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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - humor judío]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - humor judío]]></description>
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      <title><![CDATA[Esto no es un chiste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-chiste_129_7374451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6efe3dd8-f5c3-45b3-a434-764d38692ca6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esto no es un chiste"></p><p class="article-text">
        En una conferencia que dio en 1967, Jacques Lacan dijo: &ldquo;todo el mundo cree saber lo que es el psicoan&aacute;lisis, salvo los psicoanalistas, y eso es lo molesto. Ellos son los &uacute;nicos que no lo saben. Si creyeran saberlo de inmediato, ser&iacute;a grave&rdquo;. Lejos de ser una cr&iacute;tica al no saber, es un se&ntilde;alamiento de c&oacute;mo cierto saber funciona en la creencia, funciona como obst&aacute;culo. <strong>Quiz&aacute;s habr&iacute;a que subrayar &ldquo;cree saber&rdquo; porque, como hab&iacute;a dicho varios a&ntilde;os antes, &ldquo;saber siempre es, en alg&uacute;n aspecto, creer saber&rdquo;.</strong> Se refer&iacute;a, en esa ocasi&oacute;n, al Yo como sede de las resistencias y al conjunto de prejuicios que conforman el saber. No hay saber -del prejuicio- sino en la creencia, no hay saber -del prejuicio- sino como creencia. <strong>No hay dudas de que en Buenos Aires &ldquo;todo el mundo&rdquo; cree saber lo que es el psicoan&aacute;lisis, se analicen o no se analicen, lo amen o lo odien; a casi nadie le es indiferente. </strong>Hay saber sobre el psicoan&aacute;lisis porque hay prejuicios sobre el psicoan&aacute;lisis (como sobre todas las cosas). Uno de esos prejuicios suele recaer sobre los fundamentos del descubrimiento freudiano. Se supone, por ejemplo, que alguien dice una cosa pero que &ldquo;en el fondo&rdquo; quiere decir otra. Si algo descubre Freud, es que el inconsciente est&aacute; en lo que se dice, que no hay fondo. Que no se trata de leer entre l&iacute;neas, sino de leer las l&iacute;neas. No se trata nunca de lo que alguien <em>quiso</em> decir, sino de lo que dijo. Pero hay una complicaci&oacute;n m&aacute;s: eso que dijo, lo dijo en el enunciado pero tambi&eacute;n en la enunciaci&oacute;n. No hay decir sin enunciaci&oacute;n. Y lo que se dice es tambi&eacute;n posible por lo que no se dice en lo que se dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si algo descubre Freud, es que la dimensi&oacute;n fundamental de la puesta en acto del inconsciente es la sorpresa. </strong>La sorpresa es la punta que muestra eso que desborda, que excede, que rebasa la intenci&oacute;n. Uno puede querer decir algo, pero la intenci&oacute;n queda coartada, interrumpida, desfasada, desquiciada por<em> algo </em>que viene de otra escena: el inconsciente. Y ah&iacute;, en la sorpresa, Freud lee las llamadas formaciones del inconsciente: el sue&ntilde;o, el lapsus, el s&iacute;ntoma, el chiste. Toda la psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana est&aacute; atravesada por eso: el hallazgo del sujeto que rebasa la intenci&oacute;n. Sin embargo, no todas esas formaciones son iguales. Me quiero detener en el chiste pero, sobre todo, para volver a sus fundamentos, esos que, sutiles, hacen al descubrimiento de Freud, hacen a la relaci&oacute;n con lo inconsciente. La sorpresa, muchas veces, est&aacute; cifrada en la risa. La risa ocurre involuntariamente como un estallido ah&iacute; donde algo pas&oacute;. Pas&oacute; que se obtuvo placer en la suspensi&oacute;n de las inhibiciones. <strong>Si algo aporta Freud, es que para que un chiste sea un chiste, tiene que haber risa -por eso a veces se confunde un lapsus con un chiste: porque hace re&iacute;r-. El prop&oacute;sito del chiste culmina en la risa, no en la intenci&oacute;n. Este peque&ntilde;o giro resulta fundamental.</strong> &iquest;Qui&eacute;n dice que algo es un chiste? Nunca el que lo enuncia, m&aacute;s all&aacute; de que su intenci&oacute;n haya sido hacer un chiste, siempre es el oyente. Freud cita a Shakespeare: &ldquo;que una chanza prospere depende del o&iacute;do/de quien la escucha, nunca de la lengua/ de quien la hace&rdquo;. Si el chiste es un fen&oacute;meno social -y pol&iacute;tico-, lo es en tanto pone en juego una cantidad de variables que exceden la simple intenci&oacute;n de un individuo. El descubrimiento freudiano viene a jaquear la intencionalidad para mostrar que uno nunca dice lo que <em>quiere</em> decir, porque el Yo no es el que maneja los hilos, es m&aacute;s bien la marioneta. Por eso resulta aparatoso escuchar que alguien anticipe los efectos de lo que va a decir cuando avisa &ldquo;voy a decir algo pol&eacute;mico&rdquo;, &ldquo;voy a decir algo que no te va a gustar&rdquo;, &ldquo;voy a decir algo gracioso&rdquo;. Eso es permanecer en el terreno de lo voluntario, eso es creer que uno sabe lo que dice antes de decirlo y podr&aacute; por lo tanto controlar sus efectos. Eso implica permanecer en la creencia de que se sabe acerca del otro -y de uno mismo-. Si algo ense&ntilde;a el psicoan&aacute;lisis, es que no podemos saber <em>antes</em> qu&eacute; estamos diciendo. Algo escapa a nuestro dominio, por suerte.
    </p><p class="article-text">
        Quiero detenerme especialmente en ese procedimiento tan habitual: el de atribuir a aquel que no se ri&oacute; de un supuesto chiste, el no tener sentido del humor, el ser demasiado susceptible, el ser literal, el ser solemne. No digo que no haya personas solemnes, susceptibles o que no tengan sentido del humor. Me estoy refiriendo a los casos en los que esas acusaciones provienen de quienes supuestamente hicieron un chiste pero ese chiste no fue recibido como tal. Apelar a la treta de &ldquo;es un chiste&rdquo; luego de que se hiri&oacute; a alguien es un procedimiento un tanto tramposo. Es apelar a las &ldquo;buenas intenciones&rdquo;, es apelar a la intenci&oacute;n como garant&iacute;a. Porque lo que queda confundido ah&iacute;, no es solo la cuesti&oacute;n de la intencionalidad sino, sobre todo, la creencia de que un chiste radica en que se pueda decir cualquier cosa agregando la cl&aacute;usula &ldquo;lo digo en chiste&rdquo;; aprovechar esa cl&aacute;usula para agredir, insultar, agraviar, difamar, lastimar o exudar la propia crueldad ampar&aacute;ndose en que &ldquo;es un chiste&rdquo;, ataj&aacute;ndose en un est&eacute;ril y gratuito &ldquo;perd&oacute;n si ofendo&rdquo;,&nbsp; en lugar de advertir que se ha dicho algo fuera de lugar m&aacute;s all&aacute; de la intenci&oacute;n inicial. Freud no dice que no existan los chistes hostiles -de hecho hace un cat&aacute;logo minucioso de los distintos tipos de chistes-, lo que plantea es que en el caso de los chistes tendenciosos agresivos se registra un poderoso componente s&aacute;dico m&aacute;s o menos inhibido en la vida cotidiana. Pero ese sadismo sublimado no siempre llega al otro tan adornado. Porque que sea un chiste hostil no implica esa hostilidad vaya a quedar neutralizada del todo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una cosa es que todo chiste apunte a agujerear un poco la autoridad del otro que nos agobia, que se nos viene encima, y otra es que con el chiste se pretenda arrasar con todo el otro, con su persona, que se apunte a su aniquilaci&oacute;n.</strong> Quiz&aacute;s la diferencia est&eacute; mejor dicha por Lacan: necesitamos que ese Otro al que se dirige mi provocaci&oacute;n sea un otro real, sea un ser vivo, &ldquo;de carne, aunque mi provocaci&oacute;n no se dirige, de todas formas, a su carne&rdquo;. Se requiere de la carne del otro para hacer algo con esa autoridad, para que esa carne no nos aplaste, pero eso no es igual a encarnizarse con el otro o a hacer una carnicer&igrave;a con el otro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En este punto, resulta paradigm&aacute;tico el humor jud&iacute;o. </strong>Freud distingue perfectamente los chistes jud&iacute;os de los chistes sobre jud&iacute;os. Una cosa son los chistes nacidos en el propio suelo de la vida popular jud&iacute;a -chistes que abundan en el libro- y que resultan certeros y otra, muy distinta, son los chistes sobre jud&iacute;os hechos por extra&ntilde;os que resultan chascarrillos o una irrisi&oacute;n brutal. Seg&uacute;n Freud, estos &uacute;ltimos se ahorran el chiste porque ven en el jud&iacute;o una figura c&oacute;mica de por s&iacute;. Pero Freud dice, adem&aacute;s, que pocos pueblos como el jud&iacute;o conocen tanto sus defectos y se r&iacute;en tanto de su propio ser. Es ah&iacute; que se puede retomar la enunciaci&oacute;n, la posici&oacute;n desde la que se enuncia eso que se dice. Incluso, la pregunta que habr&iacute;a que formular, cada vez que no aparece la risa y, en cambio, queda en evidencia la hostilidad del &ldquo;chiste&rdquo;, es: &iquest;qu&eacute; condiciones sociales, pol&iacute;ticas y/o subjetivas son las que se necesitan para re&iacute;r? Y no porque la risa sea voluntaria o moral, sino porque se hace necesario ser capaces de atajar los efectos, ese exceso incalculable que desborda la intenci&oacute;n y lastima al otro. Sobre todo si ese otro a&uacute;n no puede lidiar con sus tragedias, con su horror. No se trata solamente de ir con cuidado, no se trata solamente de cuidar un poco a los otros, sino de estar dispuestos a escuchar lo que uno dijo; se trata de estar dispuestos, no a atajarse, sino a atajar eso que no sab&iacute;amos que pens&aacute;bamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-chiste_129_7374451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Apr 2021 10:07:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Humor,humor judío,Sigmund Freud,Jacques Lacan,Psicoanálisis]]></media:keywords>
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