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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciana Mantero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/luciana-mantero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciana Mantero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Querer ser madre y no poder: dolor, negocio y silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/madre-no-dolor-negocio-silencio_132_12211275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebe2ed97-f324-4eb5-84f7-331606d3b2e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Querer ser madre y no poder: dolor, negocio y silencio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se estima que uno de cada seis adultos tiene desafíos reproductivos, pero el tema sigue siendo tabú. Y aunque las leyes deben acompañar a las que desean maternar, relatan que se encuentran trabas, cargos ocultos y falta de empatía. </p></div><p class="article-text">
        Mariela se retuerce hasta encontrar una postura c&oacute;moda frente a la c&aacute;mara de su computadora. Est&aacute; a punto de entrar en un taller de escritura para volcar sus experiencias en la b&uacute;squeda de la maternidad. Apoya la espalda en unos almohadones y entrecierra los ojos. Su d&iacute;a de arquitecta se termina. Con un suspiro se desinfla sobre la cama, aureolas ojerosas alrededor de sus ojos, labios apretados. No ha podido dormir bien las &uacute;ltimas tres noches desde que su empresa de medicina prepaga le avis&oacute; que para hacer su &uacute;ltimo intento de tratamiento de reproducci&oacute;n asistida con sus propios &oacute;vulos junto a su pareja, s&oacute;lo puede optar por tres cl&iacute;nicas: una lej&iacute;simos y de la que le hablaron mal, otra a la que ya fue y se sinti&oacute; maltratada y la &uacute;ltima en la que le dicen que no, que la prepaga est&aacute; incumpliendo los pagos y no atienden m&aacute;s afiliados. Al menos tiene cobertura social. En el sistema p&uacute;blico llegar a esta posibilidad es casi como encontrar una perla en el mar vasto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lleva casi cinco a&ntilde;os de b&uacute;squeda entre an&aacute;lisis, procesos emocionales internos, tratamientos de baja complejidad (inseminaci&oacute;n y relaciones sexuales programadas) y de alta complejidad (cuando la fecundaci&oacute;n sucede <em>in vitro</em>, afuera del cuerpo de la mujer) que no han funcionado. Est&aacute; pensando si pagar o no este &uacute;ltimo intento de su bolsillo. <strong>Sabe que la Ley 26.862 la asiste en la cobertura de tres tratamientos de alta complejidad (se discute si es por a&ntilde;o o de por vida)</strong>, y toda la medicaci&oacute;n y estudios diagn&oacute;sticos. Ella lleva dos. Est&aacute; decidiendo si &ldquo;gastarse&rdquo; esa tercera posibilidad con los &oacute;vulos de sus 43 -algo que todos los m&eacute;dicos desestimulan- o intentarlo con los de otra mujer m&aacute;s joven, una donante an&oacute;nima (y por ende con m&aacute;s chances de fertilizar). Todo esto mientras lidia internamente con la incertidumbre y el miedo de que el tratamiento no funcione y ese hijo nunca llegue, con el dolor de otra vez poner el cuerpo -los pinchazos en la panza, las hormonas arrebatadas, la acrobacia de conseguir los turnos m&eacute;dicos, el llano de las esperas en los consultorios, la vida sexual que es un p&aacute;ramo y tiene a un tercero (la ciencia) en el medio- y con sus fantasmas sobre la posible gen&eacute;tica extra&ntilde;a de su futuro hijo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mariela es el nombre falso de una mujer real que quiere proteger su intimidad pues el tema sigue siendo un tab&uacute;. Y aunque la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud nomencla la infertilidad como una enfermedad, se sigue viviendo como una falla de la persona.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h2 class="article-text">Decisiones condicionadas</h2><p class="article-text">
        <strong>Lo que los psic&oacute;logos llaman el &ldquo;duelo gen&eacute;tico&rdquo; es otro moj&oacute;n a atravesar, o no. </strong>Mariela intenta aceptarlo, pero se pregunta si entonces ser&aacute; &ldquo;menos hijo&rdquo;, si entonces se parecer&aacute; a la donante y se desconocer&aacute;n, si acaso los afectar&aacute; a ambos en su psiquis, en su v&iacute;nculo, en la construcci&oacute;n de su identidad. En qu&eacute; pasar&iacute;a si ese hijo quisiera acceder alg&uacute;n d&iacute;a a los datos de su donante, en el proceso judicial necesario para salvaguardarlos. Mariela se va hacia el futuro porque en esta cuesti&oacute;n todo tiene consecuencias hondas. Su psic&oacute;loga, sus amigas, otras mujeres que han tenido hijos con donaci&oacute;n de &oacute;vulos o espermatozoides le dicen que, al parir, esos miedos se evaporan y lo que m&aacute;s pesa es el v&iacute;nculo de amor, que la gen&eacute;tica es lo de menos, que aproveche esta gran oportunidad que le da la ciencia. Pero ella no est&aacute; segura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ha escuchado en los grupos de las ONG Concebir y &ldquo;Abrazo por dar vida&rdquo;, sobre muchas mujeres que no tienen cobertura, que lo intentan en el sistema p&uacute;blico de salud y que quiz&aacute;s logran un tratamiento de baja complejidad. <strong>Para la alta complejidad hay cinco centros p&uacute;blicos en hospitales del pa&iacute;s </strong>(en Caba, provincia de Buenos Aires, C&oacute;rdoba, San Juan y Tucum&aacute;n), <strong>la lista de espera es larga </strong>(y en fertilidad el tiempo biol&oacute;gico es precioso), <strong>los cupos son escas&iacute;simos </strong>y en ovodonaci&oacute;n, al no haber bancos p&uacute;blicos de gametos, todo queda supeditado a un posible convenio con centros privados. Tambi&eacute;n al env&iacute;o de la medicaci&oacute;n de Naci&oacute;n o de los gobiernos provinciales. <strong>Desde la &eacute;poca del Covid el engranaje ha quedado destartalado y con un funcionamiento m&iacute;nimo y en este &uacute;ltimo tiempo -dicen las fuentes consultadas- es a&uacute;n peor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estar frente al miedo y la incertidumbre de querer y no poder tener un hijo, es toda una epopeya emocional.
    </p><h2 class="article-text">Un dolor masivo, pero silencioso</h2><p class="article-text">
        Se piensa muchas veces que con la ciencia de la fertilidad se resuelve todo. Pero cada tratamiento con &oacute;vulos en buenas condiciones biol&oacute;gicas (y esto depende mayormente de la edad), tiene <strong>una chance de &eacute;xito del 30%, seg&uacute;n el Conicet. Y el camino puede durar a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El dolor de una b&uacute;squeda sin suerte es equiparable al duelo por la p&eacute;rdida de un ser querido&rdquo;, sostiene la psic&oacute;loga especialista Laura Wang.
    </p><p class="article-text">
        La burocracia y la econom&iacute;a se enmara&ntilde;an con las emociones, que tienen sus propias l&oacute;gicas. Mientras la edad de la maternidad promedio en el mundo se atras&oacute; (seg&uacute;n el <a href="https://www.estadisticaciudad.gob.ar/eyc/wp-content/uploads/2022/11/Ir_2022_1710.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de fecundidad en la Ciudad de Buenos Aires</a> por ejemplo, pas&oacute; de 28 en 2002 a 32,4 en 2021) y <strong>los tratamientos de fertilidad crecieron abruptamente en la &uacute;ltima d&eacute;cada </strong>(los gr&aacute;ficos del <a href="https://www.icmartivf.org/wp-content/uploads/ICMART-world-report_2019_preliminary.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">registro mundial ICMART</a> indican que entre 2016 y 2019 la cantidad de tratamientos de alta complejidad subi&oacute; de 1.800.000 a 3.400.000), siguen aumentando las mujeres (las personas) que quieren tener hijos y no pueden en un dilema que pas&oacute; de ser algo excepcional,&nbsp;a un tema que atraviesa en voz baja las conversaciones cotidianas, pues se lo sigue viviendo con verg&uuml;enza. Afecta a uno de cada seis adultos (17,5% de la poblaci&oacute;n) <a href="https://www.who.int/es/news/item/04-04-2023-1-in-6-people-globally-affected-by-infertility" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud</a>. Son, entonces, alrededor de cuatro millones de argentinos, 2.200.000 las argentinas (el porcentual seg&uacute;n <a href="https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/poblacion/censo2022_fecundidad.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mujeres edad reproductiva</a>) que no logran un embarazo o no pueden llevarlo a t&eacute;rmino; equivale a una Mendoza llena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se suman las parejas homoparentales y monoparentales, cuya infertilidad, como se dice en la jerga m&eacute;dica, es &ldquo;estructural&rdquo;. Es decir, les falta parte de la estructura biol&oacute;gica necesaria entonces requieren de un tratamiento de fertilidad con donaci&oacute;n de gametos (y quiz&aacute;s del cuerpo de una mujer, en los pa&iacute;ses en los que la subrogaci&oacute;n est&aacute; permitida) o de la adopci&oacute;n para lograr tener un hijo.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n siendo algo cada vez m&aacute;s com&uacute;n, el dolor de querer y no poder y todas las peripecias que suelen vivirse en el camino sigue estando socialmente invisibilizado y subestimado.
    </p><h2 class="article-text">Poner el cuerpo</h2><p class="article-text">
        A In&eacute;s Schvartzman la mandaron a hacer la fila de recepci&oacute;n en el hall de entrada del Hospital G&uuml;emes con los pies llenos de sangre. Era septiembre de 2024 y estaba perdiendo su segundo embarazo, esta vez de un mes y medio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se hab&iacute;a hecho su tercer tratamiento en siete a&ntilde;os, buscaba ser madre en un modelo de familia monomarental con donaci&oacute;n de espermatozoides. Hab&iacute;a quedado embarazada pero con el transcurrir de las semanas, el embarazo se detuvo y le indicaron esperar que la p&eacute;rdida se desencadenara sola.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sinti&oacute; que no aguantaba, fue al hospital. Era viernes y le dijeron que iban a internarla y esperar al lunes. Esper&oacute; esa cama doce horas hasta que se cans&oacute; y se fue a su casa. A pesar de lo que manda la ley, la Obra Social no le cubr&iacute;a el misoprostol necesario para provocar el aborto. Recurri&oacute; a una red de mujeres y empez&oacute; el proceso en su casa, acompa&ntilde;ada de su prima. Unas horas despu&eacute;s decidi&oacute; ir al hospital, con la sangre cayendo hasta sus pies.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Parece una paradoja, pero el aborto fue un parto. Yo no terminaba de perderla&rdquo;. Se llamaba Indiana y la tiene tatuada en su cuerpo, debajo de la nuca, en esa piel fr&aacute;gil que esconde el pelo est&aacute; el trazo negro en una imprenta redondeada y con una clave de sol trasversal. Dos a&ntilde;os antes hab&iacute;a gestado hasta el sexto mes a Oliver. Ahora que decidi&oacute; parar con su b&uacute;squeda los atesora, los rememora, los relata como otra manera de despedirse. Con el amor de sus pupilas celestes acuosas y su voz desafectada. Una parte de su cuerpo muestra el dolor, la otra sigue adelante. Lleva puesto el desconsuelo de haber parido a Oliver en una sala de prepartos, de escuchar en silencio los llantos de las otras habitaciones, de bajar el ascensor de salida con los brazos vac&iacute;os al lado de una mujer con su beb&eacute;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Inés tiene un tatuaje para recordar el segundo embarazo que no llegó a término. Denomina “insensateces” a algunas de las circunstancias que vivió buscando la maternidad. Por ahora, dijo “hasta acá”"
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                Inés tiene un tatuaje para recordar el segundo embarazo que no llegó a término. Denomina “insensateces” a algunas de las circunstancias que vivió buscando la maternidad. Por ahora, dijo “hasta acá”                            </span>
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        Se r&iacute;e y mueve la cabeza de un lado a otro cuando se dispone a enumerar una serie de &ldquo;insensateces&rdquo; que atraves&oacute;: fecundaron sus &oacute;vulos con un donante de distintas caracter&iacute;sticas a las que ella hab&iacute;a elegido (como es rubia y de ojos claros, supusieron que buscaba alguien igual); las 24 horas que le dieron de un Juzgado para decidir si quer&iacute;a intentar la adopci&oacute;n de un beb&eacute; con discapacidad abandonado en un hospital; los varios zoom en el que distintas personas anotadas en la Direcci&oacute;n Nacional del Registro &Uacute;nico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DN RUA) &ldquo;compet&iacute;an&rdquo; por alg&uacute;n ni&ntilde;o declarado en estado de adoptabilidad; la vez que le pidi&oacute; a su doctora especialmente que no le dijera nada a su pareja sobre la posible donaci&oacute;n de su esperma porque s&oacute;lo iba a acompa&ntilde;arla a la consulta, y fue lo primero que ella hizo al recibirlos; cuando la metieron in&uacute;tilmente en un quir&oacute;fano para extraerle &oacute;vulos, a&uacute;n no habiendo detectado ninguno en las ecograf&iacute;as previas. Unos meses despu&eacute;s le dijeron: &ldquo;Debe haber sido un error&rdquo;, aunque ella est&aacute; segura de que lo hicieron para cobrar la pr&aacute;ctica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue todo un proceso de duelo primero aceptar que no iba a estar en pareja para concebir ni a ser madre de la manera convencional. Me tom&oacute; bastante tiempo tener la fortaleza y la claridad para poder intentarlo sola. Despu&eacute;s vino el duelo de no poder con mis propios &oacute;vulos. Despu&eacute;s el duelo de las p&eacute;rdidas de los embarazos, el dolor en el cuerpo, las esperas sin un llamado cuando me anot&eacute; en el Registro de Adopci&oacute;n, del que me termin&eacute; dando de baja. Y ahora el duelo de decir &lsquo; hasta ac&aacute;&rsquo;. Fue toda una d&eacute;cada, ya estoy grande para esto. No quiero sufrir m&aacute;s, o sea, no quiero tentar a la locura&rdquo;, asegura In&eacute;s.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El costo emocional</h2><p class="article-text">
        Desde su consultorio Wang desmigaja: &ldquo;Las pacientes dicen que las mujeres que son madres, o van a serlo, cuentan y publican a los cuatro vientos que est&aacute;n embarazadas, y que son esas mismas mujeres, que saben del inmenso lugar que ocupa ese deseo, las que no dan lugar al dolor que produce no lograr un embarazo&rdquo;. Y aporta: &ldquo;En nuestra sociedad la infertilidad no tiene inscripci&oacute;n ps&iacute;quica como trauma. No se habla de ese sufrimiento entre las mujeres y entre los varones tampoco. No hay legitimidad para expresar ese dolor, para hablar del miedo que produce toparse con la posibilidad de no tener hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un reporte de la Fertilty Network del Reino Unido sobre una encuesta publicada en el 2022 -cuenta el m&eacute;dico especialista en Reproducci&oacute;n, Adan Nabel-, describe <strong>el impacto de los tratamientos de Fertilidad en las pacientes: 59% expresaron un impacto negativo en su relaci&oacute;n de pareja, 47% experimentaron depresi&oacute;n frecuentemente o todo el tiempo, 40% tuvieron en alg&uacute;n momento un sentimiento de suicidio, 36% sintieron que su carrera se vio da&ntilde;ada por los tratamientos de fertilidad</strong>. &ndash;y se pregunta&ndash; &iquest;Somos conscientes los m&eacute;dicos de lo que sienten nuestros pacientes?&rdquo;.
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                    alt="Ángeles al comenzar su camino para ser madre. Fueron ocho años, ocho tratamientos, once transferencias y un embarazo detenido antes de la llegada de su hija"
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                Ángeles al comenzar su camino para ser madre. Fueron ocho años, ocho tratamientos, once transferencias y un embarazo detenido antes de la llegada de su hija                            </span>
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        Aurora lleg&oacute; a la vida de Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Castro Stoppini, una mendocina sensible y feroz, despu&eacute;s ocho a&ntilde;os, ocho tratamientos, once transferencias y un embarazo detenido. Cuando dej&oacute; de vivir entre par&eacute;ntesis, de postergar su vida en pos de ese hijo que no llegaba, cuando instal&oacute; en el cuarto que esperaba al hijo un escritorio y muchas plantas, cuando empez&oacute; a viajar, a armarse una vida linda y confortable a la que volver, cuando empezaron con su marido a ser una pareja sin hijos, una m&eacute;dica amorosa la convenci&oacute; de que encontrar&iacute;a a los donantes adecuados, de que lo intentaran una vez m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a empezado un taller para escribir sobre eso: sobre otros posibles finales felices, algo que la psic&oacute;loga hab&iacute;a habilitado en su terapia de pareja y que le hizo mucho bien. <strong>&ldquo;Estaba armando al fin una vida de cosas que me gustaban y reconfortaban en el alma y empec&eacute; a sentir que eso es f&eacute;rtil; para m&iacute; eso es la fertilidad, no solamente un hijo&rdquo;, </strong>sonr&iacute;e &Aacute;ngeles.
    </p><p class="article-text">
        Lo suyo hab&iacute;a sido una epopeya, reh&eacute;n de los dos &uacute;nicos centros de fertilidad de la provincia en los que los m&eacute;dicos dejaron todo que desear.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando perdi&oacute; su primer embarazo lo llam&oacute; al m&eacute;dico, que no le contest&oacute; el tel&eacute;fono. Le escribi&oacute; avis&aacute;ndole que estaba sangrando, &eacute;l le respondi&oacute; al d&iacute;a siguiente por mensajito que se quedara tranquila, que era normal. No le hizo caso y fue al hospital: estaba teniendo un aborto. Unos d&iacute;as despu&eacute;s, en la consulta, ella expuso su enojo. &Eacute;l le dijo que su v&iacute;nculo m&eacute;dico-paciente se hab&iacute;a terminado, sin darle ninguna posibilidad ni derivaci&oacute;n. Tuvo que ir a buscar a alguien m&aacute;s que la acompa&ntilde;ara hasta que no quedaran restos dentro suyo de ese hijo que no ser&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya ven&iacute;a con un camino dif&iacute;cil. En otra cl&iacute;nica le hab&iacute;an querido cobrar un estudio que se mandaba a hacer a Estados Unidos en d&oacute;lar billete, cuando la regulaci&oacute;n permit&iacute;a pagar con transferencia y a cambio oficial y costaba la mitad. Termin&oacute; haci&eacute;ndolo directamente en Buenos Aires. Cuando volvi&oacute; a la consulta, el due&ntilde;o del centro le recrimin&oacute; que por su culpa ese estudio (el Test de endometrio ERA) ya no se har&iacute;a m&aacute;s en la provincia, que le hab&iacute;a quitado la posibilidad a otras pacientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como en el caso de decenas de testimonios, justo antes de una de las ocho transferencias del embri&oacute;n al &uacute;tero (algo que lleva semanas de preparaci&oacute;n hormonal, emocional y medicaci&oacute;n costosa), el centro le avis&oacute; que deb&iacute;a pagar m&aacute;s: hab&iacute;a un problema con la obra social en su caso, y en otros faltaba un insumo que la prepaga no terminaba de cubrir. <strong>El pedido de copagos para insumos importados, para t&eacute;cnicas supuestamente no cubiertas por la Ley o para medicaci&oacute;n alternativa se ha vuelto moneda corriente.</strong> Antes hab&iacute;a trabas de obras sociales y prepagas, ahora tambi&eacute;n de los centros de fertilidad, cuenta Paula Castro, una abogada especialista que despu&eacute;s de siete a&ntilde;os de tratamientos de fertilidad hoy tiene a Sim&oacute;n de 4.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Han sido muchos a&ntilde;os de mucha violencia por todos lados, violencia simb&oacute;lica, econ&oacute;mica, psicol&oacute;gica. Los m&eacute;dicos no tienen ni idea del da&ntilde;o que generan con lo que dicen. No est&aacute;n preparados, han hecho una especialidad que ha crecido un mont&oacute;n y no se han aggiornado. No saben c&oacute;mo acompa&ntilde;arte&rdquo;, asegura &Aacute;ngeles.
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                “Han sido muchos años de mucha violencia por todos lados, violencia simbólica, económica, psicológica”, asegura Ángeles. La tensión entre su deseo y los requerimientos económicos de los centros de fertilidad fue constante                            </span>
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        El especialista Adan Nabel lo reconoce: &ldquo;Algunos m&eacute;dicos tienden a creer que los aspectos emocionales no son parte de su sapiencia ni su incumbencia y que somos meros operadores para alcanzar el objetivo de lograr el embarazo&rdquo;. Es responsabilidad de sus colegas, sostiene, habilitar un espacio propio para un v&iacute;nculo donde prevalezca la autonom&iacute;a del paciente para tomar sus propias decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Agrega: &ldquo;Este nuevo paradigma de respeto requiere mucho tiempo para poder transmitir conocimientos, para poder comparar las distintas alternativas terap&eacute;uticas&rdquo;. La necesidad del tiempo colisiona con la retribuci&oacute;n econ&oacute;mica pero no es s&oacute;lo eso. Encontrar profesionales con sensibilidad sigue siendo la excepci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El camino de la adopci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Adoptar tambi&eacute;n resulta un desaf&iacute;o emocional que empieza con la decisi&oacute;n de tomar ese camino.
    </p><p class="article-text">
        Desde la pandemia hubo una baja &ldquo;muy importante&rdquo; en los postulantes a la adopci&oacute;n, cuenta Laura Salvador, referente de la ONG Ser familia por Adopci&oacute;n y madre de dos adolescentes que llegaron por esa v&iacute;a. Ella cree que se explica por la depuraci&oacute;n del Registro en base a criterios m&aacute;s estrictos y por la crisis econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La experiencia reciente, cuenta Salvador, es que hay muchos postulantes que han sido convocados en un tiempo relativamente corto ya sea por ni&ntilde;os transitando su segunda infancia como as&iacute; tambi&eacute;n por ni&ntilde;os peque&ntilde;os. &ldquo;La realidad respecto a la tan mentada &lsquo;espera&rsquo; de los adultos ha cambiado un mont&oacute;n&rdquo;, sostiene. Pero sigue faltando quien quiera mapaternar ni&ntilde;os m&aacute;s grandes, adolescentes, hermanos y ni&ntilde;os con alguna discapacidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por los talleres y espacios de la ONG pasan unas 800 personas cada a&ntilde;o en busca de informaci&oacute;n, preparaci&oacute;n, asesoramiento.</strong> La multiplicidad de historias y en funci&oacute;n de ellas de estados, sensaciones, emociones y desaf&iacute;os es enorme. Hay mujeres y hombres que llegan para formar familias monoparentales porque deciden ser madres y padres sin pareja, quienes forman parte de una pareja heteroparental u homoparental. &ldquo;La mujer que viene despu&eacute;s de a&ntilde;os de tratamientos, llega a la adopci&oacute;n despu&eacute;s de much&iacute;simo sufrimiento f&iacute;sico y emocional, de una desilusi&oacute;n y de un duelo grand&iacute;simos porque en un momento dado dijo: no voy a poner m&aacute;s mi cuerpo, no voy a ser madre biol&oacute;gica, no va a haber panza y voy por la adopci&oacute;n -reflexiona Salvador-. No es lo mismo que parejas que se deciden directamente por formar su familia por adopci&oacute;n, esos padres llegan desde otro lugar. Pero que la adopci&oacute;n sea plan A, es minoritario. Generalmente es plan B o plan C. Y&nbsp; no todos han elaborado lo que les pas&oacute; hasta llegar ac&aacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez, despu&eacute;s de 14 a&ntilde;os de existencia de la ONG, Salvador dice que est&aacute;n llegando personas en busca de informaci&oacute;n para tomar la decisi&oacute;n con m&aacute;s conciencia y responsabilidad antes de anotarse en el registro que le corresponda. Y eso la llena de alegr&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Enfrentar el dolor</h2><p class="article-text">
        Hace poco Castro Stoppini se encontr&oacute; con un cuaderno de cuando empez&oacute; su tratamiento.&nbsp; Ven&iacute;a con una frase impresa en la primera p&aacute;gina: &ldquo;Cuando dese&aacute;s algo con el coraz&oacute;n, el universo conspira a tu favor&rdquo;. &ldquo;Esa fue la primera trampa en la que ca&iacute;&rdquo;, recuerda ahora: &ldquo;A medida que pasa el tiempo y ese hijo no llega, nos acosa la sensaci&oacute;n de que es porque no lo deseamos lo suficiente. Cuando uno tiene dificultades reproductivas hace falta mucho m&aacute;s que el deseo. La poca visibilidad social del tema est&aacute; ligada a que todav&iacute;a no nos bancamos otras respuestas que la familia formada como &uacute;nico final feliz. Hay muchos otros finales felices que no contamos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El camino se vive con mucha soledad, coinciden todas las entrevistadas, sobre todo porque la mayor&iacute;a de las personas que las circundan no se le animan al dolor, lo evitan, intentan ignorarlo. El resultado es la invisibilizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mariela prende la c&aacute;mara del zoom y del otro lado hay un grupo de mujeres que sabe lo que es estar en ese baile de la infertilidad. Juntas descular&aacute;n sus miedos, abrazar&aacute;n sus penas, exorcizar&aacute;n su soledad. Escribir&aacute;n sobre lo que necesitan que los otros les digan, se intercambiar&aacute;n informaci&oacute;n, har&aacute;n tribu. Se preparar&aacute;n para lo que venga sin bajar los brazos. No s&oacute;lo emp&aacute;ticas, tambi&eacute;n compasivas dejar&aacute;n que la noche caiga, se dir&aacute;n hasta la semana que viene y se ir&aacute;n para seguir con sus desaf&iacute;os. Volver&aacute;n a la realidad de los lechos sin sue&ntilde;os interrumpidos ni pa&ntilde;ales que esperan. Se sabr&aacute;n juntas, pero &uacute;nicas. Apagar&aacute;n la vela de un soplido,intentar&aacute;n buscar (acaso mientras tanto) otros posibles finales felices.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LM / MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciana Mantero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/madre-no-dolor-negocio-silencio_132_12211275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Apr 2025 02:59:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Querer ser madre y no poder: dolor, negocio y silencio]]></media:title>
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