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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pedro Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/pedro-sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pedro Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La excepcionalidad española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/excepcionalidad-espanola_129_12784233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa7c3a7b-3373-4e3c-8670-c2981be944cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La excepcionalidad española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es precisamente ahora, cuando algunos idealizan regímenes autoritarios y se aferran a la nostalgia de un pasado que nunca fue, cuando debemos dar un paso al frente en defensa de una libertad que durante tantos años nos fue arrebatada</p></div><p class="article-text">
        En un tiempo marcado por la inmediatez, donde las redes imponen el ritmo y las noticias caducan en horas, vivimos atrapados en una memoria de corto plazo, donde el ayer se olvida con rapidez y el ma&ntilde;ana apenas se vislumbra. Esta mirada limitada al ahora tiene un nombre, sesgo del presente, y nos hace creer que lo que vivimos hoy fue siempre as&iacute;. Esa visi&oacute;n sesgada condiciona nuestra percepci&oacute;n de la realidad. Y se hace muy presente en d&iacute;as como el de hoy, en los que recordamos que la Espa&ntilde;a de este 2025 se parece muy poco a la de aquel 1975.
    </p><p class="article-text">
        Aquel 20 de noviembre no s&oacute;lo marc&oacute; el final de la &uacute;ltima dictadura de Europa Occidental. Sino el comienzo de un viaje que hab&iacute;a de llevarnos a recuperar la libertad y la prosperidad y a reconquistar la democracia perdida. 
    </p><p class="article-text">
        Un viaje que, visto hoy con perspectiva hist&oacute;rica, representa una historia de &eacute;xito casi &uacute;nica: pasar de una dictadura represiva a una democracia plena; de ser un pa&iacute;s pobre y aislado, a uno pr&oacute;spero e integrado en el mundo. Se trata de un logro excepcional que muy pocos han conseguido. De entre casi cien pa&iacute;ses con m&aacute;s de diez millones de habitantes, solo cuatro han seguido un camino similar en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Una excepcionalidad que no podemos permitirnos olvidar, al menos por dos razones. Primero, porque no reconocer la magnitud de la transformaci&oacute;n pol&iacute;tica econ&oacute;mica y social de nuestro pa&iacute;s nos impide ser justos con nuestro pasado y nuestro presente.
    </p><p class="article-text">
        Y, en segundo lugar, porque olvidar ese pasado implica ignorar a los grandes protagonistas de esta transformaci&oacute;n. Protagonistas que no figuran con sus nombres en los libros de historia. Y que tampoco son recordados en el callejero de las ciudades donde se manifestaron, en los campus que tomaron, en las parroquias en las que se refugiaron o en las f&aacute;bricas donde lucharon por su dignidad laboral. 
    </p><p class="article-text">
        Porque, si bien es justo reconocer a quienes, desde posiciones de responsabilidad, tuvieron la visi&oacute;n pol&iacute;tica y el esp&iacute;ritu de concordia necesarios para encauzar una democracia aun fr&aacute;gil, tambi&eacute;n lo es recordar que la democracia no cay&oacute; del cielo. No naci&oacute; de una coincidencia feliz ni de un consenso s&uacute;bito entre &eacute;lites convencidas de que el cambio era inevitable.  Tampoco fue una concesi&oacute;n generosa, al estilo de las cartas otorgadas del siglo XIX. 
    </p><p class="article-text">
        Fue el pueblo espa&ntilde;ol el que tir&oacute; hacia adelante en los momentos de duda. El que arranc&oacute; las libertades que habr&iacute;an de plasmarse poco despu&eacute;s en nuestra Constituci&oacute;n. El que tom&oacute; pac&iacute;ficamente las calles cuando fue necesario, para rendir tributo las &uacute;ltimas v&iacute;ctimas de una dictadura que se resist&iacute;a a desaparecer. El responsable de que la &uacute;nica desembocadura posible de la transici&oacute;n fuera una democracia moderna y libre.
    </p><p class="article-text">
        Fueron los trabajadores y las trabajadoras quienes lucharon por salarios justos, condiciones laborales dignas y pensiones que garantizasen una vejez segura. Fueron las mujeres espa&ntilde;olas quienes se dejaron la piel &ndash;y algunas, la vida&ndash; para conquistar una igualdad legal que les permitiera so&ntilde;ar en libertad y vivir con autonom&iacute;a. Fue la juventud la que empuj&oacute; a sus mayores a aceptar un pa&iacute;s m&aacute;s libre, m&aacute;s igualitario y con m&aacute;s oportunidades. Fueron ellos y ellas los verdaderos padres y madres de la democracia que hoy disfrutamos.
    </p><p class="article-text">
        Esos avances pueden parecernos obvios hoy, en un pa&iacute;s plenamente integrado en la Uni&oacute;n Europea, rodeado de socios democr&aacute;ticos y sociedades abiertas. Nos hemos acostumbrado a convivir con libertades, derechos y prosperidad, hasta el punto de dar por sentado que siempre estuvieron ah&iacute;. Pero no es as&iacute;. La Espa&ntilde;a de hoy es casi un milagro que solo se ha podido construir con el trabajo y el esfuerzo diario de millones de espa&ntilde;oles y espa&ntilde;olas. 
    </p><p class="article-text">
        Y no hubiera sido posible sin nuestra democracia. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy sabemos que las democracias crecen m&aacute;s, lo hacen de manera m&aacute;s sostenible, protegen mejor a sus sociedades frente a las adversidades, son m&aacute;s resilientes a las crisis econ&oacute;micas, canalizan mejor los conflictos, pagan mejores salarios y son m&aacute;s pac&iacute;ficas que los pa&iacute;ses que no tienen la suerte de serlo. 
    </p><p class="article-text">
        Ninguna democracia &ndash;tampoco la nuestra&ndash; es perfecta. Queda mucho por hacer para forjar la Espa&ntilde;a que queremos y podemos llegar a ser, con m&aacute;s oportunidades, m&aacute;s derechos y menos desigualdad. Ser conscientes de ello es lo que nos hace avanzar y mejorar. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, es precisamente ahora, cuando algunos idealizan reg&iacute;menes autoritarios y se aferran a la nostalgia de un pasado que nunca fue, cuando debemos dar un paso al frente en defensa de una libertad que durante tantos a&ntilde;os nos fue arrebatada. 
    </p><p class="article-text">
        Y cuando nos pueda el pesimismo y el ruido de la pol&iacute;tica y la confrontaci&oacute;n no nos permita ver la luz al final del t&uacute;nel, recordemos que habitamos en un pa&iacute;s &uacute;nico. Que vivimos en un presente que representaba una posibilidad &iacute;nfima hace cincuenta a&ntilde;os. Y que Espa&ntilde;a, los espa&ntilde;oles y las espa&ntilde;olas no dejar&aacute;n nunca que ese milagro desaparezca. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/excepcionalidad-espanola_129_12784233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Nov 2025 14:42:11 +0000]]></pubDate>
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