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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lucía Sanguinetti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/lucia-sanguinetti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Lucía Sanguinetti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ozempic, influencers y detox: las nuevas caras de una vieja obsesión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ozempic-influencers-detox-nuevas-caras-vieja-obsesion_1_13243451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0406ff12-3c13-424e-ab2f-2255cbc851a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ozempic, influencers y detox: las nuevas caras de una vieja obsesión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre influencers, inteligencia artificial, estrellas de Hollywood y drogas para adelgazar, cada vez más mujeres viven atrapadas en la exigencia de ser flacas. Especialistas advierten cómo las redes sociales, el mercado y los mandatos sobre la feminidad profundizan una relación cada vez más violenta con el cuerpo.</p></div><p class="article-text">
        La delgadez siempre fue presentada como una aspiraci&oacute;n social, aunque detr&aacute;s de ese ideal se esconde <strong>un problema que atraviesa generaciones</strong>. Ahora, adem&aacute;s, a esa presi&oacute;n se le suman algoritmos, inteligencia artificial, influencers que dicen qu&eacute; hacer, una industria farmac&eacute;utica que vende inyecciones &ldquo;m&aacute;gicas&rdquo; y una sociedad cada vez m&aacute;s perdida entre lo virtual y lo real. 
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, <strong>la extrema delgadez de figuras como Demi Moore o Nathy Peluso volvi&oacute; a instalar debates sobre los cuerpos, los modelos de belleza y las nuevas formas de presi&oacute;n est&eacute;tica</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Antes se llamaba dieta. Ahora se llama detox. O wellness. O h&aacute;bitos saludables. Ya no se habla solamente de bajar de peso, sino de &ldquo;desinflamar&rdquo;, &ldquo;limpiar el cuerpo&rdquo;, &ldquo;verse mejor&rdquo;, &ldquo;sentirse bien&rdquo;. La l&oacute;gica es m&aacute;s sofisticada, pero el mensaje sigue siendo el mismo: hay que achicarse.
    </p><p class="article-text">
        Los detox est&aacute;n de moda hace rato. Se venden jugos verdes, ayunos intermitentes, desayunos proteicos y rutinas imposibles bajo la promesa de bienestar y &eacute;xito personal. La disciplina aparece como virtud m&aacute;xima: si no vas al gimnasio, si no com&eacute;s org&aacute;nico, si no control&aacute;s tu cuerpo, pareciera que tambi&eacute;n fracas&aacute;s en todo lo dem&aacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Con la excusa del wellness, se sigue vendiendo la misma obsesión por estar flaca"
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                Con la excusa del wellness, se sigue vendiendo la misma obsesión por estar flaca                            </span>
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        Pero hacer dieta tambi&eacute;n es un privilegio de clase. Las comidas org&aacute;nicas que muestran las celebridades de Hollywood son, en Argentina, inaccesibles para gran parte de la poblaci&oacute;n. Aun as&iacute;, <strong>el ideal circula igual. Y muchas intentan alcanzarlo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una pregunta abierta en Instagram bast&oacute; para que aparecieran cientos de respuestas. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se sienten con su cuerpo hoy?&rdquo;, dec&iacute;a la consigna. <strong>Mujeres de entre 20 y 75 a&ntilde;os hablaron de frustraci&oacute;n, cansancio, obsesi&oacute;n, tristeza e impotencia</strong>. Todas atravesadas por lo mismo, sin importar la edad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy a dieta desde muy chica. Despu&eacute;s nunca par&eacute;&rdquo;, cont&oacute; una de ellas. Otra relat&oacute;: &ldquo;Fui hace poco a una cl&iacute;nica m&eacute;dica. Le cont&eacute; que ven&iacute;a haciendo dieta y me recet&oacute; Ozempic directo, sin preguntarme nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muchas describieron una relaci&oacute;n conflictiva con la comida desde la infancia. &ldquo;Hay algo que se repite: si est&aacute;s mal, dej&aacute;s de comer. Es una forma de tapar algo. La dieta es muy com&uacute;n, pero atr&aacute;s hay otra cosa: obsesi&oacute;n, perfecci&oacute;n, control. Y ah&iacute; aparece la dismorfia. Te mir&aacute;s al espejo y te ves gorda, aunque no sea as&iacute;&rdquo;, explic&oacute; una entrevistada.
    </p><p class="article-text">
        Otra resumi&oacute; el efecto de las redes sociales en una frase brutal: &ldquo;Tengo la mente destruida. El algoritmo me debe escuchar, porque me empieza a mostrar formas m&aacute;gicas de conseguir el cuerpo perfecto&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El algoritmo sabe lo que se busca aunque nunca se diga</h2><p class="article-text">
        <strong>Betina Lippenholtz</strong>, investigadora y coautora del libro <em>Investigar con IA</em>, explic&oacute; c&oacute;mo funcionan esos mecanismos invisibles que terminan moldeando consumos, inseguridades y deseos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las empresas toman informaci&oacute;n de cualquier plataforma: un like, una pausa, una b&uacute;squeda, un posteo, incluso una foto de bikini que miraste tres segundos. La inteligencia artificial aspira toda esa informaci&oacute;n y crea una f&oacute;rmula para devolverte exactamente aquello que, aunque no lo hayas pedido, le dijiste que quer&iacute;as&rdquo;, se&ntilde;al&oacute;. &ldquo;La IA no escucha. Lee. Recibe datos y devuelve datos. Tu huella digital funciona como migas de pan&rdquo;, agreg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un bombardeo constante de contenido personalizado sobre dietas, ejercicios, tratamientos est&eacute;ticos y cuerpos perfectos. El algoritmo monetiza la inseguridad. 
    </p><p class="article-text">
        La prueba tambi&eacute;n lleg&oacute; con la propia inteligencia artificial. Ante una consulta sobre c&oacute;mo adelgazar r&aacute;pido con inyecciones, ChatGPT respondi&oacute; recomendando distintas drogas para bajar de peso, entre ellas Ozempic, explic&oacute; sus usos y hasta sugiri&oacute; c&oacute;mo conseguirlas. Los posibles efectos adversos solo aparecieron despu&eacute;s de insistir con preguntas espec&iacute;ficas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Medicamentos como Ozempic aparecen como la nueva salvación                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Ozempic y la ilusi&oacute;n de una soluci&oacute;n r&aacute;pida</h2><p class="article-text">
        Ozempic naci&oacute; como un medicamento para tratar la diabetes tipo 2, pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se convirti&oacute; en una de las drogas m&aacute;s buscadas para adelgazar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Julieta Tkatch</strong>, m&eacute;dica especialista en endocrinolog&iacute;a del Hospital Durand, explic&oacute; que el problema no est&aacute; necesariamente en el medicamento, sino en el uso indiscriminado y en la expectativa que se genera alrededor. &ldquo;Para la obesidad y ciertas comorbilidades es una herramienta muy buena. La droga es segura y efectiva, y vino a cambiar el paradigma en el tratamiento de la obesidad&rdquo;, sostuvo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, advirti&oacute; que muchas personas llegan al consultorio buscando una soluci&oacute;n m&aacute;gica. &ldquo;El paciente tiene que entender que esto es un proceso. Vivimos en una sociedad resultadista, donde todo tiene que pasar r&aacute;pido. Y bajar de peso no es la excepci&oacute;n&rdquo;. Tkatch tambi&eacute;n remarc&oacute; c&oacute;mo las exigencias est&eacute;ticas alcanzan cada vez m&aacute;s a mujeres j&oacute;venes. &ldquo;Vemos chicas divinas haci&eacute;ndose tratamientos innecesarios todo el tiempo. Esta droga tambi&eacute;n forma parte de ese universo est&eacute;tico&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No se trata de la comida&rdquo;</h2><p class="article-text">
        En la instituci&oacute;n <a href="https://lacasitavirtual.org.ar/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">La Casita</a>, especializada en trastornos de la alimentaci&oacute;n, trabajan con adolescentes y familias atravesadas por estas problem&aacute;ticas. Una de las frases que aparece en sus redes resume gran parte del conflicto: &ldquo;No se trata de la comida. Nunca lo fue&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Paula Hern&aacute;ndez</strong>, coordinadora del espacio, explic&oacute; que el culto a la delgadez se naturaliz&oacute; al punto de convertirse en un ideal aspiracional permanente. &ldquo;Cada vez m&aacute;s chicas consultan por este problema. Muchas vienen de familias dietantes o donde existe un culto muy fuerte a la delgadez. Adem&aacute;s est&aacute;n atrapadas por las redes sociales y sienten que siendo flacas pertenecen&rdquo;, explic&oacute;. Cuando se le pregunt&oacute; si la delgadez sigue asociada a la felicidad, respondi&oacute; sin dudar: &ldquo;Absolutamente&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No somos sujetos, somos objetos&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Para <strong>D&eacute;bora Tajer</strong>, doctora en Psicolog&iacute;a, profesora de la UBA y psicoanalista, la presi&oacute;n sobre el cuerpo femenino no puede separarse de los mandatos hist&oacute;ricos sobre la feminidad. &ldquo;No es algo intr&iacute;nseco a las mujeres, sino un entramado social y cultural que se transmite de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&rdquo;, explic&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La sociedad patriarcal convierte a las mujeres en cuerpos: cuerpos para la procreaci&oacute;n, para el sexo, para los cuidados. No somos sujetos, somos objetos valorados por el cuerpo. Por eso todo se deposita ah&iacute;&rdquo;, sostuvo. Seg&uacute;n Tajer, existe adem&aacute;s toda una maquinaria econ&oacute;mica construida alrededor de esa exigencia. &ldquo;El cuerpo es un lugar donde se hacen negocios. Hay una oferta comercial permanente para que las mujeres intenten alcanzar un ideal imposible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, entre filtros, algoritmos y promesas de felicidad instant&aacute;nea, la relaci&oacute;n con el cuerpo parece volverse cada vez m&aacute;s cruel. Como escribi&oacute; Naomi Wolf en <em>El mito de la belleza</em>: &ldquo;Nuestra insatisfacci&oacute;n sigue devorando nuestro tiempo, energ&iacute;a y alegr&iacute;a. Y generando dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LS/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Sanguinetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ozempic-influencers-detox-nuevas-caras-vieja-obsesion_1_13243451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 03:02:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ozempic, influencers y detox: las nuevas caras de una vieja obsesión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ozempic,Delgadez,Mujeres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“No queremos ser millonarios, queremos una vida digna”: médicos y enfermeros alertan por la crisis en hospitales públicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/no-queremos-millonarios-queremos-vida-digna-medicos-enfermeros-alertan-crisis-hospitales-publicos_1_13212714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c41c5c4-9e0c-45fc-9581-538282ce5b3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“No queremos ser millonarios, queremos una vida digna”: médicos y enfermeros alertan por la crisis en hospitales públicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Trabajadores del Hospital de Clínicas, el Hospital Odontológico de la UBA y el Pirovano describen falta de insumos, salarios deteriorados, sobrecarga laboral y un aumento sostenido de pacientes que dejaron de tener cobertura privada.</p></div><p class="article-text">
        El <a href="https://www.hospitaldeclinicas.uba.ar/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Hospital de Cl&iacute;nicas Jos&eacute; de San Mart&iacute;n</a> es uno de los hospitales escuela m&aacute;s importantes del pa&iacute;s. Desde hace m&aacute;s de un siglo funciona como centro de formaci&oacute;n m&eacute;dica, investigaci&oacute;n y atenci&oacute;n para pacientes de todo el territorio nacional. Sin embargo, <strong>trabajadores, m&eacute;dicos y enfermeros advierten que atraviesa una de las crisis presupuestarias m&aacute;s severas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En el primer piso del hospital, cientos de personas esperan ser atendidas en el marco de la Semana de Prevenci&oacute;n Cardiovascular. La actividad incluye controles de presi&oacute;n, ex&aacute;menes f&iacute;sicos y entrevistas m&eacute;dicas, aunque al final del circuito apenas dos profesionales deben atender a una demanda masiva. Seg&uacute;n explican desde el hospital, este tipo de jornadas tambi&eacute;n funcionan como una forma de ordenar una atenci&oacute;n que ya no logra absorber la cantidad de pacientes que llegan diariamente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El Hospital de Clínicas es unos de los hospitales escuela más importantes del país                            </span>
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        A medida que se recorren los distintos sectores del edificio aparecen techos deteriorados, humedad, puertas rotas y &aacute;reas abandonadas. El estacionamiento del personal permanece inundado y en distintas paredes cuelgan carteles convocando a la Marcha Federal Universitaria de este martes.
    </p><p class="article-text">
        En una de las salas abiertas a la comunidad, un cirujano pl&aacute;stico brinda una charla sobre linfedema, insuficiencia venosa, lipedema y obesidad. Mientras tanto, en otros sectores del hospital, trabajadores del &aacute;rea de insumos describen demoras constantes en licitaciones y dificultades para conseguir materiales b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Una paciente que se atiende all&iacute; desde hace a&ntilde;os asegura que contin&uacute;a recibiendo buena atenci&oacute;n, aunque reconoce que en ocasiones faltan medicamentos para tratar enfermedades cr&oacute;nicas como la diabetes. &ldquo;A veces hay, a veces no&rdquo;, resume mientras espera volver a ser llamada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Estudiantes y docentes en un abrazo simbólico al Hospital de Clínicas                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Deterioro progresivo</h2><p class="article-text">
        <strong>Fernando Chamot</strong>, director de prensa del hospital, describe <strong>un escenario de ajuste progresivo</strong>. Seg&uacute;n explica, distintos servicios comenzaron a reducirse debido a la falta de recursos: disminuy&oacute; el personal de seguridad, se espaci&oacute; la limpieza en algunos sectores y se redujo la capacidad de atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Hoy se atiende un 50 por ciento menos de lo que se podr&iacute;a atender porque tomar m&aacute;s pacientes ser&iacute;a una irresponsabilidad&rdquo;</strong>, sostiene. &ldquo;Se cierra el cupo y al mes siguiente se eval&uacute;a con qu&eacute; recursos se cuenta. Para los m&eacute;dicos es muy dif&iacute;cil porque no fueron formados para decir que no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Chamot tambi&eacute;n asegura que gran parte de las obras realizadas recientemente fueron financiadas mediante donaciones privadas y advierte sobre el deterioro salarial del personal. <strong>Seg&uacute;n datos difundidos por el hospital, en abril de 2026 un residente cobraba 1.442.908 pesos netos; un m&eacute;dico, 1.354.908; un enfermero, 1.176.004; y un auxiliar, 1.026.354 pesos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el sector de enfermer&iacute;a, trabajadores describen jornadas extensas, pluriempleo y condiciones laborales cada vez m&aacute;s precarias. Guillermo, enfermero con treinta a&ntilde;os de servicio, asegura que muchos profesionales deben trabajar en varios hospitales para alcanzar ingresos m&iacute;nimos. &ldquo;Nosotros cuidamos, pero tambi&eacute;n necesitamos que nos cuiden&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Luis, otro enfermero del Cl&iacute;nicas, sostiene que durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o la situaci&oacute;n empeor&oacute; notablemente. Relata faltantes de pa&ntilde;ales, problemas de mantenimiento y filtraciones de agua que afectaron sectores enteros del hospital. Seg&uacute;n cuenta, <strong>en varias oportunidades fueron los propios trabajadores quienes compraron materiales b&aacute;sicos de su bolsillo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hab&iacute;a ni un foco para que un enfermero pudiera poner un suero durante la noche&rdquo;, asegura. Tambi&eacute;n describe situaciones en las que enfermeros y m&eacute;dicos colaboran econ&oacute;micamente con pacientes sin recursos para comprar agua o alimentos.
    </p><p class="article-text">
        El deterioro, explican, no se limita a la infraestructura. <strong>Un m&eacute;dico del hospital, que pidi&oacute; reserva de identidad, advierte sobre el impacto que la crisis puede tener en la formaci&oacute;n de futuros profesionales</strong>. &ldquo;Lo que empieza a doler es cuando dejan de venir quienes se est&aacute;n formando&rdquo;, se&ntilde;ala. Para &eacute;l, el desgaste cotidiano y el estr&eacute;s permanente afectan directamente el aprendizaje y el desarrollo acad&eacute;mico. &ldquo;La academia tiene que ser la mejor. Esta instituci&oacute;n es irreproducible, aunque demuelan el edificio&rdquo;, sostiene.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Hospital Odontológico de la UBA                            </span>
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        La situaci&oacute;n tambi&eacute;n alcanza al <strong>Hospital Odontol&oacute;gico de la UBA</strong>. All&iacute;, el decano Pablo Rodr&iacute;guez explica que gran parte del funcionamiento depende del aporte econ&oacute;mico de los propios pacientes. &ldquo;Si no fuera por eso, no podr&iacute;amos comprar insumos&rdquo;, afirma. Seg&uacute;n detalla, los estudiantes atienden alrededor de doscientos pacientes durante su formaci&oacute;n, algo que considera una de las grandes fortalezas del sistema universitario.
    </p><p class="article-text">
        Rodr&iacute;guez <strong>tambi&eacute;n describe salarios deteriorados entre el personal docente y no docente</strong>. Los profesores, explica, cobran alrededor de 280 mil pesos mensuales por una jornada semanal de trabajo. &ldquo;Nos sostenemos gracias al esfuerzo de los docentes y de los pacientes&rdquo;, resume.
    </p><h2 class="article-text">Aumento de la demanda</h2><p class="article-text">
        El aumento de la demanda aparece como otro de los problemas centrales. Seg&uacute;n un informe del Instituto <a href="https://argentinagrande.org/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Argentina Grande</a> elaborado sobre datos del INDEC, unas 742 mil personas dejaron de tener cobertura m&eacute;dica en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os y pasaron a depender exclusivamente del sistema p&uacute;blico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El Hospital Pirovano también atraviesa una situación complicada                            </span>
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        <strong>Jorge Yabkowski</strong>, secretario general de la Federaci&oacute;n Sindical de Profesionales de la Salud de la Rep&uacute;blica Argentina (Fesprosa), <strong>define el escenario sanitario actual como &ldquo;desbordado&rdquo;</strong>. Advierte que la combinaci&oacute;n entre recortes presupuestarios, falta de personal y aumento de pacientes configura &ldquo;la tormenta perfecta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se&ntilde;ala problemas crecientes en el acceso a medicamentos y retrocesos en pol&iacute;ticas preventivas. &ldquo;El programa Remediar se est&aacute; cayendo&rdquo;, sostiene. Seg&uacute;n afirma, <strong>aumentaron los casos de tuberculosis y s&iacute;filis, mientras que hace un a&ntilde;o no se distribuyen preservativos desde el sistema p&uacute;blico nacional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jimena, m&eacute;dica que trabaj&oacute; hasta hace poco en un hospital nacional y actualmente se desempe&ntilde;a en hospitales porte&ntilde;os, asegura que el deterioro se profundiz&oacute; desde 2024. &ldquo;Cada vez m&aacute;s personas dejaron de tener prepaga o perdieron la obra social y terminan en el hospital p&uacute;blico&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n relata, <strong>los faltantes de insumos comenzaron a afectar incluso pr&aacute;cticas b&aacute;sicas</strong>. &ldquo;No hab&iacute;a recipientes para urocultivos. Hab&iacute;a pacientes cr&iacute;ticos que no pod&iacute;an hacerse estudios y los m&eacute;dicos trabajaban a ciegas&rdquo;, recuerda. Finalmente decidi&oacute; abandonar ese hospital por el desgaste cotidiano. &ldquo;Quedarse en esas condiciones era faltarse el respeto a uno mismo&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        En el <strong>Hospital Pirovano</strong> una pediatra describe un escenario similar. Aunque aclara que el sistema p&uacute;blico siempre trabaj&oacute; &ldquo;al l&iacute;mite&rdquo;, sostiene que <strong>en los &uacute;ltimos a&ntilde;os comenzaron a aparecer pacientes con enfermedades m&aacute;s avanzadas y familias que antes pod&iacute;an atenderse en el sector privad</strong>o. &ldquo;El paciente no consigue turnos o no puede pagar una consulta particular&rdquo;, explica. Tambi&eacute;n se&ntilde;ala que muchos llegan desde la provincia de Buenos Aires porque no consiguen atenci&oacute;n en hospitales cercanos.
    </p><p class="article-text">
        Entrada la tarde, gran parte de los sectores administrativos del Pirovano ya permanec&iacute;an vac&iacute;os, aunque decenas de pacientes segu&iacute;an esperando atenci&oacute;n. Algunos dorm&iacute;an en la guardia, otros permanec&iacute;an conectados a v&iacute;as intravenosas en sillas de los pasillos mientras los portasueros se arrastraban lentamente detr&aacute;s de ellos. En medio del movimiento silencioso, varias palomas caminaban entre los corredores del hospital.
    </p><p class="article-text">
        <em>LS/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Sanguinetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/no-queremos-millonarios-queremos-vida-digna-medicos-enfermeros-alertan-crisis-hospitales-publicos_1_13212714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2026 09:36:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“No queremos ser millonarios, queremos una vida digna”: médicos y enfermeros alertan por la crisis en hospitales públicos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hospital de Clínicas,Presupuesto universitario]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vuelta a lo analógico: por qué crecen los “dumbphones” y la nostalgia noventosa en plena era digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/vuelta-analogico-crecen-dumbphones-nostalgia-noventosa-plena-digital_1_13117052.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/690efd37-6af2-417a-adf5-f5a50440f858_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140018.jpg" width="1038" height="584" alt="Vuelta a lo analógico: por qué crecen los “dumbphones” y la nostalgia noventosa en plena era digital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre el cansancio digital y la búsqueda de experiencias más conscientes, nuevas generaciones y adultos recuperan dispositivos y hábitos del pasado: escuchar música en formato físico, usar teléfonos básicos o volver al VHS se convierten en formas de desconexión, presencia y resistencia cultural.</p></div><p class="article-text">
        En medio de la hiperconectividad y el consumo permanente de pantallas, <strong>resurgen tecnolog&iacute;as que parec&iacute;an obsoletas: celulares &ldquo;tontos&rdquo;, tel&eacute;fonos de l&iacute;nea, c&aacute;maras anal&oacute;gicas y m&uacute;sica en formato f&iacute;sico</strong>. M&aacute;s que una moda retro, el fen&oacute;meno expresa un <strong>cambio cultural</strong> -especialmente entre j&oacute;venes- que buscan desacelerar, recuperar experiencias tangibles y resistir la l&oacute;gica de los algoritmos que organizan y saturan la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Volvieron los celulares que no son inteligentes: se usan solo para llamadas o mensajes. Son los &ldquo;dumbphones&rdquo; y aparecen como una forma de evitar el uso constante de pantallas y limitar el tiempo frente al tel&eacute;fono. Tambi&eacute;n reaparecieron los tel&eacute;fonos de l&iacute;nea entre adolescentes y, en Jap&oacute;n, hace unos meses presentaron una reedici&oacute;n de los walkman, ahora con bluetooth y USB.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los teléfonos sin Internet vuelven a ser furor"
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            <span class="title">
                Los teléfonos sin Internet vuelven a ser furor                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Una investigaci&oacute;n de una empresa brit&aacute;nica revel&oacute; que el 59% de las personas de entre 18 y 24 a&ntilde;os consume m&uacute;sica en formatos f&iacute;sicos. Puede ser una manera de salir del consumo pasivo, el deseo de tener algo concreto de su artista favorito o, simplemente, la experiencia de sostener un soporte, mirar su dise&ntilde;o y prestar atenci&oacute;n plena, algo cada vez menos com&uacute;n. <strong>Eligen qu&eacute; escuchar, cu&aacute;ndo y c&oacute;mo, en lugar de dejar que un algoritmo lo decida.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las c&aacute;maras anal&oacute;gicas tambi&eacute;n volvieron, con el error y la falta de segundas oportunidades al disparar. Es, en parte, una respuesta de la generaci&oacute;n Z a una cultura obsesionada con los filtros y la perfecci&oacute;n. La imagen deja de ser editable y pasa a ser un resultado que puede fallar y que, justamente por eso, se vuelve m&aacute;s significativo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las cámaras que no permitían errores                            </span>
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        El regreso de los tel&eacute;fonos fijos tambi&eacute;n aparece como una estrategia entre padres que buscan proteger a sus hijos de los smartphones. Incluso hay startups que promueven el uso de esta tecnolog&iacute;a para fomentar una comunicaci&oacute;n m&aacute;s sana en la infancia.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Hartazgo de la hiperconectividad&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Consultada sobre el tema, la periodista especializada en cultura digital <strong>Irina Sternik</strong> se&ntilde;al&oacute;: &ldquo;Hay un hartazgo de la hiperconectividad, de la exposici&oacute;n en redes y de esta forma ef&iacute;mera de consumir cultura. Estos dispositivos permiten hacer una sola cosa: un tel&eacute;fono bobo, un reproductor de m&uacute;sica, una c&aacute;mara. Esa mezcla de nostalgia, simplicidad y presencia explica parte del fen&oacute;meno. En la era de la IA, lo aut&eacute;ntico y lo anal&oacute;gico cobran m&aacute;s valor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los noventa no fueron solo ne&oacute;n y promesa de futuro. Tambi&eacute;n fueron una d&eacute;cada contradictoria: consumo, apertura al mundo y sensaci&oacute;n de progreso, pero al mismo tiempo privatizaciones y cambios profundos en la vida social. Una &eacute;poca que dej&oacute; marcas materiales y simb&oacute;licas que hoy vuelven a circular. En <em>Escenas de la vida posmoderna</em>, <strong>Beatriz Sarlo</strong> describe esa ambig&uuml;edad: una cultura atravesada por el shopping, el zapping, los videojuegos y las pantallas, junto con una transformaci&oacute;n del tejido social. El shopping como templo, los videojuegos como posibilidad de ganarle al infinito y el zapping como borramiento de uno mismo, algo que hoy podr&iacute;a pensarse como el scroll.
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            <span class="title">
                ¿Volverán los videoclubes?                            </span>
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        El soci&oacute;logo y periodista <strong>Hern&aacute;n Vanoli</strong> explica que la nostalgia tiene varias capas: &ldquo;Creo que la nostalgia por los noventa puede tener significados diferentes seg&uacute;n los grupos que la comparten. Para quienes la vivieron en una edad madura, puede representar una &eacute;poca de estabilidad, consumo e integraci&oacute;n al mundo, m&aacute;s all&aacute; de que sus consecuencias hayan sido dolorosas para gran parte de la sociedad. Esta a&ntilde;oranza de certezas tambi&eacute;n puede aparecer en una generaci&oacute;n m&aacute;s joven, que recuerda un clima cultural m&aacute;s cercano, m&aacute;s ligado a las relaciones cara a cara y a cierto optimismo. En los m&aacute;s j&oacute;venes, que no la experimentaron, la atracci&oacute;n puede ser m&aacute;s est&eacute;tica que experiencial, vinculada a un momento en el que exist&iacute;an avances y expectativas, pero en el que la digitalizaci&oacute;n a&uacute;n no hab&iacute;a alcanzado el nivel actual&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Espacios que permiten viajar en el tiempo</h2><p class="article-text">
        Hay negocios de esa d&eacute;cada que siguen resistiendo. <strong>Feelings</strong> es uno de los pocos -quiz&aacute;s el &uacute;ltimo- videoclub que sigue existiendo. Lo atiende Enrique desde hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os. &iquest;Qu&eacute; viene a buscar la gente? Los cl&aacute;sicos, lo que ya no se consigue en las plataformas. Tambi&eacute;n, dice, hay quienes llegan por curiosidad, por primera vez, para ver c&oacute;mo funcionaba ese sistema. Hoy el videoclub tiene cien socios. Afirma que cada mes le va mejor que el anterior, aunque no sabe hasta cu&aacute;ndo seguir&aacute; abierto. &ldquo;Ma&ntilde;ana no s&eacute; si voy a estar&rdquo;, dice con una sonrisa resignada.
    </p><p class="article-text">
        Esa b&uacute;squeda de lo f&iacute;sico tambi&eacute;n aparece en experiencias. En la ciudad de Buenos Aires empezaron a abrir locales que recrean espacios de los a&ntilde;os noventa: salas con arcade, bares con torneos de tetris y lugares que imitan casas de la &eacute;poca del uno a uno, como Arcade Club Social en Villa Crespo, Destello Bar en Palermo y Retroclub en Colegiales, entre otros. Son espacios donde el consumo no pasa tanto por comprar como por permanecer, interactuar y compartir: algo que parec&iacute;a haber quedado obsoleto, como sentarse con amigos a jugar.
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                Jugar como en los 90 es posible en Buenos Aires                            </span>
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        Fui a <strong>Retroclub</strong> a meterme en su c&aacute;psula del tiempo. Es una sala ambientada como una vivienda de los noventa, con un cuarto con PC, objetos de adolescente, un living con sof&aacute; y un peque&ntilde;o cyber. Se pueden ver pel&iacute;culas en VHS, usar una computadora con MSN o mirar MTV. Todo est&aacute; dispuesto para replicar una experiencia que, para algunos, es recuerdo y, para otros, descubrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Le pregunto a David, el due&ntilde;o, qu&eacute; viene a buscar la gente: &ldquo;El tiempo lento, sin notificaciones, el estar. Algunos vienen a mostrarles a sus hijos c&oacute;mo era el mundo antes, otros a revivirlo. Hay algo en el hacer de esa &eacute;poca: sentarse en la computadora, elegir un disco. Se perdieron esas acciones. El hecho de enfocarse en algo, de esperar, de poner un CD, de atender un tel&eacute;fono&rdquo;. Dentro de la sala, me sent&eacute; frente a una PC. Son&oacute; un tel&eacute;fono de l&iacute;nea y, de fondo, Kurt Cobain cantaba &ldquo;Smells Like Teen Spirit&rdquo;: estar ah&iacute; era como volver a casa.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez una de las razones por las que las nuevas generaciones -o quienes vivieron esa &eacute;poca- la extra&ntilde;an es la sensaci&oacute;n de libertad: sin notificaciones constantes, sin la exigencia de responder todo el tiempo, sin esa demanda permanente de atenci&oacute;n. Porque, como dice la frase, cuando no te venden un producto es porque el producto sos vos. Es decir, nuestro tiempo. En ese sentido, la nostalgia por los 90 tambi&eacute;n puede leerse como <strong>una forma de resistencia</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>LS/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Sanguinetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/vuelta-analogico-crecen-dumbphones-nostalgia-noventosa-plena-digital_1_13117052.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 03:01:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vuelta a lo analógico: por qué crecen los “dumbphones” y la nostalgia noventosa en plena era digital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Década del 90,Videojuegos,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Violencia económica: el control del dinero como forma de sometimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/violencia-economica-control-dinero-forma-sometimiento_1_13049558.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d7e7859a-914f-4c9f-b924-a5f576f73964_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Violencia económica: el control del dinero como forma de sometimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es una de las formas más invisibilizadas de la violencia de género. A través del control del dinero, la retención de ingresos o el incumplimiento de obligaciones alimentarias, muchas mujeres quedan atrapadas en relaciones desiguales que limitan su autonomía y condicionan sus decisiones. Especialistas advierten que se trata de una práctica extendida en todas las clases sociales.
</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a <strong>Fernanda</strong> decidi&oacute; separarse, pero todo se volvi&oacute; cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil. Su ex marido no lo aceptaba y comenz&oacute; a castigarla de distintas formas. Dej&oacute; de pasarle dinero, negaba que ten&iacute;a ingresos y le llevaba solamente cajas de comida. &ldquo;Era horrible, yo esperando la caja&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Violencia verbal de por medio, abogados estatales: la situaci&oacute;n se fue volviendo cada vez peor.
    </p><p class="article-text">
        Era dif&iacute;cil comprobar que &eacute;l ten&iacute;a ingresos porque trabajaba en negro, pero lo poco que consigui&oacute; fue una cuota m&iacute;nima de alimentos que no se actualiza: sigue siendo la misma desde hace dos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de meses de sufrimiento econ&oacute;mico, el padre de Fernanda muri&oacute; y le dej&oacute; un dinero en una cuenta para que ella pueda subsistir. Pero al intentar retirarlo descubri&oacute; que ten&iacute;a la cuenta embargada. Hab&iacute;a sido bloqueada porque su ex marido deb&iacute;a patentes de un auto que estaba a nombre de los dos y que &eacute;l se hab&iacute;a quedado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay distintas formas de violencia en las parejas. Una de las m&aacute;s complejas es la econ&oacute;mica.</strong> Es una forma de ejercer poder que convierte la relaci&oacute;n en asim&eacute;trica: quien maneja el dinero termina manejando todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces, como es el hombre el que paga, la mujer no puede opinar qu&eacute; comer o en qu&eacute; gastar. Y esto <strong>sucede en todas las clases econ&oacute;micas</strong>, desde las m&aacute;s bajas hasta las m&aacute;s altas. A veces las mujeres no encuentran salida porque no pueden mantenerse a ellas mismas y a sus hijos, y terminan qued&aacute;ndose en un ambiente hostil. Porque, convengamos, si hay violencia econ&oacute;mica seguramente hay alguna de las otras: sexual, f&iacute;sica o psicol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Un gran avance en este tema fue <strong>la Ley 26.485</strong>, sancionada en 2009 y promulgada por la entonces presidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, que <strong>reconoce la violencia econ&oacute;mica como una forma de violencia de g&eacute;nero.</strong>
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                Quien maneja el dinero termina manejando todo lo demás                            </span>
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        Esta ley define como violencia cualquier relaci&oacute;n desigual de poder que afecte la integridad y la dignidad de las mujeres, incluida la limitaci&oacute;n o el control de sus ingresos. Adem&aacute;s, se sustenta en tratados internacionales como la Convenci&oacute;n sobre la Eliminaci&oacute;n de Todas las Formas de Discriminaci&oacute;n contra la Mujer (CEDAW), creada por las Naciones Unidas.
    </p><p class="article-text">
        Consultada sobre el tema, la abogada <strong>Ver&oacute;nica Flor</strong>, especializada en derecho de familia, cont&oacute;: &ldquo;Muchas veces la v&iacute;ctima no se reconoce como v&iacute;ctima porque no hay golpes. Est&aacute;n acostumbradas a esas pr&aacute;cticas econ&oacute;micas porque reproducen lo que vieron en sus familias. Entonces se convierte en la violencia m&aacute;s naturalizada. Y no solo ocurre en una clase social, ocurre en todas: como el caso medi&aacute;tico de la modelo a la que el ex marido le puso todo a nombre de &eacute;l, algo muy dif&iacute;cil de demostrar porque ella le dio su confianza y ella no ten&iacute;a donde vivir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tuve un caso de una abogada de clase alta. &Eacute;l manejaba todo y ella no se pod&iacute;a ir porque quer&iacute;a mantener su nivel de vida. &lsquo;Bueno, tal vez tenga suerte y se muera pronto&rsquo;, dec&iacute;a. Mientras tanto prefiri&oacute; vivir en una c&aacute;rcel de oro. Y desde afuera no se juzga: dicen &lsquo;qu&eacute; suerte que no trabaja y vive as&iacute;&rsquo;, a&ntilde;adi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y tambi&eacute;n tuve casos de clases bajas en los que ella era golpeada, pero como &eacute;l era el que pagaba la comida &mdash;&lsquo;paraba la olla&rsquo;, as&iacute; me dec&iacute;a&mdash; se quedaba por sus hijos. Me dec&iacute;a que prefer&iacute;a aguantar los golpes para que sus hijos pudieran comer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n hay casos en los que, una vez separados, el hombre dice: &lsquo;yo te pago la cuota alimentaria, pero tenemos relaciones sexuales&rsquo;. Es lo que se conoce como el d&eacute;bito conyugal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El d&eacute;bito conyugal define el deber mutuo de los esposos de mantener relaciones sexuales. Aunque hist&oacute;ricamente se consider&oacute; una obligaci&oacute;n conyugal, no es exigible y el consentimiento es esencial. La falta de consentimiento constituye violencia sexual o violaci&oacute;n conyugal.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi consejo es que si una persona quiere separarse realmente y no puede por un tema econ&oacute;mico, ah&iacute; no hay libertad. Pero la balanza costo-beneficio tiene que cerrar y hay que empezar a reconocerse v&iacute;ctima, si lo es, y pedir ayuda a quien sea, empezando por el c&iacute;rculo m&aacute;s cercano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>La mujer y la violencia invisible</em>, de Eva Giberti y Ana Mar&iacute;a Fern&aacute;ndez, la psic&oacute;loga <strong>Clara Coria</strong> escribi&oacute;: &ldquo;El dinero es considerado sin&oacute;nimo de virilidad y masculinidad. Las mujeres administran el dinero chico y los hombres el dinero grande. La sexuaci&oacute;n del dinero genera condiciones insalubres para el psiquismo. Por su lugar privilegiado en el intercambio social y su fuerza como instrumento de poder, resulta ser un portador extremadamente sensible de los mandatos sociales y de las distintas ideolog&iacute;as de poder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fernanda me llam&oacute; al otro d&iacute;a de haberla entrevistado y me dijo: &ldquo;Quiero llorar. Me acaba de mandar un mensaje la abogada. La justicia rechaz&oacute; mi pedido de compensaci&oacute;n econ&oacute;mica. Le dieron la raz&oacute;n a &eacute;l y encima tengo que pagar los costos de su abogada. Me dijo que ya no se puede hacer nada. Ya no tengo m&aacute;s fuerzas. Es imposible contra este sistema. Imposible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Oficina de Violencia Dom&eacute;stica (OVD) public&oacute; en el 2025 un relevamiento basado en 25.119 testimonios entre 2020 y 2024 en la Ciudad de Buenos Aires. El 58% de las denunciantes padecieron violencia f&iacute;sica, el 39% violencia econ&oacute;mica y patrimonial y el 11% fueron sometidas a violencia sexual.
    </p><p class="article-text">
        <em>LS/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Sanguinetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/violencia-economica-control-dinero-forma-sometimiento_1_13049558.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 03:02:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Violencia económica: el control del dinero como forma de sometimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia de género,Mujeres,8M]]></media:keywords>
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