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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Héctor Ricardo García]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Héctor Ricardo García]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A dos años de la muerte de Héctor Ricardo García: "la culpa la tuvo usted"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-muerte-hector-ricardo-garcia-culpa-tuvo_129_8092703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/228b1700-4fab-41da-ab27-b4b1379a73cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A dos años de la muerte de Héctor Ricardo García: &quot;la culpa la tuvo usted&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Un r&eacute;quiem para <strong>H&eacute;ctor Ricardo Garc&iacute;a</strong>, el periodista que aguijone&oacute; la realidad argentina de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. Hombre&ndash;tapa, hombre&ndash;r&eacute;cord, hombre&ndash;pol&eacute;mico. Due&ntilde;o de todas las culpas. Creador de los medios m&aacute;s populares del pa&iacute;s. Brutal int&eacute;rprete de primicias. Portador de la licencia del olfato.
    </p><p class="article-text">
        Usted fue un genio. Relanz&oacute; Canal 11. Instaur&oacute; Radio Colonia. Fund&oacute;&nbsp;<em>As&iacute;</em>. Revolucion&oacute; Teledos. Creo el diario m&aacute;s vendido. Lo hizo canal.
    </p><p class="article-text">
        Borro.
    </p><p class="article-text">
        Perdi&oacute; Canal 11. Perdi&oacute; Radio Colonia. Perdi&oacute;&nbsp;<em>As&iacute;.</em>&nbsp;Perdi&oacute;&nbsp;<em>As&iacute; es Boca</em>. Perdi&oacute; el diario Cr&oacute;nica. Perdi&oacute; Teledos. Perdi&oacute; Cr&oacute;nica TV. Perdi&oacute; la libertad. Perdi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a borrar.
    </p><p class="article-text">
        Solo pierde tanto, el que fue due&ntilde;o de todas las palabras.
    </p><p class="article-text">
        Usted fue un genio. Brill&oacute; en los sesenta, se consolid&oacute; en los setenta, fue Kane en los ochenta, se reinvent&oacute; en los noventa y se derrumb&oacute; en los dos mil. Siempre le import&oacute; m&aacute;s la Argentina que su propia obra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue el que mejor peg&oacute;. <strong>Una vez Mauro Viale le pregunt&oacute; por qu&eacute; publicaba tantos muertos y usted contest&oacute;: &ldquo;porque la gente se muere&rdquo;. Fue el mejor a la hora del entierro.</strong> Tirarse arriba de los cuerpos, como un cruzado que defiende Tierra Santa. El padre del monstruo rojo favorito de todos los argentinos. Sus ideas llegaron a tener cinco ediciones por d&iacute;a. Super&oacute; el mill&oacute;n de ejemplares con el casamiento de Violeta Rivas y N&eacute;stor Fabi&aacute;n, con la final del mundial 78 y con Per&oacute;n desde una cl&iacute;nica en Puerta de Hierro leyendo su diario. Sac&oacute; una revista y vendi&oacute; tantos n&uacute;meros que hizo que Boca salga campe&oacute;n en las gargantas antes que en la cancha. Comprendi&oacute; el sadismo del peronismo como nadie, interpret&oacute; con tacto su proscripci&oacute;n y no cay&oacute; en sus propias contradicciones. Usted fue el due&ntilde;o de la mejor tapa de la historia del periodismo, el primero de julio de 1974: &ldquo;Muri&oacute;&rdquo;. Seca. T&aacute;cita. Sin bajada ni sucesi&oacute;n: Como Per&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Usted fue el hombre que mejor decodific&oacute; la distancia entre el rezo y la estampita. Y us&oacute; esa desesperanza a favor de sus titulares. Su soledad gan&oacute; seis Martin Fierro al hilo, sus trabajadores perdieron los otros quince. Siempre que gan&oacute;, humill&oacute;. Siempre que perdi&oacute;, le ech&oacute; la culpa al complot de los poderosos o de los in&uacute;tiles. Como la crema de los argentinos, opt&oacute; por tener todos sus derechos y ninguna de sus obligaciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Tres momentos en la vida de Héctor Ricardo García, cuando fue a Malvinas, cuando publicó la tapa con la muerte de Perón y en los estudios de televisión."
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                Tres momentos en la vida de Héctor Ricardo García, cuando fue a Malvinas, cuando publicó la tapa con la muerte de Perón y en los estudios de televisión.                            </span>
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        No se puede ser y haber sido. Su imperio dur&oacute; menos que el de Disney, pero fue m&aacute;s real que Mickey. O al menos fue diferente. En un pa&iacute;s sin trineos ni nieve, pero lleno de desiertos, usted fue el due&ntilde;o del parque de diversiones posible: El maquinista del abismo que interpret&oacute; el miedo a las alturas de los tipos que simpatizaban con el suelo. El gallego que supo entender que la foto y el concurso de gaseosas a veces valen m&aacute;s que el an&aacute;lisis de coyuntura. El primer gran empresario de medios de la Argentina. El que invent&oacute; a V&iacute;ctor Hugo. El aliado de los artistas en las noches m&aacute;s largas. El due&ntilde;o del teatro Estrellas, al que le pusieron una bomba. El amigo de Sandro. El hermano de Ariel Delgado (a quien dej&oacute; ir del Canal en silencio). El socio de Duhalde y el enemigo de Alfons&iacute;n. A todos, absolutamente a todos, los convirti&oacute; en teclas de su m&aacute;quina de escribir Olivetti Lettera 33.
    </p><p class="article-text">
        El chico que colg&oacute; la soga entre la rotativa caliente y la Casa Rosada, jug&oacute; a saltarla con 24 presidentes: pocas veces se acalambr&oacute;, pocas veces quiso dejar de rebotar en el piso. Perdi&oacute; en el &uacute;ltimo salto, como todos. Fue el gran intuitivo que el pa&iacute;s merec&iacute;a, la posteridad definir&aacute; si fue el que necesitaba. Hizo m&aacute;s que muchos: la faena del olfato que corre por izquierda a los santos evangelios le sali&oacute; estupenda. La consigna de estar firme junto al pueblo fue un hallazgo sensacional, aunque algunos crean&nbsp;que de tanto repetirse ya no tiene sentido, ni el slogan ni el pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Cien veces lo quisieron matar. Lo intent&oacute; secuestrar la izquierda y la derecha. Tal vez, insisti&oacute; en el doble rapto para sobrevolar las reinterpretaciones del peronismo y salir con pelota dominada. Tal vez fue cierto.
    </p><p class="article-text">
        Usted fue un genio. El genio que odi&oacute; a todos los magos, por eso denunci&oacute; todos los trucos que no salieron de su redacci&oacute;n: public&oacute; las artima&ntilde;as del concurso de gaseosas, de los casamientos de enanos y al reallity de cocina. Liber&oacute; a la momia negra para la psicosis del piber&iacute;o. Se enfrent&oacute; con Maradona, L&oacute;pez Rega y N&eacute;stor Kirchner. Dio por ganadora a Pinky en La Matanza (ante un at&oacute;nito electorado). Y le dijo &ldquo;vos SOS m&iacute;o&rdquo;, a un productor que no quiso darle un diario que hab&iacute;a comprado usted. Por eso, usted tambi&eacute;n fue un anti&ndash;genio.
    </p><p class="article-text">
        La culpa la tuvo usted. Siempre.&nbsp;A veces en forma de p&aacute;lpito, a veces en forma de arma de fuego. Goz&oacute; cada una de sus primicias como alguien que espera la cura: el suicidio del empresario Alfredo Yabr&aacute;n, el de Leonardo Simons y el de Ren&eacute; Favaloro. La renuncia de Cavallo como ministro de Econom&iacute;a de Menem. La salida de Guillermo Coppola de la c&aacute;rcel y el doping de Diego Maradona en Punta del Este. La explosi&oacute;n en Rio Tercero (C&oacute;rdoba). La muerte de Carlos Menem (junior). El nacimiento del tercer hijo de Marcelo Tinelli. La grave enfermedad de Sandro. El caso Carrasco, que motiv&oacute; el fin del servicio militar obligatorio. El mot&iacute;n en la c&aacute;rcel de Sierra Chica. El accidente de Lapa. La toma de rehenes en el Banco Naci&oacute;n de Ramallo. El crimen de Jos&eacute; Luis Cabezas. La tragedia de Croma&ntilde;&oacute;n. Y las muertes de N&eacute;stor Carlos Kirchner, Nicol&aacute;s &ldquo;Pipo&rdquo; Mancera y Emiliano Moyano, uno de los hijos del l&iacute;der de la CGT. El atentado a la AMIA y La tragedia de Once. Saberlo antes da poder. Publicarlo, m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sum&oacute; m&aacute;s muertos que la mayor&iacute;a y pens&oacute; cosas a&uacute;n peores. Dictamin&oacute; ganadores y perdedores antes que la gente salga del cuarto oscuro. Hizo repetir el suicidio del Malevo Ferreyra y advirti&oacute; a todos que en instantes se pegaba el tiro. Dijo que las placas rojas falsas tambi&eacute;n constitu&iacute;an la reputaci&oacute;n de las verdaderas, para no confesar que con su vida tambi&eacute;n pasaba lo mismo. Cuando tuvo que escoger entre Zulma Lobato y el Turco As&iacute;s, se qued&oacute; con la travesti. Tal vez alg&uacute;n d&iacute;a cuente por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s los que hicieron una lectura de su vida desde el ventilador que no funcionaba o la pared descascarada, alguna vez tengan que dar explicaciones. Tal vez habr&aacute; quienes analicen su l&iacute;nea de tiempo por los aportes jubilatorios que no hizo, por los proyectos que trunc&oacute;, por las injusticias que infringi&oacute; a la gente que lo am&oacute; y admir&oacute; en partes iguales, por las genialidades que neg&oacute; con un gesto sin siquiera escucharlas.
    </p><p class="article-text">
        Fue menos que Natalio Botana, tal vez porque vivi&oacute; el doble. Al director del diario Cr&iacute;tica la muerte lo sorprendi&oacute; en una ruta de Jujuy con su amante, mientras pon&iacute;a y sacaba presidentes; sus bi&oacute;grafos lo recuerdan desangrado mientras esperaba un m&eacute;dico de Buenos Aires. Tal vez usted tom&oacute; esa misma sangre para volverse record. A &eacute;l no le pas&oacute; Per&oacute;n, a usted si. Los titulares fueron su verdadera l&iacute;nea editorial. Nunca dilapid&oacute; a prop&oacute;sito la reputaci&oacute;n de un jefe de Estado, cual fiscal del orden y las botas, como Jacobo Timerman. Ni desarm&oacute; un tel&eacute;fono al aire para demostrar que en los cables no estaba la Patria, y entonces hablar a favor de las privatizaciones, como lo hizo Neustad. Jam&aacute;s hizo el amor con el terror.
    </p><p class="article-text">
        La suma de todas nuestras habilidades no estuvo a la altura de ninguna de sus &oacute;rdenes.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso no tuvo socios.
    </p><p class="article-text">
        Usted nunca hacia nada para el poder, sino para gente y tambi&eacute;n para usted.
    </p><p class="article-text">
        Por eso fue tan poderoso. Jugar es contar y contar es herir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muri&oacute;. El d&iacute;a que nadie lo quiso matar.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>FP</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Facundo Pedrini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-muerte-hector-ricardo-garcia-culpa-tuvo_129_8092703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jul 2021 10:29:18 +0000]]></pubDate>
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