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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luca Guadagnino]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luca Guadagnino]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Huele a espíritu adolescente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/huele-espiritu-adolescente_129_6623331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/faebcc21-fb32-467c-b5cf-0958e90ad3d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Huele a espíritu adolescente"></p><p class="article-text">
        Entrar a la pieza de un adolescente es toda una experiencia. Si bien hay un marco (las paredes, la ventana, una silla, una cama, una mesa), todo lo dem&aacute;s puede estar en el lugar menos esperado, Hay zonas ocultas, peque&ntilde;os secretos y m&uacute;ltiples des&oacute;rdenes: ropa tirada, revistas dobladas, Sin embargo, como en los cuadros de Jackson Pollock, hay <strong>un orden ca&oacute;tico que se vuelve potente si uno se decide a mirar ese cuarto durante un rato largo</strong>. Hay, entonces, algo que surge. Eso hace Luca Guadagnino -el director italiano de <em>Call me by your name</em>- en la serie que dirige y coescribe, <em>We Are Who We Are</em>. 
    </p><p class="article-text">
        El marco donde transcurre la serie es significativo. Funciona, a primera vista, como restricci&oacute;n. Claro que la restricci&oacute;n puede ser fuente de gran inspiraci&oacute;n. &iquest;D&oacute;nde pasa la serie? En una base militar en Chioggia, un peque&ntilde;o pueblo italiano cercano a Venecia, en el verano de 2016. &nbsp;Pero lo que se relata ah&iacute; no es <em>Top Gun</em> -una pel&iacute;cula hecha para que la gente despu&eacute;s de verla se alistara- sino la vida de unos n&oacute;mades que viven en la base militar -soldados, asistentes, etc&eacute;tera- y sus hijos. La base es una peque&ntilde;a ciudad con escuelas -donde van los chicos- y bares, shoppings y supermercados, <strong>una ciudad en miniatura, un enclave del poder colonial de los Estados Unidos, un lugar extra&ntilde;o para crecer</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Guadagnino logra con la elecci&oacute;n del lugar un golpe notable: no va a mostrar adolescentes creciendo en un barrio, va a salir de ese estereotipo. La serie es deudora de <em>The Wire</em> (esa obra maestra, gran madre de todas las series buenas) en tanto si bien se centra en dos adolescentes -Frazier y Caitlin, y la relaci&oacute;n que forjan-, el director no deja de explorar el lugar como a los personajes secundarios. Tambi&eacute;n tiene algo de <em>Kids</em>, de Larry Clark y mucho de <em>Bella tarea</em>, de Claire Denis, con sus soldados desnudos, musculosos y sensuales, toda esa energ&iacute;a buscando tranformarse en el confinamiento de la base militar. Claro que muchos se van a transformar en polvo y esti&eacute;rcol, abono para las plantas rudas del desierto de Afganist&aacute;n. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Fluye y nunca se estanca, como no lo hacen las identidades de ese grupo de adolescentes que experimentan que la vida es un poder constante hecho de sonido y de furia, y que las identidades, a veces, son meras convenciones tranquilizadoras.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el comienzo de <em>We Are Who We Are</em> se muestra como Frazer -el hijo de 14 a&ntilde;os de la comandante del lugar- llega y es el nuevo del complejo y de la escuela. <strong>Va vestido de manera extra&ntilde;a, es alguien deformado. Tiene el pelo rubio te&ntilde;ido y las u&ntilde;as pintadas de negro y amarillo.</strong> De golpe descubre a un grupo de chicos multi&eacute;tnico que se la pasan en la playa, bailando y divirti&eacute;ndose a la sombra de sus padres militares. R&aacute;pidamente establece una relaci&oacute;n con Caitlin, quien suele vestirse de hombre, se hace llamar Harper y tiene un novio al que abandona en el segundo o tercer cap&iacute;tulo (ac&aacute; la trama no importa mucho). 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                We Are Who We Are, serie de Luca Guadagnino                            </span>
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        Guadagnino sabe que el mejor espectador es ese que no quiere entender, sino que puede dejarse arrastrar por las im&aacute;genes potentes, los di&aacute;logos po&eacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        Con la c&aacute;mara hace lo mismo: fluye a trav&eacute;s del complejo militar, a trav&eacute;s de los cuartos de los adolescentes, a trav&eacute;s de la noche del erotismo. Fluye y nunca se estanca, como no lo hacen las identidades de ese grupo de adolescentes que experimentan que la vida es un poder constante hecho de sonido y de furia, y que las identidades, a veces, son meras convenciones tranquilizadoras. No es un momento solo de la adolescencia: siempre hay algo en uno que no encaja en nada. 
    </p><p class="article-text">
        En el cap&iacute;tulo dos tenemos una escena hermosa en la que Frazer y Caitlin est&aacute;n en un bote tirados, hamac&aacute;ndose seg&uacute;n el viento. <strong>Frazer tiene un libro y ella le pregunta por qu&eacute; lee poes&iacute;a. Y Frazer le dice: Porque en la poes&iacute;a cada palabra significa algo.</strong> Frazer tambi&eacute;n est&aacute; permanentemente enchufado a los auriculares por donde pasa la banda sonora de la serie. Pero, tambi&eacute;n, esto nos puede hacer pensar en la relaci&oacute;n que tenemos con los objetos t&eacute;cnicos. &iquest;Nosotros somos quienes los constituimos o son ellos los que nos crean a nosotros? &iquest;Los tanques, los misiles, las computadoras de la base, las alarmas son nuestros hijos o nuestras madres?
    </p><p class="article-text">
        Estos dos primeros cap&iacute;tulos ya pagan toda la serie. Algunos cr&iacute;ticos dicen que despu&eacute;s la serie se cae. <strong>Pero, &iquest;qu&eacute; vida -incluyendo la de Buda- no tiene cap&iacute;tulos malos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se dir&iacute;a que Guadagnino decide estudiar a esos adolescentes que se juntan para descubrir el mundo interno y externo, el sexo, los mandatos sociales, el deseo que suele no tener suplentes, en el momento previo a la individuaci&oacute;n. Como expres&oacute; en sus textos Gilbert Simondon, cuando habla de <strong>la transducci&oacute;n</strong>, que es &ldquo;andar del esp&iacute;ritu que descubre. Este andar consiste en seguir al ser en su g&eacute;nesis, en consumar la g&eacute;nesis del pensamiento al mismo tiempo que se cumple la g&eacute;nesis del objeto&rdquo;. El ser siempre tiene un excedente, una posibilidad que no permite que nunca sea del todo o que, mejor dicho, sea siempre con la posibilidad de devenir otra cosa. El ser, como los adolescentes de Guadagnino, siempre est&aacute; desfasado. El proceso de individuaci&oacute;n es fruto de tensiones enormes. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, si les toca estar en una fiesta, y van a opinar de algo, usen esta frase de Gilles Deleuze, gran lector de Simondon: <strong>&ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no puedo opinar de medicina sin ser m&eacute;dico si opino como un perro?&rdquo;</strong> A la palabra medicina la pueden cambiar por pol&iacute;tica, filosof&iacute;a, lo que sea.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/huele-espiritu-adolescente_129_6623331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Dec 2020 01:26:14 +0000]]></pubDate>
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