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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciana Cáncer]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/luciana-cancer/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciana Cáncer]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Luciana Cáncer, escritora: "No se habla de anorexia por miedo y porque muchas mujeres no la asumen"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/luciana-cancer-anorexia-miedo-frivolizada-mujeres-no-asumen_130_7936063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb4404cf-0f50-4b35-9693-58f3c1834720_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luciana Cáncer, escritora: &quot;No se habla de anorexia por miedo y porque muchas mujeres no la asumen&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Contadora de profesión, a los 46 años publicó su primer libro, "Un lugar guardado para algo". Allí narra su experiencia: la decisión de dejar de comer y el límite que le marcó la enfermedad. Una historia cruda, pero alejada de la victimización.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Sirve para algo la falta, el agujero, el espacio vacante? <strong>&ldquo;Treinta rayos se unen en el centro de una rueda, pero es el hueco en el eje lo que le da utilidad a la rueda&rdquo;</strong>. Es una l&iacute;nea de un texto escrito hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os por un pensador tao&iacute;sta llamado Chuang Tsu. M&aacute;s ac&aacute; en el tiempo y en Buenos Aires,<strong> Luciana C&aacute;ncer</strong> escribe: &ldquo;<strong>Dejaba el postre porque ten&iacute;a demasiada crema, apenas picoteaba unos trocitos de merengue</strong>. A la tarde, Pichona untaba criollitas con dulce de leche, pero yo le ped&iacute;a un platito especial de criollitas sin untar. <strong>Siempre dejaba algo afuera. Un vac&iacute;o.</strong> Una promesa. Un lugar guardado para algo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y <strong>&ldquo;Un lugar guardado para algo&rdquo; </strong>es el t&iacute;tulo de su primer libro. Como el pensador tao&iacute;sta, Luciana C&aacute;ncer explor&oacute; esa nada, la us&oacute; a su favor, y escribi&oacute; una biograf&iacute;a personal de hambre voluntaria. <strong>Tiene 46 a&ntilde;os y es, entre muchas otras cosas, contadora y anor&eacute;xica en recuperaci&oacute;n</strong>. Su abordaje a la enfermedad no es crudo ni escabroso. Cuenta la anorexia&nbsp;de a poco, en piezas dispersas y fragmentadas con las que va armando una pel&iacute;cula personal. <strong>Ella (la narradora) se escapa del lugar com&uacute;n</strong> No quiere ser modelo, no hay seguidilla de atracones ni de v&oacute;mitos; tampoco autoflagelaci&oacute;n o dietas o pastillas para adelgazar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En una sociedad en la que la comida es un punto de encuentro y un modo de amar, Luciana decidi&oacute; dejar de comer. </strong>El disparador es impreciso: quiz&aacute;s por un comentario que le hicieron, quiz&aacute;s fue una muerte o un amor imposible. Todo eso o nada de eso. Fue una forma de blindaje, de clausura. Una transformaci&oacute;n difusa pero evidente. <strong>La cuesti&oacute;n es que entre los 14 y los 20 a&ntilde;os se priv&oacute; del alimento</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La anorexia es parte de mi identidad y aun as&iacute; sigo sin saberlo.</strong> Me gustar&iacute;a que mis respuestas sean m&aacute;s claras, pero es dif&iacute;cil de explicar. Empec&eacute; ingenuamente y termin&eacute; metida. Y eso tarda cero tiempo, eh. Muy poco. Es cuesti&oacute;n de meses. Se convirti&oacute; en todo mi universo cuando <strong>yo era muy chica, un</strong><em><strong> work in progress </strong></em><strong>de ser humano</strong>. Ten&iacute;a mucha curiosidad, me interesaban muchas cosas, quer&iacute;a estudiar mil carreras, dibujar, escribir. Y hay algo de eso, creo. Empezaba a entender que iba a salir al mundo y que el mundo es inabarcable, incontenible.<strong> La clausura era una forma de protegerme</strong> del miedo que me generaba, que es imposible de prever. Hay algo ah&iacute; de &ldquo;intentar contener&rdquo; que es muy desbordante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Luciana Cáncer.                            </span>
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        <strong>&iquest;C&oacute;mo es tener hambre por decisi&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una sensaci&oacute;n de vac&iacute;o permanente. Como si tuvieras a un beb&eacute; adentro de la panza pate&aacute;ndote. <strong>A m&iacute; el hambre me hac&iacute;a sentir poderosa porque &ldquo;yo me la bancaba&rdquo;</strong>. Y me fue tomando por completo. En una enfermedad as&iacute;, tu personalidad deja de existir. Dej&aacute;s de reconocerte. Lo &uacute;nico que me importaba era sostener el hambre. Era mi obsesi&oacute;n, un suplicio, hasta en un momento no pude m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es una tarde de martes y el oto&ntilde;o est&aacute; en todos lados. En la caricia del sol que se cuela entre los edificios de Recoleta y en el caf&eacute; con leche que se enfr&iacute;a como si estuviese apurado. <strong>Luciana habla de su historia con cuidado</strong>. Empez&oacute; a escribirla en el taller literario de Natalia Rozenblum, al que asisti&oacute; entre 2009 y 2012. Era un di&aacute;logo encriptado entre &ldquo;L&rdquo;, de Luciana, y &ldquo;A&rdquo;, de anorexia. Fue tomando forma a&ntilde;os despu&eacute;s en otro taller, el de Santiago Llach. Hasta que lo recibi&oacute; Magal&iacute; Etchebarne, editora de Ediciones B. Entonces ese conjunto de peque&ntilde;os textos se titul&oacute; Un lugar guardado para algo.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A mí el hambre me hacía sentir poderosa porque “yo me la bancaba”.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Luciana Cáncer.</span>
                                        <span>—</span> Escritora.
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La autoficci&oacute;n transcurre, sobre todo, entre Lobos, su lugar de crianza, y Buenos Aires</strong>, la ciudad a la que se mud&oacute; a los 18 a&ntilde;os para estudiar la carrera de Sistemas. El desarrollo f&iacute;sico de Luciana se hab&iacute;a detenido: no menstruaba, ten&iacute;a las caderas angostas. Tampoco pod&iacute;a armar v&iacute;nculos, ni amistosos ni de los otros. No ten&iacute;a planes, ni ganas de planear. <strong>Luciana era un cuerpo de 45 kilos distribuidos en casi un metro ochenta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Buenos Aires compart&iacute;a departamento con dos estudiantes, como ella, que iban a la facultad pero en horarios diferentes. Para ese entonces,<strong> Luciana se hab&iacute;a convertido en un as del enga&ntilde;o</strong>. Tomaba, por ejemplo, una porci&oacute;n de tarta de las que enviaba su madre en tuppers y montaba una escena. Apoyaba sobre el plato la porci&oacute;n y se ocupaba de dejar un resto, una huella de comida. Pasaba el cuchillo y el tenedor, como para mancharlos un poco. <strong>Sin probar bocado, la tarta terminaba en el incinerador del edificio, y los cubiertos y el plato en la bacha</strong>. Evitaba lavarlos para que las chicas con las que conviv&iacute;a pensaran que ya hab&iacute;a cenado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dec&iacute;as que en un momento no pudiste m&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando dejo la facultad es el momento en que peor estoy. Ah&iacute; admito la enfermedad. Basta de &ldquo;ya com&iacute;&rdquo;, era insostenible. Porque me hac&iacute;a sentir muy mal. <strong>Yo era, soy, buena: buena persona, buena hija, buena compa&ntilde;era. Y me estaba convirtiendo en alguien que no me gustaba</strong>. Si segu&iacute;a mintiendo con la excusa de que solo ment&iacute;a en esta &aacute;rea, la de la comida, bueno, se iba a expandir. Iba a ser una mentirosa en todos los &oacute;rdenes de la vida. Y dije, no. Honestidad, conmigo y con los dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Luciana Cáncer.                            </span>
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        <strong>&iquest;Fue una autoimposici&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y&hellip; yo no quer&iacute;a. <strong>No quer&iacute;a dejar de ser esa persona porque tampoco pod&iacute;a sostener la sensaci&oacute;n de comer y tener el cuerpo lleno</strong>. A veces dec&iacute;a: bueno, el lunes empiezo a comer para que mi mam&aacute; no se preocupe. Y eran d&iacute;as de sentirme peor que como estaba antes de hacerme esa promesa. Lo cierto es que yo estaba en suspenso. Cuando dej&eacute; la facultad, me busqu&eacute; un trabajo porque de eso depend&iacute;a quedarme en Buenos Aires. Y ah&iacute; <strong>el cuerpo me salv&oacute;, mi cuerpo empez&oacute; a registrar que ten&iacute;a que comer</strong>. Yo me enojaba porque no quer&iacute;a. Sent&iacute;a que mi voluntad ya no era suficiente, que mi cuerpo no me hac&iacute;a caso. Pero fue m&aacute;s fuerte que la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; se habla poco de anorexia o siempre se la encara desde el mismo lugar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque est&aacute; relacionada con la muerte, por ignorancia. Tampoco est&aacute; instalado como tema de salud.&nbsp; Por miedo, porque est&aacute; frivolizada y porque muchas mujeres no la asumen. <strong>&iquest;Cu&aacute;ntas veces viste a una persona asumir p&uacute;blicamente que tiene este problema? Pocas, pero te puedo asegurar que hay miles.</strong> O sea, no ten&eacute;s que llegar a pesar 30 kilos, ni terminar internada en una cl&iacute;nica. Hay mujeres a las que ves y te das cuenta: muchas mujeres, algunas muy p&uacute;blicas, sostienen a lo largo del tiempo esa flacura...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo es hoy tu relaci&oacute;n con la comida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil. Va a ser as&iacute; siempre. Pero la acepto m&aacute;s. Como m&aacute;s. M&aacute;s que antes. Pero siempre acotado. Decido yo la cantidad. Me cuesta comer en p&uacute;blico. Si me siento c&oacute;moda puedo hacerlo, sino prefiero comer sola. Si alg&uacute;n d&iacute;a como m&aacute;s, siento culpa. Pero ya s&eacute; lidiar con eso. No podr&iacute;a no ser as&iacute;. Soy <em>con</em> esto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Luciana Cáncer.                            </span>
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        Cuando Luciana abandon&oacute; la carrera de Sistemas, busc&oacute; trabajo y un terapeuta. Muy de a poco, a su ritmo, empez&oacute; a desenredarse. Con el tiempo fue sembrando en su tierra arrasada. Termin&oacute; de escribir su libro en 2018. La salida se posterg&oacute; por la pandemia y ella decidi&oacute; volver a Lobos, a la casa materna, a ese pueblo donde empez&oacute; todo. &ldquo;<strong>Me interesa vivir cada vez mejor</strong>. Y por suerte, eso sucede porque estuve tan mal siendo tan joven que ahora todo es para arriba. <strong>Voy hacia lo luminoso</strong>&rdquo;, dice. Por lo pronto sale en bicicleta a pedalear por Lobos y toma notas de ese escenario familiar. La diferencia es que mira con ojos nuevos.
    </p><p class="article-text">
        Le pregunto si encontr&oacute; alguna relaci&oacute;n entre su trabajo como contadora, que puede hacer a distancia, y su oficio de narradora. La respuesta, sin embargo, toma otro rumbo: &ldquo;<strong>A m&iacute; me encantan los n&uacute;meros. De hecho, me hubiera dedicado a ser licenciada en matem&aacute;tica. Pero bueno, tambi&eacute;n ten&iacute;a que comer&hellip; Que vivir, digo</strong>&rdquo;. Notamos el fallido, abrimos los ojos: nos re&iacute;mos. Luciana completa: <strong>&ldquo;&iquest;Ves c&oacute;mo es? Vivir, comer...&rdquo;.</strong> Y parece que s&iacute;, que va hacia lo luminoso. 
    </p><p class="article-text">
        <em>VDM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria De Masi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 May 2021 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luciana Cáncer, escritora: "No se habla de anorexia por miedo y porque muchas mujeres no la asumen"]]></media:title>
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