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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo que m&aacute;s nos extra&ntilde;a de la muerte o del sufrimiento sea que constituyen una fuente de consenso: no pueden discutirse y nuestra opini&oacute;n o voluntad no pueden disimularlos; (casi) nadie los quiere ni busca, sino que (casi) todos los rechazamos y esquivamos y tratamos de zafarnos de ellos o postergar el &aacute;spero encuentro con ellos hasta el &uacute;ltimo recodo del laberinto, donde la evidencia del tiempo y del dolor nos atrapan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede que el car&aacute;cter concluyente de la muerte nos interrogue m&aacute;s, o que haya determinado m&aacute;s la cosmovisi&oacute;n de todas las variadas tradiciones culturales, pero admitamos que la muerte (natural) carece de misterio: es un irrefutable y prosaico hecho biol&oacute;gico que nos alcanza a todos y, por tanto, es perfectamente razonable y justo, en el sentido de igualitario (otra cosa es que nuestra inteligencia, tan bellamente dotada de capacidad creadora como para imaginar el futuro, y en particular un futuro de ultratumba, no acepte que esa prodigiosa capacidad no se corresponda con una naturaleza <em>lo bastante</em> divina; y que nuestra conciencia no pueda sino escandalizarse, por estremecedor contraste, ante los cuerpos despojados de conciencia). Sin embargo, el sufrimiento s&iacute; es un misterio, pues es totalmente arbitrario, y por eso condiciona, remueve la experiencia humana de forma m&aacute;s radical: su afectaci&oacute;n es intempestiva y veleidosa e inescrutable, y de este modo, perfectamente irrazonable e injusta, o al menos odiosamente discriminatoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La muerte nos angustia porque no podemos evitarla y nos conmociona porque no podemos vencerla. El sufrimiento nos angustia porque no podemos evitarlo y nos violenta porque no podemos comprenderlo. Pero que el sufrimiento no pueda comprenderse, como no puede entenderse la maldad (a pesar de los esfuerzos psicoanal&iacute;ticos de tantos libros y pel&iacute;culas que, guiados por un determinismo que niega el libre albedr&iacute;o y las probabilidades terap&eacute;uticas de la ciencia, la fe o el arte, terminan motivando la m&aacute;s abyecta psicopat&iacute;a en rec&oacute;nditos traumas supuestamente insuperables), no significa que no pueda reaccionarse contra &eacute;l y vencerlo, es decir, dominarlo paliativamente o, incluso, sanarlo felizmente. Una sociedad que se resigna al sufrimiento es una sociedad derrotada, una sociedad <em>muerta.</em> La sociedad riojana todav&iacute;a no se ha resignado al sufrimiento, como acreditan los Premios Kil&oacute;metro Cero que entrega este peri&oacute;dico, pues los ganadores (Proyecto Hombre, El Llavero, RioxaNostra y el profesor Iv&aacute;n Fern&aacute;ndez) se rebelan, comprometen y trabajan para resta&ntilde;ar tantas ausencias y carencias, tantos padecimientos de distinta clase. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la controversia p&uacute;blica sobre el ejercicio de la eutanasia por Noelia Castillo ha permitido que asomen algunos signos preocupantes de resignaci&oacute;n al sufrimiento o, como m&iacute;nimo, de vacilaci&oacute;n &eacute;tica al respecto. No voy a polemizar sobre la eutanasia ni sobre su aplicaci&oacute;n a este caso concreto, entre otras razones porque, como jurista, su legalidad ha sido avalada judicialmente y por los informes t&eacute;cnicos preceptivos. Lo que voy a criticar es su tratamiento desenfocado en el foro o &aacute;gora de la discusi&oacute;n social y medi&aacute;tica (ya ven que la conformaci&oacute;n de una conversaci&oacute;n democr&aacute;tica madura es una de mis obsesiones). El debate se ha parapetado o enmascarado sustancialmente, y no de forma inocente (por la resonancia social o pol&iacute;tica y no s&oacute;lo personal de su decisi&oacute;n), detr&aacute;s del sufrimiento biogr&aacute;fico de la joven (padres divorciados, desahucio, internamiento en un centro de menores, agresiones sexuales, consumo de drogas, intento de suicidio), un sufrimiento que, no s&oacute;lo por acumulaci&oacute;n o aplastamiento, apela a nuestra m&aacute;s honesta ternura. Se ha justificado la decisi&oacute;n en esa atribulada biograf&iacute;a (me refiero, insisto, a la opini&oacute;n m&aacute;s frecuente, no al procedimiento administrativo), en la narraci&oacute;n de sus desgracias, m&aacute;s que en una enfermedad grave, cr&oacute;nica<em> </em>e irreversible o en las limitaciones intolerables de la autonom&iacute;a funcional cotidiana, que son los requisitos que exige la ley; desgracias contra las que otros se enfrentan y de las que, bien ayudados por profesionales y familiares y amigos, y con un esfuerzo encomiable, tratan de recuperarse y habitualmente lo consiguen. El debate se ha reorientado intencionalmente para inflamarlo de melodrama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es intelectualmente contradictorio y moralmente pueril que se confunda la compasi&oacute;n con la que nos debe conmover cualquier sufrimiento (o, incluso, con la que nos debe conmover, antes de su depuraci&oacute;n f&aacute;ctica, la percepci&oacute;n subjetiva que cada individuo pueda tener sobre su sufrimiento), con el apoyo institucional a que los sufrimientos biogr&aacute;ficos, siempre <em>irrazonables</em> y <em>arbitrarios,</em> puedan convertirse en <em>causa suficiente y justa</em> de una muerte asistida con recursos sanitarios p&uacute;blicos. Y, sin embargo, esa confusi&oacute;n se ha prodigado en demasiadas conversaciones durante los &uacute;ltimos d&iacute;as, de manera m&aacute;s abierta o subrepticia. Salvo quienes infligen sufrimiento de manera consciente y voluntaria, nadie merece sufrir en ning&uacute;n grado, precisamente porque tal sufrimiento siempre ser&aacute; anormal e injusto; pero es harto peligroso que nos resignemos a que la muerte sea la primera o una de las prioritarias soluciones al sufrimiento de una persona con una trayectoria vital turbulenta o abstrusa (y si nos resignamos, &iquest;a partir de qu&eacute; momento deviene en la &uacute;nica soluci&oacute;n?). Lo denuncio con dureza: esa tesis equivale a defender el suicidio, no la eutanasia. La muerte no es una <em>alternativa</em> o <em>salida</em> para el sufrimiento (biogr&aacute;fico), es la alternativa y la salida de la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa confusi&oacute;n acabar&iacute;a conduciendo, adem&aacute;s (y la amenaza es igualmente intimidante), a que se promueva la revisi&oacute;n sobre c&oacute;mo debe intervenir el Estado ante los sufrimientos de sus ciudadanos. &iquest;Acaso anhelamos que nos suministre medios que garanticen la prevenci&oacute;n y correcci&oacute;n de todos los sufrimientos que puedan cernirse cobre nosotros&hellip;? Por mi parte, me conformo con que las Administraciones P&uacute;blicas no acent&uacute;en los sufrimientos inherentes a cualquier itinerario vital. Y por eso me irrita que el mismo Estado que cumple eficazmente con la eutanasia solicitada por una ciudadana para acabar con su sufrimiento, permita que, cuando revisan incapacidades, los equipos m&eacute;dicos de la Seguridad Social se comporten como tribunales de tortura, tan alejados de la deontolog&iacute;a que deber&iacute;a inspirarlos (alejados no por el juicio cient&iacute;fico, que podr&aacute; depurarse, sino por la actitud inmisericorde: no les importa humillar al paciente). Y por eso me ofende que ese mismo Estado (en este caso, la gesti&oacute;n auton&oacute;mica del Gobierno vasco del PNV y del PSOE) fomente una interpretaci&oacute;n tan desviada del beneficio penitenciario de la semilibertad, que est&eacute; conllevando que terroristas de ETA que no se han arrepentido ni han colaborado con las autoridades, y que en algunos casos (como el de &lsquo;Anboto&rsquo;) han cumplido s&oacute;lo el 1% de su condena, regresen entre v&iacute;tores a las mismas calles donde viven los familiares de los asesinados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quien quiere o necesita politizar el dolor s&oacute;lo buscar&aacute; incrementar tu sufrimiento.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 08:55:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sanidad pública en el paraíso de la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sanidad-publica-paraiso-libertad_129_13108232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En el servicio de urgencias de uno de los grandes hospitales p&uacute;blicos de Madrid, en una sala abarrotada de pacientes en observaci&oacute;n, intento distraerme leyendo un art&iacute;culo de Santiago Alba Rico en <a href="https://elpais.com/opinion/2026-03-16/el-hombre-que-alza-la-voz-en-el-vagon-del-metro.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Pa&iacute;s</a> sobre por qu&eacute; evitamos mirar a los ojos a quienes piden dinero en el metro, alzando su voz y mostr&aacute;ndonos su vulnerabilidad. Pero, lejos de evadirme del contexto hospitalario, acabo pensando en nuestra propia vulnerabilidad como pacientes e imaginando si, en una hipot&eacute;tica e improbable visita, Isabel D&iacute;az Ayuso ser&iacute;a capaz no ya de mirarnos a los ojos &mdash;a nosotros y a los sanitarios que nos atienden con gran profesionalidad&mdash; sino simplemente de permanecer en este lugar.
    </p><p class="article-text">
        Apenas hay espacio entre los sillones y portasueros de los pacientes, que ocupan todas las paredes formando una especie de corro, como si de una sala de estar se tratara, y las pocas sillas disponibles para acompa&ntilde;antes dificultan a los celadores el traslado en silla de ruedas de los enfermos. Precisamente en uno de esos trayectos, atisbo otra sala mucho m&aacute;s grande llena de camas sin separaci&oacute;n, con los acompa&ntilde;antes concentrados en un grupo de sillas junto a la entrada, y conf&iacute;o en no tener que pasar la noche en esa suerte de hospital de campa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando llega la hora del cambio de turno de enfermer&iacute;a, es imposible no escuchar el parte m&eacute;dico del resto de pacientes porque el puesto de control apenas est&aacute; separado de nuestra peque&ntilde;a estancia llena de sillones. As&iacute; me entero, involuntariamente y con incomodidad manifiesta, de que a mi derecha se sienta una paciente oncol&oacute;gica cuyos dolores se han intensificado; enfrente, un hombre de mediana edad que sospechan que puede tener piedras en el ri&ntilde;&oacute;n; y un poco m&aacute;s all&aacute;, una chica joven que va a ser derivada a urgencias de ginecolog&iacute;a. Por suerte, una breve llamada de tel&eacute;fono me evita seguir conociendo m&aacute;s detalles m&eacute;dicos ajenos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si no hubiera llegado a urgencias por mi propio pie y no supiera que estoy en uno de los principales hospitales de referencia de nuestro pa&iacute;s, pensar&iacute;a que he tenido la mala suerte de caer enfermo en un lugar empobrecido, sin recursos para actualizar y redimensionar unas instalaciones sanitarias que han ido envejeciendo sin apenas inversi&oacute;n durante d&eacute;cadas. Pero esto es Madrid, donde abunda el dinero y tambi&eacute;n la libertad, que en este caso es una invitaci&oacute;n a que quien pueda haga uso de la sanidad privada, para poder seguir bajando los impuestos.
    </p><p class="article-text">
        La visita de Ayuso a las urgencias abarrotadas de este hospital es tan improbable como su encuentro con un hombre pidiendo dinero en el metro, porque en su universo ideol&oacute;gico la sanidad p&uacute;blica es una prestaci&oacute;n de beneficencia para quienes no tienen seguro privado y un servicio de &uacute;ltimo recurso para situaciones de mayor complejidad o gravedad en las que la sanidad privada no responde. Una propuesta pol&iacute;tica nunca enunciada abiertamente pero que ha cosechado gran &eacute;xito en un Madrid cada vez m&aacute;s segregado: al alejar a una parte relevante de los votantes de los servicios p&uacute;blicos, es posible dejar que se degraden sin apenas coste pol&iacute;tico, ofreciendo a cambio rebajas fiscales y ampliando las oportunidades de negocio de un pu&ntilde;ado de empresas privadas. Y a quienes no tienen m&aacute;s remedio que seguir utilizando esos maltrechos servicios p&uacute;blicos, se les anima a seguir esforz&aacute;ndose para liberarse ellos tambi&eacute;n de la beneficencia en el para&iacute;so de la libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sanidad-publica-paraiso-libertad_129_13108232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 11:22:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sanidad pública en el paraíso de la libertad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Hospitales,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adán en la barra del bar de un barrio periférico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/adan-barra-bar-barrio-periferico_129_13089273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En el bar de un barrio perif&eacute;rico, Ad&aacute;n no es un mito lejano. Es el hombre de la tercera birra, con su dignidad y su certeza. Su postura y su discurso encarnan, sin saberlo, las tres acepciones que el diccionario de la RAE reserva para una palabra en desuso: <em>adanismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        La primera acepci&oacute;n lo define como el <em>h&aacute;bito de comenzar una actividad como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente</em>. Esto es exactamente lo que hace el Ad&aacute;n de barra: fundar cada d&iacute;a su propio relato desde el minuto cero. En su memoria, el barrio era un lugar homog&eacute;neo y silencioso hasta que llegaron <em>los otros</em>. Borra de un plumazo las oleadas migratorias que han construido el pa&iacute;s, las tensiones hist&oacute;ricas siempre existentes, las luchas sociales que le han dado los derechos de los que disfruta y cualquier complejidad anterior a su propio malestar. Para &eacute;l, la historia comienza con su agravio. Este adanismo fundacional es un acto de olvido activo y de apropiaci&oacute;n del territorio narrativo. Convierte el espacio compartido en una esencia pura que debe ser defendida, y a los reci&eacute;n llegados, los iluminados, los pijos universitarios, en meros perturbadores de una paz que solo existi&oacute; en el relato sesgado de los poderes que lograron imponerse. Es la misma l&oacute;gica que, a escala mayor, justific&oacute; mitos de origen y pureza en la construcci&oacute;n de las naciones.
    </p><p class="article-text">
        La segunda acepci&oacute;n lo equipara al <em>desnudismo, pr&aacute;ctica de la desnudez</em>. Y aqu&iacute; reside uno de sus mecanismos m&aacute;s da&ntilde;inos. El adanismo no es la desnudez liberadora, sino la desnudez reductora. Consiste en despojar al otro de toda capa de humanidad, contexto o dignidad. El inmigrante es reducido a <em>una cifra</em>; el vecino de ideolog&iacute;a distinta, a <em>un traidor</em>; el pobre, a <em>un vago</em>. Se le quita la ropa de la biograf&iacute;a para dejarlo en pura categor&iacute;a, en pura amenaza. Esta desnudez no es &iacute;ntima, es p&uacute;blica y humillante. Se practica en la conversaci&oacute;n de bar, en el comentario de redes, en el chiste que estigmatiza. Es el prejuicio expuesto sin pudor, normalizado como <em>sentido com&uacute;n</em>. Ad&aacute;n, en su barra, desnuda a los dem&aacute;s para se&ntilde;alarlos mejor, y se desnuda a s&iacute; mismo, mostrando sin filtro su miedo. Es la misma operaci&oacute;n de deshumanizaci&oacute;n que hemos visto aplicada a otras escalas.
    </p><p class="article-text">
        La tercera acepci&oacute;n es circular: <em>adamismo. V&eacute;ase adanismo</em>. Esta autorreferencia perfecta captura el ritual de la repetici&oacute;n en el que se sustenta el fen&oacute;meno. El adanismo no es un discurso anal&iacute;tico; es un mantra grupal. Las mismas frases &mdash;<em>esto ya no es lo que era. Habr&iacute;a que echarlos a todos</em>&mdash; se repiten noche tras noche, entre las mismas personas, en el mismo lugar. Esta repetici&oacute;n no busca persuadir con argumentos, sino solidificar una verdad tribal mediante el eco. Cada repetici&oacute;n hace el relato m&aacute;s familiar, m&aacute;s real e impermeable al dato externo. El que calla, asiente. El que asiente, se convierte en c&oacute;mplice. As&iacute; se teje la comunidad identitaria: no en torno a lo que se construye juntos, sino en torno a lo que se excluye un&aacute;nimemente. Es la <em>hooliganizaci&oacute;n</em> de lo pol&iacute;tico, trasladada al &aacute;mbito vecinal.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este triplete t&oacute;xico &mdash;el olvido fundacional, la desnudez deshumanizante y la repetici&oacute;n ritual&mdash;, se suele oponer la gran teor&iacute;a, el dato macro, la declaraci&oacute;n institucional. Y fracasa. Porque el adanismo es inmune a los argumentos que no vibren en su misma frecuencia: la de lo local, lo vivido, lo cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la antropolog&iacute;a deja de ser solo una herramienta de an&aacute;lisis para volverse un imperativo &eacute;tico. La necesidad de participar no es solo c&iacute;vica; es antropol&oacute;gica. El ser humano es, por definici&oacute;n, un animal social que se constituye en y por el grupo. Pero cuando el grupo se define por la exclusi&oacute;n y el relato autista, se convierte en una patolog&iacute;a social. La participaci&oacute;n, por tanto, no es un complemento de la democracia; es la pr&aacute;ctica fundamental que impide que la tribu devore a la polis.
    </p><p class="article-text">
        Esta participaci&oacute;n, sin embargo, no puede ser gen&eacute;rica. Debe ser glocal: global en conciencia, local en gesto. Consiste en interrumpir el ritual en su mismo altar. No se trata de dar un mitin en el bar, sino de plantar una semilla de duda en el lenguaje de la barra. Es el arte de renombrar, frente a quien solo sabe nombrar para excluir. Devolver la historia donde hay olvido: <em>&iquest;seguro que este barrio fue siempre as&iacute;? Mi abuela recuerda cuando dec&iacute;an lo mismo de los que vinieron de los pueblos o de otras provincias</em>. Devolver la humanidad donde hay desnudez: <em>ese &ldquo;moro&rdquo; del que hablas es Karim, el que ayud&oacute; a mi padre a arreglar la furgoneta</em>. Y, sobre todo, romper la repetici&oacute;n con una disonancia: dejar de asentir, cuestionar el chiste, ofrecer un matiz.
    </p><p class="article-text">
        Esta intervenci&oacute;n es inc&oacute;moda. Exige salir de la comodidad del espectador &mdash;otra forma de adanismo, la de quien cree que puede observarlo todo sin ser parte de nada&mdash; y arriesgar el propio capital social en el grupo. Pero es el &uacute;nico ant&iacute;doto real. Porque el adanismo no se combate con decretos, sino con presencia contraria. Con la testaruda insistencia en que el vecino no es una categor&iacute;a, sino una biograf&iacute;a; que el barrio no es una fortaleza, sino un cruce de caminos; y que la identidad no es un patrimonio que se guarda, sino un di&aacute;logo que se sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; el otro Ad&aacute;n: uno mismo. En mi caso, un tipo que estudia, pasea, dibuja y escribe poemas en una ciudad de provincias; que habla de cuestiones que otros, m&aacute;s preparados, han tratado m&aacute;s y mejor, y que sin embargo tiene esa pulsi&oacute;n de dejar constancia de sus pensamientos, por si pudiesen ser &uacute;tiles para los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El Ad&aacute;n b&iacute;blico recibi&oacute; la tarea de nombrar el mundo. Los Adanes de las barras de los bares han aceptado esa tarea, pero han nombrado mal: han llamado <em>amenaza</em> a lo que era solo <em>diferente</em>. Nuestra tarea, quiz&aacute; la &uacute;nica &uacute;til, es renombrar el mundo a su lado. Palabra a palabra. Barrio a barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No para vencerles, sino para recordarles &mdash;y recordarnos&mdash; que ning&uacute;n lugar habitable se construy&oacute; jam&aacute;s levantando muros, sino tejiendo conversaciones. Y que la primera piedra de cualquier convivencia es la valent&iacute;a de decir, en voz baja pero clara, en el momento preciso: <em>en eso no te acompa&ntilde;o</em>.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n m&aacute;s importante no se decreta en el parlamento ni se viraliza en las redes. Sucede en la barra del bar, cuando el Ad&aacute;n de turno suelta su verdad y alguien, quiz&aacute; alguien como t&uacute; o como yo, decide que hoy no va a pasar. Que hoy, en esta barra concreta, el odio se queda sin su eco m&aacute;s c&oacute;modo. Esa es la participaci&oacute;n m&iacute;nima, esencial y revolucionaria. La que no espera a que cambie el mundo, sino que lo cambia empezando por su propia esquina.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/adan-barra-bar-barrio-periferico_129_13089273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 11:01:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Adán en la barra del bar de un barrio periférico]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los destinos de la tradición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/destinos-tradicion_129_13095823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En diciembre de 1829 se prohibi&oacute; el sati, la antigua tradici&oacute;n hind&uacute; de quemar a la viuda en la pira funeraria de su marido.<strong> </strong>Esta cruel tradici&oacute;n no fue una&nbsp;exclusividad oriental y algunos como Giordano Bruno, tal vez el m&aacute;s original de los pensadores renacentistas, lo pudo comprobar el 17 de febrero de 1600 cuando mor&iacute;a en la hoguera desnudo, atado a un palo y con la lengua sujeta por un trozo de madera para que no pudiera hablar tras haber<strong>&nbsp;</strong>desafiado a la Iglesia cat&oacute;lica&nbsp;afirmando&nbsp;que la tierra no era el centro del universo.
    </p><p class="article-text">
        El canibalismo, la guerra, la lapidaci&oacute;n, la muerte en la hoguera, la esclavitud, el machismo, son tradiciones execrables, m&aacute;s execrables cuanto m&aacute;s tradicionales. Y sin embargo &ldquo;La tradici&oacute;n es la tradici&oacute;n&rdquo; o &ldquo;No se puede romper una tradici&oacute;n&rdquo; fueron los principales argumentos esgrimidos por varios cofrades de Sagunto para justificar<a href="https://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2026-02-11/el-gobierno-estudia-revocar-el-interes-turistico-nacional-de-la-semana-santa-de-sagunto-por-excluir-a-las-mujeres.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;su rechazo a que las mujeres puedan procesionar&nbsp;</a>con ellos en la Semana Santa. La votaci&oacute;n celebrada en una ermita en la que participaron solo hombres, arroj&oacute; el resultado de 267 votos en contra y 114 a favor de modificar un art&iacute;culo de los estatutos para cambiar la palabra &ldquo;varones&rdquo; por la de &ldquo;personas&rdquo;. Al parecer hay 267 varones (28 cofrades m&aacute;s que hace cuatro a&ntilde;os)&nbsp;que no se sienten personas o que necesitan sentirse varones para hacer impersonales a otras personas llamadas mujeres. Resulta curioso porque la palabra&nbsp;var&oacute;n&nbsp;proviene del lat&iacute;n&nbsp;y originalmente significaba &ldquo;hombre&nbsp;esforzado o valiente&rdquo;.&nbsp;Sin embargo, no parece que el esfuerzo intelectual de estos varones ni su valent&iacute;a moral sea acorde al sustantivo por ellos votado desde otro sustantivo masculino&nbsp;denominado machismo.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna herida es un destino si tenemos la cura que pueda cauterizarla y nos alejamos de la par&aacute;lisis que la tradici&oacute;n parece haber puesto en nuestro devenir. Ninguna tradici&oacute;n es un destino y menos cuando es un desatino. Hay tradiciones est&uacute;pidas, tradiciones tr&aacute;gicas, tradiciones asesinas, tradiciones respetables y tradiciones muy traicioneras. Puesto que la&nbsp;palabra <em>tradici&oacute;n </em>y la palabra <em>traici&oacute;n</em> tienen la misma ra&iacute;z latina aprovech&eacute;mosla para recordar que debemos traicionar las tradiciones que atentan contra la igualdad. Y que, asimismo, deber&iacute;amos no traicionar el hecho de que esa misma igualdad debe pesar m&aacute;s en la identidad de una sociedad que el conjunto de todas sus tradiciones. No podemos seguir haciendo lo mismo cuando nada es lo mismo porque la transformaci&oacute;n de nuestros h&aacute;bitos es algo que forma parte de nuestro modo de ser tan modificado y tan modificable en el largo transcurrir de la especie humana. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el fil&oacute;sofo Ortega y Gasset que las revoluciones se hacen contra los usos, no contra los abusos porque, si son &uacute;nicamente contra los abusos, se quedan en meras revueltas que arreglan muy poco debido a que se mantienen los usos habituales en el pa&iacute;s que ocurren. Y hay usos que debemos poner en desuso por los abusos que conllevan. Por encima de las tradiciones est&aacute;n los derechos y muchos de esos j&oacute;venes que ahora enarbolan su ignorancia en forma de costumbre han podido estudiar gracias a que se pudo romper la vieja tradici&oacute;n de que solo unos pocos pod&iacute;an acceder a la educaci&oacute;n. Ellos tambi&eacute;n se enfrentan cada d&iacute;a a muchas tradiciones que cercenan su forma de relacionarse esgrimiendo que forman parte de otra generaci&oacute;n y que viven en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay cuatro obst&aacute;culos para alcanzar la verdad que acechan a todos los hombres, pese a su erudici&oacute;n, y que raramente permiten a nadie acceder con t&iacute;tulos claros al conocimiento; a saber: la sumisi&oacute;n a una autoridad indigna y culpable, la influencia de la costumbre, el prejuicio popular y el ocultamiento de nuestra propia ignorancia acompa&ntilde;ado por el despliegue ostentoso de nuestro conocimiento&rdquo;. Lo dijo el fil&oacute;sofo y escol&aacute;stico ingl&eacute;s Roger Bacon all&aacute; por el siglo XIII, pero a&uacute;n conserva intacta su vigencia para este tiempo y&nbsp;para este lugar. Algunas veces ir contra la tradici&oacute;n es hacer una enmienda a la &ldquo;tontalidad&rdquo; de&nbsp;quien m&aacute;s que cofrade es &ldquo;con fraude&rdquo; de ley, como&nbsp;sentenci&oacute; en un caso similar el Tribunal Constitucional en aplicaci&oacute;n, entre otros, del principio de igualdad establecido en el art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n que pone en su sitio a la tradici&oacute;n. Y, mientras tanto, el arzobispado de Valencia, siguiendo la tradici&oacute;n, guarda un sepulcral y blanqueado silencio, algo extra&ntilde;o con lo aficionada que es la jerarqu&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica a opinar de lo divino y de lo humano. Quiz&aacute;s espere a la Procesi&oacute;n del Silencio para que alguna mujer lo rompa a ritmo de saeta: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde vas, paloma blanca,/ con ese vuelo tan sereno? /Voy a quitarle los clavos/a Jes&uacute;s, el Nazareno<em>&rdquo;.</em> Urge desclavar las tradiciones&nbsp;enclavadas en la dureza de las tablas que permanecen fuera de la ley.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/destinos-tradicion_129_13095823.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 08:50:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los destinos de la tradición]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Echarse unas risas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/echarse-risas_129_13095831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una expresi&oacute;n que sostiene este pa&iacute;s m&aacute;s que el PIB y bastante m&aacute;s que los discursos institucionales: &lsquo;Echarse unas risas&rsquo;. No figura en la Constituci&oacute;n, pero deber&iacute;a ubicarse entre el derecho a la vivienda digna y el deber de contribuir con nuestros impuestos, porque hay semanas que solo se sostienen gracias a un chiste a tiempo, a una carcajada bien colocada, a ese momento en que alguien dice algo absurdo y el d&iacute;a, de pronto, deja de ser lunes aunque siga si&eacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas es un acto profundamente serio. No lo parece, porque se practica en bares, cocinas, chats de WhatsApp y pasillos de oficina, pero tiene algo de ingenier&iacute;a emocional. Uno entra al trabajo con la cara de quien ha dormido mal, ha discutido con el despertador y ha perdido una batalla con el caf&eacute;, y de pronto alguien suelta una tonter&iacute;a y todo se recoloca. No mejora el sueldo, no desaparecen los correos pendientes, pero el mundo deja de apretar tanto. Es como aflojarse la corbata del alma.
    </p><p class="article-text">
        En las familias, echarse unas risas es la versi&oacute;n dom&eacute;stica de la diplomacia internacional. Hay tensiones, hay silencios, hay ese comentario que podr&iacute;a escalar hasta convertirse en un conflicto generacional, y entonces aparece la risa como un mediador suizo. Un cu&ntilde;ado que imita a otro, una madre que exagera una an&eacute;cdota, un padre que cuenta el mismo chiste por vig&eacute;sima vez con la convicci&oacute;n de que sigue siendo nuevo. Y funciona. No porque sea brillante, sino porque es oportuno. La risa tiene esa capacidad de convertir un posible drama en una sobremesa.
    </p><p class="article-text">
        Con los amigos, la cosa adquiere otra dimensi&oacute;n. Ah&iacute; la risa no solo alivia, sino que construye memoria. Uno no recuerda exactamente qu&eacute; dijo nadie, pero s&iacute; recuerda haberse doblado sobre la mesa, haber tenido que pedir otra ronda solo para recuperar el aliento, haber salido a la calle con la sensaci&oacute;n de que el mundo, durante un rato, hab&iacute;a sido un lugar perfectamente habitable. Echarse unas risas con amigos es una forma de ahorro, se guardan para cuando vengan mal dadas.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que nadie planifica echarse unas risas. No hay agenda, no hay KPI, no hay PowerPoint. Sucede. Alguien tropieza con una palabra, alguien interpreta mal una frase, alguien se equivoca con una solemnidad impecable y el resto entiende que ah&iacute; hay oro. La risa nace muchas veces del error, que es el &uacute;nico terreno verdaderamente democr&aacute;tico, porque todos fallamos, luego todos podemos re&iacute;rnos.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas tambi&eacute;n tiene su riesgo. Una mala risa -fuera de lugar, fuera de tiempo- puede ser m&aacute;s peligrosa que el silencio. Pero cuando acierta, cuando se produce ese peque&ntilde;o milagro colectivo de re&iacute;rse juntos, el efecto es inmediato, se rebaja la gravedad, se humaniza la escena, se recuerda que, antes que empleados, padres, hijos o contribuyentes, somos gente intentando sobrevivir al d&iacute;a sin dramatizarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la expresi&oacute;n es tan precisa. No dice `re&iacute;rse&rsquo;, dice &lsquo;echarse unas risas&rsquo;, como quien se lanza a una piscina sin comprobar la temperatura. Hay algo voluntario, casi valiente, en decidir que, a pesar de todo, hoy toca re&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo que se toma demasiado en serio a s&iacute; mismo, echarse unas risas es casi un acto subversivo. Una manera de decir que no todo merece solemnidad, que no todo necesita un discurso, que hay momentos que solo piden una carcajada compartida y el peque&ntilde;o alivio de saber que, al menos por un rato, todo est&aacute; bien.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; Donald Trump, que asegura que puede bombardear un pa&iacute;s y asesinar a civiles por diversi&oacute;n, por echarse unas risas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/echarse-risas_129_13095831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 14:48:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Echarse unas risas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopía 39. Amén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopia-39-amen_129_13089206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ya se habr&aacute;n dado cuenta que uno de los negocios que m&aacute;s se abren en Logro&ntilde;o &uacute;ltimamente es el de los salones de manicura y pedicura. Tambi&eacute;n habr&aacute;n advertido que los carteles anunciadores de esos establecimientos destacan por sus colores vivos: rosa fucsia, principalmente. No tengo nada en contra de quienes inician un negocio en Logro&ntilde;o. Si me dan a elegir, me quedo con los salones de manicura y pedicura de los chinos, antes que los locales de juego que tambi&eacute;n tenemos en un buen n&uacute;mero y que cuando mantienen abierta la puerta de la calle, muestran un local oscuro, una barra para el consumo de los clientes, supongo que en su mayor&iacute;a de bebidas alcoh&oacute;licas y unas luces de ne&oacute;n que inducen a la precauci&oacute;n, a la inseguridad, al no saber que puede haber al otro lado de &ldquo;la boca del lobo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esos establecimientos de juego son de la misma cadena, lo que quiere decir que alguna empresa se est&aacute; forrando, a costa de la ludopat&iacute;a de quienes est&aacute;n enganchados a esa droga da&ntilde;ina que acaba con el bienestar econ&oacute;mico y emocional de individuos y de familias enteras, incluyendo los ni&ntilde;os que puedan pertenecer a las mismas y que ven y oyen como el juego destroza a sus padres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, ya me he acostumbrado a ver los carteles de esos establecimientos en calles tan c&eacute;ntricas como la Gran V&iacute;a, Portales, P&eacute;rez Gald&oacute;s&hellip; El local en que se han instalado fue, en otro tiempo, un comercio de aquel Logro&ntilde;o que presum&iacute;a de buenas y bonitas tiendas.
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos de turbulencias me llama la atenci&oacute;n ese fucsia que rechina en la calle Muro de Cervantes, enfrente de nuestro m&aacute;s preciado instituto de Secundaria y Bachillerato. El d&iacute;a que pas&eacute; por all&iacute; y lo vi pens&eacute;: &iquest;Por qu&eacute; el ayuntamiento permite este tipo de carteler&iacute;a en una calle cuyos edificios, todav&iacute;a conservan el sabor de la historia de la ciudad? La misma pregunta me hice pocos d&iacute;as despu&eacute;s cuando en la calle Daniel Trevijano comprob&eacute; que hab&iacute;a otro cartel igual, anunciando el mismo tipo de negocio. Seguro que hay m&aacute;s en otras calles , y por supuesto que hay m&aacute;s establecimientos&nbsp;cuyos escaparates y carteler&iacute;a en general espantan a un importante n&uacute;mero de logro&ntilde;eses.
    </p><p class="article-text">
        Ya que me he enredado con este asunto del Logro&ntilde;o hortera, tengo que citar tambi&eacute;n ese espacio que han abierto recientemente en la Calle Siervas de Jes&uacute;s y que desde al anochecer exhibe sus espantosas luces amarillas. Se llama Gula, la gente hace fila para entrar y comprar comida, ese tipo de &ldquo;comida basura&rdquo; que contribuye a incrementar el n&uacute;mero de diab&eacute;ticos y a que los comensales, muchos ni&ntilde;os y j&oacute;venes, entre ellos, aumenten los &iacute;ndices de colesterol desde tan temprana edad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otras ciudades, hay normativas municipales conservadoras, en el sentido de procurar para que las calles mantengan su esencia. En la m&iacute;a, en Logro&ntilde;o, apunto estuve de gritar cuando el pasado d&iacute;a 21, mientras esperaba para cruzar la Gran V&iacute;a desde los soportales y hacia la calle Chile, me deslumbr&oacute; otro amarillo hortera de una tienda de &ldquo;chuches&rdquo;:&nbsp;&ldquo;El Rinc&oacute;n&rdquo; , otra cadena comercial que en su momento destroz&oacute; la esquina de Vara de Rey, con Calvo Sotelo, en pleno Espol&oacute;n, y por lo visto est&aacute; dispuesta a extender el mal gusto a otros puntos de este Logro&ntilde;o deprimente. C&oacute;mo es l&oacute;gico, me acostumbrar&eacute; y ni siquiera me acordar&eacute; del Ayuntamiento. No merece la pena.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo dijo el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Sim&oacute;n, cuando ese mismo s&aacute;bado 21 de marzo, en una extraordinaria conferencia sobre &ldquo;La filosof&iacute;a de la pol&iacute;tica en democracia&rdquo; dijo: &ldquo;Nos creemos que, con votar cada cuatro a&ntilde;os, ya hemos cumplido y no es as&iacute;. La democracia es participaci&oacute;n. Participaci&oacute;n continua en asociaciones, sindicatos, partidos pol&iacute;ticos, colegios profesionales, clubes deportivos...&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos acostumbrado a no participar y es tan grande nuestra desilusi&oacute;n y desapego que ni siquiera nos vamos a poner el cintur&oacute;n de seguridad en esta &eacute;poca de turbulencias geopol&iacute;ticas.&nbsp;Menos mal que el dios de Donald Trump y el yhav&eacute; de Netanyahu nos librar&aacute;n de sus misiles, porque Logro&ntilde;o es tan peque&ntilde;o que no se ve en sus mapas. Am&eacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopia-39-amen_129_13089206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 09:13:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopía 39. Amén]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esas opiniones de las que usted me habla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/opiniones-habla_129_13070955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Se llaman opiniones. Se dicen en bares, se tuitean al calor de la &uacute;ltima noticia, se susurran en corrillos como verdades que el sistema no quiere que sepas. Parecen inofensivas, descargas de frustraci&oacute;n, ruido de fondo de una democracia cansada.
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia no es el relato de los hechos; es el rastro de las palabras que los hicieron posibles. Y en ese rastro, las palabras que hoy se escupen como sentido com&uacute;n tienen un eco viejo y terrible.
    </p><p class="article-text">
        Siempre empieza igual: con un <em>nosotros</em> que sufre y un <em>ellos</em> que disfruta. Se habla de la gente de bien, de la Espa&ntilde;a real, de la mayor&iacute;a silenciosa a la que una minor&iacute;a vociferante &mdash;extranjera, separatista, progresista&mdash; le roba el pa&iacute;s, el trabajo, la tranquilidad. Vagos, corruptos, delincuentes..., los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No se debate pol&iacute;tica; se custodia una esencia bajo asedio constante. El inmigrante ya no es una persona que huye de la guerra o la miseria; es una cifra que <em>nos colapsa</em> la sanidad, una sombra que <em>nos quita</em> la vivienda, un riesgo que <em>amenaza</em> a nuestras mujeres, como si no hubiesen sido amenazadas y agredidas hist&oacute;ricamente por nosotros mismos. El independentista no es un adversario con argumentos; es un traidor, un anti-Espa&ntilde;a. El que piensa distinto no es un conciudadano; es un enemigo de la patria, un &uacute;til de la conspiraci&oacute;n global. Las palabras dejan de describir realidades para crear trincheras. Y en una trinchera, al que est&aacute; al otro lado no se le convence; se le elimina.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n es la primera baja en este conflicto. Se desprecia el dato, se ridiculiza el matiz, se celebra el grito. Lo importante ya no es lo que es verdad, sino lo que <em>se siente</em> y <em>se vive</em> como verdad. Si las estad&iacute;sticas demuestran que la inmigraci&oacute;n no colapsa servicios ni dispara la criminalidad &mdash;datos del INE y del Ministerio del Interior&mdash;, es que las estad&iacute;sticas mienten.
    </p><p class="article-text">
        Si los jueces investigan a un l&iacute;der propio, es que la justicia est&aacute; politizada. No es que no existan casos de justicia politizada, pero nos quedamos solo con los que nos interesan.
    </p><p class="article-text">
        Se construye as&iacute; una realidad paralela, cerrada, impermeable, donde la &uacute;nica autoridad es la del que grita m&aacute;s fuerte y promete restaurar un orden m&iacute;tico, una Espa&ntilde;a homog&eacute;nea y gloriosa que solo existe en el deseo y en el resentimiento. En este relato, emerge con fuerza la leyenda de los que <em>viven de las paguitas</em>: el parado que no quiere trabajar, el inmigrante que viene a cobrar subsidios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se omite, sin embargo, que la principal partida del gasto social en Espa&ntilde;a son las pensiones contributivas, que concentran el grueso de los recursos muy por encima de las ayudas asistenciales. Se omite que los t&eacute;cnicos del Ministerio de Hacienda llevan a&ntilde;os estimando que el fraude fiscal en Espa&ntilde;a supera los 90.000 millones de euros anuales y que el grueso de esa evasi&oacute;n se concentra en grandes empresas y grandes patrimonios, no en los perceptores de rentas m&iacute;nimas. Mientras se se&ntilde;ala al pobre como <em>vago</em>, se silencia c&oacute;mo bancos, grandes comercios y sectores empresariales &mdash;especialmente aquellos que m&aacute;s emplean mano de obra migrante en condiciones precarias&mdash; se benefician de subvenciones, rescates p&uacute;blicos y desgravaciones millonarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es el mismo mecanismo de chivo expiatorio que us&oacute; el nazismo: antes de Auschwitz, hubo una campa&ntilde;a feroz que identific&oacute; al jud&iacute;o como <em>par&aacute;sito econ&oacute;mico</em>, acus&aacute;ndolo de acumular riqueza mientras <em>el pueblo alem&aacute;n</em> sufr&iacute;a. La ret&oacute;rica, aunque adaptada, es id&eacute;ntica: crear un enemigo interno al que culpar del malestar, desviando la atenci&oacute;n de los verdaderos centros de poder y desigualdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es aqu&iacute;, en este caldo de desprecio y mentira, donde nace el monstruo. Porque cuando el otro deja de ser humano &mdash;cuando es solo una categor&iacute;a, un problema, una amenaza&mdash;, la violencia deja de ser un tab&uacute; para convertirse en una soluci&oacute;n. Ya no es algo que horroriza; es algo que se empieza a entender. Se oye en los bares, al final de la tercera cerveza: <em>a esos habr&iacute;a que echarlos a todos. Habr&iacute;a que darles una lecci&oacute;n. Esto solo se arregla a hostias</em>. En las redes, el anonimato quita el &uacute;ltimo filtro: <em>deber&iacute;an quemar ese centro de menores</em>. <em>Ojal&aacute; les caiga una bomba</em>. <em>Ya est&aacute;n esos cansos. Son solo cuatro.</em> No son solo <em>trolls</em>; son vecinos, familiares, compa&ntilde;eros de trabajo, gente que, en otro contexto, podr&iacute;a parecer normal, sea lo que sea normal. Pero la gram&aacute;tica del odio ha hecho su trabajo: ha convertido la agresi&oacute;n en una fantas&iacute;a aceptable, incluso deseable. La violencia ya no es el &uacute;ltimo recurso del desesperado; es la primera opci&oacute;n del enfurecido.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, entonces, completa el c&iacute;rculo. Ya no es el arte de lo posible, sino la guerra por lo puro. Los discursos ya no buscan sumar; buscan movilizar al propio feudo contra la amenaza exterior. Se habla de <em>reconquista</em>, de <em>defensa</em>, de <em>limpieza</em>. Las met&aacute;foras son b&eacute;licas porque el objetivo ya no es convencer, sino vencer. Y en una guerra, todo vale. La mentira es estrategia, la difamaci&oacute;n es munici&oacute;n, la deshumanizaci&oacute;n es el entrenamiento b&aacute;sico. Lo vimos hace un siglo en Europa: primero se dijo que un pueblo era una plaga, luego un peligro, luego un c&aacute;ncer que hab&iacute;a que extirpar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie salt&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana a los campos de exterminio; antes hubo d&eacute;cadas de palabras que normalizaron la idea de que algunos seres humanos sobraban. Es el mismo mecanismo, ya visto en la historia, de transferencia del odio: el que se us&oacute; contra jud&iacute;os o gitanos hoy se reactiva. Durante la pandemia, circularon mensajes acusando a migrantes de <em>traer el virus</em>. Ahora, los conflictos en Gaza o Ir&aacute;n sirven para que viejos estereotipos antisemitas muten en islamofobia: palestinos e iran&iacute;s son insultados como <em>terroristas</em> por el mero hecho de existir, igual que antes se estigmatiz&oacute; al gitano como <em>delincuente</em> y hoy al magreb&iacute; o latinoamericano como <em>invasor</em>. Quienes denuncian este odio &mdash;colectivos antifascistas, periodistas&mdash; son a su vez criminalizados: en 2023, varios activistas fueron imputados por <em>des&oacute;rdenes p&uacute;blicos</em> tras protestar contra un acto de ultraderecha que llamaba a <em>defender Espa&ntilde;a</em> de <em>inmigrantes y rojos</em>. La inversi&oacute;n es perfecta: el que se&ntilde;ala la barbarie se convierte en el enemigo. Desgraciadamente, es solo un ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en Espa&ntilde;a, casi nadie se atreve a proponer abiertamente campos, pero existen los CIE: centros de internamiento para personas extranjeras sin papeles, de car&aacute;cter no penitenciario pero con r&eacute;gimen cerrado y custodia policial. El mecanismo es el mismo. Se empieza justificando la violencia verbal &mdash;<em>es que hay que decir las cosas claras</em>&mdash; y se termina normalizando la violencia f&iacute;sica &mdash;<em>algo habr&aacute;n hecho, se lo han buscado</em>&mdash;. Se empieza se&ntilde;alando a un grupo como problema y se termina viendo como leg&iacute;timo que alguien tome&nbsp;<em>cartas en el asunto</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada pintada xen&oacute;foba, cada agresi&oacute;n a un migrante, cada patada a un&nbsp;<em>homeless</em>&nbsp;es la punta de lanza de un discurso que lo prepar&oacute;. No son casos aislados: seg&uacute;n los informes del Ministerio del Interior, las agresiones por racismo y xenofobia se han multiplicado en la &uacute;ltima d&eacute;cada, con picos tras discursos que identificaban al&nbsp;<em>inmigrante</em>&nbsp;como amenaza. En 2024, un hombre fue apu&ntilde;alado en Valencia por&nbsp;<em>parecer magreb&iacute;</em>; meses antes, una mujer ecuatoriana fue golpeada en el metro de Madrid entre gritos de&nbsp;<em>vete a tu pa&iacute;s</em>. La aporofobia &mdash;el odio al pobre&mdash; sigue la misma l&oacute;gica: las denuncias por delitos de odio vinculados a la pobreza se han disparado m&aacute;s de un 30% en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, seg&uacute;n el Ministerio del Interior y entidades como Hogar S&iacute;. Muchos agresores repiten consignas escuchadas en medios:&nbsp;<em>ocupan espacio</em>,&nbsp;<em>son una plaga</em>. Son los soldados rasos de una guerra que primero se gan&oacute; en las palabras, los tontos &uacute;tiles, la infanter&iacute;a sacrificable.
    </p><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo social Harald Welzer, en su estudio sobre los perpetradores del Holocausto, document&oacute; que la mayor&iacute;a no eran monstruos ni fan&aacute;ticos: eran personas normales que hab&iacute;an interiorizado, paso a paso, un lenguaje que hac&iacute;a posible lo que antes era impensable. Su conclusi&oacute;n fue inc&oacute;moda: el problema no era la maldad excepcional, sino la normalidad del proceso.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando usted me habla de esas opiniones, no me hable de libertad de expresi&oacute;n. Hablemos de responsabilidad. Las palabras no son et&eacute;reas; construyen mundos. Y el mundo que se est&aacute; construyendo con este lenguaje es un mundo de muros, de sospecha, de miedo y, al final, de sangre. La barbarie nunca llega de golpe. Llega poco a poco, disfrazada de sentido com&uacute;n, de humor negro, de patriotismo, de decir la barbaridad m&aacute;s gorda. Llega cuando cambiar de canal nos parece m&aacute;s f&aacute;cil que cambiar de opini&oacute;n, cuando el odio se viste de cr&iacute;tica y la cobard&iacute;a se disfraza de pragmatismo.
    </p><p class="article-text">
        El ant&iacute;doto no es callar las opiniones. Es nombrar su consecuencia. Es recordar, cada vez que alguien suelta un <em>habr&iacute;a que...,</em> que en ese <em>habr&iacute;a</em> empieza todo. La distancia entre el insulto en redes y la pedrada en la calle es m&aacute;s corta de lo que creemos. Y que la &uacute;nica frontera que de verdad importa defender no es la de un territorio, sino la que separa las palabras que construyen comunidad de las palabras que excusan su destrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tras leer esto, puede que te replantees esas&nbsp;<em>opiniones</em>. O puede que no. Puede que sigas pensando que son solo palabras, que exagero, que el mundo es una jungla y hay que defenderse. Y en ese caso, amigo, no es que no lo sepas. Es que has decidido no saberlo. Y eso tambi&eacute;n es una elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cada uno elige el lado de la historia en el que quiere haber estado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/opiniones-habla_129_13070955.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 08:25:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Esas opiniones de las que usted me habla]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/agua_129_13084610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No hace mucho coment&eacute; en este medio que en Espa&ntilde;a el respeto a los r&iacute;os es una gran asignatura pendiente y los embalses nuestra obsesi&oacute;n. No soy nada mit&oacute;mano, pero me declaro abiertamente admirador de Pedro Arrojo Agudo, un f&iacute;sico espa&ntilde;ol, ambientalista y profesor de la Universidad de Zaragoza. Lleva d&eacute;cadas dedicando su incansable trabajo a reflexionar, hacer reflexionar y escribir defendiendo una forma distinta de entender y gestionar el agua y los r&iacute;os, no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a sino globalmente. Es, adem&aacute;s, Relator Especial de la ONU sobre derechos humanos en relaci&oacute;n con el agua potable y el saneamiento. De la misma manera que el Pereira de Tabucchi (Anagrama, 1994) elige la acci&oacute;n y la verdad frente a la comodidad, Arrojo sostiene que el agua no debe ser tratada como una mercanc&iacute;a ni gestionada por intereses privados, sino como un bien p&uacute;blico accesible a todas las personas. Objetivo que no est&aacute; nada mal para generarse incomprensiones con tantos poderes f&aacute;cticos. 
    </p><p class="article-text">
        Sostiene tambi&eacute;n Pedro Arrojo, que la gesti&oacute;n del agua debe tener un enfoque prioritario de derechos humanos. Y que esa gesti&oacute;n democr&aacute;tica del agua exige que no sea apropiable ni explotable por unos pocos, adem&aacute;s de que no se vea simplemente como recurso econ&oacute;mico (para regar, como desag&uuml;e de nuestras inmundicias urbanas e industriales o en turbinar electricidad, a&ntilde;ado). Para Arrojo (yo sostengo lo mismo), los r&iacute;os no son s&oacute;lo canales de agua, sino ecosistemas vivos que integran una parte muy importante de los paisajes, de la biodiversidad y de las comunidades humanas que dependen ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Y propone (luego, sostiene) hacer las paces con los r&iacute;os y dem&aacute;s ecosistemas acu&aacute;ticos, primando la sostenibilidad ambiental frente a la sobreexplotaci&oacute;n y los desv&iacute;os masivos del agua; adem&aacute;s, como Pereira, nos anima a ser valientes para reconocer que, si se destruyen los r&iacute;os y lagos y se contaminan los acu&iacute;feros, estamos matando nuestro futuro ecol&oacute;gico y social. Por si fuera poco, Arrojo es promotor de la Fundaci&oacute;n Nueva Cultura del Agua que, desde Zaragoza, <em>urbi et orbi</em> aboga por fomentar las iniciativas I+D+i, educaci&oacute;n, cooperaci&oacute;n para el desarrollo y defensa del medio ambiente relacionados con el agua. 
    </p><p class="article-text">
        Desde los a&ntilde;os 90, Arrojo sostuvo (no s&oacute;lo &eacute;l) amplias discrepancias con la productivista y decimon&oacute;nica redacci&oacute;n del Plan Hidrol&oacute;gico Nacional, que implicaba construir decenas de presas y trasvases sin valorar los costos sociales y ambientales tan altos que ello supondr&iacute;a de llevarse a cabo. Pero, erre que erre (sosteniendo y no enmendando), la Administraci&oacute;n mantiene iniciativas de ese calado sin abordar de verdad temas decisivos como, por ejemplo, el calentamiento global. A cuyo respecto Arrojo sostiene y advierte que la variabilidad clim&aacute;tica y las sequ&iacute;as intensificadas por el cambio clim&aacute;tico exigen una gesti&oacute;n m&aacute;s racional y ecol&oacute;gica del agua. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, que hay que hacer una transici&oacute;n h&iacute;drica sostenible priorizando la conservaci&oacute;n del recurso, los usos equilibrados y el reciclaje del agua si fuera necesario, por encima de los intereses estrictamente econ&oacute;micos. Lo que sostiene Pedro Arrojo lo puedes encontrar en las decenas de informes, libros y art&iacute;culos cient&iacute;ficos y divulgativos que lleva escritos sobre econom&iacute;a del agua, en los que incide y explora una nueva &eacute;tica del uso del agua, su gesti&oacute;n democr&aacute;tica, la modernizaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas higrol&oacute;gicas y la justicia h&iacute;drica. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, por que sostiene lo que sostiene, Pedro Arrojo Agudo fue galardonado en 2003 por los premios Goldman (unos hermanos fil&aacute;ntropos americanos) que, entre otros objetivos, tienen el de dar el reconocimiento merecido a individuos de todo el planeta que trabajan para proteger y mejorar el medio ambiente, y para inspirar a otros para que sigan el ejemplo de los ganadores del galard&oacute;n. Espa&ntilde;a no es ning&uacute;n buen ejemplo en el uso sostenible del agua, y me da la impresi&oacute;n de que, de seguir as&iacute;, nunca recibir&aacute; premio alguno por ello. Aqu&iacute;, antes se hace un embalse que un plan de ahorro del agua. Hoy 22 de marzo es el D&iacute;a Mundial del Agua. Es una pena que no lo podamos celebrar con rotundidad. Las ideas de Pedro Arrojo son, hoy por hoy, demasiado renovadoras para nuestra sociedad. Sostengo que no hay mucho avance que celebrar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/agua_129_13084610.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 08:25:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Agua]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solo, sin tilde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tilde_129_13084678.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ha aprobado la primera estrategia estatal para prevenir y combatir la soledad no deseada, &ldquo;uno de los fen&oacute;menos sociales de mayor relevancia&rdquo; ya que una de cada cinco personas se siente sola en Espa&ntilde;a. En una &eacute;poca en que la comunicaci&oacute;n masiva nos ofrece posibilidades de relacionarnos impensables hace tan solo unos a&ntilde;os, la sensaci&oacute;n de soledad ha crecido exponencialmente entre la ciudadan&iacute;a. Casi la mitad de la poblaci&oacute;n se ha sentido sola en alg&uacute;n momento y el 64 % de las personas mayores reconocen experimentar en alguna medida sentimientos de soledad no deseada. No se trata solo de que no tengamos tiempo para cuidar de nuestros mayores, sino de que no hacerlo evidencia nuestra incapacidad para cuidarnos porque vivimos con la autosuficiencia de quienes parecen creerse inmortales, una actitud de inconsciente soberbia de la que se nutren, precisamente, el olvido y la soledad.	
    </p><p class="article-text">
        Pero la soledad no es solo un asunto de personas mayores ya que el porcentaje de adolescentes que dicen sentirse solos y que reconocen que les cuesta relacionarse ha aumentado significativamente en la &uacute;ltima d&eacute;cada. La soledad tiene que ver tambi&eacute;n con no sentirse parte de un proyecto, de un mismo ser social y, en este sentido, existe una relaci&oacute;n transitiva entre la crispaci&oacute;n pol&iacute;tica, la soledad y la extrema derecha que manipula las emociones mediante el poder del miedo y de las soluciones simples. Sin olvidar la propia responsabilidad del ciudadano, muchas organizaciones&nbsp;usan el odio como lenitivo porque ese odio parece aliviar la soledad y da la sensaci&oacute;n de cierta autoestima, como ya nos advirti&oacute; la fil&oacute;sofa Hannah Arendt.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existe una industria del aislamiento social porque a los gastos causados por la soledad se les opone un negocio multimillonario. Como m&aacute;s de mil millones de personas en todo el mundo experimentan soledad las cifras est&aacute;n creciendo y se&nbsp;calcula que la soledad es un mercado enorme que podr&iacute;a superar los 500.000 millones de d&oacute;lares en el a&ntilde;o 2030. En ese mercado aparecen los robots sociales para personas mayores, las amistades generadas por Inteligencia Artifical, las aplicaciones de citas, las empresas que alquilan amigos las cl&iacute;nicas digitales de salud mental, o el negocio de los f&aacute;rmacos. La supuesta hiperconectividad nos desconecta y hace que la soledad aumente porque cada vez m&aacute;s personas afirman sentirse aisladas incluso estando rodeadas de otros.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Como parece que no podemos hacer nada con este capitalismo visceral, &eacute;l hace lo que quiere con nosotros: transforma la vida y la muerte en un negocio como ha demostrado la reciente guerra de Ir&aacute;n. Aquello de que si algo es gratis es que el precio eres t&uacute; se hace m&aacute;s evidente ahora que los valores son los de la bolsa y la verdad tan solo un peri&oacute;dico de Murcia. Incluso la expresi&oacute;n <em>soledad no deseada</em> suaviza&nbsp;esa soledad que nos ha deseado por causas ajenas a nosotros: la enfermedad, el trabajo, las relaciones personales, en definitiva, las bofetadas de la vida que casualmente acostumbran a impactar con m&aacute;s fuerza en la cara de los m&aacute;s desfavorecidos.
    </p><p class="article-text">
        Frente a los mercaderes de la salud mental, tenemos suficiente capacidad para pensar juntos sin pensar lo mismo, colaborar juntos sin hacer lo mismo y saber que no existe beneficio propio si no hay beneficio colectivo. El proyecto social com&uacute;n es el que sujeta nuestro desarrollo individual que se construye a base de elementos tan abundantes como las palabras y las caricias, la solidaridad y la empat&iacute;a desde&nbsp;la innata capacidad que los seres humanos tenemos para conmovernos.
    </p><p class="article-text">
        Al adverbio &laquo;solo&raquo; le hemos quitado hasta la tilde diacr&iacute;tica porque ya no nos interesa el matiz cr&iacute;tico, quiz&aacute;s porque nos dedicamos a acentuar bagatelas que m&aacute;s que con la gram&aacute;tica tienen que ver con la &ldquo;ego&iacute;stica&rdquo;. Olvidamos poner el signo ortogr&aacute;fico en el ser humano que est&aacute; al lado. Tan solo preocupados por nuestro atildado exhibicionismo huimos de las palabras que nos unen, prisioneros de las tildes que nos separan. Si la soledad es el lienzo en blanco del coraz&oacute;n, nos sobran pinceles y colores y nos falta poner el dibujo en la ternura. En el caso de la soledad, como en el amor, falta sobra y sobra falta. Solo eso. Sin tilde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tilde_129_13084678.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 09:08:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Solo, sin tilde]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual de convicciones reversibles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/manual-convicciones-reversibles_129_13083468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A principios de este a&ntilde;o, el presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capell&aacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/capellan-presidente-regional-pp-si-veta-vox-pactaria-xenofobos-no-creen-autonomias_1_12909760.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">aseguraba en una entrevista en este mismo medio que &ldquo;nunca pactar&iacute;a con Vox</a> y no es estrategia, es convicci&oacute;n&rdquo;. As&iacute;, sin matices. Sin condiciones. Como quien traza una l&iacute;nea roja infranqueable&hellip; o eso parec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La entrevista sorprendi&oacute; a muchos porque contrastaba abiertamente con el comportamiento general de su partido.&nbsp;Tanto que, de hecho, lleg&oacute; a trascender incluso fuera de La Rioja. No es algo habitual, pero aquellas declaraciones llamaron la atenci&oacute;n hasta el punto de que el siempre agudo y nada sospechoso de tibieza progresista <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/marc-giro-dice-hormiguero-quiere-entrevistar-gonzalo-capellan-despues-leer-entrevista-rioja2_1_13046039.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Marc Gir&oacute; lleg&oacute; a decir que le gustar&iacute;a entrevistar a Capell&aacute;n.</a> Le intrigaba, claro, porque un dirigente del Partido Popular tan rotundo frente a Vox merec&iacute;a, como m&iacute;nimo, una conversaci&oacute;n. Y es que no todos los d&iacute;as aparece un &ldquo;verso suelto&rdquo; en la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Pero, la verdad es que la frase ha envejecido mal. Muy mal. Porque apenas unas semanas despu&eacute;s, el mismo Capell&aacute;n ha aparecido alineado con la direcci&oacute;n nacional de su partido, participando sin complejos en la presi&oacute;n a Vox para cerrar cuanto antes los acuerdos de gobierno en las comunidades donde el Partido Popular no suma sin ellos. Ya no hay distancia. Ya no hay incomodidad. Ahora hay prisa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, viendo la foto de Capell&aacute;n junto al resto de dirigentes del PP, presionando a Vox para que facilite gobiernos, uno no puede evitar preguntarse qu&eacute; pensar&aacute; ahora Marc Gir&oacute;. Si sigue interesado en la entrevista&hellip; o si ahora la plantear&iacute;a en otros t&eacute;rminos. Quiz&aacute; ya no para explorar una excepci&oacute;n, sino para analizar un caso bastante m&aacute;s com&uacute;n: el de las convicciones que duran exactamente hasta que hacen falta los votos.
    </p><p class="article-text">
        Y claro, uno no puede evitar preguntarse si las convicciones de Gonzalo Capell&aacute;n son tan firmes como dice&hellip; o si, en realidad, son perfectamente reversibles.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo de Vox no es un episodio aislado. No es un tropiezo. Empieza a parecer un m&eacute;todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, esta misma semana hemos visto otro movimiento llamativo, un nuevo desmarque del discurso oficial de su partido, esta vez en relaci&oacute;n con el apoyo casi un&aacute;nime del Partido Popular a las posiciones belicistas de Estados Unidos. Capell&aacute;n, en cambio, ha optado por mostrarse contrario a la guerra, adoptando un tono prudente, casi pacifista.&nbsp;Y, de nuevo, surge la duda: &iquest;convicci&oacute;n o c&aacute;lculo? &iquest;Posici&oacute;n de principios o simple estrategia para ocupar ese espacio templado, ese centro pol&iacute;tico en el que intenta instalarse sin terminar de retratarse nunca?
    </p><p class="article-text">
        Porque no es la primera vez.&nbsp;Lo vimos tambi&eacute;n con la dana. En un momento en el que se exig&iacute;a claridad, responsabilidad y liderazgo, Capell&aacute;n opt&oacute; por la ambig&uuml;edad, por medir cada palabra, por no incomodar a nadie. Ni una posici&oacute;n firme, ni una cr&iacute;tica clara, ni un compromiso que pudiera generar desgaste. Perfil bajo. El justo para no molestar&hellip; y tampoco comprometerse. Aunque cuando el partido se lo pidi&oacute;, se romp&iacute;a las manos aplaudiendo al indigno Maz&oacute;n en el homenaje de &ldquo;desagravio&rdquo; que le dispens&oacute; el PP.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, m&aacute;s que prudencia, empieza a parecer una forma de esconderse. Una forma de hacer pol&iacute;tica en la que lo importante no es tanto lo que se defiende, sino evitar el coste de defenderlo.&nbsp;Primero se marca distancia cuando conviene. Luego se guarda silencio cuando el terreno es inc&oacute;modo. Y finalmente, cuando la realidad aprieta, se corrige el discurso sin demasiados problemas.
    </p><p class="article-text">
        Lo hemos visto con Vox. Lo intuimos ahora con la guerra. Lo sufrimos durante la Dana cuando se escondi&oacute; del homenaje de Estado a las v&iacute;ctimas poniendo como excusa la inauguraci&oacute;n del nuevo c&eacute;sped del campo de f&uacute;tbol de Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        Y, por si quedaba alguna duda sobre el marco en el que se mueve todo esto, ah&iacute; est&aacute; esa frase que retrata toda una forma de entender la pol&iacute;tica en el Partido Popular: &ldquo;mentir no es ilegal&rdquo;. Una afirmaci&oacute;n que no es solo un desliz desafortunado, sino toda una declaraci&oacute;n de principios. Porque cuando se asume que la verdad es secundaria, todo lo dem&aacute;s encaja mucho mejor.
    </p><p class="article-text">
        Encaja que se diga una cosa y se haga la contraria. Encaja que las l&iacute;neas rojas desaparezcan sin explicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante contradicciones puntuales del PP, ante un desliz o una mala tarde. Esto es algo m&aacute;s estructural. Es una manera de hacer pol&iacute;tica basada en la ambig&uuml;edad calculada. Se lanza un mensaje tranquilizador al electorado moderado, se construye una imagen de centralidad&hellip; y, mientras tanto, se deja siempre una puerta entreabierta para cuando la aritm&eacute;tica -la de verdad, la que decide gobiernos- obliga a tomar decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Por eso tambi&eacute;n conviene recordar que Capell&aacute;n no es nuevo en esto. No es un reci&eacute;n llegado a la pol&iacute;tica al que se le pueda conceder el beneficio de la duda, porque ya form&oacute; parte de un gobierno que aplic&oacute; sin titubeos pol&iacute;ticas profundamente ideol&oacute;gicas, alineadas con los sectores m&aacute;s duros de la derecha representada por el ministro Wert al que emul&oacute; desde La Rioja. Aquella etapa al frente de la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n no fue precisamente un ejercicio de moderaci&oacute;n. Y eso, por mucho que ahora se intente dulcificar el relato, sigue ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, lo de Capell&aacute;n deja de ser sorprendente para convertirse en previsible.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n pretende enga&ntilde;ar?&nbsp;Porque lo que estamos viendo con Vox no es una incoherencia aislada, sino la aplicaci&oacute;n disciplinada de la estrategia que han ido desarrollando todos los barones de su partido y el propio l&iacute;der nacional: mientras no necesito a Vox, lo desprecio; cuando lo necesito, lo normalizo. Y entre medias, intento mantener la ficci&oacute;n de que soy otra cosa. M&aacute;s moderado, m&aacute;s centrado, incluso -por momentos-, casi homologable a posiciones progresistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica, como la vida, tiene ese peque&ntilde;o inconveniente: que los hechos acaban pesando m&aacute;s que las palabras. Por eso cuesta tanto comprar este nuevo disfraz.&nbsp;Porque, en el fondo, todo encaja demasiado bien. Encaja el cambio de tono. Encaja la rapidez con la que desaparecen las l&iacute;neas rojas. Encaja esa imagen junto al resto de dirigentes del Partido Popular, todos a una, aclamando a Maz&oacute;n o reclamando acuerdos con Vox como quien reclama algo inevitable.&nbsp;Como quien ya ha asumido que aquello del &ldquo;nunca&rdquo; era, en realidad, un &ldquo;ya veremos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que quiz&aacute; esa sea la verdadera ense&ntilde;anza de todo esto. Que en el Partido Popular no hay un problema de contradicci&oacute;n, sino de sinceridad. No es que digan una cosa y luego hagan otra. Es que jam&aacute;s dicen la verdad (&ldquo;mentir no es delito&rdquo;), si con ello consideran que pueden obtener un beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Y, en esta l&oacute;gica, Capell&aacute;n no es ning&uacute;n verso suelto. Nunca lo ha sido. Ni antes, cuando aplicaba sin matices las pol&iacute;ticas m&aacute;s duras de su partido, ni ahora, cuando intenta revestirse de una moderaci&oacute;n que se desvanece en cuanto aparecen los votos necesarios. Su trayectoria es coherente, aunque su discurso no lo sea.
    </p><p class="article-text">
        Y eso es, precisamente, lo relevante. No estamos ante un dirigente que cambia de opini&oacute;n, sino ante alguien que adapta sus convicciones a las necesidades del momento.
    </p><p class="article-text">
        No es convicci&oacute;n. Es estrategia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/manual-convicciones-reversibles_129_13083468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 09:09:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Manual de convicciones reversibles]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gonzalo Capellán,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 38. Gato por liebre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-38-gato-liebre_129_13061461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El polvor&iacute;n en el que los presidentes de Estados Unidos e Israel han convertido a los pa&iacute;ses de Oriente Medio nos perjudica a la mayor&iacute;a de los mortales. La minor&iacute;a mortal enriquecida y &aacute;vida de m&aacute;s poder y dinero se frota las manos pensando en los beneficios. Como es habitual las mujeres nos llevamos la peor parte. Somos el sector m&aacute;s empobrecido de todas las econom&iacute;as del mundo y somos las que protegemos y cuidamos a los ni&ntilde;os y a los mayores.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en Ir&aacute;n las mujeres est&eacute;n absolutamente sometidas al poder de los ayatol&aacute;s, las bombas no les van a proporcionar m&aacute;s libertad, ni m&aacute;s derechos, ni m&aacute;s igualdad. Lo saben ellas y lo sabemos todos, aunque la camarilla de los valientes guerreros israel&iacute;es y estadounidenses, nos mientan una vez m&aacute;s y quieran darnos &laquo;gato por liebre&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dicen quienes entienden que el presidente de EEUU no sabe por qu&eacute; ha iniciado esta guerra. Yo creo que lo sabe muy bien. Estoy convencida de que ha negociado con su querido Netanyahu para quedarse con la franja de Gaza y construir ese para&iacute;so tur&iacute;stico de lujo en el que &eacute;l y su familia seguir&aacute;n enriqueci&eacute;ndose. No podemos olvidar que la idea la lanz&oacute; &eacute;l mismo, cuando el genocidio viv&iacute;a sus momentos m&aacute;s duros y que ahora, ha enviado a su yerno para que empiece a planificar los negocios en los que tambi&eacute;n participar&aacute;n Toni Blair, y otros cu&aacute;ntos desaprensivos m&aacute;s que forman ese comit&eacute; circense que el anciano americano se ha inventado. Tambi&eacute;n el israel&iacute; sabe por qu&eacute; ataca Ir&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En este caso, la raz&oacute;n es cultural, religiosa, ancestral&hellip; La qu&iacute;mica no funciona entre jud&iacute;os y musulmanes; y cuando se trata de los sectores m&aacute;s radicalizados de las dos religiones la qu&iacute;mica es pura energ&iacute;a nuclear. Israel quiere aniquilar a Ir&aacute;n, como ya ha aniquilado o muy poco le queda a Palestina. De paso bombardea a otro enemigo eterno: L&iacute;bano, y as&iacute; hacen un dos por uno, como si se tratase de una oferta de supermercado. Lo siento, pero as&iacute; lo entiendo.
    </p><p class="article-text">
        A ninguno de los dos les conviene que los misiles, drones, y bombas de todo tipo atraviesen los espacios a&eacute;reos de esa parte del mundo de manera indefinida. Al que menos le interesa es al estadounidense. Si los jeques de los Emiratos &Aacute;rabes no pueden sacar su petr&oacute;leo para venderlo en Europa, en la India o en otros pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, tendr&aacute;n que decirle al aliado pelirrojo que eso no puede continuar as&iacute;; que el estrecho de Ormuz va a estallar como si fuera una colecci&oacute;n de fuegos artificiales valencianos.
    </p><p class="article-text">
        El anta&ntilde;o amigo americano tiene portavoces en Europa, la se&ntilde;ora Ursula Von der Leyen es una de ellas. Se prend&oacute; de la cabellera del anciano cuando viaj&oacute; a Escocia, para jugar con &eacute;l al golf, en su castillo particular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El verde de la hierba escocesa, el gris del cielo y el anaranjado del cabello formaban una mezcla multicolor que hechiz&oacute; a la alemana y aprendi&oacute; tanto en aquel partido que cambia de opini&oacute;n con la misma facilidad que su maestro. En la vieja Europa, la mayor&iacute;a de los veintisiete est&aacute; a verlas venir, esperando para que en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, previstas para el pr&oacute;ximo noviembre, los americanos le digan a su amo y se&ntilde;or, que se est&aacute; pasando con sus matanzas indiscriminadas y que el esplendor prometido, &laquo;ni se ve, ni se le espera&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yo tampoco estoy de acuerdo con esta teor&iacute;a. Yo estoy convencida de que, en noviembre de 2026, no habr&aacute; elecciones en Estados Unidos. Si pintan bastos para los republicanos, como al parecer indican las encuestas, su jefe de filas har&aacute; con las elecciones lo mismo que ha hecho con Venezuela, con Palestina, con Ir&aacute;n, ha estado a punto de hacer con Groenlandia, anuncia que har&aacute; con Cuba y con qui&eacute;n le d&eacute; la real gana. Es decir, se saltar&aacute; toda la legislaci&oacute;n de su pa&iacute;s, de la misma manera que se ha saltado todo el derecho internacional. Al d&eacute;spota americano solo le interesan sus negocios. La democracia le tiene sin cuidado. Es un dictador y act&uacute;a como tal. Si se ha saltado las consultas y debates en el Congreso de su pa&iacute;s, para bombardear Ir&aacute;n, o secuestrar a Maduro, no tiene por qu&eacute; convocar unas elecciones, si no sabe de antemano que las va a ganar. Es su manera de pensar.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; lo que no me encaja en toda esta locura es que no hayan salido prestigiosos psiquiatras y neur&oacute;logos del mundo, poniendo nombre a la enfermedad mental de este peligroso individuo. Ser&aacute; que le tienen miedo y prefieren callar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces me pregunto por la pobre Melania Trump. Me da mucha pena. Esas pamelas que le ocultan el rostro tal vez oculten marcas en su cara que podr&iacute;an ser indicadoras de algo. A la presidencia de la Asamblea General de la ONU, Melania fue a rostro descubierto y ni los mejores maquillajes fueron capaces de tapar la tristeza y el miedo de esa mujer. P&aacute;rense a pensar. Ella no es pol&iacute;tica, no habla en p&uacute;blico, no tiene por qu&eacute; saber controlar el miedo esc&eacute;nico y de buenas a primeras, por mandato de su marido tiene que ser objeto directo de todas las c&aacute;maras&hellip; &iquest;Qu&eacute; mujer en una situaci&oacute;n normal y en una relaci&oacute;n normal aceptar&iacute;a la imposici&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; hombre cabal, pol&iacute;tico cuerdo, se mofar&iacute;a a trav&eacute;s de su esposa de la ONU, como se ha mofado &eacute;l?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Moraleja: Inf&oacute;rmense bien. Est&eacute;n atentos al buen periodismo. Piensen, conversen y cuando vayan a votar, no permitan que les den &laquo;gato por liebre&raquo;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-38-gato-liebre_129_13061461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 11:53:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 38. Gato por liebre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política como derbi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/politica-derbi_129_13069424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Si en los estadios de f&uacute;tbol la lealtad ciega al equipo justifica cualquier falta como <em>t&aacute;ctica necesaria</em> y convierte al &aacute;rbitro en el enemigo com&uacute;n, en la Espa&ntilde;a del siglo XXI ese mismo mecanismo ha colonizado la plaza p&uacute;blica. No se trata de una mera met&aacute;fora, sino de una mutaci&oacute;n antropol&oacute;gica de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica: hemos dejado de debatir proyectos para afiliarnos a marcas identitarias. Como el aficionado que se hace del Madrid o del Bar&ccedil;a no por el gusto del juego, sino por la garant&iacute;a estad&iacute;stica de ganar, el ciudadano se adhiere a un partido no por la solidez de sus ideas, sino por la percepci&oacute;n de su potencial de victoria. El resultado es una <em>hooliganizaci&oacute;n</em> del discurso que anula el pensamiento cr&iacute;tico, normaliza la transgresi&oacute;n &eacute;tica y, en &uacute;ltima instancia, convierte la presunci&oacute;n de inocencia en un arma arrojadiza contra las v&iacute;ctimas. En el fondo, es la &uacute;ltima fase de la desposesi&oacute;n pol&iacute;tica, un fantasma que recorre Europa y el mundo occidental, consecuencia l&oacute;gica de una pol&iacute;tica sin futuro: cuando no se puede proyectar un ma&ntilde;ana compartido, solo queda atrincherarse en un nosotros defensivo y guerrear por el control del <em>hoy</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica produce una contradicci&oacute;n performativa que define nuestro momento: declaramos el hast&iacute;o por la <em>grieta</em> o la <em>polarizaci&oacute;n</em>, que nunca es nuestra, siempre es del <em>otro</em>, pero alimentamos cada d&iacute;a la l&oacute;gica tribal que la sustenta. Participamos en una guerra cultural donde el objetivo no es convencer, sino humillar al contrario; no es construir mayor&iacute;as sociales, sino movilizar al propio feudo. Las redes sociales son el campo perfecto para este espect&aacute;culo: un flujo constante de <em>memes</em>, esl&oacute;ganes y descalificaciones que convierten el debate en una sucesi&oacute;n de gritos de gol. La complejidad de los problemas &mdash;la vivienda, el modelo productivo, la transici&oacute;n ecol&oacute;gica, la movilidad sostenible, la dotaci&oacute;n igualitaria de servicios p&uacute;blicos&mdash; se reduce a consignas digestibles y a la b&uacute;squeda obsesiva de la an&eacute;cdota que desacredite al rival. Es lo que podr&iacute;amos llamar la <em>popperizaci&oacute;n</em> del discurso pol&iacute;tico: la reducci&oacute;n de todo conflicto social a un <em>hit</em> de redes, un formato de entretenimiento emocional donde lo importante no es la verdad, sino qui&eacute;n se impone al pitido final. Basta ver c&oacute;mo las tertulias televisivas premian el zasca f&aacute;cil sobre el argumento sostenido, o c&oacute;mo un problema de d&eacute;cadas como la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica se convierte en <em>trending topic</em> solo cuando un presidente usa un determinado tono de voz.
    </p><p class="article-text">
        El s&iacute;ntoma m&aacute;s claro de esta enfermedad democr&aacute;tica es el doble rasero moral convertido en norma. La corrupci&oacute;n, el abuso de poder o la incompetencia ya no se juzgan por su gravedad objetiva, sino por el color de la camiseta del infractor. El mecanismo es previsible y se activa en cadena: 1) Negaci&oacute;n rotunda (son <em>fake news</em> de los rivales); 2) Minimizaci&oacute;n comparativa (y el tuyo lo hizo peor); 3) Criminalizaci&oacute;n de la denuncia (es un ataque pol&iacute;tico orquestado); y 4) Victimizaci&oacute;n del acusado (est&aacute;n persiguiendo a <em>uno de los nuestros</em>). As&iacute;, un delito deja de ser un quebrantamiento de la ley com&uacute;n para convertirse en un da&ntilde;o colateral de la guerra tribal, algo que, en el fondo, <em>todos hacen </em>y que solo se usa como munici&oacute;n partidista. La presunci&oacute;n de inocencia, pilar jur&iacute;dico fundamental, es pervertida en este proceso: deja de ser un derecho procesal para convertirse en una coartada p&uacute;blica para desplazar el foco. No se exige justicia imparcial, sino que se usa el principio como un escudo para desviar la atenci&oacute;n hacia el denunciante o la instituci&oacute;n que investiga, acusados de parcialidad. El mensaje subyacente es t&oacute;xico: la lealtad al equipo est&aacute; por encima de la lealtad a la legalidad.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo no opera en el vac&iacute;o, sino que se nutre de un sustrato social m&aacute;s profundo: la misma l&oacute;gica tribal que coloniza el debate pol&iacute;tico impregna tambi&eacute;n la vida cotidiana y la cultura. En la justicia, la presunci&oacute;n de inocencia deja de ser un derecho procesal universal para convertirse en un privilegio de casta: se invoca con ardor para proteger al correligionario y se silencia &mdash;o se ataca&mdash; cuando ampara al adversario. En la cultura, esa misma esencializaci&oacute;n alcanza hasta lo que cada uno pone en su plato. El jam&oacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/jamon-frontera_129_12992532.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como he desarrollado en otro art&iacute;culo</a>, no es ya una preferencia gastron&oacute;mica sino una frontera digestiva: quien no lo come carga con una hipoteca identitaria permanente, la sospecha de no pertenecer del todo, de ser un invitado bajo tutela. As&iacute;, el doble rasero se hace cuerpo: los nuestros pueden fallar, quebrantar, incumplir, que siempre habr&aacute; una coartada; los otros deben demostrar su inocencia y su pertenencia a cada bocado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica tiene un coste democr&aacute;tico devastador: la infantilizaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y la erosi&oacute;n de lo com&uacute;n. Si la pol&iacute;tica es un derbi, el ciudadano se convierte en espectador-participante de un <em>reality show</em>, donde su papel se reduce a elegir un bando y aplaudir sus jugadas. Se desincentiva el pensamiento aut&oacute;nomo, la lectura de programas, el seguimiento cr&iacute;tico de la gesti&oacute;n. Las ideas &mdash;que por definici&oacute;n son complejas, discutibles y perfectibles&mdash; se vac&iacute;an de contenido. Una idea no es peligrosa; al contrario, es el veh&iacute;culo del aprendizaje, la discusi&oacute;n y la empat&iacute;a, porque obliga a salir de uno mismo y entender razones ajenas. La hooliganizaci&oacute;n, en cambio, promueve lo contrario: la aversi&oacute;n a la idea y la adhesi&oacute;n a la tribu.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los partidos pol&iacute;ticos, lejos de corregir esta deriva, la han instrumentalizado. El marketing pol&iacute;tico ha sustituido a la pedagog&iacute;a pol&iacute;tica. Las campa&ntilde;as se dise&ntilde;an no para explicar, sino para activar sesgos identitarios y emociones viscerales (miedo, resentimiento, orgullo herido). El pensamiento &uacute;nico que durante d&eacute;cadas proclam&oacute; que no hab&iacute;a alternativa al modelo &mdash;que la historia hab&iacute;a llegado a su fin y solo quedaba gestionar lo existente&mdash; ha encontrado su sucesor l&oacute;gico en el sentimiento &uacute;nico tribal: si no hay futuro que imaginar, al menos queda un enemigo al que derrotar. La pol&iacute;tica sin horizonte se refugia en el combate. La consecuencia es un paisaje pol&iacute;tico empobrecido, donde la oferta se reduce a diferentes grados de gesti&oacute;n del mismo sistema sin alternativa posible, y el conflicto se desplaza del debate sobre el modelo de sociedad al combate por el poder simb&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se sale de esta trampa? No hay soluciones simples, pero el primer paso es el diagn&oacute;stico claro: recuperar la pol&iacute;tica como espacio de conflicto ideol&oacute;gico real, no como guerra identitaria. Esto implica, parad&oacute;jicamente, politizar m&aacute;s, pero mejor: elevar el nivel del conflicto, discutir de fondos y no de formas, de proyectos y no de personas. Exige de los medios, de las instituciones educativas y de los propios partidos un esfuerzo por recomplejificar el discurso, por devolver el espesor a las ideas. Y, sobre todo, exige de la ciudadan&iacute;a un acto de insumisi&oacute;n cognitiva: negarse a ser un<em> hooligan</em>, recuperar el derecho a criticar al propio equipo, a exigir coherencia, a valorar las ideas por encima de las siglas. Esta insumisi&oacute;n empieza por un acto de higiene ling&uuml;&iacute;stica: rechazar los esl&oacute;ganes prefabricados de la tribu, exigir que se nombren las cosas por lo que son, y recuperar el significado de las palabras antes de que sean solo banderas. Un Estado de Derecho solo lo es si aplica la ley por igual a amigos y enemigos. Una democracia solo es madura si sus ciudadanos son capaces de juzgar a sus l&iacute;deres con la misma vara con la que miden a sus adversarios.
    </p><p class="article-text">
        La<em> hooliganizaci&oacute;n</em> no es un accidente ni una anomal&iacute;a pasajera. Es el s&iacute;ntoma de una democracia que ha dejado de ofrecer un ma&ntilde;ana y solo puede movilizar a trav&eacute;s del miedo al otro y la promesa nost&aacute;lgica de restaurar un pasado que, convenientemente, nunca existi&oacute; del todo. En ese vac&iacute;o, ganar el derbi se convierte en el &uacute;nico consuelo imaginable. Pero conviene recordar, a quienes confunden la victoria tribal con el progreso colectivo, que en un estadio donde todos pierden, los &uacute;nicos que siempre ganan son los que venden las entradas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/politica-derbi_129_13069424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2026 10:36:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La política como derbi]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Días y flores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dias-flores_129_13069216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente se ha puesto de moda hacer la lista de los individuos sin los cuales el mundo ser&iacute;a mejor. Cuando los EEUU secuestraron a Nicol&aacute;s Maduro hubo quien asegur&oacute; que el secuestro de Maduro hac&iacute;a al mundo mejor. Y cuando Estados Unidos e Israel asesinaron al&nbsp;ayatol&aacute; Ali Jamene&iacute;,&nbsp;un caso sin precedentes en el que un Gobierno acaba con el l&iacute;der de otro pa&iacute;s sin declaraci&oacute;n previa de guerra, se dijo que tambi&eacute;n el mundo mejoraba con su desaparici&oacute;n. Lo extra&ntilde;o es que no contin&uacute;en haciendo un mundo mejor asesinando&nbsp;tambi&eacute;n a los dirigentes de Qatar, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos &Aacute;rabes Unidos (EAU), Catar y el resto de dictaduras isl&aacute;micas tan oprobiosas como la iran&iacute; que cada d&iacute;a violan los derechos humanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La idea de mejorar el mundo a base de secuestros y asesinatos resulta extra&ntilde;a y contradictoria. Pero la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica es cada d&iacute;a m&aacute;s pr&aacute;ctica y menos pol&iacute;tica como muestra el hecho de que la presidenta de la Comisi&oacute;n Europea Ursula von der Leyen&nbsp;haya afirmado que &ldquo;No se debe llorar por el r&eacute;gimen iran&iacute; que ha infligido muerte e impuesto represi&oacute;n a su propio pueblo&rdquo;. De acuerdo, no lloremos por aquellos que han infligido muerte e impuesto represi&oacute;n a su propio pueblo, incluidos los que a&uacute;n lo&nbsp;siguen haciendo asesinando a inmigrantes en EEUU o masacrando a la poblaci&oacute;n en Gaza y Cisjordania.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo debemos&nbsp;llorar porque el llanto es el grito del alma y hay que llorar de rabia cuando&nbsp;el ej&eacute;rcito de los Estados Unidos asesina a&nbsp;las ni&ntilde;as&nbsp;de Ir&aacute;n que acuden a la escuela esperando la llegada de los derechos humanos que las liberen y no de los infanticidas con sus misiles que las ejecuten. Debemos llorar de verg&uuml;enza cuando personajes como Mark Rutte, el secretario general de la OTAN,&nbsp;hace del servilismo una malformaci&oacute;n del liderazgo. Debemos llorar de dolor al observar imp&aacute;vidos c&oacute;mo los matones&nbsp;de extrema derecha que antes tomaban el poder a base de golpes ahora lo hacen acariciados por los votos irresponsables de algunos ciudadanos. Debemos llorar de hast&iacute;o frente al vertiginoso olvido del genocidio de Gaza porque las emociones ya van en nuestro interior al ritmo que marcan las redes sociales. Debemos llorar de exasperaci&oacute;n ante la forma en la que&nbsp;las democracias occidentales hacen del asesinato un arte y de la justicia un hartazgo. Y, por supuesto, debemos llorar de repugnancia al ver c&oacute;mo una guerra sustituye a otra y hasta de agotamiento mental cuando algunos l&iacute;deres pol&iacute;ticos nos ponen en el falso dilema entre los derechos humanos y el derecho internacional olvidando que ambos son equivalentes necesarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una contradicci&oacute;n de las supuestas democracias violentar los derechos humanos para defender los derechos humanos. No se hace un mundo mejor matando a escolares inocentes por mucho que se haya normalizado el siniestro concepto de &ldquo;da&ntilde;os colaterales&rdquo;.&nbsp;El propio Tratado de la Uni&oacute;n Europea, se fundamenta en el respeto a la libertad, la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos afirmando que su finalidad&nbsp;es promover la paz&nbsp;promoviendo el estricto respeto al derecho internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1974 el cantautor cubano Silvio Rodr&iacute;guez compuso <em>D&iacute;as y Flores</em>, una po&eacute;tica y furiosa canci&oacute;n en el que el amor y las injusticias del mundo, la belleza y las guerras se constituyen en opuestos que nos desgarran. Las flores representan los valores del ser humano que mantienen la salud interior frente a los terribles d&iacute;as de este inmundo mundo. Y a la m&aacute;s profunda alegr&iacute;a le sigue la rabia&nbsp;uno y otro d&iacute;a:&nbsp;<em>la rabia simple del hombre silvestre/la rabia bomba, la rabia de muerte/la rabia imperio asesino de ni&ntilde;os/la rabia se me ha podrido el cari&ntilde;o/la rabia, madre, por Dios, tengo fr&iacute;o/la rabia es m&iacute;o, eso es m&iacute;o, s&oacute;lo m&iacute;o/la rabia bebo pero no me mojo/la rabia miedo a perder el manojo/la rabia hijo zapato de tierra/la rabia dame o te hago la guerra/la rabia todo tiene su momento/la rabia el grito se lo lleva el viento/la rabia el oro sobre la conciencia/la rabia co&ntilde;o, paciencia, paciencia</em>. Porque la rabia, concluye la canci&oacute;n, <em>la rabia es mi vocaci&oacute;n</em>&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que lloremos rabiosamente mientras repetimos las palabras que el hist&oacute;rico dirigente de Izquierda Unida, Julio Anguita, pronunci&oacute; tras la muerte de su hijo, el periodista Julio Anguita Parrado, provocada&nbsp;por un misil durante la guerra de Irak en abril de 2003: &ldquo;Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen&rdquo;. Las malditas guerras, ese invento de los poderosos para beneficio de los poderosos a las que nunca van los poderosos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dias-flores_129_13069216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2026 08:54:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Días y flores]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vergüenza Pública Oficial (VPO)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/verguenza-publica-oficial-vpo_129_13065281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En Logro&ntilde;o hay miles de j&oacute;venes que no pueden independizarse, parejas que retrasan su proyecto de vida porque no pueden pagar el alquiler y familias j&oacute;venes que ven c&oacute;mo su capacidad de ahorro es nula. En esta situaci&oacute;n, las Viviendas de Protecci&oacute;n Oficial deber&iacute;an plantearse como una pol&iacute;tica seria y sobre todo, transparente para dar una opci&oacute;n a todas estas personas afectadas por el alto precio de la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Y el ayuntamiento se burl&oacute; de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Se burl&oacute; de ellos primero por la falta de transparencia. A pesar de que se llamen Viviendas de Protecci&oacute;n Oficial, el ayuntamiento ha permitido que sean las propias constructoras las que decidan a qui&eacute;n se adjudican, sin un baremo p&uacute;blico ni claro, algo que subvierte la esencia misma de la VPO, por no hablar ya de la flagrante falta de transparencia en el proceso.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se burlaron de nosotros, los j&oacute;venes, pues nuestra generaci&oacute;n tiene una profunda angustia vital derivada en gran medida a la imposibilidad de acceder a la compra de una vivienda en el mercado libre y las VPO son una de las pocas opciones viables que existen para acceder a una vivienda en propiedad. Y sin vivienda asequible, muchas personas se ven obligadas a seguir viviendo con sus padres, compartir piso hasta los 40 o a marcharse de nuestra tierra para ver si en otros lugares pueden prosperar, y eso es una desgracia.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda de protecci&oacute;n oficial debe ser un motor de redistribuci&oacute;n de la riqueza, un puente que permita a las clases trabajadoras y a los j&oacute;venes acceder a un patrimonio y a una estabilidad econ&oacute;mica y vital.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el modelo propuesto por el PP en Logro&ntilde;o parece dise&ntilde;ado para una redistribuci&oacute;n de los ciudadanos con menos recursos, hacia las arcas de las constructoras que ahora ostentan el poder de decidir qui&eacute;n es merecedor de una vivienda p&uacute;blica. Es un sistema que despoja a los m&aacute;s vulnerables de su derecho a la esperanza y lo convierte en una oportunidad de negocio para unos pocos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso nos duelen tanto las declaraciones de la concejala de Vivienda, Patricia S&aacute;inz, que han sido la m&aacute;xima expresi&oacute;n de esta gesti&oacute;n clasista y lamentable. Su afirmaci&oacute;n de que la adjudicaci&oacute;n &ldquo;podr&iacute;a&rdquo; haber sido a dedo es una muestra de una falta de respeto hacia los miles de logro&ntilde;eses que esperan transparencia e igualdad ante la ley.
    </p><p class="article-text">
        Esta frase ha encendido todas las alarmas. &iquest;C&oacute;mo podemos confiar en un proceso cuya m&aacute;xima responsable admite, siquiera como posibilidad, la adjudicaci&oacute;n &ldquo;a dedo&rdquo;? Esta declaraci&oacute;n no es un desliz, es la revelaci&oacute;n de una mentalidad que parece tolerar la arbitrariedad en la gesti&oacute;n de los recursos p&uacute;blicos para la construcci&oacute;n de viviendas.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el alcalde, Conrado Escobar, lejos de asumir la responsabilidad pol&iacute;tica y ofrecer explicaciones convincentes, ha optado por la descalificaci&oacute;n. Calificar las cr&iacute;ticas de la oposici&oacute;n y la preocupaci&oacute;n ciudadana como &ldquo;bulo, ruido y linchamiento&rdquo; es una estrategia de escape intolerable.
    </p><p class="article-text">
        No es ruido, se&ntilde;or alcalde, sino el grito de miles de familias y j&oacute;venes que ven c&oacute;mo se les niega una oportunidad justa de acceso a la vivienda. No es un linchamiento, es la exigencia de transparencia y justicia en un momento en que el precio del alquiler en
    </p><p class="article-text">
        Logro&ntilde;o se dispara, con aumentos de doble d&iacute;gito en el &uacute;ltimo a&ntilde;o y sin pinta de detenerse.
    </p><p class="article-text">
        La VPO no puede ser un coto privado de las constructoras ni un instrumento para el clientelismo pol&iacute;tico. Debe ser un pilar fundamental para garantizar el derecho a la vivienda, especialmente para nosotros, los j&oacute;venes, que somos los m&aacute;s afectados por la precariedad laboral, la inestabilidad econ&oacute;mica y los precios desorbitados del mercado. La ausencia de sorteos p&uacute;blicos, la opacidad en la adjudicaci&oacute;n y la falta de control municipal son un ataque directo a nuestra esperanza y a nuestra capacidad de construir un futuro en Logro&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n de la vivienda protegida es una cuesti&oacute;n de justicia social, de futuro para nuestra ciudad. La confianza de los ciudadanos en sus instituciones se construye sobre la transparencia, la equidad y la responsabilidad. Cuando estos principios se ven comprometidos, la democracia misma se debilita.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, las declaraciones del equipo de gobierno demuestran una preocupante falta de sensibilidad y responsabilidad pol&iacute;tica, por ello exigimos la dimisi&oacute;n inmediata de Patricia S&aacute;inz como concejala de Vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Su gesti&oacute;n y sus palabras han demostrado una incapacidad para liderar un &aacute;rea tan sensible y crucial para el bienestar de los logro&ntilde;eses. Logro&ntilde;o merece una pol&iacute;tica de vivienda transparente, justa y que realmente proteja a quienes m&aacute;s lo necesitan, no a quienes ya tienen el poder y los privilegios.
    </p><p class="article-text">
        Es hora de que el Ayuntamiento de Logro&ntilde;o recupere la funci&oacute;n inicial de la VPO y no la convierta en una loter&iacute;a ama&ntilde;ada por intereses privados. No se burlen de nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Zúñiga. Secretario General de Juventudes Socialistas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/verguenza-publica-oficial-vpo_129_13065281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 17:08:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vergüenza Pública Oficial (VPO)]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja,Logroño,VPO - Vivienda de Protección Oficial,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acción por los ríos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/accion-rios_129_13054300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una gran paradoja en nuestra relaci&oacute;n con los r&iacute;os: medimos al mil&iacute;metro su capacidad y caudal, pero ignoramos la vida que habita en ellos, excepto para ir a pescar. Cada semana consultamos el porcentaje de llenado de los embalses como quien mira el tr&aacute;fico rodante y, sin embargo, casi nadie sabr&iacute;a decir cu&aacute;ntas especies aut&oacute;ctonas han desaparecido de nuestros r&iacute;os en las ultimas d&eacute;cadas. Mucho menos, cu&aacute;les. El trato que dispensamos a los r&iacute;os aprueba en Matem&aacute;ticas, pero suspende en Biolog&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, m&aacute;s del 40% de los ecosistemas fluviales presentan un estado deplorable; y en los grandes r&iacute;os todav&iacute;a es peor. Esta cifra no habla s&oacute;lo de agua: habla de insectos, moluscos, peces, anfibios, aves, mam&iacute;feros o bosques de ribera. Habla de un patrimonio natural que vamos matando a sabiendas. Tres ejemplos. El uso que hacemos del r&iacute;o Tajo exhibe tramos con caudales deficientes que s&oacute;lo engordan la intensiva Econom&iacute;a Agraria, y a cambio -trasvasado y troceado por las presas-, catea en Sociolog&iacute;a, Geograf&iacute;a e Historia y Ciencias Naturales; nuestra actitud con el r&iacute;o Ebro -encorsetado por los diques, contaminado e infestado de especies ex&oacute;ticas invasoras, adem&aacute;s de falto de sedimentos que alimenten su delta-, ya no aprueba los ex&aacute;menes de F&iacute;sica, Qu&iacute;mica y Conocimiento del Medio Natural; y nuestra gesti&oacute;n del r&iacute;o Guadalquivir -asediado por los riegos ilegales que secan su fre&aacute;tico en Do&ntilde;ana-, cualquier profesor de Geolog&iacute;a o Biolog&iacute;a se la cargar&iacute;a en junio y septiembre. 
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de biodiversidad en los r&iacute;os espa&ntilde;oles (tambi&eacute;n del resto del mundo) tiene m&uacute;ltiples causas. La sobreexplotaci&oacute;n de sus aguas reduce los caudales hasta convertir kil&oacute;metros y kil&oacute;metros de r&iacute;o vivo en hilos medio muertos. Los trasvases alteran equilibrios ecol&oacute;gicos milenarios, oponi&eacute;ndose a cualquier ley natural. Las presas fragmentan los h&aacute;bitats fluviales impidiendo los flujos migratorios de las especies aut&oacute;ctonas y favoreciendo la proliferaci&oacute;n de las for&aacute;neas. A ello se suman otras causas invisibles para el ojo humano, como son la inmensa contaminaci&oacute;n difusa procedente de los fertilizantes y pesticidas agr&iacute;colas; o la que vertemos directamente a trav&eacute;s de las depuradoras convencionales, que tanto nos tranquilizan, pero que dejan escapar silenciosamente sustancias que envenenan lentamente a los peces e invertebrados, como son los metales pesados, nanopl&aacute;sticos, cosm&eacute;ticos, antibi&oacute;ticos, ansiol&iacute;ticos, anticonceptivos y antiinflamatorios. 
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico agrava cada uno de estos factores. Sequ&iacute;as largas concentran contaminantes. Avenidas torrenciales arrasan la biodiversidad a destiempo y con mayor furia. La temperatura media del agua aumenta y desplaza a nuestros peces, mientras proliferan decenas de especies no nativas rompiendo el equilibrio y la cadena tr&oacute;fica natural. Los sotos y riberas desaparecen al ser urbanizados o convertidos en plantaciones. Y lo que se pierde no s&oacute;lo es flora y fauna. Se pierde capacidad de depuraci&oacute;n natural. Se pierde resiliencia frente a las inundaciones. Se pierde paisaje, memoria y cultura fluvial. 
    </p><p class="article-text">
        El r&iacute;o ha dejado de ser un ecosistema para convertirse en una infraestructura. Un canal forzado a ceder un elevado porcentaje de su agua para regar cultivos subvencionados, la industria contaminante, las el&eacute;ctricas, la IA y la gran ciudad. As&iacute;, el r&iacute;o no es m&aacute;s que una tabla estad&iacute;stica: Matem&aacute;ticas.&nbsp;La biodiversidad, en cambio, no cabe en un porcentaje de agua embalsada. No genera titulares diarios ni comparecencias urgentes. Desaparece sin estridencias y sin la defensa de influyentes despachos de abogados. Abundan los ciudadanos s&oacute;lo pendientes del nivel de los pantanos. Pol&iacute;ticos y organizaciones agrarias centrados en promover trasvases o nuevas obras hidr&aacute;ulicas en vez de planes de ahorro de agua. Confederaciones hidrogr&aacute;ficas decimon&oacute;nicas que siguen utilizando m&aacute;s del 85% de sus presupuestos anuales en desnaturalizar r&iacute;os en vez de restaurarlos. Ayuntamientos que, cabezona y temerariamente, no adaptan sus planes urban&iacute;sticos a las necesidades del r&iacute;o y luego solicitan declaraciones de &ldquo;zona catastr&oacute;fica&rdquo;. Ingenieros que calculan con toda exactitud los metros c&uacute;bicos de una escollera o la altura de coronaci&oacute;n de cualquier gran presa, pero nunca recibieron clases de Ecolog&iacute;a Fluvial, y as&iacute; es muy dif&iacute;cil que la respeten. Medios de comunicaci&oacute;n que abren los informativos con el dato casi diario de las reservas embalsadas en vez del porcentaje de agua consumido innecesariamente por los ciudadanos. 
    </p><p class="article-text">
        Pocas veces se pregunta cu&aacute;ntas especies aut&oacute;ctonas quedan. Pocas veces se explica qu&eacute; significa que un r&iacute;o est&aacute; en &ldquo;mal estado ecol&oacute;gico&rdquo;. Pocas veces se recuerda que un r&iacute;o vivo vale tanto o m&aacute;s que un embalse lleno. El porcentaje de agua embalsada no informa sobre la biodiversidad. Es un dato hidrol&oacute;gico, no ecol&oacute;gico, por lo tanto, parcial e incompleto. No es toda la verdad; y sin embargo nos conformamos con su mitad. No aprendemos m&aacute;s all&aacute; de los n&uacute;meros: de ciertos n&uacute;meros. Contabilizamos matem&aacute;ticamente cu&aacute;nta agua almacenamos para nuestras necesidades y caprichos, pero olvidamos cu&aacute;ntas veces hemos suspendido en Biolog&iacute;a&hellip;, salvo cuando tenemos previsto ir a pescar ex&oacute;ticas invasoras, porque lo de los peces aut&oacute;ctonos y ba&ntilde;arse en un gran r&iacute;o es tarea pr&aacute;cticamente imposible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy es 14 de marzo, D&iacute;a Internacional de Acci&oacute;n por los R&iacute;os.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/accion-rios_129_13054300.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 08:54:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Acción por los ríos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Ríos,Medio ambiente,Biodiversidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué pasa con los cuerpos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pasa-cuerpos_129_13051905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La pregunta me asalt&oacute; o irrumpi&oacute; cuando observ&eacute; algunas fotograf&iacute;as de las reuniones del fen&oacute;meno <em>therian: </em>ya saben, esos j&oacute;venes que cubren sus rostros con m&aacute;scaras que evocan el esp&iacute;ritu animal que (se supone) verdaderamente les habita. Me han contado que no se trata de un fen&oacute;meno reciente, aunque quiz&aacute; ahora se haya encendido su p&aacute;bilo medi&aacute;tico para desacreditar a una juventud (presuntamente) adocenada, pero no es la novedad lo que me asombr&oacute;. Tambi&eacute;n me han explicado que algunos de esos adolescentes participan de la corriente como una diversi&oacute;n, pero no me desarm&oacute; el instinto l&uacute;dico que parte de su p&uacute;blico pueda imprimirle, por muy exc&eacute;ntrico que sea (&iquest;qu&eacute; afici&oacute;n verdadera no alcanza cierta cota de excentricidad?). Si se quiere diseccionar el fen&oacute;meno, hay que confesar que nos abruma (me abruma) la convicci&oacute;n con la que algunos <em>therian </em>teorizan su adhesi&oacute;n al movimiento y la naturalidad o facilidad o relajamiento de pudor con la que asumen y se expresan mediante conductas propias de animales (conductas, incluso, de apareamiento sexual).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, como creo que hasta los comportamientos deliberadamente rid&iacute;culos o lun&aacute;ticos tienen una explicaci&oacute;n (lo &uacute;nico que carece de explicaci&oacute;n es la maldad, a pesar de tantos libros o pel&iacute;culas que se esfuerzan por busc&aacute;rsela, y as&iacute; la justifican), rechazo tratarles con la condescendiente incredulidad que suelen profesarles los adultos, que se aproximan a los <em>therian</em> con una fingida ternura porque piensan que su perplejidad es fruto de la brecha generacional. Este rechazo se forja, principalmente, en que varios chicos que frisan la mayor&iacute;a de edad los perciben igualmente como una manifestaci&oacute;n extravagante: hay una incomodidad transversal sobre la que conviene reflexionar con m&aacute;s hondura. Esa mayor profundidad exige un cambio en el eje de la discusi&oacute;n. Muchas personas se lamentan: &iquest;Qu&eacute; pasa con las cabezas? Mientras que yo sostengo que la actitud o comportamiento <em>therian</em> es una respuesta a una relaci&oacute;n patol&oacute;gica (personal y social) con el cuerpo, con los cuerpos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, no me escandaliza el disfraz. El disfraz es un saludable y sofisticado s&iacute;mbolo de evasi&oacute;n, y con ese prop&oacute;sito se ha utilizado tanto en los rituales paganos como religiosos. En muchos sentidos, todo vivimos huyendo, pero el disfraz explicita una huida consciente, confesa, transitoria y reversible, y por ello terap&eacute;utica; es una rebeli&oacute;n c&iacute;nica contra la imagen f&iacute;sica (la que biol&oacute;gicamente recibimos y la que elegimos o nos dise&ntilde;amos) que proyecta sobre nosotros un crisol de prejuicios. El disfraz nos permite comunicar una versi&oacute;n menos convencional (menos sujeta a la interpretaci&oacute;n preestablecida) y, as&iacute;, m&aacute;s aut&eacute;ntica o genuina de nosotros mismos: parad&oacute;jicamente, el disfraz desenmascara los prejuicios. En cualquier caso, el disfraz sol&iacute;a sublimar nuestra necesidad de lo sensible y lo tangible, de lo sensual. Y aqu&iacute; radica la subversi&oacute;n <em>therian, </em>que merece ese pensamiento menos c&aacute;ndido o socarr&oacute;n del que com&uacute;nmente inquieta: el <em>therian </em>no recurre a la m&aacute;scara para liberar a su cuerpo de una visi&oacute;n prejuiciosa o para impregnarlo de un nuevo significado inevitablemente dotado de sensorialidad, sino para desligarse de su cuerpo. El disfraz no trasforma, pues, una identidad corp&oacute;rea, sino que nos indica cu&aacute;l es la &ldquo;psicolog&iacute;a&rdquo; o la &ldquo;conciencia&rdquo; o el &ldquo;alma&rdquo; en la que el <em>therian </em>se reconoce y por la que deber&iacute;amos reconocerle. El <em>therian </em>est&aacute; enfrentado a su cuerpo, est&aacute; ensimismado y quiere abstraerse de su cuerpo y lo espiritualiza, no acepta ser mat&eacute;rico o se opone a serlo en la forma en que lo es. Y esta escisi&oacute;n parte de una decisi&oacute;n <em>voluntaria </em>que se camufla detr&aacute;s acciones aparentemente livianas e ingenuas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; pueda extra&ntilde;ar este complejo cuando habitualmente se critica el &ldquo;culto al cuerpo&rdquo; que atraviesa e inunda nuestras sociedades, pero todo aquello a lo que se rinde culto presupone la existencia de un conflicto, irresuelto o probablemente irresoluble. Los adolescentes de todas las &eacute;pocas han (hemos) afrontado un conflicto con su (nuestro) cuerpo, claro; y es que no es inocuo el descubrimiento de que provoca est&iacute;mulos en los dem&aacute;s y que el cuerpo de los dem&aacute;s nos estimula, el descubrimiento de que el cuerpo es sexual no es inofensivo. Sin embargo, parece que muchos adolescentes de nuestro tiempo (los adolescentes, en particular) han transitado hacia un nuevo estadio de ese conflicto: la relaci&oacute;n directamente patol&oacute;gica con los cuerpos, una especie de asco o ira o pavor escatol&oacute;gico, de la que los <em>therian </em>constituyen un ep&iacute;tome extremo (lo patol&oacute;gico no es el conflicto, sino que el conflicto no conduzca a resolver el conflicto, que se perpet&uacute;e porque se convierte en una elecci&oacute;n vital).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puedo enumerar varias causas de nuestra procelosa actualidad que, creo, confluyen en este pernicioso proceso: el desprestigio intelectual del arte figurativo, la transformaci&oacute;n relacional que han propiciado la tecnolog&iacute;a digital y las redes sociales (y que infiltrado la competencia capitalista en el &ldquo;mercado de la seducci&oacute;n&rdquo;), el acceso prematuro e inmaduro a la pornograf&iacute;a,&nbsp;la publicidad que reemplaza la belleza gen&eacute;tica de los cuerpos por una belleza manufacturada (no ya solo reforzada), el consumismo que necesita azuzar la percepci&oacute;n propia de <em>insuficiencia </em>(confundiendo nuestras expectativas con las de los otros), la ideolog&iacute;a de la libre elecci&oacute;n de g&eacute;nero (que no la realidad cient&iacute;fica de la transexualidad) o la p&eacute;rdida de una cultura colectiva del erotismo (de sus gestos y s&iacute;mbolos, que demandan, como es inherente a toda insinuaci&oacute;n, de una comprensi&oacute;n m&aacute;s aguda y atenta sobre c&oacute;mo interpela un cuerpo). Estos factores han despojado a los cuerpos de su valor <em>real</em> de una manera u otra, han roto la vinculaci&oacute;n entre cuerpo (cuerpo carnal, directo, inmediato) y personalidad, han disminuido o han privado al cuerpo de su componente afectivo. Y es que, en este &uacute;ltimo sentido, al fondo de esas causas resuena un ego&iacute;smo aislacionista que acalla el di&aacute;logo de los cuerpos (y que, as&iacute;, atomiza la convivencia): importa exclusivamente c&oacute;mo uno mismo se reconoce en su cuerpo y se ignora su potencialidad para que importe a otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay profesionales cualificados que pueden ayudar a que cada individuo gestione esa relaci&oacute;n patol&oacute;gica con su cuerpo, as&iacute; que a ellos me remito.<em> </em>Yo s&oacute;lo quer&iacute;a subrayar que el fen&oacute;meno <em>therian </em>no debe tomarse a ligera porque es un s&iacute;ntoma de un malestar extendido en nuestras sociedades, la herida abierta de una desafecci&oacute;n t&iacute;picamente posmoderna. Y tambi&eacute;n porque me permite precaver de un riesgo pol&iacute;tico: por esa grieta, la de la relaci&oacute;n patol&oacute;gica con el cuerpo (y, secuencialmente, la de la insatisfacci&oacute;n del deseo), han penetrado las m&aacute;s abyectas manipulaciones, antes confesionales, ideol&oacute;gicas ahora. Si lo piensan detenidamente, antes que el control de las mentes, el poder ha rentabilizado mejor la claudicaci&oacute;n de los cuerpos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pasa-cuerpos_129_13051905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 12:06:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué pasa con los cuerpos?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El espíritu del 'no a la guerra']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/espiritu-no-guerra_129_13051865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Basta con escuchar la radio p&uacute;blica americana o leer la informaci&oacute;n internacional de los peri&oacute;dicos estadounidenses para comprobar que en el imaginario colectivo de Estados Unidos el mundo se divide en aliados y adversarios, y lo que sucede en el mundo exterior se observa y se analiza con la mirada de quien se siente responsable, no mero espectador, de los aconteceres de otros pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Ese imaginario colectivo de responsabilidad para con el resto del mundo se ha sustentado durante d&eacute;cadas, dentro y fuera de Estados Unidos, sobre un relato de grandes principios que deb&iacute;an ser promovidos universalmente: la libertad, la democracia, el bien frente al mal. Conceptos que, como es bien sabido, han sido aplicados de forma inconsistente y arbitraria, en ocasiones para enmascarar intereses m&aacute;s espurios, y que han servido para justificar intervenciones con desastrosas consecuencias humanitarias y para la consecuci&oacute;n de los propios principios que se enarbolaban.
    </p><p class="article-text">
        La guerra contra Ir&aacute;n puede verse como una continuaci&oacute;n de esa historia de intervenciones militares ilegales, pero tambi&eacute;n como un desarrollo m&aacute;s peligroso, habida cuenta de los esfuerzos limitados de la administraci&oacute;n estadounidense por articular un relato que justifique la intervenci&oacute;n. Por eso es dif&iacute;cil no sospechar que, detr&aacute;s de las decisiones de Donald Trump, hay un componente no despreciable de instintos e impulsos personales cuya explicaci&oacute;n corresponde m&aacute;s a la psicolog&iacute;a que a la geopol&iacute;tica o la econom&iacute;a, incluyendo dentro de esta las finanzas personales.
    </p><p class="article-text">
        En el universo de Trump no hay grandes principios ni relatos: solo frases cortas, simples y generalmente desarticuladas, que muestran sin disimulo sus impulsos psicol&oacute;gicos y que podr&iacute;an resumirse en un &ldquo;soy el mejor&rdquo; y &ldquo;aqu&iacute; el que manda soy yo&rdquo;. Es un retorno a instintos primarios, a la ley del m&aacute;s fuerte, a un mundo despojado de valores y normas compartidos que, por hip&oacute;critas que a veces puedan ser, establecen por lo menos ciertos l&iacute;mites y sobre todo articulan un espacio para el debate y la conversaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Si es posible ver algo esperanzador en medio de esta guerra es que nos muestra de golpe y sin ambages las consecuencias y los peligros de ese retorno a un mundo primario dominado por hombres fuertes que ni siquiera se esfuerzan por disimular sus instintos. Pero esos hombres no son la causa del problema, sino m&aacute;s bien su consecuencia: surgen en el vac&iacute;o que genera la p&eacute;rdida de esperanzas y proyectos compartidos; imponen la ley del m&aacute;s fuerte cuando el resto acabamos creyendo que esa es la &uacute;nica ley posible.
    </p><p class="article-text">
        Por eso necesitamos recuperar el esp&iacute;ritu del &lsquo;no a la guerra&rsquo;: la esperanza de que otro mundo mejor es posible, por muy oscuros que sean los tiempos presentes. Una esperanza que solo puede ser compartida si trasciende nuestras pantallas atomizadas y recupera algo de aquellos silencios y gritos corp&oacute;reos en las calles de nuestros pueblos y ciudades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/espiritu-no-guerra_129_13051865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 09:30:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El espíritu del 'no a la guerra']]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer que dormía en la biblioteca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mujer-dormia-biblioteca_129_13045628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Son las doce y cuarenta y cinco del medio d&iacute;a en la Biblioteca P&uacute;blica y una mujer duerme en una silla junto a la secci&oacute;n de novedades. Dormir no es exactamente la palabra. Se despliega sobre la silla en un escorzo improbable, como si su cuerpo hubiera decidido practicar geometr&iacute;a aplicada en mitad de la literatura contempor&aacute;nea. Traza una diagonal entre el respaldo y la tarima que recorre el suelo. Si un arquitecto pasara por all&iacute; quiz&aacute; lo llamar&iacute;a &lsquo;tensi&oacute;n estructural&rsquo;. Si pasara un m&eacute;dico dir&iacute;a &lsquo;contractura segura&rsquo;. Pero la mujer duerme.
    </p><p class="article-text">
        Duerme profundamente, con esa concentraci&oacute;n que solo alcanzan los beb&eacute;s, los gatos y las personas agotadas. Viste mallas negras, una sudadera gris con capucha bajo un anorak negro y unas zapatillas New Balance. Es el uniforme universal del cansancio moderno. C&oacute;modo, discreto y preparado para salir corriendo, que es como vivimos casi todos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; est&eacute; agotada. Quiz&aacute; duerme diez minutos antes de recoger a los ni&ntilde;os del colegio, ese momento del d&iacute;a en que el reloj se vuelve un entrenador personal grit&aacute;ndote que no aflojes. Quiz&aacute; los d&iacute;as son demasiado largos y en casa resulta imposible descansar porque las casas modernas -sobre todo si hay ni&ntilde;os- funcionan como aeropuertos peque&ntilde;os, siempre hay algo aterrizando o despegando. Quiz&aacute; reposa despu&eacute;s de una jornada aplastante de trabajo; quiz&aacute; en horario nocturno y sin tregua para abordar el resto del d&iacute;a. Y as&iacute; una vez y otra.
    </p><p class="article-text">
        O quiz&aacute; huye. No necesariamente de algo dram&aacute;tico. A veces uno huye simplemente del ruido del mundo, que &uacute;ltimamente parece un programa de tertulia permanente. Y la biblioteca, con su silencio disciplinado, se convierte en un refugio tan l&oacute;gico como un paraguas cuando empieza a llover.
    </p><p class="article-text">
        La mujer duerme al lado de la secci&oacute;n de novedades, lo cual tiene algo de iron&iacute;a involuntaria. Mientras las &uacute;ltimas publicaciones intentan conquistar lectores con portadas llamativas, ella conquista algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil, quince minutos de paz.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; elige la biblioteca para dormir porque las historias que habitan en los libros se filtran en sus sue&ntilde;os. Tal vez en este momento est&eacute; abordando un gale&oacute;n pirata, negociando una traici&oacute;n palaciega o besando a alguien bajo un farol decimon&oacute;nico. Quiz&aacute; viaja al centro de la Tierra o atraviesa una galaxia desconocida mientras su cuerpo permanece ligeramente torcido sobre una silla.
    </p><p class="article-text">
        Puede que incluso est&eacute; resolviendo un caso de asesinato con Sam Spade o caminando por una calle oscura de Los &Aacute;ngeles junto a Philip Marlowe. Dormir en una biblioteca tiene la ventaja de que el subconsciente dispone de una biblioteca de guiones infinitos para so&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        A su lado, un hombre lee el peri&oacute;dico con la concentraci&oacute;n de quien todav&iacute;a cree que entender la actualidad es posible. Un poco m&aacute;s all&aacute;, en el interior de la zona de c&oacute;mic, un joven ojea Maus, de Art Spiegelman, ese libro que demuestra que incluso el horror puede convertirse en memoria dibujada. Volver&aacute; a pasar.
    </p><p class="article-text">
        La biblioteca funciona as&iacute;, cada uno vive una historia distinta desde el mismo silencio. Fuera, imagino, la ciudad corre. Coches, sem&aacute;foros, recados, trabajos, conversaciones que empiezan con &ldquo;voy fatal de tiempo&rdquo;. Dentro, en cambio, una mujer duerme en una silla inc&oacute;moda como si hubiera encontrado el &uacute;nico lugar del mundo donde nadie le exige nada.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo profundamente hermoso en esa escena. Las bibliotecas guardan libros, pero a veces tambi&eacute;n resguardan personas durante un rato. Un lugar donde alguien puede dormir quince minutos sin que nadie le pregunte por qu&eacute;. Servicio p&uacute;blico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mujer-dormia-biblioteca_129_13045628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 10:42:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La mujer que dormía en la biblioteca]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Educar también es poner límites en el mundo digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/educar-poner-limites-mundo-digital_129_13042223.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Desde la experiencia diaria en las aulas, donde las consecuencias de muchas decisiones sociales se manifiestan antes de que entren en la agenda pol&iacute;tica, la decisi&oacute;n de Francia de limitar el acceso de los menores a las redes sociales no se percibe como una medida exagerada ni como un gesto autoritario, sino como una respuesta necesaria a una realidad que los docentes llevamos tiempo se&ntilde;alando sin demasiado eco. El aumento de la fatiga, la dispersi&oacute;n constante, la ansiedad creciente y la dificultad para sostener la atenci&oacute;n no son fen&oacute;menos aislados ni fruto de una generaci&oacute;n menos capaz, sino s&iacute;ntomas de un entorno que exige madurez emocional a edades en las que todav&iacute;a se est&aacute; construyendo.
    </p><p class="article-text">
        Durante demasiado tiempo, el debate p&uacute;blico sobre las redes sociales y la infancia ha quedado atrapado en una simplificaci&oacute;n peligrosa, seg&uacute;n la cual cualquier intento de regulaci&oacute;n se interpreta como un ataque a la libertad individual o como una postura contraria al progreso tecnol&oacute;gico. Sin embargo, desde la educaci&oacute;n resulta evidente que el problema no es la tecnolog&iacute;a en s&iacute;, sino la ausencia de criterios claros sobre su uso temprano y desregulado. La digitalizaci&oacute;n est&aacute; plenamente integrada en nuestros centros educativos, forma parte del curr&iacute;culo y constituye una herramienta valiosa cuando se utiliza con objetivos pedag&oacute;gicos definidos. Confundir este avance con la defensa del acceso ilimitado a plataformas comerciales dise&ntilde;adas para captar atenci&oacute;n es una distorsi&oacute;n interesada que conviene se&ntilde;alar con claridad. 
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales no son espacios neutros ni inocuos. Funcionan a partir de algoritmos que premian la exposici&oacute;n constante, la comparaci&oacute;n permanente y la validaci&oacute;n inmediata, din&aacute;micas que resultan especialmente problem&aacute;ticas cuando se introducen en edades tempranas, en un momento vital marcado por la construcci&oacute;n de la identidad y la fragilidad emocional. Desde el aula vemos c&oacute;mo conflictos que nacen en el entorno digital se trasladan al espacio escolar, c&oacute;mo el descanso se ve alterado por una conexi&oacute;n permanente y c&oacute;mo la capacidad de concentraci&oacute;n se resiente de forma preocupante. Negar esta relaci&oacute;n es ignorar una evidencia que ya no puede considerarse anecd&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la decisi&oacute;n de Francia resulta valiente porque rompe con una inercia institucional que durante a&ntilde;os ha optado por trasladar la responsabilidad casi exclusivamente a las familias y a la supuesta autorregulaci&oacute;n de las plataformas tecnol&oacute;gicas. Como docentes sabemos que no todas las familias disponen de los mismos recursos, del mismo tiempo ni del mismo conocimiento para poner l&iacute;mites efectivos, y que pedirles que compitan con empresas cuyo modelo de negocio se basa en generar dependencia no es realista. Regular no es censurar ni prohibir sin criterio, sino asumir que la protecci&oacute;n de los menores no puede quedar relegada al &aacute;mbito privado.
    </p><p class="article-text">
        Este paso, adem&aacute;s, no es aislado. A finales de 2025, Australia aprob&oacute; una legislaci&oacute;n que prohib&iacute;a el acceso a redes sociales a menores de diecis&eacute;is a&ntilde;os, reforzando la idea de que esta preocupaci&oacute;n no responde a una moda regulatoria ni a un contexto espec&iacute;fico, sino a una inquietud compartida por sociedades y sistemas educativos muy distintos. Cuando pa&iacute;ses con trayectorias y culturas diferentes coinciden en la necesidad de intervenir, resulta dif&iacute;cil seguir sosteniendo que se trata de una reacci&oacute;n exagerada.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los argumentos m&aacute;s repetidos contra este tipo de medidas es que prohibir no educa, una afirmaci&oacute;n que, aunque bienintencionada, ignora c&oacute;mo funciona realmente el proceso de ense&ntilde;anza-aprendizaje. Educar no implica ausencia de l&iacute;mites, sino la construcci&oacute;n progresiva de un marco que permita aprender con seguridad. En la escuela, las normas no se conciben como un obst&aacute;culo, sino como una condici&oacute;n para el aprendizaje y la convivencia. Del mismo modo, el acceso al entorno digital deber&iacute;a ser gradual, acompa&ntilde;ado y ajustado a la madurez de cada etapa, en lugar de plantearse como una exposici&oacute;n temprana y sin filtros a din&aacute;micas que incluso muchos adultos tienen dificultades para gestionar.
    </p><p class="article-text">
        La creciente evidencia sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental infantil refuerza esta necesidad de intervenci&oacute;n. El aumento de la ansiedad, los problemas de autoestima, los trastornos del sue&ntilde;o y la presi&oacute;n constante por encajar en modelos irreales no son conceptos abstractos, sino realidades que se reflejan en el d&iacute;a a d&iacute;a escolar. Pretender que los menores desarrollen por s&iacute; solos herramientas de autorregulaci&oacute;n en un entorno dise&ntilde;ado para desbordarlas es una forma de negligencia social que se ha normalizado con demasiada facilidad.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se argumenta que estas leyes ser&aacute;n dif&iacute;ciles de aplicar y que muchos menores encontrar&aacute;n la forma de esquivarlas. Probablemente sea cierto. Pero las leyes no solo existen para garantizar un cumplimiento perfecto, sino para marcar un marco &eacute;tico y social que establezca prioridades. Francia y Australia han decidido enviar un mensaje claro. La infancia necesita protecci&oacute;n tambi&eacute;n en el espacio digital.
    </p><p class="article-text">
        Desde la perspectiva docente, esta decisi&oacute;n no supone un freno a la digitalizaci&oacute;n, sino un respaldo a la tarea educativa. Reconocer que no todo lo digital educa y que no todo acceso es progreso es un primer paso imprescindible. Porque educar no es solo transmitir contenidos, sino tambi&eacute;n cuidar los contextos en los que ese aprendizaje se produce. Y en ese sentido, poner l&iacute;mites no es retroceder. Es, sencillamente, asumir responsabilidades. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Hernández Lobo, Director del IES Rey Don García ]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/educar-poner-limites-mundo-digital_129_13042223.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 10:37:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Educar también es poner límites en el mundo digital]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Educación,La Rioja,Nuevas generaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el lado correcto de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lado-correcto-vida_129_13042194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay momentos en los que la pol&iacute;tica deja de ser una discusi&oacute;n m&aacute;s o menos &aacute;spera entre partidos para convertirse en algo mucho m&aacute;s serio y en los que sientes que lo que est&aacute; en juego no es solamente qui&eacute;n ocupa el poder durante unos a&ntilde;os, sino algo tan b&aacute;sico y sagrado como la vida de miles de personas y la estabilidad de un mundo que ya de por s&iacute; parece caminar siempre al borde del sobresalto.
    </p><p class="article-text">
        El ataque de Estados Unidos e Israel contra Ir&aacute;n abre una etapa inquietante, una de esas que pueden desencadenar consecuencias que, sin necesidad de ser un experto en geopol&iacute;tica, nadie es capaz de prever del todo. Basta con tener memoria y una m&iacute;nima conciencia de lo que significa una guerra en una regi&oacute;n ya castigada por d&eacute;cadas de conflictos para justificar una profunda preocupaci&oacute;n ante un futuro m&aacute;s que incierto.
    </p><p class="article-text">
        La memoria se reactiva porque, lamentablemente, ya tuvimos ocasi&oacute;n de vivir una situaci&oacute;n similar hace poco m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, cuando se construy&oacute; todo un relato para convencernos de que invadir Irak era poco menos que una obligaci&oacute;n moral. Entonces escuchamos discursos solemnes, informes alarmantes y grandes amenazas que pretend&iacute;an justificar un ataque ilegal que luego el tiempo termin&oacute; desenmascarando. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos recordamos c&oacute;mo termin&oacute; aquello.&nbsp;La invasi&oacute;n de Irak no trajo la estabilidad que promet&iacute;an quienes la defendieron. No elimin&oacute; las amenazas que dec&iacute;an combatir. No hizo del mundo un lugar m&aacute;s seguro. M&aacute;s bien ocurri&oacute; lo contrario, se abri&oacute; una herida profunda en toda la regi&oacute;n, se desat&oacute; un ciclo de violencia que todav&iacute;a hoy sigue supurando y el terrorismo yihadista encontr&oacute; un terreno f&eacute;rtil para extenderse por medio planeta.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, adem&aacute;s, aquello tuvo un eco especialmente doloroso. El entonces presidente del Gobierno, Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, se encastill&oacute; en la mentira y decidi&oacute; apoyar aquella guerra a pesar de que millones de espa&ntilde;oles salimos a la calle para decir algo tan sencillo como que aquello no ten&iacute;a sentido. Que no hab&iacute;a pruebas. Que no hab&iacute;a legitimidad internacional. Que no se pod&iacute;a construir la paz sobre mentiras.&nbsp;Recuerdo perfectamente aquellas pancartas, aquel clamor colectivo, aquella sensaci&oacute;n de que la ciudadan&iacute;a estaba pidiendo algo elemental: verdad, dignidad y respeto al derecho internacional. Y, sin embargo, la decisi&oacute;n se tom&oacute; igualmente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, nuestro pa&iacute;s sufrir&iacute;a el mayor atentado terrorista de su historia. Nadie puede trazar una l&iacute;nea directa entre una decisi&oacute;n pol&iacute;tica y una barbaridad terrorista. Ser&iacute;a demasiado simple. Pero lo que s&iacute; sabemos es que aquel conflicto contribuy&oacute; a incendiar a&uacute;n m&aacute;s un mundo que ya era inestable. Y las consecuencias de aquel incendio todav&iacute;a las estamos pagando.
    </p><p class="article-text">
        Hoy las mentiras y las justificaciones que est&aacute; utilizando la extrema derecha internacional para atacar Ir&aacute;n son todav&iacute;a m&aacute;s burdas. Trump y Netanyahu ni se molestan en disimular. Por eso, la verdad, escuchar ahora a los dirigentes del Partido Popular, con Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o al frente y al neofascista Santiago Abascal respaldar de nuevo -con una ligereza que da v&eacute;rtigo- los argumentos que se utilizan para justificar otra escalada militar me produce una sensaci&oacute;n muy inc&oacute;moda. Una mezcla de inquietud y d&eacute;j&agrave; vu. Porque el guion suena demasiado familiar.&nbsp;M&aacute;s a&uacute;n cuando esos argumentos han sido fabricados y son divulgados por dirigentes como Benjamin Netanyahu, un pol&iacute;tico perseguido por la justicia internacional -precisamente por sus cr&iacute;menes de guerra-, y jaleados con entusiasmo por un mentiroso compulsivo como Donald Trump, siempre dispuesto a convertir cualquier conflicto en combustible para alimentar su propia narrativa de poder y engordar su personal cuenta corriente.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso, sinceramente, vuelve a ponerme los pelos de punta.
    </p><p class="article-text">
        Por eso en medio de todo ese ruido, cuando escuchaba la firme declaraci&oacute;n del presidente Pedro S&aacute;nchez, me preguntaba qu&eacute; significa realmente el patriotismo.
    </p><p class="article-text">
        Yo me considero profundamente patriota. Quiero a mi pa&iacute;s. Estoy muy orgulloso de ser riojano y amo profundamente a mi tierra. Y precisamente por eso quiero lo mejor para Espa&ntilde;a. Me importa el lugar que ocupa en el mundo. Me importa la imagen que proyecta. Me importa que cuando nuestro pa&iacute;s habla lo haga desde la sensatez, desde la dignidad y desde el respeto a los valores que dicen sostener nuestra democracia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando escuch&eacute; al presidente del Gobierno hablar con serenidad, con claridad y con una defensa firme de la paz y del derecho internacional, sent&iacute; algo que hac&iacute;a tiempo que no sent&iacute;a con tanta intensidad: la sensaci&oacute;n de que Espa&ntilde;a estaba exactamente donde deb&iacute;a estar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso mismo, pocas veces como en estos momentos me he sentido tan orgulloso del pa&iacute;s al que representa mi Gobierno. La intervenci&oacute;n del presidente S&aacute;nchez no fue un discurso grandilocuente. No hac&iacute;a falta. Fue, simplemente, la voz de un pa&iacute;s que sabe lo que significa el sufrimiento de la violencia y que, precisamente por eso, se resiste a aceptar con ligereza las decisiones que pueden empujar al mundo hacia nuevos conflictos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s -y esto me parece importante-, estoy convencido de que esas palabras no representan solo a un Gobierno. Representan el pensamiento mayoritario de una sociedad que ha aprendido, a base de historia y de experiencia, que la guerra casi nunca resuelve lo que promete resolver.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se mostr&oacute; ante el mundo como lo que realmente es: un pa&iacute;s civilizado, comprometido con los valores democr&aacute;ticos, con la dignidad humana y con el respeto al derecho internacional.
    </p><p class="article-text">
        Y debo reconocer que sent&iacute; a&uacute;n m&aacute;s orgullo cuando, con el paso de las horas, otros pa&iacute;ses empezaron a compartir ese mismo planteamiento. Cuando comprob&eacute; que la posici&oacute;n defendida por nuestro presidente no era una extravagancia aislada, sino el inicio de una corriente de sensatez que otros terminaron acompa&ntilde;ando.
    </p><p class="article-text">
        Porque liderar no siempre significa tener m&aacute;s tanques, m&aacute;s misiles o m&aacute;s poder econ&oacute;mico. A veces liderar consiste, sencillamente, en decir lo que es correcto cuando otros prefieren mirar hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Mientras algunos se envuelven ostentosamente en la bandera de Espa&ntilde;a para alimentar su estrategia pol&iacute;tica interna, otros defienden los valores que realmente dan dignidad a un pa&iacute;s.&nbsp;Y es que el patriotismo, al final, no consiste en gritar m&aacute;s fuerte ni en apropiarse de los s&iacute;mbolos de todos. El patriotismo consiste en actuar con responsabilidad cuando el mundo atraviesa momentos dif&iacute;ciles. Consiste en defender la paz, la estabilidad y la dignidad de tu pa&iacute;s incluso cuando eso significa no seguir el ruido de quienes parecen disfrutar con la confrontaci&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando escucho a quienes presumen de patriotismo alinearse d&oacute;cilmente con decisiones que pueden volver a incendiar el mundo, no siento orgullo. Siento verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        Y por eso, al escuchar al presidente de mi pa&iacute;s defender con firmeza la paz, la vida y el respeto al derecho internacional, he sentido exactamente lo contrario. No creo simplemente que mi Gobierno est&eacute; en el lado correcto de la historia, s&eacute; que est&aacute; en el lado correcto de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Y eso me llena de orgullo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/lado-correcto-vida_129_13042194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 08:51:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En el lado correcto de la vida]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
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