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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Massey]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/pablo-massey/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Massey]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Es posible un cambio en la gastronomía?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/posible-cambio-gastronomia_129_7204044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd091090-a199-43e1-a632-07be07c534ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Es posible un cambio en la gastronomía?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Caso Massey y la violencia sexista en la gastronomía: el 30% de las empleadas del sector sufrió algún tipo de abuso</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A veces se necesita un golpe de efecto para que se empiece a hablar de estas cosas&rdquo;, me comentaba una cocinera veterana la semana pasada. Por triste que parezca, no se puede negar que el hecho de que trascendiera el caso de Trinidad Benedetti, la joven que denunciara tratos abusivos en el local La Panader&iacute;a de Pablo, parece haber alimentado lo que algunos cronistas se apresuraron en llamar el<em> #metoo </em>de la gastronom&iacute;a. Sin embargo,<strong> junto a la esperanza tambi&eacute;n se percibe cierto escepticismo desde el rubro respecto de lo que suceda de ahora en m&aacute;s, qu&eacute; tipo de reflexiones habilitar&aacute; este suceso y sus implicancias para la gastronom&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Observando la cobertura sensacionalista del tema al momento, la respuesta de las principales figuras y el silencio institucional generalizado (gremio y Estado), cabe preguntarse, &iquest;acaso est&aacute; preparado el <em>mainstream</em> gastron&oacute;mico para alojar y capitalizar este tipo de denuncias? &ldquo;La realidad es que esto que le paso a Trini, pasa en todos lados. El tema es: &iquest;por qu&eacute; todav&iacute;a sigue pasando? Y la otra olla que se destap&oacute; es la de la hipocres&iacute;a. En como se alzan banderas feministas y se llenan la boca de palabras personajes de la gastronom&iacute;a con alcance a una gran audiencia, pero las cuales no se hacen cargo de las fallas en sus propios equipos de trabajo&rdquo;,<em> </em>dispara Antonella (29), cocinera y ex due&ntilde;a de un local.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido Trinidad pertenece a una generaci&oacute;n no s&oacute;lo criada con otros c&oacute;digos como tantos otros millennials -y los que vienen detr&aacute;s de ellos-, pero tambi&eacute;n acostumbrada a ambientes laborales cualitativamente distintos, donde el respeto, la diversidad y la horizontalidad son rasgos no solo deseables sino validados. No sorprende entonces que el mensaje haya calado hondo en las capas m&aacute;s j&oacute;venes de la gastronom&iacute;a, mujeres y disidencias de veintipico, y que a las m&aacute;s grandes les cueste sustancialmente m&aacute;s identificarse o apropiarse del mensaje. Muchas de estas chicas tienen sus propios locales, emprendimientos y proyectos, trabajan en red y por asociatividad, y parecen respirar con naturalidad el momento cultural que el feminismo est&aacute; viviendo. Pero, si muchos de los detentan el poder, los recursos y la visibilidad (hombres y mujeres) en la actualidad no est&aacute;n necesariamente alineados con la causa, &iquest;es realmente posible pensar una revoluci&oacute;n feminista desde la gastronom&iacute;a hoy?
    </p><h3 class="article-text">Un problema desde la formaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n generacional y cultural encuentra su g&eacute;nesis en temas que van desde la formaci&oacute;n profesional de los cocinerxs y lo que se transmit&iacute;a/transmite en las escuelas, pr&aacute;cticas que a su vez, se continuaban/contin&uacute;an en los espacios laborales, donde muchos de los personajes que hoy dirigen cocinas o tienen equipos a su cargo, hac&iacute;an sus pasant&iacute;as, primeras experiencias laborales, viajes, etc.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En la escuela era un garr&oacute;n, tipo te ense&ntilde;aban a ser mal compa&ntilde;ero, a burlarte de los otros, a maltratar como parte de la educaci&oacute;n. La burla y la subestimaci&oacute;n si hab&iacute;a alguien distinto era moneda corriente. Con respecto a las mujeres, si no ten&iacute;as una actitud fuerte, te pasaban por encima. Y todo esto dentro de una instituci&oacute;n, con cuotas super onerosas, que se le cobraban a los alumnos</em>&rdquo;, relata Bel&eacute;n (36), cocinera, ex-docente y emprendedora independiente que, como tantas otras mujeres, cansada del maltrato sistem&aacute;tico y luego de a&ntilde;os de trabajar en caterings de renombre y otros espacios lleva adelante tu propio negocio.
    </p><p class="article-text">
        Otra metodolog&iacute;a muy com&uacute;n a la mayor&iacute;a de las escuelas de cocina es generar convenios con restaurantes y otros espacios, lo que muchas mujeres del rubro cuentan es que en estas instancias siempre se la da prioridad a los varones. <strong>Ni que hablar del desplazamiento de las disidencias, lo cual genera un problema no s&oacute;lo de discriminaci&oacute;n intr&iacute;nseca y falta de diversidad que obtura el acceso y la igualdad de posibilidades, pero que tambi&eacute;n produce un caldo de cultivo donde se legitiman comportamientos intra-comunidad </strong>(entre docentes, empleadores y compa&ntilde;eros de trabajo).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el catering de una figura de alto perfil solo tomaban varones, yo logr&eacute; entrar porque una compa&ntilde;era pastelera me llev&oacute; en su momento de onda, pero en general son espacios a los que las pibas no pueden acceder, y en donde se trabaja encima en p&eacute;simo clima laboral y en jornadas largu&iacute;simas, aunque la paga fuera buena. El requerimiento al final del d&iacute;a de estos &rdquo;caterings fantasma&ldquo; -porque los cocineros de renombre apenas si pasan para la foto- es: &rdquo;hac&eacute; todo bien, o ac&aacute; no labur&aacute;s m&aacute;s&ldquo;&rdquo;, cuenta Bel&eacute;n. Su experiencia no es un caso aislado, casi cualquier gastron&oacute;mico pueda dar testimonio de esto o contar experiencias similares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; la realidad de explotaci&oacute;n laboral que es corriente en el rubro, parece entremezclarse con un entramado sexista que privilegia a los hombres en detrimento de las mujeres y disidencias, y clasista porque hablamos de educaci&oacute;n o situaciones a las que solo pueden acceder determinados estratos socioecon&oacute;micos. Adem&aacute;s cuando efectivamente se ponen mujeres, el rol termina siendo fundamentalmente ornamental, implicando una serie de transacciones, m&aacute;s o menos veladas, relacionadas con el tipo de ropa que deben usar, el aspecto que deben tener y hasta la edad. &ldquo;Hay muy pocos locales que contratan LGBT+disidencias. En un restaurant cinco estrellas hab&iacute;a un mambo fuerte con la apariencia/look de los camareres. Brutamente, si no eras medio fachero, iba a hacer produ (no estabas en el sal&oacute;n). Los camareros son todos sub 30. En esos casos creo que el cupo de minas es figurativo, un velo para tapar lo otro&rdquo;, agrega Antonella.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El modo de ejercer la docencia dejaba -y todav&iacute;a- deja bastante que desear&rdquo;, sigue Bel&eacute;n que trabaj&oacute; en un centro de formaci&oacute;n culinaria en BA, y que hace referencia no s&oacute;lo a que no cualquier cocinero, por m&aacute;s proficiente que sea, puede ense&ntilde;ar, pero tambi&eacute;n, a las condiciones de trato y paga. &ldquo;Me fui porque me pagaban mal, pero adem&aacute;s porque creo que no toda la gente que educa est&aacute; capacitada, y la verdad que adem&aacute;s, con respecto a la variable econ&oacute;mica, es muy caro estudiar gastronom&iacute;a y sinceramente me parec&iacute;a una estafa donde se jugaba mucho con el rol aspiracional del cocinero y te obnubilan con la estructura y los productos&rdquo;.<em> </em>Tampoco faltan los testimonios de mujeres que citan casos de comportamiento indebido en estos centros de estudio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; muchas chicas confiesan haber pensado salirse de la gastronom&iacute;a, otras lo terminan haciendo, y las que pudieron se van a trabajar al exterior. Al final del d&iacute;a estos ambientes machistas, que son fruto de sistemas de ense&ntilde;anza y experiencias en el mundo real de la cocina, no solo son peligrosos a causa de los posibles predadores sexuales, sino que tambi&eacute;n desgastan, desmotivan y provocan abandono de carreras y vocaciones.
    </p><h3 class="article-text">Falta de representatividad y diferencias generacionales</h3><p class="article-text">
        Pero si pensabas que esto sucede solo ac&aacute;, un dato de color: hace unas semanas la reconocida sommelier argentina Paz Levinson, que hoy vive y trabaja en Francia, me contaba su experiencia siempre como minor&iacute;a en equipos de trabajo en la alta cocina (por ejemplo, &uacute;nica mujer en grupos de ocho o diez personas). <strong>Tambi&eacute;n atestiguaba que a&uacute;n persiste en algunas cocinas aspectos de aquella verticalidad militar y malos tratos caracter&iacute;sticos de la vieja cultura culinaria. Asimismo relata que en Francia de un 85 a 90% de los restaurantes no tienen gente de color o de origen &eacute;tnico trabajando en el sal&oacute;n</strong> y sirviendo al p&uacute;blico general, aunque s&iacute; lavando platos.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;</em>Al margen de si estas cocinas son o no de categor&iacute;a a las disidencias solo se las puede ver en alg&uacute;n centro cultural o en alguna cocina re contra mega chica. Adem&aacute;s no hay compa&ntilde;eros que se declaren gays en el ambiente de la cocina y eso es muy llamativo. Puede no ser importante la vida privada de cada uno, pero en un ambiente donde no se le dan espacio a la disidencias me parece que es s&uacute;per relevante que alguien lo haga expl&iacute;cito<em>&rdquo;, </em>cierra Bel&eacute;n. Lo que resulta llamativo es que al a&ntilde;o 2021 todav&iacute;a no podamos hablar con franqueza de esto, y que muchos gastron&oacute;micos del colectivo LGBT no puedan manifestarse, casi dando lugar a pensar que no fuera necesario instalar y discutir el tema. &iquest;Acaso la gastronom&iacute;a, a diferencia de otros &aacute;mbitos, dificulta a&uacute;n m&aacute;s estas discusiones?
    </p><p class="article-text">
        En la l&iacute;nea de los cuestionamientos sobre qu&eacute; se dice y hace desde espacios de poder o legitimidad dentro de la comunidad gastron&oacute;mica, muchas compa&ntilde;eras de Bel&eacute;n y Antonella se preguntan tambi&eacute;n por aquellas mujeres que teniendo sus espacios o produciendo su propio contenido, no suelen convocar a otras mujeres. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es el speach? La gastronom&iacute;a es as&iacute;. Te ten&eacute;s que ganar tu lugar. Demostrar que pod&eacute;s todo el tiempo, y fumarte en pipa los chistes, comentarios de superiores y compa&ntilde;eros sobre tu cuerpo o tu ropa. Ni hablar de menstruar, la menor productividad por eso y la maternidad. El poder es el protagonista. Nubla a la gente. Lo vi, lo viv&iacute;. Despu&eacute;s de un par, no me las com&iacute; m&aacute;s. No trans&eacute; con nadie. Tengo amigas que predican lo mismo. A otras se les cay&oacute; la m&aacute;scara en cuanto se empezaron a esparcir los comentarios de malos tratos, ninguneos, paga por debajo de lo l&oacute;gico, etc. &iquest;De d&oacute;nde viene esto? Yo creo que de la generaci&oacute;n anterior a la m&iacute;a. Creo que pertenezco a una intermedia, y que despu&eacute;s vino esta camada sub 25 que la rompe toda, hay mucho talento y no se callan&rdquo;, contextualiza Antonella.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo interact&uacute;an entonces las nuevas y viejas generaciones de mujeres que se desarrollan profesionalmente en la gastronom&iacute;a? &iquest;Existe una puja invisible e inter-generacional y el llamado <em>&ldquo;derecho de piso&rdquo; </em>ejercido hacia las generaciones millennial y posteriores? &iquest;Le falta sororidad al ambiente? Es dif&iacute;cil entender del todo c&oacute;mo atraviesa el feminismo y los recientes movimientos contempor&aacute;neos a la gastronom&iacute;a sin generalizar, pero pareciera haber una notoria grieta en relaci&oacute;n a la urgencia con que unas y otras se expresan, canalizan sus reclamos y protestas, desaf&iacute;an el poder, arman sus proyectos y se relacionan con otrxs.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Un futuro posible</h3><p class="article-text">
        Tal vez un posible punto de encuentro sea que la mayor&iacute;a espera que las condiciones de trabajo mejoren en un futuro cercano, sobre todo a ra&iacute;z de un escenario empeorado por el Covid-19. Pero, &iquest;es factible plantear un cambio parcial o por segmentos? &iquest;Podemos hablar solo de acoso o malos tratos, sino hablamos tambi&eacute;n de precarizaci&oacute;n, desigualdad de oportunidades, falta de diversidad? &iquest;D&oacute;nde empiezan y d&oacute;nde terminan las pr&aacute;cticas sexistas y abusivas?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El amiguismo es la cuesti&oacute;n. Mucho Instagram y poca acci&oacute;n. Mucho pop-up y fotito. Mucha marquesina. Al fin y al cabo, son todas minas, pero siguen laburando en condiciones mal&iacute;simas. Ah, bueno, pero no te tocan el culo. Ya no me conformo con eso, y nadie deber&iacute;a hacerlo. Me cans&eacute; de vivir as&iacute;. Un mindfuck que ya no tolero, y repercute 100% en malestares f&iacute;sicos. Es hora de que todes se hagan cargo de la basurita que tienen en su ojo y no en el ajeno para realmente crear climas de trabajo sostenibles y justos&rdquo;<em>, </em>me explica otra trabajadora que pide no dar el nombre y traza un hilo entre la posible complicidad en el &aacute;mbito y las malas condiciones de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        La escritora y activista Addie Broyles dice desde su manifiesto &ldquo;<a href="https://thefeministkitchen.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Feminist Kitchen</a>&rdquo; que necesitamos m&aacute;s no menos feminismo en la cocina, ya que facilita la elecci&oacute;n, y es entonces cuando una siente que tiene la posibilidad de decidir que una tarea como cocinar puede ser algo m&aacute;s que una labor cansadora. Si bien es cierto que un destape de estas caracter&iacute;sticas viene facilitado por el contexto actual (<strong>al menos otras dos denuncias a chefs de alto perfil fueron acalladas con anterioridad</strong>), es un momento para reflexionar sobre las problem&aacute;ticas subyacentes que atraviesan a la industria, que suelen ser pr&aacute;cticas comunes, y que siempre de una u otra manera quedaban bajo la alfombra.
    </p><p class="article-text">
        <em>LM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Marajofsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/posible-cambio-gastronomia_129_7204044.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Feb 2021 09:51:52 +0000]]></pubDate>
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