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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Hospital Alemán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/hospital-aleman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Hospital Alemán]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Historia universal del privilegio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-universal-privilegio_129_7260133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        A fines del siglo XIX, George Orwell pas&oacute; varios a&ntilde;os de su infancia en la St Cyprian's School de Essex, atracci&oacute;n irresistible para padres ingleses ambiciosos. Sus recuerdos de esa selva, donde florec&iacute;an los fustazos correctivos, el esnobismo y las relaciones de poder entre ni&ntilde;os, no son buenos. All&iacute; vio chicos de doce a&ntilde;os preguntarse, mientras oxigenaban sus cerebritos con el aire puro del campus, cu&aacute;ntos ba&ntilde;os ten&iacute;an sus casas y si ellas estaban en Kensington o en Knigthsbridge, a d&oacute;nde se iban de vacaciones, qu&eacute; autos ten&iacute;an sus padres y de cu&aacute;ntos caballos, y <strong>cu&aacute;ntos sirvientes los atend&iacute;an.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n de la vida es jer&aacute;rquica. No s&oacute;lo entre el interior de St Cyprian y lo que St Cyprian excluye, sino en sus propias entra&ntilde;as, en las que Orwell catalog&oacute; diferentes niveles de privilegio. El de la minor&iacute;a <strong>&ldquo;con antecedentes millonarios o aristocr&aacute;ticos&rdquo;</strong>; el de los hijos de los &ldquo;ricos ordinarios de los suburbios&rdquo;; y el de &ldquo;unos pocos inferiores&rdquo; (&ldquo;entre los que estaba yo&rdquo;, dice Orwell), hijos de funcionarios de la India o de viudas batalladoras, muchachos &ldquo;pobres pero inteligentes&rdquo; a los que les tocaba sufrir.
    </p><p class="article-text">
        Conclusi&oacute;n: el primer privilegio ya est&aacute; presente en los beb&eacute;s que caen parados en sus cunas (aunque estad&iacute;sticamente arrase en el mundo la ausencia de privilegios), y opera con las ilusiones de una ley natural cuyas normas no se discuten. De hecho, Orwell recuerda que no las cuestionaba porque, hasta donde &eacute;l pod&iacute;a ver, <strong>&ldquo;no hab&iacute;a otras&rdquo;</strong>. Pero algo fallaba en su interior infantil, y era la imposibilidad de darle &ldquo;conformidad  subjetiva&rdquo; a ese mundo. El dilema que se le presenta al d&eacute;bil en un mundo de fuertes, seg&uacute;n Orwell, es<strong> &ldquo;romper las reglas o perecer&rdquo;</strong>. Y en algunos casos, ni una cosa ni la otra. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Conclusión: el primer privilegio ya está presente en los bebés que caen parados en sus cunas (aunque estadísticamente arrase en el mundo la ausencia de privilegios)</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pasaron ciento cuarenta a&ntilde;os de la experiencia de Orwell en St Cyprian, glosada en su autobiograf&iacute;a <em>Such, such were the joys</em> (<em>Esas, esas eran las alegr&iacute;as</em>), publicada en 1952, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte. No cambi&oacute; nada. La educaci&oacute;n de <em>elite</em> sigue ofreci&eacute;ndose como vig&iacute;a del <em>status quo</em>, bolsa de influencias y bloqueo de clase, y los privilegios siguen siendo administrados en su mayor medida por la suerte biol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        En estricto orden cuantitativo decreciente, podemos decir que los privilegios se heredan por la ruleta del determinismo (percibido por sus beneficiarios como naturaleza), se adquieren por aspiraci&oacute;n y se rechazan por pudor. Pero todos los privilegios tienen un factor com&uacute;n. No hay privilegio que no sea del tiempo, en el sentido del tiempo que el privilegiado retiene para s&iacute; mismo: el tiempo que gana, el que ahorra, el que no le concede a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, <strong>una persona que se levanta a la ma&ntilde;ana y se mete bajo la ducha caliente a cinco metros de su cama, desayuna, se sube a su auto y va a su trabajo est&aacute; configurando una situaci&oacute;n privilegiada</strong> (m&aacute;s privilegiada cuanto m&aacute;s cotidiana) respecto de aquella otra que se levanta bajo unas chapas oxidadas, camina cien metros para enjuagarse la cara en una canilla de uso colectivo, no tiene nada que desayunar y comienza deambular en carros tirados por caballos, en trenes o en micros para granjearse un n&uacute;mero de prote&iacute;nas a cambio de alguna changa, en el caso de que sepa hacerla (sabemos que esta segunda persona no ha podido postular para lograr la aceptaci&oacute;n de la marca Harvard).
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay privilegio que no sea del tiempo, en el sentido del tiempo que el privilegiado retiene para sí mismo: el tiempo que gana, el que ahorra, el que no le concede a los demás</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Invocando con cari&ntilde;o y extrapolaciones a Orwell, digamos que el privilegio es una m&aacute;quina del tiempo. Adelantar, aventajar, ahorrar tiempo y confort son beneficios que le quitan a la vida buena parte de sus calamidades de gesti&oacute;n. El privilegio es una fuerza aceleradora, el puente de velocidad que resbala sobre la experiencia ordinaria de la espera. Y si est&aacute; ligado de un modo indisoluble a la cultura del poder, es porque a la mayor&iacute;a de los privilegios los impulsa el dinero. &iquest;Para qu&eacute; querr&iacute;a alguien tener millones sino para ahorrar tiempo y vivir m&aacute;s, es decir m&aacute;s que los otros? &iquest;Para qu&eacute; quiero el avi&oacute;n privado sino para llegar antes?
    </p><h3 class="article-text">Seres especiales</h3><p class="article-text">
        Pero el privilegio tambi&eacute;n es una concesi&oacute;n arbitraria que se acepta por narcisismo. En esas circunstancias, <strong>lo que se llama &ldquo;saltarse la cola&rdquo; es una manera tradicional de asumir el privilegio como una naturaleza del consentimiento.</strong> &iquest;Por qu&eacute; voy esperar yo, que soy tan especial, el turno o la parte que me tocan? Es all&iacute; donde aparece el ni&ntilde;o, monstruo antisocial, en toda su dimensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todos los que discutimos este asunto hoy tuvimos alg&uacute;n privilegio que nos habr&aacute; parecido natural recibirlo y, por supuesto, nobleza de clase media obliga, no se nos pasa por la cabeza considerar que hay millones de argentinos que por no estar en el radar del privilegio, que se caracteriza por no ser una &ldquo;naturaleza&rdquo; ecum&eacute;nica, jam&aacute;s recibieron ni recibir&aacute;n ninguno.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Al no haber comercio libre de vacunas, y al (suponemos) no haber tampoco mercado negro, se fue consolidando en los últimos meses un mercado estatal</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero el asunto de estos d&iacute;as es que por las circunstancias dram&aacute;ticas de su escasez y el protagonismo p&uacute;blico del derecho a la salud, se da por sentado que el suministro de vacunas contra el coronavirus (&iquest;se podr&aacute; llamarlo as&iacute; otra vez, como en marzo de 2020?) invierte la estructura de la  jerarqu&iacute;a que sosten&iacute;an universos como los de St Cyprian&acute;s School a fines del siglo XIX. 
    </p><p class="article-text">
        Esa inversi&oacute;n no fue natural. Al no haber comercio libre de vacunas, y al (suponemos) no haber tampoco mercado negro, se fue consolidando en los &uacute;ltimos meses un mercado estatal &uacute;nico organizado por principio de necesidad sobre el que se recorta, en medio de un aro de fuego de indignacionismo, una poblaci&oacute;n de vacunados supuestamente m&aacute;s importantes que aquellos a los que les usurparon el turno, sea en nombre de su prestigio personal, su influencia o su prepaga. <strong>Supongamos que estas irregularidades hubieran sido cometidas en favor de los argentinos marginados que nunca experimentaron un privilegio, y hubi&eacute;semos visto largas filas de carros con caballos estacionados en el Hospital Alem&aacute;n y en el Ministerio de Salud, mientras sus perplejos jinetes se vacunan por la ventana y celebran la gloria de sentirse por una vez en la vida descansados y excepcionales.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tal vez tambi&eacute;n habr&iacute;a habido sapuc&aacute;is republicanos y coros de Bee Gees constitucionalistas (para esos conciertos, y en nombre de la &ldquo;equidad&rdquo;, el d&eacute;bil equivale al fuerte), pero se hubiesen salvado de estos p&aacute;rrafos. Con las familias Aldrey Iglesias en la lista de privilegiados s&uacute;pernumerarios, la defensa se hace dif&iacute;cil.
    </p><h3 class="article-text">Patrulla</h3><p class="article-text">
        &iquest;Acaso nos vamos sin pagar cuando nos tomamos un caf&eacute; en alguna Fonte de Oro de Mar del Plata? Superado este trance, uno m&aacute;s, de la cultura del privilegio a la que podr&iacute;ais llamar lisa y llanamente cultura dominante, podr&iacute;amos utilizar las pocas gotas de ox&iacute;geno que <strong>no nos agot&oacute; la sobreindignaci&oacute;n a lo Fiscal Lanusse, quien nunca, nunca, nunca, pero nunca nunca tuvo un privilegio de ninguna &iacute;ndole</strong>, a refrigerar el &aacute;rea donde deber&iacute;an ocurrir las sinapsis cerebrales y preguntarnos: &iquest;por qu&eacute; patrullamos con un solo ojo los actos de los otros? &iquest;No ser&iacute;a mejor hacerlos con los dos, y uno orientado hacia nosotros mismos?
    </p><p class="article-text">
        El drone &eacute;tico alimentado a combustible moral nunca pasa por casa. Es una m&aacute;quina de percepci&oacute;n fallida. Act&uacute;a descargando un punto ciego sobre lo propio. Lo propio, directamente, no est&aacute;. Es una ciudad mental prohibida. En su lugar, hay enormes lagos de pureza, sobre el que hacemos la plancha o surfeamos. 
    </p><p class="article-text">
        Esta anomal&iacute;a programada tiene una ventaja: ver los privilegios de los otros como los &uacute;nicos. A los nuestros los inventariamos como m&eacute;ritos.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-universal-privilegio_129_7260133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Feb 2021 03:12:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia universal del privilegio]]></media:title>
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