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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Kike Ferrari]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/kike-ferrari/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Kike Ferrari]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Kike Ferrari: “En general hay poca presencia de la clase trabajadora en la literatura argentina”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/kike-ferrari-general-hay-presencia-clase-trabajadora-literatura-argentina_1_12194074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc5d3068-e2e6-44c4-9e04-6d40577e48bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1114991.jpg" width="1354" height="762" alt="Kike Ferrari: “En general hay poca presencia de la clase trabajadora en la literatura argentina”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor acaba de publicar la novela “Si estás leyendo esto”, una historia deslumbrante que se teje alrededor de un revólver con el que Jorge Luis Borges habría intentado quitarse la vida. La influencia de Ricardo Piglia, el trabajo y por qué piensa que a veces el ambiente literario se reduce a “la aldea de los Pitufos”.</p></div><p class="article-text">
        En una de sus tantas versiones, a mediados de la d&eacute;cada del &lsquo;30, <strong>se supone que Jorge Luis Borges tuvo alg&uacute;n tipo de decepci&oacute;n sentimental que lo llev&oacute; a comprarse un libro, una botella de ginebra y un arma.</strong> Con esos elementos tan improbables como contundentes, el autor de <em>Ficciones</em> se habr&iacute;a encerrado en un cuarto de hotel con la intenci&oacute;n de quitarse la vida. De esa sucesi&oacute;n de escenas que aparecen en el libro <em>Borges. Esplendor y derrota</em>, de <strong>Mar&iacute;a Esther V&aacute;zquez</strong>, pero tambi&eacute;n de todos esos ecos que el propio Borges se encarg&oacute; de hacer circular, se sirvi&oacute; el escritor <strong>Kike Ferrari</strong> para armar su reciente y encantadora novela <em>Si est&aacute;s leyendo esto</em> (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2025).
    </p><p class="article-text">
        En plan novela de aventuras <em>noir</em>, el libro sigue la deriva de ese objeto que presumiblemente le perteneci&oacute; a Borges a lo largo de las d&eacute;cadas y, con &eacute;l, a lo largo de algunos hitos de las letras rioplatenses. <strong>La historia la intentan reconstruir Adri&aacute;n y Paula, dos trabajadores de la Biblioteca Nacional </strong>que a la vez van detr&aacute;s del arma de la mano de un d&uacute;o de investigadores privados.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que el relato se ve plagado de notas al pie. <strong>Es que, para contar las peripecias del rev&oacute;lver y las b&uacute;squedas de Adri&aacute;n y Paula, Ferrari toma prestada una serie de personajes secundarios que aparecen en libros de otros y otras</strong> (de <strong>Juana Manuela Gorriti</strong> a <strong>Liliana Heker o Samanta Schweblin</strong>, de <strong>Jos&eacute; M&aacute;rmol</strong> a <strong>Washington Cucurto o Ricardo Piglia</strong>). As&iacute;, cada escena, cada momento que se va contando se ve tramado a partir de ficciones bien diversas: aparecen personajes y estilos de escritores pioneros, de consagrados, de marginales, de cl&aacute;sicos del pasado y de promesas del futuro que se revelan <strong>a partir de m&aacute;s de 400 llamadas al pie que integran el libro</strong>.&nbsp;
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                &quot;Si estás leyendo esto&quot;, el nuevo libro del escritor argentino Kike Ferrari.                            </span>
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        Entre el artefacto literario y la invitaci&oacute;n l&uacute;dica, <em>Si est&aacute;s leyendo esto</em> es una novela impactante que da cuenta del trabajo de un escritor pero, sobre todo, de un lector incansable y desprejuiciado.&nbsp;Autor de una decena de libros, premiado internacionalmente, destacado en la escena local y distinguido esta semana por su labor en la Legislatura Porte&ntilde;a, <strong>Ferrari se anim&oacute; a contar esta historia a veces con temor, a veces exaltado por las infinitas posibilidades que un experimento de este tipo le ofrec&iacute;a</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En la presentaci&oacute;n de </strong><em><strong>Si est&aacute;s leyendo esto</strong></em><strong> Juan Mattio destac&oacute; que, a diferencia de otras novelas donde estamos acostumbrados a ver que hay algunos personajes que son los protagonistas, ac&aacute; lo que vemos es que ese rol lo ocupa un objeto. Y en este caso no es cualquier objeto, es un arma con la que Borges quiso o habr&iacute;a querido suicidarse. &iquest;Cu&aacute;ndo empezaste a pensar en ese objeto?&nbsp;</strong>
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        &ndash; Siempre es dif&iacute;cil esto del germen de los textos. Pero ac&aacute; s&eacute; que arranca por Borges la novela.&nbsp;Yo no sab&iacute;a del intento de suicidio de Borges y en alg&uacute;n momento lo leo en alg&uacute;n libro.<strong> No me acuerdo ahora cu&aacute;l y siempre es dif&iacute;cil de chequear porque &iquest;viste que el &uacute;nico bi&oacute;grafo de Borges es Borges? (risas).</strong> Borges nos cuenta las cosas que pasaron en su vida y nosotros le creemos o no le creemos. No s&eacute; qu&eacute; har&iacute;amos con algo como un posible intento de suicidio, que es un evento totalmente privado. Pero el tipo cuenta y cuenta, cambia de lugar las cosas, lanza miles de versiones. Es como si Borges hubiera hecho con su biograf&iacute;a una novela de (Juan Carlos) Onetti, &iquest;viste? Una cosa toda llena de versiones distintas. <strong>Entonces en alg&uacute;n momento voy a chequear y encuentro m&uacute;ltiples versiones, veo que esto fue en el &lsquo;35 y empiezo a pensar en el arma. Digo &ldquo;mir&aacute; si alguien encontrara el fierro&rdquo;. Me preguntaba qu&eacute; pasar&iacute;a o&nbsp; c&oacute;mo se juega la literatura argentina a partir de ah&iacute;.</strong> En una primera instancia pens&eacute; en hacer algo cortito con seis cap&iacute;tulos y seis autores. Algo as&iacute; como un cuento largo policial. Hasta que encuentro un libro de Marta Lynch en el cual ella tiene un 38 tambi&eacute;n. A partir de ah&iacute; se me agranda el espectro. Entonces imagino esta novela, con algunos personajes secundarios de la literatura argentina. <strong>Hasta que la escritura misma me va llevando a complejizar hasta llegar a lo que ves hoy. </strong>Lo de los objetos ya lo hab&iacute;a trabajado en una novela anterior que se llama <em>Todos nosotros</em> que tiene montones de voces. Ah&iacute; no son tantos personajes como en &eacute;sta, pero s&iacute; hay muchas voces. Y hay tres cap&iacute;tulos que est&aacute;n narrados en primera persona por objetos. Hay un cap&iacute;tulo narrado por una m&aacute;quina del tiempo. Hay un cap&iacute;tulo narrado por un rev&oacute;lver. Y hay un cap&iacute;tulo narrado por un libro.<strong> Entonces la idea del lenguaje mudo de los objetos estaba ya latente. En este caso el objeto pasa a ser la literatura argentina. Es un rev&oacute;lver hasta que lo agarra Borges y entonces se transforma en otra cosa.</strong>
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DH_Oa7iRKTy/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>&ndash; La novela tiene una ambici&oacute;n formal y tambi&eacute;n desde lo que se cuenta. Abord&aacute;s la figura de Borges, pero tambi&eacute;n las de la Biblioteca Nacional y la de Ricardo Piglia. Y lo hac&eacute;s desde un g&eacute;nero popular. &iquest;Te lo planteaste as&iacute; de entrada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Hay varios debates que a m&iacute; me interesan, lo que pasa es que yo siempre soterro todo con la ficci&oacute;n porque no soy ensayista o soy m&aacute;s bien torpe para darle curso a algunas ideas. Pienso mejor cuando estoy adentro de la ficci&oacute;n. Una cosa que me interesa es el debate con la idea que Borges propone en su famoso texto <em>El escritor argentino y la tradici&oacute;n</em>. &Eacute;l dice algo as&iacute; como &ldquo; bueno, en las literaturas de los m&aacute;rgenes, como no tenemos tradici&oacute;n podemos asumir todas las tradiciones&rdquo;. <strong>Pero yo creo que esa discusi&oacute;n est&aacute; perimida o, en todo caso, eso funciona hasta &eacute;l. Una literatura que tiene a alguien con el peso de Borges en la literatura mundial del siglo XX, tiene tradici&oacute;n 50 a&ntilde;os despu&eacute;s.</strong> Es alguien como Faulkner, Joyce, Kafka, alguien que entonces te obliga a tener una tradici&oacute;n. De otra forma ser&iacute;a imposible, salvo que estemos en un pa&iacute;s en el que nadie lea ni escriba. Esta es una de las ideas. La otra es que hay una cosa que se repite mucho alrededor de los g&eacute;neros populares, esto que se supone que son menores o supuestamente bastardeados por la alta literatura y dem&aacute;s. Yo creo en realidad que ese esquema funciona en casi todos lados, pero no ac&aacute;. Yo creo que en la Argentina, producto principalmente de Borges que es un hombre de los g&eacute;neros populares, no pas&oacute; eso. Es como una carga que nos ponemos solos. Porque en realidad casi todos los grandes escritores de este pa&iacute;s escribieron g&eacute;nero. <strong>La tradici&oacute;n argentina de la literatura es una literatura de la violencia pol&iacute;tica. Hecha de la violencia social desde el inicio, de hecho, y de los cruces gen&eacute;ricos. Nadie sabe qu&eacute; es </strong><em><strong>Facundo</strong></em><strong>. En la parte de atr&aacute;s de </strong><em><strong>Si est&aacute;s leyendo esto </strong></em><strong>tengo puesto a qu&eacute; g&eacute;nero pertenece cada libro que cito y en </strong><em><strong>Facundo</strong></em><strong> dice &ldquo;monstruo&rdquo; porque nadie sabe, pasaron 180 a&ntilde;os y nadie sabe qu&eacute; es.</strong> O <em>El matadero</em>, m&aacute;s literatura de la violencia pol&iacute;tica al mil por ciento. O el <em>Mart&iacute;n Fierro</em>. Entonces creo que es muy raro que se diga que la literatura rechaza los g&eacute;neros populares en un pa&iacute;s que nace con esa tradici&oacute;n literaria, que se construye alrededor de Borges y sus amigos que escriben policial, ciencia ficci&oacute;n o fant&aacute;stico. El pa&iacute;s de (Julio) Cort&aacute;zar, con todo lo que a m&iacute; no me interesa, pero que tambi&eacute;n es un hombre de los g&eacute;neros. Un pa&iacute;s que en las generaciones posteriores tiene a Piglia, a (Abelardo) Castillo, (Liliana) Heker. La nuestra es una literatura hecha de g&eacute;neros. Entonces, siendo yo un hombre criado en los g&eacute;neros populares, me pareci&oacute; que la aproximaci&oacute;n a esta historia ten&iacute;a que ir por ese lado. Ver c&oacute;mo la gran literatura argentina, es decir Borges y todo lo dem&aacute;s, se relacionan, orbitan y tensionan con los g&eacute;neros populares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En este sentido el punto de partida es el arma que no mat&oacute; a Borges para pensar en todo lo que vino despu&eacute;s. &iquest;C&oacute;mo fuiste cruzando todo este entramado de autores y autoras? Son much&iacute;simos y de rubros muy distintos, porque tambi&eacute;n aparece la televisi&oacute;n, por ejemplo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; El grueso de los materiales literarios yo ya los hab&iacute;a le&iacute;do. Tuve que volver porque me gustaba hacer un trabajo muy fino para ver qu&eacute; personaje serv&iacute;a en cada &eacute;poca. Tuve que volver a leer casi todo. Fue un proceso largo para lo que yo tardo generalmente en escribir. Fueron tres a&ntilde;os de escritura y lectura continua. Y de muchas horas por d&iacute;a. Estuve largos per&iacute;odos estos tres a&ntilde;os monotem&aacute;tico. <strong>Dif&iacute;cil supongo para mi entorno (risas), pero no para m&iacute; que la pas&eacute; bomba. En alg&uacute;n momento igual esto se volvi&oacute; aterrador porque yo nunca estuve seguro hasta muy, muy el final, si iba a poder terminarlo.</strong> Es que era muy grande lo que estaba intentando. Yo sent&iacute;a que quiz&aacute;s estaba un pel&iacute;n por encima de mis posibilidades como narrador. Encima el sistema de citas no terminaba de cerrarse nunca, se expand&iacute;a, se expand&iacute;a y se expand&iacute;a. Sab&iacute;a que ten&iacute;a un mapa m&aacute;s o menos armado en la cabeza pero en un momento me quedaban un mont&oacute;n de l&iacute;neas abiertas que no estaba seguro de que las fuera a poder cerrar. Cuando vos llev&aacute;s dos a&ntilde;os metido ah&iacute;, cuando de verdad te despert&aacute;s a las tres de la ma&ntilde;ana para tomar apuntes, pensar que quiz&aacute;s no lleg&aacute;s destino es un poco aterrador.
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&nbsp;&iquest;Cu&aacute;l era tu v&iacute;nculo con Borges antes de este libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Es un v&iacute;nculo que no para de modificarse y de crecer, me parece. Yo creo que con este libro vine a cerrar a Borges por un tiempo. Le dedico un libro a uno de mis amores y despu&eacute;s paso a otra cosa (risas). En <em>Todos nosotros</em> estuve dos a&ntilde;os metido con Trotski, despu&eacute;s lo dej&eacute;.<strong> En mi primera juventud tuve momentos anti borgeanos, es el momento pre Borges de la vida, cuando no lo le&eacute;s. En mi imaginario de ese momento Borges era el </strong><em><strong>Grandes valores del tango </strong></em><strong>de la literatura </strong>(risas), No lo entend&eacute;s o no la ves. Hasta que viene una lectura y te llega. Cuando encontr&aacute;s el sentido del humor del tipo todo empieza a tener un color distinto. Y despu&eacute;s, cuando empec&eacute; a escribir, tambi&eacute;n empieza el momento de buscar los procedimientos, las herramientas. Y ah&iacute; se te hace inmenso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Y con Piglia? El libro est&aacute; dedicado a Emilio Renzi y a los trabajadores de la Biblioteca Nacional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Piglia es, entre much&iacute;simas otras cosas, el hombre que me hizo leer a Borges de una manera distinta. Hay un tono de lectura que es de &eacute;l. Lo hizo con Borges y lo hizo con montones de cosas: es el que a varios nos hizo leer distinto. Para m&iacute; &eacute;l fue una l&aacute;mpara distinta para leer en general.<strong> Yo lo digo todo el tiempo, nos tendr&iacute;amos que levantar todos los d&iacute;as una hora antes para dar gracias por haber tenido entre nosotros a esa cabeza deslumbrante. Adem&aacute;s Piglia era un tipo generoso. </strong>Yo tuve la suerte de cruz&aacute;rmelo, e incluso con los que venimos de la academia ni hemos sido sus alumnos, siempre ha sido generos&iacute;simo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Adem&aacute;s del arma que dec&iacute;amos, el libro tiene en el centro a dos personas que trabajan en la Biblioteca Nacional como investigadores. No son exactamente escritores, aunque su trabajo claro que tiene mucho que ver con la literatura. Suele ser un poco conflictiva la idea del trabajo y la literatura o a veces se arman falsas dicotom&iacute;as con esto, de hecho a vos mismo se te ha presentado como &ldquo;el escritor que trabaja en el subterr&aacute;neo&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo lo pens&aacute;s vos?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Me pasan varias cosas. A m&iacute; en general me interesa en todos los libros, en todos los textos, en todos los cuentos largos darnos el lugar a los y las trabajadoras. En general hay poca presencia de la clase trabajadora en la literatura argentina. Y cuando hay, suele pasar que nos la dan otros. Esto no es tremendamente importante, yo creo que cualquiera puede escribir la voz de otro, no soy un fan&aacute;tico de que cada uno tenga que escribir sobre s&iacute; mismo si no la ficci&oacute;n ser&iacute;a in&uacute;til. Pero s&iacute; me parece importante que de vez en cuando nosotros tomemos la palabra. Entonces en todos mis textos en alg&uacute;n momento la clase trabajadora toma la palabra. <strong>En este libro, despu&eacute;s del rev&oacute;lver, aparecen estos personajes que trabajan en la Biblioteca Nacional. Sobre el subte: se arm&oacute; hace unos a&ntilde;os un personaje p&uacute;blico alrededor m&iacute;o porque los medios descubrieron que yo barro el piso adem&aacute;s de escribir libros</strong> (risas). Y yo estoy muy agradecido de que esto haya pasado porque me permiti&oacute; ponerme en un lugar en la literatura. Lo digo siempre; la literatura es como la aldea de los Pitufos, somos todos unos enanitos azules con gorro blanco hasta que alguien te da una funci&oacute;n. <strong>Qu&eacute; s&eacute; yo, Gaby Cabez&oacute;n C&aacute;mara era pitufo </strong><em><strong>queer</strong></em><strong> y Leo Oyola era pitufo Conurbano. &iexcl;Y a m&iacute; me toc&oacute; Pitufo prole! </strong>(risas). De los pitufos que me pod&iacute;an tocar, est&aacute; bueno ese porque me permite repetir cada vez que puedo que la clase trabajadora no es nada m&aacute;s consumidora de cultura. La clase trabajadora es productora de cultura, porque esto es un trabajo. Escribir es un trabajo. Eso va tomando formas distintas, algunos lo hacen en el periodismo o en los medios. A veces aparece una idea muy rom&aacute;ntica de la literatura y a m&iacute; me gusta discutir eso. <strong>Me pareci&oacute; que estos personajes me permit&iacute;an sintetizar ideas. Son laburantes. Son laburantes inmersos en la literatura y tambi&eacute;n dentro del mundo del trabajo</strong>. 
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                Kike Ferrari nació en Buenos Aires, en 1972.                            </span>
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        <strong>&ndash; En Argentina al menos es dif&iacute;cil que los escritores y las escritoras vivan de lo que escriben. &iquest;C&oacute;mo es tu caso?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Por un lado, yo hace mucho tiempo que no publico sin guita, si no me dan un adelanto como suelen hacerlo las editoriales. Como no hay un certificado de escritor ni nada, lo que a m&iacute; me puede validar como escritor, o lo que me valida cada vez, es que alguien est&eacute; dispuesto a arriesgar su dinero en algo m&iacute;o. <strong>Eso es en este aspecto lo que hace que yo siga siendo escritor. Pero yo no creo que cualquiera que se siente y escriba sea un escritor. No creo en eso, creo que esto es un oficio y que en todo caso hay distintos momentos en este oficio.</strong> Igual que a nadie se le ocurrir&iacute;a decir que porque va a jugar al f&uacute;tbol 5 con tus amigos es futbolista o si haces un asado sos chef, a nadie deber&iacute;a ocurr&iacute;rsele que porque escribas un diario &iacute;ntimo sos escritor. Igual siempre es dif&iacute;cil pensarlo, no s&eacute; exactamente qu&eacute; define a un escritor. S&eacute; qu&eacute; cosas no. Me pasa eso: una de las formas con las que yo valido mis textos es cuando alguien pone plata por ellos. Entonces yo cobro por mi laburo escrito. Ahora, eso que cobro no me alcanza para nada. A m&iacute; me tom&oacute; tres a&ntilde;os escribir esta novela. <strong>Por el adelanto de la novela, que es el 10% de 1.000 ejemplares, por ah&iacute; te dan dos millones de pesos. Es todo un tema. De todas maneras tampoco me interesa culpar al mercado. </strong>Quiero decir: no hay forma de que en el mercado editorial actual, por lo menos para mi tama&ntilde;o de escritor, yo viva exclusivamente de la literatura. Yo tengo con much&iacute;sima suerte 2 mil o 3 mil lectores por libro. Bueno, si agarr&aacute;s esos 3 mil lectores, el 10% del precio de tapa que es lo que se le paga a un escritor, son 6 palos. No s&eacute; bien c&oacute;mo se resuelve ni de qui&eacute;n es la culpa. Si vos vend&eacute;s centenares de miles de libros alrededor del mundo ah&iacute; s&iacute; viv&iacute;s de regal&iacute;as. Si no, no pod&eacute;s porque no hay c&oacute;mo. <strong>La plata para comer todos los d&iacute;as me la da el subte</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Y las actividades laterales como los talleres, las charlas, la correcci&oacute;n de textos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Eso se da un mont&oacute;n, tengo montones de compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras que viven de eso. <strong>Pero por una elecci&oacute;n personal m&iacute;a, prefiero que mi fuente central de ingresos est&eacute; lejos de la literatura.</strong> Siento que si me voy a pasar un d&iacute;a corrigiendo novelas o preparando talleres, cuando llego a mi libro, llego agotado y sin ganas de escribir. O con ganas de hacer otra cosa. De vez en cuando agarro alguna changuita, corrijo una novela, o doy un taller muy puntual. Ahora tengo ganas de armar uno de Onetti, dos encuentros, o tres. Pero no lo hago permanentemente porque si no no puedo escribir.&nbsp;
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                    alt="&quot;Que de lejos parecen moscas&quot;, otro de los libros de Kike Ferrari."
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                &quot;Que de lejos parecen moscas&quot;, otro de los libros de Kike Ferrari.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Antes habl&aacute;bamos de la falsa dicotom&iacute;a entre trabajar y escribir y tambi&eacute;n existe una especie de lugar com&uacute;n del escritor, por decirlo r&aacute;pido, un poco alejado, que no tiene muy encima lo que pasa en su pa&iacute;s o que no mira la tele.</strong> <strong>Incluso algunos de los que cit&aacute;s en tu libro podr&iacute;an llegar a dar esa d&iacute;a, del que escribe como alguien aislado. &iquest;Qu&eacute; te pasa a vos con esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Yo por supuesto no vivo ah&iacute;, en esta idea de la torre de marfil. No vivo ah&iacute; en tanto ciudadano, en tanto miembro de mi clase. Pero tampoco como escritor. Lo que no creo es que la literatura pueda dar respuestas inmediatas a lo que estamos viviendo. Me parece que la literatura trabaja con otros tiempos. Para intentar dar respuesta a la coyuntura inmediata por ah&iacute; escribo para el sindicato, por ah&iacute; armo alguna&nbsp; nota. Pero en ese caso mis intervenciones est&aacute;n por fuera de la ficci&oacute;n. Ahora, como persona que vive ac&aacute; y ahora, estoy asqueado en primera instancia. <strong>Toda mi vida adulta, o mejor dicho toda mi vida consciente, viv&iacute; en un mundo que odio. Odio el mundo en el que me toc&oacute; vivir. Odio la forma en la que la sociedad est&aacute; organizada. Siempre fue as&iacute;.</strong> Descubr&iacute; a Marx muy temprano y hasta ahora nadie me ha tra&iacute;do una hip&oacute;tesis de mundo que sea m&aacute;s clara que la que &eacute;l me propuso hace muchos a&ntilde;os. Entonces el cristal por el que yo veo el mundo es el cristal del plusvalor y el trabajo alienado. Lo veo as&iacute;. Lo que pasa es que siempre lo odi&eacute; pero lo entend&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Te quedaban algunas claves de lectura.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Exacto, yo entend&iacute;a el mundo. Bueno, el mundo es una mierda y est&aacute; organizado de esta manera y m&aacute;s o menos esto es lo que pasa. No es que siempre acert&aacute;s con lo que va a pasar porque Marx no es un or&aacute;culo y adem&aacute;s yo no soy un marxista profundo. Dif&iacute;cil ser&iacute;a que pudiera prever qu&eacute; se ven&iacute;a con la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n, &iquest;no? De hecho la vi pasar, yo militaba en el trotskismo cuando cay&oacute; el Muro de Berl&iacute;n y ah&iacute; la bola de cristal medio que no funcion&oacute;. Pero incluso ah&iacute;, aunque me cayeron en la cabeza los ladrillos como tres o cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, yo pod&iacute;a entender alguna cosa. Ahora la verdad es que no entiendo lo que pasa. No entiendo c&oacute;mo sucede la pol&iacute;tica. No entiendo en d&oacute;nde se acuerda, c&oacute;mo hay que jugarla.<strong> No s&eacute; qu&eacute; cosas de las que us&aacute;bamos y sab&iacute;amos sirven y qu&eacute; cosas no. Y es aterrador porque uno tiende a pensar &ldquo;bueno, lo que venimos haciendo no sirve, hay que pensar otra cosa&rdquo;. </strong>Pero en ese tirar a la mierda vamos a tirar a la mierda las herramientas que s&iacute; sirven. Es muy dif&iacute;cil tener que descubrir qu&eacute; es lo que est&aacute; siendo &uacute;til y qu&eacute; no. A la vez pienso que esto va a terminar tambi&eacute;n. La sensaci&oacute;n que tengo es que no podemos ir a un lugar peor ahora mismo. No se me ocurre. Puede ser porque ya est&aacute; muy raro el mundo, pero no se me ocurre una instancia m&aacute;s hostil. De todas maneras, la verdad es que no s&eacute; c&oacute;mo ni por d&oacute;nde salimos.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/kike-ferrari-general-hay-presencia-clase-trabajadora-literatura-argentina_1_12194074.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Apr 2025 03:19:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Kike Ferrari: “En general hay poca presencia de la clase trabajadora en la literatura argentina”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Kike Ferrari,Libros,Literatura argentina,Jorge Luis Borges,Ricardo Piglia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Kike Ferrari, escritor: “La literatura es un trabajo. Es como que estoy trabajando en el subte”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/kike-ferrari-escritor-literatura-trabajo-trabajando-subte_128_8025842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de063131-a9ec-4bba-bec9-0bc84bf2eb75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Kike Ferrari, escritor: “La literatura es un trabajo. Es como que estoy trabajando en el subte”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Autor prolífico de policiales, se define en broma como un “escritor proletario” porque trabaja en la Línea B. Asegura que cuando escribe hay detrás una preconfiguración de la sociedad que imagina. “Es laburo, pero no uno alineando”, dice, porque hace algo que es suyo.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cambiamos de escenario&rdquo;, dice y se r&iacute;e del otro lado de la pantalla, enfocado (ahora) por su celular. &ldquo;As&iacute; empiezo a activar la comida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Son las 8.30 de la noche de un viernes fr&iacute;o de fines de mayo. Kike Ferrari tiene puesta una remera sin mangas que deja ver los tatuajes en sus brazos, eso &mdash;junto con su peinado en cresta&mdash; le dan un aspecto punk. La barba de unos d&iacute;as lo hace parecer m&aacute;s &aacute;spero. Detr&aacute;s suyo se ve a su hija &mdash;la mayor de tres, que completan dos ni&ntilde;os&mdash; sentada en una mesa repleta de libros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a antes, cuando hablamos por WhatsApp para coordinar la entrevista, Kike me dec&iacute;a: &ldquo;Voy a estar con los pibes pero lo hacemos, aunque por ah&iacute; tengamos interrupciones&rdquo;. As&iacute; que ac&aacute; estamos, charlando en un Zoom que a veces se corta por la mala conexi&oacute;n y otras porque alguno de sus hijos lo llama.
    </p><p class="article-text">
        	&mdash;P&aacute;&hellip; &mdash;se escucha de fondo. Kike mira para un costado y pide un minuto.
    </p><p class="article-text">
        	&mdash;S&iacute;, hijo.
    </p><p class="article-text">
        	&mdash;Te quiero.
    </p><p class="article-text">
        	&mdash;Yo tambi&eacute;n te quiero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Kike Ferrari tiene 49 a&ntilde;os y hace 15 que es escritor. Un narrador que le dio un </strong><em><strong>refresh </strong></em><strong>al g&eacute;nero policial en espa&ntilde;ol. Un autor prol&iacute;fico, premiado y reconocido tanto en Argentina como en el exterior.</strong> A la sombra del brillo de las letras Kike tiene una vida en otro plano: <strong>hace siete a&ntilde;os trabaja en la L&iacute;nea B del Subte de Buenos Aires</strong>. Pero ha tenido m&uacute;ltiples trabajos desde su adolescencia: en una panader&iacute;a, fue fletero, vendi&oacute; seguros, computadoras, tel&eacute;fonos, fue mozo, carg&oacute; paragolpes en un taller y atendi&oacute; un call center. Dice que su biograf&iacute;a no es interesante, por eso prefiere hablar de literatura, autores y escritura. No de su perfil de &ldquo;escritor proletario&rdquo;, como le gusta bromear. Por eso nuestra primera conversaci&oacute;n, un d&iacute;as antes de este Zoom por la noche con sus hijos rondado por la casa, fue sobre intereses literarios y procesos de escritura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A Kike le gustan historias de los autores</strong>. Sus bios. De Ernest Hemingway dice que le atrae el lado de tipo com&uacute;n, el que escrib&iacute;a de parado y era un obsesivo de los procesos de reescritura. No le importa la &eacute;pica de su entrada a la Par&iacute;s intelectual de los 30 o sus viajes por la sabana africana, menos su costado de escritor ebrio. De Charles Bukowski admira lo llano de su lenguaje. Le gusta, adem&aacute;s, que Bukowski era un tipo que viv&iacute;a de trabajos manuales y precarios, que la literatura le dio plata pasados sus 50. Tambi&eacute;n, Kike descree del m&eacute;todo de Juan Onetti &mdash;la inspiraci&oacute;n como pulsi&oacute;n creativa&mdash;. Cita mucho a Ricardo Piglia, con admiraci&oacute;n en la voz. En el perfil de &ldquo;escritor maldito&rdquo; no encuentra nada nuevo ni particular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese magnetismo por la vida de los autores tiene su gestaci&oacute;n cuando el peque&ntilde;o Enrique de 8 a&ntilde;os ley&oacute; <em>Sandok&aacute;n</em>. La historia, que ven&iacute;a en una edici&oacute;n tapa dura y con ilustraciones, ten&iacute;a, adem&aacute;s, la biograf&iacute;a de su autor: Emilio Salgari. La vida de Salgari &mdash; cruzada por la relaci&oacute;n tortuosa con su esposa enferma, y deudas que acorralaban sus acciones&mdash; deslumbr&oacute; a Kike: la capacidad de crear una historia de piratas, con magia y fantas&iacute;a lo obnubil&oacute;. En ese relato hab&iacute;a luz en la vida oscura de Salgari. Kike vio eso.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no quer&iacute;a ser los piratas. Quer&iacute;a escribir esas historias&rdquo;, dice Kike. &ldquo;Me fascinaba esa magia de la escritura&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Kike Ferrari                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Aprender a hacer las cosas bien</h3><p class="article-text">
        Enrique Ferrari naci&oacute; el 14 de julio de 1972 en El Palomar, zona oeste del conurbano bonaerense, un suburbio definido por la actividad de un aeropuerto militar. Creci&oacute; en una familia de trabajo. Sus padres fueron empleados bancarios hasta que se separaron, cuando &eacute;l ten&iacute;a dos a&ntilde;os. Su madre compr&oacute; una m&aacute;quina de coser y se dedic&oacute; a remendar prendas en casas de familias. Su padre empez&oacute; a trabajar en el rubro inmobiliario. Kike lo ve&iacute;a fin de semana por medio y una vez entre semana. Hasta que a sus diez a&ntilde;os muri&oacute;. Por ese entonces su madre ya hab&iacute;a conocido a Ricardo, el segundo pap&aacute; de Kike y otro hombre abocado a su trabajo: fue operario de f&aacute;brica y&nbsp; tuvo en una panader&iacute;a familiar su gran emprendimiento. En ese negocio Kike inici&oacute; su recorrido en el mercado laboral: ten&iacute;a 16 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Viniendo de una familia laburante. &iquest;C&oacute;mo encaja la escritura ah&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi familia es gente que viene del laburo, incluso en generaciones anteriores. Y esto del laburo es una de las grandes ense&ntilde;anzas de Ricardo. Es un tipo con una relaci&oacute;n muy intensa en cuanto al laburo, la responsabilidad. Esta idea de que lo que uno vaya a hacer tiene que aprender a hacerlo bien, que las cosas no se hacen de cualquier manera. Que todo tiene las herramientas para hacerse. Y la literatura es una preconfiguraci&oacute;n de la sociedad que imagino. Es laburo, pero no uno alineando. Porque estoy haciendo algo que es m&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo empieza, dentro de tu vida de laburante, la idea de escribir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; muy bien. Me parece que porque me gustaba mucho leer. Pero tambi&eacute;n hay mucha gente que le gusta leer y no escribe. En alg&uacute;n momento empez&aacute;s a pensar qu&eacute; lindo que es esto, qu&eacute; lindo ser&iacute;a poder hacerlo. Entonces empez&aacute;s a tratar de darte cuenta de c&oacute;mo funcionan los dispositivos. A querer saber c&oacute;mo se hace. Despu&eacute;s, que eso se transforme en un laburo es otra instancia. Primero ten&eacute;s el oficio y despu&eacute;s se convierte en laburo, porque entra la guita en la ecuaci&oacute;n. Entonces antes cuando dec&iacute;a que escribir era tiempo robado al laburo se convirti&oacute; en un tiempo que tambi&eacute;n genera guita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces siempre tu plan es por fuera del laburo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al trabajo voy a ganarme el sustento, nada m&aacute;s. Hay gente que tiene proyectos m&aacute;s apegados al trabajo. Supongo que si la literatura se volviera algo de tiempo completo mis proyectos vitales estar&iacute;an m&aacute;s atados al laburo. Pero el gran consuelo que le encuentro a seguir laburando, a tener que ir ma&ntilde;ana a barrer el piso, es que me permite escribir si tengo ganas y lo que tengo ganas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El gran consuelo que le encuentro a seguir laburando, a tener que ir mañana a barrer el piso, es que me permite escribir si tengo ganas y lo que tengo ganas.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ricardo se convirti&oacute; en una persona fundante en su vida. Fue quien le regal&oacute; el libro de <em>Sandok&aacute;n</em>. &ldquo;La vio&rdquo;, dice Kike mirando hacia atr&aacute;s. &ldquo;Eso habla de un padre atento, que ve que me interesa leer&rdquo;. <strong>Y a Kike le interesaba leer, era lo que m&aacute;s le gustaba de ir a un colegio de jornada completa durante la primaria.</strong> Los estudios siguieron su versi&oacute;n secundaria en el m&iacute;stico Mariano Moreno, pero esa aventura dur&oacute; algo m&aacute;s de un a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me echaron porque militaba&rdquo;, dice Kike que, luego, piensa en retrospectiva: &ldquo;Era el a&ntilde;o 87 y la democracia estaba muy endeble&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo entra la pol&iacute;tica en tu vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entr&eacute; a la pubertad con un libro de Marx abajo del brazo. Militaba en el viejo M&Aacute;S (Movimiento al Socialismo) en el 86, el verano en el que iba a empezar primer a&ntilde;o de secundaria. La pol&iacute;tica siempre estuvo en mi vida, siempre. No tengo idea por qu&eacute; raz&oacute;n un chico de 13 a&ntilde;os de la clase media porte&ntilde;a, en el 86, se deslumbra con eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquella expulsi&oacute;n coincidi&oacute; con los primeros trabajos, algo que trab&oacute; la continuidad de sus estudios. &ldquo;Fui a parar a un nocturno, pero ya empec&eacute; a laburar y termin&eacute; a los tropiezos&rdquo;, recuerda. &ldquo;No me interesa estudiar. Dos o tres veces quise estudiar, pero no. A los 20, cuando estuve en condiciones de ir a la facultad, el laburo ya ocupaba mucho tiempo&rdquo;. <strong>Kike tampoco fue a espacios menos formales para pulir su escritura. No le gustan los talleres literarios.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pasaron los muchos trabajos (&ldquo;Soy un lumpen que se hace echar de los laburos&rdquo;), la militancia (que se iba desluciendo con los a&ntilde;os: &ldquo;cada vez m&aacute;s adquir&iacute; un rol de acompa&ntilde;ar bien desde la base&rdquo;, dice) y la m&uacute;sica como el plan al que apostaba (ten&iacute;a una banda de heavy metal que se llamaba 7 Whiskys Dobles) y en el que empez&oacute; a escribir &mdash;en formato canci&oacute;n&mdash;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo no quería ser los piratas. Quería escribir esas historias (...) Me fascinaba esa magia de la escritura

</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">La noche en que empez&oacute; a escribir</h3><p class="article-text">
        El invierno de 1997 tuvo dos semanas negras para la vida de Kike. Su abuelo muri&oacute;. Su banda se desarm&oacute;. La camioneta con la que trabajaba de fletero se fundi&oacute;. La novia con la que viv&iacute;a lo ech&oacute;. Una sucesi&oacute;n de hechos que lo devolvieron a la casa de sus padres: sin sue&ntilde;os y sin un plan. Destrozado. Ten&iacute;a 25 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Una de esas noches en su cuarto de la infancia, Kike estaba buscando trabajo en los Clasificados del diario <em>Clar&iacute;n</em>. Vio tres opciones para postularse, pero ten&iacute;a que elegir una. Las monedas en su bolsillo alcanzaban solo para un viaje en colectivo, el regreso iba a ser a pie. No se qued&oacute; con ninguna. Se cruz&oacute; al kiosco y compr&oacute; una cerveza. <strong>Esa noche empez&oacute; a escribir su primer cuento.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No ten&iacute;a nada para leer en esa pieza, la televisi&oacute;n tampoco me interesaba y empec&eacute; a escribir&rdquo;, recuerda sobre la noche donde tir&oacute; sus primeras l&iacute;neas en una m&aacute;quina de escribir vieja y ruidosa. La historia contaba c&oacute;mo un tipo desempleado se met&iacute;a en un bar, con sus &uacute;ltimos pesos pagaba unas cervezas y planeaba c&oacute;mo robar la inmobiliaria que estaba enfrente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Lo escribiste enseguida ese cuento?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Tardaba como un mes para escribir mis primeros relatos. Que no ten&iacute;an m&aacute;s de tres o cuatro p&aacute;ginas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; record&aacute;s de esas primeras escrituras?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No mucho. Me costaba. Pero de ese cuento me acuerdo que no escrib&iacute; la parte del robo, que hice una elipsis y el tipo aparec&iacute;a con la guita ya.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y por qu&eacute; tomaste esa decisi&oacute;n narrativa? &iquest;Fue consciente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No lo s&eacute;. Podr&iacute;a decirte que hab&iacute;a internalizado tanto la teor&iacute;a del iceberg de Hemingway, que dejaba cosas sin contar para que el lector las pensara. Pero tambi&eacute;n puedo decir que no sab&iacute;a c&oacute;mo describir un robo &mdash;y otras escenas&mdash; y las pasaba de largo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La tapa de &quot;Que de lejos parecen moscas&quot;, que le valió varios premios a Kike Ferrari                            </span>
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        Aquel cuento fue el inicio de una serie de historias que construyeron el universo de Kike Ferrari. <strong>Un universo que inmerso en la literatura tra&iacute;a elementos de la vida proletaria del autor. Desempleados, jefes gru&ntilde;ones, empleos precarios, oscuridad cotidiana, clase media, deudas, alcohol, violencia. Todo envuelto en un tono negro, de violencia, policial y bohemia.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un par de a&ntilde;os m&aacute;s tarde de aquel comienzo y con algunos cuentos escritos, Kike se fue vivir a Estados Unidos. En Argentina se ven&iacute;a el crack econ&oacute;mico social de 2001, estaba sin trabajo y &mdash;de nuevo&mdash; sin un plan. Su mejor amigo lo invit&oacute; a vivir con &eacute;l en Florida y Kike fue. Tres a&ntilde;os de trabajos ocasionales &mdash;jardinero, vendedor, mozo&mdash; y tiempo libre. As&iacute; bocet&oacute; su primera novela. Y tuvo, de nuevo, un plan concreto: escribir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando volvi&oacute; a Argentina despu&eacute;s que lo deportaran, termin&oacute; lo que hab&iacute;a empezado en Estados Unidos. Su primera novela se llam&oacute; <em>Operaci&oacute;n Bukowski</em>, y se public&oacute; en el 2004. <strong>Empezaban sus a&ntilde;os dorados. </strong>En 2008 public&oacute; su primer libro de relatos, <em>Entonces s&oacute;lo la noche</em>. Al a&ntilde;o siguiente gan&oacute; la menci&oacute;n y publicaci&oacute;n del premio Casa de las Am&eacute;ricas por su novela <em>Lo que no fue.</em> (En 1967, el libro <em>Jaulario</em> de Ricardo Piglia hab&iacute;a sido el &uacute;ltimo que se hab&iacute;a editado por obtener una menci&oacute;n).<em> </em>Ese mismo a&ntilde;o comenz&oacute; a subir semanalmente a su blog un cap&iacute;tulo de <em>Que de lejos parecen moscas. </em>Cuando termin&oacute; de subirla la leyeron en Espa&ntilde;a. Le dijeron que quer&iacute;an publicarla. Que la bajara de la web. Y <strong>as&iacute; naci&oacute; su primer hit editorial. Lo que vino despu&eacute;s fueron los premios:</strong> el Silverio Ca&ntilde;ada a la mejor &oacute;pera prima del g&eacute;nero negro de la Semana Negra de Gij&oacute;n de Espa&ntilde;a, la final del Grand Prix de Litt&eacute;rature Polici&egrave;re y del Prix SNCF du polar de Francia, y publicaciones en M&eacute;xico, Espa&ntilde;a, Italia, Francia, Grecia, Macedonia, Estados Unidos, Inglaterra. Su obra comenz&oacute; a expandirse: escribi&oacute; <em>Punto ciego </em>(junto a Juan Mattio en 2015), <em>Nadie es inocente</em> (2014), los ensayos <em>Un mundo negro </em>(2017), la nouvelle <em>El oficio de narrar</em> (2018) y <em>Todos nosotros </em>(2019).&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la par de ese crecimiento como escritor logr&oacute; asentarse laboralmente: consigui&oacute; su ya famoso empleo en el Subte B. Tambi&eacute;n, fue padre de sus tres hijos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fuiste creciendo como escritor y fuiste padre a la par, fueron a&ntilde;os prol&iacute;ficos en todo sentido. &iquest;C&oacute;mo fue eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue m&aacute;s enquilombado en el mundo del laburo, porque tres pibes es m&aacute;s guita y m&aacute;s tiempo. En los t&eacute;rminos de la escritura me tuve que acostumbrar a perder la rutina que ten&iacute;a. Me invent&eacute; otras. Hasta mi primera hija escrib&iacute;a los fines de semana a la ma&ntilde;ana. Cuando naci&oacute; Juana andaba ella por ah&iacute;. Ella era muy tranquila. Eso se cort&oacute; despu&eacute;s porque perd&iacute; el laburo de lunes a viernes y despu&eacute;s porque mis otros dos hijos no son as&iacute; de tranquilos, son m&aacute;s un bondi y hab&iacute;a mucho ruido siempre. Entonces hubo que reorganizar. Y ahora medio que me acostumbr&eacute; a escribir con ruido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y los chicos c&oacute;mo toman tu laburo de escritor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya entienden que la literatura es un trabajo. Es como que estoy trabajando en el subte. No les estoy diciendo que solo hago algo que me gusta, sino que con esto que pasa ac&aacute; se pagan parte de las cuentas. Y es como que me voy a trabajar al B. No estoy, porque estoy trabajando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora en la cocina, Kike, mientras cocina una carne al horno con papas fritas, cuenta que cuando puede se junta a tocar con sus amigos &mdash;la m&uacute;sica ya hace tiempo no es un plan&mdash;, que cuando tiene plata, tiempo y un gimnasio cerca practica alguna arte marcial &mdash;las peleas son otra de sus pasiones&mdash; y vuelve sobre su inter&eacute;s en las vidas de los autores. &ldquo;Me interesa la vida de la gente que hace cosas interesantes&rdquo;, dice. &ldquo;Es buen&iacute;simo que sean gente normal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>GB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bustos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/kike-ferrari-escritor-literatura-trabajo-trabajando-subte_128_8025842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Jun 2021 12:23:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Kike Ferrari, escritor: “La literatura es un trabajo. Es como que estoy trabajando en el subte”]]></media:title>
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