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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Rubén “Pollo” Sobrero]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Rubén “Pollo” Sobrero]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sueñan los androides con ovejas eléctricas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/suenan-androides-ovejas-electricas_129_13435464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb66f433-398b-4e25-96c0-7618c7874e0c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1011y552.jpg" width="1200" height="675" alt="Sueñan los androides con ovejas eléctricas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La precarización laboral ya no es una excepción sino el horizonte de millones de jóvenes: algoritmos que controlan el trabajo, informalidad, salarios bajos y una incertidumbre que vuelve cada vez más difícil proyectar una vida. Frente a la reforma laboral de Javier Milei, el desafío del movimiento obrero es defender derechos y encontrar nuevas formas de organización para quienes quedaron fuera de ellos.
</p></div><p class="article-text">
        En 1968, Philip K. Dick public&oacute; <em>&iquest;Sue&ntilde;an los androides con ovejas el&eacute;ctricas?</em>, la novela que a&ntilde;os m&aacute;s tarde inspir&oacute; la pel&iacute;cula <em>Blade Runner</em>. En ese mundo devastado, los androides trabajan, obedecen y producen mientras son tratados como seres descartables. La pregunta que recorre la historia obliga a pensar qui&eacute;n decide qu&eacute; vidas importan, qui&eacute;n puede tener futuro y qui&eacute;n est&aacute; condenado a cumplir una funci&oacute;n hasta quedar fuera de servicio.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de medio siglo despu&eacute;s, esa pregunta se mete de lleno en el mundo del trabajo. Miles de j&oacute;venes recorren las ciudades en bicicleta o moto, pendientes de una pantalla que asigna pedidos, calcula tiempos, mide rendimientos y puede bloquearlos sin explicaciones. Las empresas les dicen que son &ldquo;socios&rdquo;, &ldquo;colaboradores&rdquo; o &ldquo;emprendedores&rdquo;. La plataforma fija las reglas, organiza las tareas, controla el desempe&ntilde;o y determina cu&aacute;nto cobran. Hay relaci&oacute;n de dependencia, aunque las aplicaciones la oculten detr&aacute;s de una ficci&oacute;n tecnol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el art&iacute;culo <em>Algoritmos, trabajo precario y poder</em>, de Sof&iacute;a Scasserra y Leandro Giri, las plataformas presentan &ldquo;el trabajo como independiente, la subordinaci&oacute;n como autonom&iacute;a y la explotaci&oacute;n como oportunidad&rdquo;. La patronal parece haber desaparecido, pero sigue ah&iacute;. Ahora tiene la forma de un algoritmo opaco que sabe todo sobre el trabajador mientras &eacute;ste desconoce los criterios que organizan su jornada.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; aparece la trampa pol&iacute;tica de la derecha. Muchos pibes vieron a sus padres dejar la vida en trabajos mal pagos, viajar durante horas y llegar agotados a fin de mes para estar cada vez peor. Javier Milei toma ese rechazo leg&iacute;timo y lo dirige contra los convenios, los sindicatos y los derechos laborales. Presenta la registraci&oacute;n y la organizaci&oacute;n colectiva como obst&aacute;culos, mientras preserva intacto el poder de las empresas.
    </p><p class="article-text">
        Quienes reci&eacute;n empiezan a trabajar ingresan a un mercado atravesado por la informalidad, los salarios bajos y la inestabilidad. Seg&uacute;n el informe <em>J&oacute;venes vulnerables en la Argentina 2026</em>, elaborado por la UBA, casi la mitad de los j&oacute;venes de entre 18 y 29 a&ntilde;os se encuentra en una situaci&oacute;n de vulnerabilidad. Entre quienes trabajan, apenas el 15,3% tiene un empleo registrado, mientras que el 46,1% trabaja en negro.
    </p><p class="article-text">
        Esa falta de estabilidad tambi&eacute;n atraviesa la vida cotidiana. El mismo informe se&ntilde;ala que m&aacute;s del 70% manifiesta sufrir nervios o ansiedad con frecuencia y m&aacute;s de la mitad atraviesa situaciones de tristeza, desgano o depresi&oacute;n. La dificultad para conseguir un trabajo estable, sostener ingresos y proyectar a largo plazo forma parte de una experiencia generacional cada vez m&aacute;s extendida.
    </p><p class="article-text">
        Esos n&uacute;meros hablan de una generaci&oacute;n que literalmente hace lo que puede, acepta el trabajo que aparece y organiza su vida alrededor de ingresos que nunca est&aacute;n garantizados. Vacaciones, aguinaldo, licencias, obra social y aportes jubilatorios quedan fuera del alcance. El pluriempleo, las jornadas de 12 horas (o m&aacute;s) y el trabajo durante los fines de semana pasan a formar parte de la rutina.
    </p><p class="article-text">
        A esa realidad se suma un discurso que responsabiliza a cada trabajador por su propia situaci&oacute;n. La falta de empleo se atribuye a una supuesta falta de capacitaci&oacute;n. Los salarios bajos, a la falta de esfuerzo. La frustraci&oacute;n social queda convertida en culpa individual, mientras las empresas imponen condiciones cada vez m&aacute;s duras y trasladan todos los riesgos hacia abajo.
    </p><p class="article-text">
        Silvina Merenson y Pablo Sem&aacute;n describen este proceso como un &ldquo;acortamiento de los plazos de las previsiones&rdquo;. Sus investigaciones muestran c&oacute;mo la incertidumbre reduce los m&aacute;rgenes para proyectar a largo plazo y obliga a tomar decisiones con tiempos cortos y altos costos potenciales. La vivienda, los estudios y hasta decisiones cotidianas quedan atravesados por esa inestabilidad.
    </p><p class="article-text">
        El futuro se achica. Conseguir un trabajo o mejorar el que ya tienen aparece como el principal objetivo para los pr&oacute;ximos cinco a&ntilde;os, seguido por la posibilidad de acceder a una casa propia. Formar una familia queda mucho m&aacute;s atr&aacute;s. Esos datos chocan con discursos como el de la vicejefa de Gobierno porte&ntilde;o, Clara Muzzio, que vincul&oacute; la ca&iacute;da de la natalidad con la ESI, el aborto y las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero. El informe de la UBA muestra otra dimensi&oacute;n del problema, las condiciones materiales que restringen la posibilidad misma de proyectar a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento obrero tiene que mirar de frente esa realidad. Durante generaciones, la lucha estuvo ligada a la idea de que los hijos pudieran vivir mejor, estudiar, descansar, tener una vivienda y elegir su propio camino. Hoy, hasta esas aspiraciones elementales aparecen presentadas como privilegios imposibles.
    </p><p class="article-text">
        Sobre este escenario, el gobierno nacional impuls&oacute; una reforma laboral. La informalidad entre asalariados alcanz&oacute; el 37,7% en el segundo trimestre de 2025, seg&uacute;n el Indec. Milei promete que una mayor &ldquo;flexibilidad&rdquo; generar&aacute; empleo. En los hechos, la reforma facilita despidos, debilita convenios, reduce indemnizaciones y ampl&iacute;a el poder de las empresas.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo es extender al conjunto del mercado laboral las condiciones que ya padecen millones de trabajadores de plataformas, monotributistas forzados y empleados en negro. La precariedad aparece presentada como modernizaci&oacute;n y la p&eacute;rdida de derechos como libertad individual.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos laborales fueron conquistados con organizaci&oacute;n, huelgas y movilizaciones. La tarea actual exige defenderlos y ampliarlos hacia quienes quedaron afuera. Hay que organizar a los trabajadores informales, a quienes facturan para encubrir una relaci&oacute;n de dependencia y a quienes reciben &oacute;rdenes a trav&eacute;s de una app.
    </p><p class="article-text">
        Ese desaf&iacute;o tambi&eacute;n obliga a transformar a los sindicatos. Muchos j&oacute;venes los observan con desconfianza porque encuentran dirigentes alejados de sus problemas y estructuras que no llegan hasta sus lugares de trabajo. Recuperar ese v&iacute;nculo requiere presencia, escucha y participaci&oacute;n real. Los repartidores y trabajadores de plataformas necesitan espacios propios para organizarse y decidir.
    </p><p class="article-text">
        El Frente de Izquierda Unidad present&oacute; un proyecto de ley alternativo a la reforma laboral de Milei. La iniciativa declara la Emergencia Laboral Nacional, proh&iacute;be los despidos sin justa causa, plantea el pase a planta de trabajadores precarizados y establece una jornada m&aacute;xima de seis horas diarias o treinta semanales sin reducci&oacute;n salarial. Tambi&eacute;n crea un Programa de Primer Empleo Joven sin Precarizaci&oacute;n para trabajadores de 18 a 25 a&ntilde;os, con plena registraci&oacute;n, igual salario por igual trabajo y todos los derechos laborales y sindicales. A esto suma un plan nacional de obras p&uacute;blicas, urbanizaci&oacute;n y construcci&oacute;n de 500 mil viviendas que, seg&uacute;n el proyecto, generar&iacute;a m&aacute;s de dos millones de puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Scasserra y Giri sostienen que los algoritmos &ldquo;no solo implementan decisiones patronales, son decisiones patronales&rdquo;. La organizaci&oacute;n sindical tambi&eacute;n tiene que intervenir sobre ese terreno. Hay que exigir transparencia algor&iacute;tmica, acceso a los datos y negociaci&oacute;n sobre los criterios que asignan pedidos, determinan ingresos o bloquean cuentas.
    </p><p class="article-text">
        La pelea contra la reforma laboral tiene que frenar la destrucci&oacute;n de los derechos existentes y, al mismo tiempo, recuperar una idea elemental. El trabajo debe permitir vivir, construir proyectos, compartir tiempo con los dem&aacute;s y pensar en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Blade Runner</em>, los androides descubren que fueron fabricados con una vida &uacute;til limitada. A los j&oacute;venes de hoy les ofrecen un horizonte parecido, hecho de adaptaci&oacute;n permanente, competencia y resignaci&oacute;n. La tarea del movimiento obrero es romper ese destino, organizar a quienes el capital quiere aislados y volver a abrir una perspectiva de futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén “Pollo” Sobrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/suenan-androides-ovejas-electricas_129_13435464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 03:02:31 +0000]]></pubDate>
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