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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Hernán Cattáneo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/hernan-cattaneo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Hernán Cattáneo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hernán Cattáneo: "La identidad es antialgoritmo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/hernan-cattaneo-identidad-antialgoritmo_130_8077539.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c88b0801-6443-44c7-8cfb-bb840a7ef213_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hernán Cattáneo: &quot;La identidad es antialgoritmo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es uno de los DJ de electrónica más destacados del mundo. De ratearse para recorrer disquerías a ser el headliner de fiestas masivas, convicción y resistencia de un hombre que dice: "Lo único que sé hacer es pasar música".</p></div><p class="article-text">
        Un beb&eacute; gatea sobre la alfombra hasta llegar al parlante del Winco. Algo, una frecuencia o las hermanas que bailan o esa mirada de la madre, m&aacute;s cercana al cuidado amoroso que a la vigilancia, lo inquietan. <strong>El beb&eacute; acerca la carita a la rejilla del parlante: escucha</strong>. O mejor dicho, oye.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, un nene de cuatro o cinco a&ntilde;os sostiene un cable, un casete, un vinilo. La mejilla pegada a la red negra del parlante del Winco y los ojos clavados en aquella alfombra. <strong>El nene est&aacute; quieto pero de viaje. </strong>Es un desplazamiento mental y m&aacute;ntrico entre las texturas musicales de <em>El lado oscuro de la Luna</em>, de Pink Floyd.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hern&aacute;n, &iquest;por qu&eacute; bailamos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque&hellip; porque escuchar m&uacute;sica y bailar es una sensaci&oacute;n de felicidad y plenitud que no se siente con ninguna otra cosa. <strong>Es la libertad. Es soltar el cuerpo. </strong>Yo no bailo porque mi cuerpo no hace lo que mi cerebro querr&iacute;a; no porque no me guste. El cuerpo nunca me acompa&ntilde;&oacute; con el baile, pero la cabeza s&iacute;. Y desde el primer d&iacute;a. <strong>Para m&iacute; la m&uacute;sica es totalmente mental.</strong> Y si pudiera lo transmitir&iacute;a con el cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hernan Catt&aacute;neo, 56 a&ntilde;os, nacido y criado en Caballito, barrio porte&ntilde;o</strong>. M&aacute;s: Hern&aacute;n Catt&aacute;neo, cuatro d&eacute;cadas pasando m&uacute;sica, <strong>m&aacute;s de 4 mil shows, m&aacute;s de 17 mil horas de set</strong>. &iquest;M&aacute;s? M&aacute;s de 150 vueltas al mundo y m&aacute;s de 3 mil viajes en avi&oacute;n. Quince pasaportes, 15 mil vinilos. Son los n&uacute;meros de <strong>uno de los DJ m&aacute;s destacados del mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero detr&aacute;s de esas cantidades hay una historia. La l&iacute;nea de tiempo de Catt&aacute;neo est&aacute; contada por &eacute;l en <em><strong>El sue&ntilde;o del DJ</strong></em>, libro de reciente aparici&oacute;n editado por <em>Planeta</em>. Trabaj&oacute; en colaboraci&oacute;n con el periodista Jos&eacute; Esses. Catt&aacute;neo lo nombra en &eacute;sta y entrevistas anteriores. Hay una explicaci&oacute;n para sacarle el velo a su ghostwriter: as&iacute; como Esses lo ayud&oacute; a contar su vida, el DJ dir&aacute;: <strong>&ldquo;Lo &uacute;nico que s&eacute; hacer es pasar m&uacute;sica. Y llegu&eacute; a donde llegu&eacute; porque tuve suerte, porque cuando quise conocer a un DJ vend&iacute; el auto para ir a escucharlo y porque me ayudaron mucho&rdquo;</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su libro, entonces, no s&oacute;lo re&uacute;ne an&eacute;cdotas de su carrera, sino que arma <strong>un mapa de la electr&oacute;nica en la Argentina de los &lsquo;80 y &lsquo;90</strong>. Y es, a su vez, una cat&aacute;logo de nombres propios, <strong>un reconocimiento a muchas personas que como &eacute;l pasaban m&uacute;sica pero se quedaron en el camino</strong>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Hernán Cattáneo.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Una laptop, un tutorial y la l&oacute;gica gamer</h3><p class="article-text">
        Un chico de 11, 12 a&ntilde;os ruega a sus padres que lo dejen subir al piso 13 del edificio donde vive. All&iacute; est&aacute; la familia Marchetti y su Audinac AT510: un fierro para o&iacute;r vinilos. <strong>Al chico nada le interesa m&aacute;s que tomar un</strong><em><strong> long play</strong></em><strong>, mirar la tapa, descubrirlo del sobre, perder los ojos entre los surcos&hellip; </strong>Tanta magia en ese c&iacute;rculo negro.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, un preadolescente entra en la escuela San Cirano. Hay un baile pero &eacute;l no conecta con nada ni con nadie. Es t&iacute;mido, vergonzoso. <strong>Pero algo lo atrae, un hombre que elige temas que todos conocen, pero los mezcla de una forma que parecen in&eacute;ditos.</strong> Y adem&aacute;s ese hombre hace del tiempo y del clima de la pista algo propio, muy suyo. Es la primera vez que ese chico de 12 a&ntilde;os ve a un disc jockey. Ese DJ es Alejandro Pont Lezica. Y quien lo mira es Hern&aacute;n. <strong>En ese instante Catt&aacute;neo decide su destino.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la impronta de los </strong><em><strong>DJs</strong></em><strong> de la nueva generaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El avance de la tecnolog&iacute;a y, si quer&eacute;s, la democratizaci&oacute;n del acceso a la informaci&oacute;n, multiplic&oacute; todo por mil. No por cien, ni por diez: por mil. Esto hace que haya m&aacute;s variedad, m&aacute;s amplitud, muchas m&aacute;s posibilidades para todos. <strong>Con una laptop, un tutorial y la l&oacute;gica de los juegos electr&oacute;nicos, los artistas j&oacute;venes hacen m&uacute;sica</strong>. Eso es muy alentador porque pod&eacute;s hacer algo lo suficientemente decente como para que te de ganas de seguir. Algo muy bueno que est&aacute; pasando en la electr&oacute;nica es <strong>la mezcla hermosa </strong>que se est&aacute; haciendo. Sobre una base electr&oacute;nica metes rock, trap, m&uacute;sica cl&aacute;sica, tango&hellip; Siempre existi&oacute;, pero quiz&aacute;s <strong>antes &eacute;ramos m&aacute;s conservadores</strong>. Ahora los chicos y las chicas no tienen ning&uacute;n reparo, mezclan todo y salen cosas riqu&iacute;simas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ten&eacute;s un sello, </strong><em><strong>Sudbeat</strong></em><strong>. &iquest;Cu&aacute;nto material te llega para que escuches?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y... con la democratizaci&oacute;n del acceso a todo, si antes<strong> yo escuchaba 50 discos por semana, ahora al mail me llegan 500 por d&iacute;a</strong>. A m&iacute; me sirve para empujar chicos nuevos o cruzar artistas nuevos con gente m&aacute;s conocida en la industria. Ese cruce generacional me interesa. <strong>El sello, </strong><a href="http://podcast.hernancattaneo.com/mobile/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>mi podcast</strong></a><strong> y los sets son un buen trampol&iacute;n de visibilidad.</strong> Y ahora quiero eso, darle visibilidad a las nuevas generaciones.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Que la gente baile con la m&uacute;sica que a m&iacute; me gusta&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Un adolescente que se ratea de la escuela secundaria. Es 1980 y <strong>a Hern&aacute;n Catt&aacute;neo no le interesa m&aacute;s que escuchar y pasar m&uacute;sica</strong>. No existen los tel&eacute;fonos celulares y muchos menos Internet. <strong>Dar con una canci&oacute;n puede llevar m&aacute;s de un a&ntilde;o </strong>de recorridas por disquer&iacute;as y cuevas, o visitas a revendedores de vinilos o rarezas. <strong>P&aacute;ginas Amarillas es el Google de la &eacute;poca. Las revistas de m&uacute;sica, el foro.</strong> Lo dem&aacute;s es experiencia y curiosidad.
    </p><p class="article-text">
        Entre que egresa del secundario y lo contratan para pasar m&uacute;sica en Pach&aacute;, en 1993, pasan muchas cosas. Por ejemplo, <strong>que lo echen de las discotecas porque, al entender de quienes lo han contratado, la electr&oacute;nica no pega.</strong> <em>&ldquo;&iexcl;Pon&eacute; Daniela Mercury! &iexcl;Pon&eacute; a los Stones!&rdquo;</em>: Catt&aacute;neo se hace el sordo. <strong>&Eacute;l quiere que la gente baile con la m&uacute;sica que a &eacute;l le gusta y lo que a &eacute;l le gusta es el house progresivo</strong>. Fin.&nbsp;
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                Hernán Cattáneo.                            </span>
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        <strong>Nunca cediste a las modas, &iquest;por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo en la honestidad del DJ: no me interesa poner algo de lo que no soy experto, ni bueno. Si alguien quiere contratarme y me dice: &ldquo;Es una fiesta, 200 personas, a todos les gusta el trap&rdquo;, yo le voy a decir <strong>&ldquo;Sorry, todo bien con el trap, pero traigamos a otro que ponga trap, y yo antes o despu&eacute;s pongo electr&oacute;nica&rdquo;</strong>. Cuando la electr&oacute;nica no funcionaba dec&iacute;amos que hab&iacute;a que insistir, no que hab&iacute;a que cambiar la m&uacute;sica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vos, qu&eacute; te &ldquo;hiciste&rdquo; en el mundo anal&oacute;gico, &iquest;C&oacute;mo te llev&aacute;s con las plataformas que dise&ntilde;an playlist a gusto del consumidor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay un 50 y un 50. A mi me pas&oacute; de estar buscando un tema en una plataforma que me suger&iacute;a escuchar un tema porque hab&iacute;a escuchado algo relacionado. Y descubr&iacute; m&uacute;sica que no conoc&iacute;a y que me gust&oacute;. Lo que est&aacute; &ldquo;mal&rdquo; es que uno se ponga en una posici&oacute;n de vago, que se deje recomendar y nada m&aacute;s.&nbsp;<strong>Lo m&aacute;s divertido</strong> <strong>de la m&uacute;sica es bucear y buscar y salir y decir: &ldquo;Esto me gusta, esto no&rdquo;. Y que no me importe el Top40</strong>. Para m&iacute; una de las cosas m&aacute;s importantes de alguien que se para en un lugar como el m&iacute;o, es la personalidad. <strong>La identidad es antialgoritmo</strong>. Si fuese por el algoritmo, durante mi carrera hubiera estado muy arriba, pero tambi&eacute;n muy abajo.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando la electrónica no funcionaba decíamos que había que insistir, no que había que cambiar la música. </p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Hernán Cattáneo</span>
                                        <span>—</span> DJ
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">La celebraci&oacute;n o el solitario</h3><p class="article-text">
        El oficio de pasar m&uacute;sica fue menos subestimado en el <em>underground</em> que en el imaginario colectivo. De aquella declaraci&oacute;n de Pappo a DJ Der&oacute; en S&aacute;bado Bus --<strong>&ldquo;Conseguite un trabajo honesto&rdquo;</strong>-- la escena, que ya estaba profesionalizada, se masific&oacute;. Hasta la pandemia, las fiestas en la Argentina era multitudinarias. De hecho, <strong>Catt&aacute;neo colm&oacute; el Campo Argentino de Polo en febrero del a&ntilde;o pasado, tres semanas antes de que el virus nos cambiara la vida</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Ser DJ es incluso mucho m&aacute;s que mezclar m&uacute;sica. Cada uno en su estilo, <strong>el set es contar un cuento, y con los artilugios narrativos de un cuento. Es decir: un principio, el nudo, el conflicto y su remate.</strong> Es posible hacer una preproducci&oacute;n de la puesta, pero todo puede cambiar y no necesariamente por el <em>mood </em>de la pista. Basta que llueva la fecha que fue programada confiando en el pron&oacute;stico que auguraba puro sol. Todo es cuesti&oacute;n de t&eacute;cnica y de resolver en el momento con lo que hay en el pendrive. Y con los que asisten al show, claro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un estadio a pleno, un casamiento o en un evento sin p&uacute;blico, como los que hiciste v&iacute;a streaming en pandemia: &iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s dif&iacute;cil?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tocar para nadie es rar&iacute;simo. Yo soy una &ldquo;vasollenista&rdquo;, siempre trato de ver lo bueno. Pero en marzo del a&ntilde;o pasado, cuando se acab&oacute; todo, me di cuenta de que por las condiciones, el entretenimiento iba a ser lo primero en cerrar y lo &uacute;ltimo en volver. <strong>En ese momento pens&eacute; que si la forma de seguir poniendo m&uacute;sica es sin gente, bueno, es el mal menor.</strong> Nos abrazamos a eso. Ahora si me preguntas&hellip; No lo volver&iacute;a a hacer. No estoy hecho para eso. De hecho, no cobr&eacute; esos shows. Lo recaudado fue a beneficio de la Cruz Roja y de la organizaci&oacute;n <a href="https://www.alegriaintensiva.org.ar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alegr&iacute;a Intensiva</a>, una forma de servicio en un momento de emergencia. Yo cobro por poner m&uacute;sica donde la gente baila. <strong>Una fiesta es una celebraci&oacute;n y una celebraci&oacute;n es con gente. Pasar m&uacute;sica sin gente es como jugar al tenis solo.</strong>&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El sueño del DJ.                            </span>
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        El a&ntilde;o pasado, y por primera vez en la historia de la Argentina, el 99% de los aviones estaba en tierra. Era agosto y <strong>Catt&aacute;neo montaba un show virtual desde Aeroparque</strong>, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=5iPwnDxFzxQ&amp;ab_channel=SebastianAranda" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">SunsetStream</a>. El dron ofrec&iacute;a una Buenos Aires in&eacute;dita: detenida. El R&iacute;o de la Plata, planchado y marr&oacute;n. <strong>Sin gente ni atm&oacute;sfera, en un atardecer musical que dur&oacute; cinco horas, lo &uacute;nico en movimiento era &eacute;l, vestido de negro, sobre el resorte de sus rodillas</strong>. Un cuento musical sin lectores.
    </p><p class="article-text">
        Hasta los 30 a&ntilde;os, Catt&aacute;neo no tuvo &ldquo;ning&uacute;n &eacute;xito&rdquo;. La bisagra fue la noche del 21 de mayo de 1999 en Museum. <strong>Lo hab&iacute;an invitado a tocar entre los Chemical Brothers y Paul Oakenfold, y &eacute;l acept&oacute;.</strong> Iba a ser el relleno de un sandwich sellado por la banda m&aacute;s potente y el DJ m&aacute;s famoso.<strong> Catt&aacute;neo podr&iacute;a haberla reventado, pero eligi&oacute; planchar la pista: una hora de </strong><em><strong>deep house </strong></em><strong>para que el p&uacute;blico tomara aire.</strong> Tranqui, Catt&aacute;neo, una tibieza sostenida. <strong>La gente no se mov&iacute;a, no le import&oacute;</strong>. Era la manera de dejarle servido el final a Oakenfold, que no s&oacute;lo not&oacute; el gesto de su colega sino que lo llev&oacute; de gira. <strong>Punto de partida para lo que vino despu&eacute;s: dos d&eacute;cadas dando vueltas al mundo, haciendo bailar a los dem&aacute;s. </strong>&Eacute;l, la m&uacute;sica en la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        <em>VDM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria De Masi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/hernan-cattaneo-identidad-antialgoritmo_130_8077539.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Jun 2021 03:01:42 +0000]]></pubDate>
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