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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Igor Stravinsky]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/igor-stravinsky/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Igor Stravinsky]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Stravinsky, el conservador revolucionario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/stravinsky-conservador-revolucionario_1_7378574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c328c95-23b2-42b4-831e-9edf559ec239_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Stravinsky, el conservador revolucionario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El compositor nació en 1882 en la Rusia zarista y murió hace cincuenta años en Nueva York. Se movió de una estética a otra para crear una obra inconfundible.</p></div><p class="article-text">
        Compuso la &uacute;ltima obra cuya inclusi&oacute;n en el canon nadie discute. Fue, con esa composici&oacute;n de ritmos salvajes, que anticip&oacute; la t&eacute;cnica del montaje cinematogr&aacute;fico, un revolucionario. <em>La consagraci&oacute;n de la primavera</em>, estrenada ruidosamente en mayo de 1913,&nbsp; como parte de una funci&oacute;n de ballet calamitosa, es la piedra basal de un camino totalmente nuevo, que exced&iacute;a todas las reglas de la m&uacute;sica hasta ese momento y que, no obstante, casi nadie sigui&oacute;. Ni siquiera el propio <strong>Igor Stravinsky</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Primitivista <em>&agrave; la</em> Picasso, cultor del collage <em>&agrave; la</em> Matisse, inventor, con <em>La historia de un soldado</em>, de 1918,&nbsp; de un tango y un ragtime cuyas fuentes reales desconoc&iacute;a, creador del falso Pergolesi de <em>Pulcinella</em>, de una polka &ldquo;para un elefante joven&rdquo; y de un concierto para clarinete y banda de jazz, cubista &ndash;o deconstruccionista&ndash; cuando esas palabras ni siquiera se hab&iacute;an inventado y posmoderno desde antes de la modernidad, Stravinsky se consider&oacute;, siempre, un conservador. Durante todo el siglo XX se mantuvo activo, movi&eacute;ndose de una est&eacute;tica a otra o, en rigor, no haciendo otra cosa que desplaz&aacute;ndose de un Stravinsky a otro, todos absolutamente inconfundibles. Hab&iacute;a nacido en 1882 en la Rusia del Zar Alejandro III y<strong> muri&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os, el 6 de abril de 1971 en Nueva York. </strong>
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        &nbsp;&nbsp;&ldquo;El tono de una obra como <em>La consagraci&oacute;n de la primavera</em> pudo parecer arrogante; su lenguaje, rudo en su novedad; pero esto no implica en modo alguno que sea revolucionaria en el sentido subversivo del vocablo&rdquo;, dec&iacute;a el compositor en 1939, en la primera de sus seis clases magistrales en Harvard que tres a&ntilde;os despu&eacute;s se publicaron con el t&iacute;tulo de <em>Po&eacute;tica musical</em>. En 1939, tambi&eacute;n, Stravinsky, que ya se hab&iacute;a ciudadanizado como franc&eacute;s, se radic&oacute; en los Estados Unidos. M&aacute;s precisamente en Hollywood, no muy lejos de donde vivi&oacute; Arnold Sch&ouml;nberg, el otro polo de las convulsiones del siglo XX musical. Tambi&eacute;n viv&iacute;an all&iacute; dos de los grandes directores de orquesta del siglo, Bruno Walter y Otto Klemperer. Y all&iacute; hab&iacute;a estado, por supuesto, George Gershwin, con quien Sch&ouml;nberg jug&oacute; semanalmente al tenis hasta la prematura muerte del estadounidense, dos a&ntilde;os antes de que Stravinsky arribara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Stravinsky, el revolucionario, el que seg&uacute;n las primeras cr&iacute;ticas, <strong>hab&iacute;a llevado la orquesta al borde del caos, fue un apasionado del orden. </strong>La Revoluci&oacute;n Rusa lo encontr&oacute; en Clarens, Suiza, donde hab&iacute;a quedado casi aislado, detr&aacute;s de las l&iacute;neas alemanas, desde 1914, cuando estall&oacute; la Primera Guerra.
    </p><p class="article-text">
        Todos mis pensamientos est&aacute;n contigo en estos inolvidables d&iacute;as de felicidad&ldquo;, le escribi&oacute; a su madre, que estaba en Petrogrado, cuando se enter&oacute; de la ca&iacute;da de la monarqu&iacute;a en 1917. Ten&iacute;a grandes esperanzas en la Revoluci&oacute;n. En 1914 le hab&iacute;a dicho al escritor franc&eacute;s Romain Rolland: &rdquo;Cuento con que despu&eacute;s de la guerra una revoluci&oacute;n derroque la dinast&iacute;a y establezca unos Estados Unidos eslavos&ldquo;. Le asignaba a Rusia, seg&uacute;n Rolland, &rdquo;el papel de una barbarie espl&eacute;ndida y saludable, pre&ntilde;ada con la semilla de nuevas ideas que modificar&aacute;n el pensamiento de Occidente&ldquo;. Pero las cosas no salieron como &eacute;l esperaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;En el oto&ntilde;o de 1917 los campesinos saquearon y destruyeron su amada hacienda de Ustilug. Una prueba de ese despojo la obtuvo el director Gennady Rozhdestvensky cuando, en la d&eacute;cada de 1950, en una tienda de libros usados, en Mosc&uacute;, encontr&oacute; la car&aacute;tula del segundo libro de los <em>Preludios </em>de Debussy, dedicada por el propio compositor &ldquo;para divertir a mi amigo Igor Stravinsky&rdquo;. Como para Nabokov, para el compositor el r&eacute;gimen sovi&eacute;tico acab&oacute; significando, sencillamente, la p&eacute;rdida de la infancia. Una p&eacute;rdida que suturaba, a su manera, dejando siempre una luz prendida en la noche. &ldquo;Solo puedo dormir si desde alguna habitaci&oacute;n vecina entra en mi cuarto un rayo de luz&rdquo;, le dec&iacute;a a su amanuense Robert Craft. &ldquo;Tal vez esto se remonte al farol que hab&iacute;a fuera de mi ventana y alumbraba el canal Kri&uacute;kov. Pero no importa qu&eacute; haya sido. Ese cord&oacute;n unbilical de luz me permite, ahora, a los 78 a&ntilde;os, entrar de nuevo en ese espacio protegido y cerrado que conoc&iacute; cuando ten&iacute;a siete u ocho a&ntilde;os.&rdquo;
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            </figure><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&ldquo;Barbarie espl&eacute;ndida y saludable, pre&ntilde;ada con la semilla de nuevas ideas que modificar&aacute;n el pensamiento de Occidente&rdquo;, dec&iacute;a Rolland que le hab&iacute;a dicho Stravinsky, hablando de Rusia. Una definici&oacute;n casi perfecta para la trilog&iacute;a compuesta entre 1909 y 1913 para la compa&ntilde;&iacute;a&nbsp;<em>Les Ballets Russes</em> de Sergei Diaghilev. <em>El p&aacute;jaro de fuego</em>, <em>Petrushka</em> y <em>La consagraci&oacute;n de la primavera</em>, fueron desarrollando esa &ldquo;barbarie espl&eacute;ndida&rdquo; traducida en ritmos que la notaci&oacute;n tradicional ni siquiera pod&iacute;a escribir con precisi&oacute;n y, sobre todo, en su superposici&oacute;n y en esa estructura de corte y pega que el cine reci&eacute;n comenz&oacute; a explorar doce a&ntilde;os despu&eacute;s de la mano de otro ruso, Sergei Eisenstein. Pero esa libertad &ndash;y esa ominipresencia&ndash; r&iacute;tmica pronto fue le&iacute;da como signo de otras barbaries.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Theodor Adorno</strong> opuso, en <em>Filosof&iacute;a de la nueva m&uacute;sica</em>, a los dos vecinos. Stravinsky, liberando al ritmo, significaba la reacci&oacute;n, el retroceso. Sch&ouml;nberg, liber&aacute;ndose del ritmo, o de la sensaci&oacute;n de pulsaciones regulares, era el progreso. Lo primitivo era le&iacute;do, despu&eacute;s del nazismo, como el veh&iacute;culo para el dominio de las masas. Como la expresi&oacute;n suprema del <em>Homo Nationalsozialistische</em>. Tal vez por las mismas razones, Adorno nunca entendi&oacute; (ni quiso entender) al jazz. Pero Stravinsky, el autor de la revoluci&oacute;n musical que nadie dej&oacute; de reconocer como tal, qued&oacute; como bandera de los compositores que se opon&iacute;an al progreso. Y el ritmo fue relegado al lugar del pintoresquismo y de los nacionalismos que las vanguardias est&eacute;ticas denigraron a lo largo del siglo pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;M&aacute;s tenido en cuenta por los m&uacute;sicos art&iacute;sticos de tradici&oacute;n popular, a quienes mostr&oacute; caminos reveladores, que por los cl&aacute;sicos, que lo reconocieron pero no lo siguieron, <strong>Stravinsky se dio el gusto, sin embargo, de traicionar tambi&eacute;n a los conservadores y anclar sus &uacute;ltimas obras en una lectura muy personal del sistema serial acu&ntilde;ado a partir de las ense&ntilde;anzas de Sch&ouml;nberg. </strong>Para evitar que unas notas actuaran como centros de atracci&oacute;n sobre otras, ninguna de las doce comprendidas en una escala pod&iacute;a repetirse hasta que todas sonaran. Las variaciones y desarrollos part&iacute;an entonces de la serie original en que esos sonidos &ndash;y esas formas de ataque, esas duraciones y esos timbres&ndash; hab&iacute;an sonado. Sch&ouml;nberg, muy en los comienzos de lo que acab&oacute; llam&aacute;ndose dodecafonismo, apel&oacute; a la tradici&oacute;n para justificarlo: Brahms y su trabajo con las alturas (la matem&aacute;tica escondida en la bell&iacute;sima melod&iacute;a del comienzo del primer movimiento de su <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 4</em>). Stravinsky, el conservador, por su parte, nunca dej&oacute; de ser un revolucionario.
    </p><p class="article-text">
        <em>Para escuchar (y ver) a Stravinsky:</em>
    </p><p class="article-text">
        ***Leonard Bernstein presenta e Igor Stravinsky dirige las tres escenas finales de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IrMGqAmjbug" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El p&aacute;jaro de fuego</a>. 
    </p><p class="article-text">
        <em>***</em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=YOZmlYgYzG4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La consagraci&oacute;n de la primavera</a>, en el centenario de su estreno, en la misma sala, con los vestuarios originales y con la reconstrucci&oacute;n de la coreograf&iacute;a de Nijinsky.
    </p><p class="article-text">
        ***<a href="https://www.youtube.com/watch?v=ToYUCuUE9pk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Concierto de &eacute;bano</a>, que Stravinsky escribi&oacute; en 1945 para la orquesta de Woody Herman, aqu&iacute; en una versi&oacute;n extraordinaria, por la Sinf&oacute;nica de Londres con direcci&oacute;n de Simon Rattle:
    </p><p class="article-text">
        <em>***T</em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=n3gUJvH2neY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ango, vals y ragtime, de La historia del soldado,</a> con direcci&oacute;n de Riccardo Chailly.
    </p><p class="article-text">
        <em>***</em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=QNTvHRlorQw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Agon</a>, de Stravinsky y el core&oacute;grafo George Balanchine por el New York City Ballet en 1960:
    </p><p class="article-text">
        ***<a href="https://www.youtube.com/watch?v=FAQDZAmO0kM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;No word from Tom&rdquo;</a> de <em>The Rake`s Progress</em>, &oacute;pera de Stravinsky con texto de Auden, por Louise Alder, una de las grandes nuevas estrellas de la l&iacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        <em>DF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/stravinsky-conservador-revolucionario_1_7378574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Apr 2021 09:50:16 +0000]]></pubDate>
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