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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pedro Pesatti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/pedro-pesatti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pedro Pesatti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El Aleph de Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/aleph-milei_129_13448589.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50eab015-393d-4c3b-bc65-c4ea99130dfe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x318y254.jpg" width="1200" height="675" alt="El Aleph de Milei"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como en el cuento de Borges, Milei engendró su propio Aleph y lo depositó en la Ley Bases y sus efectos se despliegan ahora sobre cada dimensión de la vida nacional. Para el autor, el Presidente concentró en un solo texto el programa completo para destruir a la Argentina.</p></div><p class="article-text">
        En &ldquo;El Aleph&rdquo;, publicado en 1945, Jorge Luis Borges imagin&oacute; un punto que contiene a todos los puntos del espacio: una esfera diminuta y tornasolada, de un brillo apenas soportable, escondida en el decimonoveno escal&oacute;n del s&oacute;tano de una casa de la calle Garay. Quien bajaba en la penumbra, y fijaba la mirada en ese escal&oacute;n, ve&iacute;a el universo entero sin que nada tapara a nada: el mar y las multitudes, el amanecer y el atardecer, los espejos de la tierra, los mecanismos del amor y las transformaciones de la muerte, la sangre circulando dentro de su propio cuerpo, su propia cara. 
    </p><p class="article-text">
        Borges advirti&oacute; enseguida el l&iacute;mite del narrador: sus ojos vieron todo al mismo tiempo, pero la escritura solo pudo ofrecer una cosa despu&eacute;s de otra, porque el lenguaje discurre en el tiempo inexorable. De esa imposibilidad naci&oacute; la enumeraci&oacute;n m&aacute;s c&eacute;lebre de nuestra literatura, ese cat&aacute;logo donde las cosas m&aacute;s dis&iacute;miles conviven sin jerarqu&iacute;a, unidas apenas por el v&eacute;rtigo de quien las contempla. Y conviene recordar el sujeto que necesitaba semejante prodigio: Carlos Argentino Daneri, poeta mediocre y de ambici&oacute;n total, que descend&iacute;a al s&oacute;tano para versificar el planeta entero sin haber salido nunca de su casa ni interactuado con la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Milei engendr&oacute; su propio Aleph y lo deposit&oacute; en la Ley Bases.
    </p><p class="article-text">
        Como narrador de una distop&iacute;a jur&iacute;dica, consigui&oacute; que en un solo cuerpo normativo convivieran, sin jerarqu&iacute;a y sin verg&uuml;enza, la emergencia p&uacute;blica y la delegaci&oacute;n de facultades constitucionales; las privatizaciones y la reorganizaci&oacute;n del Estado; Nucleoel&eacute;ctrica junto a Yacimientos Carbon&iacute;feros R&iacute;o Turbio; Energ&iacute;a Argentina, Intercargo, los ferrocarriles, los corredores viales y el agua; treinta a&ntilde;os de estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria para las grandes inversiones junto a un per&iacute;odo de prueba extendido de tres a seis meses y hasta un a&ntilde;o en las empresas m&aacute;s peque&ntilde;as; el fondo de cese sustituyendo a la indemnizaci&oacute;n y la condonaci&oacute;n de multas, deudas y acciones penales para quienes mantuvieron trabajadores sin registrar; la reforma de las leyes de Hidrocarburos y del Gas, la modificaci&oacute;n del empleo p&uacute;blico, los impuestos al tabaco y la vieja Ley 23.696 de los noventa invocada a la vez como antecedente y como coartada. Todo reunido por una misma pluma, votado en una misma noche y dirigido hacia un mismo prop&oacute;sito.
    </p><p class="article-text">
        Pero existe una clave sustantiva.
    </p><p class="article-text">
        Para ver el Aleph de la calle Garay hab&iacute;a que bajar a un s&oacute;tano, acostarse en el piso y aceptar la penumbra. Para ver el de la Ley Bases nadie necesit&oacute; un prodigio para saber lo que all&iacute; se concentraba. Quienes levantaron la mano en el recinto vieron el conjunto, o pudieron verlo, que a los efectos de la responsabilidad pol&iacute;tica significa exactamente lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        En ese Aleph qued&oacute; contenida, adem&aacute;s, la arquitectura de la crueldad.
    </p><p class="article-text">
        La emergencia administrativa, econ&oacute;mica y financiera, prolongada en los hechos por la ausencia de una Ley de Presupuesto durante dos ejercicios consecutivos, convirti&oacute; la excepci&oacute;n en m&eacute;todo de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Bajo ese r&eacute;gimen, el fondo constituido con el impuesto a los combustibles l&iacute;quidos pudo manejarse con tal discrecionalidad que Vialidad Nacional sufri&oacute; una ca&iacute;da presupuestaria del 72,5% entre 2023 y 2025, mientras apenas una cuarta parte de lo recaudado para conservar las rutas lleg&oacute; efectivamente al asfalto. Y all&iacute; est&aacute; tambi&eacute;n, aunque ning&uacute;n art&iacute;culo lo nombre, lo que todo Aleph muestra sin que nadie lo haya escrito: el investigador del CONICET que en este mismo segundo abandona la Argentina para no morirse de hambre. La ruta destruida y el cient&iacute;fico que emigra parecen hechos separados, pero ocurren simult&aacute;neamente y nacieron de la misma decisi&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Los efectos de la Ley Bases se despliegan ahora sobre cada dimensi&oacute;n de la vida nacional.
    </p><p class="article-text">
        El m&aacute;s visible ocupa por estos d&iacute;as la atenci&oacute;n de dirigentes que denuncian el deterioro de las rutas como si acabaran de descubrirlo, como si la destrucci&oacute;n de la infraestructura p&uacute;blica fuera una calamidad sobrevenida y no una consecuencia ya contenida en la ley que votaron, apoyaron o dejaron pasar mirando para otro lado.
    </p><p class="article-text">
        No hay inocencia posible. Quienes acompa&ntilde;aron la Ley Bases tienen responsabilidad pol&iacute;tica sobre cada ruta abandonada, cada organismo desmantelado, cada trabajador desprotegido y cada cient&iacute;fico que debe abandonar su patria. No pueden presentarse ahora como testigos escandalizados de aquello que ayudaron a producir. El desastre no comenz&oacute; cuando apareci&oacute; el primer cr&aacute;ter en el pavimento, sino cuando levantaron la mano los levantamanos, los mandamanos y los aplaudidores de los mandamanos.
    </p><p class="article-text">
        Borges cerr&oacute; su cuento con una demolici&oacute;n. Los due&ntilde;os de la confiter&iacute;a vecina compraron la casa de la calle Garay y la derribaron para ensanchar el negocio, y con ella desapareci&oacute; el punto donde cab&iacute;a el mundo. En la posdata, el narrador todav&iacute;a sospecha que aquel Aleph pod&iacute;a ser falso. De este no cabe la misma duda: todo lo que la Ley Bases prometi&oacute; contener, efectivamente lo conten&iacute;a. El Aleph de Borges mostraba la creaci&oacute;n del mundo desde el s&oacute;tano de una casa porte&ntilde;a; el de Milei es su contracara exacta, porque concentra en un solo texto el programa completo para destruir a la Argentina, y avanza sobre la casa com&uacute;n con la misma l&oacute;gica con que la confiter&iacute;a avanz&oacute; sobre el prodigio, para ampliar el local.
    </p><p class="article-text">
        Hay un pecado pol&iacute;tico todav&iacute;a peor que callar. Es el pecado de gritar a destiempo. Gritar cuando conviene, despu&eacute;s de haber callado cuando era necesario poner el grito en el cielo para evitar las consecuencias que cualquier persona con informaci&oacute;n suficiente pod&iacute;a prever. Indignarse hoy por aquello que ayer se apoy&oacute; por acci&oacute;n o por omisi&oacute;n es exactamente lo mismo y causa la misma repugnancia.
    </p><p class="article-text">
        Quienes ahora recorren las rutas destruidas con gestos de indignaci&oacute;n no son arrepentidos, porque ni siquiera se atreven a presentarse como tales. Son responsables directos del desastre que intentan borrar sus huellas levantando la voz que debiera sonar para todos como una campana de palo. Callaron cuando hab&iacute;a que gritar, votaron cuando hab&iacute;a que resistir y ahora gritan para esconder que tambi&eacute;n fueron autores del Aleph de Milei.
    </p><p class="article-text">
        Pocas formas de la miseria pol&iacute;tica resultan m&aacute;s despreciables.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro Pesatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/aleph-milei_129_13448589.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 03:02:08 +0000]]></pubDate>
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