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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Domingo Faustino Sarmiento]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/domingo-faustino-sarmiento/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Domingo Faustino Sarmiento]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las curiosas clases de Jorge Luis Borges guardadas en casetes por más de 40 años que se convirtieron en un libro fascinante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/curiosas-clases-jorge-luis-borges-guardadas-casetes-40-anos-convirtieron-libro-fascinante_1_11766291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c37ed750-2fd3-48bf-b098-3538d7696fbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las curiosas clases de Jorge Luis Borges guardadas en casetes por más de 40 años que se convirtieron en un libro fascinante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor brindó un curso de literatura argentina en la Universidad de Michigan en 1976, en un programa que incluyó a Domingo Faustino Sarmiento, José Hernández, Leopoldo Lugones, Almafuerte y Ricardo Güiraldes, entre otros. El testimonio de Nicolás Helft, el experto en la obra del autor de “Ficciones” que se encargó de rescatar las cintas y trabajar en una publicación recientemente editada en el país.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Quiero advertirles que no pienso ense&ntilde;arles literatura argentina porque esas cosas no se ense&ntilde;an. Yo he sido profesor de Literatura Inglesa y Americana durante unos veinte a&ntilde;os en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y me di cuenta de que era absurdo ense&ntilde;ar literatura. <strong>Creo que lo que uno puede ense&ntilde;ar es el goce de ciertos libros, el h&aacute;bito de ciertos libros y que un profesor no tiene derecho a imponer sus opiniones</strong>&rdquo;. Con esas palabras se present&oacute;, a comienzos de 1976, Jorge Luis Borges ante un peque&ntilde;o auditorio de estudiantes de un centro especializado en Literatura Hisp&aacute;nica de la Universidad de Michigan, en los Estados Unidos. <strong>Un grupo reducido que tuvo el privilegio de escuchar, a lo largo de diez encuentros, al m&iacute;tico escritor </strong>hablando de<strong> Domingo Faustino Sarmiento</strong>, de <strong>Hilario Ascasubi</strong>, del <em>Mart&iacute;n Fierro</em> de <strong>Jos&eacute; Hern&aacute;ndez</strong>, de <strong>Almafuerte</strong>, del modernismo en <strong>Leopoldo Lugones</strong>, de <strong>Paul Groussac</strong> y <strong>Ricardo G&uuml;iraldes</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquellas singulares clases, especialmente preparadas por el autor de <em>Ficciones</em> para esa ocasi&oacute;n, quedaron registradas en casetes que permanecieron guardados por m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os y, gracias al trabajo de rescate y transcripci&oacute;n realizado por el investigador argentino <strong>Nicol&aacute;s Helft</strong>, salieron a la luz y se convirtieron en un extraordinario libro que acaba de ser publicado por la editorial Sudamericana bajo el t&iacute;tulo <em>Curso de literatura argentina. Universidad de Michigan, 1976</em>.
    </p><p class="article-text">
        Tal como relata Helft en el pr&oacute;logo del libro, <strong>Borges lleg&oacute; a Michigan acompa&ntilde;ado por Mar&iacute;a Kodama el 2 de enero de 1976 invitado por Donald Yates, uno de sus primeros traductores al ingl&eacute;s</strong>. Por entonces Yates era profesor de la universidad estadounidense y se hab&iacute;a hecho admirador del escritor luego de leer algunos de sus cuentos en 1954 cuando estudiaba Literatura Hisp&aacute;nica. 
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                    alt="Nicolás Helft es un investigador argentino, experto en la obra de Jorge Luis Borges. Tuvo a su cargo el prólogo, la edición y las notas del libro &quot;Curso de literatura argentina&quot;."
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                Nicolás Helft es un investigador argentino, experto en la obra de Jorge Luis Borges. Tuvo a su cargo el prólogo, la edición y las notas del libro &quot;Curso de literatura argentina&quot;.                            </span>
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        Tanto fervor despertaron en &eacute;l esos relatos, que se propuso traducirlo. <strong>Para eso, le escribi&oacute; al escritor argentino Rodolfo Walsh, con quien manten&iacute;a asidua correspondencia por su trabajo en la editorial Hachette a mediados de los &lsquo;50.</strong> Luego de conseguir los derechos de traducci&oacute;n, Yates sigui&oacute; interesado por la obra de Borges hasta que lleg&oacute; a convertirse en uno de sus mayores promotores en los Estados Unidos. Tanto fue as&iacute; que lleg&oacute; a pasar algunas temporadas en Buenos Aires, donde se instalaba para trabajar con Borges en las traducciones de sus textos, visitaba con &eacute;l a sus amigos <strong>Adolfo Bioy Casares</strong> y <strong>Silvina Ocampo</strong> y paseaban juntos por la ciudad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un escritor de gira</strong></h2><p class="article-text">
        Luego de dos viajes a Michigan, uno en 1972 y otro en 1975, Yates le propuso a Borges una suerte de gira estadounidense para comienzos de 1976.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo m&aacute;s notable de los viajes de Borges en los a&ntilde;os 60 y 70, es el contraste que se daba. <strong>Borges era ac&aacute; visto como un viejo conservador leyendo libros antiguos que no le interesaban a nadie, vestido con un traje gris mal cortado, tomando un vaso de leche a la noche antes de acostarse, viviendo a los 60 a&ntilde;os con la mam&aacute;.</strong> Los escritores un poco de moda entre los j&oacute;venes argentinos aquellos a&ntilde;os eran (Julio) Cort&aacute;zar o (Ernesto) S&aacute;bato, mientras que a Borges muchos lo ve&iacute;an como distante, como un viejo carcam&aacute;n. Por eso impacta a toda esta clase el &eacute;xito que tiene Borges afuera entre grupos con intereses sociales m&aacute;s progresistas y de &aacute;mbitos universitarios&rdquo;, explica Helft ante<em> elDiarioAR </em>y agrega: <strong>&ldquo;El primer impacto fue en 1955, cuando (Jean Paul) Sartre, que era el &iacute;dolo de toda esta gente en aquellos a&ntilde;os, lo publica en </strong><em><strong>Les Temps Modernes</strong></em><strong>. Y despu&eacute;s est&aacute; esto de Borges en los campus universitarios de Estados Unidos, con gente muy joven que quedaba fascinada al verlo y escucharlo&rdquo;</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Helft, experto en la obra de Borges y admirador del escritor desde su infancia, estuvo en contacto con el profesor Yates desde mediados de la d&eacute;cada de los &lsquo;90 hasta su muerte, en 2017. <strong>Por esa afinidad que compart&iacute;an, el estadounidense le facilit&oacute; los casetes donde quedaron registradas las diez clases que Borges dio en Michigan</strong> en 1976 y que hoy integran el libro.
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                &quot;Curso de literatura argentina&quot;, de Jorge Luis Borges, salió por Sudamericana.                            </span>
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        Para reconstruir los entretelones de aquel viaje, Helft indag&oacute; no solamente en las grabaciones, sino tambi&eacute;n en la correspondencia del escritor con sus amigos y colegas, en los medios que dieron cobertura de aquellos d&iacute;as y tambi&eacute;n en libros de la &eacute;poca. Eran tiempos turbulentos: el 24 de marzo de 1976, cuando las fuerzas armadas argentinas ejecutaron el golpe de Estado que dio inicio a la &uacute;ltima dictadura, Borges se encontraba en California. Desde all&iacute;, seg&uacute;n le cont&oacute; en una carta a su amiga <strong>Susana Bombal</strong>, el escritor celebr&oacute; la noticia: <strong>&ldquo;Compartimos desde lejos, un poco a oscuras, la alegr&iacute;a de la patria&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la decisi&oacute;n particular de realizar aquel viaje, Helft analiza: &ldquo;Eran las &uacute;ltimas semanas del gobierno de <em>Isabelita</em> (N. de la R: Isabel Mart&iacute;nez de Per&oacute;n), con lo que fue el caos del pa&iacute;s en ese momento, una inflaci&oacute;n insoportable y mucha violencia en la calle. Sabemos lo que Borges pensaba del peronismo y en particular de ese peronismo final. Estaba eso por un lado. Y por el otro, hay un evento personal muy importante que hace que este viaje sea distinto de sus viajes anteriores: la muerte de su madre.<strong> Borges aterriza en Detroit por invitaci&oacute;n de Yates el 2 de enero del &lsquo;76 y la madre, que fue una figura central en su vida, hab&iacute;a muerto a mediados del &lsquo;75.</strong> A veces uno lo olvida, pero Borges necesitaba a la madre para vestirse, para peinarse, para cruzar la calle. Una figura muy abrumadora, una relaci&oacute;n muy complicada que marc&oacute; mucho su vida y su literatura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de dar las clases para las que se hab&iacute;a comprometido, Borges tambi&eacute;n ten&iacute;a pautada una peque&ntilde;a gira por el pa&iacute;s que incluy&oacute; una visita a Washington donde fue recibido por el vicepresidente estadounidense <strong>Nelson Rockefeller</strong>, dos cursos, varias entrevistas y cinco conferencias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es un viaje muy lindo que hacen con <strong>Mar&iacute;a Kodama</strong>. <strong>Despu&eacute;s, de hecho, van a Islandia que es el lugar donde hab&iacute;an concretado su relaci&oacute;n unos a&ntilde;os antes.</strong> Es curioso porque Borges fue muy poco adicto a la fama. Pero en el fondo tambi&eacute;n le gustaba y disfrut&oacute; mucho, pese a que Yates le hab&iacute;a armado un tour un poco cansador. En ese momento Borges ten&iacute;a 76 a&ntilde;os, era un se&ntilde;or ya de salud complicada por su ceguera, era dif&iacute;cil desplazarse y sin embargo va y cumple con todo&rdquo;, agrega Helft.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las clases</strong></h2><p class="article-text">
        Helft, que escuch&oacute; y tiene en su poder todas las grabaciones, transcribi&oacute; aquellas clases manteniendo el tono coloquial de Borges, con breves notas que complementan algunos datos. <strong>El auditorio, seg&uacute;n el investigador, era un grupo peque&ntilde;o de estudiantes de Literatura Hisp&aacute;nica que escucharon a Borges dictando su curso en espa&ntilde;ol</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sobre las palabras del autor en el primero de los encuentros, Helft analiza: &ldquo;Cuando dice eso de que no va a ponerse a ense&ntilde;ar porque la literatura argentina no se ense&ntilde;a, lo que de alguna manera expresa es que no est&aacute; ah&iacute; para dar una clase t&iacute;pica universitaria. <strong>Como si dijera &lsquo;no soy acad&eacute;mico&rsquo;. Y da un curso con un tono coloquial repleto de frases e ideas brillantes. </strong>Por ejemplo, cuando habla de Almafuerte y dice que era un hombre de genio. Entonces empieza a preguntarse qu&eacute; es el genio y se pregunta si el genio es simplemente un poco m&aacute;s que la inteligencia o que el talento, y dice que no, que el escritor controla su talento pero el genio lo controla a uno&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">“Quiero advertirles que no pienso enseñarles literatura argentina porque esas cosas no se enseñan. Yo he sido profesor de Literatura Inglesa y Americana durante unos veinte años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y me di cuenta de que era absurdo enseñar literatura. Creo que lo que uno puede enseñar es el goce de ciertos libros, el hábito de ciertos libros y que un profesor no tiene derecho a imponer sus opiniones”, dijo Borges a los estudiantes estadounidenses.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sobre el programa que arm&oacute; Borges para el curso, Helft apunta que el autor tom&oacute; una serie de decisiones bastante singulares. <strong>La primera fue darle a las clases un tono muy personal, con an&eacute;cdotas que recupera de su propia familia y tambi&eacute;n con detalles de las vidas privadas de los autores que analiza</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto es algo que no suele estar en sus ensayos, que &eacute;l se permite en esta clases, donde hay un giro muy personal, Personal porque habla &eacute;l de manera personal y &uacute;nica de la literatura y nadie coincide con eso. Personal porque est&aacute;n los recuerdos familiares. Y es personal porque se mete muy, muy sorprendentemente con la vida personal &iacute;ntima de los escritores. <strong>En las clases se ve que Borges siente una enorme compasi&oacute;n por Lugones y Groussac, los dos con vidas muy desgraciadas. Lugones, de hecho, se termin&oacute; suicidando.</strong> Lo que cuenta de Groussac es que era un tipo odiado por los empleados de la Biblioteca Nacional. Cuenta cosas que parecen irrelevantes, como que pasaba el dedo por las estanter&iacute;as y como hab&iacute;a un poco de polvo y entonces castigaba al ordenanza. Sobre ellos tambi&eacute;n dice, y lo hace dos veces, que eran tipos admirados, pero no queridos<strong>. Tal vez porque &eacute;l mismo lo haya sentido alguna vez o porque fue una gran dificultad de su vida: se le acercaba todo el mundo por admiraci&oacute;n y sent&iacute;a que no era suficientemente querido</strong>&rdquo;, afirma Helft.
    </p><p class="article-text">
        El investigador, que escuch&oacute; todos los encuentros y tambi&eacute;n las intervenciones de los estudiantes, <strong>destaca que sigue quedando impactado con la erudici&oacute;n del escritor</strong>, que a lo largo de los diez encuentros citaba poemas y textos de memoria.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires, en 1899 y murió en Ginebra, el 14 de junio de 1986.                            </span>
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        &ldquo;Lo coment&eacute; mucho con <strong>Ernesto Montequin</strong>, que fue una especie de copiloto para mi trabajo en el libro. Borges ten&iacute;a una memoria inhumana, directamente. Y en estas clases vuelve a dar muestras de esto.<strong> Incluso porque no habla solamente de literatura argentina, sino que cita a todo tipo de autores y libros de todos lados</strong>&rdquo;, apunta Helft.
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nico, encantador, polemista, por las p&aacute;ginas de <em>Clases de literatura argentina</em> <strong>se puede leer a Borges elogiando &ldquo;la grandeza desordenada pero atl&eacute;tica&rdquo; de Sarmiento</strong>, se&ntilde;alando el error de atribuirle a los gauchos la poes&iacute;a gauchesca (&ldquo;Es como decir que la astronom&iacute;a ha sido inventada por las estrellas o la bot&aacute;nica por las plantas. El gaucho es el tema de esa poes&iacute;a, pero no fue el inventor&rdquo;, apunta) o afirmando que &ldquo;si hay una pasi&oacute;n argentina, esa pasi&oacute;n es la amistad&rdquo; para destacar la aparici&oacute;n de la figura de Cruz en el <em>Mart&iacute;n Fierro</em>.
    </p><p class="article-text">
        Entre los autores elegidos, seg&uacute;n el experto, est&aacute; la particular selecci&oacute;n de Almafuerte, un escritor que no suele aparecer con frecuencia en el canon. &ldquo;Esa tal vez sea la clase m&aacute;s particular por varias cosas. Primero porque, digamos, de todos los dem&aacute;s escritores que dio en el curso hab&iacute;a hablado alguna vez en otras clases. <strong>Y, segundo, porque se termina convirtiendo en una cr&iacute;tica feroz al establishment literario</strong>: Almafuerte es un autor bastante olvidado, alguien que no figura en ning&uacute;n canon. Y Borges en Estados Unidos llega a decir que Almafuerte fue uno de los grandes hombres de genio de la Argentina, 'quiz&aacute; el &uacute;nico hombre de genio que dio nuestro pa&iacute;s'. O sea, se lo est&aacute; diciendo a todos los profesores que no lo incluyen, que dejan afuera a un autor as&iacute;&rdquo;, concluye Helft.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/curiosas-clases-jorge-luis-borges-guardadas-casetes-40-anos-convirtieron-libro-fascinante_1_11766291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Oct 2024 03:01:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las curiosas clases de Jorge Luis Borges guardadas en casetes por más de 40 años que se convirtieron en un libro fascinante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Luis Borges,Rodolfo Walsh,Literatura argentina,Libros,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Consiglio: “El arte es el lugar de la utopía, de lo desflecado”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jorge-consiglio-arte-lugar-utopia-desflecado_1_11537134.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/162b6697-5fbb-4002-b19f-84789637fe70_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jorge Consiglio: “El arte es el lugar de la utopía, de lo desflecado”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Campo, ciudad, tradición, crueldad, deseo, clase, cordura y disparate se suceden en la notable historia de “La Circunstancia”, la reciente novela del escritor argentino. Una protagonista inquietante, la fascinación por el campo en la literatura argentina y por qué Sarmiento siempre está volviendo.</p></div><p class="article-text">
        Una mujer larga una carcajada en una comisar&iacute;a. <strong>La acaban de detener por un delito que todav&iacute;a no se revela. La risa la retuerce, la hace mirar a su alrededor y tambi&eacute;n hacia atr&aacute;s, hacia su pasado.</strong> Se r&iacute;e como si lo ins&oacute;lito de la escena presente &ndash;los agentes que van y que vienen, el olor a comida que ella describe como &ldquo;comida de pobre&rdquo;, el perfume atolondrado de alg&uacute;n polic&iacute;a y la acusaci&oacute;n en su contra&ndash; imantara otras escenas previas de su historia igual de ins&oacute;litas. Un hilo disparatado que la llev&oacute; hasta ah&iacute;, un misterio que necesita desentra&ntilde;ar y, para eso, volver relato. Lo inoportuno, entonces, se hace sucesi&oacute;n; lo inaudito se abre paso como signo vital.
    </p><p class="article-text">
        La protagonista de <em>La Circunstancia </em>(Eterna Cadencia, 2024), del escritor argentino Jorge Consiglio, fue una ni&ntilde;a mimada, hija de un hacendado, <strong>una figura inquietante que se mueve entre la estancia de su familia en un pueblo de la llanura pampeana y el barrio porte&ntilde;o de Recoleta</strong>. Con una narraci&oacute;n repleta de peripecias, de detalles encantadores y una voz construida a la perfecci&oacute;n, la novela &ndash;uno de los mejores lanzamientos editoriales de los &uacute;ltimos tiempos&ndash; sigue los pasos de esta mujer por momentos cruel, por momentos hilarante, y su v&iacute;nculo con los dem&aacute;s. <strong>Una vida que, como buena parte de la literatura argentina en la que se inscribe con firmeza y lucidez esta obra de Consiglio, se ve tironeada entre dos zonas que se atraen y se repelen: el campo y la ciudad</strong>.
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                &quot;La Circunstancia&quot;, la nueva novela de Jorge Consiglio.                            </span>
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        En di&aacute;logo con elDiarioAR, el autor asegura que, aunque nunca es muy claro el germen de lo que decide escribir, tuvo muy presentes dos elementos que tom&oacute; de distintas pel&iacute;culas: &ldquo;Nunca sab&eacute;s muy bien qu&eacute; te lleva a escribir lo que escrib&iacute;s. En este caso recuerdo que se me metieron dos cosas en la cabeza. Por un lado, <em>Profundo carmes&iacute;</em>, de <strong>Arturo Ripstein</strong>. La vi hace como 30 a&ntilde;os y me qued&oacute; muy presente la relaci&oacute;n entre la protagonista y un tipo con el que se da una colaboraci&oacute;n en algo imp&iacute;o. <strong>Me qued&oacute; ese v&iacute;nculo, que por otra parte es una colaboraci&oacute;n y, al mismo tiempo, no, porque tambi&eacute;n ella le pide cosas que &eacute;l le retacea.</strong> Lo vi como una relaci&oacute;n que armaba perfectamente algo as&iacute; como el vaiv&eacute;n del deseo: un v&iacute;nculo medio hist&eacute;rico que pod&iacute;a pervivir durante todo el tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Elegiste para abrir una cita de Sarmiento que habla del car&aacute;cter argentino y de &ldquo;cierta resignaci&oacute;n estoica para la muerte violenta&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; te interesaba particularmente de este asunto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me parece que hay dos cosas dando vueltas. <strong>Una tiene que ver con el determinismo mesol&oacute;gico, esa cuesti&oacute;n de que el espacio te condiciona de alg&uacute;n modo. </strong>La educaci&oacute;n sentimental de la protagonista arranca en el campo y ella en el campo ve de cerca la circulaci&oacute;n de la crueldad, por ejemplo, cuando los peones matan a un chancho tortur&aacute;ndolo o un episodio por el que a ella le queda esa marca de herradura en el cuerpo. Hay un determinismo que tiene que ver con el medio, con algo de lo que se plantea en el <em>Facundo</em> de Sarmiento. Por otra parte, porque me parece que todos estamos inevitablemente escribiendo y reescribiendo esta cuesti&oacute;n bin&oacute;mica de la civilizaci&oacute;n y la barbarie. Cada uno encuentra su manera de reformularlo, pero nos atraviesa a todos. Es como Borges, &iquest;no? &iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s con Borges cuando te pon&eacute;s a escribir? Lo mismo pasa con esto: &iquest;qu&eacute; hac&eacute;s con este binomio? <strong>Por supuesto que ese binomio en el texto y en general es bastante dial&eacute;ctico, nunca son compartimentos estancos. Porque cuando ella se traslada a Recoleta puede percibir barbarie en plena ciudad. Entonces ah&iacute; aplica el c&oacute;digo de crueldad que viene con ella y en parte con su clase.</strong> Su supervivencia tiene que ver con eso. Cuando empec&eacute; hace un tiempo a releer el <em>Facundo</em> y engancho ese ep&iacute;grafe digo &ldquo;&iexcl;qu&eacute; cosa incre&iacute;ble este tipo!&rdquo;, no pod&iacute;a entender c&oacute;mo condensaba de una manera tan brutal lo que condensa. No soy inocente y al elegirlo como ep&iacute;grafe s&eacute; que funciona como l&iacute;nea de lectura. <strong>Porque de verdad pienso que todos estamos laburando ese binomio, queramos o no queramos, m&aacute;s all&aacute; de nuestros temas m&aacute;s de punta de lanza que podr&iacute;an ser la verdad, los v&iacute;nculos, o qu&eacute; s&eacute; yo</strong>. Por debajo siempre est&aacute; esa tracci&oacute;n, esa polaridad que discute.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;El centro es </strong><em><strong>La Circunstancia</strong></em><strong>, la estancia familiar que le da el t&iacute;tulo a la novela y que, con el tiempo, se va a hacer difusa, el campo como una especie de para&iacute;so perdido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, con la estancia me pasaba que hab&iacute;a estado pensando una escena de aislamiento por una tormenta que despu&eacute;s inunda el lugar. Entonces pens&eacute; que ese espacio aislado ten&iacute;a que estar a, pongamos, 15 kil&oacute;metros de una ruta. Hab&iacute;a algo espacial concreto que necesitaba de ese campo y era funcional al texto, a lo que quer&iacute;a narrar. Y tambi&eacute;n, porque ese tipo de estancia me serv&iacute;a para llevarla despu&eacute;s a Recoleta, es un tr&aacute;nsito muy frecuente y m&aacute;s o menos inmediato en la clase y en el ambiente en el que ella se mueve. <strong>Me encant&oacute; narrar el campo sobre todo porque me interes&oacute; pensar c&oacute;mo narramos el campo, c&oacute;mo narra el campo, ponele, (Ricardo) G&uuml;iraldes o Borges, c&oacute;mo es ese campo que narr&oacute; la literatura.</strong> Yo, que no conozco tanto lo rural, creo que tom&eacute; un mont&oacute;n de cosas fascinado por ese campo que en realidad es un campo ficcional.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me parece que todos estamos inevitablemente escribiendo y reescribiendo esta cuestión binómica de la civilización y la barbarie. Cada uno encuentra su manera de reformularlo, pero nos atraviesa a todos. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;La novela est&aacute; contada desde la mujer protagonista y en primera persona. &iquest;Te cost&oacute; hacerlo? &iquest;Fue f&aacute;cil narrar desde ah&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Lo de la primera persona se impuso por una necesidad concreta, yo sent&iacute;a que quien narrara ten&iacute;a que estar encima de la historia. No me serv&iacute;a una tercera porque era distanciarse mucho de lo que iba a contar. Armar la voz de un personaje, sea lo que sea, es un l&iacute;o siempre. Sent&iacute;a que deb&iacute;a ser una mujer un poco por herencia de la pel&iacute;cula de Ripstein. Me interesaba esa mujer protagonista y que hubiera un hombre tipo sat&eacute;lite, un cuerpo extra&ntilde;o. <strong>Para armarlo, despu&eacute;s, aparecen esos mecanismos de apropiaci&oacute;n o de o&iacute;do: uno va tomando de las autoras y autores que lee. De Sara Gallardo, por ejemplo. </strong>Cada vez m&aacute;s pienso que vos te pon&eacute;s a escribir un texto y cre&eacute;s que sos el que se sienta solo a hacerlo, pero en realidad hay una pluralidad de voces que te acompa&ntilde;a y que no son necesariamente tuyas. Son tus lecturas, tus conocidos, tu editora, en mi caso tambi&eacute;n mis hijas. A partir de ah&iacute; uno dise&ntilde;a esa voz de la mejor manera posible, algo que suene veros&iacute;mil.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Consiglio nació en Buenos Aires, en 1962.                            </span>
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        <strong>&ndash;En esta novela hay realismo, pero es un realismo un poco roto. La acci&oacute;n comienza con una escena muy c&oacute;mica de la protagonista en la comisar&iacute;a y despu&eacute;s va contando su vida como una sucesi&oacute;n de peripecias, donde hay personajes extraordinarios tambi&eacute;n, como un capataz que se convierte en una especie de superh&eacute;roe. &iquest;Lo pensaste as&iacute; cuando escrib&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Digamos que la cascada de peripecias quiebra el realismo. Y, s&iacute;, es algo que yo vengo laburando. Tal vez a partir de (la novela) <em>Hospital Posadas</em> haya dicho &ldquo;hasta ac&aacute; llegu&eacute;&rdquo; o por ah&iacute; en alg&uacute;n momento sent&iacute; que deb&iacute;a quebrar al realismo. Pero no quebrarlo de una manera demasiado evidente, aunque en <em>Sodio</em> entra una especie de personaje que es una sirena. En cualquier caso, <strong>mi idea era&nbsp; empezar a trabajar en los l&iacute;mites del g&eacute;nero de una manera en la que lo bancara el discurso: que el texto te bancara el realismo y que, al mismo tiempo, lo desbordara.</strong> Me parece que siempre hay algo con el lenguaje que hace un poco mierda al realismo. En esta novela hay acontecimientos en la trama que lo quiebran, definitivamente. Esto del capataz que se vuelve una especie de superhombre, por ejemplo. Ah&iacute; pens&eacute; en alterar los sistemas causales. Es decir, si vos habl&aacute;s de que un tipo que tiene un tumor ac&aacute;, de inmediato pens&aacute;s &ldquo;puta, ese tipo va a morir&rdquo;. <strong>Entonces, para generar el zigzag, en el texto lo que pens&eacute; es alterar ese sistema causal, que ese tumor en el pecho en realidad funcione para volverlo un superh&eacute;roe y hacerlo millonario</strong>. Es decir que la secuencia enfermedad-muerte no sea ac&aacute;, ac&aacute; es enfermedad-vida.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Buena parte de la historia tiene que ver con esta mujer sin nombre que es </strong><em><strong>marchand</strong></em><strong> y se mueve en el mundo de las artes pl&aacute;sticas por las calles y los bares muy reconocibles del barrio de Recoleta, en Buenos Aires. &iquest;Qu&eacute; te interesaba de esos espacios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Fue un tanto aleatorio eso. <strong>Conozco una persona que se dedica a esa actividad y me parece que es una profesi&oacute;n que se corre de una manera loqu&iacute;sima de lo cotidiano y que adem&aacute;s es una profesi&oacute;n muy marcadamente de clase. Porque si no ten&eacute;s contactos en determinados circuitos no hay forma que te dediques a eso</strong>. Viv&iacute; en un momento de mi vida en Recoleta y lo que vi de alguna manera me invitaba a narrar. M&aacute;s all&aacute; de lo que podamos imaginar, not&eacute; que hab&iacute;a una violencia intraclase muy fuerte. Y que esa violencia intraclase despu&eacute;s se vuelca a las clases de abajo. Me llam&oacute; mucho la atenci&oacute;n ese fuego cruzado interclase. Adem&aacute;s, en el bar La Rambla, de Ayacucho y Posadas, transcurre la acci&oacute;n de un cuento de (Miguel) Briante tambi&eacute;n, una historia muy piola en la que &eacute;l arma un sistema con un mont&oacute;n de cruces.<strong> As&iacute; que sent&iacute; que hab&iacute;a un nodo all&iacute; y me gustaba pensar que la protagonista se cruzara con Bob, con ese cuerpo extra&ntilde;o, en ese lugar puntual. </strong>Por ah&iacute; tambi&eacute;n despu&eacute;s me sirvi&oacute; para rumiar eso que viv&iacute;, que es el&iacute;pticamente autobiogr&aacute;fico porque viv&iacute; en ese barrio. Hay una tensi&oacute;n siempre ah&iacute;. Hab&iacute;a una dial&eacute;ctica social en esas calles y tambi&eacute;n quer&iacute;a narrar esa atm&oacute;sfera, esa gravedad, esos bares, esa temperatura de Recoleta, el fr&iacute;o particular cuando camin&aacute;s por Posadas. No s&eacute;, todo eso.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada vez más pienso que vos te ponés a escribir un texto y creés que sos el que se sienta solo a hacerlo, pero en realidad hay una pluralidad de voces que te acompaña y que no son necesariamente tuyas. Son tus lecturas, tus conocidos, tu editora, en mi caso también mis hijas.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Mencionabas lo autobiogr&aacute;fico al pasar, un tipo de escritura que est&aacute; bastante en circulaci&oacute;n en la actualidad m&aacute;s all&aacute; de que tu obra no viene por ese lado. &iquest;Te interesa, lo le&eacute;s, pens&aacute;s que no es para vos? &iquest;C&oacute;mo lo pens&aacute;s?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Sinceramente me interesa poco. Es decir, soy m&aacute;s un lector de ficci&oacute;n, &iquest;viste? No s&eacute;, me parece que lo otro va muy en una l&iacute;nea recta. En la ficci&oacute;n hay una serie de virajes, hay una mugre, una cosa que no ves claro, que vuelve a ese relato m&aacute;s connotativo. Por supuesto que estoy generalizado, pero por lo general las cuestiones autobiogr&aacute;ficas proponen cosas m&aacute;s directas, aunque hay miles que no. <strong>Pero digamos, pero por lo general, esa cuesti&oacute;n de tirar la flecha y que vaya directo me parece que le resta lo connotativo a lo que se cuenta. Todo se vuelve una cosa medio denotativa pura y a m&iacute; me interesa menos. </strong>Estaba pensando en ejemplos de corrimiento y se me ocurre un libro de <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/osvaldo-baigorria/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Osvaldo Baigorria</strong></a> que reeditaron hace poco, <em>En Pampa y la v&iacute;a</em> se llama. En ese texto, por ejemplo, no ocurre nada de lo que te estoy diciendo y sin embargo tiene una referencia autobiogr&aacute;fica fuert&iacute;sima. Es decir, el padre de &eacute;l era un croto. El libro es la historia de los crotos y, sin embargo, ah&iacute; tiene que ver con la forma, lo que hace Baigorria es disparar cosas, disfrazar todo en una especie de documental. Entonces se va a otras historias y se convierte todo en una tercera persona de otras historias. Y eso se multiplica de una manera maravillosa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Consiglio es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires."
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                Consiglio es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tal vez por esta cosa del relato fren&eacute;tico, en </strong><em><strong>La Circunstancia</strong></em><strong> aparece fuertemente un costado humor&iacute;stico muy potente, m&aacute;s all&aacute; de que se narren escenas tremendas. &iquest;Buscaste salir de cierta zona de solemnidad?&iquest;C&oacute;mo se mete lo c&oacute;mico ah&iacute;?</strong>	
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ndash;La verdad es que no s&eacute; c&oacute;mo lo meto, pero desde hace un tiempo me preocupa esta cuesti&oacute;n de la sobrevaloraci&oacute;n de lo dram&aacute;tico. Como si escribir solamente fuera &ldquo;vamos a preguntarnos de qu&eacute; se trata esto de la vida&rdquo;, como una cuesti&oacute;n tortuosa y sufriente. <strong>Me parece que es flem&aacute;tico, que es impostado en alg&uacute;n punto. Entonces lo que me parece que se cuela ah&iacute;, tal vez sin querer, es conspirar contra ese clima seriedad total. Lo que pasa suele ser m&aacute;s bien grotesco y me gusta que se note ese registro grotesco. </strong>Es eso, estamos chapoteando y cada dos por tres quiero que se note que estamos chapoteando. Y para eso es necesario correrse del clima de solemnidad. Hace unos a&ntilde;os estaba leyendo una novela que era la apolog&iacute;a de la tragedia o una oda. Y pens&eacute; en esa cuesti&oacute;n medio instalada de que si vos escrib&iacute;s una tragedia es literatura. <strong>O eso: que lo tr&aacute;gico es una de las marcas de la literatura. &iexcl;Y me parece una pedorrada! </strong>Cuando le&iacute; eso me reconoc&iacute;, dije &ldquo;yo tambi&eacute;n me hago el solemne con esto&rdquo;, yo tambi&eacute;n a veces pienso &ldquo;vamos a hablar de algo muy profundo&rdquo;. Como si, adem&aacute;s, estuvi&eacute;ramos obligados a &ldquo;hablar de&rdquo;. Cuando lo detect&eacute; empec&eacute; a decir &ldquo;me corro de esto, me corro de esto&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Y al rev&eacute;s? &iquest;Qu&eacute; pasa con la literatura cuando lo tr&aacute;gico nos rodea, como sociedad, como pa&iacute;s, como personas que escriben o se mueven en un lugar determinado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En principio es como una pesadilla constante, &iquest;no? Lo digo pens&aacute;ndolo hoy, en Argentina: este tipo que nos gobierna es una pesadilla constante. Y no solo este tipo sino todo lo que te rodea. Porque hay goteo constante de noticias espantosas. Personalmente lo sufro como loco. Y, por otra parte, no s&eacute; qu&eacute; hacer. Desde lo personal, lo que yo siento es que vas a una marcha, como pas&oacute; ni bien asumi&oacute; este tipo, por ejemplo, y hab&iacute;a una cantidad de yuta incre&iacute;ble, parec&iacute;a un accidente. Y, al mismo tiempo, vas pero sent&iacute;s que no est&aacute;s cambiando nada. Incluso en las marchas grandes que hubo, parece que el tipo se cagara de risa frente a esto. <strong>Ojo: est&aacute; bueno que se haga, prefiero hacerlo a no hacerlo. Pero me parece insuficiente. Al mismo tiempo, no s&eacute; c&oacute;mo entra esto en la literatura. S&eacute; que la literatura te justifica. </strong>Ser&iacute;a una jactancia decir que es una militancia pero en alg&uacute;n punto s&eacute; que genera sistemas de pensamiento cr&iacute;ticos. En ese sentido soy optimista. La literatura genera algo que siempre est&aacute; un poco m&aacute;s corrido, como los crotos. Est&aacute;s haciendo algo que es in&uacute;til o que en t&eacute;rminos generales no sirve para un carajo. Ok, perfecto, pero te corriste, por lo menos por un rato no sos parte, vos te corriste de la ortodoxia en alg&uacute;n punto. De esta cuesti&oacute;n transaccional tan inmediata que proponen los otros. No sos socio directamente de eso y eso ya me parece una posici&oacute;n pol&iacute;tica. Eso por una parte. Y por otra, creo que de a poco se generan espacios donde hay alg&uacute;n tipo de tramado que tenemos que seguir pensando para no quedarnos en una especie de inercia pol&iacute;tica. <strong>Hay que seguir escribiendo, generar sistemas con otros que escriben como vos, armar tramado aunque no sepamos bien c&oacute;mo</strong>. S&eacute; que suena optimista, pero bueno, en alg&uacute;n punto hay que guardar un espacio para la utop&iacute;a. Y el arte es el lugar de la utop&iacute;a, de lo desflecado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jorge-consiglio-arte-lugar-utopia-desflecado_1_11537134.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jul 2024 03:10:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jorge Consiglio: “El arte es el lugar de la utopía, de lo desflecado”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Consiglio,Libros,Literatura argentina,Domingo Faustino Sarmiento,Jorge Luis Borges]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio y declinación de la calvicie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-declinacion-calvicie_129_10955409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69a8cfa6-543b-497c-9122-17de3e0dab75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio y declinación de la calvicie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El significado de la calvicie ha cambiado a través del tiempo. Las narrativas de la aceptación y el orgullo alopécico, también. Los pelados y su inciencia en la historia política argentina, de Domingo Faustino Sarmiento al presente.
</p></div><p class="article-text">
        Tanto macaneo sobre las fuerzas del cielo me llev&oacute; a indagar en lo que podr&iacute;a ser una fuente de inspiraci&oacute;n o deleite presidencial. Di entonces a modo de hip&oacute;tesis con <em>Los diez mandamientos</em>, la pel&iacute;cula de <strong>Cecil B. DeMille </strong>de 1957, con m&uacute;sica de <strong>Elmer Bernstein</strong>. Tal vez ha funcionado como un relato sobre su ascenso personal. Mois&eacute;s (<strong>Charlton Heston</strong>) es el favorito de la familia del fara&oacute;n. Sin embargo, rompe con la <em>casta</em> egipcia para conducir a su pueblo hacia la libertad. Avanza al comp&aacute;s de una m&uacute;sica que, bajo los par&aacute;metros rimbombantes de Hollywood, busca resaltar el car&aacute;cter &eacute;pico del &Eacute;xodo.
    </p><p class="article-text">
        Imagino a los hermanos frente a una pantalla gigante, de 115 pulgadas, armados de pochoclo, emocionados por la determinaci&oacute;n de Mois&eacute;s, azorados por la crueldad y los celos de Rams&eacute;s, quien no es otro que <strong>Yul Brynner</strong>, el actor ruso-norteamericano que hizo de su calvicie un signo de distinci&oacute;n cuando obraba sobre esa superficie el escarnio. Brynner es ah&iacute; tambi&eacute;n el que es: un pelado insigne. Nadie mejor para encarnar a un fara&oacute;n que, dada su condici&oacute;n divina, jam&aacute;s se muestra con la cabeza rapada al descubierto. La corona, el <em>pskent</em>, con la figura de la cobra en el medio, simbolizaba su poder terrenal. Qu&eacute; lustre el de ese actor, famoso tambi&eacute;n por pel&iacute;culas como <em>El rey y yo</em> y <em>Anastasia</em>. La testa de Brynner irradia una historia que nos pasear&aacute; por la pel&iacute;cula y la misma historia de la calvicie para, por &uacute;ltimo, ser testigos de otra escena, la de un hombre con la cabeza desnuda que, a diferencia de Rams&eacute;s, se rinde sin miramientos ante el nuevo patriarca paleo libertario.
    </p><p class="article-text">
        El significado de la calvicie ha cambiado a trav&eacute;s del tiempo. Durante la dinast&iacute;a Ching, los hombres eran obligados a raparse el tercio anterior de la cabeza. Solo les dejaban colgar una trenza, a modo de &ldquo;cola de caballo&rdquo;. Los manch&uacute;es, fundadores del linaje, eran a su modo estilistas. Aceptar el corte, suger&iacute;an, era salvar la vida. Lo contrario era in&uacute;til. A una cabeza cortada de nada le serv&iacute;a preservar el cabello. Se le atribuye a algunos pueblos originarios del norte de Am&eacute;rica cortar el cuero cabelludo del enemigo vencido y guardarlo como trofeo. La posesi&oacute;n de una victoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Silvio Sold&aacute;n</strong> debi&oacute; sentir el fr&iacute;o de la derrota sobre su mollera. Lo aterr&oacute; tanto la calvicie que se rerugi&oacute; en el biso&ntilde;&eacute;. Sus marcas de artificio eran mucho mejor que una superficie bru&ntilde;ida por la p&eacute;rdida de andr&oacute;genos. El pudor de Sold&aacute;n, la verg&uuml;enza de padecer alopecia y negar sistem&aacute;ticamente la evidencia, era heredera de una fantas&iacute;a que ven&iacute;a&nbsp; desde muy lejos: la asociaci&oacute;n entre el pelo largo de los hombres y su fuerza. No poseerlo era una afrenta, la ca&iacute;da en el estigma de Sans&oacute;n. Fue as&iacute; que <strong>Luis XIV</strong>, el &ldquo;Rey Sol&rdquo; luci&oacute; un enorme peluc&oacute;n para ponerlo a la altura de su fuerza soberana. &ldquo;Si tuviera que elegir un objeto para describir el sentido de la vida en la Tierra, una postal para enviar a los marcianos sobre nuestras obsesiones m&aacute;s fieles, me inclinar&iacute;a en primer lugar por la peluca. Mam&iacute;fera y artificial, insignia del poder y al mismo tiempo c&oacute;mplice de una idea maleable de belleza, remota pero siempre persistente, en esa cabellera falaz que parece encaminarse hacia la vida propia se reflejan nuestros excesos y nuestros temores, el despliegue del cuerpo entregado a la seducci&oacute;n, as&iacute; como los estragos psicol&oacute;gicos de ese suced&aacute;neo del oto&ntilde;o conocido como calvicie&rdquo;, se&ntilde;ala <strong>Luigi Amara</strong> en <em>Historia descabellada de la peluca. </em>En ese tejido se revela una propensi&oacute;n al doblez y al simulacro. Una forma de teatro.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &iquest;Heston tambi&eacute;n utiliz&oacute; una peluca para <em>ser </em>Mois&eacute;s?Lo vemos ir al encuentro de la deidad. <em>Los diez mandamientos</em> se rod&oacute; en Egipto y el mismo Monte Sina&iacute;. Dios -as&iacute; se hace llamar en la pel&iacute;cula- le pide ah&iacute; que se quite los zapatos porque pisa Tierra Santa, y &eacute;l, Mois&eacute;s, le pregunta por qu&eacute; no escucha el llanto de sus hijos esclavos en Egipto, a lo que Dios, el dios de Abraham, Issac y Jacob, le dice que por supuesto <em>vio </em>el dolor de su gente, y tambi&eacute;n ha<em> o&iacute;do</em> su llanto, todo pasa por los sentidos, por lo que lo convoca a que enfrente al fara&oacute;n Rams&eacute;s, es decir, Brynner, el pelado, y saque a su pueblo del oprobio. Mois&eacute;s duda, qui&eacute;n es &eacute;l para ayudarlos, qu&eacute; palabras puede decirles para que lo <em>escuchen</em>. &ldquo;Te ense&ntilde;ar&eacute; lo que tengas que decir. Cuando hayas tra&iacute;do a la gente me servir&aacute;n en esta monta&ntilde;a. Pondr&eacute; mis leyes en sus corazones y en sus mentes las escribir&eacute;. Ve y yo estar&eacute; contigo&rdquo;. Mois&eacute;s quiere m&aacute;s pruebas. Qu&eacute; responder&aacute; cuando le pregunten por su nombre. &ldquo;Yo soy el que soy&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los diez mandamientos </em>cont&oacute; con uno de los sets de filmaci&oacute;n m&aacute;s grandes en la historia del cine.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, pero no los aport&oacute; el Estado, y adem&aacute;s, recaud&oacute; 65 millones de d&oacute;lares-, podr&iacute;a comentar el hermano.
    </p><p class="article-text">
        Y ella:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Tremenda taquilla.
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        -Perd&oacute;n, pero, digo, o sea, si nos atenemos a lo que obtuvo en m&aacute;s de medio siglo, m&aacute;s de medio siglo, digo, mis c&aacute;lculos, sigo, &iquest;me segu&iacute;s?, mis c&aacute;lculos me dan, a un valor presente del d&oacute;lar, 1.017 millones. &iquest;Te das cuenta?
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;an adem&aacute;s haberse deslumbrado con otros de los momentos claves de la pel&iacute;cula. La escena de Mois&eacute;s en la que abre un paso por el mar Rojo es considerada por muchos cr&iacute;ticos como se&ntilde;era. Es curioso, el compositor recurre a unos compases de la &ldquo;Cabalgata de las Walkirias&rdquo;, nada menos que en 1957, es decir, 12 a&ntilde;os despu&eacute;s de la Segunda Guerra, cuando las asociaciones entre el nazismo y <strong>Richard Wagner</strong> constitu&iacute;an un problema may&uacute;sculo de la m&uacute;sica y la cultura occidentales (signo ya de que toda informaci&oacute;n puede intercambiar sentidos y realizar brutales cabriolas). Dice Mois&eacute;s que hay que conducir al pueblo jud&iacute;o por el centro de las aguas. Le responden que se har&aacute; su voluntad (qu&eacute; palabra: el presidente cree que su potencia volitiva es de inspiraci&oacute;n celestial). El profeta retorna al monte y tiene lugar la situaci&oacute;n que resume la pel&iacute;cula, al punto que fue seleccionada para promocionarla. Mois&eacute;s alza la tabla en el monte, acaso equiparable en su peso para ellos a la Ley &Oacute;mnibus o el DNU, mamotretos destinados a impartir tundas b&iacute;blicas en un pa&iacute;s remoto, 74 a&ntilde;os m&aacute;s tarde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Mir&aacute;, mir&aacute;, impresionante-, &iquest;dir&iacute;a ella?
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        -Shh, pasame un poco de pochoclo. Lo que sobra es para Conan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rams&eacute;s es testigo del milagro. Lo observa imperturbable. Disimula su frustraci&oacute;n como su calva, esa met&aacute;fora de la esterilidad que ha visto en la abundancia pilosa un sin&oacute;nimo de lo fertil. Los hombres, a partir de los 50 a&ntilde;os, detectan muchas veces que la sombra de Brynner comienza a acechar en clave negativa. La p&eacute;rdida puede no tener consuelo. Sold&aacute;n ya era grande para confiar en los t&oacute;nicos enga&ntilde;osos del siglo que lo preced&iacute;a. Se parapet&oacute; debajo del biso&ntilde;&eacute;. Nada distinto a lo que hizo <strong>Andy Warhol</strong>, cuya peluca lleg&oacute; a venderse en 2006 por US$10.800 en una subasta en Christie&rsquo;s. Claro: Sold&aacute;n era apenas un locutor que amenizaba el programa televisivo <em>Grandes valores del tango. </em>Tener una cabellera <em>fake </em>supon&iacute;a no obstante un salto de calidad superior a convertirse en una versi&oacute;n sudamericana de Kojak, el detective pelado que protagoniz&oacute;<strong> Telly Savalas</strong>. La astucia podr&iacute;a ser superior al disimulo en esa serie de los setenta. No para los soldanes fuera de fase con las novedades t&eacute;cnicas. Desde hace a&ntilde;os, por suerte para ellos, existen los micro injertos.&nbsp; La oferta se ha sofisticado, as&iacute; como las narrativas de la aceptaci&oacute;n y el orgullo alop&eacute;cico.
    </p><h3 class="article-text">El Peluca</h3><p class="article-text">
        Para ser justos, fue el fil&oacute;sofo <strong>Sinesio de Cirene</strong> el primer vindicador de ese despojamiento. Natural de la Pent&aacute;polis de Cirenaica, en la actual Libia. Sinesio escribi&oacute; un <em>Elogio de la calvicie</em>. Se trataba de una &ldquo;batalla cultural&rdquo; con <strong>Di&oacute;n de Prusa</strong>, orador y fil&oacute;sofo griego que despunt&oacute; bajo la dominaci&oacute;n romana en el siglo I. Di&oacute;n alababa la melena de Aquiles, y su contendiente sosten&iacute;a que la alopecia era un rasgo humano que alejaba a los hombres de los animales, cubiertos de pelo, hirsutos y, por lo tanto, est&uacute;pidos. Por eso era frecuente entre sabios y maestros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sinesio de Cirene marcaba la diferencia entre una &ldquo;cabeza pelada&rdquo; y un &ldquo;entendimiento poblado&rdquo;. Recuerda Amara al respecto que todav&iacute;a a comienzos del siglo XIX segu&iacute;a viva esta asociaci&oacute;n &ldquo;m&aacute;s bien supersticiosa entre calvicie y sabidur&iacute;a&rdquo;. &iquest;Solo supersticiosa? Ah&iacute; los tenemos, por citar algunos y ubicarlos en una galer&iacute;a de la consagraci&oacute;n intelectual, a <strong>Theodor W. Adorno</strong>, <strong>Cornelius Castoriadis</strong>, <strong>Edgar Morin</strong>, <strong>Maurizio Lazzarato </strong>y <strong>Michel Foucault</strong>. <strong>Tom&aacute;s Abraham</strong> fue el gran difusor de <em>Las palabras y las cosas </em>y <em>Vigilar y Castigar </em>en la Universidad de la transici&oacute;n democr&aacute;tica. <strong>Jorge Telerman</strong>, quien hab&iacute;a estado en Par&iacute;s, tradujo algunos de sus textos y fungi&oacute; como ayudante de Abraham. Como en una carrera de relevos hacia abajo, le toc&oacute; a <strong>Luis Alberto Spinetta</strong>, en su condici&oacute;n de lector entusiasta, propagar en la prensa del rock el nombre del franc&eacute;s. Tres d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, es <strong>Alejandro Fantino</strong> el que invoca su figura deportivamente y nos ofrece un indicio de &eacute;poca en <em>degrad&eacute;</em>. Seg&uacute;n <em>La Naci&oacute;n, </em>&ldquo;parado sobre las nociones del pensador Michel Foucault, el animador marc&oacute; dos puntos de ruptura en la profesi&oacute;n que ejerce&rdquo;. Habl&oacute; de rupturas, cortes hist&oacute;ricos y t&eacute;cnicas para reflexionar sobre la suerte del periodismo deportivo. Toda una arqueolog&iacute;a del sobar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Pelo fue aqu&iacute;, en donde calavero/ calva no s&oacute;lo limpia, sino hidalga/ h&aacute;seme vuelto la cabeza nalga/ antes greguescos pide que sombrero.</em> <strong>Francisco de Quevedo</strong> describe como un tercer gl&uacute;teo a la cabeza sin pelambre. Pero, &iquest;qu&eacute; decir de nuestros primeros pelados, aquellos que podr&iacute;an ser objeto de se&ntilde;alamiento cuando no exist&iacute;a la prescripci&oacute;n de hablar acerca de los cuerpos ajenos? El m&aacute;s grande, <strong>Domingo Faustino Sarmiento</strong>, sin dudas. <strong>Leopoldo Lugones</strong> lo pinta en sus inicios con &ldquo;peluca y barba unitaria, ojos melanc&oacute;licos, mejillas caedizas de dogo, patillas pata de cabra, migote marcial&rdquo; y una &ldquo;ceja encrespada&rdquo; que afiera la mirada. Sarmiento se despoj&oacute; de ese ornamento, asumi&oacute; el rev&eacute;s incontestable de la calvicie para que florezcan mejor sus pensamientos: civilizaci&oacute;n y barber&iacute;a.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ezequiel Mart&iacute;nez Estrada</strong>, quien ve&iacute;a al autor de <em>Facundo </em>como un resumen de todas las contradicciones argentinas, tambi&eacute;n era calvo. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es esto?&rdquo;, dir&iacute;a tal vez sobre este presente. <strong>Carlos Pagni</strong> irrumpe desde hace a&ntilde;os como una suerte de Yul Brynner ilustrado. Sus art&iacute;culos en <em>La Naci&oacute;n</em>, robustecidos siempre con la ayuda de alg&uacute;n nombre del canon, <strong>Jorge Luis Borges</strong>, por ejemplo, pueden ser le&iacute;dos como ensayos urgentes de un intelectual ladeado hacia la derecha. Su habla florida e ir&oacute;nica se materializa en las columnas de los d&iacute;as martes, que son transcripciones de un mon&oacute;logo televisivo. Pagni, historiador y ex profesor universitario, public&oacute; <em>El nudo</em>, un libro que discute las experiencias sociales del conurbano y el 2001 y sus efectos. &ldquo;En esos d&iacute;as turbulentos cayeron presidentes y colaps&oacute; un r&eacute;gimen monetario y cambiario. Pero, sobre todo, se aceler&oacute; la descomposici&oacute;n del Estado de bienestar tal como hab&iacute;a sido concebido desde los primeros gobiernos de Juan Domingo Per&oacute;n. El terremoto se desarroll&oacute; sobre todo en una geograf&iacute;a. El modelo econ&oacute;mico que hab&iacute;a entrado en convulsi&oacute;n estall&oacute; en el lugar donde se lo hab&iacute;a fundado. El conurbano de la provincia de Buenos Aires. En medio de esas ruinas hizo su aparici&oacute;n un nuevo drama: la pobreza&rdquo;. Argentina era un pa&iacute;s con pobres. &ldquo;Pero a partir de 2001 emergi&oacute; la pobreza como un fen&oacute;meno sist&eacute;mico&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El voluminoso y pol&eacute;mico ensayo estableci&oacute; un diferencial respecto de los dem&aacute;s periodistas pol&iacute;ticos. En varias entrevistas televisivas, Pagni eligi&oacute; el lugar que parece mejor representarlo: la biblioteca. Se coloc&oacute; delante de estanter&iacute;as atiborradas para que hablen e intimiden a los entrevistadores, a veces balbuceantes, temerosos al derrape. A su modo, forma parte de la estirpe se&ntilde;alada por Sinesio de Cirene. Sin embargo, esa articulaci&oacute;n entre libro y calvicie se quiebra, lo deja en la actualidad casi solo y acaso estupefacto frente a otros pelados que se rebelan contra el lenguaje: el diputado <strong>Jos&eacute; Luis Espert</strong> y, en especial, <strong>Esteban Marcos Trebucq</strong> (para una m&aacute;s pertinaz y disparatada descripci&oacute;n recomiendo <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/delantera-metegol_129_10934165.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cr&oacute;nica</a> de <strong>Juan Jos&eacute; Becerra</strong> del pasado domingo). El presidente de los mandamientos y los mandatos far&oacute;nicos ha encontrado en el ahora periodista de <em>La Naci&oacute;n</em>+<em> </em>un interlocutor de privilegio. Dos caras de una misma moneda del esquilme econ&oacute;mico y gramatical: el cultor de la tierra arrasada, conocido por sus seguidores como &ldquo;El Peluca&rdquo;, y el hombre del casco rasurado, &uacute;ltimo eslab&oacute;n de la mencionada serie decreciente sobre las relaciones entre la ausencia de cabello y el verdor de las palabras y conceptos que comienza en lo m&aacute;s alto con Sarmiento, pasa por Mart&iacute;nez Estrada sin menguar, declina en un Pagni todav&iacute;a anal&oacute;gico y agoniza en este crep&uacute;sculo digital y &aacute;grafo con Trebucq. No solo han ca&iacute;do pelos sino un mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-declinacion-calvicie_129_10955409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Feb 2024 03:13:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elogio y declinación de la calvicie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Esteban Trebucq,Carlos Pagni,Michel Foucault,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día del Estudiante: ¿por qué se celebra el 21 de septiembre y coincide con el Día de la Primavera?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-estudiante-celebra-21-septiembre-coincide-dia-primavera_1_10530677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/881857c1-f87a-4ef9-9eee-386385469a6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día del Estudiante: ¿por qué se celebra el 21 de septiembre y coincide con el Día de la Primavera?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todos los 21 de septiembre, en Argentina, las plazas de diferentes ciudades se llenan de jóvenes estudiantes que celebran su día. ¿Qué pasó en esa fecha y cuál es el origen de la celebración?</p></div><p class="article-text">
        El&nbsp;<strong>D&iacute;a del Estudiante&nbsp;</strong>se celebra cada&nbsp;21 de septiembre&nbsp;y consta de&nbsp;una fecha para&nbsp;honrar a todos aquellos&nbsp;j&oacute;venes&nbsp;que dedican su tiempo al aprendizaje y la formaci&oacute;n profesional. Es por ese motivo que hoy muchos alumnos de las escuelas secundarias no tendr&aacute;n clases.
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;origen de la fecha&nbsp;no se relaciona con el inicio de la&nbsp;primavera, sino que est&aacute; emparentada con el pr&oacute;cer que m&aacute;s breg&oacute; por la educaci&oacute;n en Argentina:&nbsp;<strong>Domingo Faustino Sarmiento.</strong>
    </p><h3 class="article-text">D&iacute;a del estudiante: &iquest;por qu&eacute; se festeja el 21 de septiembre?</h3><p class="article-text">
        El hecho de que<strong> el&nbsp;D&iacute;a del Estudiante y el&nbsp;D&iacute;a de la Primavera&nbsp;</strong>se celebren en la misma jornada es mera coincidencia,&nbsp;ya que no hay ning&uacute;n motivo en particular que los vincule.
    </p><p class="article-text">
        En tanto, el D&iacute;a del Estudiante se festeja para honrar al ex presidente argentino&nbsp;Domingo Faustino Sarmiento, quien fue apodado por muchos historiadores como &ldquo;el padre del aula&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El 11 de septiembre de 1888, Sarmiento falleci&oacute; a los 77 a&ntilde;os en Asunci&oacute;n, Paraguay, y 10 d&iacute;as despu&eacute;s (21 de septiembre) llegaron sus restos a Buenos Aires. Por ese motivo, el Gobierno nacional decidi&oacute; conmemorar la labor del estudiante en esta fecha.
    </p><h3 class="article-text">Domingo Faustino Sarmiento, el padre del aula </h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Domingo Faustino Sarmiento                            </span>
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        Domingo Faustino Sarmiento fue un&nbsp;presidente argentino,&nbsp;gobernador&nbsp;de la provincia de San Juan y fue quien&nbsp;fund&oacute; las bases del sistema educativo en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El pol&iacute;tico argentino mantuvo firme la idea de que hab&iacute;a que&nbsp;plantear una ley nacional de educaci&oacute;n para el futuro de la naci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el Congreso sancion&oacute; la&nbsp;Ley 1420&nbsp;durante el gobierno de Julio Roca, y determin&oacute; que la educaci&oacute;n en Argentina pasaba a ser universal, obligatoria, gratuita y laica.
    </p><p class="article-text">
        El pr&oacute;cer muri&oacute; en Paraguay luego de que atravesar un delicado problema de salud por insuficiencia cardiovascular y bronquial. Ten&iacute;a 77 a&ntilde;os de edad y sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires diez d&iacute;as despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, en 1902,&nbsp;Salvador Debenedetti,&nbsp;de solo 18 a&ntilde;os, por entonces presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras,&nbsp;propuso que se homenajeara a Sarmiento con una celebraci&oacute;n del D&iacute;a de los Estudiantes en su casa de estudios.
    </p><p class="article-text">
        <em>NB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-estudiante-celebra-21-septiembre-coincide-dia-primavera_1_10530677.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Sep 2023 03:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día del Estudiante: ¿por qué se celebra el 21 de septiembre y coincide con el Día de la Primavera?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Efemérides,estudiantes,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia de la escuela primaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-escuela-primaria_129_10500078.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e94fb97-a6ca-40e0-ab1f-883f3b170d45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia de la escuela primaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1943, una reunión de Ministros de Educación del continente americano acordó designar al 11 de septiembre, día del deceso de Domingo F. Sarmiento, como Día del Maestro para todos los países de América Latina. </p><p class="subtitle">Episodio anterior - Historia de la comida y la cocina</p></div><p class="article-text">
        Fue un homenaje al gran educador argentino pero, ante todo, un indicador del prestigio internacional alcanzado por la escuela p&uacute;blica de nuestro pa&iacute;s en la era liberal. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo naci&oacute; ese proyecto educativo? &iquest;Por qu&eacute; fue tan exitoso y tan relevante para la clase dirigente liberal? &iquest;Qu&eacute; oportunidades les abri&oacute; el magisterio a las miles de mujeres que constituyeron el principal animador de ese expansivo y ambicioso sistema escolar? Finalmente, &iquest;por qu&eacute; la escuela perdi&oacute; brillo y potencia en la segunda mitad del siglo XX?
    </p><p class="article-text">
        Para conversar sobre estos temas, <strong>Roy Hora</strong> entrevista a <strong>Flavia Fiorucci</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Conducci&oacute;n: Roy Hora
    </p><p class="article-text">
        Producci&oacute;n y edici&oacute;n de sonido: Ian Guti&eacute;rrez y Mart&iacute;n&nbsp;Schindell
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <a href="https://open.spotify.com/show/6ZzcVyIlDzcz3YaXAb7KEg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">HistoriAr</a>&nbsp;es un podcast creado y producido por la&nbsp;<strong>Asociaci&oacute;n Argentina de Investigadores en Historia&nbsp;</strong>(<strong>AsAIH</strong>)<strong>.</strong>&nbsp;Cada episodio aborda un tema espec&iacute;fico de historia argentina, latinoamericana o mundial.
    </p><p class="article-text">
        <em>AsAIH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Asociación Argentina de Investigadores en Historia (AsAIH)]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-escuela-primaria_129_10500078.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Sep 2023 13:51:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia de la escuela primaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Educación,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día de la Primavera: ¿por qué se celebra el 21 de septiembre?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-primavera-celebra-21-septiembre_1_9554041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b54985c4-a89e-4c7a-9f2a-52043ed4de4c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día de la Primavera: ¿por qué se celebra el 21 de septiembre?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 21 de septiembre es el Día de la Primavera, y se relaciona al fenómeno natural que es el equinoccio de primavera, dando inicio a esta estación. Sin embargo, aunque todos los años celebramos la llegada de la nueva estación en esta fecha, no siempre empieza en este día.</p></div><p class="article-text">
        La <strong>primavera</strong> es la estaci&oacute;n de a&ntilde;o caracter&iacute;stica por el rebrote de todas las flores y el aumento de temperatura despu&eacute;s del invierno, y tiene su inicio con el <strong>equinoccio de primavera</strong>. Aunque creamos que este tiene lugar el <strong>D&iacute;a de la Primavera</strong> que se festeja el<strong> 21 de septiembre</strong>, este a&ntilde;o la temporada comenzar&aacute; dos d&iacute;as despu&eacute;s: el <strong>23 de septiembre</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Esto es porque el D&iacute;a de la Primavera, establecido convencionalmente, y el equinoccio, determinado por el <strong>calendario astron&oacute;mico</strong>, son dos cosas diferentes. El equinoccio, el momento en que el planeta Tierra se encuentra en el centro de la &oacute;rbita del sol, tiene lugar entre el 21 y 23 de septiembre en el hemisferio sur y <strong>su fecha exacta var&iacute;a de a&ntilde;o a a&ntilde;o</strong>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Todos los a&ntilde;os, la Tierra tiene <strong>dos equinoccios y dos solsticios</strong>, lo cual hace los cambios de estaciones. El pr&oacute;ximo solsticio, que marca el final de la primavera, ser&aacute; alrededor del 21 o 22 de diciembre, dando comienzo al <strong>verano</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, este a&ntilde;o los estudiantes saldr&aacute;n a las calles para celebrar su d&iacute;a y tambi&eacute;n la llegada de la primavera, la cual este a&ntilde;o empezar&aacute; con el equinoccio de primavera, el&nbsp;<strong>23 de septiembre a la 01:04</strong>.
    </p><h3 class="article-text">D&iacute;a del Estudiante</h3><p class="article-text">
        Cada 21 de septiembre en la Argentina tambi&eacute;n se celebra el&nbsp;<strong>D&iacute;a del Estudiante</strong>. Hist&oacute;ricamente, los estudiantes sal&iacute;an a desfilar por la Avenida Santa Fe, pero hoy en d&iacute;a su punto de encuentro suele ser por los bosques de Palermo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Este d&iacute;a comenz&oacute; a celebrarse en 1902 por iniciativa de <strong>Salvador Debenedetti</strong>, quien fue estudiante y presidente del <strong>Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de Buenos Aires</strong>. Es por la llegada de los restos del pr&oacute;cer <strong>Domingo Faustino Sarmiento</strong> a Buenos Aires, d&iacute;as despu&eacute;s de haber fallecido un <strong>11 de septiembre</strong> en Asunci&oacute;n del Paraguay a los 77 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Un 21 de septiembre de 1888 inhumaron los restos del <em><strong>Padre del Aula</strong></em><em> </em>en el Cementerio de la Recoleta, quien en vida fue pol&iacute;tico, escritor, docente, periodista, militar y estadista, adem&aacute;s del <strong>principal impulsor de la educaci&oacute;n p&uacute;blica en la Argentina del siglo XIX</strong>.
    </p><h3 class="article-text">La Ciudad de Buenos Aires celebra la primavera</h3><p class="article-text">
        En el marco del D&iacute;a de la Primavera y del Estudiante, habr&aacute;n ferias, talleres, actividades deportivas, musicales y art&iacute;sticas en <strong>distintos puntos de Buenos Aires</strong>, todas ellas con <strong>entrada libre y gratuita</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El <strong>Parque Centenario</strong> ser&aacute; sede de&nbsp;<em><strong>Todos al Anfi</strong></em>, una jornada que busca incentivar el consumo cultural en j&oacute;venes de 16 a 19 a&ntilde;os de las escuelas p&uacute;blicas. Alrededor del <strong>Anfiteatro del Parque</strong> habr&aacute; una feria de editores de literatura juvenil: manga, anime, fanzine, novela gr&aacute;fica y c&oacute;mics. La jornada ser&aacute; musicalizada por la banda <strong>Notorious Wach </strong>y <strong>Luck Ra</strong>, el compositor y cantante de trap y rap, quien le dar&aacute; cierre a la tarde.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, en la <strong>Plaza Arist&oacute;bulo del Valle de Villa del Parque</strong> (Cuenca y Marcos Sastre) habr&aacute;n actividades deportivas en las canchas de la plaza, adem&aacute;s de un sector de maquillaje y uno de ajedrez; tocar&aacute; el <strong>DJ Federico Odriozzola</strong>, y,&nbsp;en el cierre, se proyectar&aacute;&nbsp;<em><strong>Opera Villera</strong></em><strong>&nbsp;</strong>de Ana Farini y N&eacute;stor S&aacute;nchez Sotelo, y estar&aacute;n presentes sus protagonistas. El evento ser&aacute; desde las 17 hasta las 20:30.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el&nbsp;<strong>Consejo de los Derechos de Ni&ntilde;as, Ni&ntilde;os y Adolescentes</strong>&nbsp;realizar&aacute; en el <strong>Aut&oacute;dromo de Buenos Aires</strong> un&nbsp;evento destinado a los chicos de los hogares de la ciudad. Tendr&aacute;n una gran plaza blanda, metegol, juegos de mesa, tejo de aire, kermesse y maquilladoras art&iacute;sticas. Al final del d&iacute;a,&nbsp;los ni&ntilde;os recorrer&aacute;n en colectivo la pista de carreras.
    </p><p class="article-text">
        El resto de las actividades est&aacute;n detalladas en este <a href="https://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/noticias/la-ciudad-sera-anfitriona-de-los-festejos-por-el-dia-de-la-primavera" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>link de Buenos Aires Ciudad</strong></a>.
    </p><p class="article-text">
        <em>LC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-primavera-celebra-21-septiembre_1_9554041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Sep 2022 03:01:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día de la Primavera: ¿por qué se celebra el 21 de septiembre?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Efemérides,Primavera,estudiantes,Domingo Faustino Sarmiento,Buenos Aires]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día del Maestro: ¿por qué se celebra el 11 de septiembre?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-maestro-celebra-11-septiembre_1_9305593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd874396-6a63-4178-aea4-bf17e8d6fc00_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día del Maestro: ¿por qué se celebra el 11 de septiembre?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es en honor a Domingo Faustino Sarmiento, que falleció el 11 de septiembre de 1888 en Paraguay y es considerado "el padre del aula". Fue uno de los políticos, literatos e intelectuales más relevantes de la sociedad argentina. Cientos de miles de docentes reciben regalos de sus alumnos con ocasión de esta fecha.</p></div><p class="article-text">
        El&nbsp;D&iacute;a del Maestro&nbsp;se celebra el 11 de septiembre en Argentina y en toda Latinoam&eacute;rica en conmemoraci&oacute;n al fallecimiento de&nbsp;Domingo Faustino Sarmiento&nbsp;(1811-1888). 
    </p><p class="article-text">
        El expresidente de la Naci&oacute;n (1868-1874), impulsor de la idea de que era necesario plantear una ley nacional de educaci&oacute;n, es considerado por muchos como &ldquo;el padre del aula&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sarmiento falleci&oacute; el 11 de septiembre de 1888 en Paraguay. Fue uno de los pol&iacute;ticos, literatos e intelectuales m&aacute;s relevantes de la sociedad argentina.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Domingo Faustino Sarmiento                            </span>
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        El D&iacute;a del Maestro es una fecha que conmemora la labor diaria que ejercen los educadores en la vida de los ni&ntilde;os, j&oacute;venes y en todos los &aacute;mbitos de la sociedad. <strong>Cientos de miles de docentes de todo el pa&iacute;s reciben regalos de sus alumnos con ocasi&oacute;n de esa fecha.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o la fecha cae en domingo por lo que no hay suspensi&oacute;n de clases.
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 1943, tuvo lugar en Panam&aacute; la Primera Conferencia de Directores de Educaci&oacute;n de las Rep&uacute;blicas Americanas. All&iacute;, se declar&oacute; el 11 de septiembre como D&iacute;a del Maestro para todo el continente en honor a Sarmiento, pero tambi&eacute;n en reconocimiento a la importancia que implica el trabajo y disposici&oacute;n de todos los maestros que d&iacute;a a d&iacute;a realizan su trabajo en las escuelas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, fue reci&eacute;n en 1945 que el presidente de aquel momento, Edelmiro Juli&aacute;n Farrell, firm&oacute; el decreto que oficializaba el d&iacute;a de la conmemoraci&oacute;n a los docentes en Argentina.
    </p><p class="article-text">
        En vida, Sarmiento propuso y defendi&oacute; un sistema educativo p&uacute;blico que ayudase en el progreso y mejoramiento social del pueblo argentino.
    </p><p class="article-text">
        Su carrera estuvo dedicada a la creaci&oacute;n de espacios educativos por medio de la fundaci&oacute;n de diversas escuelas. Tambi&eacute;n, a la realizaci&oacute;n de programas educativos para los m&aacute;s pobres y la divulgaci&oacute;n nacional de avances cient&iacute;ficos. Por este motivo, se considera a Sarmiento el padre de la educaci&oacute;n moderna en Argentina.
    </p><p class="article-text">
        <em>CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-maestro-celebra-11-septiembre_1_9305593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Sep 2022 03:01:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día del Maestro: ¿por qué se celebra el 11 de septiembre?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Efemérides,Maestros,Maestras,Docentes,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Sarmiento a Fernández, ascenso y ocaso de la figura presidencial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sarmiento-fernandez-ascenso-ocaso-figura-presidencial_129_9195356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e15e58b5-a3ff-4617-9949-2607eb5b2fb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Sarmiento a Fernández, ascenso y ocaso de la figura presidencial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Juan Bautista Alberdi habló de la desgracia de ocupar la difícil silla presidencial. Sarmiento fue un presidente duro y batallador; Yrigoyen quiso una presidencia omnipresente, pero silenciosa y enigmática; Perón se propuso convertirla en la única voz autorizada para hablar en nombre de la nación. Con Alberto Fernández, sostiene el autor, la investidura presidencial es agredida por propios y extraños.</p></div><p class="article-text">
        En 2019 comenz&oacute; un experimento que carece de antecedentes en la historia moderna de nuestro pa&iacute;s: el arribo a la Casa Rosada, mediante elecciones libres y sin proscripciones, de un presidente que <strong>no constituye el v&eacute;rtice indiscutido del sistema de poder.</strong> Mucho se ha dicho y mucho se ha escrito sobre los pobres resultados de esta singular iniciativa, cuyo futuro es cada vez m&aacute;s incierto e inquietante. Quisiera volver sobre este problema a la luz de algunos apuntes sobre la historia de la figura presidencial. Y esto porque los atributos y las caracter&iacute;sticas de la primera magistratura de la rep&uacute;blica no deben verse solamente como un hecho cristalizado -el producto de un dise&ntilde;o institucional o de una relaci&oacute;n de fuerzas entre actores de la vida p&uacute;blica- sino, tambi&eacute;n, como el resultado de una trabajosa construcci&oacute;n. Una larga y dif&iacute;cil construcci&oacute;n que hoy est&aacute; sometida a grandes tensiones, y que sufre un da&ntilde;o que no ser&aacute; sencillo reparar.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Juan Bautista Alberdi constituye un buen punto de partida para reconstruir el proceso de construcci&oacute;n de la figura presidencial en nuestro pa&iacute;s.</strong> Alberdi vivi&oacute; en un tiempo en el que una presidencia poderosa, e incluso la existencia misma del estado argentino, no eran m&aacute;s que una posibilidad entre muchas, apenas un dibujo en la arena. Como todos sabemos, su libro<em> Bases y</em><span class="highlight" style="--color:white;"><em> puntos de partida para la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica de la Rep&uacute;blica Argentina</em></span> (1852) tuvo una considerable influencia sobre los redactores de la Constituci&oacute;n de 1853. All&iacute;, Alberdi formul&oacute; la idea de que el pa&iacute;s requer&iacute;a &ldquo;reyes con el nombre de presidente&rdquo;, esto es, ejecutivos fuertes, s&oacute;lo limitados por la ley.
    </p><p class="article-text">
        Si Alberdi cre&iacute;a necesario instituir un Poder Ejecutivo &ldquo;republicano en la forma y casi mon&aacute;rquico en el fondo&rdquo; era porque el mundo pol&iacute;tico de su tiempo estaba dominado no por la concentraci&oacute;n sino por la dispersi&oacute;n del poder. En esa Argentina sin centro, la primera magistratura no estaba apoyada sobre una autoridad incontrastable. As&iacute; lo dejaba entrever cuando afirmaba, en el cap&iacute;tulo XXXIV de las <em>Bases</em>, que &ldquo;una vez elegido, sea quien fuere el desgraciado a quien el voto del pa&iacute;s coloque en la silla dif&iacute;cil de la presidencia, se le debe respetar con la obstinaci&oacute;n ciega de la honradez, no como a hombre, sino como a la persona p&uacute;blica del presidente de la Naci&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por bastante tiempo, la presidencia de la rep&uacute;blica fue un espacio de autoridad discutido e inestable. Sus ocupantes tuvieron grandes dificultades para imponer su voluntad sobre una ciudadan&iacute;a d&iacute;scola y para acallar a figuras que contaban con recursos de poder de similar o mayor envergadura. Los mandatarios de las provincias m&aacute;s importantes estaban en esa categor&iacute;a de pares del presidente. Mitre y Sarmiento no tuvieron m&aacute;s remedio que convivir con el poderoso Urquiza, y Avellaneda no siempre logr&oacute; llamar al orden al gobernador de Buenos Aires. 
    </p><p class="article-text">
        Sarmiento (1868-1874) fue quiz&aacute;s el primer presidente que trabaj&oacute; de manera sistem&aacute;tica para torcer eso que Alberdi llam&oacute; la desgracia de ocupar la dif&iacute;cil silla de la presidencia. Tuvo m&aacute;s espacio pol&iacute;tico que Mitre pero tambi&eacute;n m&aacute;s vocaci&oacute;n centralizadora. Si Mitre fue ante todo un negociador, Sarmiento fue un duro y agresivo batallador. Contra la imagen algo c&aacute;ndida del presidente educador, el sanjuanino siempre dobl&oacute; la apuesta. Estaba convencido de la necesidad de fortalecer la figura presidencial, tanto en el plano institucional como en el pol&iacute;tico. Para afirmar la autoridad del ejecutivo nacional decidi&oacute; ir a una costosa guerra civil en Entre R&iacute;os (1870-73), y apunt&oacute; sus ca&ntilde;ones contra todos aquellos que bregaban por construir una rep&uacute;blica m&aacute;s federal, con m&aacute;s autonom&iacute;a para los estados provinciales.<strong> </strong>Sarmiento cre&iacute;a en el poder de los s&iacute;mbolos y los rituales del poder y por eso realiz&oacute; muchos gestos para realzar la visibilidad y la magnificencia de la primera magistratura: quiso una Casa de Gobierno m&aacute;s moderna e imponente, mand&oacute; importar un carruaje principesco, cre&oacute; un cuerpo especial de escolta presidencial, integrado por soldados de estatura elevada y porte marcial.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para Sarmiento, la afirmaci&oacute;n simb&oacute;lica de la investidura presidencial y la formaci&oacute;n de un Estado m&aacute;s poderoso iban de la mano.</strong> Los partidarios de la austeridad republicana no se cansaron de criticarlo. Pero el segundo presidente de la Argentina unificada sab&iacute;a bien que no habr&iacute;a construcci&oacute;n pol&iacute;tica perdurable si no se asentaba sobre la creencia de que el hombre que ocupaba la Casa Rosada era el que estaba al mando. Y para mostrarlo incluso estuvo dispuesto a humillar a su vice, Adolfo Alsina, declarando a quien quisiera escucharlo que s&oacute;lo necesitaba al gran caudillo popular de Buenos Aires para &ldquo;tocar la campana del Senado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En d&eacute;cadas posteriores, conforme el poder ejecutivo fue ganando m&uacute;sculo, la figura presidencial continu&oacute; acrecentando su relieve. La contribuci&oacute;n de Roca a la unificaci&oacute;n pol&iacute;tica es conocida. El tucumano tambi&eacute;n fijo su atenci&oacute;n en cuestiones referidas a la simbolog&iacute;a del poder: fue el creador de la Casa Rosada tal como hoy la conocemos. En su segundo mandato, adem&aacute;s, Roca volvi&oacute; a dar vida a<span class="highlight" style="--color:white;">l&nbsp;regimiento de granaderos a caballo con que San Mart&iacute;n hab&iacute;a iniciado su carrera militar; en 1907,&nbsp;durante el mandato de Jos&eacute; Figueroa Alcorta, el regimiento de granaderos se convirti&oacute; en escolta presidencial. </span>
    </p><p class="article-text">
        Roque S&aacute;enz Pe&ntilde;a (1910-14) constituye un importante eslab&oacute;n en esta historia de ascenso del poder presidencial. Fue el &uacute;nico jefe de estado que vivi&oacute; en la Casa Rosada, cuya ala norte reform&oacute; y cuyo personal de servicio acrecent&oacute; y jerarquiz&oacute;. S&aacute;enz Pe&ntilde;a rode&oacute; sus apariciones en p&uacute;blico de un ritual del poder m&aacute;s elaborado, que los socialistas en su momento denunciaron como propio de un &ldquo;presidente aristocr&aacute;tico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el &uacute;ltimo gran mandatario de la era olig&aacute;rquica hab&iacute;a algo m&aacute;s que gusto por la pompa pagado con los impuestos de los contribuyentes. S&aacute;enz Pe&ntilde;a arrib&oacute; a la Casa Rosada convencido de que hab&iacute;a llegado el momento de abrir las puertas de la vida p&uacute;blica de par en par a la inspiraci&oacute;n democr&aacute;tica, e impuso ese norte a un Congreso por momentos renuente a acompa&ntilde;arlo. Que la ley de sufragio masculino secreto y obligatorio sea recordada con su nombre es un merecido homenaje a su proyecto m&aacute;s ambicioso. S&aacute;enz Pe&ntilde;a dio ese salto hacia lo desconocido confiado en que la Argentina estaba madura para asentar su orden pol&iacute;tico sobre un r&eacute;gimen m&aacute;s participativo e incluyente. Pero entend&iacute;a que, para que el r&eacute;gimen democr&aacute;tico funcionara de manera aceitada, no bastaba con confiar en el raciocinio de la ciudadan&iacute;a. Tambi&eacute;n hac&iacute;an falta iniciativas desde arriba. 
    </p><p class="article-text">
        El presidente reformista insisti&oacute; en la necesidad de promover la formaci&oacute;n de partidos m&aacute;s leg&iacute;timos y mejor enraizados socialmente. Y adem&aacute;s cre&iacute;a que, cuando el voto del hombre com&uacute;n pasara a marcar el ritmo de la vida p&uacute;blica, la figura presidencial deb&iacute;a aparecer bajo una luz m&aacute;s brillante y seductora. En la era de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica, la austeridad republicana era un anacronismo peligroso. M&aacute;s que un presidente aristocr&aacute;tico, pues, lo que S&aacute;enz Pe&ntilde;a estaba balbuceando era la idea de que la pol&iacute;tica de masas requer&iacute;a rituales del poder m&aacute;s elaborados y de mayor alcance, puestos al servicio del engrandecimiento de la figura del presidente democr&aacute;tico. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A lo largo del siglo XX, y bajo este nuevo imperativo, la figura presidencial fue sometida a distintos experimentos, siempre dirigidos a engrandecer su estatura p&uacute;blica.</strong> Yrigoyen la quiso omnipresente, pero silenciosa y enigm&aacute;tica. Per&oacute;n se propuso convertirla en la &uacute;nica voz autorizada para hablar en nombre de la naci&oacute;n y, en la deriva autoritaria que marc&oacute; su segundo mandato, aspir&oacute; a ocupar la totalidad del campo pol&iacute;tico. Si en Yrigoyen la imagen presidencial se multiplic&oacute; en mil afiches y carteles, en Per&oacute;n fue su voz, trasportada por la radio y el altoparlante a todos los rincones del pa&iacute;s, la que inund&oacute; el espacio p&uacute;blico. En la noche terrible de la dictadura, Videla quiso que la figura presidencial fuese la encarnaci&oacute;n de una autoridad erigida sobre una siempre apenas velada amenaza de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas, tras encarrilarse en la senda democr&aacute;tica, la sociedad argentina se torn&oacute; m&aacute;s diversa y plural.</strong> De la agenda de g&eacute;nero a la crisis clim&aacute;tica, de las clases altas y medias globalizadas a los pobres que viven al d&iacute;a, las expectativas y las demandas que la animan son cada vez m&aacute;s complejas y heterog&eacute;neas, y m&aacute;s dif&iacute;ciles de sintetizar en una sola imagen o una sola voz. Sin embargo, la figura presidencial continu&oacute; ocupando un lugar de extraordinario relieve en la escena p&uacute;blica. Y esto es as&iacute; porque los enormes desaf&iacute;os que el pa&iacute;s debi&oacute; enfrentar en esta etapa una y otra vez colocaron al presidente en el foco de la atenci&oacute;n ciudadana. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias a su enorme visibilidad y su posici&oacute;n central en el proceso pol&iacute;tico, las personas que ocuparon el cargo de jefe de estado pudieron reclamar cr&eacute;dito por los triunfos del momento. Nuestra historia reciente gir&oacute; en torno a tres epopeyas. En los a&ntilde;os ochenta, Ra&uacute;l Alfons&iacute;n hizo crecer la envergadura de la figura presidencial alzando la bandera de la democracia pluralista y los derechos humanos. Su sucesor Carlos Menem tuvo sus d&iacute;as de gloria y alcanz&oacute; la reelecci&oacute;n como promotor de la modernizaci&oacute;n del anquilosado y exhausto capitalismo nacional. Y en la primera d&eacute;cada del siglo XXI, los Kirchner se rodearon de calor popular gracias a que dieron estabilidad a la nave del estado tras la crisis de 2001-2 y reformularon la idea de justicia social para adaptarla a la era de la desocupaci&oacute;n estructural. Pero como estos logros pronto fueron opacados por fracasos estruendosos, y porque nuestro pa&iacute;s se caracteriza por veloces tr&aacute;nsitos del entusiasmo a la frustraci&oacute;n, el panorama resultante fue, como nos recuerda un estudio de An&iacute;bal P&eacute;rez Li&ntilde;&aacute;n (chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.redalyc.org/pdf/3871/387133948016.pdf), una serie de &ldquo;ciclos r&aacute;pidos y dram&aacute;ticos de acumulaci&oacute;n y disoluci&oacute;n del poder presidencial&rdquo;. De hecho, de las tres grandes promesas presidenciales de la etapa inaugurada en 1983 &ndash;democracia, crecimiento econ&oacute;mico, justicia social&ndash;, s&oacute;lo la primera puede considerarse satisfecha. Y hay que notar que, pese a la importancia de esta conquista, Alfons&iacute;n no pudo cosechar sino p&oacute;stumamente un amplio reconocimiento por semejante logro. 
    </p><p class="article-text">
        En 2019, la consagraci&oacute;n de una f&oacute;rmula presidencial integrada en segundo t&eacute;rmino por una figura que, aunque debilitada y en declinaci&oacute;n, es considerablemente m&aacute;s gravitante que la persona designada para encabezar el poder ejecutivo, introdujo una novedad radical en esta trayectoria. La audaz iniciativa de Cristina Fern&aacute;ndez le permiti&oacute; al justicialismo regresar a la Casa Rosada, pero a costa de sembrar de piedras el camino hacia adelante. Una vez que se corri&oacute; el velo que la pandemia hab&iacute;a puesto sobre los problemas permanentes del pa&iacute;s, se volvi&oacute; evidente que este artefacto disfuncional es incapaz de imprimirle a la acci&oacute;n del Estado un rumbo coherente. Es deficiente en el plano pol&iacute;tico y en el econ&oacute;mico. Y es deficiente no s&oacute;lo porque agrava el desconcierto que un panorama de pobreza fiscal impone a las distintas facciones de un grupo dirigente que, pese a todas sus diferencias internas, s&oacute;lo parece capaz de predicar el evangelio de la distribuci&oacute;n, o por la naturaleza por momentos extremadamente ego&iacute;sta y autorreferencial de las iniciativas pol&iacute;ticas que parten de su figura de mayor relieve, la titular del Senado. Tambi&eacute;n es defectuosa porque la Argentina no se parece a la Rusia de la d&eacute;cada de 2000, que pod&iacute;a funcionar con Dmitri Medvedev como presidente t&iacute;tere y Vladimir Putin como el verdadero poder detr&aacute;s del trono. 
    </p><p class="article-text">
        Es que la densidad que la figura presidencial ha adquirido a lo largo de la historia que aqu&iacute; hemos bosquejado, as&iacute; como la importancia de los recursos de poder que coloca a disposici&oacute;n del primer mandatario, no admiten ese desdoblamiento ni siquiera en el caso de un hombre al que, como Cristina Fern&aacute;ndez siempre intuy&oacute;, le resulta muy dif&iacute;cil concebirse como el n&uacute;mero uno. Al mirar su imagen reflejada en el espejo de nuestra tradici&oacute;n pol&iacute;tica, y al sentir el peso del bast&oacute;n y la banda presidencial, incluso un dirigente de segunda l&iacute;nea y de pobre imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica como Alberto Fern&aacute;ndez no puede sino resistirse a adoptar el papel de un mero presidente vicario. Los ecos de una historia m&aacute;s que centenaria, que se remonta a ese Sarmiento que ya en 1868 trabajaba para confinar a su vice Alsina a la tarea de &ldquo;tocar la campana del Senado&rdquo;, siguen habitando los salones y los pasillos de la Casa Rosada. El resultado es un choque de fuerzas que paraliza al gobierno y da&ntilde;a a la sociedad y que, adem&aacute;s, humilla y deshonra a la figura presidencial.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n si la investidura presidencial hoy es agredida por propios y extra&ntilde;os y, lo que es peor, tambi&eacute;n sufre el maltrato que le prodiga el encargado de custodiarla, no es f&aacute;cil demoler en pocos a&ntilde;os un edificio pol&iacute;tico-cultural que se erigi&oacute; a lo largo de tantas d&eacute;cadas. Alcanzado este punto, muchas preguntas quedan abiertas. &iquest;En qu&eacute; condiciones llegar&aacute; la nave de la presidencia de Alberto Fern&aacute;ndez-Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner a esa costa todav&iacute;a muy lejana que es el 10 de diciembre de 2023? Cuando se produzca el recambio de autoridades, &iquest;vendr&aacute; acompa&ntilde;ado de un movimiento del p&eacute;ndulo en sentido inverso, esto es, de afirmaci&oacute;n de la figura del primer mandatario, como el que N&eacute;stor Kirchner lider&oacute; en 2003? &iquest;Esa recuperaci&oacute;n del prestigio y la autoridad de la figura presidencial servir&aacute;n para revitalizar lo mejor o acentuar lo peor de nuestra tradici&oacute;n pol&iacute;tica? &iquest;O el mezquino experimento que nos condujo a esta tormenta dejar&aacute; un legado perdurable, dif&iacute;cil de remontar? 
    </p><p class="article-text">
        A esta altura, estos interrogantes no tienen respuesta. En todo caso, en momentos dif&iacute;ciles como los que hoy atraviesa el pa&iacute;s, el sentido del pedido de clemencia en favor de los ocupantes de &ldquo;la silla dif&iacute;cil de la presidencia&rdquo; formulado por Alberdi en 1852 vuelve a adquirir plena vigencia. Sobre todo porque -como insist&iacute;a el arquitecto de nuestra constituci&oacute;n enfatizando que es muy importante distinguir entre el individuo que circunstancialmente ocupa el cargo y la m&aacute;s permanente investidura del presidente-, &ldquo;cuanto menos digno de su puesto&rdquo; es el primer mandatario, mayor debe ser el cuidado con que debemos tratarlo. En beneficio, concluye con raz&oacute;n Alberdi, no de la persona indigna de esa enorme responsabilidad que por un tiempo preciso y limitado ocupa la Casa Rosada sino de la castigada comunidad pol&iacute;tica que en esa figura simb&oacute;lica se encuentra sintetizada y reflejada. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>RH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roy Hora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sarmiento-fernandez-ascenso-ocaso-figura-presidencial_129_9195356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jul 2022 03:01:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Sarmiento a Fernández, ascenso y ocaso de la figura presidencial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juan Bautista Alberdi,Domingo Faustino Sarmiento,Hipólito Yrigoyen,Juan Perón,Raúl Alfonsín,Carlos Menem,Néstor Kirchner,Cristina Fernández de Kirchner,Alberto Fernández,Argentina,Presidentes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El “sueño colonizador” de Sarmiento: la historia de las maestras que importó de Estados Unidos, entre tragedias, amores y una batalla pedagógica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/sueno-colonizador-sarmiento-historia-maestras-importo-estados-unidos-tragedias-amores-batalla-pedagogica_1_8077157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d7b476a-f9fe-4c16-bf6a-48ea8183f9b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El “sueño colonizador” de Sarmiento: la historia de las maestras que importó de Estados Unidos, entre tragedias, amores y una batalla pedagógica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre 1869 y 1898, por una iniciativa del prócer argentino, llegaron a la Argentina más de 60 educadoras con la finalidad de dar clase, inaugurar escuelas en todo el territorio nacional y formar a nuevas generaciones de docentes. En diálogo con elDiarioAR, la escritora Laura Ramos revela el trasfondo de ese plan ambicioso y desmesurado, que plasmó en su reciente libro "Las señoritas".</p></div><p class="article-text">
        Deb&iacute;an ser s&iacute; o s&iacute; solteras. Y tambi&eacute;n <strong>&ldquo;de aspecto atractivo, maestras normales, j&oacute;venes pero con experiencia docente, de buena familia, conducta y morales irreprochables y, en lo posible, entusiastas y que hicieran gimnasia</strong>&rdquo;. Esa lista de requisitos fue la que impuso Domingo Faustino Sarmiento a un grupo de educadoras quienes, por un ambicioso plan del ex presidente argentino, llegaron al pa&iacute;s provenientes de los Estados Unidos entre 1869 y 1898.
    </p><p class="article-text">
        Tal como reconstruye la escritora Laura Ramos en su reciente y apasionante libro <em>Las se&ntilde;oritas</em> (Lumen, 2021) por esos a&ntilde;os &ldquo;<strong>el gobierno argentino contrat&oacute; a sesenta y una maestras estadounidenses</strong> &mdash;probablemente viajaron nueve m&aacute;s que no est&aacute;n registradas de modo formal&mdash;para trabajar en escuelas normales del interior del pa&iacute;s, en muchos casos para fundarlas y, en ocasiones, para ayudar a construirlas. O para defenderlas, cuando se convirtieron en fortines sitiados durante las luchas sangrientas que agitaban la regi&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
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            <span class="title">
                Mary Graham, la gran educadora de San Juan y La Plata.                            </span>
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        Aunque no hay una &uacute;nica respuesta a la pregunta sobre por qu&eacute; Sarmiento opt&oacute; por ofrecerles este trabajo a aquellas mujeres j&oacute;venes, que tuvieron que realizar viajes en barco extens&iacute;simos y muy costosos para las arcas p&uacute;blicas, <strong>muchas de ellas sin manejar correctamente el idioma con el que iban a impartir las clases</strong>, a lo largo de su libro Ramos expone algunas pistas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se puede pensar que Sarmiento era un extravagante, una persona excesiva, extrema. En este plan, sus intereses educativos se mezclaban con sus aspiraciones mesi&aacute;nicas&rdquo;, explica en di&aacute;logo con <em>elDiarioAR</em> la autora de <em>Las se&ntilde;oritas</em>, quien ya en el pr&oacute;logo habla de <strong>un &ldquo;sue&ntilde;o colonizador&rdquo;</strong> del argentino. En un viaje por los Estados Unidos, primero en 1847 y luego ya desde su rol como ministro plenipotenciario y enviado extraordinario de la Argentina, a partir de 1865, Sarmiento qued&oacute; fascinado con lo que se iba encontrando, especialmente en la ciudad de Boston a la que defini&oacute; como <strong>&ldquo;la reina de las escuelas de ense&ntilde;anza primaria&rdquo;.</strong> 
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                    alt="&quot;Las señoritas&quot; (Lumen, 2021) cuenta la historia de las 61 maestras estadounidenses que &quot;importó&quot; Sarmiento"
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            <span class="title">
                &quot;Las señoritas&quot; (Lumen, 2021) cuenta la historia de las 61 maestras estadounidenses que &quot;importó&quot; Sarmiento                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        All&iacute; fue recibido por <strong>Horace Mann</strong>, considerado el gran innovador de la educaci&oacute;n primaria de su pa&iacute;s, y tiempo despu&eacute;s por <strong>Mary Mann</strong>, su mujer, con quien el autor de <em>Facundo</em> trab&oacute; una amistad que dur&oacute; varias d&eacute;cadas tras la muerte de su esposo.
    </p><p class="article-text">
        Tal como se&ntilde;ala Ramos en el pr&oacute;logo de <em>Las se&ntilde;oritas</em>, por esos tiempos toda la regi&oacute;n de Nueva Inglaterra pero especialmente Boston atravesaban &ldquo;una especie de siglo de las luces&rdquo; en el que el pensamiento de <strong>Margaret Fuller</strong>, &ldquo;figura destacada entre los trascendentalistas y <strong>precursora del feminismo moderno</strong>, postulaba una definici&oacute;n del papel de la mujer que tuvo una notable influencia en la personalidad literaria de Jo March, la hero&iacute;na de <em>Mujercitas</em>&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Laura Ramos acaba de publicar el libro &quot;Las señoritas&quot;"
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            <span class="title">
                Laura Ramos acaba de publicar el libro &quot;Las señoritas&quot;                            </span>
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        Es en ese ambiente en el que por esos d&iacute;as puede encontrar en algunas instituciones educativas a j&oacute;venes estudiantes que le llamaron la atenci&oacute;n. &ldquo;No sin asombro vi mujeres que pagaban una pensi&oacute;n por estudiar matem&aacute;ticas, qu&iacute;mica, bot&aacute;nica y anatom&iacute;a, como ramas complementarias de la educaci&oacute;n. <strong>Eran ni&ntilde;as pobres que tomaban dinero anticipado para costear su educaci&oacute;n, debiendo pagarlo cuando se colocasen en las escuelas como maestras&rdquo;</strong>, escribir&iacute;a el argentino tiempo despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez entrevi&oacute; all&iacute; algo que m&aacute;s adelante se convertir&iacute;a en un proyecto ambicioso. <strong>O, como se&ntilde;ala Ramos, el puntapi&eacute; para instalar algunas ideas que no funcionaron del todo: que las maestras se vincularan con la aristocracia local y que &eacute;sta se nutriera del conocimiento que traer&iacute;an las extranjeras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sarmiento quer&iacute;a traer al pa&iacute;s j&oacute;venes mujeres para que se casaran con los argentinos. &Eacute;l quer&iacute;a colonizar, quer&iacute;a una colonia estadounidense o, como dec&iacute;a &eacute;l, americana. Como si ac&aacute; no fu&eacute;ramos americanos&rdquo;, detalla Ramos, que indag&oacute; con gran detalle sobre las vidas de estas maestras que por tandas fueron llegando al pa&iacute;s. <strong>Algunas lo hac&iacute;an en transatl&aacute;nticos en los que viajaban durante m&aacute;s de dos meses</strong>, muchas no ten&iacute;an muy claro con qu&eacute; panorama se iban a encontrar al llegar<strong>.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se puede pensar que Sarmiento era un extravagante, una persona excesiva, extrema. En este plan, sus intereses educativos se mezclaban con sus aspiraciones mesiánicas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Laura Ramos</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A lo largo de las p&aacute;ginas de <em>Las se&ntilde;oritas</em> se pueden ir encontrando situaciones muy diversas: &ldquo;Hay muchas historias relacionadas entre s&iacute;, porque vinieron hermanas, primas, t&iacute;as y sobrinas, amigas, as&iacute; que hay muchas interrelaciones. <strong>Los personajes van y vuelven en los cap&iacute;tulos, como en un libro de Balzac</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La mayor&iacute;a de estas maestras eran sufragistas y luchadoras por los derechos de la mujer en ese momento, algo as&iacute; como Jo March, la hero&iacute;na de <em>Mujercitas</em>, que l<strong>legaron al interior argentino a difundir su pr&eacute;dica evangelizadora</strong>. Propon&iacute;an la honestidad, la religiosidad, la verdad y el respeto al individuo, entre otros postulados novedosos para la &eacute;poca&rdquo;, se&ntilde;ala Ramos, quien se dedic&oacute;, a partir de una frondosa b&uacute;squeda entre cartas y archivos personales que rastre&oacute; en universidades estadounidenses, adem&aacute;s de libros y bibliotecas locales, a ver c&oacute;mo vari&oacute; la recepci&oacute;n que tuvieron estas mujeres j&oacute;venes en el pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Jennie Howard, la ingeniosa maestra-escritora que también llegó al país por esos años"
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            <span class="title">
                Jennie Howard, la ingeniosa maestra-escritora que también llegó al país por esos años                            </span>
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        <strong>&ldquo;Siempre me interes&oacute; lo &iacute;ntimo y lo dom&eacute;stico&rdquo;</strong>, agrega la escritora, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os deslumbr&oacute; con su libro <em>Infernales. La hermandad Bront&euml; </em>(Taurus, 2018), una biograf&iacute;a monumental sobre esa familia de escritoras y artistas.
    </p><p class="article-text">
        Entre las historias que se exponen en<em> Las se&ntilde;oritas</em> est&aacute; la odisea de la pionera <strong>Mary Gorman</strong>, una de las que hab&iacute;a deslumbrado a Sarmiento personalmente. Ten&iacute;a un contrato de tres a&ntilde;os y que deb&iacute;a llegar al pa&iacute;s para fundar la nueva Escuela Normal de San Juan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay otras menos narradas hasta el momento, que revelan varios conflictos que las j&oacute;venes debieron enfrentar: <strong>muchas de ellas ganaban m&aacute;s dinero que las maestras locales, lo que no fue bien visto por entonces. </strong>Otras, con sus ideas innovadoras o simplemente por ser protestantes, debieron pasar d&iacute;as dif&iacute;ciles con sus batallas pedag&oacute;gicas.
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                    alt="Laura Ramos también escribió &quot;Infernales. La hermandad Brontë&quot;, una biografía coral sobre esa familiade escritores y poetas"
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            <span class="title">
                Laura Ramos también escribió &quot;Infernales. La hermandad Brontë&quot;, una biografía coral sobre esa familiade escritores y poetas                            </span>
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        &ldquo;<strong>Frances Armstrong</strong>, por ejemplo, tuvo una reuni&oacute;n con el enviado papal a C&oacute;rdoba. Esto provoc&oacute; que la Argentina rompiera relaciones con el Vaticano por un tiempo: <strong>los cat&oacute;licos j&oacute;venes cordobeses le tiraban piedras a esta maestra, la escup&iacute;an</strong>&rdquo;, relata Ramos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Otra de ellas, Emma Caprile, puso como materia tipograf&iacute;a en su escuela para que las alumnas pudieran aprender un oficio y ser independientes. <strong>Otra maestra a la que llamaban miss Juanita, Jeannette Stevens, en Jujuy ense&ntilde;aba carpinter&iacute;a a las presas de la c&aacute;rcel del Buen Pastor.</strong> Hubo una que propuso reivindicar la cultura originaria y cantaba las canciones ind&iacute;genas, hasta usaba los instrumentos locales para hacer m&uacute;sica&rdquo;, agrega.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Eran sufragistas y luchadoras por los derechos de la mujer, algo así como Jo March, la heroína de Mujercitas, que llegaron al interior argentino a difundir su prédica. Proponían la honestidad, la religiosidad, la verdad y el respeto al individuo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Laura Ramos</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las maestras no quedaron al margen de los conflictos de la &eacute;poca. <strong>Muchas debieron esperar para afincarse en algunos territorios argentinos, que se encontraban en disputa.</strong> Otras, tuvieron que asistir a allegados, que fueron v&iacute;ctimas de la epidemia de la fiebre amarilla que azot&oacute; a Buenos Aires en 1871, o padecieron ellas mismas enfermedades que resultaron letales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Addie Stearns, por ejemplo, muri&oacute; de fiebre tifoidea en Paran&aacute; y su esposo llev&oacute; el caj&oacute;n al cementerio, pero no le permitieron entrar por ser protestante. <strong>Entonces dijo que iba a esperar mientras los funcionarios eclesi&aacute;sticos deliberaran y decidieran si pod&iacute;a entrar o no. El hombre esper&oacute; dos noches y dos d&iacute;as con un fusil, porque se acercaban pumas alertados por el olor del cad&aacute;ver</strong>, que se iba descomponiendo por el calor. Con el paso de las horas no pudo m&aacute;s y decidi&oacute; enterrar a su esposa afuera del cementerio. Unos d&iacute;as despu&eacute;s debi&oacute; enterrar junto a Addie a su hijo de tres a&ntilde;os, que muri&oacute; tambi&eacute;n&rdquo;, relata Ramos.
    </p><p class="article-text">
        Pese a la ambici&oacute;n casamentera de Sarmiento, algunas de las maestras cumplieron sus contratos laborales y despu&eacute;s de un par de a&ntilde;os de trabajo volvieron a los Estados Unidos; <strong>otras se afincaron en la Argentina luego de casarse, pero con hombres de su pa&iacute;s, inclusive dos dos de ellas se establecieron como pareja en la provincia de Mendoza durante cincuenta y tres a&ntilde;os. Pero ninguna por esos a&ntilde;os se cas&oacute; con un argentino.</strong> Y la aristocracia local, seg&uacute;n la investigaci&oacute;n de Ramos, &ldquo;nunca consider&oacute; a las extranjeras m&aacute;s que como a unas honorables institutrices&rdquo;. &ldquo;Con todo el respeto del que las invest&iacute;an sus cargos pedag&oacute;gicos, su sabidur&iacute;a y en particular su nacionalidad, las maestras no lograron integrarse a las familias patricias&rdquo;.
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                    alt="Dibujo hecho por George Stearns que muestra con una cruz el lugar en el que fueron sepultados su esposa Addie y su hijo, fuera de los muros del cementerio de Paraná. Se conserva en el Archivo General de la Provincia de Entre Ríos."
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                Dibujo hecho por George Stearns que muestra con una cruz el lugar en el que fueron sepultados su esposa Addie y su hijo, fuera de los muros del cementerio de Paraná. Se conserva en el Archivo General de la Provincia de Entre Ríos.                            </span>
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        &ldquo;Muchas no cre&iacute;an en el matrimonio como carrera profesional, digamos. No se casaron, murieron en la Argentina y crearon relaciones amistosas aqu&iacute;. <strong>En Mendoza dos maestras formaron una pareja. Vivieron juntas 53 a&ntilde;os en Chacras de Coria, Mendoza</strong>&rdquo;, recuerda la escritora y agrega: &ldquo;Encontr&eacute; a la nieta de los administradores de su bodega y su finca. Ella me cont&oacute; todo: el sobrino de una de ellas vino furioso a la Argentina por su homosexualidad y quem&oacute; las pertenencias de estas mujeres, hizo una gran fogata que asust&oacute; al pueblo. Pero algunas cosas quedaron: hoy la bisnieta de los administradores vive en la casa que compartieron las dos maestras, y tiene dos vestidos de charleston, varios libros y un abanico de ellas. <strong>Cuando estas maestras murieron, una poco despu&eacute;s de la otra, las enterraron juntas, como hab&iacute;an pedido</strong>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jun 2021 03:03:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El “sueño colonizador” de Sarmiento: la historia de las maestras que importó de Estados Unidos, entre tragedias, amores y una batalla pedagógica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
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