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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Camus]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las 95.000 muertes de Covid y la mala literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/95-mil-muertes-covid-mala-literatura_129_8102622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las 95.000 muertes de Covid y la mala literatura"></p><p class="article-text">
        <strong>El escritor m&aacute;s aburrido de la historia de la literatura se llama Albert Camus. </strong>Por m&aacute;s que haya escrito en nombre de sus buenas intenciones, su empecinamiento por considerar la pol&iacute;tica una rama de la moral le introdujo a su literatura un veneno antiliterario que no se va. Le&iacute; dos de sus libros y tengo respuestas para los por qu&eacute;.&nbsp; A <em>El extranjero</em> lo le&iacute; porque en mi juventud fui un lector moralista y, adem&aacute;s, porque alguien me lo prest&oacute; y la lectura es, al principio de su larga carrera, un epifen&oacute;meno de los pr&eacute;stamos. Tambi&eacute;n lo es de un cierto idealismo, y en ese campo <em>El extranjero</em> se ofrec&iacute;a como una revelaci&oacute;n del mundo horrible en el que seguimos viviendo, y del que Camus postulaba su destrucci&oacute;n. Alguien mata a alguien porque s&iacute; y no siente <em>nada</em>, como podr&iacute;a ocurrirle a un Ej&eacute;rcito a una m&aacute;quina (o a un arma: le violencia en su m&aacute;ximo estado de objetivaci&oacute;n). No pod&iacute;a haber un hecho m&aacute;s triste y m&aacute;s moderno.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; <em>La peste</em>, que volvi&oacute; a ponerse de moda desde que el revuelto de pangol&iacute;n y murci&eacute;lago se convirti&oacute; en un plato universal, porque la rob&eacute; en la Feria del Libro de 1984. Tendr&iacute;a que haber sospechado de la facilidad con que lo hice. La recuerdo como una cumbre del tedio literario, con un promedio alt&iacute;simo de ratas por p&aacute;gina, m&aacute;s alto que el de ratas por hora de <em>Indiana Jones&nbsp; y la &uacute;ltima cruzada</em>. Con un mensaje en clave de lugar com&uacute;n: el hombre subestima los peligros en los que se ve envuelto.
    </p><p class="article-text">
        Pero el aburrid&iacute;simo Camus, que le entreg&oacute; a la posteridad sus poses de fumador a lo Humphrey Bogart, de las que se enamor&oacute; Truman Capote a pesar de considerarlo un escritor de segundo orden (en la biograf&iacute;a de Arthur Clarke sobre Capote, se desliza el chisme de que tuvieron un fato parisino), esculpi&oacute; una idea memorable sobre el miedo, al que considera una &ldquo;ciencia&rdquo; o una &ldquo;t&eacute;cnica&rdquo;. Entiendo que habla del miedo como producto, desarrollo, insumo. A su vez destinado a &iquest;producir qu&eacute;? Nada. En todo caso, suspensi&oacute;n total o parcial de los actos corrientes, que tambi&eacute;n podr&iacute;a considerarse una nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La persona que vive en el miedo, es decir que siente el miedo en cada paso que da, merece por convenci&oacute;n de la lengua ser llamada miedosa.</strong>&nbsp;No habr&iacute;a que caerle con burlas sino contemplar su drama, que consiste en recibir el miedo como una llovizna mental que no cesa. Es un efecto (el miedo arraigado no necesita causas) que parece obedecer a cuadros narcisistas paranoides que m&aacute;s vale controlar. El miedoso sale de su casa y ve un horizonte de cat&aacute;strofes de las que &eacute;l ser&aacute; la &uacute;nica v&iacute;ctima. Le robar&aacute;n, lo atropellar&aacute; un auto y aquella plancha donde se cuece un bife ancho en un piso 20 caer&aacute; de canto sobre su cabeza llena de temores. Pero, adem&aacute;s, lo morder&aacute; el perro rabioso, lo detendr&aacute; el polic&iacute;a campe&oacute;n del apremio ilegal, comer&aacute; justo la salsa en la que se desliz&oacute; por error una dosis de estricnina y, despu&eacute;s de recibir la descarga de un cable de alta tensi&oacute;n, lo atender&aacute; el tornado que viene del r&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pero qu&eacute; pasa con el miedo causado? </strong>&iquest;Qu&eacute; pasa con el miedo objetivo? &iquest;Existe, o tambi&eacute;n es una fantas&iacute;a? Pasa que, como todo, establece una experiencia vinculada a una relaci&oacute;n personal. Podemos verlo en la Argentina, el escenario de nuestra &oacute;pera, en el que las conductas desatadas por la pandemia son tan espec&iacute;ficas de cada cual que hasta podr&iacute;amos&nbsp; decir que han nacido 45 millones de nuevas perversiones. Los distintos estilos para utilizar barbijo, alcoholes, precauciones generales, m&eacute;tricas del distanciamiento, llamados a la movilizaci&oacute;n, lecturas de vacunas, encierros claustrof&iacute;licos, asados multitudinarios, encierran un repertorio de poes&iacute;a social que tiene mucho de manicomio con enfermedades nuevas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que la referencia a lo temible, aquello a lo que s&iacute; deber&iacute;amos temerle tanto en nombre de la raz&oacute;n como de la intuici&oacute;n animal, no tiene estabilidad. Todas las operaciones p&uacute;blicas que alimentan la &ldquo;actualizaci&oacute;n&rdquo; de la pandemia tiende al &ldquo;ahora dicen que&rdquo;, lo que significa que habla Cualquiera, y todos sabemos que Cualquiera habla como si supiera. Hay un descontrol en la autorizaci&oacute;n al acto de hablar que deber&iacute;a llamarse a la modestia, cuyo idioma principal es el silencio. <strong>Pero ya todo el mundo tiene su c&aacute;tedra libre sobre la pandemia, y el ambiente se llena de n&uacute;meros raros.</strong> Primeras dosis, segundas dosis, terceras dosis; porcentajes de 0%, 50%, 100% de eficacia; laboratorios Moderna Sinopharm, Sinovac, Janssen, Pfizer, Gamaleya; costos de vuelos, distribuci&oacute;n de stock, turistas varados, cepas. Infinitas composiciones afirmativas o negacionistas caen sobre asuntos que se ignoran ol&iacute;mpicamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Necesito aportar mi grano al silo bolsa de la confusi&oacute;n general, sin caer en la numeropat&iacute;a, que no tiene ninguna importancia salvo la que los numer&oacute;patas le dan. Yo tomar&iacute;a, humildemente, los datos sobre muertes de argentinos por todas las causas que hayan existido, y recortar&iacute;a sobre ese conjunto los datos de la masacre que viene produciendo la pandemia, para que la asociaci&oacute;n de estos datos rudimentarios, algunos de ellos desactualizados, nos den una idea del fen&oacute;meno dispuesta a hacerse entender por todo el mundo. Es s&oacute;lo para cazar, sin tanto ruido de fondo, el objeto concreto, material, del que venimos hablando sin parar.
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimo datos sobre muertes totales publicados por la Direcci&oacute;n de Estad&iacute;sticas e Informaci&oacute;n de Salud son de 2017, a&ntilde;o en el que murieron 341 mil personas, casi una ciudad de Santa Fe o, si les gustan m&aacute;s las sierras que el r&iacute;o, tres Tandiles y medio. La primera causa (voy a redondear en 97 mil) es de origen card&iacute;aca; y la segunda y la tercera, bastante encimadas, son el c&aacute;ncer y los problemas respiratorios anteriores a la existencia del coronavirus (alrededor de 65 mil cada una). Los muertos por coronavirus entre abril de 2020 y abril de 2021 son alrededor de 70 mil (el total de muertes por covid es de 95 mil personas). La introducci&oacute;n en la planilla f&uacute;nebre del mundo de una causa nueva que puede competir con la segunda, incluso superarla actuando como una c&eacute;lula terrorista que mata al voleo, es el &uacute;nico objeto de la realidad que deber&iacute;a merecer el sayo de &ldquo;referencia&rdquo;. El resto es literatura mala.
    </p><p class="article-text">
        De la literatura buena se puede contar que en <em><strong>Solenoide</strong></em><strong>, la novela de Cartarescu, podemos encontrar al personaje m&aacute;s vacunado de la literatura.</strong> En la alucinaci&oacute;n de sus casi 800 p&aacute;ginas, vemos madrugar decenas de veces a su narrador para darse en los a&ntilde;os &rsquo;50 del siglo pasado alg&uacute;n pinchazo en alg&uacute;n hospital s&oacute;rdido de Bucarest, &ldquo;la ciudad m&aacute;s fea del mundo&rdquo;. Da para considerar que en estos meses se ha invertido el acto pasivo de vacunarse. Ya no es una experiencia infantil, ni tampoco la precede el desagrado o el temor del ni&ntilde;o que se enfrenta con su bracito tembloroso a la enfermera-verdugo. Ahora, hoy, es una experiencia de deseo adulto de protecci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Anhelar de grandes el pinchazo. &iquest;Qui&eacute;n lo hubiera dicho? Y qui&eacute;n hubiera dicho que ahora la experiencia es emotiva, como podr&iacute;a ocurrir con el cumplimiento de un sue&ntilde;o. Los millones de fotos dando fe de esa sensaci&oacute;n de que ya no estamos a la intemperie, y que es el &ldquo;cari&ntilde;o&rdquo; de la pol&iacute;tica de Estado el que se hace sentir entre la amargura de los detractores, es algo que nadie hubiera adivinado de este mundo hace dos a&ntilde;os. De esa felicidad multitudinaria, me quedo con la de Jos&eacute; Luis Espert, alqaedista del ajuste, sonriente, luminoso, como drogado de placer despu&eacute;s de ser vacunado por la Provincia de Buenos Aires, record&aacute;ndonos como el m&aacute;ster que es, que es por los impuestos que pagamos que &eacute;l y todos nosotros estamos recibiendo el milagro de la inoculaci&oacute;n.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/95-mil-muertes-covid-mala-literatura_129_8102622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jul 2021 03:01:41 +0000]]></pubDate>
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