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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Javier Auyero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/javier-auyero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Javier Auyero]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Quién manda en los márgenes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manda-margenes_129_13316499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb0905f4-915c-4304-bd3d-576e371ab195_16-9-discover-aspect-ratio_default_1091705.jpg" width="1996" height="1123" alt="¿Quién manda en los márgenes?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de las historias de Teresa y Marta, el artículo explora cómo la pobreza se convierte en una red de subordinaciones donde el endeudamiento, el narcotráfico, la violencia y la ausencia estatal se combinan para ejercer un poder que restringe la libertad de quienes menos tienen.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La pobreza,&rdquo; dice el soci&oacute;logo y ganador del premio Pulitzer Matthew Desmond, &ldquo;suele ser escasez material sumada a dolor cr&oacute;nico, sumada a encarcelamiento, sumada a depresi&oacute;n, sumada a adicci&oacute;n. La pobreza no es una l&iacute;nea: es un <strong>nudo apretado</strong> de males sociales&rdquo;. Es un conjunto de problemas que se acumulan: falta de dinero, vivienda precaria, contaminaci&oacute;n ambiental, violencia cotidiana, dolor f&iacute;sico, inestabilidad e incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Para Teresa y Marta, vecinas de dos barrios marginado del sur del conurbano bonaerense, la miseria no es s&oacute;lo un <strong>ajustado nudo</strong> sino una <strong>soga que las somete </strong>&ndash; la pobreza es una condici&oacute;n y un conjunto de relaciones de dominaci&oacute;n que las abruman y frente a las cuales poco pueden hacer. &iquest;Cu&aacute;les son las formas de poder que hoy afectan a los pobres conurbanos? &iquest;Qui&eacute;nes gobiernan hoy la vida popular?
    </p><p class="article-text">
        Teresa toma medicamentos para la diabetes y para la presi&oacute;n alta, &ldquo;antes te los daban, ahora ya no&hellip; ahora hay que comprarlos&hellip; No aument&oacute; mucho, pero a veces no hay.&rdquo; Para adquirir sus remedios, los de su marido con una cardiopat&iacute;a, y los de unos de sus hijos &ldquo;que sufre de los huesitos,&rdquo; Teresa recurre a un prestamista.&nbsp;&ldquo;Todo el pr&eacute;stamo es para remedios.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No me hables de los pr&eacute;stamos. Los pr&eacute;stamos son deuda nom&aacute;s, deuda que te hunde y te hunde&rdquo;. Es que a Teresa el prestamista del barrio le presta 100, y ella la tiene que devolver 200 al mes siguiente. &ldquo;A veces, hasta te retiene la tarjeta,&rdquo; con la que ella cobra su pensi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los prestamistas no son s&oacute;lo usureros. Para cobrar sus deudas suelen recurrir a la violencia. Marta nos cuenta que a ellos &ldquo;no les importa nada&hellip; est&aacute;n endemoniados.&rdquo; Esto no es s&oacute;lo un juicio de valor. La &uacute;ltima vez llegaron a cobrarle a punta de pistola. A otro vecino le destrozaron la casa. Poder descarnado, pura coerci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como si hiciese falta remarcar que las deudas acumuladas constri&ntilde;en su escasa libertad, ellas hablan de &ldquo;librarse&rdquo; de sus pr&eacute;stamos. &ldquo;Ahora tengo 2, ya me libr&eacute; de uno.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Teresa tiene un hijo con problemas de adicci&oacute;n. Consume paco. &ldquo;Anda, en la calle, drog&aacute;ndose, viviendo de ac&aacute; para all&aacute;. Lo veo cada tanto, lo tuve que echar porque me roba todo lo que encuentra. Me llev&oacute; el lavarropa para vender&hellip; En el barrio hay uno que le compra las cosas [robadas] a cambio de droga [&hellip;]. Una vez me arranc&oacute; la ventana de aluminio para vender tambi&eacute;n. Es imposible, pero bueno, trato de estar con calma y llevarlo como se puede.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Teresa pens&oacute; en denunciar a quienes le venden paco a su hijo, pero &ldquo;no pod&eacute;s decir nada si la polic&iacute;a tambi&eacute;n est&aacute; con ellos&hellip; Yo fui una vez a denunciarlo y la polic&iacute;a fue y le avis&oacute; a la persona que yo lo denunci&eacute;. Esa persona vino y me apunt&oacute; y me dijo que no va a haber segunda vez &hellip; Me apunt&oacute; con un arma y me dijo que no iba a haber segunda vez. Que ven&iacute;a a avisar, que me deje de joder, que me deje de hacer un mont&oacute;n de cosas. Eso me dijo [&hellip;] <em>Es como que te sent&iacute;s sola porque no ten&eacute;s con qui&eacute;n contar</em>. Y la polic&iacute;a supuestamente tiene que cuidarte, tienen que ayudarte, no te ayudan ni te cuidan&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El poder,&rdquo; dec&iacute;a Max Weber, &ldquo;es la probabilidad de que un actor, dentro de una relaci&oacute;n social, se encuentre en condiciones de imponer su propia voluntad a pesar de la resistencia, independientemente de la base sobre la que se sustente dicha probabilidad&rdquo;. Escuchando a Teresa y a Marta vemos que &ldquo;prestamistas&rdquo; y &ldquo;narcos&rdquo; &ndash; en colusi&oacute;n con la polic&iacute;a local &ndash; son quienes hoy gobiernan &ndash; esto es, ejercen poder sobre &ndash; la vida cotidiana de los m&aacute;s pobres. Adentro y afuera de los hogares estos actores extienden su dominio. Un poder arbitrario y descarnado. Un poder que subyuga a los que menos tienen.
    </p><p class="article-text">
        Visibilizar el ejercicio personalizado del poder en los m&aacute;rgenes urbanos no deber&iacute;a hacernos perder de vista las otras formas de dominaci&oacute;n que hoy abruman la los m&aacute;s necesitados. Volvamos a escuchar a Teresa y Marta, a lo que no dicen, a lo que insin&uacute;an. &iquest;Por qu&eacute; no tienen dinero para pagar sus medicamentos? &iquest;Por qu&eacute; pagan tanto por ellos? &iquest;Por qu&eacute; la salita ya no los distribuye? &iquest;Por qu&eacute; no hay centro de rehabilitaci&oacute;n accesibles? Responder a estas preguntas requiere ya no tanto pensar en actores de carne y hueso sino en estructuras &ndash; un mercado que explota de manera precaria a los sectores m&aacute;s vulnerables de la sociedad; un estado que aparece en zonas marginadas s&oacute;lo con su cara punitiva y corrupta.
    </p><p class="article-text">
        <em>JA/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Auyero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manda-margenes_129_13316499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 08:45:33 +0000]]></pubDate>
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