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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cristian Alarcón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/cristian-alarcon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Cristian Alarcón]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Y ahora quién cuidará el barrio?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ahora-cuidara-barrio_1_13184068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fc7bad7-df29-4a3f-b73d-089edacb304c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y ahora quién cuidará el barrio?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este texto forma parte de "Francisco, el último hombre bueno", de la Colección Futuro Anfibio de UNSAM Edita y que reúne a diversos autores para una mirada crítica y reflexiva sobre los años de Jorge Bergoglio en el Vaticano. Escriben también Pablo Semán, Diego Geddes, María Mansilla y Carlos Greco.</p></div><p class="article-text">
        &ndash;El papa me escribi&oacute; una carta. Dicen que llegar&aacute; en un rato.
    </p><p class="article-text">
        Se lo dije a Norma, una santiague&ntilde;a poderosa que hace 27 a&ntilde;os trabaja en mi casa y siempre ha cuidado de
    </p><p class="article-text">
        mi hijo y de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esa noche yo hab&iacute;a salido y hab&iacute;a vuelto tarde. Era viernes. Los jueves eran sagrados en aquella &eacute;poca, hace unos diez a&ntilde;os, cuando a&uacute;n uno era un animal party.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; papa?&ndash;pregunt&oacute; Normita, sin cre&eacute;rselo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; papa va a ser? Francisco&ndash;dije.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y desde cu&aacute;ndo el papa le escribe al diablo?
    </p><p class="article-text">
        Contest&oacute; Norma y dio un portazo porque ya no podr&iacute;a subir a la terraza, su dominio, a la espera del env&iacute;o vaticano.
    </p><p class="article-text">
        La carta lleg&oacute; enseguida. El timbre son&oacute; y ella baj&oacute; refunfu&ntilde;ando como de costumbre, sin acreditarlo. Subi&oacute;, pero se demor&oacute; en la cocina. La trajo en una bandeja de acero inoxidable &ndash;a falta de plater&iacute;a&ndash;, dando al asunto una trascendencia inusitada. El objeto desped&iacute;a un aura de enc&iacute;clica, de coro, de incienso y mirra. Era un sobre importante, con un sello lacrado en el centro.
    </p><p class="article-text">
        Al abrirla hab&iacute;a una tarjeta blanca de alto gramaje escrita con una letra que parec&iacute;a mil hormigas trasladando mil guijarros. Imagin&eacute; a Francisco en aquella tarea del siglo XIX, cuando la correspondencia era lo que forjaba los v&iacute;nculos de los hombres, escribi&eacute;ndole a gente com&uacute;n, de su pu&ntilde;o y letra, para compartir un parecer, para abrir un di&aacute;logo. Y me sent&iacute; extra&ntilde;o, responsable, visto desde alg&uacute;n lugar remoto en mi lecho de pecador, con resaca, fuera de lugar para una experiencia de ese tipo. Luego supe que eran cientos quienes pod&iacute;an recibir un texto de &eacute;l, buscando un contacto con el mundo que no quer&iacute;a que se le perdiera por su trascendencia hacia el poder eclesial.
    </p><p class="article-text">
        En la carta, Francisco era amable y generoso. &ldquo;Se&ntilde;or Alarc&oacute;n, he le&iacute;do con gusto su libro <em>Si me quer&eacute;s, quereme transa</em>. All&iacute; me encontr&eacute; con ese territorio que ha sido mi casa y me sent&iacute; cerca de esas vidas de personas a las que he conocido&rdquo;, dec&iacute;a al comienzo. Se refer&iacute;a al libro que yo hab&iacute;a escrito despu&eacute;s de seis a&ntilde;os de etnograf&iacute;a sobre los clanes narcos del Bajo Flores y sus batallas sangrientas para controlar el negocio. Se lo hab&iacute;a llevado de regalo el exrector de la UNSAM, Carlos Ruta. Bergoglio hab&iacute;a nacido, vivido y crecido en Flores. Y uno de sus mejores amigos era el padre Rodolfo Ricciardelli, un cura siempre comprometido con la opci&oacute;n por los pobres. Ricciardelli vivi&oacute; desde el 72 y hasta el 13 de julio del 2008 en la villa que ahora lleva su nombre. Al d&iacute;a siguiente de su muerte, llorada por todo el barrio, el entonces arzobispo de Buenos Aires ofici&oacute; la misa para despedirlo en la parroquia Santa Mar&iacute;a Madre del Pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Supe que era una carta papal despu&eacute;s de perder un par de d&iacute;as en adivinar el mensaje que hab&iacute;a llegado v&iacute;a mail del Episcopado. &ldquo;Se&ntilde;or Alarc&oacute;n, el P. Francisco desea hacerle llegar una misiva&rdquo;. Fui averiguando si se trataba de alguno de los curas villeros con los que hab&iacute;a trabajado en mis notas. &iquest;Era el padre Paco? &iquest;Era el padre Pepe? &iquest;Qui&eacute;n m&aacute;s de los sacerdotes del Tercer Mundo que hab&iacute;an copado cada parroquia del arzobispado de Buenos Aires y buena parte del Conurbano pod&iacute;a escribirme? &iquest;Por qu&eacute; no me hab&iacute;an llamado directamente? Hasta que mi exnovio &mdash;un converso total al catolicismo de la era Francisco&mdash; me dijo: &iexcl;Est&uacute;pida, si es el Episcopado y dice P. Francisco, es el papa!
    </p><p class="article-text">
        No pude soportarlo. Esa misma noche me fui de juerga.
    </p><p class="article-text">
        Dos cosas me sorprendieron de la carta. Primero, el papa dec&iacute;a: &ldquo;Sigo sus cr&oacute;nicas desde los a&ntilde;os noventa en P&aacute;gina/12&rdquo;. Entonces yo escrib&iacute;a cada domingo en el diario que m&aacute;s castig&oacute; a Bergoglio a trav&eacute;s de la pluma de Horacio Verbitsky. All&iacute; me tocaba investigar la vida en pleno neoliberalismo rampante, sus consecuencias en la calle, los modos perversos de aquel capitalismo predador, el costado m&aacute;s cruel de la pizza con champ&aacute;n menemista. Francisco no sab&iacute;a que yo hab&iacute;a querido ser cura de ni&ntilde;o, poco despu&eacute;s de mi comuni&oacute;n en la iglesia del barrio Don Bosco en Cipolletti, tierra salesiana, la del Alto Valle. Quiz&aacute;s la militancia socialista de los abuelos en Chile y ese paso por la iglesia donde se compart&iacute;a el pan con los m&aacute;s pobres era lo que me llevaba a un desbordante compromiso social desde el diario donde aprender&iacute;a a escribir y a investigar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recuerdo especialmente una sobre las ni&ntilde;as prostituidas en la avenida Amancio Alcorta. A&uacute;n la uso a veces para mis homil&iacute;as&rdquo;, dec&iacute;a Francisco.
    </p><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana un amigo me envi&oacute; esa cr&oacute;nica. La leo y me entristece leerla. Cito solo un di&aacute;logo con una de las ni&ntilde;as que pude entrevistar entonces:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Camila bien lo sabe. Cuando habla del tema no lo rodea, no lo esquiva, apenas lo menciona, r&aacute;pido, con las palabras que, aunque no haya estado presa, suenan con acento de tumba. Decat&aacute;nvenimo de Pontevedra. Mi mam&aacute;mishermanosomoquince.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por qu&eacute; empezaron?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Para tener plata. Pero empezaron otras, a m&iacute; no me gustaba.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ten&iacute;a miedo. De los viejos. Que te peguen. Que te maten. Algunos son como vos, otros son m&aacute;s viejos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Cu&aacute;nto cobran?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cinco pesos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Para qu&eacute; usan la plata?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nos metemos en Zavaleta a fumar. All&aacute; nos quedamos todo lo que podemos, hasta que perd&eacute;s la cuenta de lo que fumaste.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tus amigos tambi&eacute;n fuman paco.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No tengo amigos, tengo hermanos y primos, amigos hay cuando ten&eacute;s droga y plata.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Tus hermanos d&oacute;nde est&aacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Est&aacute;n por ah&iacute;... Mi mam&aacute; en la casa. Pero nunca vamos. Un d&iacute;a al a&ntilde;o, ponele. Dormimos en la calle, con cartones y frazadas.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;C&oacute;mo es un d&iacute;a tuyo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cuando me levanto, desayuno, pido comida, si tengo plata me voy a Zavaleta. Puedo pasarme una semana fumando.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;C&oacute;mo consiguen la plata?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es siempre igual. Antes yo no quer&iacute;a. Me parec&iacute;a que estaba mal. Pero despu&eacute;s no me di cuenta y empec&eacute;. Pasan muchos autos. Nos llevan arriba y hacen lo que los viejos quieren. Hac&eacute;s eso y tard&aacute;s un poco, depende de cu&aacute;nto tarde el viejo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Antes qu&eacute; hac&iacute;as?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vend&iacute;amos medias y guantes con mi mam&aacute;. En el tren. Ganaba plata. Ella la guardaba y las cosas eran para mi casa.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        De historias como esa hablaba Francisco en sus misas. Luego el papa me dec&iacute;a que hab&iacute;a le&iacute;do el comentario sobre el libro escrito por Mar&iacute;a Moreno en la contratapa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si la ve a Mar&iacute;a, por favor preg&uacute;ntele si a&uacute;n conserva el ejemplar de un libro de Constancio C. Vigil que yo le regal&eacute; en el a&ntilde;o 54&rdquo;. Yo no sab&iacute;a que Bergoglio, a los 18 a&ntilde;os, hab&iacute;a trabajado en un laboratorio bioqu&iacute;mico a cargo de la madre de Mar&iacute;a. Cuando llam&eacute; a Mar&iacute;a para decirle &ldquo;tenemos que ir a Roma a conocer al papa&rdquo;, me sac&oacute; carpiendo. Era el momento m&aacute;s &aacute;lgido de la lucha feminista por la Ley de Interrupci&oacute;n Voluntaria del Embarazo. No estaba para andar una arrastr&aacute;ndose en el Vaticano.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si fue por eso, o por mi desidia, o por pudor que no contest&eacute; nunca la carta bendita. Qued&oacute; atesorada en un rinc&oacute;n de mi estudio, tan atesorada que ahora deber&iacute;a dar vuelta cajones y cajones para encontrarla. Debe estar entera por ese material papal del que est&aacute; hecha.La recuerdo textual, por su caligraf&iacute;a, por el modo sencillo de su escritura. La recuerdo gracias al pedido de mis compa&ntilde;eros de Anfibia que me insisten, como tantas otras veces: ten&eacute;s que escribirlo. Aunque me lo piden, nunca lo hago; prefiero estar atr&aacute;s de los textos. Ahora lo hago convencido de que este que nos toca sin papa argentino es un momento pol&iacute;tico crucial. Estos d&iacute;as de ceremonias vaticanas, la inminente designaci&oacute;n del pr&oacute;ximo jefe de la Iglesia cat&oacute;lica, los relatos y an&aacute;lisis que se acumulan a cada minuto pintan un mundo en el que la excepcionalidad argentina jug&oacute; a nivel universal y dej&oacute; marca. La &eacute;poca nos trae males de una profundidad mayor que los que retrat&eacute; en mis cr&oacute;nicas marginales de los noventa. Durante las &uacute;ltimas semanas apenas me asomo a los territorios por las entrevistas de un podcast que comenzamos a grabar. Ahora no escribo. Ahora escucho. Y todo queda grabado. La tragedia social que hierve en los barrios supera varias veces lo que me toc&oacute; reportar hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. Ese es el mundo que perdi&oacute; a este papa. Y habr&aacute; que ver si el pr&oacute;ximo querr&aacute; decirlo, denunciarlo, combatirlo.
    </p><p class="article-text">
        <em>CA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Alarcón]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 03:02:00 +0000]]></pubDate>
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