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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Agustina Kupsch]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/agustina-kupsch/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Agustina Kupsch]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por qué defendemos la universidad pública: quien no puede imaginar el futuro, no puede disputarlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/defendemos-universidad-publica-no-imaginar-futuro-no-disputarlo_129_13218849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf8e2cd2-b6e9-414f-b799-2d95918b159b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué defendemos la universidad pública: quien no puede imaginar el futuro, no puede disputarlo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Defender el financiamiento de la universidad pública no es una discusión presupuestaria sino política: lo que está en juego es quién tiene derecho a producir conocimiento, imaginar futuros posibles y disputar el sentido común.  En esa pelea, la universidad aparece como una de las pocas grietas históricas contra la desigualdad cultural y la colonialidad del saber.</p></div><p class="article-text">
        Se nos hace cuesta arriba tener que defender lo obvio, y todo el tiempo. Defender lo que ya existe y de repente hay que justificar ante quien solo habla el idioma de la rentabilidad. Defender ante la pregunta de cu&aacute;nto cuesta, como si ese fuera el &uacute;nico n&uacute;mero que importa y todo el resto fuera sentimentalismo, cooperativismo, o nostalgia mal administrada. Defender lo que te hizo pensar c&oacute;mo pens&aacute;s, lo que hizo posible que alguien sin apellido reconocido ni capital heredado pudiera, de todas formas, producir ideas que tuvieran&nbsp;peso, con s&oacute;lidos&nbsp;argumentos y con la posibilidad real de interpelar al mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil defender entre tanta precariedad y estr&eacute;s colectivo, y sin embargo hay que hacerlo, porque lo que est&aacute; en juego cuando se discute el financiamiento de la universidad p&uacute;blica no es un dato presupuestario: es un hecho pol&iacute;tico.&nbsp;Defendemos qui&eacute;n tiene derecho a saber, a preguntar, a que sus ideas sean tomadas como v&aacute;lidas, porque lo que organiza toda la l&oacute;gica del ajuste, es que ese derecho deber&iacute;a pertenecer a quienes pueden comprarlo, porque en el fondo lo que no soportan, como dir&iacute;a Mat&iacute;as Rioja, es que cualquiera pueda poder.
    </p><p class="article-text">
        Privado, en su origen, no significa exclusivo ni reservado para los que pueden pagarlo, significa despojado, arrancado de los dem&aacute;s: es la sustracci&oacute;n activa de algo que era colectivo. P&uacute;blico, en cambio, significa perteneciente a la gente y no a un grupo ni a quienes se lo ganaron, sino a cualquiera; y cualquiera, etimol&oacute;gicamente, es el elemento indiferenciado de un conjunto, el que llega sin apellido que lo preceda ni capital que lo habilite ni barrio que lo clasifique antes de que abra la boca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La universidad p&uacute;blica es el lugar donde ciertos sectores acceden, por primera vez en su historia familiar, a producir conocimiento con estatuto, con el peso institucional suficiente para que lo que uno piensa deje de ser &ldquo;opini&oacute;n&rdquo; o &ldquo;creencia&rdquo; y se convierta en argumento, en hip&oacute;tesis, en categor&iacute;a anal&iacute;tica que puede interpelar a quienes tienen el poder de cambiar algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        An&iacute;bal Quijano llam&oacute; colonialidad del saber a la clasificaci&oacute;n racial y geogr&aacute;fica de qui&eacute;n es capaz de producir teor&iacute;a, ciencia y pensamiento universal; y qui&eacute;n s&oacute;lo puede producir folklore, creencia, tradici&oacute;n local, saberes que no viajan ni abstraen, y que no alcanzan el estatuto de verdad porque vienen de los cuerpos y los territorios que el orden colonial clasific&oacute; como inferiores; y que hoy, el orden neoliberal lo re clasifica como ineficientes, poco rentables y subsidiados. Lo que esta noci&oacute;n nos permite ver (a pesar de que el debate presupuestario sistem&aacute;ticamente lo evita) es que la universidad p&uacute;blica en Argentina fue, hist&oacute;ricamente, una de las pocas instituciones donde esa jerarqu&iacute;a se pod&iacute;a fracturar, donde alguien que no ven&iacute;a del &ldquo;lado correcto&rdquo; del mapa colonial del conocimiento igual pod&iacute;a producir un argumento con suficiente peso y respaldo institucional.
    </p><p class="article-text">
        Esa fractura que la universidad p&uacute;blica hace posible no es s&oacute;lo epistemol&oacute;gica, no se agota en qui&eacute;n tiene derecho a producir conocimiento &ldquo;v&aacute;lido&rdquo;.&nbsp;Lo m&aacute;s urgente y peligroso&nbsp;es la otra posibilidad que puede abrir o cerrar&nbsp;el acceso a la universidad p&uacute;blica, porque determina qui&eacute;n tendr&aacute; (o no) derecho a imaginar el futuro, a disputarlo, a proponer que las cosas podr&iacute;an ser de otra manera, y a hacerlo realidad.
    </p><p class="article-text">
        Arjun Appadurai tiene un nombre para esto: capacidad de aspirar, que no es un rasgo psicol&oacute;gico individual sino un bien cultural que se aprende, que se ejercita, que se acumula o se atrofia seg&uacute;n las condiciones materiales y simb&oacute;licas en que uno vive, y lo que esa noci&oacute;n permite ver es una asimetr&iacute;a que va mucho m&aacute;s all&aacute; de qui&eacute;n tiene dinero: los sectores con m&aacute;s recursos acumulan tambi&eacute;n la posibilidad de proyectarse en el tiempo, de imaginar escenarios que excedan la urgencia inmediata, y de formular preguntas sobre el futuro en lugar de solo administrar el presente.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, quien no puede imaginar futuros alternativos tampoco puede disputarlos, ya que no tiene los marcos conceptuales para nombrar lo que falta ni para argumentar que las cosas podr&iacute;an ser de otra manera. La universidad p&uacute;blica fue, durante d&eacute;cadas, el dispositivo a trav&eacute;s del cual esa capacidad se redistribu&iacute;a hacia sectores que solo gracias a ella tuvieron acceso a las herramientas suficientes para leer el mundo de otra manera, para hacer preguntas que el mercado no hace porque sus respuestas no son rentables.
    </p><p class="article-text">
        Y si la capacidad de aspirar es un bien cultural que se distribuye de manera desigual, la pregunta que sigue es qu&eacute; pasa cuando el propio horizonte de lo posible se achica, cuando no es solo que algunos tienen menos herramientas para imaginar el futuro sino que el clima cultural dominante decreta que ciertos futuros directamente no existen, que son ingenuos, ideol&oacute;gicos, o que son un lujo que no nos podemos dar.
    </p><p class="article-text">
        Mark Fisher llam&oacute; realismo capitalista a esa condici&oacute;n en la que resulta m&aacute;s f&aacute;cil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, y lo que esa descripci&oacute;n captura no es solo un dato sobre la imaginaci&oacute;n colectiva, sino sobre el clima ideol&oacute;gico en el que se inscribe cualquier debate sobre lo p&uacute;blico, incluido este, porque cuando lo &uacute;nico imaginable es lo que el mercado puede costear, lo que se produce no es solo una decisi&oacute;n presupuestaria sino el achicamiento deliberado del horizonte de lo posible.
    </p><p class="article-text">
        Lo que el neoliberalismo hace, y lo que el debate sobre el financiamiento universitario reproduce sin nombrarlo, es naturalizar que hay preguntas que no merecen ser financiadas porque sus respuestas no tienen precio de mercado. Que el valor de ense&ntilde;ar algo se mide s&oacute;lo por lo que ese algo vale en el mercado de trabajo y no por lo que habilita en t&eacute;rminos de comprensi&oacute;n del mundo. Porque quien no puede pagar ese acceso simplemente no estaba destinado a hacerse esas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa cuando en el discurso p&uacute;blico (en el &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;) se instala la idea meritocr&aacute;tica que asegura que estudiar no es un derecho, es una posibilidad para quienes pueden pagarlo, y si no, es un gasto que atenta contra el equilibrio fiscal? &iquest;Qu&eacute; queda de la pol&iacute;tica cuando el horizonte de lo posible se achica hasta coincidir s&oacute;lo con lo que el mercado puede costear y nada m&aacute;s? Nos, me pregunto si sabemos lo que estamos dejando ir cuando dejamos que esta discusi&oacute;n se quede en los n&uacute;meros, si entendemos que lo que se est&aacute; disputando ahora no es solo un presupuesto, sino qui&eacute;nes van a tener derecho a hacer esas preguntas, a sostenerlas, a convertirlas en algo que el mundo tenga que escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Defender la universidad p&uacute;blica es, en todo momento, y en todo lugar, defender que cualquiera pueda poder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Kupsch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/defendemos-universidad-publica-no-imaginar-futuro-no-disputarlo_129_13218849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 15:18:44 +0000]]></pubDate>
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