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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Silvina Giaganti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/silvina-giaganti-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Silvina Giaganti]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Descaro que hipnotiza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/descaro-hipnotiza_129_12346736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55f20e13-3579-4f6b-acf2-bfde58a2be85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Descaro que hipnotiza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra de María Felicitas Jaime, escritora prácticamente desconocida en Argentina hasta que fue reeditada por De Parado en 2023, constituye un archivo de memorias sexuales y afectivas previas a las leyes que ampliaron derechos. 
</p></div><p class="article-text">
        Maria Felicitas Jaime es una escritora argentina rodeada de misterio. Una sola foto suya circula por redes sociales, casual, cotidiana, sacada por otra persona que la retrata a medio cuerpo. Jaime est&aacute; sentada en la vereda de un bar fumando un cigarrillo frente a una taza de caf&eacute; y un vaso de agua, en esas t&iacute;picas sillas de madera que se cierran como un fuelle y que en su respaldo, una magra e inc&oacute;moda franja de tela, se lee la marca de una cerveza. No es una fotograf&iacute;a profesional, sin embargo, se integra bien a su narrativa donde la calle, las avenidas, los bares, los antros, las esquinas, los subsuelos, las terrazas, la trama p&uacute;blica de la vida privada son tan protagonistas como sus atrevidos, queribles y astutos personajes.Tambi&eacute;n periodista y militante pionera, Maria Felicitas Jaime era pr&aacute;cticamente desconocida en Argentina antes de que la editorial <em>queer</em> <strong>De Parado</strong> hiciera justicia y reeditara su primera novela <em><strong>Cris &amp; Cris</strong></em><strong> </strong>en 2023, sobre las andanzas de un grupo de lesbianas de Buenos Aires de principios de los noventa que se mueven fren&eacute;ticas por las grietas de la ciudad, trabajan, beben, se enamoran, van de bar en bar. Que viven sus pasiones y cultivan su neurosis en la porosidad de ese enorme laboratorio econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social que fueron los noventas en Argentina: un per&iacute;odo de estrenada democracia, sin ley de matrimonio igualitario, sin ley de identidad de g&eacute;nero y donde la &uacute;ltima razzia policial a un bar de <em>entendidas</em> ocurri&oacute; en el a&ntilde;o 1995, y besarse o andar de la mano en la calle no era un gran plan, algo que pudiera realizarse sin recibir cada tanto insinuaciones, persecuciones o acosos. Algo de ese gran laboratorio econ&oacute;mico parece repetirse en la actualidad y <em><strong>Cris &amp; Cris</strong></em>, que <em>pesc&oacute; </em>lectores y lectoras que no hab&iacute;an nacido cuando fue publicada por primera vez en Espa&ntilde;a en el a&ntilde;o 1992 &ndash;pa&iacute;s al que Jaime se mud&oacute; con su compa&ntilde;era Bea, un poco por ansias de aventura y otro poco por falta de dinero&ndash; va por su tercera reedici&oacute;n, algo in&eacute;dito y potente para una novela l&eacute;sbica de esta autora fallecida en 2017 en Mendoza.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de<strong> </strong><em><strong>Cris &amp; Cris, </strong></em><strong>De Parado</strong><em><strong> </strong></em>public&oacute; en 2024 la segunda novela de Jaime,<em><strong> Pasiones</strong></em><strong>, </strong>que se mueve en un universo bastante parecido al de la primera. Esta segunda novela fue tambi&eacute;n publicada en Espa&ntilde;a y tambi&eacute;n&nbsp; tuvo que esperar treinta a&ntilde;os para ser le&iacute;da en Argentina. Si la primera novela es la presentaci&oacute;n del mundo Maria Felicitas Jaime, <em><strong>Pasiones</strong></em> es su ratificaci&oacute;n. A partir de la protagonista, Bea, <em>cuya unica vocaci&oacute;n es ser lesbiana</em>, Jaime pinta un fresco del amor entre mujeres con di&aacute;logos veloces como los autos que conducen los personajes, con una trama fresca y jugosa como una fruta de estaci&oacute;n, con el ritmo ansioso y fatal de Buenos Aires que promedia la mitad de la d&eacute;cada menemista, una Buenos Aires pr&aacute;cticamente&nbsp; anal&oacute;gica, con algunas computadoras de escritorio asomando muy de a poco en los hogares; sin celulares, sin Whatsapp, sin redes sociales y sin aplicaciones de citas para iniciar con distancia y comodidad alg&uacute;n tipo de cortejo. Es un mundo donde para encontrarse, para conocerse hay que salir, y poner la cara del modo m&aacute;s descarado posible para llegar a esos boliches incrustados como enc&iacute;as en subsuelos h&uacute;medos de San Telmo y del microcentro, ocultos a las miradas poco atentas, disimulados entre los locales de una galer&iacute;a, o en un pasaje de la ciudad o detr&aacute;s de puertas que no indican nada. En ese universo secreto, de semiclandestinidad, salvo por la casona de Flores en la que vive una pareja que recibe cada tanto a estas lesbianas chistosas y p&iacute;caras, la ciudad vuelve a ser protagonista. Esa Buenos Aires de Jaime est&aacute; localizada, no es cualquier lugar. Es el centro, el bajo, el largo y ancho corredor de Avenida Corrientes, espacios geogr&aacute;ficos que durante los ochenta y los noventa alojaban lo contracultural de &iacute;ndole sexual, intelectual y art&iacute;stico, todo mezclado. Personajes que se com&iacute;an el mundo, que iban a fondo, que no dejaban vida para despu&eacute;s. La obra de Jaime hasta ahora publicada dibuja una estela tenue de este apuro por vivir, por no dejar nada para un ma&ntilde;ana. Eso tambi&eacute;n fueron los noventa en Argentina: disidencias sexuales y art&iacute;sticas viviendo muy r&aacute;pido, haciendo fondo blanco, yendo a todo o nada; tambi&eacute;n, muriendo como moscas, de un d&iacute;a para el otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em><strong>Mujeres que aman a mujeres</strong></em>, novedad que <strong>De Parado</strong> &ndash;que arm&oacute;, desde la primera novela, la colecci&oacute;n Mar&iacute;a Felicitas Jaime&ndash; llev&oacute; a la &uacute;ltima Feria del Libro, la autora incursiona en el relato breve. Once cuentos que suman nuevas capas narrativas: a Buenos Aires se a&ntilde;ade Madrid como escenario de idas y vueltas entre amantes, novias, ligues circunstanciales y amigas. El sexo, siempre central en sus novelas, es el carozo de estos cuentos, y el romance y la lujuria son el coraz&oacute;n que gu&iacute;a de principio a fin cada una de las p&aacute;ginas. Al mismo tiempo, el sexo es una coartada para contar las formas vinculares de estas lesbianas que son ejecutivas de grandes bancos, periodistas <em>freelance</em>, empleadas dom&eacute;sticas y dem&aacute;s. Cuando veo que el fen&oacute;meno cay&oacute; como un meteorito en el paisaje editorial argentino, que irrumpi&oacute; con fuerza y determinaci&oacute;n y que es le&iacute;da de forma sostenida por un espectro ampl&iacute;simo de personas, pero sobre todo por chicas muy j&oacute;venes, presumo que esto ocurre porque Jaime, adem&aacute;s de fluir en la escritura, de ser m&aacute;s del tipo de autora que integra la reflexi&oacute;n a la acci&oacute;n y no se queda con la reflexi&oacute;n sola, maneja con fluidez y naturalidad aspectos de las relaciones que han comenzado a debatirse hace no tanto. Parejas abiertas, sexo furtivo, pactos diversos para vincularse con las otras, sean parejas, amantes, amigas, son din&aacute;micas que Jaime narra con solvencia, espontaneidad y, fundamentalmente, genera la sensaci&oacute;n de que lo hace desde un cotidiano. Sentir frescura &ndash;quienes la leen utilizan este sustantivo de forma insistente y masiva&ndash; al leer a Maria Felicitas Jaime resulta de que frecuentar su obra es encontrar letra viva y discursos sexuales y amorosos que segregan energ&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos cuentos que conforman <em><strong>Mujeres que aman a mujeres</strong></em> (publicado en 2003 en Espa&ntilde;a como <em><strong>Cenicienta en Chueca</strong></em>) las amantes juegan a desconocerse para explorar la fantas&iacute;a; otras no tienen nada en com&uacute;n y desean para sus vidas cosas totalmente opuestas, salvo el sexo que practican y por el que sacrifican, al no poner punto final, paz y salud mental: cada vez que se encuentran para tener una &uacute;ltima conversaci&oacute;n vuelven a empezar; otro cuento es enteramente hecho de cartas entre dos amantes, una que pone punto final a la relaci&oacute;n y la otra que acepta el punto pero discute los motivos. Una ejecutiva de cuentas de un banco poderoso que no puede darse el lujo de vivir su vida sin concesiones ya que la destruir&iacute;an del trabajo que ama, pero que se transforma cuando viaja a Buenos Aires y es veinticuatro por siete quien que no puede ser en Madrid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es un acontecimiento importante que Maria Felicitas Jaime sea cada vez menos desconocida, en primer lugar, por su propia escritura que va para adelante, que es expansiva y que tiene un descaro que hipnotiza. En segundo lugar, porque las buenas ficciones lesbianas argentinas no son tantas. Siempre se mencionan m&aacute;s o menos las mismas, <em><strong>En breve c&aacute;rcel</strong></em><em> </em>de Sylvia Molloy, <em><strong>Monte de Venus</strong></em><em> </em>de Reina Roff&eacute; y, un poco m&aacute;s ac&aacute; en el tiempo, <em><strong>Dame pelota,</strong></em> de Dalia Rosetti. En tercer lugar, porque tanto en <em><strong>Cris &amp; Cris</strong></em><strong> </strong>y<strong> </strong><em><strong>Pasiones</strong></em><strong> </strong>como en<strong> </strong><em><strong>Mujeres que aman a mujeres</strong></em>, Jaime modela una escritura &aacute;gil, sin barroquismos ni pomposidad y aligera el discurso l&eacute;sbico que se aloja, vaya si con motivo, en un espacio que a veces puede ponerse un poco grave, denso y solemne. Jaime no destituye el relato de<em> crecer sin encajar</em> pero le da aire con di&aacute;logos, sucesos y personajes llenos de acci&oacute;n y de mucho humor. Lesbianas que se r&iacute;en, se ocupan de sus asuntos, ponen l&iacute;mites con el afuera y eluden la hostilidad con chistes, iron&iacute;as, parodia y carcajadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los libros de Maria Felicitas Jaime son tratados sobre el deseo y sobre la pasi&oacute;n, su obra constituye un archivo de memorias sexuales y afectivas previas a las leyes que ampliaron derechos. La semiclandestinidad usada con astucia; el hecho de vivir un poco a la sombra de cualquier evento principal y aprovecharlo; y elaborar una gu&iacute;a colectiva de formas, de gestos, de miradas y de geograf&iacute;as propicias para buscar a las otras, gu&iacute;as precarias, gu&iacute;as transmitidas de boca en boca, vuelve a estos personajes entra&ntilde;ables, queribles, amorosos y enciende el deseo de que hayan tenido vidas estupendas, despu&eacute;s del libro, donde sea que existieran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SG/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvina Giaganti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/descaro-hipnotiza_129_12346736.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Jun 2025 03:03:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Descaro que hipnotiza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Lesbianas,Diversidad sexual,Buenos Aires]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte de perder: sobre ‘Sentirse para atrás’, de Heather Love]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/arte-perder-sentirse-heather-love_129_12322971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/14ed6122-c6c1-466e-8dcf-224fa1245cac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de perder: sobre ‘Sentirse para atrás’, de Heather Love"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">

En un libro que hace sentido con la intemperie actual, Love aborda afectos como el autodesprecio, la amargura, la soledad, que constituyen un catálogo de los costos físicos y psíquicos de la homofobia. Estar en relación con los propios sentimientos oscuros no es romantizar el daño, es no olvidar la radical diferencia de ser queer.
</p></div><p class="article-text">
        Lo primero es el t&iacute;tulo. Hay algo ah&iacute; que llama, que convoca. Un poco ser&aacute; porque estar para atr&aacute;s, <em>Sentirse para atr&aacute;s</em> hace a esa forma callejera, informal, esa forma <em>de a</em> <em>pie </em>de declarar el malestar, las ca&iacute;das y reca&iacute;das en el dolor que inevitablemente nos devuelven al pasado, al historial de p&eacute;rdidas y proyectos malogrados, a todo eso que quisimos y no fue. O no fue tan as&iacute; como quisimos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sentirse para atr&aacute;s</em> de Heather Love, recientemente traducido y editado en Argentina por Omn&iacute;vora Editora, es un t&iacute;tulo que adem&aacute;s de juguetear con esta jerga crea un continuo con nuestros estados an&iacute;micos actuales. Es un gui&ntilde;o, una luz intermitente, un parpadeo que nos reenv&iacute;a a nuestros intentos de maniobrar en este presente cubierto de niebla, de poca visibilidad.&nbsp;
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        Como dice Nicol&aacute;s Cuello cerca del final de su honesto y minucioso pr&oacute;logo: &ldquo;En este momento en el que se ha dado por terminado el corto ciclo de &eacute;xitos institucionales y pol&iacute;ticos en favor de la visibilidad y de intentos de aliviar las trayectorias de vida de las personas <em>queer&rdquo;</em>, el t&iacute;tulo del libro de Heather Love, parece llamarnos, decirnos ac&eacute;rcate, s&iacute; claro, est&aacute; ocurriendo esto. Esta es la energ&iacute;a del momento.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sentirse para atr&aacute;s</em> busca enfatizar la dificultad intr&iacute;nseca a la historia <em>queer</em> con el fin de moderar las narrativas de triunfo, progreso y orgullo. Para eso, Love convoca a cuatro escritores &ndash;de fines del siglo XVIII y principios del XIX&ndash; cuyas sensibilidades no encajan y se resisten a ser incluidas en ese tipo de relatos.Ya sea porque trafican im&aacute;genes indeseables para la propuesta de sentir nada m&aacute;s que orgullo, o por los finales infelices de sus libros, ya sea porque trafican alg&uacute;n tipo de mala ideolog&iacute;a por medio de afectos que se consideran parasitarios, negativos, contrarios al progreso y que no proponen ning&uacute;n tipo de redenci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tapa de Sentirse para atrás (Omnívora)                            </span>
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        Este libro es una pieza acad&eacute;mica que, si bien fue publicada en 2007, casi veinte a&ntilde;os atr&aacute;s, hace sentido con la intemperie actual. Su demora parece atinada. Es una demora que llega a tiempo. Y si bien creo entender cuando Cuello &ndash;tambi&eacute;n traductor del libro&ndash; al comienzo del pr&oacute;logo manifiesta: &ldquo;Voy a decir algo contraproducente pero creo honestamente que este libro llega tarde&rdquo;, quiero decir que en mi caso llega a tiempo, en un momento en donde me siento templada y me siento crepuscular y muy cercana a la forma de latir de estos afectos trabajados por Heather Love. Una no siempre late de una forma parecida al coraz&oacute;n del libro que est&aacute; leyendo pero &eacute;ste fue el caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Templada y crepuscular no me he sentido siempre pero cercana a estos afectos s&iacute;. Son amigos, nos conocemos bastante con la melancol&iacute;a, con la soledad, con la reticencia, con percibir con mucha intensidad las p&eacute;rdidas, con vivir la experiencia del tiempo de un modo particular, a trav&eacute;s de procesos lentos, que han hecho que me sumerja en el presente de un modo inusual, particular, problem&aacute;tico, discordante. Y es posible que por eso la lectura de este libro result&oacute; ser algo as&iacute; como un asilo. Me aloj&oacute;, fue hospitalario. Y lo fue por m&aacute;s de una raz&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, <em>Sentirse para atr&aacute;s</em> volvi&oacute; a acercarme a la orilla de la filosof&iacute;a, una maestra enigm&aacute;tica y severa y una disciplina que estudi&eacute; pero cuyas din&aacute;micas institucionales me desbordaron, en donde me sent&iacute; por momentos bastante desconcertada. Y me volvi&oacute; a acercar porque creo que uno de los tantos gestos de autor que hay en este libro es el de apelar a quienes no encuentran del todo su lugar, ni en ciertas instancias de lo social, ni en ciertas instancias institucionales ni en instancias del mundo m&aacute;s propio, del mundo <em>queer</em>. Apela a los desorientados, a los lentos, a los trastornados, a los insuficientes.
    </p><p class="article-text">
        El libro tambi&eacute;n convoca en tanto funciona como un despertador de los narcotizantes efectos victoriosos de las narrativas que segregaron una noci&oacute;n de progreso indetenible para las disidencias sexuales, en las que se auguraba un ma&ntilde;ana cada vez m&aacute;s expandido, fulgurante, holgado y que para eso necesit&oacute; sacrificar los afectos opacos, agridulces, precarios, inc&oacute;modos, inseparables del despertar y permanecer <em>queer</em>. Afectos que suelen ser le&iacute;dos como de capitulaci&oacute;n, de rendici&oacute;n, reactivos a la convivencia, a lo comunitario. La investigaci&oacute;n de estos afectos que hace Love es la restituci&oacute;n de lo que somos, nuestra marca de la diferencia, marca inusual con la que hemos improvisado nuestras raras e improbables existencias que hist&oacute;ricamente han sido privadas de los espacios dominantes de la intimidad: la familia y los amores que se tornan fugaces, da&ntilde;ados o imposibles. Estoy atravesada sentimentalmente por esa imagen de Foucault segun la cual el momento m&aacute;s trepidante de la relacion homosexual es el momento en que el amante se va. A esta forma de cultivo, Elizabeth Bishop lo llama &ldquo;el arte de perder&rdquo;, en su famoso poema. Por eso las y los escritores homosexuales tienen un don para contar el despu&eacute;s, no as&iacute; la anticipaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, <em>Sentirse para atr&aacute;s</em> es tambi&eacute;n despertador de algo muy elemental, sencillo, a veces inexplicablemente olvidado: ser <em>queer </em>es ser una existencia da&ntilde;ada. Esto no significa sentencia ni destino, pero s&iacute; la admisi&oacute;n de que es con lo que se cuenta, el material existente desde el cual trabajar. Heather Love lo dice mejor: &ldquo;<em>Las personas queer est&aacute;n &iacute;ntimamente familiarizadas con los costos de ser quienes son: eso, m&aacute;s que cualquier otra cosa, nos hace queer. En vista de este estado de cosas, la cuesti&oacute;n no es si sentimientos como el dolor, el arrepentimiento y la desesperaci&oacute;n tienen un lugar en la pol&iacute;tica transformadora; de hecho, ser&iacute;a imposible imaginar una pol&iacute;tica transformadora sin esos sentimientos&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        En ese movimiento hacia un ma&ntilde;ana menos doloroso, menos errante, menos precario (si existiera, pero supongamos) no nos olvidemos de que esta estructura de sentimientos nos hace ser quienes somos. Y que la posici&oacute;n social subordinada, la <em>miseria de la posici&oacute;n</em>, el costo psicol&oacute;gico de la injuria, los sufrimientos, el da&ntilde;o, el exilio interior y exterior, la verg&uuml;enza, no est&aacute;n tan lejos como para creer que quedaron atr&aacute;s. En nuestras existencias nunca hay una distancia segura del da&ntilde;o, a pesar de la circulaci&oacute;n durante estos a&ntilde;os (insisto, ya de capa ca&iacute;da, capitulado, sin ox&iacute;geno) de un tipo de discurso optimista, a medio camino entre lo impune y lo irresponsable, que se ha encarnado en posiciones atrevidas tales como: <em>ustedes siempre con ese discurso del padecimiento, de todo eso que vivieron, ya fue, relaj&aacute;</em>. Una puede entender la euforia de esas predicciones, pero si hay una predicci&oacute;n pobre, esa es la que sentencia que <em>ya fue</em>. No solo es pobre porque niega la tendencia de los aspectos da&ntilde;inos del pasado a insistir con firmeza sino, y m&aacute;s importante, porque la negaci&oacute;n y el deseo de olvidar es un s&iacute;ntoma de lo que persigue. En este sentido, este libro funciona tambi&eacute;n como un llamado a la importancia de la transmisi&oacute;n y de la ense&ntilde;anza de nuestro pasado, que se realiza con un archivo agujereado. <em>Sentirse para atr&aacute;s</em> funciona porque es documentaci&oacute;n pero tambi&eacute;n es una puesta en valor de estos afectos.&nbsp;
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                La escritora estadounidense Heather Love.                            </span>
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        La apreciaci&oacute;n de estos afectos &ndash;fracaso, melancol&iacute;a, soledad, regresi&oacute;n, desamor, etc.&ndash; ocurre mediante el an&aacute;lisis minucioso de obras literarias escritas en un contexto de inequidad y de opresi&oacute;n que permean estos sentimientos darks. Obras que no encajan en la narrativa de progreso y de abolici&oacute;n de injusticias, resistentes a encajar, a ser capturadas para obtener su redenci&oacute;n. Heather Love trae a Walter Pater, a Willa Cather, a Radcliffe Hall, a Sylvia Townsend Warner y desmenuza algunas de sus obras para mostrar la manera en que se resisten a hablarnos en los t&eacute;rminos que se desea que hablen. Desde la er&oacute;tica preidentitaria en Pater, que define la belleza como &ldquo;no esperar nada&rdquo;, hasta una &eacute;pica del desastre en <em>El Pozo de la Soledad</em> de Hall, un libro curiosamente repudiado en el momento de su publicaci&oacute;n y en todo momento posterior, lo cual no hace m&aacute;s que caerme bien. Este procedimiento de Love encarna otro gesto: es en s&iacute; regresivo, su intervenci&oacute;n va a contramano de las narrativas optimistas, es un gesto venido del pasado. Al traer estas emociones que no encajan y que no son compatibles vuelve inusual al libro, lo vuelve extra&ntilde;o para su contexto y, al mismo tiempo nos recuerda que el movimiento <em>queer</em> es en su origen extra&ntilde;o, croto, paria, precario, deshilachado. Love rechaza el <em>ya fue</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro gesto m&aacute;s. Al traer estos afectos negativos desde la fuente de la literatura, no solo con estos autores sino con el acervo de mitos y de relatos b&iacute;blicos, homenajea la trayectoria personal de tantos: la de muchos homosexuales que de ni&ntilde;os adherimos m&aacute;s a modelos literarios o art&iacute;sticos que familiares, sociales o institucionales. Estamos formadas por las bibliotecas, que son las que nos hacen disponer de una imagen p&uacute;blica de una misma. Una se busca en los libros, toda categor&iacute;a dominada se dirige a los libros, a las bibliotecas, a las representaciones disponibles. Quiz&aacute;s uno de los &uacute;ltimos grandes libros <em>queer</em>, un enorme libro sobre el da&ntilde;o, donde prima la pulsi&oacute;n total del<em> para atr&aacute;s</em>, fue justamente uno casi nulamente rese&ntilde;ado, el abrumador <em>Sita</em> de Kate Millet, de lectura agotadora p&aacute;gina tras p&aacute;gina, cuyo esfuerzo por detallar los sentimientos de impotencia, fracaso y p&eacute;rdida lo transforma en obsesi&oacute;n de que nada se le pierda, lo que convierte a la autora en algo m&aacute;s que en v&iacute;ctima de la experiencia. Tal vez esta nota sobre <em>Sentirse para atr&aacute;s</em> sea en realidad un homenaje oculto a <em>Sita</em> de Millet.
    </p><p class="article-text">
        Estar en relaci&oacute;n con los propios sentimientos oscuros no es romantizar el&nbsp; da&ntilde;o, es no olvidar la radical diferencia de ser queer, darse ma&ntilde;a para cultivar a&uacute;n en la nada. Estos a&ntilde;os se viene imponiendo una revinculaci&oacute;n forzada con la historia del da&ntilde;o. Una revinculaci&oacute;n con la p&eacute;rdida. Y la p&eacute;rdida suele trabajar a trav&eacute;s de la operaci&oacute;n de la suma: una gran p&eacute;rdida nos trae de nuevo todas las otras. Por eso quiero terminar como empec&eacute; y se&ntilde;alar nuevamente la pertinencia en la demora de este libro, que conecta con una energ&iacute;a muy actual. Puede ser interesante no olvidar haber sido un inadaptado.
    </p><p class="article-text">
        <em>SG/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvina Giaganti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/arte-perder-sentirse-heather-love_129_12322971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 May 2025 03:04:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El arte de perder: sobre ‘Sentirse para atrás’, de Heather Love]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Diversidad,Libros,Queer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor y dinero, sexo y muerte: reflexiones de un devenir trans]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/amor-dinero-sexo-muerte-reflexiones-devenir-trans_1_12107655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6c50316-b07f-4afe-a7cf-36b3a92616f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amor y dinero, sexo y muerte: reflexiones de un devenir trans"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A través de cartas dirigidas a destinatarias reales e imaginarias, McKenzie Wark recorre los laberintos de sus memorias íntimas. Reflexiona sobre su experiencia cuestionando las narrativas clásicas de transición y explorando la identidad como un proceso continuo, lleno de errores y transformaciones. </p></div><p class="article-text">
        <em>Amor y dinero, sexo y muerte</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Memorias envueltas en cartas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Una narrativa opaca</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El mundo entero es disf&oacute;rico / La disforia del mundo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El g&eacute;nero, el tiempo y un solo de jazz</em>
    </p><p class="article-text">
        En <strong>Amor y dinero, sexo y muerte</strong>, publicado por Caja negra, McKenzie Wark se vale del universo epistolar para recordar y para descubrir los pasajes que le permitieron cruzar, a traves del tiempo, los laberintos de esos grandes temas. Lo hace desde su experiencia trans. Las cartas de Wark son dirigidas a destinatarias reales e imaginarias: su yo de los veinte a&ntilde;os, su madre muerta, su hermana mayor, su exesposa y madre de sus hijxs, algunas amantes del pasado, una mujer trans racializada que no tuvo sus mismos privilegios, su yo de los cuarenta a&ntilde;os y la diosa Cibeles, a la que admira y le rinde culto, entre otras misivas. <strong>Amor y dinero, sexo y muerte</strong> son memorias envueltas en cartas &iacute;ntimas, tan &iacute;ntimas y personales que una, como lectora, siente estar invadiendo un territorio de dos, al mismo tiempo que las cartas mismas proponen una doble destinataria: a quien est&aacute; destinada la carta, por un lado, y a qui&eacute;n lee el libro, por otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el dispositivo carta, McKenzie Wark reflexiona sobre su devenir trans, un devenir que, en su caso, no es lineal, no es continuo, es tard&iacute;o, y no es narrativamente conclusivo. Wark <strong>disputa el sentido de las memorias transexuales cl&aacute;sicas, que sol&iacute;an culminar con la transici&oacute;n y con el devenir mujer</strong>, siendo ese momento el de la consumaci&oacute;n de un yo entero, &iacute;ntegro, completo, pleno, pero que en verdad no hay tal cosa.<strong>Tampoco hay tal cosa como una narrativa &uacute;nica transexual, que se desprende de la premisa de haber nacido </strong><em><strong>en un cuerpo equivocado y saberlo desde siempre</strong></em><strong>.</strong> En las narrativas transexuales cl&aacute;sicas la idea de haber nacido en un cuerpo equivocado es el insumo para empujar la historia personal trans hacia su verdad profunda, hacia un yo que se conoce y reconoce desde siempre, el yo m&aacute;s propio. Para Wark no hay tal cosa como el yo m&aacute;s propio, de hecho una de las frases/mantras m&aacute;s repetidas en el libro es la de que yo es (un) otro. No hay una verdad del ser, por eso <em><strong>no dir&iacute;a que ser trans ahora signifique estar viviendo en mi verdad. Dir&iacute;a que es una ficci&oacute;n m&aacute;s adecuada. Este es el g&eacute;nero de este cuerpo ahora. As&iacute; es como respira tranquilo.&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Este es uno de los asuntos m&aacute;s poderosos del libro, la forma en que estas cartas exploran las experiencias personales de Wark para dar forma al relato de una vida que no solo va m&aacute;s all&aacute; de la narrativa &ldquo;nac&iacute; as&iacute; y punto&rdquo; sino que abre paso a otras narrativas para el devenir trans. Es efervescente y vital la apuesta por una narrativa de g&eacute;nero que no sea clara ni organizada y esto es lo que sucede en Amor y dinero, sexo y muerte, que con virtuosa insolencia renueva la versi&oacute;n cl&aacute;sica de lo trans y permite acceder a algo m&aacute;s que un balbuceo para decir lo que se intuye: que m&aacute;s que dar con una verdad inmarcesible, <em>tu no supiste desde siempre eso. Te la pasas dando volantazos, fracasando ciegamente en el g&eacute;nero</em>. Insisto en la potencia de esta narrativa opaca, de esta narrativa que se fuga del relato trans cl&aacute;sico respecto de que hay una verdad del ser que lleva a transicionar, una especie de verdad cuyo logro ser&iacute;a proporcionar satisfacci&oacute;n a esa demanda de confesi&oacute;n que no se le exige a otros cuerpos. Por otra parte, no hay nadie en condiciones de demandar eso, porque no existe una mirada oficial, legitimante. Muy por el contrario, dice Wark, <strong>el mundo entero es disf&oacute;rico: el mundo se revuelve en su incomodidad, y todo lo que no es heterocisexual es el chivo expiatorio de esa incomodidad generada y acumulada por un </strong><em><strong>orden de representaci&oacute;n en el cual alguien debe ser responsable del fracaso sistem&aacute;tico de que los signos no se adecuen a las cosas</strong></em><strong> (&iexcl;oh! segu&iacute;amos siendo tan plat&oacute;nicos)</strong>.<strong> </strong>En este sentido es un libro mega contempor&aacute;neo por un lado, por c&oacute;mo agita un relato trans que se sale de lo normado, del formato cl&aacute;sico; por otro, por c&oacute;mo colabora con una cultura transexual que cuenta con materiales siempre escasos, con un archivo escueto que, en el mundo anglosaj&oacute;n parece ser incluso m&aacute;s reducido que en pa&iacute;ses como Argentina y Brasil. Es fundamental tener d&oacute;nde apoyarse para florecer, ir escalando m&aacute;s all&aacute; del balbuceo y Wark, con este libro, aporta su base. Hay un hilo que la une a Jean Genet, que era muy consciente de que, un d&iacute;a, habr&iacute;a j&oacute;venes en un pueblo peque&ntilde;o que se identificar&iacute;an y apropiar&iacute;an de sus palabras y podr&iacute;an sobrevivir gracias a sus libros.&nbsp;
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                Portada de Amor y dinero sexo y muerte tapa                            </span>
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        <strong>Al mismo tiempo es evidente su contemporaneidad por la tristemente renovada amenaza a la supresi&oacute;n y persecuci&oacute;n del colectivo lgbtiq+</strong>, tanto en Estados Unidos, donde Wark reside y ense&ntilde;a, as&iacute; como en Argentina, desde donde se escribe esta rese&ntilde;a. La amplia vocer&iacute;a de ambos gobiernos dice barbaridades en las cumbres, en las radios, en las redes sociales, insiste en mentir y en recortar derechos y avanza para suprimir las voces y las existencias de personas a las que ven como una amenaza intolerable, una amenaza que tiene como nervio la autonom&iacute;a a nivel del cuerpo, tanto individual como colectivo. La marcha antifascista del 1 de febrero de este a&ntilde;o, las asambleas y encuentros en el parque y la conformaci&oacute;n de grupos de reflexi&oacute;n y cuidado son una instancia de autonom&iacute;a corporal colectiva. Una autonom&iacute;a que se despliega tambi&eacute;n en fiestas, eventos sociales y reuniones en general, en la conversaci&oacute;n y la charla que tejen una esfera p&uacute;blica particular vinculada a la no conformidad de g&eacute;nero y a la diversidad sexual en general y que genera un estar y un compartir por fuera de las miradas que se sienten autorizadas a definir. El recrudecimiento de estos discursos es la renovaci&oacute;n siempre latente de quedarse con el poder de definir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Amor y dinero, sexo y muerte</strong> <strong>es tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n sobre el tiempo, sobre la memoria y sobre la escritura</strong>. Atravesar el tiempo<em> es como un solo de jazz</em>, dice Wark, es bordar puntos azarosos en otros posibles, conectando un momento con otro de forma aleatoria. Los errores, en este azar, solo se multiplican, y esa multiplicaci&oacute;n nos lleva a convertirnos en nosotros. Al decir que l<em>os errores son lo &uacute;nico que tenemos, </em>y que<em> esos errores nos hacen ser lo que somos</em>, McKenzie Wark samplea a Nietzsche y su idea de que las grandes &eacute;pocas de la vida son aquellas en las que tenemos, por fin, el valor de declarar que lo malo que hay en nosotros es lo mejor de nosotros mismos. Pero tambi&eacute;n es la memoria, como proyecci&oacute;n del tiempo interno, algo que no es fijo, ni lineal, ni estanco. <strong>La memoria, como el yo, como la carne, tambi&eacute;n se edita</strong>, y no es solo individual, tambi&eacute;n es colectiva. Recordar es complejo, y si la carne tiene plasticidad, la memoria tambi&eacute;n, como cuando le escribe a su yo de los cuarenta a&ntilde;os desde su yo de los sesenta y le dice: <em>en este momento recordamos a nuestro padre con m&aacute;s benevolencia que la dureza con la que lo recuerdo ahora, por eso quiz&aacute; deber&iacute;a recordarlo como t&uacute; lo hac&iacute;as</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hay con escribir? Escribir es rebobinar a trav&eacute;s de las heridas, dice la autora. Es escribir lo que se es, tanto como lo que no se ha sido. <strong>El demoledor ep&iacute;grafe de Oscar Wilde que acompa&ntilde;a el libro, </strong><em><strong>para la mayor&iacute;a de nosotros la verdadera vida es la que no llevamos</strong></em>, sugiere que no solo se escribe para poder ser en otra parte, se escribe porque en otra parte no se puede ser, se escribe porque en la vida se toman desv&iacute;os, como el de la escritura, para sofocar aquello que no puede terminar de salir, que vive en <em>modo sigiloso</em>; se escribe no desde la autoridad, sino para comprender y para ordenar; se escribe lo que una se sienta empujada a escribir; se escribe para descubrir un estilo de escritura que no est&aacute; desconectado de encontrar un g&eacute;nero en la carne. Y se escribe siempre para alguien, por m&aacute;s que luego se consiga un lector, cien, miles. Se escribe siempre para alguien, no se tiene una <em>audiencia</em>, se escribe pensando en alguien todo el tiempo. En ese sentido McKenzie Wark confiesa que escribir todo este tiempo, durante cincuenta y tantos a&ntilde;os por lo menos, signific&oacute; contestar la postal que su madre enferma le mand&oacute; desde el hospital cuando Wark ten&iacute;a seis a&ntilde;os. Escribir es responder esa postal todo el tiempo, todo lo que sea necesario.&nbsp;
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                McKenzie Wark                            </span>
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        En las diversas cartas que conforman este libro, Wark le pregunta a su madre que si la viera ahora, tal como es &iquest;la seguir&iacute;a amando? y se responde inmediatamente que no quiere saberlo, que la respuesta le dar&iacute;a miedo. En otra carta le pide perd&oacute;n a su amante Mu, ya fallecida, por no haber sabido amarla bien, por haberla defraudado. A la mam&aacute; de sus hijos, que su error fue esperar que fuera mujer por ella y que, a&uacute;n as&iacute;, ese amor fue absoluto, no fue menos sincero. A Venus, mujer trans negra, le escribe que en ella se intersectan todas las formas de opresi&oacute;n y que su forma de combatirlas fue tomar la ruta de las diosas, ser parte de la leyenda de las fabulosas, sobrepasar el ideal plat&oacute;nico como armadura para sobrevivir. A Cibeles la convoca como diosa de los umbrales, de las transiciones, de las cuevas y de las raves callejeras. De s&iacute; misma, <strong>McKenzie Wark dice que a sus sesenta a&ntilde;os toma hormonas, camina contorneando las caderas y no le interesa pasar del todo como mujer, que no quiere ser una imitacion de una mujer cis</strong>: <strong>abraza su diferencia</strong>. Sus cartas m&aacute;s emotivas son sus cartas del futuro a su yo de veinte y su yo de cuarenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Si Vaquera invertida tiene como eje el sexo, si Raving la rave, Amor y dinero, sexo y muerte tiene como eje a la compasi&oacute;n que se abre paso con el paso del tiempo. Es un libro tan &iacute;ntimo que se acerca a s&iacute; misma en diferentes etapas de su vida, para guiarla, para decirle que algunas cosas van a estar finalmente bien, que algunas personas la van a ayudar, que va a amar y a ser amada. <strong>El libro abre con una carta a su yo de veinte a&ntilde;os</strong>, le dice que la van a ayudar a pesar de su aversi&oacute;n al cuidado y a recibir amor; tambi&eacute;n le dice que lo que lee es malo, pero que la lectura es un portal de un mundo hacia otro que est&aacute; cubriendo una necesidad. <strong>El libro cierra con una carta a su yo de cuarenta a&ntilde;os</strong>. Le escribe que sabe que los cuarenta se sienten con menos energ&iacute;a, que es algo que sucede alrededor de esa edad. Pero que luego de los sesenta, a&uacute;n reducida a una posible versi&oacute;n final de s&iacute; misma, hay suficiente saber en la carne como para salir adelante. Todo est&aacute; en el cuerpo, los medio para pensar y sentir y situar y jugar y bailar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        <em>DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvina Giaganti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/amor-dinero-sexo-muerte-reflexiones-devenir-trans_1_12107655.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Mar 2025 03:02:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amor y dinero, sexo y muerte: reflexiones de un devenir trans]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apuntes sobre visibilidad en momentos de niebla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/apuntes-visibilidad-momentos-niebla_1_12112272.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec1409c3-7a13-41ab-a579-d32e4b28f479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apuntes sobre visibilidad en momentos de niebla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una lesbiana genera frustración y es un chivo expiatorio por mostrar que nadie se adecúa a lo que persigue, de que el signo no se adecúa a la cosa. Me gusta andar por las fronteras, merodear los bordes. A veces me quedo demasiado en esas zonas y el precio es alto.
</p></div><p class="article-text">
        <strong>I</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jean Genet consideraba que algunas personas iban a sobrevivir gracias a sus libros. En <strong>Pompas f&uacute;nebres</strong> habla del orgullo que empuja al poeta a llegar hasta el otro lado de la verg&uuml;enza para transformarse a s&iacute; mismo y crear nuevas bellezas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Genet no concibe que la literatura pueda estar desconectada de la vida y no deja de recordar, que, para &eacute;l, escribir es crear una obra &uacute;til.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En <strong>Diario del ladr&oacute;n </strong>asume que en su escritura distingue una persistencia en la rehabilitaci&oacute;n de seres, objetos y sentimientos con reputaci&oacute;n de viles.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Para todas las minor&iacute;as, disponer de una imagen p&uacute;blica de s&iacute; misma reviste una importancia determinante en la construcci&oacute;n de la identidad. Una se busca en los libros, una inventa su vida registrando las bibliotecas. Estos libros, estos papeles, estos lugares imaginarios, arman una <em>sentimenteca</em> que nos autoriza a ser quienes somos, a pensar como pensamos, a amar como amamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        De alg&uacute;n modo, mis formas de subjetivaci&oacute;n en la primera juventud &ndash;y a veces todav&iacute;a&ndash; se anclaron en modelos literarios, mi yo le debe mucho al contacto con los libros. Creo que algo de esto es lo que quiere decir Oscar Wilde cuando dice que la vida imita al arte y no al rev&eacute;s; como si la literatura pudiera adelantarse a la vida mostrando que hay sentimientos y formas de ser que son posibles, autorizando modos de pensar, de vivir y de amar.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        A principios de los noventa descubro una librer&iacute;a que funciona en un departamento. La librer&iacute;a se llama Calib&aacute;n y queda en Viamonte 1696. La atienden dos mujeres, tienen un gatito siam&eacute;s chiquito. Todo el material es queer. Gasto lo que no tengo. Me recomiendan libros porque no conozco nada. Me acuerdo de comprar <strong>Los hermosos a&ntilde;os del castigo</strong> de Fleur Jaeggy y <strong>Las 120 jornadas de Sodoma</strong> de Sade. Voy mucho tiempo hasta que cierran. A la vuelta hay un bar de chicas que se llama Tasmania. Un d&iacute;a voy y le escribo en un papelito mi tel&eacute;fono a la moza que me gustaba y se lo doy, nunca me llam&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Jeanette Winterson cuenta en sus memorias que un d&iacute;a sac&oacute; de los estantes de la biblioteca <strong>Asesinato en la catedral</strong> de T.S. Elliot y que ley&oacute;: <em>Este es un momento/pero has de saber que otro/te atravesar&aacute; con una repentina alegr&iacute;a dolorosa</em>. Winterson se puso a llorar y los lectores y la bibliotecaria la miraron con reproche por el silencio que hab&iacute;a roto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jeanette Winterson cuenta que en ese momento no ten&iacute;a a nadie que la ayudara pero que T.S.Eliot la ayud&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        *&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Por eso cuando la gente dice que la poes&iacute;a es un lujo, o una opci&oacute;n, o para las clases medias cultas, o que no se deber&iacute;a leer en el colegio porque es irrelevante, o cualquiera de esas extra&ntilde;as tonter&iacute;as que se dicen sobre la poes&iacute;a y el lugar que ocupa en nuestras vidas, sospecho que a la gente que las dice le ha ido bastante bien. Una vida dura necesita un lenguaje duro, y eso es la poes&iacute;a. Eso es lo que nos ofrece la literatura: un idioma suficientemente poderoso para contar c&oacute;mo son las cosas. No es un lugar donde esconderse, es un lugar donde encontrar&rdquo; </em>dice Winterson.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Un pedacito de la carta que le escribe Vir Cano a una antigua novia en donde le cuenta que la primera vez que se dijo a s&iacute; misma que era gay, lo pens&oacute; as&iacute;: <em>I am gay</em>. Luego piensa que quiz&aacute;s lo escribi&oacute; as&iacute; porque su lengua no le permit&iacute;a ni siquiera pensar en eso. Menos nombrarlo. O porque decirlo en ingl&eacute;s anunciaba una condici&oacute;n extranjera y el extra&ntilde;o exilio que viene con ella. Le llev&oacute; tiempo, reflexi&oacute;n, compa&ntilde;erismo, puestas en com&uacute;n y muchas m&aacute;s cartas llamarse a s&iacute; lesbiana. Hoy Vir vive de pensar, de escribir, de trabajar con las palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        El retrato de Safo, poetisa del siglo VII a.C., exhibido en el Museo Arqueol&oacute;gico de N&aacute;poles entre otros tesoros pompeyanos. Un fresco de no m&aacute;s de 40x40. Un retrato en el que se ve a una mujer, a la que alguna vez se identific&oacute; con la poeta, llev&aacute;ndose con la mano derecha un c&aacute;lamo a la boca. Esta mujer tiene la mirada abstra&iacute;da, una mirada de estar pensando m&aacute;s arriba o m&aacute;s abajo o m&aacute;s de costado de lo que ofrece su campo visual. Pensar es mirar para adentro y lejos al mismo tiempo. En la otra mano sostiene un cuaderno. Los tonos del fresco son tierras y verde jade. Hay color dorado en su par de aros y en la red que envuelve parte de su pelo.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        El fragmento 96 de Safo <em>Te aseguro que alguien se acordar&aacute; de nosotras</em>
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Encontrar pel&iacute;culas, libros, representaciones culturales que nos hablen, siempre fue una forma de vernos cuando no nos ve&iacute;amos en ninguna otra parte. La necesidad, ya no el hecho, de que la vida imite al arte.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Pel&iacute;culas. Me vi en Fried Green Tomatoes. Me vi en If these walls could talk 2. Me vi en Je, tu, il, elle. Me vi en Tan de repente. Me vi en Desert Hearts. Me vi en Bound. Me vi en Clouds of Sils Maria. Me vi en Blue is the warmest colour. Me vi en La Favorita. Me vi en T&aacute;r. Me vi en High Art. Me vi en Go Fish. Me vi en Yo escuch&eacute; a las sirenas cantar. Me vi en Cuando cae la noche. Me vi en todo lo de Liliana Cavani. Me vi en The kids are all right.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Je, tu, il, elle era una de las pel&iacute;culas favoritas de alguien que am&eacute; much&iacute;simo. De Tan de repente recuerdo esas chicas reas de pelo corto y borcegos dando vueltas por el microcentro como daba yo. De Blue is the warmest colour recuerdo cuando se cruzan y se miran, el sexo, la boca de Ad&eacute;le, los dientes separados de la otra, el agua, las l&aacute;grimas, el mar. El derrumbe del primer amor con una mujer. De Desert Hearts recuerdo la m&uacute;sica de Patsy Cline y el desierto de Nevada. De Bound recuerdo que me calent&eacute; much&iacute;simo en el cine.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Me le&iacute; en las novelas gr&aacute;ficas de Alison Bechdel, en los Veinti&uacute;n Poemas de Amor de Adrienne Rich, en el poema Animales de Frank O'Hara, en todos los ensayos de Olivia Laing, en El Affair Skeffington de Mar&iacute;a Moreno, especialmente en el poema La Repetici&oacute;n, en el poema Soledad de Peri Rossi, en En breve c&aacute;rcel y El com&uacute;n olvido de Sylvia Molloy, en Carol y Small g de Patricia Highsmith, en Sade y en Bataille, en el terrible Sita de Kate Millet, en las memorias de Jeanette Winterson, en Didier Eribon, en Manuel Puig, en las cartas incendiadas entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West, en mi ex novia poeta, en Alejandra Pizarnik, en Foucault y el San Foucault de David Halperin, en lo poquito que qued&oacute; de Safo y en el sur alcoh&oacute;lico y enclosetado de las obras de Tennessee Williams.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Carol fue publicada inicialmente como El precio de la sal con el seud&oacute;nimo de Claire Morgan en 1952. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde vendi&oacute; un mill&oacute;n de ejemplares. En 1989 Patricia Highsmith decide publicarla con el nombre con el que se conoce a la novela actualmente, sin seud&oacute;nimo y con un pr&oacute;logo explicando las razones de porqu&eacute; las cosas se dieron as&iacute;. Agradece haber podido ayudar a vivir a miles de lesbianas que leyeron el libro. El libro tiene un final feliz, algo excepcional para esa &eacute;poca. La trama de todos modos es policial, el esposo quiere sacarle la custodia de su hija a Carol porque sale con otra mujer. Un esquema poco delirante, a Susan Sontag le estaba pasando eso en la vida real en esos a&ntilde;os. Su esposo quer&iacute;a sacarle a su hijo por andar con mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>El atractivo de The price of Salt era que ten&iacute;a un final feliz para sus dos personajes principales, o al menos que al final las dos intentaban compartir un futuro juntas. Antes de este libro, en las novelas estadounidenses, los hombres y las mujeres homosexuales ten&iacute;an que pagar por su desviaci&oacute;n cort&aacute;ndose las venas, ahog&aacute;ndose en una piscina, abandonando su homosexualidad o cayendo en una depresi&oacute;n infernal</em>&rdquo;, dice Highsmith en el pr&oacute;logo del 24 de mayo de 1989.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que Patricia Highsmith decide publicar la novela con su nombre unos a&ntilde;os antes de morir como un gesto para consigo misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>II</strong>
    </p><p class="article-text">
        El 7 de marzo de 2010 asesinaron a Pepa Gait&aacute;n, una cordobesa de 27 a&ntilde;os fan&aacute;tica de Belgrano de C&oacute;rdoba. La mat&oacute; el padre de su novia de un escopetazo. A Pepa Gait&aacute;n no la matan solamente porque es lesbiana, la matan porque es una lesbiana masculina, una lesbiana de pelo corto y que andaba en moto. El razonamiento es te mato porque sos amenazante, porque no te leo, porque leo que queres ser un var&oacute;n, porque pareces un var&oacute;n, porque amenaz&aacute;s mi masculinidad, te mato por el terror a la confusi&oacute;n de g&eacute;nero, el p&aacute;nico sexual. En el fallo esto no se explicita, no aparece la lesbofobia ni la causalidad entre crimen y sexualidad de la v&iacute;ctima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 7 de marzo de 2025, se cumplen quince a&ntilde;os de este lesbicidio. En uno de los paredones de la cancha de Belgrano de C&oacute;rdoba est&aacute; la cara de la Pepa, formada con mosaicos blancos y negros de un mural recuperado y una placa que explica su historia, la recuerda, respeta y conmemora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Higui de Jes&uacute;s fue absuelta en 2022 al considerarse leg&iacute;timo su accionar para defenderse del intento de una violaci&oacute;n grupal correctiva en 2016. Uno de sus agresores la amenaz&oacute; con las siguientes palabras: <em>te voy a hacer sentir mujer, forra lesbiana</em>.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        El 12 de mayo de 2024 escribo: hoy muri&oacute; la tercera lesbiana asesinada en Barracas dentro de un orden pol&iacute;tico donde se enaltece ser cruel y donde hay una estrategia para bajarle el precio a cualquier vida considerada no demasiado v&aacute;lida. Y hay silencio de los medios que acompa&ntilde;an esto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo a la vocer&iacute;a del gobierno decir inmediatamente en las redes sociales, en su apuro por provocar, que el t&eacute;rmino lesbicidio no exist&iacute;a. Ese fue el gesto compasivo frente a tres asesinadas.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Es fines de enero de 2025 y el presidente y su amplia vocer&iacute;a dice barbaridades en las cumbres, en las radios, en las redes sociales, insiste en intentar recortar derechos y avanza para suprimir las voces y las existencias de personas a las que ven como una amenaza intolerable, una amenaza que tiene como nervio la autonom&iacute;a a nivel del cuerpo, personal y colectivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La marcha antifascista del 1 de febrero fue una respuesta al recrudecimiento de estos discursos que es la renovaci&oacute;n siempre latente de quedarse con el poder de definir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hagan lo que quieran puertas adentro, puertas afuera no, dicen, buscando actualizar la injuria. <em>La injuria no se conforma con decirme lo que soy. La injuria me hace saber que qui&eacute;n la dice tiene poder sobre m&iacute;, que estoy a su merced. Y ese poder, es, en principio, el de herirme</em>, dice Didier Eribon en <strong>Reflexiones sobre la cuesti&oacute;n gay</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        McKenzie Wark se pregunta en su &uacute;ltimo libro <strong>Amor y dinero, sexo y muerte</strong> &iquest;<em>Por qu&eacute; resulta tan importante suprimir a una peque&ntilde;a minor&iacute;a compuesta mayormente por gente sin poder?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>*</em>
    </p><p class="article-text">
        Pero como dice el meme, ellos no saben que no nos importa tanto lo que pasa en una cama como lo que pasa afuera, no importa tanto lo que pasa puertas adentro como lo que pasa en fiestas y reuniones, en la conversaci&oacute;n y en la charla que arman una esfera p&uacute;blica particular tejida por las afinidades electivas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Ser lesbiana genera desconfianza o reparos o rechazo o deseo o, lo peor: muchas veces todo eso junto. Ser lesbiana puede ser una amenaza a la masculinidad. Ser lesbiana es tragedia y fantas&iacute;a como dijo Euge en un nota que le&iacute;. Lesbiana Lesbiana Lesbiana Lesbiana Lesbiana Lesbiana Lesbiana dice una remera de una amiga en horizontal. La palabra est&aacute; estampada todas esas veces.
    </p><p class="article-text">
        Las lesbianas no son mujeres dijo Wittig y sigue generando esc&aacute;ndalo. Simone de Beauvoir dijo que no se nace mujer, se llega a serlo y Wittig dijo no hay necesidad de llegar a serlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>III</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me gusta mi reloj dorado y mi cadena dorada, me gustan los boxers y la petaca Stanley que me regal&oacute; mi ex. El Dior Homme y el Polo Green de Ralph Lauren, car&iacute;simos ahora, incomprables, me estoy encanutando lo que me queda. En un punto sigo siendo esa nena fascinada con su ropa y con sus cositas. Una nena que le gustaba usar indumentaria c&oacute;moda y amplia, para hacer deportes, para correr, para tirarse en el pasto con las piernas abiertas. Una nena que insist&iacute;a en usar pantalones de corderoy, camisas le&ntilde;adoras y mocasines marrones para ir a un cumplea&ntilde;os o para ser la del cumplea&ntilde;os. O joggings con pu&ntilde;os combinados con zapatillas. Que amaba los equipos de gimnasia Diportto, Pony o Adidas. Una nena que no soportaba vestidos ni pelo largo ni sandalias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Me encantaba que otra ex me dijera sos tan mujer, tan mujer, nunca estuve con una mujer tan as&iacute;, tan mujer. Un tipo que me quiso pegar en la calle me dijo yo te puedo pegar, si vos no sos una mujer. Creo que una lesbiana genera frustraci&oacute;n y es un chivo expiatorio por mostrar que nadie se adec&uacute;a a lo que persigue, de que el signo no se adec&uacute;a a la cosa. Me gusta andar por las fronteras, merodear los bordes. A veces me quedo demasiado en esas zonas y el precio es alto. Tambi&eacute;n practico un deporte de combate.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando estaba pensando en esta columna le pregunt&eacute; a Lisa sobre qu&eacute; escribir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute; sobre el fuego, me dijo. Est&aacute; pasando algo con el fuego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me doy cuenta de que me gusta una chica. Despu&eacute;s me doy cuenta de que me gusta otra. Despu&eacute;s me doy cuenta de que me gusta otra. No le cuento a ninguna y me pregunto qu&eacute; me pasa. Sufro mucho, me doy cuenta de que es algo que no puedo contar porque no caer&iacute;a bien. Pienso que soy la &uacute;nica persona en el mundo as&iacute;. Empiezo a pasar demasiado tiempo en mi cabeza. Casi no me comunico con nadie. Hoy trabajo con palabras tambi&eacute;n, como Vir.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        No nos tienen que dar un espacio para ser, el espacio somos nosotras, dijo Paula y no se me borr&oacute;. Tambi&eacute;n que cuando hay niebla hay que ir despacio para no chocar con el de adelante pero tampoco frenar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Somos todo lo que nos cost&oacute; y cuesta a&uacute;n hoy. Una trinchera existencial, un lugar de encuentro, una casa, un refugio, una red que es a veces dejarse ver, y a veces ocultarse.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces siento que simplemente somos un estar m&aacute;s cerca distinto a otros estar m&aacute;s cerca, y esa sensaci&oacute;n me gusta. Y es simplemente eso, y es un mont&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvina Giaganti]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Mar 2025 11:17:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Apuntes sobre visibilidad en momentos de niebla]]></media:title>
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