<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Precariedad]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/precariedad/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Precariedad]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1031219/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La era de la precariedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/precariedad_129_7854327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa9bc37f-6c42-4307-80cb-fa48195dba7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La era de la precariedad"></p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo orej&oacute;n del tarro nacionalista es regodearse con que al resto del mundo las cosas le salgan igual o peor que a nosotros. Las nuevas cuarentenas europeas, el infarto del canal de Suez o la &ldquo;paradoja chilena&rdquo; de tener r&eacute;cords simult&aacute;neos de vacunaci&oacute;n y contagios, fueron algunos de los hitos recientes de esa <em>Schadenfreude </em>nacional. Hasta que el frente interno nos toc&oacute; el hombro: 42% de pobreza y un PBI no mucho mayor al de 1974 pero a distribuir entre el doble de poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La precariedad del mundo y el estancamiento argentino son dos historias paralelas que creo poder anudar. Les pido 7.286 caracteres de paciencia.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Argentina y el capitalismo, un problema de software</strong></h3><p class="article-text">
        Imaginemos que Argentina es un dispositivo y el capitalismo es un software con diferentes versiones. As&iacute;, hubo un capitalismo 1.0, la versi&oacute;n manchesteriana del siglo XIX totalmente compatible con el hardware argentino: exportaci&oacute;n de materias primas, alta adaptabilidad gracias a su baja densidad demogr&aacute;fica y al poco peso institucional colonial y precolombino, y t&eacute;rminos de intercambio favorables a&uacute;n con patr&oacute;n oro (el r&iacute;gido sistema de divisas anterior al d&oacute;lar) y a pesar de una gesti&oacute;n monetaria interna tan <a href="http://www.panamarevista.com/desencuentro-de-los-argentinos-con-su-moneda/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">irresponsable</a> como las actuales.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo 2.0 ser&iacute;an el fordismo y el Estado de Bienestar del siglo XX, aunque sus primeros s&iacute;ntomas son anteriores a la Primera Guerra Mundial: masificaci&oacute;n del mercado, concentraci&oacute;n del capital, creciente peso del Estado y los sindicatos en la distribuci&oacute;n de la renta. Este tambi&eacute;n se instal&oacute; bien en Argentina, que lider&oacute; la industrializaci&oacute;n latinoamericana desde 1925 y lleg&oacute; a tener lo m&aacute;s parecido a un <em>welfare state</em> en la regi&oacute;n. Pero cada tanto hab&iacute;a que resetearlo debido a los recurrentes cuellos de botella del mercado interno y el <em>stop and go</em> que describi&oacute; <a href="http://www.informeindustrial.com.ar/verNota.aspx?nota=El%20p%C3%A9ndulo%20argentino___866" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marcelo Diamand</a>.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo 3.0 es lo que com&uacute;nmente llamamos &ldquo;neoliberalismo&rdquo;. Aqu&iacute; es pertinente una aclaraci&oacute;n. Ya es un clis&eacute; de cancherismo intelectual decir que &ldquo;el neoliberalismo no existe&rdquo; por los usos y abusos que sufri&oacute; el concepto y porque la realidad es mucho m&aacute;s compleja. Respecto a lo primero, es innegable que el t&eacute;rmino se usa mal pero eso no atenta contra su existencia: m&aacute;s abuso hubo del concepto &ldquo;dictadura&rdquo; y no me atrever&iacute;a a decir que en 2021 no haya ninguna. Respecto a lo segundo, no es evidente que la complejidad niegue la existencia de algo. Todo lo contrario, le da m&aacute;s espesor: nadie dir&iacute;a que un rinoceronte no existe porque es anat&oacute;micamente m&aacute;s complejo que una garrapata.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De manera que </strong><a href="http://www.panamarevista.com/todos-somos-neoliberales/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>el neoliberalismo s&iacute; existe</strong></a><strong> pero Argentina nunca logr&oacute; instalarlo del todo. No s&oacute;lo porque desde 1975 no pudo mantener un modelo econ&oacute;mico por m&aacute;s de 10 a&ntilde;os, sino porque ninguno de esos experimentos dio resultado: </strong>el pa&iacute;s se estanc&oacute; e incluso aquello que funcion&oacute; relativamente bien (la &ldquo;convertibilidad&rdquo;, la &ldquo;matriz diversificada con inclusi&oacute;n social&rdquo;), termin&oacute; definitivamente mal. Y, m&aacute;s all&aacute; de la poca simpat&iacute;a que el neoliberalismo despierte en los lectores, ser&iacute;a un acto de pereza intelectual achacarle todos nuestros males: de los 46 a&ntilde;os que nos separan del Rodrigazo, solo 21 tuvieron pol&iacute;ticas neoliberales (los 5 de Mart&iacute;nez de Hoz, los 12 del menem-delarru&iacute;smo y, con una mirada piadosa, los 4 de Macri). Pese a tantos afiches trotskistas, ni el alfonsinismo ni el kirchnerismo fueron neoliberales, sino m&aacute;s bien un h&iacute;brido de voluntarismo, adaptaci&oacute;n y suerte (mala para el primero, buena para el segundo).
    </p><h3 class="article-text"><strong>Ma&ntilde;ana nunca se sabe</strong></h3><p class="article-text">
        Con el colapso global de 2020 pareciera consolidarse un capitalismo 4.0 que ven&iacute;a gest&aacute;ndose desde la crisis de 2008 o quiz&aacute;s antes. Intentar describirlo puede ser frustrante. Est&aacute; tan cerca que no lo vemos, miles de &aacute;rboles coyunturales nos tapan el bosque de su estructura.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute;, propongo pensar al capitalismo 4.0 a partir de dos rasgos. Uno es el sistema ciberf&iacute;sico. Ya habl&eacute; del tema en esta columna: es el paradigma tecnol&oacute;gico que permite integrar personas y objetos a la web mediante la interacci&oacute;n en plataformas y minar los datos de esa interacci&oacute;n mediante algoritmos. Detr&aacute;s de este <em>loop </em>est&aacute;n todos los conceptos que intentan describir nuestra &eacute;poca: desde la marketinera &ldquo;industria 4.0&rdquo; al m&aacute;s cr&iacute;tico y ya remanido &ldquo;capitalismo de vigilancia&rdquo;, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        El segundo rasgo es la crisis clim&aacute;tica como dato estructural. Varios cientistas sociales y algunos periodistas ilustrados lo llaman &ldquo;Antropoceno&rdquo;, un concepto con un vago sonido geol&oacute;gico que supuestamente describe a una era planetaria marcada por la acci&oacute;n humana pero significa m&aacute;s bien lo contrario: la irrupci&oacute;n de fuerzas planetarias naturales y artificiales en el medio de la rutina humana. Calentamiento global, pandemias sintetizadas por el tr&aacute;fico global, humedales sepultados que inundan ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Las relaciones entre el Antropoceno y el sistema ciberf&iacute;sico son complejas. En primer lugar, la digitalidad participa de la crisis planetaria: consume energ&iacute;a, emplea tierras raras, desecha millones de dispositivos por a&ntilde;o. El finland&eacute;s Jussi Parikka estudia esa materialidad de las redes en <em>Una geolog&iacute;a de los medios</em> (Caja Negra, 2021). En segundo lugar, el nuevo paradigma tecnol&oacute;gico nos provee de herramientas y recursos para sanear al clima: desde la geoingener&iacute;a a la distribuci&oacute;n de energ&iacute;as renovables mediante Inteligencia Artificial.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, y de mayor inter&eacute;s para este texto, <strong>los dos rasgos del capitalismo 4.0 confluyen en la precariedad. El sistema ciberfisico aplicado a la empresa, la jibariza en startup, acorta el ciclo de negocios, saltea intermediaciones, destruye m&aacute;s empleos de los que genera y desalariza a sus nuevos trabajadores.</strong> Es la famosa &ldquo;disrupci&oacute;n&rdquo;, que m&aacute;s all&aacute; de su evidente sesgo ideol&oacute;gico, describe a una din&aacute;mica de inestabilidad y precarizaci&oacute;n que la pandemia s&oacute;lo aceler&oacute;. Por otro lado, el Antropoceno precariza la existencia humana, resquebraja el soporte material de nuestra civilizaci&oacute;n y nuestras vidas: una nueva inundaci&oacute;n o incendio forestal nos obliga desplazarnos, una nueva variaci&oacute;n de virus nos encierra otra vez, y al final del t&uacute;nel solo se ve el brillo oscuro de la incertidumbre o el temor de que todo empeore. Es la &ldquo;posnormalidad&rdquo; de la que hablaron hace 30 a&ntilde;os Silvio Funtowicz y Jerome Ravetz.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El mundo de 2021 se parece demasiado a esa imagen prejuiciosa y clasista que tienen ciertos opinadores del conurbano bonaerense: un lugar precario e imprevisible, con gente sin ocupaci&oacute;n clara merodeando entre basura y charcos de mierda con un celular barato en la mano. En 2021 todos vivimos en el conurbano.</strong> Pero no es tiempo de llorar, este planeta suburbano ya encontr&oacute; sus sujetos: el cartonero, el redditer que juega a la Bolsa, el transa, el bitcoinero, el inmigrante que reparte para una app, el tiktoker que espera pegarla. Los humanos del capitalismo 4.0 entendieron que ma&ntilde;ana nunca se sabe, mejor hacer algo con poco y ver qu&eacute; pasa. En la precariedad, emprendedorismo rima con supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa Argentina en este planeta suburbano? Lejos del Ecuador, con reservas de agua y litio, mucha tierra y poca poblaci&oacute;n quiz&aacute;s pueda capear por unos a&ntilde;os la crisis. Pero para eso necesita una capacidad de gesti&oacute;n que no tienen ni sus dirigencias ni buena parte de su ciudadan&iacute;a, intoxicadas por la polarizaci&oacute;n y mancadas por la precariedad de sus instituciones, la escasez de recursos tecnol&oacute;gicos y financieros, y la amenaza constante de colapso socioecon&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero precariedad, escasez y colapso son justamente los rasgos distintivos del capitalismo 4.0, el Covid lo est&aacute; demostrando. </strong>Nuestra experiencia local nos prepar&oacute; para afrontar la posnormalidad global. Que no se confunda esta conclusi&oacute;n con otra celebraci&oacute;n chauvinista y provinciana de nuestros defectos: no le ganamos a nadie. Todo lo contrario. Pero con inteligencia, humildad y un poco de sentido global quiz&aacute;s podamos capitalizar el fracaso del &uacute;ltimo medio siglo para surfear el mundo precario que nos espera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Galliano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/precariedad_129_7854327.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Apr 2021 05:51:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/aa9bc37f-6c42-4307-80cb-fa48195dba7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="57034" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/aa9bc37f-6c42-4307-80cb-fa48195dba7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="57034" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La era de la precariedad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/aa9bc37f-6c42-4307-80cb-fa48195dba7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Coronavirus,Precariedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Empleadas domésticas en pandemia: "Lo que vino fue una pesadilla"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/empleadas-domesticas-variable-ajuste-pandemia-vino-pesadilla_1_6738102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81ed4d35-4e5f-446f-91b0-fd31f819c283_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Empleadas domésticas, la variable del ajuste de la pandemia: &quot;Lo que vino fue una pesadilla&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante la cuarentena, la obligación de los empleadores era mantener salarios o despedir con doble indemnización. El sindicato recibió entre 600 y 800 consultas diarias por distintos abusos como suspensión de pago, descuentos indebidos y amenaza de despidos.</p></div><p class="article-text">
        Cuando el 19 de marzo de 2020 el presidente Alberto Fern&aacute;ndez anunci&oacute; en cadena nacional el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) en la Argentina, E. B. estaba con su marido y sus tres hijas en su casa en la ciudad bonaerense de San Justo, sus empleadores estaban en Brasil con sus dos hijos.&nbsp; La vivienda en la que E.B cumpl&iacute;a su jornada laboral de lunes a viernes por 22 mil pesos al mes estaba vac&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cifras de la Uni&oacute;n de Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP), en el pa&iacute;s <strong>hay dos millones de personas que trabajan en tareas dom&eacute;sticas</strong> y es la actividad que m&aacute;s empleo privado genera. Pero s&oacute;lo un 30 por ciento, unas 650 mil, est&aacute;n registradas &ndash;en femenino porque el 98 por ciento de ellas son mujeres-. E.B. ten&iacute;a ese derecho, casi un privilegio: la hab&iacute;an registrado apenas empez&oacute; a trabajar. A los 48 a&ntilde;os era el tercer trabajo formal de los diez que hab&iacute;a tenido desde que a los 35 empez&oacute; a trabajar. As&iacute; que cuando escuch&oacute; el anuncio se tranquiliz&oacute; al pensar que hasta que terminara el ASPO y sus empleadores regresaran de Brasil, pod&iacute;a quedarse en su casa y cuidar de su hija con discapacidad, que perder&iacute;a tambi&eacute;n sus espacios de contenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Pero no: lo que vino despu&eacute;s fue una pesadilla&rdquo;</strong>, dice ahora, desempleada desde hace cuatro meses. Su registro en la AFIP era en la cuarta categor&iacute;a &ndash;la de tareas de cuidado, considerada esencial- sino en la quinta &ndash;la de tareas de la casa, no esencial-: entre una y otra hay s&oacute;lo un 10 por ciento de diferencia, que son dos mil pesos. &ldquo;Desde Brasil, me cambiaron la categor&iacute;a y me &lsquo;trucharon&rsquo; el permiso: me pusieron en tareas de cuidado pero me mandaron a limpiar los departamentos que tienen para renta: en Nu&ntilde;ez, Palermo, Barrio Norte, el centro&rdquo;, cuenta. A mitad de a&ntilde;o, cuando ya no quedaban turistas en la Ciudad y los departamentos de alquiler estaban vac&iacute;os, le dijeron que no le pod&iacute;an pagar. Le ofrecieron llegar a un arreglo por mucho menos que la doble indemnizaci&oacute;n que hab&iacute;a establecido el Gobierno. Ella no lo acept&oacute;. La mandaron entonces a limpiar a la casa del padre del empleador: &ldquo;No te podemos pagar si no justific&aacute;s tu sueldo&rdquo;. E.B. empez&oacute; a ir a esa casa tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19f8107d-f5e1-4237-888f-c2d437c70a03_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19f8107d-f5e1-4237-888f-c2d437c70a03_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19f8107d-f5e1-4237-888f-c2d437c70a03_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19f8107d-f5e1-4237-888f-c2d437c70a03_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19f8107d-f5e1-4237-888f-c2d437c70a03_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19f8107d-f5e1-4237-888f-c2d437c70a03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/19f8107d-f5e1-4237-888f-c2d437c70a03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Empleadas domésticas, la variable del ajuste de la pandemia"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Empleadas domésticas, la variable del ajuste de la pandemia                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Es muy dif&iacute;cil, inclusive cuando est&aacute;s registrada, que te den los derechos que te corresponden. Ellos me pagaban bien hasta que vino la pandemia. Pero cuando vieron que iba a ser largo, enseguida se dio vuelta todo. <strong>Y ced&eacute;s, porque ten&eacute;s miedo de que te echen&rdquo;</strong>, lamenta. Trabaj&oacute; hasta que no pudo: en octubre se lesion&oacute; el hombro limpiando en la casa del padre de su empleador y la ART le pidi&oacute; un papel firmado por su empleadora. La mujer no lo firm&oacute; y E.B. se qued&oacute; sin atenci&oacute;n. Ah&iacute; dijo basta y busc&oacute; asesoramiento. El &uacute;ltimo mes que trabaj&oacute; no se lo pagaron. Ahora, E.B. cuenta los d&iacute;as para que termine la feria judicial y pueda cobrar lo que le corresponde. Ya sabe que una parte va a ir a pagar la deuda que est&aacute; acumulando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los primeros meses desde que comenz&oacute; el ASPO, el sindicato recib&iacute;a entre 600 y 800 consultas diarias y no alcanzaba con los 40 abogados para asesorar a las afiliadas y, sobre todo, a las no afiliadas. En mayo, con todos esos datos, hicieron un informe con las principales denuncias: <strong>entre las trabajadoras no registradas, la mayor&iacute;a de los llamados era por la suspensi&oacute;n de pago inmediata o por la obligaci&oacute;n de ir para cobrar; entre las registradas, la principal fue la del cambio de categor&iacute;a de tareas dom&eacute;sticas a cuidado de personas, para saltear la excepci&oacute;n y seguir teniendo a la empleada.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La cifra exacta de cu&aacute;ntos cambios de categor&iacute;a hubo no la tenemos porque nos la tendr&iacute;a que dar la AFIP y no nos la dieron. A juzgar por los llamados que recibimos, uf, miles y miles. Hay que dejar en claro que eso no es una avivada ni una formalidad. <strong>Es una falta grave</strong>&rdquo;, explica Juana del Carmen Britez, vicepresidenta de la Federaci&oacute;n Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH) y Representante de la Uni&oacute;n Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP) de la Argentina. Otra de las &ldquo;vivezas&rdquo; que apareci&oacute; en las denuncias m&aacute;s comunes, en especial en los primeros meses, fue la de e<strong>mpleadores que descontaron o quisieron descontar del sueldo de sus empleadas el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE)</strong>, que fue accesible a las empleadas dom&eacute;sticas -tambi&eacute;n las registradas- cuyo salario fuera el &uacute;nico de la casa. &ldquo;Muchos empleadores quisieron tomar el subsidio a esas mujeres -que casi la mitad son sost&eacute;n de hogar- como un subsidio a ellos. Y tambi&eacute;n hubo muchos que quisieron trasladar los descuentos que les hac&iacute;an a ellos en sus trabajos. O la reducci&oacute;n general del 25 por ciento que se habilit&oacute; en un momento a las empresas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;nica Monz&oacute;n est&aacute; por cumplir 52 a&ntilde;os y desde los 19 es &ldquo;dom&eacute;stica&rdquo;. Como su mam&aacute;, inmigrante paraguaya, y como todas las mujeres de la familia de su mam&aacute; que viven en la Argentina. &ldquo;Llamame cuando quieras porque hoy empec&eacute; las vacaciones. &iquest;Sab&eacute;s cu&aacute;ndo me enter&eacute;? Ayer cuando estaba trabajando me dijo: &lsquo;Nosotros nos vamos 15 d&iacute;as al campo ma&ntilde;ana&rsquo;&rdquo;, es lo primero que responde, todav&iacute;a con bronca porque si bien algunas cosas cambiaron desde que en 2013 se sancion&oacute; la Ley 26844 que regula el trabajo del personal de casas particulares, hay otras que son &ldquo;culturales&rdquo;: &ldquo;Cuando empec&eacute;, con cama adentro, si me tomaba vacaciones me lo descontaban y no ten&iacute;a aportes. Pero adem&aacute;s sufr&iacute; malos tratos: desde que me manden a la peluquer&iacute;a obligada para ir a buscar a los hijos a la escuela hasta no abrirme la puerta un domingo a la noche porque llegu&eacute; media hora tarde a lo pautado y quedarme en la calle&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora hace cuatro a&ntilde;os trabaja registrada en una casa de Recoleta, de lunes a viernes de 13 a 19, con una pareja joven con tres hijos. Tambi&eacute;n la contrataron para la categor&iacute;a de limpieza pero su tarea principal es cuidar a los chicos y por eso se queda hasta las 19, cuando vuelven sus empleadores del trabajo. Hasta septiembre no tuvo problemas y le pagaron el salario a tiempo y completo. En octubre empezaron a retrasarse, la empleadora le dijo que no le iba a poder pagar, que hicieran un arreglo, que ella la manten&iacute;a cuando todas sus amigas y cu&ntilde;adas hab&iacute;an despedido a sus empleadas. No arregl&oacute;. Volvi&oacute; a trabajar apenas se habilit&oacute;, pero como no le pagaban un taxi o rem&iacute;s y el transporte p&uacute;blico no estaba habilitado, tuvo que cambiar media hora de tren por 1.20 de colectivo para evitar los controles. &ldquo;Cambi&oacute; la actitud de ellos hacia m&iacute;: <strong>es como si mi empleadora estuviera enojada conmigo porque ella tuvo que seguir trabajando, o porque a ella le bajaron el sueldo en la empresa o porque tuvo que quedarse en la casa ella&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Karina Quiroga tiene 50 a&ntilde;os y no tuvo la suerte de que su empleadora la registrara enseguida: se lo pidi&oacute; ella un a&ntilde;os despu&eacute;s de empezar a trabajar para poder acceder al beneficio de la tarjeta SUBE en el precio del pasaje desde Moreno hasta Munro. Los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os estuvo registrada, pero aun as&iacute; cobraba muy poco. &ldquo;Yo trabajaba cuatro d&iacute;as a la semana, sal&iacute;a de mi casa a las 10 y volv&iacute;a a las 19 y cobraba 10 mil pesos, que es muy poco pero es lo que ella me dec&iacute;a que correspond&iacute;a seg&uacute;n su contadora. Mi trabajo era cuidar a su hijo, un nene con autismo y dej&eacute; de ir porque ella no quer&iacute;a que fuera&rdquo;. En septiembre, la empleadora le dijo que no le iba a poder pagar m&aacute;s y que pod&iacute;an arreglar a cambio de la renuncia. &ldquo;Firm&eacute; todo por 60 mil pesos. Ahora s&eacute; que tendr&iacute;a que haber sido mucho m&aacute;s&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        L.C., M.D. y O.G. no estaban registradas antes de la pandemia. S&oacute;lo una de ellas sigui&oacute; cobrando en dos de las cinco casas en las que trabajaba por horas. Las otras dos, una pudo acceder al IFE y la otra no porque su marido tiene empleo en blanco. Ninguna quiere dar su testimonio. Les da miedo que ahora que todo va a volver a la &ldquo;normalidad&rdquo;, no las vuelvan a llamar para trabajar.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Bistagnino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/empleadas-domesticas-variable-ajuste-pandemia-vino-pesadilla_1_6738102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Jan 2021 01:40:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/81ed4d35-4e5f-446f-91b0-fd31f819c283_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="6938" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/81ed4d35-4e5f-446f-91b0-fd31f819c283_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6938" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Empleadas domésticas en pandemia: "Lo que vino fue una pesadilla"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/81ed4d35-4e5f-446f-91b0-fd31f819c283_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Precariedad,Empleo doméstico,Coronavirus,Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
