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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Esther Díaz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/esther-diaz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Esther Díaz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Entre el bótox y los feminismos: la tensión por los mandatos de belleza, la elección sobre el cuerpo y el rechazo a los imperativos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/botox-feminismos-tension-mandatos-belleza-eleccion-cuerpo-rechazo-imperativos_1_8111188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8106418-d340-4c51-b733-6b2049886902_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre el bótox y los feminismos: la tensión por los mandatos de belleza, la elección sobre el cuerpo y el rechazo a los imperativos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la presión de los estereotipos, los activismos por los cuerpos, caras y hasta pelos "reales" ganan terreno. El mercado ya tomó nota, ¿son las intervenciones estéticas antifeministas? Las académicas Esther Díaz y Karina Felitti echan un poco de luz sobre un debate tan incómodo como actual.</p></div><p class="article-text">
        La serie<strong> Mrs. America</strong>, estrenada el a&ntilde;o pasado, retrata la reacci&oacute;n antifeminista de los a&ntilde;os setenta en Estados Unidos. El segundo cap&iacute;tulo comienza con <strong>Phyllis Schlafly</strong>, militante contra la Enmienda de Igualdad de Derechos, haciendo abdominales: maquillada, con ropa elegante y pelo recogido, mientras se reparte entre tareas del hogar y llamadas pol&iacute;ticas. De fondo, la publicidad de una gaseosa diet&eacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otra escena, la feminista<strong> Bella Abzug </strong>insta a su compa&ntilde;era  a utilizar su ic&oacute;nica apariencia para convencer a los congresales de adoptar las demandas de las mujeres. El di&aacute;logo sali&oacute; de la cabeza de los guionistas y la propia Steinem ha criticado la ficci&oacute;n. Sin embargo, hay algo real: su aspecto tom&oacute; estado casi p&uacute;blico, debido a su irrefrenable militancia y al eterno ojo medi&aacute;tico sobre el cuerpo de las mujeres.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La militante feminista estadounidense Gloria Steinem, una de las protagonistas de Mrs America                            </span>
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        <strong>Tamara Tenenbaum</strong> en <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/belleza-gloria-eterna_129_7962348.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;La belleza es una Gloria eterna&rdquo;</a>  se&ntilde;al&oacute; que aquello mismo que le val&iacute;a a Steinem &ldquo;la desconfianza y el ninguneo de cierta gente, le abr&iacute;a puertas que no se despliegan ante los pies de cualquiera, cosa que sab&iacute;a y aprovechaba&rdquo;. La activista no se refiere mucho al tema. &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a hacerlo alguien con tantas d&eacute;cadas de trayectoria pol&iacute;tica? (&iquest;y cualquier otra persona?). En una entrevista, hace unos a&ntilde;os, bromeaba con que solo pas&oacute; de ser una &ldquo;chica linda&rdquo; a una &ldquo;gran belleza&rdquo; debido a los prejuicios contra las feministas.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Tres agujas</strong></h3><p class="article-text">
        El debate sobre los mandatos y estereotipos f&iacute;sicos no es nuevo, aunque, durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cobr&oacute; un nuevo impulso. La militancia gorda tuvo un rol fundamental en denunciar la censura y discriminaci&oacute;n que cae sobre los cuerpos que se corren de la norma. A esta se suman colectivos que combaten los preceptos que intentan moldear actitudes, pensamientos y corporalidades, a trav&eacute;s de publicidades, medios de comunicaci&oacute;n e instituciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente a las demandas renovadas de feminismos, que vuelven a patear el tablero y quieren deconstruir la propia idea de &ldquo;belleza&rdquo;, hay una disponibilidad y consumo cada vez mayor de tratamientos est&eacute;ticos por parte de mujeres cisexuales. M&aacute;s o menos invasivos: desde las mascarillas o cremas faciales hasta las cirug&iacute;as. El <em>skincare </em>(o cuidado de la piel) experiment&oacute; un crecimiento notorio durante la pandemia y mueve mucho dinero. Pero tambi&eacute;n procedimientos como el b&oacute;tox y los rellenos faciales se vuelven cada vez m&aacute;s populares.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Paralelamente a las demandas renovadas de feminismos, que vuelven a patear el tablero y quieren deconstruir la propia idea de &quot;belleza&quot;, hay una disponibilidad y consumo cada vez mayor de tratamientos estéticos por parte de mujeres cisexuales. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Existen hace d&eacute;cadas pero, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, tanto las cuentas de profesionales que los aplican como las consultas se multiplicaron. Y ya no apuntan exclusivamente a la far&aacute;ndula o a un p&uacute;blico de altos ingresos, sino a personas de clase media, de distintas edades y profesiones.
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                Pablo Picasso, &quot;El sueño&quot; (1972)                            </span>
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        &ldquo;En la confluencia de un juego de oferta y demanda, de avances cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos, estos tratamientos se han vuelto m&aacute;s accesibles. Ante el crecimiento de la comunicaci&oacute;n digital apoyada en im&aacute;genes, la importancia de la construcci&oacute;n de s&iacute; en la singularidad y las renovadas exigencias de los mercados (de trabajo, sexoafectivos), <strong>las personas buscan all&iacute; elementos que apuntalen su seguridad</strong>&rdquo;, reflexiona Karina Felitti. Ella es doctora en Historia, miembro del Conicet y del Instituto de Investigaciones en Estudios de G&eacute;nero de la Universidad de Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas veces actuamos como profesionales del modelaje. Esto aplica a las mujeres pero tambi&eacute;n a los varones cisexuales. El mercado de tratamientos de recuperaci&oacute;n capilar -desde el shampoo a la intervenci&oacute;n m&eacute;dica-, el <em>boom </em>de las barber&iacute;as y la alta presencia masculina en los gimnasios son datos f&aacute;cilmente observables&rdquo;, contin&uacute;a Felitti.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la intersecci&oacute;n compleja de &ldquo;lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;, la existencia innegable de mandatos sociales y el libre albedr&iacute;o (mi cuerpo, mi decisi&oacute;n) y el impacto del incesante bombardeo fotogr&aacute;fico (principalmente en plataformas como Instagram, con sus &ldquo;filtros&rdquo; que modifican las facciones) el debate se tensa. &iquest;C&oacute;mo se ven estas intervenciones desde los feminismos? &iquest;Hay respuestas &uacute;nicas? &iquest;Se contemplan las vivencias y recorridos particulares?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de impulsar cuerpos, pieles, pelos, vellos y hasta pesta&ntilde;as &ldquo;reales&rdquo;, brinda a muchas mujeres un espacio de autoaceptaci&oacute;n, conversaci&oacute;n y de batalla contracultural v&aacute;lida. Es el ejemplo de la &ldquo;militancia plateada&rdquo;, de mujeres que se niegan a te&ntilde;irse el cabello. Parad&oacute;jicamente, el mismo mercado que impulsa los imperativos opresivos -como los de la delgadez y la juventud-, ha sabido deglutir esta pugna por el sentido com&uacute;n. Distintas marcas alientan los pelos con canas y las curvas naturales, o pretenden &ldquo;romper tab&uacute;es&rdquo; alrededor de la sexualidad y la menstruaci&oacute;n: en ocasiones, menos por convicci&oacute;n, que por lavar su imagen o incluso para vender nuevos productos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Felitti agrega: &ldquo;Si nos empe&ntilde;amos en seguir denunciando las exigencias est&eacute;ticas para las mujeres y su cu&ntilde;a machista, nos estamos perdiendo un fen&oacute;meno social mayor y victimizando a quienes eligen eliminar arrugas o afinar su cintura&rdquo;. En otras palabras, surge el peligro de cortar di&aacute;logos. &iquest;Qu&eacute; pasa cuando ciertos discursos terminan atomizando los espacios de resistencia o dejan afuera de los procesos de cambios a quienes -por sus variados motivos- eligen las agujas?&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Ahora que s&iacute; nos ven y nos vemos</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>Esther D&iacute;az</strong> es ensayista, autora y una fil&oacute;sofa punk, doctorada en la Universidad de Buenos Aires con un 10 por su tesis sobre Foucault. En la pel&iacute;cula &ldquo;Mujer N&oacute;made&rdquo; (2018), donde explora distintos aspectos de su propia vida e historia, se muestra acudiendo a una cirujana pl&aacute;stica. Feminista de trayectoria, comparte con <strong>elDiarioAR </strong>sobre su mirada alrededor de este tema.
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                    alt="La filósofa Esther Díaz en &quot;Mujer nómade&quot;, una película de 2018."
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            <span class="title">
                La filósofa Esther Díaz en &quot;Mujer nómade&quot;, una película de 2018.                            </span>
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        Hace una primera aclaraci&oacute;n: no es una militante de que las mujeres tengan que operarse, sino de la libertad. &ldquo;<strong>Respeto tanto a las que aman sus arrugas como a las que no. Hay un lugar com&uacute;n de 'envejecer con dignidad'. </strong>&iquest;Por qu&eacute; es m&aacute;s digno? Invirtiendo los g&eacute;neros, ser&iacute;a como decir que los hombres son m&aacute;s dignos si no se afeitan despu&eacute;s de los cincuenta. Afeitarse es tambi&eacute;n una tecnolog&iacute;a, como las intervenciones est&eacute;ticas: en la Edad de Piedra nadie lo hac&iacute;a. Sin darnos cuenta, podemos caer en aquello mismo contra lo que nos rebelamos: poner directivas desde arriba para que cumplamos todas con lo mismo&rdquo;, resume.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace varios a&ntilde;os, un colega de c&aacute;tedra de Esther D&iacute;az fue consultado sobre ella por un periodista: podr&iacute;a haber hablado sobre las decenas de libros que public&oacute;, su fama como docente... pero eligi&oacute; comentar que ten&iacute;a una &ldquo;obsesi&oacute;n por las operaciones&rdquo; y critic&oacute; c&oacute;mo se ve&iacute;a. &ldquo;Si a &eacute;l le parece que queda horrible, que no me mire. Cuando me paro frente al espejo, me siento mejor as&iacute;. No busco ocultar mi edad: siempre la digo, tengo 81 a&ntilde;os, pero s&iacute; me gusta atenuar las arrugas. <strong>No voy a seguir f&oacute;rmulas que supuestamente est&aacute;n para emanciparnos y nos cargan con m&aacute;s obligaciones</strong>&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;No busco ocultar mi edad: siempre la digo, tengo 81 años, pero sí me gusta atenuar las arrugas. No voy a seguir fórmulas que supuestamente están para emanciparnos y nos cargan con más obligaciones&quot;.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Esther Díaz</span>
                                        <span>—</span> Ensayista 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos hecho tanto esfuerzo los feminismos por superar la (hetero)normatividad que durante siglos ha reca&iacute;do sobre las mujeres, que <strong>pareciera que no podemos vivir sin normas</strong>. En mi largu&iacute;sima vida luch&eacute; contra el patriarcado y planeo continuar luchando mientras tenga lucidez. Entre los derechos por los que peleamos est&aacute; el de la libertad, la libertad sobre el propio cuerpo&rdquo;, reflexiona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Piensa en una artista que, desde joven, se exhibe desnuda anualmente, con fotos de a&ntilde;os anteriores, para mostrar c&oacute;mo envejece. Y tambi&eacute;n en otra que muestra sus operaciones como obra de arte. Arte carnal. Arte que arde. Un tipo de performance cuyas m&aacute;ximas referentes son la espa&ntilde;ola Esther Ferrer (que, con <a href="https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/intimo-personal" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Autorretrato en el tiempo e &Iacute;ntimo y personal </a>evidencia el paso del tiempo en su cuerpo, e invita al p&uacute;blico a cuestionar la cultura patriarcal y faloc&eacute;ntrica); y la francesa<strong> Orlan </strong>(quien ha transmitido cirug&iacute;as en vivo, transgrediendo los l&iacute;mites de lo considerado &ldquo;normal&rdquo;, para reafirmar la diferencia y cuestionar los par&aacute;metros est&eacute;ticos vigentes).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Esther Ferrer y su obra &quot;Autorretrato en el tiempo&quot; de 1981 a 1999                            </span>
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        Las tecnolog&iacute;as para intervenir el cuerpo, como explica Esther D&iacute;az, no son algo reciente. Las podemos ver en el papiro de Ebers, del 1.550 a. C. y en diversas obras de cl&aacute;sicos (en el sentido estricto del t&eacute;rmino). Y, desde la Antig&uuml;edad, fueron los hombres (los &ldquo;machirulos&rdquo;, acota la fil&oacute;sofa) quienes se encargaban de validarlas o censurarlas: tal es el caso de Ovidio en su <em>Arte de Amar</em>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;El Arte de Amar&quot; de Ovidio en una edición de la Edad Moderna                            </span>
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        &ldquo;Resulta que ahora pretendemos imponerles a nuestras pares, a las mujeres que han sufrido tanto o m&aacute;s que nosotras, que tengan que dejarse los pelos bajo las axilas&rdquo;, ironiza Esther, para remarcar <strong>la necesidad de rehuir de los imperativos</strong>. &ldquo;El paternalismo es algo que se puede meter en ciertas partes del movimiento, asumiendo mandatos machistas en contra de las mujeres, que adem&aacute;s terminan siendo fagocitados por la industria&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La &ldquo;belleza&rdquo; como mito y capital simb&oacute;lico</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;La presentaci&oacute;n corporal es parte de un capital que se pone en juego en la vida social, en el mercado de trabajo y en el sexo afectivo. Nos mostramos y promocionamos en redes sociales, mucho m&aacute;s a partir de la pandemia y las limitaciones de la interacci&oacute;n presencial&rdquo;, suma la doctora Felitti.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eva Illouz y Dana Kaplan exploran esta idea en <em>El capital sexual en la Modernidad Tard&iacute;a</em> (2020). Para Illouz, la sexualizaci&oacute;n de los cuerpos es funcional al neoliberalismo y las presiones sobre el cuerpo contribuyen a sojuzgar a las personas. En el libro, sin embargo, las autoras buscan romper la l&oacute;gica binaria donde &ldquo;la resistencia, la transgresi&oacute;n y el empoderamiento se consideran un extremo, y la dominaci&oacute;n, la sumisi&oacute;n y el desempoderamiento, el otro&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Eva Illouz y Dana Kaplan, &#039;El capital sexual en la Modernidad tardía&#039;                            </span>
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        &ldquo;El capital sexual -la capacidad de obtener autoestima de nuestras elecciones y experiencias sexuales- puede que se haya convertido en una estrategia de las trabajadoras (potenciales) para hacer frente a las inseguridades que les impone el capitalismo neoliberal. (...) Cuando el empleo es tan precario, los sujetos de la clase media se quedan sin apenas nada m&aacute;s que sus propias capacidades afectivas innatas, y en nuestro caso relacionadas con el sexo, para restablecer su autoridad&rdquo;, concluyen. <strong>La precariedad del trabajo est&aacute;, para las acad&eacute;micas, en el centro del an&aacute;lisis.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No son las primeras en plantearlo. En su ya cl&aacute;sica obra <em>El mito de la belleza </em>(1990), Naomi Wolf decretaba que las cirug&iacute;as en las mujeres profesionales era &ldquo;una obligaci&oacute;n profesional m&aacute;s que personal&rdquo;. Ahond&oacute; en la proliferaci&oacute;n de obsesiones f&iacute;sicas, en el temor a envejecer y a perder el autocontrol. Su tesis: &ldquo;<strong>Estamos en medio de una violenta reacci&oacute;n contra el feminismo, que utiliza im&aacute;genes de belleza femenina como arma pol&iacute;tica para frenar el progreso de la mujer: es el mito de la belleza</strong>&rdquo;. La belleza como aspiraci&oacute;n y trabajo individual incesante; como generadora de competencia y divisi&oacute;n; como motor de ganancia empresarial; como factor para la supervivencia de la estructura del poder.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la escritora, la persecuci&oacute;n de modelos hegem&oacute;nicos quitaba a las mujeres tiempo para el activismo y la reflexi&oacute;n: por lo tanto, las debilitaba a la hora de cuestionar y cambiar la estructura social. El libro, pionero, puede resultar algo lineal en este sentido. En una tem&aacute;tica donde priman las preguntas, aparecen dos m&aacute;s: &iquest;hay un tipo ideal de feminista? y &iquest;son las mujeres sujetos pasivos ante los mandatos?&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Experiencias, entre lo personal y lo pol&iacute;tico</strong></h3><p class="article-text">
        En un art&iacute;culo muy interesante,<strong> Kathy Davis</strong> y <strong>Montse Conill </strong>trazan &ldquo;un enfoque biogr&aacute;fico de la cirug&iacute;a est&eacute;tica&rdquo;. Ellas parten de que los tratamientos de este tipo tienen que ver con una &eacute;poca hist&oacute;rica concreta, la existencia de jerarqu&iacute;as de g&eacute;nero, la regulaci&oacute;n de la feminidad occidental y el creciente arsenal de t&eacute;cnicas y tecnolog&iacute;as destinadas al &ldquo;embellecimiento&rdquo;. Pero optan por construir su texto en base a entrevistas con mujeres que pasaron por el bistur&iacute;: empirismo, luego teor&iacute;a; escucha, antes que juicio.
    </p><p class="article-text">
        Davis y Conill notan que, en cierta literatura feminista (quiz&aacute;s predominante), se coloca a estas personas en el cors&eacute; de la opresi&oacute;n patriarcal, de los discursos de feminidad y de un sistema hegem&oacute;nico, &ldquo;que la vigila, la condiciona y la subordina&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, su tesis es que cuando las mujeres visitan a un cirujano, no solo se pone en juego la &ldquo;belleza&rdquo; (es decir, no todas buscan ser &ldquo;hegem&oacute;nicas&rdquo;), sino cuestiones ligadas a la identidad, al pasado y al recorrido personal. &ldquo;En un ordenamiento social gen&eacute;rico en el que las posibilidades de acci&oacute;n de las mujeres son limitadas y muy a menudo ambivalentes, la cirug&iacute;a est&eacute;tica puede, aunque parezca una paradoja, proporcionar un camino para dejar de ser una mujer objeto y convertirse en un sujeto agente&rdquo;, arriesgan. <strong>Ni las cirug&iacute;as ni las inyecciones llevan a la liberaci&oacute;n, pero pueden permitir otra relaci&oacute;n con el cuerpo</strong> (y, en ese sentido, con otros aspectos de la vida individual y los v&iacute;nculos).
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                    alt="Esther Díaz muestra uno de los tratamientos que se hace en &quot;Mujer nómade (película de 2018)"
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                Esther Díaz muestra uno de los tratamientos que se hace en &quot;Mujer nómade (película de 2018)                            </span>
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        <strong>EldiarioAR</strong><em> </em>se acerc&oacute; a mujeres y hombres que pasaron por las agujas, para conocer sus motivaciones. Paula tiene 35 a&ntilde;os y comenz&oacute; a hacerse &ldquo;retoques&rdquo; (como los llama) hace cinco: b&oacute;tox en la frente, relleno de ojeras y surcos nasogenianos. Su trabajo no tiene necesariamente relaci&oacute;n con la est&eacute;tica, pero no descarta que se sienta m&aacute;s segura laboralmente ahora. &ldquo;Pienso que las cremas, serums y t&oacute;nicos est&aacute;n bien vistos, y nadie se averg&uuml;enza de usarlos. En la farmacia hay decenas de marcas de productos destinados a cada fracci&oacute;n de la cara. En cambio, el &aacute;cido hialur&oacute;nico y el b&oacute;tox causan m&aacute;s rechazo p&uacute;blico, a&uacute;n cuando muchas los utilizan. Me autopercibo feminista, estuve afuera de Congreso hasta que aprobaron el aborto, no me siento culpable por esto, ni creo que sean asuntos incompatibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pablo tiene diez a&ntilde;os menos y se desempe&ntilde;a en el rubro del marketing. &ldquo;Me hago los tratamientos (plasma rico en plaquetas y mesoterapia) porque es una forma de verme bien y darme autoconfianza y motivaci&oacute;n. Los prejuicios no me importan, en absoluto. El gasto un poco s&iacute;. Es complejo darle continuidad a los tratamientos est&eacute;ticos porque suben de precio muy r&aacute;pidamente&rdquo;, comparte.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tuve que vencer mis propias convicciones. Siempre consider&eacute; que los tratamientos est&eacute;ticos o faciales eran cosas superficiales y hasta me burl&eacute; de quienes se los hac&iacute;an. Antes de informarme, pensaba que los precios eran exorbitantes, inalcanzables. Comprob&eacute; que no es as&iacute;, por lo menos para mi bolsillo en este momento, y que vale la pena, por la relaci&oacute;n costo-beneficio. &iquest;Feminista? S&iacute;, me puedo llamar as&iacute;, sobre todo en el &uacute;ltimo tiempo&rdquo;, relata Mariela, de 60, que trabaja en los medios.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un debate con historia</strong></h3><p class="article-text">
        En 1968, las Mujeres Radicales de Nueva York, junto a algunos grupos defensores de los derechos civiles organizaron una protesta frente al concurso de belleza Miss America. Instalaron un &ldquo;tacho de basura de la libertad&rdquo; -donde arrojaron textos, prendas y productos de belleza e higiene femeninos-, llevaron carteles -&ldquo;&iquest;Puede el maquillaje cubrir las heridas de la opresi&oacute;n?&rdquo;- e instalaron su famoso cartel por la &ldquo;Liberaci&oacute;n de las mujeres&rdquo;.
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                    alt="&quot;Tacho de basura de la libertad&quot;, una protesta en 1968 en Nueva York contra el concurso de belleza Miss America"
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                &quot;Tacho de basura de la libertad&quot;, una protesta en 1968 en Nueva York contra el concurso de belleza Miss America                            </span>
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        El hecho fue un hito de la segunda ola feminista. Sin embargo, poco tiempo despu&eacute;s, Carol Hanish -una de las organizadoras y autora del texto &ldquo;Lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;- cuestion&oacute; algunos aspectos de la acci&oacute;n. Si los dos prop&oacute;sitos eran despertar la conciencia latente de las mujeres sobre su subordinaci&oacute;n y generar una hermandad, &iquest;hab&iacute;an sido efectivos los m&eacute;todos? &iquest;Era correcto el mensaje?&nbsp;
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            <span class="title">
                Protesta contra el concurso Miss America en 1968 en Nueva York.  Las mujeres pedían ser juzgadas como personas y, en los carteles decían: ¿Puede el maquillaje cubrir las heridas de la opresión?                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Las concursantes y otras mujeres quedaron como nuestras enemigas y no como compa&ntilde;eras que sufr&iacute;an con nosotras (...). No fuimos lo suficientemente claras en decir que todas somos forzadas a actuar el rol de 'se&ntilde;orita Am&eacute;rica': no por mujeres hermosas, sino por un sistema que instituy&oacute; la supremac&iacute;a masculina&rdquo;, escribi&oacute; Hanish. Su reflexi&oacute;n resuena, medio siglo m&aacute;s tarde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JB/SH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jazmín Bazán]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jul 2021 03:01:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre el bótox y los feminismos: la tensión por los mandatos de belleza, la elección sobre el cuerpo y el rechazo a los imperativos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bótox,Feminismos,Esther Díaz]]></media:keywords>
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