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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Toque de queda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/toque-de-queda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Toque de queda]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cómo el toque de queda en Chile se volvió eterno y nadie se queja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/toque-queda-chile-volvio-eterno_129_7162709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de117f6c-c668-40d9-b247-a1f5463ee637_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo el toque de queda en Chile se volvió eterno y nadie se queja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Piñera empalmó las revueltas en su contra con la crisis sanitaria de la pandemia para prolongar el estado de excepción. Santiago se apaga a las 10 de la noche y los santiaguinos caminan kilómetros. El credo liberal del Gobierno se acaba a la hora de confiar en que los chilenos no necesitan un tanque en la calle para cuidarse</p></div><p class="article-text">
        Cuando en octubre de 2019 viaj&eacute; a Chile &ndash;el pa&iacute;s en el que nac&iacute; y viv&iacute; por 40 a&ntilde;os&ndash;, el estado de emergencia que hab&iacute;a decretado el presidente Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era para tratar de reestablecer la &ldquo;calma&rdquo; que hab&iacute;a perturbado el estallido social reci&eacute;n hab&iacute;a sido suspendido. Sin embargo, como dijo el chofer de la combi que me llev&oacute; a mi destino, &ldquo;a&uacute;n seguimos funcionando como si hubiera toque de queda&rdquo;. Y es que las calles todav&iacute;a ten&iacute;an rastros del estallido: las paredes pintadas como nunca las hab&iacute;a visto, los sem&aacute;foros inutilizados y la Plaza Italia rebautizada como Plaza Dignidad como epicentro inequ&iacute;voco de las manifestaciones. Cuando pasamos por ah&iacute;, el chofer no pudo dejar de comentar: &ldquo;Hasta esta hora es transitable, pero en un rato todo esto se corta&rdquo;. Eran cerca de las cuatro de la tarde y el chofer se refer&iacute;a a pasadas las cinco, cuando decenas de miles de manifestantes ocupaban la plaza.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo pasa r&aacute;pido. Por eso, cuando a comienzos de enero el Gobierno argentino comenz&oacute; a barajar la posibilidad de decretar un toque de queda sanitario para frenar el rebrote de diciembre que amenazaba con convertirse en una segunda ola, los d&iacute;as en Chile aparecieron en mi mente. No s&oacute;lo los d&iacute;as del estallido, sino tambi&eacute;n la obsesi&oacute;n del presidente Pi&ntilde;era por gobernar con estado de excepci&oacute;n constitucional y toque de queda. <strong>Puede decirse que Chile ha vivido con un toque de queda casi permanente desde octubre de 2019, y Pi&ntilde;era ha ocupado esta herramienta constitucional como m&eacute;todo de control social y tambi&eacute;n para frenar la expansi&oacute;n del Covid-19.</strong>
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                    alt="Jóvenes que participaban de las protestas de 2019 en Santiago reciben el disparo de un tanque lanzaaguas en Chile"
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                Jóvenes que participaban de las protestas de 2019 en Santiago reciben el disparo de un tanque lanzaaguas en Chile                            </span>
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        Un toque de queda en buena parte de Sudam&eacute;rica trae a la memoria, tristemente, las dictaduras que asolaron la regi&oacute;n, con su consecuente cantidad de muertos, desaparecidos y torturados, por lo que su aplicaci&oacute;n de por s&iacute; no pod&iacute;a tener una buena acogida ni en Chile, ni menos en un pa&iacute;s como Argentina, donde la lucha por el respeto de los derechos humanos ha sido un emblema para buena parte de la poblaci&oacute;n. Sin embargo, parece ser que los chilenos nos acostumbramos r&aacute;pidamente a vivir con toque de queda, porque cuando fui ahora, en la segunda quincena de diciembre, en ninguna de las reuniones con mis amigos fue tema de conversaci&oacute;n, tampoco los medios daban lugar a si estaba bien o mal que un gobierno perpetuara la medida ininterrumpidamente. Lo que s&iacute; se discut&iacute;a era la hora: cuando llegu&eacute; el toque era a la medianoche como en el cuento de <em>La Cenicienta</em> y, despu&eacute;s de Navidad, a las diez.
    </p><h3 class="article-text">La caminata</h3><p class="article-text">
        Para ser honestos, el actual horario es de locos, porque el transporte p&uacute;blico se corta a eso de las nueve y media, y las aplicaciones como Beat o Uber sencillamente no andan porque se colapsan. Todos los d&iacute;as que sal&iacute; me toc&oacute; caminar el equivalente a seis estaciones de Metro. El 30 de diciembre recuerdo haber visto mucha gente regresando a pie a sus casas y no se ve&iacute;a mal &aacute;nimo ni un esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, se acataba sin pensar. Sin embargo, para m&iacute;, que me toc&oacute; vivir la &uacute;ltima parte de la dictadura con dieciocho a&ntilde;os cumplidos y militando en un partido pol&iacute;tico, ese caminar de noche de regreso a casa me record&oacute;, en chispazos, aquellos tiempos, o m&aacute;s precisamente el &uacute;ltimo toque de queda que viv&iacute;, que fue cuando un grupo subversivo intent&oacute; asesinar a Augusto Pinochet en septiembre de 1986. Ese toque dur&oacute; hasta enero de 1987, pero el de Pi&ntilde;era lo supera.
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            </figure><p class="article-text">
        Desde el estallido social nuestro presidente ha tratado de gobernar con toque de queda: despu&eacute;s que suspendi&oacute; el estado de emergencia envi&oacute; al Congreso la ley de infraestructura cr&iacute;tica, que lo facultar&iacute;a para decretar un toque de queda sin invocar un estado de excepci&oacute;n constitucional. Luego, cuando en febrero del a&ntilde;o pasado el Covid-19 era una amenaza para Sudam&eacute;rica y el Gobierno de Chile lo esperaba con los brazos abiertos, el toque de queda, ya sea como estado de excepci&oacute;n o como ley de infraestructura cr&iacute;tica, se ve&iacute;a a la vuelta de la esquina. <strong>En el fondo, el coronavirus fue para Pi&ntilde;era una forma de frenar el estallido social. </strong>Y as&iacute; fue como un d&iacute;a antes de que el presidente Alberto Fern&aacute;ndez decretara la primera cuarentena, &eacute;l decretaba nuevamente estado de emergencia y toque de queda para controlar las restricciones impuestas por la pandemia. Lo extra&ntilde;o de tal justificaci&oacute;n era que las restricciones eran bastante laxas: cuarentenas rotativas (de hecho la Regi&oacute;n Metropolitana no tuvo cuarentena general hasta diciembre), con la actividad econ&oacute;mica funcionando mucho m&aacute;s que en la Argentina. Entonces, &iquest;era necesario un toque de queda, o dicho de otro modo, para qu&eacute; serv&iacute;a si la misma calle que hab&iacute;a apoyado el estallido social ped&iacute;a medidas m&aacute;s estrictas?
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El actual horario es de locos, porque el transporte público se corta a eso de las nueve y media, y las aplicaciones como Beat o Uber sencillamente no andan porque se colapsan</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A diferencia de la Argentina, Chile tuvo el pico de la evoluci&oacute;n de la pandemia a mediados de junio y gran parte de los muertos se concentr&oacute; en un mes y medio (se habla de una cifra extraoficial de 22.000 muertos hasta el momento, lo que ajustado por poblaci&oacute;n equivaldr&iacute;a a 55.000 muertos en Argentina). Adem&aacute;s, all&aacute; hubo una explosi&oacute;n de contagios en corto tiempo con los servicios de salud a punto de colapsar o colapsados, mientras las medidas restrictivas fueron en general m&aacute;s laxas e intermitentes que en varios distritos argentinos. Durante gran parte del tiempo de la evoluci&oacute;n de la pandemia, el toque de queda no fue por razones sanitarias, aunque el presidente argumentara lo contrario. S&oacute;lo en diciembre, cuando los casos diarios llegaron a 2.000 (y a principios de enero estaban en 3.500) se ajust&oacute; el horario del toque de queda. 
    </p><p class="article-text">
        No soy amigo de estas medidas excepcionales, pero debo admitir que cuando se han tomado por los terremotos que de cuando en cuando azotan Chile han sido de utilidad. Para el gran terremoto de 2010 sirvi&oacute; para que bajara la paranoia en la zona m&aacute;s afectada (Concepci&oacute;n al sur), donde los vecinos llegaron a montar guardia ante el temor de que saquearan sus casas. Tiempo despu&eacute;s se demostr&oacute; que esa guardia era rid&iacute;cula, porque nunca hubo una turba interesada en saquear; recuerdo que un excompa&ntilde;ero de universidad particip&oacute; de esas guardias y me costaba identificar al joven mel&oacute;mano, con su colecci&oacute;n de vinilos, con el adulto que pensaba que lo que no le hab&iacute;a arrebatado el terremoto se lo iba a arrebatar la oscuridad. La figura legal que esgrimi&oacute; el gobierno de Michelle Bachelet en esa &eacute;poca fue estado de cat&aacute;strofe, lo que implicaba la restricci&oacute;n de ciertos derechos constitucionales, como el de circulaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">El Gobierno liberal desconf&iacute;a de la autorregulaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Como sabemos, en estos momentos hay varios pa&iacute;ses europeos con toque de queda. Alguien podr&iacute;a argumentar que esos pa&iacute;ses se pueden dar el lujo de tomar esa medida porque no vivieron dictaduras con severas limitaciones a las libertades, como las ocurridas en Sudam&eacute;rica. Pero creo que el ejemplo que ha dado Chile en el uso de toques de queda nos se&ntilde;ala que su invocaci&oacute;n es muy importante, y en este sentido el Gobierno de Pi&ntilde;era no ha ayudado a clarificar las cosas, porque &eacute;l mismo ha usado esta restricci&oacute;n invocando distintas razones: pol&iacute;tica, seguridad y crisis sanitaria. En la que menos cree es &ndash;a mi juicio&ndash; para lo que m&aacute;s sirve: crisis sanitaria. Y es lo que vemos en los pa&iacute;ses europeos. En otras palabras, si la sociedad no es capaz de autorregularse para frenar la circulaci&oacute;n del virus, lo tendr&aacute; que hacer el Estado, y esto no lo convierte en una dictadura. Distinto es si quisiera poner orden y decretara toque de queda, distinto es si esta medida fuera una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica para completar el mandato.
    </p><p class="article-text">
        No pocos dir&aacute;n que los chilenos nos acostumbramos a todo muy f&aacute;cilmente y que el estallido social, de haber ocurrido en la  Argentina, hubiera significado la salida del presidente. Es cierto eso, pero para m&iacute; la virtud que tiene la Argentina, por ser un pa&iacute;s con muchas libertades ganadas, es que puede darse el lujo europeo de poner un toque de queda sin que pase mucho. Bueno, s&iacute;, habr&aacute; alg&uacute;n titular de <em>Clar&iacute;n</em> acompa&ntilde;ado por una columna de Roberto Gargarella (porque no me imagino a <em>La Naci&oacute;n</em> quej&aacute;ndose de que esto se parece a una dictadura). Pero, aclaro, ojal&aacute; no sea necesario.
    </p><p class="article-text">
        <em>GL</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Gonzalo Le&oacute;n es escritor chileno radicado en Buenos Aires. Su &uacute;ltimo libro es </em>La ca&iacute;da del Jaguar &mdash; Cr&oacute;nica del estallido social en Chile. Hormigas Negras (2020)	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/toque-queda-chile-volvio-eterno_129_7162709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jan 2021 15:10:09 +0000]]></pubDate>
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