almorzar, de 13 a 14, porque despu&eacute;s siguen cosechando hasta las 18. Lo que logran hacer es llegar a su casa, alimentarse de cualquier manera y volver a la finca. En esa hora, adem&aacute;s, le dan de comer a su familia, a veces lavan platos, a veces dejan comida para la noche y otras apenas tienen tiempo de darle una mirada a sus hijos. <strong>Lo hacen porque de eso depende la supervivencia de toda su familia el resto del a&ntilde;o&rdquo;, explica.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por las tardes, cuando vuelven de las vi&ntilde;as, les toca lavar su ropa y la de su marido, impregnadas de mosto, un trabajo que es casi imposible y que solo se puede hacer a mano. Pero ellas la asumen como algo natural de su vida cotidiana.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Con mujeres al frente, pensaron recursos para ayudar a las que sufren violencia de género: un espacio de refugio y promover la tenencia compartida conjunta de propiedades y animales"
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                Con mujeres al frente, pensaron recursos para ayudar a las que sufren violencia de género: un espacio de refugio y promover la tenencia compartida conjunta de propiedades y animales                            </span>
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        A la noche, solo queda tiempo para ba&ntilde;ar a los ni&ntilde;os, prepararlos para la escuela, darles de cenar y organizar todo para la cosecha del otro d&iacute;a y all&iacute; no hay contemplaciones. <strong>Varones y mujeres entran y salen a la misma hora, solo que las mujeres tienen que asumir los dos trabajos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Rosita record&oacute; otra de las mayores desigualdades de las mujeres durante la cosecha: el cuidado de los beb&eacute;s y los ni&ntilde;os muy peque&ntilde;os. Si bien cuando son mayores los pueden dejar solos, cuando son peque&ntilde;os y sus patrones se los permiten, las mujeres se llevan a los ni&ntilde;os al campo a cosechar: &ldquo;Los acomodan en una mantita, en la punta de las hileras. O entre las plantaciones de tomate. Los chicos all&iacute; est&aacute;n expuestos a much&iacute;simos peligros&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Violencia de g&eacute;nero, una realidad cotidiana en la ruralidad</h2><p class="article-text">
        El campo tampoco est&aacute; exento de casos de violencia machista, por la que el Cefic <strong>logr&oacute; construir su propio refugio para las mujeres que deben dejar r&aacute;pidamente sus casas con los hijos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dhanna cont&oacute; que en su comunidad es algo que sucede much&iacute;simo, no solo en parejas j&oacute;venes sino en matrimonios de adultos mayores. Ella incentiva la participaci&oacute;n de las mujeres en el producto de su trabajo: &ldquo;Los ves a los hombres sentados negociando el precio de los chivos y del guano y las mujeres detr&aacute;s cebando mate, yo he empezado a hacer un trabajo de hormiga con ellas, dici&eacute;ndoles &rdquo;pero vos acaso no cri&aacute;s a los animales tambi&eacute;n, ten&eacute;s que participar&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Explica: &ldquo;Nos ha pasado que cuando hay separaciones, las mujeres se van de su casas y lo primero que dice el compa&ntilde;ero es &lsquo;Estos animales son m&iacute;os porque tiene mi marca y se&ntilde;al&rsquo; y ellas, que ha trabajado 30 o 35 a&ntilde;os en el campo a la par del marido se va con lo puesto y los ni&ntilde;os. No le corresponde la mitad de los campos, ni la mitad de los animales&rdquo;. Lo ha visto: mujeres con lo puesto, dejadas al costado del camino, con los hijos. En el Avispero las han recibido, pero trabajan en la prevenci&oacute;n. Es decir, fomentar todos los que trabajan figuren en los papeles de propiedad, la marca y la se&ntilde;al de los animales. A eso Dhanna lo llama la &ldquo;revoluci&oacute;n del campo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>PA / MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paola Ale]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/maquinas-manejo-mujeres-mendocinas-frente-cooperativas-rurales_132_12044786.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Feb 2025 02:59:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Las máquinas las manejo yo": mujeres mendocinas al frente de sus cooperativas rurales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mendoza]]></media:keywords>
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