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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Agustina Kupsch]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/agustina-kupsch/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Agustina Kupsch]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué algunos extranjeros son bienvenidos y otros rechazados? ¿Hay distintas categorías?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/extranjeros-son-bienvenidos-rechazados-hay-distintas-categorias_129_13443874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3676fec4-ee5c-40b9-acd2-90db233d72f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x348y355.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué algunos extranjeros son bienvenidos y otros rechazados? ¿Hay distintas categorías?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La discusión sobre el acceso de extranjeros a la salud y la universidad contrasta con la apertura a la compra de tierras por capitales foráneos. Entre aranceles, desregulación y beneficios para grandes inversiones, la pregunta es qué se entiende por soberanía y quiénes quedan habilitados a decidir sobre el territorio y su futuro.
</p></div><p class="article-text">
        El 21 de julio, el diputado bonaerense Agust&iacute;n Romo<a href="https://www.eldiarioar.com/politica/proyecto-libertario-arancelar-salud-universidad-extranjeros-basa-datos-falsos-no-aplicaria-pba_1_13403100.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> present&oacute; un proyecto para arancelar el acceso de extranjeros sin residencia permanente a los hospitales p&uacute;blicos y a las universidades de la provincia</a>. Firmaron 18 de los 20 diputados del bloque libertario y tambi&eacute;n el PRO. Patricia Bullrich lo respald&oacute; en p&uacute;blico. Los fundamentos dicen que los recursos bonaerenses son limitados y que hay que priorizar a los bonaerenses.
    </p><p class="article-text">
        Dos semanas despu&eacute;s, el canciller Pablo Quirno hablaba en A24 sobre la reforma de la &ldquo;Ley de Tierras&rdquo;, como se conoce al proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que, en uno de sus cap&iacute;tulos, buscaba eliminar el tope del 15% de territorio en manos extranjeras. Le preguntaron si un extranjero podr&iacute;a comprar un pueblo o una provincia entera y dijo que s&iacute;, que eso iba a producir beneficios para la Argentina.
    </p><p class="article-text">
        Los recursos de la provincia de Buenos Aires son limitados cuando se trata de una cama y de un pupitre, y se vuelven ilimitados cuando se trata del suelo. Hoy hay 13,3 millones de hect&aacute;reas rurales en manos extranjeras y 31 departamentos que ya pasaron el l&iacute;mite legal. Desde 2024 se firmaron 111 certificados de habilitaci&oacute;n para nuevas compras, 47 de ellos en lo que va de 2026.
    </p><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo argelino Abdelmalek Sayad pas&oacute; treinta a&ntilde;os estudiando la inmigraci&oacute;n argelina en Francia, y lleg&oacute; a una conclusi&oacute;n que contin&uacute;a explicando muy bien lo que pasa ac&aacute;: el inmigrante existe para algo. Su presencia se justifica por lo que produce, y por eso queda sometido a una prueba permanente de utilidad que ning&uacute;n nacional tiene que rendir. Sayad lo llamaba el &ldquo;pecado original&rdquo;, la condici&oacute;n de provisorio no se levanta nunca, dura toda la vida, sobrevive a los papeles, a los a&ntilde;os, a los hijos nacidos all&iacute;. En otras palabras, el franc&eacute;s existe porque existe, pero el argelino tiene que seguir demostrando para qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las nociones de Sayad sirven para graficar las diferencias que ocurren ac&aacute;, como cuando una mujer boliviana que hace catorce a&ntilde;os cocina en un comedor de La Matanza sosteniendo con su trabajo a treinta pibes del barrio, es nombrada por el proyecto de Romo como &ldquo;alguien que se atiende gratis&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        An&iacute;bal Quijano es claro para pensar esto, porque visibiliza c&oacute;mo la clasificaci&oacute;n racial y el reparto del trabajo nacieron juntos en Am&eacute;rica. La misma operaci&oacute;n que decidi&oacute; qui&eacute;n era indio y qui&eacute;n era espa&ntilde;ol decidi&oacute; qui&eacute;n trabajaba la tierra y qui&eacute;n cobraba por ella. Esa clasificaci&oacute;n sigui&oacute; funcionando hasta hoy. Por eso, al estudiante que naci&oacute; en Salta y llega a una universidad de Buenos Aires le preguntan hace cu&aacute;nto que est&aacute; en el pa&iacute;s. Contesta que naci&oacute; ac&aacute;, pero a la semana siguiente se lo vuelven a preguntar. Nadie le est&aacute; pidiendo el documento, le est&aacute;n leyendo la cara, y en esa lectura la palabra boliviano puede caerle a un salte&ntilde;o con la misma facilidad con la que la palabra inversor le cae a alguien que no habla castellano.
    </p><p class="article-text">
        Al inversor nadie le mira la cara. Le preguntaron a Quirno si un extranjero podr&iacute;a comprar un pueblo o una provincia entera y contest&oacute; que s&iacute;, porque iba a producir beneficios para la Argentina. Con eso alcanz&oacute;. Nadie le pregunt&oacute; qu&eacute; beneficios, ni para qui&eacute;nes, ni en qu&eacute; plazo. El vocero Adri&aacute;n Ravier fue m&aacute;s lejos y explic&oacute; que el l&iacute;mite vigente choca con las bases que plante&oacute; Alberdi sobre atraer capital extranjero. En otras palabras, para el gobierno actual, un &ldquo;tipo de extranjero&rdquo; puede comprar el suelo de la provincia de Buenos Aires; mientras que otro &ldquo;tipo de extranjero&rdquo; no puede sacar un turno gratis en un hospital de la provincia de Buenos Aires. Las dos cosas se discutieron el mismo mes, en el mismo Congreso, y solamente la segunda se present&oacute; como un problema de soberan&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En diciembre de 2024 se derog&oacute; la Ley de Emergencia Territorial Ind&iacute;gena, la norma que permit&iacute;a a las comunidades registrar los territorios que ocupaban, y les permit&iacute;a frenar los desalojos mientras ese registro estuviera en curso. Sin esa ley, una comunidad que vive hace generaciones en el mismo lugar tiene que probar ante un juzgado que efectivamente vive ah&iacute;, con expedientes, testigos y peritajes que pueden llevar a&ntilde;os. En el mismo per&iacute;odo, el RIGI le garantiza a las grandes inversiones treinta a&ntilde;os de beneficios impositivos y aduaneros: ya se aprobaron veinti&uacute;n proyectos, en su mayor&iacute;a mineros. De nuevo, a unos se les quit&oacute; el instrumento con el que demostraban que pertenec&iacute;a a la tierra; a otros, se les quit&oacute; la obligaci&oacute;n de demostrar cualquier cosa.
    </p><p class="article-text">
        Soberan&iacute;a es la palabra que aparece cuando alguien usa una cama de hospital y desaparece cuando alguien compra el suelo donde est&aacute; construido el hospital. Una cama se desocupa, una vacante se renueva cada cuatrimestre. La tierra vendida no vuelve. Quien la compra decide qu&eacute; pasa con el agua que corre por debajo, con el glaciar que la alimenta, con el camino que llega hasta el lago, durante un tiempo que excede a todos los que hoy estamos discutiendo esto.
    </p><p class="article-text">
        Quijano nos ense&ntilde;&oacute; a leer el presente como efecto de una clasificaci&oacute;n colonial que ocurri&oacute; en el pasado. Agrego algo distinto que llamo colonialidad del futuro: hay decisiones que se toman ahora y cuyo efecto entero cae sobre un tiempo al que ninguno de nosotros va a llegar. El agua de Mendoza en 2090 se est&aacute; definiendo en 2026. Los que van a tomarla, o los que no van a poder, todav&iacute;a no nacieron y no tienen c&oacute;mo entrar en la discusi&oacute;n. Ning&uacute;n territorio se conquista con tanta comodidad como el que todav&iacute;a est&aacute; vac&iacute;o de gente. Por eso mientras discutimos aranceles y turnos, que son decisiones que se revisan el a&ntilde;o que viene, se est&aacute;n firmando plazos de treinta y de cien a&ntilde;os que ning&uacute;n gobierno posterior va a poder tocar.
    </p><p class="article-text">
        El Canciller Pablo Quirno dijo que vender una provincia entera va a producir beneficios para la Argentina. La pregunta que falt&oacute; hacerle es cu&aacute;l Argentina, porque quienes van a estar ac&aacute; todav&iacute;a no tienen voz para discutirlo, y quienes tienen voz y voto ahora est&aacute;n ocupados averiguando cu&aacute;ntos inmigrantes sudamericanos hay en la guardia o en la Universidad de Buenos Aires (UBA). 
    </p><p class="article-text">
        Alberdi escribi&oacute; que gobernar es poblar. Doscientos a&ntilde;os despu&eacute;s seguimos discutiendo a qui&eacute;n dejamos entrar, mientras el suelo donde vamos a discutirlo est&aacute; en duda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Kupsch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/extranjeros-son-bienvenidos-rechazados-hay-distintas-categorias_129_13443874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Aug 2026 09:28:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué algunos extranjeros son bienvenidos y otros rechazados? ¿Hay distintas categorías?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Argentina y la vara ajena con que nos miden]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-vara-miden_129_13399750.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7fce329c-fc61-4c41-9fbb-76ddaaeaaa08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1040y319.jpg" width="1200" height="675" alt="Argentina y la vara ajena con que nos miden"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De qué se trata la campaña de odio que está recibiendo Argentina por parte de medios y famosos internacionales desde el Mundial. Porqué se profundizó el hate con el triunfo de España?
</p></div><p class="article-text">
        Describir a un pueblo nunca es neutral: es dominaci&oacute;n disfrazada de an&aacute;lisis. El domingo pasado Argentina perdi&oacute; la final del Mundial 2026 contra Espa&ntilde;a. Horas despu&eacute;s, el actor estadounidense <strong>Samuel L. Jackson</strong> reposte&oacute; en Instagram un mensaje que calificaba al pa&iacute;s como uno de los m&aacute;s racistas del mundo y pidi&oacute; a las personas negras que no acompa&ntilde;aran a la Selecci&oacute;n. El comediante <strong>Eric</strong> <strong>Andr&eacute;</strong> lo llam&oacute; directamente racista y nazi. Se sumaron con el mismo nivel de cr&iacute;tica la periodista <strong>Julia Duailibi</strong> y el comentarista <strong>Jos&eacute;</strong> <strong>Roberto Burnier</strong> en O Globo, y enseguida la congresista estadounidense <strong>Jasmine Crockett</strong> desde el propio Congreso de Estados Unidos, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        En una r&aacute;pida revisi&oacute;n hist&oacute;rica, resulta parad&oacute;jico observar a las m&aacute;ximas potencias imperialistas, que durante siglos colonizaron nuestro continente y decidieron quien vale y quien no desde la vara de la hegemon&iacute;a blanca, acusando a los argentinos como la sociedad &ldquo;m&aacute;s racista del mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos, un pa&iacute;s donde El <strong>Servicio de Control de Inmigraci&oacute;n y Aduanas (</strong>ICE, por sus siglas en ingl&eacute;s) saca a familias enteras de la puerta de una escuela primaria en pleno horario de entrada. La Uni&oacute;n Europea, que tiene un dispositivo de control fronterizo propio con el que cada a&ntilde;o deja migrantes muertos en el Mediterr&aacute;neo antes de que lleguen a pisar el continente que los juzga. Inglaterra y Espa&ntilde;a, que no hace tanto tiempo administraban colonias enteras seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n racial de sus habitantes. Quien acusa hoy ejerce, con m&aacute;s eficiencia burocr&aacute;tica que nadie en el planeta, el control racializado de la movilidad humana.
    </p><p class="article-text">
        Pero su odio hacia Argentina no me conmueve. Hablan de nosotros como objeto, como si nuestra historia entrara en 280 caracteres. Deciden qu&eacute; significa nuestra alegr&iacute;a, nuestra bronca, nuestra forma de festejar. <strong>Pero describir a un pueblo nunca es neutral, es un acto de poder, y cuando ese poder de nombrar queda en manos de quien no vivi&oacute; lo que describe, produce dominaci&oacute;n disfrazada de an&aacute;lisis</strong>. Ninguno de los que hoy nos explican vivi&oacute; ac&aacute; ni una semana, y aun as&iacute; se sienten autorizados a explicarnos.
    </p><p class="article-text">
        Colonialismo epist&eacute;mico o neocolonialismo cultural, la estructura es la misma de siempre: alguien de afuera decide qu&eacute; somos y nosotros quedamos del lado de los que son explicados. El observador se reserva la autoridad de nombrar y al nombrado le toca, como mucho, el derecho a r&eacute;plica en los comentarios.
    </p><p class="article-text">
        Pero como decimos ac&aacute; en t&eacute;rminos muy acad&eacute;micos: &ldquo;a la gilada ni cabida&rdquo;, porque seguimos jugando hasta el &uacute;ltimo segundo convencidos de que todav&iacute;a se puede dar vuelta hasta la situaci&oacute;n m&aacute;s adversa. Y esa convicci&oacute;n no la aprendimos en la cancha, la aprendimos mucho antes, en todo lo que este pueblo ya tuvo que atravesar y del que siempre volvi&oacute; a levantarse, con esa mezcla de bronca y ternura que solo entendemos los que vivimos ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esa fe desgarrada, esa man&iacute;a de no bajar los brazos ni cuando el resultado parece escrito, es nuestra, y la vivimos en nuestros propios t&eacute;rminos. Ning&uacute;n manual de sociolog&iacute;a extranjera la tiene catalogada. Se estudia desde adentro, o no se entiende.
    </p><p class="article-text">
        No nos vengan a explicar esa fe con el vocabulario de ustedes, a medirla con su regla blanca y pura. Cada columna sobre &ldquo;el car&aacute;cter argentino&rdquo; repite un gesto tan viejo como burdo: reservarse el derecho de interpretar al que no es hegemon&iacute;a. Es la misma operaci&oacute;n de siempre: la propia experiencia se vuelve la vara universal y la ajena queda para siempre en el lugar de lo que hay que explicar.
    </p><p class="article-text">
        Mejor vengan, conozcan la Argentina y su gente, dejen de explicarnos desde arriba. Tomen mate, pasado de boca en boca sin que a nadie le d&eacute; asco. Si&eacute;ntense a una mesa sin haber sido invitados, y vean c&oacute;mo aparece comida para diez donde antes hab&iacute;a cinco, con la alegr&iacute;a de ser recibidos como reyes.
    </p><p class="article-text">
        Miren por qu&eacute; tantos europeos, yankees, y gente de todo el mundo lleg&oacute; de paso y se qued&oacute; para siempre, sin poder explicarle a su familia por qu&eacute; no vuelven a un pa&iacute;s con moneda estable. No vuelven porque entendieron de qu&eacute; estamos hechos los argentinos: de lazo, de v&iacute;nculo humano y afectivo que se teje en lo com&uacute;n. Porque vivimos de crisis pol&iacute;tica en crisis econ&oacute;mica, pero lo humano no se negocia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que tenemos los argentinos no entra en ning&uacute;n informe, en ninguna nota viral, en ninguna encuesta de percepci&oacute;n internacional. Entra, como mucho, en una mesa compartida.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Kupsch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-vara-miden_129_13399750.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jul 2026 16:28:24 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Estado nos mata cada 31 horas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mata-31horas_129_13272501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/113c0d5c-5d61-42c2-bf13-a762657314ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Estado nos mata cada 31 horas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El femicidio de Noelia Carolina Romero, el pasado 31 de mayo –pudo llamar al 911 pero su pedido no fue atendido por los policías que llegaron a la casa donde estaba secuestrada por su novio–, expone lo que ocurre cuando el Estado se queda en la vereda, demora la alerta o no le toma la denuncia a una madre que habla quechua.</p></div><p class="article-text">
        Nenas como cuerpos, el cuerpo como una cosa
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima semana los medios se llenaron de reflexiones sobre la figura del femicidio. Algunos justamente preparados y argumentados, otros desde una peligrosa y animosa ignorancia. Pero lo que no deja de sorprenderme es la escasa responsabilidad que se le concede al Estado en esto. Noelia Carolina Romero, una chica de 30 a&ntilde;os llam&oacute; al 911 y pidi&oacute; ayuda porque su novio la ten&iacute;a secuestrada y ten&iacute;a miedo. Fue el s&aacute;bado 31 de mayo, en una casa de Temperley. Cuando llegaron los efectivos, el hombre abri&oacute; apenas la puerta, dijo que estaba todo bien y volvi&oacute; a cerrarla. Adentro se escuchaba a Noelia. Los polic&iacute;as se quedaron en la vereda esperando una orden judicial que no necesitaban &mdash;un delito en curso no la requiere, se denomina delito en flagrancia&mdash; y cuando finalmente entraron, ella ya habia sido asesinada por Tom&aacute;s Adri&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez, su pareja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este caso no podr&iacute;a ser m&aacute;s gr&aacute;fico de c&oacute;mo se estructura la violencia sobre las mujeres en nuestro pa&iacute;s: No es que el Estado lleg&oacute; tarde, el Estado estuvo en la puerta y eligi&oacute; no cruzarla. Y si a eso le sumamos la dimensi&oacute;n de clase, el problema se profundiza. No porque la clase defina a qui&eacute;n protege y a qui&eacute;n abandona &mdash;est&aacute; claro que todo el aparato estatal est&aacute; muy lejos de entender el problema siquiera para abordarlo&mdash;, sino porque define cu&aacute;n visible se vuelve ese abandono.
    </p><p class="article-text">
        Agostina Vega ten&iacute;a 14 a&ntilde;os y viv&iacute;a en General Mosconi, un barrio obrero de la ciudad de C&oacute;rdoba. Sali&oacute; de su casa el s&aacute;bado 23 de mayo hacia alguien conocido: Claudio Barrelier, ex pareja de su madre, principal sospechoso, un hombre con antecedentes graves por violencia de g&eacute;nero al que hab&iacute;an dejado libre. La Alerta Sof&iacute;a se activ&oacute; cuatro d&iacute;as despu&eacute;s. La familia llevaba una semana pidiendo que la buscaran cuando aparecieron los 250 efectivos, los perros, los drones, las 240 hect&aacute;reas rastrilladas. Para entonces ya no buscaban a Agostina. Buscaban lo que quedaba de ella. Cuatro d&iacute;as es lo que tarda la respuesta cuando la chica es de un barrio obrero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero todav&iacute;a se puede bajar un escal&oacute;n m&aacute;s. Mientras el pa&iacute;s miraba C&oacute;rdoba, en Eldorado, Misiones, Dulce Mar&iacute;a Beatriz Candia llevaba m&aacute;s de diez d&iacute;as desaparecida y casi nadie se hab&iacute;a enterado. Ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. La encontraron asesinada en una obra abandonada. No hay detenidos, no hubo operativo masivo, no hubo cobertura sostenida. Si en un barrio popular de C&oacute;rdoba se demoran unos d&iacute;as, en el interior profundo de nuestro pa&iacute;s las b&uacute;squedas se hacen en silencio y los hallazgos llegan por casualidad.
    </p><p class="article-text">
        Y en el fondo, del fondo, est&aacute; Delicia Mamani Mamani. Estudiante de magisterio que con 25 a&ntilde;os sigue desaparecida desde noviembre de 2025. Su familia es migrante boliviana y vive en un cortadero de ladrillos. Cuando su madre, que habla quechua y no domina el espa&ntilde;ol escrito, fue a denunciar que su hija no aparec&iacute;a, no le tomaron la denuncia. Seis meses despu&eacute;s, el caso sigue sin resoluci&oacute;n y se sostiene &uacute;nicamente porque la comunidad educativa de Delicia se niega a dejarlo morir. Si dependiera del Estado, Delicia ya no existir&iacute;a en ning&uacute;n registro. Mujer, pobre, migrante, con discapacidad: acumul&oacute; todas las marcas que el sistema lee como permiso para no buscar.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza, el interior, el origen y la lengua no cambian lo que el Estado hace &mdash;abandonar&mdash;, cambian si ese abandono llega a verse alguna vez. Y se vuelve invisible porque a esos cuerpos ya se los trataba como prescindibles mucho antes de que aparecieran muertos. Nenas como cuerpos, el cuerpo como una cosa: algo que reci&eacute;n entra en el registro del Estado cuando se vuelve prueba, cuando hay que rastrillarlo en un descampado o anotarlo en una causa. Mientras respira, mientras pide ayuda, no cuenta como una vida que valga la pena mirar.
    </p><p class="article-text">
        La fil&oacute;sofa italiana Adriana Cavarero llama horrorismo a la violencia que no se conforma con matar, sino que deshace la forma humana del cuerpo hasta convertir a la persona en cosa. Lo que esa violencia produce no se agota en quien muere: les habla a todas las que siguen vivas. Les ense&ntilde;a d&oacute;nde est&aacute;n paradas. Y el Estado, cuando se queda en la vereda, cuando demora la alerta, cuando no le toma la denuncia a una madre que habla quechua, no contradice ese mensaje. Lo confirma.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta tan obsceno que, en simult&aacute;neo, la senadora Carolina Losada impulse un proyecto que propone hasta seis a&ntilde;os de prisi&oacute;n para quienes denuncien &ldquo;falsamente&rdquo; violencia de g&eacute;nero. Sobre m&aacute;s de ocho millones de causas penales analizadas en 17 provincias, apenas el 0,09% correspondi&oacute; a investigaciones por supuestas falsas denuncias, y ese porcentaje &iacute;nfimo refiere en su mayor&iacute;a a conflictos patrimoniales, no a violencia de g&eacute;nero. El dato desarma la premisa entera. Lo que el proyecto hace, con precisi&oacute;n quir&uacute;rgica, es convertir la denuncia en riesgo. A las mujeres que ya dudan si pedir ayuda &mdash;porque saben que del otro lado puede no haber nadie&mdash; se les agrega ahora la amenaza de terminar presas por haberlo intentado.
    </p><p class="article-text">
        El 3 de junio se cumplen once a&ntilde;os del primer Ni Una Menos. En 2015 algo cambi&oacute;: el femicidio dej&oacute; de ser una rareza para volverse una categor&iacute;a legal, pol&iacute;tica, cotidiana. Lo nombramos, lo discutimos, lo contamos. Y sin embargo a Noelia, a Agostina, a Dulce y a Delicia las abandonaron igual. Ese &ldquo;igual&rdquo; es lo que hay que mirar de frente: nombrar la violencia no alcanza si el Estado que deber&iacute;a intervenir se queda mirando desde la vereda. Por eso volvemos a marchar, como cada a&ntilde;o, para exigirle a ese Estado que escucha del otro lado de la puerta que de una vez buena vez, la cruce.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Kupsch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mata-31horas_129_13272501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 13:40:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Estado nos mata cada 31 horas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Femicidio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué defendemos la universidad pública: quien no puede imaginar el futuro, no puede disputarlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/defendemos-universidad-publica-no-imaginar-futuro-no-disputarlo_129_13218849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf8e2cd2-b6e9-414f-b799-2d95918b159b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué defendemos la universidad pública: quien no puede imaginar el futuro, no puede disputarlo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Defender el financiamiento de la universidad pública no es una discusión presupuestaria sino política: lo que está en juego es quién tiene derecho a producir conocimiento, imaginar futuros posibles y disputar el sentido común.  En esa pelea, la universidad aparece como una de las pocas grietas históricas contra la desigualdad cultural y la colonialidad del saber.</p></div><p class="article-text">
        Se nos hace cuesta arriba tener que defender lo obvio, y todo el tiempo. Defender lo que ya existe y de repente hay que justificar ante quien solo habla el idioma de la rentabilidad. Defender ante la pregunta de cu&aacute;nto cuesta, como si ese fuera el &uacute;nico n&uacute;mero que importa y todo el resto fuera sentimentalismo, cooperativismo, o nostalgia mal administrada. Defender lo que te hizo pensar c&oacute;mo pens&aacute;s, lo que hizo posible que alguien sin apellido reconocido ni capital heredado pudiera, de todas formas, producir ideas que tuvieran&nbsp;peso, con s&oacute;lidos&nbsp;argumentos y con la posibilidad real de interpelar al mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil defender entre tanta precariedad y estr&eacute;s colectivo, y sin embargo hay que hacerlo, porque lo que est&aacute; en juego cuando se discute el financiamiento de la universidad p&uacute;blica no es un dato presupuestario: es un hecho pol&iacute;tico.&nbsp;Defendemos qui&eacute;n tiene derecho a saber, a preguntar, a que sus ideas sean tomadas como v&aacute;lidas, porque lo que organiza toda la l&oacute;gica del ajuste, es que ese derecho deber&iacute;a pertenecer a quienes pueden comprarlo, porque en el fondo lo que no soportan, como dir&iacute;a Mat&iacute;as Rioja, es que cualquiera pueda poder.
    </p><p class="article-text">
        Privado, en su origen, no significa exclusivo ni reservado para los que pueden pagarlo, significa despojado, arrancado de los dem&aacute;s: es la sustracci&oacute;n activa de algo que era colectivo. P&uacute;blico, en cambio, significa perteneciente a la gente y no a un grupo ni a quienes se lo ganaron, sino a cualquiera; y cualquiera, etimol&oacute;gicamente, es el elemento indiferenciado de un conjunto, el que llega sin apellido que lo preceda ni capital que lo habilite ni barrio que lo clasifique antes de que abra la boca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La universidad p&uacute;blica es el lugar donde ciertos sectores acceden, por primera vez en su historia familiar, a producir conocimiento con estatuto, con el peso institucional suficiente para que lo que uno piensa deje de ser &ldquo;opini&oacute;n&rdquo; o &ldquo;creencia&rdquo; y se convierta en argumento, en hip&oacute;tesis, en categor&iacute;a anal&iacute;tica que puede interpelar a quienes tienen el poder de cambiar algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        An&iacute;bal Quijano llam&oacute; colonialidad del saber a la clasificaci&oacute;n racial y geogr&aacute;fica de qui&eacute;n es capaz de producir teor&iacute;a, ciencia y pensamiento universal; y qui&eacute;n s&oacute;lo puede producir folklore, creencia, tradici&oacute;n local, saberes que no viajan ni abstraen, y que no alcanzan el estatuto de verdad porque vienen de los cuerpos y los territorios que el orden colonial clasific&oacute; como inferiores; y que hoy, el orden neoliberal lo re clasifica como ineficientes, poco rentables y subsidiados. Lo que esta noci&oacute;n nos permite ver (a pesar de que el debate presupuestario sistem&aacute;ticamente lo evita) es que la universidad p&uacute;blica en Argentina fue, hist&oacute;ricamente, una de las pocas instituciones donde esa jerarqu&iacute;a se pod&iacute;a fracturar, donde alguien que no ven&iacute;a del &ldquo;lado correcto&rdquo; del mapa colonial del conocimiento igual pod&iacute;a producir un argumento con suficiente peso y respaldo institucional.
    </p><p class="article-text">
        Esa fractura que la universidad p&uacute;blica hace posible no es s&oacute;lo epistemol&oacute;gica, no se agota en qui&eacute;n tiene derecho a producir conocimiento &ldquo;v&aacute;lido&rdquo;.&nbsp;Lo m&aacute;s urgente y peligroso&nbsp;es la otra posibilidad que puede abrir o cerrar&nbsp;el acceso a la universidad p&uacute;blica, porque determina qui&eacute;n tendr&aacute; (o no) derecho a imaginar el futuro, a disputarlo, a proponer que las cosas podr&iacute;an ser de otra manera, y a hacerlo realidad.
    </p><p class="article-text">
        Arjun Appadurai tiene un nombre para esto: capacidad de aspirar, que no es un rasgo psicol&oacute;gico individual sino un bien cultural que se aprende, que se ejercita, que se acumula o se atrofia seg&uacute;n las condiciones materiales y simb&oacute;licas en que uno vive, y lo que esa noci&oacute;n permite ver es una asimetr&iacute;a que va mucho m&aacute;s all&aacute; de qui&eacute;n tiene dinero: los sectores con m&aacute;s recursos acumulan tambi&eacute;n la posibilidad de proyectarse en el tiempo, de imaginar escenarios que excedan la urgencia inmediata, y de formular preguntas sobre el futuro en lugar de solo administrar el presente.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, quien no puede imaginar futuros alternativos tampoco puede disputarlos, ya que no tiene los marcos conceptuales para nombrar lo que falta ni para argumentar que las cosas podr&iacute;an ser de otra manera. La universidad p&uacute;blica fue, durante d&eacute;cadas, el dispositivo a trav&eacute;s del cual esa capacidad se redistribu&iacute;a hacia sectores que solo gracias a ella tuvieron acceso a las herramientas suficientes para leer el mundo de otra manera, para hacer preguntas que el mercado no hace porque sus respuestas no son rentables.
    </p><p class="article-text">
        Y si la capacidad de aspirar es un bien cultural que se distribuye de manera desigual, la pregunta que sigue es qu&eacute; pasa cuando el propio horizonte de lo posible se achica, cuando no es solo que algunos tienen menos herramientas para imaginar el futuro sino que el clima cultural dominante decreta que ciertos futuros directamente no existen, que son ingenuos, ideol&oacute;gicos, o que son un lujo que no nos podemos dar.
    </p><p class="article-text">
        Mark Fisher llam&oacute; realismo capitalista a esa condici&oacute;n en la que resulta m&aacute;s f&aacute;cil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, y lo que esa descripci&oacute;n captura no es solo un dato sobre la imaginaci&oacute;n colectiva, sino sobre el clima ideol&oacute;gico en el que se inscribe cualquier debate sobre lo p&uacute;blico, incluido este, porque cuando lo &uacute;nico imaginable es lo que el mercado puede costear, lo que se produce no es solo una decisi&oacute;n presupuestaria sino el achicamiento deliberado del horizonte de lo posible.
    </p><p class="article-text">
        Lo que el neoliberalismo hace, y lo que el debate sobre el financiamiento universitario reproduce sin nombrarlo, es naturalizar que hay preguntas que no merecen ser financiadas porque sus respuestas no tienen precio de mercado. Que el valor de ense&ntilde;ar algo se mide s&oacute;lo por lo que ese algo vale en el mercado de trabajo y no por lo que habilita en t&eacute;rminos de comprensi&oacute;n del mundo. Porque quien no puede pagar ese acceso simplemente no estaba destinado a hacerse esas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa cuando en el discurso p&uacute;blico (en el &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;) se instala la idea meritocr&aacute;tica que asegura que estudiar no es un derecho, es una posibilidad para quienes pueden pagarlo, y si no, es un gasto que atenta contra el equilibrio fiscal? &iquest;Qu&eacute; queda de la pol&iacute;tica cuando el horizonte de lo posible se achica hasta coincidir s&oacute;lo con lo que el mercado puede costear y nada m&aacute;s? Nos, me pregunto si sabemos lo que estamos dejando ir cuando dejamos que esta discusi&oacute;n se quede en los n&uacute;meros, si entendemos que lo que se est&aacute; disputando ahora no es solo un presupuesto, sino qui&eacute;nes van a tener derecho a hacer esas preguntas, a sostenerlas, a convertirlas en algo que el mundo tenga que escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Defender la universidad p&uacute;blica es, en todo momento, y en todo lugar, defender que cualquiera pueda poder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Kupsch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/defendemos-universidad-publica-no-imaginar-futuro-no-disputarlo_129_13218849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 15:18:44 +0000]]></pubDate>
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